sábado, 31 de agosto de 2019

MURAL SOCIALISTA DE FRANTISEK GAJDOS EN LA ESTACIÓN PRINCIPAL DE BRATISLAVA


Título desconocido
František Gajdoš
Fresco
1960
Estación de tren de Bratislava

Este magnífico mural en la estación de trenes de Bratislava, Eslovaquia, es un buen ejemplo de los murales sobre derechos laborales de la era comunista. El mural a menudo ignorado tiene todas las imágenes clásicas que uno esperaría del arte comunista, los trabajadores se alzan contra los capitalistas en sus trajes de negocios, mientras que los trabajadores llevan su estandarte y sus herramientas con orgullo.

También presenta a un trabajador liberado de las cadenas del capitalismo para unirse a la multitud unida de trabajadores y un grupo de mujeres, formado por diferentes nacionalidades, lo que indica que el socialismo unirá al mundo.

domingo, 25 de agosto de 2019

"LA GUERRA CIVIL", DEL ARTISTA CUBANO WIFREDO LAM


La Guerra civil
Wifredo Lam
1937
Gouache sobre papel
211 x 236 cm

De los muchos voluntarios cubanos que participaron en la Guerra Civil Española, el pintor Wifredo Lam merece una atención singular. Nacido en Sagua La Grande en 1902, llega a Madrid en 1923 para estudiar pintura y permanece en España hasta principios de 1938 cuando decide marcharse a París. Durante su estancia en España se casa con Eva Piriz con la que tiene un hijo, pero la mujer y el niño mueren de tuberculosis antes del estallido de la guerra. Es en ese momento cuando un viejo amigo, Pepe de la Fuente, le habla de Marx y Lenin y no duda en afirmar que llegó "a comprender y abrazar el marxismo, brújula ideológica que me ha guiado desde entonces". En 1936 es sorprendido por el estallido de la guerra, se inscribe en la FUHA, federación de estudiantes universitarios latinoamericanos de izquierda, y no duda en alistarse en el 5º Regimiento junto a otros cubanos como el músico Julio Cuevas o el escultor Pablo Porras Gener. Así es como recordaba en una de sus entrevistas a Antonio Núñez Jiménez el apoyo de los cubanos a la defensa de la República española:

En la Guerra Civil Española miles de voluntarios combatieron al lado nuestro. Muchos cubanos dieron su ejemplo internacionalista al formar parte de la Brigada Lincoln. El más destacado de ellos, Pablo de la Torriente Brau, murió en Majadahonda. Como Pablo, otros muchos quedaron sepultados por la metralla en esa tierra tan querida.

Se conservan varias fotografías de 1936 en las que se ve a Lam junto a otros militares o junto a la que fue su compañera en la vida y en la lucha, Balbina Barrera. Durante esos años estuvo en contacto con intelectuales antifascistas españoles y el Partido Comunista le envió a trabajar a una fábrica de explosivos, lo que le provocó una grave intoxicación por la que tuvo que ser trasladado al balneario de Caldas de Montbuy. Realizó distintos anuncios para la película soviética Los marinos de Cronstadt y una serie de carteles propagandísticos en defensa de la República. Ya en Barcelona, trabajó en la Comisaría de Armamentos y en el Sindicato de Pintores de la UGT, lo que le permitió preparar una escenografía para una obra teatral ofrecida a los soldados convalecientes. Un día antes de la caída en Barcelona partió junto a su nueva compañera Helena Hozer rumbo a París.

Las obras que mejor representan esta etapa en la que la pintura se convirtió para Lam en instrumento de combate son "La guerra civil" (1937), "El desastre" y "Dolor de España" (1938), estas dos últimas realizadas ya en Francia. Estos tres cuadros representan el sufrimiento de un país que el pintor sintió como propio y cuyo recuerdo llevaría consigo a lo largo de su vida.

En 1980 Wifredo Lam describió la dolorosa experiencia de la derrota de España, que para él -como para Alejo Carpentier y otros cubanos- sería compensada solo con el triunfo de la Revolución en 1959:

Tras la derrota, no he dejado de pensar un solo día de mi vida en los acontecimientos que se sucedieron. Es algo que viví en carne propia y no quiero olvidarlo, no voy a olvidarlo (...) Salir derrotado de España fue y es para mí un dolor tan profundo que nunca he dejado de llevarlo dentro. En la amada tierra española dejaba a Eva y a mi hijo, muertos. Dejaba allí también a muchos hermanos de lucha. Aquella derrota fue como si bajara el telón de una obra de teatro que solo volvería a levantarse con el triunfo de la Revolución Cubana.

Fuente: Hispanoamericanos en la guerra civil española

sábado, 24 de agosto de 2019

DOCUMENTAL "YA ERA OTOÑO EN PARÍS", SOBRE EL ARTISTA CUBANO WIFREDO LAM

Título: Ya era otoño en París
Guión y Dirección: Jorge Aguirre
Duración: 30 minutos
Año: 2006.
País: Cuba

Wifredo Lam nació el 8 de diciembre de 1902 en Sagua la Grande, Cuba. Fue un pintor vanguardista de fama internacional, conocido como el iniciador de una pintura mestizada que alía modernismo occidental y símbolos africanos o caribeños.

En 1916 se instala en La Habana donde se inscribe en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura, Academia de San Alejandro, donde estudia hasta 1923. Es durante este periodo, marcado por exposiciones en el Salón de Bellas Artes, que afirma su vocación de pintor. En 1923, recibe una beca de la municipalidad de Sagua la Grande con el fin de estudiar en Europa. En este mismo año, se va a España con apenas 21 años.

Una vez en Madrid, entra en contacto con las ideas y los movimientos del arte moderno. Estudia a los grandes maestros de la pintura española, Velázquez, Goya, etc.

En 1936, se une a las fuerzas republicanas en su lucha contra Franco. Dibuja carteles antifascistas y se encarga de la dirección de una fabrica de municiones. La violencia de los combates inspira su gran tela titulada La Guerra Civil.
Hacia 1938 se muda a París, donde conoce a Pierre Loeb, propietario de la Galería Pierre, donde hára su primera exposición individual en 1939.

Poco antes de la llegada de los alemanes, Lam trabaja y realiza particularmente una serie de dibujos a la tinta, anunciadores de las figuras híbridas que el artista desarrollará plenamente durante su estancia cubana de los años 1941 a 1947.

De regreso a su país natal, Lam profundiza sus investigaciones, vinculándolas con el mundo de su infancia y de su juventud. Lam firma su estilo con el enriquecimiento de la cultura afrocubana, y pintará más de una centena de telas, entre ellas La Jungla, haciendo del año 1942, el más productivo de este periodo. Realiza varias exposiciones en los Estados Unidos, en el Institute of Modern Art de Boston, en el MoMA de nueva York y en la Galería Pierre Matisse, donde La Jungla es presentada por primera vez y hace escándalo.

A partir de 1947, el estilo de Lam evoluciona. La influencia del arte de Oceanía se combina a la del arte africano y la presencia de elementos esotéricos se hace más dominante. Su trabajo logra una amplitud internacional, con publicaciones en revistas prestigiosas tales como VVV, Instead, ArtNews y View, así como en exposiciones por América y Europa.

Durante los años cincuenta, se le concede el gran premio del Salón de La Habana, es nombrado miembro de la Graham Foundation for Advancec Study in Fine Art en Chicago y recibe varias distinciones como el premio Guggenheim International Award ya en 1964.

Lam llego a trabajar cerca de los artistas del grupo CoBrA y la vanguardia Italiana. También se juntó a diferentes movimientos artisticos de posguerra, tales como Fases y los Situacionistas. Durante sus ultimos años, la obra de Lam refleja un interés creciente por el grabado.

Lam murió en París el 11 de septiembre de 1982.

DOCUMENTAL PARTE 1:



DOCUMENTAL PARTE 2:



DOCUMENTAL PARTE 3:



viernes, 23 de agosto de 2019

LA EDITORIAL TEMPLANDO EL ACERO PUBLICA "NUESTRAS MONTAÑAS SON LAS MASAS", DEL COMANDANTE MARCIAL DE LAS FPL SALVADOREÑAS

NUESTRAS MONTAÑAS SON LAS MASAS.
Salvador Cayetano Carpio, Comandante Marcial
21×15 cms
260 págs.
Editorial Templando el Acero
PVP: 16 euros.

Indice:
Introducción de Dino Alban: Negociaciones sin revolución
Introducción de Alberto Hijar
Posición política del Frente Metropolitano "Clara Elizabeth Ramírez" ante la problemática interna de las F. P. L.
El suicidio de Marcial
1. El suicidio de Marcial
2. La supuesta responsabilidad de Marcial en el crimen de Ana María
2.1. Las alianzas de clases
2.1.2. Las tensiones en la dirección de las FPL en torno a las alianzas de clases
2.1.3. Las tesis de Marcial y los acuerdos del comando central de febrero 1983
2.2. La unidad de las fuerzas revolucionarias y la construcción de la vanguardia
2.2.1. Las características del verdadero Partido Comunista
(a) Un partido que integre efectivamente a los sectores más avanzados de la clase obrera y del campesinado
(b) Un partido íntimamente ligado a los sectores populares, pero sin perder su rol de vanguardia
(c) Un partido que aplique el centralismo democrático
(d) Un partido capaz de combinar las diferentes formas y medios de lucha
2.2.2. El verdadero partido comunista debería crearse a partir de las FPL
(a) El FMLN es un frente no un partido
(b) La creación del verdadero partido comunista
La unidad avanza ante la perspectiva de toma de poder por la vía revolucionaria en 1980
La unidad retrocede después de la ofensiva general de 1981
2.2.3. Los acuerdos del comando central de 1983 y las tesis de Marcial
3. El diálogo y la negociación
3.1. Las tesis de Marcial sobre el diálogo y la negociación
3.2. Los acuerdos del comando central de 1983 y las tesis de Marcial
4. Conclusiones
5. Reflexión final
El Partido Marxista Leninista del Proletariado
Presentación
CUADERNO No. 1
Sobre algunos problemas de organización que consideró el comando Central
Algunas Características de los Partidos Pequeño-burgueses que se llamaban "Marxistas"
El Partido Comunista de Nuevo Tipo: Un Partido Marxista-Leninista
Necesidad Histórica del Verdadero Partido Marxista Leninista en El Salvador
Algunas Experiencias de Nuestra Historia
La Técnica de Manipulación de la Autocrítica
¿Por qué Corresponde a las FPL - Farabundo Martí Tomar en sus Manos esta Necesidad Histórica?
CUADERNO No. 2
Nuestros esfuerzos por compartir nuestras obligaciones con otros sectores que se califican marxistas
La Falta del Verdadero Partido Marxista Leninista Impide Aprovechar Correctamente las Coyunturas Históricas
La Línea Político-Militar Avanza Progresivamente
CUADERNO No.3
Como se ha desarrollado nuestra organización
El Papel de la Conciencia y de la Voluntad Consciente
¿A Partir de Qué se Llegó a la Conclusión de Que Éramos un Partido de Cuadros? ¿De Cuadros Dirigentes a Distinto Nivel?
Las Raíces del Partido Marxista en el Pueblo
Las Prioridades de Construcción del Partido, el Comando Central las situó así:
Presentación de los cuadernos 4, 5 y 6
CUADERNO No. 4
Introducción y algo más sobre la necesidad de que las FPL-Farabundo Martí se transformen en el verdadero partido marxista leninista del proletariado salvadoreño
Vienen en tres apartados el tema que hoy vamos a conversar:
La Época que estamos viviendo
La Lucha del Pueblo Salvadoreño
La Lucha de Clases en las Alianzas
Prioridades señaladas por el Co-Cen
CUADERNO No. 5
El partido debe estar íntimamente ligado al pueblo, a las masas
Método Marxista de Elaboración y Aplicación de la Línea
Estructura Política de las Masas
Partido Proletario y Masas - Su Interrelación
El Papel de las Células en las Masas
CUADERNO No. 6
Sobre el centralismo democrático
Firme Centralización
Supeditación de los organismos inferiores a los superiores y de lo individual a lo colectivo
Funcionamiento Democrático
Interrelación entre Dirección y Base
La Identidad de Partido
Consejo Revolucionario y Congreso
El Partido en Guerra Popular
Testamento político
Discurso del compañero Marcial en ocasión del XIII aniversario de la fundación de las Fuerzas Populares de Liberación - FPL – Farabundo Martí 1o de Abril de 1983.
Palabra al heroico pueblo de El Salvador, a mi querida clase obrera y a la gloriosa FPL-Farabundo-Martí.12/IV/83
Ultima carta del comandante Marcial

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miércoles, 21 de agosto de 2019

"ASALTAR LOS CIELOS", DOCUMENTAL SOBRE RAMÓN MERCADER, EN EL 79 ANIVERSARIO DE TROTSKY

Título original: Asaltar los cielos
Año: 1996
Duración: 94 min.
País: España
Dirección: José Luis López-Linares, Javier Rioyo
Guión: José Luis López-Linares, Javier Rioyo
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: José Luis López-Linares

Sinopsis

Un hombre viejo, sentado en la mesa de su despacho, está leyendo un articulo. Detrás, a su lado, se encuentra el autor del escrito, un hombre joven, apuesto y amable. Es un veinte de agosto de 1940, estamos en una casa de Coyoacán, en las afueras de la ciudad de México, y pasan unos minutos de las cinco de la tarde. EI hombre joven hace un movimiento, saca un piolet que escondía en su empermeable y golpea el cráneo del anciano. Se escucha un profundo grito de rabia y dolor. Es el grito de un hombre que iba a morir. Un grito que perseguirá al asesino el resto de su vida. El asesinado se llama León Trotski, fundador del Ejército Rojo, líder de la Revolución Sovietica, perseguido por Stalin y refugiado en México. EI asesino dice llamarse Jacques Mornard. En realidad se llama Ramón Mercader del Rio. Es un español, un agente de la KGB, un hombre con una misión. Un comunista convencido que aquel crimen, aquella entrega abyecta de sí mismo, le convertía en héroe. Al fin había demostrado ser uno de esos comunistas dispuestos a asaltar los cielos. Despues de aquel crimen Ramón Mercader vivió su propio infierno. Conoció la cárcel y el olvido, el amor y la ternura, el desprecio y la admiración, la soledad y el exilio. Perdió la identidad, vivió y murió con el nombre de otro. Nunca se mostró publicamente arrepentido.



https://zoowoman.website/wp/movies/asaltar-los-cielos/

lunes, 19 de agosto de 2019

EXPOSICIÓN "ESCALA DE GRISES: VISTAS INTERIORES DE LA RDA", EN EL MUSEO PANKOW DE BERLIN


ESCALA DE GRISES: VISTAS INTERIORES DE LA RDA

Una exposición de la Asociación de Historia de Berlín Nordeste eV en cooperación con el Museo Pankow, con fotos de Jürgen Hohmuth, textos y objetos.


