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miércoles, 8 de julio de 2026

"DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA MURALLA CHINA", TEXTO DE FRANZ KAFKA, EN EL 143 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO


"De la construcción de la muralla china" es un célebre relato de Franz Kafka publicado póstumamente. No se trata de un relato histórico sobre la construcción real de la Gran Muralla, sino de una reflexión literaria en la que aborda la desmesurada y fragmentada construcción de la muralla como metáfora de un poder imperial inalcanzable, la incomunicación y el absurdo de las burocracias masivas, donde los obreros trabajan aislados sin conocer el propósito exacto de la colosal obra. 

El relato se caracteriza por los siguientes elementos principales:

  • El método de construcción: En lugar de levantarse linealmente, la muralla se construye por tramos inconexos y aislados (desde el sureste y el suroeste). Esto se ideó para mantener la moral y el entusiasmo de los trabajadores, ya que los grupos veían cómo sus secciones avanzaban hasta unirse con otros equipos, dispersos a lo largo de distancias inmensas.
  • La figura del Emperador: Las órdenes provienen de una "Suprema Conducción". El Emperador es una figura lejana, casi mítica y abstracta; habita en el interior del palacio imperial y está desconectado de su pueblo, por lo que el mandato real llega como un testamento milenario.
  • El absurdo y la burocracia: La vastedad de la obra y el sistema fragmentado generan una gran duda: ¿tendrá la muralla huecos y discontinuidades? Esta incertidumbre nunca puede resolverse debido a la inmensidad del territorio, simbolizando la incapacidad del individuo para comprender la totalidad de un sistema o las decisiones de la autoridad.
  • La lealtad popular: El pueblo acata la construcción con una devoción casi religiosa, asumiendo que el sentido de sus vidas está ligado a proteger al Imperio, incluso si la muralla pudiera resultar inútil en la práctica.

De la construcción de la Muralla China

El extremo norte de la Muralla China ya está concluido. Dos secciones convergieron allí, del sureste y del suroeste. Ese sistema de construcción parcial fue aplicado también en menor escala por los dos grandes ejércitos de trabajadores, el oriental y el occidental. Este era el procedimiento: se formaban grupos de unos veinte trabajadores, que tenían a su cargo una extensión cercana a los quinientos metros, mientras otros grupos edificaban un trozo de muralla de longitud igual que se encontraba con el primero. Una vez producida la unión, no se seguía la construcción a partir de los mil metros edificados: los dos grupos de obreros eran destinados a otras regiones donde se repetía la operación. Naturalmente que con ese procedimiento quedaron grandes espacios abiertos que tardaron muchísimo en cerrarse: algunos lo fueron años después de proclamarse oficialmente que la Muralla estaba concluida. Se afirma que hay espacios vacíos que nunca se edificaron; aseveración, sin embargo, que es tal vez una de las tantas leyendas a que dio origen la Muralla y que ningún hombre puede verificar con sus ojos, dada la magnitud de la obra.

Se pensaría de antemano que hubiese sido mejor en todo sentido construir la Muralla seguidamente o, por lo menos, seguidamente dentro de las dos secciones principales. La Muralla, como universalmente se proclamó y como nadie ignora, había sido concebida como una defensa contra las naciones del Norte. Pero, ¿qué defensa puede ofrecer una muralla discontinua? Ninguna, y la Muralla misma está en incesante peligro. Esos pedazos de muralla abandonados en mitad del desierto podían ser fácilmente abatidos por los nómadas, ya que esas tribus, alarmadas por los trabajos de construcción, cambiaban de terruño como langostas, con increíble velocidad y lograban tal vez una mejor visión general de los progresos de la Muralla que nosotros los constructores. Sin embargo, la obra se hizo del único modo posible. Para entenderlo así debemos considerar que la Muralla tenía que ser una defensa para los siglos que vendrían, de ahí que la edificación más escrupulosa, la aplicación de la sabiduría arquitectónica de todas las épocas y de todos los pueblos y el sentimiento perenne de la responsabilidad personal en los constructores, eran indispensables para la obra. Es verdad que para las tareas más subalternas podían emplearse obreros ignorantes —hombres, mujeres, niños, llevados por el mero interés—, pero ya un capataz de cuatro obreros debía ser un hombre versado en albañilería, un hombre que en el fondo del corazón sintiera la importancia de la obra. Cuanto más alto el cargo, mayor la exigencia. Y tales hombres existían, quizá no todos los requeridos por la obra, pero sí muy numerosos. El trabajo no había sido emprendido a la ligera. Medio siglo antes de empezarlo, la arquitectura y la albañilería, en particular, habían sido proclamadas en toda China (que se pensaba amurallar) las más importantes de las ciencias, y las otras no eran reconocidas sino en cuanto se relacionaban con ellas. Recuerdo todavía que nosotros, niños aún, nos agrupábamos en el jardín del maestro para levantar con piedritas una especie de muro, y que el maestro se remangaba la túnica, arremetía contra el muro, lo hacía pedazos y vociferaba tan fuertes reproches acerca de la fragilidad de la obra que nosotros huíamos llorando en busca de nuestros padres. Un episodio mínimo, pero típico del espíritu de la época. Yo tuve la suerte de que la iniciación de la obra coincidiera con mis veinte años y con los últimos exámenes de la escuela primaria. Digo la suerte porque muchos que ya habían completado sus estudios se pasaron la vida sin poder aplicar sus conocimientos y vagaban sin rumbo, con la cabeza llena de vastos planes arquitectónicos, sin oportunidad ni esperanzas. Pero aquellos otros que lograron puestos de capataces, siquiera en la categoría inferior, eran en verdad dignos de su trabajo. Eran albañiles que habían meditado muchísimo sobre la obra y que no cesaban de hacerlo: hombres que desde la primera piedra que enterraron se sintieron parte de la Muralla. Es natural que en tales albañiles alentara no sólo la voluntad de trabajar concienzudamente sino la impaciencia de ver concluida la obra. El obrero ignora esas impaciencias porque no le interesa más que el salario. Los jefes superiores, y aun los intermedios, ven mucho del crecimiento múltiple de la obra para mantener en alto el espíritu. Pero con los subalternos, hombres espiritualmente superiores a sus tareas aparentemente triviales, era preciso proceder de otro modo: imposible tenerlos durante meses o tal vez durante años acumulando piedra sobre piedra en una montaña desierta, a centenares de millas de su hogar; la futilidad de un trabajo, que excedía el término natural de la vida de un hombre, los hubiera incapacitado para la obra. Por eso fue elegido el sistema de construcción parcial. Quinientos metros solían completarse en cinco años; al cabo de ese tiempo los capataces quedaban exhaustos y habían perdido la confianza en sí mismos, en la Muralla y en el mundo. Entonces, en plena exaltación de las fiestas que celebraban los mil metros ejecutados, los destinaban muy lejos. En la travesía divisaban aquí y allá trozos de Muralla concluidos, pasaban por altas jefaturas donde les entregaban premios honoríficos, escuchaban el júbilo de los nuevos ejércitos laboriosos que llegaban de los confines del país, veían bosques talados para apuntalar la Muralla, veían las montañas hechas canteras y escuchaban los himnos de los fieles en los santuarios rogando por la feliz culminación de la empresa. Todo eso aplacaba su impaciencia. La vida tranquila de sus hogares, donde acostumbraban descansar un tiempo, los fortalecía; el respeto que infundían, la credulidad piadosa con que eran recibidas sus palabras, la fe de los humildes ciudadanos en la pronta conclusión de la obra, todo eso retemplaba las fibras de su alma. Como niños eternamente esperanzados decían adiós a sus hogares; el anhelo de volver al trabajo colectivo era irresistible. Emprendían viaje antes de lo necesario; media aldea los acompañaba un largo trecho. En todos los caminos había grupos, arcos de triunfo, banderas; no habían visto jamás que grande, rica, amable y hermosa era su patria. Cada compatriota era un hermano para el que levantaban una muralla protectora y que les agradecería toda su vida, con todo lo que tenía y lo que era. ¡Unidad! ¡Unidad! Hombro contra hombro, una cadena de hermanos, una sangre no ya encerrada en la mezquina circulación del cuerpo, sino circulando con dulzura y sin embargo regresando sin fin a través de la China infinita.

