Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de noviembre de 2024

EXPOSICIÓN "DEL ÉXODO Y DEL VIENTO. EXILIO ESPAÑOL EN EL MAGREB (1939-1962)", EN LA CASA ÁRABE DE MADRID


El exilio español en el Magreb es tan desconocido como fundamental en la historia contemporánea española. Casa Árabe abre sus puertas a la memoria histórica y lo hace con esta nueva muestra que nos acompañará hasta marzo y en la que, en colaboración con el Ministerio de Presidencia y Memoria Democrática, ofrecemos una mirada profunda al exilio español en el Magreb tras la Guerra Civil y hasta los inicios de la descolonización en la región.

Se calcula que unos 13.000 españoles llegaron al norte de África en el mes de marzo de 1939, al final de la Guerra Civil. Salieron de los últimos aeródromos y puertos de la República en aviones y barcos de diversos tamaños. Posteriormente, otras 4.000 personas serían deportadas a Argelia desde los campos de concentración de Francia.  

Sin embargo, en 1945 se estima que sólo quedaban unas 8.000 personas en el Magreb tras el retorno a España de la mitad de los llegados a Túnez, los alistamientos con las fuerzas aliadas, los llevados a la URSS, los embarcados a América y los muertos en los campos de concentración. Al final de los procesos de independencia en la región, en 1962, se calcula que, únicamente, 2.000 exiliados permanecieron en Túnez, Argelia y Marruecos y su número fue disminuyendo en un lento goteo de retornos y muertes.  

Las historias que construyeron la Historia

La llegada de los exiliados españoles al Magreb no fue solo un escape de la represión franquista, sino que también coincidió con una época de transformación en los países del Norte de África. La región, entonces bajo dominio colonial francés y español, estaba inmersa en sus propios movimientos de emancipación. Marruecos y Túnez lograron su independencia en 1956, mientras que Argelia protagonizó una de las guerras de independencia más sangrientas de la descolonización, culminando en su independencia en 1962.

Paquita Gorroño, Fulgencio Jover, Segundo Costa, Elodia Zaragoza o Max Aub son algunos de los nombres propios que ponen rostro a esta parte de la historia española y que pueden verse en la exposición. 

Memoria visual y artística del exilio

Esta exposición no solo documenta estos acontecimientos históricos a través de fotografías y documentos, sino que también refleja el impacto emocional de este exilio mediante una serie de obras artísticas que capturan la esencia de la experiencia de desplazamiento, lucha y adaptación.

José Miguel Santacreu Soler, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante, y el fotógrafo Juan Valbuena, comisarian la exposición apoyados en un comité asesor de especialistas formado por Bernabé López García, Daniel Moñino Reyes, Eliane Ortega Bernabeu y Rafael Sebastiá Alcaraz.  

Un legado compartido entre España y el Magreb

"Del éxodo y del viento" nos recuerda la profunda interconexión histórica entre España y el Norte de África, una región que, a lo largo de los siglos, ha sido tanto una barrera como un puente entre civilizaciones. La exposición invita a reflexionar sobre las consecuencias del exilio, la resiliencia humana y los lazos culturales que surgieron en un momento de transformación tanto para los refugiados como para los países que los acogieron.

En un momento en que las migraciones y los desplazamientos forzados continúan marcando la realidad global, esta exposición ofrece lecciones valiosas sobre la solidaridad, el exilio y la construcción de identidades compartidas.

Disponible de lunes a domingo

Horario: 10 a 20 horas

Entrada libre

C/Alcalá, 62

miércoles, 14 de junio de 2023

"DISCURSO EN ARGEL", DE ERNESTO CHE GUEVARA, EN EL 95 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 

"DISCURSO EN ARGEL", DE ERNESTO CHE GUEVARA

Discurso pronunciado en el Segundo Seminario de Solidaridad Afroasiático, el 25 de febrero de 1965.

La Tizza | Ernesto Che Guevara: Justicia Global. Liberación y socialismo, Ocean Sur, [s.l.], 2007, pp. 19-32.

Queridos hermanos:

Cuba llega a esta Conferencia a elevar por sí sola la voz de los pueblos de América y, como en otras oportunidades lo recalcáramos, también lo hace en su condición de país subdesarrollado que, al mismo tiempo, construye el socialismo. No es por casualidad que a nuestra representación se le permite emitir su opinión en el círculo de los pueblos de Asia y de África. Una aspiración común, la derrota del imperialismo, nos une en nuestra marcha hacia el futuro; un pasado común de lucha contra el mismo enemigo nos ha unido a lo largo del camino.

Esta es una asamblea de los pueblos en lucha; ella se desarrolla en dos frentes de igual importancia y exige el total de nuestros esfuerzos. La lucha contra el imperialismo por librarse de las trabas coloniales o neocoloniales, que se lleva a efecto a través de las armas políticas, de las armas de fuego o por combinaciones de ambas, no está desligada de la lucha contra el atraso y la pobreza; ambas son etapas de un mismo camino que conduce a la creación de una sociedad nueva, rica y justa a la vez. Es imperioso obtener el poder político y liquidar a las clases opresoras, pero, después hay que afrontar la segunda etapa de la lucha que adquiere características, si cabe, más difíciles que la anterior.

Desde que los capitales monopolistas se apoderaron del mundo, han mantenido en la pobreza a la mayoría de la humanidad repartiéndose las ganancias entre el grupo de países más fuertes. El nivel de vida de esos países está basado en la miseria de los nuestros; para elevar el nivel de vida de los pueblos subdesarrollados, hay que luchar, pues, contra el imperialismo.

Y cada vez que un país se desgaja del árbol imperialista, se está ganando no solamente una batalla parcial contra el enemigo fundamental, sino también contribuyendo a su real debilitamiento y dando un paso hacia la victoria definitiva.

No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra, así como la derrota de una nación cualquiera es una derrota para todos.

El ejercicio del internacionalismo proletario es no solo un deber de los pueblos que luchan por asegurar un futuro mejor; además, es una necesidad insoslayable.

Si el enemigo imperialista, norteamericano o cualquier otro, desarrolla su acción contra los pueblos subdesarrollados y los países socialistas, una lógica elemental determina la necesidad de la alianza de los pueblos subdesarrollados y de los países socialistas; si no hubiera ningún otro factor de unión, el enemigo común debiera constituirlo.[1]

Claro que estas uniones no se pueden hacer espontáneamente, sin discusiones, sin que anteceda un pacto, doloroso a veces.

Cada vez que se libera un país, dijimos, es una derrota del sistema imperialista mundial, pero debemos convenir en que el desgajamiento no sucede por el mero hecho de proclamarse una independencia o lograrse una victoria por las armas en una revolución; sucede cuando el dominio económico imperialista cesa de ejercerse sobre un pueblo.

Por lo tanto, a los países socialistas les interesa como cosa vital que se produzcan efectivamente estos desgajamientos y es nuestro deber internacional, el deber fijado por la ideología que nos dirige, el contribuir con nuestros esfuerzos a que la liberación se haga lo más rápida y profundamente que sea posible.

De todo esto debe extraerse una conclusión: el desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas. Lo decimos así, sin el menor ánimo de chantaje o de espectacularidad, ni para la búsqueda fácil de una aproximación mayor al conjunto de los pueblos afroasiáticos; es una convicción profunda.

No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en la que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista.

Creemos que con este espíritu debe afrontarse la responsabilidad de ayuda a los países dependientes y que no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales del intercambio desigual, producto de la ley del valor, oponen a los países atrasados.

¿Cómo puede significar «beneficio mutuo» vender a precios del mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?

Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial.

Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de estos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del cambio.

Los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores del Occidente.

