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jueves, 23 de julio de 2026

"ESTATUA DE CHOLLIMA" EN PYONGYANG

 

La estatua de Chollima es una obra artística, y un símbolo profundamente arraigado en la identidad de Corea del Norte. Representa tanto la mitología como los valores que el régimen de Kim Il-sung deseaba infundir en la población para avanzar en la reconstrucción del país después de la guerra

El término “Chollima” proviene de la mitología coreana y relatos populares, se refiere a un caballo legendario que es capaz de recorrer mil li (aproximadamente 400 kilómetros) en un día, lo que lo convierte en un símbolo de velocidad y esfuerzo incansable. Durante la década de 1950, tras la devastación de la Guerra de Corea, el país se encontraba en un proceso de reconstrucción, y el gobierno de Kim Il-sung comenzó a promover el concepto del “Chollima Movement” o “Movimiento Chollima”. Este movimiento tenía como objetivo movilizar a la población para lograr un rápido desarrollo industrial y económico, y la estatua fue concebida como una representación de esa ideología.

El monumento de Chollima tiene una altura de 46 metros desde su base, y la figura del caballo 14 metros de alto por 15 de longitud, fue inaugurada en 1961, durante la era de consolidación del régimen de Kim Il-sung. Su construcción fue parte de una serie de esfuerzos por marcar visualmente el poder y la determinación del estado norcoreano. Fue erigida en la Plaza de la Victoria en Piongyang, que es un lugar simbólicamente significativo para la ciudad.

El caballo alado de la estatua está representado en una postura dinámica, con las alas extendidas hacia adelante, lo que simboliza el movimiento, la velocidad y el impulso hacia adelante. A la izquierda de la figura, aparece un hombre y una mujer, representando al pueblo trabajador que, al igual que el caballo mitológico, debe avanzar sin descanso hacia el logro de los ideales del régimen. Se trata de dos figuras montadas en Chollima: un obrero sosteniendo en alto la “Carta Roja” del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea y una campesina con un haz de arroz en los brazos. 

El monumento de Chollima es una obra de arte monumental, y un potente símbolo de la propaganda del régimen de Kim Il-sung. A través de la figura del caballo, se transmitió el mensaje de que el pueblo norcoreano, al igual que el animal mítico, debía esforzarse al máximo para lograr los objetivos del país. La estatua refleja también la glorificación del trabajo colectivo y la unidad bajo el liderazgo de Kim Il-sung.



viernes, 10 de julio de 2026

SE CUMPLEN 65 AÑOS DEL "TRATADO DE AMISTAD Y ASISTENCIA MUTUA CHINA - COREA DEL NORTE"

  

Escena de la firma del acuerdo 

Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre la República Popular China y la República Popular Democrática de Corea 

El "Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre República Popular China y la República Popular Democrática de Corea", conocido abreviadamente como el "Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua China-Corea del Norte", es un tratado firmado en 1961 entre la República Popular China y la República Popular Democrática de Corea. Garantiza principalmente que, cuando una de las partes contratantes se encuentre en estado de guerra, la otra parte contratante le brindará asistencia militar total y de otro tipo.
 
El Tratado de Amistad y Asistencia Mutua China-Corea del Norte fue firmado en Pekín el 11 de julio de 1961 por el Primer Ministro del Consejo de Estado de la República Popular China, Zhou Enlai, y el Primer Ministro del Gabinete de la República Popular Democrática de Corea, Kim Il-sung. El 23 de agosto del mismo año, después de ser aprobado por el Comité Permanente de la Asamblea Popular Suprema de la República Popular Democrática de Corea, y el 30 de agosto, tras ser ratificado por el entonces Presidente de la República Popular China, Liu Shaoqi, ambas partes intercambiaron los instrumentos de ratificación en Pyongyang, la capital de Corea del Norte, el 10 de septiembre de 1961. De acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 7 del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua China-Corea del Norte, el tratado entró en vigor el 10 de septiembre de 1961.

Texto completo del Tratado
 
El Presidente de la República Popular China y el Comité Permanente de la Asamblea Popular Suprema de la República Popular Democrática de Corea, convencidos de que el desarrollo y el fortalecimiento de las relaciones de amistad, cooperación y asistencia mutua entre los dos países no solo corresponden a los intereses fundamentales de los pueblos de ambos países, sino que también responden a los intereses de los pueblos de todos los países del mundo, con este propósito, han decidido celebrar el presente Tratado y han designado a sus plenipotenciarios respectivos de la siguiente manera:

El Presidente de la República Popular China ha designado especialmente al Primer Ministro del Consejo de Estado de la República Popular China, Zhou Enlai;
 
El Comité Permanente de la Asamblea Popular Suprema de la República Popular Democrática de Corea ha designado especialmente al Primer Ministro del Gabinete de la República Popular Democrática de Corea, Kim Il-sung.
 
Habiendo examinado mutuamente sus plenos poderes y hallándolos en buena y debida forma, los plenipotenciarios de ambas partes han acordado los siguientes artículos:
 
Artículo Primero
 
Las dos Partes Contratantes continuarán haciendo todos los esfuerzos posibles para salvaguardar la paz en Asia y en el mundo y la seguridad de los pueblos de todos los países.
 
Artículo Segundo
 
Las dos Partes Contratantes se comprometen a adoptar conjuntamente todas las medidas para prevenir la agresión de cualquier país contra cualquiera de las dos Partes Contratantes. En caso de que una de las Partes Contratantes sufra un ataque armado por parte de cualquier país o de varios países en coalición, y por consiguiente se encuentre en estado de guerra, la otra Parte Contratante le prestará inmediatamente asistencia militar y de otro tipo con todos los medios a su alcance.
 
Artículo Tercero
 
Ninguna de las dos Partes Contratantes concluirá ninguna alianza dirigida contra la otra Parte Contratante, ni participará en ninguna agrupación, acción o medida dirigida contra la otra Parte Contratante.
 
Artículo Cuatro
 
Las dos Partes Contratantes continuarán consultándose sobre todos los importantes problemas internacionales que conciernen a los intereses comunes de ambos países.
 
Artículo Cinco
 
Las dos Partes Contratantes continuarán, de conformidad con los principios de respeto mutuo a la soberanía, no intervención en los asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo, y en el espíritu de la amistad y la cooperación, prestándose toda la ayuda económica y técnica posible en la causa de la construcción socialista de sus respectivos países; continuarán consolidando y desarrollando la cooperación económica, cultural, científica y técnica entre los dos países.
 
Artículo Seis
 
Las dos Partes Contratantes consideran que la reunificación de Corea debe realizarse sobre una base pacífica y democrática, y que tal solución corresponde a los intereses nacionales del pueblo coreano y a los fines de salvaguardar la paz en el Lejano Oriente.
 
Artículo Siete
 
El presente Tratado está sujeto a ratificación y entrará en vigor en la fecha del canje de los instrumentos de ratificación. El canje de los instrumentos de ratificación tendrá lugar en Pyongyang.
 
El presente Tratado permanecerá en vigor mientras las dos Partes no lleguen a un acuerdo sobre su modificación o terminación.
 
Hecho en Pekín el 11 de julio de 1961, en dos ejemplares, cada uno en los idiomas chino y coreano, siendo ambos textos igualmente auténticos.
 
Por la República Popular China Por la República Popular Democrática de Corea
 
Plenipotenciario                 Plenipotenciario
Zhou Enlai                         Kim Il-sung
 
Fuente: Baidu Wiki 

sábado, 18 de abril de 2026

"LA BATALLA DEL LAGO CHANGJIN II", SECUELA DE LA PELÍCULA CHINA SOBRE LA GUERRA DE COREA

Título:
 La batalla del lago Changjin II
Año: 2022
Duración: 152 min.
País: China
Dirección: Chen Kaige, Dante Lam, Tsui Hark, Huang Jianxin, Park Ju-chun
Guion: Huang Jianxin, Xiaolong Lan, Xiaojiang Quji
Música: Ye Li, Wang Zhiyi, Elliot Leung
Fotografía: Luo Pan, Peter Pau
Reparto: Kevin Lee, Jackson Yee, Hu Jun, Zhu Yawen, Temur Mamisashvili, Huang Xuan.
Sinopsis: Secuela de "La Batalla del Lago Changjin" que se centra en los soldados del VPC (Voluntarios del Pueblo Chino) en una nueva misión crucial para vencer a las tropas norteamericanas durante la encarnizada Guerra de Corea. 
 

Los soldados chinos ganaron la batalla en el lago Changjin, también conocida como la batalla del embalse de Chosin, en condiciones climatológicas extremas. La lucha entre Estados Unidos y China, que tuvo lugar desde el 27 de noviembre al 24 de diciembre de 1950, es considerada como una de las batallas más violentas de la Guerra de Corea.  

VER LA SEGUNDA PARTE DE "LA BATALLA DE CHANGJIN":

miércoles, 25 de febrero de 2026

FINALIZADO EL 9º CONGRESO DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE COREA

 

Discurso de conclusión en el IX Congreso del PTC, pronunciado por Kim Jong Un, reelegido Secretario General del partido

Queridos delegados:

El presente congreso, que ha sido la novena edición en la historia de nuestro Partido, aborda y debate los importantes planes de lucha para pasar a una nueva fase del desarrollo integral del socialismo en la actual situación interna y externa y los asuntos encaminados a seguir fortaleciendo y desarrollando el Partido.

A través del informe de datos y el balance de trabajo, se han hecho un análisis y balance detallado de las labores efectuadas por el Comité Central del Partido en su octavo periodo, así como se han dilucidado las exigencias de principio, la línea, la estrategia y las tácticas de lucha y las tareas fundamentales para acelerar el proceso revolucionario y constructivo.

En particular, este análisis integral de la lucha de los últimos cinco años ha sido una ocasión útil que nos enorgullece de los resultados que hemos obtenido con gran perseverancia y que nos expone con claridad cuáles son las experiencias que en adelante hemos de tomar en cuenta y poner de manifiesto, las desviaciones que debemos rectificar y las lecciones que debemos aprender.

Por ese medio, todos los delegados habrán advertido de forma global los cambios y el desarrollo en la construcción del socialismo y el Partido durante el periodo que se analiza y en relación con ello se habrán percatado con exactitud del lugar que hoy ocupan sus respectivas ramas y unidades.

Creo que ante el rumbo de lucha del nuevo Plan Quinquenal habrán tomado una decisión solemne, redoblando la confianza y el entusiasmo, conscientes de la actitud que deben adoptar en cuanto a la exigencia de la revolución y la época de producir en los próximos cinco años cambios más grandes que en el mismo periodo anterior.

