CARTA ABIERTA A LA UNIÓN DE ESCRITORES CHECOSLOVACOS
Acabo de regresar de una estancia de dos meses en Cuba. La discusión
sobre las tareas del escritor en los países socialistas y capitalistas
de Europa pasó a un segundo plano. Eran más importantes las tomas de
posición respecto a la lucha de clases internacional, principalmente en
las fases agudas que adopta en Vietnam y en Latinoamérica. Ahora, al
echar una ojeada al correo acumulado, me he encontrado con dos escritos
procedentes de colegas checoslovacos. El primero es una invitación de la
Unión de Escritores de Checoslovaquia a participar en un simposio que
se celebrará en Praga el 27 de noviembre de 1967. El segundo es una
circular anónima, publicada en el Sunday Times del 3 de
septiembre de 1967. A pesar del carácter radicalmente distinto de ambos
escritos, desearía utilizar esta forma de la carta abierta para
contestarlos conjuntamente, puesto que apuntan a un tema común. Pasemos
primero al manifiesto de los intelectuales checoslovacos, que también se
dirige a mí, personalmente. Aunque los firmantes del manifiesto no se
citan por sus nombres, no existe ningún motivo para suponer que el Sunday Times
no tenga la lista. En cambio, lo que resulta dudoso es la afirmación
del autor de este documento, según el cual se trata en su mayor parte de
marxistas y comunistas. Desearía aclarar todo esto en unos cuantos
puntos que, como mínimo, pecarán de mala información, de graves
malentendidos y de una valoración exagerada de la libertad en Occidente.
1. La exhortación a que proteste menos contra im masacre
norteamericana en Vietnam, el militarismo en Grecia, el racismo en los
Estados Unidos, y de que dirija más la atención a los abusos de los
países socialistas. Tales advertencias me han llegado con frecuencia
durante los últimos años, casi siempre por parte reaccionaria,
diciéndome que, al adoptar una actitud positiva respecto a la
construcción del socialismo, no debo olvidar las medidas violentas en el
régimen de protección de fronteras ni el dirigismo en la política
cultural. En respuesta a este primer punto, al que volveré más abajo con
mayor detenimiento, quiero aludir al hecho de que, desde el conflicto
de Biermann, en diciembre de 1965, me encuentro en una discusión con las
personalidades dirigentes de la vida cultural en la Alemania Oriental
sobre el problema de la libertad en el arte. Hasta el momento, pocas
cosas han sido publicadas sobre este intercambio de ideas. Las razones
son las siguientes: en primer lugar, no quería exponer el debate a una
deformación unilateral en el sentido de Occidente y correr asi el
peligro de apoyar a la prensa burguesa en su actitud hostil hacia la
República Democrática Alemana; en segundo lugar, he venido esperando
hasta hoy la oportunidad de ventilar este problema en un clima de
completa apertura con representantes de aquel país.
2. La inclusión de John Steinbeck en la lista de escritores internacionales destinatarios del documento. Los intelectuales checoslovacos deberían saber que este autor defiende de manera inequívoca la política militar de los Estados Unidos en Vietnam y se ufana de su agresividad contra el Vietcong. Sirvan de ejemplo estas dos citas, que he sacado de su serie de artículos del Herald Tribune: "Charlie is a pure son of a bitch, his purpose is domination of the land and the minds of poor people, and he will stop at no horror, no lie, no trick to achieve it." (13 de enero de 1967) "Anyway, the air-spotter called in some activity and they honored me by letting me fire the first round from the Number Four tube. It was a proud moment and they gave me the shell casing to take home." (2 de enero de 1967.) Atribuirle un respeto por la libertad y, en la misma frase, hablar del intento de entrar en contacto con los escritores de etodo el mundo libres es algo que, para decirlo con indulgencia, me parece sospechoso.
3. El Credo para la conclusión del manifiesto, para la defensa de la libertad y para la lucha contra el terror, en el que se cita al presidente John F. Kennedy como modelo. Desde el comienzo de su mandato, en 1961, este presidente ha abogado por la lucha despiadada contra el socialismo y los movimientos de liberación. Fue él quien estructuró la "estrategia especial" en Vietnam; bajo su gobierno se prepararon las medidas de la escalada militar en Vietnam y, bajo su dirección, Stanley, Taylor y Rostow planearon el ataque a la República Democrática de Vietnam y se efectuó el intento de aplastar la revolución en Cuba. Apelar al espíritu y a la conciencia del mundo invocando el nombre de Kennedy es algo que no puede relacionarse con unas ideas marxistas.
Por estas razones no puedo hacer mío el llamamiento de los intelectuales checoslovacos en su actual formulación. Sin embargo, por la causa que defienden, y en la medida en que se trata de la libertad de palabra y de opinión, de la libertad creadora y de la supresión de la censura política, considero necesaria la discusión.
Es la misma discusión que me compromete desde hace años y que sólo
se podrá cerrar cuando al concepto del marxismo revolucionario se unan
los derechos fundamentales de la libertad intelectual. He defendido
siempre la idea de que sólo en una sociedad socialista puede hacerse
realidad la absoluta libertad del arte.
Un arte que sea social y
políticamente consciente, un arte que esté al lado de la revolución, no
puede ser calificado de libre en los países capitalistas. La
comercialización, la constante falsificación de la realidad por los
medios de comunicación de masas, pone a los intelectuales radicales
-definidos como "izquierda sin patria" por el mundo burgués- en una
posición que linda a menudo con la resignación o la desesperación. Los
más perseverantes trabajan bajo el signo de la oposición violenta y del
esfuerzo por conseguir un cambio radical de todos los valores
existentes.