El hecho de que sea hoy pequeño el comercio no quiere decir nada: Cuba en el año [19]50 vendía ocasionalmente azúcar a algún país del bloque socialista, sobre todo a través de corredores ingleses o de otra nacionalidad. Y hoy el 80 por ciento de su comercio se desarrolla en esa área; todos sus abastecimientos vitales vienen del campo socialista y de hecho ha ingresado en ese campo. No podemos decir que este ingreso se haya producido por el mero aumento del comercio, ni que haya aumentado el comercio por el hecho de romper las viejas estructuras y encarar la forma socialista de desarrollo; ambos extremos se tocan y unos y otros se interrelacionan.

Nosotros no empezamos la carrera que terminará en el comunismo con todos los pasos previstos, como producto lógico de un desarrollo ideológico que marchara con un fin determinado; las verdades del socialismo, más las crudas verdades del imperialismo, fueron forjando a nuestro pueblo y enseñándole el camino que luego hemos adoptado conscientemente. Los pueblos de África y de Asia que vayan a su liberación definitiva deberán emprender esa misma ruta; la emprenderán más tarde o más temprano, aunque su socialismo tome hoy cualquier adjetivo definitorio.

No hay otra definición de socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre.

Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aun, se retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de construcción del socialismo.

Tenemos que preparar las condiciones para que nuestros hermanos entren directa y conscientemente en la ruta de la abolición definitiva de la explotación, pero no podemos invitarlos a entrar, si nosotros somos un cómplice en esa explotación.

Si nos preguntaran cuáles son los métodos para fijar precios equitativos, no podríamos contestar, no conocemos la magnitud práctica de esta cuestión, solo sabemos que, después de discusiones políticas, la Unión Soviética y Cuba han firmado acuerdos ventajosos para nosotros mediante los cuales llegaremos a vender hasta cinco millones de toneladas a precios fijos superiores a los normales en el llamado mercado libre mundial azucarero. La República Popular China también mantiene esos precios de compra.

Esto es solo un antecedente, la tarea real consiste en fijar los precios que permitan el desarrollo.

Un gran cambio de concepción consistirá en cambiar el orden de las relaciones internacionales; no debe ser el comercio exterior el que fije la política sino, por el contrario, aquel debe estar subordinado a una política fraternal hacia los pueblos.

Analizaremos brevemente el problema de los créditos a largo plazo para desarrollar industrias básicas. Frecuentemente nos encontramos con que los países beneficiarios se aprestan a fundar bases industriales desproporcionadas a su capacidad actual, cuyos productos no se consumirán en el territorio y cuyas reservas se comprometerán en el esfuerzo.

Nuestro razonamiento es que las inversiones de los estados socialistas en su propio territorio pesan directamente sobre el presupuesto estatal y no se recuperan sino a través de la utilización de los productos en el proceso completo de su elaboración, hasta llegar a los últimos extremos de la manufactura. Nuestra proposición es que se piense en la posibilidad de realizar inversiones de ese tipo en los países subdesarrollados.

De esta manera se podría poner en movimiento una fuerza inmensa, subyacente en nuestros continentes que han sido miserablemente explotados, pero nunca ayudados en su desarrollo, y empezar una nueva etapa de auténtica división internacional del trabajo basada, no en la historia de lo que hasta hoy se ha hecho, sino en la historia futura de lo que se puede hacer.

Los estados en cuyos territorios se emplazarán las nuevas inversiones tendrían todos los derechos inherentes a una propiedad soberana sobre los mismos sin que mediare pago o crédito alguno, quedando obligados los poseedores a suministrar determinadas cantidades de productos a los países inversionistas, durante determinada cantidad de años y a un precio determinado.

Es digna de estudiar también la forma de financiar la parte local de los gastos en que debe incurrir un país que realice inversiones de este tipo. Una forma de ayuda, que no signifique erogaciones en divisas libremente convertibles, podría ser el suministro de productos de fácil venta a los gobiernos de los países subdesarrollados, mediante créditos a largo plazo.

Otro de los difíciles problemas a resolver es el de la conquista de la técnica. Es bien conocido de todos la carencia de técnicos que sufrimos los países en desarrollo. Faltan instituciones y cuadros de enseñanza. Faltan a veces, la real conciencia de nuestras necesidades y la decisión de llevar a cabo una política de desarrollo técnico cultural e ideológico a la que se asigne una primera prioridad.

Los países socialistas deben suministrar la ayuda para formar los organismos de educación técnica, insistir en la importancia capital de este hecho y suministrar los cuadros que suplan la carencia actual. Es preciso insistir más sobre este último punto: los técnicos que vienen a nuestros países deben ser ejemplares. Son compañeros que deberán enfrentarse a un medio desconocido, muchas veces hostil a la técnica, que habla una lengua distinta y tiene hábitos totalmente diferentes.

Los técnicos que se enfrenten a la difícil tarea deben ser, ante todo, comunistas, en el sentido más profundo y noble de la palabra: con esa sola cualidad, más un mínimo de organización y de flexibilidad, se harán maravillas.

Sabemos que se puede lograr porque los países hermanos nos han enviado cierto número de técnicos que han hecho más por el desarrollo de nuestro país que diez institutos y han contribuido a nuestra amistad más que diez embajadores o cien recepciones diplomáticas.

Si se pudiera llegar a una efectiva realización de los puntos que hemos anotado y, además, se pusiera al alcance de los países subdesarrollados toda la tecnología de los países adelantados, sin utilizar los métodos actuales de patentes que cubren descubrimientos de unos u otros, habríamos progresado mucho en nuestra tarea común.

El imperialismo ha sido derrotado en muchas batallas parciales. Pero es una fuerza considerable en el mundo y no se puede aspirar a su derrota definitiva sino con el esfuerzo y el sacrificio de todos.

Sin embargo, el conjunto de medidas propuestas no se puede realizar unilateralmente.

El desarrollo de los subdesarrollados debe costar a los países socialistas; de acuerdo, pero también deben ponerse en tensión las fuerzas de los países subdesarrollados y tomar firmemente la ruta de la construcción de una sociedad nueva —póngasele el nombre que se le ponga— donde la máquina, instrumento de trabajo, no sea instrumento de explotación del hombre por el hombre.

Tampoco se puede pretender la confianza de los países socialistas cuando se juega al balance entre capitalismo y socialismo y se trata de utilizar ambas fuerzas como elementos contrapuestos, para sacar de esa competencia determinadas ventajas. Una nueva política de absoluta seriedad debe regir las relaciones entre los dos grupos de sociedades. Es conveniente recalcar una vez más, que los medios de producción deben estar preferentemente en manos del Estado, para que vayan desapareciendo gradualmente los signos de la explotación.

Por otra parte, no se puede abandonar el desarrollo a la improvisación más absoluta; hay que planificar la construcción de la nueva sociedad.

La planificación es una de las leyes del socialismo y sin ella no existiría aquel. Sin una planificación correcta no puede existir una suficiente garantía de que todos los sectores económicos de cualquier país se liguen armoniosamente para dar los saltos hacia delante que demanda esta época que estamos viviendo. La planificación no es un problema aislado de cada uno de nuestros países, pequeños, distorsionados en su desarrollo, poseedores de algunas materias primas, o productores de algunos productos manufacturados o semimanufacturados, carentes de la mayoría de los otros. Esta deberá tender desde el primer momento, a cierta regionalidad para poder compenetrar las economías de los países y llegar así a una integración sobre la base de un auténtico beneficio mutuo.

Creemos que el camino actual está lleno de peligros, peligros que no son inventados ni previstos para un lejano futuro por alguna mente superior, son el resultado palpable de realidades que nos azotan. La lucha contra el colonialismo ha alcanzado sus etapas finales pero en la era actual, el estatus colonial no es sino una consecuencia de la dominación imperialista.

Mientras el imperialismo exista, por definición, ejercerá su dominación sobre otros países; esa dominación se llama hoy neocolonialismo.

