jueves, 16 de abril de 2026

125 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL ARTISTA COMUNISTA LEO HAAS


Arte entre el horror, el talento y la ideología

Hace ciento veinticinco años nació Leo Haas en Opava. Pintor y caricaturista, su vida refleja de forma conmovedora la Europa central del siglo XX. Sobrevivió a los campos de concentración nazis, posteriormente se convirtió en propagandista del régimen comunista y finalmente se estableció en Berlín Oriental. Hoy, sus dibujos sirven como testimonio de los horrores del nazismo y como recordatorio de la facilidad con la que el talento puede ser instrumentalizado por el poder.

Leo Haas nació en 1901 en Opava, que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro. Desde temprana edad, demostró un notable talento artístico, lo que le llevó a estudiar en la academia de Karlsruhe y, posteriormente, en Berlín. Allí, se formó con el destacado artista gráfico Emil Orlik y pronto se integró en un vibrante ambiente artístico.

En la década de 1920, también trabajó en Viena, realizando caricaturas para periódicos. Tras regresar a Opava, abrió su propio estudio y se casó con la retratista Sophie Herrmann. Su obra en aquella época se alineaba con el expresionismo, en la línea de artistas como Max Liebermann y Käthe Kollwitz.

El auge del nazismo y la etiqueta de "arte degenerado"

Tras 1933, la situación de los artistas judíos en Alemania y la República Checa se deterioró rápidamente. Los nazis tacharon las obras de Haas de «degeneradas», y él mismo fue acusado de «bolchevismo cultural». Tras sufrir pogromos antisemitas, se trasladó a Ostrava, pero la represión pronto lo alcanzó también allí.

En 1939, fue deportado a un campo de trabajo en Nisko, donde documentó en secreto la vida de los prisioneros mediante dibujos. Estas obras se encuentran hoy entre los registros visuales más valiosos de la existencia del campo.

Theresienstadt, Auschwitz y el taller de falsificación

 

En 1942, Haas fue arrestado y deportado al gueto de Theresienstadt. Gracias a su talento artístico, trabajó en el departamento de diseño gráfico, donde pudo seguir dibujando e incluso impartir clases de arte a niños. Sus dibujos de Theresienstadt capturan la vida cotidiana de los prisioneros con una sensibilidad extraordinaria.

En 1944, fue acusado de «sembrar el terror» y enviado a Auschwitz. Allí, realizó dibujos técnicos para el médico Josef Mengele. Posteriormente fue trasladado a Sachsenhausen, donde formó parte de un grupo de prisioneros obligados a falsificar billetes británicos para la Operación Bernhard, de origen nazi. Fue liberado en mayo de 1945. Haas recordó más tarde: «Casi siempre de noche, dibujábamos prisioneros hambrientos, transportes de niños y ejecuciones».

La fe en el comunismo después de la guerra y el papel del propagandista.

Tras la guerra, Haas regresó a Theresienstadt, donde recuperó dibujos ocultos, pero también descubrió que la mayor parte de su familia había perecido. En el ambiente de radicalización de la posguerra, se unió al Partido Comunista, al que consideraba la única fuerza capaz de impedir el resurgimiento del fascismo.

Se convirtió en uno de los ilustradores más destacados de la propaganda comunista. Sus caricaturas en Rudé právo y la revista satírica Dikobraz retrataban a Occidente como agresivo, racista y corrupto. Su estilo era inconfundible, y el régimen lo explotó al máximo. Irónicamente, por ser judío, volvió a ser objeto de sospechas durante las purgas estalinistas.

Salida hacia Berlín y último regreso a Opava.

Tras el fallecimiento de su segunda esposa en 1955, Haas se trasladó a Berlín Oriental, donde trabajó para el periódico Neues Deutschland, la revista satírica Eulenspiegel y la televisión. Sus obras se exhibieron en toda Europa, así como en Estados Unidos e Israel.

En 1981, regresó a su ciudad natal, Opava, por última vez. Concluyó una exposición de su obra con un gesto muy significativo: donó sus dibujos a la ciudad. Leo Haas falleció en Berlín en 1983.

Fuente: Radio Praga Internacional

miércoles, 15 de abril de 2026

PERRY ANDERSON ENTREVISTA A GEORG LUKÁCS EN 1968, EN EL 141 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL FILÓSOFO MARXISTA HÚNGARO

 

Georg Lukács nació en Budapest en 1885, en el seno de una acomodada familia judía dedicada a la banca. Estudió en las universidades de Budapest, Berlín y Heidelberg (en donde se hizo amigo de Max Weber). En 1916 publicó su primer trabajo importante en el campo de la literatura: La teoría de la novela.

Hecho marxista por el impacto de la Revolución de Octubre, Lukács se unió al nuevo Partido Comunista Húngaro en 1918 y al año siguiente se hizo Comisario de Educación y Cultura en la efímera República Soviética Húngara. En su exilio en Viena, y posteriormente en Berlín, escribió Historia y conciencia de clase, el trabajo más influyente de lo que se conocería como tradición marxista occidental. A este escrito le siguió el estudio corto Lenin y las entonces llamadas Tesis Blum, con las que infructuosa- mente intentó que su partido superara su obstinado izquierdismo. Después de la derrota, Lukács se retiró a Moscú, en 1933, donde se dedicó a la actividad filosófica y a la crítica literaria. Escribió allí La novela histórica, entre otros trabajos. Permaneció en Moscú hasta su retorno a Hungría en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

Lukács ha retomado ahora un rol activo en el Partido Comunista, dejando una huella que ha permanecido controversial desde entonces. Sin embargo, en la crisis determinante de 1956, apoyó al movimiento popular en contra del convulsionado régimen estalinista, y aceptó formar parte de la coalición gubernamental de Imre Nagy. Luego de la invasión soviética a finales de ese año, Lukács fue deportado a Rumania, donde mantuvo arresto domiciliario. Perdonado de la ejecución y permitiéndosele su regreso a Budapest al año siguiente, Lukács continuó escribiendo y publicando por el resto de su vida activa.

(Nota posterior) La entrevista publicada aquí fue dada en Budapest a finales de 1968, poco después de la invasión de Checoslovaquia en el marco del Pacto de Varsovia, al cual se hace referencia tácita hacia el final de la entrevista. El artículo fue publicado por primera vez luego de la muerte de Lukács, en 1971.

Georg Lukács, vida y obra

¿Cómo juzga hoy usted sus escritos filosóficos de los años ’20? ¿Qué relación tienen con su trabajo actual?
En los años ’20, Korsch, Gramsci y yo mismo intentamos, cada uno a nuestro modo, enfrentarnos con el problema de la necesidad social y con su interpretación mecanicista, herencia de la II Internacional. Heredamos el problema pero ninguno de nosotros – ni siquiera Gramsci que quizás era el más dotado de los tres – supo resolverlo. Nos equivocamos y sería un error tratar de revivir las obras de aquel período como si fuesen válidas en nuestros días. En Occidente hay una tendencia a erigirlas en «clásicos de la herejía», pero hoy no tenemos necesidad de ellas. Los años ’20 ya han pasado y lo que debe preocuparnos son los problemas filosóficos de los años ’60.

Estoy trabajando actualmente en una Ontología del ser social que espero resuelva los problemas que planteé de un modo totalmente erróneo en mis primeras obras, particularmente en Historia y conciencia de clase¹. Mi nueva obra se centra en la cuestión de las relaciones entre necesidad y libertad, o, para emplear otra expresión, teleología y causalidad. Tradicionalmente los filósofos han construido sus sistemas sobre uno u otro de estos dos polos: o han negado la necesidad o han negado la libertad humana.

Mi objetivo es mostrar la interrelación ontológica entre ambos y rechazar los puntos de vista del «o bien…, o bien» según los cuales la filosofía ha representado tradicionalmente al hombre. El concepto de trabajo es el pivote de mi análisis. Pues el trabajo no está biológicamente determinado. Cuando un león ataca a un antílope, su comportamiento está determinado por una necesidad biológica y sólo por ella. Pero cuando el hombre primitivo se encuentra ante un montón de piedras, debe elegir una de ellas, valorar la que le parezca más adecuada para convertirse en un instrumento, elige entre varias alternativas.

