
DISCURSO DE LA ORIENTACIÓN POLÍTICA
THOMAS SANKARA (2 DE OCTUBRE DE 1983)
¡Pueblo de Alto Volta!
Camaradas militantes y militantes de la revolución,
En el transcurso de este año, 1983, nuestro país ha conocido momentos
de particular intensidad, los cuales siguen impresos de forma indeleble
en la mente de muchos conciudadanos. Durante este período, la lucha del
pueblo voltaico ha experimentado flujos y reflujos.
Nuestro pueblo ha pasado la prueba de luchas heroicas, y finalmente
obtuvo la victoria la noche ya histórica del 4 de agosto de 1983. Ya van
a ser dos meses que la revolución marcha irreversible en nuestro país.
Dos meses en los cuales el pueblo combatiente de Alto Volta se ha
movilizado como un solo hombre detrás del Consejo Nacional de la
Revolución (CNR) para edificar una sociedad voltaica nueva, libre,
independiente y próspera; una sociedad nueva, libre de la injusticia
social, libre de la dominación y explotación seculares del imperialismo
internacional.
Habiendo recorrido este breve trecho, los invito a que echemos un
vistazo retrospectivo a fin de sacar las lecciones necesarias para
determinar correctamente las tareas revolucionarias que se plantean en
el momento actual y en el futuro próximo. Dotados de una clara
percepción de la marcha de los acontecimientos, fortaleceremos más aún
nuestra lucha contra el imperialismo y las fuerzas sociales
reaccionarias.
En suma, ¿de dónde venimos? ¿Y adonde vamos? Estas son las
interrogantes del momento que nos exigen una respuesta clara y resuelta,
sin equívoco alguno, si es que queremos avanzar de forma audaz hacia
victorias mayores y más resplandecientes.
La revolución de agosto es la culminación de la lucha del pueblo voltaico
El triunfo de la revolución de agosto no es solamente el resultado
del golpe de fuerza revolucionario asestado contra la sacrosanta alianza
reaccionaria del 17 de mayo de 1983.1 Es también la culminación de la
lucha del pueblo voltaico contra sus enemigos de siempre. Representa una
victoria sobre el imperialismo internacional y sus aliados nacionales.
Una victoria sobre las fuerzas retrógradas, oscurantistas y tenebrosas.
Una victoria sobre todos los enemigos del pue-blo que a sus espaldas han
tramado complots e intrigas …
Por tanto, la revolución de agosto surgió como la solución a las
contradicciones sociales que ya no se podían sofocar mediante
componendas.
La adhesión entusiasta de las amplias masas populares a la revolución
de agosto es la expresión concreta de la esperanza inmensa que el
pueblo voltaico deposita en el establecimiento del CNR para al fin poder
ver cumplidos sus anhelos profundos por la democracia, la libertad y la
independencia, por el progreso genuino, por la restauración de la
dignidad y la grandeza de nuestra patria, aspiraciones que han sido
particularmente vilipendiadas por 23 años de régimen neocolonial.
El legado de 23 años de neocolonialismo
La llegada del CNR al poder el 4 de agosto de 1983 y la posterior
instalación de un gobierno revolucionario en Alto Volta han abierto una
página gloriosa en los anales de la historia de nuestro pueblo y de
nuestro país. Sin embargo, el legado que nos dejaran 23 años de
explotación y dominación imperialistas es penoso y pesado. Dura y ardua
será nuestra tarea de edificar una sociedad nueva, una sociedad libre de
todos los males que mantienen a nuestro país en una situación de
pobreza y de atraso económico y cultural.
En 1960, el colonialismo francés –acosado por todas partes, derrotado
en Dien Bien Phu y presa de enormes dificultades en Argelia2–,
deduciendo las lecciones de esas derrotas, se vio obligado a otorgar a
nuestro país la soberanía nacional y la integridad territorial. Nuestro
pueblo, que no había permanecido impasible, sino más bien había
desarrollado luchas de resistencia apropiadas, acogió este suceso como
un hecho positivo. Esta fuga tempranera del imperialismo colonialista
francés fue para nuestro pueblo una victoria sobre las fuerzas de
opresión y explotación extranjeras. Desde el punto de vista de las masas
populares fue una reforma democrática, aunque desde el punto de vista
del imperialismo no fue más que un cambio operado en sus formas de
dominación y explotación de nuestro pueblo.
No obstante, este cambio desembocó en una realineación de las clases y
capas sociales y en el establecimiento de clases nuevas. En alianza con
las fuerzas retrógradas de la sociedad tradicional, y mostrando su
desprecio total hacia las masas fundamentales que le habían servido de
trampolín para su ascenso al poder, la intelectualidad pe-queñoburguesa
de la época empezó a sentar las bases políticas y económicas de las
nuevas formas de dominación y explotación imperialistas. El temor a que
la lucha de las masas populares se radicalizara y desembocara en una
solución verdaderamente revolucionaria sirvió de base para que el
imperialismo decidiera cómo actuar, lo que consistió, a partir de ese
momento, en ejercer su dominio sobre nuestro país y perpetuar la
explotación de nuestro pueblo mediante intermediarios nacionales.
Ciudadanos voltaicos asumirían el relevo de la dominación y explotación
extranjeras. Toda la organización de la sociedad neocolo-nial se
reduciría a una simple operación de sustituir una forma por otra.
En su esencia, la sociedad neocolonial y la sociedad colonial no se
diferencian en nada. Así, se ha visto que a la administración colonial
la sustituye una administración neocolonial que le es idéntica en todos
los aspectos. Al ejército colonial lo sustituye un ejército neocolonial
con los mismos atributos, las mismas funciones y el mismo papel de
guardián de los intereses del imperialismo y los de sus aliados
nacionales. A la escuela colonial la sustituye una escuela neocolonial
que persigue los mismos objetivos de enajenar a los niños de nuestro
país y reproducir una sociedad que esté esencialmente al servicio de los
intereses imperialistas y, de forma accesoria, al servicio de los
lacayos y aliados locales del imperialismo.
Con el apoyo y la bendición del imperialismo, ciudadanos voltaicos se
dieron a la tarea de organizar el saqueo sistemático de nuestro país.