Se justifica así el sistema de construcción parcial, pero también había otras razones. No es extraño que me demore tanto en este punto; por trivial que parezca a primera vista, se trata de un problema esencial de la edificación de la Muralla. Para comunicar y hacer comprensibles las ideas y experiencias de aquella época, nunca insistiré lo bastante en esta cuestión.

No hay que olvidar que en aquel tiempo se realizaron cosas apenas inferiores a la erección de la Torre de Babel, pero de la que diferían mucho —si nuestros cálculos humanos no yerran— en lo que respecta a la aprobación divina. Digo esto, porque en los días iniciales de la obra un letrado compuso un libro que desarrollaba precisamente ese paralelo. Ese libro quería demostrar que el fracaso de la Torre de Babel no se debía a las razones que generalmente se aducen o mejor dicho, que esas conocidas razones no eran las esenciales. Sus pruebas no sólo se apoyaban en informes y documentos: pretendía haber hecho investigaciones en el sitio mismo y haber descubierto que la Torre se malogró —y tenía que malograrse— a causa de lo débil de sus cimientos. Pero en ese aspecto nuestro tiempo era muy superior a aquel remoto pasado. Casi no había un contemporáneo educado que no fuera albañil de profesión e infalible en materia de cimientos. No era esto, sin embargo, lo que el escritor pretendía demostrar; su tesis era que la Gran Muralla ofrecería por primera vez en la historia una base segura para una nueva Torre de Babel. Primero la Muralla, por consiguiente; luego la Torre. El libro estaba en todas las manos, pero debo admitir que hasta el día de hoy no acabo de comprender su concepción de la Torre. ¿Como entender que la Muralla, que ni siquiera formaba un círculo, sino una especie de arco o semicírculo, fuera la base de una torre? Claro está que todo eso puede encerrar algún sentido simbólico. Pero entonces, ¿a qué levantar la Muralla, que al fin y al cabo era algo concreto, que exigía la vida y la labor de innumerables hombres? ¿Y a qué los plano de la torre —planos un tanto nebulosos, en verdad— y los diversos proyectos para encauzar las energías del Imperio en esa gigantesca empresa?

Había entonces —este libro es sólo un ejemplo— mucha confusión mental, quizás engendrada por el hecho de que tantos hombres persiguieran un mismo fin. La naturaleza humana, esencialmente voluble, inestable como el viento, no tolera que se la sujete; forcejea contra las ataduras que ella misma se ha impuesto y acaba por romperlas a todas, a la muralla y a sí misma.

Es muy posible que esas consideraciones adversas a la edificación de la Muralla no dejaran de influir en las autoridades al optar estas por el sistema de contribución parcial. Nosotros —ahora pretendo hablar en nombre de muchos— realmente no sabíamos quiénes éramos haber estudiado los decretos de la Dirección y habernos convencido de que sin ella nuestra sabiduría aprendida y nuestro entendimiento natural hubieran sido insuficientes para las humildes tareas que ejecutamos dentro de la vastísima obra. En el despacho de la Dirección —dónde estaba y quiénes estaban, eso lo han ignorado y lo ignoran cuántos he interrogado—, en ese despacho se agitaban, sin duda, todos los pensamientos y todos los deseos humanos e inversamente todas las metas y todas las plenitudes. Por la ventana abierta caía un esplendor de mundos divinos sobre las manos que trazaban los planos.

Por consiguiente, el observador imparcial debe admitir que la Dirección, si se hubiera empeñado en ello, hubiese podido vencer las circunstancias que se oponían a un sistema de construcción continua. Es decir; debemos admitir que la Dirección eligió deliberadamente el sistema de construcción parcial. La construcción parcial, sin embargo, era un mero expediente y, por lo tanto, inadecuado. ¿Eligió entonces la Dirección un medio inadecuado? ¡Extraña conclusión! Sin duda, pero desde cierto punto de vista puede justificarse. Tal vez ahora lo podemos discutir sin peligro, en esos días la máxima secreta de muchos, y aun de los mejores, era ésta: trata de comprender con todas tus fuerzas las órdenes de la Dirección, pero sólo hasta cierto punto; luego, deja de meditar. Una máxima de lo más razonable, que se desarrolló en una parábola que logró mucha difusión: Deja de meditar, pero no porque pueda perjudicarte, ya que tampoco hay la seguridad de que pueda perjudicarte; las ideas de perjuicio y de no perjuicio nada tienen que ver con el asunto. Te sucederá lo que al río en la primavera. El río crece, se hace más caudaloso, alimenta la tierra de sus riberas, y guarda su propio carácter hasta penetrar en el mar que lo recibe agradecido, trata de comprender hasta ese punto las órdenes de la Dirección. Pero otras veces el río anega sus riberas, pierde su forma, demora su curso, ensaya contra su destino la formación de pequeños mares tierra adentro, perjudica los campos, y, sin embargo, no puede mantener ese nivel y acaba por volver a sus riberas para secarse miserablemente cuando llega el verano. No quieras penetrar demasiado las órdenes de la Dirección.

