domingo, 20 de enero de 2019

"KOMBAT", FOTOGRAFÍA DE MAX ALPERT


Kombat
Max Alpert
1942
Fotografía

Kombat, la gran fotografía de Max Alpert, que retrata al comisario político del Ejército Rojo, Alexey V. Yeremenko, segundos antes de ser abatido en combate.


Una de las fotografías más famosas de la Segunda Guerra Mundial es Kombat. En verdad, es Kom-Bat, una abreviatura, en ruso, de comandante de batallón, argot militar. Fue tomada por el fotógrafo Max Alpert el 12 de julio de 1942, en Khorosheye (o Jorósheye), cerca de Voroshilovgrado (hoy Luhansk o Lugansk), Ucrania. Otros dicen que fue en lo que ahora es el poblado de Slavyanoserbsk. En todo caso, por ahí cerca.
No hablaremos de la gran historia, sino apenas de esta fotografía y sus protagonistas. Brevemente, además. 
En julio de 1942, el Ejército Rojo retrocedía de nuevo. La ofensiva que había lanzado contra Jarkov se había convertido en una gran derrota. Retrocedía desangrado, después de meses de lucha inútil. Max Alpert trabajaba entonces para la agencia TASS, como fotógrafo y reportero de guerra. Contaba con 42 años y una carrera envidiable. Sus reportajes sobre la construcción de grandes presas hidroeléctricas o sus retratos de Stalin se habían reproducido en todo el mundo.
Esta vez, sin embargo, pintan bastos. Está en primera línea, con los soldados del 220.º Regimiento de Fusileros, 4.ª División de Infantería, que pretenden contraatacar. Los alemanes los han visto venir y tiran con la artillería. Llueven los obuses sobre los soldados, que se pegan al suelo para librarse de la metralla. Max Alpert no va a ser menos que los demás y se esconde en un agujero. De repente, parece que cesa el bombardeo.
En éstas, Max Alpert ve como un oficial se pone en pie. Se había refugiado de las bombas a dos pasos de él. Se levanta, digo, echa mano a una pistola, pega dos tiros al aire, se vuelve hacia sus hombres y grita ¡Adelante! ¡Adelante! Max Alpert no se lo piensa dos veces y saca una fotografía al instante. Aprieta el disparador por puro instinto. ¡Chas! Mientras los fusileros gritan ¡Hurra! ¡Hurra!, se levantan y corren contra el enemigo, Max Alpert se descubre de nuevo en el fondo del agujero, aturdido, sordo. ¿Qué ha pasado?
Mientras le sacaba la fotografía al oficial los cañones alemanes han reiniciado el bombardeo. Así le da a la palanca para pasar al siguiente fotograma, ¡pum! Las granadas alemanas caen sobre ellos, una tras otra. Una esquirla de metralla le ha golpeado la cámara y la ha destrozado. La onda expansiva le ha devuelto a la madriguera. El audaz reportero ha salvado la vida de milagro. 
Desde el fondo de su agujero, todavía confundido, no oye los ¡Hurra! ¡Hurra! ni el ¡Adelante! ¡Adelante! No hay más que silencio. Tardará en pasársele la sordera. 
Asoma la cabeza para contemplar el campo de batalla. El oficial que ha fotografiado yace unos pasos más allá, reventado por un obús. Los fusileros han vuelto a pegarse al suelo. El ataque ha fracasado, hasta aquí hemos llegado, dicen. Recupera el oído y oye decir que han matado al comandante. 
Max Alpert regresa al cuartel general como puede, sucio, con la cámara hecha pedazos, pero todavía vivito y coleando. Su ayudante le dice que puede salvar parte del carrete. Max no le cree, pero no se pierde nada probando. En el cuarto oscuro, salvan dos fotos, dos. Una de ellas, la del oficial que grita ¡Adelante! ¡Adelante!
¡Caramba! Tan pronto tiene una copia delante de sus narices, Max Alpert sabe que ha hecho una gran fotografía, pero no sabe a quién ha fotografiado. Con la cámara rota, en medio del fregado, en contra de su costumbre no ha tomado nota de nada. ¿Quién es el oficial de la pistola? ¿Cómo se llamaba? Max Alpert cree que ha fotografiado a un comandante de batallón, ése que decían que ha muerto, y el oficial de Propaganda dice que vale con eso. De ahí Kombat, el título de la instantánea.
Pasan los años. En mayo de 1965, el diario Pravda publica un número especial. Celebran el 20.º aniversario del final de la Gran Guerra Patria (o Patriótica), la Segunda Guerra Mundial. Publican en portada la fotografía de Max Alpert, que todavía vive. Kombat vuelve a ser portada y esta vez, trae cola. 
Pronto se ponen en contacto con los periodistas del Pravda la mujer y el hijo de Alexey V. Yeremenko. Yeremenko era el politruk, el comisario político del 220.º Regimiento de Fusileros, no su comandante. Yeremenko es el tipo de la pistola, el héroe. Es mi padre. Es mi marido. En la redacción del Pravda no dan crédito, pero tienen que rendirse ante la evidencia. Es Yeremenko, reconocen. El héroe no es ya un soldado anónimo.
Max Alpert sabe al fin quién se alzó delante de él gritando ¡Adelante! ¡Adelante! para morir pocos pasos más allá, víctima de la granada que tenía que haberlo matado también a él.





Fuente de las fotografías: Комбат (фотография)

sábado, 19 de enero de 2019

"VIAJE A CÍTERA", PELÍCULA DE THEODOROS ANGELOPOULOS

Título original: Taxidi sta Kythira (Voyage to Cythera)
Año: 1984
Duración: 120 min.
País: Grecia
Dirección: Theodoros Angelopoulos
Guión: Theodoros Angelopoulos, Tonino Guerra, Thanassis Valtinos, Pierre Baudry
Música: Eleni Karaindrou
Fotografía: Georges Arvanitis
Reparto: Manos Katraki, Mairi Hronopoulou, Giulio Brogi, Dionysis Papagiannopoulos, Dora Volanaki, Giorgos Nezos, Athinodoros Prousalis, Mihalis Giannatos, Vasilis Tsaglos
Sinopsis: Un viejo comunista, Spyros regresa a Grecia ya anciano, tras pasar los últimos 32 años en la Unión Soviética. Gracias a un permiso de unos días, el hombre puede volver a su hogar en su país natal. El regreso servirá para desenterrar fantasmas del pasado, y el reencuentro con su familia abrirá también heridas cerradas.