La historia de la RDA está marcada 30 años después de su final por clichés y la disputa sobre la soberanía interpretativa. Es indiscutible que el brazo largo del gobierno alcanzó profundamente la vida privada a través de los mecanismos de control de sus organizaciones. La vida cotidiana era el marco para la adaptación, la tolerancia o la resistencia de sus ciudadanos en todas las gradaciones.

La exposición muestra la vida cotidiana de la RDA desde tres perspectivas: fotos documentales, textos literarios y la instalación de objetos históricos.

Las fotografías en blanco y negro del fotógrafo Jürgen Hohmuth de la década de 1980 documentan vistas interiores de la vida cotidiana de la RDA, mostrando pisos, tiendas, lugares de trabajo, lugares de ocio y personas en escenas cotidianas cómicas y serias, privadas y con influencia política. A partir de estas fotos, autores conocidos y desconocidos de la RDA se han inspirado para leer poemas, anécdotas y narraciones que se pueden escuchar y leer en la exposición.

Interactuando con esto, hay instalaciones con objetos cotidianos que parecen particularmente especiales hoy en día, pero que eran omnipresentes en la RDA.

Exposición del 07.06.2019 al 19.01.2020










domingo, 18 de agosto de 2019

"EL MÉGANO", DOCUMENTAL DE GARCÍA ESPINOSA Y GUTIÉRREZ ALEA

Título original: El Mégano
Director: Julio García Espinosa, con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea.
Guión: Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara, José Massip
Producción General: Moíses Ades
Dirección de Fotografía: Jorge Haydú
Productora: Laboratorio Cinematográfico CMQ
País de producción: Cuba
Año: 1955
Duración: 25 min.

El Mégano. Documental considerado como antecedente del Cine Cubano revolucionario y uno de los que da origen al Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano. Es una denuncia a las infrahumanas condiciones de vida y trabajo de los carboneros de la Ciénaga de Zapata en Cuba antes de 1959.

Historia

Se trata de una película de carácter experimental, incapaz de proyectarse al público sin una nota aclaratoria de sus múltiples limitaciones. Un filme de 16mm, hecho con una cámara de cuerda y con dos reflectores de sol. Su realización estuvo limitada por razones de tipo económico. Rodado en blanco y negro se le pudo musicalizar e incorporar los escasos diálogos, gracias a la solidaridad del productor Manuel Barbachano Ponce y fue sonorizado en los estudios de la CMQ.

El Mégano fue estrenado en el Anfiteatro Varona, de la Universidad de La Habanaen 1955. Al día siguiente del estreno, las fuerzas represivas de la dictadura de Fulgencio Batista secuestraron uno de los negativos, mientras el otro permanecía escondido y a buen recaudo. Después aparecería aquel material incautado en las oficinas del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), que dirigía el coronel Antonio Blanco Rico. El coronel diría entonces a Julio García Espinosa en una discusión:


"Usted no sólo hace películas que son una mierda, sino que, además habla mucha mierda."


Significado

El filme se realizó con una concepción de cultura integral. En la creación del mismo no participaron sólo cineastas, sino también artistas como Juan Blanco y Servando Cabrera Moreno. Julio García Espinosa expresó años después sobre El Mégano:

"Hoy lo veo como una película naif, sin encanto formal alguno y, lo que es peor, con una visión de la realidad muy simplona (...) se sintetizaba igualmente una ruptura de carácter artístico con el cine que se hacía entonces en Cuba, así como una definición política e ideológica. Sin embargo, algo bueno debía tener cuando tuvo tan buena acogida de público y de crítica. Pienso que ese algo bueno sigue siendo válido, la necesidad de expresar la realidad en términos críticos. Y tan bueno que no por gusto los cuerpos represivos de entonces la secuestraron."

Fuente: Naranjas de Hiroshima

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sábado, 17 de agosto de 2019

"RETRATO DE GARCÍA LORCA", DEL PINTOR COMUNISTA PABLO PICASSO, EN EL 83 ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO


Reatrato de García Lorca
Pablo Picasso
1962

Quizá Andalucía Oriental sea el único espacio del mundo que contenga a dos genios de la altura de Pablo Ruiz Picasso y Federico García Lorca. Málaga y Granada, una corta distancia que no sirvió, de manera paradójica, para que ambos personajes se encontraran.

Algunos historiadores del arte han comparado los dibujos de García Lorca, más de trescientos catalogados, con los grabados del genio malagueño, una mezcla de Picasso y Celine. El joven poeta ve al gran maestro de la pintura como un referente de las vanguardias y la modernidad. Picasso era considerado por Lorca, y así lo expresó en varias de sus disertaciones, como el «mayor innovador contemporáneo».

El nombre del genial pintor malagueño flotaba en el aire de aquella Granada de comienzos de siglo. Entre los jóvenes artistas, y especialmente para Manuel Ángeles Ortiz e Ismael González de la Serna, Picasso era el creador más admirado, de ahí que pocos años más tarde siguieran el destino parisino del malagueño. Y es que un andaluz estaba triunfando en París, mientras los artistas hegemónicos del momento -Zuloaga, Sorolla y Gutiérrez Solana- desde Madrid se mantenían al margen de las nuevas tendencias. Aquellas corrientes de modernidad contrastaban con el academicismo imperante de la Escuela de Arte y Oficios denunciado por el grupo literario y artístico de García Lorca, la llamada tertulia de El Rinconcillo, que daría como fruto diversos proyectos y publicaciones. Fue García Lorca quien le dijo al entonces jovencísimo José Guerrero: «Tira los pinceles al aire y vete para Madrid». El ambiente cultural granadino estaba en manos de, llamémoslo, los tradicionalistas o, como posteriormente acuñaron Lorca y Dalí, los 'putrefactos'.

Con una diferencia de edad de 19 años, no pudieron coincidir en la madrileña Residencia de Estudiantes, pero Picasso y Juan Gris son los artistas de referencia en aquel grupo de jóvenes. La admiración por Picasso se vería incrementada al entablar amistad con Salvador Dalí, un joven artista que tenía un gran conocimiento de la obra del malagueño. No obstante, sería Juan Gris quien mayor influencia ejerció sobre Dalí. Manuel Ángeles Ortiz, el siempre amigo de Federico, entabló una gran amistad con Picasso, de la que dio noticias al poeta granadino. Fue el mismo Manuel Ángeles quien llevó a Dalí en París a conocer al gran artista andaluz, allá por 1926.

García Lorca se muestra decidido en su apuesta artística y se considera próximo a las vanguardias. Su cercanía con la estética del artista malagueño quedará patente en la muestra de sus dibujos en las barcelonesas galerías Dalmau, un día más tarde del estreno de 'Mariana Pineda'. En aquella muestra le acompañó Salvador Dalí, quien se encargó de los decorados de la obra sobre la heroína granadina. La exposición introduce al poeta de Fuente Vaqueros en el mundo artístico catalán, precursor del surrealismo.

En esa estancia catalana, allá por el año 1927, conoció a los redactores de la revista 'L'Amic de les Arts', al poeta J. V. Foix y a los críticos Lluís Montanyà y Sebastià Gasch. Este último se convertiría a partir de entonces en uno de los corresponsales más frecuentes de García Lorca para la revista 'Gallo', cuyo lema fue: «Revista de Granada, para fuera de Granada, revista que recoja el latido de todas partes para saber mejor cuál es el suyo propio: revista alegre, viva, antilocalista, antiprovinciana, del mundo, como lo es Granada».

El interés por la obra y figura de Picasso, a quien García Lorca consideraba su maestro, quedó plasmado en el número 2 de la publicación granadina 'abierta al mundo', al encargar un artículo a Sebastià Gasch sobre el artista malagueño.

En uno de esos manifiestos, también se elabora una lista de los artistas más vanguardistas del momento, en el que incluyen a García Lorca y, por supuesto, a Picasso, pero el poeta granadino tachó su nombre del original, quizá por pudor, y no apareció entre aquella nómina de notables.

Picasso había alcanzado en los albores de García Lorca la cumbre como artista, a lo que se unía la diferencia de edad y su residencia en París. Lorca estuvo en una ocasión en la 'Ciudad de la luz', en una parada de su viaje a Nueva York, en 1929. Tan sólo estuvo un día, que aprovechó para visitar el Louvre. Su compañera de viaje Rita María Troyano de los Ríos recordaba que Lorca insistió en que le diera su palabra de que , al pasar delante de la 'Mona Lisa', ni siquiera la mirarían. «¡Es una tía burguesa! ¡No la mires!», bromeó el poeta. El encuentro con el maestro malagueño no se produjo.
El asesinato del poeta en la madrugada del 17 de agosto de 1936, la repercusión de la trágica noticia y su transformación en un símbolo de los intelectuales republicanos fue lo que afectó especialmente a Picasso.

El artista, quien ya aparece en algunos manuales como 'pintor francés nacido en Málaga', tras el bombardeo de Guernica y la muerte del poeta, demuestra lo apegado que estaba a sus raíces españolas. El pintor realizó la escenografía del 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías' lorquiano en París. La 'Suite op. 6' de Britten, fechada en 1936, es una obra encantadora, con su canción de cuna entre medias, con unas telas de mujeres con niños, que pusieron de manifiesto la faceta más tierna y primitiva del artista.

Fuente: Ideal

viernes, 16 de agosto de 2019

EL BOE PUBLICA EL LISTADO DE 4.427 ESPAÑOLES MUERTOS EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE MAUTHAUSEN Y GUSEN



El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el viernes pasado el listado de 4.427 españoles muertos en los campos de concentración nazis en Austria de Mauthausen y de Gusen (PDF), que dependía del anterior, con el objetivo de facilitar a los familiares su registro como fallecidos. 

Con la publicación del listado se lleva a cabo lo acordado por la magistrada-juez encargada del Registro Civil Central, que cumple una de las iniciativas de la Ley de Memoria Histórica para la reparación de las víctimas del nazismo, según destaca el Ministerio de Justicia.  

Los familiares e interesados tendrán la posibilidad de presentar alegaciones y solicitar correcciones en el plazo de un mes. Así serán incluidos en el registro de fallecidos, estatus que todavía no tenían.

La nómina de españoles que perdieron la vida en los campos de Mauthausen y Gusen anotada en la Dirección General de los Registros y del Notariado ha sido comparada con otras bases de datos.

Las personas interesadas en presentar alegaciones podrán hacerlo a partir de este viernes en el plazo de un mes y en internet a través de dos enlaces a páginas web que aparecen en el edicto publicado en el BOE. Son, en concreto, éste y éste

Destaca Justicia que la iniciativa persigue agradecer y reparar a los más de diez mil españoles deportados a campos de concentración por el gobierno franquista, de los cuales más de la mitad perdió en ellos la vida. Recuerda, además, que el Consejo de Ministros acordó en abril establecer el 5 de mayo como día de homenaje a estas víctimas.

Fuente: EFE

miércoles, 14 de agosto de 2019

"ASCENSO Y CAÍDA DE LA CIUDAD DE MAHAGONNY", ÓPERA DE KURT WEILL Y BERTOLT BRECHT, EN EL 63 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL DRAMATURGO COMUNISTA



Esta ópera es fruto de una de las numerosas colaboraciones entre el compositor Kurt Weill y el dramaturgo Bertolt Brecht. En esta producción del Festival de Aix-en-Provence, se estrena la esperada colaboración entre el director de teatro belga Ivo van Hove y el director de orquesta finlandés Esa-Pekka Salonen (Vídeo de ARTE TV).

Esta especial ópera, con aires de popular y de musical, fue realizada en equipo entre el dramaturgo Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill en los años 1927 al 1930.

En ese crucial momento de la historia, la entreguerra, en medio de la crisis capitalista de 1929, con el fascismo instaurado en el poder, y el progresivo ascenso del nazismo, una ópera que muestra la decadencia del capitalismo.

