miércoles, 8 de julio de 2026

"DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA MURALLA CHINA", TEXTO DE FRANZ KAFKA, EN EL 143 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO


"De la construcción de la muralla china" es un célebre relato de Franz Kafka publicado póstumamente. No se trata de un relato histórico sobre la construcción real de la Gran Muralla, sino de una reflexión literaria en la que aborda la desmesurada y fragmentada construcción de la muralla como metáfora de un poder imperial inalcanzable, la incomunicación y el absurdo de las burocracias masivas, donde los obreros trabajan aislados sin conocer el propósito exacto de la colosal obra. 

El relato se caracteriza por los siguientes elementos principales:

  • El método de construcción: En lugar de levantarse linealmente, la muralla se construye por tramos inconexos y aislados (desde el sureste y el suroeste). Esto se ideó para mantener la moral y el entusiasmo de los trabajadores, ya que los grupos veían cómo sus secciones avanzaban hasta unirse con otros equipos, dispersos a lo largo de distancias inmensas.
  • La figura del Emperador: Las órdenes provienen de una "Suprema Conducción". El Emperador es una figura lejana, casi mítica y abstracta; habita en el interior del palacio imperial y está desconectado de su pueblo, por lo que el mandato real llega como un testamento milenario.
  • El absurdo y la burocracia: La vastedad de la obra y el sistema fragmentado generan una gran duda: ¿tendrá la muralla huecos y discontinuidades? Esta incertidumbre nunca puede resolverse debido a la inmensidad del territorio, simbolizando la incapacidad del individuo para comprender la totalidad de un sistema o las decisiones de la autoridad.
  • La lealtad popular: El pueblo acata la construcción con una devoción casi religiosa, asumiendo que el sentido de sus vidas está ligado a proteger al Imperio, incluso si la muralla pudiera resultar inútil en la práctica.

De la construcción de la Muralla China

El extremo norte de la Muralla China ya está concluido. Dos secciones convergieron allí, del sureste y del suroeste. Ese sistema de construcción parcial fue aplicado también en menor escala por los dos grandes ejércitos de trabajadores, el oriental y el occidental. Este era el procedimiento: se formaban grupos de unos veinte trabajadores, que tenían a su cargo una extensión cercana a los quinientos metros, mientras otros grupos edificaban un trozo de muralla de longitud igual que se encontraba con el primero. Una vez producida la unión, no se seguía la construcción a partir de los mil metros edificados: los dos grupos de obreros eran destinados a otras regiones donde se repetía la operación. Naturalmente que con ese procedimiento quedaron grandes espacios abiertos que tardaron muchísimo en cerrarse: algunos lo fueron años después de proclamarse oficialmente que la Muralla estaba concluida. Se afirma que hay espacios vacíos que nunca se edificaron; aseveración, sin embargo, que es tal vez una de las tantas leyendas a que dio origen la Muralla y que ningún hombre puede verificar con sus ojos, dada la magnitud de la obra.

Se pensaría de antemano que hubiese sido mejor en todo sentido construir la Muralla seguidamente o, por lo menos, seguidamente dentro de las dos secciones principales. La Muralla, como universalmente se proclamó y como nadie ignora, había sido concebida como una defensa contra las naciones del Norte. Pero, ¿qué defensa puede ofrecer una muralla discontinua? Ninguna, y la Muralla misma está en incesante peligro. Esos pedazos de muralla abandonados en mitad del desierto podían ser fácilmente abatidos por los nómadas, ya que esas tribus, alarmadas por los trabajos de construcción, cambiaban de terruño como langostas, con increíble velocidad y lograban tal vez una mejor visión general de los progresos de la Muralla que nosotros los constructores. Sin embargo, la obra se hizo del único modo posible. Para entenderlo así debemos considerar que la Muralla tenía que ser una defensa para los siglos que vendrían, de ahí que la edificación más escrupulosa, la aplicación de la sabiduría arquitectónica de todas las épocas y de todos los pueblos y el sentimiento perenne de la responsabilidad personal en los constructores, eran indispensables para la obra. Es verdad que para las tareas más subalternas podían emplearse obreros ignorantes —hombres, mujeres, niños, llevados por el mero interés—, pero ya un capataz de cuatro obreros debía ser un hombre versado en albañilería, un hombre que en el fondo del corazón sintiera la importancia de la obra. Cuanto más alto el cargo, mayor la exigencia. Y tales hombres existían, quizá no todos los requeridos por la obra, pero sí muy numerosos. El trabajo no había sido emprendido a la ligera. Medio siglo antes de empezarlo, la arquitectura y la albañilería, en particular, habían sido proclamadas en toda China (que se pensaba amurallar) las más importantes de las ciencias, y las otras no eran reconocidas sino en cuanto se relacionaban con ellas. Recuerdo todavía que nosotros, niños aún, nos agrupábamos en el jardín del maestro para levantar con piedritas una especie de muro, y que el maestro se remangaba la túnica, arremetía contra el muro, lo hacía pedazos y vociferaba tan fuertes reproches acerca de la fragilidad de la obra que nosotros huíamos llorando en busca de nuestros padres. Un episodio mínimo, pero típico del espíritu de la época. Yo tuve la suerte de que la iniciación de la obra coincidiera con mis veinte años y con los últimos exámenes de la escuela primaria. Digo la suerte porque muchos que ya habían completado sus estudios se pasaron la vida sin poder aplicar sus conocimientos y vagaban sin rumbo, con la cabeza llena de vastos planes arquitectónicos, sin oportunidad ni esperanzas. Pero aquellos otros que lograron puestos de capataces, siquiera en la categoría inferior, eran en verdad dignos de su trabajo. Eran albañiles que habían meditado muchísimo sobre la obra y que no cesaban de hacerlo: hombres que desde la primera piedra que enterraron se sintieron parte de la Muralla. Es natural que en tales albañiles alentara no sólo la voluntad de trabajar concienzudamente sino la impaciencia de ver concluida la obra. El obrero ignora esas impaciencias porque no le interesa más que el salario. Los jefes superiores, y aun los intermedios, ven mucho del crecimiento múltiple de la obra para mantener en alto el espíritu. Pero con los subalternos, hombres espiritualmente superiores a sus tareas aparentemente triviales, era preciso proceder de otro modo: imposible tenerlos durante meses o tal vez durante años acumulando piedra sobre piedra en una montaña desierta, a centenares de millas de su hogar; la futilidad de un trabajo, que excedía el término natural de la vida de un hombre, los hubiera incapacitado para la obra. Por eso fue elegido el sistema de construcción parcial. Quinientos metros solían completarse en cinco años; al cabo de ese tiempo los capataces quedaban exhaustos y habían perdido la confianza en sí mismos, en la Muralla y en el mundo. Entonces, en plena exaltación de las fiestas que celebraban los mil metros ejecutados, los destinaban muy lejos. En la travesía divisaban aquí y allá trozos de Muralla concluidos, pasaban por altas jefaturas donde les entregaban premios honoríficos, escuchaban el júbilo de los nuevos ejércitos laboriosos que llegaban de los confines del país, veían bosques talados para apuntalar la Muralla, veían las montañas hechas canteras y escuchaban los himnos de los fieles en los santuarios rogando por la feliz culminación de la empresa. Todo eso aplacaba su impaciencia. La vida tranquila de sus hogares, donde acostumbraban descansar un tiempo, los fortalecía; el respeto que infundían, la credulidad piadosa con que eran recibidas sus palabras, la fe de los humildes ciudadanos en la pronta conclusión de la obra, todo eso retemplaba las fibras de su alma. Como niños eternamente esperanzados decían adiós a sus hogares; el anhelo de volver al trabajo colectivo era irresistible. Emprendían viaje antes de lo necesario; media aldea los acompañaba un largo trecho. En todos los caminos había grupos, arcos de triunfo, banderas; no habían visto jamás que grande, rica, amable y hermosa era su patria. Cada compatriota era un hermano para el que levantaban una muralla protectora y que les agradecería toda su vida, con todo lo que tenía y lo que era. ¡Unidad! ¡Unidad! Hombro contra hombro, una cadena de hermanos, una sangre no ya encerrada en la mezquina circulación del cuerpo, sino circulando con dulzura y sin embargo regresando sin fin a través de la China infinita.

Se justifica así el sistema de construcción parcial, pero también había otras razones. No es extraño que me demore tanto en este punto; por trivial que parezca a primera vista, se trata de un problema esencial de la edificación de la Muralla. Para comunicar y hacer comprensibles las ideas y experiencias de aquella época, nunca insistiré lo bastante en esta cuestión.

No hay que olvidar que en aquel tiempo se realizaron cosas apenas inferiores a la erección de la Torre de Babel, pero de la que diferían mucho —si nuestros cálculos humanos no yerran— en lo que respecta a la aprobación divina. Digo esto, porque en los días iniciales de la obra un letrado compuso un libro que desarrollaba precisamente ese paralelo. Ese libro quería demostrar que el fracaso de la Torre de Babel no se debía a las razones que generalmente se aducen o mejor dicho, que esas conocidas razones no eran las esenciales. Sus pruebas no sólo se apoyaban en informes y documentos: pretendía haber hecho investigaciones en el sitio mismo y haber descubierto que la Torre se malogró —y tenía que malograrse— a causa de lo débil de sus cimientos. Pero en ese aspecto nuestro tiempo era muy superior a aquel remoto pasado. Casi no había un contemporáneo educado que no fuera albañil de profesión e infalible en materia de cimientos. No era esto, sin embargo, lo que el escritor pretendía demostrar; su tesis era que la Gran Muralla ofrecería por primera vez en la historia una base segura para una nueva Torre de Babel. Primero la Muralla, por consiguiente; luego la Torre. El libro estaba en todas las manos, pero debo admitir que hasta el día de hoy no acabo de comprender su concepción de la Torre. ¿Como entender que la Muralla, que ni siquiera formaba un círculo, sino una especie de arco o semicírculo, fuera la base de una torre? Claro está que todo eso puede encerrar algún sentido simbólico. Pero entonces, ¿a qué levantar la Muralla, que al fin y al cabo era algo concreto, que exigía la vida y la labor de innumerables hombres? ¿Y a qué los plano de la torre —planos un tanto nebulosos, en verdad— y los diversos proyectos para encauzar las energías del Imperio en esa gigantesca empresa?

Había entonces —este libro es sólo un ejemplo— mucha confusión mental, quizás engendrada por el hecho de que tantos hombres persiguieran un mismo fin. La naturaleza humana, esencialmente voluble, inestable como el viento, no tolera que se la sujete; forcejea contra las ataduras que ella misma se ha impuesto y acaba por romperlas a todas, a la muralla y a sí misma.

Es muy posible que esas consideraciones adversas a la edificación de la Muralla no dejaran de influir en las autoridades al optar estas por el sistema de contribución parcial. Nosotros —ahora pretendo hablar en nombre de muchos— realmente no sabíamos quiénes éramos haber estudiado los decretos de la Dirección y habernos convencido de que sin ella nuestra sabiduría aprendida y nuestro entendimiento natural hubieran sido insuficientes para las humildes tareas que ejecutamos dentro de la vastísima obra. En el despacho de la Dirección —dónde estaba y quiénes estaban, eso lo han ignorado y lo ignoran cuántos he interrogado—, en ese despacho se agitaban, sin duda, todos los pensamientos y todos los deseos humanos e inversamente todas las metas y todas las plenitudes. Por la ventana abierta caía un esplendor de mundos divinos sobre las manos que trazaban los planos.

Por consiguiente, el observador imparcial debe admitir que la Dirección, si se hubiera empeñado en ello, hubiese podido vencer las circunstancias que se oponían a un sistema de construcción continua. Es decir; debemos admitir que la Dirección eligió deliberadamente el sistema de construcción parcial. La construcción parcial, sin embargo, era un mero expediente y, por lo tanto, inadecuado. ¿Eligió entonces la Dirección un medio inadecuado? ¡Extraña conclusión! Sin duda, pero desde cierto punto de vista puede justificarse. Tal vez ahora lo podemos discutir sin peligro, en esos días la máxima secreta de muchos, y aun de los mejores, era ésta: trata de comprender con todas tus fuerzas las órdenes de la Dirección, pero sólo hasta cierto punto; luego, deja de meditar. Una máxima de lo más razonable, que se desarrolló en una parábola que logró mucha difusión: Deja de meditar, pero no porque pueda perjudicarte, ya que tampoco hay la seguridad de que pueda perjudicarte; las ideas de perjuicio y de no perjuicio nada tienen que ver con el asunto. Te sucederá lo que al río en la primavera. El río crece, se hace más caudaloso, alimenta la tierra de sus riberas, y guarda su propio carácter hasta penetrar en el mar que lo recibe agradecido, trata de comprender hasta ese punto las órdenes de la Dirección. Pero otras veces el río anega sus riberas, pierde su forma, demora su curso, ensaya contra su destino la formación de pequeños mares tierra adentro, perjudica los campos, y, sin embargo, no puede mantener ese nivel y acaba por volver a sus riberas para secarse miserablemente cuando llega el verano. No quieras penetrar demasiado las órdenes de la Dirección.

Por acertada que fuera esa parábola durante la construcción de la Muralla, sólo tiene un valor muy relativo en el informe que preparo. Mi indagación es puramente histórica; ya se han desvanecido los relámpagos de esa remota tempestad, y yo no me propongo otra cosa que dar una explicación del sistema de construcción parcial, una explicación más profunda que las que satisficieron entonces. Los límites que me impone mi inteligencia son estrechos, pero la materia que deberé abarcar, infinita.

¿De quienes iba a resguardarnos la Gran Muralla? De los pueblos del Norte. Yo vengo del Sureste de China. Ningún pueblo del Norte nos amenaza. Leemos las historias antiguas, y las crueldades que esos pueblos cometen siguiendo sus instintos nos hacen suspirar bajo nuestros pacíficos árboles. En las auténticas figuras de los pintores vemos esos rostros crueles, esas fauces abiertas, esas mandíbulas ceñidas de dientes puntiagudos, esos ojitos entornados que parecen buscar carne débil para el brillo de sus dientes. Cuando los niños se portan mal les mostramos esas figuras y ellos se refugian en nuestros brazos. Pero eso es todo lo que sabemos de esos hombres del Norte. Nunca los hemos visto y si permanecemos en nuestra aldea no los veremos nunca, aunque resolvieran precipitarse sobre nosotros al galope tendido de sus caballos salvajes… demasiado vasta es la tierra y no los dejaría acercarse… su carrera se estrellaría en el vacío.

