Pablo Arraigada
“Yo soy el espacio donde estoy”
Noel Arnaud
“(…) la casa es nuestro lugar en el mundo”
Gastón Bachelard
“Quisiera ser el poeta de la corte,
de la grandeza de la Revolución.
Todos nosotros somos sus soldados.”
Matej Bor
El presente texto esboza un mapa del
territorio esloveno durante la Segunda Guerra Mundial, pero por
extensión y cantidad (casi) infinita de materiales, se circunscribe al
espacio que configuran los autores partisanos de la región.
El
espacio del pueblo esloveno, a lo largo de los años del conflicto
bélico, mostró diversas posturas y bandos enfrentados, tanto
ideológicamente como en el campo de batalla. Es por eso que se va a
presentar un desglose de los participantes durante la guerra en
Eslovenia, para hacer foco en autores que desarrollaron una producción
literaria sobre ese periodo, de la mano a sus ideales y su participación
en el conflicto. Por medio de una selección de sus textos, vamos a
identificar aspectos particulares alrededor del movimiento partisano,
hecho que nos permite entender la posterior conformación del estado
socialista.
Abordar las perspectivas de G. Bachelard
al análisis permite que este autor converse con la teoría partisana,
tema que investigo desde hace varios años. Al poner en común distintos
textos que comparten una poética, donde se reproduce la acción y la
eficiencia de los hombres, en términos aristotélicos, se propone una
ampliación en la definición del género literario que denomino literatura
partisana. Para pensar aspectos de la territorialidad, nos vamos a
apoyar en historiadores e investigadores que han trabajado cuestiones
históricas, sociales y culturales de Eslovenia en los años del conflicto
bélico.
Eslovenia durante la Segunda Guerra Mundial
Para comenzar este apartado, se debe
tener en cuenta lo que pasó en el territorio yugoslavo tras estallar la
Segunda Guerra Mundial. Por esto, la intención es hacer foco en el
trabajo de historiadores eslavos del sur para pensar esto. El foco va a
estar en Oto Luthar, Tomaž Kladnik, Miklavž Komelj y Marie-Janine Calic.
Es esta última autora quien explica en su libro A History of Yugoslavia los hechos en la península balcánica:
Yugoslavia dejó de existir el 17 de abril
de 1941, el día que se rindió. Hitler y Mussolini desmembraron el país,
convirtiéndolo en un mosaico de territorios anexionados, ocupados y
cuasi-independientes. Alemania anexionó el norte de Eslovenia y ocupó
Serbia y el Banato. Italia recibió el sur de Eslovenia, Dalmacia y
Montenegro. En Croacia y Bosnia-Herzegovina, se formó el Estado
Independiente de Croacia bajo el control de las dos potencias del Eje.
Kosovo y la Macedonia occidental fueron entregadas a Albania, que había
sido un protectorado italiano desde 1939. Mientras tanto, Bulgaria se
apoderó de la Macedonia oriental, y Hungría avanzó en la región entre
los ríos Tisza, Danubio y Mur. Estos acontecimientos provocaron que el
secretario de Estado Ernst von Weizsäcker preguntara, con algo de
consternación, quién iba a «atender este saco de pulgas durante la
guerra» (Calic, 2019 a, pp. 125-126)
Ya sea por anexión u ocupación, pero las
naciones del Reino de Yugoslavia perdieron su autonomía y quedaron bajo
la órbita de las fuerzas del eje, de manera directa o bajo la figura de
líderes locales, como Ante Pavelić y Milan Nedić, algunos con más poder y
relevancia (el primero de ellos) o como un simple títere (el segundo), o
quizás con gobiernos militaristas, donde no se pudo imponer un líder
para la región, como el caso montenegrino. Cada caso en los Balcanes es
particular[1],
pero para no perder el rumbo, vuelvo al espacio de Eslovenia. El país
fue dividido entre Alemania e Italia (y con una porción en poder
húngaro), y se aplicaron políticas de italianización y de germanización.
Ljubljana tenía un alcalde italiano. Tras la rendición de las fuerzas
de Mussolini, el nazismo va a tomar el control del territorio esloveno
por completo, y con apoyo de figuras como el general Leon Rupnik o el
obispo Gregorij Rožman, se mantuvieron fieles y dominados, bajo la
promesa de ser parte de la Nueva Europa.
Me
detengo acá para pensar estas dos figuras, sumamente relevantes para
pensar a uno de los bandos internos en el conflicto bélico. Rupnik y
Rožman fueron piezas claves en el surgimiento y desarrollo de la Guardia
Nacional o Domobranci, movimiento colaboracionista que
enfrentaba un enemigo al que consideraban más peligroso que el
extranjero germano. Frente a esta facción, está la resistencia,
conformada por los partisanos. Valga la aclaración que los partisanos no
eran un movimiento de carácter independentista, sino uno
revolucionario; además que el movimiento no tenía una idea nacionalista
en sí, como pasa con los četniki o ustaši, pero sí
tenía el germen de la idea de nación. Para resumir los conceptos
centrales, y si se toma a K. Schmitt como punto de partida, cito a
continuación una definición acerca del concepto del luchador por la
resistencia:
El partisano es una categoría social que
muestra al sujeto que combate de manera irregular, por fuera del
ejército yugoslavo; que defiende su territorio, ya sea de amenazas
externas –tropas alemanas, italianas o húngaras– como de enemigos de su
propio territorio –ustaši, četniki, domobranci,
musulmanes pro nazis y al ejército del líder títere Nedić, por nombrar
sólo algunos–; que se mueve dentro de una marginalidad, en su territorio
–que conoce–, al margen de la ley y con precio por su cabeza; que
emplea distintos métodos de propaganda –siendo incluso la literatura una
de ellas, ya sea como documento de la vida durante la guerra como de
material formativo una vez terminada la misma–;y, por sobre todo, un
miembro de Partido, un defensor del comunismo en el territorio, que le
vale un estigma y una falta de apoyo desde Occidente (Arraigada, 2018,
p. 219).
