lunes, 28 de septiembre de 2026

DISCURSO DE ANDRÉ BRETON PRONUNCIADO EN UN MITIN DEL PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONALISTA DE FRANCIA, EN EL 60 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

 

No esperen de mí un mensaje político. Han pasado cerca de tres meses desde mi retorno de México, tres meses durante los cuales la voz del camarada Trotsky logró llegar varias veces hasta nosotros, tres meses durante los cuales el pensamiento del camarada Trotsky, maravillosamente propenso a atacar cada nuevo aspecto del problema político y social, maravillosamente ejercitado para sacar un partido inmediato de la actualidad, logró superar la gran distancia que lo separa de nosotros para ocupar, en los órganos de la IV Internacional, su rol de guía genial, de guía probado entre todos los del movimiento revolucionario. Los acontecimientos que se desarrollaron en el curso de estos tres últimos meses fueron de un orden bastante turbulento por lo que el análisis de la situación internacional, a la cual yo pude escucharlo proceder con una autoridad única, exige una adaptación a las novedades dadas. Sería fácil probar que Trotsky, en sus previsiones de entonces, se aproximaba más que ninguno a lo que se convirtió en la realidad concreta de hoy. Pero ustedes, camaradas, ustedes cuyas aspiraciones se confunden con las suyas, están a la altura de hacer esta demostración mucho más que yo. Yo dejaría entonces a un lado todo lo que pueda correr el riesgo de ser una repetición de las exposiciones de nuestros camaradas para mantenerme aquí en un testimonio en el plano puramente humano.

Desde el punto de vista marxista, no lamentamos comprender que es imposible vivir en nuestra época del oficio de escritor independiente, con más razón si este escritor pretende expresarse con toda conciencia sobre una serie de cuestiones susceptibles de manifestar su total desacuerdo con la sociedad burguesa. Las únicas salidas que se le ofrecen son, o bien debilitar poco a poco sus críticas de manera tal que esta sociedad se apreste un día a festejarlo como a un niño pródigo, o bien someterse a una forma de oposición que es, al menos provisoriamente, absoluta tranquilidad al mismo tiempo que absoluto beneficio pecuniario para el intelectual: la oposición stalinista. El stalinismo tiene en efecto a su disposición si quiere disfrazar bien su horrible impostura histórica, una elección casi ilimitada de funciones y de empleos más ampliamente remunerables, unos más que otros. Por no haber consentido ni a la primera ni a la segunda de estas abdicaciones, de estas traiciones, hace dos años, la extrema precariedad de mi situación material me obligó a solicitar un puesto de maestro en el extranjero. Los llamados servicios competentes del Ministerio de Asuntos extranjeros a los cuales debí necesariamente dirigir mi petición, después de un examen atento de mi posición ideológica tal como ella se desprendía de mi actividad anterior, concluyeron que era necesario preservarse de dirigirme hacia un país que viviese bajo el régimen autoritario o fuese susceptible de vivir más o menos próximamente bajo tal régimen. En estas condiciones, las posibilidades se restringían al punto -es mordaz notarlo hoy- que sólo se me podía ofrecer optar entre Checoslovaquia y México. Yo opté por México y por otra parte no escuché hablar más nada durante mucho tiempo. Únicamente a fines del último año, cuando me decidí a informarme sobre las razones de este silencio, se me propuso, a título de compensación, enviarme a México para pronunciar en la Universidad una serie de conferencias sobre el estado de la poesía y de la pintura en Europa.

Camaradas, ustedes se preguntan porqué experimento la necesidad de precisar frente a ustedes las condiciones de este viaje. Esto tiene que ver, seguramente, con que algunos de nuestros enemigos se han ingeniado para travestirlo y todavía buscan sacar partido de la forma más grosera. Incluso ante mi partida, un miembro de la "Casa de la Cultura", una garrapata muy peligrosa llamada Tristán Tzara[1], encontraba amplios oídos a quien confiar que yo estaba encargado por los Asuntos extranjeros de una misión cerca de Trotsky! Al mismo tiempo que yo partían por otra parte de París, pero encaminados de Nueva York hacia México por avión de tal forma de precederme, un cierto número de cartas dirigidas a los principales escritores y artistas mexicanos, cartas en las cuales la calumnia más desvergonzada se da libre curso. Varios destinatarios de estas cartas sabían felizmente a qué atenerse y sobre mí mismo y sobre los procedimientos abyectos a los cuales se acostumbra a recurrir en los medios stalinistas: es a uno de ellos que debo poder dar a ustedes lectura de este documento:

Querido camarada y amigo,

Queremos informarle, rogándole que de a conocer a nuestros amigos en México, sobre la posición del señor André Breton, que debe ir a vuestro país para hacer allí conferencias.

Enviado por el servicio de propaganda del Ministerio de Asuntos exteriores, del cual hoy la política reaccionaria es muy conocida, el señor André Breton siempre tomó posición contra el Frente popular y con ese objetivo se alió con los elementos políticos más turbios. Su acción contra la República española tomó las formas más pérfidas, aunque reclamándose de un vago revolucionarismo verbal.

Admirador de Trotsky, siempre se levantó contra todas las acciones de la Asociación Internacional de Escritores y, por esta razón, la palabra le fue rechazada luego del primer Congreso de Escritores.

Temiendo que se puedan producir malos entendidos, nosotros tenemos que tenerlos al corriente de la situación real del señor André Breton, que no representa de ninguna manera el espíritu revolucionario de la literatura en Francia.

Créanlo, etc...

Para el Secretario Internacional:

Firmado: René Blech[2]. Para aquellos de vosotros que lo ignoraban, yo voy a recordar, camaradas, que mi actitud y la de mis amigos surrealistas frente a la guerra de España jamás se prestó al menor equívoco. Desde la apertura del conflicto, nosotros deshonramos para siempre a las fuerzas de regresión y oscuridad que tomaban la responsabilidad de desencadenarlo, nosotros proclamamos nuestra esperanza inquebrantable en el salto inicial que llevó adelante la España obrera y que tendía a la realización de su bloque único verdaderamente invencible forjado en el peligro, que tendía también al aniquilamiento primordial de todo el aparato religioso y por encima de todo a la constitución de una ideología revolucionaria activa, formada en la prueba de los hechos -no preocupándose de reproducir la ideología existente o corrompida-, pero conciliando las aspiraciones fundamentales de nuestros camaradas de la FAI, de la CNT, del POUM y añadimos nosotros del PSUC, en la medida en que estos últimos dejaran de atentar a los precedentes.

¿Es bastante claro? Nosotros nos levantamos en todo momento de la manera más irreductible contra la política de no-intervención. De todo esto subsisten testimonios impresos y fechados, irrecusables. Pero lo que no se nos perdona, lo que no me hace gracia personalmente, es de haber constatado, en el curso de los acontecimientos, que la URSS actual constituía uno de los principales obstáculos para la victoria del proletariado español, es haber dicho por ejemplo en enero de 1937: "Los juicios de Moscú son la consecuencia inmediata de la lucha tal como es incitada en España: se trata para Stalin de impedir a toda costa una nueva oleada revolucionaria rompa olas sobre el mundo. Se trata de hacer abortar la revolución española como se hizo abortar la revolución alemana, la revolución china. ¿Se nos objeta que la URSS brinda armas, aviones? Si, primero porque es indispensable salvar la cara, luego porque estas armas de doble filo están llamadas a quebrar todo lo que trabaja en España, no por la restauración de la república burguesa sino por el establecimiento de un mundo mejor, porque están llamadas a destruir todo lo que lucha por la revolución proletaria". Lo que no se me deja pasar, es haber dicho: "No nos engañen, las balas de Moscú, en enero de 1937, son dirigidas contra nuestros camaradas del POUM. Después de ellos, se tomará a nuestros camaradas anarquistas, con la esperanza de terminar con todo lo que hay de vivo, con todo lo que comporte una promesa de futuro en la lucha antifascista española". En noviembre de 1938, no perdamos confianza, camaradas: el juicio del POUM fue perdido por Stalin: frente a los testimonios producidos por la defensa, fue necesario renunciar a la inculpación de espionaje retenida contra nuestros camaradas, fue necesario disminuir ampliamente la pretensión de deshonrar a los revolucionarios de España, incluso ayudándose de los alegatos y de las prestaciones de juramento del inmundo jesuita Bergamín[3]. La España obrera, la España revolucionaria, en la realidad a la cual nosotros rechazamos substituir por el concepto de la España republicana, está siempre de pie. Es a ella, a ella únicamente, que va nuestra ardiente fraternidad: a pesar de todas las empresas de corrupción, ni Stalin ni Franco, son aún dueños de la situación: el veredicto de octubre de 1938 nos enseña que ella no ha dicho su última palabra. Como si, en lo que me concierne, la carta de introducción que yo les comuniqué hace un rato, corría el riesgo de no ser suficiente, una palabra más imperativa, que no logró más que permanecer confidencial, estaba dirigida al secretario general de la LEAR de México, correspondiendo aquí a la antigua AEAR. Había pedido en sus propios términos que se lo vigile para "sabotear sistemáticamente todo trabajo al cual yo me libraría en México". La firma no era otra más que la de un individuo con el que yo estaba relacionado, no sin desconfianza, por un largo período de actividad común: se trata de Aragón[4], que concentra aquí la dirección de la pretendida Casa de la Cultura, de la revista Commune y del diario Ce soir. Como tuve la ocasión de decir en México, al considerar la evolución típica de Aragón en el curso de estos últimos años, la escalada que esta marca en el dominio de la capitulación sistemática, del servilismo más venal, del falso testimonio profesional y del soplón hereditario -Aragón es el hijo del antiguo prefecto de policía Andrieux[5] que se vanagloria en sus memorias por haber introducido la provocación en los procedimientos policiales- yo estoy aseguro que esta actitud ultra-stalinista procede de contradicciones mortales. La actitud de Aragón constituye una de las vergüenzas de estos tiempos: no puede inspirar a todo intelectual digno de ese nombre más que una completa repugnancia; ella debe ser consagrada expresamente al odio del proletariado que sabrá reconocer, en las primeras circunstancias históricas decisivas a aquellos que trataron de dividirla, desmoralizarla, traicionarla. Aunque esta tentativa de obstrucción dirigida contra mí no se haya demostrado totalmente inoperante, yo logré hacer cinco conferencias en México.

