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miércoles, 9 de septiembre de 2026

"CARTA ABIERTA A LA UNIÓN DE ESCRITORES CHECOSLOVACOS", ESCRITA POR PETER WEISS EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 1967

 

CARTA ABIERTA A LA UNIÓN DE ESCRITORES CHECOSLOVACOS
 
Acabo de regresar de una estancia de dos meses en Cuba. La discusión sobre las tareas del escritor en los países socialistas y capitalistas de Europa pasó a un segundo plano. Eran más importantes las tomas de posición respecto a la lucha de clases internacional, principalmente en las fases agudas que adopta en Vietnam y en Latinoamérica. Ahora, al echar una ojeada al correo acumulado, me he encontrado con dos escritos procedentes de colegas checoslovacos. El primero es una invitación de la Unión de Escritores de Checoslovaquia a participar en un simposio que se celebrará en Praga el 27 de noviembre de 1967. El segundo es una circular anónima, publicada en el Sunday Times del 3 de septiembre de 1967. A pesar del carácter radicalmente distinto de ambos escritos, desearía utilizar esta forma de la carta abierta para contestarlos conjuntamente, puesto que apuntan a un tema común. Pasemos primero al manifiesto de los intelectuales checoslovacos, que también se dirige a mí, personalmente. Aunque los firmantes del manifiesto no se citan por sus nombres, no existe ningún motivo para suponer que el Sunday Times no tenga la lista. En cambio, lo que resulta dudoso es la afirmación del autor de este documento, según el cual se trata en su mayor parte de marxistas y comunistas. Desearía aclarar todo esto en unos cuantos puntos que, como mínimo, pecarán de mala información, de graves malentendidos y de una valoración exagerada de la libertad en Occidente. 
 
1. La exhortación a que proteste menos contra im masacre norteamericana en Vietnam, el militarismo en Grecia, el racismo en los Estados Unidos, y de que dirija más la atención a los abusos de los países socialistas. Tales advertencias me han llegado con frecuencia durante los últimos años, casi siempre por parte reaccionaria, diciéndome que, al adoptar una actitud positiva respecto a la construcción del socialismo, no debo olvidar las medidas violentas en el régimen de protección de fronteras ni el dirigismo en la política cultural. En respuesta a este primer punto, al que volveré más abajo con mayor detenimiento, quiero aludir al hecho de que, desde el conflicto de Biermann, en diciembre de 1965, me encuentro en una discusión con las personalidades dirigentes de la vida cultural en la Alemania Oriental sobre el problema de la libertad en el arte. Hasta el momento, pocas cosas han sido publicadas sobre este intercambio de ideas. Las razones son las siguientes: en primer lugar, no quería exponer el debate a una deformación unilateral en el sentido de Occidente y correr asi el peligro de apoyar a la prensa burguesa en su actitud hostil hacia la República Democrática Alemana; en segundo lugar, he venido esperando hasta hoy la oportunidad de ventilar este problema en un clima de completa apertura con representantes de aquel país. 
 
2. La inclusión de John Steinbeck en la lista de escritores internacionales destinatarios del documento. Los intelectuales checoslovacos deberían saber que este autor defiende de manera inequívoca la política militar de los Estados Unidos en Vietnam y se ufana de su agresividad contra el Vietcong. Sirvan de ejemplo estas dos citas, que he sacado de su serie de artículos del Herald Tribune: "Charlie is a pure son of a bitch, his purpose is domination of the land and the minds of poor people, and he will stop at no horror, no lie, no trick to achieve it." (13 de enero de 1967) "Anyway, the air-spotter called in some activity and they honored me by letting me fire the first round from the Number Four tube. It was a proud moment and they gave me the shell casing to take home." (2 de enero de 1967.) Atribuirle un respeto por la libertad y, en la misma frase, hablar del intento de entrar en contacto con los escritores de etodo el mundo libres es algo que, para decirlo con indulgencia, me parece sospechoso. 

3. El Credo para la conclusión del manifiesto, para la defensa de la libertad y para la lucha contra el terror, en el que se cita al presidente John F. Kennedy como modelo. Desde el comienzo de su mandato, en 1961, este presidente ha abogado por la lucha despiadada contra el socialismo y los movimientos de liberación. Fue él quien estructuró la "estrategia especial" en Vietnam; bajo su gobierno se prepararon las medidas de la escalada militar en Vietnam y, bajo su dirección, Stanley, Taylor y Rostow planearon el ataque a la República Democrática de Vietnam y se efectuó el intento de aplastar la revolución en Cuba. Apelar al espíritu y a la conciencia del mundo invocando el nombre de Kennedy es algo que no puede relacionarse con unas ideas marxistas. 

Por estas razones no puedo hacer mío el llamamiento de los intelectuales checoslovacos en su actual formulación. Sin embargo, por la causa que defienden, y en la medida en que se trata de la libertad de palabra y de opinión, de la libertad creadora y de la supresión de la censura política, considero necesaria la discusión. 
 
Es la misma discusión que me compromete desde hace años y que sólo se podrá cerrar cuando al concepto del marxismo revolucionario se unan los derechos fundamentales de la libertad intelectual. He defendido siempre la idea de que sólo en una sociedad socialista puede hacerse realidad la absoluta libertad del arte.
 
Un arte que sea social y políticamente consciente, un arte que esté al lado de la revolución, no puede ser calificado de libre en los países capitalistas. La comercialización, la constante falsificación de la realidad por los medios de comunicación de masas, pone a los intelectuales radicales -definidos como "izquierda sin patria" por el mundo burgués- en una posición que linda a menudo con la resignación o la desesperación. Los más perseverantes trabajan bajo el signo de la oposición violenta y del esfuerzo por conseguir un cambio radical de todos los valores existentes. 

Ciertamente, se dice que su libertad de opinión dentro del mundo capitalista e imperialista es ilimitada, que aparecen sus libros y obras teatrales y que pueden efectuar sus asambleas. Pero esto no ocurre en absoluto en todos los países del "mundo libre". De sobra conocemos las medidas violentas de los regímenes occidentales de orden contra las manifestaciones políticas radicales; no es menester enumerarlas aquí. 

Sin embargo, la falta de libertad en la sociedad de clases no puede disculpar la falta de libertad en la sociedad sin clases. La discusión sobre este problema, que es cada vez más necesaria desde hace años, debería dirimirse por fin ante la opinión pública y en una forma representativa, y el simposio de fines de noviembre de la Unión de Escritores Checoslovacos facilitaría la posibilidad de hacerlo. La invitación para este simposio se dirige tanto a escritores de los Estados socialistas como a escritores progresistas que tienen su residencia en los países capitalistas. Nosotros, que actuamos sobre todo en el Oeste, nos sentimos tan afectados por la restricción cultural de los Estados socialistas como nuestros colegas del Este. En nuestras conversaciones se deja sentir cada vez con mayor fuerza el aislamiento forzoso, la falta de posibilidades de comparación y, consiguientemente, la pérdida de una colaboración en la lucha global. Al ser prohibidos en sus respectivos Estados los intentos de los colegas socialistas por entrar en contacto con la polémica política, filosófica y estética que hoy tiene lugar en el mundo, la discriminación se dirige también contra nosotros, que tomamos como punto de partida la misma actitud política fundamental. Nuestra opinión es que, actualmente, los Estados socialistas tienen bastante fuerza y pueden presentar bastantes éxitos sociales y económicos como para tener, asimismo, el valor de tratar abiertamente un conflicto cultural de fundamental importancia, de asumir todos los planteamientos candentes y de no ocultar ninguno de sus aspectos. Los escritores y artistas socialistas, y otros escritores y artistas progresistas internacionales, no pueden aceptar por mucho tiempo que el conflicto sea marginado por la decisión unilateral de un partido político. 

Para mí, personalmente, tiene un valor extraordinario que mis trabajos no sólo se discutan en el mundo occidental, sino que se acepten y se traten también en los Estados socialistas. Mi propia evolución respecto al marxismo ha pasado también por muchos estadios, desde la experimentación surrealista, desde situaciones de duda, de escepticismo y de concepciones partidarias del absurdo, hasta una toma de posición política radical. No veo razón alguna para que se coarte la evolución natural de los artistas en un Estado socialista. No olvidemos que, en ellos, la sociedad pasa por un proceso de transformación de la fase burguesa en socialista. No olvidemos que esta sociedad es aún imperfecta en muchos aspectos y que la crítica y la oposición son signos de vitalidad y pueden contribuir al progreso del marxismo humanista. 
 
