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sábado, 15 de noviembre de 2025

"INDONESIA CALLING", DOCUMENTAL DE JORIS IVENS

Título original; Indonesia Calling
Año: 1946
Duración: 23 min.
País: Australia
Dirección: Joris Ivens
Fotografía: Marion Michelle (B&W)
Compañías: Waterside Workers Federation Film Unit
Sinopsis: Ivens, designado por el gobierno holandés miembro de la comisión de cine de las Indias Orientales Neerlandesas, suponía que iba a hacer películas educativas e informativas sobre Indonesia y su proceso de autodeterminación nacional. Sin embargo, cuando llegó a Sidney se encontró con que el gobierno holandés no tenía ninguna intención de conceder la independencia a Indonesia y que intentaba restaurar la situación colonialista, incluso por medios militares. Ivens renunció entonces a su puesto e hizo esta película, en la que denuncia las verdaderas intenciones de Holanda. El documental fue rodado clandestinamente en los puertos de Sidney, donde los estibadores y su sindicato boicoteaban a las naves holandesas con suministros militares a la vez que llamaban a los trabajadores de esos barcos a entrar en huelga.
 
Indonesia Calling es un cortometraje documental australiano de 1946 dirigido por Joris Ivens y producido por la Federación de Trabajadores Costeros de Australia, actualmente Sindicato Marítimo de Australia (MUA). La película muestra la situación en Sídney inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los marineros y trabajadores costeros sindicalizados se negaron a prestar servicio a los barcos holandeses (conocidos como la "Armada Negra") que transportaban armas y municiones destinadas a Indonesia para reprimir el movimiento independentista del país. La filmación de los acontecimientos por parte de Ivens se convirtió gradualmente en un símbolo incluso para quienes no la habían visto y tuvo un creciente número de seguidores en los Países Bajos, mucho antes de que la película tuviera audiencia. Joris Ivens sufrió persecución por su postura sobre los Países Bajos e Indonesia. Las autoridades holandesas le confiscaron el pasaporte holandés durante varios meses para vigilar su paradero. Finalmente, en 1985, el gobierno holandés le entregó un becerro de oro. En la ceremonia, el ministro holandés pronunció un discurso y, en sus palabras: «Poco después de la guerra, su apoyo al derecho de autodeterminación de Indonesia y su película Indonesia Calling los pusieron en conflicto con el gobierno holandés. Ahora puedo decir que la historia ha fallado más a su favor que a favor de sus adversarios».
 
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO (ACTIVAR LOS SUBTITULOS EN YOUTUBE):

sábado, 20 de noviembre de 2021

"TRABAJO MORTAL" ("WORKINGMAN´S DEATH"), DOCUMENTAL DE MICHAEL GLAWOGGER

Workingman´s death

Año: 2005
Nacionalidad: Austria / Alemania
Director: Michael Glawogger
Productores: Pepe Danquart, Mirjam Quinte
Guión: Michael Glawogger
Fotografía: Wolfgang Thaler
Música: John Zorn
Duración: 122 minutos.
Formato: 35mm / 1:1,85 / color

"El pesado trabajo manual esta desapareciendo o se trata sólo de convertirse en invisible?
¿Dónde podemos encontrar todavía en el siglo 21?
El trabajo puede ser muchas cosas. A menudo, es apenas visible, a veces, difícil de explicar, y en muchos casos, imposible de describir.
Esta es la razón por la que a menudo pienso que se trata del único trabajo real. "
Michael Glawogger

Cinco obreros de entre Nigeria, China, Ucrania, Pakistán e Indonesia, muestran el durí­simo trabajo al que se enfrentan cada dí­a desguazando petroleros manualmente, transportando azufre desde el cráter de la cima de una montaña, despedazando más de trescientos animales al dí­a y siempre enfrentados a la precariedad laboral. Todos los dí­as afrontan la posibilidad de morir sepultados, envenenados o sufrir caí­das de hasta ochenta metros por un pequeño paso en falso. La cruda realidad. El octavo largometraje del realizador Michael Glawogger (Megacities), director internacional cuyos trabajos han paseado por los festivales de medio mundo, tiene por objetivo mostrar la crudeza a la que se ven sometidos obreros de todo el mundo, apartados de las condiciones laborales del trabajador medio del tecnológico siglo XXI. Un himno de alabanza a estos cinco héroes que representan a millones de personas de todo el mundo en esta cinta de producción austro-alemana.

