domingo, 14 de junio de 2026

"FÉNIX", DE RAÚL MARTÍNEZ, EN EL 98 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CHE GUEVARA

 
Fénix
Raúl Martínez
1968
Óleo sobre tela
200 x 160 cm
Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba 

Ernesto Che Guevara forma parte del repertorio de imágenes de héroes de la historia de la nación cubana. Él, con particular énfasis, ha acompañado a todos durante las últimas seis décadas y su rostro hermoso, inspirador, valiente y soñador a la vez, se ha convertido en símbolo de dimensión universal.

Su figura legendaria ha seducido a un elevado número de artistas, quienes los han representado desde diferentes recursos expresivos. Un ejemplo insoslayable ha sido la recurrencia que este tema tuvo en la obra de Raúl Martínez; especialmente en los tiempos en que el artista concentró toda su atención en la experimentación con las figuras de Martí, Fidel y el Che.      

Para lograr su propósito de dimensionar la trascendencia de sus personajes, Martínez se apoyó en el abanico de posibilidades expresivas que el Pop Art le ofrecía; con discretos giros expresionistas. Desde un acentuado énfasis, acudió a los particulares estilos de Andy Wharol y Roy Fox Lichtenstein, quienes desempeñaron notables roles en el nacimiento y desarrollo del Pop Art.

El también fundador de Radio Rebelde fue representado por Raúl Martínez desde la gráfica y la pintura sobre papel o en telas de amplios formatos, en los que supo inmortalizar la anchura que el héroe reclamaba. Es constatable que cada pintura o impresión sobre Guevara, pensada por este artista representativo de los momentos épicos de los sesenta, resulta un ejercicio de excelencia, un efecto dinamizador de la luz que Che Guevara siempre irradia. Raúl captó los matices del guerrillero desde diferentes ángulos y actitudes, al tiempo que conjugó con habilidad y destreza los recursos cromáticos precisos para cada uno de sus bocetos.

Una personalidad tan atrayente como Che, le permitió al pintor de Fénix construir una iconografía que dimensionara al hombre convertido en el mito del siglo XX, desde el pensamiento y, también desde el arte. Gracias a esa prolífera obra; actualmente, el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana cuenta con uno de los más importantes conjuntos de piezas de tema guevariano, catalogado por los prestigiosos curadores Roberto Cobas Amate y Corina Matamoros Tuma. En 2012, Corina resumió sus estudios sobre Raúl en el libro: Raúl Martínez. La Gran Familia[1], donde valora el peso que “El hombre de la boina eterna” ocupó en la poética de este artista.

El óleo sobre cartón Dos figuras y el Che de 1978; la serigrafía Seremos como el Che de 1979 y el conocido óleo sobre tela: Fénix de 1968, explican la versatilidad y dimensión del Comandante de la Sierra Maestra integrado al pueblo, al pionero que le rinde permanente tributo y su dimensión infinita en el América Latina.  

Nota:

[1] Matamoros, Tuma Corina: Raúl Martínez. La Gran Familia. Ediciones vanguardia cubana, 2012, p. 17.

 Fuente: Cubarte

                                                

                                                               Seremos como el Che, 1979. Serigrafía/cartulina; 634.00 x 463.00 MM. Col. MNBA

Dos figuras y el Che, 1978. Óleo/cartón, Col. MNBA

sábado, 13 de junio de 2026

"LOS ÁNGELES NEGROS", PELICULA DE LA REPÚBLICA POPULAR DE BULGARIA DIRIGIDA POR VULO RADEV

Título: Los Ángeles Negros
Título orginal: Chernite angeli
Pais: Bulgaria 
Director: Vulo Radev 
Año: 1970
Guionistas Mitka Grybcheva novela "V imeto na naroda" y Vulo Radev 
Reparto: Stefan Danailov, Dorotea Toncheva, Violeta Gindeva, Iossif Surchadzhiev, Dobrinka Stankova, Marin Mladenov, Andrey Chaprazov, Svetozar Nedelchev, Slavcho Mitev, Veljo Goranov 
Compositor: Simeon Pironkov

La película está basada en las memorias «En nombre del pueblo» de Mitka Grybcheva, una activista de la resistencia antifascista. La acción tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial y revela el fuerte enfrentamiento entre el poder policial y las fuerzas de resistencia, encabezadas por el Partido Comunista de Bulgaria. Estamos en un momento en el que, «en nombre del pueblo», los combatientes están creando grupos de combate clandestinos, que castigan con la muerte a sus oponentes políticos. Los personajes de la película están especialmente entrenados para este propósito: jóvenes, miembros de uno de esos grupos de combate. En el contexto de su arriesgada tarea, cuya ejecución deben pagar con sus propias vidas, destacan todas las facetas de sus personajes. Ante la muerte, revelan sus mundos íntimos, sus impulsos juveniles no realizados que han sido sacrificados en nombre de mandamientos distintos de los Diez Mandamientos cristianos.

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

jueves, 11 de junio de 2026

MUERE A LOS 85 AÑOS LA ACTRIZ LUDMILA CHURSINA, ARTISTA DEL PUEBLO DE LA URSS EN 1981

 

La actriz Ludmila Chursina, una de las grandes estrellas del cine y el teatro soviéticos, ha fallecido a la edad de 85 años. La información fue confirmada por la página web del Centralny Akademichesky Teatr Rossiyskoy Armii, donde trabajaba.

“Siempre con tristeza os informamos que, después de una larga enfermedad, nos ha dejado la actriz popular de la URSS Ludmila Alekseyevna Chursina. Amada por millones de espectadores, única e incomparable, una verdadera heroína, una gran actriz dramática rusa”, dice el comunicado del teatro. 

Ludmila Alekseyevna nació el 20 de julio de 1941 en la ciudad de Stalinabad, hoy Dushanbe, en Tayikistán, entonces parte de la República Socialista Soviética de Tayikistán. Terminó la secundaria con una medalla de oro. Su debut cinematográfico tuvo lugar en 1961, en las películas “Dos vidas” y “Cuando los árboles eran grandes”. 

En 1963 se graduó en la Escuela de Teatro Shchukin, en la clase de Leonid Shikhmator. Ese mismo año ingresó al Teatro Vakhtangov. Durante el rodaje de “La historia de Don”, se casó con el director Vladimir Fetin y se mudó con él a Leningrado, donde vivió durante 15 años. A partir de 1965 se incorporó al elenco del estudio Lenfilm.

Hasta mediados de los años 1970, Chursina se centró exclusivamente en el cine. En 1974, regresó a los escenarios como actriz en el Teatro Dramático Académico Pushkin de Leningrado. Desde 1984 forma parte del elenco del Teatro del Ejército.

En los últimos años, Lyudmila Alekseeevna casi no protagoniza las películas (excepto la serie “Goryachev y otros”, “Graphinya” y “Hagai Tragger”) y se dedicó por completo al teatro. 

Participó en más de cincuenta películas y programas de televisión desde 1962. Fue galardonada con la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 1969, por su papel en la película "La pequeña grulla". En 1981 fue miembro del jurado en el 12º Festival Internacional de Cine de Moscú.

Con cuarenta años, se convirtió en la actriz más joven en recibir el título de Artista del Pueblo de la URSS.

Filmografía (parcial)

  • Cuando los árboles eran grandes (Kogda derevya byli bolshimi), de Lev Kulidzhanov (1961)
  • El año más largo (God kak zhizn), de Grigori Roshal (1966)
  • La nebulosa de Andrómeda (Tumannost Andromedy), de Yevgeni Sherstobitov (1967)
  • Virineya, de Vladimir Fetin (1968)
  • La pequeña grulla, de Nikolai Moskalenko (1968)
  • Adiutant ego prevoskhoditelstva, de Yevgeny Tashkov (1969)
  • Goya – oder der arge Weg der Erkenntnis, de Konrad Wolf (1971)
  • Olesya, de Boris Ivchenko (1971)
  • Skaz pro to, kak tsar Piotr arapa jenil, de Alexander Mitta (1976)
  • Rus iznachalnaya, de Gennadi Vasilyev (1985)

Fuente: MixVale y otros 

miércoles, 10 de junio de 2026

REPORTAJE "REPÚBLICA ROJA" (1934), DE MARGARET BOURKE-WHITE

"REPÚBLICA ROJA", DE MARGARET BOURKE-WHITE 

Este cortometraje, "Red Republic", data de 1934, pero fue reestrenado décadas después. Fue filmado por la célebre fotógrafa Margaret Bourke-White y se considera su primer (y último) intento en el cine. La película fue posible gracias a una donación de 20 000 pies de película por parte de Kodak. Bourke-White fue una fotógrafa estadounidense, especializada en fotografía documental.