La película cuenta las vivencias de un antiguo defensor del comunismo que vuelve a su país de origen, Grecia, tras haber permanecido durante más de tres décadas bajo los dominios de la Unión Soviética. A pesar de lo mucho que había deseado regresar a su tierra natal, no termina de acostumbrarse a las nuevas directrices y leyes que rigen el funcionamiento en el territorio heleno, por lo que los principales mandatarios de su región terminan acordando su destierro.

El largometraje refleja también la confrontación que se vivió hacia la mitad del siglo XIX, una época caracterizada por la lucha constante entre las dos ideologías que mayor poderío tenían en Grecia y en todo el mundo en general: los comunistas y los derechistas. Los segundos acabaron venciendo en una cruenta guerra civil que se saldó con un importante número de bajas, por lo que este trasfondo político es lo que ha servido de temática central en el desarrollo completo de la trama.

Théo Angelopoulos ('La eternidad y un día', 'L’ altro mare') es el director y uno de los diferentes guionistas que han compuesto esta obra, la cual cuenta con la participación de profesionales helenos destacados en el mundo del séptimo como Manos Katrakis ('Gritos de pasión', 'I zougla ton poleon') o Mairi Hronopoulou ('Los cazadores', 'Panikos sta sholeia').

Fuente: Sensacine

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:


viernes, 18 de enero de 2019

LA BAUHAUS ES CENTENARIA PESE AL ODIO DE LOS NAZIS A SU "BOLCHEVISMO CULTURAL"

El grupo 'The bauhauschapel' durante un concierto celebrado en Dessau en 1930
El grupo 'The bauhauschapel' durante un concierto celebrado en Dessau en 1930 


En 1932, el estudiante japonés Iwao Yamaki inmortalizó con un collage fotográfico el cierre de la Bauhaus en Dessau (al este de Alemania), la escuela fundada en 1919 por el arquitecto Walter Gropius. El ataque contra la Bauhaus, como se titula la imagen, representa a un grupo de nazis que caminan sobre la fachada del edificio obligado a clausurar. Sin embargo, no era la primera vez que la academia se veía forzada a cerrar sus puertas. 

Gropius fundó esta escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte hace cien años en Weimar, a unos cien kilómetros al sur de Dessau. Y, precisamente con motivo de su centenario, a partir del miércoles y hasta la última semana de este mes, Alemania se vuelca con un festival artístico multidisciplinar en su honor.

Celebrada en la actualidad, la Bauhaus fue en su día muy malquerida. De Weimar, la ciudad en la que nació, tuvo que marcharse en 1924. La escuela fue víctima de la persecución a la que la sometieron las autoridades locales. Y entonces los nazis no sumaban en las elecciones generales el millón de votos, pero el nacionalismo conservador ya perseguía en aquella época la literatura comunista, algo que los más reaccionarios en la entonces República de Weimar temían se cultivara en las aulas de Gropius y compañía.

Edificio Bauhaus en Dessau
Edificio Bauhaus en Dessau Tillmann Franzen, 2018 © Tillmann
No en vano el propio Gropius, que dejó la dirección de la escuela en 1928, diría que pasó el "90%" de su tiempo defendiendo a la Bauhaus de sus enemigos. La escuela no pudo permanecer abierta ante la hostilidad que generaba entre los más conservadores de su época. En Dassau, los nazis, al poco de hacerse con el poder local, cerraron la escuela, inspirando el mencionado collage de Yamawaki. 
La institución recaló entonces en Berlín. Pero en abril de 1933, apenas tres meses después de que Adolf Hitler se hiciera canciller, la Gestapo entró en las instalaciones berlinesas de la Bauhaus para cerrarla definitivamente. El diario Anhalter Tageszeitung celebró la "desaparición del suelo alemán de uno de los lugares más prominentes entre las manifestaciones artísticas del arte judío y marxista".

La Bauhaus estaba comprometida con la reforma social y la transformación de la vida moderna. Gropius, aunque nunca lo tuvo fácil para persuadir ni en su propia escuela, priorizaba el trabajo colectivo y en comunidad entre los creadores. 

Su sucesor al frente de la Bauhaus fue un "marxista científico" confeso, como era el urbanista y arquitecto suizo Hannes Meyer, quien también impartió cursos de arquitectura en la Bauhaus. A Meyer le sucedió, en 1930, el también arquitecto y diseñador industrial Ludwig Mies van der Rohe, alguien más elitista y dispuesto a ceder en algunos aspectos a las crecientemente populares ideas de orden y mano dura con los aprendices de la escuela. 

Sin embargo, la Bauhaus se había forjado una merecida reputación de adversaria entre nacionalsocialistas. Era "bolchevismo cultural", decían los nazis. Así, Mies van der Rohe no evitó el cierre de la Bauhaus. Fueron más relevantes las ideas promovidas por Gropius y compañía que la impronta que él quiso dar a la escuela.

En el equipo docente de la Bauhaus hubo grandes figuras de lo que el III Reich consideró "arte degenerado". A saber, genios como Paul Klee, Wassily Kandinsky o László Moholy-Nagy. Estos artistas se encuentran entre los creadores de vanguardia a los que Hitler persiguió. Muchos de los prominentes nombres de la Bauhaus acabaron en el exilio.

'Mujer en silla club B3', de Marcel Breuer. Máscara de Oskar Schlemmer. Vestido de Lis Beyer. Sobre 1927
'Mujer en silla club B3', de Marcel Breuer. Máscara de Oskar Schlemmer. Vestido de Lis Beyer. Sobre 1927
En Estados Unidos concretamente, Gropius recalaría en la Escuela de Diseño de Harvard, una posición de prestigio desde la que siguió defendiendo su idea de lo que debía ser el arte. En su opinión, las artes debían estar al servicio de la modernidad e implicadas con su tiempo. Las suyas eran ideas racionalistas, enemigas del romanticismo cultivado por Hitler y el nacionalsocialismo. Que él y otros maestros de la Bauhaus siguieran dedicados a la promoción de sus enseñanzas fuera de Alemania explica también que su movimiento artístico sobreviviera al III Reich.

