lunes, 14 de junio de 2021

“EL MEDICO REVOLUCIONARIO“, DISCURSO DEL CHE GUEVARA, EN EL 93 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 

EL MÉDICO REVOLUCIONARIO

por Ernesto Che Guevara

Discurso en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio de Salud Pública el 20 de agosto de 1960.

Compañeros:

Este acto sencillo, uno más entre los centenares de actos con que el pueblo cubano festeja día a día su libertad y el avance de todas sus leyes revolucionarias, el avance por el camino de la independencia total, es, sin embargo, interesante para mí.

Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.

Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.

Después de recibido, por circunstancias especiales y quizá también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido, en alguna manera, visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte substancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.

Pero yo seguía siendo, como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio, y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal. Ya había viajado mucho -estaba, en aquellos momentos, en Guatemala, la Guatemala de Arbenz- y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que necesitaba para ser un médico revolucionario.

Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desatara la United Fruit, el Departamento de Estado, Foster Dulles -en realidad es lo mismo-, y el títere que habían puesto, que se llamaba Castillo Armas -¡se llamaba!- La agresión tuvo éxito, dado que aquel pueblo todavía no había alcanzado el grado de madurez que tiene hoy el pueblo cubano, y un buen día, como tantos, tomé el camino del exilio, o por lo menos tomé el camino de la fuga de Guatemala, ya que no era esa mi patria.

Entonces, me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar. Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice y que aprenda, con el uso de las armas y el ejercicio de la unidad combatiente, lo que vale un arma y lo que vale la unidad del pueblo.

Y entonces ya estamos situados, sí, en el núcleo del problema que hoy tenemos por delante. Ya entonces tenemos el derecho y hasta el deber de ser, por sobre todas las cosas, un médico revolucionario, es decir, un hombre que utiliza los conocimientos técnicos de su profesión al servicio de la Revolución y del pueblo. Y entonces se vuelven a plantear los interrogantes anteriores. ¿Cómo hacer, efectivamente, un trabajo de bienestar social, cómo hacer para compaginar el esfuerzo individual con las necesidades de la sociedad?

Y hay que hacer, nuevamente, un recuento de la vida de cada uno de nosotros, de lo que se hizo y se pensó como médico o en cualquier otra función de la salud pública, antes de la Revolución. Y hacerlo con profundo afán crítico, para llegar entonces a la conclusión de que casi todo lo que pensábamos y sentíamos en aquella época ya pasada, debe archivarse y debe crearse un nuevo tipo humano. Y si cada uno es el arquitecto propio de ese nuevo tipo humano, mucho más fácil será para todos el crearlo y el que sea el exponente de la nueva Cuba

Es bueno que a ustedes, los presentes, los habitantes de La Habana, se les recalque esta idea: la de que en Cuba se está creando un nuevo tipo humano, que no se puede apreciar exactamente en la capital, pero que se ve en cada rincón del país. Los que de ustedes hayan ido el 26 de julio a la Sierra Maestra, habrán visto dos cosas absolutamente desconocidas: un ejército con el pico y la pala, un ejército que tiene por orgullo máximo desfilar en las fiestas patrióticas en la provincia de Oriente, con su pico y su pala en ristre, mientras los compañeros milicianos desfilan con sus fusiles. Pero habrán visto también algo aún más importante: habrán visto unos niños cuya constitución física haría pensar que tienen ocho o nueve años, y que, sin embargo, casi todos ellos cuentan con trece o catorce. Son los más auténticos hijos de la Sierra Maestra, los más auténticos hijos del hambre y de la miseria en todas sus formas; son las criaturas de la desnutrición.

En esta pequeña Cuba, de cuatro o cinco canales de televisión, de centenares de estaciones de radio, con todos los adelantos de la ciencia moderna, cuando esos niños llegaron de noche por primera vez a la escuela y vieron los focos de la luz eléctrica, exclamaron que las estrellas estaban muy bajas esa noche. Y esos niños, que alguno de ustedes habrán visto, están aprendiendo en las escuelas colectivas, desde las primeras letras hasta un oficio, hasta la dificilísima ciencia de ser revolucionarios.

Esos son los nuevos tipos humanos que están naciendo en Cuba. Están naciendo en un lugar aislado, en puntos distantes de la Sierra Maestra y también en las cooperativas y en los centros de trabajo. Y todo eso tiene mucho que ver con el tema de nuestra charla de hoy, con la integración del médico, o de cualquier otro trabajador de la medicina, dentro del movimiento revolucionario, porque esa tarea, la tarea de educar y alimentar a los niños, la tarea de educar al ejército, la tarea de repartir las tierras de sus antiguos amos absentistas, entre quienes sudaban todos los días, sobre esa misma tierra, sin recoger su fruto, es la más grande obra de medicina social que se ha hecho en Cuba.

El principio en que debe basarse el atacar las enfermedades, es crear un cuerpo robusto, pero no crear un cuerpo robusto con el trabajo artístico de un médico sobre un organismo débil, sino crear un cuerpo robusto con el trabajo de toda la colectividad, sobre toda esa colectividad social.

Y la medicina tendrá que convertirse un día, entonces, en una ciencia que sirva para prevenir las enfermedades, que sirva para orientar a todo el público hacia sus deberes médicos, y que solamente deba intervenir en casos de extrema urgencia, para realizar alguna intervención quirúrgica, o algo que escapa a las características de esa nueva sociedad que estamos creando.

El trabajo que está encomendado hoy al Ministerio de Salubridad, a todos los organismos de ese tipo, es el organizar la salud pública de tal manera que sirva para dar asistencia al mayor número posible de personas, y sirva para prevenir todo lo previsible en cuanto a enfermedades, y para orientar al pueblo.

Pero para esta tarea de organización, como para todas las tareas revolucionarias, se necesita, fundamentalmente, el individuo. La Revolución no es, como pretenden algunos una estandarizadora de la voluntad colectiva, de la iniciativa colectiva, sino todo lo contrario, es una liberadora de la capacidad individual del hombre.

Lo que sí es la Revolución es, al mismo tiempo, orientadora de esa capacidad. Y nuestra tarea de hoy es orientar la capacidad creadora de todos los profesionales de la medicina hacia las tareas de la medicina social.

Estamos al final de una era, y no aquí en Cuba. Por más que se diga lo contrario, y que algunos esperanzados lo piensen, las formas del capitalismo que hemos conocido, y en las cuales nos hemos criado, y bajo las cuales hemos sufrido, están siendo derrotadas en todo el mundo.

Los monopolios están en derrota, la ciencia colectiva se anota, día a día, nuevos y más importantes triunfos. Y nosotros hemos tenido, en América, el orgullo y el sacrificado deber de ser la vanguardia de un movimiento de liberación que se ha iniciado hace tiempo en los otros continentes sometidos del África y de Asia. Y ese cambio social tan profundo, demanda también cambios muy profundos en la contextura mental de las gentes.