Por acertada que fuera esa parábola durante la construcción de la Muralla, sólo tiene un valor muy relativo en el informe que preparo. Mi indagación es puramente histórica; ya se han desvanecido los relámpagos de esa remota tempestad, y yo no me propongo otra cosa que dar una explicación del sistema de construcción parcial, una explicación más profunda que las que satisficieron entonces. Los límites que me impone mi inteligencia son estrechos, pero la materia que deberé abarcar, infinita.

¿De quienes iba a resguardarnos la Gran Muralla? De los pueblos del Norte. Yo vengo del Sureste de China. Ningún pueblo del Norte nos amenaza. Leemos las historias antiguas, y las crueldades que esos pueblos cometen siguiendo sus instintos nos hacen suspirar bajo nuestros pacíficos árboles. En las auténticas figuras de los pintores vemos esos rostros crueles, esas fauces abiertas, esas mandíbulas ceñidas de dientes puntiagudos, esos ojitos entornados que parecen buscar carne débil para el brillo de sus dientes. Cuando los niños se portan mal les mostramos esas figuras y ellos se refugian en nuestros brazos. Pero eso es todo lo que sabemos de esos hombres del Norte. Nunca los hemos visto y si permanecemos en nuestra aldea no los veremos nunca, aunque resolvieran precipitarse sobre nosotros al galope tendido de sus caballos salvajes… demasiado vasta es la tierra y no los dejaría acercarse… su carrera se estrellaría en el vacío.

Entonces ¿por qué razón abandonamos nuestros hogares, el río y los puentes, la madre y el padre, la mujer deshecha en lágrimas, los niños sin amparo, y fuimos a la ciudad lejana a estudiar y nuestros pensamientos aún más lejos, hasta la Muralla que está en el Norte? ¿Por qué? La Dirección lo sabe. Nuestros jefes nos conocen bien. Agitados por ansiedades gigantescas, lo saben todo acerca de nosotros, conocen nuestros pequeños quehaceres, nos ven reunidos en humildes cabañas y aprueban o desaprueban el rezo que el padre de familia eleva en las tardes rodeado por los suyos. Si me fuera permitido otro juicio sobre la Dirección, diría que es muy antigua y que no ha sido congregada de golpe, como los grandes mandarines que se reúnen movidos por un sueño y ya esa misma tarde sacan de sus camas al pueblo redoblando tambores y lo arrean a una iluminación en honor de un dios que ayer ha favorecido a sus Señorías y que mañana, apenas apagados los faroles, será relegado a un oscuro rincón. Prefiero sospechar que la Dirección no es menos antigua que el mundo y asimismo que la decisión de hacer la Muralla. ¡Inconscientes pueblos del Norte que imaginaban ser el motivo! ¡Venerable, inconsciente Emperador que imaginó haberlo decretado! Los constructores de la Muralla conocemos la verdad y callamos.

Desde la construcción de la Muralla hasta el día de hoy, me he entregado casi exclusivamente a la historia comparativa de las naciones —hay determinados problemas que no es posible penetrar sino por este método— y he llegado a la conclusión de que los chinos estamos dotados de algunas instituciones sociales y políticas cuya claridad es incomparable, y también de otras cuya oscuridad es desmesurada. El deseo de investigar las causas de esos fenómenos (especialmente los últimos) no me abandona nunca, ya que la construcción de la Muralla guarda una relación esencial con esas cuestiones.

La más oscura de nuestras instituciones es indudablemente el Imperio. Por cierto que en Pekín, en la Corte, hay alguna claridad sobre esa materia, pero esa misma claridad es más ilusoria que real. En las universidades, los profesores de derecho y de historia afirman su conocimiento exacto del tema y su capacidad de comunicarlo. A medida que uno desciende a las escuelas elementales, van desapareciendo las dudas, y una cultura superficial infla monstruosamente unos pocos preceptos seculares, que a pesar de no haber perdido nada de su eterna verdad, resultan indescifrables en ese polvo y en esa niebla.

Precisamente sobre el imperio convendría que el pueblo fuera interrogado, ya que el Imperio tiene en el pueblo su último sostén. Es verdad que sobre este punto yo sólo puedo hablar de mi aldea. Descontadas las divinidades agrarias cuyas ceremonias ocupan el año de un modo tan bello y variado, sólo pensamos en el Emperador. No en el Emperador actual; para ello tendríamos que saber quién es o algo determinado sobre él. Hemos tratado siempre —no tenemos otra curiosidad— de conseguir algún dato, pero, por raro que parezca, nos ha resultado casi imposible descubrir algo, tanto de los peregrinos, que han andado por muchas tierras, como de las aldeas vecinas o remotas, o de los marineros, que no sólo han remontado nuestros arroyos, sino los ríos sagrados. Uno oye muchas cosas, es verdad, pero nada resulta seguro, indiscutible.

Nuestra tierra es tan grande que no existe cuento de hadas que pueda encerrar su grandeza. El cielo mismo apenas la abarca, y Pekín es un punto y el palacio imperial es menos que un punto. El Emperador, como tal, está sobre todas las jerarquías del mundo. Pero el Emperador, individualmente, es un hombre como nosotros, que duerme como un hombre en una cama que tal vez es amplísima, pero que tal vez es corta y angosta. Como nosotros, a veces se acuesta y cuando está muy cansado bosteza con su boca delicada. Pero nosotros, que habitamos al Sur, a millares de leguas, casi en los contrafuertes de la meseta tibetana, ¿qué podemos saber de todo eso? Además, aunque nos llegaran noticias, nos llegarían atrasadas, absurdas. En torno del Emperador se reúne una brillante y sin embargo oscura muchedumbre de cortesanos —maldad y hostilidad disfrazadas de amigos y servidores—, el contrapeso del poder imperial, perpetuamente dirigiendo al Emperador dardos envenenados. El Imperio es eterno, pero el Emperador vacila y se tambalea; dinastías enteras se derrumban y mueren en un solo estertor. De esas batallas y esas luchas no sabrá nada el pueblo; es corno el retrasado forastero que no pasa del fondo de una atestada calle lateral, mientras en la plaza central están ejecutando al rey.