La letra de Brecht musicalizada por Weil recorren los tres actos que componen esta obra que si bien tiene un argumento muy simple busca denunciar la degradación a la que arrastra al ser humano una sociedad basada en un sistema de producción como el capitalista donde impera la ley del valor, y la burguesía en el poder solo busca como objetivo fundamental aumentar sus ganancias.

La historia es muy sencilla, tres prófugos, una mujer y dos hombres, huyen en un auto a toda velocidad que al perder el control y chocar deciden quedarse en ese lugar medio desértico y fundar una ciudad en la que todo esté permitido, todos los placeres, en especial el juego, las bebidas y el sexo. Mahagonny será el nombre de la ciudad-trampa, para atrapar en sus redes el oro de los hombres. Todo parece un plan exitoso hasta que el dinero se acaba, y la carestía de la vida desarrolla la violencia y comienza la caída de la ciudad donde no tener dinero será castigado con la muerte.

Cuando en 1930 la ópera fue estrenada en Alemania, en el Neues Theater de Leipzig, los autores tuvieron que hacer recortes en las escenas que resultaban más provocadoras. Pero el núcleo crítico de la obra fue imposible diluir y de igual manera produjo escándalo, máxime con el dúo Brecht – Weil, judíos y de izquierda. Ambos tuvieron que exiliarse perseguidos por el nazismo.

Aunque la ciudad es imaginaria está situada en una especie de Las Vegas, o de California, los autores tenían mucho interés por lo que provenía de EEUU y en particular Kurt Weill también componía música de jazz. Los nombres de los personajes son otra muestra de referencia: Jenny, Jim, Jack, Bill, Joe.

Fuente: La Izquierda Diario

martes, 13 de agosto de 2019

70 AÑOS DEL LIBRO "LA LUCHA Y EL ARTE DE LOS VENGADORES DEL PUEBLO", DE IVÁN GÚTOROV


Iván V. Gútorov nació en 1906 en el pueblo Vólkovka en la región de Mstislavl de la provincia de Moguiliov. Era historiador literario y folklorista, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias de Belarús (1953), doctor en ciencias filológicas (1949), profesor (1949). Era participante de la Gran Guerra Patria, autor de más de 150 obras científicas. Era condecorado con la Orden de la Bandera Roja, la Orden de Lenin, la Orden de la Bandera Roja de Trabajo, las medallas. Murió el 8 de febrero de 1967.

Sus recuerdos sobre la Gran Guerra Patria Iván V. Gútorov los expresó en el libro "La lucha y el arte de los vengadores del pueblo" ya en el tiempo de paz. El libro se publicó en 1949, luego el candidato a doctor en ciencias filológicas recibirá el título de profesor.

Muchos años Iván Gútorov estudiaba el folklore guerrillero: este tema mezclado con recuerdos personales era una base de su libro. En "La lucha y el arte de los vengadores del pueblo" entraron también los fragmentos de las revistas manuscritas de las formaciones guerrilleras de la provincia de Minsk. Los mismos soldados las dieron al autor. En 2011 siete libros guerrilleros únicos llenaron la colección de los fondos del Museo de la Historia de la Gran Guerra Patria, las entregó la hija de Gútorov ya después de la muerte de su padre.

El interés de Iván Gútorov hacia el folklore guerrillero no era casual. En el Ejército Rojo vigente entró el 7 de julio de 1941 de su propio motivo, era comisario del 356º regimiento, instructor principal de la sección política para el trabajo con las tropas y la población del enemigo. Luchó contra los invasores fascistas en la retaguardia del enemigo en los bosques guerrilleros de la región de Briansk. Precisamente allí sacó las coplas populares y canciones, poesías y pasos dobles que con frecuencia se componían durante las operaciones de combate.

El arte guerrillero en primer lugar testimonia sobre el hecho que a pesar de todos los crímenes horribles y represiones crueles de los fascistas, el pueblo se quedaba invencible ideológicamente y continuaba creando las obras patrióticas en la profunda retaguardia, escribirá Iván Gútorov en su libro.

Un papel peculiar en la popularización del arte guerrillero lo jugaron los conjuntos creados en algunas formaciones guerrilleras de cantores talentosos, narradores, bailadores y acordeonistas. El mismo acordeón hasta en los momentos más difíciles en muchas formaciones era un atributo obligatorio de la vida guerrillera:

Habitualmente después de una operación exitosa organizamos en el pueblo una velada de propaganda con canciones y regresamos a nuestros campamentos forestales. El acordeón siempre nos acompañaba. Las canciones a veces las componíamos nosotros mismos a los temas concretos. Por ejemplo, hubo un caso así: del pueblo Savrásovka quitamos a un auxiliar alemán. Hasta el campamento hubo 8-10 kilómetros. Al alejarse del poblado alguien pidió tocar "Bárynia", uno de los guerrilleros cantó unas coplas populares prerrevolucionarias, pero en una nueva interpretación guerrillera..." De las memorias de Iván Gútorov

En su libro "La lucha y el arte de los vengadores del pueblo" el profesor Gútorov escribirá que las obras de autores guerrilleros son interesantes en primer lugar como materiales de la historia viva. Son llenas de hechos concretos de la lucha, del odio ardiente hacia el enemigo, de la fidelidad ilimitada a la Patria. Precisamente el folklore guerrillero da una amplia presentación sobre la historia y las formas de la lucha popular contra los invasores alemanes.

Fuente: Crónicas guerrilleras

lunes, 12 de agosto de 2019

82 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL ESCRITOR COMUNISTA RUMANO ALEXANDRU SAHIA

Imagini pentru alexandru sahia

Extraído de Un Vallekano en Rumanía
(http://imbratisare.blogspot.com)


Alexandru Sahia nació en la provincia de Dambovita, en la Rumania de 1908, teniendo una vida breve, muriendo en 1937. Pese a esa muerte prematura (no tenía treinta años), fue considerado como un exponente de la generación de escritores y periodistas de entreguerras comprometidos con la lucha contra el fascismo y a favor de la lucha de la clase trabajadora por su emancipación. No obstante, fue militante del Partido Comunista de Rumania y miembro fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Igualmente, fue el primer escritor rumano que dejó por escrito su experiencia de su viaje a la URSS en 1934, con motivo de un encuentro de escritores antifascistas celebrado aquel año en Moscú.

Hábil y decidido en el ejercicio de la función periodística, aunque su producción no fue abundante,  obras como Rebelión en el puerto, que traducimos al castellano en esta entrada,  La usina viviente o  Lluvia de junio, han sido estimadas como ejemplos clásicos de una literatura de inspiración proletaria.

A continuación, compartimos aquí uno de sus textos breves, Rebelion en el Puerto , donde retrata las condiciones miserables de los estibadores rumanos a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, condenados a la pobreza más absoluta por el régimen burgueso-latifundista dirigido por el entonces rey Carol II, y obligados a trabajar a destajo en las condiciones inhumanas de los puertos sin apenas derechos. Rebelión el el Puerto se publicó en la Revista Bluze Albastre (Camisas Azules), nr.4, del 31 de julio de 1932.

La historia contada por Sahia nos recuerda, entre otras cosas, lo mucho que les ha costado a los trabajadores a lo largo de la historia conquistarlos y lo rápido que se pueden perder sin organización y sin estar dispuestos a luchar para mantenerlos para sí mismos y para las próximas generaciones. 

Lamentablemente, Alexandru Sahia fue víctima de la pobreza y murió de tuberculosis antes de ver su sueño cumplido, aquel por el cual escribió y luchó durante toda su breve vida: la proclamación del Socialismo por la clase trabajadora, frente a una realidad en la que, como se denuncia en Rebelión en el Puerto, escrito en 1932, los estibadores rumanos no podían ni siquiera enterrar a las víctimas de la explotación y de sus miserables condiciones de trabajo con la dignidad que se merecían. Faltaban todavía dieciseis años para que los trabajadores rumanos, entre ellos los estibadores, conquistaran su emancipación tras la proclamación de la República Popular Rumana, en 1948.

*****

REBELIÓN EN EL PUERTO, Alexandru Sahia 
(Traducción de Un Vallekano en Rumanía)

Amarrados en el puerto, los vapores aullaban desesperados, gimiendo bajo el peso de su carga.

Se hacían señales, se chillaban, pero nadie se acercaba a la orilla. Un grupo de soldados y algunos funcionarios del puerto corrían como locos de un lado a otro.


Los trabajadores, sin embargo, se habían  retirado lejos del muelle y esperaban.

Las órdenes ya no eran obedecidas y la bandera del puerto estaba rota en mil pedazos; no ondeaba ya cuando el trabajo se interrumpió.

-¿Crees, camarada, que no van a dejarnos enterrarlo tal cómo queremos nosotros?

El preguntado calla. Alto, con anchas espaldas y brazos macizos, miraba al vacío mientras su labio inferior no dejaba de temblar.

-Te he preguntado, camarada Mihail, para conocer tu opinión. Eres la persona más adecuada para encargarte de este problema. Has conducido el sindicato muchos años y, al fin y al cabo, Galaciuc ha sido un buen camarada.

El camarada Mihail seguía sin responder.

Su labio tiritaba cada vez de forma más evidente y parecía que sus pómulos se movían. Se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo para controlarse, apretando los dientes, aunque no lo consiguiera. Finalmente, habló:

-Espera, amigo Simeon, espera. Sé que te es muy difícil esperar. Pero para poder sacar algo en claro tienes primero que rumiar, mordiéndote los labios si es necesario. Lo que te quiero decir es que acumules fuerzas, no las tires por la borda. De otra forma no se puede. La lucha final tendremos que llevarla a cabo pronto, no queda mucho- dijo.

.-Sí, claro, la lucha final va a tener lugar. Desde hace veinte años me controlo, me aguanto las ganas, pero no debe tardar ya mucho - habló  el flaco y enclenque Simeon,  estirando su delgado cuello con los ojos humedecidos, elevando la voz y a balbuceando.

-Te entiendo, camarada Simeon - le respondió Mihail - comparto tu opinión, ya que cualquier movimiento de revuelta en las filas de los trabajadores no puede más que traer bien a la causa proletaria. Tenemos, sin embargo, que organizarnos. Cuánto mejor organizados estemos para enfrentar la lucha, más seguro y más cercano estará el triunfo. Por ejemplo, en este caso, queremos que Galaciuc sea enterrado con nuestro homenaje, parando el trabajo unas horas; seguramente no lo conseguiremos. Somos aproximadamente 200 brazos, pero un regimiento de cañones espera a las afueras de la ciudad. Por supuesto, no vamos a renunciar al combate aunque sean pocas las posibilidades de éxito. Sé que muchos de nosotros caeremos. Moriremos, pero en sacrificio por la causa obrera, por Elizabeta Galaciuc y sus hijos -

Una franja del horizonte se deslizaba sobre las orillas del Danubio. Del color de la sangre, un rojo ardiente que bañaba simbólicamente tanto la tierra como el agua. Pájaros blancos volaban sobre el agua, cayendo con su pecho desde los mástiles sobre la brillante superficie del rio.

En el despacho del capitán, cuatro estibadores del comité sindical negociaban desde hacía unas horas el funeral de Galaciuc. Los trabajadores pedían abandonar el trabajo y poder acompañar al cuerpo del camarada por las calles de la ciudad hasta el cementerio. Pero los autoridades de la ciudad se opusieron rotundamente. No se podía permitir una manifestación obrera, prohibidas por la ley; además, el comandante del puerto no toleraba que se abandonara el trabajo solo para enterrar a un estibador, mientras en el muelle esperaban dos cargueros llenos de piedra.

A las tres, la comitiva mortuoria tenía que empezar su desfile solidario. Las autoridades, no obstante, lo habían prohibido, exigiendo la vuelta al  trabajo. Los obreros, a pesar de ello, habían abandonado sus puestos. Todos los esfuerzos de la capitanía para que regresaran a su actividad fracasaron. Las amenazas enérgicas, las enormes multas, los castigos con aumentos de jornada, nada convenció a los huelguistas.

Su decisión era también una protesta contra la forma en la que los funcionarios del puerto trataban a los trabajadores. Galaciuc era ya el sexto que caía desde el puente y moría ahogado. Las peticiones y quejas realizadas tantas veces ante la capitanía no habían obtenido resultado alguno, porque un puente más resistente era caro.

En un chamizo, dentro del ataud de madera podrida alzado sobre unos sacos vacíos, esperaba el cuerpo de Galaciuc. Hinchado de agua, con labios morados, parecía estar gordo y satisfecho.

De vez en cuando, Elizabeta Galaciuc, su mujer, pasaba por la cara del cadáver una hoja de lampazo para espantar a las moscas, mientras lloraba sin parar, como una niña. Habría deseado poder parar, pero no podía.

-Si tampoco hoy le enterramos, ¿cómo haremos para comprar más velas para una nueva vigilia?-
preguntó.

Y entonces se echó a llorar con más fuerza.

-!El sindicato! !Tenemos dinero ahorrado en el sindicato! - se oyó la voz ronca de alguno de los trabajadores apoyados sobre el montón de carbón

-!Ah! El sin-di-ca-to, el sin-di-ca-to - repitió quejándose Elizabeta llorando

Junto a ella estaban Avram y Marcu, los hijos de Galaciuc, ambos tan rubios como esmirriados. Miraban la tripa hinchada de su padre sin poder entender cómo pudo haber tragado tanta comida.