El
concepto de partisano viene del Partido (Comunista). El rol del mismo
fue central para la creación del Frente de Liberación Nacional y su
desarrollo. Su ideología estaba presente en casi todos los que combatían
en el frente. Los domobranci, por su parte, estaban
enfrentados a lo que representaban. Tal como puede leerse en una
explicación acerca de la formación de la Guardia Nacional:
Documento que define la creación de la
Guardia Nacional Eslovena es una orden confidencial (mandato) del
comandante del Estado Mayor organizador de la Guardia Nacional Eslovena,
número 2392, redactada el 18 de abril de 1944, que establece el
juramento de los miembros de la Guardia Nacional Eslovena. En la
introducción de la orden se indica que el texto del juramento está
previsto por las Órdenes Básicas para el establecimiento de la Guardia
Nacional Eslovena, que dicen: “En el espíritu de la disposición del Alto
Comisario del 6 de diciembre de 1943 sobre la creación de las Unidades
de Protección Nacional en la zona operativa ‘Litoral Adriático’, ordeno
lo siguiente:
-
- Las Unidades de Protección Nacional en la provincia de Liubliana se denominan Guardia Nacional Eslovena.
- La Guardia Nacional Eslovena lucha por el mantenimiento del orden y
la seguridad en toda la zona operativa ‘Litoral Adriático’ y, si fuera
necesario, en las zonas fronterizas inmediatas.
3 y 4. Los artículos
del reglamento tratan sobre el juramento de los miembros de la Guardia
Nacional Eslovena, que abordaré a continuación.” (Kladnik, 2006. p. 23)
Esto
funciona como el registro fundador, pero hay que ver el proceso que
tuvo, cosa que se ve en la aparición previa de la Guardia Azul, grupo
que contaba con el apoyo de la fuerza četniki, y luego la Guardia Blanca, que tenía como leitmotiv
enfrentarse a los comunistas, a la vez que tenía un ideal
antiyugoslavista, aunque existían rispideces internas en el grupo porque
un sector se oponía al fascismo y otro estaba alineado con el poder
italiano (Luthar, 2013, pp.427-429). Estos antecedentes llevaron a que
surja la Guardia Nacional (domobranci). En sus orígenes,
también hubo posturas encontradas. Una de ellas no quería llevar a cabo
muchas acciones con Alemania, estaba a la espera de lo que sucediese en
el aspecto internacional, más allá de oponerse al comunismo en su país.
Por otra parte, el otro sector de los domobranci luchó junto a
los alemanes, colaboraba abiertamente con ellos, porque al ver a los
partisanos, consideraba que eran enemigos más terribles que el nazismo.
En su imaginario inicial, primero debían derrotar y destruir a los
partisanos, para después unirse al bando de los aliados y enfrentar al
poder alemán nazi. Pero las prioridades del movimiento colaboracionista
eran claras, y se puede ver en el lema de los domobranci, que menciona T. Kladnik en su libro: “Por Dios, la nación y la patria” (Za Boga, narod in domovino), en el que aclara que esa “patria” debe ser anticomunista y antirrevolucionario, a la vez que colaboracionista.
Ante la Eslovenia dividida entre
Alemania, Italia y Hungría, y el Estado Independiente de Croacia como
cuarta pata, el pueblo esloveno estaba supeditado a fuerzas externas
(Luthar, 2013, pp.417-418). Pero existió una primera rebelión, una
primera resistencia, impulsado por Comité Central del Partido Comunista
de Eslovenia. Cuando las fuerzas italianas que ocupaban Ljubljana
deciden trasladarse a Novo Mesto, en el sur, dada las dificultades en
Croacia y la necesidad de reforzar Zagreb, aprovecharon la situación
desde la resistencia para conseguir armar y empezar la defensa. Comienza
una lucha pan-nacional y, dada la polarización que se vivía en ese
entonces, surgieron las primeras formaciones partisanas cerca de
Ljubljana en julio de 1941(Luthar, 2013, pp.422).
Para
comprender lo que sucede con ambos bandos y las luchas internas, hay
que tener en cuenta el rol del gran enemigo extranjero:
“[…] los alemanes iniciaron una campaña
de destrucción de todo aquello que pudiera remitir a la conciencia
nacional eslovena, y de reemplazo sistemático por elementos que pudieran
generar una imagen de identidad alemana en el territorio. Así fue que
eliminaron los signos en esloveno, destruyeron la prensa eslovena y todo
lo que se imprimía en esta lengua (incluyendo los libros de oraciones),
disolvieron sociedades, organizaciones y asociaciones, y confiscaron
propiedades eslovenas. Por otro lado, fundaron escuelas y jardines de
infantes alemanes, cambiaron los nombres de las personas y de los
lugares, y emergieron sociedades de desnacionalización y nuevas
organizaciones alemanas. También eliminaron al clero esloveno; se
prohibió el culto en esloveno y en latín, y muchas propiedades de la
Iglesia también fueron confiscadas. Las instituciones públicas fueron
recubiertas con carteles con los slogans “¡Vos no sos esloveno! ¡Vos no
sos styriano! ¡Vos sos miembro de la gran comunidad germana! ¡Te
convertirás en un alemán de pura sangre!” […]” (Sarachu, 2020, pp.
319-320)
Esto debe pensarse con lo sucedido tras
la derrota italiana, proceso tras el cual Alemania anexa el territorio
esloveno y los partisanos comienzan sus acciones más recordadas en la
Asamblea de Kočevje. Ya nombramos las unidades partisanas creadas a
mediados de 1941, como por ejemplo Ribnica, Molnik, Borovnica, etc. Para
organizar la resistencia, para proteger al territorio, el Comité
Comunista Esloveno se une a intelectuales, a sectores socialistas
cristianos y a otros grupos e instituciones, y conforman así el Frente
de Liberación Nacional. Así surgen los partisanos, con sus propios
hospitales ilegales, imprentas, con presencia en las zonas donde hay
tropas italianas. Pero también debemos pensar la consecuencia de esto:
en 1944, el movimiento domobranci deja de lado las posturas a
medias, y se deja en claro que la Guardia Nacional estaba para luchar de
la mano a las fuerzas alemanas, tanto su ejército como su policía,
contra todo el mal de la tierra, así como el comunismo y todos sus
aliados. Llegaron a formar seis batallones que apoyaron a las tropas
alemanas.
