domingo, 14 de noviembre de 2010

"LA PEQUEÑA CÁRCEL ESPAÑOLA", DE ROBERT MOTHERWELL


La pequeña cárcel española
1941-1944
Oleo sobe tela
69,2 x 43,5 cm
The Museum of Modern Art, Nueva York

En 1932, Motherwell ingresa en la Universidad de Stanford para estudiar filosofía y literatura moderna francesa. En 1935, su contacto con la cultura europea se amplía en un viaje junto a su padre y su hermana por la mayor parte de los países de Europa occidental; el estallido de la Guerra Civil española al año siguiente -"el acontecimiento político más conmovedor de la época", según sus propias palabras- reforzará sus lazos con un país que se convertirá en protagonista simbólico de buena parte de su producción.

La influencia de Mondrian -tramas rectilíneas, reduccionismo cromático- es muy visible en algunas pinturas de los años cuarenta, aunque Motherwell reinterpreta a su manera la obra del pintor holandés, moderando su rigor rectilíneo y dotando a los colores de referencias simbólicas más precisas.


Cárcel española (ventana)
1943-1944
Oleo sobre tela
137,2 x 101,6 cm
Colección Mr. y Mrs. Meredith Long
Houston, Texas

Como en la composición anterior, el entramado rectilíneo de barrotes convierte la pintura-ventana en una superficie infranqueable de color. La alusión del título a la represión desatada por el franquismo tras la derrota republicana en la Guerra Civil española es una metáfora de la "derrota" de la pintura como ventana de acceso a los grandes ideales.

Robert Motherwell (1915-1991)

Pintor americano nacido en Aberdeen, Washington, uno de los fundadores del expresionismo abstracto y uno de sus miembros más prolíficos e influyentes. En 1941, abandonó sus estudios de literatura y psicología para comenzar a pintar en un primer momento bajo la influencia de los surrealistas, sobre todo del pintor chileno Roberto Matta, con quien viajó a México. Su primera exposición individual fue en 1944 en la galería Art of this Century en Nueva York. A partir de aquí se sucedieron las exposiciones en Estados Unidos y en Europa. Representó a su país en la Bienal de Venecia de 1950 y en la de Sao Paulo en 1961. Entre sus obras más conocidas destaca The crossing (1948, Colección Rockefeller, Nueva York), y series de grandes lienzos en blanco y negro que se engloban bajo el título Elegía a la República española, más de cien obras inspiradas en la Guerra Civil española pintadas entre 1949 y 1976. El uso de grandes áreas de color caracteriza la última producción del artista, a menudo denominada Window-and-Wall series (Series de ventana y pared).

sábado, 13 de noviembre de 2010

EL "ARCHIVO ROJO", DEL MINISTERIO DE CULTURA


Es un fondo fotográfico creado por la Junta Delegada de Defensa de Madrid, cuyos orígenes se remontan a los inicios de la Guerra Civil española, en 1936, si bien contiene imágenes de acontecimientos anteriores a la contienda, como la sublevación de Jaca de 1930. En la actualidad lo componen 3051 imágenes, las que restan de un conjunto inicial mucho mayor tras un largo devenir histórico. Están realizadas en blanco y negro y montadas en soportes de cartón, como era habitual para la época. Las unidades documentales que lo componen están organizadas por categorías temáticas, siguiendo los inventarios originales, por lo que podemos conocer y reconocer en ellas su significado originario.

La atribución de este llamativo nombre parece hacer referencia a un personaje coetáneo a su conformación, Vicente Rojo, general republicano que desempeñó durante aquellos años el cargo de Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa en Madrid, y responsable de la organización del plan de protección de la ciudad, una vez trasladado el gobierno republicano a Valencia.

En un primer momento las funciones que dieron origen a este fondo fotográfico se asumieron por el Consejero de Orden Público, hasta que se crea la Delegación de Propaganda y Prensa. En 1937, tras un corto periodo de vida, se disuelve pasando el desempeño de esta tarea a manos de las corporaciones provincial y municipal de la ciudad. La ocupación de estos organismos fue la de controlar tanto el material fotográfico y cinematográfico puesto a la venta en el país, como a los fotógrafos profesionales que ejercían su labor en el área de control republicana, identificándolos y registrándolos antes de autorizarles a realizar su trabajo artístico y documental. Gracias a este procedimiento conocemos la autoría de la mayor parte de los documentos que componen el Archivo Rojo, con trabajos de gran calidad como los de Aguayo, Manuel Albero y Francisco Segovia, Alfonso, Antifafot, Atienza, Baldomero y Baldomero hijo, Brandt, Espiga, Fotolabr, Hermann, Kodak, Lázaro, Lladó, Llomar, Luis, Martí, Mart, los hermanos Mayo, M.P., Prast, Tello, Torre, Vidal y Videa. Algunos de ellos son también conocidos por sus trabajos en revistas de renombre en la época como Crónica o Estampa.

En 1936 el gobierno republicano refuerza este tipo de tareas creando ex profeso un Ministerio de Propaganda. A través de la institución de este nuevo Ministerio se procede a la integración del lenguaje y material producido por otros organismos, como el Patronato Nacional de Turismo, que estaba en funcionamiento desde 1928. El Ministerio, junto con el Subcomisariado de Propaganda de la Comisaría General de Guerra, con el que mantiene un intercambio y comunicación permanente, tendrá a su cargo los servicios de publicidad, información y propaganda de interés estatal, por lo que la prensa, la radio, el cine, las exposiciones, actos públicos y publicaciones de toda índole generadas en el territorio republicano estarán durante estos años bajo su estricto control.

La apuesta propagandística constituyó una importante línea política durante este período, como ataque y resistencia al avance del movimiento nacional y del pensamiento fascista en nuestro país y en la zona europea. En 1937 Manuel Azaña, con motivo de la creación del Ministerio de la Propaganda nos dejaba estas palabras, publicadas en la Gaceta de la República: "la propaganda, basada en una información verídica, es hoy un arma más, y un arma muy poderosa, en la lucha contra el fascismo, y ha de emplearse en el interior de España, igual que en el extranjero, de modo eficaz al servicio de la República y del pueblo que la defiende heroicamente. Ilustrar a los españoles sobre la dramática realidad de la guerra y sus consecuencias políticas y sociales, dar respuesta adecuada a las falsedades que propalan los facciosos, informar a la opinión internacional del gigantesco esfuerzo que realiza el pueblo español representado por su gobierno legítimo para defender su libertad, es la misión urgente e inmediata del Ministerio de Propaganda, que habrá de emplear igualmente su actividad en exaltar la obra de la República y de las fuerzas populares que le dan vida con adhesión, crear un estado de opinión que facilite y encauce el progreso político y social del país y preparar a éste para la tarea inmensa de reedificar la nueva España".

Poco durará este Ministerio. Ya en 1937 pasará a denominarse Dirección General de Propaganda, adscrito al Ministerio de Estado, perdiendo su autonomía y su rango superior.

Por su parte, las tropas y la administración franquista irán adquiriendo el material de prensa y propaganda que localizan conforme avanza la contienda y aumentan los territorios incorporados a su dominio, creando poco después el Servicio Nacional de Prensa en 1938 por orden de su Ministerio del Interior.

En 1940, terminada la Guerra el gobierno franquista dicta una ley por la que pasan a ser patrimonio de la Delegación Nacional de FET y JONS la maquinaria, material de talleres de imprenta y de editoriales que fueron contrarios al movimiento nacional y habían sido confiscados. Entre ellos se encontraba el Archivo Rojo.

Este cambio de manos significó su conversión en un potente instrumento de represión, ya que se usaron sus fotografías como testimonio de la oposición al Régimen de muchas de las personas que aparecían inmortalizadas en ellas. Este proceso, además de cambiar el sentido y función originales del Archivo, supuso su desvirtuación y disgregación, ya que numerosas imágenes fueron extraídas de él para pasar a formar parte de los sumarios de la Causa General.

En 1975 el Archivo Rojo pasó a alojarse en el Archivo General de la Administración, tras su traspaso desde el Ministerio de Información y Turismo, que lo había custodiado durante años.

Hoy constituye un importante legado histórico para el estudio y el conocimiento público de la memoria reciente de nuestro país.

GUÍA DE VISITA

· El Archivo Rojo está estructurado en veintinueve categorías temáticas o descriptores principales.
Algunas de estas categorías se dividen, a su vez, en subcategorías, en un segundo nivel de descripción que permite una mayor precisión en la búsqueda. Al tratarse de la organización original del fondo, se ha mantenido sin modificaciones de ningún tipo.
· Para recorrer el fondo, el visitante podrá acceder a estas categorías descriptivas a través del menú Búsqueda, donde encontrará una breve descripción de cada una de ellas e información sobre el número de subcategorías que contiene y el total de imágenes que engloba. El acceso a cada una de estas categorías se consigue de manera sencilla, haciendo clic sobre su título. De esta forma, se descubre el segundo nivel de descripción. Pinchando sobre los iconos, las imágenes se harán visibles a un tamaño adecuado para su consulta.
· Las fotografías aparecen acompañadas de importante información: su título, la signatura del documento original custodiado en el Archivo General de la Administración, la provincia y localidad en que fueron tomadas, el fotógrafo autor y datos onomásticos sobre algunos de los personajes que aparecen en ellas. También se incluye una palabra clave que permite ampliar la búsqueda a otras imágenes relacionadas. Asimismo, puede disfrutarse de un pase de diapositivas de todas las fotografías de cada subcategoría.
· No puede olvidarse que el Archivo Rojo es un fondo gráfico cuyo hilo conductor el a guerra más cruel vivida en nuestro país. Por ello, la crudeza y el realismo de algunas de las imágenes pueden impactar negativamente al ser visionadas. No obstante, retirar dichos testimonios supondría, por una parte, obviar los aspectos más estremecedores de nuestra Guerra Civil y, por otra, alterar la unidad del conjunto, razones por las cuales se presenta completo y sin alteraciones de ningún tipo.

ACCESO AL ARCHIVO ROJO: http://pares.mcu.es/ArchivoRojo/inicio.do

viernes, 12 de noviembre de 2010

LLEGA A LAS PANTALLAS DE MOSCÚ "LA FORTALEZA DE BREST"


Dirigida por Alexandr Kott, la cinta está basada en la heroica defensa de la fortaleza de Brest, un cuartel del Ejército Rojo situado en el territorio de la actual Bielorrusia y que fue el primero en hacer frente a los nazis tras su invasión a la Unión Soviética.

Previamente, el 22 de junio, en la ciudad bielorrusa de Brest, se estrenó la película ruso-bielorrusa "La fortaleza de Brest". De esta manera se inició el día más largo del año, señalado en el calendario ruso como el Día de la Memoria y Duelo. Precisamente el 22 de junio de 1941, a las 4 de la madrugada las tropas hitlerianas atacaron a la Unión Soviética sin declarar la guerra. Los defensores de la fortaleza de Brest, ubicada en la frontera occidental del país, afrontaron el primer ataque enemigo.

Cuando Alemania hitleriana desencadenó la II Guerra Mundial en Europa y luego agredió a la Unión Soviética, en la fortaleza de Brest había tan solo 8 mil soldados del Ejército Rojo. Contra ellos se lanzaron 17 mil soldados de infantería y todo el potencial fascista de artillería, aviación y tropas blindadas. Los hitlerianos no dudaron que se apoderarían de la fortaleza hacia el mediodía. Sin embargo, lograron romper la defensa tan solo dentro de una semana efectuando los ataques permanentes aéreos y de artillería. Incluso tras la caída de la ciudadela, la resistencia de los soldados sobrevividos duró casi un mes: lo testimonian las inscripciones que fueron descubiertas después de la guerra en los muros de sus locales subterráneos. "Muero, pero no me rindo", bajo estas palabras se encuentra la fecha arañada en la piedra: 20 de julio de 1941.

Alexander Kott, director de cine ruso, realizó la reconstrucción cinematográfica de la gran resistencia. El tema primordial del filme es mostrar lo que sintió la gente en los primeros días terribles de la guerra, dice el director en su entrevista a La Voz de Rusia:

Justamente en la fortaleza de Brest se reveló todo de forma más vívida: desde el caos y el pánico hasta la obtención de fuerza y firmeza. En la película hay pocas palabras, es una obra artística sobre el estado de ánimo. Mostramos a los personajes en el momento más dramático de su vida cuando tuvieron que hacer una opción. Había cobardes que pasaron a ser valientes y, al revés, resultaron traidores. Los defensores de la fortaleza estaban dispersos, combatieron sin saber que muy cerca, a unos 100 metros, aún se quedó alguien vivo y que continuó luchando. Nosotros encontramos un ardid cinematográfico: inventamos a un personaje que es un chico que en búsqueda de su amiga recorre toda la zona. Nuestro protagonista tiene su prototipo real que es alumno de una sección musical, Piotr Klyp de 13 años, que era tan ágil que no lo cogían las balas. Confieso que me resultó muy difícil juntar la verdad documental con la invención artística, porque los héroes del filme son personas reales.

VER VÍDEO DEL ESTRENO EN MOSCÚ DE "LA FORTALEZA DE BREST" EN CASTELLANO: http://sp.rian.ru/video/20101108/147860195.html


jueves, 11 de noviembre de 2010

LA FUNDACIÓN PICASSO DE MÁLAGA ACOGE LA EXPOSICIÓN "ANTONIO BERNI: LA MIRADA INTENSA"

Investigación (1976)

SE TRATA DE UNA SELECCIÓN DE OBRAS DEL ARTISTA ARGENTINO ADHERIDO AL PARTIDO COMUNISTA

Ramona Montiel y Juanito Laguna son dos seres que habitan en un suburbio de una ciudad cualquiera de la Argentina de los años 50 del pasado siglo. Ramona es costurera de día y prostituta de noche. Juanito, un niño muy humilde que vive su vida al margen de la sociedad capitalista, de la fue excluido por nacer pobre. Incluso así, ambos personajes tuvieron una vida plena, no exenta incluso de grandes aventuras, como ir a la luna, gracias a la imaginación de su creador: el artista argentino Antonio Berni (Rosario, 1905-1981), quien les dio vida a finales de los años 50.