Artistas represaliados por Hitler

A diferencia de los más afortunados, como Gropius, Moholy-Nagy, quien también se haría docente en Estados Unidos - en el Instituto Tecnológico de Chicago -, o Mies van der Rohe - que hizo lo propio en el Instituto Tecnológico de Illinois -, muchos maestros de la Bauhaus terminaron siendo víctimas del nazismo. En el campo de exterminio de Auschwitz, perdieron la vida creadores asociados a la filosofía de Gropius como la húngara Otti Berger, la austriaca Friedl Dikcer-Brandeis o la alemana Lotte Mentzel, todas de confesión judía. 



Archivo de la Bauhaus y Museo del Diseño en Berlín
Archivo de la Bauhaus y Museo del Diseño en Berlín Foto:Tillmann Franzen, 2018
Sus nombres figuran entre el más de medio centenar de estudiantes y profesores de la Bauhaus que fueron represaliados, asesinados, encarcelados o enviados a campos de concentración por el III Reich. Se les acusó de ser comunistas o judíos.

La Bauhaus, sin embargo, sobrevivió a los nazis. Y tanto. La historiadora del arte estadounidense Ariella Budick, crítica del diario británico Financial Times, apunta que "el espíritu de Bauhaus merodea", sin ir más lejos, en los pasillos de IKEA, compañía sueca que ha democratizado hasta cierto punto esa idea de "diseño de lujo a precios populares" con la que se identifica a la centenaria escuela alemana.

Al margen del gigante sueco de los muebles, Alemania se vuelca ahora en su particular homenaje a la Bauhaus, que cumple 100 años reivindicando su vigencia. Lo hace, además, contando con el apoyo unánime del espectro político. La ministra alemana de cultura, la conservadora Monika Grütters, invita en el programa del festival con el que se celebra el siglo de la apertura de la Bauhaus a "recordar su historia, a enseñarla y a investigar lo que pueda tener que decirnos hoy día". 
Hasta en el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) los hay dispuestos a defender el legado de la Bauhaus. "La Bauhaus es patrimonio cultural mundial. Alemania necesita la Bauhaus", se ha escuchado decir a los responsables de esta formación en Dessau. Un siglo después de su apertura, las ideas de Gropius y compañía han terminado conquistando a reaccionarios como los que en su día les hicieron la vida imposible en Alemania.

Fuente: eldiario.es

jueves, 17 de enero de 2019

ESPACIO DE ARTE CONTEMPORÁNEO EN LA ASAMBLEA NACIONAL DE VIETNAM


Dirigido por 15 artistas, con 22 obras de diferentes géneros, este espacio de arte contemporáneo abrió sus puertas a finales de 2018. Es la primera vez que la sede de la Asamblea Nacional de Vietnam se equipa de ese espacio.

Los tres túneles de la Casa del Parlamento, con una longitud total de más de 500 metros, están cubiertos por obras de arte de distintos géneros: pinturas de laca, dibujos, instalaciones multimedia, relieves, etc.

El espacio es considerado un museo de arte contemporáneo. Los visitantes no solo pueden apreciar el ingenio de los artistas, sino que también pueden vivir en un diálogo continuo entre el pasado y el presente.

El proyecto se realizó durante más de tres meses, con 15 artistas ayudados por más de 100 asistentes y artesanos de una docena de talleres en Hanói, Thai Binh y Hue.

Según el pintor Nguyen The Son, responsable de este proyecto, la mayor apuesta fue crear un espacio artístico e ideológico a la vez, porque se encuentra en un importante edificio político del país.

Fuente: VOV5








miércoles, 16 de enero de 2019

"LOS GIRASOLES CIEGOS" TOMAN LAS TABLAS PARA DESENTERRAR LOS HORRORES DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA



Tolo Ferrà adapta a teatro Manuscrito encontrado en el olvido, una cruda historia sobre dos jóvenes que intentan huir tras la Guerra Civil mientras se enfrentan al frío, al miedo y al parto de un niño

"Elena ha muerto durante el parto. No he sido capaz de mantenerla a este lado de la vida. Sorprendentemente el niño está vivo. Ahí está, desmadejado y convulsivo sobre un lienzo limpio al lado de su madre muerta. Y yo no sé qué hacer. No me atrevo a tocarlo". Así comienza el diario de un joven republicano que intentó escapar del horror de la Guerra Civil por las montañas que separan Asturias de León. El cuaderno del poeta, que fue descubierto por un pastor, ahora descansa en el Archivo General de la Guardia Civil metido en un sobre clasificado como DD. Es decir, difunto desconocido.

La historia es en realidad el Manuscrito encontrado en el olvido, el segundo de los cuatro relatos que componen el libro Los girasoles ciegos escrito por Alberto Méndez en 2004. Es ficción, pero la veracidad de los hechos, vividos y sufridos cientos de miles de españoles, lo convierten en un espejo desde el que mirar a un incómodo pasado todavía por resolver. Porque, a pesar de los años, el exilio, el miedo y la impotencia aun no han cicatrizado del todo.

Precisamente por ello, Tolo Ferrà ha decidido adaptar esta "segunda derrota" a una obra que estará disponible en Teatro del Barrio (Madrid) hasta el 2 de febrero, algo que, según confiesa a eldiario.es. tenía ganas de hacer desde que por primera vez se enfrentó a un texto que acabó "rompiéndole" por dentro.

Su situación personal tuvo gran parte de culpa. Lo leyó en 2008, poco antes de entrar en el quirófano para enfrentarse a un inesperado problema. "En las dos primeras semanas de posoperatorio apenas podía leer ni hablar, el tumor estaba alojado en una zona bastante delicada y mi mayor preocupación era pensar que a partir de ese momento no iba a poder dirigir nada", explica el dramaturgo a eldiario.es. Aun así, lo consiguió. "El cerebro es mágico y de repente reconecta. Fue encontrarme bien y en seguida ver que tenía que enfocar mi energía hacia este proyecto", añade.