Entonces ¿por qué razón abandonamos nuestros hogares, el río y los puentes, la madre y el padre, la mujer deshecha en lágrimas, los niños sin amparo, y fuimos a la ciudad lejana a estudiar y nuestros pensamientos aún más lejos, hasta la Muralla que está en el Norte? ¿Por qué? La Dirección lo sabe. Nuestros jefes nos conocen bien. Agitados por ansiedades gigantescas, lo saben todo acerca de nosotros, conocen nuestros pequeños quehaceres, nos ven reunidos en humildes cabañas y aprueban o desaprueban el rezo que el padre de familia eleva en las tardes rodeado por los suyos. Si me fuera permitido otro juicio sobre la Dirección, diría que es muy antigua y que no ha sido congregada de golpe, como los grandes mandarines que se reúnen movidos por un sueño y ya esa misma tarde sacan de sus camas al pueblo redoblando tambores y lo arrean a una iluminación en honor de un dios que ayer ha favorecido a sus Señorías y que mañana, apenas apagados los faroles, será relegado a un oscuro rincón. Prefiero sospechar que la Dirección no es menos antigua que el mundo y asimismo que la decisión de hacer la Muralla. ¡Inconscientes pueblos del Norte que imaginaban ser el motivo! ¡Venerable, inconsciente Emperador que imaginó haberlo decretado! Los constructores de la Muralla conocemos la verdad y callamos.

Desde la construcción de la Muralla hasta el día de hoy, me he entregado casi exclusivamente a la historia comparativa de las naciones —hay determinados problemas que no es posible penetrar sino por este método— y he llegado a la conclusión de que los chinos estamos dotados de algunas instituciones sociales y políticas cuya claridad es incomparable, y también de otras cuya oscuridad es desmesurada. El deseo de investigar las causas de esos fenómenos (especialmente los últimos) no me abandona nunca, ya que la construcción de la Muralla guarda una relación esencial con esas cuestiones.

La más oscura de nuestras instituciones es indudablemente el Imperio. Por cierto que en Pekín, en la Corte, hay alguna claridad sobre esa materia, pero esa misma claridad es más ilusoria que real. En las universidades, los profesores de derecho y de historia afirman su conocimiento exacto del tema y su capacidad de comunicarlo. A medida que uno desciende a las escuelas elementales, van desapareciendo las dudas, y una cultura superficial infla monstruosamente unos pocos preceptos seculares, que a pesar de no haber perdido nada de su eterna verdad, resultan indescifrables en ese polvo y en esa niebla.

Precisamente sobre el imperio convendría que el pueblo fuera interrogado, ya que el Imperio tiene en el pueblo su último sostén. Es verdad que sobre este punto yo sólo puedo hablar de mi aldea. Descontadas las divinidades agrarias cuyas ceremonias ocupan el año de un modo tan bello y variado, sólo pensamos en el Emperador. No en el Emperador actual; para ello tendríamos que saber quién es o algo determinado sobre él. Hemos tratado siempre —no tenemos otra curiosidad— de conseguir algún dato, pero, por raro que parezca, nos ha resultado casi imposible descubrir algo, tanto de los peregrinos, que han andado por muchas tierras, como de las aldeas vecinas o remotas, o de los marineros, que no sólo han remontado nuestros arroyos, sino los ríos sagrados. Uno oye muchas cosas, es verdad, pero nada resulta seguro, indiscutible.

Nuestra tierra es tan grande que no existe cuento de hadas que pueda encerrar su grandeza. El cielo mismo apenas la abarca, y Pekín es un punto y el palacio imperial es menos que un punto. El Emperador, como tal, está sobre todas las jerarquías del mundo. Pero el Emperador, individualmente, es un hombre como nosotros, que duerme como un hombre en una cama que tal vez es amplísima, pero que tal vez es corta y angosta. Como nosotros, a veces se acuesta y cuando está muy cansado bosteza con su boca delicada. Pero nosotros, que habitamos al Sur, a millares de leguas, casi en los contrafuertes de la meseta tibetana, ¿qué podemos saber de todo eso? Además, aunque nos llegaran noticias, nos llegarían atrasadas, absurdas. En torno del Emperador se reúne una brillante y sin embargo oscura muchedumbre de cortesanos —maldad y hostilidad disfrazadas de amigos y servidores—, el contrapeso del poder imperial, perpetuamente dirigiendo al Emperador dardos envenenados. El Imperio es eterno, pero el Emperador vacila y se tambalea; dinastías enteras se derrumban y mueren en un solo estertor. De esas batallas y esas luchas no sabrá nada el pueblo; es corno el retrasado forastero que no pasa del fondo de una atestada calle lateral, mientras en la plaza central están ejecutando al rey.

Hay una parábola que describe muy bien esa relación. El emperador —así dicen— te ha enviado a ti, el solitario, el más miserable de sus súbditos, la sombra que ha huido a la más distante lejanía, microscópica ante el sol imperial ¡justamente a ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurró el mensaje al oído; tan importante le parecía, que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de la repetición. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte —todas las paredes que interceptaban la vista habían sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un círculo los grandes del Imperio—, ante todos, ordenó al mensajero que partiera. El mensajero partió en el acto; un hombre robusto e, incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a través de la multitud; cuando encuentra un obstáculo, se señala sobre el pecho el signo del sol; adelanta mucho más fácilmente que ningún otro. Pero la multitud es muy grande; sus alojamientos son infinitos. Si ante él se abriera el campo libre, como volaría, que pronto oirías el glorioso sonido de sus puños contra tu puerta. Pero, en cambio, qué vanos son sus esfuerzos; todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio central; no acabará de atravesarlas nunca; y si terminara, no habría adelantado mucho; todavía tendría que esforzarse para descender las escaleras; y si lo consiguiera, no habría adelantado mucho; tendría que cruzar los patios: y después de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y nuevamente un palacio: y así durante miles de años; y cuando finalmente atravesara la última puerta —pero esto nunca, nunca podría suceder todavía le faltaría cruzar la capital, el centro del mundo, donde su escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podría abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un muerto. Pero tú te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche.

Así, de modo tan desesperado y tan esperanzado a la vez, es como mira nuestro pueblo al Emperador. No sabe que Emperador reina, y hasta el nombre de la dinastía está en duda. En la escuela se enseñan en orden las dinastías, pero la incertidumbre general es tan grande que hasta los mejores letrados se dejan arrastrar por ella. Emperadores muertos hace siglos suben al trono en nuestras aldeas y la proclamación de un emperador que sólo perdura en las epopeyas fue leída frente al altar por un sacerdote. Batallas de la historia más antigua son recientes para nosotros, y un vecino trae la noticia con la cara encendida. Las mujeres de los emperadores, ociosas entre sus almohadones de seda, desviadas de la noble tradición por cortesanos viles, henchidas de ambición, violentas de codicia, desaforadas de lujuria, repiten y vuelven a repetir sus abominaciones. Cuanto más tiempo ha transcurrido, más terribles y vivos son los colores y con temor nuestra aldea recibe la noticia de que una emperatriz (hace miles de años) bebió la sangre del marido a grandes tragos.

Así están cerca de nuestro pueblo los emperadores antiguos, pero al que vive lo juzgan entre los muertos. Si alguna vez, alguna rarísima vez, un funcionario imperial, que recorre las provincias, cae por azar en nuestra aldea, y nos transmite algunos decretos y examina las listas de los impuestos, preside los exámenes, interroga al sacerdote, y antes de ascender a su litera, dirige algunos reproches a los asistentes, entonces una sonrisa alegra las caras, todos se miran a hurtadillas y la gente se inclina sobre los niños, para que el funcionario no se de cuenta. “¿Cómo? —piensa — : habla de un muerto como si aún estuviera vivo; ese Emperador ha muerto hace tiempo, la dinastía se ha extinguido, el señor funcionario nos está gastando una broma, pero no nos daremos por aludidos, -para no ofenderlo. Pero realmente no acataremos sino al Emperador actual, porque proceder de otro modo sería un desacato.” Y al desaparecer la litera surge como señor del pueblo una sombra que arbitrariamente exaltamos y que habitó, sin duda, una urna ya hecha cenizas.

Paralelamente nuestro pueblo suele interesarse muy poco en las agitaciones civiles o en las guerras contemporáneas. Recuerdo un incidente de mi juventud. Había estallado una revuelta en una provincia limítrofe pero muy apartada. No recuerdo las causas de la revuelta, ni éstas importan: ahora las causas sobran cuando la gente es revoltosa. Un pordiosero que venía de esa provincia, trajo a la casa de mi padre una proclama publicada por los rebeldes. Casualmente era un día de fiesta, la casa estaba llena de invitados, el sacerdote ocupaba el sitio de honor y miró la proclama. De golpe todos se reían, en la confusión la hoja se hizo pedazos, el pordiosero que había recibido abundantes limosnas fue expulsado a golpes, los huéspedes salieron a gozar del hermoso día. ¿La razón? El dialecto de esa provincia limítrofe difiere esencialmente del nuestro y esa disparidad se manifiesta en algunas formas del idioma escrito que tienen un carácter arcaico para nosotros. Apenas hubo leído el sacerdote un par de líneas, nuestra decisión estaba tomada. Viejas cosas, contadas hace tiempo, hace tiempo cicatrizadas. Y aunque —así me lo asegura el recuerdo— la actualidad hablaba palmariamente por boca del pordiosero, todos movían la cabeza y reían y rehusaban escuchar más. Tan inclinado está nuestro pueblo a ignorar el presente.

Si de todos estos hechos se deduce que carecemos de emperador, no se estará muy lejos de la verdad. Lo digo y lo repito: no hay pueblo más fiel al Emperador que nuestro pueblo del Sur, pero de nada le sirve al Emperador nuestra fidelidad. Es cierto que el dragón sagrado está en su pedestal a la entrada de nuestra aldea, y desde que los hombres son hombres ha dirigido hacia Pekín su aliento de fuego, pero Pekín es más inconcebible para nosotros que la otra vida. ¿Existiría realmente una aldea de casas encimadas que cubre un espacio superior al que domina nuestro cerro, y será posible que entre esas casas haya hombres hacinados todo el día y toda la noche? Menos difícil que figurarnos esa ciudad es pensar que Pekín y su Emperador son una sola cosa: una tranquila nube, digamos, que gira eternamente cerca del sol.

De semejantes opiniones resulta una vida relativamente libre y despreocupada. De modo alguno una vida inmoral: no he hallado en mis peregrinajes una pureza de costumbres como la de mi aldea. Pero es una vida, con todo, que no sabe de leyes contemporáneas, y sólo reconoce las exhortaciones y los avisos que vienen de tiempos remotos.

No hago generalizaciones y no pretendo que sucede lo mismo en las mil aldeas de nuestra provincia o en las quinientas provincias del Imperio. El examen de muchos documentos, corroborado por mis observaciones personales, las vastas muchedumbres movilizadas para levantar la Muralla, daban a los hombres sensibles ocasión de recorrer casi todas las provincias; esa examen —repito— me permite afirmar que la concepción general del Emperador concuerda esencialmente con la que se tiene en mi aldea. No afirmo que esa concepción sea una virtud: todo lo contrario. Es indudable que la responsabilidad principal le incumbe al gobierno, que en este Imperio —el más antiguo de la tierra— no ha conseguido o no ha querido desarrollar las instituciones imperiales con la justeza necesaria para que su influencia llegue directa e incesantemente a los límites extremos del país. Por otra parte, el pueblo adolece de una debilidad de imaginación o de fe que le impide levantar al Imperio de su postración en Pekín y estrecharlo con amor contra su pecho leal, aunque en el fondo no ambiciona otra cosa que sentir ese contacto y morir.

En consecuencia, nuestra concepción del Emperador no es una virtud. Tanto más raro es que esa misma debilidad sea una de las mayores fuerzas aglutinantes de nuestro pueblo; constituye, si me permiten la expresión, el suelo que pisamos. Declararlo un defecto esencial, importaría no sólo hacer vacilar las conciencias, sino también los pies. Y por eso no deseo continuar examinando este problema.

FK

Escrito entre 1918 y 1919. 

Fuente del texto: Hotel Kafka.

martes, 7 de julio de 2026

"LA FAMILIA TARAS", ÓPERA DEL COMPOSITOR COMUNISTA DMITRI KABALEVSKY

Dmitri Kabalevsky (1904-1987) nació el 30 de diciembre de 1904 en San Petersburgo.

Kabalevsky participa en la organización de la Unión de Compositores Soviéticos, desde su fundación en 1932, en su sección de Moscú. Durante el mismo año se convierte en profesor adjunto de composición en el Conservatorio de Moscú. 

Como comisionado por el Comité Soviético para la defensa de la paz, Kabalevsky visita variados países, entre ellos la China, Finlandia, Polonia, Hungría, Austria, Francia y la Gran Bretaña. Durante el verano de 1966 realiza un viaje cultural a los Estados Unidos, dando clases, entre otros lugares, en el National Music Camp de Interlochen en Michigan.

Durante su vida recibe diversas condecoraciones, entre ellas el Premio Lenin en 1972 y la Orden de los héroes del trabajo socialista en 1974. 

Además fue secretario de la «Unión de Compositores de la URSS» (1940), redactor de la revista «Soviétskaya Múzyka» (Música Soviética), premiado en cuatro ediciones del Premio Stalin de Estado (1946, 1949, 1951, y 1966), Artista del Pueblo en 1963, Presidente del Consejo Científico de Estética pedagógica en la «Academia de las Ciencias Pedagógicas de la URSS» (1969) y Presidente de la «International Society of Musical Association» (1972). 

Kabalevsky murió en Moscú el 18 de febrero de 1987.  

Militante del PCUS, acató las orientaciones de la política oficial en materia de creación artística   

Siguiendo la línea del Realismo Socialista, en 1947 empieza la ópera "La Familia de Taras" Op.47, terminada y estrenada en Leningrado en 1950. Está basada en la novela corta "Los Invictos" escrita en 1944 por Boris Gorbatov (1908-1954), un corresponsal del diario Pravda, experimentado en las luchas partisanas y del Komsomol en el norte de Rusia durante la invasión nazi. Una obra que rinde tributo al heroísmo del pueblo ruso frente a los invasores nazis. El personaje de Nastia, una joven heroica Komsomol tuvo una especial empatía con el compositor, utilizando varios de los temas dedicados a ella en su última sinfonía.

