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miércoles, 9 de septiembre de 2026

"CARTA ABIERTA A LA UNIÓN DE ESCRITORES CHECOSLOVACOS", ESCRITA POR PETER WEISS EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 1967

 

CARTA ABIERTA A LA UNIÓN DE ESCRITORES CHECOSLOVACOS
 
Acabo de regresar de una estancia de dos meses en Cuba. La discusión sobre las tareas del escritor en los países socialistas y capitalistas de Europa pasó a un segundo plano. Eran más importantes las tomas de posición respecto a la lucha de clases internacional, principalmente en las fases agudas que adopta en Vietnam y en Latinoamérica. Ahora, al echar una ojeada al correo acumulado, me he encontrado con dos escritos procedentes de colegas checoslovacos. El primero es una invitación de la Unión de Escritores de Checoslovaquia a participar en un simposio que se celebrará en Praga el 27 de noviembre de 1967. El segundo es una circular anónima, publicada en el Sunday Times del 3 de septiembre de 1967. A pesar del carácter radicalmente distinto de ambos escritos, desearía utilizar esta forma de la carta abierta para contestarlos conjuntamente, puesto que apuntan a un tema común. Pasemos primero al manifiesto de los intelectuales checoslovacos, que también se dirige a mí, personalmente. Aunque los firmantes del manifiesto no se citan por sus nombres, no existe ningún motivo para suponer que el Sunday Times no tenga la lista. En cambio, lo que resulta dudoso es la afirmación del autor de este documento, según el cual se trata en su mayor parte de marxistas y comunistas. Desearía aclarar todo esto en unos cuantos puntos que, como mínimo, pecarán de mala información, de graves malentendidos y de una valoración exagerada de la libertad en Occidente. 
 
1. La exhortación a que proteste menos contra im masacre norteamericana en Vietnam, el militarismo en Grecia, el racismo en los Estados Unidos, y de que dirija más la atención a los abusos de los países socialistas. Tales advertencias me han llegado con frecuencia durante los últimos años, casi siempre por parte reaccionaria, diciéndome que, al adoptar una actitud positiva respecto a la construcción del socialismo, no debo olvidar las medidas violentas en el régimen de protección de fronteras ni el dirigismo en la política cultural. En respuesta a este primer punto, al que volveré más abajo con mayor detenimiento, quiero aludir al hecho de que, desde el conflicto de Biermann, en diciembre de 1965, me encuentro en una discusión con las personalidades dirigentes de la vida cultural en la Alemania Oriental sobre el problema de la libertad en el arte. Hasta el momento, pocas cosas han sido publicadas sobre este intercambio de ideas. Las razones son las siguientes: en primer lugar, no quería exponer el debate a una deformación unilateral en el sentido de Occidente y correr asi el peligro de apoyar a la prensa burguesa en su actitud hostil hacia la República Democrática Alemana; en segundo lugar, he venido esperando hasta hoy la oportunidad de ventilar este problema en un clima de completa apertura con representantes de aquel país. 
 
2. La inclusión de John Steinbeck en la lista de escritores internacionales destinatarios del documento. Los intelectuales checoslovacos deberían saber que este autor defiende de manera inequívoca la política militar de los Estados Unidos en Vietnam y se ufana de su agresividad contra el Vietcong. Sirvan de ejemplo estas dos citas, que he sacado de su serie de artículos del Herald Tribune: "Charlie is a pure son of a bitch, his purpose is domination of the land and the minds of poor people, and he will stop at no horror, no lie, no trick to achieve it." (13 de enero de 1967) "Anyway, the air-spotter called in some activity and they honored me by letting me fire the first round from the Number Four tube. It was a proud moment and they gave me the shell casing to take home." (2 de enero de 1967.) Atribuirle un respeto por la libertad y, en la misma frase, hablar del intento de entrar en contacto con los escritores de etodo el mundo libres es algo que, para decirlo con indulgencia, me parece sospechoso. 

3. El Credo para la conclusión del manifiesto, para la defensa de la libertad y para la lucha contra el terror, en el que se cita al presidente John F. Kennedy como modelo. Desde el comienzo de su mandato, en 1961, este presidente ha abogado por la lucha despiadada contra el socialismo y los movimientos de liberación. Fue él quien estructuró la "estrategia especial" en Vietnam; bajo su gobierno se prepararon las medidas de la escalada militar en Vietnam y, bajo su dirección, Stanley, Taylor y Rostow planearon el ataque a la República Democrática de Vietnam y se efectuó el intento de aplastar la revolución en Cuba. Apelar al espíritu y a la conciencia del mundo invocando el nombre de Kennedy es algo que no puede relacionarse con unas ideas marxistas. 

Por estas razones no puedo hacer mío el llamamiento de los intelectuales checoslovacos en su actual formulación. Sin embargo, por la causa que defienden, y en la medida en que se trata de la libertad de palabra y de opinión, de la libertad creadora y de la supresión de la censura política, considero necesaria la discusión. 
 
Es la misma discusión que me compromete desde hace años y que sólo se podrá cerrar cuando al concepto del marxismo revolucionario se unan los derechos fundamentales de la libertad intelectual. He defendido siempre la idea de que sólo en una sociedad socialista puede hacerse realidad la absoluta libertad del arte.
 