Hay una parábola que describe muy bien esa relación. El emperador —así dicen— te ha enviado a ti, el solitario, el más miserable de sus súbditos, la sombra que ha huido a la más distante lejanía, microscópica ante el sol imperial ¡justamente a ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurró el mensaje al oído; tan importante le parecía, que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de la repetición. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte —todas las paredes que interceptaban la vista habían sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un círculo los grandes del Imperio—, ante todos, ordenó al mensajero que partiera. El mensajero partió en el acto; un hombre robusto e, incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a través de la multitud; cuando encuentra un obstáculo, se señala sobre el pecho el signo del sol; adelanta mucho más fácilmente que ningún otro. Pero la multitud es muy grande; sus alojamientos son infinitos. Si ante él se abriera el campo libre, como volaría, que pronto oirías el glorioso sonido de sus puños contra tu puerta. Pero, en cambio, qué vanos son sus esfuerzos; todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio central; no acabará de atravesarlas nunca; y si terminara, no habría adelantado mucho; todavía tendría que esforzarse para descender las escaleras; y si lo consiguiera, no habría adelantado mucho; tendría que cruzar los patios: y después de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y nuevamente un palacio: y así durante miles de años; y cuando finalmente atravesara la última puerta —pero esto nunca, nunca podría suceder todavía le faltaría cruzar la capital, el centro del mundo, donde su escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podría abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un muerto. Pero tú te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche.

Así, de modo tan desesperado y tan esperanzado a la vez, es como mira nuestro pueblo al Emperador. No sabe que Emperador reina, y hasta el nombre de la dinastía está en duda. En la escuela se enseñan en orden las dinastías, pero la incertidumbre general es tan grande que hasta los mejores letrados se dejan arrastrar por ella. Emperadores muertos hace siglos suben al trono en nuestras aldeas y la proclamación de un emperador que sólo perdura en las epopeyas fue leída frente al altar por un sacerdote. Batallas de la historia más antigua son recientes para nosotros, y un vecino trae la noticia con la cara encendida. Las mujeres de los emperadores, ociosas entre sus almohadones de seda, desviadas de la noble tradición por cortesanos viles, henchidas de ambición, violentas de codicia, desaforadas de lujuria, repiten y vuelven a repetir sus abominaciones. Cuanto más tiempo ha transcurrido, más terribles y vivos son los colores y con temor nuestra aldea recibe la noticia de que una emperatriz (hace miles de años) bebió la sangre del marido a grandes tragos.

Así están cerca de nuestro pueblo los emperadores antiguos, pero al que vive lo juzgan entre los muertos. Si alguna vez, alguna rarísima vez, un funcionario imperial, que recorre las provincias, cae por azar en nuestra aldea, y nos transmite algunos decretos y examina las listas de los impuestos, preside los exámenes, interroga al sacerdote, y antes de ascender a su litera, dirige algunos reproches a los asistentes, entonces una sonrisa alegra las caras, todos se miran a hurtadillas y la gente se inclina sobre los niños, para que el funcionario no se de cuenta. “¿Cómo? —piensa — : habla de un muerto como si aún estuviera vivo; ese Emperador ha muerto hace tiempo, la dinastía se ha extinguido, el señor funcionario nos está gastando una broma, pero no nos daremos por aludidos, -para no ofenderlo. Pero realmente no acataremos sino al Emperador actual, porque proceder de otro modo sería un desacato.” Y al desaparecer la litera surge como señor del pueblo una sombra que arbitrariamente exaltamos y que habitó, sin duda, una urna ya hecha cenizas.

Paralelamente nuestro pueblo suele interesarse muy poco en las agitaciones civiles o en las guerras contemporáneas. Recuerdo un incidente de mi juventud. Había estallado una revuelta en una provincia limítrofe pero muy apartada. No recuerdo las causas de la revuelta, ni éstas importan: ahora las causas sobran cuando la gente es revoltosa. Un pordiosero que venía de esa provincia, trajo a la casa de mi padre una proclama publicada por los rebeldes. Casualmente era un día de fiesta, la casa estaba llena de invitados, el sacerdote ocupaba el sitio de honor y miró la proclama. De golpe todos se reían, en la confusión la hoja se hizo pedazos, el pordiosero que había recibido abundantes limosnas fue expulsado a golpes, los huéspedes salieron a gozar del hermoso día. ¿La razón? El dialecto de esa provincia limítrofe difiere esencialmente del nuestro y esa disparidad se manifiesta en algunas formas del idioma escrito que tienen un carácter arcaico para nosotros. Apenas hubo leído el sacerdote un par de líneas, nuestra decisión estaba tomada. Viejas cosas, contadas hace tiempo, hace tiempo cicatrizadas. Y aunque —así me lo asegura el recuerdo— la actualidad hablaba palmariamente por boca del pordiosero, todos movían la cabeza y reían y rehusaban escuchar más. Tan inclinado está nuestro pueblo a ignorar el presente.

Si de todos estos hechos se deduce que carecemos de emperador, no se estará muy lejos de la verdad. Lo digo y lo repito: no hay pueblo más fiel al Emperador que nuestro pueblo del Sur, pero de nada le sirve al Emperador nuestra fidelidad. Es cierto que el dragón sagrado está en su pedestal a la entrada de nuestra aldea, y desde que los hombres son hombres ha dirigido hacia Pekín su aliento de fuego, pero Pekín es más inconcebible para nosotros que la otra vida. ¿Existiría realmente una aldea de casas encimadas que cubre un espacio superior al que domina nuestro cerro, y será posible que entre esas casas haya hombres hacinados todo el día y toda la noche? Menos difícil que figurarnos esa ciudad es pensar que Pekín y su Emperador son una sola cosa: una tranquila nube, digamos, que gira eternamente cerca del sol.

De semejantes opiniones resulta una vida relativamente libre y despreocupada. De modo alguno una vida inmoral: no he hallado en mis peregrinajes una pureza de costumbres como la de mi aldea. Pero es una vida, con todo, que no sabe de leyes contemporáneas, y sólo reconoce las exhortaciones y los avisos que vienen de tiempos remotos.