Al mismo día siguiente de mi llegada, me esperaba la alegría de encontrar allí al camarada Van que muchos de nosotros conocíamos. Todos aquellos que se le han aproximando saben los extraordinarios recursos de inteligencia y de sensibilidad que le son suyos, han sabido apreciar la rapidez de su vista, la lucidez de su juicio, pero sin duda no todos han tenido la comodidad de medir lo extendido de su curiosidad ni compartir en su casa los admirables dones del corazón. Su modestia se ofuscaría de golpe seguramente de mis palabras y sin embargo yo no querría dejar pasar esta ocasión de dirigirle un saludo verdaderamente fraternal. Que me perdone por revelar aquí lo que su existencia presenta de dramático: frente a tantos intelectuales que buscan en la negación, en la depredación de toda conciencia moral el secreto de una vida confortable, es necesario, camaradas, oponer este ejemplo. En dieciocho años el camarada Van, admisible en la Escuela Normal Superior de Ciencias[6], no pudo soportar la idea del aislamiento del camarada Trotsky que se encontraba entonces en Prinkipo y, desdeñando asegurarse su propio futuro, le ofreció espontáneamente sus servicios. Él lo siguió por todo su exilio, pasó por las manos de casi todas las policías de Europa. En el momento actual, muy pobre, ya que Trotsky sólo tiene posibilidades de asegurar a sus secretarios el alimento y la cama, él continúa viviendo sin poder disponer de sí mismo, privado incluso de la sonrisa de su hijo.

Es con la mejor gracia del mundo que él toma sobre sí una tarea abrumadora: diez a doce horas de trabajo y, como debe ser asegurada sin cesar la vigilancia de la casa, cuatro horas de guardia a la noche. El camarada Van es uno de esos revolucionarios de la cabeza a los pies como los quiere Trotsky. En el momento de distracción de esta noche en el restaurante, mientras que se desplazaban alrededor nuestro los sirvientes con blusas adornadas de bordados brillantes a la moda de Tehuantepec, él sufría sin apartarse de su bella sonrisa clara mi torrente de preguntas. Para consolarnos de tantos otros, era verdaderamente el hombre, tal como yo lo entiendo, el amigo en toda la acepción de la palabra.

Al día siguiente, yo debía encontrarme con Diego Rivera. Ustedes saben que es a él que el camarada Trotsky le debe haber encontrado asilo en México. Es él quien, en los tiempos del "planeta sin visado", multiplicó las diligencias para hacerlo recibir y obtuvo que sean aceptadas, mientras que permanecería allí, todas las medidas necesarias para su salvaguarda. Para llevar a buen término tal empresa, era necesaria la autoridad única de la que gozaba Rivera, no digo únicamente en México sino en toda América, autoridad que tiene por la reputación considerable que él se hizo como pintor de frescos y por la actitud entre todos irreductible que él no cesó de oponer a las potencias del dinero. Diego Rivera es el autor de una obra épica, sin ningún equivalente en Europa, que remarca la lucha de cien años ininterrumpidos de México por su independencia y a través de ella, la aspiración incesante del hombre a una mayor conciencia y libertad, que restablece, más allá de la época de la conquista española, lo que constituye el saldo más precioso de las civilizaciones indias desaparecidas, que anticipa ampliamente también lo que debe ser la verdad humana del mañana. La potencia de esta obra es tal que ha desbordado desde hace mucho tiempo su marco original: México. Encargado, en Nueva York, de decorar los muros de la fundación Rockefeller, Rivera no omitió allí más que en otro lado, hacer figurar en primer plano el retrato de Marx, de Lenin y de Trotsky, llamando a los obreros del mundo entero a la lucha liberadora. Aunque él sea más célebre que en cualquier otra parte, el acceso a los Estados Unidos le está prohibido desde entonces. Cuando, espantado, el gran capitalismo ordenó la desaparición del fresco, faltó poco para que estalle un motín. Por suerte, los edificios de México, al interior de los cuales la inspiración de Rivera se dio toda licencia, guardarán el testimonio de esta fidelidad a la causa de la emancipación humana que, bajo su pincel, logra expresarse en el lenguaje más concreto, más exultante. Yo tengo mucho más cuidado en atestiguarlo del que tomé abordando la obra de Diego Rivera con las mayores prevenciones técnicas. Las muy malas reproducciones que circulan aquí de sus frescos lo perjudican y la óptica particular de Europa me dejaba poca chance de apreciarlo. Fue necesario que yo me sintiese penetrado de golpe como lo estuve en el corazón de la capilla secularizada de Chapingo, donde ella me rodeaba desde todas partes, que, embargado por una emoción desconocida, en cierto modo primitiva, yo me sintiese penetrado hasta las lágrimas, por saber hasta qué punto ella es una invitación a la lucha por la conquista de la felicidad, hasta qué punto, camaradas, está hecha para nosotros.

Ustedes me comprenden, camaradas, si les confieso que no es sin angustia que algunos días allí yo me encaminaba hacia esta "Casa azul", la morada del camarada Trotsky, de la cual tanto se ha hablado y que está en Coyoacán. Tuve una buena ocasión de informarme tanto como fuera posible de su salud moral, del empleo de su tiempo y también de todo lo que para mí lo hacía dejar de pertenecer a la historia para comportarse como un hombre viviente, una pantalla continuaba interponiéndose entre él y yo. Tras esta pantalla se desarrollaba una vida mucho más agitada y alborotadora que todas las otras, tan incomparablemente más dramática. Yo me representaba a este hombre que fue la cabeza de la revolución de 1905, una de las dos cabezas de la revolución de 1917, no únicamente como un hombre que puso su genio y todas sus fuerzas vivas al servicio de la mayor causa que yo conozca, sino también el testimonio único, el historiador profundo del cual las obras hacen mucho más que instruir, pues le dan ganas al hombre de resistir. Yo me lo representaba al lado de Lenin y, más tarde, continuando la defensa de su tesis, la tesis de la revolución en el seno de los congresos trucados. Yo lo veía solo de pie entre sus compañeros ignominiosamente abatidos, solo, apresado por el recuerdo de sus cuatro hijos asesinados. Acusado del mayor crimen que puede ser acusado un revolucionario, amenazado en todo momento de su vida, librado al odio ciego de aquellos mismos por los cuales él se prodigó de todas formas. ¡Es necesario, camaradas, que la desinformación de la opinión sea fácil de orientar!

Con el corazón palpitante, he visto entreabrirse la puerta de la Casa azul, se me guió a través del jardín, apenas tuve tiempo de reconocer al pasar las buganvillas cuyas flores rosas y violetas sembraban el suelo. Los cactus eternos, los ídolos de piedra que Diego Rivera -que puso esta casa a la disposición de Trotsky- reunió con amor a lo largo del pasillo. Yo me encontré en una pieza clara entre libros. Y bien, camaradas, al instante mismo en que el camarada Trotsky se levantó del fondo de esta pieza, donde, bien real, se substituyó la imagen que tenía de él, no pude reprimir la necesidad de decirle hasta qué punto yo estaba maravillado de encontrarlo tan joven. ¡Qué dominación de sí mismo, qué certeza de haber mantenido, con y contra todo, su vida en perfecto acuerdo con sus principios, qué excepcional coraje más allá de tales pruebas han podido guardar así sus facciones de toda alteración! Los ojos de un azul profundo, la admirable frente, la abundancia de los cabellos cabalmente plateados, la tez como la de una muchacha, componen una fisonomía en la que se siente que la paz interior lo alcanzó, lo alcanzará para siempre por encima de las formas más crueles de la adversidad. No es ésta naturalmente más que una mirada estática, pues desde que la cara se anima, que las manos matizan con una rara fineza tal o cual propósito, se desprende de toda su persona algo electrizante.

Estén seguros, camaradas, que si los estados capitalistas se han mostrado tan resueltos, tan unánimes en el hecho de concluir con la proscripción del camarada Trotsky y si el gobierno de Stalin no dejó de presionar sobre ellos para obtener esta proscripción, esto fue de su parte una medida perfectamente natural. Trotsky libre, Trotsky en condiciones hoy, por ejemplo, en París de tomar la palabra en un mitin, es todo un muro de la revolución que reaparecería de pie; es la luz del soviet de Petersburgo, del congreso de Smolny que se levantándose en la sala. No es a los explotadores de la clase obrera que se puede pedir consentir esto. Es de la clase obrera que es necesario esperarlo, de la clase obrera que, llegado el momento, sacudirá el yugo que la aplasta, barrerá de un golpe la podredumbre termidoriana y reconocerá a los suyos.