Después del paréntesis, Ferrà volvió a reconducir su vida hacia el teatro con una íntima puesta en escena. Porque, aunque el contenido de la obra se ciñe al libro de Alberto Méndez, el dramaturgo ha introducido ciertos elementos que elevan exponencialmente la carga dramática de la obra y ayudan a contextualizarla entre las cuatro paredes.

Pero, más allá de qué se cuenta, el mérito del autor de Los girasoles ciegos reside en cómo contarlo. El capítulo no solo está compuesto por el diario del republicano exiliado, sino por otras voces que ayudan a traer su relato hasta nuestros días, como un atestado de la Guardia Civil o incluso un editor que se plantea si publicar o no el cuaderno.

Ferrà ha hecho lo propio adaptándolo al campo teatral, y ha dado otra vuelta de tuerca a la historia. En este caso es un conferenciante (Patxi Freytez) quien nos enmarca en unas supuestas Jornadas de estudio sobre Los girasoles ciegos, y es a través de su investigación (y su voz) como conocemos lo que ocurrió dentro de aquella montaña nevada en 1940. "Quise jugar con esa mezcla evidente de realidad y ficción para crear la sensación de estar mirando a través de una rendija lo que sucede en la cabaña", apunta el dramaturgo.

Además de la evidente importancia de Eulalio (Miguel Álvarez), que es quien escribe sus memorias, el director también ha querido recalcar la de otro pilar de la historia: Elena (Xisca Ferrà o Marta Gómez, dependiendo de la función). Esta fallece durante el parto, nada más empezar, pero su figura continua presente en el pensamiento y en la palabra escrita del joven poeta. "Para mí no podía simplemente desaparecer. Ella se convierte al morir en la propia muerte", señala Ferrà.

Elena se transforma en una advertencia que llega como el frío y la nieve, representada en escena con un montón de papeles triturados que poco a poco se adentran hasta un núcleo familiar cada vez más deteriorado. Pero, según detalla su director, el uso del papel como material no fue gratuito, sino que representa "el manuscrito" y "los muchos archivos que están ocultos con nombres de personas que todavía no han podido salir de las cunetas".

Asimismo, los intérpretes principales se encuentran acompañados de dos ejecutantes en escena (Leticia Alejos y Vera González), que según el director funcionan "como hilo conductor que relaciona el mundo de la palabra con el mundo de la cabaña". La presencia de las dos actrices es sutil, pero resulta fundamental para dar vida a un universo que, paradójicamente, se encuentra abocado a la muerte.

Tintan de blanco al cuerpo de Elena, manchan de rojo las manos de Eulalio después de matar a un lobo, e incluso dan vida a una vaca famélica que se niega a dar leche. "Me encantan los títeres y la manipulación de los objetos en escena, ya que creo que a través de estos se pueden trasmitir cosas que son de un lenguaje propio del teatro y que nos diferencia de otros como el audiovisual", sostiene el dramaturgo.

El resto de la escenografía, de la que se ha encargado Susana de Uña, se limita a una pared de madera sobre la que se proyectan los documentos a los que hace referencia el conferenciante. Es simple, pero efectivo. Todo lo que aparece en la obra de Tolo Ferrà acaba teniendo su significado en el relato, desde lo que parece un muro inerte hasta la música interpretada en directo por Odin Kaban para cada uno de los elementos que aparecen ante el público. Ocurre hasta con la tierra esparcida por en suelo. "Es la tierra en la que vivimos, que forma parte de lo que somos. Y por eso necesitamos tener claro qué hay debajo de ella", defiende.

Sin embargo, al menos de momento, no parece que esté del todo claro. "No es un tema de abrir heridas. Eso es una metáfora errónea. Tampoco es un tema de colores ni de bandos. Lo plantea muy bien Alberto Méndez: unos fueron vencidos, pero todos fueron derrotados", cita Ferrà. Una derrota que, para Eulalio, culminó con una frase: infame turba de nocturnas aves.

Fuente: eldiario.es

martes, 15 de enero de 2019

CENTENARIO DEL ASESINATO DEL KARL LIEBKNECHT Y ROSA LUXEMBURGO


Monumento actual a Rosa Luxemburgo en la orilla del canal donde fue arrojado el cadáver de la líder comunista. El artista quiso plasmar el nombre de Rosa emergiendo de las aguas del canal como una alegoría del futuro.

Arquitectura y Revolución. El monumento a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht
 
“¡El orden reina en Berlín!”: ¡Estúpidos secuaces! Vuestro “orden” está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!
Últimas palabras de Rosa Luxemburgo escritas en la noche de su asesinato

Acabamos de sufrir la mayor de las pérdidas. El duelo nos embarga por partida doble. Nos han arrebatado a dos líderes, dos jefes cuyos nombres quedarán inscritos por siempre jamás en el libro de oro de la revolución proletaria: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo.
León Trotsky

El marxismo revolucionario tiene entre sus figuras notables a Rosa Luxemburgo [1871–1919]. Muchas biografías se han escrito sobre ella, la de Paul Frölich narra en Rosa Luxemburgo. Vida y obra –en su capítulo final “Hacia la muerte”– las vicisitudes de los últimos días de su vida hasta su asesinato el 15 de enero de 1919, perpetrado por el gobierno socialdemócrata en el Berlín de entonces.