Un arte que sea social y políticamente consciente, un arte que esté al lado de la revolución, no puede ser calificado de libre en los países capitalistas. La comercialización, la constante falsificación de la realidad por los medios de comunicación de masas, pone a los intelectuales radicales -definidos como "izquierda sin patria" por el mundo burgués- en una posición que linda a menudo con la resignación o la desesperación. Los más perseverantes trabajan bajo el signo de la oposición violenta y del esfuerzo por conseguir un cambio radical de todos los valores existentes. 

Ciertamente, se dice que su libertad de opinión dentro del mundo capitalista e imperialista es ilimitada, que aparecen sus libros y obras teatrales y que pueden efectuar sus asambleas. Pero esto no ocurre en absoluto en todos los países del "mundo libre". De sobra conocemos las medidas violentas de los regímenes occidentales de orden contra las manifestaciones políticas radicales; no es menester enumerarlas aquí. 

Sin embargo, la falta de libertad en la sociedad de clases no puede disculpar la falta de libertad en la sociedad sin clases. La discusión sobre este problema, que es cada vez más necesaria desde hace años, debería dirimirse por fin ante la opinión pública y en una forma representativa, y el simposio de fines de noviembre de la Unión de Escritores Checoslovacos facilitaría la posibilidad de hacerlo. La invitación para este simposio se dirige tanto a escritores de los Estados socialistas como a escritores progresistas que tienen su residencia en los países capitalistas. Nosotros, que actuamos sobre todo en el Oeste, nos sentimos tan afectados por la restricción cultural de los Estados socialistas como nuestros colegas del Este. En nuestras conversaciones se deja sentir cada vez con mayor fuerza el aislamiento forzoso, la falta de posibilidades de comparación y, consiguientemente, la pérdida de una colaboración en la lucha global. Al ser prohibidos en sus respectivos Estados los intentos de los colegas socialistas por entrar en contacto con la polémica política, filosófica y estética que hoy tiene lugar en el mundo, la discriminación se dirige también contra nosotros, que tomamos como punto de partida la misma actitud política fundamental. Nuestra opinión es que, actualmente, los Estados socialistas tienen bastante fuerza y pueden presentar bastantes éxitos sociales y económicos como para tener, asimismo, el valor de tratar abiertamente un conflicto cultural de fundamental importancia, de asumir todos los planteamientos candentes y de no ocultar ninguno de sus aspectos. Los escritores y artistas socialistas, y otros escritores y artistas progresistas internacionales, no pueden aceptar por mucho tiempo que el conflicto sea marginado por la decisión unilateral de un partido político. 

Para mí, personalmente, tiene un valor extraordinario que mis trabajos no sólo se discutan en el mundo occidental, sino que se acepten y se traten también en los Estados socialistas. Mi propia evolución respecto al marxismo ha pasado también por muchos estadios, desde la experimentación surrealista, desde situaciones de duda, de escepticismo y de concepciones partidarias del absurdo, hasta una toma de posición política radical. No veo razón alguna para que se coarte la evolución natural de los artistas en un Estado socialista. No olvidemos que, en ellos, la sociedad pasa por un proceso de transformación de la fase burguesa en socialista. No olvidemos que esta sociedad es aún imperfecta en muchos aspectos y que la crítica y la oposición son signos de vitalidad y pueden contribuir al progreso del marxismo humanista. 
 
Habría que examinar hasta dónde se extiende la necesaria libertad de expresión, antes de que coincida con tenedencias reaccionarias y contrarrevolucionarias. Estamos seguros y de acuerdo en que la resurrección del fascismo, el belicismo y el nacionalismo agresivo deben ser combatidos del modo más encarnizado. Tendríamos que discutir más detenidamente qué entendemos por arte progresivo. ¿Es progresivo el arte del realismo socialista en relación con las modernas manifestaciones artísticas salidas del mundo burgués? ¿O bien este realismo vive a menudo de formas tomadas de una concepción de la realidad reaccionaria, pequeñoburguesa? Hay que formular la pregunta siguiente: ¿Es función de las instituciones culturales de los Estados socialistas fomentar interpretaciones social e históricamente veraces sobre la complicada estructura social? ¿O acaso su misión es producir una imagen conformista e idealista de la situación presente? 

Siempre ha habido intentos de efectuar este examen. Lo efectuaron en la Unión Soviética durante los años veinte hasta que el estalinismo lo sofocó. En los Estados socialistas han surgido obras de arte convincentes, siempre que se ha aflojado la presión del uniformismo. El cine soviético, polaco y checoslovaco, muchas pinturas, novelas, poemas, obras teatrales de artistas socialistas han enriquecido la cultura de nuestro tiempo. Es modélica la evolución estética actual con que me encontré en Cuba, donde un internacionalismo revolucionario se opone al peligro de un anquilosamiento por la burocracia y el dogmatismo. La angustia, el letargo, la confusión y la revuelta son signos, que reaparecen siempre, de un clima cultural en el que se reprime la libre manifestación de las opiniones. 