Era una mujer de izquierdas que hizo varios viajes a la antigua Unión Soviética (URSS). En 1930 fue la primera fotógrafa occidental a la que se le permitió fotografiar la industria soviética durante el primer plan quinquenal de la Unión Soviética. En 1931 publicó Eyes on Russia.  

Esta película forma parte del archivo de Periscope Film LLC. Debe seleccionarse el español como lengua del vídeo en Youtube. 

martes, 9 de junio de 2026

SINFONÍA Nº 16 DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO JANIS IVANOVS, ARTISTA DEL PUEBLO DE LA URSS EN 1965

 

SINFONÍA Nº 16 DE JANIS IVANOVS COMPUESTA EN 1974, AL COMIENZO DE LA ERA DE BREZHNEV, EN LA QUE MUCHOS BÁLTICOS DEPOSITARON GRANDES ESPERANZAS

Ivanovs fue nombrado Artista del Pueblo de la República Socialista Soviética de Letonia en 1956 y Artista del Pueblo de la URSS en 1965, recibió el Premio Estatal de la URSS en 1950 y el Premio Estatal de la República Socialista Soviética de Letonia en 1959 y 1970.

La “Sinfonía Nº 16" fue compuesta entre 1973 y 1974 y según dice el compositor es una sinfonía de las luchas, pero con una concepción más optimista de la vida

El primer movimiento, moderato, allegro moderato, construido en forma sonata posee un primer elemento lírico de extraña belleza, que contrasta con el segundo tema más dinámico y agresivo como expresión de la lucha.

El segundo movimiento, allegro, posee un ritmo dinámico como corresponde al scherzo. Contrasta el trío con su música algo más relajada.

El tercer movimiento, andante, pesante, nos presenta un tema lento de carácter dramático constituyendo el núcleo central de la obra. Construido en forma de arco llega en la parte central a su máxima expresión.

El cuarto movimiento, allegro moderato, es de carácter vivo con un primer tema bastante agresivo y un contra tema más relajado, que nos conduce a un final lleno de esperanza. El estilo de Ivanovs se va volviendo menos duro en su última época.

Fuente: Historia de la Sinfonía 

lunes, 8 de junio de 2026

"¡EREVÁN HABLA!" - LA HISTORIA DE LA RADIODIFUSIÓN KURDA DESDE ARMENIA

Estudiantes de la Universidad Estatal de Armenia escuchan una transmisión en Radio Ereván. Cortesía del archivo de la familia Jalil. 

Gayane Ghazaryan es una periodista armenia radicada en Ereván. Su trabajo se centra en los estudios de la memoria y las cuestiones socioculturales. Su principal interés de investigación es la historia de Radio Ereván, una emisora ​​de radio kurda que operó en Armenia desde 1955 hasta mediados de la década de 1990. Publicamos una traducción de su artículo , publicado en la plataforma Ajam , que abarca las culturas de Asia Occidental, Central y Meridional. El material se publica con pequeñas adaptaciones.

«Êrêvan xeberdide!» («¡Ereván habla!») fueron las primeras palabras en kurdo que se escucharon en la Radio Pública de Armenia en 1955. Conocida fuera del país como «Radio Yerevan», ayudó a miles de kurdos a mantener el contacto con su cultura en la segunda mitad del siglo XX, un período en el que la identidad kurda era ampliamente negada y la publicación y la educación en kurdo estaban prohibidas en muchos países de Oriente Medio.

La decisión de lanzar programación en kurdo fue impuesta desde arriba y tomada por el Comité Central del Partido Comunista, pero Radio Ereván se fundó principalmente gracias a Jasme Jalil (un poeta kurdo soviético internacionalista), su familia y su colaboración con kurdos y armenios locales. La historia de Radio Ereván está estrechamente ligada a la historia de la familia Jalil.


Jasme Jalil. Archivos de la familia Jalil. 
 
Aunque he vivido en Ereván la mayor parte de mi vida, no supe de esta emisora ​​de radio hasta 2017, cuando un amigo cercano de Estambul me envió la canción kurda "Leylo Xanê", grabada en Ereván hace décadas.

Para mí, esta canción se convirtió en una ventana a través de la cual descubrí gradualmente la vasta riqueza cultural y el amplio legado de grabaciones de audio creadas por los kurdos en Armenia. La historia de Radio Ereván también es singular, ya que constituye uno de los pocos ejemplos de interacción armenio-kurda que no se asocia con la violencia ni el antagonismo mutuo, sino con una estrecha cooperación y amistad. 

De Kars a Ereván: La historia de Kasim Jalil

El padre de Jemila Jalil, Jasme Jalil, fue el primero de la familia en emigrar a lo que hoy es Armenia. Poeta, traductor y maestro, nació en 1908 en el seno de una familia kurda yazidí en la aldea de Gkhzl-Ghula (en armenio: Ղզլ-Ղուլա; en turco: Kızılkule), en la región de Kars (entonces parte del Imperio ruso), y perteneció a la llamada "generación huérfana". 

Tenía alrededor de diez años cuando su familia decidió huir de la ola de persecución contra armenios, yazidíes, asirios y griegos que comenzó en el Imperio Otomano. Estos acontecimientos, conocidos como el Genocidio, cobraron la vida de más de 1,5 millones de personas y afectaron a numerosos grupos étnicos y religiosos, incluidos los yazidíes, a quienes pertenecía Jasmeh Jalil.

Cuando llegó a la frontera otomano-rusa (en lo que hoy es Armenia), toda su familia ya había sido asesinada, a excepción de su tía paterna, quien lo ayudó a cruzar el río. Encontró refugio en un orfanato en Gyumri (conocido como Alexandropol entre 1837 y 1924), que albergaba a miles de niños que habían sobrevivido al genocidio.


Edificio de la Radio Pública de Armenia. Archivo de la familia Jalil.
 
Tras pasar su adolescencia en orfanatos de Gyumri y Stepanavan, Jasme, al igual que muchos de sus compañeros, se trasladó a Ereván para estudiar y trabajar. Para entonces, el Imperio ruso ya se había transformado en la Unión Soviética, y Ereván se convirtió en la capital de la Armenia soviética.

Kasime siempre se sintió atraído por la educación, especialmente por la literatura. Nunca olvidó su lengua materna, el kurdo, pero rápidamente dominó el armenio y el ruso, continuando su formación en Tiflis y Bakú (1927-1931). De regreso a Ereván, se matriculó en la Universidad Pedagógica Estatal de Armenia (fundada en 1922) y comenzó a escribir poesía.

Sus primeros trabajos se publicaron en el periódico kurdo «Rya Teze» («Nuevo Camino»). Escribía en kurmanji (una de las lenguas habladas en Kurdistán), así como en armenio y ruso. Su poesía se distinguía por su sinceridad y calidez lírica, a menudo dedicada al amor y a la naturaleza. Al graduarse de la universidad, ya era miembro de la Unión de Escritores y, como señala su hija, «mantenía excelentes relaciones con la intelectualidad armenia de la época».

La radio como resistencia cultural

En 1954, Jasmeh se convirtió en jefe de la redacción kurda de Radio Ereván. La histórica primera emisión tuvo lugar el 1 de enero de 1955. Inicialmente, los programas se emitían tres veces por semana, duraban 15 minutos y servían como herramienta de propaganda para el Partido Comunista. 

Tras haber fracasado en su intento de ampliar la programación cultural de la radio, Jasme lo intentó de nuevo y finalmente convenció a la dirección de la emisora ​​para que permitiera la emisión de canciones kurdas al final de cada programa, durante al menos dos minutos.