Luxemburgo y Liebknecht crearon la Liga Espartaquista [Spartakusbund], precursora del Partido Comunista Alemán. La lucha de clases era muy intensa y con la derrota de la insurrección de enero las cabezas de Luxemburg y de Liebknecht fueron aplastadas bajo la bota de la soldadesca de los socialdemócratas Gustav Noske y Friedich Ebert, jefes de la contrarrevolución, precursores de las técnicas fascistas nazis. Los grupos paramilitares de extrema derecha [Freikorps] fueron los ejecutores de innumerables crímenes de revolucionarios; su lema era: “Es preciso que alguien sea el perro sanguinario”. La Liga Antibolchevique, fundada por barones rusos, había puesto el precio de 100 mil marcos por las cabezas de los dirigentes espartaquistas. Frölich dice: “No bastaba con soltar la jauría de cazadores de recompensas, voluntarios o mercenarios. La campaña contra Spartakusbund, que había comenzado en los días de noviembre… se transforma en enero en un delirio sádico… Y todos esos chillidos terminaban en el grito de muerte: ¡Liebknecht, Luxemburgo! La sentencia mortal se cumplió pronto por los esbirros militares y sus jefes socialdemócratas. Habiendo sido presos, el 15 de enero Liebknecht fue asesinado a balazos, mientras que Luxemburgo fue herida mortalmente por tres culatazos que le destrozaron el cráneo, minutos después el teniente Vogel le disparo un tiro en el cerebro. El cadáver fue arrojado al canal Landwehr. Allí en el río fue encontrada en mayo de 1919.
Rosa escribía desde la cárcel su profunda pasión por la vida: “Y le sonrío a la vida, como si supiera algún secreto mágico que pudiera desmentir todo lo malo y lo triste, y lo convirtiera en mucha luz y felicidad. Y busco la razón para tener tanta alegría. No encuentro nada y tengo que reírme otra vez de mí misma. Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma, la profunda penumbra de la noche que es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla”.

El triunfo de la contrarrevolución en enero de ese año había incubado el huevo de la serpiente y una de sus consecuencias la victoria de Hitler en 1933. Con el fascismo alemán y el apogeo del estalinismo en la Rusia soviética iniciaba la medianoche del siglo [Víctor Serge dixit]. Pero la consigna de Luxemburgo sigue válida. ¡”Socialismo o barbarie”!


El monumento funerario fue diseñado en 1926 por Ludwig Mies Van der Rohe [1886–1969]. La obra de este gran arquitecto alemán forma parte de toda aquella vanguardia de la arquitectura moderna. Este monumento es emblemático de tal vanguardia por su pureza formal volumétrica. Adolf Loos [1870–1933], arquitecto austriaco, contemporáneo de Van der Rohe, escribió: “Sólo hay una pequeña parte de la arquitectura que pertenezca al arte: el monumento funerario y el monumento conmemorativo. Todo lo demás, lo que sirve para un fin, debe quedar excluido del reino del arte”. En tal sentido, el monumento a estos mártires revolucionarios puede considerarse como una verdadera obra de arte por su estética arquitectónica. El monumento de Mies no era el primero que tuviese un propósito conmemorativo político en aquellos tiempos. En 1922 el reconocido arquitecto Walter Gropius, quien al igual que Van der Rohe fue director de la Bauhaus, diseñó un monumento en homenaje a los asesinados en el pustch Kapp –golpe militar fracasado en marzo de 1920, a comienzos de la República de Weimar. El monumento, erigido en el cementerio principal de Weimar, seria demolido en 1933 y reconstruido en 1946.

Mies Van der Rohe no era un arquitecto de izquierdas propiamente, cierto que fue simpatizante en los años veinte de la Rusia Soviética, pues perteneció a la Sociedad de Amigos de la Nueva Rusia. Fue un liberal burgués progresivo, no obstante que colaboró con los nazis para diseñar el Pabellón de Alemania para la Feria Mundial de Bruselas de 1935. El auge del nazismo le obligó a emigrar a Estados Unidos en 1937.

Quien promovió la construcción del monumento a Luxemburgo fue Edward Fuchs [1870–1940], un estudioso marxista alemán de cultura e historia, escritor, coleccionista de arte y activista político. Walter Benjamin hizo un ensayo sobre este coleccionista, quien poseía una vasta obra de Honoré Daumier.

Según le cuenta el propio Van der Rohe a Donald Drew Egbert, autor de El arte y la izquierda en Europa: de la Revolución Francesa a mayo de 1968, conoció a Edward Fuchs una noche por un amigo común: “Tras discutir sus problemas sobre la casa, Fuchs nos dijo que quería mostrarnos algo. Esto resultó ser la fotografía de un modelo para un monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Era un gran monumento de piedra, con columnas dóricas y medallones de Luxemburgo y de Liebknecht. Cuando lo vi me puse a reír y le dije que sería un gran monumento para un banquero. Debió sentirse muy molesto por ese comentario, porque a la mañana siguiente me llamó y me dijo que como me había reído del monumento que me mostró, le gustaría saber que propondría yo. Le dije que no tenía la menor idea de lo que haría en su lugar, pero como casi todas las personas eran fusiladas frente a un muro, yo utilizaría un muro de ladrillos como monumento. Fuchs no podía imaginarse cómo un muro de ladrillos podría ser utilizado como monumento, pero me dijo que si yo tenía una idea, le gustaría verla. Pocos días después le mostré mi boceto del monumento, que al final se construyó”. Cierto es que Rosa y Karl nunca fueron fusilados ante un paredón, pero el uso de ladrillos y los volúmenes superpuestos es genial.


Román Munguía Huato
 
Es académico de la Universidad de Guadalajara (México) y militante de la Liga de Unidad Socialista. 

Fuente: sinpermiso

lunes, 14 de enero de 2019

EL ARCHIVO LUKACS, DISPONIBLE EN INTERNET

Está disponible online el archivo Lukács, con sus manuscritos digitalizados, en esta web:

http://real-ms.mtak.hu/view/creators/Luk=E1cs=3AGy=F6rgy=3A=3A.html

 

domingo, 13 de enero de 2019

"EL ADOQUÍN ES EL ARMA DEL PROLETARIADO", ESCULTURA DE IVAN SHADR


El adoquín es el arma del proletariado
Ivan Shadr
1927
Bronce
125 cm de altura

Galería Tetryakov (Moscú)


El adoquín es el arma del proletariado, es obra del escultor ruso Ivan Shadr. Creada en 1927, se convierte en un símbolo de los combates callejeros.

Está preaparnado la enorme roca para lanzarla al enemigo; en su cara se observa el odio desesperado, los brazos con movimientos intensos, el estrés del cuerpo, la elasticidad, una batalla constante con los elementos. Aquí se nota la organización y una composición dinámica emocional, la lucha del hombre con la naturaleza: es un ejemplo perfecto de monumentos heroicos de Shadr, combinando la verosimilitud realista con la expresividad generalizada.