La noción de alternativa es fundamental para el significado del trabajo humano, que siempre es por consiguiente, teleológico: fija un objetivo que resulta de una decisión. Así se expresa la libertad humana. Pero esta libertad sólo existe en la puesta en movimiento de una serie de fuerzas físicas objetivas que obedecen a las leyes causales del universo material. La teleología del trabajo está siempre coordinada, pues, con la causalidad física, y, de hecho, el resultado del trabajo de cada individuo es un momento de la causalidad física para la orientación teleológica (Setzung) de los otros individuos.

La fe en una teleología de la naturaleza es algo propio de la teología. Y la fe en una teleología inmanente a la historia carece de fundamento. Pero existe una teleología en cada trabajo humano, íntimamente inserta en la causalidad del mundo físico. Esta posición, que es el núcleo a partir del cual desarrollo mi obra actual, supera la clásica antinomia de la necesidad y la libertad.

Pero quisiera subrayar que no estoy tratando de construir un sistema exhaustivo. El título de mi obra —que ya está terminada, pero de la que estoy rehaciendo los primeros capítulos— es Zur Ontologie des Gesellschaftlichen Seins, y no Ontologie des Gesellschaftlichen Seins (Hacia una ontología del ser social y no Ontología del ser social). Nótese la diferencia. La tarea a la que estoy consagrado necesitará del trabajo colectivo de muchos pensadores para poderse desarrollar adecuadamente. Pero espero que mostrará la base ontológica de este socialismo de la vida cotidiana al que antes me refería.

Inglaterra es el único país europeo importante sin una tradición propia de marxismo filosófico. Usted ha escrito ampliamente sobre un momento de su historia cultural: el trabajo de Walter Scott; pero ¿cómo ve el extenso desarrollo de su historia política e intelectual y sus relaciones con la cultura europea desde la Ilustración?
La historia británica ha sido víctima de lo que Marx llamó la ley del desarrollo disparejo. El mismo radicalismo de la revolución de Cromwell y luego la revolución de 1688 y su éxito en asegurar las relaciones capitalistas en la ciudad y el campo, se convirtieron en la causa del posterior retraso de Inglaterra. Yo considero que su análisis ha sido muy acertado en señalar la importancia histórica de la agricultura capitalista en Inglaterra y sus paradójicas consecuencias para el posterior desarrollo inglés. Esto puede ser muy claramente visto en el desarrollo de la cultura inglesa.

El dominio del empirismo como una ideología de burguesía empieza después de 1688, pero alcanza un tremendo poder de ahí en adelante, y distorsiona toda la historia previa de la filosofía y arte de Inglaterra. Tomemos a Bacon como ejemplo. Él fue un gran pensador, mucho más que Locke, de quien la burguesía sacó mucho provecho posteriormente. Pero su significancia fue opacada por el empirismo inglés, e incluso hoy si uno quiere estudiar cómo transformó Bacon el empirismo, debe entender primero cómo el empirismo transformó a Bacon, lo cual es algo completamente distinto. Como usted sabe, Marx fue un gran admirador de Bacon.

Lo mismo pasó con otro pensador inglés importante: Mandeville. Él fue un gran sucesor de Hobbes, pero la burguesía inglesa lo sumió en el completo olvido, pero usted encontrará que Marx lo cita en su Teoría de la plusvalía. Esta cultura radical de Inglaterra fue olvidada e ignorada. En su lugar, Eliot y otros les dan una exagerada importancia a los poetas metafísicos – Donne, etc – quienes son menos importantes para el desarrollo de historia de la humanidad.

Otro episodio revelador es el destino de Scott. He escrito sobre la importancia de Scott en mi libro La novela histórica, donde se puede ver que él fue el primer novelista que vio que el hombre es cambiado por la historia². Este fue un enorme descubrimiento, y fue inmediatamente percibido como tal por grandes escritores europeos como Pushkin en Rusia, Manzoni en Italia y Balzac en Francia. Todos ellos vieron la importancia de Scott y aprendieron de él. A pesar de ello, lo curioso es que en la propia Inglaterra Scott no tuvo sucesores. Él también fue incomprendido y olvidado. Hubo entonces una ruptura en el desarrollo de la cultura inglesa, la cual es muy visible en los posteriores escritores radicales como Shaw. Shaw no tiene raíces en el pasado cultural de Inglaterra, porque la cultura del siglo XIX fue desconectada de su prehistoria radical. Esta es obviamente una debilidad de Shaw.

Hoy, los intelectuales británicos no solamente deben de importar el marxismo de fuera, sino que deben reconstruir una nueva historia de su propia cultura: esta es una tarea indispensable para ellos, y que solamente ellos pueden cumplir. He escrito sobre Scott y Agnes Heller lo hizo sobre Shakespeare, pero son principalmente los ingleses los que deben redescubrir Inglaterra. Nosotros, en Hungría, también tuvimos muchas mistificaciones sobre nuestro «carácter nacional» como los que ustedes tienen en Inglaterra. Una verdadera historia de su cultura destrozará esas mistificaciones. En esto quizás les ayude la profunda crisis económica y política de Inglaterra, que es producto de la ley del desarrollo disparejo que mencioné anteriormente. Wilson es sin duda uno de los políticos burgueses más astutos y oportunistas de nuestros días, y su gobierno ha sido el mayor y mas desastroso de los fiascos. Este también es un signo de la profunda e intratable crisis de Inglaterra.

¿Cómo ve usted hoy sus primeros trabajos de crítica literaria, particularmente La teoría de la novela? ¿Cuál es su significado histórico?
La teoría de la novela fue una expresión de mi desesperanza durante La Primera Guerra Mundial³. Cuando la guerra empezó, yo me dije: Alemania y Austro-Hungría probablemente derroten a Rusia y destruyan el zarismo, eso es bueno. Francia e Inglaterra probablemente derroten a Alemania y Austro-Hungría y destruirán a los Hohenzollern y Habsburgo, eso es bueno. Pero luego ¿quién nos defenderá de la cultura de Inglaterra y Francia? No encontré respuesta a esta pregunta, y esta desesperanza es la base de La teoría de la novela. Por supuesto, la Revolución de Octubre me dio la repuesta a esta pregunta. La Revolución Rusa fue la solución histórica a mi dilema: evitó el triunfo de la burguesía inglesa y francesa que temía. Pero debo decir que La teoría de la novela, con todos sus errores, hizo un llamamiento por el derrocamiento del mundo que produjo la cultura que analizaba. Entendía la necesidad de un cambio revolucionario.

En ese tiempo usted era amigo de Max Weber. ¿Cuál es ahora su opinión de él? Su colega Sombart finalmente se convirtió en un Nazi. ¿Piensa usted que Weber, de haber vivido, podría haberse reconciliado con el Nacional Socialismo?
No, nunca. Usted debe entender que Weber fue una persona absolutamente honesta. Él tenía un gran desprecio por el Emperador, por ejemplo. Él solía decirnos en privado que la gran desgracia de Alemania fue que, a diferencia de los Stuarts o de los Borbones, ninguno de los Hohenzollern había sido decapitado. Usted puede imaginar que no cualquier profesor alemán podía decir tal cosa en 1912. Weber fue muy diferente a Sombart: él nunca hizo concesión alguna al antisemitismo, por ejemplo.

Déjeme contarle una historia que es característica de él. Una universidad alemana le pidió que enviara sus recomendaciones para una cátedra en esa universidad, para un nuevo nombramiento que estaban por hacer. Weber les escribió dándoles tres nombres, en orden de mérito, agregando además que cualquiera de las tres sería una opción adecuada, que eran todas excelentes alternativas, pero que ninguno de los candidatos sería elegido porque los tres eran judíos. También añadió una lista de otros tres nombres, explicando que ninguno de ellos era tan valioso como los que él recomendaba, pero sin duda alguno tenía que ser aceptado, porque ellos no eran judíos.

Aun con todo esto, usted debe recordar que Weber era un imperialista profundamente convencido, cuyo liberalismo era solamente un asunto de su convicción de que un imperialismo eficiente era necesario, y que solamente el liberalismo podía garantizar esa eficiencia. Weber fue un declarado enemigo de las Revoluciones de Octubre y Noviembre. Él era un extraordinario académico y a la vez un profundo reaccionario. El irracionalismo del Schelling tardío y Schopenhauer encuentra una de sus más importantes expresiones en él.