Una de las características de Workingman's Death que puede causar rechazo o incomprensión es la indisimulada perfección formal con la que están construidas sus imágenes. La película se presenta como un documento sobre la situación de algunos trabajadores de diferentes latitudes del planeta estructurado en seis episodios: 1- Héroes: Las minas de carbón de Donbass (Ucrania). 2- Fantasmas: Las minas de sulfuro de Kawah Ijen (Indonesia). 3- Leones: El matadero de Port Harcourt (Nigeria). 4- Hermanos: El cementerio de barcos de Gaddani (Pakistán). 5- Futuro: El complejo siderúrgico de Liaoning (China). 6- Epílogo: El Leisure Park de Duisburg (Alemania).

Si bien las condiciones del rodaje fueron extremas y no poco peligrosas, el cineasta Michael Glawogger cuida mucho las imágenes del film, impactantes y reveladoras de la fascinación y el respeto que el realizador siente hacia los hombres que retrata en su película. Empero, esta armonía formal puede plantear dudas en el espectador sobre hasta qué punto el trabajo de Glawogger pueda estar pensado para hacer más digerible o comercial el material fílmico que maneja. Para discernir esta cuestión es necesario prestar atención al sutil trasfondo intencional que plantea Glawogger con su estructuración episódica, la cual ya había sido ensayada por el austríaco en su anterior Megacities (1998), doce historias sobre marginados sociales emplazadas en La India, México, Rusia y Estados Unidos.

Fuente: Naranjas de Hiroshima

VER DOCUMENTAL:

https://www.area-documental.com/player.php?titulo=Trabajo%20Mortal

martes, 14 de julio de 2015

ESTRENADO EN ESPAÑA "LA MIRADA DEL SILENCIO", 2ª PARTE DEL DOCUMENTAL DE JOSHUA OPPENHEIMER SOBRE EL GENOCIDIO DE COMUNISTAS EN INDONESIA

Título en V.O.: The Look of Silence
Dirección: Joshua Oppenheimer
Nacionalidades: Dinamarca, Finlandia, Francia, Gran Bretaña y Indonesia
Año: 2014 Fecha de estreno: 10-07-2015
Duración: 102 min.
Guión: Joshua Oppenheimer
Fotografía: Lars Skree

'La mirada del silencio': De nuevo con los verdugos


Perseverante y luchador, como corresponde al descendiente de una familia judía que sufrió en sus carnes la infamia del Holocausto, el documentalista Joshua Oppenheimer (Texas, 1974) cosechó una cincuentena de premios con The act of killing, durísima reconstrucción del genocidio que grupos paramilitares perpetraron contra personas acusadas de comunistas, en la Indonesia de 1967.

Dos años después, el cineasta completa aquella aterradora disección del terror disfrazado de presunto patriotismo con La mirada del silencio, asimismo ganadora de galardones en numerosos festivales. En realidad, ésta se rodó al mismo tiempo que The act of killing, aunque lo ocultara a fin de preservar la seguridad de algunos de quienes intervinieron.

La mentira sigue latente cuando se pretende ocultar las atrocidades de un ayer aún próximo. Oppenheimer ha declarado que los "asesinos se inventan fantasías para poder vivir con sus crímenes". En su nueva y soberbia incursión, el protagonista (Adi Runkun), hermano de una de las víctimas, vuelve a su lugar de origen para reencontrar a algunos de los verdugos o a sus familiares y amigos, sin que en ello le guíe el afán de represalia.

Como afirma el propio cineasta, Adi, nacido después del genocidio, "no busca venganza, sino reconciliación". ¿Es posible? Ante la cámara comparecen miembros de varias generaciones familiares. Pero no es un documental al uso: Oppenheimer combina imágenes cotidianas de enorme creatividad visual con paisajes tan amplios como el engaño o el cinismo de verdugos que se vanaglorian de sus crímenes.