Asimismo, el presente evento deliberó y aprobó la enmienda de los Estatutos del Partido consistente en modificar algunos artículos o estipular nuevamente otros conforme a la demanda de la práctica de la labor partidista planteada en los plenos del octavo Comité Central.

Estructuró nuevamente el noveno Comité Central, fuerza organizadora y orientadora del cumplimiento de las futuras tareas revolucionarias más grandes e importantes, con compañeros consecuentes y excelentes, que disfrutan de la gran confianza de las masas militantes, han sido probados en la lucha práctica y tienen perspectivas halagüeñas.

De este modo, el cónclave ha examinado las labores del octavo Comité Central y ha delegado exitosamente al noveno Comité Central, recientemente electo, las responsabilidades y el papel de dirección del trabajo partidista y el conjunto de los quehaceres revolucionarios.

Compañeros delegados:

En esta reunión he tenido el honor de ser reelecto para el supremo cargo de mando del Partido del Trabajo de Corea por la gran muestra de confianza de todos ustedes y demás militantes del Partido.

Aunque apenas ha comenzado la colosal obra de la realización de los ideales del pueblo y queda aún mucho por hacer para cumplir todas las promesas hechas con él, han vuelto a confiarme esta responsabilidad sagrada e importante. La asumo con gravedad, como muestra de la plena confianza y esperanza de que yo me esfuerce con más tesón.

Juro solemnemente observar e implementar cabalmente los Estatutos y el programa del Partido sin faltar a la gran esperanza y confianza de todos los delegados y millones de miembros del Partido y tomando siempre como las más sagradas e importantes la misión y las responsabilidades que asumo ante el Partido y el pueblo, y también trabajar cada minuto y segundo, con total entrega y abnegación, a favor del derecho de la República Popular Democrática de Corea al desarrollo y la seguridad y el mayor bienestar del pueblo.

El nuevamente electo Comité Central responderá con lealtad a la gran confianza y expectativa de todas las organizaciones y miembros partidistas con el desempeño responsable de su papel rector y someterá sus labores a la justa evaluación pública al anticipar el desarrollo de nuestro gran Estado y lograr que el pueblo obtenga cuanto antes beneficios reales y mayores.

Delegados:

El principal punto de la agenda a tratar en este congreso desde ahora es trazar el plan para los próximos cinco años en distintas ramas y tomar la decisión acerca de su resultado.

El éxito fundamental del evento depende de cómo estudiamos, consultamos y decidimos la dirección de la lucha en el próximo lustro y la definición de los objetivos que deben alcanzar las distintas esferas.

Por tanto, desde en el pasado congreso del Partido este procedimiento constituye la mayor prioridad y el foco central.

Estoy convencido de que también en este evento todos los delegados, conscientes de su importante misión y responsabilidad ante la patria, la revolución y el pueblo, mostrarán una actitud sincera y atenta, agotarán su creatividad y dedicarán toda su alma para que cada uno de los artículos sea tarea de lucha que contribuirá a la transformación de los próximos cinco años.

En especial, por ser la resolución del congreso un programa de acción que los miembros del nuevo órgano de dirección deben enarbolar invariablemente durante su mandato, les incumbe confeccionar las tareas políticas con el máximo sentido de responsabilidad y seriedad.

Como señalé en el informe, el nuevo Plan Quinquenal equivale a una fase de afianzamiento de estabilidad y de paulatino desarrollo cualitativo de nuestra economía.

Por tanto, definirán los planes de las ramas económicas combinando bien los dos aspectos: consolidar cualitativamente y continuar desarrollando los cimientos y las fuerzas existentes. Tal será la orientación a seguir también en la consulta de los planes de otros dominios.

Compañeros delegados:

La lucha transformadora de hoy por acelerar el desarrollo integral del socialismo que incluye el cumplimiento del nuevo Plan Quinquenal nos demanda desplegar con mayor fuerza las revoluciones ideológica, técnica y cultural en todos los sectores y unidades.

Estas tres revoluciones son del lineamiento general de nuestro Partido para la construcción socialista.

Todo el proceso de nuestra construcción socialista está permeado de las tres revoluciones y ha avanzado con la lucha por materializar este lineamiento.

Gracias a las tres revoluciones en que hemos acelerado la transformación tecnológica y cultural anteponiendo la ideológica, nuestro socialismo ha podido avanzar solamente sin estancarse ni en los tiempos duros.

También la magna empresa por el desarrollo integral se puede realizar cuanto antes y de manera más sustancial solo al intensificar la dirección del Partido sobre el cumplimiento de las tres revoluciones y elevar el papel orientador del Estado y, además, con el protagonismo de las masas en esta labor.

La realidad muestra que aunque cambien las condiciones laborales y del ambiente de vida no se elevan la conciencia ideológica, el nivel tecnológico ni el grado de civilización de las personas.

Pongamos un ejemplo: En menos de un año de que el Partido y el Estado levantaran modernas bases de producción y servicios, vuelven a manifestarse la excesiva negligencia e irresponsabilidad de quienes no las administran como es debido y descuidan su dirección y control, así como el mal crónico de perseguir solamente las ganancias inmediatas sin apreciar los productos de la política del Partido.

Administrar bien esas valiosas creaciones, que no se han logrado con facilidad, para que sean caudales eficientes y reales del desarrollo de sociedad socialista constituye una tarea revolucionaria tan importante y responsable como la magna labor de construcción.

La revolución no significa solo el cambio material y la creación del bien material. Su contenido fundamental es transformar la conciencia ideológica de las personas y prepararlas como entes poderosos con gran capacidad creadora.

Si no hacemos con eficiencia las tres revoluciones dirigidas a emancipar a los hombres de las trabas de las viejas ideologías y a elevar su entusiasmo consciente y su nivel tecnológico y de civilización, es muy evidente que pronto los bienes que hayamos creado, por muchos que sean, se volverán inútiles.

Hay que realizar con dinamismo las tres revoluciones también para educar y formar a todas las personas como auténticas protagonistas de la nueva época y de tal forma establecer en toda la sociedad el punto de vista y el modo de trabajo propios de quien cumple su misión de manera voluntaria.

Sobre todo, es imperioso intensificar la revolución ideológica destinada a educar a los funcionarios y demás trabajadores en la conciencia revolucionaria y de clase obrera.

Sin educar en tal conciencia a las personas, dueñas de la sociedad, no se puede pensar en el avance exitoso de la construcción socialista.

Por lo tanto, es importante que las organizaciones del Partido y de trabajadores y los órganos del poder organicen y realicen todas las labores a favor del cumplimiento de las tres revoluciones y, en particular, con vistas a despertar a las personas la conciencia y formarlas en lo ideo-espiritual.

Debemos ejecutar a la altura del tiempo contemporáneo y con fines bien definidos la demanda partidista de que los funcionarios y demás trabajadores encarnen la conciencia ideológica revolucionaria, el espíritu colectivista y el rasgo de lucha de la clase obrera.

Solo cuando nos propongamos nuevas tareas que concuerden con el desarrollo de la época en todos los aspectos de la ideología, la técnica y la cultura y realicemos de forma innovadora la transformación de la naturaleza, el hombre y la sociedad, podremos lograr un avance ininterrumpido en la construcción socialista.

En el informe sobre las labores del VIII Comité Central del Partido se enfatizó especialmente la idea de materializar exactamente los requisitos de la época del desarrollo integral en la construcción socialista.

Tales requisitos se dividen en cinco puntos. Los vuelvo a explicar de forma concisa:

  • Lograr la concordancia de acciones en el conjunto de la construcción socialista y establecer una rigurosa disciplina;
  • Poner fin a viejos esquemas y estereotipos, el conservadurismo y el empirismo, crear sin cesar lo nuevo y hacer innovaciones;
  • Hacer las labores de modo científico, con previsión y rentabilidad y dar importancia a cualidades profesionales;
  • Renovar los métodos y modos de dirección sobre la producción y construcción y elevar la capacidad de mando de los funcionarios;
  • Y materializar cabalmente el principio de dar prioridad a la ideología y a las masas populares.

Esta es una demanda legítima de la actualidad que plantea como un problema real mejorar y renovar todas las labores conforme al periodo de desarrollo integral, pero constituye también una tarea imperiosa que nos imponen las serias lecciones del pasado lustro.

En la vida estatal y social, específicamente, en distintas ramas y unidades de la economía impera el ímpetu de avanzar en la nueva época, y con él coexisten los caducos vestigios. Esta es una realidad consabida para todos nosotros.

No podemos convivir con los elementos anticuados y atrasados, no se sabe hasta cuándo, sino debemos superar con resolución sus rezagos y deficiencias.

Como las tres revoluciones son en su esencia una lucha por sacudir todo lo viejo y crear lo nuevo en las esferas ideológica, técnica y cultural, la exigencia de la época sobre el desarrollo integral debe necesariamente materializarse en el proceso del cumplimiento de las tres revoluciones.

Es preciso acelerar con vigor la construcción socialista con nuestro propio modo de avance.

Durante el VIII periodo del Comité Central del Partido acumulamos la experiencia de trazar la estrategia y el plan a corto plazo, cumplirlos con responsabilidad, y ampliar y consolidar los éxitos sobre esa firme base.

Seguir elaborando como ahora el plan de un lustro y cumplirlo con eficiencia es una fase y un proceso por los que debemos pasar indispensablemente para consolidar el poderío estatal y construir definitivamente una sociedad ideal.

Si todos los sectores se perfeccionan pasando por ese proceso, es del todo posible incrementar en gran medida y sobre una base sólida el poderío nacional tal como ideamos.

Dentro de diez y veinte años celebraremos los aniversarios 90 y 100 de la fundación de nuestro Partido y si fomentamos con diligencia el desarrollo del Estado y el bienestar del pueblo con el actual modo de lucha, con toda certeza podemos transformar el país entero, acomodar la vida de todo el pueblo, y por entonces nuestro Partido estará muy orgulloso de haber sido fiel a su misión y obligación como organización auténtica del pueblo.

Compañeros delegados:

Al igual que en la lucha del pasado lustro en que abrimos una era de desarrollo integral del Estado, en la del nuevo lustro que comienza nos apoyaremos totalmente en nuestra fuerza interna, la gran fuerza de nuestro pueblo.

Durante el VIII periodo del Comité Central del Partido enarbolamos como bandera de lucha y avance el ideal de considerar al pueblo como el cielo, la unidad monolítica y el apoyo en las propias fuerzas. En el siguiente periodo seguiremos sosteniendo inalterablemente estos tres ideales.