Afuera se escuchaba un creciente alboroto, griterío, maldiciones. Los que estaban sentados sobre los montones dieron un respingo y se dirigieron a la salida. Elisabeta abrazó a los niños asustada e, instintivamente, se giró hacia el muerto como buscando una salida. Gritaba; gritaba sin saber por qué. Sus dos chavales, con los pies descalzos, ambos en los huesos y con la ropa hecha jirones, también chillaban, asustados.

Los obreros entraron en tropel en la chabola,  haciendola bandearse. De repente, se hizo el silencio. Los lamentos y llantos de la familia Galaciuc dejaron helados a todos. Rompió el hielo Mihail, acercándose al ataud y descubriéndose:

-Amiga Elizabeta, Entendemos tu desesperación. Sin embargo, tienes que intentar controlarte. La desgracia que ha caído sobre ti puede caer sobre la esposa de cualquier otro obrero. Déjame decir ahora otra mala noticia. Los cuatro camaradas que han ido a hablar con los jefes no han podido conseguir la garantía de que podemos acompañar al féretro de Galaciuc hasta el cementerio. Pero no pasa nada, nosotros igual te vamos a acompañar. Solo te pedimos que tengas confianza en nosotros.

Elizabeta miraba como atontada al gentío que se agolpaba a su alrededor, sintiendo como los dos niños aterrados se apretaban con fuerza contra sus enjutos muslos.

-!Los niños! !Cuidad a los niños! !Son los hijos de Galaciuc! - dijo desesperada, moviendo la cabeza, ahogada en lágrimas.

Seis hombres se adelantaron, alzando el ataud sobre sus hombros. Más de una centena de trabajadores los siguieron formando una columna, detrás de la familia Galaciuc.

Ya había anochedido. La calle que unía la ciudad con el puerto se abría frente a ellos recta como un rayo luminoso marcado por las farolas eléctricas.

La columna avanzaba silenciosa y tranquila; ni siquiera la mujer de Galaciuc lloraba ya. Se sentía cansada, sostenida sobre los brazos de dos obreros.

-!Oid, camaradas!- gritaba de vez en cuando con una voz casi inaudible - !Necesitamos un sacerdote, no quiero sin un sacerdote!.

-Seguro que sí- respondía alguien para tranquilizarla - se nos va a unir en el camino, ten calma.

Sin embargo, nadie había pensado en ello antes. Un cura y, seguramente, uno orondo ¿Qué sentido tendría una panza entre estibadores hambrientos? El puerto enterraba a sus muertos sin clérigo desde hacía dos años. Así, el convoy formado solamente por obreros, la viuda y sus hijos demostraba su dignidad. Solo las mujeres sometidas a la superstición pensaban en un cura, pero no se les hacía caso.

La noche había caído totalmente. Los focos daban una luz débil, gris, que solo matizaba la oscuridad !Qué triste y taciturna parecía la columna de obreros! Acompañaba a un camarada fallecido, pero cada uno iba pensando en  la dureza de su propia vida.

Elizabeta Galaciuc llamaba a sus hijos, que apenas se atrevían a responder salvo tirando débilmente de su ropa.

-Tenéis hambre, lo sé !Esperad, que no queda mucho! - les decía, pensando en cómo podía calmar sus ganas.

En el silencio, se espezaron a escuchar pasos rítmicos, producidos por un calzado pesado.

-!Deteneos!- alguien gritó.

Todo el mundo se paró, enmudeció, escuchando tensos. El ruido crecía y se hizo evidente lo que iba a suceder: !el ejército había llegado!

!Paraos! !El ejército, viene el ejército! -  gritó de nuevo la misma voz:

Los manifestantes se revolvieron, les entró el pánico. Sin embargo, todos corrieron a proteger el
ataud, creando una barricada de hombres tras la cual, quedaron los Galaciuc. Ahora ya no se avanzaba, sumidos en la espera. La tensión se mascaba en el ambiente, al acecho de la lucha inevitable, aunque lo que se defendía fuera solamente el cuerpo de un estibador ahogado.

Los soldados se iban acercando. Solo unos metros separaban a ambos bandos. En uno, estaban los campesinos, con uniforme militar; en el otro, también campesinos, pero con el mono azul de trabajo. Una voz poderosa sobresalía, la de Mihail:

-!Qué nadie se mueva! !Defended a los niños! !Que no sean golpeados los niños! -animaba con voz poderosa.

Elizabeta y los dos niños rubios fueron llevados a un cobijo más seguro. Junto a ellos, el féretro.

En la calle, el combate había empezado. Los soldados golpeaban con furia, corrían los insultos, se apretaban los dientes... Tras los primeros disparos al aire todo se transformó en un caos.  Los trabajadores estaban rodeados por todos lados, pero Mihail continuaba jaleándolos:

-!Que nadie retroceda! Así, !Adelante!

No obstante, todos los esfuerzos eran en vano. Las culatas de los fusiles arreaban con violencia, mientras los obreros no tenían ni siquiera piedras. Muchos se encontraban ya en el suelo, desgañitándose al ser pisoteados por las botas militares. Los soldados empujaban continuamente a los estibadores, cercados, hacia la ciudad, a golpe de bayoneta, entre protestas e injurias.

Finalmente, reinó el silencio en ambos lados, mientras en el borde de la calle segúia esperando el ataud del estibador, vigilado por la viuda y sus hijos.

De la oscuridad aparecieron dos siluetas; las de Mihail y Simeon. Ambos se arrodillaron ante la familia de Galaciuc. Elizabeta sollozba, pero los obreros no.

-Volvamos al puerto, camarada Elizabeta. El ataud no puede quedarse aquí - dijeron mientras se limpiaban con el brazo el sudor y la sangre de su frente.

La mujer no decía nada. Se levantó ausente, tirando de Avram y Marcu, medio dormidos. Los trabajadores alzaron de nuevo la caja sobre sus hombros. La marcha ahora volvía sobre sus pasos, insegura en la oscuridad. Ya nadie lloraba.

Elizabeta Galaciuc caminaba como ida. No se daba cuenta de si sus hijos, que casi tenía que arrastrar, se quejaban o callan. Preguntó algo, pero nadie la contestó. Puede que nadie la escuchar o que su pregunta no tuviera ningún sentido.

El disminuido grupo se detuvo. Mihail vió que Simeon estaba cansado. Dejaron el ataud sobre el suelo para poder descansar.

-En cualquier caso- preguntó Simeon agotado- teníamos que luchar ¿Te entristece lo que ha pasado?

Mihail no respondió, y Simeon no siguió preguntando.

Los dos barcos cargados de piedra hicieron sonar sus sirenas, pero con seguridad tampoco iban a poder zarpar al día siguiente.

domingo, 11 de agosto de 2019

"EN LOS CAMPOS DE PAZ", OBRA DEL PINTOR SOVIÉTICO ANDREY MYLNIKOV

 
En los campos de paz
Andrey Mylnikov
1950
Oleo sobre lienzo
200 x 400 cm
Museo Ruso de San Petersburgo

La brillante luz del sol y los tonos resonantes de este trabajo reflejan los sentimientos de alegría y alivio experimentados por el pueblo soviético después de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. La pintura es una imagen de la patria rusa que aborda el trabajo pacífico contra un espacio sin fin y un cielo enorme. Los campesinos cruzan el campo con movimientos libres y rítmicos. Sus figuras se ven monumentales contra el cielo.

La tragedia de la guerra y la llegada de la paz fueron dos temas entrelazados en la obra de un artista que escribió: “Después de llorar a mis camaradas en Voto de los marineros bálticos , pinté En campos de paz. A partir de ese momento, a sabiendas o sin saberlo, transmití ligereza y oscuridad".

sábado, 10 de agosto de 2019

"¡MUERTE AL INVASOR!", DOCUMENTAL DE TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA Y SANTIAGO ÁLVAREZ

Título original: Noticiero ICAIC Latinoamericano: ¡Muerte al invasor!
Año: 1961
Duración: 16 min.
País: Cuba
Dirección: Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez
Fotografía: Mario Ferrer, Pablo Martínez, Julio Simoneau (B&W)
Productora: ICAIC

Sinopsis: "¡Muerte al invasor! Reportaje especial sobre la agresión imperialista al pueblo de Cuba" es un programa documental creado por el ICAIC para su "Noticiero ICAIC Latinoamericano". Se registran los hechos acontecidos en la invasión de Bahía de Cochinos (también conocida como Batalla de Girón), operación militar en donde tropas de cubanos exiliados, entrenados, financiados y dirigidos por la CIA, intentaron invadir Cuba en abril de 1961

VER DOCUMENTAL

jueves, 8 de agosto de 2019

REPORTAJE "EL CHÉ DE OVACIK"



Título: El Ché de Ovacık
Realización: Ali Inan
País: Francia
Año: 2019
Duración: 25 minutos

Al este de Turquía, el alcalde de Ovacik, Fatih Mehmet Maçoglu, encarna una utopía comunista y una forma de resistencia a la deriva autocrática de Erdogan.

Fuente: ARTE TV

miércoles, 7 de agosto de 2019

"EL EXILIO DE LA MUJERES ATREVIDAS", DE ROBERT COHEN

El exilio de las mujeres atrevidas
Robert Cohen
578 páginas
135 x 215 mm
PVP: 22 euros (IVA incluido)
ISBN: 978-84-16227-20-4
Editorial La Oveja Roja
Obra mayor de la narrativa alemana contemporánea, homenaje a las mujeres que se atrevieron a arriesgar sus vidas en la militancia antifascista entre los años 1920 y 1940. 

MUJERES ATREVIDAS EN TIEMPOS DEL NAZISMO

Reseña de Rubén A. Arribas

El exilio de las mujeres atrevidas, de Robert Cohen, retoma la mejor tradición de la novela política para documentar los asesinatos de tres militantes comunistas por los nazis

¿Por dónde empezar a hablar de una novela política de casi 600 páginas tan imponente como El exilio de las mujeres atrevidas ? Quizá por explicar que leerla es una experiencia literaria casi olvidada hoy: exige tiempo, paciencia y esfuerzo para moverse con soltura por el amplio territorio que recorre, el enorme fondo documental del que se nutre y las variadas maniobras narrativas que pone en juego. En realidad, exige tanto del lector porque contiene tres novelas en una; una por cada protagonista: Olga Benario, Maria Osten y Ruth Rewald, tres jóvenes militantes comunistas alemanas en la época del nazismo.
Eso sí, como todo buen libro, El exilio de las mujeres atrevidas ofrece algo sustancioso a cambio. A partir de un centenar de personajes que orbitaron –con mayor o menor cercanía– alrededor de Benario, Osten y Rewald, la novela construye una impresionante constelación histórica, política y cultural que nos permite conocer mejor cómo fue la aportación del comunismo alemán en la lucha contra el fascismo entre 1928 y 1942. En particular, en hechos tan relevantes como el alzamiento de Luiz Carlos Prestes en Brasil (1935), la Guerra Civil española o la organización de la intelectualidad en el exilio europeo.
El autor del libro, Robert Cohen (Zúrich, 1941) , vive desde 1980 en Estados Unidos. Allí se doctoró en Germanística con una tesis sobre la novela La estética de la resistencia, de Peter Weiss, un tema central en su carrera académica junto con la literatura alemana en el exilio o la vanguardia de izquierda en la República de Weimar. Asimismo, y relacionado con el tema de El exilio de las mujeres atrevidas (La Oveja Roja, 2018), Cohen ha publicado al menos dos libros más. Uno es El proceso Benario. Las actas de la Gestapo: 1936-1942 –inédito en España–, donde revisa más de 2.000 documentos oficiales sobre la activista alemana. El otro –inédito también– es la correspondencia que tuvieron Olga Benario y Luiz Carlos Prestes cuando ambos estuvieron encarcelados. Estamos, por tanto, ante la novela de un especialista en la materia.

Olga Benario, revolucionaria profesional
 
Olga Benario, Maria Osten y Ruth Rewald fueron asesinadas en 1942, cuando la mayor de ellas ni siquiera había cumplido aún los 36 años. Con la llegada de Hitler al poder en 1933, las tres se habían exiliado de su Alemania natal para no ser encarceladas por su condición de comunistas. Más adelante –tras la política de racialización nazi–, también fueron perseguidas debido a su origen judío. Benario falleció en la cámara de gas de Bernburg y Rewald, en la de Auschwitz; por su parte, Osten fue víctima de una purga estalinista y murió fusilada en Saratov del Volga. No fueron las únicas; como señala la novela, muchas otras mujeres alemanas de su generación, 1908, fueron ejecutadas debido a su militancia política (y no –o no solo– por su origen étnico).
Benario, Osten y Rewald encarnaron, además, un modelo de feminidad diferente. Las tres desempeñaron un trabajo y un papel político alejados de lo que socialmente se esperaba de ellas. De hecho, las tres tuvieron relaciones de pareja que se ajustaban más al amor libre que pregonaba Alexandra Kollontai –un referente intelectual para ellas– que a las convenciones e imperativos del amor burgués. Además, supieron abrirse paso con atrevimiento en un entorno donde, como subraya una compañera de militancia, casi todos eran varones y tenían más dinero, poder o fuerza que ellas. Un entorno que incluía, entre otros, a Bertolt Brecht, Mijail Koltsov, Lion Feuchtwanger, Alfred Kantorowicz, Claude Lévi-Strauss, Oscar Niemeyer o Jorge Amado.
Probablemente, Olga Benario sea la más conocida de las tres. Desde muy joven, dio muestras de tener dotes como estratega: con 20 años y una pistola descargada, entró en la oficina del juez de instrucción y liberó a su camarada y pareja Otto Braun , encarcelado por su actividad política prosoviética (ilegalizada desde 1923). Su acción fue muy comentada en los periódicos y terminó ocupando incluso un breve episodio en Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin. Braun y Benario huyeron a la URSS. Allí él se convirtió en el único extranjero que participó en la Larga Marcha en China y ella, en una agente de la Komintern capaz de montar a caballo, tirarse en paracaídas, conducir camiones o disparar.
En 1934, la Komintern le encargó a Benario una delicada misión: ser la guardaespaldas de Luiz Carlos Prestes. Exiliado en Moscú desde 1931, este revolucionario brasileño fue enviado de regreso a su país de manera clandestina para promover un alzamiento popular similar al que él mismo había liderado en 1924. El roce hizo el cariño, y Benario y Prestes terminaron formando una pareja. A finales de 1935, los acontecimientos se precipitaron y Prestes intentó derrocar al presidente Getúlio Vargas en circunstancias poco favorables. El fracaso del golpe conllevó su detención y la de Benario, que estaba embarazada; ella, meses después, sería deportada a Alemania, donde daría a luz a su hija, Anita, en la prisión femenina de Barnimstraße. Madre e hija estuvieron 14 meses juntas en la cárcel.
En condiciones normales, Anita hubiera ido al orfanato o hubiera sido asesinada por los nazis. Sin embargo, la madre de Prestes consiguió salvar a su nieta gracias a una intensa campaña de apoyo internacional y a su increíble tenacidad. Hoy aquella niña tiene 82 años y es una conocida historiadora brasileña: Anita Leocadia Prestes .