El individualismo como tal, como acción única de una persona colocada sola en un medio social, debe desaparecer en Cuba. El individualismo debe ser, en el día de mañana, el aprovechamiento cabal de todo el individuo en beneficio absoluto de una colectividad. Pero aún cuando esto se entienda hoy, aún cuando se comprendan estas cosas que estoy diciendo, y aún cuando todo el mundo esté dispuesto a pensar un poco en el presente, en el pasado y en lo que debe ser el futuro, para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores, y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales.

Y esos cambios exteriores se están dando en Cuba todos los días. Una forma de aprender a conocer esta Revolución, de aprender a conocer las fuerzas que tiene el pueblo guardadas en sí, que tanto tiempo han estado dormidas, es visitar toda Cuba, visitar las cooperativas y todos los centros de trabajo que se están creando.

Y una forma de llegar hasta la parte medular de la cuestión médica es no sólo conocer, no sólo visitar, a las gentes que forman esas cooperativas y esos centros de trabajo, sino también averiguar allí cuáles son las enfermedades que tienen, cuáles son todos sus padecimientos, cuáles han sido sus miserias durante años y, hereditariamente, durante siglos de represión y de sumisión total.

El médico, el trabajador médico, debe ir entonces al centro de su nuevo trabajo, que es el hombre dentro de la masa, el hombre dentro de la colectividad.

Siempre, pase lo que pase en el mundo, el médico, por estar tan cerca del paciente, por conocer tanto de lo más profundo de su psiquis, por ser la representación de quien se acerca al dolor y lo mitiga, tiene una labor muy importante, de mucha responsabilidad en el trato social.

Hace un tiempo, pocos meses, sucedió aquí en La Habana que un grupo de estudiantes ya recibidos, de médicos recién recibidos, no querían ir al campo, y exigían ciertas retribuciones para ir. Y desde el punto de vista del pasado es lo más lógico que así ocurra, por lo menos, me parece a mí, que lo entiendo perfectamente.

Simplemente me parece estar frente al recuerdo de lo que era y de lo que pensaba, hace unos cuantos años. Es otra vez el gladiador que se rebela, el luchador solitario que quiere asegurar un mejor porvenir, unas mejores condiciones, y hace valer entonces la necesidad que se tiene de él.

Pero ¿qué ocurriría si en vez de ser estos nuevos muchachos, cuyas familias pudieron pagarles en su mayoría unos cuantos años de estudio, los que acabaran sus carreras, si en vez de ellos, fueran doscientos o trescientos campesinos, los que hubieran surgido, digamos por arte de magia, de las aulas universitarias?

Hubiera sucedido, simplemente, que esos campesinos hubieran corrido, inmediatamente, y con todo entusiasmo, a socorrer a sus hermanos; que hubieran pedido los puestos de más responsabilidad y de más trabajo, para demostrar así que los años de estudio que se les dio no fueron dados en vano. Hubiera sucedido lo que sucederá dentro de seis o siete años, cuando los nuevos estudiantes, hijos de la clase obrera y de la clase campesina, reciban sus títulos de profesionales de cualquier tipo.

Pero no debemos mirar con fatalismo el futuro, y dividir al hombre en hijos de la clase obrera o campesina y contrarrevolucionarios, porque es simplista y porque no es cierto, y porque no hay nada que eduque más a un hombre honrado que el vivir dentro de una revolución. Porque ninguno de nosotros, ninguno del grupo primero que llegó en el Granma, que se asentó en la Sierra Maestra, y que aprendió a respetar al campesino y al obrero conviviendo con él, tuvo un pasado de obrero o de campesino. Naturalmente que hubo quien tenía que trabajar, que había conocido ciertas necesidades en su infancia, pero el hambre, eso que se llama hambre de verdad, eso no lo había conocido ninguno de nosotros, y empezó a conocerlo, transitoriamente, durante los dos largos años de la Sierra Maestra. Y entonces, muchas cosas se hicieron muy claras.

Nosotros, que al principio castigábamos duramente a quien tocaba aunque fuera un juego de algún campesino rico, o incluso de algún terrateniente, llevamos unas diez mil reses a la Sierra, y les dijimos a los campesinos, simplemente: “come”. Y los campesinos, por primera vez en años, y algunos por primera vez en su vida, comieron carne de res.

Y el respeto que teníamos por la sacrosanta propiedad de esas diez mil reses, se perdió en el curso de la lucha armada, y comprendimos perfectamente que vale, pero millones de veces más la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra. Y lo aprendimos nosotros, lo aprendimos nosotros, allí, nosotros que no éramos hijos de la clase obrera ni de la clase campesina. ¿Y por qué nosotros vamos a decir ahora a los cuatro vientos, que éramos los privilegiados, y que el resto de las personas en Cuba no pueden aprenderlo también? Sí pueden aprenderlo, pero, además, la Revolución hoy exige que se aprenda, exige que se comprenda bien que mucho más importante que una retribución buena, es el orgullo de servir al prójimo, que mucho más definitivo, mucho más perenne que todo el oro que se pueda acumular, es la gratitud de un pueblo. Y cada médico, en el círculo de su acción, puede y debe acumular este preciado tesoro, que es el de la gratitud del pueblo.

Debemos, entonces, empezar a borrar nuestros viejos conceptos, y empezar a acercarnos cada vez más, y cada vez más críticamente al pueblo. No como nos acercábamos antes, porque todos ustedes dirán: “No. Yo soy amigo del pueblo. A mi me gusta mucho conversar con los obreros y los campesinos, y voy los domingos a tal lado a ver tal cosa”. Todo el mundo lo ha hecho. Pero lo ha hecho practicando la caridad, y lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: “Aquí estamos. Venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales”. Debemos ir con afán investigativo, y con espíritu humilde, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo.

Muchas veces nos daremos cuenta de lo equivocados que estábamos en conceptos que de tan sabidos, eran parte nuestra y automática de nuestros conocimientos. Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos generales, los conceptos sociales o filosóficos, sino también, a veces, los conceptos médicos. Y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos, entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor, y cómo aprender a sembrar nuevos alimentos, y sembrar con su ejemplo, el afán de consumir nuevos alimentos, de diversificar esta estructura alimenticia cubana, tan pequeña, tan pobre, en uno de los países agrícolamente, potencialmente también, más ricos de la tierra. Veremos, entonces, cómo tendremos que ser en esas circunstancias, un poco pedagogos, a veces un mucho pedagogos; cómo tendremos que ser políticos también; cómo lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender, con el pueblo, que vamos a realizar esa grande y bella experiencia común, que es construir una nueva Cuba.

Ya se han dado muchos pasos, y hay una distancia que no se puede medir en la forma convencional, entre aquel primero de enero de 1959 y hoy. Hace mucho que la mayoría del pueblo entendió que aquí no solamente había caído un dictador, sino entendió, también, que había caído un sistema. Viene entonces, ahora, la parte en que el pueblo debe aprender que sobre las ruinas de un sistema desmoronado, hay que construir el nuevo sistema que haga la felicidad absoluta del pueblo.