Ciertamente, se dice que su libertad de opinión dentro del mundo capitalista e imperialista es ilimitada, que aparecen sus libros y obras teatrales y que pueden efectuar sus asambleas. Pero esto no ocurre en absoluto en todos los países del "mundo libre". De sobra conocemos las medidas violentas de los regímenes occidentales de orden contra las manifestaciones políticas radicales; no es menester enumerarlas aquí.
Sin embargo, la falta de libertad en la sociedad de clases no puede disculpar la falta de libertad en la sociedad sin clases. La discusión sobre este problema, que es cada vez más necesaria desde hace años, debería dirimirse por fin ante la opinión pública y en una forma representativa, y el simposio de fines de noviembre de la Unión de Escritores Checoslovacos facilitaría la posibilidad de hacerlo. La invitación para este simposio se dirige tanto a escritores de los Estados socialistas como a escritores progresistas que tienen su residencia en los países capitalistas. Nosotros, que actuamos sobre todo en el Oeste, nos sentimos tan afectados por la restricción cultural de los Estados socialistas como nuestros colegas del Este. En nuestras conversaciones se deja sentir cada vez con mayor fuerza el aislamiento forzoso, la falta de posibilidades de comparación y, consiguientemente, la pérdida de una colaboración en la lucha global. Al ser prohibidos en sus respectivos Estados los intentos de los colegas socialistas por entrar en contacto con la polémica política, filosófica y estética que hoy tiene lugar en el mundo, la discriminación se dirige también contra nosotros, que tomamos como punto de partida la misma actitud política fundamental. Nuestra opinión es que, actualmente, los Estados socialistas tienen bastante fuerza y pueden presentar bastantes éxitos sociales y económicos como para tener, asimismo, el valor de tratar abiertamente un conflicto cultural de fundamental importancia, de asumir todos los planteamientos candentes y de no ocultar ninguno de sus aspectos. Los escritores y artistas socialistas, y otros escritores y artistas progresistas internacionales, no pueden aceptar por mucho tiempo que el conflicto sea marginado por la decisión unilateral de un partido político.
Para mí, personalmente, tiene un valor extraordinario que mis trabajos no sólo se discutan en el mundo occidental, sino que se acepten y se traten también en los Estados socialistas. Mi propia evolución respecto al marxismo ha pasado también por muchos estadios, desde la experimentación surrealista, desde situaciones de duda, de escepticismo y de concepciones partidarias del absurdo, hasta una toma de posición política radical. No veo razón alguna para que se coarte la evolución natural de los artistas en un Estado socialista. No olvidemos que, en ellos, la sociedad pasa por un proceso de transformación de la fase burguesa en socialista. No olvidemos que esta sociedad es aún imperfecta en muchos aspectos y que la crítica y la oposición son signos de vitalidad y pueden contribuir al progreso del marxismo humanista.
Habría que examinar hasta dónde se extiende la necesaria libertad de
expresión, antes de que coincida con tenedencias reaccionarias y
contrarrevolucionarias. Estamos seguros y de acuerdo en que la
resurrección del fascismo, el belicismo y el nacionalismo agresivo deben
ser combatidos del modo más encarnizado. Tendríamos que discutir más
detenidamente qué entendemos por arte progresivo. ¿Es progresivo el arte
del realismo socialista en relación con las modernas manifestaciones
artísticas salidas del mundo burgués? ¿O bien este realismo vive a
menudo de formas tomadas de una concepción de la realidad reaccionaria,
pequeñoburguesa? Hay que formular la pregunta siguiente: ¿Es función de
las instituciones culturales de los Estados socialistas fomentar
interpretaciones social e históricamente veraces sobre la complicada
estructura social? ¿O acaso su misión es producir una imagen conformista
e idealista de la situación presente?
Siempre ha habido intentos de efectuar este examen. Lo efectuaron en la Unión Soviética durante los años veinte hasta que el estalinismo lo sofocó. En los Estados socialistas han surgido obras de arte convincentes, siempre que se ha aflojado la presión del uniformismo. El cine soviético, polaco y checoslovaco, muchas pinturas, novelas, poemas, obras teatrales de artistas socialistas han enriquecido la cultura de nuestro tiempo. Es modélica la evolución estética actual con que me encontré en Cuba, donde un internacionalismo revolucionario se opone al peligro de un anquilosamiento por la burocracia y el dogmatismo. La angustia, el letargo, la confusión y la revuelta son signos, que reaparecen siempre, de un clima cultural en el que se reprime la libre manifestación de las opiniones.
También sería necesario que pudieran participar en nuestra conversación escritores y artistas de la República Democrática Alemana. No sólo delegados oficiales, como propone la invitación de la Unión de Escritores Checoslovacos, sino representantes de diversas tendencias. Como ustedes saben, el problema a discutir tiene idéntica actualidad en la República Democrática Alemana. Para el prestigio internacional de este Estado, con el que me unen lazos de solidaridad, es importante que sus artistas, escritores y científicos, cuya integridad política me consta, dediquen sus fuerzas a la expresión viva y múltiple que corresponde a la gran polémica de nuestro tiempo.
Espero su respuesta, de cuyo contenido dependerá mi asistencia al simposio internacional del 29 de noviembre de 1967 en Praga.
Estocolmo, 10 de setiembre de 1967
Suyo
Peter Weiss
Me permito enviar una copia de esta carta abierta al semanario Die Zeit y una copia al diario Neues Deutschland. (En el Neues Deutschland la carta no fue publicada.)
Fuente: Escritos políticos. Ediciones de Bolsillo

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