Sobre estos dos atractivos personajes, Berni creó series hasta el final de su vida en las que plasmó buena parte de sus investigaciones estéticas, series en las que va configurando sus historias y que le sirven para denunciar las pésimas condiciones de vida de numerosos individuos de la sociedad del capitalismo en expansión, no sólo en Argentina sino también en América Latina.

Ramona Montiel y Juanito Laguna son los protagonistas de buena parte de las 40 obras que componen la muestra Antonio Berni: la mirada intensa, que puede verse en la Fundación Picasso de Málaga. Hasta el 27 de febrero, los visitantes podrán conocer la obra de uno de los artistas argentinos más importantes del siglo XX, que recala por primera vez en Andalucía.

"La pintura de Berni ejemplifica las derivas y debates de las vanguardias del siglo XX: desde las obras de los años 20, en las que se aúnan pintura metafísica y surrealismo, a las de los años 40 y 50, de gran compromiso social y político, o las experimentaciones con los materiales en las décadas de los 60 y 70, cuando denuncia la dictadura militar de Videla"; señala Diana B. Wechsler, comisaria de la exposición, que organiza la Universidad Nacional Tres de Febrero de Buenos Aires.

"Una de las singularidades de la producción de Berni está dada no sólo por su capacidad de exploración y apropiación de diferentes modalidades expresivas; sino en la fruición que exhiben sus trabajos por el uso de diferentes técnicas y materiales", explicó Wechsler en referencia al uso que el artista hacía en sus obras de materiales que "proceden de lo real", de deshechos industriales y del consumo masivo -Juanito y la aeronave (1962), Juanito se va de vacaciones (1972) o Strip tease de Ramona (1977)- y a las nuevas técnicas que adoptó fruto de su permanente búsqueda, como el xilo-collage, un desarrollo de la técnica xilográfica aplicada a grandes superficies. "Berni es un artista fuertemente experimental y que, parangonándolo con Picasso, se reinventa permanentemente", añadió Wechsler.

Además de las series protagonizadas por Juanito Laguna y Ramona Montiel, que fueron premiadas en la Bienal de Venecia de 1962, la exposición también muestra obras de su primera y última época. De los años 30, La muerte acecha en cada esquina, Napoleón III y Sin título acercan al Berni que coqueteaba con el surrealismo, en la misma línea que Dalí, Breton y Aragón, con quienes estableció un diálogo. Del final de su carrera, destacan Investigación (1976) y Enigma doloroso (1981), cuadros pintados bajo la represión de la dictadura militar argentina en los que Berni denuncia los abusos cometidos por esta aludiendo directamente al drama de los miles de desaparecidos y poniendo de relieve uno de los propósitos del arte moderno: ligar el arte con la vida.

Fuente: El País

La muerte acecha en cada esquina

Juanito se va de vacaciones

Enigma doloroso

Antonio Berni (Rosario, 1905-1981)

Antonio Berni nació en el seno de una familia de origen italiano. Fue un pintor y grabador muy fluido por la época convulsa que le tocó vivir. Sus obras se caracterizan por el fuerte contenido social y por una galería de personajes representativos de las clases más débiles.

Su primera exposición tuvo lugar en su ciudad natal cuando el artista tenía sólo 15 años. A los 18 obtuvo un resonado éxito en Buenos Aires, donde la crítica acogió con entusiasmo sus paisajes de una excelente factura impresionista. En 1925, el Jockey Club de Rosario le concede una beca para estudiar en Europa y se instala en París, donde entraría en contacto con la pintura metafísica y el Surrealismo. Allí conoce también a escritores, cineastas, políticos y filósofos de diferentes países con los que asiste a las importantes transformaciones que se viven en la entonces capital del mundo tras la Primera Guerra Mundial. La Revolución Soviética, el psicoanálisis, las nuevas teorías científicas... Fueron cinco años trepidantes en los que el artista viajó también por España, Italia, Bélgica y Holanda, lo que le permitió conocer todos los grandes museos y las obras maestras de la Hisotira del Arte. Durante esos años, Berni se adhiere a las tesis del marxismo y asume el compromiso de reflejar en sus cuadros la realidad de un mundo injusto para el ser humano. La pintura sería par aél a partir de entonces una manera de hacer reflexionar a sus contemporáneos sobre esa realidad para tratar de transformar la realidad.

En 1930, Berniregresa a la Argentina junto con su esposa, la artista francesa Paule Cazenave. Pinta, expone y participa en los salones de Bellas Artes durante los años difíciles que siguieron a la gran recesión de 1929 y al golpe militar que derrocó en Argentina al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen. Antonio Berni mantiene a duras penas la economía familiar trabajando como empleado municipal mientras que las manifestaciones y las huelgas se suceden en las calles. su pintura evoluciona hacia los grandes formatos en los que multitudes de obreros y campesinos toman protagonismo en descripciones extremadamente realistas que se basan en fotografías anteriores. Es el fruto del contacto con la técnica del Muralismo que adopta como propia tras conocer al mexicano David Alfaro Siqueiros en 1933. Antonio Berni se traslada a la capital en 1936, donde imparte clases en la Escuela Preparatoria de Bellas Artes a la vez que realiza numerosas exposiciones dentro y fuera del país. En 1941, una beca de la Comisión Nacional de Cultura le permitió viajar por buena parte de los países americanos y en 1944 fundó en Buenos Aires el primer Taller de Arte Mural junto a Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. con ellos realizaría algunas de sus obras más espectaculares de esa época, como la cúpula de las Galerías Pacífico y los murales del Teatro del Pueblo y la Sociedad Hebraica Argentina.

Berni se divorció de su primera esposa en 1950 y ese mismo año se casó con Nélida Gerino. Sus obras adquieren a partir de entonces un carácter mucho más dramático y expresionista. Posteriormente su obra se orientó hacia el Expresionismo para desembocar finalmente en una especie de síntesis entre el Pop Art y el Realismo Social, auqnue su obra no perdió en ninguna de esas etapas el carácter crítico y la vocación de narrar la vida real. Todos sus trabajos de metal, zapatos y botones junto con fotografías para elaborar brillantes collages de texturas matéricas en su ciclo de Juanito Laguna y Ramona Montiel.

Estos dos personajes le sirvieron durante casi 20 años para reflejar la durísima vida que llevaba el proletariado en los barrios marginales. De esa manera trasformó el Arte que siempre se había considerado un mundo superior y exclusivo en algo cercano y popular.

Después de 60 años de carrera, Antonio Berni se corvirtió en uno de los más grandes artistas de toda América con su pintura de observación y crítica de la realidad. Desde su fallecimiento, las escasas obras de este autor que salen al mercado alcanzan cifras altísimas en las subastas internacionales y todos los grandes museos de Arte Contemporáneo cuentan con alguna de ellas en sus colecciones.

Fuente: http://www.todoslosartistas.com.ar/

Más información de la exposición: http://fundacionpicasso.malaga.eu/


Los astros de Villa Cartón

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SE CUMPLEN 84 AÑOS DEL ENCARCELAMIENTO DEL FILÓSOFO ANTONIO GRAMSCI, FUNDADOR DEL PCI


El 8 de noviembre de 1926, Gramsci es detenido por la policía fascista y condenado por “conspiración contra los poderes políticos del Estado, incitación a la guerra civil y al odio de clase, apología de actos criminales y propaganda subversiva”. Durante once años de cautiverio, desde la deportación a la isla de Ustica hasta la clínica de Formies donde muere en 1937, a la edad de 46 años, Gramsci mantiene una intensa correspondencia, principalmente con miembros de su familia y en especial con su cuñada Tatiana, quien lo asistió y acompañó por carta hasta el final.

Tal fue la forma de lento asesinato que sufrió Gramsci, en el progresivo deterioro de sus recursos físicos y morales. Se defendió largos años, aferrado a sus convicciones, esforzándose por mantener vivos sus afectos, por encima de la distancia y la soledad, y trabajando en una investigación teórica original, la cual quedó reunida en sus fundamentales Cuadernos desde la cárcel.

Muerto Gramsci, esta obra hubo de esperar a la terminación de la guerra para ser publicada: apareció originalmente entre 1948 y 1951, en seis volúmenes, y conoció una vasta difusión. Esta primera forma de edición de los Cuadernos reagrupaba las notas gramscianas por temas y asuntos homogéneos, algunas de las cuales se reproducen a continuación:

Importancia histórica de una filosofía. Muchas investigaciones y muchos estudios acerca de la significación histórica de las varias filosofías son completamente estériles y arbitrarios porque no se tiene en cuenta el hecho de que muchos sistemas filosóficos son expresiones puramente (o casi puramente) individuales, y que la parte de ellos que puede llamarse histórica es a menudo mínima y está sumergida por un complejo de abstracciones de origen puramente racionalizador y abstracto. Puede decirse que el valor histórico de una filosofía es "calculable" a partir de la eficacia "práctica" que ha conquistado (y "practicidad" debe entenderse en sentido amplio). Si es verdad que toda filosofía es expresión de una sociedad, tendría que reaccionar sobre la sociedad, determinar ciertos efectos positivos y negativos; la medida en la cual reacciona es precisamente la medida de su alcance histórico, de no ser "elucubración" individual, sino "hecho histórico".

Unidad de los elementos constitutivos del marxismo. La unidad está dada por el desarrollo dialéctico de las contradicciones entre el hombre y la materia (naturaleza-fuerzas materiales de producción). En la economía, el centro unitario es el valor, o sea, la relación entre el trabajador y las fuerzas industriales de producción (los que niegan la teoría del valor caen en el craso materialismo vulgar, al poner la máquina en sí --como capital constante y técnico-- como productora de valor fuera del hombre que la guía). En la filosofía, la práctica, o sea, la relación entre la voluntad humana (superestructura) y la estructura económica. En la política, la relación entre el Estado y la sociedad civil, o sea, intervención del Estado (voluntad centralizada) para educar al educador, al ambiente social en general. (Profundizarlo y plantearlo con términos más exactos).

La Constitución española de 1812. ¿Por qué los primeros liberales italianos (en 1821 y luego) escogieron la Constitución española como reivindicación propia? ¿Se trató solamente de un fenómeno de mimetismo y, por tanto, de primitivismo político? ¿O de un fenómeno de pereza mental? Sin ignorar completamente la influencia de esos elementos, expresión de la inmadurez política e intelectual y del consiguiente espíritu abstracto de las capas dirigentes de la burguesía italiana, no hay que caer tampoco en el juicio superficial para el cual todas las instituciones italianas están mecánicamente importadas del extranjero y superpuestas a un contenido nacional refractario.

Por de pronto, hay que distinguir entre la Italia del sur y el resto del país: la reivindicación de la Constitución española nace en la Italia del sur y se recoge en otros lugares de Italia por la función que tuvieron los napolitanos que huyeron al resto de Italia tras el hundimiento de la República napolitana. Ahora bien: las necesidades político-sociales de la Italia del sur, ¿eran realmente muy distintas de las de España? El agudo análisis de la Constitución española hecho por Marx (véase el escrito sobre el general Espartero en las obras políticas) es la prueba concluyente de que aquella Constitución es expresión exacta de necesidades históricas de la sociedad española, y no una aplicación mecánica de los principios de la Revolución francesa; todo lo cual mueve a creer que la reivindicación napolitana fue mucho más "historicista" de lo que parece. Por eso habría que repetir para este caso el análisis de Marx, hacer una comparación con la Constitución siciliana del 12 y con las necesidades del sur; esta comparación podría continuarse con el Estatuto albertino.

Qué es interesante en el arte. Habrá que fijar bien qué debe entenderse por "interesante" en el arte en general y especialmente en la literatura narrativa y en el teatro.

El elemento "interesante" cambia según los individuos y los grupos sociales, o la muchedumbre en general; por tanto, es un elemento de la cultura, no del arte, etc. Pero, ¿es con eso un hecho completamente ajeno al arte y separado de él? Por de pronto, el arte mismo es interesante, interesante por sí mismo, en cuanto satisface una exigencia de la vida. Además: aparte de ese carácter más íntimo del arte, el de ser interesante por sí mismo, ¿qué otros elementos de "interés" puede presentar una obra de arte, por ejemplo, una novela, un poema o un drama? Teóricamente infinitos. Pero los que "interesan" no son infinitos, son precisamente sólo los elementos de los que se piensa que contribuyen directamente a la "fortuna" inmediata o mediata (de primer grado) de la novela, el poema o el drama. Un gramático puede interesarse por un drama de Pirandello porque quiere saber cuántos elementos lexicográficos, morfológicos o sintácticos de origen siciliano introduce o puede introducir Pirandello en la lengua literaria italiana: ése es un elemento "interesante" que no contribuirá mucho a la difusión del drama en cuestión. Los "metri barbari" de Carducci eran un elemento "interesante" para un círculo más amplio: la corporación de los literatos de profesión y de los que deseaban llegar a serlo: por eso fueron un elemento de "fortuna" inmediata ya notable, contribuyeron a difundir unos cuantos miles de ejemplares de versos escritos en metros bárbaros. Estos elementos "interesantes" varían según las épocas, los ambientes culturales y las idiosincrasias personales.