Yo recuerdo en los primeros meses del año pasado, que el compañero Guillén llegaba de la Argentina. Era el mismo gran poeta que es hoy, quizás sus libros fueran traducidos a algún idioma menos, porque todos los días gana nuevos lectores en todas las lenguas del mundo, pero era el mismo de hoy. Sin embargo, era difícil para Guillén leer sus poesías, que eran la poesía del pueblo, porque aquella era la primera época, la época de los prejuicios. Y nadie se ponía a pensar nunca que durante años y años, con insobornable dedicación, el poeta Guillén había puesto al servicio del pueblo y al servicio de la causa en la que él creía, todo su extraordinario don artístico. La gente veía en él, no la gloria de Cuba sino el representante de un partido político que era tabú. Pero todo aquello ha quedado en el olvido, ya hemos aprendido que no puede haber divisiones, por la forma de pensar, en cuanto a ciertas estructuras internas de nuestro país, y en lo que hay que ponerse de acuerdo es si tenemos o no un enemigo común, y si tratamos de alcanzar o no una meta común.

Si no, todos lo sabemos, hemos llegado definitivamente al convencimiento de que hay un enemigo común. Nadie mira para un costado, para ver si hay alguien que lo pueda oír, algún otro, algún escucha de Embajada que pueda transmitir su opinión antes de emitir claramente una opinión contra los monopolios, antes de decir claramente: “nuestro enemigo, y el enemigo de la América entera, es el gobierno monopolista de los Estados Unidos de América”. Si ya todo el mundo sabe que ése es el enemigo y ya empieza por saberse que quien lucha contra ese enemigo tiene algo de común con nosotros, viene entonces la segunda parte. Para aquí, para Cuba, ¿cuáles son nuestras metas? ¿Qué es lo que queremos?, ¿Queremos o no queremos la felicidad del pueblo?, ¿Luchamos o no por la liberación económica absoluta de Cuba?, ¿Luchamos o no, por ser un país libre entre los libres, sin pertenecer a ningún bloque guerrero, sin tener que consultar ante ninguna Embajada de ningún grande de la tierra cualquier medida interna o externa que se vaya a tomar aquí?. Si pensamos redistribuir la riqueza del que tiene demasiado para darle al que no tiene nada, si pensamos aquí hacer del trabajo creador una fuente dinámica, cotidiana, de todas nuestras alegrías, entonces ya tenemos metas a qué referirnos. Y todo el que tenga esas mismas metas es nuestro amigo. Si en el medio tiene otros conceptos, si pertenece a una u otra organización, ésas son discusiones menores.

En los momentos de grandes peligros, en los momentos de grandes tensiones y de grandes creaciones, lo que cuenta son los grandes enemigos y las grandes metas. Si ya estamos de acuerdo. Si ya todos sabemos hacia dónde vamos, y pese a aquel a quien le va a pesar, entonces tenemos que iniciar nuestro trabajo.

Y yo les decía que hay que empezar, para ser revolucionarios, por tener revolución. Ya la tenemos. Y hay que conocer también al pueblo sobre el cual se va a trabajar. Creo que todavía no nos conocemos bien, creo que en ese camino nos falta todavía andar un rato. Y si me preguntara cuáles son los vehículos para conocer al pueblo, además del vehículo de ir al interior, de conocer cooperativas, de vivir en las cooperativas, de trabajar en ellas -y no todo el mundo lo puede hacer, y hay muchos lugares donde la presencia de un trabajador de la medicina es importantísima-, en esos casos le diría yo que una de las grandes manifestaciones de la solidaridad del pueblo de Cuba son las Milicias Revolucionarias. Milicias que dan ahora al médico una nueva función y lo preparan para lo que de todas maneras hasta hace pocos días fue una triste y casi fatal realidad de Cuba, es decir, que íbamos a ser presa -o por lo menos, si no presa, víctimas- de un ataque armado de gran envergadura.

Y debo advertir entonces que el médico, en esa función de miliciano revolucionario, debe ser siempre un médico. No se debe cometer el error que cometimos nosotros en la Sierra, o quizá no fuera error, pero lo saben todos los compañeros médicos de aquella época: nos parecía un deshonor estar al pie de un herido o de un enfermo, y buscábamos cualquier forma posible de agarrar un fusil e ir a demostrar, en el frente de lucha, lo que uno debía hacer.

Ahora las condiciones son diferentes, y los nuevos ejércitos que se formen para defender al país deben ser ejércitos con una técnica distinta, y el médico tendrá su importancia enorme dentro de esa técnica del nuevo ejército, debe seguir siendo médico, que es una de las tareas más bellas que hay, y más importantes en la guerra. Y no solamente el médico, sino también los enfermeros, los laboratoristas, todos los que se dediquen a esta profesión tan humana.

Pero debemos todos, aún sabiendo que el peligro está latente, y aun preparándonos para repeler la agresión que todavía existe en el ambiente, debemos dejar de pensar en ello, porque si hacemos centro de nuestros afanes el prepararnos para la guerra, no podemos construir lo que queremos, no podremos dedicarnos al trabajo creador.

Todo trabajo, todo capital que se invierta en prepararse para una acción guerrera, es trabajo perdido, es dinero perdido. Desgraciadamente hay que hacerlo, porque hay otros que se preparan, pero es -y lo digo con toda mi honestidad y mi orgullo de soldado- que el dinero que con más tristeza veo irse de las arcas del Banco Nacional es el que va a pagar algún arma de destrucción. Sin embargo, las milicias tienen una función en la paz, las milicias deben ser, en los centros poblados, el arma que unifique y que haga conocer al pueblo. Debe practicarse, como ya me contaban los compañeros que se practica en las milicias de los médicos, una solidaridad extrema. Se debe ir inmediatamente a solucionar los problemas de los necesitados de toda Cuba en todos los momentos de peligro, pero también es una oportunidad de conocerse, es una oportunidad de convivir, hermanados e igualados por un uniforme, con los hombres de todas las clases sociales de Cuba.

Si logramos nosotros, trabajadores de la medicina -y permítaseme que use de nuevo un título que hacía tiempo había olvidado-, si usamos todos esta nueva arma de solidaridad, si conocemos las metas, conocemos el enemigo, y si conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días hará, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo.

Si ya tenemos todos los elementos para marchar hacia el futuro, recordemos aquella frase de Martí, que en este momento yo no estoy practicando pero que hay que practicar constantemente: “La mejor manera de decir es hacer”, y marchemos entonces hacia el futuro de Cuba.

 Fuente Proyecto Editorial Che Guevara

domingo, 13 de junio de 2021

“EL ESCUDO ANTIFASCISTA QUEMADO“, DEL COLECTIVO RUSO CHTO DELAT


El escudo antifascista quemado
Chto Delat
Escultura en madera
230 x 8 cm

El nombre del colectivo ruso Chto Delat, fundado en 2003 por un grupo de artistas, filósofos y escritores, significa “¿qué hacer?”. Una pregunta decisiva en una situación de crisis como la actual que rememora, al mismo tiempo, una publicación de Lenin. La manera en la que enfocan sus proyectos está relacionada heréticamente con los dispositivos desarrollados por autores como Brecht, Godard o Fassbinder. El teatro, el vídeo, los murales, banderolas, dibujos y esculturas se combinan con otros formatos como la publicación de un periódico o la creación de una plataforma educativa (la Escuela de arte comprometido en San Petersburgo). 