El
pueblo es el actor central en esta gesta partisana, o sea que hablamos
de una acción populista. Y en este punto, al construir la identidad
partisana se la debe afianzar. La literatura tiene un rol central en
esto, ya que comienza durante el conflicto bélico y es una de las bases
tras 1945 y la conformación de la nación socialista yugoslava.
(Arraigada, 2022, p. 82)
Hay que pensar cómo avanza esto hasta el
final de la guerra. La victoria de las tropas partisanas llevó a la
huida de gran parte de los domobranci, que buscaron refugio en
el extranjero, aunque tropas británicas los obligaron a volver a la
recién creada nación socialista Yugoslavia. Ya en su tierra natal,
sufrieron la venganza del ahora gobierno socialista, con ejecuciones sin
juicios por haber colaborado con las fuerzas del eje durante la guerra.
Pero el costo de los partisanos tampoco fue bajo (Calic, 2019 a, p.
227): cerca de 305000 combatientes murieron y más de 400000 fueron
heridos en el frente de batalla. Para el Partido Comunista, la guerra
implicó que perdió tres cuartas partes de sus miembros, que a principios
de la guerra eran 12000.
Eslovenia y su espacialidad. Partisanos en la Segunda Guerra Mundial
Definir un territorio esloveno conlleva
adecuar y definir el concepto de partisano y pensar en la idea de
espacio. Ya se mencionó aspectos de la formación del bando partisano en
el apartado anterior, pero quiero dar luz sobre la noción en sí:
Schmitt va a llevar el concepto a fondo y
nos permitirá llegar a una primera definición que se toma desde las
características que deja en claro: un ejército partisano es irregular
(Schmitt, 2013, 23), y esto se determina por la fuerza de un ejército
regular al que se enfrenta, se contrapone. Surge tras la derrota de un
ejército regular, oficial podemos decir; lucha en defensa de su territorio (Schmitt,
2013, 24), conoce su tierra, hasta llega a enfrentarse ideológicamente
con las clases dirigentes por este motivo en varios casos; lleva a cabo
una propaganda donde se presenta al enemigo, donde se lo identifica (Schmitt, 2013, 26); combate y vive en un estado constante de marginalidad (Schmitt,
2013, 28), la guerra es entre naciones que cuentan con medidas legales y
prácticas para concertar la paz, pero el combatiente partisano está por
fuera, sufre discriminación, no cuenta con apoyo, está sólo, alienado
–sobre todo entrado el siglo XX con el surgimiento de las guerras
populares y el servicio militar obligatorio-; pero, sin dudas, la
característica básica para pensar a un partisano es el aspecto del
partido, el compromiso político que el guerrillero va a tener: ‘partisano quiere decir partisano, uno que va con el partido’
(Schmitt, 2013, pág. 33). Una definición que puede repensarse de
acuerdo a cada época, o como bien agrega el pensador alemán, una
vinculación política con un partido que revaloriza el término en sí
mismo y cuya vinculación al partido tiende a reforzarse en momentos
revolucionarios (Arraigada, 2018, p. 216).
Pero
esto puede ampliarse con respecto a lo ya visto. Completo la idea
alrededor de la cuestión partisana y el enemigo externo, ya que las
fuerzas alemanas derrotaron al ejército regular, y se encontraron con
que la población civil formaba parte de distintas avanzadas y maniobras
contra ellas. Por eso motivo, endurecieron castigos y actitudes hacia
los pobladores locales, hecho que produce un quiebre en actitudes
bélicas. Puede pensarse esto de la siguiente manera:
Según Schmitt, dicha normativa (con el
objetivo de la delimitación de la guerra y la individualización del
enemigo) había nacido en tiempos de las monarquías absolutas para
definir las relaciones entre estados, cuando las partes beligerantes les
atribuyen iguales contenidos. El derecho de guerra se estableció en el
marco del surgimiento y el proceso de consolidación de los estados
nacionales, como forma de regulación de las relaciones entre los
estados. Pero el movimiento revolucionario de partido no coincide con la
estructura del estado, al contrario, la lucha partisana surge según
Schmitt en el contexto de un proceso de desintegración social-estatal,
por lo tanto la normativa establecida para conflictos bélicos
interestatales no es aplicable en el caso del enfrentamiento con un
ejército irregular, dado que el partisano asigna un contenido diferente a
la causa de su lucha y construye también un enemigo diferente.
(Sarachu, 2020, p. 440)
De esta manera, tenemos el material
teórico básico para comprender la categoría de partisano. Antes de
seguir con el partisano y su producción literaria, quiero reponer
algunos aspectos ligados a espacialidad, desde la perspectiva de G.
Bachelard. El pensador francés recorre espacios como la casa, el
universo, la inmensidad, el nido, los rincones, la concha, lo redondo,
la intimidad y el adentro/afuera. Algunos de estos se pueden pensar en
la perspectiva de los partisanos. La casa, por ejemplo, ese primer
universo, que es el lugar más bello, sin importar su humildad. De ahí
viene ese epígrafe inicial: “la casa es nuestro rincón del mundo”
(Bachelard, 2000, p. 28). Quiero pensar la casa y el hogar en el espacio
de los partisanos eslovenos, ya que reside una idea que los une con la
causa, con el por qué de su lucha. Me detengo en dos términos eslovenos
que comparten una raíz, me refiero a dom (hogar) y domovina
(patria). Como se observa, hay algo que une los dos conceptos, pienso
en la tierra que los partisanos habitan y defienden, las tierras en que
partisanas ayudan y combaten, y hay un vínculo que tiene peso en lo
espacial, ya que el hogar está en la patria. Un tema recurrente, que
vamos a ver en el último apartado, es la visión de la casa materna entre
los combatientes. Porque la casa es un punto de evocación, uno vuelve a
esa morada, y es un espacio de los sueños: en sueños, se recuerdan días
pasados y distintas moradas. La casa protege el ensueño y al soñador,
es un lugar donde se sueña en paz. Por eso, en la poética partisana hay
una idea de regreso a la casa que resulta recurrente. No así la
habitación, sino la casa toda y el recuerdo del hogar, ya que un cuarto
es un espacio de intimidad (Bachelard, 2000, p.53), y en los textos que
se van a analizar no está la esfera de lo íntimo. El combatiente de la
resistencia no busca una intimidad, su fuerza está en lo colectivo, en
los otros. Y puede compartirlos, en aquello que escribe, cuando recuerda
algo entre camaradas: “¡los espacios que amamos no quieren quedarse
encerrados siempre! Se despliegan. Diñase que se transportan fácilmente
a otra parte, a otros tiempos, en planos diferentes de sueños y
recuerdos” (Bachelard, 2000, p.53). Los otros dos puntos que se traen a este trabajo son los de inmensidad e imagen.