Maria Osten, la mujer que conectaba a todos
 
Maria Osten fue una joven escritora comprometida con el movimiento obrero que colaboró como lectora con la editorial berlinesa Malik. Dirigida por Wieland Herzfelde, esta editorial publicaba a rusos como Maxim Gorki, Ilyá Ehrenburg o Alexandra Kollontai a la par que joven literatura alemana. En esta última categoría figuraban entonces Joseph Roth o Anna Seghers, quienes compartían antología, 24 nuevos narradores alemanes, con Maria Osten. Por las oficinas de Malik pasaron Bertolt Brecht, Walter Benjamin, Kurt Tucholsky o György Lukács. De todos ellos fue amiga o conocida Maria Osten, pieza clave a la hora de nuclear alrededor de la revista Das Wort a la intelectualidad en lengua alemana en el exilio.
Casi siempre a la sombra de sus parejas –el editor Herzfelde, el director de cine soviético Chervyakov, el todopoderoso periodista Mijail Koltsov o el actor y cantante Ernst Busch–, Osten tuvo una presencia activa en muchos de los escenarios relevantes de la guerra. En el Sarre francés –antes del referéndum de 1935– conoció al joven comunista Hubert L'Hoste, a quien llevó a la URSS y cuya historia terminaría contando en el propagandístico Hubert en el país de las maravillas. En París colaboró con Tristan Tzara, Louis Aragon o André Malraux en la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. En Moscú escribió para varios periódicos alemanes del exilio y acompañó a Feuchtwanger como traductora en su visita a la URSS (reunión con Stalin incluida...).
En su primer viaje a España, además de traducir y mecanografiar algunos textos para Koltsov, recorrió el frente y escribió artículos para el Deutsche Zentral Zeitung . En ellos habló del batallón de mujeres de Asturias, de Lina Odena o de los efectos de la guerra sobre los niños . Contra la opinión de la Pasionaria –que prefería que los niños se quedasen aquí–, en su primer viaje adoptó un bebé de año y medio que estaba en la Casa Provincial de Huérfanos y se lo llevó a Moscú. Eso sí, apenas tuvo tiempo para hacer de madre: el partido la envió de nuevo a España, esta vez a cubrir y apoyar la gira del cantante Ernst Busch por el frente. También participó en el congreso de escritores celebrado en Valencia. Al poco tiempo de regresar a la URSS, fue detenida y fusilada.

Ruth Rewald, una escritora infantil contra el fascismo
 
Ruth Rewald se licenció en Derecho y ejerció como trabajadora social. Su experiencia en el área de la asistencia juvenil fue definitiva a la hora de elegir su destino como escritora de libros infantiles y juveniles. A la vista de la rabia que sentían los chavales contra todo y de que leer Mi lucha de Hitler les habilitaba a creerse “una raza pura” y “darle palizas a los judíos y tirarse a sus mujeres”, se planteó escribir para ellos una literatura que combatiera esas ideas.Así nacieron libros como Rudi y su radio; Janko, el joven mexicano, o Tsao y Jing Lin: vida infantil en China, que obtuvieron buenos comentarios de intelectuales como Ernst Bloch o Walter Benjamin.
Fruto de su estancia de cuatro meses para ver la guerra civil en directo, Rewald escribió Cuatro jóvenes españoles . El libro está basado en la historia de Álvaro, Rodrigo, Pedro y Jerónimo, cuatro adolescentes que se pasaron a las Brigadas Internacionales en el frente de Peñarroya (Córdoba). Rewald supo de la historia gracias a su marido –un brigadista alemán– y comenzó a escribirla durante su estancia en el Hogar Infantil de la Moraleja (Madrid), donde conoció los estragos que estaba causando la guerra entre la población infantil. Terminó la novela en el otoño de 1938, pero no encontró editorial... El manuscrito estuvo desaparecido hasta 1987, año en que fue hallado en un archivo de la RDA y se publicó.
La vida de Rewald está llena de pequeñas historias que acontecen, sobre todo, en Francia. A través de su personaje vemos lo que ella llama “la desordenada topografía de la existencia en el exilio” y “la vida sin perspectivas de un emigrante”. Es decir: el desgaste inherente a tener que pelear a diario por legalizar la situación, encontrar un trabajo adecuado o soportar las humillaciones que dispensan una burocracia y una población poco empáticas, en general, ante la llegada de tantos extranjeros procedentes de Alemania, España y otros países europeos.
Al respecto, llama la atención que ni Rewald ni su marido lograran emigrar a Estados Unidos o Palestina, donde tenían familia. Lo intentaron hasta la extenuación, pero por diversas razones no consiguieron el apoyo o los permisos necesarios. Si lo hubieran conseguido, Rewald y su hija habrían podido evitar morir asesinadas por los nazis. Ni siquiera la familia francesa que cuidaba de su hija, los Renauds, tuvo opción alguna para salvar a la pequeña Anja: fue arrestada en 1944, deportada y trasladada a Auschwitz. Tenía 6 años cuando la mataron.

Más mujeres atrevidas
 
Benario, Osten y Rewald no son las únicas mujeres atrevidas de las que habla esta novela. Debido a la gran cantidad de tramas secundarias, el libro nos ofrece al menos otra media docena de retratos femeninos bastante detallados. Junto a la escritora Anna Seghers –tan omnipresente que parece la cuarta protagonista–, desempeñan un papel relevante las fotógrafas Gerda Taro y Tina Modotti, la dibujante Eva Herrmann, la actriz Grete Steffin o la cosmopolita y polivalente doctora en Historia Annemarie Schwarzenbach. Todas ellas se cruzan de un modo u otro con alguna de las tres protagonistas, y conforman una suerte de hilo narrativo en sí mismo.Gracias a ellas, la novela construye un punto de vista femenino sobre la época. Se trata de una mirada rica en matices y que abarca inquietudes artísticas, intelectuales y políticas, y no solo las relaciones amorosas con los hombres célebres con quienes compartían trabajo, militancia o amistades. Así, Schwarzenbach afirma no sentirse a gusto del todo con los comunistas, pero asegura que comparte sus objetivos; algo similar a lo que afirma Hermmann: “No soy comunista, pero creo que el socialismo es más racional que el capitalismo”. Por su parte, Seghers reflexiona sobre el concepto patria, seposiciona abiertamente contra Victor Serge o reflexiona sobre si existe un modo masculino o femenino de hacer literatura. Mientras que Steffin nos permite conocer mejor cómo era trabajar con Brecht, con sus luces y con sus sombras.
En ese sentido, uno de los momentos culminantes son las tres conversaciones entre Maria Osten y Gerda Taro. La primera, en una cafetería de la plaza de Callao; la segunda, en un hotel de Torija, mientras Taro cubre el frente de Guadalajara; la tercera, paseando por la Gran Vía madrileña. A través de esas charlas, conocemos la opinión de Taro sobre el asunto de la identidad judía, su relación con Robert Capa, la potencia de la fotografía como herramienta de intervención política o su admiración por Tina Modotti. Todo ello unos días antes de que Taro, a sus 26 años, muera atropellada por un tanque republicano en la batalla de Brunete.

Una novela política
 
Entre las muchas cuestiones históricas, políticas y culturales que recorren El exilio de las mujeres atrevidas destacan cuatro. La primera es que, en tiempos del nazismo, el exilio se convirtió en la única forma de vida posible para millones de personas en Europa, que se quedaron sin la protección jurídica de un Estado y a merced de las circunstancias. Eso sí, fruto de ese movimiento migratorio forzado – nomadismo lo llama Cohen– surgió una importante literatura alrededor de congresos, editoriales, revistas y periódicos en el exilio. A ese respecto, resulta imperdible el capítulo 12, dedicado íntegramente a contar cómo fue el Congreso por la Defensa de la Cultura celebrado en París (con la presencia estelar de Robert Musil, la polémica alrededor de Victor Serge, el bofetón de André Breton a Ehrenburg o con Joseph Roth caminando por las calles de París).
La segunda es que el nazismo utilizó “la cuestión racial como artimaña para encubrir la persecución de socialistas y comunistas”. Como sostiene Ruth Rewald, los nazis aniquilaban el sentimiento de identidad al reducirla a un solo rasgo –ser judía–, y eso obligó a muchas personas a “entrar en una lucha que no era la suya”. Sin embargo, Rewald insiste en que ella “luchaba contra los nazis no como judía, sino como comunista”. Y esa misma afirmación valdría para Maria Osten y Olga Benario . También para tantas mujeres y hombres comunistas o socialistas que, como Gerda Taro, habían renunciado o dejado de lado su judeidad.
La tercera son las purgas estalinistas, que la novela aborda desde dos vertientes. Una tiene que ver con el cuestionamiento que hicieron intelectuales como Victor Serge, quien camino del exilio mexicano le pregunta a Anna Seghers si le parece bien que “Stalin asesine a compañeros de profesión” como Tretiakov, Bábel, Mandelstam, Koltsov o a su amiga Maria Osten. La otra vertiente es el antisemitismo como un factor relevante a la hora de explicar esas purgas; tanto es así que, en su reunión con Feuchtwanger y Osten, Stalin acusa a los judíos de haberse labrado “para siempre una leyenda verdadera, la de Judas”.
Por último,la novela recoge una gran cantidad de preguntas y de reflexiones sobre la literatura como herramienta política. Aplicando un reduccionismo algo salvaje, estas podrían resumirse en tres grandes cuestiones. Una es si la literatura debe ocuparse del supuesto interior profundo de un individuo o distanciarse y esforzarse por entender las tensiones sociales y los hechos históricos que acontecen en una comunidad. Otra es si el público debe ser el individuo burgués deseoso de solazarse en su mismidad o una masa anónima a la que movilizar para transformar la sociedad. Y la tercera es si la burguesía utiliza la literatura como propaganda con la que perpetuar su posición social y su visión del mundo.
El exilio sobre las mujeres atrevidas contesta a todo ello a través de su propia escritura. Esta es una novela donde lo colectivo está por encima de lo individual, la distancia de la tercera persona está antes que el yo y donde prima el esfuerzo por comprender –y hacer comprender– el contexto histórico antes que incurrir en el manierismo literario. Además, rescata decenas de historias que alimentan lo que Cohen llama mitos de la resistencia, con especial énfasis en la aportación femenina.En ese sentido, la novela honra de principio a fin una frase que dice Olga Benario: “Necesitamos que recuerden nuestras luchas. ¿Quién, sino nosotros, puede transmitir nuestras experiencias y a quién se las podemos transmitir si no es a quienes son como nosotros?”.
Además, lo hace apelando a una amplia y exigente variedad formal. Desde el primer capítulo sabemos que las tres protagonistas morirán y de qué modo lo harán, así que el resto de la novela es una sucesión de saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo, y también entre las historias de las tres protagonistas (que, sobre todo al inicio, avanzan de manera asimétrica). También hay una notable variedad de registros formales: el capítulo 19 es una obra de teatro que da cuenta de una asamblea privada de la Comisión Alemana de la Asociación de Escritores Soviéticos; el 25 termina con la lista de objetos que se le incautaron a Koltsov cuando fue detenido; y el 30 es una sucesión de breves párrafos constituidos por una sola oración que nos llevan hasta el asesinato de Olga Benario en Ravensbrück (“Ravensbrück es un pueblo de barqueros”, “Hasta febrero de 1942 no hay asesinatos sistemáticos”, “Está permitido violar a las detenidas judías”, “A la mayoría de las mujeres se les retira la menstruación”...).
El exilio de las mujeres atrevidas es un ejemplo de primera magnitud de que la novela política y la llamada alta literatura pueden ir de la mano. También de que las novelas –y no solo los ensayos o el periodismo– sirven para reflexionar sobre las concepciones del mundo. Como sucede con las obras de Erich Hackl o de Belén Gopegui , Robert Cohen nos devuelve la certidumbre de que es posible escribir libros donde el pulso narrativo, el rigor intelectual, la precisión del dato y la exigencia estética estén al servicio de contar historias colectivas. Hace falta, eso sí, ambición, técnica, conocimiento y quizá, como en el caso de Cohen, un buen puesto en una universidad estadounidense.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190724/Culturas/27467/Ruben-A-Arribas-Robert-Cohen-el-ministerio-feminismo-nazismo-comunismo.htm


martes, 6 de agosto de 2019

124 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FRIDRICH ENGELS


"LA MARCA", DE FRIEDRICH ENGELS

Nota Introductoria

Este corto pero instructivo ensayo sobre la forma primitiva de propiedad colectiva de la tierra en Alemania y el posterior desarrollo de la propiedad privada, fue escrito por Engels ene 1892 como apéndice a su conocidísimo trabajo titulado “Del Socialismo utópico al socialismo científico.” Pero al referirse en él a un asunto especial, existe cierta ventaja en publicarlo separadamente. Aquí puede apreciarse que la institución llamada en Alemania la “Marca” de ninguna manera estaba confinada a Alemania solamente. Restos de ella se encuentran aun en todos los países europeos, y hasta los orígenes de los “commons” de los pueblos de Nueva Inglaterra se pueden seguir hasta esas costumbres de la Edad Media, que siglos de apropiación de la tierra bajo el Feudalismo no habian podido destruir completamente cuando los Puritanos arribaron a las costas de América.

