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domingo, 19 de julio de 2026

"LA INSURRECCIÓN", PELÍCULA SOBRE LA REVOLUCIÓN SANDINISTA, EN SU 47 ANIVERSARIO

Título: La Insurrección
Título original: Der Aufstand
País: Alemania Federal
Año: 1979
 Dirección: Peter Lilienthal.
Guión: Peter Lilienthal, Antonio Skármeta.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Siegrun Jäger.
Música: Claus Bantzer.
Elenco: Agustín Pereira, Carlos Catania, María Lourdes Centano de Zelaya, Óscar Castillo, Guido Sáenz, Vicky Montero, Saida Mendieta Ruiz, Orlando Zelaya Pérez, Flavio Fernández, Roger Barrios. 
Duración: 101 min. 
Sinopsis Se trata de Nicaragua en la etapa militar de la revolución sandinista. Crónica de la lucha por la ciudad de León, en que la gente común y corriente, que es derrotada por las armas de los militares, desarrolla su propia estrategia, apelando a la inteligencia de la improvisación. En su tercer largo sobre América Latina, Lilienthal describe nuevamente una historia de compromiso social y político junto a su colaborador Antonio Skármeta. Ambos observan el continente latinoamericano como un espacio de contornos épicos, donde la vida y la muerte se entrelazan en un mismo movimiento.

La insurrección, largometraje de ficción filmado en Nicaragua a finales de 1979 y comienzos de 1980, fue dirigido por el cineasta alemán Peter Lilienthal, escrito por el autor chileno Antonio Skármeta y protagonizado principalmente por habitantes de la ciudad de León, de donde surgieron, además, los personajes secundarios, extras y figurantes.

Skármeta y Lilienthal habían tenido conexiones artísticas desde 1972 en Chile. Años antes, Peter había leído los cuentos de Antonio y, como su lector, le pidió escribir un guion para una película. De esa petición surgió el largometraje de ficción La victoria. En la década de 1970, Peter Lilienthal era un cineasta muy representativo del cine alemán, con varias nominaciones y premios en importantes festivales de cine en el mundo.

Después del golpe militar a Salvador Allende en 1973, Skármeta salió del país rumbo a Argentina, donde escribió el segundo guion para Lilienthal, Reina la tranquilidad en el país, que se filmó en Portugal, en 1975. Después se fue a vivir a Alemania. En 1980 viajó a Nicaragua y escribió el guion de La insurrección; y con los materiales de sus investigaciones y entrevistas realizadas durante su visita al país escribió la novela que lleva el mismo nombre.

Sobre el inusual proceso de trascender de un guion a una película y de esta a una novela, explicó Antonio Skármeta en el artículo La Insurrección: Gambito nicaragüense de film y novela, publicado en la revista Nicarauac, en 1980: «Yo salto con La Insurrección del film a la novela porque la riqueza expresiva del cine radica en una inmediata sensualidad de la imagen que va arrollando personajes, situaciones, en un tiempo impuesto a la comunidad de espectadores. En el cine, el actor interpreta al personaje. En la literatura, el lector interpreta al personaje. Es el lector quien recibe la situación y es él, personaje propuesto para gesticularlo […] Después de haber escrito con Lilienthal el guion del film en Nicaragua, comencé de inmediato a escribir una novela sobre la base de este. Fui desde la realidad al guion y del guion a la novela, porque la intensidad de la experiencia acumulada le exigió a mi fantasía una expresión más íntima, más matizada, más expansiva y, sobre todo, más en contacto con mi producción narrativa anterior, con esas obsesiones personales que buscan infiltrarse y teñir la realidad, aun cuando esta sea algo tan explosivo como la revolución nicaragüense».

Peter Lilienthal llegó a Nicaragua el 19 de noviembre de 1979, cuatro meses después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, y comenzó de inmediato su investigación y los trabajos de preproducción para La insurrección. Ese año, Lilienthal había ganado el Oso de Oro del festival de cine en Berlín por su largometraje David y gozaba de gran prestigio y popularidad en su país. La televisión alemana proporcionó los recursos de la película y en Centroamérica se contrató a Istmo Film, de Costa Rica, para la producción ejecutiva local. Era una coproducción alemana con Provobis y V. Vietinghoff Film y el Instituto Nicaragüense de Cine, que apoyó en los recursos locales de producción.

El trabajo cinematográfico se realizó con la cámara del alemán Michael Ballhaus —quien sería después el camarógrafo favorito de Martin Scorsese— y se estrenó en 1980 en Nueva York, con un programa doble que incluía el largometraje documental El Salvador, el pueblo vencerá, del cineasta puertorriqueño Diego de la Texera, quien había tenido también mucho que ver con la fundación de un cine nicaragüense estatal en 1979.

Una vez presentado el filme en festivales de cine, obtuvo el Premio Federal de Cine Alemán y se proyectó en la Cinemateca Nacional de Nicaragua, en foros universitarios y de cine móvil en todo el país (programa de exhibición que llegaba a pueblos remotos del país proyectando cine gratis); alcanzado una cantidad de público de aproximadamente 200 mil espectadores.

Una característica especial de La insurrección es el hecho de que Peter Lilienthal la elaboró en terreno: durante la noche Antonio Skármeta escribía y Lilienthal filmaba durante el día. Aunque las ideas iban cambiando según la masa de información, se iban moviendo y llevándolas a diversas conclusiones porque en esos tiempos de revolución cada día había grandes noticias que iban modificando la historia y la situación política de Nicaragua.