También sería necesario que pudieran participar en nuestra conversación escritores y artistas de la República Democrática Alemana. No sólo delegados oficiales, como propone la invitación de la Unión de Escritores Checoslovacos, sino representantes de diversas tendencias. Como ustedes saben, el problema a discutir tiene idéntica actualidad en la República Democrática Alemana. Para el prestigio internacional de este Estado, con el que me unen lazos de solidaridad, es importante que sus artistas, escritores y científicos, cuya integridad política me consta, dediquen sus fuerzas a la expresión viva y múltiple que corresponde a la gran polémica de nuestro tiempo. 

Espero su respuesta, de cuyo contenido dependerá mi asistencia al simposio internacional del 29 de noviembre de 1967 en Praga. 

Estocolmo, 10 de setiembre de 1967 

Suyo 

Peter Weiss 

Me permito enviar una copia de esta carta abierta al semanario Die Zeit y una copia al diario Neues Deutschland. (En el Neues Deutschland la carta no fue publicada.) 
 
Fuente: Escritos políticos. Ediciones de Bolsillo

sábado, 14 de marzo de 2026

"ADALEN ´31", PELÍCULA DE BO WIDERBERG SOBRE LA GRAN HUELGA DE 1931 EN SUECIA

Ådalen '31
Año: 1969
Duración: 110 min.
País: Suecia.
Director: Bo Widerberg.
Guión: Bo Widerberg
Fotografía: Jörgen Persson
Reparto: Peter Schildt, Kerstin Tidelius, Roland Hedlund, Stefan Feierbach, Martin Widerberg, Marie De Geer, Anita Björk, Olof Bergström, Jonas Bergström. 
Sinopsis: En Lunde (Suecia), en el año 1931, se produjo una gran huelga contra la empresa papelera Adalen. El clima de agitación fue notorio y la negativa de los trabajadores a ceder en sus derechos puso en una mala posición a los empresarios, que presionaron a las fuerzas de seguridad local para que reprimieran las huelgas. Dada que la violencia policial no bastó, se buscaron y transportaron esquiroles y gente de todo tipo para reventar las huelgas. En medio de ese clima de agitación un chico y una chica se enamoran e inician una relación. 

Una de las obras más explícitamente políticas de Bo Widerberg impregna la historia real de una huelga laboral de 1931 con una poderosa resonancia contemporánea. En el distrito industrial de Ådalen, al norte de Suecia, una manifestación pacífica da un giro trágico que desemboca en una histórica huelga general. En medio de estos acontecimientos, el adolescente Kjell (Peter Schildt) experimenta el sacrificio y la lucha, el amor y la pérdida, y las consecuencias de esta violencia impactante. Trabajando de nuevo con el director de fotografía de Elvira Madigan, Jörgen Persson, quien captura imágenes brillantes y luminosas en una elegante pantalla panorámica, Widerberg entrelaza un conmovedor retrato de la resistencia con un íntimo viaje hacia la madurez para una visión de la historia que se siente vibrante y urgentemente viva. 

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

lunes, 23 de junio de 2025

CARTA DE JEAN-PAUL SARTRE RECHAZANDO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 1964, EN EL 120 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 

«Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas»»¿Por qué rechacé ese premio? Porque estimo que desde hace cierto tiempo tiene un color político.

Si hubiera aceptado el Nobel – y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo – habría sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido; es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones «extremistas» se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: «Finalmente es de los nuestros». Yo no podía aceptar eso.

La mayoría de los diarios me han atribuido razones personales: estaría herido porque Camus lo había obtenido antes que yo…tendría miedo que Simone de Beauvoir se sintiera celosa, a lo mejor era un alma bella que rechazaba todos los honores por orgullo. Tengo una respuesta muy simple: si tuviéramos un gobierno de Frente Popular y que me hubiera hecho el honor de discernirme un premio, lo habría aceptado con placer. No pienso para nada que los escritores deban ser caballeros solitarios, por el contrario. Pero no deben meterse en un avispero.

Lo que más me ha molestado en este asunto son las cartas de los pobres. Los pobres para mí son las personas que no tienen dinero pero que están suficientemente mistificadas para aceptar el mundo tal cual es. Esa gente forma legión. Me han escrito cartas dolorosas: «Deme a mí el dinero que rechaza».

En el fondo lo que escandaliza es que ese dinero no haya sido gastado. Cuando Mauriac escribe en su agenda: «Yo lo hubiera usado para arreglar mi cuarto de baño y el cerco de mi parque», es un maligno: sabe que no provocará ningún escándalo. Si hubiera distribuido ese dinero habría chocado más a la gente. Rechazarlo es inadmisible. Un norteamericano ha escrito: «Si me dan 100 dólares y los rechazo, no soy un hombre». Y además está la idea de que un escritor no merece ese dinero. El escritor es un personaje sospechoso. No trabaja, gana dinero y puede ser recibido, si lo quiere, por un rey de Suecia. Eso ya es escandaloso. Si además rechaza el dinero que no ha merecido, es el colmo. Se considera natural que un banquero tenga dinero y no lo dé. Pero que un escritor pueda rechazarlo, eso no pasa.

Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. Rechazo 26 millones y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente va a decirse: «¿Quién es este atropellado que escupe sobre semejante suma?». Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, que me habría dejado recuperar por el sistema».

Explicación de Jean Paul Sartre al rechazar el Nobel de Literatura en 1964

Lamento profundamente el hecho que este incidente se haya convertido en algo así como un escándalo. Un premio me fue entregado, y yo lo rechacé. Esto sucedió enteramente porque no fui informado lo suficientemente pronto de lo que estaba pasando. Cuando leí en el Figaro littéraire del octubre 15, en la columna del corresponsal sueco, que la decisión de la academia sueca se dirigía hacia mí pero que no había sido aún determinada, supuse que al escribir una carta a la academia, la cual envíe el día siguiente, podría aclarar las cosas y no habría más discusión.

En ese momento no era consciente que el Premio Nobel se otorga sin consultar la opinión del destinatario, y creí que había tiempo para prevenir que eso sucediera. Pero ahora entiendo que una vez la Academia Sueca ha tomado la decisión no puede ser revocada posteriormente.

Mis razones para rechazar el premio no conciernen ni a la Academia Sueca ni al Premio Nobel en sí mismo, como expliqué en mi carta a la academia. En ella acudí a dos tipos de razones, personales y objetivas.

Las razones personales son estas: mi negativa no es un gesto impulsivo, siempre he declinado los honores oficiales. En 1945 cuando me ofrecieron la Legión de Honor, la rechacé aunque simpatizaba con el gobierno. De la misma manera, nunca he intentado entrar al Collège de France como muchos de mis amigos me sugirieron.

Esta actitud se basa en la concepción que tengo sobre la empresa del escritor. El escritor que adopta una posición política, social o literaria debe actuar únicamente con los medios que le son propios, es decir, la palabra escrita. Todos los honores que puede recibir expone a sus lectores a una presión que no considero deseable. Si me designo a mí mismo como Jean Paul Sartre no sería lo mismo si me designara Jean Paul Sartre, ganador del Premio Nobel.

El escritor que acepta un honor de esta clase se involucra a sí mismo con la asociación o institución que lo ha honrado. Mis simpatías por los revolucionarios venezolanos solo me comprometen a mí mismo, Mientras que si Jean Paul Sartre, ganador del Premio Nobel campeón de la resistencia venezolana, también compromete todo el Premio Nobel como su institución.

El escritor debe, por lo tanto, negarse a dejarse transformar en una institución, incluso si esto ocurre bajo las más honorables circunstancias, como es en el presente caso.

Esta actitud es, por supuesto, completamente mía, y no contiene críticas de aquellos que ya han sido galardonados con el premio. Yo tengo gran respeto y admiración por varios de los laureados que tengo el honor de conocer.

Mis razones objetivas son las siguientes: La única batalla posible hoy en el frente cultural es la batalla por la coexistencia pacífica de dos culturas, la de Oriente y la de Occidente. No me refiero a que deban abrazarse mutuamente; sé que la confrontación de estas dos culturas debe tomar necesariamente la forma de un conflicto, pero esta confrontación debe ocurrir entre hombres y entre culturas sin la intervención de las instituciones.

Yo mismo estoy profundamente afectado por la contradicción entre las dos culturas: estoy hecho a partir de tales contradicciones. Mis simpatías van innegablemente al socialismo y lo que es denominado el Bloque Oriental, pero nací y me crié en una familia burguesa y en una cultura burguesa. Esto me permite colaborar con todos aquellos que buscan acercar a las dos culturas. Sin embargo espero, por supuesto, que «el mejor hombre gane» es decir, el socialismo.

Es por eso que no puedo aceptar un honor otorgado por las autoridades culturales, más con las de occidente que las de oriente, incluso si simpatizo con su existencia. Aunque todas mis simpatías están del lado del socialismo. Por lo tanto, to sería incapaz de aceptar, por ejemplo, el Premio Lenin, si alguien quisiera dármelo, que no es el caso.

Sé que el premio Nobel en sí mismo no es un premio literario del Bloque Occidental. pero es de lo que está hecho, además pueden ocurrir eventos que están por fuera de los terrenos de los miembros de la academia sueca. Esta es la razón por la cual, en la presente situación, el Premio Nobel se mantiene objetivamente como una distinción reservada para los escritores de Occidente o los rebeldes de Oriente. No ha sido otorgado, por ejemplo, a Neruda, quien es uno de los más grandes poetas latinoamericanos. Nunca ha habido una cuestión seria de dárselo a Louis Aragón quien ciertamente se lo merece. Es lamentable que el premio haya sido entregado a Pasternak y no a Sholokov, y que la única obra honrada de la Unión Soviética debiera ser publicada en el extranjero y censurada en su propio país. Se pudo haber logrado cierto equilibrio gracias a un gesto similar en la otra dirección. Durante la guerra en Argelia, cuando firmamos la declaración de los 121, debí haber aceptado el premio con gratitud porque no me hubiera honrado únicamente a mi, sino también la libertad por la cual estábamos luchando. Pero las cosas no ocurrieron de esa manera, y solo al terminar la batalla el premio me ha sido otorgado.