Luego, se me acordaron frecuentes entrevistas con el camarada Trotsky. De la vida un poco legendaria que yo le atribuía, él ha pasado para mí a una existencia más real, más tangible. No hay sitio típico mexicano al cual él no permanezca asociado en mi recuerdo. Yo lo vuelvo a ver, las cejas fruncidas, desplegando los diarios de París bajo las sombras de un jardín de Cuernavaca, irritado contra los zumbidos de los mosquitos, mientras que la camarada Natalia Trotsky, tan conmovedora, tan comprensiva y dulce, me designaba por su nombre a las sorprendentes flores; yo lo vuelvo a ver practicando conmigo el ascenso a la pirámide de Xochicalco; otro día, estamos desayunando al borde de un lago congelado, en pleno cráter del Popocatepetl; o bien nos encontramos a la mañana en una isla en el lago de Pazcuaro, el maestro que reconoció a Trotsky y Rivera hace cantar a los niños de la escuela en la vieja lengua tarasca; o bien henos aquí dispuestos a pescar axolotls en un rápido arroyo del bosque. No hay nadie que muestre más interés por todo lo que se presenta así de nuevo más que el camarada Trotsky, nadie más, en el curso de un viaje, tan emprendedor, tan ingenioso como él. Es claro que subsiste en él una esencia de infancia de una frescura inalterable. Y sin embargo, ustedes entienden bien, camaradas, que no hay tensión de espíritu mayor que la suya: yo no conozco un hombre capaz de librarse a una labor tan intensa y tan continua. Pero de esta labor ya se han acumulado tantos testimonios objetivos que creo poder pasarlo por alto para intentar mas bien despejar el secreto de su seducción personal. Esta seducción es extrema. Una tarde que él había aceptado recibir en su casa a una sociedad de intelectuales compuesta de una veintena de personas llegadas desde Nueva York, y que aceptó darles una corta exposición, después de responder a sus preguntas, yo observé como, a medida que hablaba, el clima de la pieza se volvía humanamente favorable, cómo este auditorio apreciaba la vivacidad y la seguridad de su réplica, le estaba agradecido por su jovialidad, gozaba de sus agudezas. Yo asistí, muy contento, a los esfuerzos de estas personas para, antes de retirarse, venir uno después del otro a agradecerle, darle la mano. Y sin embargo estaba allí, entre los más devotos, el gobernador de un Estado de Norteamérica así como una mujer de cabeza de lechuza que había sido ministro de trabajo en el gabinete de Mac Donald [7]... Esta seducción parece sostenerse, no únicamente en el placer de controlar de cerca el funcionamiento de una inteligencia superior, sino también en la sorpresa de constatar que la preocupación dominante, sobre la que está centrada esta inteligencia es, a fuerza de someter a todas las otras, hacerlas contribuir en su argumentación. Camaradas, me explico. He llegado a pasearme o encontrarme sentado sobre un banco con el camarada Trotsky, en el corazón de uno de estos mercados indios que son uno de los más bellos espectáculos que ofrece México. Ya sea que nos interesáramos en la arquitectura de las casas del lugar o en los puestos multicolores o en el paso de los campesinos cubiertos de sarapes que unían el sol, la noche con su extraordinaria nobleza en el modo de andar, Trotsky siempre encontraba los medios para ligar esta serie de observaciones a una situación más general, y de transformarlo en la esperanza de un mejoramiento de los valores de este mundo, de convertirlo en un estimulante a favor de nuestra lucha.

Hay una cuestión que, para el camarada Trotsky, prima sobre todas las demás, una cuestión sobre la cual no se puede hacer bromas y a la que él siempre los vuelve a llevar. Esta cuestión es: "¿Qué perspectivas?" Nadie es mejor que él para prever el futuro, como nadie lo es cuando describe algunas cacerías de lobo en las que participó en el Cáucaso. El pasado tenía más bien tendencia a excederlo. Él abunda en sarcasmos contra aquellos que se establecieron sobre una reputación incluso honorable. Es necesario escucharlo hablar de los "¡pequeños rentistas de la Revolución!"

Se ha intentado, allí como en otras partes, atrapar, abatir a Trotsky de todas las formas posibles. No fue suficiente condenarlo a muerte en Moscú, ni arrancarle, en las personas que le eran más queridas, una por una, sus mejores razones de ser, ni alimentar contra él la campaña más loca y más miserable de todos los tiempos. Por ello, la GPU, que intentó vanamente el año pasado entregarle en sus propias manos, supuestamente de parte de un amigo, un paquete conteniendo una bomba, se resignó, al menos provisoriamente, a volver a su juego de calumnias monstruosas contra él, en una circunstancia mucho más eficaz ya que a quienes hay que convencer están lo más desinformados posible de la situación política de México. Se dijo, camaradas -y el semanario Marianne se hace eco de ello-, ¡que Trotsky le inspiró al Presidente Cárdenas[8] la medida de la expropiación que él tomó, a principios de año, contra las compañías petroleras extranjeras (inglesas y norteamericanas) y esto con el objetivo de poder vender el petróleo mexicano a Hitler, Mussolini y Franco! Se ha sostenido -en contradicción formal con este primer alegato, pero qué importa- que era Trotsky quien había fomentado contra el Presidente Cárdenas, la rebelión del general Cedillo[9]. Los infames diarios a sueldo de la GPU y cuyo destino preside el traidor Lombardo Toledano[10] han llegado incluso a certificar que el camarada Trotsky y el camarada Rivera, en el curso de un viaje de México a Guadalajara, viaje de 800 km. durante los cuales yo no los he abandonado, habían tenido largas entrevistas con un cierto doctor Atl[11], conocido allí por ser un agente de la embajada alemana. ¡Fue a mí a quien se intentó hacer pasar por este fascista! Observen, camaradas, que la calumnia sabe por necesidad hacerse menos grosera, puede tomar en la ocasión un giro sutil. Es así como se deja escuchar que el camarada Trotsky sostiene demasiadas buenas relaciones con el gobierno mexicano, que está menos preocupado en sostener los intereses de la clase obrera mexicana que en tratar con prudencia al general Cárdenas, en función de la hospitalidad que recibe de él. A esta insinuación, Trotsky opuso de una vez por todas esta aclaración:

"Dejemos a los bufones y los intrigantes a su propia suerte. No es de ellos que nos ocuparemos, sino de los obreros conscientes del mundo entero. Sin hacerse ilusiones y sin asustarse de las calumnias, los obreros avanzados aportarán un apoyo completo al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni el socialismo ni el comunismo. Pero es una medida profundamente progresiva de autodefensa nacional. Marx no consideraba evidentemente a Abraham Lincoln[12] como un comunista. Esto sin embargo no impidió a Marx tener una profunda simpatía por la lucha que dirigía Lincoln. La Primera Internacional envió al presidente de la guerra civil una carta de salutación, y Lincoln, en su respuesta, apreció altamente este apoyo moral. El proletariado internacional no tiene razones para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Para los revolucionarios no sirve de nada disfrazar, falsificar ni mentir como lo hacen los cortesanos de la escuela de la GPU que, en el momento del peligro, venden y traicionan el lado más débil. Sin abandonar su propia figura, toda organización obrera honesta del mundo entero y ante todo de Gran Bretaña, debe atacar implacablemente a los bandidos imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus lacayos fascistas. La causa de México, como la causa de España, como la de China, es la causa de toda la clase obrera."

Hay que hacer justicia con el gobierno de Cárdenas y rendirle homenaje por continuar haciendo todo por asegurarle la seguridad al camarada Trotsky. Los miembros de este gobierno, de los cuales algunos jugaron grandes roles en la revolución de 1910, combatieron bajo las órdenes de Zapata[13] o fueron formados en su escuela, admiran sin reservas a un hombre de la calidad de Trotsky. No es por su culpa sino más bien por la consecuencia inevitable de las medidas de protección que hay que tomar por él, que sufra el no poder desplazarse como le plazca y que se queje a veces de ser tratado como un "objeto".

Quisiera camaradas, para terminar, aunque esto no sea algo que les interese a todos igualmente, tratar en algunas palabras, una cuestión que me apasionaba especialmente y que deseaba someter a Trotsky. Durante años, en materia de creación artística, defendí para el escritor, para el pintor, el derecho de disponer de sí mismo, de actuar no conforme a consignas políticas, sino en función de determinaciones históricas muy especiales que son únicamente competentes al artista. Yo siempre me mostré irreductible sobre esta cuestión. En 1926, cuando quise adherir al Partido Comunista, esta actitud me costó tener que comparecer ante varias comisiones de control donde me pedían con un tono ultrajante dar cuenta de las reproducciones de Picasso, de André Masson[14], que estaban momentáneamente en la revista que yo dirigía. He combatido sin descanso, al interior de la AEAR, la consigna inepta del "realismo socialista". Si me dediqué con continuidad a una tarea, fue precisamente, a pesar de todo lo que podía suceder, para preservar la integridad de la búsqueda artística, para hacer que el arte continúe siendo un fin, no se vuelva bajo ningún pretexto un medio. Esta perseverancia de mi parte no implica que yo no haya llegado a perder la esperanza a veces sobre el resultado que tendría esta lucha, a pensar que la incomprensión, la mala voluntad serían más fuertes. ¡Nos han repetido demasiadas veces, a mis amigos y a mí que esta actitud, que con todas nuestras fuerzas queríamos mantener, era incompatible con el marxismo! Aunque mi convicción era contraria a esto, yo no podía ocultarme que allí existía un punto neurálgico, un tema de inquietud que había visto demasiado fraccionado, como para que yo no estuviese ansioso de someterlo al camarada Trotsky.

