miércoles, 22 de julio de 2026

DECLARACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE GRECIA (KKE) CON MOTIVO DEL 80 ANIVERARIO DEL INICIO DE LA LUCHA DEL EJÉRCITO DEMOCRÁTICO DE GRECIA

 

El Comité Central del KKE, el Partido y la KNE celebramos este año el 80.o aniversario de la fundación del Ejército Democrático de Grecia (DSE).

En 1946 tuvieron lugar acontecimientos importantes directamente relacionados con la fundación del DSE, como:

  • La 2.ª Sesión Plenaria del Comité Central del KKE (12-15 de febrero de 1946), que se celebró justo un año después de la firma del Acuerdo de Várkiza (12 de febrero de 1945).
  • La 2.ª Sesión Plenaria, aunque con contradicciones y retrasos, fue la que decidió llevar a cabo la lucha armada.
  • El ataque de un grupo de combatientes perseguidos a la comisaría de Litójoro la noche del 30 al 31 de marzo de 1946, el mismo día de las elecciones parlamentarias.
  • La constitución del Cuartel General de los Guerrilleros (28 de octubre de 1946), que se considera como la fecha de fundación del DSE.
  • El cambio de nombre oficial se hizo el 27 de diciembre de 1946, con la publicación de la Orden del Cuartel General de los Guerrilleros, que estableció “el nombre de los Cuerpos de los Guerrilleros como EJÉRCITO DEMOCRÁTICO DE GRECIA”.
Las condiciones actuales en las que se libra la lucha de clases

En el 80.º aniversario del DSE, el KKE sigue luchando con firmeza y determinación por los intereses de la clase obrera, los campesinos pobres, los trabajadores autónomos de la ciudad, las mujeres y los jóvenes de las familias obreras y populares, por el reagrupamiento del movimiento obrero y popular, la formación de la alianza social y la organización de su lucha con el objetivo de liberarse del poder capitalista explotador, conquistar el poder obrero, el socialismo-comunismo. Este es el único camino realista para hacer frente al nuevo ciclo de medidas antipopulares que trae la política motivada por el lucro capitalista, la economía de guerra y la implicación en las guerras imperialistas.

Hoy en día, la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo se agudiza objetivamente, y se amplía la brecha entre la riqueza de los monopolios y la situación de las fuerzas obreras y populares que producen esa riqueza. Se refuerza la tendencia al empobrecimiento relativo y absoluto de la clase obrera mediante formas antiguas y nuevas: el trabajo estacional y a tiempo parcial, el pluriempleo y el desempleo de larga duración y las jornadas de 13 horas. La Inteligencia Artificial y otros avances científicos forjan nuevas cadenas para las fuerzas obreras y populares, permaneciendo sometidos a la propiedad capitalista, mientras que, objetivamente, encierran posibilidades sin precedentes de reducir la jornada laboral general y obligatoria, satisfaciendo al mismo tiempo de manera efectiva las necesidades sociales contemporáneas. 

El capital sobreacumulado, a pesar de las medidas de intensificación de la explotación, no encuentra una salida suficiente para generar beneficios, lo que hace que se avecine una nueva crisis económica aún más profunda, cuyas raíces se encuentran en las contradicciones inherentes al capitalismo. En el terreno del desarrollo capitalista desigual y la consiguiente desigualdad en las relaciones entre los Estados capitalistas se producen importantes reajustes, se intensifican las contradicciones interimperialistas y surgen nuevos focos de conflictos bélicos, que siembran muerte y exilio. Se hace más aparente la posibilidad de un nuevo conflicto imperialista generalizado como resultado de las rivalidades interimperialistas por el control y el reparto de mercados y esferas de influencia, las materias primas y los recursos energéticos, las rutas de transporte de energía y mercancías, como un nuevo punto de partida para una reproducción ampliada del capital después de que se haya intentado devaluarlo de manera controlada.

En el contexto de la rivalidad entre EE.UU. y China por el liderazgo en el sistema imperialista internacional, y junto a la guerra imperialista en Ucrania y Oriente Medio, están surgiendo nuevos focos de conflicto en todos los continentes y los puntos calientes se están convirtiendo en focos de guerra. Esto queda demostrado por la intervención imperialista de EE.UU. en Venezuela, para hacerse con los yacimientos de petróleo, gas natural, tierras raras y materias primas valiosas, en contraposición a Rusia y China, que, en defensa de sus propios intereses, buscan consolidar su presencia en América Latina. Esto demuestran las amenazas del imperialismo estadounidense y de Israel, y los preparativos bélicos para un nuevo ataque contra Irán.

Al mismo tiempo, se agudizan las contradicciones dentro de los dos bloques imperialistas: el euroatlántico, en el que participan los Estados miembros de la OTAN y de la UE, y el euroasiático, aún en formación, liderado por China y Rusia. Se forman y se reorganizan alianzas, sin que eso anule la tendencia a la generalización de la guerra imperialista. 

Al mismo tiempo, las condiciones creadas por el retroceso histórico de la contrarrevolución que prevaleció en el período 1989-1991, así como la prolongada y profunda crisis del Movimiento Comunista Internacional, plantean dificultades adicionales a la organización de la lucha. Los viejos métodos de manipulación de las fuerzas obreras y populares por parte de la socialdemocracia (empresas estatales ampliadas con relaciones laborales relativamente estables, una intervención económica y social más amplia del Estado capitalista, etc.) también son defendidas por partidos de orientación comunista que participan en gobiernos de gestión burguesa, o los apoyan, o por el Partido Comunista de China, que forma parte de las potencias dirigentes del capitalismo. Con esta postura, se convierten en el centro de nuevas confusiones, desviaciones y oportunismo en el movimiento comunista internacional, con el resultado de que cualquier revuelo o brote de las fuerzas obreras y populares no vaya acompañado de la toma de conciencia de los callejones sin salida históricos del capitalismo y de su carácter históricamente obsoleto.

En esta correlación de fuerzas política a escala mundial, desfavorable para el movimiento comunista y los pueblos, y ante el futuro sombrío que traen los planes y las rivalidades de los Estados capitalistas y las alianzas imperialistas, el KKE es un pilar y una esperanza para las fuerzas obreras y populares, e ilumina la perspectiva de su lucha victoriosa por el socialismo y el comunismo. Ha librado y sigue librando duras batallas sociales y políticas, se ha reagrupado ideológica, política y organizativamente, ha configurado una estrategia revolucionaria contemporánea y ha reforzado sus características comunistas. Armado con las resoluciones de su 22.º Congreso, plantea hoy como objetivo adaptarse en toda su escala y a un ritmo más rápido y eficaz a su Programa revolucionario y sus Estatutos, para estar listo para cualquier prueba y desafío de la lucha de clases.

La gran huella histórica del DSE

El hecho de que hoy el KKE plantea el objetivo de responder al llamamiento de la historia por el socialismo se debe, en gran medida, a sus profundas raíces en las fuerzas obreras y populares y en sus luchas. Dichas raíces históricas se remontan a los duros y sangrientos enfrentamientos de clase del periodo de entreguerras, a la heroica lucha y a los sacrificios de los comunistas a lo largo de toda la década de 1940, entre los que ocupan un lugar destacado los y las que perdieron la vida en las montañas, en los pelotones de fusilamiento (Goudi, Pavlos Melas, Eptapirgio, etc.), en las cárceles (de Corfú, Egina, Acronafplia, Itzedin, etc.), en los campos de concentración (Makronisos, Giaros, etc.) y en los lugares de exilio (Agios Stratis, Ikaria, etc.).

Todas esas luchas, sobre todo la lucha armada de clase del DSE, fueron un factor de gran fuerza y de toma de conciencia de la responsabilidad comunista. Desempeñaron un papel especial para que el KKE se mantuviera firme frente a la contrarrevolución y lograra conservar su continuidad histórica frente al ataque de desintegración del oportunismo fraccionista que se había unido a las fuerzas socialdemócratas en el marco de la Coalición de la Izquierda y el Progreso. Siguen siendo un poderoso recurso y una guía para el decisivo giro actual y el salto cualitativo que persigue el KKE en su organización y su acción.