¿Cómo reaccionó él a su conversión a la Revolución de Octubre?
Se ha relatado que él manifestó que mientras con Lukács el cambio debió haber sido una profunda transformación de convicciones e ideas, con Toller fue meramente una confusión de sentimientos. Pero yo no tenía relaciones con él en aquel momento.

Después de la guerra, usted participó en la Comuna de Hungría como Comisario de Educación. ¿Qué evaluación se puede hacer hoy, cincuenta años después, de la experiencia de la Comuna?
La principal causa de la formación de La Comuna fue la Nota Vyx y la política de la Entente hacia Hungría. En este aspecto, la Comuna de Hungría es comparable a la Revolución Rusa, donde la cuestión del fin de la guerra jugó un rol fundamental, permitiendo que la Revolución de Octubre fuera posible. Una vez que la Nota Vyx fue enviada, su consecuencia fue La Comuna. Los socialdemócratas nos atacaron después por crear La Comuna, pero en la etapa posterior a la guerra no había posibilidad de mantenerse dentro del marco de la política burguesa, era necesario rebasarla.

Luego de la derrota de La Comuna, usted fue delegado del Tercer Congreso del Comintern en Moscú. ¿Encontró usted allí a los líderes bolcheviques? ¿Qué impresión le dejaron?
Mire, usted debe recordar que yo era un humilde miembro de la humilde delegación, yo no era de ninguna forma una figura importante en aquel entonces, y naturalmente no tuve largas conversaciones con los líderes del partido ruso. A pesar de ello fui presentado a Lenin por Lunacharsky. Él me cautivó completamente. También tuve la oportunidad de verlo trabajando en las Comisiones del Congreso.

Debo decir que los demás líderes bolcheviques me resultaron antipáticos. Trotsky me dejó una mala impresión de inmediato, me lo figuré como un petulante. Hay un pasaje en las memorias de Gorky sobre Lenin, donde Lenin luego de la Revolución, si bien reconocía los logros organizacionales de Trotsky en la Guerra Civil, también decía que había algo de Lassalle en él. Zinoviev, cuyo rol en el Comintern llegué a conocer bien más tarde, era un simple operador político. Mi apreciación de Bukharin se puede encontrar en mi artículo sobre él de 1925, en el cual critico su marxismo. Por aquel entonces él era la autoridad rusa en las cuestiones teóricas, luego de Stalin. A Stalin no lo recuerdo en absoluto en el Congreso, como muchos otros comunistas extranjeros, yo no tenía conciencia de su importancia en el partido ruso.

Conversé con Radek con detenimiento, él me dijo que consideraba que mis artículos sobre la Acción de Marzo en Alemania eran lo mejor que se habría escrito acerca del tema y que estaba de acuerdo completamente. Por supuesto que luego cambió de opinión cuando el partido condenó el asunto de marzo, y entonces él públicamente lo atacó. En contraste a todo esto, Lenin me causó una enorme impresión.

¿Cuál fue su reacción cuando Lenin atacó su artículo acerca del parlamentarismo?
Mi artículo era completamente erróneo, y abandoné sus tesis sin vacilación⁴. Pero debo agregar que yo había leído El izquierdismo: enfermedad infantil del comunismo de Lenin antes de su crítica a mi propio artículo, y ya estaba entonces completamente convencido de sus argumentos en la cuestión de la participación parlamentaria, así que su crítica a mi artículo no cambió nada para mí. Yo ya sabía que estaba equivocado. Usted recordará que Lenin expresaba en su El izquierdismo que los parlamentos burgueses serían completamente suplantados, en un sentido histórico, con el nacimiento de los órganos revolucionarios del poder proletario, los Soviets, pero que esto de ninguna forma significaba que ellos fueran suplantados de inmediato en un sentido político, en particular que las masas de Occidente no creían en ellos. Por lo tanto, los comunistas tenían que trabajar tanto dentro como fuera de ellos.

Entre 1928 y 1929 usted propuso el concepto de dictadura democrática del proletariado y campesinado como el objetivo estratégico del Partido Comunista Húngaro de ese entonces, en las famosas Tesis Blum para el Tercer Congreso del Partido. ¿Fueron estas tesis tachadas de oportunistas y fue usted expulsado del Comité Central a causa de ellas? ¿Cómo juzga ahora este hecho?
Las Tesis Blum fueron mi maniobra de retirada para cubrirme del sectarismo del Tercer Periodo, el cual enfatizaba que la social democracia y el fascismo eran gemelos⁵. Esta desastrosa frase fue acompañada, como sabrá, por el eslogan de clase contra clase y el llamado a una inmediata instalación de la dictadura del proletariado. Rescatando y adaptando el eslogan de Lenin de 1905 —la dictadura democrática de los obreros y campesinos— intenté encontrar una fisura en la línea del Sexto Congreso del Comintern, a través del cual pudiera alcanzar una política más realista del Partido Húngaro.

No tuve éxito. Las Tesis Blum fueron condenadas por el partido y Béla Kun y su facción me expulsaron del Comité Central. Estuve completamente solo dentro del partido en esos días; usted debe entender que ni siquiera tuve éxito en convencer a aquellos que hasta entonces compartían mis puntos de vista en lucha contra el sectarismo de Kun dentro del partido. Por eso tuve que hacer una autocrítica de las tesis. Aquello fue absolutamente cínico: las circunstancias de entonces me lo impusieron. De hecho, yo no cambié de opinión, y la verdad es que estoy convencido de que estaba absolutamente en lo correcto. Desde luego que la historia reivindicó completamente las Tesis Blum. En el periodo de 1945 a 1948, se dio en Hungría la realización concreta de la dictadura democrática de los obreros y campesinos que sostuve en 1929. Después de 1948, por supuesto, el estalinismo creó algo completamente diferente, pero esa es otra historia.

¿Cómo fue su relación con Brecht en los ’30 y después de la guerra? ¿Cuál es su apreciación de su importancia?
Brecht fue un gran poeta, y sus últimas obras —Madre CorajeLa buena mujer de Szechuan, entre otras— son excelentes. Naturalmente, sus teorías dramáticas y estéticas fueron confusas y equivocadas. Lo he tratado en El significado del realismo contemporáneo. Pero esto no altera la calidad de sus últimos trabajos.

Entre 1931 y 1933 estuve en Berlín trabajando con el Sindicato de Escritores. Sobre aquella época —a mediados de los ’30, para ser precisos— Brecht escribió un artículo contra mí, defendiendo el expresionismo. Pero luego, cuando estuve en Moscú, Brecht vino a verme en su viaje de Escandinavia a los EE.UU. — él pasó por la Unión Soviética en ese viaje — y me dijo: hay gente que está tratando de ponerme en tu contra, y hay gente que está tratando de ponerte en mi contra; vamos a hacer un acuerdo de no provocarnos una pelea.

Desde entonces siempre tuvimos una buena relación, y después de la guerra cada vez que iba a Berlín —lo que era muy frecuente— siempre solía visitar a Brecht, y manteníamos largas discusiones. Nuestras posiciones estuvieron muy cerca al final. Usted sabrá, yo fue invitado por su esposa para ser uno de los que hablara en su funeral. Una cosa de la que me arrepiento es que nunca escribí un ensayo sobre Brecht en los ’40, este fue un error provocado por mi obsesión son otros trabajos en aquel tiempo.

Siempre tuve un gran respeto por Brecht. Él era muy listo y tenía un gran sentido de la realidad. En esto era único a diferencia de Korsch, a quien conocí bien, desde luego. Cuando Korsch dejó el Partido Alemán, él se apartó a sí mismo del socialismo. Sé esto porque fue imposible para él colaborar con el trabajo del Sindicato de Escritores en la lucha antifascista en Berlín, el Partido no lo permitía. Brecht era muy distinto, él sabía que no se podía hacer nada contra la Unión Soviética, a la cual permaneció leal toda su vida.