Lo que no se modificaba era el sentido del filme y el mensaje no circunstancial que planeaban legar a la cinematografía latinoamericana, en el que se acaparaba hechos de enormes dimensiones, como refiere el escritor y dramaturgo Ariel Dorfman: «En La insurrección, el escritor chileno Antonio Skármeta encuentra por fin al protagonista que ha estado buscando toda su vida: un pueblo entero»; ese pueblo desposeído que el mismo Skármeta en la novela describe como un todo en una sola línea: «En un país en que el sesenta por ciento de las personas eran analfabetas, escribir una carta era considerado snob», y sus palabras no estaban ajenas a la realidad de la Nicaragua de aquella época.

Para escribir el argumento narrativo, Lilienthal se instaló en León, en el barrio Sutiaba, donde oyó muchas cosas que la gente le contaba y lo que habían vivido durante los horribles meses la insurrección entre 1978 y 1979. Estos testimonios lo impresionaron y marcaron su experiencia en su carrera como cineasta. Con esta obra hacía el intento de realizar una reproducción documental de lo que le habían contado, se introdujo en las historias y eligió León porque fue el primer pueblo aguerrido durante esta época.

Antonio Skármeta escribió sobre la inserción de ambos en la comunidad donde se filmaría la película, refiriéndose así al trabajo con Peter Lilienthal: «Nosotros hacemos films políticos. Films que conciernen a la historia latinoamericana, a masas. Trabajamos no como burócratas del cine o estrellitas, sino como compañeros».

El filme, tal como su título lo refiere, está ubicado en los últimos meses de la época de insurrección en Nicaragua, cuando el pueblo nicaragüense se lanzó a las armas para derrocar a la dictadura somocista. Es un homenaje al pueblo de León y cuenta la historia de Agustín Menor, un joven que pertenece a la Guardia Nacional, donde trabaja como técnico de comunicaciones. Su padre, sus vecinos y amigos del barrio luchan contra el gobierno para el que Agustín trabaja; e incluso su hermana Eugenia, a quien él estima mucho y a la que le paga sus estudios universitarios, abandona las clases porque se ha apuntado en la guerrilla y se encuentra clandestina en la lucha sandinista.

Agustín entra en conflicto con su padre porque no deserta de la Guardia, pero él ve su trabajo como eso: un trabajo, y solo es un técnico a quien han prometido que irá a Estados Unidos a hacer estudios profesionales en comunicaciones. Pero en sus salidas libres para visitar a la familia va descubriendo los horrores que hacen los soldados de la institución para la que trabaja. Se abren sus ojos y despierta cuando ve la realidad en la calle, que es distinta a lo que le enseñan en los cuarteles.

Una vez que se convence de desertar, su superior, el capital Flores —interpretado por el actor y cineasta costarricense Óscar Castillo— llega a buscarlo, ya que lo tiene sometido y manipulado, y al llegar a su barrio siembran el terror y amenazan con matar a unos ciudadanos a quienes han tomado al azar en las calles, si no vuelve a la Guardia. De esa manera Agustín vuelve y no deserta en ese momento, pero ya se ha desencantado y comienza a sentirse preso en la institución porque no tiene la libertad de elegir irse.

En la película puede apreciarse una representación muy realista de cómo eran aquellos meses entre 1978 y 1979 con las movilizaciones antisomocistas y las madres de los soldados de la Guardia Nacional que llegaban a los cuarteles a pedir que les dejaran ver a sus hijos, porque la institución —para no correr el riesgo de que sus soldados desertaran y debido a las emergencias de guerra en que se encontraban— había cancelado las visitas familiares y las salidas de esos soldados a casa de sus familias.

Se ve la situación vivida en los combates, la fabricación de armas caseras, las reuniones clandestinas, la forma de enviarse mensajes entre los vecinos ante los ojos de los soldados de la Guardia que no se enteraban de la viveza y organización del pueblo, el levantamiento de barricadas y la forma cómo se involucraban los niños, adolescentes y jóvenes en la lucha que se volvió poco a poco en una red de comunicación muy organizada, a la que se unían empresarios en huelgas nacionales, sacerdotes católicos, comerciantes ambulantes, amas de casa y estudiantes, entre otros.

Finalmente, Agustín logra desertar y gracias a varias estrategias logran quemar el cuartel de León, pero los guardias, para salir, toman como rehenes a una decena de vecinos a quienes habían detenido, entre los que se encontraba el padre de Agustín. Por último, llegan los jóvenes que se encontraban en las montañas y se unen a los combatientes urbanos hasta llegar al triunfo de la revolución sandinista. El final de la película se ilustra con imágenes reales tomadas el día del triunfo, cuando se encontraron en la Plaza de la República en julio de 1979, que no son muy diferentes a las tomas de ficción porque a lo largo del filme el director Peter Lilienthal había logrado imprimir realismo en todo el ámbito de la película: escenografías, vestuarios, lenguaje y fotografía.

Fuente:  (Casi) literal

VER PELICULA:

https://www.youtube.com/watch?v=HAIZ_Ru1XHc&t=27s 

sábado, 19 de julio de 2025

DOCUMENTAL "IMÁGENES DE UNA REVOLUCIÓN", DE SUSAN MEISELAS, EN EL 46 ANIVERSARIO DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN SANDINISTA

 
Dirigida por: Alfred Guzzetti, Susan Meiselas, Richard P. Rogers 
Protagonizada por: Susan Meiselas
Producido por: Alfred Guzzetti, Susan Meiselas, Richard P. Rogers
Música de: William Eldridge, Terry Riley
Fotografía de: Richard P. Rogers
Editado por: Alfred Guzzetti, Susan Meiselas, Richard P. Rogers
Fecha de estreno: 5 de octubre de 1991 (Festival de Cine de Nueva York)
Duración: 1 hora 33 minutos
Países: Estados Unidos, Alemania
Sinopsis: En este discurso sobre el poder de las imágenes, la reconocida fotoperiodista Susan Meiselas (1948) regresa a las escenas de una revolución que presenció y capturó con su cámara.