Fuente: Roberto Infantes García-Carpintero (La pintura de la ex República Democrática Alemana a través de los artistas más destacados de la Escuela de Leipzig: Neo Rauch y predecesores)


sábado, 12 de enero de 2019

"ESCAPE DE SOBIBOR", PELICULA SOBRE EL INTENTO MÁS EXITOSO DE FUGA DE UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN NAZI, DIRIGIDO POR UN OFICIAL SOVIÉTICO

Título original: Escape from Sobibor
Año: 1987
Duración: 143 min.
País: Reino Unido
Dirección: Jack Gold
Guión: Thomas 'Toivi' Blatt, Reginald Rose (Libro: Stanislaw 'Shlomo' Szmajzner, Richard Rashke)
Música: Georges Delerue
Fotografía: Ernest Vincze
Reparto: Rutger Hauer, Alan Arkin, Joanna Pacula, Hartmut Becker, Jack Shepherd, Emil Wolk, Simon Gregor
Sinopsis: Sobibor es un pequeño pero activo campo de concentración, donde la única esperanza de salvación es la huida. Existe un plan para sacar de ese infierno al mayor número de personas posible, pero hay que tener en cuenta que, de prosperar la fuga, los alemanes tienen como norma eliminar a tantos prisioneros como hombres consigan escapar.

En 2018 se cumplió el 75º aniversario de la fuga masiva del campo de exterminio de Sobibor, el intento más exitoso jamás realizado en este tipo de instalaciones durante la Segunda Guerra Mundial.

El 14 de octubre de 1943, más de 400 prisioneros dirigidos por el oficial judío soviético Alexánder Pecherski llevaron a cabo un alzamiento en el campo de exterminio de Sobibor. Mataron a 11 guardias de las SS e intentaron capturar una armería. Habiendo fracasado, corrieron en grupo hacia los bosques a través de un campo minado.


La mayoría de los fugitivos morirían, capturados y fusilados al instante, o traicionados por la población local para resultar finalmente ejecutados. Sólo 53 personas sobrevivieron hasta el final de la guerra, entre ellas Alexander Pecherski, que murió en 1990.

Al día siguiente, el 15 de octubre, fueron ejecutados 130 presos que habían decidido no escapar. Por orden personal de Heinrich Himmler, el campo fue completamente arrasado para borrar todo recuerdo de la fuga.

VER PELICULA:

viernes, 11 de enero de 2019

"LA CUERDA", RELATO DE PAQUI MAQUEDA Y PRÓLOGO DE ISAAC ROSA

LA CUERDA
Paqui Maqueda
Prólogo de Isaac Rosa
Ilustraciones de Alex P.
EL GARAJE EDICIONES
90 páginas
Formato: 13,5 x 19,5 cms.
ISBN: 978-84-947949-9-5
Precio: 10 euros

La cuerda es un relato basado en hechos reales, aunque ficcionados. Ambientada en la guerra civil española, describe a un grupo de personas que caminan un amanecer entre olivares. Algunas de ellas, unidas por una cuerda, enfrentan sus últimos momentos de vida. Serán ajusticiadas, sin juicio previo, por el simple hecho de pensar de forma diferente a sus ejecutores.

A la voz de estas víctimas les acompañan los pensamientos de otros personajes, dos falangistas, un sacerdote y el propietario de unas tierras, cuya función es imprescindible en el desarrollo de la acción.

Las voces que nos hablan pueden ser de cualquier persona, en cualquier lugar del mundo que se encuentre en una situación similar, por lo que este relato puede considerarse como un grito que denuncia la intolerancia hacia todo aquello que, por ser distinto, es temido y por ello debe ser aniquilado.

LA AUTORA:

Paqui Maqueda Fernández

Trabajadora Social del Ayuntamiento de Sevilla, comprometida en la causa de la memoria histórica y presidenta de la asociación Nuestra Memoria de Sevilla.

Su familia fue duramente represaliada durante la Guerra Civil y la dictadura. Sobre esos hechos y sus consecuencias, escribió en 2003 el relato Azul oscuro.

En 2013 viajó a Buenos Aires, Argentina, junto con un grupo de personas para sumarse a la conocida Querella contra los crímenes franquistas y narró sus vivencias en colaboraciones diarias en el periódico andaluces.es.

En el año 2014 publicó En la silla del criminal, también con prólogo de Isaac Rosa.

jueves, 10 de enero de 2019

EL ESCRITOR ANDRÉS SOREL FALLECIÓ LA NOCHE DEL LUNES EN MADRID A LOS 81 AÑOS

 Andrés Sorel, en una imagen de archivo de 2010.

Andrés Sorel, en una imagen de archivo de 2010. EFE


La huella de un escritor y activista

Andrés Sorel, segoviano de 1937, falleció la noche del lunes en Madrid a los 81 años tras una dilatada carrera literaria en la que se prodigó en el ensayo, en la novela y en textos inclasificables en los que se mezclaba la ficción, el reportaje y el compromiso político.

Su trayectoria, que se inició bajo la dictadura, estuvo profundamente vinculada a la evolución de la izquierda española, tanto en el ámbito cultural como en el ámbito político. Miembro durante muchos años del PCE, fue la expresión de una cultura de resistencia sometida, en aplicación de la vieja ley Fraga de Prensa e Imprenta, a una férrea censura: el propio ministro franquista artífice de la ley prohibió la publicación de sus libros.