Tras obtener el permiso, Jasmeh viajó a la ciudad de Talin, en la parte occidental de la provincia armenia de Aragatsotn, que se había convertido en refugio para muchos refugiados durante el Genocidio. Allí, le pidió a Shamileh Bako —originaria de Kars y yazidí como él— que lo acompañara a Ereván para grabar su primera composición. Bako aceptó encantado. No solo tocó la melodía kurda con el duduk, sino que además la bautizó como «Casko», un apodo cariñoso para Jasmeh.


Jasme y Jemila Jalil. Archivo de la familia Jalil. 

Durante sus años trabajando en la radio (1954-1964), Jasme realizó más de 700 grabaciones, sentando las bases del mayor archivo de audio kurdo de la URSS. La censura era bastante estricta: las letras de las canciones a menudo debían traducirse del kurdo y el armenio al ruso, y los temas religiosos estaban prohibidos. Pero, como recuerda Jemila, la hija de Jasme, «si una melodía, incluso con temas religiosos, era hermosa, encontrábamos la manera de emitirla».

Las emisiones de radio kurdas se hicieron increíblemente populares: los oyentes inundaron la redacción con cartas pidiendo que pusieran sus canciones favoritas. La gente se reunía alrededor de la radio para escuchar el último programa. 

Los músicos y los "dengbejs" (cantantes y narradores kurdos), que vivían principalmente en las regiones de Armavir y Aragatsotn, eran cada vez más comunes, pero encontrarles alojamiento suponía un reto aparte. La familia Jalil los acogió en su casa. Su apartamento en Ereván se convirtió de hecho en un centro cultural. "Traían consigo el aroma del pueblo: a estiércol y tandoor", recuerda Jemila.

Continuando con el legado

Los hijos de Jasme —Jemila, Jalile, Ordikhane y Zine— decidieron continuar con la labor de su padre.

Ordikhane Jalil, quien fue el primer presentador de los programas de radio en idioma kurdo en Radio Ereván, estudió filología y dirigió el Departamento de Estudios Kurdos en la Universidad de Leningrado. En 1959, se estableció un departamento kurdo en el Instituto de los Pueblos de Asia de la Academia de Ciencias de la URSS en Leningrado, dirigido por Hovsep Orbeli, una figura pública soviética y erudito de ascendencia armenia.

Cemilah Jalil se dedicó al estudio de la música folclórica kurda. En 1967 se incorporó oficialmente a la radio para gestionar el archivo musical y programar las emisiones. Creó nuevos arreglos de canciones antiguas y también desarrolló y coordinó sus propios programas. El más popular de ellos fue «Buzón Musical» (conocido en armenio como «Buzón Musical »).

Hablé de compositores clásicos, de compositores armenios, especialmente de aquellos que estaban relacionados con la música kurda, como Komitas, Aram Khachaturian, Spiridon Melikyan y Srbuhi Lisitsyan”, recordó.

Además de su trabajo principal en la radio, Jemila también realizaba trabajo de campo. Viajando por diversas regiones de Armenia, grababa canciones folclóricas kurdas con una grabadora portátil y transcribía las letras a mano. 

En la década de 1990, tras el colapso de la URSS, casi toda la redacción kurda —trece personas— abandonó Armenia. Entre quienes se quedaron estaban la Sra. Cemila y Keremi Seyyad, uno de los presentadores. Recordando aquellos años, la Sra. Cemila dijo:

"Fueron tiempos difíciles. Los aldeanos querían venir a Ereván para grabar canciones nuevas, pero ni siquiera teníamos cintas de casete. No quería decepcionarlos, así que reutilicé grabaciones antiguas o grabé todo en mi grabadora de casete."

Cemila trabajó en la radio durante treinta y cinco años, hasta 2002, añadiendo miles de nuevas grabaciones al archivo. Muchas de ellas ya han sido digitalizadas y publicadas en CD como parte de la colección de cinco volúmenes Stran û Awazên Kurdî (Canciones y melodías kurdas). Cada volumen contiene canciones emitidas por Radio Ereván, sus letras y partituras, transcritas y arregladas por Cemila durante su trabajo de campo. A sus 81 años, Cemila Celil sigue trabajando en el sexto volumen del libro.

Anna Filippova 

Fuente: rusia-armenia.info 


domingo, 7 de junio de 2026

"MUJERES TRABAJANDO EN LA FÁBRICA", DE HORACIO FERRER

 
Mujeres trabajando en la fábrica
Horacio Ferrer
1936-1939
31,5 x 23,3 cm
Tinta china a pluma sobre papel
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Horacio Ferrer, pintor y dibujante vinculado al movimiento Retorno al orden, se mantuvo distante de
las vanguardias, aunque su obra refleja influencias de la Nueva Objetividad alemana, pero sin cinismo,y de corrientes italianas afines. Afiliado a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, durante la Guerra Civil creó obras emblemáticas como Madrid 1937 (Aviones negros), presentada en el Pabellón de la República en París. En paralelo desarrolló una amplia producción gráfica destinada a revistas de trinchera y publicaciones de guerra. 

Mujeres trabajando en la fábrica es un dibujo concebido para ser reproducido.Funciona como una ilustración que visibiliza el papel femenino en la sustitución del obrero ausente, subrayando la dimensión colectiva del trabajo industrial.

sábado, 6 de junio de 2026

"EL CORAZÓN DE TURQUÍA: ANKARA", DOCUMENTAL SOVIÉTICO REALIZADO CON MOTIVO DEL 10º ANIVERSARIO DE LA REPÚBLICA DE TURQUÍA

Título: El corazón de Turquía: Ankara
Director Serguéi Yutkevich Lev Arnstam
Guionista Lev Oskarovich Arnstam Serguéi Yutkevich
Música Ekrem Zeki Ün Cemal Reşit Rey I. Volk (operador)
Director de fotografía Josef Mártov Vladimir Rapoport 
Año de producción 1934
Duración 56 minutos 
País Unión Soviética 

El corazón de Turquía: Ankara ( ruso : сердце Турции / Serdtse Turtsii ) es una película documental soviética en blanco y negro de 1934. La película, encargada a la Unión Soviética a petición de Atatürk para el décimo aniversario de la fundación de la República de Turquía en 1933 y completada un año después, fue dirigida por Sergey Yutkevich . También menciona las relaciones entre la Unión Soviética y Turquía durante la Guerra de Independencia turca .

La estructura de la película

El documental comienza con imágenes de una delegación soviética, encabezada por el Ministro de Defensa Nacional soviético Kliment Voroshilov, llegando en barco primero a Izmir y luego a Estambul , acompañados por el embajador de Turquía en Moscú, y siendo recibidos con entusiasmo por el público. A continuación, se muestran imágenes de Ankara , la capital aún en construcción en medio de la estepa . La sección de Ankara del documental se centra principalmente en las celebraciones del décimo aniversario. Se muestran exploradores, soldados, veteranos y aldeanos marchando hacia Ankara desde todos los rincones de la estepa anatolia , el entusiasta desfile en el hipódromo e imágenes de Atatürk, İsmet İnönü y Fevzi Çakmak . El documental, que también destaca la solidaridad entre Turquía y la Unión Soviética durante la Guerra de la Independencia, incluye intertítulos en ruso. La película original de 134 minutos fue editada en Moscú, reduciendo su duración a 56 minutos.

Prohibición

La película, que permaneció archivada durante muchos años tras su producción, fue recuperada y emitida el 10 de noviembre de 1969 por Mahmut Tali Öngören, jefe del departamento de programación de TRT , con motivo del 31.º aniversario de la muerte de Atatürk. Sin embargo, justo cuando el documental se emitía por televisión , fue retirado de la programación en una redada nocturna llevada a cabo por Adnan Öztrak , entonces director general de TRT, y Mahmut Tali Öngören fue destituido de su cargo ( Adem Yavuz era el productor interino ). El motivo aducido para la prohibición fue que la película promovía el comunismo y presentaba a Turquía como un país extremadamente pobre.