Nuestro ideal, meta y velocidad de avance cambian constantemente, pero dichos ideales típicos de la revolución coreana son invariables y su fuerza inagotable impulsará con seguridad nuestra construcción socialista al futuro luminoso.

Ningún reto, ningún cambio de situación pueden retrasar ni detener nuestro avance.

Avancemos todos enérgicamente para anticipar el día en que se realicen exitosamente el ideal y anhelo de nuestro pueblo, multiplicando el fervor, el espíritu combativo y la confianza en el futuro de la causa socialista.

Fuente: KFA España 

domingo, 7 de diciembre de 2025

"MASACRE DE COREA", DE WOLF VOSTELL

 

Masacre de Corea
Wolf Vostell
1953
Gouache sobre papel
Museo Fluxus de Potsdam 

«Estamos de acuerdo en que los recuerdos, sueños y deseos de la infancia influyen en nuestras decisiones. Mi imagen predominante de la infancia es la de una persona moribunda. Vi batallas aéreas y bombas cayendo a la tierra como bandadas de pájaros», cita el catálogo del artista Wolf Vostell, fallecido en 1998.

Vostell usó su arte para oponerse a la guerra. Una pintura al gouache de un agresivo vehículo blindado, titulada "Masacre de Corea", forma parte de la colección del Museo Fluxus de Potsdam, al igual que la película sonora "Desastres", que hace referencia a los grabados "Desastres de la Guerra" del pintor español Francesco Goya.

La pintura forma parte de una serie que aborda la guerra subsidiaria en Corea entre 1950 y 1953. Una figura que lucha con llaves inglesas en un vehículo blindado rugiente no puede detenerlo. Vostell hizo referencia repetidamente a la era nazi, tanto en sus obras visuales como en performances y producciones musicales.  

jueves, 23 de octubre de 2025

72 AÑOS DEL DISCURSO "SOBRE LA HISTÓRICA VICTORIA EN LA GUERRA DE LIBERACIÓN DE LA PATRIA Y LAS TAREAS DEL EJÉRCITO POPULAR", DE KIM IL SUNG

 

Sobre la histórica victoria en la Guerra de Liberación de la Patria y las tareas del Ejercito Popular


Discurso pronunciado por Kim Il Sung ante los oficiales y soldados de la Unidad No. 256 del Ejército Popular de Corea, 23 de octubre de 1953.


Camaradas:

Permítanme expresar, en nombre del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea, el Gobierno de la República y el Cuartel General Supremo, mi cálido agradecimiento a los oficiales y soldados de la Unidad No. 256 por haber combatido con valentía en el frente durante largo tiempo, desde el comienzo de la guerra.

Ustedes saben que la guerra coreana terminó con nuestra victoria. Por supuesto no aniquilamos por completo al enemigo ni reunificamos la Patria. Sin embargo, vencimos a ingentes fuerzas armadas del imperialismo norteamericano, cabecilla del imperialismo mundial, y de 15 países satélites, forzándoles a aceptar nuestras propuestas al firmar el Acuerdo de Armisticio. Esto es gran victoria nuestra.

¿Qué victoria fue la que conquistamos en esta espantosa guerra de tres años?

Primero, el pueblo y el Ejército Popular de Corea, con su heroica lucha, rechazaron la agresión armada del enemigo y salvaguardaron honrosamente la base democrática del Norte de la República.

Después de la liberación, aprovechando las condiciones favorables que implicaba el estacionamiento del ejército soviético, sentamos, en la parte Norte de la República, la base democrática y acometimos enormes tareas en los dominios político, económico, cultural, militar, etc.

Formamos el Partido del Trabajo, al que se integraron 800 mil personas, organizaciones sociales como la Unión de la Juventud Democrática, la Federación de los Sindicatos, la Unión de Campesinos, la Unión de Mujeres, etc., que comprendían varios millones de miembros, e incorporamos amplias masas populares de diversas clases y sectores en el Frente Democrático para la Reunificación de la Patria, aunándolas estrechamente en torno al Partido y al Gobierno. Por medio de consolidar el Partido y fortalecer su unidad con las masas, afianzamos las fuerzas políticas.

Al mismo tiempo, movilizando al pueblo realizamos la reforma agraria, nacionalizamos las industrias y llevamos a la práctica otras reformas democráticas, impulsamos enérgicamente la construcción económica y adoptamos todas las medidas para reforzar la capacidad económica en la parte Norte.

En especial, desde el día de la liberación, prestábamos profunda atención a elevar la capacidad de la defensa del país. A partir de 1946 formábamos cuadros del Ejército Popular en la Escuela de Pyongyang, en la Escuela Central de Cuadros de Seguridad y en otras entidades; en 1948 proclamamos la creación del Ejército Popular y adoptamos las medidas pertinentes para fortalecerlo en todos los aspectos.

Gracias al oportuno asentamiento de la base democrática y a la fortaleza del Ejército Popular pudimos rechazar a los invasores armados de 16 países, acaudillados por el imperialismo norteamericano, y ganar la guerra. En el curso del conflicto, si hubiéramos combatido sólo contra el ejército títere de Syngman Rhee y no contra los ejércitos del imperialismo yanqui y de sus países satélites, lo hubiéramos derrotado y habríamos reunificado la Patria.

Nuestro pueblo y nuestro Ejército Popular lucharon con heroísmo, superando sin vacilación alguna las dificultades y las pruebas, para repeler la agresión armada del imperialismo yanqui y de sus países satélites y salvaguardar la base democrática.

Estamos firmemente convencidos de que mientras existan innumerables militantes del Partido con alta conciencia política y forjados como el acero, el pueblo firmemente unido en torno al Partido y la sólida base democrática, en el futuro rechazaremos indefectiblemente cualquier agresión del enemigo.

Segundo, en la guerra coreana, el pueblo y el Ejército Popular de Corea infligieron severa derrota política al enemigo, aparte de la militar.

La guerra coreana puso de relieve plenamente ante el mundo las bestialidades del imperialismo e hizo añicos el mito de la “potencia” del imperialismo yanqui.

Realmente, en otros tiempos había personas que abrigaban ilusiones sobre la “potencia” y el “humanitarismo” del imperialismo yanqui. Pero en el curso de la guerra coreana, los pueblos del mundo no sólo comprendieron claramente que los imperialistas norteamericanos eran las más feroces bestias, sino que, además, se convencieron con más firmeza de que si se los combate valerosamente, armas en mano, hasta el fin, es posible derrotarlos.

Hace mucho tiempo que el mundo conoce a los imperialistas yanquis como los más bárbaros agresores y los mayores bandoleros de la Tierra.

También en Corea saquearon durante largo tiempo grandes cantidades de oro de las Minas de Kapsan, Holtong, Unsan, etc. Y construyeron con miserables fondos algo así como un “hospital de caridad”, el “Hospital Sebrance”, iglesias y escuelas, e intentaban presentarse como si ofrecieran “misericordia”. Además, procuraban captar la confianza de los coreanos enviando a su país unos cuantos lacayos ?adoradores de los yanquis? como estudiantes, y los usaban para predicar entre los coreanos la idolatría hacia Estados Unidos. Enceguecidos por tales fraudes, algunos ingenuos admiraban a los yanquis.

Como botón de muestra de su barbarie basta decir que en Sunan grabaron con ácido clorhídrico la palabra “ladrón” en la frente de un niño, que al pasar cerca del huerto de un yanqui recogió una manzana caída.

Aunque los imperialistas yanquis recurrían por fuera a toda clase de artimañas para ganarse la simpatía del pueblo coreano, de hecho no renunciaban a sus viles designios de conquistar Corea. Cuando el imperialismo japonés agredió nuestra Patria, le apoyaron activamente.

La astucia de los imperialistas norteamericanos se reveló también durante la Segunda Guerra Mundial, respecto al problema de la formación del segundo frente y de la liberación de Corea.

Realmente, los imperialistas yanquis no jugaron ningún papel en la liberación de Corea. Nada hicieron, mientras el ejército soviético, junto con el Ejército Revolucionario Popular de Corea, derrotaba al millón de soldados del ejército de Kwantung del imperialismo japonés, liberando así a Corea. Tras irrumpir en Corea del Sur, sin hacer un solo disparo, los imperialistas de EE.UU. se proclamaron descaradamente “libertadores” de la población surcoreana. Pero esta propaganda fraudulenta no podía perdurar largo tiempo.

A través de la guerra coreana, la naturaleza agresiva de los imperialistas norteamericanos se reveló con toda claridad y las ilusiones que antes abrigaban algunas gentes hacia ellos se desvanecieron.

Citemos algunos ejemplos. Un tiempo, en las cercanías de Pyongyang vivía un sacerdote. En el período de la construcción pacífica, se mostraba negligente en la ejecución de la política de nuestro Partido, oponiéndose con sigilo a nuestro régimen, pero participó activamente en nuestra obra tras expulsado de la parte Norte el enemigo que la había ocupado temporalmente, durante la guerra. En conversación con un cuadro de nuestro Partido, dijo: “Francamente, deseaba que ustedes perdieran la contienda y viniesen los norteamericanos. Cuando ustedes se retiraban, preparé una bandera de Corea del Sur, e incluso obligué a todos mis familiares a engalanarse para dar la bienvenida al ejército norteamericano. Pero tras convivir con los yanquis, me di cuenta de que no eran lo que yo me imaginaba. Nada más bajar del jeep empezaron a disparar sus carabinas y a robar como les vino en ganas gallinas y otras cosas, cometieron un sinfín de atrocidades como profanar y violar mujeres. Al presenciar esto, comprendí profundamente que sólo el Partido del Trabajo de Corea y el Gobierno de la República eran portadores de verdadera libertad y felicidad del pueblo”.

Es sabido que como este sacerdote hay muchos.

Una vez, una militante del Partido Laborista de Inglaterra vino a Corea delegada por la federación Democrática Internacional de Mujeres. Dijo que antes de llegar a corea dudaba de que el ejército de EE.UU. o de su país perpetrara tantas barbaridades como se decía. Manifestó que durante su estancia en Corea cambió de parecer al ver directamente en Anak y Sinchon, en la provincia de Hwanghae, y en otros lugares la trágica realidad provocada por los imperialistas yanquis y británicos al bombardear indiscriminadamente ciudades y aldeas pacíficas y asesinar salvajemente a habitantes inocentes. De vuelta a su país denunció esos crímenes.

Utilizando hasta armas bacteriológicas y perpetrando toda clase de atrocidades en la guerra coreana, el imperialismo yanqui apareció desnudo ante los pueblos del mundo como más bárbaro que la camarilla de Hitler y los imperialistas japoneses.