Al mismo tiempo, nuestro Partido está convencido de que el verdadero y supremo honor a la historia del DSE y, en general, de su heroica trayectoria de más de cien años como Partido Comunista, está indisolublemente ligado a la extracción de lecciones que fortalezcan la lucha de clases hoy en día, la lucha por el socialismo - comunismo, y se requiere un estudio crítico de la historia de la lucha de clases, en contraposición tanto a la discusión derrotista de los errores como al embellecimiento oportunista, que niegan por igual la necesidad de extraer conclusiones del pasado histórico en base clasista. 

El estudio de la historia del KKE y del Movimiento Comunista Internacional, la extracción de conclusiones de la estrategia del Movimiento Comunista Internacional y de la contrarrevolución ha sido para nuestro Partido un recurso valioso para la configuración de su estrategia revolucionaria contemporánea. El estudio histórico se realiza sobre la base del análisis científico de la realidad capitalista concreta, pero también de la existencia en aquel momento de los países en proceso de construcción socialista, de la correlación internacional de fuerzas, en cuyo marco se desarrollaron los acontecimientos históricos y la acción del KKE. Guiados por un enfoque objetivo y materialista de la historia y una orientación absoluta hacia la relación dialéctica entre la cientificidad y el clasismo, nuestro Partido puede evitar el escollo de la crítica desde la seguridad de la distancia, dada también la distancia temporal respecto a los acontecimientos de la época, teniendo en cuenta el conjunto de factores que los configuraron.

El KKE, sin subestimar las condiciones objetivas, se centra en las debilidades del factor subjetivo que influyeron negativamente en el resultado de la lucha del DSE, y no embellece su política ni la del Movimiento Comunista Internacional. Al mismo tiempo, se enfrenta con determinación al intento burgués, bien orquestado, de difamar la historia y la lucha del DSE y, en general, de reescribir la historia de la gran década de los años cuarenta, cuando las masas obreras y populares irrumpieron con fuerza en el primer plano de la historia, amenazando objetivamente la propia existencia del poder capitalista.

Los que hoy intentan desacreditar la lucha armada de las fuerzas obreras y populares contra el poder capitalista y sus aliados internacionales, así como los que tratan de condenar hipócritamente la violencia “venga de donde venga”, no solo están tergiversando la realidad histórica sino que intentan convencer a la clase obrera y a sus aliados de que no hay futuro más allá de la brutal realidad capitalista de la explotación clasista y la ruina de los agricultores, ganaderos, pescadores y trabajadores autónomos, ni de la cruda realidad de las crisis económicas y las guerras, la pobreza y el desarraigo de refugiados. Son los que se están preparando para arrastrar de nuevo a los pueblos a nuevas matanzas imperialistas a través del  embellecimiento del capitalismo y el fomento de falsas ilusiones sobre la posibilidad de reconfigurarlo a favor de las fuerzas obreras y populares. Lo que les molesta no es la violencia que es inseparable de la explotación clasista, sino el hecho de que la lucha armada del DSE “rompió” el monopolio de la violencia del Estado capitalista. El Estado capitalista es lo que ejerce diariamente violencia contra las luchas de los trabajadores, los campesinos pobres y los jóvenes.

El momento culminante de la lucha de clases

La lucha del DSE, que duró tres años, fue justa y necesaria. Bajo la dirección del KKE, expresó los intereses de la clase obrera y de sus  aliados básicos: los campesinos pobres y los trabajadores autónomos pobres de las ciudades.

El DSE fue el resultado del duro conflicto clasista que tenía sus raíces en la situación revolucionaria que se configuró tras la liberación de Grecia de la triple ocupación fascista, gracias a la acción decisiva del EAM-ELAS, bajo la dirección del KKE. Se oponía a la burguesía griega que entonces conoció el mayor peligro contra su predominio, que contaba con el apoyo del conjunto de las fuerzas políticas burguesas (“de derechas” y “del centro”) en alianza con los Estados capitalistas de Gran Bretaña y EE.UU. La prevalencia del DSE habría significado objetivamente el derrocamiento del poder capitalista, mientras que sin el refuerzo militar, económico y político de sus aliados extranjeros, la burguesía griega no habría podido vencer.

Después de la Liberación se intensificó la dura confrontación de clases armada que existía antes de los años de la Ocupación, que o bien llevaría al derrocamiento del poder capitalista con el consiguiente aislamiento de sus apoyos extranjeros, o bien a la derrota de las fuerzas obreras y populares, al choque decisivo contra el KKE y al reorganización del poder capitalista. No había otro camino. Esta conclusión clave no se ha anulado sino que se ha confirmado por la participación equivocada del KKE y del EAM en el gobierno de “Unidad Nacional” de la posguerra (septiembre de 1944).

Las condiciones de la Grecia de la posguerra, las que dieron lugar al DSE, son la prueba más fuerte de que las condiciones sociales no se ajustan a las fabricaciones ideológicas sobre el “consenso nacional” y de la abolición de las líneas de clase divisorias.

La estrategia de las fuerzas capitalistas nacionales y extranjeras fue predeterminada. En base al hecho de que el poder capitalista se vio amenazado, su objetivo fue aniquilar a toda costa al KKE y EAM-ELAS que, a pesar de la derrota militar de diciembre de 1944 en Atenas, mantenían su influencia sobre gran parte de la población en todo el país. Por el contrario, las fuerzas políticas burguesas nacionales no habían recuperado el prestigio político necesario para el sistema, ya fuera por su colaboración con los ocupantes o por su huida al extranjero y su ausencia en la lucha de liberación nacional. Al mismo tiempo, la reactivación de los mecanismos del Estado capitalista avanzaba lentamente y, en su seno, seguían actuando miembros y cuadros del KKE y del EAM, que se convirtieron en blanco de la represión burguesa en el período siguiente.

La clase burguesa pretendía erradicar de la conciencia del pueblo griego cualquier dinámica de radicalismo que se hubiera forjado durante los años de la Ocupación:

  • La lucha del EAM, bajo la dirección del KKE.
  • La acción de vanguardia de los Partidos Comunistas que desempeñaron un papel destacado en los frentes de resistencia en todos los países ocupados por el Eje fascista.
  • El papel decisivo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que aportó más de 25 millones de muertos y 10 millones de heridos y discapacitados a la derrota del Eje.

Para lograr la reorganización y la reconstrucción posguerra de su poder, la burguesía griega consideró necesario adoptar las siguientes medidas:

  • Las persecuciones (asesinatos, cárceles, exilios, torturas) contra los comunistas y otros miembros del EAM y del ELAS, que obligaron a miles a refugiarse en las montañas y a otros a tomar el camino del exilio político (Bulkes).
  • La absolución y la integración orgánica de los miembros de los “batallones de seguridad” y del resto de organizaciones colaboracionistas en los mecanismos administrativos armados del Estado.
  • La presencia de miles de soldados del ejército británico en Grecia.

Todo lo anterior formaba parte de los aspectos y condiciones previas de la preparación de las fuerzas burguesas para el enfrentamiento con las fuerzas obreras y populares y para su predominio final.

Sin embargo, el KKE seguía reivindicando la “normalidad democrática”, atrapado en la estrategia que había llevado a la decisión de subordinar el ELAS al Cuartel General Británico de Oriente Medio (julio de 1943), a los inaceptables Acuerdos del Líbano (mayo de 1944) y de Caserta (septiembre de 1944) y, tras la derrota militar de diciembre en Atenas, a la firma del igualmente inaceptable Acuerdo de Varkiza (febrero de 1945). Sin embargo, la cruda realidad de la lucha de clases iba invalidando esas decisiones políticas.

Un año después del Acuerdo de Varkiza, la situación se había vuelto en contra del KKE y del movimiento del EAM: 1.289 asesinatos, 6.671 heridos, 31.632 casos de tortura, 18.767 saqueos y encarcelamientos, 84.931 detenciones, 509 intentos de asesinato, 265 violaciones de mujeres. Las bandas de Surlas, de Bandouvados, Katsareas, Manganas, de Tsaus Anton, de la organización “X” de G. Grivas y de decenas más por toda Grecia, colaboradores de los ocupantes y  asesinos a sueldo, desarrollaban sus actividades bajo la protección de los partidos políticos burgueses y los mecanismos estatales con la ayuda del ejército británico.

Por todas estas razones, la afirmación de que la aplicación del Acuerdo de Varkiza podría haber conducido a Grecia esencialmente a una evolución democrática pacífica es una abstracción utópica. Parte de esta afirmación infundada y malintencionada es también el argumento de las fuerzas burguesas y oportunistas de que se habría evitado el terrorismo burgués si el KKE y el EAM hubieran tomado parte en las elecciones parlamentarias del 31 de marzo de 1946.