Con las migajas que les caían de dicho saqueo, poco a poco se
transformaron en una burguesía verdaderamente parásita incapaz ya de
contener su apetito voraz. Movidos solo por sus intereses egoístas,
desde entonces dejaron de recular ante los métodos más deshonestos,
desarrollando en gran escala la corrupción, la malversación de fondos y
de la cosa pública, el tráfico de influencias y la especulación de
bienes raíces, y practicando el favoritismo y el nepotismo.
Así se explican todas las riquezas materiales y financieras que han
logrado acumular sobre las espaldas del pueblo trabajador. No contentos
de vivir de las rentas fabulosas que extraían de la explotación
desvergonzada de sus bienes mal habidos, peleaban a brazo partido
procurando acaparar los cargos políticos que les permitieran utilizar el
aparato estatal para beneficiarse de su explotación y su despilfarro.
No pasaba un año entero sin que no se pagaran vacaciones suntuosas en
el exterior. Sus hijos abandonaban las escuelas del país para recibir
una enseñanza de prestigio en otros países. A la más leve enfermedad, se
movilizaban todos los recursos del estado para asegurarles la costosa
atención de los hospitales de lujo en países extranjeros.
Todo esto se ha dado a plena vista de un pueblo voltaico laborioso,
valiente y honesto, si bien sumido en la miseria más profunda. Mientras
que para una minoría rica Alto Volta constituye un paraíso, para la
mayoría, para el pueblo, es un infierno apenas tolerable.
Como parte de esta gran mayoría, los asalariados, no obstante el hecho
de tener asegurado un ingreso constante, sufren las limitaciones y los
escollos de la sociedad capitalista de consumo. Todo su salario se agota
incluso antes de que lo hayan tocado. Este círculo vicioso sigue sin
fin y sin perspectiva alguna de romperlo.
Al seno de sus sindicatos respectivos, los asalariados entablan
luchas reivindicativas para mejorar sus condiciones de vida. A veces la
amplitud de estas luchas logra arrebatar concesiones de las autoridades
neocoloniales. Sin embargo, apenas dan algo con una mano y en seguida lo
recuperan con la otra.
Así se anuncia con gran alboroto un aumento salarial del 10 por
ciento, para de inmediato gravarlo con impuestos que anulan los efectos
positivos que se esperaban de la primera medida. Después de cinco, seis o
siete meses, los trabajadores siempre terminan dándose cuenta de la
superchería y se movilizan para nuevas luchas. Siete meses son más que
suficientes para que los reaccionarios en el poder recobren el aliento y
tramen otras estratagemas. En esta lucha sin fin, el trabajador siempre
sale perdiendo.
En el seno de esta gran mayoría están también los “condenados de la
Tierra”, los campesinos, a quienes se expropia, se expolia, se hostiga,
se encarcela, se ridiculiza y se humilla cada día, y quienes, sin
embargo, con su trabajo son creadores de riquezas. Es gracias a su
actividad productiva que la economía del país se mantiene a flote, no
obstante su debilidad. Es con su trabajo que “endulzan” su
vida todos esos ciudadanos para quienes Alto Volta es un El Dorado.
Sin embargo, son ellos quienes más sufren la falta de estructuras, de
una infraestructura de carreteras, y de la falta de estructuras y
planteles de salud. Son estos campesinos, creadores de la riqueza
nacional, quienes más sufren la falta de escuelas y de útiles escolares
para sus hijos. Son sus hijos quienes engrosarán las filas de los
desempleados tras una breve estancia en los banquillos de escuelas mal
adaptadas a las realidades de este país. Es entre ellos que existe la
tasa de analfabetismo más elevada: 98 por ciento. Quienes más necesitan
aprender, para poder mejorar el rendimiento de su labor productiva, son
de nuevo quienes menos se benefician de las inversiones en las esferas
de la salud, la educación y la tecnología.
La juventud campesina –que demuestra la misma disposición de ánimo
que el resto de la juventud, es decir, que es más sensible ante la
injusticia social y está más a favor del progreso– en una expresión de
rebeldía termina abandonando nuestros campos, privándolos así de su
elemento más dinámico.
Ese primer reflejo empuja a esos jóvenes hacia los grandes centros
urbanos, Uagadugu y Bobo-Dioulasso. Ahí esperan encontrar un trabajo
mejor remunerado y beneficiarse a la vez de las ventajas del progreso.
La falta de trabajo los empuja a la ociosidad, con todos los vicios que
la caracterizan. Finalmente, para no terminar en la cárcel, buscan la
salvación saliendo al extranjero, donde les aguardan la humillación y la
explotación más vergonzosas. ¿Acaso la sociedad voltaica les ofrece
otra opción?
Dicho de la manera más concisa, esta es la situación de nuestro país
después de 23 años de neocolonialismo: paraíso para unos, infierno para
los demás.
Después de 23 años de dominación y explotación imperialistas, nuestro
país sigue siendo un país agrícola atrasado, donde el sector rural –el
90 por ciento de la población activa– representa apenas el 45 por ciento
del Producto Interno Bruto pero provee el 95 por ciento del total de
las exportaciones del país.
De manera más sencilla, hay que señalar que aunque en otros países
los agricultores constituyen menos del 5 por ciento de la población,
ellos logran no solo alimentarse adecuadamente, asegurar las necesidades
de una nación entera, sino también exportar cantidades inmensas de su
producción agrícola. Mientras que aquí en este país, más del 90 por
ciento de la población, a pesar de arduos esfuerzos, sufre hambre y
escasez y se ve obligado a tener que recurrir con el resto de la
población a la importación de productos agrícolas e incluso a la
asistencia internacional.
El desequilibrio entre las exportaciones e importaciones así creado
contribuye a acentuar la dependencia del país en el extranjero. En
consecuencia, el déficit comercial ha crecido considerablemente al paso
de los años y el valor de nuestras exportaciones solo cubre alrededor
del 25 por ciento de las importaciones. Dicho de manera más clara,
compramos más del exterior de lo que vendemos. Y una economía que
funciona sobre esa base se arruina progresivamente y va hacia la
catástrofe.