En la guerra coreana se puso de relieve la vulnerabilidad del imperialismo yanqui, además de su barbarie y crueldad.

En el pasado, algunas personas llamaban “país de oro” o “país de la ciencia” a EE.UU. y le temían.

Pero ustedes mismos han podido experimentar y comprobar en la guerra contra los yanquis que ellos son los más cobardes del mundo. Al empezar el combate, colocan camiones hacia atrás, para huir más rápido.

El imperialismo norteamericano hablaba de una “Corea pequeña”, con desprecio, pero se vio obligado a encajar vergonzosa derrota en la guerra coreana.

La lucha heroica del pueblo coreano contra el imperialismo yanqui sirvió de bandera y ejemplo a la lucha de liberación nacional de los pueblos oprimidos del mundo entero. Les convencimos de la verdad de que si luchan con bravura, como lo hicieron los coreanos, podrán rechazar cualquier agresión del imperialismo y sacudirse su yugo.

Después de la guerra coreana, en varios países del Sudeste de Asia como Malaya, Indonesia y Vietnam, y en otras regiones del mundo, la lucha contra el dominio colonial de los imperialistas, acaudillados por el imperialismo yanqui, cobra cada vez mayor auge, y el sistema colonial se desmorona ineludiblemente.

Esto significa que ha pasado la época cuando ellos ocupaban a su antojo a otros países y oprimían y explotaban a sus pueblos.

Tercero, el pueblo coreano, el Ejército Popular, los organismos del Partido y de poder, las organizaciones sociales, así como sus funcionarios se forjaron y adquirieron rica experiencia, en los tres años de guerra. Esta es una de las victorias más importantes que obtuvimos.

En el ardor de la guerra, nuestro pueblo, nuestros militantes y cuadros se templaron como el acero. Si el pueblo coreano del pasado fue, por decirlo así, de “arrabio” destemplado, hoy es de “acero especial” forjado en horno eléctrico.

La historia no conoce todavía una guerra tan cruenta como la coreana. Pero el Ejército Popular logró aplastar de un golpe al ejército títere de Syngman Rhee y rechazar a las tropas agresoras imperialistas yanquis hasta la línea del río Raktong.

En las batallas, nuestros oficiales se capacitaron en el mando de unidades modernas y acumularon rica experiencia para organizar y dirigir con maestría operaciones de ataque, retirada y defensa.

Nuestro Partido y nuestro Gobierno adquirieron invalorable experiencia para trazar estrategia y táctica científicas y dirigir hábilmente el ejército en guerra contra un enemigo poderoso, normalizar la vida del pueblo y satisfacer las necesidades del frente en circunstancias de guerra, así como organizar con habilidad los transportes bajo las difíciles condiciones de bombardeos nocturnos de la aviación enemiga.

Aunque sufrimos tremendas pérdidas a consecuencia de los bombardeos enemigos, adquirimos también rica experiencia en el combate antiaéreo.

El enemigo no es así. Por la noche no sabe combatir ni conducir automóviles con los faros apagados. Por ser mercenarios, no pueden soportar ni un solo día una guerra en que debieran sufrir una prueba como la que sufrimos en tan difíciles condiciones.

La experiencia práctica nos convenció firmemente de que podíamos ganar la guerra, sobreponiéndonos a toda dificultad, porque contamos con la dirección del Partido del Trabajo de Corea y estamos dotados no de ambición por la dinero, sino de una voluntad indoblegable y de las invencibles ideas del marxismo-leninismo.

Sin embargo, el enemigo se desconcierta ante el más pequeño peligro y entra en caos irreparable.

Aun cuando Syngman Rhee emprendiera la “marcha hacia el Norte”, de la que habla tan ruidosamente, no puede asustarnos. En la primera contraofensiva, cuando nuestras unidades acorazadas avanzaban hacia Soul, Syngman Rhee daba alaridos incluso por radio de que era incapaz de frenar el avance de los tanques del “ejército comunista”. En el futuro, si el enemigo se atreve a emprender una aventurera “marcha hacia el Norte”, le asestaremos contraataque, y movilizaremos muchos aviones. Entonces el enemigo lanzará gritos lastimeros al verse impotente de detener el ataque de la aviación del “ejército comunista”.

Tampoco tememos a que el imperialismo yanqui provoque una guerra mundial. Entonces, deberá combatir dispersándose en vastas regiones del mundo, y no en reducido territorio como es el de Corea. Esto nos creara una situación más favorable.

En caso de una posible guerra, nuestro pueblo, forjado en la pasada contienda encarnizada de tres años, sabrá llevar a cabo mejor la construcción de refugios antiaéreos y la labor de traslado, mientras que los chóferes pueden conducir sus máquinas perfectamente, sin luces, en la noche.

Como se ve, en la guerra nos forjamos y adquirimos rica y valiosa experiencia. Es un tesoro precioso, un gran haber para la segura defensa de nuestro país.

Cuarto, gracias a la justeza de la finalidad combativa de nuestro pueblo y a su lucha de autosacrificio, la posición y el prestigio de nuestro país en el mundo se elevaron de modo extraordinario, y contribuimos grandemente a la tarea de preservar la paz y la seguridad en el planeta.

En todas partes del mundo ganamos gran número de amigos y el apoyo y la simpatía de los pueblos. Esto es para nosotros una gran victoria.

A lo largo de la historia de nuestro país jamás fuimos objeto de tal respaldo y simpatía y nuestro prestigio internacional nunca estuvo más alto que ahora.

Durante la reciente visita de una delegación gubernamental de nuestro país a la Unión Soviética y a los países de democracia popular de Europa, todos nos desearon curar cuanto antes las heridas de guerra, nos prometieron ayuda desinteresada basada en el internacionalismo proletario.

Saludamos como una gran victoria la firma del Acuerdo de Armisticio, mientras que Syngman Rhee dijo que era la mayor vergüenza estatal, ya que 16 países lo firmaron por no haber podido vencer a un “pequeño ejército comunista”. Tampoco los yanquis, desde luego, lo consideraron honroso. Esto se debió a que el armisticio significaba revelar a fondo ante los pueblos del mundo, especialmente de sus países dependientes, la impotencia de EE.UU. que no pudo vencer siquiera a la “pequeña Corea”, según expresaba. Para paliar tanta vergüenza, el imperialismo norteamericano dilató más de 2 años las negociaciones de armisticio, recurriendo a toda clase de artimañas para presentarse como “triunfador”. Pero, en fin de cuentas, firmó el Acuerdo de Armisticio, al comprender que no podría ganar la guerra.

El mismo no pudo evitar reconocer su derrota vergonzosa. En su crítica al plan Truman respecto a la guerra coreana, un doctor norteamericano le reprochó los siguientes errores:

Primero, había fallado al elegir “raza”, es decir, no tomaba en cuenta que los coreanos eran gentes de firme voluntad, mientras que los chinos eran muchos.

Segundo, combatió en una geografía desfavorable. Realmente, en Corea hay muchas zonas montañosas y por eso no podía aplicar libremente la técnica de la que tanto se vanagloriaba. Además, dijo que nunca podría conquistar Corea, porque no es una isla, sino un país peninsular con fronteras con la Unión Soviética y China.

Tercero, el momento no era apropiado. Calificó de estúpido el propósito de Estados Unidos de ocupar Corea en una época en que la revolución china había triunfado, la Unión Soviética había restablecido su economía destruida por la guerra, y, en especial, Corea del Norte había sentado sólida base democrática durante los cinco años siguientes a la liberación.

No sé a qué clase pertenece ese doctor, pero considero que acertó en lo que dijo. A lo largo de su historia, EE.UU. no perdió ninguna de sus guerras de agresión. Sin embargo, mascó el polvo amargo de la derrota en la guerra coreana.

¿Cuáles fueron, entonces, los factores que nos permitieron aniquilar a las tropas agresoras imperialistas norteamericanas, que se jactaban de su “supremacía” mundial, y obtener la gran victoria en la Guerra de Liberación de la Patria?

Primero, nuestro pueblo de hoy no es el pueblo coreano de ayer, sino un pueblo nuevo, consciente, dueño de su país y del poder.

Nuestro pueblo ya no es aquel pueblo atrasado e inconsciente, subyugado por las corruptas clases dominantes feudales de la dinastía de los Ri, que duró 500 años.

En el pasado, los gobernantes feudales de nuestro país permanecían de brazos cruzados sin hacer nada, mientras Japón progresaba con rapidez después de la restauración de Meiji. Enfrentaban con rifles de mecha a los japoneses, que invadían con fusiles de repetición de cinco balas. ¿Cómo iban a vencer al enemigo?

Después de la liberación, trabajamos para no volver a la ofensa y humillación que sufrimos durante medio siglo como esclavos coloniales del imperialismo japonés, como pueblo privado de su propio país, trabajamos para hacer rico y poderoso al país. Con nuestras propias manos establecimos el Poder popular y llevamos a cabo reformas democráticas. En los cinco años siguientes a la liberación, realizamos grandes cambios en los dominios político, económico, cultural, etc., y asentamos la sólida base democrática.

El coreano es un pueblo de nuevo tipo, que vive un nuevo régimen.

Segundo, el pueblo coreano salió vencedor en la guerra porque contaba con el Partido del Trabajo de Corea, fuerza rectora y orientadora, firmemente dotado de la teoría marxistaleninista.

En cada período y etapa de la guerra, el Partido del Trabajo de Corea trazó la correcta orientación estratégica, organizó y movilizó al pueblo para la victoria.

Sus militantes marchaban en la vanguardia cuando atacábamos y en la retaguardia para impedir el avance enemigo, cuando nos retirábamos. En las fábricas y aldeas, fueron siempre los primeros en ejecutar los trabajos más difíciles.

Ahora contamos con un millón de militantes. Estos, armados con las ideas marxistas-leninistas, son fuerza portentosa.

Los pueblos de la Unión Soviética y de otros países dicen que el Ejército Popular de Corea es un ejército muy potente en el mundo; si es tan potente se debe a que lo dirige el Partido y nuestros militantes desempeñan el papel de vanguardia, de núcleo del Ejército.

Esto fue la garantía decisiva que nos permitió defender la República de la agresión armada imperialista. Incluso el enemigo no pudo dejar de reconocer nuestra potencia.