El elemento más estable de "interés" es sin duda el interés "moral" positivo y negativo, es decir, por adhesión o contradicción; es "estable" en cierto sentido, que es el de la "categoría moral", no del contenido moral concreto; íntimamente relacionado con ése está el elemento "técnico" en cierto particular sentido, "técnico" como manera de dar a entender, del modo más inmediato y dramático, el contenido moral de la novela, del poema, del drama; así tenemos en el drama los "golpes" de escena, la "intriga" en la novela, etc. Esos elementos no son necesariamente "artísticos", pero tampoco antiartísticos. Desde el punto de vista del arte son en cierto sentido "indiferentes", o sea, extraartísticos: están dados por la historia de la cultura, y desde este punto de vista hay que valorarlos.

La literatura llamada comercial, sección de la literatura nacional-popular, prueba que así son las cosas: el carácter "comercial" se debe al hecho de que el elemento "interesante" no es "ingenuo", "espontáneo", ni está íntimamente fundido con la concepción artística, sino que está buscado externamente, mecánicamente, dosificado industrialmente como elemento infalible de "fortuna" inmediata. Pero eso significa en cualquier caso que tampoco hay que olvidar la literatura comercial en la historia de la cultura; por el contrario, esa literatura tiene un grandísimo peso desde este punto de vista, porque el éxito de un libro de literatura comercial indica (y a menudo es el único indicador existente) cuál es la "filosofía de la época", o sea, cuál es la masa de sentimientos y de concepciones del mundo que predomina en la muchedumbre "silenciosa". Esta literatura es un "estupefaciente" popular, un "opio". Desde este punto de vista podría analizarse El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, la novela acaso más "opiácea" de todas las novelas populares: ¿qué hombre del pueblo no cree haber sufrido una injusticia por parte de los poderosos y no fantasea acerca del "castigo" que hay que infligirles? Edmundo Dantès les ofrece el modelo, los "embriaga" de exaltación, sustituye el credo de una justicia trascendente en la cual ya no creen de un modo "sistemático".

Lucha de generaciones. El hecho de que la generación vieja no consigue guiar a la generación más joven es parcialmente, y entre otras cosas, expresión de la crisis de la institución familiar y de la nueva situación del elemento femenino en la sociedad. La educación de los hijos se confía cada vez más al Estado o a iniciativas privadas, y eso determina un empobrecimiento "sentimental" respecto del pasado, y una mecanización de la vida. Lo más grave es que la generación vieja renuncia a su tarea educativa en determinadas situaciones, en base a teorías mal comprendidas o aplicadas en situaciones distintas de aquellas que inicialmente expresaron. Así se cae incluso en formas de estatolatría: en realidad, todo elemento social homogéneo es "estado", representa al Estado, en la medida en que concuerda con su programa; si no se ve eso, se confunde el Estado con la burocracia estatal. Todo ciudadano es "funcionario" si es activo en la vida social según la orientación trazada por el Estado-gobierno, y es tanto más "funcionario" cuanto más coincide con el programa estatal y lo elabora inteligentemente.

El movimiento socialista. Efecto del movimiento obrero socialista en la creación de importantes sectores de la clase dominante. La diferencia entre el fenómeno italiano y los de otros países consiste objetivamente en esto: en los demás países el movimiento obrero socialista produjo personalidades políticas singulares, mientras que en Italia produjo enteros grupos de intelectuales que pasaron en grupos a la otra clase. Me parece que la causa debe verse en esto: escasa proximidad en Italia de las clases altas al pueblo: en la lucha de las generaciones, los jóvenes se acercan al pueblo; pero en las crisis que anuncian algún cambio esos jóvenes se vuelven a su clase (así ocurrió con los sindicalistas-nacionalistas y con los fascistas). En el fondo es el mismo fenómeno general del transformismo, pero en condiciones distintas. El transformismo "clásico" es el fenómeno por el cual se unificaron los partidos del Risorgimento. Ese transformismo pone de manifiesto el contraste entre la cultura, la ideología, etc., y la fuerza de clase. La burguesía no consigue educar a sus jóvenes (lucha de generaciones); los jóvenes se dejan entonces atraer culturalmente por los obreros y hasta intentan o consiguen convertirse en jefes de los obreros (lo cual es un deseo "inconsciente" de realizar la hegemonía de su clase sobre el pueblo); pero en las crisis históricas vuelven al redil. Este fenómeno de los "grupitos" no habrá ocurrido, ciertamente, sólo en Italia, también en los países de situación análoga ha habido fenómenos análogos: los socialismos nacionales de los países eslavos (o social-revolucionarios, o narodniki, etc.)

Los intelectuales y el Estado hegeliano. En la concepción de la ciencia política --y no sólo de ella, sino en la de toda la vida cultural y espiritual-- ha tenido una enorme importancia la posición atribuida por Hegel a los intelectuales, la cual debe estudiarse cuidadosamente. Con Hegel se empieza a dejar de pensar según las castas o los "estamentos", para pensar según el "Estado", cuya "aristocracia" son precisamente los intelectuales. La concepción "patrimonial" del Estado (que es el modo de pensar por "castas") es en lo inmediato la concepción que Hegel tiene que destruir (polémicas despectivas y sarcásticas contra von Haller). Sin esta "valorización" de los intelectuales hecha por Hegel no se comprende (históricamente) nada del idealismo moderno y de sus raíces sociales.

Optimismo y pesimismo. Hay que observar que muchas veces el optimismo no es más que una manera de defender la pereza propia, la irresponsabilidad, la voluntad de no hacer nada. Es también una forma de fatalismo y de mecanicismo. Se espera en los factores ajenos a la propia voluntad y laboriosidad, se los exalta, y la persona parece arder en ellos con un sacro entusiasmo. Y el entusiasmo no es más que una externa adoración de fetiches. Reacción necesaria, que debe partir de la inteligencia. El único entusiasmo justificable es el acompañado por una voluntad inteligente, una laboriosidad inteligente, una riqueza inventiva de iniciativas concretas que modifiquen la realidad existente.

¿Qué es el hombre? Esta es la pregunta primera y principal de la filosofía. ¿Cómo contestarla? La definición puede hallarse en el hombre mismo, o sea, en cada individuo. Pero, ¿es correcta? En cada hombre puede hallarse lo que es cada "hombre individual". Pero no nos interesa lo que es cada hombre individual, lo cual, por lo demás, significa qué es cada hombre individual en cada momento singular. Si pensamos en ello veremos que al plantearnos la pregunta de qué es el hombre queremos decir: ¿qué puede llegar a ser el hombre? O sea, si el hombre puede dominar su destino, puede "hacerse", puede crearse una vida. Decimos, pues, que el hombre es un proceso, y precisamente el proceso de sus actos. Si pensamos en ello, veremos que la misma pregunta ¿qué es el hombre? no es una pregunta abstracta u "objetiva". Ha nacido porque hemos reflexionado acerca de nosotros mismos y acerca de los demás, y queremos saber, respecto de eso que hemos reflexionado y visto, qué somos y qué podemos llegar a ser, si somos, realmente y dentro de qué límites, "forjadores de nosotros mismos", de nuestra vida, de nuestro destino. Y eso queremos saberlo "hoy", en las condiciones dadas hoy, las de la vida "de hoy", y no de una vida cualquiera y un hombre cualquiera.

La pregunta nace, recibe su contenido, partiendo de modos especiales, determinados, de considerar la vida y el hombre: el más importante de esos modos es la "religión", y una determinada religión: el catolicismo. En realidad, al preguntarnos "qué es el hombre", qué importancia tiene su voluntad y su concreta actividad en la creación de sí mismo y de la vida que vive, queremos decir: "¿es el catolicismo una concepción exacta del hombre y de la vida? ¿Nos equivocamos o estamos en lo cierto al hacer del catolicismo una norma de vida?" Todos tienen la vaga intuición de que se equivocan al hacer del catolicismo una norma de vida, hasta el punto de que nadie se atiene al catolicismo como norma de vida, ni siquiera los que se declaran católicos. Un católico integral, o sea, uno que aplicara a cada acto de la vida las normas católicas, resultaría un monstruo, y esto es, bien pensado, la crítica más rigurosa y perentoria del catolicismo en sí.

Los católicos dirán que ninguna otra concepción se cumple escrupulosamente, y tendrán razón; pero eso sólo prueba que no existe de hecho, históricamente, un modo de concebir y de obrar igual para todos los hombres, y nada más; la observación no es ninguna razón favorable al catolicismo, pese a que este modo de pensar y de obrar está organizado con esa finalidad desde hace siglos, cosa que no le ha ocurrido aún a ninguna otra religión con los mismos medios y el mismo espíritu de sistema, la misma continuidad y la misma centralización. Desde el punto de vista "filosófico", lo que no satisface en el catolicismo es el hecho de que, a pesar de todo, sitúa la causa del mal en el hombre individuo mismo, o sea, concibe al hombre como un individuo perfectamente definido y delimitado. Todas las filosofías que han existido hasta ahora reproducen, según puede decirse, esta posición del catolicismo, o sea, conciben el hombre como individuo limitado a su individualidad, y el espíritu como esa individualidad. En este punto hay que reformar el concepto de hombre. Esto es: hay que concebir el hombre como una serie de relaciones activas (un proceso) en la cual, aunque la individualidad tiene la máxima importancia, no es el único elemento de necesaria consideración. La humanidad que se refleja en cada individualidad está compuesta de varios elementos: 1) el individuo; 2) los demás hombres; 3) la naturaleza. Pero los elementos 2do. y 3ero. no son tan sencillos como puede parecer. El individuo entra en relación con los demás hombres no por yuxtaposición, sino orgánicamente, en cuanto forma parte de organismos, desde los más simples hasta los más complejos. Así tampoco entra el hombre en relación con la naturaleza de un modo simple, por el hecho de ser naturaleza él mismo, sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica. Además: estas relaciones no son mecánicas. Son activas y conscientes, o sea, corresponden a un grado mayor o menor de inteligencia o comprensión que tiene de ellas el individuo humano. Por eso se puede decir que cada cual se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones de las cuales él es el centro de anudamiento. En este sentido el filósofo real es y no puede no ser sino el político, esto es, el hombre activo que modifica el ambiente, entendiendo por ambiente el conjunto de las relaciones en las que interviene cada individuo. Si la individualidad propia es el conjunto de estas relaciones, hacerse una personalidad significa entonces adquirir conciencia de tales relaciones, y modificarse la personalidad significa modificar el conjunto de esas relaciones.

Pero, como se ha dicho, esas relaciones no son simples. Por de pronto, algunas de ellas son necesarias, y otras son voluntarias. Además, tener conciencia más o menos profunda de ellas (o sea, conocer más o menos el modo cómo se pueden modificar) las modifica ya. Las mismas relaciones necesarias, en cuanto conocidas en su necesidad, cambian de aspecto y de importancia. El conocimiento es poder en ese sentido. Pero el problema es complejo también en otro aspecto: que no basta con conocer el conjunto de las relaciones en cuanto existen en un momento dado y como sistema dado, sino que hay que conocerlas también genéticamente, en su modo de formación, porque cada individuo es, además de la síntesis de las relaciones existentes, también la de la historia de esas relaciones: es el resumen de todo el pasado. Se dirá que lo que cada individuo puede cambiar es muy poco, por razón de sus fuerzas. Eso es verdad hasta cierto punto. Como el individuo puede asociarse con todos los que quieren el mismo cambio, si ese cambio es racional el individuo puede multiplicarse por un número imponente de veces y obtener un cambio mucho más radical de lo que a primera vista puede parecer el máximo posible.

Las sociedades de que puede formar parte un individuo son muy numerosas, más de lo que puede parecer. A través de esas "sociedades" es el individuo parte del género humano. Así también son múltiples los modos en los cuales el individuo entra en relación con la naturaleza, porque ha de entenderse por técnica no sólo el conjunto de las nociones científicas aplicadas industrialmente, que es lo que por regla general se entiende, sino también los instrumentos "mentales", el conocimiento filosófico.

Es un lugar común que el hombre no puede concebirse sino como viviendo en sociedad; pero no se infieren de ese lugar común todas las consecuencias necesarias individuales; también es un lugar común que una determinada sociedad humana presupone una determinada sociedad de las cosas, y que la sociedad humana es posible sólo en la medida en que existe una determinada sociedad de las cosas. Es verdad que hasta ahora se ha dado a esos organismos supraindividuales una significación mecanicista y determinista (tanto a la societas hominum cuanto a la societas rerum): eso explica la reacción. Hay que elaborar una doctrina en la cual todas esas relaciones sean activas y en movimiento, dejando en claro que la sede de esa actividad es la conciencia del hombre individual que conoce, quiere, admira, crea, en cuanto ya conoce, quiere, admira, etc., y se concibe no aislado, sino rico en posibilidades que le ofrecen los demás hombres y la sociedad de las cosas, de la cual no puede dejar de tener cierto conocimiento. (Del mismo modo que todo hombre es filósofo, así también todo hombre es científico, etc.)

martes, 9 de noviembre de 2010

EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE BALLET DE LA HABANA RINDIÓ HOMENAJE AL BAILARÍN RUSO VLADIMIR VASILIEV


EL DANZARÍN RUSO HA RECIBIDO, ENTRE OTROS, EL PREMIO LENIN EN 1970, ARTISTA DEL PUEBLO DE LA URSS EN 1973, Y LA ORDEN DE LENIN EN 1976

El Festival Internacional de Ballet de La Habana que inició el pasado 28 de octubre en la capital cubana rindió homenaje el pasado miércoles al septuagenario bailarín ruso Valdimir Vasíliev con la puesta en escena del clásico Giselle, interpretado por el Ballet Nacional de Cuba.