Puedo decir, camaradas, que no podía haberlo encontrarlo más abierto a mi preocupación. ¡Oh! No crean que logramos entendernos enseguida: no era hombre de dar la razón tan fácilmente. Conociendo bastante bien mis libros, él insistió en que quería tomar conocimiento de mis conferencias y me ofreció discutirlas conmigo. Entre nosotros, de un lado y del otro, se entablaba verdaderamente alguna escaramuza: el escuchar un nombre como el de Sade o de Lautremont[15] le hacía tener ligeramente un tic. En la ignorancia que tenía de ellos, él me hacía precisar el rol que habían jugado para mí ubicándose desde el único punto de vista justo, el punto de vista común al revolucionario y al artista, que es aquel de la liberación humana. Otras veces, él se interesaba vivamente por tal o cual concepto que me había adelantado y lo sometía a una crítica precisa. Es así como me dijo un día: "Camarada Breton, el interés que usted tiene por los fenómenos del azar objetivo no me parece claro. Sí, yo sé bien que Engels ha evocado esta noción, pero yo me pregunto si, en vuestro caso, no hay otra cosa. Yo no estoy seguro que usted tenga la preocupación de conservar -sus manos delimitaban en el aire un débil espacio- una pequeña ventana abierta sobre el más allá." Yo no había terminado de justificarme que él retomaba: "Yo no estoy convencido. Y además, usted escribió en alguna parte... ah sí, que estos fenómenos presentaban para usted un carácter inquietante. -Perdón, le dije, yo escribí: inquietante en el estado actual del conocimiento, ¿quiere que verifiquemos? Él se levantó bastante nerviosamente, hizo algunos pasos y volvió hacia mí: "Si usted ha dicho... en el estado actual del conocimiento... yo no veo nada más para corregir, retiro mi objeción".

La extrema perspicacia, incluso cuando se inclinaba a mostrarse un poco sospechosa, y la perfecta buena fe de la que lo vi dar prueba en toda circunstancia nos permitió estar plenamente de acuerdo sobre la oportunidad de publicar un manifiesto que saldaba de una forma definitiva el litigio persistente del cual hablé. Este manifiesto apareció bajo la firma de Diego Rivera y la mía y se titula: Por un arte revolucionario independiente. Concluye en la fundación de una Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente (FIARI) cuyo boletín mensual aparecerá por primera vez a fines de diciembre. Yo preciso que se le debe más a Trotsky que a Rivera y que a mí mismo, por la independencia total que allí es reivindicada desde el punto de vista artístico. Es en efecto el camarada Trotsky quien, en presencia del proyecto donde yo había formulado: "Toda licencia en el arte, salvo contra la revolución proletaria", nos puso en guardia contra los nuevos abusos que se podría hacer de esta última parte de la frase y la tachó sin dudar.

En el período actual, Trotsky me repitió muchas veces, que para facilitar un reagrupamiento revolucionario él contaba mucho con la actividad de una organización como el FIARI. Dos veces, además, en el curso de estos últimos meses, él creyó bueno explicarse sobre la forma en la que él encaraba personalmente la creación artística.

Lo hizo, por un lado, en una carta a los camaradas norteamericanos, reproducida en Quatrième Internationale, por otro lado en una entrevista inédita en francés, de la cual me limitaré a citar este pasaje: "El arte de la época stalinista entrará en la historia como la expresión patente del profundo declive de la revolución proletaria. Sin embargo, el cautiverio de Babilonia del arte revolucionario no puede durar y no durará eternamente. El partido revolucionario no puede proponerse seguramente como tarea dirigir el arte. Una pretensión semejante sólo puede venir del espíritu de personas ebrias de omnipotencia, como la burocracia de Moscú. El arte, como la ciencia, no solamente no demanda órdenes, sino que, por su misma esencia, no las tolera".

Me parece imposible que todos los artistas auténticos, no reciban con alivio y, por poco revolucionarios que sean, con entusiasmo, tal declaración.

Camaradas, tengo conciencia de haberme mostrado inferior en la tarea ambiciosa que me era asignada: volver un poco más presente entre nosotros al camarada Trotsky. Para consolarme, recuerdo una conversación que he tenido hace algunos años con André Malraux, que volvía de un viaje a la URSS. Él me contó como, en el curso de un banquete de bienvenida donde había sido llevado para pronunciar una alocución, él llegó a citar a León Trotsky y cómo, de golpe, sintió hacerse pesada la atmósfera, escuchó caer vasos, vio levantarse y desplazarse a algunos de sus vecinos de mesa con la intención manifiesta de rodearlo: cómo llegó a temer en un momento por su vida. Me confió incluso que sólo pensaba deber su salud a una inspiración súbita, como de las que se tiene a veces frente al peligro, y que le dictó una frase susceptible de sorprender, de confundir a aquellos que estaban dispuestos a la agresión. Lo que me sumergió, lo que me sumerge aún en el estupor, no es tanto esta escena que muchos acontecimientos trágicos desde entonces vinieron a corroborar, sino más bien la conclusión a la que había inducido a André Malraux. Según él, no era más necesario, bajo ningún pretexto, en ninguna circunstancia, pronunciar el nombre de León Trotsky. Pronunciarlo equivalía, parece ser, a excluirse de la actividad revolucionaria tal como ella puede, en las abominables condiciones actuales, llevarse a cabo. Jamás se ha visto esto, camaradas; ¿es posible que el instinto de conservación dicte a los intelectuales semejante renunciamiento a su pensamiento? Yo sé, yo creo sin embargo saber ¡que a André Malraux no le falta coraje! El solo nombre de Trotsky es para él demasiado representativo y demasiado exultante para que se pueda callarlo o contentarse con murmurarlo. No se nos impedirá blandirlo ni hacerlo retumbar en las orejas de los perros de todo pelaje. Tanto sobre los cuerpos despedazados de los pequeños niños de España y sobre los de todos los hombres que caen diariamente por el triunfo de la España obrera, como sobre los cuerpos de los revolucionarios de Octubre, sobre el de nuestro camarada Sedov [16], asesinado en una clínica, sobre el de nuestro camarada Klement[17] que la policía francesa no quiere reconocer cortado en pedazos, es necesario que mantengamos la divisa: ¡No pasarán!

Saludo al camarada Trotsky magníficamente viviente y que verá sonar su hora de nuevo, saludo al vencedor y gran sobreviviente de Octubre, saludo al teórico inmortal de la revolución permanente.


[1] Tristán Tzara (1896-1963), padre del "dadaísmo" y viejo enemigo de Breton, fue miembro del PC.

[2] René Blech quien firma esta carta era el nombre del secretario de la Asociación Internacional de Escritores, no parece haber dejado una obra considerable: no hemos encontrado trazos de él. (N del ILT).

[3] José Bergamín (n. 1895) filósofo católico, era compañero de ruta del Frente popular y aceptó incluso hacer el prefacio de un libro antitrotskista que era manifiestamente obra de la GPU.

[4] Luis Aragón (n. 1897), poeta y surrealista, llegó al PC en la época stalinista, era el símbolo para Breton de la claudicación. La AEAR era la asociación de los escritores y artistas revolucionarios.

[5] Louis Andieux (1840-1931) fue prefecto de policía de 1879 a 1881; fue partidario del general Boulanger.

[6] Este detalle es inexacto según el testimonio de Van. Además él tenía entonces veinte años.

[7] James Ramsay Mac Donald (1886-1937) fue dos veces primer ministro. No hemos identificado a "la mujer con cabeza de lechuza".

[8] Lázaro Cárdenas (1895-1870), mestizo indio, general de la revolución, fue presidente de México desde 1934 y decidió personalmente acordarle a Trotsky la visa mexicana.

[9] Saturnino Cedillo (1890-1938), general y cacique de San Luis Potosí, conspiraba con los petroleros y la Alemania nazi: su complot se tornó en una ridícula aventura.

[10] Vicente Lombardo Toledano (1893-1968) era secretario general de la central "oficial" mexicana, la CTM y Trotsky lo acusó no sin argumentos de estar al servicio de la política rusa.

[11] Gerardo Murillo, llamado Dr, Atl (1865-1943), pintor, maestro de Diego Rivera, se convirtió en fascista.

[12] El presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln (1809-1865) dirigió a los Nortistas durante la guerra de secesión.

[13] Emiliano Zapata (1877-1919) fue uno de los jefes campesinos más populares en el transcurso de la revolución mexicana.

[14] Pablo Picasso (1881-1973) y André Masson (n. 1896) estaban ambos ligados a los surrealistas.

[15] Donatien de Sade (1740-1814) conocido como "marqués de Sade" e Isidoro Ducasse, conde de Lautrémont (1663-1723) son considerados por los surrealistas como sus precursores.

[16] León Sedov (1906-1938) era el hijo mayor de Trotsky. Murió de forma sospechosa luego de una apendicitis en una clínica perteneciente a rusos blancos, en el mes de febrero de 1938.

[17] Rudolf Klement (1910-1938), secretario administrativo del secretariado internacional había "desaparecido" y los pedazos de su cadáver fueron encontrados en el Sena. 

Escrito: noviembre de 1938.
Primera publicacion: Discurso pronunciado por André Breton en un mitin del PCI (Partido Comunista Internacionalista de Francia) el 11 de noviembre de 1938, en Quatrième Internationale n° 14/15, noviembre-diciembre de 1938.
Fuente de este texto Cahiers Léon Trotsky N° 12, Institut Léon Trotsky de Francia.
Traduccion: ceip.org, con cuyo permiso aparece aqu&oiacute;.
Html: Marxists Internet Archive. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

"LA NOCHE MÁS LARGA", PELÍCULA BASADA EN LAS ÚLTIMAS EJECUCIONES DEL FRANQUISMO DEL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1975

Título: La noche más larga
Dirección José Luis García Sánchez
Guionistas José Luis García Sánchez, Manuel Gutiérrez Aragón, Carmen Rico-Godoy
Fecha estreno 1991
Nacionalidad España 
Reparto Juan Echanove, Carmen Conesa, Juan Diego, Gabino Diego, Fernando Guillén Cuervo
Duración: 90 minutos
Sinopsis Un abogado y un fiscal militar recuerdan el juicio sumarísimo que condujo a los últimos fusilamientos decretados en 1975 por el Generalísimo Franco, poco antes de su muerte. 