Habría que examinar hasta dónde se extiende la necesaria libertad de expresión, antes de que coincida con tenedencias reaccionarias y contrarrevolucionarias. Estamos seguros y de acuerdo en que la resurrección del fascismo, el belicismo y el nacionalismo agresivo deben ser combatidos del modo más encarnizado. Tendríamos que discutir más detenidamente qué entendemos por arte progresivo. ¿Es progresivo el arte del realismo socialista en relación con las modernas manifestaciones artísticas salidas del mundo burgués? ¿O bien este realismo vive a menudo de formas tomadas de una concepción de la realidad reaccionaria, pequeñoburguesa? Hay que formular la pregunta siguiente: ¿Es función de las instituciones culturales de los Estados socialistas fomentar interpretaciones social e históricamente veraces sobre la complicada estructura social? ¿O acaso su misión es producir una imagen conformista e idealista de la situación presente? 

Siempre ha habido intentos de efectuar este examen. Lo efectuaron en la Unión Soviética durante los años veinte hasta que el estalinismo lo sofocó. En los Estados socialistas han surgido obras de arte convincentes, siempre que se ha aflojado la presión del uniformismo. El cine soviético, polaco y checoslovaco, muchas pinturas, novelas, poemas, obras teatrales de artistas socialistas han enriquecido la cultura de nuestro tiempo. Es modélica la evolución estética actual con que me encontré en Cuba, donde un internacionalismo revolucionario se opone al peligro de un anquilosamiento por la burocracia y el dogmatismo. La angustia, el letargo, la confusión y la revuelta son signos, que reaparecen siempre, de un clima cultural en el que se reprime la libre manifestación de las opiniones. 

También sería necesario que pudieran participar en nuestra conversación escritores y artistas de la República Democrática Alemana. No sólo delegados oficiales, como propone la invitación de la Unión de Escritores Checoslovacos, sino representantes de diversas tendencias. Como ustedes saben, el problema a discutir tiene idéntica actualidad en la República Democrática Alemana. Para el prestigio internacional de este Estado, con el que me unen lazos de solidaridad, es importante que sus artistas, escritores y científicos, cuya integridad política me consta, dediquen sus fuerzas a la expresión viva y múltiple que corresponde a la gran polémica de nuestro tiempo. 

Espero su respuesta, de cuyo contenido dependerá mi asistencia al simposio internacional del 29 de noviembre de 1967 en Praga. 

Estocolmo, 10 de setiembre de 1967 

Suyo 

Peter Weiss 

Me permito enviar una copia de esta carta abierta al semanario Die Zeit y una copia al diario Neues Deutschland. (En el Neues Deutschland la carta no fue publicada.) 
 
Fuente: Escritos políticos. Ediciones de Bolsillo

sábado, 29 de agosto de 2026

"LIBRE, FUERTE Y FELIZ", OBRA DEL ARTISTA DE LA RDA MAX LINGNER

 

Libre, fuerte y feliz
Max Lingner 
1944 
Témpera sobre lienzo
212 x 129 cm 1949
Neue Nationalgalerie de Berlín

Después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Lingner fue inmediatamente arrestado como alemán y miembro del Partido Comunista Francés. Capturado en varios campos de internamiento, logró escapar después de más de un año en Gurs en noviembre de 1941. Entonces vivió escondido y estuvo activo en la Resistencia. Fue solo después de la liberación de París a finales del verano de 1944 que Lingner regresó allí.

Ya en 1937 había desarrollado el motivo de la familia obrera francesa por primera vez (“Francia – libre, fuerte, feliz”, cf. Gertrud Heider, Max Lingner, Leipzig 1979, p. 56, Taf. 28). Volvió a asumir esto, por ejemplo en el diseño del título de la “L’Humanité” del 14 de julio de 1945, el Día Nacional Francés, así como en la pintura “El Invierno” (1946). Un poco más tarde, cortó la imagen y tituló la antigua parte de la derecha con “Free, Strong and Happy”. 

En la obra se representa una familia joven elegantemente vestida. El grupo de personas tiene las características típicas de Lingner, enfatizadas por los contornos negros. Confiado y mirando de frente, el hombre progresa. Su esposa está mirando al niño en sus brazos. Lingner firmó y fechó la imagen en 1944, presumiblemente para referirse directamente a la liberación de Francia del régimen nazi, que también se enfatiza por el título. Como resultado, Lingner debió usar el motivo una y otra vez, incluso como un motivo en numerosas decoraciones festivas de prensa. También aparece en el diseño del mural de 1953 en la Casa de los Ministerios de Leipziger Straße en Berlín, aunque en otra versión de la que finalmente se realizó. 

viernes, 14 de agosto de 2026

"ACERCA DE GALILEO GALILEI", DE BERTLOT BRECHT, EN EL 70 ANIVERSARIO DE SU MUERTE


Apuntes personales de Bertolt Brecht y comentarios sobre su obra de teatro «Vida de Galileo».

*

Monje: – ¿Y usted no cree que la verdad, si es tal, se impone también sin nosotros?

Galileo Galilei: – No, no y no. Se impone tanta verdad en la medida en que nosotros la impongamos. La victoria de la razón sólo puede ser la victoria de los que razonan.

*

Introducción

Es sabido qué feliz influjo puede ejercer sobre los hombres la convicción de que se hallan en los umbrales de una nueva época. El mundo circundante se les aparece como todavía incompleto, susceptible de los más felices incrementos, lleno de posibilidades advertidas o no advertidas, casi un dócil material bruto en sus manos. Ellos mismos se sienten como en el alba de una bella jornada, bien descansados, fuertes, llenos de iniciativas. La vieja fe es considerada superstición, lo que todavía ayer aparecía lógico y natural es sometido ahora a nuevo examen. Hasta ahora hemos sido dominados, dicen los hombres, pero de aquí en adelante dominaremos. Ninguna otra canción entusiasmó tanto a los obreros en los comienzos del siglo como aquella que decía: “con nosotros se mueve una nueva época”. Marchaban con ella los jóvenes y los viejos, los más pobres y los más explotados, y quienes ya habían arrancado algo a la civilización; y todos se sentían jóvenes. También en tiempos del blanqueador se comprobó la inaudita fuerza de atracción de estas palabras: también él prometía una nueva época. Y entonces las palabras revelaron toda su vacuidad e inexactitud: explotadas por los seductores de las masas habían perdido ya desde largo tiempo atrás su fuerza. La nueva época era, y es, algo que todo lo toca, que nada deja sin cambio y que luego desarrolla su nuevo carácter donde toda fantasía encuentra lugar. Todo principio, todo iniciador, se convierten en objeto de amor y la actitud del innovador tiene efectos apasionantes. Se ama el feliz sentimiento de quienes lubrican una nueva máquina para que muestre su fuerza; el de quienes llenan de líneas precisas el espacio blanco en un viejo mapa y el de quienes inician la edificación de una nueva casa, de sus casas.

Este es el sentimiento del hombre de ciencia que hace un descubrimiento capaz de transformarlo todo, y el del orador que prepara un discurso capaz de crear una nueva situación. Terrible es la desilusión de los hombres cuando descubren o creen descubrir que han sido víctimas de una ilusión, porque el viejo orden histórico todavía es más fuerte que el nuevo, y los nuevos “elementos” no hablan en favor de éste, sino en centra, y la nueva época aún no ha llegado. Entonces no sólo se está tan mal como antes, se está mucho peor; han sacrificado todo por sus planes, pero ahora son asaltados por la sorpresa y el viejo orden se venga de ellos. El hombre de ciencia, o el inventor, que antes de divulgar su descubrimiento era un desconocido a quien nadie perseguía, ahora que el descubrimiento está refutado y difamado se convierte en un embustero, un charlatán hasta demasiado conocido; así como el explotado –una vez reprimida su revolución– se convierte en un revolucionario que debe ser expuesto a un castigo especial. A la tensión sigue el agotamiento, a la quizás excesiva esperanza una falta de esperanza igualmente excesiva. Luego, la situación de quienes no vuelven a caer en la apatía y en la indiferencia es aún peor; y quienes no han consumido sus recursos en defensa de sus ideales, los usan ahora contra estos mismos ideales. Ningún reaccionario es más despiadado que el innovador fracasado; el elefante domado es el más cruel enemigo del elefante salvaje.

Cuando en los primeros tiempos de mi exilio en Dinamarca escribí la obra teatral Vida de Galileo me ayudaron en la reconstrucción del mundo tolomeíco algunos asistentes de Niels Bohr que estaban trabajando en torno al problema de la desintegración del átomo. Una de mis intenciones era reproducir desnuda y cruda la imagen de una nueva época; una empresa fatigosa, en cuanto todos a nuestro alrededor estaban convencidos de que a nuestra época todo le faltaba como para poder ser considerada nueva. Y nada había cambiado en este aspecto cuando, algunos años más tarde, decidí emprender con Charles Laughton una versión norteamericana de la obra.