El historiador de la compañía cubana, Miguel Cabrera, calificó al danzarín europeo como una de las figuras más emblemáticas de la escena dancística del siglo XX.

Resaltó que Vasíliev representa las mejores cualidades de la escuela de danza rusa, en especial la vertiente proveniente de Moscú.

Entre otro de sus atributos, Cabrera señaló que Vasíliev conjuga una intensa teatralidad con una amplia gama de tonalidades que le ha dado la posibilidad de ejecutar diversidad de piezas.

Vasíliev nació en la ciudad de Moscú el 18 de abril de 1940 y formó parte del renombrado Ballet Bolshoi y poco después fue considerado uno de los grandes bailarines de Rusia, cuya genialidad era comparable a la de Vaslav Nijinski.

El bailarín ruso participó en varios festivales de Ballet en La Habana y actuó junto a la primera bailarina cubana, Alicia Alonso, en una memorable presentación de Giselle en 1980.

Durante el homenaje, el publico disfrutó de la proyección de algunas filmaciones del bailarín interpretando uno de sus más importantes papeles.

Luego de esta muestra, el afamado bailarín apareció en escena con indumentaria blanca y acompañado de todo el elenco del BNC con Alonso a la cabeza.

La primera bailarina Viengsay Valdés fue la encargada de entregarle un ramo de flores a Vasíliev quien colocó el ramillete en el proscenio.

El Festival Internacional de Ballet de La Habana tiene una duración de 10 días y se clausuró el 7 de noviembre.

El evento también contó con la participación de artistas del New York City Ballet, el Royal Ballet de Londres, el English National Ballet (también inglés), el Ballet de la Opera de Berlín, el Ballet del Teatro Colón, de Argentina, y el Ballet Nacional Sodre.

Este Festival, cuya presidenta es Alonso, surgió en 1960 y es uno de los más antiguos que se celebran en el mundo.

Desde su creación, el evento ha contado con más de un millar de invitados de 61 países de los cinco continentes y acumula 880 obras, de ellas 219 estrenos mundiales.

Fuente: TeleSur

lunes, 8 de noviembre de 2010

EDITORIAL PENÍNSULA REEDITA "SE LEVANTARON ANTES DEL ALBA"

Autor: Artur London
Título: Se levantaron antes del alba...
Editorial: Península
Año: 2010
Páginas: 432
ISBN: 978-84-9942-075-2
Formato: Rústica
Precio: 17.89 €


Sinopsis

La editorial Península reedita, en traducción de A. Cordón, Se levantaron antes del alba... (título del himno de las Brigadas Internacionales), escrito por Artur London en Praga, a su salida de la cárcel, en febrero de 1956. Es la historia de la Guerra Civil española vista por uno de los más de treinta mil voluntarios de más de treinta países que se unieron para luchar contra el fascismo en España. Su juramento decía: «Estoy aquí porque soy voluntario y daré, si es preciso, hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad de España y la del mundo entero». Se trataba de una opción consciente y apasionada por una causa justa de la que dependía, como se pudo comprobar más tarde, el futuro de la libertad y la suerte de la humanidad. Según su propio autor, este libro fue escrito para dar a conocer a la juventud checoslovaca el combate llevado a cabo por el pueblo español para conseguir la libertad frente a la invasión del fascismo, y también para rehabilitar a los voluntarios de las Brigadas Internacionales calumniados y perseguidos por los stalinistas.

PRÓLOGO DE MARÍA TOLEDANO

NEUROPOLÍTICA Y EMOCIONES

Son las cinco de la tarde. Recibo una llamada. Me proponen escribir un prólogo para la nueva edición del libro de Artur London, Se levantaron antes del alba. Agradezco el encargo, digo que sí, hablamos de plazos de entrega y extensión, cuelgo el teléfono y lloro. Mi nieta Lola, vivimos juntas, me pregunta. Vuel­ven los fantasmas, le digo. Todos vuelven. Vuelven los muertos, Lola, vuelven. El siglo XX, uno de los más dramáticos de la Histo­ria, mi siglo, me explota en la cabeza como fogonazo de hielo. Lloro, conozco los motivos, la tarde entera y respiro despacio. Recuerdo a mi padre y hermanos, demasiados muertos, mi madre y su mirada sufriente; camaradas, compañeros y sus circunstan­cias. Tengo 81 años recién cumplidos y mala salud: he vivido en varios países europeos, algunos del Este y, salvo la cárcel prolon­gada, he conocido el siglo con sus penalidades, dudas y tragedias. Si tuviera que ordenar mi memoria constataría que, salvo instan­tes fugaces de felicidad, mi pasado es un espejo (reflejo) de la muerte. Prefiero no hacerlo. Comprendo a aquellos que lo hacen, amigos y enemigos que escriben sus Memorias. Entre la vanidad y la pedagogía para futuras generaciones (argumento principal de los memorialistas) prefiero leves pinceladas, casi un puntillismo histórico, hasta llegar al silencio. Al caer la noche, busco el libro de London (reposa junto a las obras de Koltsov, Ehrenburg y otros testimonios), y leo de nuevo, de corrido, sus páginas llenas de esperanza e ilusión, de fuerza y valor. En el libro, entre sus hojas amarillas, encuentro una fotografía. Lise, compañera de Artur, Artur y yo, sentados en un café, rive gauche, de París. La foto no tiene fecha pero atando cabos, la memoria es una herramienta del desconsuelo, consigo aproximarme: primavera de 1970. No éramos felices, no podíamos serlo, pero lo parecíamos. Sonreímos a la cámara. Hace frío.

Artur London, checo, revolucionario, comunista, hombre de acción y pensamiento, vino a España como voluntario, encuadrán­dose en las Brigadas Internacionales. "Estoy aquí porque soy voluntario y daré, si es necesario, hasta la última gota de mi san­gre para salvar la libertad de España, la libertad del mundo ente­ro", proclamaban. Después, terminada su lucha internacionalista, prosiguió combatiendo en la Resistencia francesa contra los nazis. Detenido y deportado a Mauthausen consiguió, igual que uno de mis hermanos, sobrevivir a aquel infierno. El resto es conocido: 1945, liberación de Europa, capitulación de Alemania, París es una fiesta. Artur tiene 30 años y está delgado. Una juventud, que parecía eterna, entregada a la causa del antifascismo. Luego vino Stalin, los stalinistas checos: la represión, procesos, cadena perpe­tua, el miedo. Artur era Viceministro de Asuntos Exteriores y fue uno de los condenados en Proceso de Praga de 1952. Pero esta vez eran los suyos y los jueces que le investigaban habían sido sus compañeros. O los que él creía los suyos. Los nuestros. En 1956, rehabilitado, escribió este libro que tardó varios años, hasta 1963, en ver la luz de la imprenta en su país. Más tarde escribió La con­fesión (1968), sobre la represión stalinista en Praga, obra que alcanzó fama mundial gracias a la película de Costa Gavras, L'aveu (Francia, 1970), con Yves Montand y Simone Signoret, guión del "cabeza de chorlito", Pasionaria dixit, Jorge (George) Semprún, antiguo Ministro de Cultura del Reino de España.

Dice el impertinente Borges, o si no lo dice se lo atribuyo en este lance, que todos somos griegos en el exilio. Quizá nuestro ori­gen cultural sea ese (o nos guste creerlo) y nos sintamos, en oca­siones, fuera de nuestro territorio intelectual. En realidad, prefiero situarme en un espacio más concreto, un lugar común para los que hemos transitado, con mayor o menor fortuna, los empedra­dos caminos del comunismo: todos hemos sido somos (o somos) stalinistas en el exilio. Titulo esta nota introductoria Asuntos de familia en la dacha de Stalin. Artur London, como muchos de los jóvenes comunistas, dirigentes o no, que combatieron en la Gue­rra de España (una acertada denominación frente a aquellos que, con perversas intenciones, llaman guerra civil a la guerra europea antifascista, antesala de la segunda mundial, que sufrió España entre 1936 y 1939), padecieron a su regreso las atroces embesti­das del pensamiento único staliniano. Acusados de desviacionistas, trotskistas, herejes de variadas familias, anticomunistas, muchos de esos muchachos tuvieron un destino fatal e inespera­do. Años cincuenta, años sesenta, la guerra fría. Nosotros, en Euro­pa occidental, ¿qué pensábamos?, ¿qué decíamos? Los comunis­tas, la inmensa mayoría, fuimos stalinistas desde los años 30, cuan­do el hombre de hierro asumió en mando tras la muerte de Lenin. Fuimos stalinistas, negarlo sería una estupidez. Estábamos conven­cidos de la fuerza ideológica del marxismo y la superioridad moral de la dictadura del proletario frente a las democracias capitalistas y el liberalismo. Salimos victoriosos de la segunda gran guerra, yo tenía casi 16 años cuando acabó. La sola presencia de Stalin inspi­raba miedo al capitalismo. La izquierda en Europa comenzaba su extraño periplo hasta la destrucción del Muro de Berlín. Comunis­tas, socialistas, la inmediata moderación, casi vaticanista, del PCI; la fuerza obrera, consciente, de PC francés; la resistencia al fran­quismo del potente partido español; la tenacidad revolucionaria en Portugal. Artur London fue un revolucionario comunista perseguido por la historia comunista. Poco a poco, no sin reticencias, fuimos abandonando el stalinismo. La apertura en la URSS, las denuncias y los informes. Abrimos los ojos, poco a poco, a una realidad que, de una forma u otra conocíamos y no queríamos conocer. Si hiciéramos una radiografía ideológica a la fotografía de 1970 se vería a Lise y Artur limpios de stalinismo. Están inmu­nizados. Lo han sufrido en sus cuerpos e inteligencias. Mis pulmo­nes, ese año, albergaban todavía una parte (pequeña) del virus. Las lecturas y el agradable modo de vida europeo (los treinta glo­riosos) terminaron con los restos de aquella contaminación, hija de su tiempo. Pasé años sin acordarme de la segunda enfermedad infantil del comunismo, el stalinismo (la primera es el izquierdismo); en mis hermanos la huella era más profunda: habían comba­tido en las calles de Madrid a los señoritos falangistas desde 1934 y habían seguido en combate hasta la caída del III Reich en 1945. Mi admiración por Artur, pese a esa discreta contaminación mencionada, era inmensa. Hoy, al caer septiembre de 2010, sigo leyendo su libro, el que escribió para que la juventud checa no olvidara la Guerra de España y el destacado papel de los interna­cionalistas, con verdadera atención, como espero sea leído, sin muecas de escepticismo ni arrogancia, en esta nueva edición. La radical pasión de Artur London es, pese a ciertos matices, nuestra pasión. Es imposible comprender el siglo XX sin conocer, al menos intuir, lo que el discurso de la revolución y el antifascismo han significado (y significan) en el imaginario de una parte de la humani­dad. Sirva esta presentación de Se levantaron antes del alba para acercar el texto a nuevos lectores. Mujeres y hombres, la mayoría jóvenes que, sin esperanza, se levantan antes del alba para cumplir con su trabajo precario en una sociedad cada vez más injusta.

Prólogo publicado en Mundo Obrero, Octubre de 2010.

domingo, 7 de noviembre de 2010

"CAFFÉ GRECO", DEL PINTOR COMUNISTA ITALIANO RENATO GUTTUSO


Renato Guttuso
Título: Caffè Greco
Fecha: 1976
Técnica: Pintura acrílica sobre cartón entelado.
Medidas: 186 x 243 cm
Úbicacion: Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Concebido como un homenaje a Giorgio de Chirico "el último superviviente de los grandes hombres que ha dado la pintura en este siglo", según las palabras del artista, este cuadro es estudio preparatorio en técnica acrílica para la obra definitiva, pintada al óleo, que se encuentra en el Museo Ludwig de Colonia.

De Chirico aparece sentado y de perfil en la izquierda, rodeado de un gran número de personajes contemporáneos, intelectuales, turistas japoneses, muchachas suecas... y un único personaje histórico, Buffalo Bill que aparece sentado en la parte central.

Renato Guttuso (Bagheria, 1912-Roma, 1987)

Renato Guttuso fue uno de los pintores italianos de más reconocido prestigio internacional tras el fin de la Segunda Guerra Mundial Junto a otros artistas comprometidos políticamente, fundó el Fronte Nuovo delle Arti que pretendía restituir el arte europeo del siglo XX al lugar que le correspondía y que el fascismo le había negado.

Mostró interés y aptitudes para el dibujo desde muy joven y a partir 1928 frecuentó el taller del pintor futurista Pippo Rizo En 1930 se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo pero abandonó sus estudios cuando dos pinturas suyas fueron expuestas en la Prima Quadriennale d’Arte Nazionale de Roma de 1931 y tuvo la oportunidad de ver obras de artistas contemporáneos. Un año más tarde, la Galleria del Milione de Milán expuso su obra y la de otros artistas sicilianos y poco a poco su estilo derivó hacia la pintura metafísica de Carlo Carrá y Giorgio de Chirico Durante los primeros años de la década de 1930, Guttuso entró en contacto con numerosos artistas como Mirko Afro y Fontana. Algo después, cuando ya se había establecido en Roma conoció a los miembros fundadores de la asociación de artistas antifascitas CORRENTE Giacomo Manzù y Aligi Sassu con los que expuso en 1939. Su repulsa ante la situación política de Europa se dejó sentir en sus obras, como en Fusilamiento en el campo, 1938 (Roma, Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea) dedicada a Federico García Lorca Guttuso continuaría utilizando el medio pictórico para denunciar y examinar conflictos como el de Corea Argelia o Vietnam y su claro posicionamiento político le posibilitó viajar en numerosas ocasiones a países del este de Europa donde su influencia fue grande. Sin embargo, la obra de Guttuso en la que pueden verse elementos tomados de Picasso y los expresionistas centroeuropeos, nunca estuvo subordinada a la propaganda.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial Guttuso que desde 1943 había formado parte de la resistencia antifascista, volvió a Italia y se convirtió en una figura central en el renacimiento cultural italiano. Paralelamente su reputación creció por todo el mundo en unos años en que realizó numerosos bodegones, escenas monumentales de historia y homenajes a maestros antiguos como Courbet y Durero, o modernos como Van Gogh y Picasso

Fuente: Museo Thyssen

sábado, 6 de noviembre de 2010

EL "AÑO GADES" HONRA AL HOMBRE QUE MILITABA EN LA VIDA Y EN EL BAILE

Fidel Castro condecoró a Antonio Gades con la orden José Martí, la mayor distinción que concede el Gobierno de la isla, por "su amor, amistad y fidelidad inquebrantables". En efecto, el bailaor pensaba que era el único régimen no pervertido del planeta porque, según decía, "la gente lucha para que la autoridad y la garantía de la libertad puedan coincidir".