En ese tiempo, vivió en el exilio (entre 1962 y el año de la muerte de Franco), militó en el PCE, organización que abandonó por diferencias políticas e ideológicas en 1963, y se identificó, como la mayor parte de la izquierda de aquella década, con la Revolución cubana y con la práctica totalidad de las causas de la izquierda y de los movimientos alternativos que se desarrollaron en Europa.
Su obra se comenzó a publicar en España de modo tardío —de 1972 data su primer ensayo, Introducción a Cuba, y de 1978 es su primera novela, Discurso de la política y el sexo—. Suma cerca del medio centenar de títulos: 11 novelas, 13 ensayos, nueve libros de diversa factura, mezcla de periodismo, ficción y política, y ediciones críticas y numerosos artículos sobre autores como José Martí, Antonio Machado, Luis Cernuda, León Felipe o José María Arguedas, entre otros.
Sus más recientes y destacadas novelas fueron Último tango en Auschwitz (2013) y …y todo lo que es misterio (2015), y sus dos últimos ensayos los dedicó a José Saramago y a Miguel Hernández.
Sorel desarrolló una labor reseñable en el campo del periodismo y no solo como colaborador o columnista, sino como impulsor de proyectos vinculados a una sensibilidad radical: promovió en 1980 Liberación, una suerte de réplica del diario francés del mismo nombre, participo en los sesenta como corresponsal en Radio España Independiente y dirigió, también en aquellos años, la revista Información Española, dirigida a la emigración.

Hijo de la Guerra Civil, creció y se formó bajo la dictadura, en España y en el exilio, formando parte de la amplia leva de escritores que hicieron del compromiso político una parte esencial de su labor. Eso le llevó a participar, en 1976 y 1977, en la creación, con Ángel María de Lera y otros autores del momento, de la Asociación Colegial de Escritores (ACE), de la que fue secretario general durante tres décadas. Dejó el cargo en 2015. Mientras ejerció su responsabilidad en la ACE dirigió y coordinó la revista literaria República de las Letras y participó en la junta directiva de la entidad de gestión de derechos Cedro, también hasta 2015. El festival Getafe Negro le otorgó en 2013 el premio José Luis Sampedro.

Manuel Rico es escritor y crítico literario y presidente de la ACE.

Fuente: El País

miércoles, 9 de enero de 2019

"EDIFICE", REPORTAJE DEL FOTÓGRAFO POLACO KAROL PALKA


Edifice, del fotógrafo polaco Karol Palka es un viaje visual a través de los interiores de los edificios de la era comunista en Polonia, Eslovaquia y Alemania Oriental. Incluye tomas del Hotel Polana, un ejemplo de la arquitectura realista socialista que una vez fue propiedad del Partido Comunista de Checoslovaquia y fue visitada por Nikita Khrushchev y Fidel Castro, ahora un edificio de oficinas en desuso para la administración de la fábrica de acero Nowa Huta. La serie cuenta una historia sobre el poder y su impermanencia; un edificio que una vez proporcionó refugio, seguridad y un sentimiento de fortaleza se revela como ilusorio, su poder transitorio. El espectro de su caída está siempre cerca, acechando a la vuelta de la esquina, detrás de las paredes frías de ideas grandiosas.

 





¿Cómo ha afectado el lugar donde creciste tu trabajo como fotógrafo?
Crecí en Rabka-Zdrój, un pequeño pueblo ubicado en las montañas polacas. Cuando era niña, la fotografía se convirtió en mi pasión. Solía ​​fotografiar montañas y paisajes, estaba creando una realidad utópica. Me perdí en hacer estas imágenes y me divertí. Creo que sentí lo mismo cuando fotografié los interiores comunistas. La intuición y el lugar donde vivo definitivamente me determinan como fotógrafo.
 
¿Dónde encuentras inspiración para los temas de tus proyectos?
En mis proyectos trato de guiarme por mi intuición. Vine a la primera ubicación por accidente. La idea nació de la toma de nuevas fotos y el descubrimiento de nuevos lugares. Preparé Edifice porque quería contar una historia sobre el poder y su impermanencia.
 








Elige una fotografía del proyecto que enviaste y cuéntanos algo que nunca hubiéramos sabido.



Hotel Polana fue construido en la década de 1970. Bajo el comunismo, era el lugar más protegido de los Tatras. El hotel solo atendía las necesidades de los oficiales del Partido Comunista.
 
Esta foto muestra el Salón Rojo en el que Václav Klaus y Vladimír Mečiar firmaron el tratado que afirma la división de Checoslovaquia. Dicho salón vio la división autodeterminada del estado federal de Checoslovaquia en la República Checa y Eslovaquia, entidades que habían surgido anteriormente en 1969, como las Repúblicas Socialistas Checa y Eslovaca en el marco de la federalización checoslovaca. Este acto a veces se conoce como el divorcio de terciopelo, una referencia a la Revolución de terciopelo sin sangre de 1989 que llevó al final del gobierno del Partido Comunista de Checoslovaquia y la formación de un gobierno democrático.











Entrevista: Liza Premiyak. Imágenes: Karol Palka. Fuente: Calvert Jorunal

martes, 8 de enero de 2019

"EL PUEBLO. AUGE Y DECLIVE DE LA CLASE OBRERA (1910-2010)", DE SELINA TODD

El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010)
Selina Todd
ISBN 978-84-460-4681-3
Fecha publicación: 29-10-2018
Páginas: 544
Editorial Akal

«La vasta y apasionada historia que compone Selina Todd constituye una contribución más que necesaria a la renovada pujanza del pensamiento sobre las clases sociales… Todd aborda la misión de pintar la clase obrera de nuevo contra el lienzo de la historia.» (Owen Jones)

A principios del siglo XX, la mayor parte de la población británica pertenecía a la clase obrera; cien años después, su existencia misma está en entredicho. El más poderoso sujeto de transformación social, aquella fuerza que tuvo en sus manos ganar un mundo nuevo, parece haberse desvanecido en el lapso escaso de un siglo. Este libro escribe su historia.

En él, Selina Todd traza con maestría el ascenso de la clase obrera entre las dos guerras mundiales, su feroz resistencia al thatcherismo y su declive, que no desaparición, hasta hoy. Lo hace desvelando una Gran Bretaña sorprendente, en cuyos cines se alzaban desafiantes los puños cuando Winston Churchill aparecía en la pantalla, donde la comunidad entera batallaba junto a los huelguistas y donde las identidades rara vez se configuraban en torno al dinero. El pueblo es la vibrante historia de un siglo revolucionario y de quienes –albañiles, criadas, trabajadoras industriales o mineros– forjaron realmente el mundo moderno.