Lucien Sanial.
Nueva York, Enero de 1902.

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LA MARCA

En un país como Alemania, en el que la mitad de la población vive de la agricultura, es necesario que los obreros socialistas y, a través de ellos, los campesinos, aprendan cómo ha surgido el presente sistema de elogiada propiedad, tanto grande como pequeña. Es necesario contrastar la miseria de los trabajadores agrícolas de la actualidad y la servidumbre hipotecaria de los pequeños campesinos, con la antigua propiedad común de todos los hombres libres en lo que entonces era en verdad su "patria", la posesión común libre de todo por herencia.

Daré, por lo tanto, un breve bosquejo histórico de las condiciones agrarias primitivas de las tribus germánicas. Algunas huellas de estas han sobrevivido hasta nuestro tiempo, pero a lo largo de la Edad Media sirvieron como base y como el tipo de todas las instituciones públicas y permearon toda la vida pública, no solo en Alemania, sino también en el Norte de Francia, Inglaterra y Escandinavia. Y sin embargo han sido completamente olvidadas, recientemente G. L. Maurer ha tenido que volver a descubrir su significado real.

Dos hechos fundamentales, que surgieron espontáneamente, rigen la historia primitiva de todas, o de casi todas las naciones: la agrupación de las personas de acuerdo con su parentezco, y la propiedad común sobre el suelo. Y este fue el caso con los germanos. Como habían traído de Asia el método de agruparse por tribus y gens, ya que incluso en la época de los romanos organizaban su formación de batalla de modo que aquellos emparentados entre sí siempre estuvieran hombro con hombro, esta agrupación también gobernaba la división de su nuevo territorio al Este del Rin y al Norte del Danubio. Cada tribu se estableció sobre la nueva posesión, no según capricho o accidente, sino, como César declara expresamente, según la relación gentil entre los miembros de la tribu. Se asignó un área particular a cada uno de los grupos más grandes, así relacionados, y en esto nuevamente las gens individuales, cada una de las cuales incluía cierto número de familias, se establecieron en las aldeas. Varias aldeas aliadas formaban una centena —"distrito"— (antiguo alto alemán, huntari, antiguo nórdico, heradh). Un numero de centenas formaban un gau o condado. La suma total de los condados era el pueblo mismo.

La tierra que no fue tomada por la aldea permaneció a disposición de la centena. Lo que no fue asignado a esta última se mantuvo para el condado. Lo que quedara disponible después de esto —generalmente una gran extensión de tierra— era posesión inmediata de todo el pueblo. Por eso en Suecia encontramos todas estas diferentes etapas de tenencia común una al lado de la otra. Cada pueblo tenía su tierra comunal de la aldea (bys almänningar), y más allá de esto estaban las tierras comunes de la centena (härads), el común del condado (lands), y finalmente la tierra común del pueblo. Esta última, reclamada por el rey como representante de toda la nación, era conocida como Konungs almänningar. Pero todas estas, incluso las tierras reales, eran nombradas, sin distinción, almänningar, tierra común.

Esta antigua disposición sueca de la tierra común, en su minuciosa subdivisión, evidentemente pertenece a una etapa posterior de desarrollo. Si alguna vez existió en Alemania, pronto desapareció. El rápido aumento de la población llevó al establecimiento de una serie de aldeas hijas en la Marca, es decir, en la gran extensión de tierra atribuida a cada aldea madre individual. Estas aldeas hijas formaron una asociación de marca única con la aldea madre sobre la base de derechos iguales o restringidos. Por lo tanto, encontramos en todas partes en Alemania, hasta donde alcanza la investigación, un número mayor o menor de aldeas unidas en una marca. Pero estas asociaciones estaban, al menos, al principio todavía sujetas a las grandes federaciones de las marcas de las centenas, o del condado. Y, finalmente, el pueblo, como un todo, originalmente formó una sola gran asociación de marcas, no solo para la administración de la tierra que permaneció como posesión inmediata del pueblo, sino también como una corte suprema sobre las marcas locales subordinadas.

Hasta el momento en que el reino franco sometió la Alemania al Este del Rin, el centro de gravedad de la marca parece haber sido el gau o condado, el condado parece haber formado la marca unitaria. Porque, solo sobre esta suposición, es explicable que, en la división oficial del reino, tantas viejas marcas vuelvan a aparecer como condados. Poco después de esa época comenzó la decadencia de las viejas grandes marcas. Sin embargo, incluso en el código conocido como Kaiserrecht, la "Ley del Emperador" del siglo XIII o XIV, es una regla general que una marca incluya entre seis y doce aldeas.

En la época de César una gran parte, al menos de los germanos, a saber, los suevos, quienes aún no tenían asentamiento fijo, cultivaban sus campos en común. Por analogía con otros pueblos podemos suponer que esto se llevó a cabo de tal manera que las gens individuales, cada una de las cuales incluía varias familias cercanamente relacionadas, cultivaban en común la tierra que les era asignada, la cual se cambiaba cada año, y dividian los productos entre las familias. Pero después de que los suevos, alrededor del comienzo de nuestra era, se habían establecido en sus nuevos dominios, esto pronto cesó. En cualquier caso, Tácito (150 años después de César) solo menciona la labranza del suelo por familias individuales. Pero la tierra que se cultivaba solo pertenecía a estas durante un año. Cada año se dividía de nuevo y se redistribuía.

Cómo se hacía esto aún puede verse en el Mosela y en el Hochwald, en la llamada "Gehöferschaften". Allí toda la tierra cultivada, cultivable y prados, no anualmente es verdad, pero cada tres, seis, nueve o doce años, se juntan y se reparten en varias "Gewann", o áreas, según la situación y la calidad del suelo. Cada Gewann nuevamente se divide en tantas partes iguales, largas y estrechas, como hay demandantes en la asociación. Estos se reparten por sorteo entre los miembros, por lo que cada miembro recibe una porción igual en cada Gewann. En la actualidad, las porciones repartidas se han vuelto desiguales por divisiones entre herederos, ventas, etc. pero la vieja parte completa todavía proporciona la unidad que determina la mitad, o cuarto, u octavo de las porciones. La tierra no cultivada, el bosque y la tierra de pasto, todavía son una posesión común para uso común.

La misma disposición primitiva regía hasta el comienzo de este siglo en las llamadas asignaciones por sorteo (Loosgüter) del Palatinado de Rhein en Baviera, cuya tierra cultivable se ha convertido desde entonces en propiedad privada de los individuos. Los Gehöferschaften también encuentran cada vez más su interés en dejar obsoleta la redivisión periódica y convertir la propiedad cambiante en propiedad privada establecida. Por lo tanto, la mayoría de ellos, si no todos, han desaparecido en los últimos cuarenta años y han sido reemplados por aldeas de campesinos propietarios que utilizan los bosques y los terrenos de pasto en común.

El primer pedazo de terreno que pasó a la propiedad privada de los individuos fue aquel en el que se encontraba la casa. La inviolabilidad de la vivienda, esa base de toda libertad personal, se transfirió de la caravana del tren nómada a la cabaña de troncos del campesino estacionario, y gradualmente se transformó en un derecho completo de propiedad sobre la granja. Esto ya había ocurrido en el tiempo de Tácito. La granja germana libre debe, incluso en ese momento, haber sido excluida de la marca, y por lo tanto inaccesible para sus funcionarios, un lugar seguro de refugio para fugitivos, como lo encontramos descrito en las regulaciones de las marcas de tiempos posteriores, y hasta cierto punto, incluso en las "leges Barbarorum", las codificaciones de la ley consuetudinaria tribal germana, escritas desde el siglo V al VIII. Porque lo sagrado de la vivienda no era el efecto sino la causa de su transformación en propiedad privada.

Cuatrocientos o quinientos años después de Tácito, según los mismos libros de derecho, la tierra cultivada era también la propiedad hereditaria, aunque no absoluta, de los campesinos individuales, que tenían el derecho de disponer de ella mediante venta u otro medio de transferencia. Las causas de esta transformación, en la medida en que podemos rastrearlas, son dos.

Primero, desde el principio hubo en la propia Alemania, además de las aldeas cercanas ya descritas, con su total propiedad en común de la tierra, otras aldeas donde, además de las haciendas, los campos también fueron excluidos de la marca, la propiedad de la comunidad, y fueron divididos entre los campesinos individuales como su propiedad hereditaria. Pero este era solo el caso donde la naturaleza del lugar, por así decirlo, lo obligaba: en valles estrechos, y en crestas estrechas y planas entre marismas, como en Westfalia; más tarde, en el Odenwald, y en casi todos los valles alpinos. En estos lugares, la aldea consistía, como ocurre ahora, en viviendas individuales dispersas, cada una rodeada por los campos que le pertenecen. En estos casos, era casi imposible una nueva división periódica de la tierra cultivable, por eso lo que quedaba dentro de la marca era solo la tierra circundante sin cultivar. Cuando, más tarde, el derecho a disponer de la propiedad por transferencia a una tercera persona se convirtió en una importante consideración, los que eran propietarios libres de sus campos se encontraron en una posición ventajosa. El deseo de obtener estas ventajas puede haber llevado a muchas aldeas con propiedad común de la tierra a dejar que se extinguiera el método habitual de partición y la transformación de las acciones individuales de los miembros en propiedad hereditaria absoluta y transferible.

Pero, en segundo lugar, la conquista llevó a los germanos al territorio romano, donde, durante siglos, el suelo había sido propiedad privada (la propiedad ilimitada de la ley romana), y donde el pequeño número de conquistadores no podía eliminar por completo una forma de propiedad tan profundamente arraigado. La conexión de la propiedad privada hereditaria en los campos y prados con la ley romana, en cualquier caso en el territorio que había sido romano, se basa en el hecho de que los restos de propiedad común en tierras cultivables que han llegado hasta nuestros días se encuentran a la orilla izquierda del Rin —i. e., en territorio conquistado, pero completamente germanizado. Cuando los francos se establecieron aquí en el siglo V, la propiedad común en los campos todavía debe haber existido entre ellos, de lo contrario no deberíamos encontrar allí Gehöferschaften y Loosguter. Pero aquí también la propiedad privada pronto obtuvo el dominio, ya que esas formas de propiedad solo la encontramos mencionada, en lo que respecta a la tierra cultivable, en la ley Riparian del siglo VI. Y en el interior de Alemania, como ya he dicho, la tierra cultivada también se convirtió pronto en propiedad privada.

Pero si los conquistadores germanos adoptaron la propiedad privada en los campos y prados —i. e., se rindió en la primera división de la tierra, o poco después, en cualquier re-partición (ya que no era nada más que esto), introdujeron, por otra parte, en todas partes su sistema germano de marca, con la tenencia común de bosques y pastos, junto con el dominio excesivo de la marca con respecto a la tierra dividida. Esto sucedió no solo con los francos en el Norte de Francia y los anglosajones en Inglaterra, sino también con los borgoñones en el Este de Francia, los visigodos en el Sur de Francia y España, y los ostrogodos y los langobardos en Italia. En estos últimos países, sin embargo, hasta donde se sabe, las huellas del gobierno de la marca han perdurado hasta nuestros días casi exclusivamente en las regiones montañosas más altas.

La forma que el gobierno de la marca asumió después de la partición periódica de la tierra cultivada había caído en desuso, es la que ahora nos encontramos, no solo en las antiguas leyes populares de los siglos quinto, sexto, séptimo y octavo, sino también en el los libros de leyes ingleses y escandinavos de la Edad Media, en las numerosas reglamentaciones de la marca germana (el llamado Weisthümer) del siglo XV al XVII, y en las leyes consuetudinarias (coutûmes) del Norte de Francia.

Si bien la marca renunció al derecho de la división, de vez en cuando, de campos y prados entre sus miembros individuales, no cedió ni uno solo de sus otros derechos sobre estas tierras. Y estos derechos fueron muy importantes. La asociación solo había transferido sus campos a individuos con el objetivo de que se los utilizara como tierras cultivables y praderas, y solo con ese ebjetivo. Más allá de eso, el propietario individual no tenía ningún derecho. Los tesoros que se encuentran en la tierra, si están a mayor profundidad que la alcanzada por la reja del arado, no pertenecían originalmente a él, sino a la comunidad. Era lo mismo con la excavación de minerales, y cosas por el estilo. Todos estos derechos fueron, más tarde, robados por los príncipes y los propietarios para su propio uso.