Las elecciones de marzo de 1946, que se celebraron con censos electorales amañados, tenían como único objetivo -al igual que las sucesivas elecciones parlamentarias burguesas que vinieron después- blindar y fortalecer el poder capitalista.

En aquel entonces, esto significaba la reorganización del Estado capitalista y la continuación y la intensificación de la represión contra el movimiento obrero y popular bajo el manto de la legitimidad parlamentaria burguesa. Una prueba evidente de ello es que, tras las elecciones, la represión estatal se intensificó aún más mediante el Tercer Decreto “Sobre medidas extraordinarias de orden público y seguridad”. Además, tras el referéndum ilegítimo del 1 de septiembre de 1946 sobre el regreso del rey, y a pesar de la postura contradictoria y la participación del KKE y del EAM en el mismo, se promulgó el Decreto 509/1947 “Sobre la difusión de ideas que tuvieran como objetivo el derrocamiento del sistema social vigente”, entre otras cosas. Como consecuencia, miles de comunistas y otros luchadores de vanguardia se llevaron a las cárceles, al exilio y ante el pelotón de fusilamiento.

La participación del KKE y del EAM en las elecciones de 1946 habría supuesto una "legitimación” de esa situación profundamente antipopular y habría alimentado la falsa esperanza de que, a través de las elecciones, se pudiera derribar la estrategia ya trazada por las fuerzas capitalistas nacionales y extranjeras para aplastar al KKE y al EAM. Habría diezmado sin lucha al movimiento obrero y popular. El verdadero dilema al que se enfrentaba el pueblo era “sumisión u organización de la lucha y contraataque”. Hay que reconocer que el movimiento obrero y popular, bajo la dirección del KKE, aunque con retraso, eligió el segundo camino y fundó el DSE.

La fundación del DSE demostró que las decisiones equivocadas del KKE en el período anterior no se debían a una intención de transigir con el adversario de clase ni de integrarse en el poder capitalista. El KKE, al fundar el DSE, salvó su honor y el honor del pueblo, y escribió la página más brillante de la historia de la lucha de clases en nuestro país.

DSE: Multitudinarias fuerzas obreras y populares bajo la dirección del KKE

Al formar el DSE, el KKE actuó como un partido combativo que encabezó la lucha de clases armada, algo que quedó patente con el sacrificio de miles de sus miembros y dirigentes. Entre ellos se encontraban los miembros del Comité Central que fueron asesinados, ejecutados o cayeron en combate: Spiros Kalodikis, Adam Mouzenidis, Ilias Kiapes, Stefanos Giouzelis, Stergios Anastasiadis, Aristos Vasiliadis, Vasilis Markezinis, Kostas Farmakis, Vangelis Kavvadias, Giorgis Tsitilos, Nikos Arabatzis, Mitsos Paparigas, Giorgis Dimitriou y Giannis Zevgos.

Durante la lucha del DSE, el KKE demostró que podía funcionar incluso en las condiciones más adversas. A pesar del ataque frontal de la burguesía nacional y de las dificultades objetivas de comunicación, el Buró Político, el Comité Central y otros órganos del Partido siguieron reuniéndose; se celebraban asambleas de las organizaciones del Partido incluso durante las pausas entre combates, mientras los comunistas reclutaban a nuevos miembros.

Al contrario de lo que ha afirmado hasta ahora la propaganda burguesa, el DSE fue parte integrante del movimiento obrero y popular. Su fundación y su épica trayectoria habrían sido imposibles sin el apoyo decisivo y multifacético de las fuerzas obreras y populares, sobre todo en las zonas de la Grecia Libre. Las masas populares pobres fueron las que entregaron al DSE todo tipo de ayuda, mano de obra, comida y ropa, y ayudaron a construir fortificaciones, a recabar información y a organizar la Milicia Popular.

El DSE y las instituciones de origen popular que organizaban la vida socio-política en los territorios donde prevaleció (Consejos Populares, Milicia Popular, Justicia Popular) fueron el pilar que permitió al factor obrero y popular desarrollar la fuerza necesaria para hacer frente a sus numerosos problemas. Según las “Disposiciones Constitucionales para la Grecia Libre”, publicadas inicialmente por el Cuartel General de los Guerrilleros y que luego fueron incorporadas a la legislación del Gobierno Democrático Provisional, se impulsó la creación de Consejos Populares -cuyos miembros eran elegidos por toda la población adulta y podían ser destituidos, así como la elección y el funcionamiento de los Tribunales Populares. Además, se definieron las competencias de la Milicia Popular, se estableció la educación obligatoria y gratuita de seis años y se adoptó la demótica como lengua oficial. Se proclamó la igualdad entre hombres y mujeres y se reconocieron los derechos de las minorías étnicas y lingüísticas.

Los Consejos Populares no solo respondieron a las necesidades urgentes del conflicto bélico, sino que también tomaron la iniciativa en la creación de dispensarios y escuelas populares (en los territorios de Arcadia liberados por el DSE se llegó incluso a crear una Escuela Popular con el objetivo de formar a los maestros de las escuelas populares). Contribuyeron a la organización y distribución de la producción, a la protección de la vida y los bienes de los habitantes de las zonas liberadas, a su educación y desarrollo cultural. Contribuyeron a la protección de sus hijos, salvándolos de los bombardeos y la esclavitud.

Como resultado, las instituciones surgidas del pueblo, que se basaron también en la experiencia de las zonas liberadas por el ELAS durante los años de la triple ocupación fascista, crearon las condiciones para que se forjaran vínculos profundos e inquebrantables entre el DSE y las fuerzas obreras y populares de las zonas liberadas, ya que el DSE protegía sus intereses y logros, y ellas lo apoyaban con todos los medios a su alcance. Por eso, el Estado burgués procedió al traslado forzoso de cientos de miles de personas de sus pueblos, a quienes, farisaicamente llamó “afectados por la guerrilla”, con el fin de aislar al DSE de sus principales fuentes de fuerza. 

La lucha del DSE fue heroica y grandiosa. Se desarrolló en un contexto de enfrentamiento de clases desigual. Esto hace que su valor y el legado que dejó a la historia del movimiento revolucionario y al KKE sean aún mayores, ya que, aunque fue derrotado militarmente por el Estado capitalista y sus aliados internacionales, no lo fue moral ni políticamente en la conciencia de las fuerzas obreras y populares.

Esa fue precisamente la razón por la que, a pesar de la derrota militar del DSE y de la ilegalidad del Partido, el movimiento obrero y popular ni se sometió ni se desarticuló.

El KKE está orgulloso del ejército de héroes que formó. Miles de comunistas, hombres y mujeres, y muchas otras personas no miembros del Partido, dieron todas sus fuerzas para que la epopeya del DSE cobrara vida, luchando y caminando día y noche, a menudo sin comida, muchos de ellos descalzos, entre el hielo y las tormentas. El KKE rinde homenaje a todos y todas los que lucharon heroicamente en Grammos y Vitsi, en Epiro y Tesalia, en Rumeli y el Peloponeso, en Macedonia y Tracia, en Creta, en las islas del mar Jónico y del mar Egeo, en todos los lugares donde “el Olimpo volvió a resonar”.

La lucha y la abnegación de decenas de miles de hombres y mujeres combatientes del DSE que perdieron la vida, de los heridos, los presos y exiliados por su participación en sus filas, y de todos aquellos que honraron las armas de su lucha tanto en Grecia como en el exilio político, educan, enseñan y forman a nivel moral y político. En su mayoría eran jóvenes, organizados en la Juventud Democrática de Grecia (DNE) y en la Organización Panhelénica Unida de la Juventud (EPON), que constituían aproximadamente el 80 % de la fuerza total del DSE.

El DSE era un ejército popular revolucionario. Se basó en la experiencia organizativa y bélica de la lucha del ELAS durante la Ocupación y en el decisivo enfrentamiento de clases de diciembre de 1944, que habían dejado un gran legado de lucha en la conciencia popular, en las formas de organización y de lucha. En contraposición al ejército burgués, una característica distintiva del DSE era su lucha por la causa justa del pueblo, la abnegación y la disciplina consciente. Combinaba la aplicación combativa de las órdenes con la democracia de las asambleas en sus distintos niveles, donde los de rangos inferiores criticaban a los superiores y viceversa, y se evaluaban las operaciones bélicas con un espíritu de autocrítica.