“La historia de esta pieza es trágica, a la vez que breve. Hace algún tiempo, creamos una escultura para el festival de arte público Into the City de Viena. La llamamos Our Paper Soldier (nuestro soldado de papel) y era una réplica gay del monumento al soldado soviético caído luchando por la liberación de Viena del nazismo en 1945. Esta escultura se convirtió para nosotros en una parte esencial del festival y planteaba las siguientes preguntas: ‘¿qué es monumental hoy en día?’ y ‘¿qué se podría considerar lucha antifascista en nuestro tiempo?’. Cuando el festival terminó, en julio de 2014, la escultura viajó a Berlín, donde unos desconocidos la quemaron y de ella solo sobrevivió el escudo que se muestra en esta sala

Fuente CAAC

sábado, 12 de junio de 2021

DOCUMENTAL "MUHAMMAD ALI: EL HOMBRE DETRÁS DE LA LEYENDA", EN EL 5º ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Muhammad Ali: El hombre detrás de la leyenda

Clare Lewins

EE.UU. 

2014‬

1 h 53 min‬

Una mirada íntima y cálida al hombre detrás del mito. Descubriremos a Muhammad Ali como nunca antes se le había visto. Se narra a través de un material exclusivo y sin precedentes del archivo personal de Ali, de sus audiodiarios, combinado con emocionantes entrevistas y testimonios de su círculo más íntimo de familiares y amigos, incluyendo a sus hijas, hijo, exmujer y hermano, además de leyendas del boxeo como Mike Tyson, George Foreman y Gene Kilroy.

VER DOCUMENTAL:

https://www.area-documental.com/player.php?titulo=Muhammad+Ali%3A+El+Hombre+Detras+De+La+Leyenda

viernes, 11 de junio de 2021

TXALAPARTA PUBLICA "DE REGRESO A MARX", DE MARCELLO MUSTO

De regreso a Marx. Claves para el pensamiento crítico
Marcello Musto
ISBN 978-84-12275-08-7
Fecha de publicación 18 diciembre 2020
Páginas 342
Editorial Txalaparta

 

Desde el comienzo de la crisis mundial en los últimos años, intelectuales de diversos orígenes políticos y culturales se han sentido atraídos a los análisis de Marx sobre la inestabilidad intrínseca del capitalismo. En el contexto de lo que algunos comentaristas han descrito como un renacimiento del marxismo, la finalidad de este libro es ofrecer un detallado estudio de los principales textos de Marx en relación con los grandes problemas de nuestra sociedad.

En la presente compilación del renombrado estudioso de Marx, Marcello Musto, un grupo de reconocidos pensadores –entre otros Ellen Meiksins Wood, Kevin Anderson, Michael Lebowitz, Terrell Carver, Richard Wolff y Ricardo Antunes– fuera de la visión dogmática del marxismo dominante del siglo xx, muestran la vigencia de las ideas de Marx, algunas de las cuales constituyen una preciosa herramienta para la comprensión y la crítica del mundo en este siglo xxi.

«Los análisis de Marx, sus teorías y su indignación son relevantes

hoy, tanto como y quizás más que en su propio tiempo. Esta brillante colección de ensayos compilados por Marcello Musto nos muestra por qué».

—Michael Löwy

«Quien quiera comprender por qué Marx fue elegido el pensador más grande del último milenio en una encuesta de la BBC, no puede permitirse pasar por alto este libro de ensayos excepcionalmente perspicaces».

—Bertell Ollman, Universidad de Nueva York

«Esta compilación muestra cómo contribuye Marx, aún en el comienzo del siglo xxi, a la comprensión, la crítica y la transformación del mundo».

—Douglas Kellner, Universidad de California, Los Angeles


jueves, 10 de junio de 2021

MURALES SOCIALISTAS DE LA TORRE COIT DE SAN FRANCISCO (EE.UU.)

 

La Torre Coit, también conocida como Lillian Coit Memorial Tower, es una torre monumental de 64 m de altura situada en el barrio Telegraph Hill de San Francisco, California, Estados Unidos. La torre, situada en el Parque Pioneer, se construyó en 1933 usando el legado de Lillie Hitchcock Coit para embellecer la ciudad de San Francisco; al morir en 1929 Coit dejó un tercio de sus propiedades a la ciudad para su embellecimiento. La torre se propuso en 1931 como un uso apropiado del regalo de Coit. Se añadió al Registro Nacional de Lugares Históricos el 29 de enero de 2008.

Esta torre de estilo art decó, construida con hormigón armado sin pintar, fue diseñada por los arquitectos Arthur Brown, Jr. y Henry Howard, con murales al fresco de 27 diferentes artistas y sus numerosos ayudantes, además de dos pinturas adicionales instaladas tras su creación fuera del lugar.

Los murales de la torre Coit fueron realizados bajo los auspicios del Public Works of Art Project, el primero de los programas de empleo federales del New Deal para artistas. Ralph Stackpole y Bernard Zakheim solicitaron con éxito la comisión en 1933, y supervisaron a los muralistas, que fueron principalmente profesores y estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de California (CSFA), incluidos Maxine Albro, Victor Arnautoff, Ray Bertrand, Rinaldo Cuneo, José Moya del Pino, Mallette Harold Dean, Clifford Wight, Edith Hamlin, George Harris, Otis Oldfield, Suzanne Scheuer, Hebe Daum y Frede Vidar.

Los artistas estaban comprometidos en diferentes grados con la igualdad racial e ideas políticas izquierdistas y marxistas fuertemente expresadas en las pinturas. "Library" de Bernard Zakheim representa a su colega John Langley Howard arrugando un periódico en su mano izquierda mientras alcanza una copia de Das Kapital de Karl Marx con su mano derecha. Los trabajadores de todas las razas se muestran iguales, en ocasiones en las poses heroicas del realismo socialista, mientras que los blancos bien vestidos, miembros de las clases capitalistas, disfrutan del resultado de su trabajo. "City Life" de Victor Arnautoff incluye los periódicos The New Masses y The Daily Worker en el news stand rack de la escena; el mural de John Langley Howard representa una diversidad étnica así como una familia indigente busca oro mientras observa una familia rica; e Industries of California de Stackpole se compuso en la misma línea como un estudio inicial del destruido Man at the Crossroads.

Después de que el mural Man at the Crossroads de Diego Rivera fuera destruido por los patrones del Rockefeller Center por incluir una imagen de Lenin, los muralistas de la Torre Coit protestaron. La simpatía hacia Rivera hizo que algunos artistas incorporaran referencias al incidente de Rivera; en el panel "Library" de Zakheim, se pinta a Stackpole leyendo un titular de un periódico que anuncia la destrucción del mural de Rivera.

