Queridos delegados:
El presente congreso, que ha sido la novena edición en la historia de
nuestro Partido, aborda y debate los importantes planes de lucha para
pasar a una nueva fase del desarrollo integral del socialismo en la
actual situación interna y externa y los asuntos encaminados a seguir
fortaleciendo y desarrollando el Partido.
A través del informe de datos y el balance de trabajo, se han hecho
un análisis y balance detallado de las labores efectuadas por el Comité
Central del Partido en su octavo periodo, así como se han dilucidado las
exigencias de principio, la línea, la estrategia y las tácticas de
lucha y las tareas fundamentales para acelerar el proceso revolucionario
y constructivo.
En particular, este análisis integral de la lucha de los últimos
cinco años ha sido una ocasión útil que nos enorgullece de los
resultados que hemos obtenido con gran perseverancia y que nos expone
con claridad cuáles son las experiencias que en adelante hemos de tomar
en cuenta y poner de manifiesto, las desviaciones que debemos rectificar
y las lecciones que debemos aprender.
Por ese medio, todos los delegados habrán advertido de forma global
los cambios y el desarrollo en la construcción del socialismo y el
Partido durante el periodo que se analiza y en relación con ello se
habrán percatado con exactitud del lugar que hoy ocupan sus respectivas
ramas y unidades.
Creo que ante el rumbo de lucha del nuevo Plan Quinquenal habrán
tomado una decisión solemne, redoblando la confianza y el entusiasmo,
conscientes de la actitud que deben adoptar en cuanto a la exigencia de
la revolución y la época de producir en los próximos cinco años cambios
más grandes que en el mismo periodo anterior.
Asimismo, el presente evento deliberó y aprobó la enmienda de los
Estatutos del Partido consistente en modificar algunos artículos o
estipular nuevamente otros conforme a la demanda de la práctica de la
labor partidista planteada en los plenos del octavo Comité Central.
Estructuró nuevamente el noveno Comité Central, fuerza organizadora y
orientadora del cumplimiento de las futuras tareas revolucionarias más
grandes e importantes, con compañeros consecuentes y excelentes, que
disfrutan de la gran confianza de las masas militantes, han sido
probados en la lucha práctica y tienen perspectivas halagüeñas.
De este modo, el cónclave ha examinado las labores del octavo Comité
Central y ha delegado exitosamente al noveno Comité Central,
recientemente electo, las responsabilidades y el papel de dirección del
trabajo partidista y el conjunto de los quehaceres revolucionarios.
Compañeros delegados:
En esta reunión he tenido el honor de ser reelecto para el supremo
cargo de mando del Partido del Trabajo de Corea por la gran muestra de
confianza de todos ustedes y demás militantes del Partido.
Aunque apenas ha comenzado la colosal obra de la realización de los
ideales del pueblo y queda aún mucho por hacer para cumplir todas las
promesas hechas con él, han vuelto a confiarme esta responsabilidad
sagrada e importante. La asumo con gravedad, como muestra de la plena
confianza y esperanza de que yo me esfuerce con más tesón.
Juro solemnemente observar e implementar cabalmente los Estatutos y
el programa del Partido sin faltar a la gran esperanza y confianza de
todos los delegados y millones de miembros del Partido y tomando siempre
como las más sagradas e importantes la misión y las responsabilidades
que asumo ante el Partido y el pueblo, y también trabajar cada minuto y
segundo, con total entrega y abnegación, a favor del derecho de la
República Popular Democrática de Corea al desarrollo y la seguridad y el
mayor bienestar del pueblo.
El nuevamente electo Comité Central responderá con lealtad a la gran
confianza y expectativa de todas las organizaciones y miembros
partidistas con el desempeño responsable de su papel rector y someterá
sus labores a la justa evaluación pública al anticipar el desarrollo de
nuestro gran Estado y lograr que el pueblo obtenga cuanto antes
beneficios reales y mayores.
Delegados:
El principal punto de la agenda a tratar en este congreso desde ahora
es trazar el plan para los próximos cinco años en distintas ramas y
tomar la decisión acerca de su resultado.
El éxito fundamental del evento depende de cómo estudiamos,
consultamos y decidimos la dirección de la lucha en el próximo lustro y
la definición de los objetivos que deben alcanzar las distintas esferas.
Por tanto, desde en el pasado congreso del Partido este procedimiento constituye la mayor prioridad y el foco central.