Según algunas fuentes, este incidente ocurrió como resultado de desinformación y prejuicios. Resultó que Adnan Öztrak no vio la película hasta el final. La película se transmitió en su totalidad por TRT Ankara Television el 10 de noviembre de 1970, y no hubo ninguna reacción en ese momento.

La película no se volvió a proyectar durante ese período. En agosto de 2008, el documental "Ankara, el corazón de Turquía" se publicó en el sitio web oficial del Palacio de Çankaya, y en 2009, con motivo del 86.º aniversario de la fundación de la República de Turquía, se anunció la presencia de la película en el sitio a un público más amplio a través de los medios de comunicación.

Música de la película

Como se indica en los créditos, Ekrem Zeki Ün y Cemal Reşit Rey figuran entre los compositores turcos de la película «Ankara, el corazón de Turquía». La música fue interpretada por la Orquesta Filarmónica de Leningrado, así como por la Orquesta y el Coro del Conservatorio de Ankara. El ingeniero de sonido fue İ. Volk. El himno nacional turco y la Internacional también se escuchan varias veces en la película.

 VER DOCUMENTAL

viernes, 5 de junio de 2026

CASA DE LA CULTURA EN OSTROV NAD OHRÍ (REPÚBLICA CHECA)

  

Casa de la Cultura en Ostrov nad Ohří al estilo Sorella

La primera piedra se colocó el Día del Trabajo, 1 de mayo. El proyecto no se completó hasta finales de marzo de 1954. El diseño inicial fue elaborado por el arquitecto académico Jaroslav Krauz, mientras que la segunda y tercera etapas fueron desarrolladas por un equipo liderado por Josef Sedláče. Como relata la evaluación de la época, los arquitectos desarrollaron el proyecto con una mentalidad socialista, fuera de su horario laboral.

La construcción avanzó muy rápidamente y la Casa de la Cultura se inauguró el 1 de mayo de 1955. De hecho, el edificio, especialmente sus interiores, se terminó entre 1955 y 1961. Es importante recordar que la Casa de la Cultura y los edificios circundantes se construyeron en el estilo arquitectónico del realismo socialista de Sorella.

Inmediatamente después de la inauguración de la Casa de la Cultura, se desarrolló una vibrante vida cultural en el lugar. Se celebraron con éxito el Día Internacional de la Mujer, así como las Jornadas Mineras anuales. Numerosos grupos musicales actuaron y, por supuesto, también se representaron obras de teatro, con artistas procedentes no solo de Praga.

Festival minero: pintura sobre la barra

Cada año, durante más de medio siglo, se ha celebrado aquí el Festival de Cine y Televisión Infantil Ota Hofman. Nosotros, aprendices del oficio de bailarín, íbamos a los bailes cada semana. El horario estaba reservado para ellos desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche. En la pista de baile, intentábamos movernos al ritmo de la música. Todavía no conocíamos Dirty Dancing ... Siempre había dos o tres grupos locales de big beat que se turnaban y nosotros, como jóvenes, lo disfrutábamos. Los grupos también tenían su base en la Casa de la Cultura, en el sótano. Huelga decir que la Casa de la Cultura también albergaba varios clubes para niños y jóvenes.

Los componentes de 1955 eran adecuados.

La Casa de la Cultura está siendo sometida a una reconstrucción completa, que ya se estaba preparando en 1989. En aquel entonces, se suponía que la llevaría a cabo el Instituto de Diseño de la Industria del Uranio. Tras el golpe de Estado, esto no se llevó a cabo, por lo que la reconstrucción se pospuso. El mencionado instituto ya no existe... La reconstrucción comenzó en la primavera de 2024. Duró un año y costó alrededor de 120 millones de coronas. Todo lo que se pudo desmontar fue reparado y restaurado. La instalación eléctrica y todos los sanitarios fueron reemplazados por completo. Incluyendo reparaciones de lámparas y superficies de suelo, la colocación de un nuevo parqué en un área de aproximadamente 500 metros cuadrados. ¡Había 200 luminarias!

Curiosamente, los materiales de 1955 sirvieron para restaurar las luminarias. La Compañía Nacional de Lámparas de Araña equipó el centro cultural de Ostrov con cientos de componentes de vidrio cuando lo entregaron, como si fuera para un fotomatón, ¡y qué útiles resultaron durante la renovación actual! Permanecieron almacenados a buen recaudo en una de las salas técnicas durante setenta años.

Es imposible describir todo lo que ha pasado por las manos expertas de restauradores y artesanos. Pintura, ornamentos recién pintados bajo el techo alrededor de las salas o reemplazo de azulejos dañados. En la planta RAKO Rakovník se producían diversos tipos de azulejos.

Los murales son muy interesantes. En el vestíbulo central de la planta baja, se ha restaurado un gran cuadro titulado « Fiesta de mayo» . La escena del baile en el prado se caracteriza por tres parejas en primer plano. Desde aquí, se puede acceder a la sala principal del teatro tanto por la derecha como por la izquierda. El cuadro que se encuentra en la cafetería, encima de la barra, se titula « Festival minero» .

Historia de la minería en vidrio

Las vidrieras que decoran el interior son dignas de admiración. El vestíbulo de la primera planta y ambas escaleras están adornados con seis vidrieras pintadas. Representan escenas de la historia de la minería en la República Checa, incluyendo a los Curie, descubridores del radio. Fueron realizadas por el escultor y artista gráfico académico Václav Lokvenc, basándose en los diseños iniciales del pintor académico Milan Kraus .

Para quienes deseen saber más sobre la reconstrucción de este espacio cultural, ahora llamado Centro Cultural y Creativo Ostrov, se ha publicado una obra de alta calidad de 90 páginas en papel estucado. Las fotografías adjuntas muestran solo una pequeña parte de lo que significó la reconstrucción del edificio.

Quisiera agradecer a todos los que han cuidado de la ciudad, tanto en el pasado como en la actualidad. Mencionaré un nombre: Josef Kadlec , expresidente del comité nacional de la ciudad. Dirigió el MNV durante 16 años (1970-1986). Ha escrito una obra maestra en la historia de Ostrov.

Jan TANCIBUDEK

El autor vivió durante 40 años en Ostrov nad Ohří.

jueves, 4 de junio de 2026

"ENCUENTROS CON LUKÁCS", DE MIJAIL LIFSCHITZ, EN EL 55 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL FILÓSOFO MARXISTA HÚNGARO

 

Artículo liberado del número 3 de PARA LA VOZ: «Entre lo bello y lo justo: marxismo y arte en Lukács y Lifschitz».

Traducción del ruso por Lidia C.

1. Introducción

El texto que se presenta a continuación son unas memorias de Mijaíl Lifschitz sobre su amistad con Lukács, tras la muerte de este último en 1971. Ambos teóricos, que se conocieron debido a su trabajo en el Instituto Marx-Engels de Moscú en 1930, mantuvieron una larga y profunda amistad a lo largo de sus vidas.

En sus últimos años de vida, Lifschitz se propuso elaborar una introducción detallada a sus Obras Completas, que se editaron en la década del ochenta, pero su muerte en 1983 le impidió llevar a cabo esa labor. Sin embargo, en su archivo se encontraron manuscritos y cintas de audio con grabaciones de conversaciones que sostuvo, a mediados de los setenta, con amigos y compañeros, en las que recapitula sobre algunas de las etapas fundamentales de su evolución ideológica y teórica. En 1988 se publicó, en la revista Contexto (Контекст) –revista de estudios literarios y teóricos de la Academia de Ciencias de la URSS–, algunas transcripciones de las conversaciones. En la introducción se explica que estas «a menudo se interrumpían, se reanudaban en nuevas conexiones, se solapaban unas con otras y se repetía lo dicho en otras ocasiones». Es posible que este texto, que publicamos bajo el título de Encuentros con Lukács, sea una de esas grabaciones que se repitieron y que por tanto exista más de una versión.