La noche más larga es una película dramática española, estrenada el 23 de septiembre de 1991 en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián. Fue dirigida por José Luis García Sánchez y protagonizada por Juan Echanove, Carmen Conesa y Juan Diego.

La película debía llamarse 'El año que murió Franco', nombre basado en el libro homónimo del periodista Pedro J. Ramírez, pero finalmente se decidió titularla La noche más larga en referencia a uno de los versos de la canción Al alba escrita por Luis Eduardo Aute.

Un abogado y un fiscal militar recuerdan el juicio en el que ambos se enfrentaron, el cual condujo a las últimas ejecuciones del franquismo llevadas a cabo el 27 de septiembre de 1975. Los acusados eran un grupo de jóvenes que asesinaron a un policía durante una acción terrorista y las posibilidades de lograr el indulto eran escasas, pese a la presión de gobiernos de todo el mundo.

"La noche más larga" es una película de ficción [...] Cuando empezamos a trabajar el guión, nos planteamos el tema de cómo podíamos tratar nosotros el año 75 desde el 90 en que nos encontrábamos. No tenía sentido hacer una película testimonial, me parecía que era más adecuado hacerla desde el punto de vista de hoy, tratar de hacer una reflexión sobre lo que sucedió en aquellos días, pero también sobre cómo han evolucionado esos personajes posteriormente y sobre las razones de una especie de desmemoria colectiva que a mí me parece especialmente preocupante [...]

La película no trata de ETA ni del FRAP. Sólo trata de una época en la que se podía fusilar a la gente. No se cuenta la vida de nadie, tampoco es una crónica fiel de los acontecimientos.

Pero nuestra historia es verdadera aunque no haya ocurrido en realidad [...] Reconstruir tal cual los fusilamientos de 1975 me temo que  no diría nada a las nuevas generaciones que, por ejemplo, no saben que era el FRAP. Por eso, en la película hablamos de los fusilamientos de tres chicos, en lugar de cinco, y no damos siglas. Todo gira alrededor de una historia de amor [...] La película transcurre en tres épocas diferentes: el año 1975, en que éramos infinitamente desgraciados; un año después, en que parecía que todos íbamos a ser infinitamente felices, y ahora, que parece que estamos muertos. La conversación que mantienen en el tren los dos personajes protagonistas se convierte en una especie de metáfora. El hecho de que dos personas tan radicalmente distintas en el pasado sean capaces de mantener esta conversación en el presente, dice mucho acerca de la reciente evolución de determinadas personas.

JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ

Fuente: Lola Films 

VER PELICULA: 

sábado, 26 de septiembre de 2026

"CARTA A PABLO NERUDA", OBRA DE JOSÉ CABALLERO, EN EL 53 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL POETA CHILENO

 
Carta a Pablo Neruda
José Caballero
1973
Óleo sobre lienzo
132 x 91 cm
Museo de Huelva 

José Caballero conoció a Pablo Neruda en Madrid en 1934 a través de Federico García Lorca.

El pintor onubense colaboró con Pablo Neruda en una de las revistas destacadas de la segunda mitad de los años 30: ‘Caballo verde para la poesía’, que puso en marcha en Madrid el poeta chileno, defensor en aquellos años de una ‘poesía impura’ opuesta al canon juanramoniano, con la colaboración del matrimonio de poetas-impresores Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. En sus páginas colaboraron Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti y el propio Lorca, entre otros, y, además dio voz a un joven Miguel Hernández.  

En 1935 Neruda escribió y dedicó un poema a Caballero con motivo de la publicación de sus ilustraciones para “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”:

“José Caballero es el joven

señor de los sueños, el

vencedor de las manzanas,

el gran disparo entre

las hojas, el catalejo

de coral humeante, y es

aún más: es el jefe

del fuego de siete manos
”.

Dos días después de la muerte de Neruda, un 23 de septiembre de 1973, José Caballero fecharía su ‘Carta a Pablo Neruda’, una elegía al poeta en forma de óleo sobre lienzo: 

Pablo: en tu casa sagrada florecerán las lilas y la metafísica  cubierta de amapolas.

En tu casa rota, azotada por el viento y por el frio, florecerán flores rojas.

Hoy he dibujado para ti estas humildes flores, que de haber
estado cerca, te hubieran llenado para cubrir tu cuerpo.

Las he dibujado cuidadosamente, amorosamente, para que
parezcan que están vivas y florezcan sobre ti. Sobre tu agricultura.

Para que florezcan como una acusación, como un símbolo, como
un himno que yo también canto.

Pablo: todavía un abrazo desde tan lejos, desde tan cerca.
Adiós camarada, hermano, amigo.»

José Caballero

25 de Septiembre de 1973

viernes, 25 de septiembre de 2026

"ATRAVESÉ LA MONTAÑA", REPORTAJE DE TITOGRAD TV SOBRE LA REPÚBLICA SOCIALISTA DE MONTENEGRO (1971)

"ATRAVESÉ LA MONTAÑA", REPORTAJE DE TITOGRAD TV (1971) 

"Prođoh kroz Goru" ("Atravesé la montaña") es un reportaje de televisión de 1971 dirigido por Veselin Bato Ljumović y producido por la antigua Televisión de Titogrado (actualmente Radio y Televisión de Montenegro – RTCG). Esta grabación televisiva de culto presenta un collage de canciones y danzas tradicionales, llevando a los espectadores a un viaje musical por la República Socialista de Montenegro a principios de la década de 1970.

El reportaje se inicia en la localidad costera de Kotor, continuando por diversos parajes naturales de Montenegro, como el Cañón del Tara, el Lago Negro, el Parque Nacional de Durmitor, el Lago Skadar, para finalizar en la reconstruida capital, Podgorica, denominada Titogrado durante la época yugoslava en honor al Mariscal Tito.

El nombre del proyecto proviene de la conocida canción folclórica tradicional "Prođoh kroz goru" ("Atravesé la montaña"), cuya letra es muy apreciada e interpretada en la región por numerosos artistas folclóricos (como Branka Šćepanović, Mirko Rondović, entre otros).  

El canal Titograd TV inició sus emisiones el 4 de mayo de 1964 con el nombre de "Televizija Titograd" y extendió su cobertura por Montenegro durante el resto de la década. El ente público se trasladó a unos nuevos estudios en 1984, lo que le permitió aumentar la programación propia.

El primer servicio diario de noticias por televisión (Dnevnik) se emitió en 1975. En 1979, TTV se unió a la red de Eurovisión en la inauguración del Festival de Televisión de los países no alineados en Bar.

La empresa cambió su nombre por Radio Televizija Crne Gore (en español, «Radio Televisión de Montenegro») en 1991, en plena disolución de Yugoslavia.

 

jueves, 24 de septiembre de 2026

LA FUNDACIÓN 1º MAYO PUBLICA "1976. LAS HUELGAS DE LA TRANSICIÓN", EN COLABORACIÓN CON LA EDITORIAL CATARATA

1976. Las huelgas de la Transición
Susana Alba Monteserín, José Babiano (eds)
ISBN 978-84-1067-696-1
Páginas 200
Fecha publicación 21-09-2026 
Editorial Catarata 
Edición en papel 19,00 €

Lejos de visiones simplistas, la Transición española fue un proceso marcado por conflictos, incertidumbres y disputas sobre el futuro del país. En ese contexto, 1976 constituyó un año decisivo. Mientras el Gobierno de Arias Navarro trataba de perpetuar un franquismo sin Franco, una oleada de huelgas sin precedentes situó al movimiento obrero en el centro de la crisis de la dictadura e hizo del sindicalismo uno de los principales protagonistas del cambio. 

Una capítulo histórico al que se ha prestado poca atención y a la que la Fundación 1º de Mayo, en colaboración con la editorial La Catarata, dedica ahora un libro para analizar en detalle el papel de los movimientos obreros en esos momentos decisivos para la instauración de la democracia en España. Coordinado por José Babiano, director del Área de Historia, Archivo y Biblioteca de la Fundación 1º de Mayo, y Susana Alba, investigadora de la misma fundación, ha contado además con la participación de más de una decena de historiadores e historiadoras especializadas en memoria obrera. 

Atendiendo a la diversidad de las realidades laborales y sociales que atravesaban España, este libro examina las formas de organización y protesta que articularon la movilización obrera en diálogo con el movimiento estudiantil, el vecinal y un feminismo que irrumpía como fuerza política transformadora. Sin olvidar la violencia ejercida contra quienes protagonizaron aquellas luchas y sobre la impunidad que aún nos interpela. Comprender 1976 es comprender que la democracia también se conquistó en las fábricas, en las calles y frente a la represión. El libro ya está disponible en librerías.

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

"CONCIERTO PARA VIOLÍN" OP. 48, PRIMERA OBRA DE LA TRILOGÍA DE DMITRI KABALEVSKY DEDICADA A LA JUVENTUD SOVIÉTICA

Concierto para violín en do mayor, Op. 48 (1948) 

Gran parte de la música más conocida de Dmitri Kabalevsky fue escrita expresamente para que la interpretaran niños o bien posee cualidades que apelan directa e inmediatamente a la sensibilidad musical infantil: son obras alegres y enérgicas, caracterizadas por ritmos de estructura cuadrada y un lirismo aparentemente sencillo. Algunas piezas, como el Concierto para violín en do mayor, Op. 48 (1948), reúnen ambas características.