Fuente: La Vanguardia

VER TRAILER

sábado, 30 de agosto de 2014

"THE ACT OF KILLING", DE JOSHUA OPPENHEIMER

Título original: The Act of Killing
Director: Joshua Oppenheimer, Christine Cynn
Guión: Joshua Oppenheimer, Christine Cynn
Música: Karsten Fundal
Fotografía: Carlos Arango De Montis, Lars Skree
Intervienen: Haji Anif, Syamsul Arifin, Sakhyan Asmara, Anwar Congo, Jusuf Kalla, Herman Koto, Haji Marzuki, Safit Pardede, Ibrahim Sinik, Soaduon Siregar, Yapto Soerjosoemarno, Adi Zulkadry
Productora: Coproducción Dinamarca-Noruega-Reino Unido; Final Cut for Real / Arts and Humanities Research Council (AHRC) / Danmarks Radio (DR)
Productores: Signe Byrge Sørensen 
Productores ejecutivos: Joram ten Brink, Bjarte Mørner Tveit, Werner Herzog, Errol Morris
País de producción: Dinamarca 
Año: 2012
Duración: 159 min.
Web Oficial: http://theactofkilling.com/

El documental de Joshua Oppenheimer habla de la masacre indonesia de 1965 Suharto ordenó una persecución a comunistas que dejó un millón de muertos. La obra producida por Werner Herzog ha sido multipremiada.

Con un estilo visual que podríamos considerar loquísima mezcla entre Quentin Tarantino, Pedro Almodóvar y Apichatpong Weerasethakul, y heredero de Werner Herzog -que produce la cinta-, Oppenheimer ha creado una magnífica obra documental que ha cosechado desde dicho estreno numerosos premios, incluyendo el Primer Premio y el Premio del Público de Documenta Madrid, y que aspira a ser el Searching for Sugar Man de esta temporada.

La premisa de la película es jugosa. En 1965, el gobierno indonesio del dictador Suharto llevó a cabo una persecución contra el comunismo que dejó un millón de muertos en el país asiático. Esas matanzas fueron perpetradas por mercenarios, por bandas de gánsteres sin inclinaciones ideológicas.*1

“Nos temen porque tenemos el poder de matar arbitrariamente. Un hombre comete un crimen, debería haberlo pensado mejor. Ordenamos matarle y nos sentimos bien. O le matamos nosotros y nos sentimos mejor. Pero eso no es poder. Es justicia, que es diferente del poder. Poder es cuando tenemos justificación para matar… y no lo hacemos”.

The Act of Killing es, en contenido, esta reflexión, una de las más poderosas de la historia del cine, repetida hasta la saciedad. Pero esto es solo el principio. El film está centrado en los responsables de las matanzas de Indonesia a mediados de los 60, quienes deciden recrear a petición de los responsables del documental sus asesinatos en una serie de películas donde participan familiares de las víctimas. Este escenario, que a servidor le parte la cintura porque nunca se ha encontrado algo así, plantea un viaje en dos partes: primero, explora el crimen sin arrepentimiento, sin complejos, sin dudas y sin temores. Habla del poder absoluto. Pero después –y aquí llega una parte aún más fascinante– explora cómo el cine es capaz de transformar al individuo. “Tus crímenes”, dice, “no son crímenes hasta que los ves reproducidos en una pantalla, ficcionalizados. Es en ese momento cuando te sientes culpable”. Y en ambas mitades supera con creces todo lo que he visto en este año y solo un milagro impediría que se convirtiera en lo mejor que voy a ver en 2013. Extraordinaria, sin paliativos.

Lo cierto es que su director, Joshua Oppenheimer, se encontró con el tema por casualidad. Una investigación de crímenes de guerra en Indonesia durante los años 60 se convirtió, inesperadamente –y bajo las recomendaciones de las víctimas– en un estudio de las bandas de gángsters (o, como ellos se definen, “los hombres libres”) que han aterrorizado a la población durante los últimos 40 años. Todos ellos han ignorado las amenazas de la comunidad internacional, y muestran constantemente a lo largo del documental su orgullo por haber participado en las numerosas purgas contra el enemigo comunista –largo tiempo aniquilado (ver El Año que Vivimos Peligrosamente), y que desde entonces se ha convertido en una suerte de excusa para prolongar su dominio–.

The Act of Killing abraza sin prejuicios esta parte de realidad (digo “esta parte” porque algunos expertos políticos en Indonesia han tachado esta pieza de “tan poderosa como descaradamente manipuladora”, tema que abordamos en un momento). Los protagonistas son un estrambótico dúo, Anwar Congo (padre fundador de las milicias de ultraderecha Pemuda Pancasila) y su compadre, Herman Koto. Llevados por su afán de protagonismo, ambos deciden recrear para Oppenheimer los asesinatos de los que formaron parte. Pasean por las calles en uniformes paramilitares de brillante camuflaje anaranjado reclutando a residentes atemorizados, muchos de los cuales se niegan a intervenir. Ambos deciden representar sus crímenes ante la cámara, contando con la ayuda obligada de hijos o hijas de las víctimas reales. The Act of Killing es, al mismo tiempo y en sus momentos más poderosos, el “acto” de matar y es “la actuación” de matar. Vemos a uno de los actores bromeando con Anwar y su compadre, los mismos que mataron al padre del “actor” hace 40 años. No hay ni rastro de incomodidad entre los asesinos. Ni culpa, ni dudas, ni complejos. La víctima es más que eso, si es posible: ha terminado aparcando su dignidad y su capacidad de respuesta humana por puro terror. Su sumisión es completa.