Dos murales son escenas de la Bahía de San Francisco. La mayoría de los murales están realizados al fresco; las excepciones son un mural realizado en témpera (arriba, en la última habitación decorada) y los óleos del vestíbulo del ascensor. Aunque la mayoría de los murales se han restaurado, no se restauró un pequeño segmento (la salida de la escalera espiral a la plataforma de observación) pero pintados de manera duradera con revestimiento de epoxi.

La mayoría de los murales están abiertos al público gratuitamente durante las horas de apertura

 








miércoles, 9 de junio de 2021

"ALBAÑILAS": EL CORTO DOCUMENTAL QUE RETRATA LA LABOR DE LAS MUJERES EN LA CONSTRUCCIÓN

 Escrito por 

"Albañilas, construyendo sin patrones" es un corto documental que se estrenó el 5 de mayo de 2021 realizado por el Frente de Organizaciones en Lucha #FOL el cual se encuentra presente en más de 10 provincias de Argentina en donde se recopilan los testimonios de Brenda, Natalia, Clauida, Isabel, Nora, Ana y Moni, quienes describen con una mirada profundamente personal cómo fue que se acercaron a este oficio para la creación del salón del #FOL.

Como se puede ver a lo largo del documental, se trata de una comunidad conformada por mujeres pertenecientes a barrios populares que se han enfrentado a distintas dificultades tanto económicas como de carácter psicológico que atañen a problemas depresivos por lo que este grupo representa para ellas un refugio que refuerza la idea de que existen diversas formas de colectividad.

© Frente de Organizaciones en Lucha
© Frente de Organizaciones en Lucha

Además de esto, como se describe en los testimonios, al trabajar "sin patrón", encontraron una forma de empoderarse en el oficio de la albañilería para aprender y colaborar con sus compañeras. Esto no solo es importante por el hecho de que se están desmitificando los roles de género en el sector la construcción sino que promueve el entendimiento de los espacios como esta estructura colectiva que se extienden mucho más allá del simple (o no tan simple) hecho de erigir muros y delimitar áreas.

© Frente de Organizaciones en Lucha
© Frente de Organizaciones en Lucha

Somos una organización anticapitalista, luchamos por un mundo #socialista y #feminista, libre de toda opresión. Realizamos nuestro trabajo en los barrios populares, en cada uno de ellos tenemos comedores, merenderos, espacios de géneros, de niñez, carpinterías, espacios de reciclaje, de costura y de albañilería. Todos ellos orientados a mejorar la vida en los barrios, en la comunidad. #Albañilas retrata la organización de un proyecto de contrucción, en el que la amplia mayoría somos compañeras mujeres y disidencias sexuales, se ocupa de refaccionar viviendas que lo necesitan y actualmente estamos construyendo nuestro salón comunitario, #RukaNewen. 27 compañeras y compañeros, autoorganizadas, construyendo sin patrones y desafiando los estereotipos de género de esta sociedad machista y patriacarcal.
- Frente de Organizaciones en Lucha"

Mónica Arellano. "Albañilas: el corto documental que retrata la labor de las mujeres en la construcción" 07 jun 2021. Plataforma Arquitectura

<https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/962995/albanilas-el-corto-documental-que-retrata-la-labor-de-las-mujeres-en-la-construccion> ISSN 0719-8914

martes, 8 de junio de 2021

TRAFICANTES DE SUEÑOS PUBLICA "MARXISMO NEGRO", DE CEDRIC J. ROBINSON

MARXISMO NEGRO. LA FORMACIÓN DE LA TRADICIÓN RADICAL NEGRA
ROBINSON, CEDRIC J.
28,00 €
Editorial: TRAFICANTES DE SUEÑOS
Número de páginas: 568
Fecha de publicación: 2021
ISBN: 978-84-122762-6-8

Por qué ‘Marxismo negro’ es un libro imprescindible

La obra de Cedric J. Robinson, esencial para entender por qué la lucha de clases es insuficiente para explicar la opresión colonialista, se traduce por fin al castellano.

La Tradición Radical Negra es una imponente escuela crítica cuya influencia abarca revoluciones como la de Haití o las revueltas cimarronas contra el poder colonial en Jamaica, pero también campos tan amplios como el de la literatura, el arte o el pensamiento filosófico puro y duro. A ella pudimos acceder gracias al trabajo de, por ejemplo, Malcolm X o Angela Davis. Ellos nos abrieron la puerta a la obra de gigantes como Frederick Douglass, Harriet Tubman, W. E. B. Du Bois, Dusé Mohamed Ali, Marcus Garvey, C. L. R. James, Ida B. Wells; pero también a la de Aimé Césaire, Frantz Fanon, Ella Collins o Amílcar Cabral, entre tantas y tantos otros. Sin embargo, la lectura del trabajo inabarcable de Cedric J. Robinson transformó para siempre nuestra manera de acercarnos a eso que el autor, inspirado en la lucha de la militancia negra contra el apartheid sudafricano, llamó «el capitalismo racial».

La influencia, reconocida o no, de Robinson en el movimiento antirracista internacional es simplemente monumental. Por eso, la traducción (a cargo de Juan Mari Madariaga) y publicación en castellano de la obra Black Marxism. The making of the Black Radical Tradition (1983), por parte de la editorial Traficantes de Sueños representa una gran noticia para el público hispanohablante.

"Marxismo negro", un libro inigualable

El libro de Cedric J. Robinson, quien además de militante fue profesor en el departamento de Estudios Negros de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de California, se ocupa de rastrear la aparición y sistematización del racismo, atendiendo a sus mutaciones, a sus consecuencias ideológicas, culturales y sociales. En esta genealogía inhabitual de lo que él llama «el cálculo racial», el violento encubrimiento de los pueblos africanos fue central dada la importancia fundamental de la esclavitud transatlántica en la construcción material y epistemológica del mundo moderno. Eso que llamamos racismo se prepara, no obstante, mucho antes, en el seno del territorio que hoy conocemos como Europa.

Es decir, los orígenes sociales, psicológicos y culturales del relato racial se anticipan al capitalismo y forman una pieza organizadora del propio sistema mundo. Ese es uno de los muchos argumentos fundamentales de este ensayo escrito hace casi 40 años. El desarrollo histórico del capitalismo, afirma el ensayista, fue influenciado por las particulares fuerzas del racialismo y el nacionalismo europeo; por lo tanto, es insuficiente afirmar que la civilización europea es producto del capitalismo. Al contrario, el sistema capitalista, en toda su complejidad, solo puede ser entendido adecuadamente si es analizado considerando el contexto histórico, cultural y social en el que emerge. El capitalismo, por lo tanto, no produce una civilización, sino todo lo contrario: es la civilización occidental la que produce el capitalismo.

En palabras de Robinson: “La comprensión de la configuración particular de la ideología racista y de la cultura occidental tiene que ser revisada históricamente (…). El racialismo insinuaba no sólo las estructuras sociales, formas de propiedad y modos de producción medievales, feudales y capitalistas, sino también los mismos valores y tradiciones de conciencia a través de los cuales los pueblos de estas épocas llegaron a comprender sus mundos y sus experiencias”.