Una obra cuya acción transcurre en el tiempo en que Ucrania se encontraba ocupada por los nazis. El abuelo Taras se queda en la retaguardia al cargo de una familia sin padre. La primera desgracia ocurre cuando una nuera sucumbe a los brutales métodos utilizados por los alemanes. Luego un hijo prisionero de guerra se rinde al enemigo. El odio de Taras por su cobardía lo fuerza a regresar al frente. Más tarde el honor del viejo es defendido por su hija adolescente Nastia, que se une a los partisanos y es ahorcada por los alemanes por participar en actos terroristas.

El vídeo recoge las siguientes escenas seleccionadas:  

1. Obertura 0:00

2. Aria de Taras y final del acto 4 5:44

3. Escena 6 «En la fábrica» 11:50 

Fuente: Historia de la Sinfonía y otros

lunes, 6 de julio de 2026

EDITORIAL ARPA PUBLICA "EL MOVIMIENTO SITUACIONISTA", DE PATRICK MARCOLINI

El movimiento situacionista
Patrick Marcolini
Precio estándar €24.90
432 páginas
150 x 230 mm 
Editorial Arpa
ISBN 979-13-87833-76-3
Publicado en mayo de 2026 
Traducido por Esteban Sanzol 

En los años sesenta y setenta, una ola de revueltas recorrió el mundo en respuesta al creciente dominio de la mercancía y el Estado sobre todos los aspectos de la vida. El situacionismo fue decisivo en ese levantamiento, y su huella en Mayo del 68 marcó para siempre la crítica más radical a la condición moderna. Sus raíces no estaban en el movimiento obrero, sino en las vanguardias artísticas del siglo xx: el dadaísmo, el surrealismo, el letrismo, etc. Artistas disidentes, a medio camino entre la rebeldía y la transgresión, con un programa rupturista: rechazar las condiciones de vida impuestas al hombre moderno, tanto en las sociedades capitalistas avanzadas como en los regímenes que se consideraban comunistas, y experimentar formas de existencia verdaderamente nuevas. 

Este libro analiza con rigor las raíces culturales de las teorías y prácticas situacionistas y rastrea su legado plural y contradictorio, entre los intelectuales posmodernos y el arte contemporáneo, entre los estrategas del poder neocapitalista y los movimientos de resistencia de nuestros días. Porque el situacionismo sigue siendo una de las críticas más lúcidas y perturbadoras de la modernidad. 

LEER UN FRAGMENTO: https://cdn.shopify.com/s/files/1/1242/3326/files/EL_MOVIMIENTO_SITUACIONISTA_F._G._prensa.pdf?v=1776777060 

domingo, 5 de julio de 2026

"LOS FERRONES", DE JUAN LUNA NOVICIO

 
Los ferrones
Juan Luna y Novicio 
c. 1893
Óleo sobre lienzo
40,5 x 61 cm
Museo de Bellas Artes de Bilbao

En Bizkaia, a donde Luna llegó en julio de 1893, había visitado una fábrica de fundición de hierro, que le había causado un terrible horro. Y fue aquí donde encontró el lugar más propicio para poner sobre un lienzo esos ambientes asfixiantes que conocía al menos desde hacía ya un par de años y que tan hondamente le habían emocionado. En su capital, Bilbao, trabó amistad con José María Martínez de las Rivas (1850-1916) y, sobre todo, con Víctor Chávarri (1854-1900), dos personajes clave en el proceso de industrialización vasca y padres de los Altos Hornos de Vizcaya. Para la residencia del segundo, pero ocupándose de asuntos a los que ambos le animaban, realizó dos grandes lienzos que representan La colada y Talleres de laminación, ambientados en la Fundición "La Vizcaya", precisamente la gran iniciativa empresarial ideada por Chávarri. En ellos, por deseo de su mecenas, Luna convirtió en protagonistas a los obreros, en conexión con la sensibilidad social con la que Chávarri quería identificarse entonces. Así lo explicaba el propio Luna a su amigo el ministro Balaguer en una carta fechada en julio de 1893: "Trabajo en la fundición 'La Vizcaya' en donde espero sacar partido del trabajo del capital y del talento humano allí reunido". Relacionadas con esas dos grandes pinturas se han recogido otras obras del pintor filipino, que pueden considerarse, si no estudios preparatorios o bocetos para ellas, al menos evidencias palpables de la proximidad de Luna hacia los sacrificios de esa profesión, y que están fechadas durante su estancia bilbaína. En la colección del economista filipino Bibiano L. Meer debió de existir un dibujo a lápiz de los Altos Hornos de Bilbao y en la colección de la nieta de Luna, en Nueva York, se consignaron cuatro pequeños bocetos tomados también de los mismos Altos Hornos. A ese caudal debe añadirse, por su contenido iconográfico, el cuadro conservado en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Éste representa a dos hombres en un obrador metalúrgico, afanados en colar el metal fundido sobre su molde, por lo que su argumento coincide con el de uno de los dos lienzos ideados para Chávarri y permite constatar la repetida contemplación de esa actividad por parte de Luna. La composición, además, recuerda en último término el gran lienzo de Adolf Menzel (1815-1905) Moderne Cyklopen (Alte Nationalgalerie, Berlín), realizado dos décadas antes y que gozó de una gran fama por toda Europa. Sin embargo, entre la obra del maestro alemán y la del pintor filipino media una diferencia sustancial. Mientras Menzel hizo una descripción pormenorizada del industrioso entorno de los fundidores, Luna concentró todo el interés de su cuadro en la acción física llevada a cabo por los obreros, fiel a la atracción que sentía por ella. Realizado con la economía de medios propia de un boceto, tanto la singular gestualidad de las pinceladas del filipino como, sobre todo, la arbitrariedad de los colores —que es el sello característico de la producción del pintor—, sirven aquí para enfatizar la figura de los dos ferrones en acción, dotándola además de una extraordinaria intensidad plástica. Ante un fondo ennegrecido y sin referencias reconocibles, ambos operarios se enfrentan a la crudeza de su labor, como protagonistas únicos de la escena, abrasados por el calor que irradia de la colada incandescente, semidesnudos y sin ninguna medida que asegure su integridad, exhibiendo al mismo tiempo su heroísmo titánico y su completa vulnerabilidad. Las encendidas pinceladas que iluminan el rostro y el cuerpo de ambos, reflejos miméticos del resplandor del metal candente, así como los ásperos colores pardos sobre los óxidos brillantes de las salpicaduras del hierro que se derrama, son los únicos tonos discordantes frente al negro que predomina en la escena, en una imagen concebida por Luna en una clave todavía mucho más personal y reflexiva de lo que se permitió en las grandes composiciones destinadas a los ricos salones burgueses de Bilbao. (Carlos G. Navarro)

sábado, 4 de julio de 2026

"HEMINGWAY", DOCUMENTAL CUBANO EN EL 65 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Título: Hemingway 
Año: 1962
País: Cuba 
Tiempo: 20’ 
Productora: ICAIC 
Dirección: Fausto Canel 
Guión: Marc Schleifer, Fausto Canel 
Texto: Lisandro Otero
Fotografía: Ramón F. Suárez

Un nuevo enfoque de la vida del famoso escritor Ernest Hemingway. 

A partir del suicidio del escritor Ernest Hemingway (1899-1961), el documental Hemingway (1962) de Fausto Canel indaga en los orígenes del hombre aficionado a la caza y al mar para aproximar el espectador al literato. Estamos ante el hombre de mundo que concebiría una escritura a medio camino entre las exigencias o conquistas estético-formales y el remedo de lo vivencial. 

En el filme se establece una clara cercanía con quien decidiera vivir por la escritura y de ella en suelo cubano. De ahí que la cámara, asistida por la vozde Carlos Fernández, ayude a recorrer la finca Vigía. Es un recorrido harto descriptivo de sus interiores. “Aquí creó hombres que ponen en función todas sus fuerzas para dominar violentamente al mundo. Aquí dijo que un hombre puede ser destruido muchas veces, pero nunca vencido”. Cuando la cámara toma esta y otras residencias —o las presenta desde lejos mediante fotos fijas—, el narrador recuerda e insiste no solo en quién habitó esos espacios, sino cómo los vivió para el lugar extendido y apenas tasable que es la literatura. 

Sobre imágenes seleccionadas de la Cuba prerrevolucionariase comparte una suerte de valoración sobre la obra del mejor cuentista que novelista, aunque la narración se empeñe en recordarnos que Hemingway escribiera o mejor, comenzara a escribir El viejo y el mar, su mejor obra, dicen algunos, en el Hotel Ambos Mundos. No obstante, se rememora la vida que pretendió y de hecho llevó para que, por suerte, deviniera un sujeto de pensamiento sobre y para el mundo.

Hemingway bebió, comió, cazó y deseó mucho. Amó vivir tanto en sus persecuciones y muertes de animales como en los jugueteos momentáneos en distintos lechos. Esto último no se dice ni siquiera,se sugiere porque el documental no es hagiográfico, aunque sí bastante benévolo. Lo importante es que el hombre aventurero, sin dejar de serlo, se impuso un rigor casi diario sobre cómo escribir —lo hacía de pie—. Lo que no supuso que lo hiciera mejor que sentado o que lograra más calidad de páginas que Faulkner. Mas Hemingway hizo lo suyo y el mundo lo reconoce. 

Fausto Canel intenta que el espectador se interese en el ser humano antes que en el artífice de relatos reconocidos. Para ello tiende a la cifra de acontecimientos de determinadas etapas: los primeros años de vida de su protagonista, los años de la Primera Guerra Mundial, la década del 30 en Europa, sobre todo España. En su intento de condensar un tiempo a través de fotografías, imágenes de archivos en general y fragmentos de películas clásicas, el documental de 20 minutos se aleja a ratos de su centro. El director busca la atmósfera previa a la escritura de los libros y ella, con frecuencia, sombrea al hombre de letras. El escritor y la persona se funden con los pasajes elegidos, incluso aquellos que registran su imagen o voz. 

Este es uno de los primeros acercamientos al Hemingway del Caribe, al simpatizante de izquierda y al aplatanado que cambió en Cuba e incluso antes: “Finalmente los tiempos lo penetraron y él dijo: ‘Un hombre solo no vale nada’ y se fue a luchar en la guerra española”. Cuando pareciera seguir un orden sucesivo, el audiovisual fluctúa otra vez entre pasado y presente. Es significativo que Cuba no se quedara detrás en ofrecer su retrato del escritor mundial. 

VER DOCUMENTAL:

viernes, 3 de julio de 2026

"EL REVOLUCIONARIO", CUENTO DE ERNEST HEMINGWAY, EN EL 65 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

 

El revolucionario

[Cuento - Texto completo.]

Ernest Hemingway

En 1919 viajaba por los ferrocarriles de Italia. En los cuarteles generales del partido le entregaron un trozo de hule escrito con lápiz indeleble en donde se decía que se trataba de un camarada que en Budapest había sido muy perseguido y castigado por los reaccionarios, y al mismo tiempo se pedía a los camaradas que lo ayudasen en cualquier forma. Lo usaba en vez de billete. Era muy tímido y muy joven y los guardafrenos lo pasaban de una línea a otra. Como no tenía dinero, le daban de comer detrás del mostrador de los restaurantes de las estaciones.

Le encantaba Italia. Decía que era un país hermoso, de habitantes muy cordiales. Estuvo en muchas ciudades. Anduvo mucho y vio muchos cuadros. Compró reproducciones de Giotto, Masaccio y Piero della Francesca, que llevaba envueltas en un ejemplar de Avanti. Mantegna no le gustaba.

Se me presentó en Bolonia y lo llevé conmigo a la Romana, donde yo tenía que entrevistar a cierta personalidad. Hicimos un viaje agradable en la época más propicia: los primeros días de septiembre. El muchacho simpático era húngaro y era muy tímido. Los hombres de Horthy le habían hecho algunas cosas desagradables, pero de eso habló poco. A pesar de lo que sucedía en Hungría, creía con fervor en la revolución mundial.

—¿Y cómo marcha el movimiento en Italia? —me preguntó.

—Muy mal —le contesté.

—Pero mejorará —dijo—. Aquí tienen de todo. Es el único país que ofrece cierta seguridad. Será el punto de partida de lo que va a venir.

No expresé mi opinión.

En Bolonia nos dijo adiós antes de tomar el tren para Milán y Aosta, desde donde iba a atravesar solo el paso que lo llevaría a Suiza. Le hablé de los cuadros de Mantegna que había en Milán.

—No —me respondió con su apocamiento característico—, Mantegna no me gusta.

En un papel le escribí la dirección de varios camaradas de Milán y la de un sitio donde podría comer. Me agradeció muchísimo lo que hacía por él, pero ya estaba pensando en la travesía del paso. Estaba ansioso por llevarla a cabo mientras duraba el buen tiempo. Adoraba las montañas durante el otoño. La última noticia que tuve de él fue que los suizos lo encarcelaron cerca de Sion.

FIN


“The Revolutionist”,
In Our Time, 1925

 Fuente: Ciudad Seva

jueves, 2 de julio de 2026

REPORTAJE "SOFÍA, BULGARIA" (1978), DE DIMITRI PAPADIMOS

REPORTAJE "SOFÍA, BULGARIA" (1978), DE DIMITRI PAPADIMOS 

Dimitri Papadimos (1918–1994) fue un fotógrafo griego conocido sobre todo por sus evocadoras imágenes que capturan los paisajes tradicionales, la arquitectura y la vida cotidiana de Grecia, Chipre y Oriente Medio a mediados del siglo XX.

Dimitri Papadimos se adentró en la producción cinematográfica en la década de 1950 tras formarse en cinematografía en París a finales de la década de 1930. Aprovechó su experiencia fotográfica para desempeñar funciones tras las cámaras tanto en el cine griego como en el internacional. 