Al discutir los motivos de la Academia Sueca, se ha hecho mención de la libertad, una palabra que sugiere muchas interpretaciones. En occidente solo se entiende una libertad general: personalmente, me refiero a una libertad más concreta que consiste en el derecho de tener más de un par de zapatos y comer lo suficiente. Me parece menos peligroso declinar el premio que aceptarlo. Si lo acepto, me ofrezco a lo que llamaré «una rehabilitación objetiva». de acuerdo con el articulo del Figaro littéraire «no se celebrará contra mí un controversial pasado político». Sé que este artículo no expresa la opinión de la Academia, pero muestra claramente como la aceptación del premio podría ser interpretada por ciertos círculos de derecha. Considero que este «controversial pasado político» sigue siendo válido, incluso si estoy muy preparado para reconocer a mis camaradas ciertos errores pasados.

No quiero decir que el Premio Nobel es un premio burgués, pero tal es la interpretación burguesa que inevitablemente se daría en ciertos círculos con los que estoy muy familiarizado.

Por último, he llegado a la cuestión del dinero: es una carga muy pesada la que la Academia impone sobre el laureado acompañando su homenaje con una enorme suma, y este problema me tortura. Cualquiera que acepte el dinero del premio puede apoyar organizaciones o movimientos que uno considere importantes: mis propios pensamientos fueron al comité del Apartheid en Londres. O bien uno declina el premio con principios generosos, y por lo tanto priva al movimiento de de tal apoyo que tanto se necesita. Pero creo que esto no es un problema real. Obvio renuncio a 250,000 coronas porque no deseo ser institucionalizado ni en occidente ni en oriente. Pero no se puede pedir, por otra parte, que renuncie por 250,000 coronas a principios que no son propios, sino que compartimos con todos los camaradas.

Esta es la razón que ha hecho tan doloroso para mi tanto la concesión del premio como el rechazo que estoy obligado a hacer.

Deseo terminar esta declaración con un mensaje de sentimiento de camaradería para el público sueco.

Fuente: www.ersilias.com 

viernes, 13 de septiembre de 2024

50 AÑOS DEL DISCURSO DE OLOF PALME EN MALMOE EN APOYO AL PUEBLO DE CHILE

Olof Palme, Primer Ministro de Suecia, Harald Edelstam embajador en Chile, Tencha Bussi viuda de Allende y Conjunto Cuncumen, 1974

Discurso pronunciado por el Primer Ministro sueco, Olof Palme, el día 14 de septiembre, en Malmö, en un mitin por Chile organizado por la sección del partido socialdemócrata de la provincia de Escania.

¡Compañeros!

Ha transcurrido un año, un largo año, desde el día en que el Gobierno de Salvador Allende, democráticamente elegido por el pueblo chileno, fue derribado por uno de los golpes militares más brutales y sangrientos de la historia de América Latina.

Nos hemos reunido hoy aquí para expresar nuestra condena por el terror que sigue imperando en Chile, pero también para manifestar nuestro homenaje y nuestra solidaridad al pueblo chileno que hoy está viviendo sus horas más difíciles.

Hace exactamente cuatro años, ganó Allende la elección presidencial, apoyado por la izquierda unida, tanto la política como la sindical. Fue una victoria que hizo nacer la esperanza de transformación pacífica de una sociedad clasista injusta y degradante. Reivindicaciones como tierra para cultivar, escuelas y hospitales para los niños, trabajo y comida para todos, un futuro más seguro, independencia nacional aparecían como claras posibilidades. Uno de los rivales de Allende en la elección presidencial, el candidato del partido demócrata-cristiano, el más grande del país, presentaba en su programa electoral reivindicaciones semejantes. Por eso Allende, que en la elección no había conseguido la mayoría absoluta, obtuvo una aplastante mayoría en el parlamento chileno, institución que, según la constitución, debe designar al presidente en caso de empate.

Existen motivos que me obligan a subrayar esta circunstancia. En los sectores de la derecha se insiste en que Allende gobernaba en contra de la voluntad de la mayoría del pueblo.

El nuevo gobierno puso en marcha una impresionante labor reformadora bajo el signo del socialismo democrático. Las condiciones de vida de la mayoría del pueblo mejoraron: se crearon más de 200.000 nuevos puestos de trabajo. Más de 75.000 familias recibieron tierras de cultivo. La mortalidad infantil descendió considerablemente; se multiplicó por diez la incorporación de la clase obrera a la enseñanza tanto secundaria como superior. Se crearon grupos como Cuncumén y Quilapayún, que recogieron la tradición popular en los campos de la música y la danza y fueron un gran estímulo para la amplia actividad cultural que se desarrolló en todo el país. Pablo Neruda fue nombrado embajador de su patria en París. Chile se convirtió en el centro cultural de América Latina. Se logró limitar la dependencia extranjera, la economía y la vida laboral fueron democratizadas: las inmensas minas de cobre, el nervio vital del país, fueron nacionalizadas, así como las minas de hierro y salitre.

El pueblo trabajador de Chile apoyaba esta política. En las elecciones municipales de abril de 1971, la coalición gubernamental, a pesar de la aplastante superioridad propagandística de la oposición, avanzó vigorosamente y obtuvo el 50 por ciento de los votos.

