
Calumnia e hipocresía
A los camaradas trabajadores de la educación en Orejovo-Zuyevo;
He recibido vuestra carta y agradezco mucho la atención que habéis dedicado a mi trabajo.
Pero, me parece, camaradas, que os
engañáis demasiado mostrando vuestra indignación ante el ruido, tan
vulgar como ridículo, que hizo la prensa de la burguesía y de los
emigrantes; ruido que llamáis “campaña de agitación contra Gorki“.
Ese ruido no es de ahora y creo que no va
a terminar antes de mi muerte, porque de hoy en adelante, como antes,
como siempre, no abandonaré la posición que me hace adoptar vuestra
ardiente energía.
“¡Pies quietos ante Gorki!” ¿Por
qué? Hay que dejarlos. Sé coger por el cuello y también abofetear,
cuando se hace necesario. Que nuestros enemigos gasten las pocas fuerzas
que les queda, lo más estúpidamente posible.
Gorki no los irrita tanto como el sonido
de la marcha triunfal de los obreros y campesinos de la Unión Soviética,
que avanzan hacia su gran objetivo.
La historia “no trae beneficios a nuestros enemigos“.
¿Con qué nos atacan? Alimentan su prensa que vierte diariamente
mentiras y calumnias. Pero los capitalistas están asombrados de poder
vivir sin las materias primas soviéticas; por eso se ven obligados a
desmentir las sórdidas invenciones de sus “lacayos de pluma y ratas de prensa“.
No hace mucho tiempo que su prensa se
dedicaba a demostrar que el plan quinquenal era una fantasía. Hoy repite
con una insistencia cada vez mayor que es alcanzable.
No hace mucho tiempo los capitalistas
imaginaron la estúpida fábula del “trabajo forzado” y ya veis que, poco a
poco, comienzan a desmentirla. Seguramente pueden lanzar contra la
Unión Soviética a sus trabajadores y campesinos armados con los mejores
artefactos mortíferos, ¿pero cómo harán para tapar los ojos y los oídos
de sus soldados, que también quieren ser libres, y que saben que en la
Rusia moderna no hay esclavos ni desempleados?
Hace
quince días, la capital europea lanzaba una nube gris de ese viejo
polvo verbal con el que, durante siglos, se han obstruido los oídos y
los ojos del pueblo trabajador.
Por la boca del jefe de la Iglesia
Católica, el Papa (se trata de Achille Ratti, pontificado desde el 16 de
febrero de 1922 hasta el 10 febrero de 1939. Pío XI. 257º Papa),
soberano de la “ciudad del Vaticano”, el capitalismo amenazó por la
radio urbi et orbi.
“Los ricos deben ser considerados
como los servidores de la divina providencia, como guardianes y
repartidores de sus bienes, a quien Jesucristo confió la suerte de
poseerlos“.
Como estas palabras son sólo, a fin de
cuentas, la voz de los propios ricos, éstos, sirviendo a la “divina
providencia”, no sólo se niegan a alimentar a los 35 millones de
parados, sino que también comienzan a especular con la bajada de
salarios. Por la boca de la iglesia recomiendan prudencia a los que
“nada poseen”:
“…que no desdeñen, evocando el
ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, su pobreza y sus promesas; que no
menosprecien la acumulación de las riquezas espirituales que son tan
accesibles en nuestro tiempo, y con la esperanza de mejorar la situación
dentro de los límites permitidos, se hagan dignos, por la bondad y por
el corazón, de la misericordia de Dios, y no se entreguen a actos de
injusticia”. “Pedimos a los trabajadores y a los patrones que eviten
todo acto de hostilidad y toda lucha recíproca, que se mantengan
mutuamente en unión amistosa y fraternal: unos con sus recursos y su
dirección, y los otros con su trabajo y su capacidad, sin exigir más de
los que es justo ni reclamar nada que no sea equitativo, tratando de no
alterar el orden establecido, no sólo por conveniencia personal, sino
por conveniencia, no menos importante, del interés general“.
He aquí cómo, camaradas, la Iglesia
Católica y romana enseña a los que “nada poseen”, y a los trabajadores, a
cumplir su “misión”, que consiste en sustentar el régimen capitalista
basado en la escandalosa e inhumana explotación de los trabajadores y
campesinos.
El
que dice estas palabras “amables”, aunque vacías de sentido desde hace
mucho tiempo, sabe que la iglesia del pobre Cristo es diabólicamente
rica; que en Italia existe el Banco del Espíritu Santo; que en Alemania
también existe otro banco de estos. También sabe que las iglesias de
Cristo no se diferencian de los verdaderos bancos salvo en esto: las
entregas realizadas por los clientes en la iglesia no son reembolsadas.
Naturalmente, no ignora que los pobres no
están en situación de “acumular riquezas espirituales” bajo el régimen
capitalista. El “buen” consejo que da a los pobres el príncipe de una de
las más ricas organizaciones eclesiásticas puede proporcionar un
excelente material para los periódicos satíricos, y es triste que la
prensa burguesa con “su libertad de expresión”, esté privada de la
libertad de reír.
El príncipe de la iglesia recomienda muy amablemente a los que “gobiernan” el destino del pueblo trabajador, que “hagan el bien y no el mal y se inspiren en la justicia“.
Eso nos da el derecho a esperar que Die
hards británicos, así como los buenos burgueses de Francia, con Aristide
Briand al frente, acepten el consejo de Roma con toda seriedad posible,
con la generosidad y “justicia del alma” que les son características.
Por mi parte quiero esperar a que
destruyan inmediatamente sus armas, que abandonen sus propósitos de
organizar una red de bandidaje contra los soviéticos y que les digan a
nuestros obreros y campesinos: “Vamos, chicos, no tenemos nada
contra vosotros. El Papa no quiere que hagamos ningún mal. Y además
habéis hecho el bien; ¡continuad, pues, con los mismos sentimientos, que
no queremos hacerle daño a nadie!”
Después de eso, en sus propios países,
invitarán a los trabajadores a convertir sus espadas en ruedas de arados
y se dedicarán a alimentar a millones de trabajadores que mueren de
hambre. ¿Y si -ironías aparte-, se escuchase la humilde voz del capital,
que emana de Roma? ¡Qué falta de ideas tiene esa voz! ¡Qué ingenio más
pobre! ¡Y qué hipocresía! ¡Les envío mis cordiales saludos, camaradas
que lucháis por un futuro hermoso!
Fuente: el pueblo