Estos momentos evocan una sensación de repulsión por motivos iba a decir extraños pero la verdad es que sé de dónde salen y salen de un lugar bastante repugnante. Veo en Anwar y en Koto la alegría del poder sin medida. La ausencia de remordimientos y “moralidad”. Comprendo la existencia de seres humanos que justifican, defienden y reviven el genocidio. Mi mente de señorito me hace regates. The Act of Killing llama a mis instintos más bajos. Presenta un contexto, la Indonesia contemporánea, dominado por la impunidad, donde los gángsters caminan libres, desdeñan el Derecho Internacional, se cagan virtualmente en los principios de la justicia social y no solo no son castigados, sino que son objeto de sumisión por parte de las víctimas, de admiración por sus superiores (varios funcionarios y periodistas defienden la actuación de estos individuos) y viven como reyes. Y la cámara de Oppenheimer aguanta en todo momento.*2

Fuentes de información: Film Affinity, *1 RTVE, *2 Artículo completo por Rafa Martín en Las Horas Perdidas, Películas HD Latino.

Fuente del artículo: Naranjas de Hiroshima

VER DOCUMENTAL ÍNTEGRO CON SUBTÍTULOS EN CASTELLANO:

viernes, 29 de agosto de 2014

"THE LOOK OF SILENCE": EL SILENCIO DE LOS VERDUGOS

EL DIRECTOR DE "THE ACT OF KILLING" LLEVA A VENECIA SU VUELTA AL GENOCIDIO INDONESIO

Movió el árbol, y algunos frutos cayeron, pero no todos. Indonesia sufrió un genocidio entre 1965 y 1967, cuando los militares y sus adláteres asesinaron a un millón de personas acusándolas de comunistas. Un cineasta tejano, Joshua Oppenheimer, se ha convertido en la voz de aquellos sin voz; no solo las víctimas sino también sus familiares, y con el documental The act of killing hizo tambalearse los cimientos del Gobierno indonesio. “La película se estrenó, tuvo gran repercusión, hubo tanto proyecciones públicas como privadas e incluso por Internet. El Gobierno se dio por no enterado… hasta que llegó la candidatura al Oscar. Y entonces en un comunicado aseguró que sabía que lo ocurrido de septiembre de 1965 a finales de 1967 había sido malo, un gran error, pero que creía en avanzar y dejar atrás las heridas. Esa nota fue histórica porque por primera vez las autoridades no hablaban de la matanza como de algo heroico, tal y como se enseña hasta en los colegios”, asegura el cineasta. Finalmente, The act of killing no ganó el premio de Hollywood, pero Oppenheimer sintió que aún le quedaba algo por contar.

Y ese algo se vio ayer en el concurso de la Mostra de Venecia, se titula The look of silence y supone otro puñetazo a la conciencia de Indonesia. “Por ahora no ha habido reacción de las autoridades. Lógico, porque la rematé hace dos días y solo se ha visto aquí”. Si en The act of killing el cineasta retrataba a los gánsteres que perpetraron las matanzas, llegando alguno de ellos a encarnar a las víctimas en unas secuencias, en The look of silence confronta a los asesinos con los familiares de los ejecutados gracias a la bonhomía de Adi Runkun, un óptico cuyo hermano fue asesinado en aquel genocidio. Oppenheimer ha vivido casi una década en Indonesia, donde ya no puede entrar tras ser declarado persona non grata por el Gobierno. Demasiado tarde para detenerle, porque la mayor parte de The look of silence se rodó en 2012, aunque “los vídeos en los que los verdugos contaban sus hazañas” los filmó “entre 2003 y 2005”.