CON EL INICIO DEL AÑO GADES SE CELEBRAN LOS 75 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL BAILARÍN COMUNISTA

Eugenia Eiriz, su viuda, vio por primera vez al bailarín y coreógrafo, que en realidad se llamaba Antonio Esteve, un día del verano de 2002 entrando en la cantina del Teatro Real, donde él iba a representar 'Fuenteovejuna', y pensó que era 'como Julio César, tan moreno y con su pelo blanco' y 'algo' se le agarró al estómago.

Él tenía 65 años y ella 28. No se separaron hasta su muerte, el 20 de julio de 2004, apenas 12 días después de que Eiriz se convirtiera en su cuarta esposa, porque él quería, recuerda a regañadientes porque le da 'pudor' contarlo, que fuera su 'mujer', no su novia, su amante o su compañera.

'Antonio era 'el hombre', y una de las cosas más bellas de mi vida será haber estado a su sombra', presume su viuda, que luce en su mano las dos alianzas unidas.

Pasó un año 'muy malo' porque su historia fue 'muy corta pero muy ancha' pero desde entonces no sólo bendice cada día que pasó con él sino que dedica todos sus esfuerzos a la Fundación Antonio Gades, que vela por su legado y que ha propiciado la reactivación de su compañía de baile.

Gades (Elda, Alicante) cumpliría 75 años el 16 de noviembre del próximo año y la Fundación, que preside su hija María -primogénita de las tres que nacieron de su matrimonio con Pepa Flores-, ha organizado con ese motivo lo que denominan el 'Año Gades', en el que quieren 'llamar la atención' sobre la importancia de su obra.

'Nos marcamos objetivos pequeños y vamos saliendo adelante porque nos ilumina una luz muy clara: la de Antonio Gades', señala, convencida de que 'poco a poco' lograrán más apoyo institucional para sus iniciativas.

Las conmemoraciones empezaron el día 3 en el Teatro García Lorca de Getafe, sede de la Fundación y de la compañía de baile, con dos exposiciones, una, con obra gráfica de Antoni Miró, y otra con materiales que recuerdan los 60 años de carrera de Gades.

Le seguirá una representación en el Auditorio Nacional de 'Fuenteovejuna' -la última de las apenas siete coreografías que hizo: 'soy más lento que el caballo del malo', justificaba- , la participación de la compañía en la gala del 31 de diciembre en el Real, una gira por Francia y varios lugares de España, y 'otras cosas' que Eiriz no quiere desvelar aún.

Este 'hombre que no era perfecto pero sí ejemplar', como dijo la bailarina Alicia Alonso del artista, que se definía como 'un trabajador del baile', jamás apostató de sus principios vitales, de su ansia de libertad, que sublimó en su pasión por el mar, y de su militancia comunista, siempre cerca de Cuba -donde se esparcieron sus cenizas- y de Fidel Castro.

En una vida que fue un ensayo interminable, concentrado en buscar ese arte que, advertía él, no estaba en el movimiento sino 'entre paso y paso', transmitió a quienes trabajaron con él, como la directora de la compañía, Stella Arauzo, el gusto por la búsqueda en las raíces flamencas huyendo 'del exceso de oropeles y virtuosismo'.

'El camino que él creía que la danza tenía que seguir es el que él hizo y pensaba que se podía seguir construyendo sobre eso', destaca Eiriz.

Respetaba 'muchísimo' a sus compañeros y pensaba que el patrimonio artístico español era 'muy importante' y que el Ballet Nacional, que le tuvo a él como primer director, debía ser el depositario del 'conjunto de obras maestras' que identifican la danza del país.

La Fundación, recuerda Eiriz, podría ceder las coreografías de Gades a otras instituciones pero quieren ser ellos quienes velen por la filosofía de su baile, que él renovó con unas composiciones que exploraban en la danza como un arte total.

'El decía 'yo no he inventado nada, todo está hecho' y acabamos de encontrar un tríptico de Fra Angélico que es la misma composición que él utilizó para 'Fuenteovejuna'', se admira.

Concha Barrigós

VIDEO DE ANTONIO GADES EN "BODAS DE SANGRE" (SAURA): http://www.youtube.com/watch?v=lWvM2VlRD6k&feature=related

viernes, 5 de noviembre de 2010

"FALTA UN TRATAMIENTO RESPONSABLE DE LA HERENCIA ARTÍSTICA DE LA RDA"


DISCURSO DE LA PARLAMENTARIA DE DIE LINKE LUKREZIA JOCHIMSEN PRONUNCIADO EN EL BUNDESTAG EL 7 DE OCTUBRE DE 2010

Todos los días perdemos obras de arte valiosísimas, testimonios de la más reciente Historia del Arte, a través del derribo, de las reedificaciones y de la privatización de edificios públicos. Se trata de un problema general a nivel federal, pero que afecta especialmente a la herencia cultural de la RDA en los nuevos Estados federados y en Berlin.

Ejemplo actual del tratamiento que se ha dado a esta herencia son el abandono por la Administración de los murales Lob des kommunismus (Elogio al Comunismo) de Ronald Paris en la antigua Oficina Central de Estadística de la RDA y el mural Der Mensch, das Maß aller Dinge (El Hombre, la medida de todas las cosas) de Walter Womacka en el antiguo Ministerio de Obras Públicas.

Cuan triste coincidencia, Walter Womacka ha sido hoy (7.10.2010) enterrado al lado de Käthe Kollwitz. Dónde y cómo su obra volverá a encontrar un sitio en Berlin es algo que nos inquieta profundamente. El antiguo Ministerio de obras públicas y la antigua Oficina Central de Estadística, ambas actualmente de propiedad federal, van a ser enajenadas y vendidas por mucho dinero. Las obras artísticas del Estado serán puestas en venta a través de Internet. El comprador cargará con los gastos de adquisición. Así como la Administración federal, el comprador tampoco está obligado a integrar de forma adecuada las obras de arte en el edificio, lo cual resulta incomprensible y para lo cual no cabe aprobación.
( Aplausos entre los escaños de Die Linke. Christoph Poland de CDU/CSU: <<¡¡ yo sí lo entiendo !!>>)

Por medio de nuestras iniciativas se intenta asegurar que la asunción por las instituciones federales y federadas no sea en balde. No basta con asegurar la propiedad pública de estas obras. Éstas fueron bien entendidas y tenidas en cuenta por la iniciativa privada: iniciativa privada que ahora se halla salvaguardada y por tanto no limitada. Me parece estupendo que pasado mañana pueda verse en el Museo de la RDA en Berlín el cuadro de Ronald Paris, pero de cara al futuro una obra de arte no queda asegurada en manos de un particular. El propietario puede exponerla o no, puede venderla o no.

En el marco de un tratamiento consciente y responsable del patrimonio artístico público y, en este caso, en relación a la herencia de la RDA no cabe excusa alguna.
(Aplausos entre los escaños de Die Linke)

El gobierno federal, a 20 años de la unidad alemana, aún no tiene un concepto claro del tratamiento del patrimonio público artístico que se halla en edificios que, al ser redestinados o privatizados, han perdido su función.

¿Dónde están los grandes cuadros de Tübke, Heisig, Mattheur, Sitte y también de Womacka que estaban colgados en el Palacio de la República? Dicen que almacenados en algún sitio. Se han hecho invisibles, visibles en ninguna parte ni para nadie. ¿Se puede calificar o no esto como una desvalorización del arte de la RDA?
(Patrick Kurth del FDP (liberales): ¡NO!)

No existe un cómputo general de las perdidas ni en el Oeste ni en el Este, ni tampoco de las obras actualmente en peligro. Lo que falta es, pues, una investigación completa e interdisciplinar. Para la construcción del inventario global de las obras de arte creadas sobre edificaciones a partir del año 1945, se tienen que desarrollar y establecer unos criterios de sistematización archivística y de valoración desde sus perspectivas históricas, sociales y artísticas.

El artículo 35 del Tratado de Unificación obliga a la República Federal de Alemania a cuidar y asegurarse de que los elementos culturales de la parte oriental de Berlin y los Nuevos Estados Federados no sufran ningún daño. Las obras de Womacka y Paris se encuentran en Berlin Oriental. La preservación y la seguridad en toda Alemania del arte integrado en la arquitectura son a la vez formación política y cultural e importante para las próximas generaciones.
(Aplausos entre los escaños de Die Linke)

El Estado Federal tiene una responsabilidad espacial cuando las obras de arte son parte integrante de sus edificios. El Estado Federal debe de cumplir con ésta responsabilidad también a través de la asunción de los costes del mantenimiento, cuidado y aseguramiento de las obras de arte. Es un deber en ambos sentidos, histórico y artístico.

Es por ello, por lo que nosotros presentamos ambas proposiciones, para asegurar y catalogar el significativo tesoro artístico en los edificios públicos. Les pido su aprobación. Muchas Gracias.
(Aplausos de los escaños de Die Linke)

Traducido por JGP para La Espina Roja

"Elogio del comunismo", de Roland Paris, recientemente trasladado al restaurante Domklause del Museo de la RDA de Berlin.

"El Hombre, la medida de todas las cosas", de Walter Womacka, en su actual ubicación (antiguo Ministerio de Obras Públicas).

jueves, 4 de noviembre de 2010

35 AÑOS DEL ASESINATO DEL ESCRITOR ITALIANO PIER PAOLO PASOLINI, AÚN SIN ACLARAR


Poeta, novelista, cineasta, dramaturgo y ensayista italiano nacido en Bolonia en 1922.
Hijo de un militar fascista y una madre profundamente católica, sus ideas siempre fueron de izquierda, llegando incluso a pertenecer al partido comunista italiano, del que fue expulsado. A los diecisiete años se matriculó en la Universidad de Bolonia para estudiar Filosofía y Letras, y cinco años después publicó el primer libro de poemas.
Una etapa muy importante de su producción literaria se produjo entre 1954 y 1966 cuando publicó "Las cenizas de Gramsci", "El ruiseñor de la Iglesia católica", "Poesía en forma de rosa", y los ensayos "Pasión e ideología", y "La religión de mi tiempo".
Fue además un gran guionista y director de cine. Sus escritos sobre crítica social alcanzaron gran brillo con uno de sus últimos trabajos, "Cartas luteranas", en las que analizó la situación decadente de la sociedad italiana.
Fue asesinado el 2 de noviembre de 1975 en la ciudad de Roma.


POEMAS DE PASOLINI


A algunos radicales

El espíritu, la dignidad mundana,
el arribismo inteligente, la elegancia,
El traje a la inglesa y el chiste francés,
el juicio tanto más duro cuanto más liberal,
la sustitución de la razón por la piedad,
la vida como apuesta para perder como señores,
os han impedido saber quiénes sois:
conciencias siervas de la norma y del capital.


A los críticos católicos

A menudo un poeta se acusa y se calumnia,
exagera, por amor, su propio desamor,
exagera, para castigarse, su propia ingenuidad,
es puritano y tierno, duro y alejandrino.
Es incluso demasiado agudo
en los análisis de los signos de las herencias, de las supervivencias:
tiene también un pudor excesivo en concederles
algo a la razón y a la esperanza.
Pues bien, ¡ay de él! ¡No hay un instante
de vacilación: basta con mencionarlo!


Abro a la mañana de un blanco lunes...

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme... en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia

Versión de Delfina Muschietti


Al muchacho Codignola

Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.

Versión de Carlos Vitale
De Poesía en forma de rosa, 1964


Al príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

De "La religión de mi tiempo" 1961
Versión de Delfina Muschietti


Análisis tardío

(Fin de los años sesenta)

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

Versión de Hugo Beccacece


Cercana a los ojos y a los cabellos sueltos...

Cercana a los ojos y a los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
absorta enrojeces mis papeles.
De adolescente ardía hasta el anochecer
junto a tu demacrada claridad, y eran extraños
los rumores del viento y el canto de los grillos solitarios.
Entonces en las estancias sin memoria
dormían los parientes, y mi hermano,
tras un delgado muro, estaba inmóvil.
Ahora tú, luz rojiza, no nos dices en dónde está
y, sin embargo, iluminas y suspira
el grillo en los campos desiertos;
mi madre se peina ante el espejo,
con un gesto tan antiguo como tu luz,
y piensa en aquel hijo ya sin vida.


Danza de Narciso

Estoy negro de amor,
ni ruiseñor ni muchacho,
todo entero como una flor
deseando sin deseo.

Me he levantado entre las violetas
mientras aclaraba
cantando un canto olvidado
en la noche serena.
Me dije: «¡Narciso!»,
y un espíritu
con mi rostro
oscurecía la hierba
al claro de sus rizos.