Estoy convencido de que también en este evento todos los delegados,
conscientes de su importante misión y responsabilidad ante la patria, la
revolución y el pueblo, mostrarán una actitud sincera y atenta,
agotarán su creatividad y dedicarán toda su alma para que cada uno de
los artículos sea tarea de lucha que contribuirá a la transformación de
los próximos cinco años.
En especial, por ser la resolución del congreso un programa de acción
que los miembros del nuevo órgano de dirección deben enarbolar
invariablemente durante su mandato, les incumbe confeccionar las tareas
políticas con el máximo sentido de responsabilidad y seriedad.
Como señalé en el informe, el nuevo Plan Quinquenal equivale a una
fase de afianzamiento de estabilidad y de paulatino desarrollo
cualitativo de nuestra economía.
Por tanto, definirán los planes de las ramas económicas combinando
bien los dos aspectos: consolidar cualitativamente y continuar
desarrollando los cimientos y las fuerzas existentes. Tal será la
orientación a seguir también en la consulta de los planes de otros
dominios.
Compañeros delegados:
La lucha transformadora de hoy por acelerar el desarrollo integral
del socialismo que incluye el cumplimiento del nuevo Plan Quinquenal nos
demanda desplegar con mayor fuerza las revoluciones ideológica, técnica
y cultural en todos los sectores y unidades.
Estas tres revoluciones son del lineamiento general de nuestro Partido para la construcción socialista.
Todo el proceso de nuestra construcción socialista está permeado de
las tres revoluciones y ha avanzado con la lucha por materializar este
lineamiento.
Gracias a las tres revoluciones en que hemos acelerado la
transformación tecnológica y cultural anteponiendo la ideológica,
nuestro socialismo ha podido avanzar solamente sin estancarse ni en los
tiempos duros.
También la magna empresa por el desarrollo integral se puede realizar
cuanto antes y de manera más sustancial solo al intensificar la
dirección del Partido sobre el cumplimiento de las tres revoluciones y
elevar el papel orientador del Estado y, además, con el protagonismo de
las masas en esta labor.
La realidad muestra que aunque cambien las condiciones laborales y
del ambiente de vida no se elevan la conciencia ideológica, el nivel
tecnológico ni el grado de civilización de las personas.
Pongamos un ejemplo: En menos de un año de que el Partido y el Estado
levantaran modernas bases de producción y servicios, vuelven a
manifestarse la excesiva negligencia e irresponsabilidad de quienes no
las administran como es debido y descuidan su dirección y control, así
como el mal crónico de perseguir solamente las ganancias inmediatas sin
apreciar los productos de la política del Partido.
Administrar bien esas valiosas creaciones, que no se han logrado con
facilidad, para que sean caudales eficientes y reales del desarrollo de
sociedad socialista constituye una tarea revolucionaria tan importante y
responsable como la magna labor de construcción.
La revolución no significa solo el cambio material y la creación del
bien material. Su contenido fundamental es transformar la conciencia
ideológica de las personas y prepararlas como entes poderosos con gran
capacidad creadora.
Si no hacemos con eficiencia las tres revoluciones dirigidas a
emancipar a los hombres de las trabas de las viejas ideologías y a
elevar su entusiasmo consciente y su nivel tecnológico y de
civilización, es muy evidente que pronto los bienes que hayamos creado,
por muchos que sean, se volverán inútiles.
Hay que realizar con dinamismo las tres revoluciones también para
educar y formar a todas las personas como auténticas protagonistas de la
nueva época y de tal forma establecer en toda la sociedad el punto de
vista y el modo de trabajo propios de quien cumple su misión de manera
voluntaria.
Sobre todo, es imperioso intensificar la revolución ideológica
destinada a educar a los funcionarios y demás trabajadores en la
conciencia revolucionaria y de clase obrera.
Sin educar en tal conciencia a las personas, dueñas de la sociedad,
no se puede pensar en el avance exitoso de la construcción socialista.
Por lo tanto, es importante que las organizaciones del Partido y de
trabajadores y los órganos del poder organicen y realicen todas las
labores a favor del cumplimiento de las tres revoluciones y, en
particular, con vistas a despertar a las personas la conciencia y
formarlas en lo ideo-espiritual.
Debemos ejecutar a la altura del tiempo contemporáneo y con fines
bien definidos la demanda partidista de que los funcionarios y demás
trabajadores encarnen la conciencia ideológica revolucionaria, el
espíritu colectivista y el rasgo de lucha de la clase obrera.