La traducción que aquí se presenta se realiza, sin embargo, con base en la versión de otra revista, Ciencias filosóficas (Философские науки), nº 12, Moscú, de diciembre de 1988. En esta, el texto fue publicado bajo el título Sobre los encuentros con D. Lukács (Lukács firmaba su correspondencia con el apodo de Diuri, sobrenombre con que algunas personas, como su mujer, se referían a él). A diferencia de la versión publicada en Contexto, que estaba acompañada de la transcripción de otras de las grabaciones de Lifschitz, el texto que traducimos se publicó como artículo independiente, y se trata de una versión considerablemente más larga, más elaborada y con una mayor calidad estilística.

2. Encuentros con Lukács

En 1930, en el Instituto Marx-Engels, me encargaron la organización de un nuevo gabinete científico: el gabinete de filosofía de la historia. Me asignaron una gran sala abovedada en el piso inferior de la antigua casa señorial donde se encontraba el Instituto. Yo estaba ocupado en mis asuntos, rodeado de libros, cuando un buen día se abrió la puerta del despacho y entró el director del instituto, Riazánov, acompañado de un hombre de baja estatura, evidentemente extranjero, a juzgar por sus pantalones y polainas que no resultaban familiares a nuestros ojos. Riazánov nos presentó con su voz grave: «Este es el camarada Lukács, trabajará con usted en el departamento de filosofía de la historia».

La aparición del nuevo empleado no me sorprendió. El Instituto era entonces un lugar donde mandaban a los trabajadores de la Comintern que, por diversas razones, no eran deseados en sus partidos. Lukács había llegado al Instituto tras el fracaso de sus «Tesis de Blum» en 1929 y tuvo que dejar su actividad política directa, sustituyéndola por trabajo científico.

El mismo primer día que nos conocimos, empezamos a hablar, al principio prudentemente, luego cada vez más apasionadamente, y antes de que nos diéramos cuenta, ya había pasado el día entero. Pronto nos dimos cuenta de que en muchos aspectos éramos similares o nos complementábamos, y enseguida sentimos una gran simpatía mutua. Empezó el periodo de nuestras «conversaciones moscovitas», que duró toda una década. ¡De qué no hablamos él y yo! No voy a enumerar los temas de nuestras conversaciones. En ellas no solo se hablaba de filosofía, sino también de problemas relacionados con la historia lejana y cercana, y de otras cuestiones sociales y políticas. Es una lástima que estos diálogos quedaran sin grabar. Ambos lo lamentábamos y los recordábamos con melancolía por el paso del tiempo. Más tarde, Lukács me contó que pasó los mejores días de su vida en el sótano abovedado de Riazánov.

Para entonces él ya se había liberado en gran medida de los vestigios de su posición intermedia en el camino hacia el marxismo. Su evolución fue orgánica, preparada por su experiencia previa (su trabajo en la Comintern, su participación en la Comuna húngara y, aún antes, su posición internacionalista durante la Primera Guerra Mundial). De alguna manera, puede decirse de mí que en cierto modo le introduje a la teoría del reflejo de Lenin. En aquellos años se publicaron por primera vez los Cuadernos filosóficos de Lenin y sus notas sobre las obras de Hegel, lo que permitió comprender más profundamente la conexión entre la tradición filosófica clásica y el leninismo. El concepto de reflejo en el sentido leninista, la conexión de esta teoría dialéctica del conocimiento con la política y la experiencia del bolchevismo, todo esto era un tema recurrente en nuestras conversaciones.

Fui testigo de cuán profundamente Lukács asimiló la dialéctica de la verdad relativa y absoluta aplicada a la literatura y al arte, y así fertilizó su creación científica. En 1930, cuando nos visitó por primera vez, ya se apreció un cambio en su forma de pensar. Pero tras su regreso de un viaje a Alemania en 1933, donde rompió definitivamente con la Escuela de Frankfurt y reevaluó críticamente sus anteriores posiciones filosóficas, fue cuando se convirtió en el Lukács «moscovita» que conocemos…

A menudo me preguntan cuál era, en mi opinión, el así llamado «pathos» de la personalidad de György Lukács. Cuando pienso en ello, estoy convencido de que la carga histórica inicial, la «experiencia primaria» de su creación espiritual fue la oposición a la vieja, gorda y obesa Europa, que a principios de siglo vivía su belle époque, el disgusto ante el oportunismo y el parlamentarismo de la socialdemocracia. El estado de ánimo de Lukács antes de la Primera Guerra Mundial, como recuerdo bien de sus propios relatos de juventud y como es fácil reconstruir a partir de sus primeras obras, se expresaba en una revuelta literaria y estética (con un toque de romanticismo) contra la civilización burguesa, que incluía, como ya he dicho, un rechazo de la ortodoxia dogmática de la Segunda Internacional, que dio lugar a diversas formas anarco-decadentes de resistencia y protesta.

Se podría decir que también en Lukács esta oposición literaria-estética a la forma de vida dominante (familiar para él, pues él mismo procedía de un entorno burgués) tenía el tono moderado y noble del vanguardismo de aquellos tiempos. Pero la crítica a la cultura burguesa se transformó en él en una ideología comunista convencida y devota. La transición comenzó ya en la época de la Primera Guerra Mundial, cuando adoptó una posición internacionalista, rompiendo con el círculo de Max Weber. Su comunismo convencido y comprometido —destaco esta fórmula— tenía un tono de cierta abnegación, lo que en lenguaje goethiano se llama Entsagung [renuncia].

Este último rasgo permaneció en Lukács mutatis mutandis para siempre. Se nota especialmente en la evolución de su estilo: del refinado ensayismo de la preguerra a una especie de «gnosis» revolucionaria de los tiempos de su «enfermedad infantil del izquierdismo» y de su primera obra filosófica Historia y conciencia de clase, y luego a la abnegación estilística, una especie de abnegación que se expresó en su posterior manera de dictar sus obras y, como me expresó más de una vez, en una cierta indiferencia por cómo se dijeran las cosas, siempre y cuando se dijeran. Veo en ello la abnegación de una naturaleza fina, noble y educada, que rechaza con coherencia e incluso con entusiasmo su propia finura, igual que ocurrió con Lev Tolstói cuando renunció a sus obras artísticas, pero, por supuesto, de un modo distinto. Recuerdo con qué sentimiento ambivalente me hablaba Lukács de su residencia de Heidelberg, llena de valiosos libros y obras de arte. Toda esta vida exquisita, perfecta y espiritualmente sutil, la abandonó sin pensárselo dos veces, lo entregó todo al Partido Comunista, convirtiéndose en un simple soldado de la revolución.

Lukács abandonó consecuente y completamente todas las posibilidades anteriores, aunque, a diferencia de muchos otros, incluyendo muchos de los que le persiguieron, tenía algo que sacrificar y que perder. En su persona, me parece, la intelectualidad europea de izquierdas de principios de siglo, de la época de Simmel y su círculo, hizo lo más grande que podía haber hecho. Rompió con el horizonte moral y políticamente limitado que convirtió, por ejemplo, a Bloch en Bloch, a Popper en Popper y a Heidegger en Heidegger. No habría sido difícil para Lukács adoptar una determinada posición intelectual y ceñirse a ella en diferentes aspectos, variándola de diferentes maneras a lo largo de su vida (del mismo modo que los artistas modernistas, habiendo descubierto una determinada manera, la repiten constantemente de diferentes modos). Podría haberlo hecho sin dificultad, pero prefirió romper con su ambiente e incorporarse al nuevo mundo, primero como neófito iconoclasta, luego como pensador que alcanzó el nivel de comprensión del leninismo.

No sé si esta comparación es adecuada, pero a mis ojos mi difunto amigo era, por así decirlo, un romano culto que se unió al movimiento de los pueblos, sabiendo de antemano que tendría que decir más de una vez, como un héroe histórico de otra época: «¡Santa simplicidad!». Sabía lo que era ser un profesor burgués, él era en efecto un profesor burgués, pero por razones morales puramente internas prefirió cualquier tipo de prueba a este lado del umbral histórico antes que la perspectiva de volver a ser un profesor burgués o algo por el estilo.