¿Conoció Usted a Walter Benjamin? ¿Cree usted que de haber vivido hubiera evolucionado de un firme compromiso revolucionario al marxismo?
No, por alguna razón nunca conocí a Benjamin, sin embargo conocí a Adorno en Fráncfort en 1930 cuando pasé por allí antes de ir a la Unión Soviética. Benjamin era extraordinariamente talentoso, y vio profundamente muchos nuevos problemas. Él indagó en estos problemas en diferentes formas, pero no encontró una vía de solución. Pienso que su desarrollo, mientras vivió, fue muy incierto, a pesar de su amistad con Brecht. Usted debe recordar cuán difícil eran aquellas épocas, las purgas en los ’30 y luego la Guerra Fría. Adorno llegó a ser el exponente de un tipo de «conformismo no conformista» en este ambiente.

Después de la victoria del fascismo en Alemania, usted trabajó con Ryazanov en el Instituto Marx-Engels-Lenin de Rusia. ¿Cuál fue su trabajo allí?
Cuando estuve en Moscú en 1930, Ryazanov me mostró los manuscritos que Marx había escrito en París en 1844⁶. Puede imaginar mi entusiasmo, leer estos manuscritos cambió toda mi relación con el marxismo y transformó mi perspectiva filosófica. Un académico alemán de la Unión Soviética estuvo trabajando en los manuscritos, preparándolos para su publicación. Los ratones se había llevado buena parte, y había muchos lugares en los que los manuscritos tenían letras perdidas o una palabra perdida.

Debido a mi conocimiento filosófico puede trabajar con él, determinando qué letras o qué palabras habían desaparecido. Uno frecuentemente tenía una palabra comenzando con, digamos, «g» y terminando con «s» y tenía que adivinar que había en el medio. Yo creo que esa edición finalmente resultó muy buena, lo sé por la colaboración que tuve en la edición. Ryazanov fue el responsable de este trabajo, y él era una gran filólogo, no un teórico, pero sí un gran filólogo. Después de su destitución, el trabajo en el Instituto declinó completamente. Recuerdo que me dijo que había 10 volúmenes de los manuscritos de Marx para El capital el cual no había sido nunca publicado. Engels por supuesto, en su introducción a los volúmenes dos y tres, decía que estos eran solo una selección de los manuscritos que Marx estuvo redactando para El capital. Ryazanov planificó publicar todo este material, pero hasta el día de hoy nunca ha aparecido⁷.

En los primeros años de los ’30, había desde luego debates filosóficos en URSS, pero yo no participé de ellos. Hubo entonces un debate en el que se criticaba el trabajo de Deborin. Personalmente, yo pensaba que se trataba de críticas justificadas, pero su propósito solo era establecer la preeminencia de Stalin como filósofo.

¿Pero usted participó en los debates literarios de los ’30 en la Unión Soviética?
Colaboré con la revista Literarny Kritik por seis o siete años, y llevamos una muy consistente política contra el dogmatismo de aquellos años. Fadeyev y otros lucharon contra la RAPP (Asociación Rusa de Escritores Proletarios) y la derrotaron en Rusia, pero solo porque Averbach y otros en la RAPP eran trotskistas⁸. Luego de su victoria, procedieron a desarrollar su forma propia de RAPPismo. Literarny Kritik siempre se resistió a estas tendencias. Escribí muchos artículos en ella, todos los cuales tienen tres citas de Stalin dentro —esta era una requisito insalvable en la Rusia de entonces— y todos los cuales estaban directamente en contra de las ideas estalinistas de literatura. Su contenido siempre apuntaba contra el dogmatismo de Stalin.

Durante diez años de su vida, desde 1919 a 1929, usted se dedicó activamente a la política, y luego abandonó completamente toda actividad política inmediata. Debió ser un gran cambio para un marxista convencido como usted. ¿Se sintió usted limitado (o, al contrario, quizás liberado) por este brusco cambio en su carrera producido en 1930? ¿Cómo se relaciona esta fase de su vida con su adolescencia y su juventud? ¿Qué influencias fueron las que recibió entonces?
No lamenté en absoluto el final de mi carrera política. Verá, yo estaba convencido de tener razón en las discusiones internas del Partido en 1928 y 1929, y nunca nada me incitó a cambiar de opinión sobre este punto; sin embargo, como había fracasado completamente en mi tentativa de convencer al Partido de la justeza de mis ideas, me dije: si tengo razón y sin embargo he resultado totalmente vencido, esto solo puede significar que no tengo ninguna capacidad política. Renuncié, pues, sin ninguna dificultad, al trabajo político práctico. Decidí que no estaba dotado para ello.

Mi exclusión del Comité Central del Partido Húngaro no modificó lo más mínimo mi convicción de que, con la desastrosa política sectaria del Tercer Período, sólo se podía luchar eficazmente contra el fascismo desde las filas del movimiento comunista. Sigo pensando lo mismo. Siempre he creído que la peor forma de socialismo es preferible a la mejor forma de capitalismo.

Posteriormente, mi participación en el gobierno de Nagy en 1956 no fue una contradicción a mi renuncia de la actividad política. Yo no compartía la estrategia política de Nagy, y cuando los jóvenes intentaron de juntarnos en los días antes de Octubre, yo siempre contestaba: «El paso desde mí hasta Imre Nagy no es más grande de dar que el paso de Imre Nagy hacia mí». Cuando me pidieron ser Ministro de Cultura en Octubre de 1956, este fue un dilema moral para mí, no un dilema político, y no lo pude rechazar.

Cuando fuimos arrestados y llevados a Rumania, los camaradas rumanos y los húngaros vinieron a verme y me preguntaron por mis opiniones sobre las políticas de Nagy, sabiendo mis desacuerdos con él. Les dije: «cuando yo sea un libre en las calles de Budapest y cuando él sea un hombre libre, seré feliz de dar mi juicio sobre él larga y abiertamente; pero mientras sea prisionero, mi única relación con él es de solidaridad».

Me ha preguntado usted cuáles fueron mis impresiones personales cuando renuncié a mi carrera política. Debo decir que yo quizás no soy un hombre muy contemporáneo. Puedo asegurar que nunca he sentido frustración ni ningún otro complejo en mi vida. Naturalmente, sé muy bien lo que esto significa, porque conozco la literatura del siglo XX y porque he leído a Freud. Pero nunca lo he experimentado personalmente. Siempre que me he dado cuenta de mis errores o de que tomaba un camino equivocado, lo he reconocido. Nunca me ha costado actuar de este modo y ocuparme de otra cosa.

Hacia los 15 o los 16 años escribía obras modernas, al estilo de Ibsen o de Hauptmann. A los 18, las releí y las consideré irremediablemente malas. Decidí entonces que nunca sería un buen escritor y las quemé. Nunca lo he lamentado. Esta experiencia precoz me fue muy útil más tarde en mi labor como crítico literario, porque cada vez que podía decir de un texto que lo hubiese podido escribir yo mismo sabía que ello era una evidencia infalible de que aquel texto era malo: era un criterio seguro. Esta fue mi primera experiencia literaria.

Mis primeras influencias políticas me vinieron con la lectura de Marx cuando era estudiante y después —la más importante de todas— con la lectura del gran poeta húngaro Ady. Yo era un adolescente que se sentía aislado entre sus contemporáneos y Ady me causó una gran impresión. Era un revolucionario entusiasmado por Hegel, aunque no aceptaba este aspecto de Hegel que yo mismo rechacé desde un principio: su Versöhnung mit der Wirklichkeit: su reconciliación con la realidad. Nunca he dejado de admirar a este pensador, y pienso que el trabajo emprendido por Marx —la materialización de la filosofía de Hegel— debe ser proseguido incluso más allá de Marx. Yo mismo he intentado hacerlo en varios pasajes de mi Ontología, pronta a publicarse. Pienso que, ahora que ya está todo dicho, sólo tres grandes pensadores occidentales resultan incomparables a todos los demás: Aristóteles, Hegel y Marx.