Oppenheimer retoma ese estilo poético para crear planos bellísimos de los lugares de la masacre, en concreto de la orilla del río Serpiente, donde el hermano de Adi fue ajusticiado junto a miles de personas. El método lo explican los verdugos ante las cámaras con las mismas risas heladoras y bromas siniestras que ya aparecían en The act of killing: llevaban a sus víctimas en camiones hasta la ribera, les apaleaban camino de la orilla y allí les cortaban la cabeza y los tiraban al agua. Hoy nadie come pescado de ese río. Hubo algunos que lograron escapar, y el caso del hermano de Adi fue aún más siniestro. Sajado de arriba abajo, cogió sus intestinos, cargó con ellos y huyó hasta la casa de sus padres, donde le volvieron a apresar al día siguiente las patrullas de la muerte. Su padre perdió los dientes por el miedo y se fue quedando ciego. Su madre confiesa que si no se volvió loca es porque dos años más tarde nació Adi. Hoy el progenitor es un esqueleto andante, sordo y ciego que, según su esposa, supera los cien años. “El miedo ha atenazado a las víctimas. Y hoy mucha gente aún asegura que no ocurrió nada. Adi, al que conocí hace una década, es una prueba andante porque la muerte de su hermano supuso su génesis. Es enfermizo que nadie hable de lo ocurrido, y lo bueno de Adi es que no tiene miedo porque no vivió aquellos años”.

A su lado en Venecia está Adi Runkun. Se ha mudado a miles de kilómetros de su pueblo natal con toda su familia “a la búsqueda de una oportunidad para sus hijos, para que accedan a mejores colegios y que nadie les relacione con las antiguas víctimas”, cuenta el cineasta. “Agradezco que se haya jugado el tipo. Bueno, él y todos mis colaboradores, que por seguridad no pueden ser nombrados, y que son parte de mi familia”. Como ocurría en su anterior trabajo, los títulos de crédito están sembrados de “anónimos”. Los conductores o los asistentes de producción no están identificados. Si The act of killing estaba confirmada en la dirección por Oppenheimer, Christine Cynn y un anónimo, en The look of silence repiten el tejano y el anónimo. "Desgraciadamente, aún no ha llegado el momento del cambio".

Runkun visita a algunos de los verdugos de su hermano o a sus familiares. Una hija empieza a reír nerviosa cuando su padre, sentado a su lado, confirma su carnicería. La viuda de otro, al final del metraje, dice no saber nada de las barbaridades de su marido, a pesar de que este escribió y dibujó un libro de macabra meticulosidad. Sus hijos se enfadan. Runkun se mantiene calmado. Oppenheimer estalla, saca el ordenador y muestra a la familia un vídeo de 2003 con el matrimonio y otro verdugo alardeando. La viuda implora a Joshua en nombre de su amistad que pare. Los vástagos gritan. Runkun aguanta callado. Él no quiere venganza. En Venecia explica: “Quise que supieran que lo sabíamos y que les perdonábamos para seguir viviendo en la misma comunidad, y quiero de verdad que esto acabe”.

El cineasta ahonda: “Veo en los verdugos dos miedos. Miedo al conocimiento público de sus actos y a las demandas de justicia, y miedo a cómo vivirán consigo mismos al salir a la luz su pasado”. Pero avisa: esto es cine. “No sé si la gente cambiará. El cine es intervención, por mucho que parezca un documental entra la artificialidad en la imagen, y la gente, aunque haga de sí misma, se está interpretando”. Hay diferencias políticas entre sus dos trabajos: “Cuando los indonesios ven The act of killing descubren cómo la mentira ha calado de arriba a abajo en su sociedad. The look of silence muestra lo que pasa por abajo, ve cómo se corrompe aún hoy hasta a los niños en el colegio. Adi vale como modelo de reconciliación para ambos bandos. No busca la venganza. Y solo habrá reconciliación con cambios políticos que nacerán de cambios sociales”.

Oppenheimer no puede más. No será el Claude Lanzmann del genocidio indonesio. “Me ha llevado diez años contar esta historia y ya la he soltado, me he dejado ir. Los miembros del equipo son mi familia pero tengo que moverme y avanzar en la vida”. En manos de los indonesios queda seguir meneando el árbol de la impunidad.

Fuente: El País

viernes, 30 de agosto de 2013

THE ACT OF KILLING: "EN INDONESIA MATAMOS A TODOS LOS COMUNISTAS"

Joshua Oppenheimer muestra en 'The Act of Killing' a los genocidas de Indonesia fanfarroneando y recreando en un rodaje las torturas y asesinatos que cometieron tras el golpe militar de 1965. Los asesinos son tratados hoy como héroes nacionales.