El neocolonialismo se desarrolló primero en Suramérica, en todo un continente, y hoy empieza a hacerse notar con intensidad creciente en África y Asia. Su forma de penetración y desarrollo tiene características distintas; una, es la brutal que conocimos en el Congo. La fuerza bruta, sin consideraciones ni tapujos de ninguna especie, es su arma extrema. Hay otra más sutil: la penetración en los países que se liberan políticamente, la ligazón con las nacientes burguesías autóctonas, el desarrollo de una clase burguesa parasitaria y en estrecha alianza con los intereses metropolitanos apoyados en un cierto bienestar o desarrollo transitorio del nivel de vida de los pueblos, debido a que, en países muy atrasados, el paso simple de las relaciones feudales a las relaciones capitalistas significa un avance grande, independientemente de las consecuencias nefastas que acarreen a la larga para los trabajadores.

El neocolonialismo ha mostrado sus garras en el Congo; ese no es un signo de poder sino de debilidad; ha debido recurrir a su arma extrema, la fuerza como argumento económico, lo que engendra reacciones opuestas de gran intensidad.

Pero también se ejerce en otra serie de países de África y del Asia en forma mucho más sutil y se está rápidamente creando lo que algunos han llamado la sur-americanización de estos continentes, es decir, el desarrollo de una burguesía parasitaria que no agrega nada a la riqueza nacional que, incluso, deposita fuera del país en los bancos capitalistas sus ingentes ganancias mal habidas y que pacta con el extranjero para obtener más beneficios, con un desprecio absoluto por el bienestar de su pueblo.

Hay otros peligros también, como el de la concurrencia entre países hermanos, amigos políticamente y, a veces vecinos que están tratando de desarrollar las mismas inversiones en el mismo tiempo y para mercados que muchas veces no lo admiten.

Esta concurrencia tiene el defecto de gastar energías que podrían utilizarse de forma de una complementación económica mucho más vasta, además de permitir el juego de los monopolios imperialistas.

En ocasiones, frente a la imposibilidad real de realizar determinada inversión con la ayuda del campo socialista, se realiza ésta mediante acuerdos con los capitalistas. Y esas inversiones capitalistas tienen no solo el defecto de la forma en que se realizan los préstamos, sino también otros complementarios de mucha importancia, como es el establecimiento de sociedades mixtas con un peligroso vecino. Como, en general, las inversiones son paralelas a las de otros estados, esto propende a las divisiones entre países amigos por diferencias económicas e instaura el peligro de la corrupción emanada de la presencia constante del capitalismo, hábil en la presentación de imágenes de desarrollo y bienestar que nublan el entendimiento de mucha gente.

Tiempo después, la caída de los precios en los mercados es la consecuencia de una saturación de producción similar. Los países afectados se ven en la obligación de pedir nuevos préstamos o permitir inversiones complementarias para la concurrencia. La caída de la economía en manos de los monopolios y un retorno lento pero seguro al pasado es la consecuencia final de una tal política. A nuestro entender, la única forma segura de realizar inversiones con la participación de las potencias imperialistas es la participación directa del estado como comprador íntegro de los bienes, limitando la acción imperialista a los contratos de suministros y no dejándolos entrar más allá de la puerta de calle de nuestra casa. Y aquí sí es lícito aprovechar las contradicciones interimperialistas para conseguir condiciones menos onerosas.

Hay que prestar atención a las «desinteresadas» ayudas económicas, culturales, etc., que el imperialismo otorga de por sí o a través de estados títeres mejor recibidos en ciertas partes del mundo.

Si todos los peligros apuntados no se ven a tiempo, el camino neocolonial puede inaugurarse en países que han empezado con fe y entusiasmo su tarea de liberación nacional, estableciéndose la dominación de los monopolios con sutileza, en una graduación tal que es muy difícil percibir sus efectos hasta que estos se hacen sentir brutalmente.

Hay toda una tarea por realizar, problemas inmensos se plantean a nuestros dos mundos, el de los países socialistas y este llamado el Tercer Mundo; problemas que están directamente relacionados con el hombre y su bienestar y con la lucha contra el principal culpable de nuestro atraso.

Frente a ellos, todos los países y los pueblos, conscientes de sus deberes, de los peligros que entraña la situación, de los sacrificios que entraña el desarrollo, debemos tomar medidas concretas para que nuestra amistad se ligue en los dos planos, el económico y el político, que nunca pueden marchar separados, y formar un gran bloque compacto que a su vez ayude a nuevos países a liberarse no solo del poder político sino también del poder económico imperialista.

El aspecto de la liberación por las armas de un poder político opresor debe tratarse según las reglas del internacionalismo proletario: si constituye un absurdo al pensar que un director de empresa de un país socialista en guerra vaya a dudar en enviar los tanques que produce a un frente donde no haya garantía de pago, no menos absurdo debe parecer el que se averigüe la posibilidad de pago de un pueblo que lucha por la liberación o ya necesite esas armas para defender su libertad.

Las armas no pueden ser mercancía en nuestros mundos, deben entregarse sin costo alguno y en las cantidades necesarias y posibles a los pueblos que las demandan, para disparar contra el enemigo común.

Ese es el espíritu con que la URSS y la República Popular China nos han brindado su ayuda militar. Somos socialistas, constituimos una garantía de utilización de esas armas, pero no somos los únicos y todos debemos tener el mismo tratamiento.

El ominoso ataque del imperialismo norteamericano contra Vietnam o el Congo debe responderse suministrando a esos países hermanos todos los instrumentos de defensa que necesiten o dándoles toda nuestra solidaridad sin condición alguna.

En el aspecto económico, necesitamos vencer el camino del desarrollo con la técnica más avanzada posible. No podemos ponernos a seguir la larga escala ascendente de la humanidad desde el feudalismo hasta la era atómica y automática, porque sería un camino de ingentes sacrificios y parcialmente inútil.

La técnica hay que tomarla donde esté; hay que dar el gran salto técnico para ir disminuyendo la diferencia que hoy existe entre los países más desarrollados y nosotros.

Esta debe estar en las grandes fábricas y también en una agricultura convenientemente desarrollada y, sobre todo, debe tener sus pilares en una cultura técnica e ideológica con la suficiente fuerza y base de masas como para permitir la nutrición continua de los institutos y los aparatos de investigación que hay que crear en cada país y de los hombres que vayan ejerciendo la técnica actual y que sean capaces de adaptarse a las nuevas técnicas adquiridas.

Estos cuadros deben tener una clara conciencia de su deber para con la sociedad en la cual viven; no podrá haber una cultura técnica adecuada si no está complementada con una cultura ideológica. Y, en la mayoría de nuestros países, no podrá haber una base suficiente de desarrollo industrial, que es el que determina el desarrollo de la sociedad moderna, si no se empieza por asegurar al pueblo la comida necesaria, los bienes de consumo más imprescindibles y una educación adecuada.

Hay que gastar una buena parte del ingreso nacional en las inversiones llamadas improductivas de la educación y hay que dar una atención preferente al desarrollo de la productividad agrícola. Esta ha alcanzado niveles realmente increíbles en muchos países capitalistas, provocando el contrasentido de crisis de superproducción de invasión de granos y otros productos alimenticios o de materias primas industriales provenientes de países desarrollados, cuando hay todo un mundo que padece hambre y que tiene tierra y hombres suficientes para producir varias veces lo que el mundo entero necesita para nutrirse.

La agricultura debe ser considerada como un pilar fundamental en el desarrollo y, para ello, los cambios de la estructura agrícola y la adaptación a las nuevas posibilidades de la técnica y a las nuevas obligaciones de la eliminación de la explotación del hombre, deben constituir aspectos fundamentales del trabajo.