La “era atómica” tuvo después su exordio en Hiroshima, cuando nuestro trabajo promediaba. De un día para otro la biografía del fundador de la nueva física asumía otro significado. El efecto infernal de la gran bomba echaba una nueva y más intensa luz sobre el conflicto de Galileo con las autoridades de su época. A nosotros nos bastaba realizar sólo unos pocos cambios, y ninguno de ellos en la estructura. Ya en la versión original la Iglesia había sido representada como una autoridad temporal cuya ideología podía ser trocada en cualquier otra ideología. Desde el comienzo la gigantesca figura de Galileo había sido utilizada como punto llave para representar a una ciencia ligada al pueblo durante siglos; en toda Europa el pueblo hizo a Galileo –en la leyenda vibre su persona y sobre su historia– el honor de no creer en la abjuración. Y eso aun cuando este pueblo había comenzado desde largo tiempo a ridiculizar a los hombres de ciencia, describiéndolos como lechuzas, eunucos facciosos y abstractos. Ya la palabra “docto” tenía en sí algo de ridículo: se pensaba en “amaestrado”, en algo pasivo. Los bávaros hablaban del “embudo de Nüremberg”, con el que se inyectaba a personas de escaso espíritu cantidades más o menos enormes de saber: una suerte de enema mental.

Pero no por esto se volvían más sabios. El “comer la inteligencia con la cuchara” aparecía como proceso innatural. Los “cultos” –y también esta palabra suscitaba la idea de una fatal pasividad– hablaban de una venganza de los “incultos”, de un odio innato contra el espíritu, y al desprecio se mezclaba efectivamente el rencor. En la periferia y en los suburbios el “espíritu” era considerado extraño y casi enemigo. Pero este desprecio se hallaba aun en los mejores sectores”.

El “docto” era una figura impotente, sin sangre, extravagante, “presuntuosa” e inepta para la vida.

Sobre la puesta en escena de la obra en Estados Unidos

Está bien que se sepa que nuestra representación tuvo lugar en la época y en el país que hablan fabricado y valorizado militarmente la bomba atómica, y donde la física atómica estaba circundada por el más denso misterio. Quien se hallaba en los Estados Unidos el día del lanzamiento, difícilmente lo olvidará. La guerra que realmente había costado muchos sacrificios a los Estados Unidos era la guerra con el Japón. Las tropas partían de las costas occidentales, y allí llegaban los heridos y las víctimas de las enfermedades asiáticas. Cuando las primeras noticias proporcionadas por los diarios alcanzaron Los Ángeles, todos sabían que aquello significaba el fin de la temida guerra, el retorno de los hijos y de los hermanos. Y, sin embargo, la ciudad manifestó un dolor sorprendente. El autor oyó a conductores de ómnibus, a vendedores de frutas y de verduras en los mercados expresar sólo estados de ánimo de terror. Era una victoria, pero llevaba la vergüenza de la derrota. Los militares y los políticos pidieron entonces que la gigantesca fuente de energía fuera mantenida secreta; el hecho puso en agitación a los intelectuales. La libertad de investigar, de intercambiar noticias e informaciones, la comunidad internacional de los hombres de ciencia, quedaban paralizadas por las disposiciones de autoridades hacia las cuales la desconfianza era muy grande. Grandes físicos abandonaron como fugitivos el servicio en el gobierno militarista; uno de los más famosos aceptó un puesto de profesor que lo obligaba a perder su tiempo en la exposición de conceptos elementales a sus alumnos, para no tener que trabajar bajo estas autoridades. Descubrir algo era una vergüenza.

 ¿Cuándo Galileo se vuelve nocivo?

En la Vida de Galileo no se trata de enseñar a defender la propia opinión mientras uno cree en ella, cosa que daría derecho al título de carácter fuerte. Copérnico, que ha puesto en movimiento al todo, no defendió su opinión, haciéndola publicar sólo después de su muerte y sin embargo, con justicia, nadie se lo reprocha. Había dejado su verdad a quien quisiera tomarla. La había dejado y se fue sin gloria, pero también sin ser perseguido. Su obra científica, que permitía una definición más fácil, más rápida y elegante de las órbitas celestes, estaba allí, para que la humanidad se sirviera de ella.

La obra de Galileo es fundamentalmente del mismo tipo, y la humanidad la ha aprovechado. Pero la diferencia está en que Copérnico evitó la lucha, Galileo la libró y luego la traicionó. Si Giordano Bruno, el nolano1 que no evitó la lucha, muriendo en la hoguera unos veinte años antes, hubiera abjurado, el daño habría sido menos grande; hasta puede darse que su martirio fuera más un freno que un estímulo para los hombres de ciencia. En los tiempos de Bruno la lucha todavía no era muy viva. Pero el tiempo no te detuvo; una nueva clase, la burguesa, había entrado a la lisa con nuevos medios industriales: ya no se trataba sólo de hacer descubrimientos científicos, sino de luchar por su explotación en gran escala. La actividad de la nueva clase era amplia, porque para realizar sus negocios debía llegar al poder y destruir la ideología que aún se lo impedía. La Iglesia, que defendía los privilegios de los grandes terratenientes y de los príncipes, como privilegios deseados por Dios y, por lo tanto, justos, no reinaba por medio de la astronomía, pero estaba bien presente en la nueva ciencia. De ningún modo y en ningún campo podía ceder su poder, porque la nueva clase estaba en condiciones de explotar en su provecho cualquier victoria, aun en astronomía. Por otro lado, la burguesía, en los campos elegidos y en loa puntos sobre los cuales concentraba la lucha, era muy vulnerable. La oración “La cadena no es más fuerte que su eslabón más débil” vale para las cadenas que atan (como la ideología de la Iglesia) y, al mismo tiempo, para las cadenas de transmisión (las nuevas ideas sobre la propiedad, el derecho, la ciencia, etc.). Galileo se volvió nocivo cuando llevó su ciencia al centro de la lucha, renunciando luego al combate.

NOTA:

1 “El Nolano”, fue el pseudónimo de Giordano Bruno. Nola es una localidad próxima a Nápoles en la actual Italia
Fuente: El Sudamericano 

lunes, 3 de agosto de 2026

"LAMENTACIÓN", OBRA SINFÓNICA DEL COMPOSITOR SOCIALISTA KARL AMADEUS HARTMANN DEDICADA AL CIENTÍFICO COMUNISTA ROBERT HAVEMANN

"LAMENTACIÓN" ("KLAGEGESANG"), OBRA SINFÓNICA DE KARL AMADEUS HARTMANN 

Karl Amadeus Hartmann nació en Múnich en 1905 dentro de una familia de artistas francófilos, muchos de ellos pintores. Cuando era muy joven, siguió de cerca el Levantamiento Obrero de Bavaria a finales de la 1GM, y muy a pesar de su trágico final, él sería un socialista utópico por el resto de su vida. Siempre se interesó en la música y en 1920, Hartmann ingresó a la Akademie der Tonkust donde estudió composición e interpretación de metales. Algunas de sus más tempranas obras datan de fines de los 20’s  y si bien su música hace uso de procedimientos atonales, éstas nunca son dodecafónicas; su música es más cercana al expresionismo o al jazz que a otras prácticas, como por ejemplo su Tanzsuite de 1931. También componía obras corales con connotaciones políticas marxistas. Cuando los Nazis tomaron el poder, muchas de sus comisiones e interpretaciones quedaron canceladas para evitar escándalos; situación que enardeció a Hartmann, quien se retiró a componer en reclusión y no permitió que nadie dentro del Tercer Reich tocara una pieza suya. A diferencia de muchos amigos suyos que pudieron exiliarse a Suiza, Hartmann no pudo salir y se enfrentó a una marginalización extrema. Afortunada y contradictoriamente, su esposa resultó ser hija de un magnate armamentista, así que nunca sufrió penurias extremas. Su obra orquestal Miserae, creada para conmemorar la memoria de sus amigos perecidos en el primer campo de concentración de Dachau; fue estrenada con enorme éxito en Praga en 1935 y en Londres en 1938. Pero tan pronto los Nazis se enteraron, vinieron críticas viciosas hacia Hartmann por todos lados. Situaciones similares ocurrieron con su Symphonie L’Oeuvre de 1936 y su Concerto Fúnebre de 1939, ambas obras de protesta. Cuando la guerra era inevitable Hartmann tomó la drástica decisión de envenenarse “accidentalmente” para evitar la conscripción; una acción que hecha con entera consciencia lo habría enviado al campo de concentración; una acción que sin embargo lo pondría como mártir si fallaba o como sobreviviente si lograba evadir el ejército. Los años de guerra fueron para él, tal y como se pensaría, muy productivos. Por un lado, pudo estudiar de manera particular con Anton Webern; de él, Hartmann sólo aprendería composición ya que diferían estética y políticamente. Por otro lado, compuso tres grandes obras en el género sinfónico. Una Sinfonia Tragica en 1940, su Sinfonía Klagesang (Canto lamentoso) en 1944 y un tríptico llamado Sinfoniae Drammaticae (Sinfonías Dramáticas): Éste estaba compuesto por la Obertura Sinfónica China kamfpt (China a la lucha) de 1940, dedicada a la facción comunista china que luchaba contra los invasores japoneses; el Symphonische Hymnen (Himno Sinfónico) de 1943 y la Suite Sinfónica Vita Nova de 1944 que nunca terminó.