Cedric J. Robinson
Cedric J. Robinson, autor de ‘Marxismo negro’, en un acto de protesta en 2006. DOC SEARLS/FLICKR

Y si la ideología racial es uno de los principios que intoxican la racionalidad occidental, no podemos mantener más el equívoco de que nos enfrentamos a una simple derivación de la economía política ni a una superestructura del capitalismo global. El racismo no es entonces una herramienta o una consecuencia del capitalismo, tal y como se viene afirmando desde la izquierda eurocentrada, sino que el propio capitalismo es racial. Estas observaciones albergan consecuencias abismales no solo para el antirracismo crítico, sino para todo el campo político progresista.

Así, Robinson se embarca en una revisión arqueológica de la Resistencia Negra que revisa legados, resitúa prioridades y presenta formas de lucha que han sido tradicionalmente invisibilizadas. Esto le ayuda a reconectar con una antigua tradición radical de la que forma parte, no para construir símbolos sentimentales, sino para destapar una línea de continuidad en la articulación de respuestas políticas y visiones críticas por parte de los pueblos africanos desde la misma conformación de la Europa imperial hasta la actualidad. Y desde esas coordenadas, consciente y revestido de dignidad, se encuentra un sujeto político colectivo que no necesita a Europa para revitalizar y explicar su propia herencia revolucionaria.

Marxismo y antirracismo

La relación de este histórico texto con el marxismo se muestra a través de un diálogo que se modula entre el acercamiento y la lejanía, entre el reconocimiento, la tensión y la ruptura. Pero es imposible comprender esta sutil intermitencia sin atender a lo siguiente: la influencia del racialismo en la conciencia de la inteligencia radical de la izquierda europea. El marxismo se edifica en el seno de una genealogía cultural determinada, de una etnicidad –si se prefiere el término– situada geopolíticamente en una historia y en un territorio, cuestión en la que el mismo autor profundizaría con más ahínco a través de An Antrophology of Marxism (2001), otro texto de extraordinario valor que ojalá algún día también esté disponible en castellano.

Según Cedric J. Robinson, si esta evidencia es invisibilizada se debe al efecto de una de las grandes limitaciones intelectuales del materialismo histórico: el olvido de los profundos efectos de la cultura y de la particularidad de la experiencia histórica en la conformación de su propia perspectiva.

El exhaustivo mapeo realizado por el intelectual a través del fenómeno de la esclavitud, del surgimiento de la clase trabajadora y la burguesía, de la democracia moderna vista a través de las lentes de los intelectuales radicales negros y sus élites en la metrópoli; todo ello contribuye a romper con la enfermiza necesidad, heredada de la mentalidad colonial, de acudir a un análisis marxista de las revoluciones negras. Sin embargo, esta ruptura implica una relación de diálogo con el propio marxismo.

La lucha de clases –cabría matizar que se habla aquí de una forma mediocre de entender la lucha de clases– por lo tanto, se revela como una óptica insuficiente para explicar, tanto las formas de opresión que se ponen en marcha a través del colonialismo y la esclavitud como las formas revolucionarias de resistencia y liberación que las comunidades afectadas presentan para combatirlas. A propósito de esta cuestión, Robinson dedica gran parte de su ensayo a mostrar la compleja y rica relación crítica que autores de la tradición radical negra (como W. E. B. Du Bois, C. L. R. James o Richard Wright) articulan con el comunismo de sus épocas.

Otras críticas, otras posibilidades

Buena parte de la izquierda eurocentrada ve en los legados de los sujetos oprimidos de la colonia y la plantación, así como de su descendencia en la metrópoli, nada más que gestos tradicionalistas, aspavientos folklóricos, rudimentos supersticiosos o particularismos que deben ser superados si la voluntad de los individuos sometidos es la liberación. Pero ya lo hemos dicho: este falso y tóxico sentido de superioridad tiene, de hecho, consecuencias materiales en la construcción de la izquierda occidentalizada.

Afincados en tal pedestal, numerosos intelectuales de la izquierda han producido una pedagogía bienintencionada (y torpe) que no supera el paradigma colonial. Sigue promulgando la condescendiente idea de que a través de una suerte de tolerancia estratégica los no blancos abandonarán sus legados, sus saberes y abrazarán la modernidad occidental. Se trata de un paternalismo que pasa inadvertido por su frecuente sofisticación y que explica en gran parte las dificultades en las alianzas entre los movimientos antirracistas y la izquierda convencional.

Pues bien, si hay una obra crítica capaz de mostrar de forma implacable la incapacidad del marxismo tradicional para desvelar el carácter racial, no solo del sistema capitalista que enfrenta sino del proyecto civilizatorio en el que nace su propia narrativa de liberación política, esa es, sin duda alguna, Marxismo negro. La formación de la tradición radical negra. Esta reconsideración crítica de los límites culturales del llamado radicalismo europeo sigue representando una tarea pendiente, especialmente en un contexto asediado por la propaganda racista de la ultraderecha y por el servicio que las instituciones del Estado (conscientemente o no) hacen a la misma.

Importación, posmodernidad y otras confusiones

Marxismo negro no tiene por qué representar un enfoque definitivo e incontestable, pero viene a remover los cimientos de una forma mediocre de entender el racismo y el capitalismo que no tiene absolutamente nada que ver con la posmodernidad. En vista de esto, no faltarán entonces quienes afirmen que estos debates son importados.

Nadie en su sano juicio acusaría a las feministas españolas de importar debates por estudiar con seriedad el trabajo de Simone de Beauvoir o de Gloria Steinem; así como nadie lo haría para deslegitimar a los marxistas y anarquistas que traen al terreno conceptos y discusiones originadas en otras épocas, en otros lugares y desde otras identidades, a no ser, claro está, que Engels, Bakunin o Kropotkin nacieran en Cuenca. Así bien, este ensayo monumental es parte de una gran tradición crítica de la que toda la humanidad haría bien en beber, ya que otorga claves para comprender mejor la naturaleza del conflictivo mundo en el que nos encontramos y para repensar las herramientas de las que disponemos para darle, ahora sí, la vuelta a la tortilla.

Una última advertencia. Para la izquierda de este territorio sería tentador construir otro fetiche con la literatura radical negra norteamericana, ya que, desde su agenda, se ha elaborado un discurso antirracista o decolonial –cuando ha ocurrido– que se dirige hacia realidades lejanas y ajenas a su cotidianidad. Es sintomático que muchos de los mismos intelectuales y militantes europeos que encumbran, por ejemplo, el Black Lives Matter estadounidense no tengan ni la más remota idea de qué le está ocurriendo a los pueblos que sufren y combaten el racismo desde hace siglos en su propio hogar.