Antes de tomar determinaciones costosas que pudieran ocasionar daños irreparables, es preciso hacer una prospección cuidadosa del territorio nacional, constituyendo este aspecto uno de los pasos preliminares de la investigación económica y exigencia elemental en una correcta planificación.

Apoyamos calurosamente la proposición de Argelia en el sentido de institucionalizar nuestras relaciones. Queremos solamente presentar algunas consideraciones complementarias.

Primero: Para que la unión sea instrumento de la lucha contra el imperialismo, es preciso el concurso de los pueblos latinoamericanos y la alianza de los países socialistas.

Segundo: Debe velarse por el carácter revolucionario de la unión, impidiendo el acceso a ella de gobiernos o movimientos que no estén identificados con las aspiraciones generales de los pueblos y creando mecanismos que permitan la separación de alguno que se separe de la ruta justa, sea gobierno o movimiento popular.

Tercero: Debe propugnarse el establecimiento de nuevas relaciones en pie de igualdad entre nuestros países y los capitalistas, estableciendo una jurisprudencia revolucionaria que nos ampare en caso de conflicto y dé nuevo contenido a las relaciones entre nosotros y el resto del mundo.

Hablamos un lenguaje revolucionario y luchamos honestamente por el triunfo de esa causa, pero muchas veces nos enredamos nosotros mismos en las mallas de un derecho internacional creado como resultado de las confrontaciones de las potencias imperialistas y no por la lucha de los pueblos libres, y de los pueblos justos.

Nuestros pueblos, por ejemplo, sufren la presión angustiosa de bases extranjeras emplazadas en su territorio o deben llevar el pesado fardo de deudas externas de increíble magnitud. La historia de estas taras es bien conocida de todos; gobiernos títeres, gobiernos debilitados por una larga lucha de liberación o el desarrollo de las leyes capitalistas del mercado, han permitido la firma de acuerdos que amenazan nuestra estabilidad interna y comprometen nuestro porvenir.

Es la hora de sacudirnos el yugo, imponer la renegociación de las deudas externas opresivas y obligar a los imperialistas a abandonar sus bases de agresión.

No quisiera acabar estas palabras, esta repetición de conceptos de todos ustedes conocidos, sin hacer un llamado de atención a este seminario en el sentido de que Cuba no es el único país americano; simplemente, es el que tiene la oportunidad de hablar hoy ante ustedes; que otros pueblos están derramando su sangre, para lograr el derecho que nosotros tenemos y, desde aquí, y de todas las conferencias y en todos los lugares, donde se produzcan, simultáneamente con el saludo a los pueblos heroicos de Vietnam, de Laos, de la Guinea llamada Portuguesa, de Sudáfrica o Palestina, a todos los países explotados que luchan por su emancipación debemos extender nuestra voz amiga, nuestra mano y nuestro aliento, a los pueblos hermanos de Venezuela, de Guatemala y de Colombia, que hoy, con las manos armadas, están diciendo definitivamente, No, al enemigo imperialista.

Y hay pocos escenarios para afirmarlo tan simbólicos como Argel, una de las más heroicas capitales de la libertad. Que el magnífico pueblo argelino, entrenado como pocos en los sufrimientos de la independencia, bajo la decidida dirección de su partido, con nuestro querido compañero Ahmed Ben Bella a la cabeza, nos sirva de inspiración en esta lucha sin cuartel contra el imperialismo mundial.

* * *

Notas:

[1] Con particular precisión, Che define, en este discurso, su tesis revolucionaria sobre el Tercer Mundo y la necesidad de que los países socialistas apoyaran de forma incondicional y radical su evolución y desarrollo. El llamado hecho por Che en Argel provocó reacciones contradictorias y polémicas, sin embargo, la historia se encargaría de darle la razón, al no comprender su reclamo de apoyo total a la lucha de liberación tercermundista y su integración a las ideas del Socialismo.
Fuente: El Sudamericano

 

viernes, 25 de noviembre de 2022

DISCURSO DE FIDEL CASTRO EN LA IV CONFERENCIA DE PAÍSES NO ALIENADOS EN ARGEL, EN EL 6º ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Fidel Castro durante la IV Conferencia del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en Argel. Detrás se encuentra Raúl Roa, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la IV Conferencia de Países no Alineados, en Argel, República Argelina Democrática y Popular, el 7 de septiembre de 1973

Señor Presidente;

Distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno;

Representantes de los heroicos movimientos de liberación nacional; Señores delegados:

Al expresarles, compañero Boumediene, a usted, a sus compatriotas y a los distinguidos representantes de los pueblos reunidos en esta Conferencia el saludo de la delegación cubana, quisiéramos subrayar la significación que atribuimos al hecho de que esta IV Conferencia de Países No Alineados tenga como escenario a Argelia, cuyo pueblo, con su lucha heroica y sostenida, despertó la admiración y constituyó el estímulo de los países que hemos luchado por la independencia nacional contra los opresores.

Deseo recordar que Cuba es un país socialista, marxista-leninista, cuya meta final es el comunismo (APLAUSOS). ¡De esto nos sentimos orgullosos! Basándonos en esa concepción de la sociedad humana, determinamos nuestra política nacional e internacional. Somos por encima de todo leales a los principios del internacionalismo proletario, y mis palabras serán consecuentes con estas ideas. Todo revolucionario tiene el deber de defender valientemente sus criterios, y es lo que me propongo hacer aquí.

Se ha hablado en esta Conferencia de distintas formas de división del mundo. Para nosotros el mundo se divide en países capitalistas y países socialistas, países imperialistas y países neocolonizados, países colonialistas y países colonizados, países reaccionarios y países progresistas; gobiernos, en fin, que apoyan al imperialismo, al colonialismo, al neocolonialismo y al racismo, y gobiernos que están contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo y el racismo.

Esto nos parece fundamental en el problema de la alineación y la no alineación, porque nada nos exime en absoluto de la obligación esencial de combatir enérgicamente los crímenes que se han cometido y se cometen contra la humanidad.

Este movimiento ha crecido indiscutiblemente, y ello nos satisface, como ocurre en el caso de la América Latina, cuando la presencia de tres nuevos Estados —Perú, Chile y Argentina— responde a cambios políticos progresistas que han tenido lugar en estos países. Pero la calidad, y no el número, es lo que debe importar a los fines de este movimiento si queremos realmente tener una fuerza moral y política ante los pueblos del mundo. De no ser así, podemos correr el riesgo de que las fuerzas reaccionarias penetren en su seno para entorpecer sus objetivos, y de que la unidad y el prestigio de los países no alineados se pierdan irremediablemente (APLAUSOS).

Aunque las cuestiones económicas relacionadas con los intereses de los países que representamos cobran justificada y necesaria fuerza, los criterios políticos que sustentemos son y serán factor fundamental de nuestra actividad.

En este terreno político se ha observado, durante los meses de preparación de esta Conferencia, e indudablemente en detrimento de nuestra causa y con utilidad solo para los intereses del imperialismo, la tendencia preocupante de enfrentar a los países no alineados con el campo socialista.

La teoría de los dos imperialismos, uno dirigido por Estados Unidos y otro supuestamente por la Unión Soviética, alentada por los teóricos del capitalismo, ha encontrado eco —unas veces deliberadamente y otras por ignorancia de la historia y las realidades del mundo de hoy— entre voceros y dirigentes de los países no alineados. A ello contribuyen, desde luego, los que desde supuestas posiciones revolucionarias lamentablemente traicionan la causa del internacionalismo.

En ciertos documentos políticos y económicos elaborados con motivo de esta Conferencia, se ve aflorar, de una forma o de otra, y de diversos modos matizada, esta corriente. A ello se opone y se opondrá resueltamente, en todas las circunstancias, el Gobierno Revolucionario de Cuba. Y por ello nos vemos obligados a abordar aquí, como cuestión esencial, este delicado tema.