Las inversiones privadas que provienen del extranjero no solo son
insuficientes, más bien le hacen sangrías enormes a la economía del
país, por lo que no contribuyen a reforzar su capacidad acumulativa. Una
parte importante de la riqueza creada con la ayuda de las inversiones
extranjeras es drenada hacia el exterior, en lugar de ser re- invertida
para acrecentar la capacidad productiva del país. En el período
1973-1979, se calcula que 1.7 mil millones de francos CFA salían del
país cada año en forma de ingresos derivados de inversiones extranjeras
directas, mientras
que las inversiones nuevas ascendían a un promedio de 1.3 mil millones de francos CFA por año.3
La insuficiencia de esfuerzos en la inversión productiva induce al
estado voltaico a jugar un papel fundamental en la economía nacional
mediante esfuerzos encaminados a suplir la inversión privada. Esta es
una situación difícil cuando se sabe que los ingresos presupuestarios
del estado los constituyen esencialmente los ingresos tributarios, que a
su vez representan el 85 por ciento del total de los ingresos y que
provienen en gran parte de los aranceles a las importaciones y de los
impuestos.
Aparte de los esfuerzos de inversión nacional, estos ingresos financian
los gastos del estado, de los que un 70 por ciento sirven para pagar los
salarios de los empleados gubernamentales y asegurar el funcionamiento
de los servicios administrativos. ¿Qué puede quedar entonces para las
inversiones sociales y culturales?
En el ámbito de la educación, nuestro país se sitúa entre los más
atrasados, con una tasa de escolarización del 16.4 por ciento y una tasa
de analfabetismo que alcanza un promedio del 92 por ciento. Es decir
que de cada 100 voltaicos apenas 8 parecen saber leer y escribir en la
lengua que sea.
En el plano de la salud, las tasas de enfermedad y de mortandad se
sitúan entre las más altas en la subregión debido a la proliferación de
enfermedades transmisibles y de deficiencias nutricionales. Por otro
lado, ¿cómo podremos evitar esta situación catastrófica si se sabe que
se cuenta con una cama de hospital por cada 1200 habitantes y con un
médico por cada 48 mil habitantes?
Bastan estos pocos elementos para ilustrar el legado que nos dejaron 23
años de neocolonialismo, 23 años de una política de abandono nacional
total. Ningún voltaico que ame y honre a su país puede permanecer
indiferente ante esta situación, una de las más desoladoras.
En efecto, nuestro pueblo, un pueblo valiente y trabajador, jamás ha
podido tolerar tal situación. Y porque ha comprendido que no es producto
de la fatalidad, sino de una sociedad organizada sobre bases injustas
en provecho solo de una minoría, ese pueblo ha desarrollado siempre
luchas multiformes, buscando las vías y los medios para poner fin a este
viejo orden de cosas.
Por eso recibió febrilmente la llegada del Consejo Nacional de la
Revolución y de la revolución de agosto, que coronó los esfuerzos que
había realizado y los sacrificios que había aceptado para derribar el
viejo orden, instalar un orden nuevo que pudiera rehabilitar al hombre
voltaico y otorgar a nuestro país un lugar selecto en el concierto de
naciones libres, prósperas y respetadas.
Las clases parásitas que siempre se han lucrado con un Alto Volta
colonial y neocolonial son y seguirán siendo hostiles a las
transformaciones emprendidas por el proceso revolucionario iniciado tras
el 4 de agosto de 1983. Eso se debe a que están y permanecen atadas por
un cordón umbilical al imperialismo internacional. Son y siguen siendo
defensoras fervientes de los privilegios adquiridos gracias a su lealtad
al imperialismo.
Hagan lo que hagan y digan lo que digan, ellos segui-
rán siendo los mismos y seguirán tramando complots e intrigas a fin de
reconquistar su “reino perdido”. Es inútil esperar de estos nostálgicos
una reconversión de mentalidad y de actitud. No son sensibles ni
entienden más lenguaje que el de la lucha, la lucha de clases
revolucionaria contra los explotadores y los opresores de los pueblos.
Para ellos, nuestra revolución será la cosa más autoritaria que exista.
Será un acto por el cual el pueblo les impondrá su voluntad con todos
los medios de que disponga y, de ser necesario, con sus armas.
Estos enemigos del pueblo, ¿quiénes son?
Ellos se desenmascararon ante los ojos del pueblo durante los sucesos
del 17 de mayo por la saña que demostraron contra las fuerzas
revolucionarias. A estos enemigos del pueblo, el pueblo los ha
identificado en el fragor de la lucha revolucionaria. Ellos son:
1. La burguesía voltaica, que se divide, a partir de
las funciones que unos y otros desempeñan, en burguesía estatal,
burguesía compradora y burguesía media.
La burguesía estatal. Este es el sector que se conoce por el nombre
de burguesía político-burocrática. Es una burguesía que ha utilizado su
monopolio político para enriquecerse de manera ilícita y facinerosa. Se
ha valido del aparato del estado al igual que un capitalista industrial
se vale de sus medios de producción para acumular la plusvalía extraída
de la explotación de la fuerza de trabajo de los trabajadores. Este
sector de la burguesía jamás renunciará por voluntad propia a sus
antiguos privilegios para observar, pasivo, las transformaciones
revolucionarias en curso.
La burguesía comerciante. Este sector, por su propia actividad, está
atado al imperialismo por medio de un sinnúmero de vínculos. Para este
sector, el fin de la dominación imperialista significa la muerte de la
“gallina de los huevos de oro”. Por esto se opondrá con todas sus
fuerzas a la revolución actual. De esta categoría provienen, por
ejemplo, los podridos comerciantes que hacen pasar hambre al pueblo
sacando de circulación los víveres a fin de especular y sabotear la
economía.
La burguesía media. Este sector de la burguesía voltaica, aunque está
vinculado al imperialismo, rivaliza con él por el control del mercado.