Cuando
se habla de inmensidad, se trae ese afuera con el universo y el mundo
(jóvenes mujeres y hombres que salieron de su morada, su nido, para
defender su patria), pero consta de una segunda dimensión de lo íntimo.
Cuando Bachelard dice bosque, el partisano puede decir montaña, la
partisana puede decir campo, el poeta escribe de las laderas, la
escritora aborda las flores que inundan el camino de su aroma. Desde lo
espacial, uno medita las cosas de su tierra, como dice el autor francés.
Hay una experiencia, un conocimiento y amor por la tierra, por algo que
viene de lo ancestral, lo demás es literatura. G. Bachelard piensa la
dicotomía casa y universo, piensa en el invierno y el tiempo, como marca
algo que lo torna la estación más vieja. Habla de la nieve, que
aniquila todo, que cubre todo alrededor de blanco, y lo vuelve algo
uniforme. Misma inmensidad que le da a la noche o a los bosques. Ahora
bien, ¿No es posible, acaso, pensar en la inmensidad de la guerra? Es un
espacio que crece y lo cubre todo, que lo hace uniforme, por los
colores del fuego, de la sangre, de la tierra removida para enterrar a
los caídos. Cuando pensaba en el título del artículo, mi primera idea
fue una poética de la guerra entre los partisanos eslovenos. Luego,
comprendí que era un mejor punto pensar el por qué de ese esloveno y esa
identificación, tan variopinta, de los partisanos, que provienen de
distintos sectores, de distintos ideales, más allá de aunarse y seguir
un leitmotiv. Fue la guerra, desde lo inconmensurable dado su
carácter inmenso, lo que lo unió frente a un(os) enemigo(s). A quien(es)
enfrenta, ya sean rivales internos o externos, responden a la misma
lógica y problemática del espacio para definirse.
Paso al punto final para abordar la idea de imagen. Bachelard dice al respecto que:
“La metáfora viene a dar un cuerpo
concreto a una impresión difícil de expresar. La metáfora es relativa a
un ser psíquico diferente de ella. La imagen, obra de la imaginación
absoluta, recibe al contrario su ser de la imaginación. Exagerando luego
nuestra comparación entre la metáfora y la imagen, comprenderemos que
la metáfora no es susceptible de un estudio fenomenológico. No vale la
pena. No tiene valor fenomenológico. Es todo lo más, una imagen
fabricada, sin raíces profundas, verdaderas, reales. Es una expresión
efímera, o que debería serlo, empleada una vez al pasar. Hay que tener
cuidado de no pensarla con exceso.” (Bachelard, 2000, p. 80)
La
metáfora debe tomársela con precauciones, hay que tener en cuenta que
al leerla se la está pensando, que está en la órbita de la
interpretación, mientras que la imagen está cargada de nuestro ser y se
vuelve, en sus palabras, un “fenómeno de ser”, se la está entregando al
lector. “Una metáfora no debería ser más que un accidente de la
expresión y que es peligroso convertirla en pensamiento. La metáfora es
una falsa imagen, puesto que no tiene la virtud directa de una imagen
productora de expresión, formada en el ensueño hablado”, agrega Bachelard sobre esta cuestión. Se va a abordar más a fondo esto en el siguiente apartado.
Eslovenia y su literatura partisana
Con todo lo anteriormente dicho, se puede
abordar el eje de la literatura partisana, circunscribiéndola al
espacio de Eslovenia. Para entender bien esto, uno debe observar la
capacidad creativa existente entre los autores del bando partisano.
Claro está, para esto hay que conocer que:
La situación existencial en la que se
encontraban los participantes de la guerra —en los límites de sus
capacidades o incluso más allá de ellos— los impulsaba constantemente a
tensar al máximo su lenguaje. Es especialmente significativo que también
personas que normalmente no escribían poesía intentaron hacerlo, a
veces incluso en los mismos papeles en los que escribían informes
oficiales. Entre los partisanos se fomentaba de manera planificada la
creación de descripciones literarias de las experiencias en combate, en
forma de «reportajes artísticos», y también se difundió la escritura de
intentos dramáticos, aunque fuera en forma de simples sketches. (Vida
Brest escribió: «Cualquiera que supiera sostener una pluma, escribía
monólogos, basados en hechos reales.») No se trataba solo de un
estallido masivo de escritura, sino también de una prueba de sus
registros. En esta «explosión de la palabra escrita», la gente se dio
cuenta de que la palabra tenía un poder explosivo. (Komelj, 2009, p.
108)
Fue
el conflicto bélico lo que despertó voces que se expresaron en poemas,
cuentos, diarios o crónica. Si uno piensa en el mismísimo líder de los
partisanos, el mariscal Josip Broz Tito, fue popular su “juramento de
los combatientes de los destacamentos guerrilleros”:
Nosotros
los guerrilleros populares de Yugoslavia,
acudimos a las armas
para luchar implacablemente
contra los sanguinarios enemigos que han oprimido
a nuestro país
y que están exterminando a nuestros pueblos.
Juramos luchar disciplinada, tenaz y valerosamente,
sin reparar en nuestra sangre y vida,
hasta la total exterminación de los conquistadores
fascistas y de todos los traidores al pueblo. (Tito, 1966: p.31)
Son muchos los casos de aquellos que se
volcaron a la escritura en los años de combate. Por ese motivo, dejo en
este punto muy claro un factor: pensar la literatura partisana implica
un recorte significativo, con aquellas producciones que surgieron
durante los años de la Segunda Guerra Mundial, por escritores y poetas
que también participaban del movimiento partisano. Para pensarlo, el
foco está en tres autores: Matej Bor, Vida Brest y Milena Mohorič.