Karl Amadeus Hartmann dedicó su Klagegesang de 1944 al científico comunista y miembro de la resistencia antinazi Robert Havemann. Al aplicar el principio de ritornello, cinco movimientos fuertemente contrastantes se fusionan en una secuencia sin fisuras. 

I Adagio
II Andante pastoral
III Alegro assai
IV No troppo lento
V Fugato  

A pesar de todos los temores y tristezas, un brillante Re bemol mayor al final de la pieza muestra la confianza de Hartmann en volver a ver a su amigo encarcelado. El compositor utilizó partes del Klagegesang para su 3ª Sinfonía   

Fuente: Musical Histories y otros

Robert Havemann (Múnich, 1910 – Grünheide, 1982)

Nacido en el seno de una familia de intelectuales, estudió y se doctoró en Química en la Universidad de Berlín y fue admitido en el IKW para la Química y Física especializándose en electroquímica en 1933.

En 1932 ingresó al movimiento socialista Neu beginnen (Nuevo comienzo) que comenzó a realizar resistencia al nazismo emergente en Alemania en 1933, y adicionalmente estableció contactos con la Internacional Comunista e ingresó al KPD en ese año.

Dentro del IKW estableció un círculo de resistencia junto a Georg Groscurth, Pablo Rentsch y Herbert Richter, denominado Europäische Union teniendo como objetivo el estorbar las maquinaciones del régimen nazi dentro de sus alcances desde sus privilegiadas posiciones. De este modo ayudó a ocultarse a varios científicos e intelectuales con raíces judías, realizó coordinaciones con otros grupos disidentes e intentó además sin éxito en establecer contactos con los aliados. El régimen nazi ofreció a Havemann el poder colaborar con investigaciones dirigidas al desarrollo de armas químicas para el Heereswaffenamt (Werhmacht) y este aceptó solo para poder encubrir las acciones disidentes del grupo y evitar su enrolamiento forzado de soldados de la Werhmacht.

De esta forma Havemann se convirtió en el líder del grupo disidente. Havemann y su grupo organizaron acciones en los campos de trabajo forzado de la región de Orianenburg. En 1943, escribieron una serie de textos programáticos nombrando a su grupo Europäische Union, lo que constituyó un error fatal puesto que cayeron en las manos de la Gestapo al detener a un ingeniero, Paul Hatschek y su esposa intentando traspasar información en la frontera polaca.

El 4 de septiembre de 1943, Georg Groscurth fue detenido por la Gestapo, y al día siguiente le tocó a Havemann siendo enjuiciado por el Volksgerichtshof y condenado a muerte el 16 de diciembre de ese año. Su grupo fue desmantelado. No obstante, a medida que la Gestapo investigaba sus trabajos de colaboración con la industria de guerra nazi y gracias a la intervención de otros colegas del IKW, se le consideró trabajador esencial para el desarrollo de armas químicas y se le suspendió la pena en varias oportunidades mientras permanecía en la prisión de Brandeburg-Görden. Pudo sobrevivir al régimen nazi siendo liberado por el Ejército Rojo en mayo de 1945.

Se convirtió en jefe administrativo del IKW que pasó a llamarse Instituto Max Plank para Química y Física durante la época de la administración aliada en Berlín occidental. Su filiación y colaboracionismo con los soviéticos levantó persecuciones políticas por parte de las autoridades occidentales lo que condujo a su despido en 1948. Siguió como adjunto en el Laboratorio de Química del Instituto hasta que fue despedido finalmente del Instituto en 1950.

Havemann permaneció en la nueva Alemania del Este, RDA, en Berlín y se ganó una cátedra en la Universidad de Humboldt en Berlín. Se convirtió en miembro del Partido Socialista Unificado y miembro de la (Volkskammer) Cámara del Pueblo Alemán en ese año. En 1956, Havemann se convirtió en crítico mediático del régimen comunista a raíz del 20º Congreso Comunista de 1956, en especial de Nikita Jrushchov y su discurso secreto acerca de la Gran Purga.

En 1963 dictó una conferencia sobre Aspectos científicos de los dogmas filosóficos que fue publicado como Dialéctica sin dogmatismos. Esto le atrajo mucha publicidad y cedió una entrevista a periodistas occidentales siendo despedido de sus posiciones en 1964 y perdiendo su membresía en el Partido Socialista Alemán (SED). 

Havemann se radicó en Grünheide y en 1976 fue puesto bajo arresto domiciliario por las autoridades de la RDA y permaneció bajo estas condiciones hasta su muerte en abril de 1982, a causa de un cáncer de pulmón. En 1989 fue rehabilitado políticamente por el Partido Socialista Unificado de Alemania.

Fuente: El viejo topo 

domingo, 12 de julio de 2026

"BAILE DEL 14 DE JULIO", DEL PINTOR COMUNISTA MAX LINGNER


Baile del 14 de julio 
Max Lingner 
1945/1946 
Témpera y tinta sobre papel 
38 x 53 cm 
Neue Nationalgalerie (Berlín)

El artista alemán Max Lingner trasladó su residencia a París después de la I Guerra Mundial, siendo colaborador gráfico de la revista semanal Monde, donde acabó haciéndose cargo de la dirección artística.  

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, al tener nacionalidad alemana, fue internado por la autoridad francesa en el campo de Gurs. Lingner huyó del campo de Gurs, viviendo en Francia en la ilegalidad con el nombre Marcel Lantier. En 1943 entró en la resistencia francesa, viviendo de nuevo en París al ser liberada la ciudad. 

Tras la liberación pintó esta versión del “Baile del 14 de julio” de un evento de baile nocturno en el Día Nacional Francés en 1945/1946, ciertamente todavía bajo la impresión de la liberación de Francia del nacionalsocialismo en agosto de 1944. Las mujeres y los hombres que bailan alegremente bajo las lámparas están en tonos blanco y negro. No solo por su color, la imagen tiene las características típicas de los dibujos a la prensa de Lingner: el fuerte énfasis en el contorno y la representación tipificada de las personas y el espacio circundante, que se limita a unas pocas líneas concisas, se destacan. Lingner ciertamente había encontrado la liberación de la ciudad como una felicidad especial después de su internamiento forzado y su vida en la ilegalidad. Ahora pudo reanudar su trabajo como artista de prensa para la “L’Humanité”, en el contexto de la cual esta obra también pudo haber sido creada.  

Volvió a Alemania (RDA) en 1949, siendo catedrático de pintura contemporánea de la escuela superior de arte en Weissensee.   

viernes, 29 de mayo de 2026

EL PUENTE DE LA AMISTAD SOVÍETICA-ALEMANA EN BRANDENBURGO

La mayoría de los símbolos y emblemas relacionados con la República Democrática Alemana desaparecieron rápidamente después de la Reunificación alemana en 1990. Si bien algunos símbolos de Alemania Oriental ocasionalmente todavía se pueden encontrar, tienden a estar lejos y en pocos medios, por lo que siempre es una sorpresa encontrar uno en la naturaleza, por así decirlo. Aún más sorprendente cuando es un logotipo gigante alemán-soviético junto a una carretera concurrida en recuerdo del “puente de la amistad soviética alemana”.

La Sociedad para la Amistad Alemán-Soviética

Después de la fundación de la República Democrática Alemana el 7 de octubre de 1949, uno de los objetivos de los estados era romper las actitudes anti soviéticas entre su población. Realmente no debería ser una sorpresa que no todos los alemanes confiaran en la Unión Soviética o en su Ejército de Ocupación solo 4 años después del final de la guerra. En 1947, se fundó la "Gesellschaft zum Studium der Kultur der Sowjetunion" (Sociedad para el Estudio de la Cultura de la Unión Soviética) que se transformó en la Sociedad para la Amistad Soviética alemana (Gesellschaft für Deutsch-Sowjetische Freundschaft, DSF) en 1949.

¡Aprender del pueblo soviético significa aprender a ganar!