Sin embargo, puesto que es económicamente más débil, es suplantado por
el imperialismo. Por tanto, tiene quejas contra el imperialismo, pero
también teme al pueblo, y este temor puede inducirlo a formar un bloque
con el imperialismo. Sin embargo, por el hecho que la dominación
imperialista de nuestro país le impide desempeñar su verdadero papel
como burguesía nacional, algunos de sus elementos, bajo determinadas
circunstancias, podrían estar a favor de la revolución, lo que los
situaría objetivamente en el campo del pueblo. No obstante, entre el
pueblo se debe cultivar una desconfianza revolucionaria hacia esos
elementos que gravitan hacia la revolución. Porque bajo ese manto
acudirán a la revolución oportunistas de toda laya.
2. Las fuerzas retrógradas, que derivan su poder de
las estructuras tradicionales de tipo feudal de nuestra sociedad. Esas
fuerzas, en su mayoría, han sabido ofrecer una resistencia firme al
imperialismo colonial francés. Mas, una vez que nuestro país accedió a
la soberanía nacional, sumaron fuerzas con la burguesía reaccionaria
para oprimir al pueblo voltaico. Estas fuerzas han usado a las masas
campesinas como reserva de votos, para entregarlas al mejor postor
electorero.
A fin de proteger sus intereses, que son comunes a los del
imperialismo y opuestos a los del pueblo, estas fuerzas reaccionarias a
menudo recurren a los valores decadentes de nuestra cultura nacional,
que persisten aún en el me-dio rural. En la medida que nuestra
revolución busque democratizar las relaciones sociales en nuestros
campos, aumente las responsabilidades del campesinado, le brinde más
educación y conocimientos con los cuales lograr su propia emancipación
económica y cultural, estas fuerzas retrógradas se le opondrán.
Son estos los enemigos del pueblo en la revolución actual, enemigos
que el propio pueblo identificó durante los sucesos del mes de mayo. Son
estos individuos quienes, constituyendo el grueso de los manifestantes
aislados, protegidos por un cordón militar, han manifestado su apoyo de
clase al régimen ya moribundo surgido del golpe de estado reaccionario y
pro imperialista [del 17 de mayo].
Aparte de las clases y capas sociales reaccionarias y
antirrevolucionarias arriba enumeradas está el resto de la población,
quienes constituyen el pueblo voltaico: un pueblo que considera la
dominación y explotación imperialistas una abominación y que no deja de
manifestarlo en la lucha cotidiana concreta contra los distintos
regímenes neocoloniales. El pueblo, en la revolución actual, lo
integran:
– 1. La clase trabajadora voltaica, joven y poco
numerosa, que en las incesantes luchas contra los patrones ha sabido
demostrar que es una clase genuinamente revolucionaria. En la revolución
actual, es una clase que tiene todo que ganar y nada que perder. No
tiene medios de producción que perder, no tiene una parcela de propiedad
que defender en el marco de la vieja sociedad neocolonial. Por el
contrario, está convencida que la revolución es suya, pues de ella
saldrá engrandecida y fortalecida.
– 2. La pequeña burguesía, que constituye una
amplísima capa social muy inestable y que a menudo vacila entre la causa
de las masas populares y la del imperialismo. En su
gran mayoría, termina colocándose siempre del lado de las masas
populares. Está integrada por los elementos más diversos, entre ellos
pequeños comerciantes, intelectuales pequeñoburgueses (funcionarios,
estudiantes universitarios y de secundaria, empleados del sector
privado, etcétera), y artesanos.
– 3. El campesinado voltaico, integrado en su gran
mayoría por pequeños campesinos que a raíz de la desintegración
progresiva de la propiedad colectiva, tras la introducción del modo de
producción capitalista en nuestro país, están atados a la propiedad
parcelaria. Las relaciones mercantiles disuelven cada vez más los lazos
comunitarios, y en su lugar se instaura la propiedad privada sobre los
medios de producción. En esta nueva situación así creada por la
penetración del capitalismo en nuestros campos, el campesino voltaico,
que se halla atado a la producción en pequeña escala, es la
personificación de las relaciones burguesas de producción. En vista de
todas estas consideraciones, el campesinado voltaico es también parte
integrante de la categoría de la pequeña burguesía.
Por su pasado y por su situación actual, es la capa social que más
caro ha pagado por la dominación y explotación imperialistas. La
condición de atraso económico y cultural que caracteriza a nuestros
campos ha mantenido a este sector aislado de las principales corrientes
de progreso y modernización, relegándolo al papel de cantera de los
partidos políticos reaccionarios. No obstante, el campesinado tiene
interés en la revolución y, desde el punto de vista numérico, es la
fuerza principal.
– 4. El lumpenproletariado. Esta es una categoría de
elementos desclasados quienes, por el hecho de carecer de empleo, están
predispuestos a estar a sueldo de las fuerzas reaccionarias y
contrarrevolucionarias para realizarles sus trabajos sucios. En la
medida que la revolución sepa em- plearlos útilmente, se podrán
convertir en sus defensores fervorosos.
El carácter y el alcance de la revolución de agosto
Las revoluciones que suceden alrededor del mundo no son todas
parecidas. Cada revolución aporta su originalidad, la cual la distingue
de las demás. Nuestra revolución, la revolución de agosto, no escapa a
esta observación. Toma en cuenta las particularidades de nuestro país,
su nivel de desarrollo y de subyugación al sistema capitalista
imperialista mundial.
Nuestra revolución es una revolución que se desarrolló en un país
agrícola atrasado, donde el peso de las tradiciones y de la ideología
que emanan de una organización social de tipo feudal recae fuertemente
sobre las masas populares. Es una revolución en un país que –debido a la
dominación y la explotación que el imperialismo ejerce sobre nuestro
pueblo– ha evolucionado de una colonia a una neocolonia.
Es una revolución que se produce en un país que aún se caracteriza
por la falta de una clase obrera organizada y consciente de su misión
histórica y que, por consiguiente, carece de una tradición de lucha
revolucionaria. Es una revolución que sucede en un pequeño país del
continente, en un momento en que, en el ámbito internacional, el
movimiento revolucionario se desmorona día a día sin percibirse la
esperanza de ver constituido un bloque homogéneo que dé impulso y
sostenga en la práctica a los movimientos revolucionarios nacientes.
Este conjunto de circunstancias históricas, geográficas y sociológicas
le deja una impronta singular a nuestra revolución.