El DSE, a través de sus Escuelas de Oficiales, convirtió a miles de luchadores populares de vanguardia en líderes militares de todos los rangos, como: Yiannis Alexandrou (Diamantis), Charilaos Florakis (Giotis), Nikos Triantafyllou, Stefanos Giouzelis, Panos Zaras, Kostas Karagiorgis, Yiannis Podias, Kostas Koligiannis (Arvanitis), Thanasis Genios (Lassanis), Pantelis Vainas, Giorgos Iliadis (Sofianos), Nikos Theocharopoulos (Skotidas), Sarantis Protopapas (Kikitsas), Tasos Petsas, Romas Petsos, Giorgis Vogias (Kartsotis), Antonis Angeloulis (Vratsanos), Kosmas Spanos (Amintas), Thomas Palas (Koziakas), Dimitris Giannakouras (Perdikas), Polychronis Vais (Aquiles Petritis), Ilias Alevras, Kostas Xideas, Michalis Papadamos (Fereos), Manolis Stathakis, Aristos Kamarinos, Kostas Tsolakis, Thimios Kapsis (Anapodos), Giorgos Giannoulis, Nakos Belis, Giorgos Georgiadis, Fotis Sgouros, Gerasimos Grigoratos (Astrapogiannos).

Junto a los líderes militares de origen popular que contribuyeron a su desarrollo y a su capacidad de combate, también sirvieron en el DSE oficiales procedentes del ejército burgués, que se pusieron decididamente del lado de las fuerzas obreras y populares, como: Yannis Malagaris, Giorgos Samaridis (Logothetis), Yannis Kilismanis, Stefanos Papagiannis, Kostas Kanellopoulos, Pavlos Tompoulidis, Nikos Terzoglou (Piravlos), Theodoros Kallinos (Amarbeis), Kostas Basakidis, Christos Stefopoulos, Dimitris Tsitsipis, Theodosis Zervas, Vasilis Venetsanopoulos, Giorgos Kallianesis (Messinis), Yiannis Manias, Dimitris Koukouras, Thimios Zoulas, Giorgos Katemis, Kostas Antonopoulos (Kronos), Alekos Papageorgiou, Giorgos Kontalonis.

Junto a ellos también actuaron miembros de otros mecanismos represivos del Estado burgués que pasaron al bando del movimiento obrero y popular, como los ex oficiales de la Policía de la ciudad Christos Papanastasiou, Stratos Lambrinakos y Giorgis Karakatsanis (Koskinas o Koskinis), el sargento Dimitris Kyknas, el agente Michalis Kostopoulos, el sargento de la Gendarmería Griega Kostas Tolias, mientras que los oficiales de la Policía de la ciudad y de la Gendarmería Yiannis Palavos y Thomas Venetsanopoulos, respectivamente, sufrieron largos procesos judiciales por su acción en las ciudades, al igual que el ex agente de policía Polivios Koutsogiorgas y el agente de la Gendarmería Panagiotis Vazouras.

El acercamiento de oficiales burgueses y otros antiguos miembros de los mecanismos represivos burgueses al movimiento obrero y popular por parte fue, en algunos casos, el resultado del trabajo sistemático de los comunistas en el ejército durante el periodo de entreguerras, que dio sus frutos en el marco de la Resistencia del EAM y de la lucha del ELAS, y después reforzó la lucha del DSE. La heroica acción previa del KKE creó las condiciones para que muchos reclutas del ejército burgués se pasaran a las filas del DSE.

También fue muy importante la contribución de quienes actuaron en las ciudades contra el terrorismo del Estado burgués y para proteger a los luchadores populares, ayudándolos a escapar hacia los campos de batalla.

Entre las decenas de miles de combatientes del DSE también había gente del mundo de las ciencias, las letras y las artes, como los escritores Dimitris Hatzis, Fotis Angoules, Giorgis Sevastikoglou, Takis Adamos, Giorgis Lambrinos, Dimitris Ravanis-Rentis, Mitsos Alexandropoulos, Alexis Parnis, Nikos Kitopoulos, Kostas Pournaras (Bosis), Anthos Filitas (Anthimos Hatzanthimou), Vasilis Pigis, Nikos Papandreou, el historiador Giorgis Zoidis, el director Manos Zacharias, el operador de cámara y fotógrafo Apostolos Mousouris, el fotógrafo Fotis Matsakas, los actores Yiannis Veakis y Antonis Giannidis, los artistas plásticos Giorgos Dimou, Giorgos Goulas, entre otros.

Desde el extranjero, apoyaron al DSE el escultor Memos Makris, la grabadora Zizi Makri, el filólogo Giorgis Athanasiadis, los escritores Elli Alexiou, Melpo Axioti, Theodosis Pieridis, Elli Lambridi, Thrasos Kastanakis y muchos más.

Del lado del DSE estaban, procedentes de todos los ámbitos -como el del exilio, las cárceles, las persecuciones u otros-, el compositor Mikis Theodorakis, varios escritores y poetas, como Yannis Ritsos, Kostas Varnalis, Angelos Sikelianos, Tasos Leivaditis, Themos Kornaros, Kostas Giannopoulos, Nikiforos Vrettakos, Manolis Anagnostakis, Titos Patrikios, Victoria Theodorou, Dido Sotiriou, Andreas Fragias, Michalis Katsaros, Stratis Doukas, Giorgos Kotzioulas, Menelaos Loudemis, Nikos Karouzos, Nikos Kavvadias, Giorgos Valetas, Kostas Kalatzis (de Tesalia), Alki Zei, Galatea Kazantzakis, el grabador A. Tassos, los artistas Giorgis Farsakidis, Giannis Stefanidis, Valias Semertzidis, Vasilis Armaos, Dimitris Gioldasis, Thomas Molos, Christos Daglis, Vasilis Vlasidis, Vaso Katraki, Katerina Chariati-Sismani, el crítico musical Fivos Anogeianakis, el compositor Alekos Xenos, el director de cine Nikos Koundouros, el profesor universitario Yiannis Imvriotis, la pedagoga Rosa Imvrioti, el crítico de arte Markos Avgeris, los historiadores Yannis Kordatos y Dimitris Fotiadis, los actores Manos Katrakis, Aleka Paizi, Tzavalas Karousos, Titos Vandis, Aspasia Papathanasiou, Olimpia Papadouka, Malena Anousaki, María Foka, Argiro Vokovits y Kaiti Dirindaoua, Taygeti, Nikos Fermas, Giorgos  Giolasis, Kostas Baladimas, la actriz y escritora Zorz Sari, el letrista Kostas Virvos, el compositor Theodoros Derveniotis y muchos otros.

Además, miles de luchadores, tanto en las cárceles como en los campos de concentración, respondieron al llamado de la época, escribiendo poemas o expresando la lucha del pueblo a través de la pintura y los bocetos. La lucha del DSE inspiró también a poetas extranjeros de renombre mundial, como Nazim Hikmet, Pablo Neruda, Paul Éluard y otros.

El trabajo ideológico y político durante la dura confrontación de clases

Un factor decisivo en el funcionamiento del DSE, en la motivación de sus combatientes, en su formación y en su actitud política hacia la población civil, pero también hacia los soldados del ejército burgués, fue el papel de los Comisionados Políticos. A modo de ejemplo, cabe mencionar a: Nikos Beloyiannis, Giannis Salas, Vangelis Rogakos, Giorgis Erithriadis (Petris), Mitsos Vamvakas, Leonidas Strigos, Nikos Kanakaridis (Lambros), Kostas Loules, Kostas Laoutaris, Giorgos Klainos, Nionios Traiforos, Panagiotis Yfantis (Heracles), Kostas Karkanis (Takis), Nikos Kliafas, Petros Iosifidis, Sonia Eleftheriadou, Roidis Michalakis, Kátina - Tsveta Andreopoulou, Eleftheria Ioannidou, Kosmas Boukovinas, Lidia Kalaitzidou, Aspasia Daskalopoulou, Antonis Antoniadis (Simos), Aristides Theocharis, Chrisoula Gogoglou, Yanna Trikalinou, Manolis Fragiadakis, María Veliou (Paraskevoula), Dimitris Kirlas, Melpómene Dimanopoulou, Athanasía Kalaitzidou, Stergios Prattos.