El gobierno de Allende se hizo peligroso por su enraizamiento popular. Peligroso para los adinerados y privilegiados, para los intereses extranjeros y las grandes empresas. Aterrorizados por la idea de que Allende pudiese lograr sus metas, las fuerzas derechistas iniciaron una contraofensiva. Aumentaron los actos de sabotaje, las empresas multinacionales iniciaron sus conspiraciones, se organizó la fuga de capitales, se pusieron todo tipo de obstáculos a los proyectos de reforma, los indispensables préstamos y créditos extranjeros no fueron concedidos.

Lo importante era conseguir "desestabilizar" el gobierno de Allende, como se dice en ciertos círculos.

A la propaganda de derechas le corresponde sostener que el golpe militar fue, en realidad, una consecuencia lógica de la política socialista de Allende. Si se siembra socialismo, se cosecha fascismo, suelen decir. Este es un argumento que recuerda los que se emplearon contra otro líder popular que intentó democratizar su país en circunstancias difíciles: Alexander Dubcek.

Ahora, el mismísimo cabecilla del golpe, general Pinochet, ha revelado la verdad en más entrevistas y discursos recientes.

Los planes para derribar a Allende por la violencia se comenzaron a elaborar ya en abril de 1972, es decir, 17 meses antes del golpe. Los planes se fueron puliendo poco a poco, los detalles se prepararon minuciosamente.

Contra todo pronóstico, el día 4 de marzo de 1973 el gobierno de la Unidad Popular logró mantener sus posiciones en las elecciones generales. Según el señor Pinochet, los militares conjurados comenzaron, 16 días más tarde, a elaborar un plan de acción que se ejecutaría en septiembre.

Con esto queda pulverizado el mito de que los militares intervinieron para salvar al país del caos económico y político, para salvaguardar la constitución o para adelantarse al supuesto golpe de la izquierda, llamado "plan Z". Lo único que queda es la violencia desnuda, la violencia que iba a detener, a cualquier precio, los afanes de reforma de Allende.

En la crítica del Chile de Allende, que está de moda, si bien con de signo contrario, entre la gente de extrema izquierda, ha ido surgiendo la idea de que una política radical que pretenda conseguir la igualdad en un país es incompatible con la democracia. También hemos oído argumentos semejantes aplicados a Suecia, cuando el movimiento obrero ha impulsado la realización de reformas importantes para la mayoría de la población. Pero sabemos muy bien que la democracia no es un privilegio, una exclusiva de una sociedad inalterable. Al contrario: la condición necesaria para la democracia es la constante actividad reformadora. Así es en Suecia, así fue, y lo sigue siendo, en Chile.

Ahora reina la violencia en Chile. El catálogo de brutalidades es atroz. Los avances sociales de decenios han sido pulverizados. Se ha puesto en marcha una aniquilación sistemática de la sociedad que estaba construyendo Allende. Decenas de miles de personas han sido asesinadas o han desaparecido. Cientos de miles de obreros han sido dejados cesantes. A los restantes se les ha alargado la jornada laboral sin compensación económica. Hay millones sin posibilidad alguna de procurarse el sustento. Aproximadamente la tercera parte de los profesores y alumnos de la universidad y las escuelas superiores han sido apartados de sus puestos docentes. Sindicatos, partidos políticos y otras asociaciones populares de carácter democrático han sido prohibidos. Continúan los consejos de guerra y la pantomima de los procesos políticos contra personas civiles y militares, cuyo único delito ha sido su lealtad a la constitución chilena y a la democracia. Miles de presos políticos han sido objeto, y lo son todavía, de tortura y de trato inhumano. Nos han llegado hasta aquí narraciones espeluznantes de la vida en los campos de concentración de Chacabuco, de Iquique, de Tejas Verdes y Pisagua, de las islas Dawson y Quiriquina.

Ya se están utilizando nuevos campos de concentración. Para poder llevan a cabo su amplísima labor represiva la Junta se ha visto obligada a llamar a filas a oficiales reservistas y jubilados. El terror continúa porque la Junta vive dominada por el miedo al pueblo. El cáncer marxista debe ser extirpado de raíz, proclama la junta para justificar su barbarie. Pero el imperio del terror afecta también a aquellos a quienes ni siquiera la Junta cuenta entre sus enemigos. Porque su política ha precipitado al país no sólo en la crisis moral sino también en una tremenda crisis económica. El hambre, la miseria y la indigencia vuelven a aparecer en el país. El año pasado la inflación llegó al 508 por ciento y se calcula que este año alcanzará el mismo nivel. Una serie de productos de primera necesidad se han visto afectados por aumentos de precio de hasta un mil por ciento. El salario mínimo de aquellos que tienen la suerte de tener un empleo apenas cubre una quinta parte de los que necesita una familia de dos hijos para comida y otros artículos de primera necesidad.

¿Cree el propio líder de la Junta en su afirmaci6n de que el 80 por ciento de la población apoya su régimen? Entonces, ¿para quién están destinadas las leyes de guerra y el estado de excepción? ¿Para proteger, acaso, esta supuesta mayoría y el poderosos aparato represivo contra el 20 por ciento restante? ¿Cuántos civiles cree la Junta que saldrían hoy día en su defensa? ¿En cuántos países serían recibidos como los representantes del pueblo de Chile?