Imágenes de una revolución se pone al día con los lugares y las personas detrás de las icónicas fotografías de Meiselas de la Nicaragua devastada por la guerra a finales de los años 1970 y 1980. Profundizando en las vidas de guerrilleros, sandinistas y transeúntes, dispersos desde Miami hasta Managua, una década después de que se enfrentaron en una lucha sangrienta, esta ingeniosa película encuentra tanto decepción como modesto orgullo en medio de recuerdos aún frescos y conmovedores. Una vez fotografiados empuñando bombas de contacto y marchando por las calles, estos increíbles nicaragüenses ahora viven de manera muy parecida a como vivían antes de los días revolucionarios.  

VER DOCUMENTAL:

VER ALBUM FOTOGRÁFICO "NICARAGUA", DE SUSAN MEISELAS

https://www.susanmeiselas.com/nicaragua 

jueves, 10 de noviembre de 2022

"COMANDANTE CARLOS FONSECA", DE LUIS ENRIQUE MEJÍA GODOY, EN EL 46 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Comandante Carlos Fonseca

Luis Enrique Mejía Godoy

Poseídas por el dios de la furia
Y el demonio de la ternura.
Salen de la cárcel mis palabras
Hacia la lluvia.
Y sediento de luz te nombro hermano
En mis horas de aislamiento,
Vienes derribando los muros de la noche
Nítido, inmenso.

Coro: Comandante carlos, carlos fonseca,
Tayacán vencedor de la muerte,
Novio de la patria rojinegra
Nicaragua entera te grita: ¡presente!

Coro: Comandante carlos, carlos fonseca,
Tayacán vencedor de la muerte,
Novio de la patria rojinegra
Nicaragua entera te grita: ¡presente!

Cuando apareciste llegaste a nosotros
Con tus ojos miopes azules intensos,
Fuiste desde entonces el hermano
Terco, indeclinable, sempiterno.
Fuiste mecanógrafo, hormiga, martillo
Y al día siguiente de nuestro encuentro
Vimos tus letreros sumercidos
En todos los muros de nuestro pueblo.

Un abala en la selva de zinica
Penetró en tu recio corazón de santo
Y estalló tu sangre en nuestras vidas
Como una gigante bomba de contacto.
Desbordante de amor hacia los hombres,
Trinitaria roja tu pecho desnudo,
Tus ojos azules generosos
Apuntando firmes hacia el futuro.

Cuando los afiches del tirano
Sean insepultas huellas de la escoria;
Cuando los traidores y cobardes
Sean referencias de una vieja historia.
Las generaciones venideras
De la nicaragua libre y luminosa
Van a recordarte eternamente
Con tu carabina disparando aurora.

martes, 8 de marzo de 2022

LA MUJER EN LA REVOLUCIÓN SANDINISTA DE NICARAGUA, EN UN NUEVO 8-M

Imagen cabecera: mujersandinista.wordpress.com Más del 30% de los combatientes armados durante la revolución sandinista fueron mujeres.

La mujer en la revolución sandinista de Nicaragua. 

El papel de la mujer durante la lucha armada sandinista resultó decisivo, desempeñando un protagonismo mucho más activo con diferencia sustancial que el que habían tenido las mujeres cubanas durante su revolución. Reproducimos un fragmento del artículo "Women during the Sandinista Revolution", publicado en mujersandinista.wordpress.com:
"(...)  En la década de 1970 muchas mujeres se convirtieron en miembros activos del FSLN y se integraron en la guerra de guerrillas. Más del 30% de los combatientes armados eran mujeres. Las primeras mujeres se unieron a mediados de la década de 1960 y en 1979 había miles de mujeres ya en la guerrilla. Algunas de estas mujeres se convirtieron en oficiales de las unidades del FSLN. 
Además de las mujeres combatientes, muchas otras eran colaboradoras, apoyando activamente a la guerrilla con el suministro de alimentos, medicinas y casas de seguridad, ocultando armas y llevando mensajes. Estas actividades también eran muy peligrosos y muchas de estas mujeres simpatizantes del FSLN fueron torturadas y asesinadas por el régimen. 
En julio de 1979 el régimen de Somoza fue derrocado, siendo creado un nuevo gobierno encabezado por el FSLN. La mayoría de las mujeres se desmovilizaron, aunque mucha tomaron posiciones civiles en el nuevo gobierno. Pero a medida que se creó el Ejército Popular Sandinista, fueron bastantes las mujeres que decidieron quedarse en el ejército. En 1980 alrededor del 6% de los oficiales y el 40% de los soldados eran mujeres. 
Después de 1980, las mujeres nicaragüenses se vieron envueltas de nuevo en la guerra. Mientras que algunas se unieron o fueron forzadas a los contras, la mayoría apoyó el nuevo gobierno revolucionario. Esta vez, el FSLN trató de mantener a las mujeres en papeles no combatientes y de apoyo. Mientras que los hombres fueron enviados al frente de batalla, se formaron batallones de mujeres dentro de la milicia para ayudar a proteger a las ciudades. Así, los dirigentes del FSLN varones volvieron a la visión de Sandino de la mujer como colaboradora y como madre que podía dar a sus hijos a la lucha. 
La mujer nicaragüense se ha transformado y fortalecido a lo largo de décadas de guerra. Sus contribuciones a la lucha contra los invasores y los dictadores no pueden ser negados (...).