El archivo de Dimitri Papadimos, una colección exhaustiva de la obra del fotógrafo, fue donado al Archivo Literario e Histórico Helénico (ELIA), perteneciente a la Fundación Cultural del Banco Nacional de Grecia (MIET), en otoño de 1994, poco después de su fallecimiento. La donación fue realizada por su viuda, Liana Papadimou, y su hijo, Ioannis D. Papadimos (Yani), de acuerdo con los deseos de Papadimos, e incluyó no solo su material fotográfico, sino también correspondencia personal con artistas y escritores, así como documentos relacionados con su participación en la producción cinematográfica.

El reportaje "Sofía, Bulgaria" fue rodado en film de super 8 mm en Diciembre de 1978 en la capital de la República Popular de Bulgaria. El reportaje nos lleva de paseo por Sofía y nos muestra sus principales atracciones: los edificios, museos, monumentos y plazas más importantes.   

Entre los principales edificios y monumentos se puede contemplar, entre otros, el Teatro del Ejército Búlgaro, la  Catedral de Alexander Nevski, la Casa del Partido, el Monumento al Ejército Soviético, el Edificio de la Asamblea Nacional, el Monumento a los libertadores en la plaza de la Asamblea Nacional, el Mausoleo de Georgi Dimitrov o el Edificio de la Presidencia de la República.

miércoles, 1 de julio de 2026

"LOS ÚLTIMOS AÑOS DE KARL MARX. UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, 1881-1883", DE MARCELLO MUSTO, PUBLICADO POR EDITORIAL DEBATE

Los últimos años de Karl Marx. Una biografía intelectual, 1881-1883
Musto, Marcello
Editorial: Debate 
ISBN: 9788410433540 
Páginas: 272 
Fecha de la edición: 2025
 
(Re)descubriendo al Marx tardío

Los estudios sobre la evolución del pensamiento de Marx en los últimos años de su vida están ayudando a conocerlo mejor, y a ello ha contribuido, sin duda, la publicación de nuevos documentos de ese periodo en la edición histórico-crítica en marcha de las obras completas de Marx (MEGA). En el comentario de Marx en los márgenes, de Kevin B. Anderson, en esta misma revista ya nos referíamos a ello[1] y mencionábamos entre esos trabajos el que lleva haciendo desde hace tiempo Marcello Musto, quien recientemente también ha editado la selección de textos El renacer de Marx. Nuevas interpretaciones y conceptos clave (Akal).

La obra que nos ocupa ahora es una buena muestra del (re)conocimiento de “el último Marx”. Además, Marcello Musto lo hace relacionando estrechamente la intensa actividad intelectual de Marx con su propia trayectoria vital y sus relaciones familiares y de amistad, en cuya correspondencia solía usar el apodo de Old Nick en lugar del más conocido de Moro. El autor recuerda los difíciles y duros momentos que vivió y sufrió, especialmente tras el fallecimiento de las dos Jenny, su compañera de vida y una de sus hijas, mientras seguía agravándose su propio estado de salud.

En el recorrido que hace este libro podemos seguir cómo Marx se va adentrando en nuevos horizontes de investigación a partir de su creciente interés por la antropología, junto a las matemáticas, como es bien conocido. Es así como podemos ir comprobando un reconocimiento de “las especificidades de las condiciones históricas” en los distintos casos que analiza, distanciándose así de la concepción unilineal de la historia, así como una mirada crítica, sin ambigüedad alguna, de las políticas coloniales europeas.

Paralelamente, esa tarea aparece estrechamente asociada a su condición de “ciudadano del mundo”, lo que le conduce a seguir de cerca los acontecimientos internacionales y a tomar posición ante ellos. Así ocurre con su preocupación por los conflictos entre trabajadores, relacionados con los diferentes procesos migratorios en Estados Unidos, al igual que ya lo había hecho respecto a Inglaterra en torno a la relación entre trabajadores ingleses e irlandeses, apelando siempre a construir la solidaridad de clase por encima de los diferentes orígenes nacionales.

Asimismo, vemos un Marx emplazado a precisar más sus ideas y propuestas por muchos de sus seguidores en torno a los objetivos por los que ha de aspirar el movimiento obrero, si bien se muestra siempre reticente a dar recetas universales. Uno de los ejemplos mencionados por Musto es la respuesta que da a la pregunta del holandés Nieuwenhuis[2] sobre cuál es su idea de la transición al comunismo, limitándose a sostener que eso no se puede definir sin tener en cuenta “las condiciones históricas en las que a cada uno le toca actuar”.

Sin embargo, tuvo que ser más concreto ante peticiones como la del socialista Jules Guesde, en mayo de 1880, para que contribuyera al programa electoral de los trabajadores franceses. En su aportación consideraba, por ejemplo, que en su preámbulo debía aparecer con claridad que “la emancipación de la clase productiva es la de todos los seres humanos, sin distinción de sexo y raza”, y en los objetivos a alcanzar incluía dentro del bloque de reivindicaciones la “supresión de la deuda pública” y “la anulación de todos los contratos de privatización de la propiedad pública (bancos, ferrocarriles, minas, etcétera)”.

Sin duda, como lamentaba su amigo Engels, ese interés por nuevos campos de investigación distrajo a Marx de su labor destinada a completar El Capital, su obra magna. Pero es que, como recuerda Musto, para Marx “la ley última del ser humano” es “¡la lucha!”, y esa tarea no podía ser ajena a su preocupación por influir en la evolución del movimiento obrero en distintas partes del mundo, especialmente en “España, Rusia, Inglaterra y Estados Unidos”, como manifestó en una entrevista en diciembre de 1878. En ella, por cierto, insistía en que había que elaborar programas adaptados a las dificultades específicas de cada país, ya que “el único punto en común es la meta final”[3].

Con todo, es la cuestión del desarrollo del capitalismo y el futuro de la comuna rural en Rusia, en torno a la que mostraba interés desde hacía tiempo (hasta el punto de aprender la lengua rusa), la que le continuó preocupando en su última etapa[4]. Lo hizo siempre en diálogo con el populismo ruso y sus principales obras (entre ellas, la de Chernishevski, por quien manifestaría una creciente admiración[5]), así como mediante la correspondencia que mantuvo con diferentes miembros de esa corriente, especialmente con Vera Zasúlich. La pregunta que ella le hizo sobre el papel que podría tener la obshchina en el camino hacia el socialismo en Rusia le obligaría a buscar una respuesta suficientemente fundamentada, siendo buena prueba de ello los sucesivos borradores que dedicó a esa tarea hasta acabar de dar con la versión, más breve, definitiva.

Marx aborda ese debate, frente a quienes como Mijailovski interpretan que pretende establecer una “teoría filosófico-histórica” general, sosteniendo que su análisis del desarrollo capitalista en Europa Occidental no tiene por qué ser extrapolable a otras regiones del mundo. Es desde ese enfoque como asume la hipótesis de que en el caso de que se abriera un proceso revolucionario en Rusia, que fuera acompañado de otro en Europa, la obshchina podría constituir una base de la nueva sociedad socialista. Su prefacio, junto con Engels, a la edición rusa de 1882 del Manifiesto del Partido Comunista sintetizaría en cierto modo esa respuesta cuando ambos sostienen que “si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podría servir de punto de partida a una evolución comunista”.

Esta hipótesis, como ya sabemos, no llegó a hacerse realidad, pero las reflexiones en torno a la misma sí permiten ver en el Marx tardío, como también comentábamos a propósito del libro antes mencionado de Kevin Anderson, su interés por la forma comuna en distintas sociedades no occidentales y su apuesta clara por una concepción multilineal de la historia, frente a la interpretación que ha perdurado en la ortodoxia dominante durante mucho tiempo, pero también entre muchos de sus críticos.

Con todo, y gracias a aportaciones como el muy documentado y riguroso trabajo de Manuel Corbera (La comuna rural rusa ¿Una vía campesina alternativa hacia el socialismo?, Sylone y viento sur), disponemos hoy de un mayor conocimiento de los orígenes y de la evolución de la obshchina o mir rusa. Corbera nos ofrece un análisis de sus fuerzas y sus debilidades, evitando tanto la mitificación como la demonización que sufrió, hasta que finalmente fuera eliminada definitivamente por Stalin en 1930 tras la colectivización forzosa del campo.

Más allá de esta controversia, el trabajo de Musto también ayuda a reconocer de nuevo la afinidad creciente que llegó a mantener Marx con el populismo ruso, no sólo en el plano teórico, sino incluso mostrando su solidaridad con la lucha de esta corriente contra el zarismo ruso. Una relación, por cierto, que, como reivindican en otra obra reciente Michael Löwy y Paul Guilibert (Marx Narodnik. Les populistes ruses, le communisme et l’avenir de la révolution), es una referencia a tener en cuenta para la necesaria reconsideración del papel de movimientos de defensa de la tierra, como los de las comunidades indígenas o los de organizaciones como el MST brasileño y Les soulévements de la terre en Francia, así como, ya desde una perspectiva histórica más general, de la forma-comuna en general, como lleva proponiendo Kristin Ross, en el marco de un proyecto ecosocialista, feminista y anticapitalista.

El 2 de diciembre de 1881 llegaría la muerte de la mujer que desde 1836 fue su compañera de vida, y al dolor por la soledad en la que se sentía Marx se uniría el empeoramiento progresivo de su salud. Fue ese motivo el que le llevó a su “último viaje” a Argel, en donde le llamó la atención el distinto tipo de relaciones sociales que observaba entre musulmanes, al mismo tiempo que denunciaba los violentos abusos de los occidentales, como lo hizo también frente a la invasión de Egipto por Gran Bretaña en 1882. Es en esa etapa cuando también manifiesta su interés por las cuestiones ambientales, en particular por los trabajos del socialista ucraniano Podolinski, quien le transmitiría su “intento de armonizar [el concepto de] plustrabajo con las actuales teorías físicas”. Un encuentro que no tendría continuidad y que para ecologistas como Martínez Alier, como recuerda Musto, fue “una ocasión fallida crucial en el diálogo entre marxismo y ecología”. Una cuestión, la de la ecología en Marx, que habría podido merecer más atención, pero que ya ha sido abordada en trabajos de otros autores, como Foster o Saïto, con puntos de vista diferentes. Fue entonces cuando también conoció el trabajo de Vasili Vorosilov, seguidor de la obra de Marx y  defensor de la tesis del “privilegio del atraso”, que sería luego comentada críticamente por Rosa Luxemburg.

A comienzos de 1883, la muerte de su hija Jenny a los 38 años precedería a la de Marx el 14 de marzo de ese mismo año. Ese día, escribió su gran amigo Engels, “la humanidad se ha visto privada de una mente, la mente más importante que tenía hoy en día”.

Concluye así un trabajo que, acompañado de una cronología y de las muy necesarias notas, es de fácil lectura y cumple bien con su propósito de despertar interés en los que podemos considerar aspectos más relevantes en la vida y la obra del Marx tardío.

Jaime Pastor es politólogo y miembro de la redacción de viento sur

[1]Descubrir la multidimensionalidad de Marx”, Jaime Pastor, viento sur, 21/05/2024,

[2]Sobre este antiguo pastor protestante, fundador de la Liga Socialdemócrata holandesa en 1878 y figura singular dentro de la Segunda Internacional que evolucionó luego hacia el anarco-comunismo me remito a mi artículo “El antimilitarismo en los orígenes del movimiento obrero. Domela Nieuwenhuis”, Archipiélago, 7, 1990.

[3] “Entrevista a Karl Marx”, en Gustave Tridon (ed.), Espiando a Marx, El Viejo Topo, 2006, pp. 75-87.

[4] Ya en la obra coordinada por Teodor Shanin pudimos leer una buena antología: El Marx tardío y la vía rusa. Marx y la periferia del capitalismo, Editorial Revolución, 1990.

[5] Algo que subrayó también Francisco Fernández Buey en Marx (sin ismos), El Viejo Topo, 1998, pp. 220-221.

Fuente: Viento Sur 

martes, 30 de junio de 2026

POEMA SINFÓNICO "EN NOMBRE DE LA PAZ", DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO JOVDAT HAJIYEV

POEMA SINFÓNICO "EN NOMBRE DE LA PAZ", DE JOVDAT HAJIYEV

Ahmad Jovdat Ismayil oglu Hajiyev (18 de junio de 1917 - 18 de enero de 2002) fue un compositor y pedagogo azerbaiyano prominente durante la era soviética, conocido sobre todo por sus composiciones orquestales que integraban elementos folclóricos azerbaiyanos con estructuras sinfónicas. Uno de los pioneros de la música sinfónica en Azerbaiyán, fue autor de ocho sinfonías, y el poema sinfónico En nombre de la paz.

Bajo la influencia de las políticas culturales soviéticas, la obra de Hajiyev incluyó elementos temáticos alineados con las directrices estatales, como motivos patrióticos en sus sinfonías y el poema sinfónico En nombre de la paz (estrenado después de la Segunda Guerra Mundial), que abordaba narrativas sociopolíticas contemporáneas mediante una orquestación lírica. Si bien esta conformidad amplió el apoyo institucional a la música sinfónica —como lo demuestra su participación en conservatorios estatales y sus repetidos Premios Estatales de la URSS—, en ocasiones diluyó la expresión puramente nacional con matices ideológicos, como se observa en obras que enfatizan el heroísmo colectivista por encima de narrativas folclóricas puras.

Hajiyev fue galardonado con el Premio Estatal de la URSS en 1945 por la ópera Patria, compuesta en colaboración con Kara karayev, y recibió un segundo Premio Estatal de la URSS en 1952 por su poema sinfónico Por la pazEstos honores reconocieron sus contribuciones a la música patriótica y sinfónica de la era soviética. 

Posteriormente, Hajivev fue condecorado como Artista del Pueblo de la RSS de Azerbaiyán (1960). 

El vídeo se corresponde con el concierto en conmemoración del 90 aniversario de Jovdat Hajiyev, dirigido por Rauf Abdullayev y la Baku Philharmonic Orchestra en 2007.

lunes, 29 de junio de 2026

COMUNICADO DEL PARTIDO PROGRESISTA DEL PUEBLO OBRERO DE CHIPRE (AKEL)

  

¡Hacemos historia, un futuro! – AKEL está avanzando

El fortalecimiento y el ascenso de la Alianza AKEL-Izquierda-Social en las recientes elecciones parlamentarias enviaron el fuerte mensaje de que la izquierda era, es y será una fuerza líder en nuestro país. Los 100 años de historia del CPK-AKEL continúan hacia arriba y se convierte en un futuro de esperanza y optimismo. Este es el mensaje clave del Comité Central de AKEL, que se reunió el sábado 27 de junio de 2026, con el objetivo de evaluar los resultados de las elecciones del 24 de mayo, el esquema del nuevo entorno político y las prioridades estratégicas de AKEL para el próximo período. El Comité Central, tras el discurso introductorio del Secretario General del Partido, examinó en profundidad y aprobó el documento pertinente del Buró Político. Este diálogo continuará en otoño por los miles de miembros y amigos de AKEL y la Alianza Social.