Todos, incluso el líder la junta, conocemos las respuestas.

El pueblo chileno necesita nuestra ayuda. La resistencia contra la junta vive. Sabemos que se organizan huelgas y manifestaciones. Pinochet habla de que se han descubierto focos de resistencia, hospitales clandestinos y bancos de sangre, etc. Nos llegan de Chile peticiones de solidaridad. El movimiento obrero sueco continuará apoyando, tanto política como materialmente, a las fuerzas democráticas chilenas. La colecta organizada por el movimiento obrero en favor de Chile ha pasado ya la raya de los dos millones. Esta semana hemos entregado otro cuarto de millón de coronas al movimiento de liberación chileno. En breve se realizará otra entrega. Contribuiremos a mantener viva la repulsa que la opinión internacional siente por la junta. Anteayer, el primer ministro holandés y yo hicimos una declaración conjunta sobre Chile. Continuaremos las actividades de información en nuestro propio país. Continuaremos ayudando a los refugiados políticos chilenos tanto aquí, en Suecia, como en otros países. La causa de Chile es también nuestra.

La ola internacional de protestas que ha hecho de la Junta chilena un régimen aislado tanto moral como políticamente no es, ni mucho menos, una invención del "marxismo internacional". Es, por el contrario, la expresión de la repulsa mundial ante un sanguinario régimen ilegal, que ha pisoteado todos los derechos humanos.

La paz que, según nos dicen, reina ahora en Chile es una paz falsa, es la paz de las tumbas y del terror. El pueblo de Chile está soportando unos atroces sufrimientos. No sabemos cuánto tiempo va a durar esta situación. Pero, más tarde o más temprano, el sanguinario régimen chileno desaparecerá envuelto en su infinito envilecimiento y vergüenza, sin que lo lloren más que unos pocos, despreciado por todos los demócratas del mundo. A veces la violencia produce una sensación de desesperación. Existen terribles ejemplos de regímenes que han durado mucho tiempo apoyados únicamente en la violencia. Pero también sabemos que las ansias de libertad de los pueblos jamás pueden ser aniquiladas. Acabamos de ser testigos de ello en Portugal, que acaba de recobrar, después de 40 años, su libertad; y también en Grecia, después de siete años de dictadura militar. También seremos testigos de la misma transformación en Chile. Los tiranos llevan en sí mismos la semilla de su propia destrucción. "Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra. Y la hacen los pueblos."

Esta fue la Última alocución de Salvador Allende, poco antes de ser víctima del golpe militar.

 

sábado, 18 de mayo de 2024

DOCUMENTAL "THE BLACK POWER MIXTAPE 1967-1975"

Título original The Black Power Mixtape 1967–1975
Año 2011
Duración 93 min.
País Suecia
Dirección Göran Olsson
Guion Göran Olsson 
Sinopsis Entre 1967 y 1975 las calles de Harlem y Brooklyn, y de otros puntos de los EEUU, latían al ritmo del Black Power. Los ecos de la revolución llegaron hasta Suecia, de donde partió un equipo de reporteros para captarla. Pero las bobinas que grabaron quedaron durante 30 años enterradas en un sótano de la televisión sueca, de donde Göran Olsson las rescató para hacer esta "mixtape": nueve cortes en los que se puede ver a algunos combativos dirigentes del Black Power, entre ellos, una inédita entrevista a Angela Davis, el ambiente que se respiraba en la comunidad negra de los setenta y otras imágenes nunca antes vistas. 

catar del olvido varias bobinas de películas grabadas entre 1967 y 1975 en las calles de Harlem y Brooklyn y en otros puntos de USA. La cinta se compone de nueve cortes en los que se refleja el ambiente que respiraba la comunidad negra de la época.

The black power mixtape es un documental que analiza la evolución del movimiento del poder negro en la comunidad Afro-Americana y de su dispersión desde 1967 hasta 1975. La combinación de sorprendentes imágenes en 16 mm que habían permanecido ocultas en el sótano de la televisión sueca durante treinta años, con entrevistas a los principales artistas de raza negra, activistas, músicos y académicos, enfocan a la gente, a la cultura y a la sociedad del momento que de alguna manera exigía un cambio. Utilizando un formato innovador, el poder de éstas grabaciones exige un viaje cinematográfico y musical hacia los guetos de Estados Unidos.

Las entrevistas incluyen a figuras como Stokely Carmichael, Eldridge Cleaver, Boby Seale y Angela Davis cuando estaba en prisión, así como material del telefilm de Lars Ulvestam Harlem: Voices, Faces. El cineasta trabajó también con los artistas más talentosos del momento, incluyendo Ahmir Questlove Thompson y Om’Mas Keith, para crear una banda sonora que complementa y da forma al contenido de la película.