Un director de cine pide a un asesino que recree para una película las torturas y crímenes que cometió en su vida real. Éste, encantado con la oferta, se dispone a ello con entusiasmo y diligencia. El resultado del experimento es una alucinación cinematográfica que adquiere proporciones épicas cuando se descubre que el criminal es uno de los líderes más sanguinarios de los escuadrones de la muerte de Indonesia, bandas de carniceros que en 1965 acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año. The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, es la consecuencia de ese espeluznante delirio de fama de los genocidas indonesios, que hoy todavía viven como héroes en su país. La película se estrena el 30 de agosto en España.

Werner Herzog, uno de los cineastas que más genialidad ha aportado al cine documental, ha demostrado públicamente su asombro ante The Act of Killing. "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década", ha dicho y, desde luego, ha dado en el clavo con los adjetivos y con el orden en que los ha mencionado. Tan pasmosa, tan demencial es la historia de esta película, que la primera reacción ante ella es de sorpresa. Una especie de estupefacción que se convierte en aturdimiento y confusión antes de transformarse en espanto y, finalmente, en algo muy parecido a la angustia física. 


Los escuadrones de la muerte


Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indonesia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.

Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.

Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.


Palabra de genocida


"Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes cantidades y al sonido de las trompetas". Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.
- ¿Cómo exterminó a los comunistas?
- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.

"No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión", dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: "Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde". Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.

Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. "Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema". Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.


"Matar a gente que no quería morir"


Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo procedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -"mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas"-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.

"¿A cuántas personas mató?" pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. "A unas mil", contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.

La aberración ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.

"Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir", dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora  ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.


"UNA TÉCNICA  DE RODAJE PARA INTENTAR COMPRENDER"


Ganadora de múltiples premios, esta película se gestó después de tres años que el director Joshua Oppenheimer dedicó a rodar a los supervivientes de las masacres de 1965 y 1966. En ese tiempo, el equipo de la película fue amenazado, acosado y advertido para que abandonara. Sin embargo, "los asesinos estaban más que dispuestos a ayudarnos y, cuando los filmamos fanfarroneando sobre sus crímenes contra la humanidad, no encontramos ninguna oposición. Se nos abrieron todas las puertas". Y ahí, en medio de lo que Oppenheimer llamar "esa extraña situación", se inició un segundo punto de inicio de la película.

Propusieron a los gángsteres que rodaran su propia película y que se interpretaran a ellos mismos y a sus víctimas. "Los protagonistas se sentían seguros explorando sus recuerdos y sentimientos más profundos; y su humor más negro. Yo me sentía seguro desafiándolos continuamente sobre lo que hicieron, sin miedo de que me arrestaran o me golpearan".

"He desarrollado una técnica de rodaje con la que he intentado comprender por qué la extrema violencia, que muchos consideramos impensable, no solo es posible, sino que se ejerce rutinariamente. He intentado comprender el vacío ético que hace posible que los responsables del genocidio sean homenajeados en la televisión pública con vítores y sonrisas -dice el director-. Asimismo intentamos arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros en la historia humana, tanto local como global; y expresar los costes reales de la ceguera, el oportunismo y la incapacidad para controlar la codicia y el ansia de poder en una sociedad mundial cada vez más unificada. Finalmente ésta no es una historia sobre Indonesia, es una historia sobre todos nosotros".



EL GOLPE MILITAR DE 1965


En 1965, el Gobierno indonesio fue derrocado por los militares. Sukarno, el primer presidente de Indonesia, fundador del movimiento no alineado y líder de la revolución nacional contra el colonialismo holandés, fue destituido y reemplazado por el general Suharto. El Partido Comunista Indonesio (PKI), que había apoyado firmemente al presidente Sukarno, que no era comunista, fue prohibido de inmediato. La víspera del golpe, el PKI era el partido comunista más grande del mundo fuera de un país comunista.

Después del golpe militar de 1965, cualquiera podía ser acusado de ser comunista: sindicalistas, granjeros sin tierras, intelectuales, la etnia china... "En menos de un año y con la ayuda directa de ciertos gobiernos occidentales, más de un millón de estos comunistas fueron asesinados", asegura el equipo de The Act of Killing.

Estados Unidos aplaudió la masacre, que se consideró "una grandiosa victoria sobre el comunismo". La revista Time informaba diciendo que era una de "las mejores noticias para Occidente desde hace años en Asia", mientras que The New York Times titulaba: "Un destello de luz en Asia".

Fuente: Público

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