La revolución de agosto presenta un carácter dual: es una revolución democrática y popular.
Tiene como tareas primordiales la liquidación de la do- minación y
explotación imperialistas y la depuración del campo de todas las trabas
sociales, económicas y culturales que lo mantienen en un estado de
atraso. De ahí se deriva su carácter democrático.
Su carácter popular proviene del hecho que las masas populares
voltaicas participan plenamente en esta revolución y se movilizan
consecuentemente en torno a consignas democráticas y revolucionarias que
traducen en los hechos sus propios intereses en oposición a los de las
clases reaccionarias aliadas al imperialismo. El carácter popular de la
revolución de agosto radica también en el hecho que en lugar de la
antigua máquina del estado se construye una máquina nueva para poder
garantizar el ejercicio democrático del poder por el pueblo y para el
pueblo.
Nuestra revolución actual, caracterizada de esta forma, si bien es
una revolución antiimperialista, ocurre dentro del marco de los límites
del régimen económico y social burgués. Al proceder al análisis de las
clases sociales de la sociedad voltaica, hemos planteado la idea de que
la burguesía voltaica no constituye una sola masa homogénea,
reaccionaria y antirrevolucionaria. En efecto, lo que caracteriza a la
burguesía en los países subdesarrollados, bajo relaciones capitalistas,
es su incapacidad congènita de revolucionar a la sociedad como lo hizo
la burguesía de los países europeos en la década de 1780, es decir, la
época en que la burguesía aún constituía una clase ascendente.
Tales son las características y los límites de la actual revolución
desencadenada en Alto Volta a partir del 4 de agosto de 1983. El poseer
una percepción clara y una definición precisa de su contenido nos
resguarda de los peligros de desvíos y excesos que podrían ser
perjudiciales a la marcha victoriosa de la revolución. Todos los que han
asumido la causa de la revolución de agosto deben asimilar la línea
directriz aquí desarrollada con miras a asumir su papel de
revolucionarios conscientes, verdaderos propagandistas, intrépidos e
infatigables, y difundir esta perspectiva en el seno de las masas.
Ya no basta con llamarse revolucionario. Hay que ahondar en el
profundo significado de la revolución de la que se es un ferviente
defensor. Es la mejor manera de defenderla de los ataques y las
tergiversaciones que los contrarrevolucionarios no van a dejar de
emplear en su contra. Saber cómo vincular la teoría revolucionaria a la
práctica revolucionaria será el criterio decisivo que a partir de ahora
nos permita distinguir a los revolucionarios consecuentes de todos los
que acuden a ella por móviles ajenos a la causa revolucionaria.
De la soberanía del pueblo en el ejercicio del poder revolucionario
Como ya hemos mencionado, uno de los rasgos distintivos de la
revolución de agosto, y que le confiere su carácter popular, es que es
un movimiento de la inmensa mayoría en beneficio de la inmensa mayoría.
Es una revolución hecha por las propias masas populares voltaicas,
con sus propias consignas y aspiraciones. El objetivo de esta revolución
es que el pueblo asuma el poder. Por eso el primer acto de la
revolución, después de la proclamación del 4 de agosto, fue dirigir un
llamado al pueblo para la creación de los Comités de Defensa de la
Revolución.4 El Consejo Nacional de la Revolución tiene a convicción de
que para que esta sea una revolución ge-nuinamente popular deberá
proceder a la destrucción de la máquina del estado neocolonial y a la
organización de una nueva máquina capaz de garantizar la soberanía del
pueblo. El problema de cómo se deberá ejercer este poder popular, cómo
se deberá organizar este poder, es un problema esencial para el futuro
de nuestra revolución.
La historia de nuestro país hasta nuestros días ha estado dominada
esencialmente por las clases explotadoras y conservadoras, las cuales
han ejercido su dictadura antidemocrática y antipopular mediante su
dominio de la política, la economía, la ideología, la cultura, la
administración y la justicia.
La revolución tiene como objetivo primordial el traspaso del poder de
manos de la burguesía voltaica, aliada al imperialismo, a manos de la
alianza de las clases populares que constituyen el pueblo. Eso quiere
decir que, a partir de ahora, el pueblo en el poder deberá contraponer
su poder democrático y popular a la dictadura antidemocrática y
antipopular de la alianza reaccionaria de las clases sociales que
favorecen al imperialismo.
Este poder democrático y popular será el cimiento, la base sólida,
del poder revolucionario en Alto Volta. Tendrá como tarea primordial la
reconversión total de todo el aparato estatal, con sus leyes, su
administración, sus tribunales, su policía y su ejército, que habían
sido ideados para servir y defender los intereses egoístas de las clases
y capas sociales reaccionarias. Tendrá por tarea organizar la lucha
contra los intentos contrarrevolucionarios de reconquistar el “paraíso
perdido”, con miras a aplastar por completo la resistencia de los
reaccionarios que añoran el gramas sociales del gobierno revolucionario,
integrándola a la actividad política. pasado. He aquí que reside la
necesidad de los CDR y su papel como punto de apoyo de las masas
populares para el asalto de los baluartes reaccionarios y
contrarrevolucionarios …
Por una revolucionarización de todos los sectores de la sociedad voltaica
Todos los regímenes políticos hasta la fecha se afanaban por
instaurar un conjunto de medidas para mejorar la administración de la
sociedad neocolonial. Los cambios operados por los distintos regímenes
equivalían a instalar equipos nuevos dentro del marco de la continuidad
del poder neocolonial. Ninguno de estos regímenes quería ni podía
desafiar los cimientos socioeconómicos de la sociedad voltaica. Por eso
todos fracasaron.
La revolución de agosto no aspira a instaurar un régimen más en Alto
Volta. Representa una ruptura con todos los regímenes conocidos hasta la
fecha. Tiene por objetivo final la construcción de una sociedad
voltaica nueva, en cuyo seno el ciudadano voltaico, animado por una
conciencia revolucionaria, será el artesano de su propia felicidad, una
felicidad que corresponda a los esfuerzos que haya invertido.
Para lograr esto, la revolución –les guste o no a las fuerzas
conservadoras y retrógradas– será un desarraigo total y profundo que no
dejará intacto un solo ámbito, un solo sector de la actividad económica,
social o cultural.