En vísperas del alto el fuego, cuando Syngman Rhee alborotaba sobre una “marcha hacia el Norte” por separado, concentramos golpes en el ejército títere. Más tarde, los periódicos de Corea del Sur publicaron, palabra más o menos, el contenido de las charlas sostenidas entre Clark y Syngman Rhee. Clark reprochaba a Syngman Rhee por desobedecer sus consejos de guardar silencio y no vociferar sobre la “marcha hacia el Norte” por separado. Decía: “Cálmese y no recurra a la vanidad, si, como ochentón que es, quiere mantenerse en la presidencia unos años más. Por no escuchar mis consejos y gritar a voz en cuello marcha hacia el Norte, esta vez el ejército comunista cambió su dirección a encauzar el ataque contra vuestro ejército de defensa nacional, ¿no es así? Las fuerzas del ejército comunista del Norte se calculan en cientos de miles de efectivos, de los cuales hay numerosos cuadros con ideas comunistas.”

Los soldados del “ejército de defensa nacional”, que regresaron del frente a Pusan cuando Syngman Rhee gritaba acerca de una “marcha hacia el Norte” por separado, vieron marchar a unas decenas de miembros del “cuerpo juvenil de Taehan” gritando lo mismo. Entonces se quitaron sus uniformes militares y se los tiraron diciendo: “Pónganselos y vayan solos hacia el Norte si quieren”. Esto prueba que estaban atemorizados en el frente y se daban cuenta de que “la marcha hacia el Norte” era imposible.

Tercer, nuestra victoria se debió también al apoyo y el respaldo de las fuerzas democráticas internacionales. Si en la guerra hubiéramos combatido aislados, no habríamos podido vencer.

Gracias a todas las condiciones mencionadas, pudimos triunfar en la Guerra de Liberación de la Patria y venceremos siempre.

Hoy, después de la victoria en la guerra, se nos plantean nuevas y grandes tareas. La tarea revolucionaria más importante consiste en consolidar la victoria alcanzada y, a la vez, realizar la reunificación pacífica de la Patria.

Para lograrla debemos fortalecer antes que nada la base democrática. Esta es la fuente y el punto de apoyo de nuestra revolución.

Para dar mayor solidez a la base democrática, es necesario, ante todo, sentar firmes cimientos para una economía independiente y normalizar lo más pronto posible la arruinada vida del pueblo restableciendo la industria y la agricultura devastadas por la guerra.

Tenemos condiciones favorables para cumplir con éxito esta difícil, pero honrosa tarea y, más adelante, emprender la industrialización del país:

Primero, en el período de la construcción pacífica y la cruenta guerra, nuestro pueblo adquirió valiosa experiencia y se preparó como combatiente dispuesto a vencer con audacia todo tipo de contratiempos.

Contamos ahora con muchos técnicos y cuadros nacionales y seguimos formándolos en gran número. En el tan difícil tiempo de guerra, enviamos muchas personas a estudiar en otros países.

No hay ningún baluarte inconquistable para nosotros, gracias a que contamos con el Partido del Trabajo de Corea, el Gobierno de la República y excelentes cuadros dirigentes, templados en el fragor de la guerra.

Segundo, tenemos abundantes recursos naturales.

Son inagotables nuestras riquezas de oro, plata, cobre, hierro, carbón, electricidad, madera, pesca, etc. También tenemos tierras fértiles y fuentes de abundantes materias primas, que nos permiten resolver a satisfacción la cuestión del alimento y del vestido. El problema reside en cómo movilizarlas y aprovecharlas adecuadamente.

Tercer, los pueblos de la Unión Soviética, de China y de otros países hermanos, que nos apoyaron y respaldaron activamente durante la construcción pacífica y en especial durante la guerra, nos prometieron mucha ayuda para restablecer y construir la economía nacional en la postguerra.

En resumidas cuentas, todo depende de lo que hagamos nosotros mismos. Si trabajamos tesoneramente, con el mismo ímpetu con el cual aniquilamos con valentía al enemigo en la guerra, si elevamos nuestra preparación técnica y gestora para utilizar en forma correcta la ayuda de los países hermanos y las riquezas naturales y fuentes internas de nuestro país, realmente lograremos grandes éxitos en la construcción económica y en la mejora de la vida del pueblo.

Acabaremos con el atraso secular y con la unilateralidad colonial de nuestra industria, y echaremos sólidos cimientos para una economía nacional independiente. Después de cumplido el Plan Trienal, no nos orientaremos hacia el simple restablecimiento de la industria, sino hacia la construcción en gran escala de fábricas necesarias y la reconstrucción técnica de la economía nacional y entraremos en la etapa de establecer las bases de la industrialización.

De esta manera, nuestra economía nacional se librará de la técnica atrasada, progresará sobre la base de otra nueva, y podremos elevar el nivel de vida material y cultural del pueblo y, en fin de cuentas, solucionarle, en lo fundamental, el problema de la alimentación, el vestido y la vivienda.

Cuando llevemos a exitosa culminación la construcción económica que planeamos, entre el Norte y el Sur de Corea habrá una distancia como del cielo a la tierra en el desarrollo económico y cultural y en las condiciones de vida de la población. Entonces, la situación de la camarilla de Syngman Rhee será, sin duda alguna, muy crítica.

Hasta recalcitrantes nacionalistas como Kim Ku y Kim Kyu Sik, que vinieron a Corea del Norte para asistir a la Conferencia Conjunta de Representantes de Partidos Políticos y Organizaciones Sociales de Corea del Norte y del Sur, celebrada en 1948, antes de regresar, después de ver nuestro régimen democrático popular y el desarrollo de la parte Norte aún en etapa inicial, juraron diciendo: “Ustedes son auténticos patriotas. No serviremos más a los norteamericanos”.

Más aún, cuando la parte Norte de la República vaya convirtiéndose en paraíso terrenal, mientras que, por el contrario, la economía de la parte Sur se destruya y sea cada vez más miserable la vida de la población, los sudcoreanos no permanecerán de brazos cruzados, sino que lucharán, junto con nosotros, contra el imperialismo yanqui y la camarilla de Syngman Rhee. Entonces podríamos reunificar nuestra Patria por vía pacífica.

Hace falta restaurar y desarrollar rápidamente nuestra economía y fortalecer la base democrática. Consolidar la retaguardia es importante para reforzar nuestras fuerzas armadas y para asegurar el triunfo en la guerra. La camarilla de Syngman Rhee cacareó, desde el comienzo, que colocaría la “bandera nacional de Corea del Sur” en el monte Paektu, pero no lo logró ni lo logrará tampoco en el futuro. Al contrario, llegará sin falta un día en que izaremos la bandera de la República sobre el monte Halla.

Nuestro Ejército Popular debe defender firmemente la base democrática del Norte de la República, que va creciendo y ganando en fortaleza día a día. Debe hacer respetar el Acuerdo de Armisticio y proteger con firmeza la línea defensiva de la Patria, para impedir que los invasores se atrevan a tocar nuestra base democrática. Si el enemigo provoca otra guerra, no sólo lo rechazará sin demora, sino que además le perseguirá hasta aniquilar su última guarida y así logrará la causa de la reunificación del país. Por eso debe aprovechar con más eficacia la tregua y consolidar sus fuerzas.

El Ejército Popular tiene que seguir elevando la vigilancia revolucionaria y no aflojar el estado de tensión, como en tiempo de guerra, construir más sólidas instalaciones de defensa a lo largo de las costas Este y Oeste y de la línea de demarcación, así como estar siempre perfectamente preparado.

Debemos fortalecer el Ejército Popular cualitativamente. Dotarlo firmemente, aun cuando se reduzca el número de efectivos, de las ideas marxistas-leninistas, así como de armas ultramodernas y potentes equipos de fuego.

Hay que equipar a nuestro Ejército con armas y equipos técnicos de combate, móviles y adecuados a la geografía de nuestro país y reforzar la artillería.

Anteriormente, había tendencias muy erróneas. Incluso en la quinta operación de la tercera etapa de la guerra, sujetos como Kim Ung incurrieron en graves errores dejando los cañones en la retaguardia, sin aprovecharlos, e insistiendo en los combates cuerpo a cuerpo, apoyados con granadas de mano y armas ligeras. Los comandantes deberán elevar decisivamente la capacidad de mando en cuanto al uso de la artillería.

Importante problema para consolidar cualitativamente el Ejército Popular es potenciar el papel de los estados mayores.

Estos adolecen todavía de muchas deficiencias en el trabajo. En nuestro país hay un dicho: “no hay general sin soldados”. No se puede ganar una batalla sin valerse adecuadamente del estado mayor, sin asegurar la organización y el mando científico de los combates.

Nos incumbe la tarea de fortalecer a nuestros estados mayores para que sepan organizar paciente y certeramente la guerra moderna basándose en la correcta evaluación de la situación del enemigo y de las fuerzas de nuestro Ejército, en juicios científicos.

Es importante, además, elevar la capacidad organizativa y de mando de los oficiales de nuestro Ejército Popular. Les compete asimilar la ciencia militar avanzada para dominar el arte de mando, que les permita mantener y dirigir con maestría el ejército moderno.

Además, debemos preparar las reservas. Para ello debemos mejorar el funcionamiento de las escuelas de oficiales y elevar el nivel de los cuadros y los militares de modo que asuman y cumplan un cargo superior. Por ejemplo, que un jefe de sección pueda desempeñar las funciones de jefe de compañía, éste las de jefe de batallón. De tal modo podremos convertir nuestro Ejército Popular en ejército de cuadros.

Al mismo tiempo que lo fortalecemos, debemos intensificar la capacitación militar de todo el pueblo.

Por otra parte es preciso mejorar la administración de las unidades.

Los jefes de batallón, compañía y sección aún tienen muchas deficiencias en la administración de sus unidades. Hay algunos mandos que persisten en el método de trabajo burocrático, razón por la cual en ciertas unidades de nuestro Ejército Popular, ejército revolucionario, surgen todavía diversas emergencias. Es aconsejable intensificar tanto entre oficiales como entre sargentos mayores y subjefes de sección la educación referente a la administración de las pequeñas unidades.

Es menester que el Ejército Popular esté siempre firmemente unido en lo ideológico. Hay que establecer el rasgo moral de que el superior aprecie sinceramente al subordinado y el subordinado respete al superior. Sin esto no podremos triunfar en la guerra.

Ahora, nuestro Partido lleva a cabo el control del espíritu partidista. Hay que efectuarlo en el Ejército Popular en estrecha ligazón con el problema de cómo se esfuerza cada comandante, como miembro del Partido, en aras de la administración de las unidades y la educación de los subordinados y de qué éxitos logra.

Además, hay que combinarlo con un balance justo de los tres años de guerra y con el problema de extraer la rica experiencia y lecciones, para tomarlas como guía en el servicio, así como con el de mejorar cabalmente las actividades de los sectores de exploración, comunicaciones e ingeniería e imprimir cambios cualitativos al uso de la artillería y la administración de las unidades.

