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sábado, 12 de noviembre de 2022

DOCUMENTAL "QATAR: EXPLOTACIÓN EN EL EMIRATO"


Título: Qatar: explotación en el emirato
Realización: Chloé Domat et Ram Pateriya
Autor: Chloé Domat
País: Francia
Año: 2022
Duración: 25 minutos

En noviembre de 2022 Catar acoge la Copa del Mundo de fútbol. Para este torneo, el rico emirato no ha escatimado en gastos: seis flamantes estadios, hoteles, un metro y carreteras: un presupuesto total de más de 180 000 millones de euros. Los trabajadores migrantes que trabajan en estas infraestructuras, y que llegaron al país con la esperanza de una vida mejor, se encontraron con una realidad muy distinta a lo que esperaban...

Fuente: ARTE TV

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

DOHA: EL CAPITALISMO COMO GRAN SHOW URBANÍSTICO


Corniche_Doha_Qatar

Por Marta Contijoch (*)

La Península Arábiga está siendo escenario de un espectacular desarrollo urbano a partir de la riqueza generada con la explotación de sus recursos energéticos. En ese contexto, la capital qatarí, Doha, parece ahora erguirse como una de las principales competidoras de Dubai en el litoral árabe del Golfo Pérsico, a partir de un crecimiento sustentado en la importación masiva de mano de obra y un tejido urbano resultado de estrategias de inversión, desregulación y especulación que pretenden convertirla en centro de conexión global. Como Dubai, la capital de Qatar ha asumido idéntica estrategia de explicitar lo que en otras ciudades del mundo sólo puede ser un horizonte deseado: convertir el capitalismo en gran espectáculo urbanístico. En efecto, Doha es una ciudad convertida, toda ella, en un aparador de los extremos más estridentes del ultraliberalismo y el derroche consumista, compatible con un régimen político absolutista y con las condiciones rayanas en la esclavitud a que somete a buena parte de su población de trabajadores inmigrantes, casi el 80% del total de sus habitantes.

En Doha el espacio urbano se impone como el mejor escenario para la conversión del Estado en un show del que la ciudad es al mismo tiempo tras y proscenio, en relación con el cual el poder político ejerce el papel de productor. En la capital se representa esa retórica que hilvana distintas unidades de paisaje urbano planificado, en una zonificación de las distintas “dohas” que conforman, a modo de cuadros escénicos, la puesta en escena de la ciudad-capital global en la que quiere convertirse.
El caso de la West Bay debe ser leído como encarnación de esta utopía capitalista, paisaje urbano identificable e identificado como símbolo del progreso que materializa el sueño urbanístico neoliberal. Lugar sembrado de rascacielos sin diálogo con el entorno, en el que el lugar para la sociabilidad pública se reduce a ese espacio residual que conforman los huecos (todavía) no urbanizados o los pasillos del gran centro comercial que se yergue entre las altas torres, resulta un buen ejemplo de este modelo de ciudad en el que el espacio urbano no es concebido en su dimensión a la vez política y sociabilizadora, sino como decorado para la ostentación de la imagen que un Estado quiere proyectar de sí mismo.

En la West Bay se concentran oficinas y edificios oficiales, salpicados de restaurantes y clubes depositarios de un tipo de ocio que podríamos describir como “occidental”, establecimientos por supuesto exclusivos y, por tanto, excluyentes. Son estos los únicos espacios en los que se permite el consumo de alcohol, arquetipo de una estrategia de integración zonificada de este componente foráneo indesligable del cosmopolitismo que se supone que corresponde a una capital de vocación internacional como Doha.

Pero esta modernidad tan entusiastamente perseguida se logra a expensas de los sectores más vulnerables de la población: los miles de trabajadores inmigrados sobre cuya explotación se sustenta la prosperidad del país; más de un tercio de la población, que es expulsada o inadmitida de esta centralidad de la ciudad-aparador. Así, junto al exhibicionismo de la West Bay encontramos, semioculta, la Industrial Area, a las afueras de la ciudad, donde se concentran miles de estos trabajadores, confinados en labour camps, que comparten espacio con almacenes de material de obra y de industria pesada y talleres mecánicos que ofertan, también, piezas de algunos de los vehículos desguazados que se amontonan a lado y lado de la cuadrícula de calles a medio asfaltar, escenario de un caos de coches que circulan como pueden, dejando pasar los camiones que entran y salen de los cientos de naves distribuidas en la zona, para dirigirse a alguna de la multitud de obras que se abren por toda la ciudad. En ese margen se concentran aquellos habitantes y actividades incompatibles para la buena representación de la capital, pero que son, a su vez, parte indispensable de esos flujos globales de cuyos beneficios se nutre la opulencia de las elites qatarís.

Dentro de esta misma dinámica, es el propio centro de la capital, el área circundada por el B Ring –antigua circunvalación ya por completo absorbida por el crecimiento de la ciudad-, lo que podríamos apodar "centro histórico”, donde se encuentran barrios como el Musheireb, que concentra las viviendas más vetustas, ocupadas también por trabajadores inmigrados con pocos ingresos, invisibilizado como espacio indeseable, al margen de la nueva norma urbana.