El papel de la mujer durante la lucha armada sandinista resultó decisivo, desempeñando un protagonismo mucho más activo con diferencia sustancial que el que habían tenido las mujeres cubanas durante su revolución. Reproducimos un fragmento del artículo "Women during the Sandinista Revolution", publicado en mujersandinista.wordpress.com:

"(...)  En la década de 1970 muchas mujeres se convirtieron en miembros activos del FSLN y se integraron en la guerra de guerrillas. Más del 30% de los combatientes armados eran mujeres. Las primeras mujeres se unieron a mediados de la década de 1960 y en 1979 había miles de mujeres ya en la guerrilla. Algunas de estas mujeres se convirtieron en oficiales de las unidades del FSLN. 
Además de las mujeres combatientes, muchas otras eran colaboradoras, apoyando activamente a la guerrilla con el suministro de alimentos, medicinas y casas de seguridad, ocultando armas y llevando mensajes. Estas actividades también eran muy peligrosos y muchas de estas mujeres simpatizantes del FSLN fueron torturadas y asesinadas por el régimen. 
En julio de 1979 el régimen de Somoza fue derrocado, siendo creado un nuevo gobierno encabezado por el FSLN. La mayoría de las mujeres se desmovilizaron, aunque mucha tomaron posiciones civiles en el nuevo gobierno. Pero a medida que se creó el Ejército Popular Sandinista, fueron bastantes las mujeres que decidieron quedarse en el ejército. En 1980 alrededor del 6% de los oficiales y el 40% de los soldados eran mujeres. 
Después de 1980, las mujeres nicaragüenses se vieron envueltas de nuevo en la guerra. Mientras que algunas se unieron o fueron forzadas a los contras, la mayoría apoyó el nuevo gobierno revolucionario. Esta vez, el FSLN trató de mantener a las mujeres en papeles no combatientes y de apoyo. Mientras que los hombres fueron enviados al frente de batalla, se formaron batallones de mujeres dentro de la milicia para ayudar a proteger a las ciudades. Así, los dirigentes del FSLN varones volvieron a la visión de Sandino de la mujer como colaboradora y como madre que podía dar a sus hijos a la lucha. 
La mujer nicaragüense se ha transformado y fortalecido a lo largo de décadas de guerra. Sus contribuciones a la lucha contra los invasores y los dictadores no pueden ser negados (...).
Al final de la entrada, encontrarás una breve bibliografía sobre el papel de la mujer en la revolución sandinista. Lo que sigue es una miscelánea visual. Salvo alguna excepción, hemos optado por no incluir fotografías posteriores al triunfo de la revolución. Tampoco hemos incluido fotografías que ofrecían dudas acerca de la referencia documental (el habitual "copia y pega" que suele hacer la gente en Internet, sin referenciar ni contrastar fuentes, favorece la difusión de errores, algo que hemos tratado de evitar en esta selección). 

Sobre la revolución sandinista y las causas de su fracaso, recomendamos la siguiente entrada del blog: "¿Por qué fracasó la revolución sandinista? (NICARAGUA 1978-1990. Desestabilización en cámara lenta. Cap. 49 de Asesinando la esperanza, de William Blum)"

*   *   *


Foto 1"Miliciana de Waswalito"Comenzamos con una fotografía icónica, un símbolo visual de la revolución, una imagen muy popular y difundida por todo lo que representa: la mujer miliciana que amamanta a su bebé mientras lleva su fusil al hombro. La imagen recorrió el mundo e incluso fue portada en revistas. El autor de la fotografía (titulada "Miliciana de Waswalito") fue Orlando Valenzuela y fue sacada en Matagalpa, Sin embargo, a pesar de lo que cree mucha gente e incluso algunos difunden erróneamente, la fotografía es posterior al triunfo de la revolución; en concreto es del año 1984. Sobre esta foto puede leerse también el resumen del artículo de Penélope Plaza Azuajela"Madre armada y niño. Representación de la Mujer Nueva en los murales de la Revolución Sandinista en Nicaragua".


Foto 2. Combatiente sandinista. Fotografía de Margaret Randall.

Foto 3. Mujeres combatientes del Frente Sur en 1979. Foto: IHNCA-UCA 


Foto 4. Comandante Dora María Téllez, León, 1979. Fotografía de Margaret Randall. Antes de unirse al FSLM cursó estudios de Medicina. Tras unirse a la guerrilla alcanzó el grado de comandante del Frente Occidental "Rigoberto López Pérez". Participó en la épica toma del Palacio Nacional de Managua el 22 de agosto de 1978 ("Operación Chanchera") que obligó al dictador Somoza a liberar a 50 sandinistas encarcelados y al pago de un millón de dólares. En 1979 dirigió el asalto y conquista de la ciudad de León, un acontecimiento que marcó el principio del fin de la dictadura.


Foto 5. Leticia Herrera, comandante del FSLN. Foto: IHNCA-UCA
Con solo 14 años, Leticia Herrera Sánchez fundó una célula socialista en el instituto en el que estudiaba. Nació en 1949 en Costa Rica, ya que su padre era un sindicalista nicaragüense que tuvo que exiliarse. Su padre ejerció una influencia decisiva: "Aprendí a leer, por ejemplo, con el Manifiesto del Partido Comunista”, declaró en alguna ocasión. Obtuvo una beca de estudios para la URSS, donde se formó. Antes de regresar a Nicaragua recibió un duro entrenamiento militar en campamentos palestinos y enseguida fue nombrada comandante, siendo responsable de los  Comités de Defensa Sandinista. Guerrillera y madre: "Poco tiempo después de haber llegado a Nicaragua, quedó embarazada. Dio a luz a escondidas y le entregó el bebe a su suegra"
Leticia Herrera es autora del libro Guerrillera, mujer y comandante de la Revolución Sandinista, publicado por la editorial Icaria, una obra indispensable para conocer el papel de la mujer en la revolución sandinista: "el testimonio acerca de su participación en la lucha armada y del papel que en ella desempeñaron las mujeres, algo que implica un doble combate. Contra el sistema que se quiere derrocar y contra el machismo de los compañeros de grupo. 'A menudo, los hombres sólo nos querían para lavarles la ropa, atenderlos, hacer de correo y satisfacerlos sexualmente. Muchos nos acosaban. Pero nosotras nos esforzábamos por demostrar que valíamos para otras cosas y que, además, éramos más democráticas y organizativas que ellos'."
Fuente de estas notas y citas: "Leticia, la guerrillera", en El País, 28-12-2014.