Estoy firmemente seguro de que ustedes cumplirán con lealtad todas las tareas, con arreglo a las exigencias del Partido y el Gobierno. 

Fuente: Marxists Internet Archive, diciembre de 2009.

viernes, 29 de agosto de 2025

79 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE COREA DEL NORTE

POR LA FUNDACIÓN DE UN PARTIDO UNIDO DE LAS MASAS TRABAJADORAS
¡TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, UNÍOS!

KIM IL SUNG

Informe presentado en el Congreso Inaugural del Partido del Trabajo de Corea del Norte
29 de agosto de 1946


Queridos compañeros delegados:
El presente Congreso, cuyo propósito es la fundación del
Partido del Trabajo de Corea del Norte mediante la fusión del
Partido Comunista de Corea del Norte y el Partido
Neodemocrático de Corea, tiene una gran significación en los
anales del movimiento por la independencia de Corea y en la
realización de las tareas actuales de la revolución democrática.
Están ustedes reunidos aquí no sólo en calidad de delegados
del Partido del Trabajo, sino también como representantes de todo
el pueblo de Corea del Norte, para discutir asuntos de Estado e
importantes problemas que deciden el destino de la patria.
Nosotros, que hasta ahora hemos estado empeñados en una
gran lucha y en la construcción por la patria y el pueblo, hemos
convocado el presente Congreso en que habrá de fundarse un
partido unido de las masas trabajadoras coreanas para realizar
obras aún mayores en el futuro.
Hoy el pueblo coreano, que vive en medio de una compleja y
aguda situación política, observa el Congreso Inaugural de nuestro
Partido con el más profundo interés y esperanza. De ahí que
debamos llevar este Congreso a una exitosa conclusión, para
responder a la gran esperanza del pueblo coreano y satisfacer las
apremiantes exigencias de las masas populares.

1. SITUACIÓN POLÍTICA EN COREA

La situación de nuestro país sufrió un cambio radical a partir
de su liberación. Con la victoriosa conclusión de la guerra mundial
antifascista gracias al decisivo papel del Ejército Soviético, el
sistema de brutal dominación del imperialismo japonés fue
también derribado en Corea y así se abrió el camino que podrá
llevar a la construcción de una Corea para los coreanos, una nueva
patria y una nueva vida conforme a la voluntad y exigencia de
nuestro pueblo.
El celo revolucionario y el poder creador del pueblo coreano,
libre después de tan larga opresión, estallaron como un volcán en
erupción y, sólo en un año transcurrido, esta gran fuerza produjo
un cambio radical en la fisonomía de la sociedad coreana.
Las reformas democráticas realizadas en Corea del Norte
durante ese período pusieron fin a todas las relaciones coloniales y
feudales que habían estancado largamente el desarrollo de la
economía y la cultura de nuestro país y allanaron el camino para su
libre desenvolvimiento. El año transcurrido ha sido, en realidad, el
de un gran salto y cambio, los cuales, ordinariamente, habrían
requerido decenas y aún cientos de años.
En el transcurso de la enconada lucha contra el enemigo, la
conciencia política del pueblo coreano ha logrado un ascenso sin
igual y Corea se está convirtiendo precisamente hoy en una Corea
del pueblo, en una Corea gobernada y construida por su propio
pueblo.
Las reformas democráticas de Corea del Norte tienen también
gran significación en el plano internacional. Ejemplos de reformas
sociales democráticas, realizadas tan a cabalidad como en nuestra
Corea del Norte, difícilmente podrían encontrarse en otros países
empeñados en la creación de una nueva vida, después de la
Segunda Guerra Mundial. Las reformas democráticas de Corea del
Norte brindan un alentador ejemplo a los pueblos de diversos
países del Oriente que aspiran a la libertad y la democracia. Corea
del Norte ha llegado a ser hoy no sólo la base del desarrollo
democrático de toda Corea, sino que también desempeña el papel
de cuna de la democracia en el Oriente.
La reforma agraria puso fin a las relaciones feudales de
tenencia de la tierra, principal causa del atraso y estancamiento
de la sociedad coreana, y echó los cimientos para el desarrollo
democrático de Corea. En Corea del Norte el campesino que labra
la tierra ha llegado a ser el dueño de ésta y los terratenientes y el
sistema de arrendamiento han sido liquidados de una vez por
todas.
En Corea del Norte los campesinos trabajan sus propias
tierras y disponen libremente de los productos agrícolas para la
mejora de su nivel de vida y aumento de la producción, previa
entrega al Estado de sólo un 25% de la cosecha a título de
impuesto agrícola en especie. El impuesto agrícola en especie que
recibe el Estado se usa, no para el disfrute y enriquecimiento de los
explotadores, como en el pasado, sino para el desarrollo de la
economía nacional en conjunto, incluida la economía rural, y para
mejorar la vida del pueblo.
La implantación de la democrática Ley del Trabajo ha liberado
a los obreros y oficinistas de las crueles labores forzadas de tipo
colonial, asegurándoles derechos fundamentales en el trabajo y en
la vida, lo que ha permitido a las masas trabajadoras poner en
juego a plenitud su actividad y poder creador.
La nacionalización de las industrias ha convertido en
propiedad del pueblo los establecimientos industriales que
pertenecían al imperialismo japonés y a los traidores a la nación,
los cuales constituían la espina dorsal de la economía coreana, y de
esta manera ha suprimido la base de apoyo de la explotación
imperialista y echado los fundamentos económicos para construir
un Estado soberano e independiente. Así esas fábricas, minas de
carbón y otras, ferrocarriles, comunicaciones, bancos, etc., que
antes servían a los imperialistas y capitalistas compradores para
exprimir la sangre y el sudor del pueblo coreano, ahora han pasado
a ser bienes del pueblo que se destinan a la prosperidad y
desarrollo de nuestra Patria y al aumento del bienestar de las
masas trabajadoras. Estas medidas adoptadas por el Comité
Popular Provisional de Corea del Norte son una prueba elocuente
de lo perfectas y progresistas que son las reformas democráticas
llevadas a cabo en nuestro país.
Además, la Ley de la Igualdad de los Derechos del Hombre y
la Mujer emancipó a la mujer norcoreana del desprecio, del
maltrato y de la doble y triple opresión que sufriera por milenios,
capacitándola así para tomar parte activa en todas las esferas de la
política, la economía y la cultura con iguales derechos que el
hombre.
Como prueban palpablemente todos estos hechos, la
democrática Corea del Norte señala hoy claramente a todo el
pueblo coreano el camino a seguir; y la democratización de Corea
y su total independencia sólo pueden obtenerse con el firme apoyo
de la base democrática de Corea del Norte.
Sin embargo, hay muchas dificultades en el camino de la
construcción democrática de la Patria y nuestra lucha es muy
ardua y complicada. Esto se debe a que el ejército agresor del
imperialismo norteamericano, que trata de colonizar de nuevo a
nuestro país, se ha estacionado en Corea del Sur, y a que una
pandilla de traidores y vendepatrias, convertidos en sus lacayos,
está tratando desaforadamente de vender otra vez a Corea como
colonia al imperialismo. Actualmente, la administración militar
norteamericana monopoliza todo el poder en Corea del Sur y
realiza todo tipo de frenéticas maniobras para reprimir las fuerzas
democráticas y crearle una base de apoyo a la reacción.
El pueblo de Corea del Sur sufre bajo la bárbara opresión y
tiranía de las fuerzas reaccionarias de dentro y de fuera del país y
se consume en un abismo trágico de miseria y privación de todos
los derechos, igual que en la pasada época del imperialismo
japonés.
A las masas populares les son negadas por completo las
libertades elementales: libertad de palabra, de prensa, de reunión,
de asociación y de creencias religiosas, etc. Así, a miles de
patriotas se les tortura cruelmente en los calabozos y cárceles por
su “crimen” de amar al país, por su “delito” de haber aclamado la
democracia y la independencia de la Patria. A plena luz del día los
dirigentes del pueblo caen bajo las balas de los terroristas
reaccionarios, y los partidos políticos y organizaciones sociales de
carácter democrático están destruidos por las acciones-terroristas
de la pandilla traidora y vendepatria de Syngman Rhee,
abiertamente patrocinada por el ejército yanqui. Frente a la puerta
de un tribunal, los reaccionarios mataron a tiros a un alumno de
secundaria que exigió que el juicio por el llamado “caso de
falsificación de billetes” fuese público.
Sabios y profesores patriotas son expulsados de las escuelas y
éstas se ven clausuradas una tras otra. Patrióticos exponentes de la
cultura y el arte son también puestos bajo vigilancia, golpeados y
arrojados a las prisiones sin motivo alguno.
Lejos de hablarse de la reforma agraria, la tierra que en el
pasado era propiedad de los japoneses está siendo concentrada en
manos de los norteamericanos y de los especuladores reaccionarios.
Los campesinos surcoreanos gimen bajo el yugo del sistema feudal
de arriendo con rentas muy altas, como en el pasado.
Lejos de hablarse de la implantación de la ley del trabajo,
matan a los obreros con aviones, tanques y ametralladoras sólo por
haber tomado parte en una demostración; y se condena a ocho años
de prisión a quien haga un discurso en pro del movimiento obrero.
Ahora los obreros surcoreanos se ven obligados a trabajar como
bestias de carga, bajo una cruel explotación y opresión coloniales
en nada diferentes a las que sufrieran en el pasado.
Las autoridades de la administración militar norteamericana,
lejos de nacionalizar las principales industrias, declaran propiedad
suya los establecimientos industriales que antes pertenecieron al
imperialismo japonés; y hablan de restaurar la industria cuando ,en
realidad están destruyendo aquellas pocas fábricas que aún
funcionan, y convierten a Corea del Sur en mercado para las
mercancías norteamericanas. La camarilla traidora de Syngman
Rhee ya les ha hecho a los capitalistas norteamericanos no sólo
concesiones mineras y comerciales en Corea sino que también hoy
perpetra acciones vendepatrias y traidoras, como vender
abiertamente a los plutócratas norteamericanos las valiosas
riquezas del país.
Lejos de hablarse de iguales derechos para el hombre y la
mujer, se propagan más los sistemas de poligamia y de
prostitución, con licencia o sin ella, así como de cortesanas, y
muchas mujeres sufren la insoportable humillación de ser juguetes
de placer para individuos adinerados e influyentes.
El verdadero valor de un partido político y de una política
debe medirse, no por sus palabras o declaraciones, sino por sus
actividades prácticas y por los hechos concretos que demuestren
de quiénes son los intereses que representa y defiende esa política.
Durante un año transcurrido, los “políticos” reaccionarios de
Corea del Sur hicieron innumerables discursos, promesas y
juramentos ante los micrófonos y en las tribunas públicas. Mas en
verdad, ¿qué le han traído ellos al pueblo coreano? La pandilla de
Syngman Rhee, pese a todo su descaro, no podrá ocultar más su
verdadera naturaleza, la cual ha sido puesta hoy completamente al
desnudo ante todo el pueblo coreano por la realidad de las
evidencias. La camarilla traidora de Syngman Rhee no ha hecho
otra cosa que tiranizar a Corea del Sur —en vez de implantar allí la
democracia— y vender al país como colonia a Estados Unidos,
cumpliendo los dictados de sus dueños norteamericanos.
Los desempleados vagan en grupos por las calles; gentes
hambrientas, con escudillas en las manos, se apiñan ante los
organismos oficiales exponiendo a gritos sus quejas; jóvenes
estudiantiles caen bajo las balas; se cierran las escuelas; se
clausuran sucesivamente los órganos de palabra como las
editoriales de periódicos, revistas y otros; y los patriotas siguen
siendo arrestados, encarcelados y asesinados, mientras los
elementos projaponeses y traidores a la nación extreman su
despotismo y abuso de poder, como si volviesen a encontrarse en
su mundo; éste es precisamente el verdadero cuadro de Corea del
Sur, una tierra de desorden, donde el ejército yanqui actúa como
amo.
En diametral contraste con Corea del Norte, que avanza hacia
una genuina democracia e independencia nacional, Corea del Sur,
bajo el dominio del terror fascista impuesto por los imperialistas
yanquis y sus lacayos, la camarilla traidora y vendepatria de
Syngman Rhee, está retrocediendo por el camino de la reacción y
la esclavitud colonial. Así, la dificultad para resolver el problema
coreano estriba exactamente en que la mitad Sur de nuestro país
está ocupada y colonizada por el imperialismo yanqui.
La más importante tarea que confronta hoy el pueblo coreano
es la de frustrar cuanto antes la antipopular y reaccionaria línea de
Corea del Sur, realizar allí cabales reformas democráticas, como se
hizo en Corea del Norte, y construir con ello una nueva Corea
democrática, unificada e independiente.