Este concierto para violín es el primero de tres conciertos instrumentales que Kabalevsky compuso entre finales de la década de 1940 y principios de la de 1950 dedicados a la juventud soviética (los otros dos son el Concierto para violonchelo n.º 1 y el Concierto para piano n.º 3). Su estreno tuvo lugar en el otoño de 1948 a cargo del violinista Igor Bezrodny, de 18 años —ciertamente no un niño, aunque la obra tampoco es precisamente sencilla—. Al parecer, Kabalevsky concibió estos tres conciertos como modelos de obras de estudio avanzado para jóvenes intérpretes, buscando algo más elegante (y acorde con la política musical soviética de la época) que el repertorio habitual con el que los estudiantes perfeccionaban sus habilidades.

Hoy en día, la obra es interpretada tanto por virtuosos consagrados como por estudiantes —una tendencia iniciada poco después del estreno por David Oistrakh, quien la consideró lo suficientemente atractiva como para interpretarla a nivel profesional y asumió personalmente la tarea—. Asimismo, la obra se sitúa junto al Concierto para violín de Kachaturián (compuesto ocho años antes) como testimonio de aquellos compositores que abrazaron plenamente el ideal soviético de una música accesible y melódica durante las décadas de 1940 y 1950. 

El Concierto para violín de Kabalevsky consta de tres movimientos relativamente breves. Ritmos vivaces, un tema principal con una hemiolia persistente y un segundo tema de carácter "cantabile" en sol menor conforman el primer movimiento ("Allegro molto e con brio"), estructurado en una forma sonata-allegro compacta y sin cadencia. El movimiento central, "Andante cantabile", presenta tres secciones claramente diferenciadas; cuando al final regresa el material temático de la sección «A» —con su acompañamiento de ritmo constante y pausado e interesantes giros armónicos—, el solista cede el tema a la orquesta y asume, en su lugar, una línea de acompañamiento obligado ("obbligato") de carácter fluido. En el bullicioso último movimiento, 2Vivace giocoso", hay espacio para una breve y transparente cadencia.


martes, 22 de septiembre de 2026

EL COMUNISMO MARROQUÍ FRENTE A LA MONARQUÍA ALAUÍ

 

 Congreso de Vía Democrática Obrera en agosto de 2026. Foto: annahjaddimocrati.org

Historia del movimiento comunista en Marruecos, desde el PCM, fundado en 1943 y posteriormente ilegalizado y reconvertido en el PPS, hasta Vía Democrática Obrera, que hoy mantiene viva la tradición marxista. 

El movimiento comunista de Marruecos hunde sus raíces históricas en los círculos de debate que surgieron en las fábricas y minas del Protectorado francés a principios de los años veinte, impulsados por trabajadores y militantes franceses vinculados al Partido Comunista Francés (PCF). En este contexto organizativo, la Guerra del Rif (1921-1926) generó una ola de solidaridad internacionalista, pero la implantación local del marxismo fue reducida y estuvo sometida a una represión constante por parte de las autoridades coloniales.

Durante el período de entreguerras y la estrategia del Frente Popular francés se publicaron periódicos como Clarté y Maroc Rouge. La figura central en la estructuración de las primeras células comunistas fue Léon René Sultan, un abogado judío argelino de nacionalidad francesa. Los grupos se disolvieron oficialmente al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aunque se reorganizaron en la clandestinidad. El Partido Comunista Marroquí (PCM) se fundó formalmente en noviembre de 1943, a partir de estos grupos preexistentes desde 1920, con Léon Sultan como primer secretario general. Tras su muerte en 1945, la dirección pasó a Ali Yata, nacido en Tánger en 1920, que impulsó un proceso de “marroquinización” del partido: el paso de una base predominantemente europea a una mayoría musulmana y con liderazgo local. En sus primeros años, el PCM mantuvo posiciones contradictorias hacia el nacionalismo marroquí, al que llegó a calificar en ocasiones de “provocación fascista hitleriana”, por temor a que la independencia solo sustituyera el protectorado francés por la influencia estadounidense. Sin embargo, bajo la dirección de Yata, el partido se alineó con la lucha independentista: firmó el Manifiesto de la Independencia en 1944, celebró su I Congreso en abril de 1946 —con un llamamiento a la unidad por la independencia, las libertades democráticas y la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera— y publicó en agosto de 1946 el manifiesto “Por la unificación y la independencia de Marruecos”, que propugnaba la formación de un frente nacional. En 1946, el sultán Mohamed V recibió a dirigentes del PCM, lo que otorgó al partido cierto reconocimiento. Los comunistas también participaron en la resistencia armada contra las autoridades coloniales francesas entre 1953 y 1956, y sus publicaciones principales fueron Hayat ech Chaab y Al-Mukafih. Los judíos marroquíes —Léon Sultan, Edmond Amran El Maleh, Abraham Serfaty, Simon Lévy, entre otros— tuvieron un protagonismo muy destacado en la militancia y la dirección del partido, que apostó por el antifascismo y la liberación nacional. La historiadora Alma Rachel Heckman ha documentado cómo estos militantes pasaron poco a poco de ser “judíos del sultán” a “comunistas del sultán”, y cómo más tarde el Estado marroquí los integró como símbolos de “convivencia”. Tras la independencia en 1956, el PCM reclamó la consolidación de la soberanía nacional, la evacuación de tropas extranjeras, nacionalizaciones, reforma agraria y mejoras sociales. Sin embargo, el nuevo poder monárquico no toleró la existencia de un partido que, aunque minoritario, representaba una oposición. El PCM fue ilegalizado en 1959-1960 con un decreto de suspensión que argumentaba su “incompatibilidad con el islam y la monarquía”. Sin embargo, el partido continuó operando en la clandestinidad. En julio de 1968 se refundó como Parti de la Libération et du Socialisme (PLS), que reconoció explícitamente la monarquía y el islam como religión de Estado para intentar legalizarse, pero fue prohibido de nuevo igualmente en 1969. En agosto de 1974, bajo el liderazgo de Ali Yata, se creó el Parti du Progrès et du Socialisme (PPS), que abandonó formalmente la nomenclatura comunista y se adaptó al sistema legal alauí. El PPS se convirtió en el heredero oficial del PCM y ha participado en la vida parlamentaria del régimen desde entonces, con resultados electorales que históricamente han oscilado entre el 2% y el 6% de los votos, e integrándose en coaliciones gubernamentales desde finales de los años noventa. La transformación del PCM fue completa: de partido revolucionario clandestino a socio posibilista del sistema. Ali Yata, que dirigió el partido durante cinco décadas, terminó apoyando la Marcha Verde en 1975 y las reivindicaciones territoriales expansionistas del régimen, alejándose definitivamente de cualquier posición revolucionaria. Sin embargo, los movimientos comunistas no desaparecieron en Marruecos. Paralelamente al proceso de integración del PCM/PLS/PPS surgió una corriente marxista-leninista revolucionaria. En 1970, un grupo de disidentes —entre ellos Abraham Serfaty y el poeta Abdellatif Laâbi— fundaron Ila al-Amam (“Adelante”), una organización clandestina que criticaba al PCM por reformista, promonárquico y por su insuficiente apoyo a causas anticoloniales como Palestina o el Sáhara. Ila al-Amam defendía la revolución popular, la república democrática y el derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental, con una fuerte implantación estudiantil a través de la UNEM. Esta organización fue duramente reprimida durante los “años de plomo”: sus militantes ufrieron detenciones masivas entre 1972 y 1977, torturas y muertes en huelga de hambre como la de Saïda Menebhi. Abraham Serfaty, ingeniero de origen judío, pasó 17 años en prisión y se convirtió en un símbolo de la izquierda revolucionaria marroquí. Ila al-Amam se disolvió progresivamente y en 1995 varios de sus exmiembros dieron origen a Annahj Addimocrati (Vía Democrática Obrera), legalizada en 2004. Esta formación opositora, que se define como heredera del movimiento marxista-leninista marroquí, sigue activa en la actualidad: celebró su sexto congreso en agosto de 2026, donde reafirmó su apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y su apuesta por “un Magreb de los pueblos, democrático y libre de tiranía”. Annahj Addimocrati mantiene sus principios marxistas, antifascistas y anticoloniales, ha boicoteado todas las elecciones celebradas desde su creación, está presente en el movimiento sindical, apoya las protestas juveniles e interviene en movimientos sociales más amplios. El movimiento comunista marroquí nunca alcanzó una base de masas comparable a la de los partidos comunistas europeos, pero su influencia se extendió al sindicalismo, la intelectualidad, las luchas anticoloniales y los debates sobre las libertades políticas y civiles en Marruecos. Su trayectoria ilustra las dificultades de implantar el marxismo en un contexto monárquico y postcolonial en el Sur Global.

Los debates centrales que han marcado al movimiento comunista en el país han sido la tensión entre nacionalismo e internacionalismo, la postura ante el islam y la monarquía, el papel de los judíos marroquíes en la “marroquinidad” y la estrategia de lucha, que atravesó desde la vía parlamentaria y las alianzas con la fuerzas democráticas hasta la lucha clandestina de Ila al-Amam y el trabajo de masas público de Vía Democrática Obrera bajo condiciones políticas restringidas.