No hago generalizaciones y no pretendo que sucede lo mismo en las mil aldeas de nuestra provincia o en las quinientas provincias del Imperio. El examen de muchos documentos, corroborado por mis observaciones personales, las vastas muchedumbres movilizadas para levantar la Muralla, daban a los hombres sensibles ocasión de recorrer casi todas las provincias; esa examen —repito— me permite afirmar que la concepción general del Emperador concuerda esencialmente con la que se tiene en mi aldea. No afirmo que esa concepción sea una virtud: todo lo contrario. Es indudable que la responsabilidad principal le incumbe al gobierno, que en este Imperio —el más antiguo de la tierra— no ha conseguido o no ha querido desarrollar las instituciones imperiales con la justeza necesaria para que su influencia llegue directa e incesantemente a los límites extremos del país. Por otra parte, el pueblo adolece de una debilidad de imaginación o de fe que le impide levantar al Imperio de su postración en Pekín y estrecharlo con amor contra su pecho leal, aunque en el fondo no ambiciona otra cosa que sentir ese contacto y morir.

En consecuencia, nuestra concepción del Emperador no es una virtud. Tanto más raro es que esa misma debilidad sea una de las mayores fuerzas aglutinantes de nuestro pueblo; constituye, si me permiten la expresión, el suelo que pisamos. Declararlo un defecto esencial, importaría no sólo hacer vacilar las conciencias, sino también los pies. Y por eso no deseo continuar examinando este problema.

FK

Escrito entre 1918 y 1919. 

Fuente del texto: Hotel Kafka.

viernes, 5 de junio de 2026

CASA DE LA CULTURA EN OSTROV NAD OHRÍ (REPÚBLICA CHECA)

  

Casa de la Cultura en Ostrov nad Ohří al estilo Sorella

La primera piedra se colocó el Día del Trabajo, 1 de mayo. El proyecto no se completó hasta finales de marzo de 1954. El diseño inicial fue elaborado por el arquitecto académico Jaroslav Krauz, mientras que la segunda y tercera etapas fueron desarrolladas por un equipo liderado por Josef Sedláče. Como relata la evaluación de la época, los arquitectos desarrollaron el proyecto con una mentalidad socialista, fuera de su horario laboral.

La construcción avanzó muy rápidamente y la Casa de la Cultura se inauguró el 1 de mayo de 1955. De hecho, el edificio, especialmente sus interiores, se terminó entre 1955 y 1961. Es importante recordar que la Casa de la Cultura y los edificios circundantes se construyeron en el estilo arquitectónico del realismo socialista de Sorella.

Inmediatamente después de la inauguración de la Casa de la Cultura, se desarrolló una vibrante vida cultural en el lugar. Se celebraron con éxito el Día Internacional de la Mujer, así como las Jornadas Mineras anuales. Numerosos grupos musicales actuaron y, por supuesto, también se representaron obras de teatro, con artistas procedentes no solo de Praga.

Festival minero: pintura sobre la barra

Cada año, durante más de medio siglo, se ha celebrado aquí el Festival de Cine y Televisión Infantil Ota Hofman. Nosotros, aprendices del oficio de bailarín, íbamos a los bailes cada semana. El horario estaba reservado para ellos desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche. En la pista de baile, intentábamos movernos al ritmo de la música. Todavía no conocíamos Dirty Dancing ... Siempre había dos o tres grupos locales de big beat que se turnaban y nosotros, como jóvenes, lo disfrutábamos. Los grupos también tenían su base en la Casa de la Cultura, en el sótano. Huelga decir que la Casa de la Cultura también albergaba varios clubes para niños y jóvenes.

Los componentes de 1955 eran adecuados.

La Casa de la Cultura está siendo sometida a una reconstrucción completa, que ya se estaba preparando en 1989. En aquel entonces, se suponía que la llevaría a cabo el Instituto de Diseño de la Industria del Uranio. Tras el golpe de Estado, esto no se llevó a cabo, por lo que la reconstrucción se pospuso. El mencionado instituto ya no existe... La reconstrucción comenzó en la primavera de 2024. Duró un año y costó alrededor de 120 millones de coronas. Todo lo que se pudo desmontar fue reparado y restaurado. La instalación eléctrica y todos los sanitarios fueron reemplazados por completo. Incluyendo reparaciones de lámparas y superficies de suelo, la colocación de un nuevo parqué en un área de aproximadamente 500 metros cuadrados. ¡Había 200 luminarias!

Curiosamente, los materiales de 1955 sirvieron para restaurar las luminarias. La Compañía Nacional de Lámparas de Araña equipó el centro cultural de Ostrov con cientos de componentes de vidrio cuando lo entregaron, como si fuera para un fotomatón, ¡y qué útiles resultaron durante la renovación actual! Permanecieron almacenados a buen recaudo en una de las salas técnicas durante setenta años.

Es imposible describir todo lo que ha pasado por las manos expertas de restauradores y artesanos. Pintura, ornamentos recién pintados bajo el techo alrededor de las salas o reemplazo de azulejos dañados. En la planta RAKO Rakovník se producían diversos tipos de azulejos.

Los murales son muy interesantes. En el vestíbulo central de la planta baja, se ha restaurado un gran cuadro titulado « Fiesta de mayo» . La escena del baile en el prado se caracteriza por tres parejas en primer plano. Desde aquí, se puede acceder a la sala principal del teatro tanto por la derecha como por la izquierda. El cuadro que se encuentra en la cafetería, encima de la barra, se titula « Festival minero» .

Historia de la minería en vidrio

Las vidrieras que decoran el interior son dignas de admiración. El vestíbulo de la primera planta y ambas escaleras están adornados con seis vidrieras pintadas. Representan escenas de la historia de la minería en la República Checa, incluyendo a los Curie, descubridores del radio. Fueron realizadas por el escultor y artista gráfico académico Václav Lokvenc, basándose en los diseños iniciales del pintor académico Milan Kraus .

Para quienes deseen saber más sobre la reconstrucción de este espacio cultural, ahora llamado Centro Cultural y Creativo Ostrov, se ha publicado una obra de alta calidad de 90 páginas en papel estucado. Las fotografías adjuntas muestran solo una pequeña parte de lo que significó la reconstrucción del edificio.

Quisiera agradecer a todos los que han cuidado de la ciudad, tanto en el pasado como en la actualidad. Mencionaré un nombre: Josef Kadlec , expresidente del comité nacional de la ciudad. Dirigió el MNV durante 16 años (1970-1986). Ha escrito una obra maestra en la historia de Ostrov.