Esta realidad toma especial relevancia después de que el asesino de George Floyd haya sido declarado culpable de todos los cargos. Y quizás la mejor manera de honrar la memoria de Floyd es exigiendo justicia, también, para las víctimas del capitalismo racial y sus familias aquí, en nuestra propia casa. Esa es la forma más adecuada de contrarrestar los perjudiciales efectos de una mirada que tiende a escapar de su materialidad, de su historia y de sus propias condiciones sociales. Así que acerquémonos a este libro que, tal y como dice el compañero Mario Espinoza, es infinito prestando atención, al mismo tiempo, a las voces de la Tradición Radical Negra del Estado español y a las del movimiento antirracista crítico en general.

Buena lectura y, sobre todo, memoria, dignidad y justicia.

Reseña de Helios F. Garcés

Fuente: La Marea

lunes, 7 de junio de 2021

DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO EN LA FÁBRICA ELECTROSILA (LENINGRADO) EL 15 DE MAYO DE 1963

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la fábrica Electrosila, en Leningrado, el día 15 de mayo de 1963

Queridos trabajadores de la fábrica de fuerza eléctrica;

Querido pueblo de Leningrado:

La Revolución de Octubre comenzó por Leningrado, es decir, todo lo que la URSS —que nosotros hemos estado recorriendo— es hoy día, comenzó aquí.  Pero, por lo visto, nosotros hemos hecho al revés:  estamos terminando por aquí (Aplausos).

Y, en realidad, después de un recorrido largo, nos sentimos un poco cansados.  Parece ser que tenemos una gran resistencia para el esfuerzo físico, pero no tenemos la misma resistencia para los esfuerzos emocionales.  Y, en realidad, hemos estado haciendo un extraordinario esfuerzo en ese sentido desde que llegamos a la URSS.

Pero, ¿es que todavía los soviéticos no se dan cuenta de todos los honores y todas las pruebas de amistad y de afecto que nos han ido dando constantemente?

Quizás nuestro oficio habría sido mejor como metalúrgico, igual que ustedes, y no de Primer Ministro, no de dirigente revolucionario (Aplausos).

Aunque yo comprendo que ustedes no hacen ahora muchos esfuerzos físicos; tienen máquinas que hacen el trabajo de miles de hombres, lo están automatizando todo.

Hemos visitado uno de los talleres; nos encontramos con un obrero y nos explicó que estaba retirado ya, pero que venía todos los días a trabajar en la fábrica.  Estaba viendo un torno, cómo trabajaba; en realidad, nosotros pensamos:  es un bonito trabajo.

¡Qué cosa tan emocionante es ver el cariño que un obrero le toma a su trabajo, y cómo después no concibe la vida sin esa tarea!

Claro que eso solo puede ocurrir bajo el comunismo.  No se concibe que ese mismo obrero, en una sociedad capitalista, donde es despiadadamente explotado, se presente a trabajar.  Y esa es la gran tragedia de los trabajadores que viven bajo el capitalismo.

Cuando nosotros visitamos Volgogrado, fuimos a la hidroeléctrica, y entonces preguntamos dónde habían hecho aquellas máquinas.  Y nos dijeron:  “En Leningrado” (Aplausos).

Cuando visitamos Irkutsk fuimos a la hidroeléctrica —lo primero que cada ciudad enseña es su hidroeléctrica—, y les preguntamos:  “¿Dónde hicieron esos generadores?” y nos dijeron:  “En Leningrado” (Aplausos).

Vamos a Bratsk, aquella obra impresionante, unos generadores potentes, unos ejes fuertes; hicimos la misma pregunta y nos volvieron a dar la misma respuesta:  “En Leningrado” (Aplausos).

Por todas partes hemos ido viendo el trabajo de ustedes, por todas partes hemos ido conociendo los productos de esta fábrica.  Y en realidad, que tienen máquinas impresionantes.  Han puesto todos los ríos a trabajar para el pueblo soviético, con una energía de millones y miles de millones de caballos de fuerza.

Han puesto a la naturaleza, la han dominado realmente, la han puesto a trabajar para el hombre, no para explotar al hombre; no para acumular fuerzas con qué oprimir al hombre, sino para liberar al hombre, para ayudar a la libertad del hombre.

Eso es lo que ustedes están haciendo con la Revolución, con la larga y hermosa historia que la Revolución ha recorrido, ya con todos los éxitos que han alcanzado.

Estamos en Leningrado y a nosotros mismos nos cuesta trabajo creer que al fin hemos podido conocer esta ciudad tan llena de historia.

Y este acto en este taller nos recuerda los actos del proletariado de Leningrado en los días que precedieron a la Revolución, cuando la Revolución se gestaba, y cuando fue necesario luchar muy duro para defenderla de la reacción.

Esa es la estampa del Leningrado heroico de todas las épocas.

Trabajadores de Leningrado:  Nuestra delegación los saluda en nombre de los trabajadores de nuestro país (Aplausos).

Ustedes han hecho muchos elogios de nuestra Revolución, pero, en realidad, nosotros hemos hecho muy poco; nosotros, simplemente, estamos comenzando.  Eso sí, estamos seguros de que seguiremos adelante, que la Revolución no podrá ser destruida, porque se asienta en la fuerza del pueblo y de las masas, y cuenta también con ese escudo tan grande que es la amistad entre nuestros dos pueblos.

¡Vivan los trabajadores de Leningrado! (Aplausos.)

¡Viva la amistad entre Cuba y la URSS!

(Ovación.)

Fuente: fidelcastro.cu

domingo, 6 de junio de 2021

"EDIFICIO DE TURBINAS DE LA FÁBRICA ELECTROSILA", DEL PINTOR SOVIÉTICO V.V. PAKULIN

 

Edificio de turbinas de la fábrica de Electrosila 
Vyacheslav Vladimirovich Pakulin
1931-1932
Oleo sobre lienzo
118 x 91 cm
Museo Ruso de San Petersburgo

Como muchos de sus colegas, Vyacheslav Pakulin abordó el tema industrial a principios de la década de 1930. El artista se interesó por sus héroes humanos y la posibilidad de una interpretación pictórica de un tema industrial. Pakulin "hace girar" el espacio del taller, llenándolo con los movimientos rítmicos de los trabajadores. El movimiento incesante evoca la sensación de constancia y estabilidad de los esfuerzos del trabajo. Las suaves siluetas del artista y la pintura ligera y sutilmente degradada añaden un toque poético.

En el reverso del lienzo, el artista anotó las fechas exactas de trabajo en la pintura: diciembre de 1931 - febrero de 1932.

 

sábado, 5 de junio de 2021

"ALEMANIA AÑO 90 NUEVE CERO", PELICULA DE JEAN-LUC GODARD SOBRE LA REUNIFICACIÓN ALEMANA

Alemania año 90 nueve cero

Título original: Allemagne 90 neuf zéro
Año: 1991
Duración: 62 min.
País: Francia
Dirección: Jean-Luc Godard
Guión:Jean-Luc Godard
Fotografía: Stepan Benda, Andreas Erben, Christophe Pollock
Reparto: Eddie Constantine, Hanns Zischler, Claudia Michelsen, Nathalie Kadem, André S. Labarthe, Robert Wittmers, Kim Kashkashian, Anton Mossine
Sinopsis: Jean-Luc Godard aceptó una propuesta de una cadena televisiva francesa, que le pidió que dirigiera un film sobre la soledad. Decidió fichar como protagonista al veterano Eddie Constantine, protagonista de su celebérrima cinta Lemmy contra Alphaville, que repite su papel del detective Lemmy Caution. El film analiza a la sociedad alemana después de la caída del Muro de Berlín.
 