La revolucionarización de todos los ámbitos, de todas las áreas de
actividad, esa es la consigna del momento. Fortalecido con la directriz
aquí planteada, cada ciudadano, sea el nivel al que se encuentre, deberá
emprender la tarea de revolucionar su sector de actividad.
A partir de ahora, la filosofía de las transformaciones revolucionarias se aplicará a los siguientes sectores:
– (1) el ejército nacional,
– (2) la política respecto a la mujer y
– (3) el desarrollo económico.
1. El ejército nacional : su lugar en la revolución democrática y popular
Según la doctrina de la defensa de Alto Volta revolucionario, un
pueblo consciente no le va a ceder la defensa de su patria a un grupo de
hombres, por competentes que sean. Los pueblos conscientes asumen ellos
mismos la defensa de su patria. En ese sentido, nuestras fuerzas
armadas constituyen tan solo un destacamento que está más especializado
que el resto del pueblo para las tareas de seguridad interna y externa
de Alto Volta. De igual forma, aunque la salud de los voltaicos es
asunto tanto del pueblo como de cada voltaico a nivel individual, existe
y existirá un cuerpo médico más especializado y que consagre más tiempo
al problema de la salud pública.
La revolución dicta tres misiones a nuestras fuerzas armadas nacionales:
– 1. Estar listas para combatir a todo enemigo interno y externo, y
participar en la formación militar del resto del pueblo. Esto supone una
capacidad operativa acumulada, haciendo de cada militar un combatiente
competente en lugar del viejo ejército, que no era más que una masa de
asalariados.
– 2 Participar en la producción nacional. En efecto, el nuevo militar
debe vivir y sufrir en el seno del pueblo al que pertenece. Se acabó el
ejército presupuestófago. A partir de ahora, además de manejar las
armas, estará en los campos, y criará vacas, ovejas y aves. Construirá
escuelas y dispensarios donde se asegurará de su funcionamiento. Dará
mantenimiento a las carreteras y transportará por vía aérea el correo,
los enfermos y los productos agrícolas entre las distintas regiones.
– 3. Formar a cada soldado como militante revolucionario. Se acabaron
los días en que se pretendía que el ejército era neutral y apolítico,
mientras en la realidad era baluarte de la reacción y guardián de los
intereses imperialistas. Se acabaron los días en que nuestro ejército
nacional actuaba como un cuerpo de mercenarios extranjeros en
territorios conquistados. Esos días se acabaron para siempre. Armados de
formación política e ideológica, nuestros soldados, nuestros
suboficiales y nuestros oficiales dedicados al proceso revolucionario
dejan de ser criminales en el poder para devenir revolucionarios
conscientes, hallándose en el seno del pueblo como peces en el agua.
Como ejército al servicio de la revolución, el Ejército Nacional
Popular no dará cabida a ningún militar que desdeñe, vilipendie y
maltrate a su pueblo. Un ejército del pueblo al servicio del pueblo: tal
es el nuevo ejército que estamos construyendo en lugar del ejército
neocolo-nial, verdadero instrumento de opresión y de represión en manos
de la burguesía reaccionaria, la cual lo usó para dominar al pueblo. Tal
ejército, desde el punto de vista mismo de la organización interna y de
sus principios de funcionamiento, será fundamentalmente distinto al
viejo ejército. Por tanto, en lugar de la obediencia ciega de los
soldados hacia sus jefes, de los subalternos hacia sus superiores, se
desarrollará una disciplina sana que, si bien estricta, se fundará sobre
la adhesión consciente de los hombres y de las tropas.
Contrario a los puntos de vista de los oficiales reaccionarios
animados por el espíritu colonial, la politización del ejército, su
revolucionarización, no significa el fin de la disciplina. En un
ejército politizado la disciplina tendrá un nuevo contenido. Será una
disciplina revolucionaria. Es decir, una disciplina que derive sus
fuerzas del hecho que el oficial y el soldado, el que tenga grado y el
raso, se valoren en cuanto a la dignidad humana y no se diferencien
entre sí más que por sus tareas concretas y sus responsabilidades
respectivas. Fortalecidos de tal comprensión de las relaciones entre los
hombres, los cuadros militares deberán respetar a sus hombres, amarlos y
tratarlos con equidad.
También aquí, los Comités de Defensa de la Revolución tienen un papel
fundamental que jugar. Los militantes de los CDR en el seno del
ejército deberán ser los pioneros infatigables de la construcción del
Ejército Nacional Popular del estado democrático y popular, cuyas tareas
esenciales serán, en el plano interno, la defensa de los derechos e
intereses del pueblo, el mantenimiento del orden revolucionario y la
salvaguarda del poder democrático y popular; en el plano exterior, la
defensa de la integridad territorial.
2. La mujer voltaica : su papel en la revolución democrática y popular
El peso de las tradiciones seculares de nuestra sociedad condena a la
mujer al rango de bestia de carga. La mujer sufre todas las lacras de
la sociedad neocolonial por partida doble. En primer lugar, ella conoce
los mismos sufrimientos que el hombre; en segundo lugar, se ve sometida a
otros sufrimientos por parte del hombre.
Nuestra revolución interesa a todos los oprimidos, a todos los que
son explotados en la sociedad actual. Interesa, por tanto, a la mujer,
puesto que la base de su dominación por parte del hombre radica en el
sistema de organización de la vida política y económica de la sociedad.
La revolución, al cambiar el orden social que oprime a la mujer, crea
las condiciones para su verdadera emancipación.
Las mujeres y los hombres de nuestra sociedad son todos víctimas de
la opresión y dominación imperialistas. Por eso libran una misma
batalla. La revolución y la libera- ción de la mujer van juntas. Hablar
de la emancipación de la mujer no es un acto de caridad o un arranque de
humanismo. Es un requisito fundamental para el triunfo de la
revolución. Las mujeres sostienen la otra mitad del cielo.
Crear una mentalidad nueva entre la mujer voltaica que le permita
asumir los destinos del país al lado del hombre es una de las tareas
primordiales de la revolución, como lo es la transformación de las
actitudes del hombre con respecto a la mujer.