Foto 6. Arlen Siu (Arlen Siu Bermúdez, 1955 - 1975), hija de madre nicaragüense y padre de origen chino, también se la conoció como "la chinita" o "la chinita de Jinotepe". Murió en combate cuando solo tenía 20 años, el 2 de agosto de 1972, durante un enfrentamiento con la Guardia Nacional somozista en El Sauce, Departamento de León. Antes de sumarse a la guerrilla con 18 años, fue miembro del grupo de música Pancasán. Pese a su juventud y vida truncada prematuramente, escribió ensayos críticos sobre el Marxismo y el Feminismo que tuvieron cierta influencia en el Movimiento de Mujeres Nicaragüenses. Tras su muerte se convirtió en un símbolo de la revolución sandinista.


Foto 7. Dora Maria Tellez Arguello (izda.; ver tbn. foto 4) e Idania Fernandez (drcha.). Referencia: "Idania Fernández, y Dora Maria Tellez reunidas en la casa de Luís Del Cid, jefe del Ejército de Panamá, agosto de 1978" (fuente: Wikipedia). Idania cayó en combate al año siguiente, durante el asalto a la ciudad de León.
 

Foto 8. Idania Fernandez. Muerta en combate en León, el 16 de abril de 1979. Ver tbn. foto anterior.


Foto 9. Mujer sandinista en Estelí. Fecha de la fotografía: 1 de septiembre de 1978. Lugar: Esteli, Nicaragua. Fotógrafo: John Giannini. © John Giannini/Sygma/Corbis.
El 19 de septiembre de 1978, la Guardia Nacional del dictador lanzó un ataque contra la ciudad de Estelí, a 150 km al norte de Managua.


Foto 10. Jóvenes sandinistas en Estelí. En medio, mujer joven combatiente con un revólver en la mano. Fecha de la fotografía: 1 de septiembre de 1978. Lugar: Esteli, Nicaragua. Fotógrafo: John Giannini. © John Giannini/Sygma/Corbis.
En septiembre de 1978, los sandinistas se hicieron con el control parcial de Estelí. El 19 de septiembre la Guardia Nacional del dictador lanzó una ofensiva para recuperar la ciudad. Estelí está situada  a 150 km al norte de Managua.



Foto 11. Nora Astorga (1949-1988). Fotografía de Pedro Meyer tomada en 1978. Estudió Derecho en EE.UU. y luego en la Universidad Centroamericana de Managua. Se unió al FSLN en 1970. En 1984 se convirtió en embajadora de Nicaragua en EE.UU. y más tarde en la representante en la ONU. Puedes leer un viejo artículo sobre ella en El País del 2 de febrero de 1988, a raíz de su fallecimiento: "Nora Astorga, la feminidad al servicio de la revolución".


Foto 12. Nora Astorga. Fotografía de Pedro Meyer tomada en el Frente Sur en 1978. Ver tbn. foto anterior.


Foto 13. Araceli Pérez Darias y Claudia Chamorro, ambas muertas en combate. Sobre Aracelio puedes leer los siguientes artículos (pulsa en los enlaces): en pdf, "Araceli Pérez Darias"  en combatientessandinistasleonnicaragua1.bligoo.com (sin firma); en lahaine.org "Araceli Pérez Darias" de Natalie Mistral; y en memoriasdelaluchasandinista.org "La masacre de los héroes de Veracruz", de Ana Isabel Morales. Sobre Claudia Chamorro, ver de Ulisés Chávez "Claudia Chamorro fue una mujer de valor y decisión", en el19digital.com

Foto 14. Mónica Baltodano. Nacida en León (1954), participó de manera destacada en la ofensiva final contra la dictadura de Somoza. Su blog es monicabaltodano.blogspot.com.es En mi opinión es un ejemplo de la deriva ideológica de muchas y muchos protagonistas de la revolución, ya que en la actualidad sus coordenadas políticas no van más allá de la socialdemocracia (aunque por otro lado, si hablamos de "deriva", Daniel Ortega es el paradigma de la misma y el mejor ejemplo de cómo se puede llegar a traicionar todo aquello por lo que se ha luchado). Posicionamientos actuales aparte, podéis acceder a un artículo de Baltonado sobre el tema de la entrada que está bastante bien: "La participación de las mujeres: Recuento histórico", en  memoriasdelaluchasandinista.org   


Foto 15. María Luisa Mendez ("Miriancita") y Oscar Cortés. Insurrección de León, junio de 1979. Galería Flickr Dora María Téllez


Foto 16. Leticia Herrera, Dora María, Fanor Urroz (Mariano) y El Gato. Junio 1979, insurrección de León, en Sutiava. Galería Flickr Dora María Téllez


Foto 17. Entierro de Abel Guadalupe Moreno. Leopoldo Rivas, Dora María, Ana Isabel Morales. Junio 1979, insurrección de León. Galería Flickr Dora María Téllez

Foto 18.  Chepón Robelo y Dora María. Insurrección León, junio 1979. Galería Flickr Dora María Téllez



Foto 19. Fanor Urroz, Dora María y Ana I. Morales. Insurrección León, junio 1979. Galería Flickr Dora María Téllez


Foto 20. Momento de llorar a la compañera caída. El entierro de una joven combatiente del FSLN, llamada Johanna, en Diriamba, al norte del país, 1979. Autor y crédito: © Susan Meiselas / Magnum Photos.