Una serie de acontecimientos recientes en Europa han planteado de nuevo el problema de la relación entre el socialismo y la democracia. ¿Cuáles son, en su opinión, las diferencias fundamentales entre la democracia burguesa y la democracia revolucionaria socialista?
La democracia burguesa data de la Constitución francesa de 1793, que era su más alta y radical expresión. Su principio constituyente es la división del hombre en ciudadano de la vida pública, por una parte, y en burgués de la vida privada, por otra; el primero dotado de derechos políticos universales, el segundo expresión de intereses económicos particulares y desiguales. Esta división es fundamental para la democracia burguesa en tanto que fenómeno históricamente determinado. Su reflejo filosófico se encuentra en Sade. Es interesante observar que autores como Adorno se han ocupado mucho de Sade porque veían en él el equivalente filosófico de la Constitución de 1793.

La idea central de ambos es que el hombre es un objeto para el hombre, que el egoísmo racional es la esencia de la sociedad humana. Ahora es evidente que toda tentativa de recrear en el socialismo esta forma históricamente superada de la democracia es una regresión y un anacronismo. Pero ello no significa que las aspiraciones a la democracia socialista deban ser tratadas con métodos administrativos. El problema de la democracia socialista es un problema real que todavía no ha sido resuelto, pues debe consistir en una democracia materialista, no idealista.

Permítame que le ponga un ejemplo: un hombre como Guevara era un representante heroico del ideal jacobino; sus ideas impregnaron su vida y la modelaron totalmente. No fue el primero en el movimiento revolucionario. Léviné en Alemania y Otto Korvin en Hungría hicieron lo mismo que él. Respeto profundamente la nobleza de este tipo de hombres. Pero su idealismo no es el del socialismo de la vida cotidiana, que ha de tener una base material, basarse en la construcción de una nueva economía.

Quiero aclarar inmediatamente que, por sí mismo, el desarrollo económico no puede producir el socialismo. La doctrina de Khrushchev según la cual el socialismo triunfaría en el mundo cuando el nivel de vida de la URSS superase al de los Estados Unidos era absolutamente errónea. El problema debe plantearse de otra manera. Se podría formular del siguiente modo: el socialismo es la primera formación económica de la historia que no produce espontáneamente el «hombre económico» que le corresponde. Y ello porque es una formación transitoria, precisamente, propia de una época intermedia en el proceso de transición del capitalismo al comunismo.

Y como la economía socialista no produce ni reproduce espontáneamente el tipo de hombre que necesita, al revés que la sociedad capitalista clásica, que engendra naturalmente su homo oeconomicus, la división ciudadano/burgués de 1793 y de Sade, la función de la democracia socialista es precisamente la educación de sus miembros con vistas al socialismo. Esta función no tiene precedentes ni analogía posible en la democracia burguesa. Es evidente que lo que hoy haría falta es el renacimiento de los Soviets, el sistema de democracia socialista que aparece cada vez que hay una revolución proletaria: la Comuna de París en 1871, la Revolución Rusa de 1905 y la propia Revolución de Octubre. Pero esto no va a producirse de la noche a la mañana. El problema es que los obreros están desanimados: al principio no lo creerán.

En este aspecto, un problema reside en la presentación histórica de los cambios necesarios. En recientes debates filosóficos aquí, ha habido una considerable argumentación sobre la cuestión de la continuidad versus la discontinuidad en la historia. Yo me he inclinado firmemente sobre la discontinuidad. Usted conocerá las clásicas tesis conservadoras de Tocqueville y Taine que sostienen que la Revolución Francesa no fue en absoluto un cambio fundamental en la historia de Francia, porque meramente se continuó con la tradición centralista del Estado francés, la cual era muy fuerte bajo el Ancien Régime (Antiguo Régimen) con Luis XIV, y fue retomado incluso posteriormente por Napoleón y luego por el Segundo Imperio.

Esta perspectiva fue contundentemente rechazada por Lenin, dentro del movimiento revolucionario. Él nunca mostró cambios fundamentales y nuevas salidas como meros continuismos y mejorar de tendencias previas. Por ejemplo, cuando anunció la Nueva Política Económica, nunca, si quiera por un momento, dijo que era un «desarrollo» o «término» del Comunismo de Guerra. Lenin manifestó muy francamente que el Comunismo de Guerra había sido un error, entendible bajo las circunstancias, y que la Nueva Política Económica era una corrección de ese error y un completo viraje.

Este método leninista fue abandonado por el estalinismo, el cual siempre intentó presentar los cambios en la política —incluso lo más grandes— como consecuencias lógicas y mejoras de la línea previa. El estalinismo mostró toda la historia socialista como un desarrollo continuo y correcto, que nunca admitía discontinuidades. Hoy en día, esta cuestión es mucho más importante que nunca, precisamente en el problema relacionado con los remanentes del estalinismo. ¿Se debería enfatizar en la continuidad con el pasado dentro de una perspectiva de mejoras, o de lo contrario se debería avanzar hacía una aguda ruptura con el estalinismo? Yo creo que una completa ruptura es necesaria. Es por ello que la cuestión de la discontinuidad tiene tanta importancia para nosotros.

Historia y conciencia de clase (1923), trad. Rodney Livingstone, Londres 1971. La Ontología se publicó en inglés en tres volúmenes, trad. David Fernbach, Londres 1978-1979.
2 Trad. Hannah y Stanley Mitchel, Londres 1962.
La teoría de la novela (1920), trad. Anna Bostock, Londres 1971.
Escritos políticos 1919–1929: La cuestión del Parlamentarismo y otros ensayos, ed. Rodney Livingstone y trad. Michael McColgan, Londres 1972.
5 Íbid.
6 David Ryazanov (1870–1938), revolucionario de larga trayectoria y extraordinario académico, fundó el Instituto Marx-Engels en Moscú en 1920 (El nombre de Lenin fue añadido una década después). Su logro más importante fue crear una edición de las obras completas de Marx y Engels. Fue deportado a un campo de trabajos forzados en 1930 y ocho años después fue ejecutado por órdenes de Stalin.
7 Se puede revisar ahora Karl Marx y Friedrich Engels, Trabajos reunidos (Manuscritos económicos 1961–1963), vols. 30-34, Londres 1988-1994.
8 RAPP, la Asociación Rusa de Escritores Proletarios, fue creada en 1922 como la Asociación Panrusa de Escritores Proletarios (VAPP), cambiando su nombre en 1928, debido a que pasó a una fase de mayor influencia. Enfatizaba una orientación «proletaria» militante y vigilante en la literatura y las artes, representando la promesa de cuadros de masas que fueran trabajadores-escritores. La RAPP prosperó en la atmósfera febril del ascenso de Stalin al poder. Cuatro años más tarde fue oficialmente disuelta por su excesiva ambición y su insubordinación general. Fue superada en tamaño por la más inclusiva y obediente Unión de Escritores Soviéticos.

Entrevista realizada por Perry Anderson, aparecida por primera vez en New Left Review N.º 68 de 1971. La presente edición fue tomada de VV.AA. (2011). Lives on the Left, a Group Portrait. Londres: 

Fuente: El Porteño 

 

martes, 14 de abril de 2026

DISCURSO DE TRISTAN TZARA EN APOYO A LA II REPÚBLICA, EN EL 95 ANIVERSARIO DE SU PROCLAMACIÓN

 

Tristan Tzara  (seudónimo de Samuel Rosenstock) nació en Moinesti (Rumanía) el 28 de abril de 1896 y murió en París, ciudad en la que residió la mayor parte de su vida, el 25 de diciembre de 1963. Fue uno de los fundadores del dadaismo, vanguardia fundamental y de la que derivaron todas las posteriores, predecesor inmediato del movimiento surrealista, y precursor del existencialismo, del teatro del absurdo etc. Tzara fue poeta, dramaturgo, conferenciante, instigador, recopilador y ensayista del movimiento dadá.

Con motivo de la guerra civil española, sobre la que escribió muchos poemas y dos libros: Sures conquistados y En la brecha, entró a formar parte del partido comunista. Durante la ocupación alemana militó en la Resistencia. 

DISCURSO DE TRISTAN TZARA AL PUEBLO DE BARCELONA, EMITIDO POR RADIO EL 21 DE NOVIEMBRE DE 1936

En el momento de pasar la frontera de la rica Cataluña, un inmenso país se extiende ante nosotros, un país seco y montañoso, los magníficos colores del cual, mal disimulan la pobreza de esta tierra. Desde hace muchos siglos, los ricos explotan a los habitantes de esta región.