Hasta este momento, la mujer ha sido excluida de las esferas en que
se toman las decisiones. La revolución, al confiar responsabilidades a
la mujer, crea las condiciones para liberar la iniciativa combativa de
las mujeres. El CNR, siguiendo su política revolucionaria, se dedicará a
la movilización, la organización y la unificación de todas las fuerzas
vivas de la nación, y la mujer no va a ir a la zaga. La mujer se
integrará a todas las batallas que hemos de emprender contra las
distintas trabas de la sociedad neocolonial y por la edificación de una
sociedad nueva. Se integrará –a todos los niveles de concepción, de toma
de decisiones y de ejecución– en la organización de la vida de la
nación entera. El objetivo final de toda esta gran empresa es construir
una sociedad libre y próspera donde la mujer será igual al hombre en
todos los ámbitos.
Sin embargo, conviene tener una comprensión justa del problema de la
emancipación de la mujer. No se trata de una igualdad mecánica entre el
hombre y la mujer. No significa adquirir hábitos reconocidos al hombre:
beber, fumar, llevar pantalones. Eso no es la emancipación de la mujer.
Tampoco es la adquisición de diplomas lo que va a tornar a la mujer
igual al hombre o más emancipada. El diploma no es un pase hacia la
emancipación.
La verdadera emancipación de la mujer es la que le confiere responsabilidades a la mujer, que la vincula a las
actividades productivas, a los diferentes combates que enfrenta el
pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que conmina el
respeto y la consideración de parte del hombre. La emancipación, como la
libertad, no se otorga, se conquista. Atañe a las mujeres mismas
impulsar sus reivindicaciones y movilizarse para conquistarlas.
Para ello, la revolución democrática y popular va a crear las
condiciones necesarias para permitir que la mujer voltaica se realice de
una forma plena y total. ¿Sería posible acaso liquidar el sistema de
explotación mientras se mantiene explotadas a las mujeres, quienes
constituyen más de la mitad de nuestra sociedad?
3. Una economía nacional independiente, autosuficiente y planificada al servicio de una sociedad democrática y popular
El proceso de las transformaciones revolucionarias emprendidas
después del 4 de agosto pone en el orden del día grandes reformas
democráticas y populares. Así el Consejo Nacional de la Revolución está
consciente de que la construcción de una economía nacional,
independiente, autosuficiente y planificada pasa por la transformación
radical de la sociedad actual, una transformación que supone las
siguientes reformas importantes:
– La reforma agraria;
– La reforma administrativa;
– La reforma educativa;
– La reforma de las estructuras de producción y distribución en el sector moderno.
La reforma agraria tendrá por objetivo:
– Incrementar la productividad del trabajo a través de una mejor
organización de los campesinos y la introducción en el ámbito rural de
técnicas modernas de agricultura;
– El desarrollo de una agricultura diversificada junto a la especialización regional;
– La abolición de todas las trabas propias de las estructuras socioeconómicas tradicionales que oprimen a los campesinos;
– Finalmente, hacer de la agricultura el punto de apoyo del desarrollo de la industria.
Todo esto es posible al darle un verdadero sentido a la consigna de
autosuficiencia alimentaria, hoy bastante anticuada a fuerza de haber
sido proclamada sin convicción. En primer lugar, será una lucha cruenta
contra la naturaleza que, por lo demás, no es más ingrata con nosotros
de lo que ha sido con otros pueblos que triunfaron admirablemente en el
plano de la agricultura. El Consejo Nacional de la Revolución no va a
abrigar ilusiones de proyectos gigantescos y sofisticados. Por el
contrario, numerosos logros pequeños en el sistema agrícola permitirán
hacer de nuestro territorio un campo vasto, una serie infinita de
granjas.
Luego vendrá la lucha contra quienes hacen pasar hambre al pueblo,
los especuladores y capitalistas agrícolas de toda laya. Por último,
estará la protección contra la dominación imperialista de nuestra
agricultura en cuanto a la orientación, el despojo de nuestros recursos y
la competencia desleal de sus importaciones con nuestros productos
locales, importaciones sin más mérito que el de ser empaquetadas para
burgueses que padecen de esnobismo. Los precios remuneradores y las
unidades industriales agroalimentarias asegurarán a los campesinos
mercados para sus productos durante todas las estaciones.
La reforma administrativa pretende volver operativa
la administración heredada del colonialismo. Para hacerlo, deberá
eliminar todos los males que la caracterizan –a saber, la burocracia
pesada y engorrosa y sus consecuencias– y proceder a una revisión
completa de los estatutos de las funciones públicas. La reforma deberá
dar paso a una administración poco costosa, más eficaz y más flexible.
La reforma escolar pretende promover una nueva
orientación de la educación y de la cultura. Deberá dar paso a la
transformación de la escuela en un instrumento al servicio de la
revolución. Los que se gradúen deberán ponerse no al servicio de sus
propios intereses y los de las clases explotadoras, sino al servicio de
las masas populares. La educación revolucionaria que se imparta en la
nueva escuela deberá inculcar a cada uno una ideología, una personalidad
voltaica que libere al individuo de todo mimetismo. El enseñar a los
estudiantes a asimilar de manera crítica y positiva las ideas y las
experiencias de otros pueblos será una de las vocaciones de la escuela
en la sociedad democrática y popular.
Para acabar con el analfabetismo y el oscurantismo, se deberá hacer
hincapié en la movilización de todas las energías con miras a organizar a
las masas para sensibilizarlas y crear en ellas la sed de aprender
mostrándoles las desventajas de la ignorancia. Toda política de lucha
contra el analfabetismo que no cuente con la participación de los
principales interesados está condenada al fracaso.
En cuanto a la cultura en la sociedad democrática y popular,
deberá revestir un carácter triple: nacional, revolucionaria y popular.
Todo lo que sea antinacional, anturevolucionario y antipopular deberá
ser proscrito. En cambio, nuestra cultura –que ha celebrado la dignidad,
la valentía, el nacionalismo y las grandes virtudes humanas– será
enaltecida.