Foto 21. Sandinistas entrando en Managua tras el triunfo de la revolución, julio 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino


Foto 22. Entrada en Managua, julio 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino


Foto 23. Entrada en Managua, julio 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino


Foto 24. Entrada en Managua, julio 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino


Foto 25. Joven sandinista patrulla cerca de Managua, en persecución de antiguos miembros de la Guardia Nacional después de la caída del dictador Somoza. Sacada el 26 de julio de 1979. Lugar: alrededores de Managua, Nicaragua. Autor: Patrick Chauvel. © Patrick Chauvel/Sygma/Corbis


Foto 26. Entrada en Managua, julio 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino



Foto 27. Joven sandinista después de la caída del dictador Somoza. Foto obtenida el 1 de agosto de 1979. Lugar: Managua, nNicaragua. Fotógrafo: Patrick Chauvel. © Patrick Chauvel/Sygma/Corbis


Foto 28. Mujeres sandinistas combatientes. Desfile primer aniversario de la victoria, julio 1980. Tomada de Pinterest. Perteneciente al archivo personal de Mónica Baltonado.


Foto 29. Joven sandinista, de nombre Idalia. Imagen tomada durante un desfile militar para celebrar el primer aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, en 1980. Foto del fotógrafo mexicano Pedro Valtierra. Captada en Estelí, Nicaragua, 1980.


Foto 30. Mural llamando a la insurrección en Managua, 1979. Galería Flickr de Marcelo Montecino

*   *   *

Algunos textos recomendados sobre el tema:
  • Sin firma: "Women during the Sandinista Revolution", publicado en la web  mujersandinista.wordpress.com
  • Mónica Baltodano: "Mujeres sandinistas para la Historia", en memoriasdelaluchasandinista.org
  • Víctor Núñez Jaime: "Leticia, la guerrillera", en El País, 28-12-2014.
  • Antonio Caño: "Nora Astorga, la feminidad al servicio de la revolución". en El País del 2 de febrero de 1988, a raíz de su fallecimiento. 
  • Sin firma: "Araceli Pérez Darias" en combatientessandinistasleonnicaragua1
  • Natalie Mistral: Sin firma): "Araceli Pérez Darias" en lahaine.org
  • Ana Isabel Morales: "La masacre de los héroes de Veracruz", en memoriasdelaluchasandinista
  • Marta Harnecker: "Dora María Téllez: la insurrección es una tela de araña que hay que tejer", capítulo 3 del libro  Pueblo en armas, en rebelion.org (libro en pdf). 
No conozco versión digitalizada en la Red, pero también es recomendable el libro firmado por Alberto González Casado, María Antonia Sabater Montserrat y María Pau Trayner Vilanova: Guerrillera, mujer y comandante de la revolución sandinista: Memorias de Leticia Herrera, Editorial Icaria, 2013. En especial, el capítulo 11 ("La insurrección en León. El Frente dirigido por mujeres") y el epílogo ("Las mujeres en el proceso de liberación en Nicaragua"). Tenéis acceso al índice e introducción pulsando en este enlace
 
Fuente: Blog del Viejo Topo

viernes, 26 de febrero de 2021

87 AÑOS DEL ASESINATO DE CÉSAR AUGUSTO SANDINO

 

"CACERÍA DE SANDINO", DE GABRIELA MISTRAL

Mister Hoover ha declarado a Sandino “fuera de la ley”. Ignorando eso que llaman derecho internacional, se entiende, sin embargo, que los Estados Unidos hablan del territorio nicaragüense como del propio, porque no se comprende la declaración sino como lanzada sobre uno de sus ciudadanos “Fuera de la ley norteamericana”.

Los desgraciados políticos nicaragüenses, cuando pidieron contra Sandino el auxilio norteamericano, tal vez no supieron imaginar lo que hacían y tal vez se asusten hoy de la cadena de derechos que han creado al extraño y del despeñadero de concesiones por el cual echaron a rodar su país.

La frase cocedora de Mr. Hoover suena a ese Halalí de las grandes cacerías, cuando sobre la presa que ha asomado el bulto en un claro del bosque, el cuerno llamador arroja a la jauría. Es numerosa la jauría, esta vez hasta ser fantástica: sobre unas lomas caerán cinco mil bombas y decenas de aeroplanos. También equivale la frase a la otra de uso primitivo: “Tantos miles de pesos por tal cabeza”, usada en toda tierra por los hombres de presa.

Lástima grande que la cabeza enlodada del herrero, que la prensa yanqui llama de “bandido”, sea, por rara ocurrencia, una cabeza a la cual sigue anhelante el Continente donde vive toda su raza y una pieza que desde Europa llaman de héroe nato, y de criatura providencial los que saben nombrar bien.

El herrero se parece más a Hércules que al Plutón infernal que ve Mr. Hoover. Enlodado corre por las cuchillas, a causa de los pantanos en que ha de escurrirse como culebra; carga las dos o tres pistolas que le dan las fotografías malignas de los semanarios neoyorquinos porque corre perseguido por los ajenos y los propios, y cada árbol y cada piedra de su región le son desleales; y su defensa toma aspecto de locura porque vive un caso fabuloso como para voltear a cualquiera la masa de la sangre.

Desde los años 1810, o sea desde el aluvión guerrero que bajó de México y Caracas hasta Chile, rompiéndolo todo para salvar una sola cosa, no habíamos vivido con nuestra expectación un trance semejante.