El Kanal des Friedens

En 1951, el Consejo de Ministros de Alemania Oriental decidió expandir las Vías Fluviales en Brandeburgo con la creación del “Havelkanal” para crear una ruta más corta entre el Elba y el Oder que permitiría pasar a los grandes barcos de tonelaje, pero también para evitar específicamente tener que cruzar el territorio de Berlín Occidental.

havelkanal eingang hennigsdorf nieder neuendorf Brücke der deutsch sowjetischen Freundschaft

El proyecto fue oficialmente llamado “Kanal des Friedens” (El Canal de la Paz) y ratificado el 19 de abril de 1951. La construcción del Canal inicialmente se enfrentó a varios obstáculos, la falta de materiales, máquinas adecuadas y trabajadores calificados, lo que amenaza el éxito del proyecto desde el principio. A través del esfuerzo combinado y la puesta en común de recursos, 1500 trabajadores lograron completar el canal de 34 km de largo en solo 13 meses.

havelkanal hennigsdorf nieder neuendorf Brücke der deutsch sowjetischen Freundschaft

Varios de los puentes ferroviarios se construyeron mediante el uso de vigas de acero recicladas de los puentes destruidos (durante la Segunda Guerra Mundial) a lo largo del Oder, mientras que las orillas del canal fueron apoyadas por escombros que anteriormente bombardeaban Berlín. Los alojamientos adecuados para los equipos de construcción también eran escasos, teniendo que recurrir a la reutilización de los cuarteles de los campos de trabajo nazis cercanos en Hennigsdorf (que después de la guerra estaban siendo ocupados por refugiados de los territorios orientales perdidos).

El puente de la amistad soviética alemana

Por supuesto, cada río / canal necesita un puente, y el Kanal des Friedens tenía muchos de ellos. Pero solo uno de ellos tuvo el honor de ser llamado “Brücke der deutsch-sowjetischen Freundschaft”. El puente de 75 metros de largo, terminado en 1952 abarca la entrada del Havelkanal y conecta la ciudad de Hennigsdorf con el distrito de Nieder Neuendorf.

Por supuesto, al estar ubicado directamente en la entrada del recién creado “Kanal des friedens”, la Sociedad para la Amistad Alemán-Soviética se abalanzó sobre la oportunidad de crear algunas relaciones públicas “positivas” para la Unión Soviética. El puente recibió su nombre elegante, y la amistad ordenada por el estado se exhibió con orgullo en virtud de dos placas masivas de hierro fundido, una que conmemora el año de construcción del puente y la otra que muestra con orgullo el emblema del DSF. Las placas de hierro fundido se montaron entonces en el lado del puente.

Ahora el astuto observador podría haber notado que la bandera de Alemania Oriental no tiene Emblema de la RDA, y hay una explicación simple para ello: el escudo oficial de la República Democrática Alemana no se introdujo hasta el 26 de septiembre de 1955, y no se incluyó en la bandera de Alemania Oriental hasta el 1 de octubre de 1959.

Un nuevo puente sobre el Havelkanal

El Brücke der deutsch-sowjetischen Freundschaft había alcanzado el final de su vida útil a finales de la década de 2010, por lo que el consejo local decidió que era más fácil derribarlo y construir un nuevo puente de Strudier sobre el Havelkanal. El antiguo puente del este de Alemania fue derribado, pero las placas de hierro fundido fueron salvadas por un empleado de la “Wasserstraßen- und Schifffahrtsamt” (también conocida como Waterways and Shipping Authority).

La construcción del recién nombrado “Straßenbrücke Nieder Neuendorf” se completó en 2019 (después de un tiempo de construcción de 2 años), pero no fue la única nueva adición. Las placas de la Sociedad para la Amistad Germano-Soviética, encerradas en un bloque de concreto gigante, se colocaron repentinamente muy prominentemente junto a la carretera principal que cruza el puente.

DSF Denkmal intingen hennigsdorf nieder neuendorf Brücke der deutsch sowjetischen Freundschaft

DSF Denkmal seite hennigsdorf nieder neuendorf Brücke der deutsch sowjetischen Freundschaft

Gracias a una votación en la que el SPD, ayudado por el Linke ganó, las placas que celebraban el Puente de la Amistad Soviética alemana llegaron a quedarse donde están, junto con un pequeño marcador histórico.

El puente de la amistad soviética alemana hoy

Con la adición de una placa de información, parece que la disputa sobre el legado de Alemania Oriental se ha resuelto, al menos por ahora.

straßenbrücke nieder neuendorf Brücke der deutsch sowjetischen Freundschaft

El puente en sí es como casi todos los demás puentes que se pueden ver atravesando las vías fluviales en Berlín y Brandeburgo, pero si está en la zona, vale la pena pasar por el Memorial a las víctimas del trabajo forzado que está a la vuelta de la esquina.

Por cierto, la Sociedad para la Amistad Alemán-Soviética no solo obtuvo carreteras y puentes que llevan su nombre, sino que también lograron nombrar la pequeña cordillera en la Antártida, la "Berge der Deutsch-Sowjetischen Freundschaft" (Montañas del alemán.Amistad soviética) en 1972.

La expedición del Ártico de Alemania Oriental nombró la pequeña cordillera 70 KM al sureste de la estación soviética de Molodyozhnaya en agradecimiento por los años de apoyo soviético. La cordillera todavía lleva el nombre hasta el día de hoy ( -67.983000, 47.376000 ).

El puente de la amistad soviética alemana Dirección

Straßenbrücke Nieder Neuendorf
L172, 16761 Hennigsdorf
52.61571, 13.20491

sábado, 23 de mayo de 2026

"EL SÚBDITO", PELÍCULA DE LA RDA DIRIGIDA POR WOLFGANG STAUDTE BASADA EN LA NOVELA DE HEINRICH MANN

Título original Der Untertan 
Año 1951
Duración 109 min.
País Alemania del Este (RDA)
Dirección Wolfgang Staudte
Guion Fritz Staudte, Wolfgang Staudte. Novela: Heinrich Mann
Reparto: Werner Peters , Paul Esser , Sabine Thalbach , Renate Fischer , Hans-Georg Laubenthal , Friedrich Maurer , Ernst Legal
Música Horst Hans Sieber
Fotografía Robert Baberske
Compañías Deutsche Film (DEFA)
Sinopsis Diederich Heßling es tal y como un buen súbdito prusiano tiene que ser. Tiene fe en la autoridad, pero aprende que ésta se disfruta más en posición de poder. Le teme a todo y a todos, pero se da cuenta que el servir a los poderes establecidos lo enviste de la autoridad de éstos. De ahí en adelante el lema de su vida será: alabar a los de arriba y amenazar a los de abajo. 

Hasta el día de hoy, la pregunta sigue sin respuesta: ¿cómo y bajo qué condiciones decenas de miles de personas pudieron cruzar el umbral de la inhumanidad para organizar un genocidio cuya intensidad, bestialidad y, en el peor sentido, racionalidad representan una singularidad en la historia de la humanidad? Generaciones de académicos han lidiado con estos problemas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Quizás no exista una respuesta verdaderamente satisfactoria. Heinrich Mann también abordó aspectos de esta cuestión en su muy comentada, famosa, pero también vilipendiada novela "Der Untertan" (1919), ya después de la Primera Guerra Mundial y sin la menor idea de la brutalidad que se desataría tan solo 14 años después.

Cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, surgió la cuestión de comprender lo sucedido en Alemania durante los doce años anteriores, inicialmente, y hasta bien entrada la década de 1960, solo unos pocos se atrevieron a abordar este tema abiertamente. El clima político de la década de 1950 se caracterizó más por la negación (a menudo con motivaciones políticas) de aquellos años terribles que por un enfoque en la clarificación. Por lo tanto, no es de extrañar que Wolfgang Staudte, uno de los mejores directores alemanes de la posguerra, solo pudiera emprender la adaptación cinematográfica de la obra de Mann en la joven RDA en 1951.

Su película homónima, "Der Untertan" (El súbdito), incluso fue prohibida en Alemania Occidental entre 1951 y 1956. La hostilidad hacia la entonces llamada "Zona Oriental" fue solo la razón aparente de la censura de la película. En realidad, el objetivo principal era evitar que las drásticas declaraciones de la novela y la película influyeran en el discurso político. Después de 1956, año en que el Tribunal Constitucional Federal ilegalizó el Partido Comunista de Alemania Occidental (KPD), se permitió la proyección de la película en una versión censurada. No fue hasta 1971 que la televisión emitió la versión íntegra de la película de Staudte.  

Considerando tanto la película como el libro, incluyendo su enfoque satírico, incluso sarcástico, del tema del "súbdito alemán", resulta bastante comprensible —si uno se pone en el lugar de quienes negaron la existencia de la película— por qué fue prohibida durante cinco años. Porque Mann y Staudte, en su retrato del personaje principal, Diederich Hessling (interpretado magistralmente por Werner Peters en el que posiblemente fue su mejor papel), profundizaron en el "alma alemana", revelando al espectador o lector algunas de las razones por las que tanto en Alemania se desarrollaría en la dirección del nacionalsocialismo, incluso aunque la historia en sí (o quizás precisamente porque) estuviera ambientada en el Imperio Alemán antes de la Primera Guerra Mundial.  