La revolución democrática y popular creará las condiciones propicias
para la eclosión de una cultura nueva. Nuestros artistas tendrán
libertad de actuar para avanzar de manera audaz. No deben dejar escapar
la oportunidad que se les presenta de elevar nuestra cultura a un nivel
mundial. ¡Que los escritores pongan su pluma al servicio de la
revolución! ¡Que los músicos canten no solo las glorias pasadas de
nuestro pueblo, sino también a su futuro radiante y prometedor!
La revolución espera de nuestros artistas que sepan describir la
realidad, plasmar imágenes vivas y expresar notas melodiosas, a la vez
que le señalen a nuestro pueblo la vía justa que conduzca a un futuro
mejor. Espera que pongan su genio creador al servicio de una cultura
voltaica, nacional, revolucionaria y popular.
Debemos saber tomar aquello que es bueno del pasado –es decir, de
nuestras tradiciones–, aquello que es positivo de las culturas
extranjeras, para así darle una nueva dimensión a nuestra cultura. La
fuente inagotable de inspiración creadora de las masas se encuentra en
las masas populares mismas. Saber vivir con las masas, involucrarse en
el movimiento popular, compartir las alegrías y las penas del pueblo,
trabajar y luchar junto a él: todo esto deberá constituir la inquietud
primordial de nuestros artistas. Antes de producir, debemos plantear la
pregunta: ¿a quién está destinada nuestra creación? Si estamos
convencidos de que creamos para el pueblo, entonces debemos saber
claramente quién es el pueblo, cuáles son sus componentes, cuáles son
sus aspiraciones más profundas.
La reforma de las estructuras de producción y de
distribución de nuestra economía aspira a establecer progresivamente el
control eficaz del pueblo voltaico sobre los canales de producción y de
distribución. Pues sin un verdadero dominio de esos canales, es
prácticamente imposible edificar una economía independiente al servicio
del pueblo.
Pueblo de Alto Volta,
Camaradas militantes y militantes de la revolución,
Las necesidades de nuestro pueblo son inmensas. La satisfacción de
esas necesidades requiere que se emprendan transformaciones
revolucionarias en todos los ámbitos.
En el ámbito de la salud y de la asistencia social a favor de las
masas populares, los objetivos a alcanzar se pueden resumir así:
– Salud al alcance de todos;
– Emprender la asistencia y protección materna e infantil;
– Una política de inmunización contra las enfermedades transmisibles mediante la multiplicación de campañas de vacunación;
– Sensibilización de las masas para la adquisición de buenos hábitos higiénicos.
Todos estos objetivos no se podrán obtener sin la participación
consciente de las masas populares mismas en el combate, bajo la
orientación revolucionaria de los servicios de salud.
En la esfera de la vivienda, esfera de una importancia crucial,
tendremos que emprender una política vigorosa para acabar con la
especulación inmobiliaria y la explotación de los trabajadores mediante
alquileres excesivos. En esta esfera, las medidas de importancia deberán
aspirar a:
– Establecer alquileres razonables;
– Proceder a la lotificación rápida de los barrios;
– Desarrollar en gran escala la construcción de viviendas residenciales
modernas en cantidades suficientes y accesibles a los trabajadores.
Una de las inquietudes esenciales del CNR es la unión de las
distintas nacionalidades que componen Alto Volta en la lucha común
contra los enemigos de nuestra revolución. Existe en nuestro país, en
efecto, una multitud de etnias que se distinguen entre sí por su lengua y
sus costumbres. El conjunto de estas nacionalidades conforma la nación
voltaica. El imperialismo, con su política de divide y conquistarás, se
esforzó por exacerbar las contradicciones existentes entre ellas, para
enfrentarlas entre sí.
La política del CNR aspira a unir a estas diversas nacionalidades
para que vivan en igualdad y gocen de las mismas oportunidades de éxito.
Para hacer esto, se deberá hacer particular hincapié en:
– El desarrollo económico de las diferentes regiones;
– Promover los intercambios económicos entre ellas;
– Combatir los prejuicios entre las etnias, resolviendo en un espíritu de unión los diferendos que las enfrentan;
– Castigar a quienes instiguen las divisiones.
En vista de todos los problemas que nuestro país debe afrontar, la
revolución se vislumbra como un desafío que, animados por la voluntad de
vencer, debemos superar con la participación efectiva de las masas
populares movilizadas en el seno de los CDR.
En el futuro próximo, con la elaboración de programas sectoriales,
todo el territorio de Alto Volta será una enorme obra de construcción
donde se requerirá del concurso de todos los voltaicos con capacidad y
en edad de trabajar para el combate implacable que hemos de librar para
transformar este país en un país próspero y radiante, un país donde el
pueblo será el único amo de las riquezas materiales y espirituales de la
nación.
Por último, debemos definir el lugar que ocupa la revolución voltaica
en el proceso revolucionario mundial. Nuestra revolución forma parte
integrante del movimiento mundial por la paz y la democracia, contra el
imperialismo y contra todo tipo de hegemonía. Por eso nos esforzaremos
por establecer relaciones diplomáticas con los demás países,
independientemente de su sistema político y económico, sobre la base de
los principios siguientes:
– El respeto recíproco de la independencia, la integri- dad territorial y la soberanía nacional;
– La no agresión mutua;
– La no injerencia en los asuntos internos;
– El comercio con todos los países en pie de igualdad y sobre una base de ventajas recíprocas.
Nuestra solidaridad y nuestro apoyo militantes irán a los movimientos
de liberación nacional que combaten por la independencia de su país y
la liberación de sus pueblos. Este apoyo se dirigirá en particular:
– Al pueblo de Namibia bajo la dirección de la SWAPO [Organización Popular del África Sudoccidental];
– Al pueblo saharaui en su lucha por recuperar su territorio nacional;
– Al pueblo palestino por sus derechos nacionales.
En nuestra lucha, los países africanos antiimperialistas son nuestros
aliados objetivos. El acercamiento con estos países se hace necesario
por los reagrupamientos neoco-loniales que se operan en nuestro
continente.
¡Viva la revolución democrática y popular!
¡Viva el Consejo Nacional de la Revolución!
¡Patria o muerte, venceremos!
Fuente : http://www.thomsank.com/2009/11/09/orientacion-politica/