Jan TANCIBUDEK

El autor vivió durante 40 años en Ostrov nad Ohří.

jueves, 16 de abril de 2026

125 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL ARTISTA COMUNISTA LEO HAAS


Arte entre el horror, el talento y la ideología

Hace ciento veinticinco años nació Leo Haas en Opava. Pintor y caricaturista, su vida refleja de forma conmovedora la Europa central del siglo XX. Sobrevivió a los campos de concentración nazis, posteriormente se convirtió en propagandista del régimen comunista y finalmente se estableció en Berlín Oriental. Hoy, sus dibujos sirven como testimonio de los horrores del nazismo y como recordatorio de la facilidad con la que el talento puede ser instrumentalizado por el poder.

Leo Haas nació en 1901 en Opava, que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro. Desde temprana edad, demostró un notable talento artístico, lo que le llevó a estudiar en la academia de Karlsruhe y, posteriormente, en Berlín. Allí, se formó con el destacado artista gráfico Emil Orlik y pronto se integró en un vibrante ambiente artístico.

En la década de 1920, también trabajó en Viena, realizando caricaturas para periódicos. Tras regresar a Opava, abrió su propio estudio y se casó con la retratista Sophie Herrmann. Su obra en aquella época se alineaba con el expresionismo, en la línea de artistas como Max Liebermann y Käthe Kollwitz.

El auge del nazismo y la etiqueta de "arte degenerado"

Tras 1933, la situación de los artistas judíos en Alemania y la República Checa se deterioró rápidamente. Los nazis tacharon las obras de Haas de «degeneradas», y él mismo fue acusado de «bolchevismo cultural». Tras sufrir pogromos antisemitas, se trasladó a Ostrava, pero la represión pronto lo alcanzó también allí.

En 1939, fue deportado a un campo de trabajo en Nisko, donde documentó en secreto la vida de los prisioneros mediante dibujos. Estas obras se encuentran hoy entre los registros visuales más valiosos de la existencia del campo.

Theresienstadt, Auschwitz y el taller de falsificación

 

En 1942, Haas fue arrestado y deportado al gueto de Theresienstadt. Gracias a su talento artístico, trabajó en el departamento de diseño gráfico, donde pudo seguir dibujando e incluso impartir clases de arte a niños. Sus dibujos de Theresienstadt capturan la vida cotidiana de los prisioneros con una sensibilidad extraordinaria.

En 1944, fue acusado de «sembrar el terror» y enviado a Auschwitz. Allí, realizó dibujos técnicos para el médico Josef Mengele. Posteriormente fue trasladado a Sachsenhausen, donde formó parte de un grupo de prisioneros obligados a falsificar billetes británicos para la Operación Bernhard, de origen nazi. Fue liberado en mayo de 1945. Haas recordó más tarde: «Casi siempre de noche, dibujábamos prisioneros hambrientos, transportes de niños y ejecuciones».

La fe en el comunismo después de la guerra y el papel del propagandista.

Tras la guerra, Haas regresó a Theresienstadt, donde recuperó dibujos ocultos, pero también descubrió que la mayor parte de su familia había perecido. En el ambiente de radicalización de la posguerra, se unió al Partido Comunista, al que consideraba la única fuerza capaz de impedir el resurgimiento del fascismo.

Se convirtió en uno de los ilustradores más destacados de la propaganda comunista. Sus caricaturas en Rudé právo y la revista satírica Dikobraz retrataban a Occidente como agresivo, racista y corrupto. Su estilo era inconfundible, y el régimen lo explotó al máximo. Irónicamente, por ser judío, volvió a ser objeto de sospechas durante las purgas estalinistas.

Salida hacia Berlín y último regreso a Opava.

Tras el fallecimiento de su segunda esposa en 1955, Haas se trasladó a Berlín Oriental, donde trabajó para el periódico Neues Deutschland, la revista satírica Eulenspiegel y la televisión. Sus obras se exhibieron en toda Europa, así como en Estados Unidos e Israel.

En 1981, regresó a su ciudad natal, Opava, por última vez. Concluyó una exposición de su obra con un gesto muy significativo: donó sus dibujos a la ciudad. Leo Haas falleció en Berlín en 1983.

Fuente: Radio Praga Internacional

sábado, 22 de junio de 2024

DOCUMENTAL "INVISIBLES: TRABAJADORES DE EUROPA DEL ESTE"

Invisibles: trabajadoras de Europa del Este
Realización: Apolena Rychlíková
País: República Checa, Francia
Año: 2023
Duración: 96 minutos
Sinopsis: Víctimas de un "telón de acero salarial", cientos de miles de trabajadores emigran de Europa del Este al oeste. Cuatro años después de su primera investigación en la República Checa, la periodista Sasa Uhlová continúa su ataque con cámara oculta contra el neoliberalismo.
 
Desde la caída del Muro, un nuevo telón de acero, el de los salarios, se ha extendido por toda Europa. Cada año, cientos de miles de trabajadores de Europa del Este, atraídos por salarios tres veces superiores a los de su país de origen, cruzan el continente en busca de empleos restrictivos y poco cualificados. Al salir de Praga, la periodista checa Sasa Uhlova experimenta, en la piel de estos inmigrantes económicos esenciales para la prosperidad de Europa occidental, la realidad de estos empleos precarios. En Alemania, en una gran explotación hortofrutícola junto a inmigrantes polacos, en un hotel irlandés con colegas eslovacas y luego como cuidadora en Marsella, experimenta dolores físicos, estrés, fatiga y ritmos infernales.

VER DOCUMENTAL CON SUBTITULOS EN CASTELLANO

domingo, 31 de diciembre de 2023

MONUMENTO A LA ESCRITORA COMUNISTA JOZKA JABURKOVA EN PRAGA


Monumento a Jozka Jaburkova
Věra Merhautová
1965
Escultura de bronce
Cementerio de Olsany (Praga)

La escultora Věra Merhautová creó una estatua de bronce de gran tamaño de Jabůrková entre 1960 y 1965. El monumento fue inaugurado en 1965 en un pequeño parque en la intersección de Pilsen y Podbělohorská en Praga-Košíře. El monumento fue retirado y trasladado a la Depósito de la Galería de la Ciudad de Praga en 1992 sin el conocimiento de la escultora. Aquí permaneció hasta el verano de 2002, cuando la estatua se trasladó al Cementerio de Olšany.

Jožka Žofie Jabůrková (16 de abril de 1896 – 31 de julio de 1942) fue periodista, escritora y traductora checo. Se convirtió en concejal de Praga en 1931 y fue miembro de la resistencia antifascista checoslovaca. Poco después del establecimiento del Protectorado fue arrestada por los nazis y encarcelada en el campo de concentración de Ravensbrück donde finalmente fue torturada hasta la muerte.