Recordando todo su querido aspecto personal, me permitiré decir que los habituales reproches contra el marxismo de que carece de profundidad metafísica, como he leído a veces (por ejemplo, en la revista francesa Esprit), o de cierta conciencia moral interna en el espíritu del cristianismo originario, son cuando menos ingenuos (esta es la expresión más educada para definir este tipo de crítica al marxismo). Si realmente quieren a los cristianos originales del siglo XX, búsquenlos entre la gente del credo marxista. Conozco a bastantes de ellos y podría contar algo sobre sus vidas, de las pruebas que soportaron y el estoicismo que conservaron hasta el final.

Lukács es también a este respecto un brillante ejemplo de firmeza, de la más profunda y «metafísica» —si os gusta esta expresión— firmeza en la lucha contra el mal, externo e interno, porque para él era infinitamente fácil elegir otro camino, y le era sumamente posible, como era sabido, sintiéndose ofendido, de dar la espalda al ascenso histórico de las masas. En nuestra conversación moscovita descubrió con alegría que su pertenencia a la cultura europea artísticamente más desarrollada no era un obstáculo, algo superfluo para el movimiento histórico al que se había unido.

En cuanto a mí, a mis camaradas y a todo nuestro círculo moscovita de los años 30, se podría decir que nos movíamos hacia un nivel superior de vida espiritual a partir del movimiento de masas de nuestra época, aunque nosotros también (salvo algunas excepciones) perteneciéramos a la intelectualidad. Lukács, por su parte, en Moscú había renegado de su propia renuncia. Fue una renuncia a su inicial Entsagung en el espíritu del «gnosticismo» marxista de la época de su Historia y conciencia de clase.

Para llegar a este nivel, Lukács tuvo que pasar por la experiencia de la revolución húngara, a través del trabajo comunista de los años veinte, y llegó a Moscú como a su Meca. Aquí hizo la transición dialéctica definitiva a su verdadera forma; se encontró a sí mismo. De ahí, por cierto, la posición limitada de la escuela diltheyana es clara (que, de hecho, se repite de manera diferente en el freudismo, en el neofreudismo y en diversas versiones del estructuralismo), a saber, la noción limitada de que algo que configura el potencial espiritual de la personalidad se desarrolla automáticamente a partir de un comienzo espontáneo y activo que irrumpe principalmente en los años jóvenes desde su interior. Sin embargo, entre Urerlebnis y Bildungserlebnis [vivencia primaria y vivencia en proceso de formación] existe una relación dialéctica de gran alcance. Y si bien es cierto que para el hombre —como bien comprendieron los materialistas del siglo XVIII— las impresiones de los primeros años de la vida son de gran importancia, entonces, por otro lado, las impresiones adquiridas como resultado del desarrollo, aquellas que no vienen de abajo sino de arriba, no de dentro sino de fuera, se instalan a su vez en nuestra naturaleza de manera inversa, pasan a ser algo original y, por así decirlo, el fin se convierte en el principio. Hegel lo entendió quizás mejor que los actuales representantes de los diversos tipos de psicoanálisis. Bildungserlebnis puede convertirse en Urerlebnis. El fenómeno que se ha producido como resultado del desarrollo se vuelve retrospectivamente para el hombre algo absolutamente primario, se convierte en la base del conjunto de su vida creativa.

Si se toma lo que Lukács escribió antes de 1930 y lo comparamos con lo que escribió en los años 30 y lo que después entró en la circulación del pensamiento marxista en Occidente, entonces todo investigador concienzudo dirá que el desarrollo anterior, que no carecía de interés, era todavía solo una prehistoria para Lukács. Y hablando de la revolución moscovita en la concepción del mundo, en este sentido tenía toda la razón. Efectivamente, Moscú y el movimiento de mentes moscovitas de los años 30 provocaron un cambio revolucionario radical en su actividad espiritual. Hay una clara línea que separa al Lukács de los años 20 del nuevo Lukács, que, en mi opinión, es el único y definitivo.

Con esto, desde luego, no quiero ensombrecer lo que hizo en los años 20, porque tanto sus artículos políticos como diversos estudios, como el trabajo sobre Moses Hess, y el propio libro Historia y conciencia de clase (con todas sus limitaciones, que se hicieron ya evidentes para él en 1930) son todavía etapas en el desarrollo de una mente fuerte. No obstante, sigue siendo cierto que para Lukács el traslado a Moscú supuso un giro radical en toda su obra espiritual…

Cuando le conocí por primera vez en 1930, su emigración no era todavía una huida del fascismo, sino una estancia temporal en Moscú por instrucciones de las autoridades del Partido a las que estaba subordinado y que consideraron necesario que trabajara durante algún tiempo en el Instituto Marx-Engels. Luego, un año más tarde, viajó a Alemania, donde, como es sabido, en el periodo que precedió a la toma del poder por Hitler desarrolló una gran labor social y política, participando activamente en las actividades del Partido Comunista de Alemania y en la Unión de Escritores Proletarios de Berlín. En esos momentos difíciles hizo mucho por ganar a la intelectualidad para el bando del comunismo. Pero por lo que veo en las cartas que me escribía desde Berlín, y por lo que recuerdo solo de una impresión general, cuando se fue a Berlín a trabajar había dejado Moscú solo por un tiempo. Se sentía más perteneciente al oasis marxista moscovita que a cualquier otro posible punto de empleo de sus fuerzas espirituales. Por eso, cuando las terribles circunstancias de 1933 le obligaron a abandonar Alemania, no dirigió sus pasos, digamos, hacia Estados Unidos, como hicieron hombres como Adorno o incluso Brecht, Eisler y otros, ni hizo de Suiza o México su refugio, sino que regresó a su nueva patria, que era para él Rusia. Fue en este momento histórico que nuestros caminos se encontraron.

En 1930, yo tenía 25 años y Lukács, creo, 46. En mi opinión, esos también son años muy jóvenes. Pero seguía siendo una gran diferencia. Y si me encontraba preparado para mantener conversaciones serias con él sobre temas muy diferentes, tanto políticos como filosóficos, parece que ello no se debía a cualidades personales, sino a la posición que yo poseía por el mero hecho de haber nacido en Rusia. Eran ventajas que me había dado el destino. A mis 25 años, por ley de la época revolucionaria, ya tenía cierta experiencia espiritual y práctica a mis espaldas. Hacia 1930 mi experiencia y mis conocimientos del marxismo habían madurado hasta tal punto que la versión del marxismo de Plejánov no me parecía aceptable o, al menos, definitiva, y me parecía estar ya a un nivel de comprensión de la dialéctica marxista que me permitía asimilar el contenido de los Cuadernos filosóficos de Lenin….

Si se me permite expresarme así, «contagié» a Lukács el interés por la estética de Marx y Engels. Su primer trabajo sobre este tema —un artículo sobre la correspondencia entre Marx y Engels con Lassalle a propósito de su tragedia Franz von Sickingen— es una excelente obra marxista, una de las mejores de Lukács. En ella se aborda por primera vez, aunque requiriera un mayor desarrollo, el problema de la postura de Marx y Engels ante Shakespeare sobre la base de su concepción socio-histórica del mundo y del análisis de la experiencia revolucionaria de Alemania. Es muy significativo que el análisis de Lukács vinculara los problemas de la estética marxista con la comprensión leninista del contenido y las fuerzas motrices de la revolución democrático-burguesa, en contraposición a su comprensión por el menchevismo, el trotskismo y otras corrientes semejantes. Este artículo fue entonces un modelo de partidismo comunista en la literatura. Su concepción derivaba estrictamente del leninismo, pero su aplicación a la estética es mérito de Lukács. Pronto, en 1934, tuve que defender el artículo de Lukács contra la acusación de que era «trotskista», y logré rebatir estos ataques, demostrando que el mérito de esta obra era precisamente su implicación con el leninismo.

El entorno moscovita en el que se encontró Lukács desempeñó un papel importante en su desarrollo. Pero, por supuesto, no solo se benefició de los cambios que se estaban produciendo en la vida espiritual de la Unión Soviética, sino que también aportó a esta lo que podían proporcionarle su amplia educación, su profundo conocimiento de la historia cultural, su experiencia revolucionaria y la gran madurez teórica que había alcanzado.