De "La mejor juventud" 1941-1953
Versión de Delfina Muschietti


Danza de Narciso II

Yo soy una violeta y un aliso,
lo oscuro y lo pálido en la carne.

Espío con mi ojo alegre
el aliso de mi pecho amargo
y de mis rizos que brillan negligentes
en el sol de la orilla.

Yo soy una violeta y un aliso,
el negro y el rosa en la carne.

Y miro la violeta que resplandece
grave y tierna en el claro
de mi cara de terciopelo
bajo la sombra de una morera.

Yo soy una violeta y un aliso,
lo seco y lo mórbido en la carne.

La violeta retuerce su luz
sobre los flancos duros del aliso,
y se reflejan en el humo azul
del agua de mi corazón avaro.

Yo soy una violeta y un aliso,
lo frío y lo tibio en la carne.

De "La mejor juventud" 1941-1953
Versión de Delfina Muschietti


David

Apoyado en el pozo, pobre joven,
vuelves hacia mí tu cabeza gentil,
con una risa grave en los ojos

Tú eres, David, como un toro en un día de abril,
que de la mano de un muchacho que ríe
va dulce a la muerte.

De "La mejor juventud" 1941-1953
Versión de Delfina Muschietti


Ladrones

Una vez regresado a tu madre
¿sentirás todavíasobre los labios
los besos que te he dado como un ladrón?

¡Ah, ladrones los dos!
¿No estaba oscuro en el prado?
¿No robábamos a los choposla sombra en tu bolsa?

Los conejos se han quedadosin hierba esta tarde,
y tus labios robados
besan la primera estrella...

De "La mejor juventud" 1941-1953
Versión de Delfina Muschietti


Muerte

Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su país y lo redescubre:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, tanto
como hace tiempo lo era, destituido por norma.
Una rabia negra de poesía en el pecho.
Una loca vejez de jovencito.
Antes tu alegría se confundía
con el terror, es verdad, y ahora
casi con otra alegría
lívida, árida: mi pasión decepcionada.
Ahora me das miedo de verdad,
porque estás de verdad cerca, incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de criatura nueva.

De "La religione del mio tempo" 1961
Versión de Delfina Muschietti

Fuente: A media voz


miércoles, 3 de noviembre de 2010

"AZAÑA (1880-1940). MEMORIA DEL HOMBRE Y LA REPÚBLICA"


EXPOSICIÓN CON MOTIVO DEL 70 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL PRESIDENTE DE LA II REPÚBLICA

El Ministerio de Cultura organiza la muestra Azaña (1880-1940). Memoria del Hombre y la República, que se podrá visitar desde hoy en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares).

Esta muestra pretende reflejar la trayectoria pública y personal de uno de los principales protagonistas del período más trascendental de nuestra historia reciente y el valor de un Archivo, el General de la Administración, consagrado al servicio de los ciudadanos y los poderes públicos, como fuente primordial de investigación, cultura y memoria.

Para Azaña (1880-1940). Memoria del Hombre y la República se han seleccionado reproducciones de casi un centenar de documentos, fundamentalmente gráficos, procedentes de los fondos que custodia el Archivo y que, siguiendo un discurso eminentemente cronológico, se articulan en tres grandes bloques: Las raíces, Presidente e Imagen de la República.

Las raíces

Su objetivo es presentar el periodo menos conocido de la vida de Azaña. Nacido el 10 de enero de 1880 en el seno de una arraigada familia alcalaína, muy presente en la vida y la cultura local, recibe de su padre una clara vocación liberal y el gusto por las letras. Tras completar su formación académica, el joven Azaña se instala definitivamente en Madrid, ingresando por oposición en el Ministerio de Justicia (1910). Desde ese momento, combinará el ejercicio de la función pública con su vocación literaria, ya iniciada en las páginas de la revista alcalaína Brisas del Henares.

Desde el Ateneo, del que fue secretario entre 1913 y 1919, va forjando su conciencia política y sus dotes de orador, abriéndose camino en la vida pública. Su crítica al sistema de la Restauración le irá alejando de las posiciones del Partido Reformista, con el que romperá tras el golpe de estado de Primo de Rivera (1923). La connivencia de la monarquía con la nueva situación política le hará abrazar el ideal republicano, que ya nunca abandonará.

El Azaña político no empaña la figura del literato, que da muestras de su talento en revistas como La Pluma y España y obras como El jardín de los frailes o Vida de don Juan Valera, con la que obtiene el Premio Nacional de Literatura en 1926. Paralelamente, como líder del nuevo partido Alianza Republicana y presidente de un Ateneo que es en esos años altavoz del republicanismo, sus esfuerzos se centrarán en aglutinar las fuerzas opositoras del régimen. Cristalizarán en el llamado Pacto de San Sebastián y en la formación de un comité revolucionario que será protagonista del cambio político que se avecinaba.

Presidente

Las elecciones municipales de 12 de abril de 1931 trajeron consigo la proclamación de la República y, con ella, la formación de un gobierno en el que Manuel Azaña actuará como ministro del Ejército y, meses después, como presidente del Gobierno. Desde esta posición encabeza un vasto programa de reformas que se verán truncadas tras sucesivas crisis que le apartan del poder en septiembre de 1933.

Desde la oposición, intentará conciliar de nuevo a las fuerzas republicanas y socialistas, que bajo la forma de un Frente Popular triunfarán en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Manuel Azaña será nombrado poco más tarde presidente de una República inmersa, cada vez más irremediablemente, en una guerra perdida.

Imagen de la República

Manuel Azaña fallece el 3 de noviembre de 1940, en Montauban (Francia), pero con su muerte no desaparece el interés del régimen de Franco por controlar y rentabilizar todo lo que él representaba como imagen de la República, como muestran los testimonios documentales que cierran esta exposición.

La obsesión por hacerse con “los papeles de Azaña”, la represión que se cierne en torno a su familia, el control editorial de sus obras… La dictadura nunca dejó de interesarse por la figura –distorsionada desde antes incluso del estallido de la Guerra– de un hombre que debía representar a los más odiados enemigos del Nuevo Estado: separatismo, masonería, marxismo, ateísmo, la anti-España, en fin.

La campaña aperturista que el régimen inicia en la década de 1960 se refleja en la paulatina entrada en circulación de los textos de Azaña y, en definitiva, en una progresiva relajación de esa caricatura hostil, tal y como muestran los expedientes de censura de sus obras conservados en el AGA, resueltos por lo general de forma favorable.

Desde la transición democrática, la figura de Azaña ha dejado de ser motivo de confrontación, es reivindicada desde las más diversas opciones políticas y sigue suscitando el interés de los investigadores.

Más información: http://www.mcu.es/archivos/Novedades/novedades_AGA_Azana.html

Fechas: Del 3 de noviembre al 30 de diciembre de 2010.


Juan Negrín y Manuel Azaña durante la Guerra Civil

"LA REPÚBLICA COMO ESTADO LAICO"

Discurso de Manuel Azaña pronunciado en las Cortes el 13 de octubre de 1931

Señores, Diputados: Se me permitirá que diga unas cuantas palabras acerca de esta cuestión que hoy nos apasiona, con el propósito, dentro de la brevedad de que o sea capaz, de buscar para las conclusiones del debate lo más eficaz y lo más útil. De todas maneras, creo que yo no habría podido excusarme de tomar parte en esta discusión, aunque no hubiese sido más que para desvanecer un equívoco lamentable que se desenvuelve en torno de la enmienda formulada por el Sr. Ramos, y que algunos grupos políticos de las Cortes acogieran. Esta enmienda, merced a la perdigonada que le disparó el Sr. Ministro de Justicia en su discurso de la otra tarde, lleva, desde antes de ser puesta a discusión, un plomo en el ala, y ahora, habiendo modificado la Comisión su dictamen, la enmienda del Sr. Ramos ha perdido cierta congruencia con el texto que está sometido a deliberación. No me referiré, pues, al fondo de ella por no faltar a las reglas de la oportunidad,; pero, de todos modos, para llegar a esta indicación, a esta salvedad y a esta eliminación del equívoco, me interesa profundamente examinar los dos textos que se contraponen ante la deliberación de las Cortes: el de la Comisión y el voto particular, buscando más allá del texto legislativo y de su hechura jurídica la profundidad del problema político que dentro de ellos se encierra. A mí me parece, Sres. Diputados, que nunca nos entenderíamos en esta cuestión si nos empeñásemos en tratarla rigurosamente por su hechura jurídica, si nos empeñásemos en tratarla rigurosamente por su hechura jurídica, si nos empeñásemos en construir un molde legal sin conocer bien a fondo lo que vamos a meter dentro y si perdiésemos el tiempo en discutir las perfecciones o las imperfecciones de molde legal sin estar antes bien seguros de que dentro de él caben todas las realidades políticas españolas que pretendemos someter a su norma.

Realidades vitales de España; esto es lo que debemos llevar siempre ante los ojos; realidades vitales, que son antes que la ciencia, que la legislación y que el gobierno, y que la ciencia, la legislación y gobierno acometen y tratan para fines diversos y por métodos enteramente distintos. La vida inventa y crea; la ciencia procede por abstracciones, que tienen una aspiración, la del valor universal; pero la legislación es, por lo menos, nacional y temporal, y el gobierno -quiero decir el arte de gobernar- es cotidiano. Nosotros debemos proceder como legisladores y como gobernantes, y hallar la norma legislativa y el método de gobierno que nos permitan resolver las antinomias existentes en la realidad española de hoy; después vendrá la ciencia y nos dirá cómo se llama lo que hemos hecho. Con la realidad española, que es materia de legislación, ocurre algo semejante a lo que pasa con el lenguaje; el idioma es antes que la gramática y la filología, y los españoles nunca nos hemos quedado mudos a lo largo de nuestra historia, esperando a que vengan a decirnos cuál sea el modo correcto de hablar o cuál es nuestro genio idiomático. Tal sucede con la legislación, en la cual se va plasmando, incorporando, una rica pulpa vital que de continuo se renueva. Pero la legislación, señores diputados, no se hace sólo a impulso de la necesidad y de la voluntad; no es tampoco una obra espontánea; las leyes se hacen teniendo también en presencia y con respeto de principios generales admitidos por la ciencia o consagrados por la tradición jurídica, que en sus más altas concepciones se remonta a lo filosófico y lo metafísico. Ahora bien: puede suceder, de hecho sucede, ahora mismo está sucediendo, y eso es lo que nos apasiona, que principios tenidos por invulnerables, inspiraciones vigentes durante siglos, a lo mejor se esquilman, se marchitan, se quedan vacíos, se angostan, hasta el punto de que la realidad viviente los hace estallar y los destruye. Entonces hay que tener el valor de reconocerlo así, y sin aguardar a que la ciencia o la tradición se recobren del sobresalto y el estupor y fabriquen principios nuevos, hay que acudir urgentemente al remedio, a la necesidad y poner a prueba nuestra capacidad de inventar, sin preocuparnos demasiado, porque al inventar un poco, les demos una ligera torsión a los principios admitidos como inconcusos. De no ser así, Sres. Diputados, sucedería que el espíritu jurídico, el respeto al derecho y otras entidades y especies inestimables, lejos de servirnos para articular breve y claramente la nueva ley, serían el mayor obstáculo para su reforma y progreso, y en vez de ser garantía de estabilidad en la continuación serían el baluarte irreductible de la obstrucción y del retroceso. Por esta causa, Sres. Diputados, en los pueblos donde se corta el paso a las reformas regulares de la legislación, donde se cierra el camino a la reforma gradual de la ley, donde se desoyen hasta las voces desinteresadas de la gente que cultiva la ciencia social y la ciencia del Derecho, se produce fatalmente, si el pueblo no está muerto, una revolución, que no es ilegal, sino por esencia antilegal, porque viene cabalmente a destruir las leyes que no se ajustan al nuevo estado de la conciencia jurídica. Esta revolución, si es somera, si no pasa de la categoría motinesca, chocará únicamente con las leyes de policía o tal o cual ley orgánica del Estado; pero si la elaboración ha sido profunda, tenaz, duradera y penetrante, entonces se necesita una transformación radical del Estado, en la misma proporción en que se haya producido el desacuerdo entre la ley y el estado de la conciencia pública. Y yo estimo, Sres. Diputados, que la revolución española cuyas leyes estamos haciendo es de este último orden. La revolución política, es decir, la expulsión de la dinastía y la restauración de las libertades públicas, ha resuelto un problema específico de importancia capital, ¡quien lo duda!, pero no ha hecho más que plantear y enunciar aquellos otros problemas que han de transformar el Estado y la sociedad españoles hasta la raíz. Estos problemas, a mi corto entender, son principalmente tres: el problema de las autonomías locales, el problema social en su forma más urgente y aguda, que es la reforma de la propiedad, y este que llaman problema religioso, y que es en rigor la implantación del laicismo del Estado con todas sus inevitables y rigurosas consecuencias. Ninguno de estos problemas los ha inventado la República. La República ha rasgado los telones de la antigua España oficial monárquica, que fingía una vida inexistente y ocultaba la verdadera; detrás de aquellos telones se ha fraguado la transformación de la sociedad española, que hoy, gracias a las libertades republicanas, se manifiesta, para sorpresa de algunos y disgustos de no pocos, en la contextura de estas Cortes, en el mandato que creen traer y en los temas que a todos nos apasionan.