Algunos, con evidente injusticia e ingratitud histórica, y olvidados de los hechos reales y del profundo e insalvable abismo que media entre el régimen imperialista y el socialismo, pretenden ignorar los gloriosos, heroicos y extraordinarios servicios prestados a la humanidad por el pueblo soviéticos (APLAUSOS). ¡Como si el desplome del colosal sistema de dominio colonial implantado en el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial y las condiciones que hicieron posible la liberación de decenas y decenas de pueblos anteriormente subyugados en forma directa por los países coloniales, la desaparición del capitalismo en amplias regiones del mundo y el surgimiento de fuerzas que mantienen a raya la insaciable voracidad y el espíritu agresivo del imperialismo, no tuvieran en absoluto que ver con la gloriosa Revolución de Octubre! (APLAUSOS)

¿Cómo se puede calificar de imperialista a la Unión Soviética? ¿Dónde están sus empresas monopolistas? ¿Dónde está su participación en las compañías multinacionales? ¿Qué industrias, qué minas, qué yacimientos petrolíferos posee en el mundo subdesarrollado? ¿Qué obrero es explotado en algún país de Asia, Africa o América Latina, por el capital soviético?

La cooperación económica que la Unión Soviética presta a Cuba y a otros muchos países no salió del sudor y el sacrificio de los obreros explotados de otros pueblos, sino del sudor y el esfuerzo de los trabajadores soviéticos.

Otros lamentan que el primer Estado socialista de la historia humana haya llegado a ser una potencia militar y económica. Nosotros, los países subdesarrollados y expoliados, no debemos lamentarlo. Cuba se regocija de ello. Sin la Revolución de Octubre y sin la inmortal hazaña del pueblo soviético, que resistió primero la intervención y el bloqueo imperialista y derrotó más tarde la agresión del fascismo y lo aplastó al precio de 20 millones de muertos, que ha desarrollado su técnica y su economía a un costo increíble de esfuerzo y heroísmo sin explotar el trabajo de un solo obrero de ningún país de la Tierra, no habrían sido en absoluto posibles el fin del colonialismo ni la correlación de fuerzas mundial que propició la lucha heroica de tantos pueblos por su liberación.

No puede ni por un segundo olvidarse que las armas con que Cuba aplastó a los mercenarios de Girón y se defendió de Estados Unidos, las que en manos de los pueblos árabes resisten la agresión imperialista, las que usan los patriotas africanos contra el colonialismo portugués, y las que empuñaron los vietnamitas en su heroica, extraordinaria y victoriosa lucha, llegaron de los países socialistas, esencialmente de la Unión Soviética (APLAUSOS).

Las propias resoluciones de los países no alineados nos ayudan a comprender por dónde pasa hoy la línea divisoria de la política internacional.

¿A qué Estado han condenado esas resoluciones desde Belgrado a Lusaka por su agresión a Viet Nam y a toda lndochina? A los Estados Unidos imperialistas. ¿A quién acusamos de haber armado, apoyado y sostener todavía al agresor Estado israelí en su rapaz guerra contra los países árabes y en su cruel ocupación de los territorios donde tienen derecho a vivir libremente los palestinos? Al imperialismo de Estados Unidos. ¿Contra quién protestaron los países no alineados por la invasión y bloqueo de Cuba, por la intervención en Santo Domingo y por mantener bases en Guantánamo, en Panamá o en Puerto Rico, contra la voluntad de sus pueblos? ¿Quién estuvo detrás del asesinato de Lumumba? ¿Quién apoya a los asesinos de Amilcar Cabral? ¿Quiénes contribuyen a mantener en Zimbabwe un Estado blanco racista y ayudan a convertir a Sudáfrica en un reservorio de hombres y mujeres negros en condiciones de semiesclavitud? En todos estos casos aparece como culpable el mismo imperialismo norteamericano, que también respalda al colonialismo portugués frente a los pueblos de Guinea Bissau y Cabo Verde, Angola y Mozambique.

Cuando nuestras resoluciones enumeran los millones de dólares, libras esterlinas, francos o marcos que todos los años salen de los países en desarrollo, neocolonizados o colonizados, como consecuencia de inversiones expoliadoras y préstamos leoninos, condenan al imperialismo y no a otro sistema social. No es posible cambiar la realidad con expresiones equívocas.

Todo intento de enfrentar a los países no alineados con el campo socialista, es profundamente contrarrevolucionario y beneficia única y exclusivamente a los intereses imperialistas. Inventar un falso enemigo solo puede tener un propósito: rehuír al enemigo verdadero (APLAUSOS).

El éxito y el porvenir del Movimiento No Alineado estará en no dejarse penetrar, confundir ni engañar por la ideología imperialista. Solo la alianza más estrecha entre todas las fuerzas progresistas del mundo nos dará la fortaleza necesaria para vencer las todavía poderosas fuerzas del imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo y el racismo, y luchar exitosamente por las aspiraciones de justicia y de paz de todos los pueblos del mundo.

Con las angustiosas y crecientes necesidades de recursos energéticos y de materias primas que experimentan los países capitalistas desarrollados para mantener las absurdas sociedades de consumo que han creado, si no existiera la extraordinaria fuerza de contención que significa el campo socialista, el imperialismo se repartiría el mundo en pedazos, nuevas guerras azotarían la humanidad, y muchos de los países independientes que integran hoy este movimiento ni siquiera existirían. Incluso actualmente en los círculos dirigentes de los Estados Unidos hay partidarios decididos a intervenir militarmente en el Oriente Medio si los requerimientos de combustible lo exigieran.

Enajenarnos la amistad del campo socialista es debilitarnos y quedar a merced de las todavía poderosas fuerzas del imperialismo. Sería una estrategia torpe y una colosal miopía política.

Señor Presidente:

América Latina ve preocupada cómo Brasil, bajo el patronazgo de los Estados Unidos, edifica un poderío armado que va más allá de la necesidad de sus gobernantes de emplear la brutalidad militar, el asesinato, la tortura y la cárcel contra su pueblo, y se dirige visiblemente a constituirse en un enclave militar en el corazón de América Latina al servicio del imperialismo norteamericano. El Gobierno de Brasil que, junto con el de Estados Unidos, participó en la invasión de Santo Domingo, y en igual complicidad trabajó para derrocar al gobierno progresista de Bolivia y recientemente coadyuvó a la implantación de una dictadura reaccionaria en Uruguay, es no solo un instrumento de Estados Unidos, sino que se transforma progresivamente en Estado imperialista.

Hoy tiene ya un observador en esta Conferencia, al igual que Bolivia. ¡Esperamos que nunca semejantes gobiernos, de los que todavía padecen algunos pueblos de nuestro continente, sean admitidos en el Movimiento de los No Alineados! (APLAUSOS)

Se ha hablado aquí ampliamente de la situación que prevalece en el Sudeste Asiático y en el Cercano Oriente, de los pueblos oprimidos y desangrados por el colonialismo portugués, de la brutal represión racista en Africa del Sur, Zimbabwe y Namibia.

El imperialismo yanki sigue apoyando al régimen neocolonialista de Viet Nam del Sur, que se resiste a cumplir los Acuerdos de París, y al gobierno títere de Lon Nol en Cambodia.

Israel se burla de los acuerdos de las Naciones Unidas y se niega a devolver los territorios ocupados por la fuerza. Portugal, con el apoyo de los Estados Unidos y de la OTAN, desprecia la opinión mundial y las resoluciones tomadas en su contra por los organismos internacionales. Los gobiernos racistas no solo acrecientan la represión, sino que amenazan a otros estados africanos.