Fuente: Diario Socialista 

lunes, 21 de septiembre de 2026

"EL HOMBRE SOVIÉTICO", TEXTO DEL ESCRITOR COMUNISTA SCARLAT CALLIMACHI, EN EL 130 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

Scarlat Callimachi nació un 20 de septiembre de 1896, en Bucarest, ciudad donde también moriría el 2 de junio de 1975. Formaba parte de una de las familias de boyardos rumanos, cuyos antepasados, de origen griego, habían sido señores del principado de Moldavia.

Sin embargo, a pesar de su origen, fue militante del Partido Comunista, gran defensor de la revolución bolchevique, y uno de los representantes de la vanguardia literaria rumana más destacados del periodo de entreguerras. Su militancia firme, tanto en las letras como en la lucha clandestina, le hizo ser conocido, por sus camaradas antifascistas y comunistas, como "El Príncipe Rojo".

En 1917 se encontraba en Petrogrado, donde sería testigo también de la Revolución obrera de Octubre, que luego cantaría en sus poemas. 

En 1960 escribiría un libro homenaje a la Unión Soviética, titulado "Un viajero en la URSS", en el cual describe sus viajes y experiencias por el primer estado de los trabajadores de la historia, comparando la Rusia que encontró antes de la Revolución Bolchevique y la que contruyeron los trabajadores soviéticos bajo la dirección del Partido Comunista.

En uno de sus capítulos, "El hombre soviético", describe una de las principales consecuencias de la Gran Revolución de Octubre de 1917: el nacimiento de un hombre nuevo, emancipado, que se sabe dueño de su propio destino, y que fue el factor determinante que logró convertir a la recien nacida Rusia proletaria en primera potencia mundial, económica, social y militar, y en la gran vencedora del fascismo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

EL HOMBRE SOVIÉTICO

"Sin duda, lo que más ha llamado la atención y, a la vez, admirado a los viajeros extranjeros que han visitado la Unión Soviética, desde octubre de 1917 hasta hoy, ha sido el hombre soviético.

El rol de Vladimir Ilich Lenin en la preparación de la masa del hombre nuevo, del revolucionario, del constructor del mañana, fue enorme. Gracias a su genio de educador, de guía, de director de la clase trabajadora y campesina de Rusia, la Gran Revolución Socialista de Octubre pudo ser llevada a cabo y las bases del primer estado socialista puestas sobre cimientos sólidos.

Junto a algunas decenas de miles de luchadores comunistas, junto al proletariado hambriento, junto a los destacamentos de guardias rojos,  junto al campesinado empobrecido, Lenin venció al ejército de los generales blancos y a las fuerzas intervencionistas extranjeras.


Los que fueron testigos oculares de aquellos días de Octubre y de la Guerra Civil vieron como este destacamento de revolucionarios, casi desarmados, en ropas civiles o con uniformes andrajosos, sufriendo la falta, podemos decir, del pan de cada día, derrotaron a los regimientos de cadetes, armados hasta los dientes, regimientos formados por antiguos oficiales de la armada zarista y por una unión heterogénea de diferentes elementos reaccionarios.

Estos soldados descalzos del ejército revolucionario sorprendieron a todo el mundo. Su coraje, abnegación y entusiasmo se debían, en primer lugar, al deseo de emancipación del látigo zarista y, en segundo lugar, a su voluntad de construir un mundo nuevo, un mundo propio, de los que trabajan, un mundo en el que se pudiera vivir una vida digna.

El trabajo de persuasión llevado a cabo por Lenin, junto a la vieja guardia bolchevique, había dado frutos. Los trabajadores y campesinos, la mayoría analfabetos, agotados físicamente tanto por el trabajo sobrehumano que habían realizado para bandas de infractores capitalistas, como por una desgraciada guerra,  realizaron milagros de bravura, porque en su consciencia penetraban los primeros rayos de un nuevo amanecer, deseado por la mayoría, esperado con emoción.

La Revolución de Octubre, y la lucha revolucionaria de los siguientes meses, puede ser comparada con la erupción de un volcán cuya lava quema, destruye hasta los cimientos el mundo viejo: el mundo de los productores de riqueza, hambrientos y desnudos, y el de los explotadores, lleno de lujo.

Tras el final de la guerra civil, es decir, después de la victoria del ejército revolucionario, siguieron unos largos años difíciles, de tiempos de grandes necesidades, que exigieron sacrificios de todo tipo.

Los años difíciles también fueron vencidos por el hombre soviético.

El hombre soviético, el hombre nuevo, era una realidad, no un mito, como decían los malintencionados, los enemigos de la joven república soviética.

Con una fe ciega en el poder de su trabajo, casi siempre con una sonrisa en la cara, con la frente surcada de preocupaciones, problemas u, otras veces, ira, el hombre soviético venció todas las dificultades que se interpusieron en su camino.

Cuando al principio un viajero extranjero llegaba desde muy lejos únicamente para ver al hombre soviético, al hombre soviético en el trabajo, se quedaba boquiabierto, esta es la palabra, de lo que veían sus ojos: un hombre envejecido por el trabajo y las necesidades, con herramientas anticuadas, pero en su mirada centelleaba una gran alegría, una confianza plena en el poder de su trabajo, un amor profundo hacia su joven república socialista. El pasado había sido derrumbado con sus manos, y el futuro debía ser construido con sus manos también. Eran conscientes de su papel en la historia y quería representarlo con dignidad. Este era el hombre soviético en los primeros años tras la Revolución  de Octubre.

Los años oscuros pasaron, así como pasan los nubarrones por un cielo que ha descendido cerca de la tierra.  El firmamento de la Unión Soviética se iluminaba. El hombre soviético había vencido al hambre, al frío, a las dificultades. El hombre soviético construía fábricas, escuelas, centros culturales, hospitales… Los escombros de la vieja Rusia zarista eran retirados y un nuevo mundo amanecía como de las profundidades de la tierra, arrancado con una barita mágica. La barita mágica era la mano del hombre soviético.

Llegó el año 1941. Invasión de las hordas fascistas de Hitler. Ciudades, pueblos, en llamas.

Saqueos. Muertos…muertos…El hombre soviético toma las armas.

¿Quién no ha leído sobre los hechos heroicos de los defensores de Leningrado? ¿Quién no ha seguido las fases de la batalla de Stalingrado? ¿Quién no ha escuchado sobre la valiente lucha de los partisanos? El mundo entero se admira.

El vencedor de Stalingrado fue el hombre soviético. El hombre que había llevado a cabo la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Debo reconocer que mi mayor deseo en los viajes que he realizado a la Unión Soviética era, en primer lugar, conocer al hombre soviético; el hombre soviético sobre el que había oído tantas hazañas, del que había leído tantas páginas.

Y en realidad el hombre soviético tiene algo especial frente a los demás hombres: es optimista, sincero, alegre, confiado tanto en el extraordinario destino de su patria, como en el poder de su trabajo.

He visto a la juventud regresando del trabajo, chicos y chicas felices, discutiendo con pasión, bromeando, riendo. El cansancio de sus caras estaba iluminado de un deseo indescriptible de vida, de una ardiente confianza en el mañana, el día de su felicidad; ya no se veía a la juventud pesimista, cansado física y moralmente, sin fe en sus capacidades, sin esperanza, obsesionado por la muerte, la juventud de, por ejemplo, las dolorosas novelas de Dostoievsky.

He seguido a estos jóvenes muchas veces, tanto por los bulevares de Moscú como por las calles de Leningrado y por los parques de otras ciudades más pequeñas.  Iban los chicos y las chicas cogiéndose de la mano o del brazo, hablando ruidosamente o en susurros, con la mirada perdida hacia las sombras de la noche o mirándose a los ojos.

En su actitud y en sus gestos había una admirable pureza y sinceridad, podría decirse un romanticismo olvidado, desde hace mucho, por los que hemos crecido en otro ambiente moral y social.

En algunas estaciones de autobús y trolebús, o en la boca del metro, los grupos se separaban dirigiéndose cada uno hacia su casa. Su despedida era simple: un caluroso apretón de manos o un beso en la frente o en las mejillas, un beso puro de amistad, de amor tímido, nada del beso sensual y salvaje de las grandes ciudades occidentales.

Allí donde encuentras a un joven soviético - sean chicos, chicas o ambos sexos – se aprecia una imagen viva de una nueva vida, de una vida que nosotros no tuvimos la felicidad de conocer en nuestra juventud.

Los trabajadores de las fábricas parecen a primera vista ser hombres con alma cerrada, podríamos decir que un hombre poco amigable frente al extranjero que le visitaba en su lugar de trabajo: es decir, en la fábrica, en la obra, en el taller. Pero tras el primer saludo del extranjero, la frente se relaja y sus ojos se iluminan, respondiendo, unos con timidez, susurrando, otros con voz segura, al saludo del huésped llegado por sorpresa.

Y entonces uno se puede dar cuenta muy bien del carácter del hombre soviético: serio, concienzudo, dominado por un solo pensamiento, cumplir con su deber. Esto no significa, sin embargo, que sea un simple robot; la mejor prueba la tenemos entonces cuando charlamos con él y cuando el obrero, de cara y brazos negros, con chorros de sudor en la frente, se transforma en un hombre sociable, amistoso, profundamente humano. Tras una corta conversación, te separas de él con tristeza, así como te separas de un amigo.

El hombre soviético lee, y lee mucho.

Los taxistas cuando tienen un momento de relax, leen: periódicos, literatura, o libros técnicos; tanto los jóvenes como los mayores en los parques, en los bancos de los bulevares, leen; los viajeros en el autobús llevan, casi todos, un libro sobre sus muslos; las azafatas de los vagones del tren leen los más valiosas novelas de la literatura clásica rusa y soviética y los más recientes libros técnicos.