Mr. Hoover, mal informado a pesar de sus veintiún embajadas, no sabe que el hombrecito Sandino, moruno, plebeyo e infeliz, ha tomado como un garfio la admiración de su raza, excepto uno que otro traidorzuelo o alma seca del Sur. Si lo supiese, a pesar de la impermeabilidad a la opinión pública de la Casa Blanca (la palabra es de un periodista yanqui), se pondría a voltear esta pieza de fragua y de pelotón militar, tan parecida a los Páez, a los Artigas y a los Carreras, se volvería, a lo menos, caviloso y pararía la segunda movilización.

El guerrillero no es el mineral simple que él ve y que le parece un bandido químicamente puro; no es un pasmo militar a lo Pancho Villa, congestionado de ganas de matar, borracho de fechoría afortunada y cortador de cabezas a lo cuento de Salgari. Ha convencido desde la prensa francesa y el aprecio español hasta el último escritor sudamericano que suele leer, temblándole el pulso, el cable que le informa de que su Sandino sigue vivo.

Tal vez caiga ahora esa cabeza sin peinar que trae locas las cabezas acepilladas de los marinos ocupantes; tal vez sea esta ocasión la última en el millar de las jugadas y perdidas por el invasor. Ya no se trata de una búsqueda sino de una cacería, como decimos.

Pero los marinos de Mr. Hoover van a recoger en sus manos un trofeo en el que casi todos los del Sur veremos nuestra sangre y sentiremos el choque del amputado que ve caer su muñón. Mala mirada vamos a echarles y un voto diremos bajito o fuerte, que no hemos dicho nunca hasta ahora, a pesar de Santo Domingo y de Haití: “¡Malaventurados sean!”.

Porque la identificación ya comienza y a la muerte de Sandino se hará de un golpe quedándose en el bloque. El guerrillero es, en un solo cuerpo, nuestro Páez, nuestro Morelos, nuestro Carrera y nuestro Artigas. La faena es igual; el trance es el mismo.

Nos hará vivir Mr. Hoover, eso sí, una sensación de unidad continental no probada ni en 1810 por la guerra de la Independencia, porque este héroe no es local, aunque se mueva en un kilómetro de suelo rural, sino rigurosamente racial. Mr. Hoover va a conseguir, sin buscarlo, algo que nosotros mismos no habíamos logrado: sentirnos uno de punta a cabo del Continente en la muerte de Augusto Sandino.

(Nueva York, 7 de junio de 1931)

Fuente: kaos en la red

sábado, 14 de noviembre de 2020

"ALSINO Y EL CÓNDOR", PELICULA DE MIGUEL LITTIN

Título original: Alsino y el cóndor
Año: 1982
Duración: 89 min.
País: Nicaragua
Dirección: Miguel Littin
Guión: Isidora Aguirre, Miguel Littin, Tomás Pérez Turrent
Música: Leo Brouwer
Fotografía: Jorge Herrera, Pablo Martínez
Reparto: Alan Esquivel, Carmen Bunster, Alejandro Parodi, Dean Stockwell, Delia Casanova, Marta Lorena Pérez, Reynaldo Miravalles, Marcelo Gaete, Jan Kees De Rooy
Sinopsis: La guerra en Nicaragua entrelazada a la historia de un niño que libra la suya propia. Alsino sueña con volar y su deseo se confunde con el vuelo de "El Cóndor", asesor militar norteamericano que recorre en helicóptero el escenario de la lucha.
 
CRÍTICA DE LA PELICULA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ 
 
Entre las muchas que se disputaban este año, la postulación para el Oscar a la mejor película extranjera, cuatro llegaron con márgenes muy estrechos a la decisión final: la turca Yol, que compartió con Missing, de Costa Gavras, la Palma de Oro en el Festival de Cannes del año pasado; Fitzcarraldo, alemana, de Werner Herzog, que ganó en el mismo certamen el premio a la mejor dirección; La noche de San Lorenzo, Italia, de los hermanos Taviani, que en el mismo certamen se llevó el premio especial del jurado, y Alsino y el cóndor, de Nicaragua, dirigida por el chileno exiliado en México Miguel Littin, que andaba dando sus primeros pasos por el mundo. Las tres primeras las conocía muy bien, porque me correspondió discutir sobre ellas en mi condición de jurado en Cannes, y todas son de una calidad tan alta que en un momento determinado se disputaban el primer lugar para la Palma de Oro.En cambio, tenía muy buenas referencias de amigos que habían visto Alsino y el cóndor en privado, pero no había tenido oportunidad de verla.

Acabo de verla ahora, sorprendido por la noticia de que fue escogida en Los Ángeles como candidata al premio de la mejor película extranjera, en medio de competidores tan bien calificados. Es muy buena.

Sin embargo, tal vez su excelencia no es su mérito mayor, sino el hecho de que lo sea a pesar de las condiciones casi inverosímiles en que fue realizada. Al principio no había ni argumento ni plata, pero el Instituto del Cine de Nicaragua quería que Miguel Littin hiciera una película para ellos, y Miguel Littin quería hacerla, tenía una idea antigua y no muy promisoria, inspirada en un cuento del escritor chileno Pedro Prado, sobre un niño del campo que se tiraba de los árboles porque quería volar.

Era un buen ejemplo de la obsesión lírica de Miguel Littin, que es el aspecto más vulnerable de sus películas, pero a la cual se rinde siempre como a una amante ilusoria, a pesar de las duras críticas de los críticos y de las aún más duras y secretas de los amigos que lo queremos. Por fortuna, no hay maestra más cabeza dura que la realidad. Recorriendo los campos de Nicaragua en busca de ambiente para su niño volador, en busca de árboles para que volara, en busca de justificaciones sociales para que fuera creíble la aventura de su Ícaro tropical, Miguel Littin descubrió en la memoria colectiva los recuerdos nunca contados de la guerra de liberación de Nicaragua, y se encontró de pronto -tal vez sin saberlo- con una película distinta, pero mucho más verídica y conmovedora que la que buscaba. No hay en esto nada nuevo ni raro: así ha sido el arte desde siempre.