Estas son realidades amargas e indignantes que ponen a prueba la fuerza, la unidad y la voluntad de lucha de los países no alineados. Aquí estamos reunidos los dirigentes y representantes de más de 70 Estados. ¡Adoptemos medidas y acuerdos concretos para aislar y derrotar a los agresores! ¡Apoyemos de manera decidida y resuelta a los pueblos árabes agredidos y al heroico pueblo de Palestina, a los luchadores por la independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde, Angola y Mozambique! (APLAUSOS) ¡A los pueblos oprimidos de Africa del Sur, Zimbabwe y Namibia! ¡Luchemos consecuentemente contra los países imperialistas que apoyan y respaldan estos crímenes! ¡Reconozcamos todos los países no alineados al Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur (APLAUSOS), y démosle nuestro apoyo pleno en su lucha por el cumplimiento de los Acuerdos de París! ¡Respaldemos a los patriotas de Lao y Cambodia! ¡Y ninguna fuerza del mundo podrá impedir la solución de estos problemas que afectan a nuestros pueblos en el Cercano Oriente, en Africa y en el Sudeste Asiático!

Por la firmeza con que actuemos en estos problemas se medirá la verdadera fuerza y la profundidad real del Movimiento de los Países No Alineados. ¡Cuba apoyará con la mayor decisión los acuerdos que se tomen en este sentido, incluso si ello requiere el aporte de nuestra sangre! (APLAUSOS)

No podemos pasar por alto a la República Democrática de Viet Nam. Ese pueblo mil veces heroico sufrió la más devastadora guerra de agresión; millones de toneladas de bombas fueron lanzadas sobre sus instalaciones económicas, ciudades, aldeas, escuelas y hospitales. Su lucha abnegada y victoriosa contra la agresión imperialista sirvió a los intereses de toda la humanidad. No debemos conformarnos con simples manifestaciones de simpatía. Actualmente ese país admirable se enfrenta a las duras tareas de la reconstrucción. Proponemos a los países no alineados que participemos en la reconstrucción de Viet Nam del Norte, aportando su contribución cada uno de nosotros en la medida de nuestras fuerzas. Esto le daría una nueva y revolucionaria dimensión a los países no alineados en el campo de la solidaridad internacional.

Es necesario que los países no alineados se solidaricen con Zambia y Tanzania frente a las agresiones de Africa del Sur y Rhodesia. Es igualmente necesario que los países no alineados apoyen a la República Popular Democrática de Corea en sus esfuerzos por la reunificación pacífica del pueblo coreano; que le brindemos al pueblo panameño todo el respaldo en su justa lucha por la reivindicación de su soberanía en la Zona del Canal; que les expresemos nuestra solidaridad al pueblo de Chile frente a la conspiración imperialista (APLAUSOS); que nos unamos a la Argentina en su justa reclamación sobre el territorio usurpado de las islas Malvinas (APLAUSOS) y defendamos los derechos del pueblo de Puerto Rico a su plena soberanía (APLAUSOS).

Nuestro país tiene que soportar la humillante presencia de una base yanki en un pedazo de su territorio, mantenida por la fuerza contra la absoluta voluntad de nuestro pueblo que se enfrenta a un riguroso y criminal bloqueo económico por parte de Estados Unidos. Pese a ello se mantiene firme y lleva adelante exitosamente la construcción del socialismo a las puertas mismas de los Estados Unidos. Nuestro país pudo resistir porque llevó a cabo una verdadera revolución que suprimió radicalmente toda forma de explotación del hombre por el hombre, edificando sobre esa base una elevada moral de lucha y una sólida e indestructible unidad.

Si se desea verdaderamente liberar al país de la explotación imperialista, hay que liberar también al pueblo del saqueo que sobre los frutos de su trabajo realizan los feudales, los terratenientes, los oligarcas y los parásitos sociales de todo tipo. Para el pueblo cubano pedimos también la solidaridad de ustedes.

Si el entendimiento con los países socialistas es factor vital para nuestra victoria, la unidad entre los países que luchan por la independencia y el desarrollo es su condición indispensable. Apoyamos todos los pronunciamientos en favor de la mayor unidad de los No alineados ante los problemas capitales de la vida internacional que figuran en las diversas mociones presentadas ante la Conferencia; pero nos inquieta, y más que inquietarnos nos indigna, el saber que un dirigente de la estatura de Sekou Touré tiene que defenderse no tan solo de los colonialistas portugueses sino también de conspiraciones promovidas en el seno de su propia Africa subdesarrollada (APLAUSOS). Nuestra fe en ciertas declaraciones y postulados de unidad disminuyen cuando vemos cómo la República Popular del Congo y la República de Somalia no están libres de asechanzas de otras fuerzas africanas, y cuando sabemos las dificultades del régimen revolucionario de la República Popular y Democrática de Yemen para vencer hostilidades que pueden surgir en Washington pero que se ejecutan desde otras áreas menos lejanas.

Con ello se demuestra de nuevo, que nuestra verdadera unidad no depende de un no alineamiento circunstancial sino de una identidad más profunda y permanente: la originada en los principios revolucionarios, en el común programa antimperialista y en la aspiración a sustanciales y definitivas transformaciones sociales.

Estas son las posiciones de Cuba. Los puntos de vista que acabo de exponer seguramente no serán compartidos por todos los dirigentes aquí reunidos, pero he cumplido con el deber de exponerlos con respeto y con lealtad hacia todos ustedes.

Muchas gracias.

(OVACION)

Fuente: fidelcastro.cu

jueves, 29 de septiembre de 2022

"CANCIONES DE VIDA Y AMOR: EN EL PUENTE DE HIROSHIMA", DEL COMPOSITOR COMUNISTA LUIGI NONO

En 1962, un año después de la representación de la acción escénica Intoleranza 1960, Luigi Nono compuso Canciones de vida y amor: en el puente de Hiroshima para solos y orquesta, su tercera obra importante para voz y orquesta, después de El canto suspendido (1956) y, de hecho, Intolerancia 1960, respecto del cual los Canti marcan una fractura musical decisiva.

La obra se divide en tres partes: Sul ponte di Hiroshima, sobre un texto extraído de Ser o no ser - Diario de Hiroshima y Nagasaki de Günther Anders, Djamila Boupacha sobre un texto extraído de Esta Noche de Jesús López Pacheco y sobre un texto tomado de Pasaré por la Piazza di Spagna de Cesare Pavese.

La primera representación de esta obra tuvo lugar el 22 de agosto de 1962 en Edimburgo. Las tres partes, dice el propio Nono, son tres situaciones propias de nuestro tiempo, diferentes entre sí pero todas atribuibles al tema de la locura criminal y la opresión y la posibilidad de oponerlas, de contrastarlas con el amor y la libertad. El tratamiento de la línea vocal es sumamente sencillo y directo, un largo lamento que emerge lentamente de la orquesta y, tras un clímax de gran impacto emocional, vuelve a desaparecer. Nono indica el significado de este breve inserto, que se coloca en la parte superior de toda la composición: un puro canto de esperanza sube desde España "hundida en la oscuridad" y encuentra su eco en la voz de la argelina Djamila Boupacha, torturada por los paramilitares en Argelia, símbolo para todos nosotros de un camino de amor, de libertad, contra todas las formas de opresión y tortura neonazis. "Mi técnica de escritura vocal, escribe Nono, se desarrolla a través de la interacción mutua entre las estructuras de intervalo y los diferentes campos de sonido por un lado y la expresión humana por el otro".

martes, 8 de febrero de 2022

LA EDITORIAL ALTAMAREA RECUPERA "REBELIÓN EN ASTURIAS", PRIMERA OBRA DE TEATRO DE ALBERT CAMUS

Rebelión en Asturias
Albert Camus
Traductor: Alfredo Álvarez Álvarez
Editorial: Altamarea
Año: 2022
ISBN: 978-84-18481-34-5
Páginas: 112
PVP: 11,90€

Todo empieza con la punzada de la humillación y la conciencia de la injusticia que alimenta el instinto subversivo: abonado a ratos con rabia y rencor, a ratos con ensoñaciones utópicas de fraternidad universal. Luego se forma el partido o el sindicato, los humillados se organizan, sea con el viento de la Historia soplando a popa o a merced del capricho de las mareas, y se acaban tomando las armas. Se derrota, con sacrificios, al viejo orden y comienza a construirse uno nuevo. También con sus excesos e iniquidades, sus verdugos y sus víctimas inocentes. El viejo mundo reacciona y aplasta la revolución, tortura y asesina a los rebeldes, y sus cadáveres acaban sepultados bajo la nieve, en las arenas del desierto o en el fondo del mar. Una dialéctica trágica que la humanidad ha visto repetirse cientos de veces.