Pero, además, el uso de las tierras cultivables y los pastizales estaba bajo la supervisión y dirección de la comunidad y de la siguiente forma: dondequiera que existia la agricultura de barbecho trienal —y eso era casi en todas partes— toda el área cultivable de la aldea se dividía en tres partes iguales, cada una de las cuales se sembraba alternativamente un año con semilla de invierno, la segunda con semilla de verano y la tercera permanecia en barbecho. Así, la aldea tenía cada año su campo de invierno, su campo de verano, y su campo en barbecho. En la partición de la tierra se tenía cuidado de que la parte de cada miembro estuviera compuesta por partes iguales de cada uno de los tres campos, para que todos pudieran, sin dificultad, ajustarse a las regulaciones de la comunidad, de acuerdo con lo cual tendría que sembrar semilla de otoño solo en su campo de invierno, y así sucesivamente.

El campo cuyo turno estaba en barbecho regresaba, por el momento, a la posesión común, y sirvia a la comunidad en general para el pasto. Y tan pronto como los otros dos campos eran cosechados, también se convertia en propiedad común nuevamente hasta el momento de la siembra, y se usaban como pasto común. Lo mismo ocurria con los prados en el período siguiente. Los propietarios tenian que quitar las vallas en todos los campos entregados a pastos. Este pasto obligatorio, por supuesto, hizo necesario que el tiempo de siembra y de cosecha no se dejara al individuo, sino que se determinara por toda la comunidad o por la costumbre.

El resto de la tierra, i. e., todo lo que no era casa y corral, o la parte de la marca que se había distribuido entre los individuos, permaneció, como en los primeros tiempos, propiedad común para uso común; bosques, tierras de pastoreo, brezales, páramos, ríos, estanques, lagos, carreteras y puentes, zonas de caza y pesca. Así como la parte de cada miembro en la mayor parte de la marca que se distribuyó era de igual tamaño, también lo fue su participación en el uso de la "marca común". La naturaleza de este uso se determinaba por los miembros de la comunidad como un todo. Así, también, era el modo de partición, si el suelo que se había cultivado ya no era suficiente, y una parte común de la marca se tomaba para el cultivo. El principal uso de la marca común fue para apacentar el ganado y la alimentación de cerdos con bellotas. Además de eso, el bosque producía madera y leña, paja para los animales, bayas y hongos, mientras que el páramo, donde existía, proporcianaba turba. Las regulaciones en cuanto al pasto, el uso de la madera, etc., constituyen la mayor parte de los muchos registros de marcas escritos en varias épocas entre los siglos XIII y XVIII, en el momento en que la vieja ley consuetudinaria no escrita comenzó a ser impugnada. Los bosques comunes que todavía se encuentran aquí y allá, son los restos de estas antiguas marcas no divididas. Otra reliquia, en todo caso en el Oeste y el Sur de Alemania, es la idea, profundamente arraigada en la conciencia popular, de que el bosque debería ser una propiedad común, donde cada uno puede recolectar flores, bayas, hongos, hayucos y similares, y generalmente mientras no perjudique, actuar y hacer lo que quiera. Pero esto también lo solucionó Bismarck, y con su famosa legislación sobre bayas, las provincias occidentales se reducen al nivel de la vieja escuadra prusiana.

Al igual que los miembros de la comunidad originalmente tenían partes iguales en el suelo e igualdad de derechos de uso, también tenían una participación igual en la legislación, administración y jurisdicción dentro de la marca. En periodos fijos y, si fuere necesario, con mayor frecuencia, se reunian al aire libre para discutir los asuntos de la marca y para juzgar las infracciones de las reglamentaciones y disputas relacionadas con la marca. Era, solo en miniatura, la asamblea primitiva del pueblo germanico, que originalmente no era más que una gran asamblea de la marca. Se hicieron leyes, pero solo en raros casos de necesidad. Se elegian funcionarios, se examinaba su conducta en el cargo, pero principalmente se ejercian las funciones judiciales. El presidente solo tenia que formular las preguntas. El juicio era emitido por el conjunto de los miembros presentes.

La ley no escrita de la marca era, en los tiempos primitivos, prácticamente la única ley pública de esas tribus germánicas, que no tenían reyes; la antigua nobleza tribal, que desapareció durante la conquista del imperio romano, o poco después, se ajustó fácilmente a esta constitución primitiva, tan fácilmente como todos los demás desarrollos espontáneos de la época, al igual que la nobleza celta, incluso tan tarde como el siglo XVII, encontró su lugar en la propiedad irlandesa del suelo en común. Y esta ley no escrita ha echado raíces tan profundas en toda la vida de los germanos, que encontramos rastros de ella en cada paso y cambio en el desarrollo histórico de nuestro pueblo. En tiempos primitivos, toda la autoridad pública en tiempos de paz era exclusivamente judicial y descansaba en la asamblea popular de las centenas, el condado o toda la tribu. Pero este tribunal popular no era más que el tribunal popular de la marca adaptado a casos que no se referían exclusivamente a la marca, sino que entraban dentro del alcance de la autoridad pública. Incluso cuando los reyes francos comenzaron a transformar los condados autónomos en provincias gobernadas por delegados reales, y así separó a los tribunales de la corona real de los tribunales de marca común, en ambos la función judicial permaneció conferida al pueblo. Sólo cuando la antigua libertad democrática quedó socavada durante mucho tiempo, cuando la asistencia a las asambleas y tribunales populares se convirtió en una pesada carga para los hombres libres empobrecidos, Carlomagno, en sus cortes de condado, pudo presentar el juicio de Schöffen, asesores legos designados por el juez del rey, en el lugar del juicio de toda la asamblea popular.[1] Pero esto no afectó seriamente los tribunales de la marca. Estos, por el contrario, siguieron siendo el modelo incluso para los tribunales feudales en la Edad Media. En estos, también, el señor feudal solo formulaba los problemas, mientras que los propios vasallos encontraban el veredicto. Las instituciones que gobiernan una aldea durante la Edad Media no son más que las de una marca de aldea independiente, y pasaron a las de una ciudad tan pronto como la aldea se transformó en una ciudad, i. e., estaba fortificada con murallas y trincheras. Todas las constituciones posteriores de las ciudades han surgido de estas normas originales de marcas urbanas. Y, finalmente, de la asamblea de la marca se copiaron las disposiciones de las innumerables asociaciones libres de los tiempos medievales que no se basaban en la tenencia común de la tierra, y especialmente las de los gremios libres. Los derechos conferidos al gremio para el desarrollo exclusivo de un oficio en particular se trataron como si fueran derechos en una marca común. Con el mismo celo, a menudo con exactamente los mismos medios en los gremios que en la marca, se tuvo cuidado de que la participación de cada miembro en los beneficios y ventajas comunes fuera igual, o lo más similar posible.

Todo esto muestra que la organización de la marca poseía una capacidad casi maravillosa de adaptación a los más diversos sectores de la vida pública y a los más diversos fines. Las mismas cualidades que manifestó durante el desarrollo progresivo de la agricultura y en la lucha de los campesinos con el avance de la gran propiedad territorial. Había surgido con el asentamiento de los germanos en Germania Magna, es decir, en un momento en que la cría de ganado era el principal medio de subsistencia, y cuando la agricultura rudimentaria y medio olvidada que habían traído consigo de Asia fue puesta en práctica nuevamente. Se mantuvo durante toda la Edad Media en conflictos feroces e incesantes con la nobleza terrateniente. Pero todavía era una necesidad que donde los nobles se hubieran apropiado de la tierra de los campesinos, las aldeas habitadas por estos campesinos, ahora convertidas en siervos, o en el mejor de los casos en coloni o inquilinos dependientes, todavía estuvieran organizadas en las líneas de la vieja marca, a pesar del abuso constantemente crecientes de los señores feudales. Más adelante daremos un ejemplo de esto. Se adaptó a las formas más variadas de tenencia de la tierra cultivada, siempre y cuando aún quedara un campo común sin cultivar, y de la misma manera a los más diferentes derechos de propiedad en la marca común, tan pronto como esto dejara de ser el libre propiedad de la comunidad. Se extinguió cuando casi la totalidad de las tierras de los campesinos, tanto privadas como comunes, fueron robadas por los nobles y el clero, con la ayuda voluntaria de los príncipes. Pero solamente se volvió económicamente obsoleta e incapaz de continuar como la organización social prevaleciente de la agricultura, cuando los grandes avances en la agricultura de los últimos cien años hicieron de la agricultura una ciencia y condujeron a sistemas completamente nuevos de llevarla a cabo.

El socavamiento de la organización de la marca comenzó poco después de la conquista del imperio romano. Como representantes de la nación, los reyes francos tomaron posesión de los inmensos territorios que pertenecían al pueblo en su conjunto, especialmente los bosques, para despilfarrarlos como regalos a sus cortesanos, a sus generales, a obispos y abades. Así sentaron las bases de las grandes fincas, que más tarde poseyeron, los nobles y la Iglesia. Mucho antes de la época de Carlomagno, la Iglesia poseía un tercio de toda la tierra en Francia, y es cierto que, durante la Edad Media, esta proporción se mantuvo en general para toda la Europa occidental católica.

Las guerras constantes, internas y externas, cuyas consecuencias regulares eran confiscaciones de tierras, arruinaron a un gran número de campesinos, de modo que incluso durante la dinastía merovingia, había muchos hombres libres que no poseían tierras. Las incesantes guerras de Carlomagno rompieron el pilar del campesinado libre. Originalmente cada propietario debía servicio, y no solo tenía que equiparse, sino también mantenerse bajo las armas durante seis meses. No es de extrañar que incluso en la época de Carlomagno apenas un hombre de cada cinco pudiera llegar a servir. Bajo el gobierno caótico de sus sucesores, la libertad de los campesinos desapareció aún más rápidamente. Por un lado, los estragos de las invasiones de los normandos, las guerras eternas entre reyes y las enemistades entre nobles, obligaron a los campesinos libres a buscar la protección de algún señor. Por otro lado, la codicia de estos mismos señores y de la Iglesia aceleró este proceso; por fraude, por promesas, amenazas, violencia, sometieron cada vez más tierras de campesinos y a los campesinos mismos bajo su yugo. En todos los casos, las tierras de los campesinos se añadieron a las propiedades del señor y, en el mejor de los casos, solo se devolvían para uso del campesino a cambio de tributo y servicio. Así, el campesino, de propietario libre de la tierra, se convirtió en un pagador de tributos y un prestatario de servicios, convirtiéndose en siervo. Este fue el caso en el reino franco occidental, especialmente al Oeste del Rin. Al Este del Rin, por otro lado, un gran número de campesinos libres aún mantenían sus propiedades, en su mayoría dispersos, ocasionalmente unidos en aldeas enteramente compuestas por hombres libres. Sin embargo, incluso aquí, en los siglos X, XI y XII, el poder abrumador de los nobles y la Iglesia forzaba constantemente a más y más campesinos a la servidumbre.

Cuando un gran terrateniente —clérigo o laico— se apoderaba de una propiedad campesina, adquiria con ella, al mismo tiempo, los derechos de la marca que correspondian a la propiedad. Los nuevos propietarios eran así miembros de la marca, y, dentro de la marca, originalmente, solo se los consideraba en igualdad con los otros miembros de la misma, ya fueran libres o siervos, incluso si estos eran sus propios siervos. Pero pronto, a pesar de la tenaz resistencia de los campesinos, los señores adquirieron en muchos lugares privilegios especiales en la marca, y con frecuencia fueron capaces de someter el conjunto a su propio dominio como señores del feudo. Sin embargo, la vieja organización de la marca continuó, aunque ahora estaba presidida e invadida por el señor feudal.

En esa época, la constitución de la marca era absolutamente necesaria para la agricultura, incluso en las grandes haciendas, ello se aprecia de la manera más llamativa en la colonización de Brandeburgo y Silesia, por colonos frisones y sajones, y por colonos de los Países Bajos y de la orilla franca del Rin. Desde el siglo XII, las personas se asentaron en aldeas en las tierras de los señores de acuerdo con la Ley germana, i. e., de acuerdo con la antigua ley de la marca, hasta donde regia en los feudos de los señores. Todos los hombres tenían casa y hogar; una participación en los campos de la aldea, determinada según el método anterior por sorteo, y del mismo tamaño para todos; y el derecho de usar los bosques y los pastos, generalmente en los bosques del señor feudal, con menos frecuencia en una marca especial. Estos derechos eran hereditarios. El pleno dominio de la tierra continuó perteneciendo al señor, a quien los colonos debían ciertos tributos y servicios hereditarios. Pero estos tributos eran tan moderados, que la condición de los campesinos era mejor aquí que en cualquier otro lugar en Alemania. Por lo tanto, se quedaron tranquilos cuando estalló la guerra de los campesinos. Por esta apostasía hacia su propia causa, fueron duramente castigados.