Las circunstancias en que fue realizada podrían servir de argumento para otra película. El Gobierno de Nicaragua participaba con toda clase de recursos-civiles y militares, materiales y morales-, pero sumando todo lo que se pudo conseguir en efectivo no se alcanzaban a reunir más de 60.000 dólares, que era mucho menos de lo que iba a cobrar un actor norteamericano, indispensable para el drama. Cuba contribuyó con equipo técnico, e inclusive con uno de sus directores de fotografia mejor calificados -Jorge Herrera, de 56 años-, que había asentado su prestigio con Lucía y la primera carga del machete; México contribuyó con tres actores y otros se ofrecieron como voluntarios. Nicaragua hizo la contribución más sustancial con tropas armadas, carros de combate y la única tanqueta de que disponían y con un helicóptero que estaba destinado a ser una de las estrellas de la película. Su gloria duró muy poco: al cabo de una semana de rodaje sufrió un accidente mortal, con catorce personas a bordo, mientras hacía labores de rescate en una zona de inundaciones, y hubo que rehacer todo lo hecho hasta entonces.

El otro helicóptero, marca Bell, que es el único de que dispone el Gobierno nicaragüense, cumplió su misión artística hasta el final, pero con veleidades que ningún productor le habría permitido a su estrella mejor cotizada. Cuando menos se pensaba, tenía que desplazarse a las zonas de conflicto de la frontera con Honduras, y el rodaje quedaba en suspenso hasta que el helicóptero volvía a quedar disponible. Nada, en general, permitía hacer planes definitivos. Las propias tropas de la película tenían que rnovilizarse cuando menos se pensaba para la defensa de las fronteras, y cuando volvían llevaban caras nuevas, armas distintas y, a veces, hasta un ánimo distinto, y había que rehacer muchas escenas para no incurrir en contradicciones visuales. El alguna ocasión, al volver de un combate protagonizaron una escena con proyectiles reales, sin que el director se diera cuenta porqur, se habían acabado los cartuchos de fogueo. En otra ocasión los habitantes del pueblo quisieron incendiar una tanqueta-como lo hacían durante la guerra- porque gracias a ella los somocistas de la película habían ganado un combate, de acuerdo con el guión. Un actor nicaragüense hizo con tanta propiedad el papel de sargento de Somoza que despertó las sospechas de la población, pensando que tal vez era un antiguo miembro de la Guardia Nacional infiltrado en la película. Un mal día, mientras filmaba a bordo del helicóptero, el fotógrafo Jorge Herrero se apretó las sienes con las dos manos y se quedó inmóvil con una mirada de deslumbramiento. "Era como si estuviera viendo algo que sólo él podía ver", dice Miguel Littin. Había muerto de una congestión cerebral fulminante.

El resultado de tantas contrariedades e incertidumbres fue esta película, donde el niño que quería volar no es más que un elemento circunstancial. Lo interpretó Alan Esquivel, el hijo de un trabajador de la construcción, que no sabía leer a los trece años y se aprendía los diálogos que un asistente le leía en voz alta. Es, sin duda, un actor nato, y el propio Miguel Littin dice que al cabo de pocos días le bastaba con hacerle las mismas indicaciones que a un profesional. Sin embargo, a mi modo de ver, muy personal, el verdadero drama de esta película ejemplar, el que de veras convence y conmueve, es el del capitán Frank, un instructor norteamericano interpretado dé un modo magistral por su compatriota Dean Stockel; no es un actor muy conocido en la actualidad, pero los que tengan buena memoria para los nombres del cine recordarán sin duda que es el mismo que a los diez años hizo el papel de El niño del caballo verde, de Joseph Losey. Stockel no sólo aceptó hacer la película por una cantidad irrisoria, sino que soportó con estoicismo y buen humor los contratiempos innumerables y resistió con seriedad a las presiones políticas que se le hicieron de distintos frentes. No hay duda de que es un hombre inteligente, que sabía muy bien lo que estaba haciendo.

En realidad, el capitán Frank, que se pasea a lo largo de toda la película más solo que nadie en su helicóptero solitario, no lo hace por dinero, ni por espíritu de aventura, sino por la convicción de que su tarea, y aun su sacrificio, es un tributo al triunfo de la justicia y la verdad. Es esa la dimensión más patética de los equivocados. Y en el caso del capitán Frank lo es todavía más porque es un ejemplar perfecto, lúcido y humano, de la tercera generación que Estados Unidos manda a morir en sus guerras sucias posteriores a la última guerra mundial. Toda una cosecha invaluable de muchachos como éste fue mandada al matadero de Corea, otra al de Vietnam, y una tercera, ahora, al infierno de América Central, donde el Gobierno del señor Reagan está demostrando, una vez más, que el país más poderoso y fascinante del mundo es refractario a las lecciones terribles de su propia historia. No es posible que Dean Stockel no sea consciente de que el capitán humano y un poco mesiánico que encarna se ha dejado meter en una trampa sin salida, donde lo menos grave que le ocurre es que nadie le quiere. Estoy seguro de que lo sabe, y ese es el gran servicio que le ha prestado a su país, al ponerlo frente a este espejo revelador de su extraño e inmerecido destino.

1983 Gabriel García Márquez-ACI.

* Este artículo apareció en la edición impresa de El País del Miércoles, 30 de marzo de 1983

VER PELICULA: https://www.arcoiris.tv/scheda/es/1627/