¿No es una vergüenza para nuestro mundo capitalista, que cuanto más pobre es un país, más se hace sentir sobre él la rapacidad de los ricos explotando a los campesinos? Para comprender pues, el drama español, es precisamente en estos pueblos pobres donde hay que ir y buscar la explicación de nuestra pregunta.

En esta guerra impuesta a las poblaciones pacíficas por los tiburones del fascismo internacional, para salvaguardar sus privilegios, no es de extrañar que todo el pueblo unido como un solo hombre, se haya levantado con armas en la mano.

Este pueblo que al final de esta lucha, que será victoriosa porque él quiere que lo sea, un mundo en el que habrá más justicia y en el cual no será nunca más permitida la explotación del hombre por el hombre.

Formamos una caravana compuesta, -además de los técnicos-, de una comisión que inauguró en el frente de Huesca, el camión de propaganda ofrecido por la Asociación Internacional de Escritores Antifascistas, a los escritores catalanes.

Este camión en el cual hay instalada una imprenta, un aparato de cine y un altavoz que ha de servir de prototipo para todo un sistema de propaganda que la Generalidad de Cataluña se propone establecer en el frente y en la retaguardia. Componen esta comisión: Miravitlles, representante de la generalidad, Urales, uno de los venerables de la C.N.T., Cusó de la U.G.T. Ehrembourg y el que os habla, representante de los escritores.

En Barbastro, ciudad-guarnición, somos alegremente acojidos por el batallón Vorochilov. Imprimimos una hoja para ellos y organizamos dos sesiones de cine. El film que proyectamos es “Tchapaiev”. El coronel Villalba dedica algunas palabras a la U.R.S.S:, palabras de jefe que el gentío aplaude con indescriptible entusiasmo. En Sariñena, en presencia del jefe superior del frente de Aragón, el comandante Reyes y del coronel Guarner, tiene lugar otra representación. Visitamos también dos pueblos de ochocientos habitantes y les hacemos el diario oficial. En el frente, en las primeras líneas, nos damos cuenta del admirable estado de los milicianos. Aquí los rebeldes tiran con balas dum-dum, me enseñan algunas de ellas recojidas en los campos, me hacen observar el ruido especial de estas balas, ya que en estos momentos los rebeldes están disparando. Los parapetos y los abrigos están solamente a quinientos metros de las líneas rebeldes. Oímos perfectamente las voces de los falangistas; insultos estúpidos, sin ningún sentido. Los nuestros contestan, pero la dignidad de su actitud y su espíritu en las réplicas, prueban la madurez de conciencia, de estos luchadores de la libertad.

Una disciplina libremente consentida pero rigurosa es la norma en las líneas del frente. Los delegados políticos trabajan en colaboración perfecta con los jefes militares, y constituyen un personal de inapreciable valor. Los milicianos los quieren, y su influencia se hace sentir de manera plenamente satisfactoria. “Unir para vencer”, es la palabra de orden que oímos a menudo. En lo posible, todo está puesto en obra para hacer agradable la vida a los milicianos. Solamente faltan municiones y material de guerra. Huesca que está a mil quinientos metros de las primeras líneas, podría fácilmente caer, ya que la resistencia de los rebeldes va menguando cada día. He tenido ocasión de ver un fujitivo del tercio que lucha actualmente en las filas gubernamentales. El terror impuesto por los falangistas impide a un gran número de soldados seguir la voz de su conciencia que les impulsa a venir a luchar con el ejército del pueblo. Ellos que han salido del pueblo, saben que esta guerra ha sido impuesta por las fuerzas capitalistas para interrumpir la revolución normal de todo un pueblo que lucha para un provenir mejor; que esta guerra ha sido impuesta por las fuerzas negras y que a fin de cuentas no beneficiaría más, que a los instintos de un capitalismo sin escrúpulos.

Viendo a esta juventud claramente consciente de su fuerza, no hay ninguna duda que la victoria está de su lado, como el derecho y la justicia.

Este admirable necesita más que simpatía, quiere una eficaz ayuda, que inmediatamente le permita poner fin a la rebelión de una minoría.

No más criaturas asesinadas por los fascistas.

No más víctimas inocentes,

A este magnífico pueblo que lucha por las libertades de todos los países, dejadle el derecho de comprar lo que necesita para poner fin a unos de los más turbios episodios de la historia moderna,

Que no se prolongue más la vergüenza que sentimos de vivir estos monstruosos momentos en los cuales el hombre ha olvidado que es un hombre, en los cuales el hombre se da cuenta de la necesidad ineludible de establecer un orden nuevo, un mundo donde la justicia y la libertad no serán palabras vanas.

Nuestra Lucha, 22 de noviembre de 1936 

lunes, 13 de abril de 2026

LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA PUBLICA "ANTONIO GRAMSCI. ESCRITOS SOBRE ARTE"

Antonio Gramsci. Escritos sobre arte
Antonio Gramsci
Juan J. Gómez Gutiérrez, ed.
Traducción: Alejandro Sánchez Berrocal 
ISBN: 978-84-1118-666-7 
Año ed.: 2025 
Páginas: 414 
Publicaciones de la Universidad de Valencia

Cada persona que intenta comprender el mundo actual puede encontrar en Antonio Gramsci reflexiones útiles y adaptables a su propio tiempo y a sus circunstancias; sin embargo, para quien se adentra en su estudio –en especial en cuestiones de arte y literatura–, sus artículos periodísticos y los ‘Cuadernos de la cárcel’, que conforman el núcleo de su obra, redactados sin recursos de investigación y concebidos desde una perspectiva marxista más que como una teoría sistemática, pueden parecer un conjunto laberíntico de ideas sobre la relación entre los artistas, la historia y la sociedad que requiere contextualización. Esta edición de los textos de Gramsci sobre arte busca facilitar esa tarea, al combinar una interpretación situada en el marco del marxismo y la filosofía italiana del siglo XX con una amplia panorámica de los principales temas tratados por el autor y una cuidada y erudita traducción.

Antonio Gramsci (1891-1937), intelectual y político italiano, fue una de las figuras centrales del marxismo del siglo XX. Nacido en Cerdeña y formado como lingüista en Turín, desde 1919 desarrolló una intensa actividad crítica sobre literatura y arte en el semanario ‘L’Ordine Nuovo’. Arrestado por el régimen fascista en 1926, pasó más de diez años en prisión, donde escribió treinta y tres ‘Cuadernos de la cárcel’ con reflexiones sobre filosofía, historia, arte y política. Estos textos influyeron de forma decisiva en la teoría crítica y los estudios culturales contemporáneos y han convertido a Gramsci en un pensador de referencia para la izquierda internacional. Murió en Roma poco después de recuperar la libertad. 

DESCARGAR ÍNDICE Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA: https://puv.uv.es/documents/get/document/id/7658/antoniogramsciescritossobrearte_capitulodemuestra.pdf 

domingo, 12 de abril de 2026

"BOCETO DE CARTEL PARA EL DIARIO EL PUEBLO", DE JOAQUÍN SOROLLA

 
Boceto de cartel para el diario El Pueblo 
Joaquín Sorolla Bastida
ca. 1900
Óleo sobre lienzo
95,5 x 172,3 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

El Pueblo. Diario republicano de Valencia fue fundado por Vicente Blasco Ibáñez en 1894. Con una periodicidad diaria, la primera época de la publicación se inició el 12 de noviembre de 1894 con el número 1, y cesó el 30 de julio de 1937. La segunda época comenzó el 31 de julio de 1937, y cesó definitivamente el 29 de marzo de 1939.

Joaquín Sorolla mantuvo una estrecha amistad con el escritor valenciano a lo largo de su vida. Esta obra es una de las escasas contribuciones del pintor al arte gráfico. La imagen está protagonizada por una figura alegórica vestida de valenciana y tocada con el gorro frigio, en alusión a los ideales republicanos encarnados en mujeres jóvenes, impetuosas y atractivas, como era habitual desde la Revolución francesa. Reparte ejemplares del periódico, a imitación del trabajo de los chavales que cada día salían a la calle a venderlo. Es, por tanto, una figura activa, que funciona visualmente como una llamada de atención, a modo de líder ideal de una causa. En segundo término, aparece la cabecera del periódico y un friso con naranjas, símbolo de prosperidad y progreso. En el ejemplar del periódico que la muchacha sostiene con su mano derecha es posible reconocer la silueta del monumento El triunfo de la República, de Jules Dalou, situado en la place Nation de París, inaugurado en 1889 y convertido en emblema del régimen político.