Y en una ocasión sucedió en Asturias, en octubre de 1934: el ciclo completo que va desde la humillación hasta la derrota, con una fugaz parada en la esperanza. El drama universal del poder y la rebeldía, representado en esta ocasión entre las cuencas mineras asturianas y ciudad de Oviedo, inspiró al joven Albert Camus, por entonces un estudiante de Filosofía en la Universidad de Argel afiliado al Partido Comunista, para escribir junto a tres amigos su primera obra literaria: “Rebelión en Asturias”.

Esta obra de teatro, casi inencontrable hasta la fecha y ahora felizmente recuperada por la editorial Altamarea con prólogo y traducción de Alfredo Álvarez, se concibió como un “ensayo de creación colectiva” para el Théâtre du Travail, un colectivo de jóvenes intelectuales de izquierda que adaptaban y representaban obras en los círculos obreros de Argel. No pudo ser el caso de “Rebelión en Asturias”: Augustin Rozis, a la sazón alcalde ultraderechista de Argel, no autorizó la representación por miedo a que suscitase veleidades revolucionarias entre los jóvenes de la ciudad.

Albert Camus, tercero por la derecha, en 1936 junto a sus compañeros del periódico Alger républicain

Camus y sus compañeros no disimulan el carácter militante de la obra, en cuya presentación se refieren a “nuestros camaradas que fueron muertos por las balas de la Legión”. Pero no se trata de una mera celebración de la épica revolucionaria o un alegato colérico del fusil y la dinamita. En sus personajes, en sus monólogos y en sus escenas ya se advierten algunas de las ideas sobre la rebeldía, la violencia y el poder que vertebrarían luego la obra del Camus maduro.

Y eso no anula el compromiso político y de clase que anima “Rebelión en Asturias”. La obra se compuso para ser una puñalada de la que el espectador no pudiera zafarse: “El decorado está pensado para impedirle defenderse”, dicen. Camus y sus colegas quieren obligarle a “entrar en una acción que los clásicos prejuicios le obligarían a ver desde el exterior”. “Rebelión en Asturias” no aspira a ser una plácida experiencia estética, sino más bien una octavilla ardiendo en las manos del espectador-lector. A esa atmósfera sofocante contribuyen también las constantes locuciones de radio, que interrumpen las escenas de la obra para dar el parte de la avanzadilla militar y actualizar la contabilidad de los muertos.

La obra denota un notable conocimiento de los sucesos de octubre del 34, apareciendo citados personajes secundarios de la revolución, como el periodista Javier Bueno o el sacerdote fusilado Eufrasio del Niño Jesús. Según se cuenta en la introducción, Camus y los demás supieron de la insurrección asturiana por un reportaje del periodista André Ribard aparecido en la revista Monde con el título “Oviedo, la vergüenza del gobierno español”. El relato debió conmover a estos jóvenes proletarios de la lejana y calurosa Argel, que de inmediato reconocieron su camaradería con los revolucionarios del norte.

Albert Camus, con un cigarrillo en los labios, en la redacción del diario ‘Combat’ en 1944. Foto: René Saint Paul

Es muy probable que Camus conociese más tarde en París a algunos de los protagonistas de la revolución exiliados en Francia. El compromiso del escritor con los derrotados de la guerra de España no remitió con el paso de los años, y nunca dejó de participar en mítines sindicales, escribir en la prensa libertaria y denunciar la tiranía del régimen franquista. Aunque no hay documentos que lo prueben, no sería descabellado aventurar que en alguno de aquellos actos Camus estrechó la mano y conversó con, por ejemplo, el cenetista gijonés Ramón Álvarez Palomo.

“Rebelión en Asturias”, como decimos, es una primera aproximación a los conflictos y preguntas que constituirán luego la obra literaria y filosófica del futuro Premio Nobel. Si bien su implicación social no decayó nunca, tampoco se dejó tentar por un realismo político que, en palabras de su contemporáneo George Bernanos, no es más que “la buena conciencia de los hijos de puta”. Sánchez, uno de los personajes de “Rebelión en Asturias”, insiste con delectación en que “la revolución no se hace con abanicos”.

Es él quien manda a morir en primera línea a sus compañeros, y después quien ordena fusilar al farmacéutico y al tendero sin darles la oportunidad de defenderse. Sánchez es el arquetipo del revolucionario justiciero para el que la política no debe entramparse en las sutilezas de la moral. La política de morir o matar, de vencer o ser derrotado, siempre disgustó a Camus, y ello le granjeó la enemistad con la troupe estalinista de la intelectualidad parisina de la época. La revolución era odiosa para el argelino si la animaban la venganza o la cólera. Es bien conocida aquella frase suya cuando Argelia vivía una ola de atentados de los independistas del FLN: “Entre la justicia y mi madre, prefiero a mi madre”.

Oviedo después de 1934.

Pero en los textos de Camus la interpretación política va siempre enhebrada con la angustia de una conciencia que se interroga sobre el sentido y la trascendencia de sus esfuerzos en el mundo. Recordemos el mito de Sísifo, con el que el escritor tituló uno de sus más conocidos ensayos: condenado por los dioses a cargar una y otra vez con una pesada piedra monte arriba. Así los mineros una de las últimas noches de la revolución, mientras escuchan por la radio que los legionarios se acercan con “sed de victoria” y órdenes de liquidarlos. El ciclo está a punto de cerrarse.

Los revolucionarios son torturados a manos de los militares y fusilados luego. Las nieves de noviembre—la obra estuvo a punto de titularse así: “La nieve” o “La breve vida”—cubren la fosa común y su recuerdo. En el último acto, las voces de los mineros muertos se preguntan “¿y quién se acordará? Es imposible que todo esto no sirva para nada”. Albert Camus se duele de la derrota y del olvido de los suyos, pero sabe que el invierno no dura para siempre. Unos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, escribía: “Cuando vivía en Argel, esperaba siempre pacientemente durante el invierno, porque sabía que en una noche, en una sola noche fría y pura de febrero, los almendros del valle des Consuls se cubrirían de flores blancas. Después me maravillaba al ver cómo esa nieve frágil resistía todas las lluvias y el viento del mar. Sin embargo, todos los años resistía lo suficiente para preparar el fruto”.