Jožka Řehová nació el 16 de abril de 1896 en Vítkovice, hija de la modista Anežka Řehová, que murió poco después. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en Vítkovice Ironworks y más tarde en el hospital de la empresa. Después de la guerra se mudó a Praga donde se comprometió con la Socialdemócrata y más tarde el movimiento comunista.

Trabajó en educación física y ocupó varios cargos en la Juventud y los Trabajadores Socialdemócratas. Estudió brevemente en Moscú en el Instituto de Entrenamiento Físico local. Utilizó su talento literario en el campo del trabajo femenino (trabajo en revistas), donde abordó cuestiones sociales. Estuvo involucrada en actividades pacifistas y organizó acciones en favor de los niños que sufrían en la Guerra Civil Española. En 1931, fue elegida miembro de la Cámara de Diputados de Praga en la lista del Partido Comunista. En este cargo, continuó su participación en el campo del trabajo de las mujeres, la protección infantil, el desempleo, la pobreza y la salud. Escribió sobre la vida en Praga, las preocupaciones e intereses de las mujeres, señaló la posibilidad de abordar el desempleo y se dedicó a las necesidades de los niños. Tocó todos los grandes temas sociales, respondió a la amenaza de guerra. Bajo su liderazgo, la sembradora organizó acciones a favor de los niños que sufren en España y para ayudar a los antifascistas alemanes que huían a Checoslovaquia. Se convirtió en escritora y ha escrito varios libros, como La niña Evička en el país de las maravillas.

En 1931 fue elegida miembro del Consejo Central de la ciudad capital de Praga por la candidatura del Partido Comunista. Su conciencia social se manifestó aquí. Abogó por la creación de guarderías, jardines de infancia, comedores y parques infantiles, una atención sanitaria eficaz para los hijos de los trabajadores y los desempleados y la creación de viviendas modernas y baratas para las familias desfavorecidas. Construyó una postura consecuente contra las manifestaciones del fascismo y señaló sus peligros. Buscaba crear un frente antifascista nacional unificado.

Durante la noche del 15 al 16 de marzo de 1939, Jabůrková fue arrestada después de la entrada de las tropas alemanas en Praga y el establecimiento del Protectorado.  Ella y otras 6.000 personas fueron arrestadas durante la primera gran ola de detenciones (la llamada acción de celosía o "akce Mříže"). Más tarde fue encarcelada en el campo de concentración de Ravensbrück, donde fue una de las primeras prisioneras checas. Estuvo en contacto con otros prisioneros de mentalidad antifascista, en particular mujeres alemanas que habían estado encarceladas durante mucho tiempo. Murió el 31 de julio de 1942 a causa de abusos y torturas durante el interrogatorio.

martes, 11 de julio de 2023

REDESCUBRIR PRAGA, A PARTIR DE UN EDIFICIO BRUTALISTA

Pregunte a la mayoría de las personas sobre la rica arquitectura de Praga y probablemente mencionarán el Castillo, el histórico Puente de Carlos, algunos de los edificios Art Nouveau y Neogóticos o, en ocasiones, fachadas cubistas facetadas.

A pocas personas se les ocurriría una imagen del brutal complejo Transgas de Praga. Construido en 1978 cerca de la Plaza de Wenceslao, el complejo albergaba imponentes bloques con largas ventanas, revestidos de acero o pequeños adoquines. La decoración circundante fue diseñada para evocar los gasoductos. Uno de los arquitectos clave del proyecto, Václav Aulický, seguiría diseñando la torre de televisión de alta tecnología Žižkov de la capital checa.

Transgas fue un testimonio de la época brutalista en su mayoría olvidada de Praga. La República Checa, entonces parte de Checoslovaquia, estuvo bajo el régimen comunista de 1948 a 1989. Y aunque el socialismo cambió el tejido social del país, también dio forma a sus paisajes urbanos. Durante esas cuatro décadas, Praga experimentó una de las olas de desarrollo más intensas en la historia de la ciudad, en gran parte impulsada por proyectos brutalistas y socialistas-modernistas similares a los de la Unión Soviética. Incluso cerca de las principales vías de Praga, las urbanizaciones prefabricadas brotaron por todas partes. Estos edificios todavía proporcionan hogares a aproximadamente una cuarta parte de todos los residentes de Praga en la actualidad.

El edificio Transgas en Praga antes de su demolición

Desafortunadamente, los edificios brutalistas de Praga se descuidan con frecuencia y tienden a asociarse con el detestado régimen socialista. Desarrollos como Transgas han luchado durante mucho tiempo para encontrar el favor de las masas. De hecho, a pesar de las protestas, el complejo fue demolido en 2019. El terreno actualmente está vacío después de que el inversionista original que demolió la estructura decidiera vender el terreno, en lugar de proceder con una nueva construcción.

Sin embargo, aunque los conservacionistas no pudieron salvar a Transgas, su destrucción despertó interés en la herencia modernista brutalista y socialista de Praga. El destino de Transgas ilustra cuán importante es promover este estilo de arquitectura para evitar más pérdidas, no solo en Praga, sino en ciudades y pueblos de todo el antiguo Bloque del Este. Estos edificios pueden haber sido diseñados en tiempos oscuros en las historias de sus respectivos países, pero también fueron a menudo innovadores y únicos, y contribuyeron al carácter distintivo de los lugares en los que fueron erigidos. Praga es sin duda uno de ellos.

Hay muchos ejemplos notables de la arquitectura de Praga de la era socialista alrededor de la ciudad, sin embargo, solo unas pocas personas son conscientes de su valor y significado. Los ocho más llamativos se enumeran a continuación.


El Nuevo Escenario del Teatro Nacional

Comencemos con uno de los raros ejemplos de brutalismo en el centro histórico de Praga, diseñado por el renombrado arquitecto Karel Prager. El Nuevo Escenario del Teatro Nacional se inauguró en 1983, conectando el edificio principal neorrenacentista adyacente al teatro con una imponente fachada de muro cortina. El exterior consta de 4306 bloques de vidrio hechos a medida creados por Stanislav Libenský, uno de los artistas del vidrio más conocidos de Checoslovaquia (entre sus muchos premios y reconocimientos, Libenský posee un doctorado honorario del Royal College of Art de Londres). Está prevista una profunda renovación en los próximos años, que deberá llevarse a cabo con el mayor respeto posible: el complejo recibió el reconocimiento como monumento protegido en junio de 2021.