El collage que ideó Godard con motivo de la reunificación alemana mezclaba música de Beethoven, Hindemith o Stravinski con el personaje protagonista de su película Lemmy contra Alphaville (1965). Las proclamas en alemán, francés o latín se suceden sobre una pantalla por la que irán desfilando referencias de tipo filosófico, literario, histórico y cinematográfico (se incluyen varios fragmentos de filmes expresionistas como Metrópolis, Los nibelungos o El último).

Tras la caída del muro de Berlín, el panorama que se avecina, presidido por el consumismo capitalista de neones y escaparates, contrasta con las ruinas, los paisajes y las zonas industriales por las que deambula el avejentado espía Lemmy Caution en su última misión (de hecho, el actor Eddie Constantine fallecería un par de años más tarde).

Hasta don Quijote y Sancho pasan por allí (un don Quijote que, curiosamente, se expresa en alemán), si bien su aspecto es más decrépito que nunca: Sancho empuja los restos de un coche y su amo prácticamente ignora las preguntas que le dirige Lemmy. Porque en el universo creado por Godard no sólo se mezclan los temas, sino también las épocas, y así pasaremos del presente a los campos de concentración, a veces mediante imágenes de archivo y, en otras ocasiones, con la intervención de actores.
 
Fuente: Cinefilia Sant Miquel
 
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
 
https://ok.ru/video/1498286656201

miércoles, 2 de junio de 2021

PAISAJES CONCRETOS DEL EXTREMO NORTE: UNA VISTA POCO COMÚN DE LA ARQUITECTURA SOVIÉTICA DE SIBERIA

  

Paisajes concretos del Extremo Norte: una vista poco común de la arquitectura soviética de Siberia

En los últimos años, una serie de exposiciones y monografías han provocado un redescubrimiento del modernismo socialista, su poderosa expresión y el exotismo percibido en Occidente suscitando un interés significativo. El libro de fotos de reciente publicación Concrete Siberia. Paisajes soviéticos del extremo norte de Zupagrafika arroja una nueva luz sobre un capítulo aún relativamente inexplorado de la historia de la arquitectura al mostrar la arquitectura soviética de las principales ciudades de Siberia y al mismo tiempo proporcionar una visión de un paisaje poco conocido. El libro presenta la arquitectura y el entorno urbano de seis ciudades siberianas: Novosibirsk , Omsk , Krasnoyarsk , Norilsk , Irkutsk yYakutsk : a través de la lente del fotógrafo ruso Alexander Veryovkin , brindando una nueva perspectiva sobre la arquitectura de posguerra.

Portada del libro Concrete Siberia. Imagen: Zupagrafika

Complejo conmemorativo 'Siberian Convict Way' en Krasnoyarsk (construido en 1978). Imagen: Zupagrafika

El proyecto es la creación de Zupagrafika , una editorial independiente y un estudio de diseño con sede en Polonia cuyo trabajo se centra en la arquitectura modernista y brutalista europea de posguerra, sobre todo la del antiguo Bloque del Este. Fundada en 2012 por David Navarro y Martyna Sobecka, Zupagrafika ha documentado este patrimonio arquitectónico a través de un extenso trabajo que incluye Brutal Britain , Eastern Blocks y Panelki .

Con este último proyecto, el dúo quería ver más de cerca cómo el período soviético influyó en la arquitectura y el desarrollo urbano en Siberia .

“A través de Concrete Siberia, estamos compartiendo la arquitectura que nos fascina y que hemos estado documentando de muchas formas (ya sea a través de la ilustración o la fotografía) durante la última década. Muchos de los edificios fotografiados en el libro no se han publicado de ninguna forma antes. Creemos que este libro puede ser una herramienta para explorar lugares y construcciones desconocidos que dieron forma a los paisajes urbanos de Siberia y también, quizás, para apreciarlos tal como son ”.

Central eléctrica TETs-5, Distrito Tsentralny. Omsk. Imagen: Zupagrafika

Las ciudades siberianas descritas en el libro se diseñaron inicialmente en torno a una sola industria que emplea a la mayoría de los habitantes. La tipificación, uno de los rasgos más reconocibles de la arquitectura soviética, se extendió desde urbanizaciones hasta edificios públicos, con diseños para circos cósmicos, teatros de hormigón y teatros de ópera desarrollados en el centro de Moscú antes de implementarse en el Extremo Norte. No obstante, esta área remota no estuvo desprovista de invención arquitectónica, ya que varios arquitectos locales desarrollaron su propia interpretación de la arquitectura modernista, en sintonía con el paisaje y el clima. Entre ellos se encontraba Vladimir Pavlov, que desarrolló un estilo arquitectónico personal en Irkutsk , y Vitaly Orekhov, con su versión creativa del brutalismo para el Estadio Central de Krasnoyarsk.

En una nota diferente, el libro también sirve como una descripción de la arquitectura en un entorno extremo. Trabajar en el álbum fue un desafío en sí mismo para el fotógrafo Alexander Veryovkin , ya que el libro presenta dos de las ciudades más frías de la Tierra, Yakutsk y Norilsk , donde las temperaturas alcanzan con frecuencia los -30 grados centígrados. Las filas de bloques de paneles de hormigón que protegen el centro de la ciudad de Norilsk de los fuertes vientos son un claro recordatorio del entorno climático extremo de estos entornos urbanos.

El complejo deportivo y de conciertos Omsk Blinov (construido en 1986). Imagen: Zupagrafika

Desde que comenzaron Zupagrafika , Navarro y Sobecka han estado viajando y documentando la arquitectura brutalista y modernista de la posguerra, citando la experiencia real de estos sitios y edificios como la principal inspiración detrás de sus libros. El dúo se esfuerza por pintar una imagen más completa de este patrimonio arquitectónico, aún ampliamente incomprendido y firmemente rechazado por el público en general. El trabajo de Zupagrafika ayuda a difundir la complicada belleza de la arquitectura de posguerra, con sus ideales y deficiencias, creando así las premisas para una nueva comprensión de este período en la historia de la arquitectura.

“Percibimos los edificios y complejos que aparecen en nuestros libros como los antihéroes de la arquitectura moderna. Aunque estos son el hogar de la gran mayoría de los habitantes de las ciudades, los suburbios de la posguerra, los microrayones y los distritos de viviendas en Europa central y oriental han sido invisibles durante décadas. Muchos preferirían que no existieran, o simplemente darlos por sentado. Encontramos la repetición de los patrones, así como el diseño de esas estructuras absolutamente impresionantes y, a veces, hipnóticas ".

Fuente: Calvert Journal