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

domingo, 10 de mayo de 2026

"VIENTO DEL ESTE", DEL ARTISTA DE LA RDA MAX LINGNER

 
Viento del Este
Max Lingner
1957
Témpera sobre lienzo
130 x 306 cm
Neue Nationalgalerie (Berlin)

Ya en los años treinta, Lingner había abordado repetidamente el tema de la Unión Soviética como escritor de prensa en Francia. Con la obra “Ostwind” creada en 1957 en la RDA, el artista negocia el tema en un lenguaje visual extremadamente llamativo. En él, una joven pareja, levantando una antorcha, vuela al borde derecho de la imagen. El optimismo y la sensualidad de su estilo de pintura desarrollado en Francia siguen siendo reconocibles. Pero la síntesis previamente característica del tipo individual y formulado para Lingner ahora parece ser casi una de sus caricaturas. En algunas obras preliminares, Lingner había proporcionado a la pareja un martillo y una hoz, probablemente en referencia a la monumental escultura “El Trabajador y y la Koljosiana" de Vera Muchina.

La obra se creó en una fase en la que el estilo de Lingner puede entenderse como una concesión a las directrices dogmáticas, después de que el artista fuera blanco de la política cultural de SED a principios de los años cincuenta en el curso del debate del formalismo. Originalmente, “Ostwind” es simplemente una plantilla para estampados de tela que estaban destinados a decorar casas culturales como colgantes de pared temporales 

domingo, 15 de febrero de 2026

"CONSTRUCCIÓN DEL ESTADIO THÄLMANN DE POTSDAM", OBRA DEL ARTISTA DE LA RDA WERNER NERLICH


Construcción del Estadio Thälmann de Potsdam
Werner Nerlich
1978-1984
Oleo sobre tabla
Potsdam Museum

En octubre de 1948, miembros de la Policía Popular, atletas y voluntarios comenzaron la construcción del Estadio Ernst Thälmann. El lugar elegido fue la zona del destruido Lustgarten (jardín de recreo). Los escombros del centro de la ciudad se utilizaron para la construcción del estadio. Estos escombros se apilaron y compactaron para formar terraplenes, creando así la base para las gradas. El primer gran recinto deportivo construido en toda Alemania después de la Segunda Guerra Mundial se inauguró oficialmente el 3 de julio de 1949. El estadio recibió el nombre de Ernst Thälmann, expresidente del Partido Comunista de Alemania (KPD), asesinado en el campo de concentración de Buchenwald en 1944. Entre los asistentes a la ceremonia de apertura se encontraban Wilhelm Pieck (sucesor de Ernst Thälmann y más tarde presidente de la RDA), Rosa Thälmann (viuda de Ernst Thälmann), el Dr. Kurt Fischer (presidente de la Administración alemana del Interior) y el Dr. Fritz Steinhoff (ministro-presidente del estado de Brandeburgo).

En la década de 1980, todo el complejo se sometió a una profunda modernización. Tras la caída de la RDA, el estadio continuó utilizándose para entrenamientos, competiciones y eventos. Esto se debió principalmente a los antiguos clubes, que habían adoptado nuevos nombres, a los clubes recién fundados y, por supuesto, a la policía. En varias ocasiones, el estadio también se utilizó indebidamente como helipuerto para transportar a celebridades, como la reina Beatriz de los Países Bajos. Esto provocó daños considerables en el estadio y sus focos. Durante la fase de planificación para la construcción del nuevo edificio del parlamento estatal, se decidió reconstruir el antiguo palacio de la ciudad en su emplazamiento histórico. Esto también implicó la remodelación del antiguo jardín de recreo. Con esta decisión, el destino del estadio quedó sellado. Sin ofrecer una alternativa a los clubes deportivos afectados, el Estadio Ernst Thälmann fue demolido en 1999.



 


martes, 10 de febrero de 2026

"EL MANTO DEL HEREJE", DE BERTOLT BRECHT, EN EL 128 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 

Giordano Bruno, el hombre de Nola al que las autoridades de la Inquisición romana condenaron el año 1600, a morir en la hoguera por herejía, es universalmente considerado un gran hombre, no sólo por sus audaces –y luego comprobadas– hipótesis sobre los movimientos de los astros, sino también por su valerosa actitud frente a la Inquisición, a la que dijo:

«Pronunciáis vuestra sentencia contra mí quizá con más temor del que yo siento al escucharla».

Cuando leemos sus escritos y encima echamos una ojeada a los informes sobre su actuación pública, sentimos que en verdad no nos falta nada para calificarlo de gran hombre. Y, sin embargo, hay una historia que acaso pueda aumentar todavía más nuestro respeto por él.

Es la historia de su manto.

Antes hay que saber cómo cayó en las manos de la Inquisición.

Un patricio veneciano, un tal Mocenigo, invitó al sabio a pasar una temporada en su casa para que lo instruyera en los secretos de la física y la mnemotecnia. Le brindó hospitalidad durante varios meses y obtuvo, a cambio, la instrucción acordada. Pero en vez de las clases de magia negra que él había esperado recibió tan sólo las de física. Quedó muy descontento porque éstas no le servían para nada. Los gastos que le ocasionara su huésped empezaron a pesarle, y repetidas veces lo exhortó seriamente a que le revelara los conocimientos secretos y lucrativos que un hombre tan famoso debía de poseer, sin duda alguna; al no conseguir nada de esta forma, lo denunció por carta a la Inquisición. Escribió que aquel hombre perverso y malagradecido había hablado mal de Cristo en su presencia, diciendo que los monjes eran asnos que estupidizaban al pueblo y afirmando asimismo, en contra de lo que decía la Biblia, que había no sólo uno, sino innumerables soles, etc., etc. Por consiguiente, él, Mocenigo, lo había encerrado en su desván y rogaba que enviasen pronto funcionarios a buscarlo.

Los funcionarios se presentaron un lunes, muy de madrugada, y se llevaron al sabio a las mazmorras de la Inquisición.

Aquello sucedió el lunes 25 de mayo de 1592, a las tres de la mañana, y desde entonces hasta el día en que subió a la hoguera, el 17 de febrero de 1600, el nolano no volvió a abandonar las mazmorras.

Durante los ocho años que duró el terrible proceso, Bruno luchó sin descanso por su vida, pero el combate que libró en Venecia, el primer año, contra su traslado a Roma fue, quizá, el más desesperado.

En aquel período se sitúa la historia del manto.

En el invierno de 1592, cuando aún vivía en un albergue, se había mandado hacer un grueso manto a medida, por un sastre llamado Gabriele Zunto. En el momento de su detención aún no había pagado la prenda.

Al enterarse del arresto, el sastre se precipitó a casa del señor Mocenigo en las proximidades de San Samuele para presentar su factura. Era demasiado tarde. Un criado del señor Mocenigo le señaló la puerta. «Ya hemos gastado más que suficiente en ese impostor», gritó tan alto en el umbral que algunos transeúntes volvieron la cabeza. «Mejor diríjase al Tribunal del Santo Oficio y dígales que tiene tratos con ese hereje.»

El sastre se quedó paralizado de temor en plena calle. Un grupo de golfillos lo había oído todo, y uno de ellos, un chiquilín harapiento y cubierto de granos, le lanzó una piedra. Cierto es que una mujer pobremente vestida se asomó por un portal y asestó una bofetada al pillastre, pero Zunto, un hombre viejo, sintió claramente que era peligroso ser alguien que «tuviera tratos con ese hereje». Echó a correr mirando alrededor medrosamente y volvió a su casa dando un largo rodeo. A su mujer nada le contó de su infortunio, y durante una semana ella no supo explicarse las razones de su abatimiento.

Pero el 1 de junio, mientras hacía cuentas, descubrió que un manto no había sido pagado por un cliente cuyo nombre estaba en boca de todo el mundo, pues el nolano era la comidilla de la ciudad. Corrían los rumores más terribles sobre su perversidad. No sólo había echado pestes contra el matrimonio, tanto en libros como en conversaciones, sino que había tratado de charlatán al mismo Cristo y afirmado las cosas más desquiciadas sobre el Sol. No era, pues, nada extraño que no hubiera pagado su manto. Y la buena mujer no tenía la menor intención de resignarse a esa pérdida. Tras una violenta discusión con su marido, la septuagenaria, vestida con sus mejores galas, se dirigió a la sede del Santo Oficio y reclamó, con cara de malas pulgas, los treinta y dos escudos que le debía el hereje allí encarcelado.

El funcionario con el que habló tomó nota de su petición y le prometió ocuparse del asunto.