Existe un consenso generalizado de que el resultado de las elecciones parlamentarias constituye un éxito electoral significativo y una victoria política crucial para la izquierda y el mundo progresista de Chipre. AKEL revirtió la tendencia a la baja de años anteriores, fortalecida en porcentajes y votos, mantuvo sus escaños y registró un aumento significativo dentro de la nueva generación. AKEL salió fortalecido políticamente, a través del proceso de elección del Presidente del Parlamento y asignación de las Presidencias de las Comisiones Parlamentarias, porque el Partido rechazó los pequeños acuerdos políticos y mostró credibilidad, coherencia en los principios y confianza en sí mismo. Seguiremos por este camino.

Un elemento decisivo para el éxito electoral fue, en opinión general, la actitud militante de AKEL, dentro y fuera del Parlamento, hacia la arbitrariedad de los bancos y los principales intereses económicos que se aprovechan del país; nuestro trabajo consistente y sistemático para hacer frente a la sofocante presión económica experimentada por la gran mayoría de nuestra sociedad. El refuerzo electoral de AKEL será en la práctica una mayor fuerza para la sociedad y las grandes batallas que tenemos ante nosotros: la lucha por salarios y pensiones decentes, la expansión de los convenios colectivos, la tributación de la riqueza y las superganancias, la confrontación de la crisis de la vivienda, la restricción a las compras inmobiliarias por parte de inversores extranjeros, la reducción de la precisión y la pobreza energética.

En relación con el nuevo entorno político, aparte de los trastornos registrados en el mapa del partido, el panorama general captura que un gran número de nuestros conciudadanos se abstuvieron de las elecciones, o no están en las listas electorales, mientras que decenas de miles más no están representados en el Parlamento ya que los partidos que votaron no excedieron el límite electoral. Es por eso que la acción de AKEL continuará desarrollándose con un ojo -no dentro del sistema de partidos y sus establecimientos- sino dentro de la sociedad, a la gran parte de las personas que sienten decepción y resignación, que esperan soluciones para hoy y esperan para el mañana. Con este fin, el Comité Central hace un llamado a todos los cuadros y miembros de AKEL, amigos de la Alianza Social, a intensificar la presencia de la Izquierda dentro de la sociedad chipriota a todos los niveles: en los lugares de trabajo, en las comunidades locales, en las universidades, en los movimientos, en el mundo digital. Para llegar a todas partes el mensaje, que hay esperanza y perspectiva, y que está en la izquierda y sus luchas.

Al mismo tiempo, en vista de la inminente movilidad sobre el problema de Chipre, AKEL anuncia que estará constantemente en la línea de una solución de una federación bizonal y bicomunal con igualdad política, para salvaguardar todas las reuniones de negociación y la reanudación de las negociaciones desde el punto que se interrumpieron en 2017. AKEL anuncia en todas direcciones que se resistirá a los intentos de desentrañar el acervo de negociación o escenarios para la participación de la OTAN en la solución. AKEL es el poder que tiene el desplazamiento, el conocimiento y la voluntad de impulsar los desarrollos hacia la solución y la reunificación, y por esta razón se desarrollarán nuevas iniciativas para la información y activación del pueblo chipriota en el próximo período.

Por último, el Comité Central de AKEL reiteró que el cambio progresivo en la gobernanza del país en 2028 es nuestro próximo objetivo estratégico y es por eso que se activarán más oportunas que nunca los trámites para que estemos preparados para la gran batalla. AKEL y la izquierda son la columna vertebral y el eje principal del mundo progresista del país y reconocen su responsabilidad histórica de hacer lo que está pasando por su mano para formar la gran mayoría social que traerá el cambio. Chipre y su pueblo ya no pueden soportar las variantes gubernamentales de la derecha y la extrema derecha, el sistema de Anastasiades y la corrupción, los grupos de presión de los bancos y los establecimientos. Chipre y su gente merecen una nueva página de esperanza y AKEL está presente.

domingo, 28 de junio de 2026

"ATENTADO: EL DÍA QUE CAMBIÓ EL MUNDO", PELÍCULA YUGOSLAVA SOBRE EL ATENTADO DE SARAJEVO, EN SU 112 ANIVERSARIO

Título: Atentado: El día que cambio el mundo
Título original: Sarajevski atentat 
Dirección Veljko Bulajic
Guion Stevan Bulajic, Vladimír Bor 
Fotografía Jan Curík 
Montaje Roger Dwyre 
Música Lubos Fiser 
Intérpretes Christopher Plummer, Florinda Bolkan, Maximilian Schell, Irfan Mensur, Rados Bajic, Jan Hrusinsky, Branko Djuric 
Duración 105 m. 
País Yugoslavia 
Sinopsis: Representación histórica de los hechos que precedieron al asesinato político del archiduque Francesco Ferdinando, aspirante a emperador al trono austrohúngaro, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914.

Brillante recreación histórica del suceso que cambió la historia. La película destaca por su excelente ambientación y vestuario. Consigue que el espectador pueda sumergirse en el contexto del momento, aun sin conocer los detalles en profundidad y sin ser un gran entendido en la materia o en el suceso concreto que cambió la historia del mundo. Hay momentos en que parece casi un documental por su apego al momento y el clima de recreación a mi se me hace muy real.

Destaca cómo una pequeña organización anarquista (Joven Bosnia) prepara el atentado. Toda la preparación y logística está muy bien narrada, cómo ese grupo odia al Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Es un tema de capital importancia que aún hoy sigue suscitando mucha polémica. El director no toma partido abiertamente por los autores del atentado, si bien su punto de vista es bastante “comprensivo” con los mismos.

Las actuaciones son bastante realistas de los autores del atentado, incluyendo al cabecilla, Gravilo Princip. La película tiene ese poso de realización de los 70, y se nota un elevado presupuesto, sobre todo el el desfile del archiduque, con una gran cantidad de extras.
Cristopher Plummer está impecable con los trajes que tanto gustaban al archiduque y hay una conversación con su tío Franciso José I muy reveladora. Quizá le falta algo más de situar al espectador no entendido en contexto, pero la peli opta por ser narrativa, y en ese terreno lo hace muy bien.

Indudablemente para los historiadores o espectadores que quieran conocer cómo se gestó el atentado que llevó a la Primera Guerra Mundial y el mundo de esa época, es de visión indispensable.

Gabriel Ufa 

Fuente: Filmffinity

VER PELICULA:

sábado, 27 de junio de 2026

"PROTECCIÓN A LOS PERSEGUIDOS POR EL FASCISMO", DE ALBERT GUIRIGUET

 
Protecció als perseguits pel feixisme
Albert Guiriguet Andrés 
1937 
Cartel en papel
95 x 65 cm
Museo de Historia de Cataluña

Impreso en tres tintas, seguramente en 1937, destaca por su dibujo simplificado y composición dinámica: una mano, con el brazalete del Socorro Rojo Internacional (S.R.I.), acoge a un hombre que cruza una línea fronteriza formada por crucigramas rojos, en alusión a los que huyeron de la zona franquista, pintados de negro. Algunas copias de este cartel son conocidas, específicamente en la colección Fornas, con un texto ligeramente diferente, “Protección a quienes luchan contra el fascismo”.

Guiriguet, de la Unión de Dibujantes Profesionales (SDP), es la firma que identifica al autor del cartel. Según Santi Barjau, especialista en diseño de carteles, es un autor prácticamente desconocido, responsable de un solo cartel publicado durante la guerra civil y ausente de los repertorios de artistas. A menudo esto sugiere que puede ser un seudónimo, pero todo indica que esta vez nos enfrentamos a un autor identificable.

viernes, 26 de junio de 2026

"1968", REPORTAJE SOBRE "LA MARCHA DE LOS CIEN MIL", EN SU 58 ANIVERSARIO

"1968", REPORTAJE SOBRE "LA MARCHA DE LOS CIEN MIL"

Reportaje documental sin terminar sobre la "Passeata dos 100 Mil" o "Marcha de los cien mil", propiciada en 1968 por el movimiento estudiantil contra la dictadura brasileña. Hay poca información del reportaje. Básicamente, lo que se sabe es que estaba siendo dirigido por Glauber Rocha y Affonso Beato, con Beato como director de fotografía.

La Marcha de los cien mil fue una manifestación de protesta popular contra la dictadura militar en Brasil, que ocurrió el 26 de junio de 1968 en Río de Janeiro, organizado por el movimiento estudiantil y con la participación de artistas, intelectuales y otros sectores de la sociedad brasileña. 

La marcha se inició a las dos de la tarde con la presencia de alrededor de 50 mil personas y cuando se había recorrido la primera hora ya eran 100 mil personas marchando, entre estudiantes, artistas, políticos, intelectuales y otros. Frente a la Candelaria, el líder estudiantil Vladimir Palmeira dio un discurso por la muerte del estudiante de 18 años, Edson Luís, quien había sido asesinado el 28 de marzo y por el fin de la dictadura militar. La marcha estuvo acompañada de mensajes de Abajo la dictadura y El pueblo en el poder, la marcha siguió hasta la Asamblea Legislativa, retornando a la plaza.  

jueves, 25 de junio de 2026

"LA POÉTICA ESPACIAL EN LA ESLOVENIA PARTISANA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL", ARTÍCULO DE PABLO ARRAIGADA PUBLICADO EN LA REVISTA "ESLAVIA"

 

La poética espacial en la Eslovenia partisana durante la Segunda Guerra Mundial

Pablo Arraigada

  “Yo soy el espacio donde estoy”

Noel Arnaud

“(…) la casa es nuestro lugar en el mundo”

Gastón Bachelard

 

“Quisiera ser el poeta de la corte,

de la grandeza de la Revolución.

Todos nosotros somos sus soldados.”

Matej Bor

 

El presente texto esboza un mapa del territorio esloveno durante la Segunda Guerra Mundial, pero por extensión y cantidad (casi) infinita de materiales, se circunscribe al espacio que configuran los autores partisanos de la región.

El espacio del pueblo esloveno, a lo largo de los años del conflicto bélico, mostró diversas posturas y bandos enfrentados, tanto ideológicamente como en el campo de batalla. Es por eso que se va a presentar un desglose de los participantes durante la guerra en Eslovenia, para hacer foco en autores que desarrollaron una producción literaria sobre ese periodo, de la mano a sus ideales y su participación en el conflicto. Por medio de una selección de sus textos, vamos a identificar aspectos particulares alrededor del movimiento partisano, hecho que nos permite entender la posterior conformación del estado socialista.

Abordar las perspectivas de G. Bachelard al análisis permite que este autor converse con la teoría partisana, tema que investigo desde hace varios años. Al poner en común distintos textos que comparten una poética, donde se reproduce la acción y la eficiencia de los hombres, en términos aristotélicos, se propone una ampliación en la definición del género literario que denomino literatura partisana. Para pensar aspectos de la territorialidad, nos vamos a apoyar en historiadores e investigadores que han trabajado cuestiones históricas, sociales y culturales de Eslovenia en los años del conflicto bélico.

Eslovenia durante la Segunda Guerra Mundial

Para comenzar este apartado, se debe tener en cuenta lo que pasó en el territorio yugoslavo tras estallar la Segunda Guerra Mundial. Por esto, la intención es hacer foco en el trabajo de historiadores eslavos del sur para pensar esto. El foco va a estar en Oto Luthar, Tomaž Kladnik, Miklavž Komelj y Marie-Janine Calic.

Es esta última autora quien explica en su libro A History of Yugoslavia los hechos en la península balcánica:

Yugoslavia dejó de existir el 17 de abril de 1941, el día que se rindió. Hitler y Mussolini desmembraron el país, convirtiéndolo en un mosaico de territorios anexionados, ocupados y cuasi-independientes. Alemania anexionó el norte de Eslovenia y ocupó Serbia y el Banato. Italia recibió el sur de Eslovenia, Dalmacia y Montenegro. En Croacia y Bosnia-Herzegovina, se formó el Estado Independiente de Croacia bajo el control de las dos potencias del Eje. Kosovo y la Macedonia occidental fueron entregadas a Albania, que había sido un protectorado italiano desde 1939. Mientras tanto, Bulgaria se apoderó de la Macedonia oriental, y Hungría avanzó en la región entre los ríos Tisza, Danubio y Mur. Estos acontecimientos provocaron que el secretario de Estado Ernst von Weizsäcker preguntara, con algo de consternación, quién iba a «atender este saco de pulgas durante la guerra» (Calic, 2019 a, pp. 125-126)

Ya sea por anexión u ocupación, pero las naciones del Reino de Yugoslavia perdieron su autonomía y quedaron bajo la órbita de las fuerzas del eje, de manera directa o bajo la figura de líderes locales, como Ante Pavelić y Milan Nedić, algunos con más poder y relevancia (el primero de ellos) o como un simple títere (el segundo), o quizás con gobiernos militaristas, donde no se pudo imponer un líder para la región, como el caso montenegrino. Cada caso en los Balcanes es particular[1], pero para no perder el rumbo, vuelvo al espacio de Eslovenia. El país fue dividido entre Alemania e Italia (y con una porción en poder húngaro), y se aplicaron políticas de italianización y de germanización. Ljubljana tenía un alcalde italiano. Tras la rendición de las fuerzas de Mussolini, el nazismo va a tomar el control del territorio esloveno por completo, y con apoyo de figuras como el general Leon Rupnik o el obispo Gregorij Rožman, se mantuvieron fieles y dominados, bajo la promesa de ser parte de la Nueva Europa.

Me detengo acá para pensar estas dos figuras, sumamente relevantes para pensar a uno de los bandos internos en el conflicto bélico. Rupnik y Rožman fueron piezas claves en el surgimiento y desarrollo de la Guardia Nacional o Domobranci, movimiento colaboracionista que enfrentaba un enemigo al que consideraban más peligroso que el extranjero germano. Frente a esta facción, está la resistencia, conformada por los partisanos. Valga la aclaración que los partisanos no eran un movimiento de carácter independentista, sino uno revolucionario; además que el movimiento no tenía una idea nacionalista en sí, como pasa con los četniki o ustaši, pero sí tenía el germen de la idea de nación. Para resumir los conceptos centrales, y si se toma a K. Schmitt como punto de partida, cito a continuación una definición acerca del concepto del luchador por la resistencia:

El partisano es una categoría social que muestra al sujeto que combate de manera irregular, por fuera del ejército yugoslavo; que defiende su territorio, ya sea de amenazas externas –tropas alemanas, italianas o húngaras– como de enemigos de su propio territorio –ustaši, četniki, domobranci, musulmanes pro nazis y al ejército del líder títere Nedić, por nombrar sólo algunos–; que se mueve dentro de una marginalidad, en su territorio –que conoce–, al margen de la ley y con precio por su cabeza; que emplea distintos métodos de propaganda –siendo incluso la literatura una de ellas, ya sea como documento de la vida durante la guerra como de material formativo una vez terminada la misma–;y, por sobre todo, un miembro de Partido, un defensor del comunismo en el territorio, que le vale un estigma y una falta de apoyo desde Occidente (Arraigada, 2018, p. 219).

El concepto de partisano viene del Partido (Comunista). El rol del mismo fue central para la creación del Frente de Liberación Nacional y su desarrollo. Su ideología estaba presente en casi todos los que combatían en el frente. Los domobranci, por su parte, estaban enfrentados a lo que representaban. Tal como puede leerse en una explicación acerca de la formación de la Guardia Nacional:

Documento que define la creación de la Guardia Nacional Eslovena es una orden confidencial (mandato) del comandante del Estado Mayor organizador de la Guardia Nacional Eslovena, número 2392, redactada el 18 de abril de 1944, que establece el juramento de los miembros de la Guardia Nacional Eslovena. En la introducción de la orden se indica que el texto del juramento está previsto por las Órdenes Básicas para el establecimiento de la Guardia Nacional Eslovena, que dicen: “En el espíritu de la disposición del Alto Comisario del 6 de diciembre de 1943 sobre la creación de las Unidades de Protección Nacional en la zona operativa ‘Litoral Adriático’, ordeno lo siguiente:

    1. Las Unidades de Protección Nacional en la provincia de Liubliana se denominan Guardia Nacional Eslovena.
    2. La Guardia Nacional Eslovena lucha por el mantenimiento del orden y la seguridad en toda la zona operativa ‘Litoral Adriático’ y, si fuera necesario, en las zonas fronterizas inmediatas.

3 y 4. Los artículos del reglamento tratan sobre el juramento de los miembros de la Guardia Nacional Eslovena, que abordaré a continuación.” (Kladnik, 2006. p. 23)

Esto funciona como el registro fundador, pero hay que ver el proceso que tuvo, cosa que se ve en la aparición previa de la Guardia Azul, grupo que contaba con el apoyo de la fuerza četniki, y luego la Guardia Blanca, que tenía como leitmotiv enfrentarse a los comunistas, a la vez que tenía un ideal antiyugoslavista, aunque existían rispideces internas en el grupo porque un sector se oponía al fascismo y otro estaba alineado con el poder italiano (Luthar, 2013, pp.427-429). Estos antecedentes llevaron a que surja la Guardia Nacional (domobranci). En sus orígenes, también hubo posturas encontradas. Una de ellas no quería llevar a cabo muchas acciones con Alemania, estaba a la espera de lo que sucediese en el aspecto internacional, más allá de oponerse al comunismo en su país. Por otra parte, el otro sector de los domobranci luchó junto a los alemanes, colaboraba abiertamente con ellos, porque al ver a los partisanos, consideraba que eran enemigos más terribles que el nazismo. En su imaginario inicial, primero debían derrotar y destruir a los partisanos, para después unirse al bando de los aliados y enfrentar al poder alemán nazi. Pero las prioridades del movimiento colaboracionista eran claras, y se puede ver en el lema de los domobranci, que menciona T. Kladnik en su libro: “Por Dios, la nación y la patria” (Za Boga, narod in domovino), en el que aclara que esa “patria” debe ser anticomunista y antirrevolucionario, a la vez que colaboracionista.

Ante la Eslovenia dividida entre Alemania, Italia y Hungría, y el Estado Independiente de Croacia como cuarta pata, el pueblo esloveno estaba supeditado a fuerzas externas (Luthar, 2013, pp.417-418).  Pero existió una primera rebelión, una primera resistencia, impulsado por Comité Central del Partido Comunista de Eslovenia. Cuando las fuerzas italianas que ocupaban Ljubljana deciden trasladarse a Novo Mesto, en el sur, dada las dificultades en Croacia y la necesidad de reforzar Zagreb, aprovecharon la situación desde la resistencia para conseguir armar y empezar la defensa. Comienza una lucha pan-nacional y, dada la polarización que se vivía en ese entonces, surgieron las primeras formaciones partisanas cerca de Ljubljana en julio de 1941(Luthar, 2013, pp.422).

Para comprender lo que sucede con ambos bandos y las luchas internas, hay que tener en cuenta el rol del gran enemigo extranjero:

“[…] los alemanes iniciaron una campaña de destrucción de todo aquello que pudiera remitir a la conciencia nacional eslovena, y de reemplazo sistemático por elementos que pudieran generar una imagen de identidad alemana en el territorio. Así fue que eliminaron los signos en esloveno, destruyeron la prensa eslovena y todo lo que se imprimía en esta lengua (incluyendo los libros de oraciones), disolvieron sociedades, organizaciones y asociaciones, y confiscaron propiedades eslovenas. Por otro lado, fundaron escuelas y jardines de infantes alemanes, cambiaron los nombres de las personas y de los lugares, y emergieron sociedades de desnacionalización y nuevas organizaciones alemanas. También eliminaron al clero esloveno; se prohibió el culto en esloveno y en latín, y muchas propiedades de la Iglesia también fueron confiscadas. Las instituciones públicas fueron recubiertas con carteles con los slogans “¡Vos no sos esloveno! ¡Vos no sos styriano! ¡Vos sos miembro de la gran comunidad germana! ¡Te convertirás en un alemán de pura sangre!” […]” (Sarachu, 2020, pp. 319-320)

Esto debe pensarse con lo sucedido tras la derrota italiana, proceso tras el cual Alemania anexa el territorio esloveno y los partisanos comienzan sus acciones más recordadas en la Asamblea de Kočevje. Ya nombramos las unidades partisanas creadas a mediados de 1941, como por ejemplo Ribnica, Molnik, Borovnica, etc. Para organizar la resistencia, para proteger al territorio, el Comité Comunista Esloveno se une a intelectuales, a sectores socialistas cristianos y a otros grupos e instituciones, y conforman así el Frente de Liberación Nacional. Así surgen los partisanos, con sus propios hospitales ilegales, imprentas, con presencia en las zonas donde hay tropas italianas. Pero también debemos pensar la consecuencia de esto: en 1944, el movimiento domobranci deja de lado las posturas a medias, y se deja en claro que la Guardia Nacional estaba para luchar de la mano a las fuerzas alemanas, tanto su ejército como su policía, contra todo el mal de la tierra, así como el comunismo y todos sus aliados. Llegaron a formar seis batallones que apoyaron a las tropas alemanas.

El pueblo es el actor central en esta gesta partisana, o sea que hablamos de una acción populista. Y en este punto, al construir la identidad partisana se la debe afianzar. La literatura tiene un rol central en esto, ya que comienza durante el conflicto bélico y es una de las bases tras 1945 y la conformación de la nación socialista yugoslava. (Arraigada, 2022, p. 82)

Hay que pensar cómo avanza esto hasta el final de la guerra. La victoria de las tropas partisanas llevó a la huida de gran parte de los domobranci, que buscaron refugio en el extranjero, aunque tropas británicas los obligaron a volver a la recién creada nación socialista Yugoslavia. Ya en su tierra natal, sufrieron la venganza del ahora gobierno socialista, con ejecuciones sin juicios por haber colaborado con las fuerzas del eje durante la guerra. Pero el costo de los partisanos tampoco fue bajo (Calic, 2019 a, p. 227): cerca de 305000 combatientes murieron y más de 400000 fueron heridos en el frente de batalla. Para el Partido Comunista, la guerra implicó que perdió tres cuartas partes de sus miembros, que a principios de la guerra eran 12000.

Eslovenia y su espacialidad. Partisanos en la Segunda Guerra Mundial

Definir un territorio esloveno conlleva adecuar y definir el concepto de partisano y pensar en la idea de espacio. Ya se mencionó aspectos de la formación del bando partisano en el apartado anterior, pero quiero dar luz sobre la noción en sí:

Schmitt va a llevar el concepto a fondo y nos permitirá llegar a una primera definición que se toma desde las características que deja en claro: un ejército partisano es irregular (Schmitt, 2013, 23), y esto se determina por la fuerza de un ejército regular al que se enfrenta, se contrapone. Surge tras la derrota de un ejército regular, oficial podemos decir; lucha en defensa de su territorio (Schmitt, 2013, 24), conoce su tierra, hasta llega a enfrentarse ideológicamente con las clases dirigentes por este motivo en varios casos; lleva a cabo una propaganda donde se presenta al enemigo, donde se lo identifica (Schmitt, 2013, 26); combate y vive en un estado constante de marginalidad (Schmitt, 2013, 28), la guerra es entre naciones que cuentan con medidas legales y prácticas para concertar la paz, pero el combatiente partisano está por fuera, sufre discriminación, no cuenta con apoyo, está sólo, alienado –sobre todo entrado el siglo XX con el surgimiento de las guerras populares y el servicio militar obligatorio-; pero, sin dudas, la característica básica para pensar a un partisano es el aspecto del partido, el compromiso político que el guerrillero va a tener: ‘partisano quiere decir partisano, uno que va con el partido’ (Schmitt, 2013, pág. 33). Una definición que puede repensarse de acuerdo a cada época, o como bien agrega el pensador alemán, una vinculación política con un partido que revaloriza el término en sí mismo y cuya vinculación al partido tiende a reforzarse en momentos revolucionarios (Arraigada, 2018, p. 216).

Pero esto puede ampliarse con respecto a lo ya visto. Completo la idea alrededor de la cuestión partisana y el enemigo externo, ya que las fuerzas alemanas derrotaron al ejército regular, y se encontraron con que la población civil formaba parte de distintas avanzadas y maniobras contra ellas. Por eso motivo, endurecieron castigos y actitudes hacia los pobladores locales, hecho que produce un quiebre en actitudes bélicas. Puede pensarse esto de la siguiente manera:

Según Schmitt, dicha normativa (con el objetivo de la delimitación de la guerra y la individualización del enemigo) había nacido en tiempos de las monarquías absolutas para definir las relaciones entre estados, cuando las partes beligerantes les atribuyen iguales contenidos. El derecho de guerra se estableció en el marco del surgimiento y el proceso de consolidación de los estados nacionales, como forma de regulación de las relaciones entre los estados. Pero el movimiento revolucionario de partido no coincide con la estructura del estado, al contrario, la lucha partisana surge según Schmitt en el contexto de un proceso de desintegración social-estatal, por lo tanto la normativa establecida para conflictos bélicos interestatales no es aplicable en el caso del enfrentamiento con un ejército irregular, dado que el partisano asigna un contenido diferente a la causa de su lucha y construye también un enemigo diferente. (Sarachu, 2020, p. 440)

De esta manera, tenemos el material teórico básico para comprender la categoría de partisano. Antes de seguir con el partisano y su producción literaria, quiero reponer algunos aspectos ligados a espacialidad, desde la perspectiva de G. Bachelard. El pensador francés recorre espacios como la casa, el universo, la inmensidad, el nido, los rincones, la concha, lo redondo, la intimidad y el adentro/afuera. Algunos de estos se pueden pensar en la perspectiva de los partisanos.  La casa, por ejemplo, ese primer universo, que es el lugar más bello, sin importar su humildad. De ahí viene ese epígrafe inicial: “la casa es nuestro rincón del mundo” (Bachelard, 2000, p. 28). Quiero pensar la casa y el hogar en el espacio de los partisanos eslovenos, ya que reside una idea que los une con la causa, con el por qué de su lucha. Me detengo en dos términos eslovenos que comparten una raíz, me refiero a dom (hogar) y domovina (patria). Como se observa, hay algo que une los dos conceptos, pienso en la tierra que los partisanos habitan y defienden, las tierras en que partisanas ayudan y combaten, y hay un vínculo que tiene peso en lo espacial, ya que el hogar está en la patria. Un tema recurrente, que vamos a ver en el último apartado, es la visión de la casa materna entre los combatientes. Porque la casa es un punto de evocación, uno vuelve a esa morada, y es un espacio de los sueños: en sueños, se recuerdan días pasados y distintas moradas. La casa protege el ensueño y al soñador, es un lugar donde se sueña en paz. Por eso, en la poética partisana hay una idea de regreso a la casa que resulta recurrente. No así la habitación, sino la casa toda y el recuerdo del hogar, ya que un cuarto es un espacio de intimidad (Bachelard, 2000, p.53), y en los textos que se van a analizar no está la esfera de lo íntimo. El combatiente de la resistencia no busca una intimidad, su fuerza está en lo colectivo, en los otros. Y puede compartirlos, en aquello que escribe, cuando recuerda algo entre camaradas: “¡los espacios que amamos no quieren quedarse encerrados siempre! Se despliegan. Diñase que se transportan fácilmente a otra parte, a otros tiempos, en planos diferentes de sueños y recuerdos” (Bachelard, 2000, p.53). Los otros dos puntos que se traen a este trabajo son los de inmensidad e imagen.

Cuando se habla de inmensidad, se trae ese afuera con el universo y el mundo (jóvenes mujeres y hombres que salieron de su morada, su nido, para defender su patria), pero consta de una segunda dimensión de lo íntimo. Cuando Bachelard dice bosque, el partisano puede decir montaña, la partisana puede decir campo, el poeta escribe de las laderas, la escritora aborda las flores que inundan el camino de su aroma. Desde lo espacial, uno medita las cosas de su tierra, como dice el autor francés. Hay una experiencia, un conocimiento y amor por la tierra, por algo que viene de lo ancestral, lo demás es literatura. G. Bachelard piensa la dicotomía casa y universo, piensa en el invierno y el tiempo, como marca algo que lo torna la estación más vieja. Habla de la nieve, que aniquila todo, que cubre todo alrededor de blanco, y lo vuelve algo uniforme. Misma inmensidad que le da a la noche o a los bosques. Ahora bien, ¿No es posible, acaso, pensar en la inmensidad de la guerra? Es un espacio que crece y lo cubre todo, que lo hace uniforme, por los colores del fuego, de la sangre, de la tierra removida para enterrar a los caídos. Cuando pensaba en el título del artículo, mi primera idea fue una poética de la guerra entre los partisanos eslovenos. Luego, comprendí que era un mejor punto pensar el por qué de ese esloveno y esa identificación, tan variopinta, de los partisanos, que provienen de distintos sectores, de distintos ideales, más allá de aunarse y seguir un leitmotiv. Fue la guerra, desde lo inconmensurable dado su carácter inmenso, lo que lo unió frente a un(os) enemigo(s). A quien(es) enfrenta, ya sean rivales internos o externos, responden a la misma lógica y problemática del espacio para definirse.

Paso al punto final para abordar la idea de imagen. Bachelard dice al respecto que:

“La metáfora viene a dar un cuerpo concreto a una impresión difícil de expresar. La metáfora es relativa a un ser psíquico diferente de ella. La imagen, obra de la imaginación absoluta, recibe al contrario su ser de la imaginación. Exagerando luego nuestra comparación entre la metáfora y la imagen, comprenderemos que la metáfora no es susceptible de un estudio fenomenológico. No vale la pena. No tiene valor fenomenológico. Es todo lo más, una imagen fabricada, sin raíces profundas, verdaderas, reales. Es una expresión efímera, o que debería serlo, empleada una vez al pasar. Hay que tener cuidado de no pensarla con exceso.”  (Bachelard, 2000, p. 80)

La metáfora debe tomársela con precauciones, hay que tener en cuenta que al leerla se la está pensando, que está en la órbita de la interpretación, mientras que la imagen está cargada de nuestro ser y se vuelve, en sus palabras, un “fenómeno de ser”, se la está entregando al lector. “Una metáfora no debería ser más que un accidente de la expresión y que es peligroso convertirla en pensamiento. La metáfora es una falsa imagen, puesto que no tiene la virtud directa de una imagen productora de expresión, formada en el ensueño hablado”, agrega Bachelard sobre esta cuestión. Se va a abordar más a fondo esto en el siguiente apartado.

Eslovenia y su literatura partisana

Con todo lo anteriormente dicho, se puede abordar el eje de la literatura partisana, circunscribiéndola al espacio de Eslovenia. Para entender bien esto, uno debe observar la capacidad creativa existente entre los autores del bando partisano. Claro está, para esto hay que conocer que:

La situación existencial en la que se encontraban los participantes de la guerra —en los límites de sus capacidades o incluso más allá de ellos— los impulsaba constantemente a tensar al máximo su lenguaje. Es especialmente significativo que también personas que normalmente no escribían poesía intentaron hacerlo, a veces incluso en los mismos papeles en los que escribían informes oficiales. Entre los partisanos se fomentaba de manera planificada la creación de descripciones literarias de las experiencias en combate, en forma de «reportajes artísticos», y también se difundió la escritura de intentos dramáticos, aunque fuera en forma de simples sketches. (Vida Brest escribió: «Cualquiera que supiera sostener una pluma, escribía monólogos, basados en hechos reales.») No se trataba solo de un estallido masivo de escritura, sino también de una prueba de sus registros. En esta «explosión de la palabra escrita», la gente se dio cuenta de que la palabra tenía un poder explosivo. (Komelj, 2009, p. 108)

Fue el conflicto bélico lo que despertó voces que se expresaron en poemas, cuentos, diarios o crónica. Si uno piensa en el mismísimo líder de los partisanos, el mariscal Josip Broz Tito, fue popular su “juramento de los combatientes de los destacamentos guerrilleros”:

Nosotros

los guerrilleros populares de Yugoslavia,

acudimos a las armas

para luchar implacablemente

contra los sanguinarios enemigos que han oprimido

a nuestro país

y que están exterminando a nuestros pueblos.

Juramos luchar disciplinada, tenaz y valerosamente,

sin reparar en nuestra sangre y vida,

hasta la total exterminación de los conquistadores

fascistas y de todos los traidores al pueblo. (Tito, 1966: p.31)

Son muchos los casos de aquellos que se volcaron a la escritura en los años de combate. Por ese motivo, dejo en este punto muy claro un factor: pensar la literatura partisana implica un recorte significativo, con aquellas producciones que surgieron durante los años de la Segunda Guerra Mundial, por escritores y poetas que también participaban del movimiento partisano. Para pensarlo, el foco está en tres autores: Matej Bor, Vida Brest y Milena Mohorič. Aunque va a haber menciones a Karel Destovnik-Kajuh, la figura central del movimiento partisano y de la poesía que representó esa poética. Muchas de las cuestiones que van a tratarse a continuación pueden pensarse con su obra, hecho que se va a ver reflejado en el futuro en mi trabajo doctoral. Dejo este espacio a los tres antes nombrados, ya que Kajuh está traducido al español gracias al trabajo de Julia Sarachu, quien también se detiene en un análisis de sus textos (véase Sarachu, 2020, pp. 431-520). A su vez, algunos versos de France Balantič van a intercalarse en el análisis, para ver una campana opuesta dentro de la misma espacialidad. Balantič es uno de los exponentes centrales de la poesía que se producía desde el bando de los domobranci.

Se tiene un primer factor, el haber sido actor/a del combate. Haber participado del conflicto. Existe un grado de experiencia en esa acción que permite un uso de imágenes que van a pesar en la poética partisana. A su vez, hay leyendas, tradiciones, hay canciones que se conocen, y como nos dice M. Komelj: “Es característico que algunas canciones partisanas realmente imitaran partes de canciones, vinculándolas con los himnos revolucionarios del proletariado internacional” (Komelj, 2006, p. 452). Poema y canción comparten palabra en esloveno, “pesem”, y es comprensible la relación. Pienso en la excelente elección de Julia Sarachu al titular el libro de Kajuh La canción eslovena, que a su vez es el poema que abre el libro y muestra la rebeldía y el deseo de libertad. Si uno se detiene en este punto, antes de abordar los aspectos clave para pensar la literatura partisana, vuelve una imagen que es central para lo espacial y trae a colación Bachelard, que es la de concha. El lugar que protege y apresa, donde se mezcla lo duro y lo blando, donde hay una ambivalencia que se puede llevar al campo de la resistencia: “La imaginación se elabora también sobre el tema de la concha, además de la dialéctica de lo pequeño y de lo grande, la dialéctica del ser libre y del ser encadenado; y ¡qué no puede esperarse de un ser desencadenado!” (Bachelard, 2000, p. 108). Porque en ese poema de Kajuh se critica la idea de ser sumisos que gimen como perros, se busca acabar con la lógica de esclavo y propone una frente rebelde en alto.

Esto da pie al modo de pensar la literatura partisana. Cuando me refiero al concepto, lo pienso en un tiempo determinado (la Segunda Guerra Mundial), en un espacio determinado (Yugoslavia) con actores determinados (los combatientes partisanos que desarrollaron una producción literaria en ese período espacio-temporal). Para el presente trabajo, se hace una salvedad y se reduce el espacio al territorio esloveno. Eso no implica que no pueda analizarse los elementos que conforman la poética partisana. Se trata de cinco características: lo colectivo socializado, el elemento pedagógico, el rol histórico del partisano, la afinidad del partisano con su tierra y la mímesis del héroe partisano con su carácter trágico y político. Para no perder el tiempo en definiciones académicas, algo que puede verse en otros trabajos que he publicado, voy a mostrar con ejemplos estos rasgos, a la vez que su asociación a la cuestión espacial antes definida.

Cuando se habla de lo colectivo socializado, se alude al doble matiz del anonimato y el nosotros. Los autores (como Kajuh, como Matej Bor) usan sus nombres de guerra, no se sabe su nombre en muchos casos. El yo marca algo de lo íntimo, y el espacio que construyen lo hacen desde el plural. Son el pueblo, el nosotros que lucha. Hay otro caso en Eslovenia, el de Franc Rozman – Stane, combatiente de origen esloveno, que lucho con el pueblo etíope contra la ocupación italiana y en la Guerra Civil Española, hasta que en 1941 regresó a su patria para enfrentar a los enemigos. Tuvo uno de los cargos más altos en el Frente de Liberación Nacional, llegando a dirigir el Alto Mando del Ejército Partisano. Tenía el cargo militar de Teniente General, era buscado por las tropas alemanas por sus logros en batallas, y su cabeza tenía precio. Su muerte fue trágica, probando armamento nuevo que les habían llegado. Pero su figura, sus logros, se mantienen en una canción popular partisana que trascendió los años:

Comandante Stane

La brigada de las montañas se lanzó como un alud,

valiente su paso, en ninguna parte se detiene.

Por nuestra justa lucha, lleva al enemigo la derrota,

cada uno de nuestros pueblos se dio a los luchadores,

al frente de todos, en la lucha, marchaba el camarada Stane.

El opresor ya se paró sobre nuestros cuerpos,

profundamente las esperanzas quedaron enterradas.

Se levantó el pueblo esloveno con la rebelión cautiva,

y reunió, con su propia fuerza, un nuevo ejército,

cargó al asalto con nosotros el camarada Stane.

Banderas de guerra, ríndanles memoria,

después levántense al combate junto al ejército hasta Ljubljana.

Y todo el pueblo esloveno, agradecido, dedica

a sus héroes: que los celebren, los honren,

de victoria en victoria nos guio el camarada Stane.

Los elementos de lo colectivo inundan esta canción: el pueblo esloveno, el nosotros, los luchadores, el plural de lo que se socializa, se unifica para la lucha, más allá de diferencias ideológicas o de origen. También aparece lo que se nombró antes del nom de guerre. Pero se ve que son canciones que el pueblo conoce. Van de boca en boca, son cantadas, a viva voz o a escondidas. Y con esto, pienso en esa segunda característica, la de lo pedagógico, ya que estos textos literarios, estas canciones, estos poemas, se enseñan y enseñan. En Eslovenia podían entonar, en esos años, “Comandante Stane”. Se conocía a Kajuh, se enseñaba en colegios. Vida Brest, por dar otro ejemplo, estaba a cargo de una campaña de formación en escuelas, contaba sus historias, enseñaba a niños lo que había pasado. Pero en su producción hay un aspecto, un rasgo que no aparece acá, pero va a abordarse en el futuro, y es que hay muchos poemas donde la escuela es el espacio de la acción. M. Komelj cuenta una anécdota sobre esta autora, que además de poeta fue educadora, editora y periodista. El crítico de arte nos dice que Brest oyó una vez a una mujer campesina, que iba encorvada y, seguramente, era analfabeta, que iba cantando una canción partisana. La particularidad es que la melodía de esta canción, que hablaba sobre un partisano muerto, era de una vieja canción religiosa. Completa este tema Komelj cuando cuenta un episodio de la juventud de V. Brest, en el que envió un poema para publicar a una revista, y uno de los versos era “Naš čolnič otmimo” (“Nosotros tomamos nuestro barquito”). En el poema se lee que “Ese pequeño, pero fuerte barco, / nuestro querido hogar, en él nuestra valiente estirpe; /el mar extraño lo embiste con fuerza, quiere devorarlo en sus ansiosas profundidades. / Dios proteja este barco, / ¡Dios proteja nuestra estirpe!” La patria está ligada a Dios, que la protege, que le da refugio, pensando de nuevo lo antes dicho en relación a Bachelard. Simon Gregorčič fue un símbolo de la resistencia y la lucha, de la mano del mandato religioso cristiano (para ver mejor esto, es recomendada la lectura de El imán del poeta, de Gregorčič, traducido por Julia Sarachu para la editorial Gog y Magog).  Le respondieron después que el poema fue publicado, sin problemas ni correcciones…solo que se había cambiado el título y el verso antes mencionado “¿sabes por qué? Seguro que has leído a Gregorčič, ¿no?” (Komelj, 2009, p. 452-453). Había que tomar precauciones, lo religioso era algo ya aprendido por muchos, y debe enseñarse el nuevo hombre en el socialismo. Este aspecto lleva a modificar conceptos como el de resurrección para pensarlo como nuevo comienzo, algo propio de lo revolucionario.

Al pensar en el rol didáctico-pedagógico, imagino lo que pasa con lo religioso y la ideología comunista. De la mano a la categoría anterior, hay que pensar en el rol histórico de los partisanos. Su lugar en el momento, cuál su lugar en la historia. Cuando se nombraron a los autores partisanos, se los piensa en su rol como combatientes, como exponentes de la resistencia en el territorio ¿Por qué la aclaración? No todo combatiente que estuvo de la Segunda Guerra Mundial, en el territorio esloveno, y que produjo una obra literaria en ese momento, puede pensarse como partisano. Tal es el caso de France Balantič, quien era un joven que formó parte de los socialistas cristianos o “Cruzados” (križarji), jóvenes que criticaban la alienación de parte de la iglesia con el fascismo. Llega a estar cercano al Frente de Liberación Nacional, aunque en 1942 fue arrestado y enviado al campo de Gonars. Al salir de ahí, cambió su postura y primero se acercó a las guardias rurales, para luego sumarse al bando Domobranci. No era una persona cercana al mundo militar, pero tenía una postura fuertemente anticomunista, y por su amigo France Kremžar, comandante de la Guardia Nacional, se une a este grupo. Su producción se conserva en el libro V ognju groze plapolam (En el fuego del horror ardo), y su muerte joven, en una emboscada partisana, con solo 21 años, no permitió que se conozca más de su trabajo. Si pensamos algunos de sus poemas, se ve el peso religioso. En “Sacrum delirium”, uno lee “Y mi rostro está deformado por los vientos, / los campos todos los días desde un extremo hasta el otro / como almas desnudas, que van hacia su casa”. Puede verse ahí que hay un regreso al hogar, un tema recurrente en la poética espacial partisana, pero con un peso en lo religioso. El regreso a su casa suena a un mundo en el más allá, a Dios como intermediario del futuro. En su poema “No encuentro el hogar”, vuelve a esto, pero la metáfora pesa sobre la imagen, y al prefabricarla, le da una intención distinta que la de la poética de los combatientes partisanos. Incluso, es muy bucólica, no es esa afinidad con la tierra que conocen los partisanos, sino que es el campo idealizado, es pensar en la naturaleza por sobre las personas y los males que la rodean. Lo idílico muestra un mundo otro, mientras que los partisanos luchan por el ahora y por lo que va a venir. Incluso, habla de ciclamen, algo muy de la zona, una flor propia de Europa Central, una referencia a su patria y su naturaleza, que traemos al español como “violeta de los Alpes”, pero estamos ante una flora europea de origen. Vida Brest es un buen contrapunto, ella nos dice en un poema: “Lanzaban gritos de alegría, marchando y cantando, / y el sol brillaba en su camino”, y vemos una naturaleza que abriga, da calor, acompaña al combatiente.

La pedagogía de los partisanos habla de combatir, habla de reverenciar a los caídos, apoyar la lucha. Conoce su territorio, lo cuenta como imagen, de forma directa, con el riesgo de perder el peso de la imagen al demostrar que lo ama (Bachelard, 2000, p. 108). Los domobranci, por su parte, defienden un lema que dice “En el nombre de las heridas de Cristo, partisano, tenés que morir”. Hay hechos en común, pero también notables diferencias. Los partisanos buscan expulsar al enemigo agresor de su tierra, la Guardia Nacional busca exterminar el comunismo. Ambos comparten lo trágico, que se nombró antes, pero en distintos grados. Lo trágico, la madre, el hogar, son imágenes que vuelven en todas estas obras, pero la madre partisana sufre y da amor. Es un ejemplo de esa mímesis del héroe, con el matiz trágico y con la realidad poética. En Brest, vemos que la madre se entera del destino del hijo, pero acepta la situación y da su corazón y su abrigo a otros combatientes. Por su parte, Balantič nos dice que “sos mi Madre, mi linaje proviene de vos, /aceptame, sé que no querés promesas engañosas, /el fin está cerca, escuchá, el perro ladra en la lejanía”. Metáfora sobre imagen, esa lejanía que pesa aun más en el campo de batalla. En la literatura partisana, todo es más directo, las madres son “nuestras sufrientes”, que “llevan en sí moribundos, muertos”, y también son seres fuertes, que resisten y quedan para los demás, que escuchan a sus hijos decir que “es lindo, sabés, mamá, es lindo vivir, /pero por lo que morí, quisiera una vez más morir” (Kajuh, 2017, pp. 119 y 121).

La patria está en las dos poéticas, la de Balantič y la de los combatientes partisanos. Hay un peso extra, particular, que nos hace pensar las obras de los partisanos, con las características antes expuestas y que se justificaron con ejemplos. Hay una defensa de la tierra, y un ideal de rebelión, de revolución, que siempre subsiste. Lo revolucionario como nuevo origen y como nuevo estado socialista a formar. Se puede leer sobre esto:

Cuando la situación revolucionaria de 1941 puso en el orden del día también la cuestión de la revolución cultural, la cuestión de la conexión entre el arte y la revolución se planteó de dos maneras. Cuando Matej Bor se presentó de manera declarativa como «poeta revolucionario», tuvo que enfrentarse, si quería ser fiel a esta definición, a dos tareas: cómo integrar la poesía en el flujo de la revolución y cómo introducir la revolución en la poesía. Así, el joven Jurij Gustinčič, poco antes de la guerra, escribió sobre Mayakovski en un artículo titulado «Misli Vladimira Majakovskega», publicado en la revista Sodobnost de Ljubljana:

«Revolucionó la poesía hasta entonces, introdujo la revolución en ella.» (Komelj, 2009, 433)

De ahí ese epígrafe inicial de Matej Bor, donde el poeta es un soldado, donde la lucha es el fusil, pero también la causa, la formación del pueblo, la construcción de una nueva tradición y una nueva nación. El poeta ha de ser un revolucionario, como leemos en el poema citado, “Mi mensajero secreto”, de su libro escrito durante la guerra y publicado de manera ilegal Previharimo viharje (Atravesemos las tormentas). Se cierra con esa idea de Poética del espacio (Bachelard, 2000, p. 178) que muestra la resonancia del espacio de la intimidad y el espacio del mundo, hecho que puede resumirse en unos versos de Vida Brest: “En las montañas, valles / sembramos vida, / llevamos la resurrección / para los días felices de todos nosotros”. Como se había dicho, se toma la resurrección, aunque el término se carga de otra semántica. Así como en su diálogo con Gregorčič, ahora se emplea lo religioso, acá sí con una metáfora, pero con un sentido que es entendido con todo el pueblo: un renacer, en otra fe común, que los hace a todos iguales, una Eslovenia socialista.

Bibliografía

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LUTHAR, Oto (2013). “A nation torn apart: World War II in Slovenia”. En The land between. A History of Slovenia. Frankfurt am Main: Peter Lang, pp. 416-440.

MOHORIČ, Milena (1944). Samotni breg. Ljubljana: Naša žena

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SCHMITT, C. (2013). Teoría del partisano. Acotación al concepto de lo político (Trad. de Anima Schmitt de Otero). Madrid: Trotta.

TITO, Josip B. (1966). Obras militares escogidas (Radivoj Nikolić trad.). Vojnoizdavački zavod: Belgrado.

Anexo de traducciones

VIDA BREST

Mati padlega partizana

Vse dni sem čakala in vse noči,

da prideš spet domov iz host,

da pošlješ mi pozdrav morda.

Ne veš, kaj pretočila sem solza

odkar tako ste me pustili samo.

Sinoči je potrkal sosed Peter

drobno na okno, ko je mimo šel.

Vesel je bil. Ko sem vprašala zate,

zresnil se je in prebledel.

Tako sem zvedela, da več  ne bo te

in da bom sama svoje žive dni.

Tako junaški, močni so hiteli

ti naši mladi fantje danes tod.

Glasno so vriskali, gredoč in peli

in sonce je sijalo jim na pot.

Pa sem prinesla kruha jim in vina,

kot včasih tebi, ko si bil doma.

Spi, mirno spi, ti moj junak najmlajši,

če tebe več ne more greti,

in te predramiti iz sna,

stotere druge grela bo

ljubezen mojega srca.

La madre del partisano caído

Esperaba todos los días y todas las noches,

que vuelvas otra vez a casa desde el hospital,

que quizás me mandés saludos.

No sabés cuántas lágrimas derramé

desde que ustedes me dejaron sola.

Anoche pasó el vecino Pedro

llamó suavemente a la ventana.

Estaba feliz. Cuando pregunté por vos,

se puso serio y palideció.

Así me enteré de que ya no vas a estar

y que los demás días de mi vida voy a estar sola.

Tan heroicos y fuertes se iban

nuestros jóvenes muchachos hoy de acá.

Lanzaban gritos de alegría, marchando y cantando,

y el sol brillaba en su camino.

Y les llevé pan y vino,

como a vos cuando estabas en casa.

Descansá, descansá en paz, vos, mi héroe más joven;

si ya no puede darte calor

ni despertarte de tu sueño,

a otros cientos va a dar calor

el amor de mi corazón.

 

Pismo bratu – partisanu

Na rami puško, z bombami ob boku

namerjaš, brat moj, v temno noč korak.

Rdeča Zvezda ti žari na kapi,

oči sijočih ne kali oblak.

Poslušaj brat moj, sestre naročilo:

sirote zrl boš s solzami v očeh.

Otri solze in upanje prižgi jim,

na lica bleda zvabi jim nasmeh!

Trde bodi, brat, brezčuten kakor skala,

ko blagor doma kliče na udar!

Naj tvoja kri poji tla očetnjave,

kloniti pa ne smeš nikdar!

Carta al hermano — al partisano

Con el rifle al hombro, con bombas en el flanco,

apuntás tu paso, hermano mío, hacia la oscura noche.

La Estrella Roja te brilla en la gorra

y tus ojos resplandecientes las nubes no empañan.

Escuchá, hermano mío, el encargo de la hermana:

vas a mirar huérfanos con lágrimas en los ojos.

Enjuagá las lágrimas y encendé en ellos la esperanza,

a sus rostros pálidos atraé las sonrisas.

Sé firme, hermano, insensible como una piedra,

cuando la gloria de la patria llame a la batalla.

Que tu sangre dé de beber a la tierra patria,

¡pero no debés inclinarte jamás!

Partizani

Mi nosimo svobodo v svet!

Brnenje avijonov,

pretenje milijonov

ne ustavi naš polet!

Mi nosimo vsem sonca svit

med suženjstva temine,

grobove, razvaline—

Slovan je robstva sit!

Sejalci smo. V gorah doleh

mi sejamo življenje,

mi nosimo vstajenje

za sreče dni nas vseh.

Partisanos

¡Llevamos libertad al mundo!

El zumbido de los aviones,

la amenaza de millones

no detiene nuestro vuelo.

Llevamos a todos la luz del sol

entre la oscuridad de la esclavitud,

de las tumbas, de las ruinas—

¡el eslavo está cansado de la esclavitud!

Somos sembradores. En las montañas, valles

sembramos vida,

llevamos la resurrección

para los días felices de todos nosotros.

MATEJ BOR

Gazimo, gazimo

Gazimo gazimo v belo mečavo,

kmalu snega bo do uhljev in čez.

Gazimo gazimo. Kaj če na glavo

bi nataknili si kučme z dreves?

Gazimo gazimo. Tjakaj čez Savo

drevi hudič nas vabi na ples.

Gazimo gazimo. A kdo pred nami

v strmih lazeh in robeh se smeji?

Kdo s karabinko nabito na rami,

kdo v bregove tako hiti?

Gazimo gazimo. Tamkaj pred nami

v metež zavit in somračje gor

opleta, pretika se med vejami

na dolgih, majavih nogah — Upor.

Caminamos, caminamos en la nieve

Caminamos, caminamos en la ventisca blanca,

pronto la nieve va a llegar hasta las orejas y más allá.

Caminamos, caminamos en la nieve ¿Qué  tal si nos

ponemos en la cabeza una gorra hecha de árboles?

Caminamos, caminamos en la nieve. Ahí, más allá del Sava,

esta noche el diablo nos invita a bailar.

Caminamos, caminamos en la nieve. Pero ¿quién se /ríe

delante nuestro en los empinados senderos y laderas?

¿Quién con una carabina cargada en el hombro,

quién se apura tanto en las pendientes?

Caminamos, caminamos en la nieve. Ahí, adelante /nuestro,

en el torbellino que la envuelve, la oscuridad /arriba

se agita, se desliza entre las ramas

con sus largas y tambaleantes piernas — La Rebelión.

MILENA MOHORIČ

Te temne gore

Te temne gore, to so sestre tvoje. —

Spreminja na pobočjih se zelenje,

obdaja me čebel in trav šumenje,

zasipa cvetje me in vonji hoje.

Le tebe iščem — in nobena vest

ne pride k meni ne z gora ne s cest.

Vse prazne so, nad njimi gozd šumi.

Samotna si ponavljam: tebe ni.

Estas oscuras montañas

Estas oscuras montañas, esas son tus hermanas.

Se transforma en las laderas el verdor,

me rodea el murmullo de abejas y hierbas,

las flores me cubren y los olores al andar.

Solo a vos te busco, y ninguna noticia

me llega ni desde las montañas ni desde los caminos.

Todas están vacías, sobre ellas susurra el bosque.

Sola repito: no estás.

Kje si?

V gnečni dreves

samotno drevo,

k soncu bi šlo

iz sence zaves.

In sredi temin,

v reki ljudi,

tesnoba preži.

O, kje si, moj sin?

¿Dónde estás?

En la muchedumbre de árboles

uno solo, solitario,

iría hacia el sol

desde las sombras de la cortina.

Y en medio de la oscuridad,

en el río de gente,

la angustia acecha.

¡Oh, dónde estás, hijo mío!

Božična pesem

(Francki in Mimi, Rab, 1942)

Ve sestre, k vam obrača se nocoj.

Tako preplavila me je bolest,

da več ne slutim, kje namen je moj,

da zdi končana naša se povest.

Podajte mi roko, da jo poljubim,

in z žuljev spet napijem se moči,

o dajte, da življenje v vas spet vzljubim,

ki niste omagale še sred noči.

Poglejte to obsekano drevo,

ki več nikoli ne zazeleni,

tako mi sonce nade je zašlo

in razdejani so nekdanji sni.

V tišino sem bolesti vsa zajeta

in prisluškujem le korakom zla.

Mladostna pesem moja je izpeta,

razbita ladja k bregu ne vesla.

Canción de Navidad

(Francki y Mimi, Rab, 1942)

Hermanas, a ustedes vuelve esta noche.

Tanto me inundó la enfermedad,

que ya no presiento cuál es mi destino,

que parece terminada nuestra historia.

Denme sus manos para besarlas,

y otra vez bebo fuerzas de las ampollas,

¡Oh, denme! Me enamoro otra vez de la vida en /ustedes,

que aún no sucumbieron en medio de la noche.

Miren este árbol talado,

que nunca más va a verdear,

así se puso el sol de mis esperanzas,

y están destruidos mis sueños de antaño.

En el silencio estoy presa del dolor por completo

y solamente escucho atenta los pasos del mal.

Mi canción juvenil ya se cantó,

un barco roto no rema hacia la orilla.

FRANCE BALANTIČ

Ne najdem domov

Oblaki diše kot ciklamni,

bori neba so temni zaliv,

v njih potopljeni kot kamni

so ptiči, tiho padajo v sen.

Ne najdem domov in poln sem medu

kakor žametna drobna čebela,

rumene so roke od prahu,

nazaj ga bom stresel med rože.

No encuentro el hogar

Las nubes huelen a violetas de los Alpes,

los pinos del cielo son una negra bahía

sumergidos en ellos como piedras

están los pájaros, que calmos caen en el sueño.

No encuentro el hogar y estoy lleno de miel

como una pequeña abeja de terciopelo

amarillas están las manos de  polen

voy a lanzarlo otra vez sobre las flores.

Notas

[1] Para ver mejor lo que sucede en Serbia, Croacia y Montenegro, ya sea con el poder de turno ligado al nazismo o los vínculos con los grupos étnicos germánicos de cada país, véase Calic, 2019 a, p. 129.

Fuente: Eslavia, nº 17. Junio 2026