Fuente: Universidad de Navarra

VER DOCUMENTAL CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:  

https://ok.ru/video/835363211919

miércoles, 20 de marzo de 2024

DISCURSO DE OLOF PALME CONDENANDO LOS BOMBARDEOS DE EE.UU. SOBRE VIETNAM EN 1972

DISCURSO DE OLOF PALME SOBRE HANOI (1972)

Ahora que a diario se producen bombardeos indiscriminados de Israel sobre la población civil de Gaza, con el apoyo de EE.UU., conviene recordar el discurso de Olof Palme condenando los bombardeos de EE.UU sobre Vietnam.
 
En un discurso de Navidad de 1972, el primer ministro sueco Olof Palme criticó duramente los intensos bombardeos sobre Hanoi, Hai Phong y Vietnam del Norte (Operación Linebacker II durante la guerra de Vietnam) que estaba llevando a cabo Estados Unidos, liderados por Richard Nixon y Henry Kissinger.. En el breve pero poderoso discurso, Palme equiparó los atentados con varias masacres y crímenes de guerra famosos, como el bombardeo de Guernica por parte de Franco, la masacre nazi de civiles en la aldea francesa de Oradour-sur-Glane y el asesinato industrial en el campo de concentración de Treblinka. Aparte del discurso, el vídeo incluye a Kissinger hablando de la muy quejosa respuesta estadounidense, donde retiraron a su embajador porque sintieron que Suecia era "insensible" a sus "problemas". Esto llevó al congelamiento diplomático de las relaciones entre Estados Unidos y Suecia durante casi dos años.  
 
El discurso traducido al español es el siguiente: 
 
“Hay que llamar a las cosas por su nombre correcto. Lo que está sucediendo en Vietnam es una forma de tortura. 
 
Lo que se hace es atormentar a la gente, atormentar a una nación para humillarla, obligarla a someterse a un lenguaje dictatorial. 
 
Y por eso los atentados son una atrocidad. Y de esto tenemos muchos ejemplos en la historia moderna. Y generalmente están relacionados con un nombre: Guernica, Oradour, Babi Yar, Katyń, Lidice, Sharpeville, Treblinka. Allí la violencia ha triunfado. Pero el juicio para la posteridad ha caído con fuerza sobre quienes cargaban con la responsabilidad. 
 
Ahora se añade otro nombre a la lista: Hanoi, Navidad de 1972”.

sábado, 2 de marzo de 2024

"MUJERES EN LUCHA", DOCUMENTAL DE MARGARETA HJELM PARA LA TV SUECA (1976)


Mujeres en lucha
Margareta Hjelm
Suecia
1976
Duración 98 minutos

“Bajo el fascismo no puede hablarse de liberación de nadie, pero menos aún de liberación de la mujer. Porque el fascismo es la negación más absoluta, el reducir a la mujer a su ser biológico en exclusiva. Eso es para mi el fascismo en relación a la mujer”, Dulcinea Bellido

Anita Sirgo, fotograma del documental

«Mujeres en lucha» es un documental sueco, rodado en España en 1976,(muerto ya el dictador pero aún sin celebrar las primeras elecciones democráticas),  estrenado en la TV sueca,  y que en nuestro país se vio por primera vez 42 años después, en la fiesta del PCE de 2018.

Se trata de un documento histórico que había «dormido» esas cuatro décadas entre los objetos particulares de Dulcinea Bellido, una de las protagonistas del documental y que sería «rescatado»  y digitalizado por su hijo, Daniel Lobato, 42 años después.

El documental, que arranca en Asturias, nos permite oír y ver a Carmen, Anita, Esperanza, Dulcinea, Eloísa, Isabel, Maruja, Montserrat… mujeres antifranquistas que relatan su lucha para traer derechos sociales, políticos, económicos y en defensa de la emancipación de la mujer.

Carmen Marrón y Anita Sirgo relatan en primera persona la represión sufrida durante La Huelgona de 1962; Esperanza Rodríguez cuenta su paso por los campos de concentración en Francia, la resistencia y el exilio; Dulcinea Bellido habla de su experiencia vital como mujer  de preso comunista de larguísima duración y como luchadora comunista y feminista; Eloísa Rubio explica las dificultades de la escuela en España y las reivindicaciones por la escuela pública de las vecinas de Vallecas, un barrio en el que todos los colegios eran privados; Isabel, sindicalista,  relata la represión empresarial contra las primeras mujeres que trabajaron en la industria y que lucharon para construir un sindicalismo de clase desde las Comisiones Obreras; Maruja Ruiz  nos habla de las luchas vecinales en el barrio de Prosperidad de Barcelona, para conseguir un espacio urbano digno para vivir con transportes públicos, escuelas, servicios y dotaciones y Monserrat Avilés, abogada laboralista, describe su experiencia como defensora de los derechos los trabajadores y las trabajadoras en una época en la que en nuestro país los derechos laborales simplemente no existían.

Dulcinea Bellido, una de las protagonistas del documental. Fuente imagen

«Mujeres en lucha» pasó a ser dominio público «porque ellas son de dominio público» y así lo señalaba Daniel Lobato en una entrevista en la que también avanzaba parte del contenido del documental: “Va a ser de dominio público porque ellas son de dominio público y su lucha debe ser ejemplo para futuras generaciones”.

Fuente: Asturias Laica