Aunque va a haber menciones a Karel Destovnik-Kajuh, la figura central
del movimiento partisano y de la poesía que representó esa poética.
Muchas de las cuestiones que van a tratarse a continuación pueden
pensarse con su obra, hecho que se va a ver reflejado en el futuro en mi
trabajo doctoral. Dejo este espacio a los tres antes nombrados, ya que
Kajuh está traducido al español gracias al trabajo de Julia Sarachu,
quien también se detiene en un análisis de sus textos (véase Sarachu,
2020, pp. 431-520). A su vez, algunos versos de France Balantič van a
intercalarse en el análisis, para ver una campana opuesta dentro de la
misma espacialidad. Balantič es uno de los exponentes centrales de la
poesía que se producía desde el bando de los domobranci.
Se
tiene un primer factor, el haber sido actor/a del combate. Haber
participado del conflicto. Existe un grado de experiencia en esa acción
que permite un uso de imágenes que van a pesar en la poética partisana. A
su vez, hay leyendas, tradiciones, hay canciones que se conocen, y como
nos dice M. Komelj: “Es característico que algunas canciones
partisanas realmente imitaran partes de canciones, vinculándolas con los
himnos revolucionarios del proletariado internacional” (Komelj,
2006, p. 452). Poema y canción comparten palabra en esloveno, “pesem”, y
es comprensible la relación. Pienso en la excelente elección de Julia
Sarachu al titular el libro de Kajuh La canción eslovena, que a
su vez es el poema que abre el libro y muestra la rebeldía y el deseo
de libertad. Si uno se detiene en este punto, antes de abordar los
aspectos clave para pensar la literatura partisana, vuelve una imagen
que es central para lo espacial y trae a colación Bachelard, que es la
de concha. El lugar que protege y apresa, donde se mezcla lo duro y lo
blando, donde hay una ambivalencia que se puede llevar al campo de la
resistencia: “La imaginación se elabora también sobre el tema de la
concha, además de la dialéctica de lo pequeño y de lo grande, la
dialéctica del ser libre y del ser encadenado; y ¡qué no puede esperarse
de un ser desencadenado!” (Bachelard, 2000, p. 108). Porque en ese
poema de Kajuh se critica la idea de ser sumisos que gimen como perros,
se busca acabar con la lógica de esclavo y propone una frente rebelde
en alto.
Esto
da pie al modo de pensar la literatura partisana. Cuando me refiero al
concepto, lo pienso en un tiempo determinado (la Segunda Guerra
Mundial), en un espacio determinado (Yugoslavia) con actores
determinados (los combatientes partisanos que desarrollaron una
producción literaria en ese período espacio-temporal). Para el presente
trabajo, se hace una salvedad y se reduce el espacio al territorio
esloveno. Eso no implica que no pueda analizarse los elementos que
conforman la poética partisana. Se trata de cinco características: lo
colectivo socializado, el elemento pedagógico, el rol histórico del
partisano, la afinidad del partisano con su tierra y la mímesis del
héroe partisano con su carácter trágico y político. Para no perder el
tiempo en definiciones académicas, algo que puede verse en otros
trabajos que he publicado, voy a mostrar con ejemplos estos rasgos, a la
vez que su asociación a la cuestión espacial antes definida.
Cuando se habla de lo colectivo
socializado, se alude al doble matiz del anonimato y el nosotros. Los
autores (como Kajuh, como Matej Bor) usan sus nombres de guerra, no se
sabe su nombre en muchos casos. El yo marca algo de lo íntimo, y el
espacio que construyen lo hacen desde el plural. Son el pueblo, el
nosotros que lucha. Hay otro caso en Eslovenia, el de Franc Rozman –
Stane, combatiente de origen esloveno, que lucho con el pueblo etíope
contra la ocupación italiana y en la Guerra Civil Española, hasta que en
1941 regresó a su patria para enfrentar a los enemigos. Tuvo uno de los
cargos más altos en el Frente de Liberación Nacional, llegando a
dirigir el Alto Mando del Ejército Partisano. Tenía el cargo militar de
Teniente General, era buscado por las tropas alemanas por sus logros en
batallas, y su cabeza tenía precio. Su muerte fue trágica, probando
armamento nuevo que les habían llegado. Pero su figura, sus logros, se
mantienen en una canción popular partisana que trascendió los años:
Comandante Stane
La brigada de las montañas se lanzó como un alud,
valiente su paso, en ninguna parte se detiene.
Por nuestra justa lucha, lleva al enemigo la derrota,
cada uno de nuestros pueblos se dio a los luchadores,
al frente de todos, en la lucha, marchaba el camarada Stane.
El opresor ya se paró sobre nuestros cuerpos,
profundamente las esperanzas quedaron enterradas.
Se levantó el pueblo esloveno con la rebelión cautiva,
y reunió, con su propia fuerza, un nuevo ejército,
cargó al asalto con nosotros el camarada Stane.
Banderas de guerra, ríndanles memoria,
después levántense al combate junto al ejército hasta Ljubljana.
Y todo el pueblo esloveno, agradecido, dedica
a sus héroes: que los celebren, los honren,
de victoria en victoria nos guio el camarada Stane.