Hacia mediados del siglo XIII hubo en todas partes un cambio decisivo a favor de los campesinos. Las cruzadas habían preparado el terreno para ello. Muchos de los señores, cuando partieron hacia el Este, liberaron explícitamente a sus siervos campesinos. Otros fueron asesinados o nunca regresaron. Cientos de familias nobles desaparecieron, y sus siervos campesinos frecuentemente obtuvieron la libertad. Además, a medida que las necesidades de los terratenientes aumentaban, disponer de los pagos en especie y los servicios de los campesinos se volvió mucho más importante que disponer de sus personas. Gradualmente se desvaneció la servidumbre de la Alta Edad Media, que todavía tenía gran parte de la esclavitud antigua, y daba a los señores derechos que perdían cada vez más su valor; la posición de los siervos se redujo a la de simples arrendatarios hereditarios. Como el método de cultivar la tierra se mantuvo exactamente como en el pasado, un aumento en los ingresos del señor feudal solo se obtendría mediante la roturación de un terreno nuevo, el establecimiento de nuevas aldeas. Pero esto solo fue posible por un acuerdo amistoso con los colonos, ya sea que pertenecieran a la propiedad o que fueran forasteros. Por lo tanto, en los documentos de esta época, nos encontramos con una determinación clara y una escala moderada de las cuotas de los campesinos, y un buen trato a los campesinos, especialmente por los terratenientes espirituales. Y, finalmente, la posición favorable de los nuevos colonos reaccionó de nuevo sobre la condición de que sus vecinos, los esclavos, de modo que en todo el Norte de Alemania estos también, mientras continuaron sus servicios a los señores de feudales, recibieron su libertad personal. Solamente los campesinos eslavos y lituanos no fueron liberados. Pero esto no duró mucho.

En los siglos XIV y XV, las ciudades crecieron y se enriquecieron rápidamente. Su artesanía artística, su vida de lujo, prosperaron y florecieron, especialmente en el Sur de Alemania y en el Rin. La abundancia de los patricios de la ciudad despertó la envidia de los señores rurales, toscamente vestidos y toscamente amueblados. Pero, ¿de dónde obtener todas estas cosas finas? Esperar por los comerciantes ambulantes se volvió cada vez más imprudente y poco lucrativo. Pero para comprarlos, el dinero era obligatorio. Y este solo podían proporcionarlo los campesinos. Por lo tanto, se renovó la opresión de los campesinos, tributos superiores y más corvée [prestacion personal]; por lo tanto, el renovado y siempre creciente afán de forzar a los campesinos libres a convertirse en esclavos, los esclavos a convertirse en siervos, y convertir la tierra común de la marca en tierra perteneciente al señor. En esto los príncipes y los nobles fueron ayudados por los juristas romanos, quienes, con su aplicación de la jurisprudencia romana a las condiciones germanas, en su mayor parte no entendidas por ellos, sabían cómo producir confusión sin fin, pero ese tipo de confusión en la que el señor siempre ganaba y el campesino siempre perdia. Los señores espirituales se ayudaron a sí mismos de una manera más simple. Falsificaron documentos, por los cuales se redujeron los derechos de los campesinos y aumentaron sus deberes. Frente a estos robos cometidos por los terratenientes, los campesinos, desde fines del siglo XV, se alzaron frecuentemente en insurrecciones aisladas, hasta que, en 1525, la gran guerra campesina desbordó Suabia, Baviera, Franconia, y se extendió a Alsacia, el Palatinado, el Rheingau y Thuringen. Los campesinos sucumbieron después de una dura lucha. Desde ese momento data el renovado predominio de la servidumbre entre los campesinos alemanes en general. En aquellos lugares donde la lucha se había desatado, todos los derechos restantes de los campesinos ahora eran pisoteados descaradamente, su tierra común convertida en propiedad del señor, y ellos mismos en siervos. Los campesinos del Norte de Alemania, que se encontraban en condiciones más favorables, se habían mantenido tranquilos; su única recompensa fue que cayeron bajo el mismo sometimiento, solo que más lentamente. La servidumbre se introduce en el campesinado alemán desde mediados del siglo XVI en Prusia Oriental, Pomerania, Brandenburgo, Silesia, y desde finales de ese siglo en Schleswig-Holstein, y en adelante se vuelve cada vez más su condición general.

Este nuevo acto de violencia tuvo, sin embargo, una causa económica. De las guerras que siguieron a la Reforma Protestante, solo los príncipes alemanes habían adquirido un poder mayor. Ahora todo había concluido para la ocupación favorita de los nobles, el robo en la vía pública. Para que los nobles no fueran a la ruina, tenían que obtener mayores ingresos de sus tierras. Pero la única forma de lograr esto era trabajar al menos una parte de sus propiedades por cuenta propia, siguiendo el modelo de las grandes fincas de los príncipes, y especialmente de los monasterios. Lo que hasta ahora había sido la excepción ahora se convirtió en una necesidad. Pero este nuevo plan agrícola chocaba con el hecho de que casi en todas partes se había dado el terreno a los campesinos que pagaban tributo. Tan pronto como los campesinos tributarios, ya fueran hombres libres o colonos, se convirtieron en siervos, los señores nobles tenían las manos libres. Parte de los campesinos fueron, como se llama ahora en Irlanda, desahuciados, i. e., ya sea cazados o degradados al nivel de cottars, con simples cabañas y un poco de terreno para jardín, mientras que el terreno perteneciente a su granja se hizo parte y parcela de la propiedad del señor, y fue cultivado por los nuevos cottars y los campesinos que todavía quedaban, en trabajo corvée. No solo muchos campesinos fueron realmente expulsados, sino que el servicio corvée de los que quedaban se incrementó considerablemente, y a un ritmo cada vez mayor. El período capitalista se anunció en los distritos rurales como el período de la industria agrícola a gran escala, basado en el trabajo de los siervos.

Esta transformación al principio tuvo lugar con bastante lentitud. Pero luego vino la Guerra de los Treinta Años. Durante toda una generación, Alemania fue plagada en todas las direcciones por los soldados más licenciosos que se conocen en la historia. En todas partes quemaban, saqueaban, violaban y asesinaban. El campesino sufrió más donde, aparte de los grandes ejércitos, las bandas independientes más pequeñas, o más bien los filibusteros, operaron sin control, y por su propia cuenta. La devastación y la despoblación fueron más allá de todos los límites. Cuando llegó la paz, Alemania yacía en el suelo indefensa, pisoteada, cortada en pedazos, sangrando; pero, una vez más, el más lastimoso y miserable de todos fue el campesino.

El noble terrateniente era ahora el único señor en los distritos rurales. Los príncipes, que justo en ese momento estaban reduciendo a la nada los derechos políticos de los señores en las asambleas de los Estados, a modo de compensación lo dejaron libre sobre los campesinos. El último poder de resistencia por parte de los campesinos había sido roto por la guerra. Así, el noble pudo organizar todas las condiciones agrarias de la manera más propicia para la restauración de sus finanzas arruinadas. No solo unieron sin más preámbulo, las haciendas campesinas abandonadas, a la propiedad del señor; el desalojo de los campesinos se llevó a cabo al por mayor y sistemáticamente. Cuanto mayor es el señor de la propiedad del feudo, mayor es, por supuesto, el corvée requerido de los campesinos. El sistema de "corvée ilimitado" se introdujo de nuevo; el noble señor pudo ordenarle al campesino, a su familia, a su ganado, que trabajara para él, tan a menudo como todo el tiempo que quisiera. La servidumbre era ahora general; un campesino libre ahora era tan raro como un cuervo blanco. Y a fin de que el noble señor estuviera en condiciones de cortar de raíz la más mínima resistencia por parte de los campesinos, recibió de los príncipes de la tierra el derecho de jurisdicción patrimonial, i. e., fue nombrado juez único en todos los casos de infracción y disputa entre los campesinos, incluso si la disputa del campesino era con él, el mismísimo señor, ¡de modo que el señor era juez en su propio caso! A partir de ese momento, el palo y el látigo gobernaron los distritos agrícolas. El campesino alemán, como toda Alemania, había alcanzado su punto más bajo de degradación. El campesino, como toda Alemania, se había vuelto tan impotente que toda la autoayuda le falló, y la liberación solo podía venir del exterior.

Y vino. Con la Revolución Francesa llegó para Alemania también y para el campesino alemán el amanecer de un día mejor. Apenas los ejércitos de la Revolución conquistaron la ribera izquierda del Rin, todos los viejos desperdicios se desvanecieron, como al toque de una varita mágica —servicio corvée, todo tipo de rentas para el señor, junto con el noble señor mismo. El campesino de la ribera izquierda del Rin era ahora dueño de su propia posesión; además, en el Código Civil, redactado en el momento de la Revolución y solo desconcertado y estropeado por Napoleón, recibió un código de leyes adaptadas a sus nuevas condiciones, que no solo podía entender, sino también llevar cómodamente en el bolsillo.

Pero el campesino en la orilla derecha del Rin aún tenía que esperar mucho tiempo. Es cierto que en Prusia, después de la bien merecida derrota en Jena, se abolieron algunos de los privilegios más vergonzosos de los nobles, y para los campesinos se hizo legalmente posible la llamada redención de las cargas que aun quedaban. Pero en gran medida y durante mucho tiempo esto fue solo sobre el papel. En los otros Estados alemanes, se hizo aún menos. Se necesitó una segunda Revolución Francesa, la de 1830, para llevar a cabo la "redención" en Baden y en algunos otros pequeños Estados fronterizos con Francia. Y en el momento en que la tercera Revolución Francesa, en 1848, llevó finalmente a Alemania junto con ella, la redención estaba lejos de completarse en Prusia, y en Baviera ni siquiera había comenzado. Después de eso, fue más rápido y sin impedimentos; el trabajo corvée de los campesinos, que esta vez se habían vuelto rebeldes por su propia cuenta, había perdido todo valor.

¿Y en qué consistia esa redención? Consistía en que el señor noble, al recibir cierta suma de dinero o un pedazo de tierra del campesino, de ahora en adelante debia reconocer la tierra del campesino, tanto o tan poco como le quedó, como propiedad del campesino, libre de todas las cargas; aunque toda la tierra que en cualquier momento había pertenecido al señor noble no era más que tierra robada a los campesinos. Ni era esto todo. En estos arreglos, los funcionarios del Gobierno encargados de llevarlos a cabo, naturalmente, casi siempre se ponían del lado de los señores, con quienes convivían y se divertían, para que los campesinos, incluso contra la ley, fueran nuevamente defraudados a diestra y siniestra.

Y así, gracias a tres revoluciones francesas, y una alemana, que surgió de ellas, tenemos una vez más un campesinado libre. ¡Pero cuán inferior es la posición de nuestro campesino libre de hoy en comparación con el miembro libre de la marca del tiempo antiguo! Su hogar es generalmente mucho más pequeño, y la marca no dividida se reduce a unos pocos pedazos pequeños y pobres de bosque comunal. Pero, sin el uso de la marca, no puede haber ganado para el pequeño campesino; sin ganado, no hay abono; y sin abono no hay agricultura. El recaudador de impuestos y el oficial de la ley que amenaza a sus espaldas, a quien el campesino de hoy conoce tan bien, eran personas desconocidas para los viejos miembros de la marca. Y también lo fue el acreedor hipotecario, en cuyas garras hoy día caen las propiedades de un campesino tras otro. Y lo mejor de esto es que los modernos campesinos libres, cuya propiedad está tan restringida y cuyas alas están tan recortadas, fueron creados en Alemania, donde todo sucede demasiado tarde, en un momento en que la agricultura científica y la maquinaria agrícola recientemente inventada hacen del cultivo en pequeña escala un método de producción cada vez más anticuado, cada vez menos capaz de generar los medios de vida. Como la hilatura y el tejido por máquinas reemplazaron la rueca y el telar manual, estos nuevos métodos de producción agrícola deben reemplazar inevitablemente el cultivo de tierra en pequeñas parcelas por el cultivo de tierras en propiedad de gran escala, siempre que se disponga del tiempo necesario para esto.

Porque ya toda la agricultura europea, tal como se lleva a cabo en la actualidad, está amenazada por un rival abrumador, a saber, la producción de grano en una escala gigantesca en América. Contra aquel suelo, fértil, abonado por la naturaleza durante un largo período de años, y que se puede adquirir por una bagatela, ni nuestros pequeños campesinos, endeudados hasta los ojos, ni nuestros grandes terratenientes, igualmente endeudados, pueden luchar. Todo el sistema agrícola europeo está siendo superado por la competencia estadounidense. La agricultura, en lo que respecta a Europa, solo será posible si se lleva a cabo en líneas socializadas y para el beneficio de la sociedad en su conjunto.

Esta es la perspectiva de nuestros campesinos. Y la restauración de una clase campesina libre, hambrienta y atrofiada como está, tiene este valor: que ha puesto al campesino en una posición que, con la ayuda de su camarada natural, el obrero, puede ayudarse a sí mismo, tan pronto como entiende de una vez cómo.
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[1] No debe confundirse con las cortes Schöffen a la manera de Bismarck y Leonhardt, en las que los abogados y los asesores legos combinados encuentran el veredicto y enjuician. En los viejos tribunales judiciales no había abogados, el presidente no tenía voto, y los Schöffen o acesores legos dictaban el veredicto de forma independiente

Escrito: Entre septiembre y diciembre de 1892 en alemán y publicado como apéndice de la edición inglesa de “Del socialismo utópico al socialismo científico,” 1892.
Fuente: Panfleto de Labor News Co., Nueva York, publicado en 1902, con un prefacio de Lucien Sanial.
Traducción: Por Enrique Pedroso, en base a la transcripción, en inglés, por Mike Macnair del panfleto de Labor News Co., edicion de 1928, publicada en marxists.org.