2. EL FORTALECIMIENTO DEL FRENTE
UNIDO NACIONAL DEMOCRÁTICO ES UNA
IMPORTANTE GARANTÍA DE VICTORIA
PARA LA REVOLUCIÓN

La consolidación por todos los medios del Frente Unido
Nacional Democrático, organización que une a todas las fuerzas
patrióticas y democráticas de Corea, constituye una importante
garantía de victoria para nuestra revolución.
Las reformas democráticas en Corea del Norte, desde sus
comienzos, se llevaron a cabo por la fuerza de todo el pueblo, por
los esfuerzos unidos de todos los partidos políticos y
organizaciones sociales de carácter democrático.
El Partido Comunista de Corea del Norte, el Partido
Neodemocrático de Corea, el Partido Democrático de Corea, el
Partido Chondoista Chong-u y todas las organizaciones sociales,
actuando siempre al unísono bajo la bandera de democracia, han
liquidado a los elementos projaponeses de toda laya y frustrado las
intrigas y maniobras de los reaccionarios y han venido acelerando
enérgicamente la gran tarea de construir un país democrático. El
Frente Unido Nacional Democrático de Corea del Norte, que une a
todas las fuerzas patrióticas y democráticas, nació y creció en el
curso de la lucha práctica por llevar a cabo las tareas democráticas.
Está íntimamente ligado a las grandes masas populares y ya
agrupa a su alrededor a más de seis millones de personas de las
masas organizadas. Esto representa, en realidad, una gran fuerza y
precisamente en ello radica el factor básico de nuestra victoria.
El hecho de que el Comité Popular Provisional de Corea del
Norte haya podido llevar a cabo segura y exitosamente las grandes
reformas democráticas en un corto período de seis meses a partir
de su establecimiento, también se debe a que se apoyó en la fuerza
unida de todos los partidos políticos y organizaciones sociales, y
de todas las clases y capas sociales del pueblo. Cada vez que se
presentó una tarea democrática, todos los partidos políticos y
organizaciones sociales hicieron pública una declaración conjunta
de apoyo absoluto a la misma, enviaron a todas las zonas locales a
sus activistas y no escatimaron esfuerzos ni entusiasmo para su
exitosa realización.
Los órganos de nuestro Poder popular pueden cumplir
exitosamente las tareas democráticas sobre una base de amplias
masas, gracias a que todos los partidos políticos democráticos dan
su unánime apoyo a los comités populares y aúnan sus esfuerzos
en la lucha por la aplicación de su política. Todos los partidos
políticos y organizaciones sociales, todas las clases y capas de las
masas populares de Corea del Norte están estrechamente unidos
alrededor de los comités populares, y les dan un unánime y activo
apoyo a las medidas tomadas por los organismos del Poder popular.
Como resultado, las reformas democráticas en Corea del Norte son
y serán realizadas en virtud de la gran fuerza compacta de las
amplias masas populares que se agrupan en torno al Frente Unido
Nacional Democrático.
Todas nuestras experiencias enseñan hoy claramente que la
soberanía e independencia completas de Corea y su desarrollo
democrático pueden lograrse sólo por la fuerza del Frente Unido
Nacional Democrático, que abarca todas las masas populares: la
clase obrera, en primer término, y los campesinos, artesanos,
intelectuales, comerciantes y empresarios.
Por el contrario, la causa de todo el desorden y la desdichada
situación imperantes en Corea del Sur, bajo la administración
militar norteamericana, radica principalmente en la desunión de
las filas de nuestra nación. En Corea del Sur, según se dice, una
vez llegó a haber más de 200 partidos políticos. Dividirse así en
minúsculos partidos y grupos enanos, y reñir entre sí, es
exactamente lo que desean las fuerzas reaccionarias. Los
enemigos de la democracia, enemigos de nuestra nación, desean,
ante todo, ver a nuestro laborioso pueblo —obreros, campesinos e
intelectuales trabajadores, etc.—, combatirse y morderse dividido
en fracciones opuestas. Porque las fuerzas reaccionarias sólo
pueden subsistir y lograr sus fines antipopulares aprovechándose
de esto y valiéndose de la división de las fuerzas democráticas.
Semejante política divisionista es el método predilecto que aplican
corrientemente los reaccionarios en todas partes del mundo.
Nosotros no debemos dejarnos engañar por este ardid ni caer
nunca en él. Sin embargo, en Corea del Sur han caído en él. Los
partidos políticos y organizaciones sociales de carácter
democrático de Corea del Sur están divididos entre sí y
enfrascados en disputas fraccionalistas y rebatiñas por la
hegemonía, tal como lo desea el enemigo. En la actualidad, esto
constituye el principal peligro de la situación en Corea del Sur.
El desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en
Corea del Sur durante el año transcurrido nos demuestra de modo
convincente cuan valiosa es la unión de todas las fuerzas
patrióticas y democráticas, y cuan urgente e importante es
fortalecer la unidad, en especial la de las masas trabajadoras del
pueblo.
Debemos fortalecer el frente unido de todos los partidos
políticos y organizaciones sociales de carácter patriótico que
aspiran a la libertad, independencia y democracia de la Patria,
rechazar las fuerzas reaccionarias y vendepatrias y llevar la
revolución democrática a un final victorioso, apoyándonos en la
fuerza unida de todos los trabajadores y de todo el pueblo.