Los elementos de lo colectivo inundan
esta canción: el pueblo esloveno, el nosotros, los luchadores, el plural
de lo que se socializa, se unifica para la lucha, más allá de
diferencias ideológicas o de origen. También aparece lo que se nombró
antes del nom de guerre. Pero se ve que son canciones que el
pueblo conoce. Van de boca en boca, son cantadas, a viva voz o a
escondidas. Y con esto, pienso en esa segunda característica, la de lo
pedagógico, ya que estos textos literarios, estas canciones, estos
poemas, se enseñan y enseñan. En Eslovenia podían entonar, en esos años,
“Comandante Stane”. Se conocía a Kajuh, se enseñaba en colegios. Vida
Brest, por dar otro ejemplo, estaba a cargo de una campaña de formación
en escuelas, contaba sus historias, enseñaba a niños lo que había
pasado. Pero en su producción hay un aspecto, un rasgo que no aparece
acá, pero va a abordarse en el futuro, y es que hay muchos poemas donde
la escuela es el espacio de la acción. M. Komelj cuenta una anécdota
sobre esta autora, que además de poeta fue educadora, editora y
periodista. El crítico de arte nos dice que Brest oyó una vez a una
mujer campesina, que iba encorvada y, seguramente, era analfabeta, que
iba cantando una canción partisana. La particularidad es que la melodía
de esta canción, que hablaba sobre un partisano muerto, era de una vieja
canción religiosa. Completa este tema Komelj cuando cuenta un episodio
de la juventud de V. Brest, en el que envió un poema para publicar a una
revista, y uno de los versos era “Naš čolnič otmimo” (“Nosotros
tomamos nuestro barquito”). En el poema se lee que “Ese pequeño, pero
fuerte barco, / nuestro querido hogar, en él nuestra valiente estirpe;
/el mar extraño lo embiste con fuerza, quiere devorarlo en sus ansiosas
profundidades. / Dios proteja este barco, / ¡Dios proteja nuestra
estirpe!” La patria está ligada a Dios, que la protege, que le da
refugio, pensando de nuevo lo antes dicho en relación a Bachelard. Simon
Gregorčič fue un símbolo de la resistencia y la lucha, de la mano del
mandato religioso cristiano (para ver mejor esto, es recomendada la
lectura de El imán del poeta, de Gregorčič, traducido por Julia
Sarachu para la editorial Gog y Magog). Le respondieron después que el
poema fue publicado, sin problemas ni correcciones…solo que se había
cambiado el título y el verso antes mencionado “¿sabes por qué? Seguro
que has leído a Gregorčič, ¿no?” (Komelj, 2009, p. 452-453). Había que
tomar precauciones, lo religioso era algo ya aprendido por muchos, y
debe enseñarse el nuevo hombre en el socialismo. Este aspecto lleva a
modificar conceptos como el de resurrección para pensarlo como nuevo
comienzo, algo propio de lo revolucionario.
Al
pensar en el rol didáctico-pedagógico, imagino lo que pasa con lo
religioso y la ideología comunista. De la mano a la categoría anterior,
hay que pensar en el rol histórico de los partisanos. Su lugar en el
momento, cuál su lugar en la historia. Cuando se nombraron a los autores
partisanos, se los piensa en su rol como combatientes, como exponentes
de la resistencia en el territorio ¿Por qué la aclaración? No todo
combatiente que estuvo de la Segunda Guerra Mundial, en el territorio
esloveno, y que produjo una obra literaria en ese momento, puede
pensarse como partisano. Tal es el caso de France Balantič, quien era un
joven que formó parte de los socialistas cristianos o “Cruzados” (križarji),
jóvenes que criticaban la alienación de parte de la iglesia con el
fascismo. Llega a estar cercano al Frente de Liberación Nacional, aunque
en 1942 fue arrestado y enviado al campo de Gonars. Al salir de ahí,
cambió su postura y primero se acercó a las guardias rurales, para luego
sumarse al bando Domobranci. No era una persona cercana al
mundo militar, pero tenía una postura fuertemente anticomunista, y por
su amigo France Kremžar, comandante de la Guardia Nacional, se une a
este grupo. Su producción se conserva en el libro V ognju groze plapolam (En el fuego del horror ardo),
y su muerte joven, en una emboscada partisana, con solo 21 años, no
permitió que se conozca más de su trabajo. Si pensamos algunos de sus
poemas, se ve el peso religioso. En “Sacrum delirium”, uno lee “Y mi
rostro está deformado por los vientos, / los campos todos los días
desde un extremo hasta el otro / como almas desnudas, que van hacia su
casa”. Puede verse ahí que hay un regreso al hogar, un tema
recurrente en la poética espacial partisana, pero con un peso en lo
religioso. El regreso a su casa suena a un mundo en el más allá, a Dios
como intermediario del futuro. En su poema “No encuentro el hogar”,
vuelve a esto, pero la metáfora pesa sobre la imagen, y al
prefabricarla, le da una intención distinta que la de la poética de los
combatientes partisanos. Incluso, es muy bucólica, no es esa afinidad
con la tierra que conocen los partisanos, sino que es el campo
idealizado, es pensar en la naturaleza por sobre las personas y los
males que la rodean. Lo idílico muestra un mundo otro, mientras que los
partisanos luchan por el ahora y por lo que va a venir. Incluso, habla
de ciclamen, algo muy de la zona, una flor propia de Europa Central, una
referencia a su patria y su naturaleza, que traemos al español como
“violeta de los Alpes”, pero estamos ante una flora europea de origen.
Vida Brest es un buen contrapunto, ella nos dice en un poema: “Lanzaban gritos de alegría, marchando y cantando, / y el sol brillaba en su camino”, y vemos una naturaleza que abriga, da calor, acompaña al combatiente.
La
pedagogía de los partisanos habla de combatir, habla de reverenciar a
los caídos, apoyar la lucha. Conoce su territorio, lo cuenta como
imagen, de forma directa, con el riesgo de perder el peso de la imagen
al demostrar que lo ama (Bachelard, 2000, p. 108). Los domobranci,
por su parte, defienden un lema que dice “En el nombre de las heridas
de Cristo, partisano, tenés que morir”. Hay hechos en común, pero
también notables diferencias. Los partisanos buscan expulsar al enemigo
agresor de su tierra, la Guardia Nacional busca exterminar el comunismo.
Ambos comparten lo trágico, que se nombró antes, pero en distintos
grados. Lo trágico, la madre, el hogar, son imágenes que vuelven en
todas estas obras, pero la madre partisana sufre y da amor. Es un
ejemplo de esa mímesis del héroe, con el matiz trágico y con la realidad
poética. En Brest, vemos que la madre se entera del destino del hijo,
pero acepta la situación y da su corazón y su abrigo a otros
combatientes. Por su parte, Balantič nos dice que “sos mi Madre, mi
linaje proviene de vos, /aceptame, sé que no querés promesas engañosas,
/el fin está cerca, escuchá, el perro ladra en la lejanía”.