En general, el trabajo ideológico y político en el DSE se convirtió en un pilar fundamental del objetivo militar y político, fortaleció a los hombres y mujeres combatientes, e hizo posible su épica lucha de tres años.

Fue especialmente importante la actividad editorial en las filas del DSE, que incluía las publicaciones: “Exórmisi”, “Pros ti Niki”, “Democráticos Stratos», “Neos Machitis”, “Agrotikos Agonas”, “Machitria”, “Agonistria”, “Partizana”, entre otras. Además de la imprenta central del DSE, cada cuartel general de división editaba un boletín diario de noticias y su propio periódico. Se publicaban periódicos específicos en la lengua de los eslavófonos, pero también de los musulmanes de Tracia.

En esa misma época, se publicaban de forma clandestina: en Atenas y en el Pireo, el “Rizospastis”; en Tesalónica, “Laiki Foni”; en Volos, “Lefteria”; y en Larisa, “Laiki Foni”. También circulaban periódicos clandestinos de partidos en otras zonas, como el “Morias” en el Peloponeso, “Gkinaioi” en Samos, etc. Además, se creó la editorial “Grecia Libre”, que publicó cientos de libros en miles de ejemplares.

Desde julio de 1947, la emisora de radio “Grecia Libre” emitía primero desde Belgrado y luego desde Bucarest, con Afrodita Nodara (Eleni Makri) como responsable del Partido, y con los redactores Giorgis Angourakis (Alekos Psiloritis), Periklis Kalodikis, Dimitris Hatzis y Marianna Veaki, y con los locutores Takis Leivadas y Gianna Kalodiki.

La formación se llevó a cabo mediante la lucha contra el analfabetismo (incluso en plena guerra), pero también con clases ideológicas, conferencias y charlas dirigidas a los y las combatientes del DSE, que se centraban en levantar la moral, pero también en informar sobre los acontecimientos políticos del momento y las tareas del DSE. Además, bajo el fuego de las ametralladoras y las explosiones de los proyectiles, se impartían clases sobre el Programa y los Estatutos del KKE.

En los pueblos y ciudades, las unidades del DSE repartían material impreso o lo pegaban en las paredes. Además, las unidades del DSE  utilizaban los altavoces para dirigirse incluso a los soldados del ejército burgués, instándoles a no combatir el pueblo luchador. Siempre que las circunstancias lo permitían, sobre todo en los aniversarios, en las distintas unidades del DSE, pero también en las zonas liberadas, se organizaban veladas de entretenimiento con sketches teatrales, recitales de poesía y canciones. Se había organizado una compañía de teatro y un equipo de rodaje.

Para organizar y llevar a cabo la agitación política, se creó una Oficina de Agitación en el Cuartel General del DSE. En la campaña central de agitación participaron, entre otros, Takis Mamatsis, Panagiotis Mavromatis, Gavrilos Papadópoulos, Zenón Zorzovílis, Parisis Angelidis, Vassos Georgiou, Nikos Simitzis, Paschalis Paschalefski y Apostolos Spilios.

Todo lo anterior explica por qué, entre las pertenencias de los y las combatientes del DSE, a menudo faltaban municiones y comida, pero nunca el periódico o el libro. También explican su resiliencia ante las dificultades sin precedentes de la lucha armada, su alto ánimo, su combatividad, el dominio del arte de la guerra y, en general, su eficacia en el enfrentamiento bélico con las fuerzas superiores y mejor equipadas del ejército burgués, incluso cuando la balanza se había inclinado definitivamente en contra del DSE. 

Las mujeres en el DSE

La participación de las mujeres en las actividades del DSE fue muy importante, ya que representaban aproximadamente una cuarta parte de su fuerza total. Mil veintisiete (1.027) mujeres alcanzaron el rango de oficiales y suboficiales del DSE. A finales de 1948, las mujeres representaban más del 20 % de los miembros de los órganos populares de las zonas liberadas.

En las condiciones de la Grecia de entonces, pero también en general en el mundo capitalista, donde predominaba la idea reaccionaria de la inferioridad del género femenino y donde la desigualdad de la mujer estaba consagrada en las leyes -todavía ni siquiera tenían derecho al voto-, el DSE elevó a la trabajadora y a la joven del pueblo a protagonistas de los acontecimientos políticos, allanando el camino hacia una vida mejor. A ello contribuyó el trabajo específico con las mujeres que se llevaba a cabo en las filas del DSE y que se plasmó en la creación de la “Unión Democrática Panhelénica de Mujeres”, cuya presidenta fue inicialmente Chrisa Hatzivasiliou y, posteriormente, Roula Koukoulou.

Las mujeres del DSE demostraron estar a la altura de sus compañeros de combate. Las combatientes del DSE infundían asombro al ejército brgués masculino, mucho más numeroso y mejor equipado. El “glorioso” ejército griego-británico-estadounidense se sentía humillado cuando las mujeres del DSE, junto con sus compañeros, ganaban batallas y minaban su moral. Sobre todo en los Servicios Sanitarios, una gran parte de los camilleros eran mujeres. A las combatientes de los Servicios Sanitarios que cayeron en acto de servicio se les concedió la condecoración “Electra”. Las mujeres también contribuyeron en la Milicia Popular y en la retaguardia del enemigo, repartiendo panfletos, difundiendo noticias, organizando manifestaciones populares, pero también como enlace o recopilando información.

El DSE puso de relieve a miles de heroínas, ya fueran simples combatientes o incluso con responsabilidades de mando como comandante militar y Comisionada Política. Entre las figuras más brillantes de las mujeres combatientes es imposible destacar a una sola, porque las historias, aparentemente distintas, de sangre, de sacrificio, de fe en los ideales se unen en una sola historia: la de los miles de hombres y mujeres que honraron al KKE, se ingresaron al DSE, vivieron y se sacrificaron heroicamente por el pueblo.

Sus representantes en las montañas y en las ciudades son las heroínas fallecidas del KKE a las que rendimos homenaje: Irini - Mirka Gini, Vangelitsa Kousiantza, Atenea Benekou, Vangelio Kladou, María Boraki, María Lioudaki, Anzuleta Merkouri, Dionisia Grigoratou, Eleni Oikonomou, Iordana Slatnikou, Germania Paikou, Tasia Konstantinidou, Eleni Chroni, Peristera Vlachou, Polixeni Kanonidou, Koula Eleftheriadou, Ismini Sidiropoulou.

El Servicio Sanitario del DSE

La contribución del Servicio Sanitario del DSE en la lucha fue insustituible. Al principio, cuando se organizó, carecía de médicos y personal sanitario, así como de los medios más básicos. Se usaban trapos y camisas a modo de gasas, mientras que el algodón lo aportaba la gente de los pueblos  que lo sacaba de sus almohadas y edredones. Gracias al esfuerzo incansable de los combatientes y simpatizantes del DSE, se construyeron hospitales, el más grande en Skala del monte Gramos, así como en Kaimaktsalan y en la zona de Prespa, en Taigeto, en Vitsi, en Psiana, en Zagori, en Spinasa y en muchas otras zonas. En los hospitales del DSE no solo se atendía a los y las combatientes del DSE, sino también a los habitantes de las zonas liberadas, que en muchos casos nunca antes habían recibido atención sanitaria organizada.

Al mismo tiempo, se intentó paliar, en la medida de lo posible, la falta de personal sanitario mediante la organización de escuelas. De la Escuela de Personal Sanitario de Nivel Medio del DSE se graduaron un total de 152 personas, a las que se les nombró subtenientes del Servicio Sanitario. Más tarde, hubo una nueva promoción con otros 75. De la Escuela de Enfermería se graduaron más de 300 hombres y mujeres. Los médicos y algunos estudiantes de Medicina tuvieron una contribución decisiva en la organización y el funcionamiento del Servicio Sanitario del DSE. Entre ellos se encontraba el profesor de Medicina Petros Kokkalis, el epidemiólogo Christos Damkas, los médicos Giorgos Tzamaloukas, Nondas Sakellariou, Nikos Kokoulios o Paliouras, Stefanos Chouzouris, Giorgos Nedelkos, Takis Skιftis, Vasilis Dadaliaris, Avgi Ktena, Kaiti Nikoletto-Gizeli, Kaiti Potiri, Vasiliki Kritsiki y la estudiante Patra Mona o Spengou. También contribuyeron médicos voluntarios de otros países, como el médico húngaro Tibor, y médicos del ejército burgués que se ingresaron al DSE, como Panagiotis Petropoulos, Drosos Skillas y otros.