Entre las mejores obras de Lukács yo incluyo sus estudios sobre las formas de género, la propia «estructura» del arte como espejo de la vida histórico-social. Tales son sus artículos sobre la novela histórica, que desarrollan la teoría hegeliana de la novela como epopeya de la época burguesa. En nuestro país, ya Belinski había utilizado la idea hegeliana en su inacabada obra de análisis de los géneros y tipos de arte. Siguiendo a Hegel, consideraba la novela como un reflejo de la sociedad, en la que el protagonista es una persona particular, del mismo modo que la épica heroica era un reflejo del estado universal del mundo de aquellos tiempos en que los protagonistas eran los pueblos y los héroes encarnaban sus aspiraciones. Así pues, en Rusia ya existía una tradición de transición del sistema abstracto, escolar y formal de los géneros al histórico, social-histórico. Belinski fue el profeta de esta dirección. Los críticos de Lukács (entre ellos Pereverzev) le acusaron de «regresar a Belinski». A sus ojos era algo tan anticuado, tan atrasado, que parecía refutarse a sí mismo.

Ciertamente, había un cierto retorno aquí al punto de vista de Hegel y Belinski, con la diferencia de que detrás de sus brillantes conjeturas, según las cuales la novela como forma literaria estaba asociada al advenimiento de la era de la civilización, Lukács ve ya la inevitabilidad del desarrollo de las relaciones burguesas, el contenido económico de este desarrollo, la lógica de la sociedad burguesa, acechando en las profundidades de toda la civilización de clases y plenamente desarrollada en la era capitalista. En Lukács, la visión histórica de Hegel y Belinski adopta una forma científica más real y claramente definida. Demostró que si la forma de la novela surge históricamente, de ello no se deduce que como forma no pueda servir de base para muchas transformaciones en la historia ulterior de la humanidad y que no llegue a formar parte, como pensaban sus críticos, de los conceptos formales de la estética.

El punto de vista presentado en la obra de Lukács es relevante no solo para la novela, sino también para otras categorías formales. Estas categorías formales de género son aceptadas en la escuela de la sabiduría estética como completamente ahistóricas. La historia se encarga de llenar estas formas con algún material; se endurece como plomo fundido en estas formas y se produce la tragedia de Sófocles, Shakespeare o Racine. De hecho, la propia matriz también pertenece a la historia, es desarrollada por ella, refleja algunos aspectos formales más generales de ciertos períodos históricos…

Recuerdo muy bien que los artículos de Lukács en nuestras publicaciones periódicas eran muy influyentes y los leían con interés los jóvenes de los centros de enseñanza superior. En general, cada trabajo de este tipo era acogido con entusiasmo, generaba una chispa de simpatía y era fructífero. Recuerdo que Lukács en sus obras hacía hincapié, por así decirlo, en una perspectiva histórica procesada, es decir, no en la visión habitual de que la historia la hacen los contemporáneos, sino en otra visión más profunda y correcta de que la historia es la prehistoria de la contemporaneidad; la contemporaneidad, por tanto, encuentra sus auspicios en la historia. Esto es sin duda cierto y profundo.

En las obras escritas en la Unión Soviética, Lukács como pensador-filósofo y esteta cambió perceptiblemente, yo diría que hasta cierto punto se «rusificó», se hizo más lacónico, más claro, concreto, captó con mucho acierto las situaciones de las que surgen determinadas conclusiones teóricas. Se liberó de la capa de las tradiciones gelehrtianas [elitistas] de la literatura científica y filosófica alemana, y sus artículos adquirieron rasgos de periodismo revolucionario. Como escritor destacó por su notable productividad. En todas las circunstancias continuó con su mesurado modo de vida, sin romper el ritmo constante establecido de sus ocupaciones. Trabajaba muy duro y llevaba, repito, una vida mesurada, que solo se veía obstaculizada por los asuntos de la emigración. Es sabido que en la emigración siempre hay muchas cosas innecesarias. Lukács participó tanto en la emigración alemana como en la húngara. A veces bromeaba diciendo que tenía dos disputas al cuello: «die deutsche und die ungarische» [la alemana y la húngara]. Y aunque estos asuntos absorbían en parte su tiempo, con el alma estaba por completo entregado a nuestra vida social y literaria.

El destino del amplio estudio sobre el joven Hegel, que estaba escribiendo en Moscú, no fue del todo exitoso en aquella época. Este libro no vio la luz hasta después de la guerra. La publicación a finales de los años treinta de una obra tan compleja y fundamental era improbable. El libro era puramente filosófico, de naturaleza histórico-filosófica, y requería una difícil comprensión del razonamiento casi teológico del joven Hegel. Obviamente, en las condiciones de aquellos años el libro de Lukács no podía publicarse, y, según recuerdo, él mismo no tenía entonces ningún deseo activo de publicarlo. Además, cuando lo terminó, pronto estalló la guerra, y lo máximo que Lukács pudo sacar de su libro fue que en 1943 le concedieron el título de Doctor en Filosofía en el Instituto de Filosofía por este libro.

Pero todo esto ocurrió posteriormente. En la primera mitad de la década de 1930, Lukács ganó fama con sus colaboraciones en revistas. La entonces Crítica Literaria publicó un excelente artículo de Lukács sobre «La grandeza y caída del expresionismo». Sus ideas sobre los movimientos espirituales en el extranjero —revolución, contrarrevolución, liberalismo, fascismo— procedían de la experiencia vivida, no de los libros. Lukács había podido observar el expresionismo directamente, para él estaba encarnado en ciertas personas, y su conexión con las luchas filosóficas de los movimientos de izquierda en Occidente era clara. Su crítica no era, pues, una crítica desde el exterior, un golpe burdo de un sectario inconsciente del sufrimiento que a veces conduce al engaño. Era una crítica inmanente, interna, que procedía del hecho de que ciertos matices del pensamiento y la creación de los movimientos modernistas, incluido el expresionismo, solo pueden entenderse y justificarse como fenómenos de la época hasta cierto límite, y más allá de ese punto se convierten de error histórico, en error personal e incluso en culpa, contra la que naturalmente debe dirigirse una polémica justa y apasionada.

En el artículo de Lukács había algunas expresiones muy agudas sobre la naturaleza social de la evolución de la ideología burguesa, exteriormente muy progresista, vanguardista, pero en esencia retrógrada y regresiva. El movimiento antidemocrático contrarrevolucionario, que inicialmente se desarrolló en un marco liberal, se transformó en el curso de los acontecimientos en un movimiento activamente contrarrevolucionario y fascista. A menudo intercambiábamos opiniones con Lukács sobre este tema, era una idea muy importante para nosotros.

Sigo opinando que el fascismo no puede considerarse en modo alguno un mero retorno a una reacción del viejo tipo, que esta reacción es negra, negrísima, pero con un envoltorio rojo, es decir, con una enorme dosis de demagogia social y, lo que es más importante, una cierta «innovación» que vincula al fascismo con todas las corrientes modernistas, toda la decadencia de tipo nietzscheano, el irracionalismo y la mitificación del siglo XX…

 

miércoles, 3 de junio de 2026

"SOBRE EL EMPLEO DEL TIEMPO LIBRE", TEXTO DE LA INTERNACIONAL SITUACIONISTA PUBLICADO HACE 66 AÑOS

 

"SOBRE EL EMPLEO DEL TIEMPO LIBRE"

La banalidad más vulgar de los sociólogos de izquierdas, desde hace años, es insistir en la función del ocio como factor dominante en la sociedad capitalista desarrollada. Éste es el lugar de infinitos debates a favor y en contra de la importancia de la elevación reformista del nivel de vida o de la participación de los obreros en los valores dominantes de una sociedad en la que cada día están más integrados. El carácter contrarrevolucionario común a toda esta verborrea es que considera forzosamente el tiempo libre como consumo pasivo, como posibilidad de ser, cada día más, espectador del absurdo establecido. El número 27 de Socialisme ou Barbarie dedicó una llamada al orden a un coloquio particularmente pesado de estos investigadores (Arguments 12-13) que recolocaba sus trabajos mitológicos en el cielo de los sociólogos. Canjuers escribía: "Como el capitalismo moderno, para poder desarrollar el consumo cada día más, desarrolla en la misma medida las necesidades, la insatisfacción de los hombres sigue siendo la misma. Su vida no adquiere otro sentido que el de una carrera hacia el consumo, en nombre de la cual se justifica la frustración cada vez más radical de toda actividad creadora, de toda iniciativa humana verdadera. Esta significación les parece cada vez menos admisible a los hombres..." Delvaux hizo notar que la cuestión del consumo se dejaba todavía dividir por la frontera pobreza-riqueza, viviendo los 4/5 de los asalariados perpetuamente en la miseria. Y sobre todo, que no existía razón para inquietarse por que el proletariado participase o no en los valores porque "no los hay". Y añadía la constatación central de que la propia cultura "...cada vez más separada de la sociedad y de la vida de las personas -los pintores que pintan para los pintores, los novelistas que escriben para novelistas novelas sobre la imposibilidad de escribir una novela- ya no es, en lo que tiene de original, más que una autodenuncia perpetua, denuncia contra la sociedad y rabia contra la cultura".