Solo cuando nos propongamos nuevas tareas que concuerden con el
desarrollo de la época en todos los aspectos de la ideología, la técnica
y la cultura y realicemos de forma innovadora la transformación de la
naturaleza, el hombre y la sociedad, podremos lograr un avance
ininterrumpido en la construcción socialista.
En el informe sobre las labores del VIII Comité Central del Partido
se enfatizó especialmente la idea de materializar exactamente los
requisitos de la época del desarrollo integral en la construcción
socialista.
Tales requisitos se dividen en cinco puntos. Los vuelvo a explicar de forma concisa:
- Lograr la concordancia de acciones en el conjunto de la construcción socialista y establecer una rigurosa disciplina;
- Poner fin a viejos esquemas y estereotipos, el conservadurismo y el empirismo, crear sin cesar lo nuevo y hacer innovaciones;
- Hacer las labores de modo científico, con previsión y rentabilidad y dar importancia a cualidades profesionales;
- Renovar los métodos y modos de dirección sobre la producción y construcción y elevar la capacidad de mando de los funcionarios;
- Y materializar cabalmente el principio de dar prioridad a la ideología y a las masas populares.
Esta es una demanda legítima de la actualidad que plantea como un
problema real mejorar y renovar todas las labores conforme al periodo de
desarrollo integral, pero constituye también una tarea imperiosa que
nos imponen las serias lecciones del pasado lustro.
En la vida estatal y social, específicamente, en distintas ramas y
unidades de la economía impera el ímpetu de avanzar en la nueva época, y
con él coexisten los caducos vestigios. Esta es una realidad consabida
para todos nosotros.
No podemos convivir con los elementos anticuados y atrasados, no se
sabe hasta cuándo, sino debemos superar con resolución sus rezagos y
deficiencias.
Como las tres revoluciones son en su esencia una lucha por sacudir
todo lo viejo y crear lo nuevo en las esferas ideológica, técnica y
cultural, la exigencia de la época sobre el desarrollo integral debe
necesariamente materializarse en el proceso del cumplimiento de las tres
revoluciones.
Es preciso acelerar con vigor la construcción socialista con nuestro propio modo de avance.
Durante el VIII periodo del Comité Central del Partido acumulamos la
experiencia de trazar la estrategia y el plan a corto plazo, cumplirlos
con responsabilidad, y ampliar y consolidar los éxitos sobre esa firme
base.
Seguir elaborando como ahora el plan de un lustro y cumplirlo con
eficiencia es una fase y un proceso por los que debemos pasar
indispensablemente para consolidar el poderío estatal y construir
definitivamente una sociedad ideal.
Si todos los sectores se perfeccionan pasando por ese proceso, es del
todo posible incrementar en gran medida y sobre una base sólida el
poderío nacional tal como ideamos.
Dentro de diez y veinte años celebraremos los aniversarios 90 y 100
de la fundación de nuestro Partido y si fomentamos con diligencia el
desarrollo del Estado y el bienestar del pueblo con el actual modo de
lucha, con toda certeza podemos transformar el país entero, acomodar la
vida de todo el pueblo, y por entonces nuestro Partido estará muy
orgulloso de haber sido fiel a su misión y obligación como organización
auténtica del pueblo.
Compañeros delegados:
Al igual que en la lucha del pasado lustro en que abrimos una era de
desarrollo integral del Estado, en la del nuevo lustro que comienza nos
apoyaremos totalmente en nuestra fuerza interna, la gran fuerza de
nuestro pueblo.
Durante el VIII periodo del Comité Central del Partido enarbolamos
como bandera de lucha y avance el ideal de considerar al pueblo como el
cielo, la unidad monolítica y el apoyo en las propias fuerzas. En el
siguiente periodo seguiremos sosteniendo inalterablemente estos tres
ideales.
Nuestro ideal, meta y velocidad de avance cambian constantemente,
pero dichos ideales típicos de la revolución coreana son invariables y
su fuerza inagotable impulsará con seguridad nuestra construcción
socialista al futuro luminoso.
Ningún reto, ningún cambio de situación pueden retrasar ni detener nuestro avance.
Avancemos todos enérgicamente para anticipar el día en que se
realicen exitosamente el ideal y anhelo de nuestro pueblo, multiplicando
el fervor, el espíritu combativo y la confianza en el futuro de la
causa socialista.