Es ese espacio al mismo tiempo morfológicamente central y socialmente marginado el que debe ser reconquistado como centro por el nuevo orden urbano capitalista por medio de una “rehabilitación" que no consiste en otra cosa que en una sustitución de las viviendas degradadas, habitadas por la cara más oscura de la modernización qatarí, por nuevos enclaves más adecuados para el diseño futuro de Doha. Y como primeros actores en esta nueva escena empiezan a erguirse complejos como el Doha Oasis, que albergará nuevas viviendas, un hotel y áreas comerciales y de recreo, o el megaproyecto Msheireb Downtown Doha, en manos de una única promotora –Msheireb Properties- encargada de la “reconstrucción” de más de 30 hectáreas del distrito. Todo ello sobre los restos todavía visibles de las antiguas casas en otro momento habitadas por vecinos ahora considerados indignos de participar en la función ni siquiera en tanto que figurantes.

Hablamos, por tanto, de una fragmentación espacial que debe ser entendida como aspecto territorial del conjunto de procesos de exclusión social que está conociendo la capital qatarí, un mecanismo de segregación, exclusión y ocultamiento de una parte de sus habitantes, víctimas de una injusticia que es al mismo tiempo social y espacial.

(*) Marta Contijoch es investigadora del OACU (Universitat de Barcelona). Desarrolla su trabajo de campo en Doha, Qatar, a propósito de las dinámicas de automovilización y la implementación del metro en la capital qatarí. Es coautora de los libros La Nit de Sant Joan a Barcelona (Angle Editorial, 2016), y La llum dels carrers (Pol·len, 2016) y autora de "Movilidades excluyentes: Automovilización y utopía capitalista en Doha, Qatar", Working Paper Series. Contested Cities, Serie (IV-5B) (2016).

Fuente: El País

jueves, 22 de diciembre de 2011

EL MUSEO DE QATAR DEDICA UNA EXPOSICIÓN AL ARTISTA CHINO CAI GUO-QIANG



El Museo Árabe de Arte Moderno de Catar (Mathaf) dedica su primera exposición individual a Cai Guo-Qiang, que ofrece medio centenar de creaciones entre dibujos, instalaciones, videos, y sus ya famosas pinturas a base de pólvora quemada. La muestra se titula ‘Saraab’ (espejismo, en árabe), y es el primer paso en el plan ideado por el Mathaf para “fomentar el trabajo de artistas no occidentales".

"Esta exposición es el mejor ejemplo de nuestro compromiso para convertir al Mathaf en una incubadora de ideas”, explica Wassan Al-Khudhairi, director de un museo que se inauguró en diciembre de 2010 con más de 6.000 obras de los últimos 170 años. Cai Guo-Qiang, que participó activamente en el diseño de los fastos de los Juegos Olímpicos de Pekín, se ha hecho mundialmente famoso por sus alegorías de una sociedad atrapada en la disyuntiva entre la cultura del pasado y la ideología maoísta.

Para el Museo de Catar, Cai ha creado 16 piezas completamente nuevas que se inspiran en la arquitectura islámica, los paisajes del desierto, la caligrafía, la navegación, la cerámica y los animales. Además, nueve videos documentan el desarrollo de algunos de esos trabajos, desde que los concibe hasta que remata su elaboración.

"Esta exposición me dio la oportunidad de entender lo que explican las inscripciones en árabe que encuentro en lápidas y estelas de Quanzhou, mi lugar de nacimiento”. Y es que Cai nació en una ciudad mundialmente conocida por haber sido uno de los puertos más importantes de China, y lugar de salida hacia la histórica Ruta de la Seda. "Mi viaje creativo comenzó con esas inscripciones, y concluyó en un intento de conectar la historia y la cultura de mi ciudad natal con la historia árabe, y la cultura de Catar”.

Cai, que considera indispensable la destrucción para que sea posible la construcción, explora el mundo de lo efímero para reflexionar sobre la espontaneidad y el azar como orígenes del Arte. Es por eso que utiliza pólvora en muchas de sus obras, que quema para dejar su impronta sobre el material base. Según explica, es una persona "excesivamente racional" que desde el inicio de su carrera recurrió a la pólvora por la sensación de "falta de control" que confiere cuando la esparce sobre el lienzo para luego prenderle fuego.

‘Saraab’, que permanecerá en el Mathaf hasta el 26 de mayo, ayudará a "fomentar el diálogo y el intercambio cultural” entre los Emiratos Árabes y China, según Hassan ben Mohamed Ali Al-Thani, presidente de la institución catarí encargada de administrar sus museos. De esa manera, "Cai Guo-Qiang contribuirá a consolidar las relaciones entre ambos países en el nuevo contexto de la globalización".

Fuente: http://www.noticiasarteseleccion.com/