Zunto no tardó en recibir una citación, y, temblando como un azogado, se presentó en el temido edificio. Para su gran sorpresa, no fue interrogado, sino solamente informado de que su petición sería tenida en cuenta cuando se examinaran los asuntos financieros del detenido. De todas formas, el funcionario le insinuó que no se hiciera muchas ilusiones.

El anciano quedó tan contento de salir bien librado por tan poco, que le agradeció humildemente. Pero su mujer no estaba nada satisfecha. Para compensar esa pérdida no le bastaba con que su marido renunciara a su copa vespertina y siguiera cosiendo hasta muy entrada la noche. Con el pañero habían contraído deudas que no podían eludir. Se puso a chillar en la cocina y en el patio, que era una vergüenza encerrar a un delincuente antes de que hubiera pagado sus deudas. Si fuera necesario –añadió–, iría a ver al Santo Padre en Roma para recuperar sus treinta y dos escudos. «En la hoguera no necesitará ningún manto», gritó.

Contó a su confesor lo que les había pasado. Éste le aconsejó pedir que al menos les devolvieran el manto. Viendo en ello el reconocimiento, por parte de una instancia eclesiástica, de que su reivindicación era legítima, la mujer declaró que no se contentaría con el manto, que sin duda ya habría sido usado y, además, estaba hecho a medida. Le hacía falta el dinero. Y como alzara un poco la voz llevada por su fervor, el sacerdote la echó fuera.

Esto la hizo entrar un poco en razón y la mantuvo tranquila unas semanas. Del edificio de la Inquisición no trascendió nada nuevo sobre el caso del hereje encarcelado. Pero en todas partes se rumoreaba que los interrogatorios iban sacando a luz monstruosas infamias. La vieja oía ávidamente todo aquel chismorreo. La atormentaba oír que el asunto del hereje tuviera todas las de perder. Aquel hombre jamás sería liberado ni podría pagar sus deudas. La mujer dejó de dormir por las noches, y en agosto, cuando el calor acabó de arruinar sus nervios, empezó a ventilar su queja a chorretadas en las tiendas donde compraba y ante los clientes que iban a probarse ropa. Insinuaba que los monjes cometían un pecado al despachar con tanta indiferencia las justas reclamaciones de un pequeño artesano. Los impuestos eran opresivos, y el pan acababa de subir nuevamente.

Una mañana, un funcionario se la llevó a la sede del Santo Oficio, donde la conminaron enérgicamente a poner fin a su malévolo cotilleo. Le preguntaron si no le daba vergüenza comadrear sobre un proceso religioso tan serio por unos cuantos escudos. Le dieron a entender que disponían de toda suerte de medios contra la gente de su calaña. Esto surtió efecto un tiempo, aunque cada vez que pensaba en la frase «por unos cuantos escudos», pronunciada por aquel fraile rechoncho, enrojecía de ira.

Hasta que en septiembre se rumoreó que el Gran Inquisidor de Roma había pedido el traslado del nolano. El asunto se estaba debatiendo en la Signoria

La ciudadanía discutió acaloradamente esta petición de traslado, y la opinión era, en general, contraria. Los gremios no querían aceptar ningún tribunal romano por encima de ellos.

La vieja estaba fuera de sí. ¿Dejarían ahora que el hereje fuera trasladado a Roma sin haber saldado antes sus deudas? Aquello era el colmo. No bien hubo oído la increíble noticia cuando, sin molestarse siquiera en ponerse un vestido mejor, se precipitó a la sede del Santo Oficio.

Esta vez la recibió un funcionario de mayor rango que, curiosamente, fue mucho más complaciente con ella que los anteriores. Era casi de su misma edad y escuchó sus quejas tranquila y atentamente. Cuando terminó, él le preguntó, tras una breve pausa, si deseaba hablar con Bruno.

En seguida dijo que sí. Y fijaron una entrevista para el día siguiente.

Aquella mañana, un hombrecillo enjuto, con una oscura barba rala, la abordó en un cuartucho minúsculo con ventanas enrejadas y le preguntó, cortésmente, qué deseaba.

Ella lo había visto cuando él fue a probarse el manto y recordaba bien su cara, pero esta vez no lo reconoció de inmediato. La tensión de los interrogatorios debía de haberle provocado un cambio.

La mujer dijo precipitadamente:

–El manto. No llegó a pagarlo.

El la miró asombrado unos segundos. Cuando por fin se acordó, le preguntó en voz baja:

–¿Cuánto le debo?

–Treinta y dos escudos –dijo ella. Le enviamos la cuenta.

Él se volvió hacia el funcionario alto y grueso que vigilaba la entrevista y le preguntó si sabía cuánto dinero se había depositado en la sede del Santo Oficio junto con sus demás pertenencias. El hombre lo ignoraba, pero prometió averiguarlo.

–¿Cómo está su esposo? –preguntó el prisionero volviéndose otra vez hacia la vieja, como si el asunto estuviera prácticamente zanjado, se hubieran establecido relaciones normales y aquello fuera una visita habitual.

Y la mujer, desconcertada por la amabilidad del hombrecillo, murmuró que estaba bien y hasta añadió algo sobre su reuma.

Sólo al cabo de dos días regresó a la sede del Santo Oficio, pues juzgó de buen tono darle tiempo al caballero para que efectuase sus pesquisas.

Y volvió a obtener permiso para hablar con él. Tuvo que esperar más de una hora en el cuartucho de las ventanas enrejadas, pues estaban interrogando al prisionero.

Por fin apareció éste con aire muy agotado. Como no había sillas, se apoyó ligeramente contra la pared. Pero fue en seguida al grano.

Con voz muy débil le dijo que, por desgracia, no estaba en condiciones de pagarle el manto. Entre sus pertenencias no había encontrado dinero en efectivo. Pero tampoco se trataba de perder las esperanzas, añadió. Le había dado vueltas al asunto y creía recordar que un hombre que había editado libros suyos en la ciudad de Frankfurt aún le debía dinero. Le escribiría, si allí se lo permitían. Al día siguiente solicitaría el permiso. Durante el interrogatorio de aquel día había tenido la impresión de que el ambiente no era particularmente favorable, por lo que había preferido no preguntar para no echarlo todo a perder.

La vieja lo escrutaba con sus penetrantes ojos mientras él iba hablando. Conocía los subterfugios y vanas promesas de los deudores morosos. Sus obligaciones les importaban un rábano, y cuando se veían acorralados, fingían estar moviendo cielo y tierra.

–¿Para qué necesitaba entonces un manto si no tenía dinero con qué pagarlo? –preguntó con dureza.

El prisionero hizo un gesto con la cabeza para demostrarle que seguía su razonamiento. Y respondió:

–Siempre he ganado dinero con mis libros y mis clases. Por eso pensé que también ahora ganaría algo. Y creí necesitar el manto porque pensaba que aún seguiría rodando por el mundo.

Dijo esto sin la menor amargura, como si sólo hubiera querido no dejar a la anciana sin respuesta.

La vieja volvió a examinarlo de pies a cabeza, furibunda, pero a la vez con la sensación de que no llegaría a comprenderlo, y, sin añadir una sola palabra, dio media vuelta y salió precipitadamente del cuartucho.

–¿Quién se atrevería a enviar dinero a un hombre procesado por la Inquisición? –le espetó indignada a su marido aquella misma noche, en la cama. A él ya no le inquietaba la postura de las autoridades eclesiásticas sobre su persona, pero seguía desaprobando los infatigables intentos de su mujer por conseguir el dinero.

–Ahora tiene cosas más importantes en qué pensar –rezongó.

Ella no dijo nada.

Los meses siguientes transcurrieron sin que aconteciera nada nuevo en relación con el penoso asunto. A principios de enero se rumoreó que la Signoria estaba estudiando la posibilidad de acceder al deseo del Papa y entregar al hereje. Y los Zunto recibieron una nueva citación en la sede del Santo Oficio.

No se especificaba ninguna hora concreta, y la señora Zunto se apersonó una tarde. Llegó en un mal momento. El prisionero esperaba la visita del procurador de la República, de quien la Signoria había solicitado un dictamen sobre el asunto del traslado. La señora fue recibida por el funcionario de alto rango que tiempo atrás le consiguiera la primera entrevista con el nolano; el viejo le dijo que el prisionero había manifestado su deseo de hablar con ella, pero la invitó a que considerara si aquél era el momento adecuado, ya que el prisionero estaba pendiente de una entrevista sumamente importante para él.

Ella dijo que lo mejor sería preguntárselo.

Un funcionario salió y volvió al poco rato con el nolano. La entrevista tuvo lugar en presencia del funcionario de alto rango. Antes de que el prisionero, que sonrió a la señora desde el umbral, pudiera decir algo, la anciana le espetó:

–¿Por qué se comporta usted así si quiere seguir rodando por el mundo?