Cada una de estas cuestiones, Sres. Diputados, tiene una premisa inexcusable, imborrable en la conciencia pública, y al venir aquí, al tomar hechura y contextura parlamentaria, es cuando surge el problema político. Yo no me refiero a las dos primeras, me refiero a esto que llaman problema religioso. La premisa de este problema, hoy político, la formulo yo de esta manera: España ha dejado de ser católica; el problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica el pueblo español. Yo no puedo admitir, Sres. Diputados, que a esto se le llame problema religioso. El auténtico problema religioso no puede exceder de los límites de la conciencia personal, porque es en la conciencia personal donde se formula y se responde la pregunta sobre el misterio de nuestro destino. Este es un problema político, de constitución del Estado, y es ahora precisamente cuando este problema pierde hasta las semejas de religión, de religiosidad, porque nuestro Estado, a diferencia del Estado antiguo, que tomaba sobre sí la curatela de las conciencias y daba medios de impulsar a las almas, incluso contra su voluntad, por el camino de su salvación, excluye toda preocupación ultraterrena y todo cuidado de la fidelidad, y quita a la Iglesia aquel famoso brazo secular que tantos y tan grandes servicios le prestó. Se trata simplemente de organizar el Estado español con sujeción a las premisas que acabo de establecer. Para afirmar que España ha dejado de ser católica tenemos las mismas razones, quiero decir de la misma índole, que para afirmar que España era católica en los siglos XVI y XVII. Sería una disputa vana ponernos a examinar ahora qué debe España al catolicismo, que suele ser el tema favorito de los historiadores apologistas; yo creo más bien que es el catolicismo quien debe a España, porque una religión no vive en los textos escritos de los Concilios o en los infolios de sus teólogos, sino en el espíritu y en las obras de los pueblos que la abrazan, y el genio español se derramó por los ámbitos morales del catolicismo, como su genio político su derramó por el mundo en las empresas que todos conocemos. (Muy bien.)

España, en el momento del auge de su genio, cuando España era un pueblo creador e inventor, creó un catolicismo a su imagen y semejanza, en el cual, sobre todo, resplandecen los rasgos de su carácter, bien distinto, por cierto, del catolicismo de otros países, del de otras grandes potencias católicas; bien distinto, por ejemplo, del catolicismo francés; y entonces hubo un catolicismo español, por las mismas razones de índole psicológica que crearon una novela y una pintura y un teatro y una moral españoles, en los cuales también se palpa la impregnación de la fe religiosa. Y de tal manera es esto cierto, que ahí está todavía casualmente la Compañía de Jesús creación española, obra de un gran ejemplar de la raza, y que demuestra hasta qué punto el genio del pueblo español ha influido en la orientación del gobierno histórico y político de la Iglesia de Roma. Pero ahora, Sres. Diputados, la situación es exactamente la inversa. Durante muchos siglos, la actividad especulativa del pensamiento europeo se hizo dentro del Cristianismo, el cual tomó para sí el pensamiento del mundo antiguo y lo adaptó con más o menos fidelidad y congruencia a la fe cristiana; pero también desde hace siglos el pensamiento y la actividad especulativa de Europa han dejado, por lo menos, de ser católicos; todo el movimiento superior de la civilización se hace en contra suya y, en España, a pesar de nuestra menguada actividad mental, desde el siglo pasado el catolicismo ha dejado de ser la expresión y el guía del pensamiento español. Que haya en España millones de creyentes, yo no os lo discuto; pero lo que da el ser religioso de un país, de un pueblo y de una sociedad no es la suma numérica de creencias o de creyentes, sino el esfuerzo creador de su mente, el rumbo que sigue su cultura. (Muy bien.)

Por consiguiente, tengo los mismos motivos para decir que España ha dejado de ser católica que para decir lo contrario de la España antigua. España era católica en el siglo XVI, a pesar de que aquí había muchos y muy importantes disedentes, algunos de los cuales son gloria y esplendor de la literatura castellana, y España ha dejado de ser católica, a pesar de que existan ahora muchos millones de españoles católicos, creyentes. ¿Y podía, el Estado español, podía algún Estado del mundo estar en su organización y en el pensamiento desunido, divorciado, de espaldas, enemigo del sentido general de la civilización, de la situación de su pueblo en el momento actual? No, Sres. Diputados. En este orden de ideas, el Estado se conquista por las alturas, sobre todo si admitimos, como indicaba hace pocos días mi excelente amigo el Sr. Zulueta en su interesante discurso, si admitimos -digo- que lo característico del Estado es la cultura. Los cristianos se apoderaron del Estado imperial romano cuando, desfallecido el espíritu original del mundo antiguo, el Estado romano no tenía otro alimento espiritual que el de la fe cristiana y las disputas de sus filósofos y de sus teólogos. Y eso se hizo sin esperar a que los millones de paganos, que tardaron siglos en convertirse, abrazaran la nueva fe. Cristiano era el Imperio romano, y el modesto labrador hispanorromano de mi tierra todavía sacrificaba a los dioses latinos en los mismos lugares en que ahora se alzan las ermitas de las Vírgenes y de los Cristos. Esto quiere decir que los sedimentos se sobreponen por el aluvión de la Historia, y que un sedimento tarda en desaparecer y soterrarse cuando ya en las alturas se ha evaporado el espíritu religioso que lo lanzó.

Estas son, Sres. Diputados, las razones que tenemos, por lo menos, modestamente, las que tengo yo, para exigir como un derecho y para colaborar a la exigencia histórica de transformar el Estado español, de acuerdo con esta modalidad mueva del espíritu nacional. Y esto lo haremos con franqueza, con lealtad, sin declaración de guerra; antes al contrario, como una oferta, como una proposición de reajuste de la paz. De lo que yo me guardaré muy bien es de considerar si esto le conviene más a la Iglesia que el régimen anterior. ¿Le conviene? ¿No le conviene? Yo lo ignoro; además, no me interesa; a mí lo que me interesa es el Estado soberano y legislador. También me guardaré de dar consejos a nadie sobre su conducta futura, y , sobre todo, personalmente, me guardaré del ridículo de decir que esta actitud nuestra está más conforme con el verdadero espíritu del Evangelio. El uso más desatinado que se puede hacer del Evangelio es aducirlo como texto de argumentos políticos, y la deformación más monstruosa de la figura de Jesús es presentarlo como un propagandista demócrata o como lector de Michelet o de Castelar, o quién sabe si como un precursor de la ley Agraria. No. La experiencia cristiana, Sres. Diputados, es una cosa terrible, y sólo se puede tratar en serio; el que no la conozca que deje el Evangelio en su alacena que no lo lea; pero Renán lo ha dicho: "Los que salen del santuario son más certeros en sus golpes que los que nunca han entrado en él." Y yo pregunto, Sres. Diputados, sobre todo a los grupos republicano y socialista, más en comunión de ideas con nosotros: esto que yo digo, estas palabras mías, ¿os suenan a falso? Esta posición mía, la de mi partido, ¿es peligrosa para la República? ¿Creéis vosotros que una política inspirada en lo que acabo de decir, en este concepto del Estado español y de la Historia española, conduciría a la República a alguna angostura donde pudiese ser degollada impunemente por sus enemigos? No lo creéis. Pues yo, con esa garantía, paso ahora a confrontar los textos en discusión.

Nosotros dijimos: separación de Iglesia y del Estado. Es una verdad inconcusa; la inmensa mayoría de las Cortes no la ponen siquiera en discusión. Ahora bien, ¿qué separación? ¿Es que nosotros vamos a dar un tajo en las relaciones del Estado con la iglesia, vamos a quedarnos del lado de acá del tajo y vamos a ignorar l que pasa en el lado de allá? ¿es que nosotros vamos a desconocer que en España existe la Iglesia católica con sus fieles, con sus jerarcas y con la potestad suprema en el extranjero? En España hay una Iglesia protestante, o varias, no sé, con sus obispos y sus fieles, y el Estado ignora absolutamente la iglesia protestante española. ¿Vosotros concebís que para el Estado la situación de la Iglesia católica española pueda ser mañana lo que es hoy la de la Iglesia protestante? A remediar este vacía vino, con toda su buena voluntad y toda la agudeza de su saber, la enmienda del Sr. Ramos, que momentáneamente fue aceptada por unos cuantos grupos del Parlamento. El propósito de esta enmienda era justamente, como acaba de indicar el Sr. Presidente de la Comisión, sujetar la Iglesia al Estado. Pero esta enmienda ha, por lo visto, perecido, Mi eminente amigo Sr. De los Ríos no debe ignorar que en una Cámara como ésta, tan numerosa, en una cuestión tan de estricto derecho como es esta materia de la Corporación d Derecho público, la mayoría de las opiniones -y no hay ofensa, porque me incluyo entre ellas-, la mayoría de las opiniones tiene que decidirse por el argumento de autoridad, y habiéndose pronunciado en contra una tan grande como la del Ministro de Justicia, esta pobre idea de la Corporación de Derecho público ha caído en el ostracismo. Yo lamento que la Cámara, tan numerosa oyendo al Sr. Ministro, no oyese la contestación, bien aguda, del Sr. Ramos; pero esto ya es inevitable.

¿Qué nos queda, pues? En el discurso del Sr. Ministro de Justicia, al llegar a esta cuestión, yo eché de menos algo que me sustituyese a esa garantía jurídica de la situación de la Iglesia en España. Yo no sé si lo recuerdo bien; pero en esta parte del discurso del Sr. De los Ríos notaba yo una vaguedad, una indecisión, casi un vacío sobre el porvenir; y esa vaguedad, ese vacío, esa indecisión me llenaba a mí de temor y de recelo, porque ese vacío lo veo llenarse inmediatamente con el Concordato. No es que su señoría quiera el Concordato; no lo queremos ninguno; pero ese vacío, ese tajo dado a una situación, cuando más allá no queda nada, pone a un Gobierno republicano, a éste, a cualquiera, al que nos suceda, en la necesidad absoluta de tratar con la iglesia de Roma, y ¿en qué condiciones? En condiciones de inferioridad: la inferioridad que produce la necesidad política y pública. (Muy bien.) Y contra esto, señores, nosotros no podemos menos de oponernos, y buscamos una solución que, sobre el principio de la separación, deje al Estado republicano, al Estado laico, al Estado legislador, unilateral, los medios de no desconocer ni la acción, ni los propósitos, ni el gobierno, ni la política de la Iglesia de roma; eso para mí es fundamental.

Otros aspectos de la cuestión son menos importantes. El presupuesto del clero se suprime, evidente; y las modalidades de la supresión, francamente os digo que no me interesan, ni al propio Sr. Ministro de Justicia le puede parecer mejor ni peor una fórmula u otra. Creo habérselo oído, creo que lo ha dicho públicamente: que sea sucesivamente, que sea en cuatro años amortizando el 25 por 100 del presupuesto en cada uno, esto no tiene ningún valor sustancial; no vale la pena de insistir. La cuestión de los bienes es más importante; yo en esto tengo una opinión, que me voy a permitir no adjetivar, porque quizá el adjetivo fuese poco parlamentario, adjetivo que recaería sobre mí propio. Se discute aquí el valor de orden moral y jurídico que pueden representar las sumas que el Estado abona a la Iglesia, trayendo la cuestión de la época desamortizadora; si los bienes valen más o menos (un Sr. Diputado recordaba que la Universidad de Alcalá se vendió en 14.000 pesetas, y no fueron sumas recibidas a lo largo del siglo equivalente o no al montante total de los valores desamortizados y se hacen cuentas como si se liquidara una Sociedad en suspensión de pagos o en quiebra. Yo no estoy conforme con eso, lo dijese o no Mendizábal y sus colaboradores. Lo que la desamortización representa es una revolución social, y la burguesía ascendente al Poder con el régimen parlamentario, dueña del instrumento legislativo, creó una clase social adicta al régimen, que fue ella misma y sus adlátares, pero como eso no es un contrato jurídico ni un despojo, nada de eso, sino toda la obra inmensa, fuera de las normas legales, incapaz de compensación, de una revolución de orden social, la burguesía parlamentaria, harto débil, creó entonces los instrumentos y los apoyos necesarios para al Estado liberal naciente una cosa que tienen que hacer todos los Estados cuando se reforman con esa profundidad, no hay que olvidarlo. Ahora se nos dice: Es que la Iglesia tiene derecho a reivindicar esos bienes. Yo creo que no, pero la verdad es, Sres. Diputados, que la iglesia los ha reivindicado ya. Durante treinta y tantos años en España no hubo Ordenes religiosas, cosa importante, porque, a mi entender, aquellos años de inexistencia de enseñanza congregacionista prepararon la posibilidad de la revolución del 8 y de la del 73. Pero han vuelto los frailes, han vuelto los Ordenes religiosas, se han encontrado con sus antiguos bienes en manos de otros poseedores, y la táctica ha sido bien clara: en vez de precipitarse sobre los bienes se han precipitado sobre las conciencias de los dueños, y haciéndose dueños de las conciencias tienen los bienes y a sus poseedores. (Muy bien.) Este es el secreto, aun dicho en esta forma pintoresca, de la evolución de la clase media española en el siglo pasado; que habiendo comenzado una revolución liberal y parlamentaria, con sus pujos de radicalismo y de anticlericalismo, la misma clase social, quizá los nietos de aquellos colaboradores de Mendizábal y de los desamortizadores del año 36, esos mismos, después de esa operación que acabo de describir, son los que han traído a España la tiranía, la dictadura y el despotismo, y en toda esta evolución está comprendida la historia política de nuestro país en el siglo pasado.