Los pocos médicos, con la ayuda del personal sanitario y de otros trabajadores, a pesar de las enormes carencias y de la total ausencia de las condiciones adecuadas que exigía su labor, realizaron auténticas hazañas, librando una lucha constante contra la muerte. Consiguieron atender y salvar la vida de miles de combatientes del DSE. Solo en la zona de Gramos-Vitsi atendieron a unos 12.000 combatientes, hombres y mujeres.

Todo lo que lograron los médicos y el personal sanitario del DSE se debía a su fe en su lucha justa. Muchos se sacrificaron, sobre todo los camilleros.

Monumento al internacionalismo proletario

El resplandor del DSE y su profunda conexión con las necesidades y la lucha de las fuerzas obreras y populares se destacó también en el hecho de que, marineros, griegos de la diáspora e  inmigrantes de todos los rincones del mundo, chipriotas y otros voluntarios llegaron a las montañas libres de Grecia, recorriendo a menudo distancias enormes y enfrentándose a múltiples peligros, para reforzar la lucha del DSE. 

Cabe destacar el caso del comunista turco Mihri Beli (Capitán Kemal), que llegó a Grecia pasando por Sofia, se unió al DSE e intentó reclutar combatientes de la minoría musulmana hasta que resultó gravemente herido. Por su lucha en las filas del DSE contra el poder capitalista griego y sus aliados internacionales, y por su actividad política en general, sufrió repetidas persecuciones por parte del Estado capitalista turco. Su historia demuestra las enormes fuerzas y posibilidades del internacionalismo proletario, así como la unidad de los Estados capitalistas frente al enemigo de clase común, a pesar de sus contradicciones internas.

El compromiso del KKE con el internacionalismo proletario durante el período de duras confrontaciones de clase de la época de entreguerras y su lucha por la igualdad y los derechos de las poblaciones minoritarias dificultaron que las autoridades de la triple ocupación fascista pudieran utilizarlas para dividir a la población y golpear a la Resistencia (como sucedió en muchos países ocupados por el Eje). Los lazos indestructibles forjados en los años de entreguerras y durante la Resistencia del EAM se manifestaron también a lo largo de la lucha del DSE. Además de algunos combatientes que procedían de la minoría musulmana, un número importante de valacos de Tesalia luchó en las filas del DSE. Sin embargo, no hay duda de que el apoyo más importante al DSE vino de las poblaciones de habla eslava de Macedonia de las cuales muchos se convirtieron en combatientes del DSE.

La lucha del DSE fue internacionalista. El KKE, en el contexto que describió Churchill en su discurso en Fulton sobre el “telón de acero” (marzo de 1946), el Dogma Truman y el Plan Marshall (marzo de 1947) y la fundación de la OTAN (abril de 1949), cumplió íntegramente con su compromiso internacionalista con la clase obrera y los demás partidos comunistas, con enormes sacrificios y de forma única en el espacio capitalista europeo.

La gran contribución internacionalista del KKE y del DSE consiste principalmente en que se enfrentaron al poder capitalista, lo cual constituye un legado especial para la acción posterior del KKE y del Movimiento Comunista Internacional. Esto también queda demostrado por el hecho de que obligaron a las dos potencias imperialistas más poderosas, Gran Bretaña y EE.UU., a centrar activamente su atención en el movimiento popular armado de Grecia y a financiar a la clase burguesa nacional para que se mantuviera en pie. Al mismo tiempo, el DSE sirvió de escudo para las Repúblicas Populares de Albania, Yugoslavia, Bulgaria y Rumanía en los años cruciales de 1946 a 1949.

El Partido Comunista de toda la Unión Soviética (bolchevique) y otros partidos comunistas manifestaron su solidaridad internacionalista y su apoyo, aunque con distintos grados entre ellos y a pesar de las debilidades y contradicciones en su estrategia. Contribuyeron de forma decisiva a la epopeya de tres años del DSE, acogieron y dieron cobijo a 25.000 niños (que, literalmente, se salvaron del hambre, los bombardeos y las “instituciones de reforma” de la reina Federica). Ayudaron a hacer frente a las consecuencias de la retirada coordinada de las fuerzas del DSE tras la última batalla en Gramos. Después, acogieron a más de 55.000 refugiados políticos, que, en los países de la construcción socialista, encontraron una cálida acogida, trabajo, educación y cultura, así como seguridad para ellos mismos y para las nuevas generaciones de refugiados políticos.

Fue muy importante la solidaridad internacional con el DSE que mostraron fuerzas del movimiento obrero y popular, y del movimiento comunista, en los países capitalistas. Una de las muchas muestras de ello fue la visita de una delegación francesa a la Grecia Libre y al Cuartel General del DSE en 1949, en la que participaba el gran poeta Paul Éluard.

Los problemas estratégicos del Movimiento Comunista Internacional y su impacto en el resultado del conflicto de clases armado

Sin embargo, justo después de que se acabó la Segunda Guerra Mundial, la lucha de clases a nivel internacional se vio intensificada y el Movimiento Comunista Internacional no fue preparado a nivel ideológico, político y organizativo para el intenso debate que se  desarrollaba en su interior a causa de los problemas estratégicos que ya se habían manifestado antes de la Segunda Guerra Mundial. A pesar del importante fortalecimiento de las fuerzas comunistas en Europa y Asia, no se evaluó objetivamente la correlación de fuerzas internacional, que seguía siendo, en general, desfavorable, ni se definió la estrategia más eficaz para la lucha de clases a nivel internacional, teniendo en cuenta el carácter de la época.

Lo principal fue que los partidos comunistas no consideraron que la Segunda Guerra Mundial fuera imperialista de ambos bandos de los Estados capitalistas que participaron, y no se proclamó como objetivo estratégico común la lucha por salir de la guerra con la conquista del poder obrero. Los acuerdos de alianza de la URSS con EE.UU. y Gran Bretaña (y posteriormente con Francia) para configurar los regímenes de posguerra no pudieron garantizar ni la “humanización” del capitalismo, ni siquiera en los países capitalistas con tecnología avanzada, ni la coexistencia pacífica entre el socialismo y el capitalismo. 

La vacilación entre los acuerdos y los acontecimientos de la “Guerra Fría” marcó el contexto en el que el Movimiento Comunista Internacional, sobre todo la Unión Soviética y los partidos comunistas de los países en proceso de construcción socialista, no mantuvo la misma postura durante todo el período de la lucha del DSE respecto a la generalización de la lucha armada en Grecia. El cambio de postura de los partidos comunistas en el poder durante la lucha del DSE dependía de cómo valoraran las intenciones y los planes de los países capitalistas que fueron sus antiguos aliados en la Segunda Guerra Mundial, sobre todo EE.UU. Dependía de cómo valoraran la postura de estos últimos frente a los poderes obreros y populares que se estaban formando en los países balcánicos y en el resto de países de Europa Central y del Este.

Al principio, pensaban que era posible un ataque imperialista contra Albania y Bulgaria o contra Polonia, y creían que la generalización desde el principio de la lucha armada en Grecia podría servir de detonante para un nuevo conflicto mundial, que era precisamente lo que intentaban evitar. Más tarde, cuando EE.UU. anunció el Plan Marshall y el Doctrina Truman, la generalización de la lucha armada contó con el apoyo de los partidos comunistas hermanos, aunque no vino acompañada de una ayuda proporcional a la que solicitaba el KKE, teniendo en cuenta también el impacto del apoyo de los Estados capitalistas al ejército burgués en el desarrollo del conflicto armado. 

La situación se complicó aún más tras la crisis en las relaciones entre el Kominform (del que formaban parte los partidos comunistas de los países en proceso de construcción socialista, además de los de Italia y Francia) y Yugoslavia. Posteriormente, con la creación de la OTAN, la Unión Soviética se pronunció a favor de la finalización de la lucha armada.