Metáfora sobre imagen, esa lejanía que pesa aun más en el campo de
batalla. En la literatura partisana, todo es más directo, las madres son
“nuestras sufrientes”, que “llevan en sí moribundos, muertos”, y
también son seres fuertes, que resisten y quedan para los demás, que
escuchan a sus hijos decir que “es lindo, sabés, mamá, es lindo vivir, /pero por lo que morí, quisiera una vez más morir” (Kajuh, 2017, pp. 119 y 121).
La
patria está en las dos poéticas, la de Balantič y la de los
combatientes partisanos. Hay un peso extra, particular, que nos hace
pensar las obras de los partisanos, con las características antes
expuestas y que se justificaron con ejemplos. Hay una defensa de la
tierra, y un ideal de rebelión, de revolución, que siempre subsiste. Lo
revolucionario como nuevo origen y como nuevo estado socialista a
formar. Se puede leer sobre esto:
Cuando
la situación revolucionaria de 1941 puso en el orden del día también la
cuestión de la revolución cultural, la cuestión de la conexión entre el
arte y la revolución se planteó de dos maneras. Cuando Matej Bor se
presentó de manera declarativa como «poeta revolucionario», tuvo que
enfrentarse, si quería ser fiel a esta definición, a dos tareas: cómo
integrar la poesía en el flujo de la revolución y cómo introducir la
revolución en la poesía. Así, el joven Jurij Gustinčič, poco antes de la
guerra, escribió sobre Mayakovski en un artículo titulado «Misli
Vladimira Majakovskega», publicado en la revista Sodobnost de Ljubljana:
«Revolucionó la poesía hasta entonces, introdujo la revolución en ella.» (Komelj, 2009, 433)
De ahí ese epígrafe inicial de Matej Bor,
donde el poeta es un soldado, donde la lucha es el fusil, pero también
la causa, la formación del pueblo, la construcción de una nueva
tradición y una nueva nación. El poeta ha de ser un revolucionario, como
leemos en el poema citado, “Mi mensajero secreto”, de su libro escrito
durante la guerra y publicado de manera ilegal Previharimo viharje (Atravesemos las tormentas). Se cierra con esa idea de Poética del espacio
(Bachelard, 2000, p. 178) que muestra la resonancia del espacio de la
intimidad y el espacio del mundo, hecho que puede resumirse en unos
versos de Vida Brest: “En las montañas, valles / sembramos vida, / llevamos la resurrección / para los días felices de todos nosotros”.
Como se había dicho, se toma la resurrección, aunque el término se
carga de otra semántica. Así como en su diálogo con Gregorčič, ahora se
emplea lo religioso, acá sí con una metáfora, pero con un sentido que es
entendido con todo el pueblo: un renacer, en otra fe común, que los
hace a todos iguales, una Eslovenia socialista.
Bibliografía
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TITO, Josip B. (1966). Obras militares escogidas (Radivoj Nikolić trad.). Vojnoizdavački zavod: Belgrado.
Anexo de traducciones
VIDA BREST
Mati padlega partizana
Vse dni sem čakala in vse noči,
da prideš spet domov iz host,
da pošlješ mi pozdrav morda.
Ne veš, kaj pretočila sem solza
odkar tako ste me pustili samo.
Sinoči je potrkal sosed Peter
drobno na okno, ko je mimo šel.
Vesel je bil. Ko sem vprašala zate,
zresnil se je in prebledel.
Tako sem zvedela, da več ne bo te
in da bom sama svoje žive dni.
Tako junaški, močni so hiteli
ti naši mladi fantje danes tod.
Glasno so vriskali, gredoč in peli
in sonce je sijalo jim na pot.
Pa sem prinesla kruha jim in vina,
kot včasih tebi, ko si bil doma.
Spi, mirno spi, ti moj junak najmlajši,
če tebe več ne more greti,
in te predramiti iz sna,
stotere druge grela bo
ljubezen mojega srca.
La madre del partisano caído
Esperaba todos los días y todas las noches,
que vuelvas otra vez a casa desde el hospital,
que quizás me mandés saludos.
No sabés cuántas lágrimas derramé
desde que ustedes me dejaron sola.
Anoche pasó el vecino Pedro
llamó suavemente a la ventana.
Estaba feliz. Cuando pregunté por vos,
se puso serio y palideció.
Así me enteré de que ya no vas a estar
y que los demás días de mi vida voy a estar sola.
Tan heroicos y fuertes se iban
nuestros jóvenes muchachos hoy de acá.
Lanzaban gritos de alegría, marchando y cantando,
y el sol brillaba en su camino.
Y les llevé pan y vino,
como a vos cuando estabas en casa.
Descansá, descansá en paz, vos, mi héroe más joven;
si ya no puede darte calor
ni despertarte de tu sueño,
a otros cientos va a dar calor
el amor de mi corazón.
Pismo bratu – partisanu
Na rami puško, z bombami ob boku
namerjaš, brat moj, v temno noč korak.
Rdeča Zvezda ti žari na kapi,
oči sijočih ne kali oblak.
Poslušaj brat moj, sestre naročilo:
sirote zrl boš s solzami v očeh.
Otri solze in upanje prižgi jim,
na lica bleda zvabi jim nasmeh!
Trde bodi, brat, brezčuten kakor skala,
ko blagor doma kliče na udar!
Naj tvoja kri poji tla očetnjave,
kloniti pa ne smeš nikdar!
Carta al hermano — al partisano
Con el rifle al hombro, con bombas en el flanco,
apuntás tu paso, hermano mío, hacia la oscura noche.
La Estrella Roja te brilla en la gorra
y tus ojos resplandecientes las nubes no empañan.
Escuchá, hermano mío, el encargo de la hermana:
vas a mirar huérfanos con lágrimas en los ojos.
Enjuagá las lágrimas y encendé en ellos la esperanza,
a sus rostros pálidos atraé las sonrisas.
Sé firme, hermano, insensible como una piedra,
cuando la gloria de la patria llame a la batalla.
Que tu sangre dé de beber a la tierra patria,
¡pero no debés inclinarte jamás!