Contenidos

Introducción

PARTE I

Criados, 1910-1939

I. El desafío de escaleras abajo

2. Beligerantes de pelo corto

3. Enemigos interiores

4. Paro

Interludio I. Ha nacido una estrella

5. Política en el Palais

PARTE II

El pueblo, 1939-1968

6. La guerra del pueblo

Interludio II. Sobre «el Lloyd George»

7. Las nuevas Jerusalén

Interludio III. Liberar al Pueblo

8. Comunidades

Interludio IV. Amor y matrimonio

9. Nunca hemos estado tan bien

Interludio V. La sociedad opulenta

10. La época dorada de la Grammar School

11. Héroes de clase obrera

Interludio VI. Gastar, gastar, gastar

12. ¿Una nueva clase media?

Interludio VII. Ofrecerse

PARTE III

Los desposeídos, 1966-2010

13. Una nueva Gran Bretaña

14. Problemas y conflictos

Interludio VIII. Retorno a Castleford

15. Tiempos duros

16. Una sociedad sin clases

Epílogo

Posfacio. Nuestro Estado actual, 2011-2015

Agradecimientos

Crédito de las imágenes

Bibliografía seleccionada

lunes, 7 de enero de 2019

88 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL FILÓSOFO MARXISTA FRANCÉS GEORGES LABICA

El 27 de diciembre de 1930 nacía en Toulon el insigne filósofo marxista francés Georges Labica. Lo recordamos con este texto introductorio a su penetrante estudio del principal actor de la Revolución Francesa: Maximilien Robespierre.

INTRODUCCIÓN. UN PENSAMIENTO DE LO INÉDITO

¿Para qué añadir un nuevo Robespierre a una bibliografía que comporta ya algunas sumas decisivas y que no ha cesado de extenderse, a pesar de las reservas recientemente manifestadas, después de la conmemoración del bicentenario de la Revolución de 1789, en relación con el Incorruptible? Simplemente porque me ha parecido que el pensamiento político de Maximilien Robespierre merecía ser tomado en serio. Este es un libro de un filósofo que escucha a uno de lo suyos.

De quien conviene, de entrada, subrayar la originalidad.

El carácter propiamente innovador del pensamiento de Robespierre, aunque no tenga nada de excepcional en su época, puesto que este carácter innovador es compartido por muchos de sus contemporáneos (Saint-Just, Marat, Grégoire, Couthon, de Gouges, Billaud, Roux, Babeuf, etc.), no adquiere menos un valor emblemático. Se trata de pensar la Revolución en el momento mismo en que se produce, en el momento en que, a veces a tientas, a veces de forma fulgurante, ella pretende controlar intelectualmente sus actos, inventando toda una terminología con todas sus piezas. Esto no tiene precedentes. Es difícil y más de lo que se cree, acotar el concepto de revolución, incluso para nosotros que nos beneficiamos del corpus marxista y de un siglo y medio de experiencias históricas y teóricas. Aún más lo era para Robespierre, que fue el producto de la Revolución, literalmente hecho por ella, arrebatado por su movimiento, obstinándose tenazmente, esta vez, sin nada análogo, en captarla, ceñido a sus procesos, no habiéndola vista venir, ni anticipar, pero siguiéndola, dejándose inspirar día a día y tratando en vano, lo sabemos, asegurar su control. Marx, durante su vida, preparó la Revolución, determinó sus condiciones, previó sus actores y fuerzas motrices, estableció las vías, los fines y sugirió las perspectivas, pero no la hizo. Se como sea y a pesar de sus compromisos episódicos o marginales, él fue únicamente un espectador, en 1848, como bajo la Comuna. Lenin, desde los últimos años del siglo XIX, prepara el octubre soviético, que es su creación, la culminación del trabajo sin des can so de dos decenios. Hizo la Revolución que tenía en la cabeza y cuyo advenimiento le sorprendió en plena redacción, suspendida inmediatamente, de El estado y la Revolución, que ponía las bases de su porvenir y exponía sus etapas. Él dirigió la Revolución según sus principios, fundó un nuevo tipo de poder, gobernó la sociedad, promulgó las reglas de acuerdo con sus posibilidades y midió sus contradicciones. Aún más: adoptó los medios para su universalización, fundando la Internacional comunista. Orquestó su defensa, aseguró su ejemplaridad, mundializó su práctica.

Nada que ver con Robespierre. En 1775, a los diecisiete años, el brillante alumno del colegio Luis el Grande, vio como se le confiaba el honor de recitar el cumplido de costumbre a la joven pareja real, Luis XVI y María Antonieta. El 26 de abril de 1789, era un abogado de treinta años, que gozando de una notoriedad local de buen gusto, bien integrado en su medio, miembro de la Academia de Arras y orgulloso de pertenecer a la Sociedad de los Rosati, donde hace ri mas gentilmente, fue elegido diputado del Tercer Estado de Artois en los Estados Generales. En contraste con los grandes tenores, con la reputación ya adquirida, fuera cual fuera, los Condorcet, La Fayette, Barnave, Siéyès o Mirabeau; a diferencia de Marat, del cual estará tan próximo, que había publicado, catorce años antes, su Las cadenas de la esclavitud (1774), Robespierre solo es alguien anónimo, entre otros miles. Sus intervenciones en la Constituyente, aunque numerosas, pasarán desapercibidas. Así, él nacerá con la Revolución, al mismo tiempo que ella, y será el más intransigente en encarnarla hasta su muerte.

Es justo decir, con el conjunto de sus intérpretes, que su existencia se confundirá totalmente con la trayectoria de la Revolución (1) desde 1789 hasta 1794, desde su primera toma de palabra, el 18 de mayo de 1789, a la última, el 26 de julio de 1794 (8 de Thermidor). Con su ejecución, como dirá Laponneraye, y tantos otros después de él: “La Revolución se paró y volvió sobre sus pasos” (Robespierre, p. 22). El 7 de enero de 1795, la panadera Pommier hizo, ante el estupor de sus clientes, que la denunciaron, esta constatación: “Desde que asesinaron a Robespierre, se hizo la contrarrevolución” (2). Entendámoslo: la Revolución en su radicalidad. A la que, consciente y voluntariamente, Robespierre consagró y sacrificó su vida. