Breve historia del Frente Polisario Emboirik Ahmed Omar
Los libros de la catarata
2023
15,50 €
El Frente Polisario se constituyó en 1973 con el objetivo de lograr
la independencia del Sáhara Occidental, colonizado por España, pero poco
después la ocupación del territorio por el reino de Marruecos, hizo que
éste haya sido el oponente principal del movimiento en el largo
conflicto, con episodios bélicos, desencadenado hasta el presente.
Los intereses estratégicos y equilibrios globales han hecho que las
resoluciones de las Naciones Unidas, encaminadas a poner fin democrática
y pacíficamente al litigio, hayan sido dejadas de lado, generando una
situación de estancamiento, lesiva para los derechos de los saharauis y
desestabilizadora de la región.
La aproximación histórica
rigurosa es vital para comprender la magnitud de un problema que
aparece recurrentemente en los medios, pero resulta muy complejo en
sus implicaciones legales y está envuelto además en la
desinformación creada desde los poderes enfrentados. Ante esta
perspectiva, el historiador y diplomático saharaui Emboirik
Ahmed Omar (1956) ha redactado esta Breve
historia del Frente Polisario
con el fin de exponer los momentos y aspectos clave del proceso,
muchos de ellos poco conocidos pero imprescindibles para plantear
soluciones válidas. Su tesis doctoral, leída en 2015 en la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, lleva por título: El
nacionalismo saharaui: de Zemla a la Organización de Estados
Africanos y sirvió de
base para el libro reseñado.
El dominio español
La resistencia a la ocupación
española por parte del pueblo saharaui comenzó durante los años 50
a través de una colaboración con patriotas marroquíes que luchaban
por la independencia de su propio país, lograda en 1956. Fue ésta
una asociación que hoy puede tildarse de ingenua, pero abrió camino
a la conciencia nacional. En 1969, Mohamed Sidi Brahim Basiri
(1942-1970) creó el Movimiento de Vanguardia para la Liberación del
Sáhara, con el fin de oponerse a la ocupación española de forma
pacífica y trató de negociar la independencia.
En el contexto de estos intentos,
en junio de 1970 se convocó en El Aaiún una manifestación para
presentar una petición al Gobernador del Sáhara español, y la
represión que siguió se saldó con varios muertos, entre ellos el
propio Basiri, probablemente fusilado tras su detención días
después. Estos hechos, que pasaron a la historia como el
Levantamiento de Zemla, no atajaron el impulso de organización
arraigado en la población y en 1973 varios grupos de saharauis
constituyeron en Zuerat (Mauritania) el Frente Popular por la
Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro, conocido como Frente
Polisario (FP).
El FP se fundó como un partido
político de carácter socialista y arabista, y tomó como modelo la
revolución de Argelia. Su propósito era alcanzar la independencia
del territorio del dominio colonial español y poco después
organizó, con el apoyo de Muamar el Gadafi, el Ejército de
Liberación Popular Saharaui como su ala militar, mostrando que su
apuesta por la lucha armada era bien clara. Ahmed Omar recuerda la
biografía de personajes destacados en la gestación del nuevo
partido, como Luai Mustafa Sayed (1948-1976), defensor de una
revolución árabe global y enemigo declarado del tribalismo y la
corrupción de los líderes, que falleció en combate en un asalto a
la capital mauritana.
El libro describe en detalle
acciones militares del FP, como las del Janga y Budher en 1973, que
se saldaron con éxitos, al igual que la emboscada de unidades
españolas en Egyeiyimat el año siguiente, el enfrentamiento más
importante de esta primera etapa. En mayo de 1975 fueron capturadas
dos patrullas de Tropas Nómadas, lo que supuso un gran aporte en
armas, municiones y medios de transporte. El gobierno español abrió
negociaciones para la liberación de los prisioneros a cambio de un
impulso hacia la independencia, pero sólo los saharauis cumplieron
su parte. Los militares fueron entregados en septiembre en Argel,
mientras que las promesas de Madrid quedaron en nada con la cesión
posterior del territorio a Marruecos y Mauritania.
Hay que señalar que en estos
años los gobiernos marroquí y español crearon organizaciones que,
con escasa representatividad, trataron de encauzar los hechos en una
dirección que les fuera más favorable. Ahmed Omar recuerda las
actividades, bastante marginales, que estos grupos desarrollaron.
Marcha Verde y nuevos
escenarios
Según puntualizaban las
resoluciones de Naciones Unidas, en 1975 el Sáhara Occidental era un
territorio no autónomo pendiente de descolonización y lo preceptivo
era la realización de un referéndum en que la población decidiera
su futuro. Sin embargo, esta opción fue pospuesta en una resolución
de la ONU a petición de Rabat, hasta que el Tribunal de la Haya
estableciera si Marruecos y Mauritania tenían derechos sobre el
territorio. El alto tribunal dictaminó que estos derechos no
existían, con lo que el referéndum resultaba ya inaplazable.
Es entonces cuando 300 000
civiles marroquíes son conducidos en camiones al Sáhara Occidental,
mientras paralelamente 30 000 miembros de las Fuerzas Armadas Reales
invaden la región. La operación recibió el nombre de Marcha Verde
y estuvo coordinada con las autoridades españolas, que retiraron
paralelamente todos sus efectivos. Así fue como el 14 de noviembre
de 1975 se firmó, entre España, Marruecos y Mauritania, el Acuerdo
de Madrid, por el que se dividía el país y a sus habitantes entre
los dos últimos estados, en flagrante violación de los protocolos
de descolonización vigentes. Se trataba de una traición en toda
regla del gobierno español a personas que estaban bajo su
protección, que lo hace responsable de la violencia que siguió. De
este comportamiento ilegal, injusto y vil, lo cierto es que nadie
nunca ha dado explicaciones todavía.
¿Por qué procedió España de
esta manera? Sin descartar la posibilidad de intereses personales
inconfesables, las causas más probables podrían ser un chantaje
marroquí con Ceuta y Melilla y el miedo al peligro estratégico de
un Sáhara independiente alineado con Argelia, Libia y la URSS.
Además, con el acuerdo firmado, a las empresas españolas se les
permitiría seguir extrayendo beneficios. Todo quedó sentenciado
cuando se comprobó el gran apoyo popular al FP en el territorio, que
hacía difíciles componendas neocoloniales.
Los saharauis reaccionan a esta
demoledora ofensiva con dignidad y madurez. En diciembre de 1975,
sesenta y siete notables, representantes de todos los sectores de la
sociedad, decidieron en Guelta Zemmur constituir el Consejo Nacional
Saharahui y remitieron a la ONU un comunicado en defensa de la
autodeterminación como única vía de solución del conflicto. Se
pidió a la población que permaneciera en sus hogares, pero muchos
optaron por abandonarlos, huyendo de la sangrienta represión de las
fuerzas de ocupación. El éxodo fue reagrupándose en campamentos
que fueron atacados con napalm y fósforo blanco, como quedó
demostrado por diversos testimonios. La situación fue crítica hasta
que el presidente argelino Huari Bumedián ofreció un espacio
próximo a la localidad de Tinduf para asentar a los refugiados. Esto
se planteó como una medida provisional y como tal se sigue
considerando, pero aquel alojamiento terminó convirtiéndose en el
hogar de muchas familias saharauis hasta el momento presente.
En estas condiciones y ante el
vacío de poder creado por la retirada de España y la invasión
subsiguiente, el FP decidió asumir la representación del pueblo
saharaui y así el 27 de febrero de 1976 proclamó la República
Árabe Saharahui Democrática (RASD), como expresión del ejercicio
del derecho a la autodeterminación y la independencia en un contexto
de guerra y exilio en que la realización de un referéndum resultaba
materialmente imposible. No es ésta la primera vez que un movimiento
de liberación se ve obligado a actuar de esta forma, y se menciona
como ejemplo el caso de Argelia.
Un factor esencial para
comprender el proceso descrito son las políticas expansionistas de
la monarquía alauita en pos del sueño del Gran Marruecos. Argelia,
que hubo de luchar en 1963 y 1964 en la Guerra de las Arenas, prestó
asistencia a Mauritania, tras su independencia en 1960, contra las
pretensiones marroquíes sobre su territorio. Sin embargo, con
posterioridad el gobierno de Nuakchot dio un vuelco a su estrategia
al aceptar firmar los Acuerdos de Madrid y compartir amistosamente el
Sáhara occidental con Marruecos.
Décadas de guerra y
frustración en un mundo postcolonial
La situación creada conducía
inevitablemente a un conflicto armado. El objetivo inicial del FP
ante el avance de las tropas invasoras desde el norte y el sur fue
tratar de retrasar su acceso a los grandes núcleos urbanos, con el
fin de facilitar el repliegue de los civiles. Además de esto, en
junio de 1976 y julio de 1977 se realizaron incursiones hasta la
capital mauritana, y en abril de 1977 se ocuparon durante unas horas
las minas de hierro de Zuerat, base de la economía del país. En
junio del mismo año se atacaron posiciones junto a la frontera de
Mali. Todas estas operaciones consiguieron que en agosto de 1979
Mauritania cediese su parte del Sahara Occidental al Frente
Polisario, pero esto no fue reconocido por Marruecos, que se anexionó
esa zona al poco tiempo.