Todos los hombres soviéticos leen para instruirse, para escapar del cansancio del trabajo, o para pasar un tiempo agradable.

El libro es una de las principales armas del hombre soviético.

El hombre soviético es hospitalario tanto con los paisanos como con los extranjeros; él no hace distinción de raza. Es una de las características del hombre nacido después de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

El hombre soviético es un hombre nuevo, demostrando esto en la Gran Revolución de Octubre, con los éxitos de los planes quinquenales, en los años de la guerra defendiendo a la patria, en los años de construcción del comunismo.

El hombre soviético es el más hermoso símbolo del mundo nuevo".

(Un viajero en la URSS -Un calator prin URSS-, Scarlat Callimachi, Editura de Stat Pentru Literatura si Arta, 1960, pag. 94, traducido por Un vallekano en Rumanía). 

Fuente: Un vallekano en Rumanía

domingo, 20 de septiembre de 2026

"TRABAJADORES", DEL ARTISTA YUGOSLAVO TONE KRALJ

Trabajadores
Tone Kralj
Óleo sobre tela
1925
Museo Nacional de Yugoslavia 

La obra seleccionada es, una pintura al óleo de estilo expresionista y de la nueva objetividad creada por el artista esloveno Tone Kralj alrededor de 1930, que destaca por sus volúmenes monumentales y la representación sobria de figuras campesinas y animales de tiro. Esta pintura forma parte de la producción de vanguardia de entreguerras del autor, quien retrató con fuerza plástica y sentido social el esfuerzo del trabajo rural.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1950, pintó principalmente temas bélicos de forma realista. A lo largo de su vida, siguió de cerca el arte europeo, pero se distanció deliberadamente de él para visibilizar, a través de su creatividad, los problemas de su tierra natal. Recibió numerosos premios nacionales e internacionales por su obra. Entre los más importantes destacan el reconocimiento de la Bienal de Venecia en 1928 y el Premio Prešeren a la Trayectoria Artística en 1972, siendo el premio artístico más importante de la República Socialista de Eslovenia.

sábado, 19 de septiembre de 2026

"RELACIONES DE CLASES", PELÍCULA DE DANIELE HUILLET Y JEAN-MARIE STRAUB BASADA EN LA NOVELA "AMERIKA", DE FRANZ KAFKA

Título original Klassenverhältnisse - Amerika, rapports de classe
Año 1984
Duración 126 min.
País Alemania del Oeste (RFA)
Dirección Danièle Huillet, Jean-Marie Straub
Guion Danièle Huillet, Jean-Marie Straub.
Novela: Franz Kafka
Reparto Christian Neinisch, Nazzareno Bianconi, Mario Adorf, Laura Betti, Harun Farocki, Manfred Blank
Fotografía Caroline Champetier, William Lubtchansky, Christophe Pollock (B&W) 
Sinopsis Adaptación de la novela inacabada "Amerika", de Franz Kafka. 

La brillante síntesis que Straub-Huillet realiza de la primera novela inconclusa de Franz Kafka, América, es quizás la interpretación más auténticamente alemana de Kafka jamás llevada al cine. América, un sueño febril, extático y atormentado sobre Estados Unidos —el lugar donde Kafka deseaba desaparecer, aunque solo fuera en su imaginación—, está narrada desde la perspectiva de un joven inmigrante alemán que se enfrenta a un mundo nuevo y extraño, lleno de mentiras violentas y un optimismo quijotesco, como un Parsifal moderno. Straub y Huillet se esmeraron en reproducir fielmente los manierismos y el dialecto alemanes presentes en la novela de Kafka, filmando casi toda la película en la ciudad portuaria de Hamburgo. No obstante, su representación de la injusticia y la explotación trasciende la especificidad histórica; como expresó Straub en 1984, “Kafka, para nosotros, es el único gran poeta de la civilización industrial, es decir, una civilización en la que las personas dependen de su trabajo para sobrevivir”. 

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO: 

viernes, 18 de septiembre de 2026

"THE CIRCLE PROJECT", EXPOSICIÓN DE BOUCHRA KALILI EN "LA CASA ENCENDIDA" DEDICADA A LA MEMORIA DE LAS PRIMERAS GENERACIONES DE TRABAJADORES NORTEAFRICANOS EN FRANCIA

 

Bouchra Khalili, films para invocar la ausencia

En 2023, el mismo año en que le brindaba una exposición el MACBA barcelonés, la artista franco-marroquí Bouchra Khalili presentaba, con premio, en la Bienal de Sharjah The Circle Project, un proyecto que recoge en lo temático y lo formal claves de su trayectoria: la atención a sujetos invisibilizados en países a los que emigraron y la referencia, en los montajes de las piezas, a los círculos o asambleas en los que, en la tradición marroquí, se narran relatos orales en espacios públicos.

En realidad, Khalili venía trabajando en aquella propuesta desde 2012 y continuaría inmersa en ella hasta 2024; ahora la despliega en La Casa Encendida de Madrid, donde, además, se proyectará The Tempest Society el 10 de septiembre. Ambas producciones comparten temática: la artista ha investigado, haciendo frente a la escasez de testimonios, la actividad de los movimientos de trabajadores árabes por la igualdad de derechos en la Francia de los setenta, colectivos a los que se siente muy ligada porque coincidieron con la generación y aspiraciones de sus padres -Khalili nació en 1975 en Casablanca-.

Ante la falta de documentación, ella misma, según ha explicado hoy, ha elaborado su propio archivo en torno a aquellos grupos; lo ha hecho contra su voluntad, porque no es esa labor clasificatoria la que le interesa, sino la indagación, fundamentalmente a partir del vídeo, en los modos de representar la ausencia. Incluso en los caminos que adopta para hacerse presente.

Hace cinco décadas y en Francia, esta población procedente del norte de África era contemplada, en palabras de esta autora, como mano de obra fácil, pese a que pronto emprendieron campañas antirracistas y fundaron, en París y Marsella, compañías de teatro que diseñaban también formas de protesta contra la ola de xenofobia que sacudió este país, sobre todo el sur, en 1973, a raíz del asesinato de un conductor de autobús por un joven argelino con problemas mentales. La escalada, que causó varios muertos y heridos, llevó incluso al presidente argelino entonces, Houari Boumédiène, a suspender la emigración de trabajadores de ese país a la que fue su metrópoli.

Las performances y las prácticas teatrales de esos colectivos, al igual que los dispositivos expositivos que Khalili elige para sus instalaciones videográficas, remiten, como avanzamos, al desarrollo de la oralidad en Marruecos y otras áreas del norte africano: un narrador atrae a su audiencia sentándola en círculo en torno a sí; sin dicho círculo, forma que también toman las asambleas públicas, no hay relato. En La Casa Encendida, se invita a los visitantes a formar una comunidad de espectadores que replique las de aquellas citas.

The Circle Project. Bouchra Khalili. La Casa Encendida, 2026

Esta exposición se divide en tres partes. La primera se corresponde con un corto, titulado The Storytellers, compuesto por cinco películas en 16 milímetros y en blanco y negro que recopilan fragmentos de las actividades de esos grupos teatrales y de lucha -que llevaron por nombre Al Assifa y Al Halaka-, replicadas por algunos de sus antiguos miembros en un teatro vacío marsellés, pues en su momento nadie los filmó. Se trata de sketches y poemas que aluden al racismo, el acceso a la vivienda y las difíciles condiciones de vida y, dada la ausencia de público en el lugar, el de La Casa Encendida será su espectador natural, invisible para los intérpretes.

En segundo lugar, Khalili muestra en La Casa el mural Timeline for a constellation, que aporta contexto a través de documentos, entrevistas y cronologías sobre el recorrido de esos movimientos en la primera mitad de los setenta, sus alianzas y su capacidad de acción, informaciones que acaban de recogerse en una publicación del mismo nombre, editada en Londres en febrero.

Su articulación puede relacionarse con la de los periódicos murales empleados justamente por los trabajadores árabes, redactados en su idioma original y en francés.

The Circle Project. Bouchra Khalili. La Casa Encendida, 2026

Por último, veremos The Circle, otro vídeo de una hora de duración en el que dos jóvenes franceses de origen magrebí, y residentes precisamente en Marsella, Mía y Lucas, buscan las huellas de aquellas luchas de sus mayores y compilan archivos, música, imágenes y fragmentos teatrales junto a integrantes de Al Assifa y Al Halaka.

En este diálogo intergeneracional cobra protagonismo paradójico, porque no llega a aparecer, la figura de Djellali Kamal -ese era su pseudónimo-, un miembro de Al Assifa e inmigrante ilegal que, en 1974, encontrándose en huelga de hambre en demanda de su regularización, se presentó a las elecciones presidenciales francesas. Se trataba, en el fondo, de un ejercicio de performance pública con el que buscaba interpelar a los migrantes excluidos del voto e invitar a imaginar la posibilidad de una ciudadanía trasnacional.

Khalili le hace visible desde su invisibilidad, convirtiendo su espectro en significante. Todos sus proyectos son, en el fondo, autorreflexivos: implican una meditación sobre los mecanismos de transmisión de la historia de los vencidos y sobre la capacidad del medio fílmico para producir presencia a través de la ausencia; memoria donde, como en este caso, no había archivo.

Sus trabajos resultan, además, muy transparentes en cuanto a su proceso de elaboración: se basan en el montaje de fotografías y vídeos recuperados, en la concatenación de una arqueología de medios fragmentados que no se oculta al observador.

Del 10 de septiembre al 29 de noviembre de 2026

Fuente: masdearte