El cartel ideado por Sorolla fue litografiado por R. Pérez en 1900 en la Litografía Ortega, la más importante imprenta de València en aquel momento, y pronto se convirtió en la imagen más icónica del periódico.

Inscripciones: «A mi amigo Vicente Blasco Ibáñez / su afmo / J Sorolla» (Firmado. Parte inferior izquierda)

sábado, 11 de abril de 2026

"EL BARRO DE LA REVOLUCIÓN", PELÍCULA SOBRE LA GUERRILLA FILIPINA, DE PALOMA POLO

El Barro de la Revolución
Paloma Polo
2019
128 min 

Paloma Polo propone narrativas en torno al poder y el conocimiento que reflejan la evolución del pensamiento político en las personas, investigando cómo ciertas configuraciones sociales y sus saberes pueden generar un cambio político. 

El barro de la revolución toma como punto de partida la pregunta de cuáles son las condiciones sociales del cambio político. Para buscar una respuesta, Polo se introdujo en la clandestinidad revolucionaria de Filipinas. El trabajo, la convivencia y la investigación fílmica que realizó en un frente de guerrilla fueron el culmen de tres años de indagación y reflexión dentro de esa lucha subversiva. La película destaca la resistencia a la opresión colonial mostrando cómo la lucha comunista, arraigada en siglos de resistencia, sigue viva en las comunidades de campesinos pobres e indígenas. La obra ofrece un retrato íntimo y coral de la vida en una unidad guerrillera. Polo capta la transformación de individuos y comunidades a través de la revolución, revelando su impacto en las relaciones sociales y el entorno. Los guerrilleros son retratados no solo como combatientes, sino también como educadores, médicos y agricultores, capaces de transformar sus comunidades en laboratorios de cambio social y político.

Cristina Cámara Bello 

Fuente: Museo Reina Sofía

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

viernes, 10 de abril de 2026

SINFONÍA Nº 3 "BYRON", DEL COMPOSITOR COMUNISTA ALAN BUSH

Alan Bush nació en 1900 en Londres en el seno de una familia de clase media. Inicialmente fue a una escuela pública y más tarde, su talento musical lo llevó a la clase de Frederick Corder en la Academia Real de Música, estudiando más tarde con John Ireland y Benno Moiseiwitsch. En 1925, se volvió profesor de composición en aquella institución, en la que se volvió una eminencia al enseñar contrapunto estricto al estilo de Palestrina, al menos hasta su muerte 70 años después. Por sus orígenes humildes, pronto entró en contacto con la inteligencia académica de izquierda y militó en frentes comunistas, al punto de unirse al Partido Comunista de Inglaterra y a la Internacional Obrera; el desafortunado surgimiento de la Guerra Fría lo volvió una persona no grata y de la que había que desconfiarse, por lo mismo su obra fue juzgada en función de su persona. Pero, por otro lado, Bush compuso obras dedicadas a asociaciones de obreros y desfiles para el partido comunista. Su música fue celebrada en Europa Oriental y algunas de sus óperas incluso se estrenaron primero en la URSS y en Alemania Oriental antes que en Inglaterra.

La Sinfonía n.º 3 de Bush fue compuesta en 1960 por encargo de la Radio de la República Democrática Alemana. Se estrenó en Leipzig en marzo de 1962, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig bajo la dirección de Herbert Kegel. La sinfonía se inspira en la vida del poeta inglés del siglo XIX, Lord Byron. Requiere una gran orquesta, con coro mixto y un barítono solista. 

Bush utiliza la figura del poeta como icono de sus convicciones marxistas; lo presenta como un humanista «progresista», imbuido de una ideología antiimperialista y anticolonial tanto en la música como en la letra, pero manteniendo su marcado nacionalismo comunista. El final incluye un poema en apoyo a la resistencia griega contra el Imperio Otomano, escrito por el poeta nacional griego Dionysos Solomos. La obra no es programática, sino que busca evocar sentimientos y atmósferas de la vida del poeta en relación con temas más contemporáneos de la Guerra Fría. 

El primer movimiento está estructurado en forma sonata. Su subtítulo alude a la casa de la infancia de Byron y pretende evocar su naturaleza apasionada y su desilusión con el mundo de la moda y la alta sociedad londinense. Comienza con una introducción lenta, con un motivo de tres notas del corno inglés sobre el que se basa toda la obra. Lo llamaremos el motivo Byron. El allegro principal arranca con un enérgico tema principal interpretado por las cuerdas, seguido de un segundo tema lírico y contemplativo. El desarrollo que sigue es agitado y apasionado, transformando los elementos anteriores y culminando en un clímax disonante. Le sigue una recapitulación invertida, con el segundo tema antes del principal. Una coda repentina pone fin al movimiento. 

El segundo movimiento está escrito como un tema con tres variaciones. Bush intenta plasmar musicalmente el primer discurso de Byron ante la Cámara de los Lores, en el que atacó la legislación que proponía la pena de muerte por rotura de marcos. Tras una apertura desconcertante, los instrumentos de viento madera presentan un tema principal en forma de marcha. La primera variación es vivaz y culmina en un clímax con los metales. La segunda variación es más disonante y feroz. La tercera variación es mucho más solemne y expresiva, interrumpida a veces por estallidos disonantes, con la reaparición del motivo de Byron de la apertura. Finaliza con una coda sosegada. 

El tercer movimiento está escrito en forma ternaria expandida. En él, Byron aparece ayudando a los revolucionarios italianos a luchar contra el imperialismo austríaco. Comienza con una apertura nocturna, basada en el motivo de Byron. Un tema principal lírico se presenta en pianissimo con una sensualidad pastoral. La sección central consiste en un fugato urgente sobre el tema principal, que sugiere la lucha conspirativa por la libertad italiana en la que participó Byron. A continuación, se recapitula el tema principal, antes de que el fugato reaparezca de forma variada. El tema principal se recapitula de nuevo, conduciéndonos a una coda serena. 

El cuarto movimiento es el final coral, en el que Byron es retratado como un revolucionario griego que lucha por la independencia del país contra el Imperio Otomano. Comienza con una introducción solemne que retoma motivos del primer movimiento. Las fanfarrias de las trompetas nos conducen a una danza folclórica griega. El coro entra con una lamentación expresiva por la muerte de Byron, con las primeras cuatro estrofas del poema en inglés. Un repentino y violento estallido nos lleva a la entrada del barítono, acompañado por el coro, que presenta la quinta estrofa. Se contraponen elementos bélicos y griegos, dando paso a la sexta estrofa, en la que Grecia, como nación, despierta. Las fanfarrias de los metales y los golpes del tambor actúan como un llamado a las armas. Las cuatro estrofas siguientes representan la batalla narrada por el barítono y el coro. La música culmina en un clímax orquestal disonante. Tras un pasaje más melódico, reaparece el tema de la danza griega, alcanzando otro clímax. De repente, la música se torna más sombría, con el coro y el barítono lamentando la muerte de Byron. El coro canta las dos últimas estrofas con sobriedad y dignidad. Una coda solemne y severa pone fin a la obra.

jueves, 9 de abril de 2026

UNA HORA DE MÚSICA COMUNISTA LIBANESA, EN APOYO A LA REPÚBLICA DEL LÍBANO TRAS LOS CONTINUOS ATAQUES DE ISRAEL

0:03 Nashid El Omameye [Himno del Partido Comunista Libanés]

2:43 Himno del Partido Comunista del Líbano

5:33 Oh Viento del Pueblo, Oh Espíritu de Paz

8:51 Viniendo con los Pobres 

10:58 Ziad Rahbani y Hazem Shaheen

17:15 Cristal y Barricada - La Bandera Roja Ondeando

23:03 Calle Hamra

31:48 Roble Rojo

37:22 Camino con la cabeza bien alta 

40:30 Desconocido 

43:45 Saharni Bjamalou

45:01 Desconocido

45:50 Desconocido

46:01 Frente de Resistencia Nacional Libanés

48:53 Camino con la cabeza bien alta (Versión Alternativa)

51:59 Himno del Amanecer

59:55 La Internacional 

miércoles, 8 de abril de 2026

"PLAZA DE LA VICTORIA" EN BISHKEK (KIRGUISTÁN)

 

Al este de la calle principal, la avenida Chuy, se encuentra la Plaza de la Victoria, dedicada al triunfo sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Esta plaza fue construida en 1985 para conmemorar el 40 aniversario del fin de la guerra. En el lugar se encuentran una Llama Eterna, una estatua de una mujer que espera el regreso de su marido y una enorme estructura de acero que se asemeja a una yurta, formada por tres arcos curvos. Cada uno de estos monumentos sirve como un conmovedor recordatorio de los soldados que perecieron durante la Segunda Guerra Mundial. Visitar la Plaza de la Victoria en Bishkek no es solo una oportunidad para admirar su impresionante arquitectura, sino también para rendir homenaje a todos aquellos que lucharon contra el fascismo.