En realidad, la cuestión apasionante, por el dramatismo interior que encierra, es la de las Ordenes religiosas; dramatismo natural porque se habla de la Iglesia, se habla del presupuesto del clero, se habla de roma; son entidades muy lejanas que no tomas para nosotros forma ni visibilidad humana; pero los frailes, las Ordenes religiosas, sí. En este asunto. Sres. Diputados, hay un drama muy grande, apasionante, insoluble. Nosotros tenemos, de una parte, la obligación de respetar la libertad de conciencia, naturalmente, sin exceptuar la libertad de la conciencia cristiana; pero tenemos también, de otra parte, el deber de poner a salvo la República y el Estado. Estos dos principios chocan, y de ahí el drama que, como todos los verdaderos y grandes dramas, no tiene solución. ¿Qué haremos, pues? ¿Vamos a seguir (claro que no, es un supuesto absurdo), vamos a seguir el sistema antiguo, que consistía en suprimir uno de los términos del problema, el de la seguridad e independencia del Estado, y dejar la calle abierta a la muchedumbre de Ordenes religiosas para que invada la sociedad española? No. Pero yo pregunto: reacción explicable y natural, el otro término del problema y borrar todas las obligaciones que tenemos con esta libertad de conciencia? Respondo resueltamente que no. (Muy bien, muy bien.) Lo que hay que hacer -y es una cosa difícil, pero las cosas difíciles son las que nos deben estimular-; lo que hay que hacer es tomar un término superior a los dos principios en contienda, que para nosotros, laicos, servidores del Estado y políticos gobernantes del Estado republicano, no puede ser más que el principio de la salud del Estado. (Muy bien.)

La salud del Estado, a mi modo de ver, es una cosa hipotética, un supuesto, como el de la salud personal; la salud del Estado, como la de las personas, consiste en disponer de la robustez suficiente para poder conllevar los achaques, las miserias inherentes a nuestra naturaleza. En tal Estado existen corrupciones, desmanes, desvíos de la buena administración y de la buena justicia: torpezas de gobierno que, por ser el Estado poderoso, denso y arraigado, no se notan, y que trasladadas a otro Estado más nuevo, más débil, menos arraigado, acabarían con él instantáneamente. Por consiguiente, se trata de adaptar el régimen de salud del Estado a lo que es el Estado español actualmente. Criterio para resolver esta cuestión. A mi modesto juicio es el siguiente: tratar desigualmente a los desiguales; frente a las Ordenes religiosas no podemos oponer un principio eterno de justicia, sino un principio de utilidad social y de defensa de la República, Esto no tiene un rigor matemático ni puede tenerlo; pero todas las cuestiones de gobierno afortunadamente, no están encajadas en este rigor, sino que depende de la presteza del entendimiento y de la ligereza de la mano para administrar la realidad actual. (Muy bien, muy bien.) Tratar desigualmente a los desiguales, porque no teniendo nosotros un principio eterno de justicia irrevocable que oponer a las Ordenes religiosas, tenemos que detenernos en la campaña de reforma de la organización religiosa española allí donde nuestra intervención quirúrgica fuese dañosa o peligrosa. Pensad, señores Diputados, que vamos a realizar una operación quirúrgica sobre un enfermo que no está anestesiado y que en los debates propios de su dolor puede complicar la operación y hacerla mortal, no sé para quien, pero mortal para alguien. (Muy bien, muy bien.) Y como no tenemos frente a las ordenes religiosas ese principio eterno de justicia, detrás del cual debiéramos ir como hipnotizados, sin rectificar nunca nuestra línea de conducta, y como todo queda encomendado a la prudencia, a la habilidad del gobernante, yo digo: las Ordenes religiosas tenemos que proscribirlas en razón de su temerosidad para la República ¿El rigor de la ley debe ser proporcionado a la temerosidad (digámoslo así, yo no sé siquiera si éste es un vocablo castellano) de cada una de estas Ordenes, una por una? No; no es menester. Por eso me parece bien la redacción de este dictamen; aquí se empieza por hablar de una Orden que no se nombra. "Disolución de aquellas Ordenes en las que, además de los tres votos canónicos, se preste otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado." Estos son los jesuítas. (Risas.)

Pero yo añado a esto una observación, que, lo confieso, no se me ha ocurrido a mí; me la acaba de sugerir un eminente compañero. Aquí se dice: "Las Ordenes religiosas se sujetarán a una ley especial ajustada a las siguientes bases." Es decir, que la disolución definitiva, irrevocable, contenida en este primer párrafo, queda pendiente de lo que haga una ley especial mañana; y a mí esto no me parece bien; creo que esta disolución debe quedar decretada en la Constitución (Muy bien.), no sólo porque es leal, franco y noble decirlo, puesto que pensamos hacerlo, sino porque, si no lo hacemos, es posible que no lo podamos hacer mañana; porque si nosotros dejamos en la Constitución el encargo al legislador de mañana, que incluso podréis ser vosotros mismos, de hacer una ley con arreglo a estas normas, fijaos bien lo que significa dejar pendiente esta espada sobre una institución tan poderosa, que trabajará todo lo posible para que estas Cortes no puedan legislar más. Por consiguiente, yo estimo que en la redacción actual del dictamen debiera introducirse una modificación, según la cual este primer párrafo no fuese suspensivo, pensando en una ley futura, sino desde ahora terminante y ejecutivo. Respecto a las otras Ordenes, yo encuentro en esta redacción del dictamen una amplitud que pensándolo bien, no puede ser mayor; porque dice: "Disolución de las que en su actividad constituyan un peligro para la seguridad del Estado." ¿Y quiénes son éstas? Todas o ninguna; según quieran las Cortes. De manera que este párrafo deja a la soberanía de las Cortes la existencia o la destrucción de todas las Ordenes religiosas que ellas estimen peligrosas para el Estado. Ahora bien; en razón de ese principio de prudencia gubernamental, de estilo de gobernar, yo me digo: ¿es que para mí son lo mismo las monjas que están en Cebreros, o las bernardas de Talavera, o las clarisas de Sevilla, entretenidas en bordar acericos y en hacer dulces para los amigos, que los jesuitas? ¿Es que yo voy a caer en el ridículo de enviar los agentes de la República a que clausuren los conventos de estas pobres mujeres, para que en torno de ellas se forme una leyenda de falso martirio, y que la República gaste su prestigio en una empresa repugnante, que estaría mejor empleado en una operación de mayor fuste? Yo no puedo aconsejar eso a nadie. Donde un Gobierno con autoridad y una Cámara con autoridad me diga que una Orden religiosa es peligrosa para la República, yo lo acepto y lo firmo sin vacilar; pero guardémonos de extremar la situación aparentando una persecución que no está en nuestro ánimo ni en nuestras leyes para acreditar una leyenda que no puede por menos de perjudicarnos.

Tengo que hacer aquí dos salvedades muy importantes: una suspensiva y otra irrevocable y terminante. Sé que voy a disgustar a los liberales. La primera se refiere a la acción benéfica de las Ordenes religiosas. El señor Ministro de Justicia -y él me perdonará si tantas veces insisto en aludirle; pero la importancia de su discurso es tal, que no hay más remedio que referirse a él-, el señor Ministro de Justicia trazó aquí en el aire una figura aérea de la hermana de la Caridad, a la que él prestó, indudablemente, las fuentes de su propio corazón. Yo no quiero hacer aquí el antropófogo y, por lo tanto, me abstengo de refutar a fondo esta opinión del Sr. De los ríos; pero apele S.S. a los que tienen experiencia de estas cosas, a los médicos que dirigen hospitales, a las gentes que visitan las Casas de Beneficencia, y aun a los propios pobres enfermos y asilados en estos hospitales y establecimientos, y sabrá que debajo de la aspiración caritativa, que doctrinalmente es irreprochable y admirable, hay, sobre todo, un vehículo de proselitismo que nosotros no podemos tolerar. (Muy bien.) Pues qué, ¿no sabemos todos que al pobre enfermo hospitalizado se le hace objeto de trato preferente según cumple o no los preceptos de la religión católica? ¿Y esto quién lo hace, sino esta figura ideal, propia para una tarjeta postal, pero que en la realidad se da pocas veces? La otra salvedad terminante, que va a disgustar a los liberales, es ésta: en ningún momento, bajo ninguna condición, en ningún tiempo, ni mi partido ni yo en su nombre, suscribiremos una cláusula legislativa en virtud de la cual siga entregado a las Ordenes religiosas el servicio de la enseñanza. Eso, jamás. Yo lo siento mucho; pero ésta es la verdadera defensa de la República. La agitación más o menos clandestina de la Compañía de Jesús o de ésta o de la de más allá, podrá ser cierta, podrá ser grave, podrá ser en ocasiones risible, pero esta acción continua de las Ordenes religiosas sobre las conciencias juveniles es cabalmente el secreto de la situación política por que España transcurre y que está en nuestra obligación de republicanos, y no de republicanos, de españoles, impedir a todo trance. (Muy bien.) A mí que no me vengan a decir que esto es contrario a la libertad, porque esto es una cuestión de salud pública. ¿Permitiríais vosotros, los que, a nombre de liberales, os oponéis a esta doctrina, permitiríais vosotros que un catedrático en la Universidad explicase la Astronomía de Aristóteles y que dijese que el cielo se compone de varias esferas a las cuales están atornilladas las estrellas? ¿Permitiríais que se propagase en la cátedra de la Universidad española la Medicina del siglo XVI? No lo permitiríais; a pesar del derecho de enseñanza del catedrático y de su libertad de conciencia, no se permitiría. Pues yo digo que en el orden de las ciencias morales y políticas, la obligación de las Ordenes religiosas católicas, en virtud de su dogma, es enseñar todo lo que es contrario a los principios en que se funda el Estado moderno. Quien no tenga la experiencia de estas cosas no puede hablar, y yo, que he comprobado en tantos y tantos compañeros de mi juventud que se encontraban en la robustez de su vida ante la tragedia de que se le derrumbaban los principios básicos de su cultura intelectual y moral, os he de decir que ése es un drama que yo con mi voto no consentiré que se reproduzca jamás. (Grandes aplausos.)

Si resulta, señores Diputados, que de esta redacción del dictamen las Cortes pueden acordar la disolución de todas las Ordenes religiosas que estime perjudiciales para el Estado, es sobre la conciencia y la responsabilidad de las propias Cortes sobre quien recae la mayor o menor extensión de esto que llamamos el peligro monástico. Sois vosotros los jueces, no el Gobierno ni éste ni otro. Y yo estimo que si unas instituciones, si queda alguna, si las Cortes acuerdan que queda alguna a quienes se les prohíbe adquirir y conservar bienes inmuebles, si no es aquel en que habitan, a quienes se les prohíbe ejercer la industria y el comercio, a quienes se les ha de prohibir la enseñanza, a quienes se les ha de limitar la acción benéfica, hasta que puedan ser sustituidas por otros organismos del Estado, y a quienes se los obliga a dar anualmente cuenta al Estado de la inversión de sus bienes, si son todavía peligrosos para la República, será preciso reconocer que ni la República no nosotros valemos gran cosa. (Risas.)

Y ahora, señores Diputados, llegamos a la última parte de la cuestión. Ya he expuesto la posición histórica y política tal como yo la veo; he penetrado en el problema político tal como yo me lo describo y llegamos a la situación parlamentaria. Si yo perteneciese a un partido que tuviera en esta Cámara la mitad más uno de los diputados, la mitad más uno de los votos, en ningún momento, ni ahora ni desde que se discute la Constitución, habría vacilado en echar sobre la votación el peso de mi partido para sacar una Constitución hecha a su imagen y semejanza, porque a esto me autorizaría el sufragio y el rigor del sistema de mayorías. Pero con una condición: que al día siguiente de aprobarse la Constitución, con los votos de este partido hipotético, este mismo partido ocuparía el Poder. (Muy bien.- Aplausos.)

Ese partido ocuparía el Poder para tomar sobre sí la responsabilidad y la gloria de aplicar, desde el Gobierno, lo que había tenido el lucimiento de votar en las Cortes. Por desgracia, no existe este partido hipotético con que yo sueño, ni ningún otro que esté en condiciones de ejercer aquí la ley rigurosa de las mayorías. Por tanto, señores Diputados, debiendo ser la Constitución, no obra de mi capricho personal, ni del de sus señorías, ni de un grupo, tampoco de una transacción en que se abandonen los principios de cada cual, sino de un texto legislativo que permita gobernar a todos los partidos que sostienen la República..., yo sostengo, señores Diputados, que el peso de cada cual en el voto de la Constitución debe ser correlativo a la responsabilidad en el Gobierno de mañana. Yo planteo la cuestión con toda claridad: aquí está el voto particular que sostienen nuestros amigos los socialistas; y yo digo francamente: si el partido socialista va a a sumir mañana el Poder y me dice que necesita ese texto para gobernar, yo se lo voto (Muy bien, muy bien. Aplausos.) Porque, señores Diputados, no es mi partido el que haya de negar ni ahora ni nunca al partido socialista las condiciones que crea necesarias para gobernar la República. Pero si esto no es así (yo no entiendo de estas cosas; estoy discutiendo en hipótesis), veamos la manera de que el texto constitucional, sin impediros a vosotros gobernar, no se lo impida a los demás que tienen derecho a gobernar la República española, puesto que la han traído, la gobiernan, la administran y la defienden. (Muy bien.)

Este es mi punto de vista, señores Diputados: mejor dicho, este es el punto de vista de Acción Republicana, que no tiene por qué disimular ni su laicismo ni su radicalismo constructor ni el concepto moderno que tiene de la vida española, en la cual de nada reniega, pero que está resuelta a contribuir a su renovación desde la raíz hasta la fronda, y que además supone para todos los republicanos de izquierda una base de inteligencia y colaboración, no para hoy, porque hoy se acaba pronto, sino para mañana, para el mañana de la República, que todos queremos que sea tranquilo, fecundo y glorioso para los que la administren y defiendan. (Grandes y prolongados aplausos.)