En general, la lucha del DSE se vio afectada en aquella época por las debilidades y contradicciones de la estrategia del Movimiento Comunista Internacional, que también influyeron a su propia estrategia. Dichas contradicciones se reflejaban, en general, en el Programa del KKE, que, aunque desempeñó un papel protagonista en la organización de la lucha armada de clases, no planteó de forma clara y oportuna el objetivo del poder obrero revolucionario, sino que buscaba un poder de transición entre el capitalismo y el socialismo. Ese era el contenido político de la “Laokratía” (gobierno popular) que figuraba como objetivo político en el Programa del KKE.

Se trataba de una variante de la estrategia reformista de transición pacífica al socialismo que se probó una y otra vez, pero que nunca se justificó a lo largo de toda la historia del movimiento obrero y comunista internacional. Por el contrario, en algunos casos condujo a la derrota del movimiento obrero, popular y comunista, y en otros a su asimilación. Otra consecuencia de esa misma estrategia fue la búsqueda de un acuerdo entre el DSE y el ejército burgués que condujera a la “normalización democrática”.

Esto no significa que la lucha del DSE estuviera “perdida de antemano”, como afirman las fuerzas del oportunismo. Había tiempo para organizarse y para recibir un apoyo más sustancial por parte del Movimiento Comunista Internacional, tiempo que no se agotó debido a debilidades en cuestiones de importancia estratégica. Un cambio oportuno en la estrategia del KKE en el VII Congreso (1945) podría haber llevado a una organización decidida y a la generalización oportuna de la lucha armada popular y a la insurrección, centradas en las grandes ciudades (Atenas, Tesalónica, Patras y otras) en1946, a pesar de la postura diferente del Movimiento Comunista Internacional y de las vacilaciones  dentro del KKE.  

En 1946, el poder burgués aún no se había consolidado del todo y Gran Bretaña también tenía dificultades que le obligaban a retirar inmediatamente sus tropas de Grecia, sobre todo si el conflicto armado se extendía por todo el país. En esa época, el ejército burgués aún no se había reorganizado y en su seno había muchas fuerzas organizadas del KKE y del EAM, mientras que tampoco se habían despoblado los pueblos que luego se convirtieron en la base de apoyo del DSE. En 1946, los comunistas y el resto de militantes del EAM predominaban en todos los sindicatos y las asociaciones y cooperativas agrícolas, las organizaciones culturales y deportivas, e incluso en el SEGAS. En los centros urbanos seguían en libertad muchos miles de comunistas y miembros del EAM con experiencia, que en los meses siguientes serían víctimas de las persecuciones del Estado capitalista.

El problema de la relación entre la lucha armada en los centros urbanos y en el campo, que con el tiempo se convirtió en un problema de reservas para el DSE, tenía raíces mucho más profundas; se debía al gran retraso en la generalización de la lucha armada. A esto se debía también la escasa presencia del componente obrero en la composición del DSE.

En otras palabras, el KKE, aunque demostró capacidad de reacción ante el ataque de su adversario de clase y determinación en el enfrentamiento con él, no fue capaz de extraer a tiempo conclusiones ideológicas y políticas más profundas de la trayectoria del movimiento del EAM durante la triple ocupación fascista y el gran conflicto de clases de diciembre de 1944. No logró, en medio de la lucha de clases, dar un giro decisivo a su estrategia, como hizo, por ejemplo, el Partido Bolchevique en Rusia tras la revolución de febrero de 1917, liderando así la victoriosa Revolución Socialista de Octubre.

En la lucha del DSE también tuvo un impacto negativo la idea de que la intensificación de la lucha de clases en Grecia podría perjudicar la URSS y los demás países en proceso de construcción socialista. Era comprensible que la URSS y los demás países en proceso de construcción socialista quisieran recuperarse del enorme sacrificio que habían hecho para derrotar al Eje fascista, reparar los estragos y cerrar las heridas de la guerra, y que necesitaran de evitar una nueva intervención imperialista. Sin embargo, una faceta de la política del Estado socialista, por muy necesaria que sea, no debe teorizarse ni adoptar un carácter de retroceso ideológico, y mucho menos allanar el camino para concesiones en la lucha de clases internacional. Además, la construcción socialista solo puede ser irreversible como consecuencia del triunfo mundial de la clase obrera.

Una condición imprescindible para un cambio radical en la correlación de fuerzas internacional era aprovechar las condiciones de la situación revolucionaria que generó la Segunda Guerra Mundial imperialista para derrocar el poder capitalista en Grecia y en otros países. Esta estrategia reforzaría aún más la posición de la Unión Soviética y de los demás países en proceso de construcción socialista frente a la “Guerra Fría”, mientras que, en caso de una guerra abierta, contribuiría a su apoyo efectivo y garantizaría también la lucha concreta contra el oportunismo en las filas del Movimiento Comunista Internacional.

La participación de los partidos comunistas en los gobiernos burgueses de varios países (Italia, Francia, etc.) al final de la Segunda Guerra Mundial acabó teniendo, de hecho, el efecto contrario, ya que a largo plazo alimentó la degeneración ideológica y política y la provocó la desintegración de muchos partidos comunistas. Al mismo tiempo, esta misma estrategia errónea les dio directamente la oportunidad a los poderes capitalistas, que estaban afectados por la guerra, de reorganizarse en centros económicos capitalistas clave, lo que hizo que la presión sobre la URSS y los demás países en proceso de construcción socialista fuera aún más asfixiante.

En este contexto, en el KKE prevaleció inicialmente la idea de que la lucha armada servía sobre todo para ejercer una presión decisiva contra la clase burguesa y sus partidos, para frustrar los intentos de aplastar el movimiento del EAM y al KKE, y para garantizar las condiciones necesarias para la democratización y la derrota de los planes imperialistas de utilizar Grecia como cabeza de puente regional contra el socialismo. Esta política también coincidía con la opinión del Movimiento Comunista Internacional. 

Al mismo tiempo, el KKE, acertadamente, no siguió el consejo del Partido Comunista de la Unión Soviética (bolcheviques) ni de otros partidos hermanos que defendían la necesidad de que participara en las elecciones de marzo de 1946. Esta decisión y otros hechos indican que la dirección del Partido tenía una evaluación diferente de la correlación de fuerzas en los Balcanes y que estaba a favor de la generalización de la lucha armada desde principios de 1946, pero su puesta en práctica dependía del consentimiento del Movimiento Comunista Internacional y de su ayuda militar.

A continuación, la dirección del KKE, al ver que la lucha armada no podía seguir siendo un medio secundario de presión para lograr una “evolución democrática normal”, intentó acelerar el ritmo para generalizar la lucha armada. Sin embargo, las medidas correctivas o de mejora se implementaban a un ritmo lento en comparación con las exigencias del conflicto de clases armado, mientras que, al mismo tiempo, las decisiones de la dirección del Partido no bastaban para cubrir las graves carencias en la preparación ideológico-política y estratégica organizativa. Así, el tiempo pasaba en detrimento del enfrentamiento final y de la eficacia del DSE.

Es una lección de la lucha de clases a escala mundial que, cuando en una situación revolucionaria el conflicto de clases se manifiesta de forma armada por la cuestión del poder, es inevitable la confrontación decisiva hasta la victoria final sobre el adversario.

La controversia actual sobre el DSE y las enseñanzas para la estrategia revolucionaria

La clase burguesa y sus secuaces difaman y tergiversan constantemente la lucha del DSE, porque saben muy bien que representaba la forma más elevada de lucha, en una época en la que, objetivamente, se libraba una lucha de clases por el poder, en la que se decidía quién gobernaría a quién. Lo desprestigian porque les conviene ocultar al pueblo la causa de toda injusticia, es decir, la contradicción entre el capital y el trabajo asalariado. Les conviene impedir que los trabajadores y las capas populares se den cuenta de la necesidad y la actualidad del socialismo. 

Esto es aún más cierto hoy en día, cuando las contradicciones imperialistas, los conflictos bélicos y una posible crisis económica capitalista, junto con todo lo que esto supone para la vida de las fuerzas obreras y populares, pueden llevar a una agudización brusca de la lucha de clases, a una radicalización masiva de fuerzas obreras y populares, creando las condiciones para desestabilizar el poder capitalista, e incluso para que se den las circunstancias de una situación revolucionaria o incluso de un levantamiento para derrocar el poder capitalista. Esto es aún más cierto porque hoy en día se pide a la clase obrera y a los pueblos que derramen su sangre en el altar de la explotación de clase y la economía de guerra, antes de que se les pida que se sacrifiquen en nuevas matanzas imperialistas. 