 Fuente: Nortes

martes, 4 de enero de 2022

DOCUMENTAL "ALBERT CAMUS, LA TRAGEDIA DE LA FELICIDAD", EN EL 61 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Título original: Albert Camus, la tragédie du bonheur
Año: 1999
Duración: 55 min.
País: Francia
Dirección: Joël Calmettes, Jean-Daniel Verhaeghe
Guión: Joël Calmettes, Jean-Daniel Verhaeghe
 
El documental “Albert Camus, una tragedia de la felicidad” (1999) intenta romper con la figura negativa, trágica, casi ‘naif’ que suele atribuirse a esa gran figura de la literatura y de la historia política moderna. Sus autores, Joël Calmettes y Jean Daniel, desean transmitir la felicidad simple que habita en la obra de Albert Camus, una felicidad con trabas, herida y rápidamente perdida. El documental presenta la biografía de Camus en tres partes, la primera dedicada a su infancia en la tierra de sus orígenes: Argelia. La segunda parte hace hincapié en su escritura, en sus obras ‘El Extranjero’ y ‘El mito de Sísifo’, de 1941 a 1952. La última parte presenta a un Camus más íntimo en cuanto a su círculo parisino y su ideología política

VER DOCUMENTAL CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

 

martes, 7 de diciembre de 2021

"CARTA A UN FRANCÉS", DEL FILÓSOFO FRANTZ FANON, EN EL 60 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

  "CARTA A UN FRANCÉS", DE FRANTZ FANON

Cuando me has manifestado tu deseo de abandonar Argelia, mi amistad se ha hecho súbitamente silenciosa. Ciertas imágenes surgidas,
tenaces y decisivas estaban en el umbral de mi memoria.

Te miraba y tu mujer estaba a tu lado.


Te vas a Francia ya... Nuevos rostros rondarán en torno a ti, muy

lejos de este país donde desde hace algunos días las cosas decidida
mente no van bien.
Tú me has dicho: La atmósfera se deteriora, es necesario que me

vaya. Tu decisión, sin ser irrevocable por haberla ya expresado, toma
ba forma progresivamente.
¡Este país inexplicablemente erizado! Los caminos han dejado de

ser seguros. Los campos de trigo se han transformado en braseros.

Los árabes se hacen perversos.

Se habla. Se habla.


Las mujeres serán violadas Los testículos serán cortados y clava
dos entre los dientes 

¡Acuérdense de Sétif! ¿Queréis otro Sétif?
Ellos lo tendrán, pero no nosotros.

Tú me has dicho todo esto riendo.

Pero tu mujer no reía.

Y he mirado tras de tu risa.

He visto tu esencial ignorancia de las cosas de este país.

Cosas que yo te explicaré.

Quizá partirás, pero dime, cuando se te pregunte:

“¿Qué pasa en Argelia?” ¿Qué responderás?

Cuando tus hermanos te pregunten: “¿Qué ha sucedido en Arge
lia?” ¿Qué les responderás?
Más concretamente, cuando se quiera comprender por qué has

dejado este país, ¿cómo harás para apagar esta vergüenza que ya

arrastras?

Esta vergüenza de no haber comprendido, de no haber querido

comprender lo que pasaba a tu alrededor todos los días.

Durante ocho años estuviste en este país.


¡Y ni un pedazo de esta enorme herida que te había estorbado!

¡Y ni un pedazo de esta enorme herida que te había obligado!


De descubrirte semejante al fin.

Inquieto por el hombre, pero singularmente no por el árabe.

Preocupado, angustiado, atenazado.

Pero en pleno campo, tu inmersión en el mismo cieno, en la mis
ma lepra.
Porque no hay un europeo que no se revuelva, que no se indigne,

que no se alarme de todo, salvo de lo que se le hace al árabe.

Árabes desapercibidos.

Árabes ignorados.


Árabes sometidos al silencio.

Árabes sutilizados, disimulados.

Árabes negados cotidianamente, transformados en decoración

sahariana. Y tú te has mezclado con aquéllos:

Que jamás han estrechado la mano de un árabe.

Jamás han bebido café.

Jamás han hablado del tiempo pasado junto a un árabe.

A ambos lados de ti los árabes.

Alejados los árabes.


Arrojados sin esfuerzo los árabes.

Confinados los árabes.

Ciudad indígena destruida.

Ciudad dc indígenas dormidos.

Nunca les ocurre nada a los árabes.

Toda esta lepra sobre tu cuerpo.

Tú partirás. Pero todas estas preguntas, estas preguntas sin respuesta... El conjugado silencio de 800 mil franceses, este silencio ignorante, este silencio inocente.
Y 9 millones de hombres bajo este sudario de silencio.

Yo te ofrezco este expediente, a fin de que ninguno muera, ni los

muertos de ayer, ni los resucitados de hoy.

Quiero que mi voz sea brutal, no la quiero bella, ni la quiero pura,

no la quiero de todas dimensiones.

La quiero desgarrada de parte a parte, no quiero que se divierta,

ya que, en fin, hablo del hombre y de su repulsa, de la pudrición coti
diana del hombre, de su espantosa renuncia.
Quiero que tú expliques.

Que, por ejemplo, yo digo: existe una crisis de escolarización en

Argelia, para que tú pienses: es una falla que se debe remediar.

Que yo digo: de cada trescientos árabes solo existe uno que puede

firmar con su nombre, para que tú pienses: es triste, es necesario que
esto termine.
Escucha más, todavía:


Una directora de escuela se quejaba ante mí, se quejaba de estar

obligada cada año a admitir en su escuela a nuevos pequeños árabes.

Una directora de escuela que se quejaba de que, una vez todos los

europeos inscritos, se veía obligada a escolarizar a algunos pequeños

árabes.

El analfabetismo de estos pequeños mocosos que aumenta en la

misma medida de nuestro silencio.

Instruir a los árabes, pero vosotros no pensáis en ello.


Queréis pues complicarnos la vida.

Ellos están bien como están.


Mientras menos comprendan, mejor les va.

Y dónde adquirir créditos.

Esto les va a costar los dos ojos de la cara.

Por otra parte, ellos no piden tanto.

Una encuesta hecha a los caídos muestra que el árabe no reclama

escuelas.

Millones de pequeños limpiabotas. Millones de “un mozo señora”.

Millones de dame un pedazo de pan. Millones de analfabetos. “Ya

que no sabes firmar, no firmes. Nosotros firmamos”.

Millones de impresiones digitales en los procesos verbales que

llevan a prisión.

En las actas del señor Cadí.


En los enrolamientos de los regimientos de fusileros argelinos.

Millones de
fellah explotados, engañados, robados.
Fellah
atrapados a las cuatro de la madrugada.

Abandonados a las ocho de la noche
De sol a luna.

Fellah
ahitos de agua, ahitos de hojas, ahitos de viejas galletas que
deben durar todo el mes.

Fellah
inmóvil y tus brazos se agitan y tu espalda esta encorvada
pero tu vida detenida.

Los coches pasan y no os movéis. Os pasarían sobre el vientre y

no os moveríais.

Árabes en los caminos.

Bastones pasados por el asa de la canasta.


Canasta vacía, esperanza vacía, toda esta muerte del
fellah.
Doscientos cincuenta francos por día.

Fellah
sin tierra.
Fellah
sin razón.
Si no estáis contentos no tenéis más que partir. Los muchachos

llenan la choza. Las mujeres llenas en las chozas.

Fellah
secado.
Sin sueño.

Seis veces doscientos cincuenta francos por día.


Y nada aquí os pertenece.

Son gentiles con vosotros, ¿de qué os quejáis?

Sin nosotros, ¿qué haríais? ¡Ah! ¿Sería lindo este país si nosotros

nos fuéramos?

Transformado en pantano después de poco tiempo, ¡sí!

Veinticuatro veces doscientos cincuenta francos diariamente.

Trabaja,
fellah. En tu sangre el cansancio prosternado de toda una
vida.

Seis mil francos por mes.


En tu rostro la desesperación.

En tu vientre la resignación...

Qué importa,
fellah, si este país es bello.

Fuente: Leer a Fanon, medio siglo después / Aimé Césaire ... [et al.]. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO, 2017. Libro digital, PDF

Lettre à un Français, fue una carta escrita por Frantz Fanon a finales de 1956 que testimonia el período de guerra de liberación nacional en Argelia. Fue inédita hasta su publicación en Por la revolución africana. Escritos políticos (1965: 53-57).