El vacío del ocio es el vacío de la vida en la sociedad actual, y no puede colmarse en el marco de esta sociedad. Esto es lo que refiere, y al mismo tiempo oculta, todo el espectáculo cultural existente, dentro del cual podemos distinguir tres grandes formas:

Subsiste una forma "clásica", reproducida en estado puro o prolongada por imitación (por ejemplo en la tragedia, en la cortesía burguesa). Existen a continuación infinidad de rasgos de un espectáculo degradado, que es la representación de la sociedad dominante puesta al servicio de los explotados para su propia mistificación (los juegos televisados, casi todo el cine y la novela, la publicidad, el automóvil como signo de prestigio social). Finalmente existe una negación vanguardista del espectáculo, a menudo inconsciente de sus motivos, que es la cultura actual "en lo que tiene de original". A partir de la experiencia de esta última forma la "rabia contra la cultura" se une a la indiferencia de la clase proletaria ante todas las formas de la cultura del espectáculo. El público de la negación del espectáculo no puede ser, hasta el fin del espectáculo, más que ese público -sospechoso y desgraciado- de los intelectuales y artistas separados. Porque el proletariado revolucionario, manifestándose como tal, no podría constituirse en nuevo público, sino que se haría totalmente activo.

No existe el problema revolucionario del ocio -del vacío a colmar- sino un problema del tiempo libre, de la libertad a tiempo completo. Ya lo hemos dicho: "No hay libertad en el empleo del tiempo sin la posesión de los instrumentos modernos de construcción de la vida cotidiana. El uso de tales instrumentos marcará el salto de un arte revolucionario utópico a un arte revolucionario experimental." (Debord, "Tesis sobre la revolución cultural", Internationale Situationniste, nº 1). La superación del ocio en una actividad de libre creación-consumo no puede entenderse más que en relación con la disolución de las artes del pasado, con su mutación en modos de acción superiores que no rechacen ni supriman el arte, sino que lo realicen. El arte será de esta forma sobrepasado, conservado y superado en una actividad más compleja. Podrán reencontrarse parcialmente en ella sus antiguos elementos, pero transformados, integrados y modificados por la totalidad.

Las vanguardias anteriores se presentaban afirmando la excelencia de sus métodos y principios, que debían juzgarse inmediatamente en sus obras. La I.S. es la primera organización artística que se basa en la insuficiencia radical de todas las obras permitidas, y su significación, su éxito o su fracaso, no podrán juzgarse sino con la praxis revolucionaria de su tiempo. 

Nota editorial del # 4 de Internationale Situacionniste (4-VI-60). Traducción extraída de Internationale situationniste, vol. I: La realización del arte, Madrid, Literatura Gris, 1999.

Fuente: Archivo Situacionista Hispano   

 

martes, 2 de junio de 2026

"CONCIERTO FÚNEBRE", OBRA DEL COMPOSITOR SOCIALISTA KARL AMADEUS HARTMANN CONTRA LA INVASIÓN NAZI DE CHECOSLOVAQUIA

El Concierto fúnebre para violín y orquesta de cuerda (1939, revisado en 1959), titulado originalmente Música del luto (Musik der Trauer) fue compuesto en protesta por la invasión de Checoslovaquia por las tropas nazis. 

Muchos compositores de la primera mitad del siglo XX escribieron conciertos para violín solo, instrumento cuyo sonido se asemeja particularmente al de la voz humana. En estas obras, los compositores parecen haber encontrado un vehículo idóneo para expresar sus pensamientos más íntimos ante un mundo convulso. Esto se aprecia especialmente en el único concierto para violín solo de Karl Amadeus Hartmann, el Concerto funebre de 1939.

La vida y obra de Hartmann están ligadas a su «emigración interior» durante el régimen nazi y a su música, que fue una declaración de sus convicciones. Nacido en Múnich en 1905, presenció la revolución bávara, el fracaso de la República Soviética de Baviera y el auge del nacionalsocialismo; sus convicciones socialistas surgieron de estas experiencias. Como músico, adoptó todos los movimientos de la época: «Fusioné alegremente el futurismo, el dadaísmo, el jazz y otros en una serie de composiciones [...] y me lancé a las aventuras de la revolución intelectual [...]». Su música está influenciada por Stravinsky y Bartók, Bruckner y Mahler, y continuó formándose hasta los treinta años estudiando con Anton Webern, a pesar de las marcadas diferencias políticas y estilísticas.

En el Tercer Reich, debido a sus ideas políticas, ya no podía aspirar a actuar, pero jamás intentó congraciarse con el régimen ni exiliarse; al contrario, se retiró y, con el apoyo de su familia, continuó componiendo. Su obra principal, la ópera Simplicius Simplicissimus , basada en la novela de Grimmelshausen sobre la Guerra de los Treinta Años, debe entenderse, como muchas otras composiciones, como una metáfora del presente. Hartmann consideraba su música una declaración de sus convicciones y una forma de resistencia. Escribió la obra Miserae para las primeras víctimas del campo de concentración de Dachau ya en 1934.

El concierto para violín es también un lamento. Hartmann comenzó el Concierto fúnebre en julio de 1939 y más tarde señaló: «Este momento en particular indica el carácter fundamental y la razón de ser de mi obra». Esta última era, al parecer, la anexión de los Sudetes por los alemanes: como si se susurrara en secreto, el coral husita «Vosotros, guerreros de Dios», aparece en la introducción, símbolo de la lucha centenaria de los checos por la libertad.

El estallido de la guerra confirmó los presentimientos de Hartmann y lo reafirmó en su intención: «Quería escribir todo lo que pensaba y sentía, y eso dio como resultado forma y melodía». El Concierto fúnebre se estrenó en 1940 en St. Gallen, Suiza. El propio compositor describió la estructura de la siguiente manera: «Los cuatro movimientos, coral, adagio, allegro y coral, fluyen uno tras otro sin pausa. 

La desesperanza intelectual y espiritual de la época contrasta con una expresión de esperanza en los dos corales del principio y del final. El segundo coral se basa en la melodía de la marcha fúnebre proletaria-revolucionaria «Caísteis víctimas en la lucha mortal», que se popularizó durante la Revolución rusa de 1905 y en los servicios conmemorativos de la Revolución de Octubre.

Tras la guerra, Hartmann revisó muchas de sus obras, reduciendo o eliminando las referencias temporales, como si no quisiera alardear de haber advertido y prevenido siempre. Trabajó como dramaturgo en la Ópera Estatal de Baviera y fundó el ciclo de conciertos Musica viva (que aún existe), el cual rehabilitó a compositores anteriormente censurados y perseguidos, y promovió obras contemporáneas. 

Sin embargo, su optimismo disminuyó en los 18 años que le quedaban: «La amenaza al arte nunca será cosa del pasado mientras la libertad esté amenazada en algún lugar. Por eso queremos estar vigilantes, queremos advertir, queremos recordar las humillaciones del pasado, queremos alzar la voz cuando reconozcamos tendencias totalitarias en cualquier parte».