El hombrecillo pareció desconcertarse unos instantes. Había respondido a muchísimas preguntas aquellos tres meses y casi no recordaba el final de la última entrevista que tuviera con la mujer del sastre.

–No me ha llegado el dinero –dijo por último–; he escrito dos veces pidiéndolo, pero no me ha llegado. He estado pensando que tal vez os interesaría recuperar el manto.

–Ya sabía yo que llegaríamos a esto –replicó ella en tono despectivo. Está hecho a medida y es demasiado pequeño para la gran mayoría.

El nolano miró a la anciana con aire atormentado.

–No había pensado en esto –dijo volviéndose hacia el monje. ¿No se podrían vender todas mis pertenencias y darle el dinero a esta gente?

–Me temo que no será posible –terció el funcionario que lo había acompañado, el alto y grueso. El señor Mocenigo las reclama. Usted ha vivido largo tiempo a costa suya.

–Fue él quien me invitó –replicó el nolano con voz cansina.

El anciano levantó la mano.

–Eso aquí no viene a cuento. Pienso que hay que devolver el manto.

–¿Y qué haremos nosotros con él? –dijo la vieja obstinadamente.

El anciano se ruborizó ligeramente. Luego dijo con voz pausada.

–Querida señora, no le vendría mal un poco de caridad cristiana. El acusado está pendiente de una entrevista que puede ser de vida o muerte para él. No puede usted pedir que se interese únicamente por su manto.

La vieja lo miró insegura. De pronto recordó dónde estaba y se preguntó si no haría mejor en irse, cuando oyó que, a sus espaldas, el prisionero decía en voz baja:

–En mi opinión tiene derecho a protestar.

Y cuando la vieja se volvió hacia él, añadió.

–Le ruego que disculpe todo esto. No vaya a pensar que su pérdida me resulta indiferente. Elevaré una instancia al respecto.

El funcionario alto y grueso había abandonado el cuarto a una señal del anciano. En aquel momento regresó y, abriendo los brazos, dijo:

–El manto no nos ha sido entregado. Mocenigo se habrá quedado con él.

El nolano se asustó visiblemente. Luego dijo con firmeza:

–No es justo. Me querellaré contra él. El anciano movió la cabeza.

–Mejor preocúpese de la conversación que habrá de mantener dentro de unos minutos. No puedo permitir que aquí se siga discutiendo por unos cuantos escudos.

A la vieja se le subió la sangre a la cabeza. Había guardado silencio mientras hablaba el nolano, mirando, enfurruñada, uno de los rincones de la habitación. Pero en ese momento se le agotó la paciencia:

–¡Unos cuantos escudos! –exclamó. ¡Es la ganancia de todo un mes! Para usted es muy fácil practicar la caridad. ¡No pierde nada!

En aquel instante se acercó a la puerta un monje muy alto.

–Ha llegado el procurador –dijo a media voz–, mirando con sorpresa a la vieja chillona.

El funcionario alto y grueso tomó al nolano por la manga y lo condujo fuera. El prisionero se volvió a mirar a la mujer hasta que cruzó el umbral. Su enjuto rostro estaba muy pálido.

La vieja bajó las escaleras de piedra del edificio un tanto conturbada. No sabía qué pensar. Después de todo, el hombre había hecho cuanto estaba a su alcance.

No quiso entrar en el taller cuando, una semana más tarde, el funcionario alto y grueso les trajo el manto.

Pero pegó la oreja a la puerta y le oyó decir:

–Lo cierto es que pasó estos últimos días muy preocupado por el manto. Presentó una instancia dos veces, entre interrogatorios y entrevistas con las autoridades de la ciudad, y varias veces solicitó audiencia con el nuncio para tratar el asunto. Al final logró imponerse. Mocenigo tuvo que devolver el manto que, dicho sea de paso, ahora le hubiera venido de maravilla, pues ha sido entregado y esta misma semana lo trasladarán a Roma.

Era cierto. Estaban a finales de enero.

Fuente: El Sudamericano 

domingo, 25 de enero de 2026

"FORO KARL LIEBKNECHT", CONJUNTO DE MOSAICOS DEL ARTISTA DE LA RDA KURT-HERMANN KÜHN, EN POTSDAM

 
 
Foro Karl Liebknecht
Kurt-Hermann Kühn 
1980
Mosaicos sobre paredes de hormigón: Piedra natural / Piedra moldeada / Piedra artificial / Guijarro
Alto 230 cm, Ancho 400 cm – 700 cm, Fondo 50 cm
Neuer Lustgarten, Potsdam 

El Foro Karl Liebknecht, en el centro histórico de Potsdam, era un conjunto cohesivo situado entre el extremo sur del antiguo Estadio Ernst Thälmann y la actual Breite Straße, que, durante su diseño, recibió el nombre del fundador del LPD, Wilhelm Külz . Todo el complejo constaba de varios muros de mosaico , vinculados temáticamente para representar la vida de Karl Liebknecht, fundador del KPD , y citas de su labor política.

Sección de la esquina noreste del Foro Karl Liebknecht en Potsdam, enero de 1990

A finales de 1958, el Politburó del SED decidió no reconstruir el Palacio de la Ciudad y el Lustgarten , dañados por la guerra, y optó por «diseñar el centro socialista como un Foro Karl Liebknecht», en consonancia con las «tradiciones revolucionarias de los trabajadores de Potsdam». La dirección del distrito de Potsdam del SED ya había rechazado la propuesta de reconstrucción, argumentando «cuántos apartamentos se podrían construir con ese dinero, o centros culturales y otras instalaciones vitales para la población». Un factor decisivo fue «el hecho de que Karl Liebknecht fuera elegido para el Reichstag en 1912 en la circunscripción de Potsdam, es decir, en el entonces centro del militarismo alemán, lo que justifica [...] un diseño arquitectónico de la plaza con un mensaje tan político».

El Foro se construyó posteriormente entre 1979 y 1982 en el sitio del antiguo patio de armas y campo de entrenamiento del Lustgarten, que había sido dañado durante la Segunda Guerra Mundial. El pintor y artista gráfico Kurt-Hermann Kühn diseñó el programa iconográfico del Foro, que incluía varios muros de mosaico, que se complementaban con la enorme y expresiva escultura de bronce de Theo Balden, "Corazón y llama de la revolución". La escultura pretende conmemorar la lucha por la revolución socialista y sus víctimas. Los muros de mosaico y la escultura estaban conectados por una pérgola. Había parterres y una ligera elevación con tres escalones que descendían al nivel de la calle de Wilhelm-Külz-Straße y Breite Straße. En la inauguración oficial, el 20 de diciembre de 1983, se incrustó en el suelo una cápsula del tiempo que contenía información sobre Liebknecht y la escultura.

Karl Liebknecht nunca cayó. Está en nuestra forma. Nuestra canción.
Encarna nuestro amor, nuestro beso fraternal , pero también nuestro puño contra el enemigo.
Karl Liebknecht es el corazón y la llama de la revolución que llevamos adelante hacia el siglo XXI.

Con la demolición del Estadio Ernst Thälmann unos años más tarde, en 1999/2000, y la creación del Nuevo Lustgarden, los muros de mosaico y las esculturas del Foro se volvieron a erigir detrás del Hotel Mercure y se redistribuyeron en un espacio más pequeño. La pérgola de hormigón, los mástiles de las banderas y el diseño del suelo de la ubicación original no se transfirieron.

Las tres paredes de hormigón, de diferentes longitudes y ángulos, están cubiertas de diferentes mosaicos. Estas representan las enormes cabezas de Marx y Engels, entre las cuales Karl Liebknecht, bajo la Estrella Roja de la Revolución, rompe las cadenas del cautiverio. Junto a ellas, el revolucionario, en una pose dinámica, señala el camino hacia la lucha contra el militarismo y la guerra. Las consecuencias negativas de la guerra se ilustran con moribundos, una bomba estilizada y una cruz. Sus perpetradores están simbolizados por cascos con púas, monóculos y cuellos altos. En una segunda pared, dolientes con la cabeza inclinada lloran sobre un cuerpo. Tras ellos, se ven los rostros decididos de quienes están dispuestos a seguir a los revolucionarios Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Una tercera pared exhibe una cita de Karl Liebknecht: «Espartaco derrotado. ¡Tranquilos! Estamos aquí y nos quedaremos. ¡La vida será nuestro programa!».

La serie de pinturas de Kurt-Hermann Kühn simboliza la vida y la lucha de la revolución. Se contrasta el bien y el mal, y se promueven modelos a seguir. La ejecución a ras de suelo y el contacto visual directo con los ídolos promovidos crean una sensación de intimidad con el espectador. Con el Foro Karl Liebknecht, el otrora aristocrático jardín de recreo se transformó en un lugar para todo el pueblo, y el arte visual se convirtió en un medio para comunicar un nuevo ideal social.