Las referencias a “guerrilleros búlgaros del EAM controlados desde el extranjero” y las “bandas de comunistas” de las décadas anteriores se están repitiendo ahora, tal cual o de manera retocada, por un montón de fuerzas políticas de extrema derecha y fascistas que forman parte inseparable del podrido sistema capitalista y que, a través de mecanismos de larga data y muy complejos, están vinculadas al Estado capitalista y a las alianzas imperialistas. Son reiteradas por todos aquellos que, de forma encubierta o abierta, tienen como ídolos a los miembros de los batallones de seguridad y a los colaboracionistas, y cuya práctica habitual son los ataques asesinos contra el pueblo y sus luchadores. Esas fuerzas serán cada vez más útiles para el poder capitalista, en la medida en que los preparativos bélicos exijan que las fuerzas obrero-populares se agrupen bajo la bandera ajena, la bandera de sus explotadores y del Estado capitalista, y a medida que la represión del enemigo de clase interno se presente como condición previa para salir victorioso en el conflicto bélico.

La historia del siglo XX y la práctica actual de los Estados capitalistas y las alianzas imperialistas confirman que las fuerzas fascistas son parte integral del sistema político burgués. Su aspecto monstruoso refleja el poder capitalista envejecido y podrido que ya no tiene nada que ofrecer a la humanidad. Esto demuestra el afán de la Unión Europea por presentar como héroes a los criminales nazis de la Segunda Guerra Mundial, mientras que en algunos de sus Estados miembros los símbolos comunistas y la actividad de los comunistas están prohibidos. Lo mismo demuestra el apoyo y el refuerzo que la UE y la OTAN dan a los criminales neonazis del Batallón Azov y otras organizaciones similares en Ucrania y en otros lugares, en el marco del enfrentamiento general del eje imperialista euroatlántico con el eje euroasiático en proceso de formación.

Cada día queda más claro que la fabricación ideológica burguesa de “los dos totalitarismos”, esa equiparación del fascismo con el comunismo, de los verdugos con las víctimas, todo ello en nombre de la exaltación de la democracia burguesa, no es más que el preludio de una lucha de clases que tiene en el punto de mira a las fuerzas obreras y populares, sus luchas y su vanguardia, los comunistas. Los “revisionistas” de la Historia, al reproducir la política oficial de la UE, la teoría de los dos extremos, equiparando a Hitler con Stalin -quien lideró la titánica lucha del pueblo soviético para aplastar el fascismo-, no debaten en el campo de la Historia. Buscan debilitar la lucha de clases hoy en día, para que la estrategia del capital, la perpetuación de la explotación del hombre por el hombre, se lleven a cabo tanto en tiempos de paz imperialista como en tiempos de guerra imperialista.

Cada día queda más claro que invocar a la democracia burguesa y al derecho internacional no es más que una cortina de humo para la explotación de clase a nivel nacional y para los intereses de los Estados capitalistas y las alianzas imperialistas en las relaciones internacionales. De todos modos, al poder capitalista no le cuesta nada expresarse también a través de otras formas políticas que se adapten a sus intereses del momento, mientras que los supuestos defensores de la democracia liberal no tienen ningún inconveniente en aceptar la alianza de los Estados miembros de la OTAN y la UE con Estados capitalistas no parlamentarios (como Arabia Saudí, Siria, etc.) o con Estados capitalistas que se apoyan en gobiernos de minoría (como Francia). Al mismo tiempo, en nombre de la democracia y la lucha contra el terrorismo, apoyan los crímenes del Estado de Israel y justifican la ocupación israelí de Palestina y el genocidio del heroico pueblo palestino.

Tanto el anticomunismo refinado como la discusión derrotista acerca de los errores, el argumento de que la lucha del DSE fue supuestamente en vano, y la fabricación ideológica de que la opción de la lucha armada fue un aventurismo arriesgado de los dirigentes del KKE y, personalmente, del Secretario General del Comité Central, Nikos Zachariadis, apuntan al desarme actual del movimiento obrero-popular. Todo lo anterior forma parte de la propaganda burguesa, que, además, reproduce el oportunismo, en sus diversas variantes para explicar las causas de la derrota del DSE, así como para evaluar el accionar del KKE.

El oportunismo encubre la violencia del Estado burgués, que se manifiesta a través de la legislación, las instituciones y los órganos de poder. También encubre la violencia multifacética de los capitalistas contra los trabajadores y las trabajadoras, y contra los asalariados en sus centros de trabajo. Fomenta el derrotismo al delegar la búsqueda de soluciones inmediatas a los representantes políticos dentro del marco de la gestión burguesa, y la falta de confianza en las fuerzas y posibilidades de los trabajadores y las capas populares.

Independientemente de las formas en que se expresen la oposición a la lucha del DSE, su difamación y su tergiversación, la estrategia es la misma: dejar a la clase obrera y las capas populares indefensas ante las consecuencias de las contradicciones, de la podredumbre y la barbarie del capitalismo, y desorientar su lucha llevándoles a buscar en vano una salida en el laberinto de la “reforma del capitalismo”.

La experiencia de toda la historia del movimiento obrero, popular y comunista nos enseña que no puede haber un gobierno a favor del pueblo, se llame como se llame y participe en él el partido que participe, mientras el poder político, los medios de producción y toda la riqueza que genera la clase trabajadora estén en manos de los capitalistas, mientras Grecia forme parte de las alianzas imperialistas de la UE y la OTAN o de cualquier otra.

Cada trabajador y trabajadora, cada joven, que empieza su vida en una sociedad donde reina la ley del explotador, puede y es en su interés entender, gracias a la acción ideológica y política del KKE, la causa y el objetivo del ataque ideológico de los defensores directos o indirectos de la explotación capitalista. Por eso, ningún ataque difamatorio, anticomunista u oportunista puede mancillar la lucha del KKE, la lucha del DSE, su valentía y su moral.

Es nuestro deber difundir lo más ampliamente posible la verdad histórica entre la clase obrera y las capas populares, para que las nuevas generaciones conozcan la lucha del Ejército Democrático de Grecia y extraigan lecciones de su heroica lucha, que serán especialmente útiles para la lucha de clases en el futuro. Sobre todo hoy en día, cuando la propaganda y la bibliografía burguesas intentan por todos los medios difamar la lucha del DSE, y la clase burguesa y el oportunismo, en perfecta colaboración, recurren a historiadores con el objetivo de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial y del DSE, para así imponer el argumento principal de la ideología burguesa dominante, es decir, que una revolución socialista es imposible.

El DSE nos enseña lo que significa una lucha inquebrantable contra el Estado capitalista, independientemente de las posibilidades de victoria. La lucha del DSE fue heroica y dejó un legado histórico, a pesar de la dura derrota, precisamente porque fue una derrota en un enfrentamiento directo con el enemigo de clase, mientras que sus posibilidades de victoria eran limitadas debido a los problemas estratégicos del KKE como parte del Movimiento Comunista Internacional. 

El Partido ha elaborado, con su Programa, una estrategia revolucionaria contemporánea. La capacidad y la disposición para enfrentarse al enemigo de clase en un contexto de agudización de la lucha de clases, y más aún en una situación revolucionaria, dependen de la preparación en las condiciones actuales, en un contexto de correlación de fuerzas desfavorable.

Ochenta años después, el sistema político burgués intenta reorganizarse para impedir la radicalización del pueblo y para calmar el descontento popular ante la guerra lanzada por  la clase capitalista y su poder, la Unión Europea y los gobiernos burgueses griegos de todos los años, contra las necesidades y las conquistas del pueblo, y ante la guerra imperialista que están preparando.

El KKE, con la experiencia y las lecciones aprendidas a lo largo de su trayectoria de más de cien años, se inspira y se guía por los ideales de la grandeza de la lucha del Ejército Democrático de Grecia. Está profundamente convencido de que las luchas de clases volverá a hacer avanzar la rueda de la historia, de que las fuerzas obreras y populares derrocarán el poder capitalista, de que el siglo que estamos viviendo estará marcado por nuevas y victoriosas revoluciones socialistas. Aspira a convertirse, y puede hacerlo, en el faro de la nueva y victoriosa lucha de clases por el socialismo y el comunismo, algo que es necesario, vigente y realista.

10 de julio de 2026 

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