Koospol (El CUBO)

El edificio Koospol de 1977, rebautizado como The CUBE en 2011, es un ejemplo especialmente distintivo de arquitectura brutalista. Aunque fue diseñado por los arquitectos checos Franc, Fencl y Nováček, fue construido por una empresa austriaca, una decisión inusual tomada por funcionarios que pensaron que el proyecto era demasiado exigente para las empresas de construcción locales subdesarrolladas. Hoy en día, el edificio es un complejo administrativo compartido por varias empresas, pero el ocupante original del edificio, como se refleja en su nombre original, era la empresa de comercio exterior Koospol. La organización era una de las múltiples empresas estatales que importaban y exportaban bienes hacia y desde Checoslovaquia. Su éxito fue vital para la economía socialista centralmente planificada, algo que se reflejó en la arquitectura única de sus oficinas, que incorporó a la perfección la estética occidental brutalista y socialista modernista. Otros ejemplos de edificios similares incluyen Centrotex de Praga, Strojimport o Merkuria.



Torre de televisión de Žižkov

Elevándose sobre el distrito residencial de Žižkov y, de hecho, sobre toda la ciudad, es imposible no ver la icónica torre transmisora ​​de Žižkov desde casi cualquier lugar de Praga. Fue diseñada por el maestro de la arquitectura de alta tecnología, Václav Aulický, a mediados de los años 80, pero no se completó hasta 1992. Parecida a un cohete a la espera de ser lanzada, la torre ha sido nombrada uno de los edificios más feos del mundo. mundo en múltiples ocasiones, sin embargo, todavía fascina a muchos debido a su singularidad y atrae a los visitantes con su plataforma de observación y restaurante. La apariencia cambió ligeramente por la instalación de las diez estatuas de bebés que gatean de David Černý en 2000, pero la silueta única, quizás ya uno de los símbolos de Praga, con suerte seguirá siendo la misma indefinidamente.



Centro de control del túnel de Strahov

Los edificios grandes y majestuosos no son los únicos ejemplos de arquitectura brutalista que vale la pena mencionar: basta con mirar el centro de control del túnel de Strahov, pequeño y utilitario pero excepcionalmente bien diseñado , terminado en 1981. Este modesto edificio es una parte vital de la infraestructura de transporte de Praga, que administra tráfico en el Túnel de Strahov y vías adyacentes, que en conjunto forman el complejo de túneles urbanos más largo de Europa. El paisaje circundante, salpicado de bancos de hormigón, ha sido moldeado para reflejar la forma de la ladera circundante, excepto por dos pozos de ventilación que cortan abruptamente hacia el cielo. La estructura también ofrece una vista impresionante de la ciudad desde su pasarela, que es de libre acceso para el público, lo que la convierte en una verdadera joya escondida para cualquiera que se sienta abrumado por los puntos de vista más concurridos y conocidos de Praga.



Puente Barrandov

Si el túnel de Strahov El centro de control es uno de los corazones de la infraestructura de transporte de Praga, el puente Barrandov es una de las arterias más cruciales. Diseñado por Karel Filsak, autor del igualmente impresionante Hotel Intercontinental en la calle Pařížská, este pesado puente brutalista ha formado parte de la carretera de circunvalación de la autopista de Praga desde 1988. Aunque aparentemente pragmático a primera vista, la arquitectura del puente es elaborada, con formas de hormigón suavemente redondeadas apiladas encima de cada uno para crear los pilares de soporte de la estructura. Los patrones moldeados en el concreto suavizan los pesados ​​bordes de esta gigantesca pieza de infraestructura. Otro elemento distintivo son las esculturas de hormigón de Josef Klimeš en cada extremo del puente, un eco de los puentes históricos de Praga. Ambos son obras abstractas de dimensiones masivas,



Banco Estatal de Checoslovaquia

Otra obra maestra del genial Karel Prager, esta vez fuera del centro de la ciudad, es el edificio del Banco Estatal de Checoslovaquia, en el distrito Smíchov de Praga. Como su nombre lo indica, el complejo fue construido para el Banco Estatal de Checoslovaquia, e incluso el edificio principal fue diseñado para parecerse a una caja fuerte de banco. Los funcionarios de la ciudad esperaban utilizar el complejo como trampolín para reconstruir todo el distrito a lo largo de la década de 1970, con planes utópicos que incluían túneles subterráneos para conectar edificios en lugar de calles normales. Al final, el Banco Estatal de Checoslovaquia y sus edificios residenciales adyacentes fueron los únicos fragmentos del proyecto que se materializaron. Abrieron en 1992, tres años después de la caída del comunismo y justo antes de la disolución de Checoslovaquia.



Estaciones de Metro Línea A

La locura por el diseño de la era espacial golpeó tanto a Oriente como a Occidente con igual fuerza en las décadas de 1960 y 1970. No se construyeron estructuras parecidas a ovnis en el conservador centro de Praga, pero el revestimiento futurista dentro de las estaciones de la Línea A del metro de Praga aún representa un excelente ejemplo de esta atrevida estética. Hechos de aluminio anodizado, los paneles forman un marcado y visible contraste con las columnas cubiertas de mármol en otras partes de la estación. Estos materiales de alta calidad eran comunes en los sistemas de metro de Europa del Este, ya que los regímenes pretendían exhibir tanto su poder como su moral socialista supuestamente superior en "palacios para el pueblo". Estas estaciones modernistas se encuentran justo debajo de algunos de los distritos centrales más históricos de Praga, así como del elegante barrio residencial de Vinohrady.



Grandes almacenes DBK

La empresa privada no estaba permitida bajo el gobierno comunista, lo que provocó una demanda considerable de grandes almacenes estatales para satisfacer las necesidades de compra de los ciudadanos. Una de esas tiendas fue DBK, inaugurada en 1981, que ofrecía muebles y accesorios para el hogar. Diseñado por Věra Machoninová, una de las más exitosas devotas del brutalismo de Checoslovaquia, DBK está estrechamente relacionado con otro de los proyectos del arquitecto: los grandes almacenes Kotva construidos en 1975 en el casco antiguo de Praga. Si bien ambas tiendas tienen fachadas similares y formas pesadas, esta se diferencia gracias a su interior innovador y su paisajismo distintivo con adornos como sus pozos de ventilación de garaje con forma de globo futurista. Hoy en día, el edificio sirve como un centro comercial regular.

Texto e Imágenes: Matouš Pudil. Fuente: Calvert Journal