Partizani
Mi nosimo svobodo v svet!
Brnenje avijonov,
pretenje milijonov
ne ustavi naš polet!
Mi nosimo vsem sonca svit
med suženjstva temine,
grobove, razvaline—
Slovan je robstva sit!
Sejalci smo. V gorah doleh
mi sejamo življenje,
mi nosimo vstajenje
za sreče dni nas vseh.
Partisanos
¡Llevamos libertad al mundo!
El zumbido de los aviones,
la amenaza de millones
no detiene nuestro vuelo.
Llevamos a todos la luz del sol
entre la oscuridad de la esclavitud,
de las tumbas, de las ruinas—
¡el eslavo está cansado de la esclavitud!
Somos sembradores. En las montañas, valles
sembramos vida,
llevamos la resurrección
para los días felices de todos nosotros.
MATEJ BOR
Gazimo, gazimo
Gazimo gazimo v belo mečavo,
kmalu snega bo do uhljev in čez.
Gazimo gazimo. Kaj če na glavo
bi nataknili si kučme z dreves?
Gazimo gazimo. Tjakaj čez Savo
drevi hudič nas vabi na ples.
Gazimo gazimo. A kdo pred nami
v strmih lazeh in robeh se smeji?
Kdo s karabinko nabito na rami,
kdo v bregove tako hiti?
Gazimo gazimo. Tamkaj pred nami
v metež zavit in somračje gor
opleta, pretika se med vejami
na dolgih, majavih nogah — Upor.
Caminamos, caminamos en la nieve
Caminamos, caminamos en la ventisca blanca,
pronto la nieve va a llegar hasta las orejas y más allá.
Caminamos, caminamos en la nieve ¿Qué tal si nos
ponemos en la cabeza una gorra hecha de árboles?
Caminamos, caminamos en la nieve. Ahí, más allá del Sava,
esta noche el diablo nos invita a bailar.
Caminamos, caminamos en la nieve. Pero ¿quién se /ríe
delante nuestro en los empinados senderos y laderas?
¿Quién con una carabina cargada en el hombro,
quién se apura tanto en las pendientes?
Caminamos, caminamos en la nieve. Ahí, adelante /nuestro,
en el torbellino que la envuelve, la oscuridad /arriba
se agita, se desliza entre las ramas
con sus largas y tambaleantes piernas — La Rebelión.
MILENA MOHORIČ
Te temne gore
Te temne gore, to so sestre tvoje. —
Spreminja na pobočjih se zelenje,
obdaja me čebel in trav šumenje,
zasipa cvetje me in vonji hoje.
Le tebe iščem — in nobena vest
ne pride k meni ne z gora ne s cest.
Vse prazne so, nad njimi gozd šumi.
Samotna si ponavljam: tebe ni.
Estas oscuras montañas
Estas oscuras montañas, esas son tus hermanas.
Se transforma en las laderas el verdor,
me rodea el murmullo de abejas y hierbas,
las flores me cubren y los olores al andar.
Solo a vos te busco, y ninguna noticia
me llega ni desde las montañas ni desde los caminos.
Todas están vacías, sobre ellas susurra el bosque.
Sola repito: no estás.
Kje si?
V gnečni dreves
samotno drevo,
k soncu bi šlo
iz sence zaves.
In sredi temin,
v reki ljudi,
tesnoba preži.
O, kje si, moj sin?
¿Dónde estás?
En la muchedumbre de árboles
uno solo, solitario,
iría hacia el sol
desde las sombras de la cortina.
Y en medio de la oscuridad,
en el río de gente,
la angustia acecha.
¡Oh, dónde estás, hijo mío!
Božična pesem
(Francki in Mimi, Rab, 1942)
Ve sestre, k vam obrača se nocoj.
Tako preplavila me je bolest,
da več ne slutim, kje namen je moj,
da zdi končana naša se povest.
Podajte mi roko, da jo poljubim,
in z žuljev spet napijem se moči,
o dajte, da življenje v vas spet vzljubim,
ki niste omagale še sred noči.
Poglejte to obsekano drevo,
ki več nikoli ne zazeleni,
tako mi sonce nade je zašlo
in razdejani so nekdanji sni.
V tišino sem bolesti vsa zajeta
in prisluškujem le korakom zla.
Mladostna pesem moja je izpeta,
razbita ladja k bregu ne vesla.
Canción de Navidad
(Francki y Mimi, Rab, 1942)
Hermanas, a ustedes vuelve esta noche.
Tanto me inundó la enfermedad,
que ya no presiento cuál es mi destino,
que parece terminada nuestra historia.
Denme sus manos para besarlas,
y otra vez bebo fuerzas de las ampollas,
¡Oh, denme! Me enamoro otra vez de la vida en /ustedes,
que aún no sucumbieron en medio de la noche.
Miren este árbol talado,
que nunca más va a verdear,
así se puso el sol de mis esperanzas,
y están destruidos mis sueños de antaño.
En el silencio estoy presa del dolor por completo
y solamente escucho atenta los pasos del mal.
Mi canción juvenil ya se cantó,
un barco roto no rema hacia la orilla.
FRANCE BALANTIČ
Ne najdem domov
Oblaki diše kot ciklamni,
bori neba so temni zaliv,
v njih potopljeni kot kamni
so ptiči, tiho padajo v sen.
Ne najdem domov in poln sem medu
kakor žametna drobna čebela,
rumene so roke od prahu,
nazaj ga bom stresel med rože.
No encuentro el hogar
Las nubes huelen a violetas de los Alpes,
los pinos del cielo son una negra bahía
sumergidos en ellos como piedras
están los pájaros, que calmos caen en el sueño.
No encuentro el hogar y estoy lleno de miel
como una pequeña abeja de terciopelo
amarillas están las manos de polen
voy a lanzarlo otra vez sobre las flores.
Notas
[1]
Para ver mejor lo que sucede en Serbia, Croacia y Montenegro, ya sea
con el poder de turno ligado al nazismo o los vínculos con los grupos
étnicos germánicos de cada país, véase Calic, 2019 a, p. 129.
Fuente: Eslavia, nº 17. Junio 2026