La guerra avanzaba favorablemente
para el FP y Ahmed Omar describe los cambios que se introdujeron por
entonces en su estructura militar y el armamento con que contaba. La
batalla de Waarziz supuso un serio descalabro de los marroquíes en
1980, y el año siguiente en la de Guelta Zemmur se hicieron 230
prisioneros y se derribaron cuatro aviones y un helicóptero. Estos
reveses provocaron que los ocupantes, apoyados por asesores franceses
e israelíes, decidieran un cambio de estrategia, con la construcción
de un muro, combinado con alambradas y campos minados, de una
longitud próxima a 2200 km y que atravesara el territorio de norte a
sur. De esta forma dejaron una porción del país, los denominados
“territorios liberados”, bajo el control del FP. La población de
esta zona se estima entre 30 000 y 40 000 personas y sus principales
núcleos son Tifariti, Bir Lehlu, Agüenit, Meharriz, Miyek, Duguech
y Zug.
En la nueva situación, el FP
continuó hostigando a los ocupantes y se lograron éxitos notables,
como en 1985 en Um Legta, donde se capturó una importante cantidad
de armamento y se hicieron 83 prisioneros. Un pequeño ejército de
10 000 guerrilleros, con movilidad, sorpresa y conocimiento del
terreno, era capaz de traer en jaque a otro veinte veces mayor y
mejor equipado, pero los problemas para el FP llegaron en seguida en
forma de una crisis interna, motivada por luchas personales por el
poder en la cúpula, con resurrección de viejos fantasmas tribales.
Esto generó deserciones en la causa y un debilitamiento de la
capacidad de acción del FP, que en 1991 decidió firmar un alto el
fuego. Ese mismo año se cambió en el VIII Congreso la estructura
organizativa, instituyendo un reparto más democrático del poder.
Los últimos capítulos del libro
se dedican a repasar las implicaciones geopolíticas del conflicto.
Se recuerda a Muamar el Gadafi, el primer apoyo militar y valedor del
reconocimiento internacional hasta su rompimiento con el FP en 1983.
El año siguiente la Organización para la Unidad Africana aceptó a
la RASD en su seno. La ONU por su parte ha dictaminado en varias
ocasiones la necesidad de un referéndum para culminar el proceso de
descolonización, y en 1991 constituyó la Misión de las Naciones
Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), que
despliega más de cuatrocientos militares y civiles sobre el terreno
y actúa como fuerza de interposición.
Un incierto presente
La situación actual de la
hermosa región donde el Sáhara se encuentra con el Atlántico no
invita precisamente al optimismo. La diplomacia marroquí sabe que el
tiempo corre a su favor y lo deja pasar, presumiendo de razonable con
su oferta de una “generosa autonomía” que en realidad supone una
renuncia a la aspiración básica de la independencia de la RASD. Las
provocaciones de los ocupantes llevaron en 2020 a una ruptura del
alto el fuego, pero los saharauis son conscientes de que ahora las
opciones bélicas no son las de antes. La aceptación por Donald
Trump de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental ese mismo
año fue un amargo trago, y poco después las declaraciones de Pedro
Sánchez al respecto tampoco resultaron halagüeñas para una vieja
causa cargada de justicia. De los más de ochenta países que
reconocieron a la RASD en su momento, cuarenta y cinco aún siguen
haciéndolo, pero la perspectiva no deja de empeorar.
La Breve
historia del Frente Polisario
de Ahmed Omar nos informa en detalle de cómo aquel territorio al que
las autoridades franquistas se referían como “una
provincia española, igual que Cuenca”,
fue entregado vergonzosamente con todas sus gentes, violando sus
derechos esenciales, a dos potencias extranjeras. Sabemos también a
través de este libro del heroísmo del pueblo saharaui y de su
resistencia exitosa contra los ocupantes durante largo tiempo. Lo más
triste sin duda es comprobar cómo en las últimas décadas el
conflicto permanece dolorosamente enquistado, mientras la situación
internacional hace cada vez más difícil la solución democrática
que muchos desearíamos.
Reseña de Jesús Aller. Fuente: Rebelión