Durante la Gran Guerra Patria, más de 360,000 ciudadanos kirguisos fueron llamados al frente, es decir, uno de cada cuatro ciudadanos sirvió en él. Lamentablemente, 100,000 de ellos nunca regresaron a casa, pues sacrificaron sus vidas por la victoria sobre el nazismo. La Plaza de la Victoria en Bishkek es un homenaje a todos los que contribuyeron a acercar ese día tan esperado. En el centro de la plaza hay un monumento arqueado con la Llama Eterna en el centro, acompañada por la escultura de una madre que mira a lo lejos, con sus pensamientos consumidos por la preocupación por su marido y sus hijos que luchan en el frente. La plaza también cuenta con otras esculturas y numerosas estelas conmemorativas con los nombres de los caídos inscritos. Cada año, el 22 de junio y el 9 de mayo, se celebran actos conmemorativos en el monumento para honrar el heroísmo de los antepasados.





martes, 7 de abril de 2026

LA OVEJA ROJA PUBLICA LA NOVELA "LA VICTORIA", DE FEDERICA MONTSENY, EN EL CENTENARIO DE SU PRIMERA PUBLICACIÓN

«La victoria»
Federica Montseny.
Editorial: La Oveja Roja
2025.

Se acaban de cumplir cien años de la publicación de la primera novela larga de Federica Montseny (1905-1994), escritora, política y sindicalista anarquista (ministra de Sanidad y Asistencia Social en la Segunda República, primera mujer en sentarse al cargo de un ministerio en España). Cien años de La victoria, un artefacto literario de tesis libertaria que lleva por subtítulo nada más y nada menos que “Novela en la que se narran los problemas de orden moral que se le presentan a una mujer de ideas modernas”. Porque de esto va La victoria: de los problemas morales y sociales que se le plantean a Clara Delval, su personaje principal, cada vez que trata de poner en práctica (bajar a la tierra) sus ideas. ¿Qué ideas? Pues unas muy concretas relacionadas con la emancipación de la mujer y con el amor libre. ¿Y por qué el choque? Porque son los años veinte y Clara, como pronto descubrimos, una mujer del mañana pensada desde el hoy, así que no hay manera de entenderse. O mejor: no hay forma ideológica hecha cuerpo que luche contra las estructuras opresoras sobre las que se yergue la desigualdad entre hombres y mujeres, así que Clara está sola. Es demasiado inteligente y apenas sentimental, luego poco femenina: enferma.

Mujer del mañana pensada desde el hoy, la protagonista es objeto de admiración, pero también de odio y de miedo. Es una mujer de inteligencia extrema y rápida, emancipada, fuerte y segura de sí misma. Y, además —¡atención!—, bella y elegante, porque una cosa no quita la otra y, en todo caso, la inteligencia es cualidad femenina que está por encima de la belleza, tal como reivindica el texto. Clara es la encarnación de un modelo de mujer, el de Montseny, enfrentado tanto al del ángel del hogar como al de la garçonne, ambos inventos de la ideología burguesa con el objeto de mantener su hegemonía. Si hay algo, en este sentido, sobre lo que arroja luz el estudio introductorio de Carolina Fernández Cordero, encargada de la edición, es justamente sobre el lugar que ocupan la novela y el pensamiento de Montseny en el debate social, tanto dentro como fuera del anarquismo, sobre la emancipación de las mujeres. Gracias a ello, quedan esclarecidas las formas de oposición de La victoria contra la concepción burguesa y por ende dominante de la mujer y del amor, pero también contra los postulados de raigambre más feminista.

La novela narra un periodo corto en la vida de Clara, una joven que vive con su madre en una casita alejada del centro de la ciudad y se gana la vida como profesora en una academia de idiomas y de dibujo. Pronto dará el salto al Ateneo de Divulgación Ideológica, donde impartirá conferencias semanales a la clase obrera sobre justicia e igualdad social, dándose a conocer como figura intelectual destacada y mujer, por lo anterior, excepcional. Ciertos hombres no tardarán en pulular a su alrededor, y digo ciertos con conocimiento de causa: son hombres-prototipo, tres en concreto, enamorados de Clara, pero incapaces de entender y aceptar su independencia (el respeto mutuo por la libertad individual). Y es ese el gran drama, la imposibilidad del amor entre iguales, lo que evidencia en último término la contradicción que atraviesa al pensamiento obrerista en cuestión de género: ideas avanzadas para todo menos para la mujer, a la que se quiere —incluso ellos, los obreros, los progresistas, los anarquistas, los revolucionarios— sumisa y cariñosa, joya que acompaña como bello complemento.

Y aquí viene algo sumamente interesante, y con ello acabo: la forma de la novela, que es dialógica. Toda ella, o casi toda, construida a base de diálogo, de intercambio, de discusión entre la protagonista y los otros (porque son sobre todo ellos). Diálogos que conforman, las más de las veces, pequeños ensayos de corte filosófico y político a través de los que despliegan los personajes sus respectivas posturas ante las tres cuestiones más candentes: la feminidad, el rol de la mujer y la posibilidad del amor libre. Diálogos planteados como verdaderas disputas, como combates ideológicos que se vencen o se pierden. Y Clara gana en todos ellos, sobre todo en el último, pero no tanto por convencer como por mantenerse incólume: libre, jamás sumisa. Clara vence porque renuncia a una compañía que la coloca por debajo. Antes sola, sin duda, y esa es su victoria. La victoria.

María Ayete 

Fuente: Mundo Obrero 

lunes, 6 de abril de 2026

REPORTAJE "CAMPAÑA PARA ELECCIÓN DE REGIDORES DEL PARTIDO COMUNISTA DE CHILE" (1971), EN SU 55 ANIVERSARIO

Campaña para elección de regidores del Partido Comunista de Chile (1971)

Compilado de la propaganda política del Partido Comunista para la elección de regidores en 1971  en el marco del gobierno de la Unidad Popular. El documento da cuenta de los diversos recursos utilizados en la campaña, la que incluyó testimonios de un amplio rango de ciudadanos simpatizantes, titulares de prensa que daban cuenta del complot organizado contra el gobierno de la UP, denunciando de manera categórica los atentados en contra del presidente Salvador Allende y el proyecto popular. De esta forma, se acusa a las fuerzas opositoras por llevar a cabo la campaña del terror, el asesinato del general Schneider y desabastecimiento del país. También, se pueden distinguir dirigentes históricos del PC como Luis Corvalán y Gladys Marín.

Las elecciones municipales de 1971 en Chile se llevaron a cabo el domingo 4 de abril de ese año. Fue considerada una prueba de fuego para el gobierno de Salvador Allende, luego de haber sido elegido en septiembre de 1970. 

Esta era la primera elección en el gobierno de Salvador Allende, lo que marcaría el apoyo a este. Finalmente la Unidad Popular saldría victoriosa con cerca del 50 % de los votos sumando los partidos que la conformaban; sin embargo, los partidos de oposición en conjunto (PDC, PN, DR y PADENA) lograron más regidores elegidos que la Unidad Popular.