3. LA FUSIÓN DE LOS DOS PARTIDOS
ES INEVITABLE Y LO MÁS ADECUADO

Compañeros delegados:
En el momento actual, la fusión del Partido Comunista y el
Partido Neodemocrático es, en verdad, de trascendental
significación para el fortalecimiento de la unidad de las fuerzas
democráticas en nuestro país. Particularmente, la integración de
los dos Partidos en uno solo constituye un gran paso hacia una más
estrecha unión de las amplias masas de obreros, campesinos e
intelectuales trabajadores.
En el proceso de fusión del Partido Comunista y el Partido
Neodemocrático fueron expresadas diversas opiniones acerca de
qué clase de partido debía ser el Partido del Trabajo y qué habría
de hacer.
El Programa de nuestro Partido del Trabajo estipula
explícitamente cuáles son sus fines, su carácter y sus deberes.
Nuestro Partido es, como se estatuye claramente al comienzo de su
Programa, un partido que representa y defiende los intereses de las
masas trabajadoras de Corea, siendo su finalidad la de construir un
Estado independiente y democrático, poderoso y rico. El Partido
del Trabajo es el destacamento de vanguardia de las masas
trabajadoras de Corea y está enraizado en las amplias masas de
obreros, campesinos e intelectuales trabajadores. Es por esto que
el Partido del Trabajo debe llegar a ser, por supuesto, la fuerza
dirigente en la lucha por la soberanía, independencia y
democratización de Corea y debe desempeñar el papel de núcleo
en el Frente Unido Nacional Democrático. Nuestro Partido lucha
por derrotar a los elementos projaponeses, traidores a la nación,
terratenientes y capitalistas compradores; por emancipar del todo a
la Patria del yugo del imperialismo extranjero y por construir un
Estado soberano, independiente y democrático. Estos son los
mismos fines que han venido persiguiendo tanto el Partido
Comunista como el Partido Neodemocrático.
¿Cuáles son entonces los deberes del Partido del Trabajo? El
deber básico de nuestro Partido en la presente etapa es realizar a
cabalidad las reformas democráticas, antimperialistas y
antifeudales en todo el país y fundar una república popular
democrática, movilizando a las grandes masas del pueblo. Las
actuales tareas programáticas de nuestro Partido son: confiscar la
tierra a los imperialistas japoneses y terratenientes y distribuirla
entre los campesinos; nacionalizar las industrias, el transporte, las
comunicaciones y los bancos, etc., pertenecientes a los
imperialistas japoneses y a los capitalistas compradores, y
hacerlos propiedad del pueblo; establecer la jornada de ocho horas
y un sistema de seguro social para los obreros y oficinistas;
conceder a las mujeres iguales derechos que a los hombres;
asegurar al pueblo libertad de palabra, de prensa, de reunión, de
asociación y de creencias religiosas; instituir un sistema
democrático de enseñanza popular e implantar la educación
obligatoria, así como desarrollar la ciencia y la cultura y artes
nacionales.
Estas tareas democráticas representan las más imperiosas
demandas de todos los sectores del pueblo trabajador de toda
Corea. Sin llevar a cabo las reformas democráticas es imposible
construir un Estado por completo independiente y democrático,
liberar a las masas trabajadoras de la pobreza y del escamoteo de
sus derechos, ni desarrollar la economía y la cultura de nuestro
país.
El Partido Comunista y el Partido Neodemocrático han
luchado y siguen luchando por hacer realidad estas vitales
exigencias de las masas trabajadoras de Corea. Por eso es
inevitable la fusión de ambos partidos cuyos fines y tareas son los
mismos.
Hoy estamos luchando, no por la antigua democracia
parlamentaria de los Estados capitalistas, sino por la verdadera
democracia de la nueva Corea, democracia para las amplias
masas populares, democracia progresista. La lucha por la
conquista de los derechos de las masas populares en la esfera
política, económica y cultural, es una lucha ardua, compleja y
prolongada a la que nos enfrentamos. La fusión del Partido
Comunista y el Partido Neodemocrático es de vital necesidad para
el cumplimiento de esa tarea.
La desunión de las masas trabajadoras en la lucha a vida o
muerte contra el enemigo constituye el peligro mayor. Las masas
trabajadoras deben unirse con más firmeza y mantener una
estrecha cohesión, a fin de cumplir victoriosamente nuestra misión
de combate. Lo más decisivo en la realización de las grandes
tareas democráticas que confronta el pueblo coreano es formar un
estado mayor unificado de las masas trabajadoras, único
destacamento militante de vanguardia del pueblo trabajador. Este
problema sólo puede solucionarse con la fundación del Partido del
Trabajo.
Por esta razón, el Comité Central del Partido Neodemocrático
propuso la fusión de los dos Partidos, y el Comité Central del
Partido Comunista también estuvo plenamente de acuerdo con
esta proposición, de modo que oficialmente se decidió en una
sesión conjunta de los Comités Centrales de ambos Partidos el
fundirse y desarrollarse en un Partido del Trabajo de carácter
masivo.
Todo el pueblo, para no hablarse de los miembros de ambos
Partidos, saludó calurosamente esta histórica decisión. Y es que
estaba convencido de que la fusión de los dos Partidos contribuiría
en mucho al robustecimiento de las fuerzas democráticas y a
acelerar la construcción democrática.
De este modo, la fusión se efectuó sin dificultades en todas las
provincias, ciudades, distritos y cantones, bajo una atmósfera de
elevado entusiasmo político de todos los miembros de ambos
Partidos y de todas las masas trabajadoras que apoyaron dicha
fusión; y así, hoy hemos podido convocar el Congreso Inaugural
del Partido del Trabajo. Esto es una palpable evidencia de que la
integración de los dos Partidos era inevitable y lo más apropiado.
Sin embargo, en el curso de la fusión hallamos tendencias
erróneas entre algunos miembros del Partido Comunista. He aquí
algunos ejemplos:
Quisiera destacar, ante todo, la actitud presuntuosa y altiva de
algunos miembros del Partido Comunista. Ellos dicen: “¿Cómo
podemos fusionarnos con el Partido Neodemocrático?”. Por
nuestra parte nos gustaría preguntarles a ellos: “¿Cuándo han
llegado a ser ustedes Poi y Suchi?” Esta es, sobre todo, una
manifestación de autosuficiencia, de desprecio a los demás; una
tendencia exclusivista de considerarse a sí mismo como el único
que hace la revolución. Y tal defecto deriva de la ignorancia de la
línea y la política de nuestro Partido, y aun de la simple verdad de
que el trabajo revolucionario llegará a obtener la victoria sólo
cuando todos los compañeros de la revolución mantengan la
unidad y todas las masas populares estén cohesionadas. Hablando
de un modo más riguroso: esto, por ser una tendencia
fraccionalista, es una peligrosa tendencia contra la cual debemos
armarnos de la mayor vigilancia en interés de la creación de un
partido político de masas. Si se permitiera que una tendencia de
este tipo cobrara auge, nuestra causa podría arruinarse.
Otra grave tendencia se expresa en la afirmación de qué
nuestro Partido “se convertirá en un Partido Neodemocrático” o
“se transformará en un partido de la clase de pequeños
propietarios”. Esta es, por un lado, una manifestación izquierdista
que no mira con buenos ojos la fusión; pero considero necesario
esgrimir una particular vigilancia contra el veneno derechista que
contiene dicha tendencia.
Debemos combatir resueltamente las desviaciones que
perjudiquen la disciplina organizativa y la unidad ideológica del
Partido y que traten de reducirlo a un simple club de masas
trabajadoras, a una organización de amistad, típica de la clase de
pequeños propietarios. La fundación del Partido del Trabajo, un
partido de masas que defiende los intereses de todas las masas
trabajadoras y puede acoger a todos sus elementos avanzados, no
significa en modo alguno que sea admisible perjudicar la dignidad
política del Partido y debilitar la unidad de sus filas y su férrea
disciplina. El Partido del Trabajo es una unidad de combate
organizada y un destacamento de vanguardia de las masas
trabajadoras. En todo momento debemos defender la unidad, la
pureza y la estricta disciplina del Partido. Si faltan en nuestras filas
ideas, voluntad y disciplina únicas, estaremos incapacitados para
alcanzar la victoria en la lucha contra el enemigo.
Otro punto que me gustaría mencionar es el de la mala
suposición de que habrá una “purga en gran escala” en el Partido.
Esto también es una manifestación de la pasividad de aquellos a
quienes disgusta la fusión, una tendencia a desconfiar del Partido.
Es natural que el Partido elimine a los elementos extraños con
el objeto de mantener la pureza de sus filas. Siempre debemos
extremar la vigilancia contra los elementos extraños, evitar
totalmente sus maquinaciones y expulsarlos de las filas del Partido
tan pronto como sean descubiertos. Estos elementos, sin embargo,
son muy pocos y por eso no podrá haber “purga en gran escala” en
nuestro Partido del Trabajo, y todo lo que se diga sobre tal “purga”
es completamente erróneo.

4. TAREAS INMEDIATAS DEL PARTIDO

La tarea básica de nuestro Partido en la etapa actual es la de
construir lo más pronto posible un Estado democrático, unificado
y totalmente independiente. Para lograrlo, debemos barrer todas
las fuerzas reaccionarias projaponesas y feudales que obstaculizan
la independencia democrática de la Patria.
Tenemos que luchar por fortalecer más el Comité Popular
Provisional de Corea del Norte, que es un verdadero Poder popular,
y transferir todos los poderes a los comités populares en toda
Corea.
Debemos luchar por consolidar más los éxitos de las reformas
democráticas ya realizadas en Corea del Norte: reforma agraria,
Ley del Trabajo, Ley de la Igualdad de los Derechos del Hombre y
la Mujer, nacionalización de las principales industrias, institución
de un sistema de enseñanza popular, etc., y para llevar dichas
reformas a escala nacional. A fin de llevar a cabo victoriosamente
estas tareas de combate, lo más importante es hacer de nuestro
Partido una fuerte unidad militante.
Mientras más se amplía el frente unido de las masas populares,
mientras más complicadas se van haciendo las tareas que
confrontamos y más se agudiza la lucha contra el enemigo, se hace
vitalmente necesario robustecer aún más en lo organizativo e
ideológico a nuestro Partido, destacamento de vanguardia de las
masas trabajadoras coreanas.
Debemos fortalecer por todos los medios la unidad de ideas y
de voluntad y la disciplina férrea en las filas del Partido y librar
una lucha implacable contra todo lo que sea antagónico a esto.
Los dos Partidos se acaban de integrar en uno y, por lo tanto,
pueden aparecer en nuestras filas tendencias divergentes. De aqui
que sea necesario armar a todos los miembros del Partido con las
mismas ideas, basadas en el Programa de nuestro Partido,
fortalecer su unidad camaraderil de principios y elevar su
conciencia política.
Luchar contra todas las tendencias fraccionalistas es hoy de
particular importancia en la vida de nuestro Partido. Debemos
eliminar totalmente los vestigios del abominable fraccionalismo
que, con su larga historia a cuestas, tantos daños le ha causado al
movimiento revolucionario en Corea, para construir así nuestro
Partido como una tropa unida, poderosa y férrea.
Nuestro Partido debe enraizar profundamente en las masas, y
mantener en todo momento sus vinculaciones consanguíneas con
ellas. Debemos, bajo toda circunstancia, defender los intereses de
las masas trabajadoras, prestar oídos a sus opiniones, aprender de
ellas y educarlas. Debemos dirigir y controlar todas las
organizaciones de trabajadores y, agrupando a todas las masas
trabajadoras firmemente alrededor de nuestro Partido, guiarlas
correctamente a la construcción de una nueva y democrática Corea.
El que los miembros de nuestro Partido lo hagan bien o mal es la
clave que decidirá la victoria o el fracaso de éste.
Luego debe prestarse el mayor interés al asunto de los cuadros.
Si no hubiese cuadros capaces para llevar a cabo exitosamente el
Programa y las decisiones de nuestro Partido, tanto aquél como
éstas se convertirían sólo en mera letra muerta, por más excelentes
que fueran. Los cuadros lo deciden todo. Sin embargo, todavía
tenemos deficiencias en la labor de conocerlos, entrenarlos y
promoverlos. Frecuentemente oímos decir: “Es lástima que no
tengamos cuadros”, pero rara vez oímos hablar acerca de cómo y
dónde han sido educados los cuadros y de cómo han sido
promovidos los nuevos. Debemos hacer los mayores esfuerzos
para conocer y escoger a los cuadros, entrenarlos y promoverlos.
Para terminar, quiero hacer hincapié en la necesidad de dar a
conocer profundamente a las masas populares el Programa, la
política y las decisiones de nuestro Partido. Nuestro Programa,
política y decisiones podrán convertirse en realidad sólo cuando
las masas populares los comprendan y los hagan suyos. Debemos
esforzarnos para que las masas populares sientan como propias las
consignas de nuestro Partido y ellas mismas se movilicen
conscientemente para llevarlas a cabo.
Marchemos vigorosamente hacia adelante por la libertad y la
independencia democrática de la Patria, uniendo estrechamente a
todas las fuerzas democráticas alrededor del Partido del Trabajo
que ahora fundamos.
¡Viva el Congreso Inaugural del Partido del Trabajo de Corea
del Norte, representante de los intereses de las masas trabajadoras!
¡Viva el Frente Unido Nacional Democrático!
¡Viva el establecimiento de una república popular
democrática!

Fuente: https://www.kfa-eh.org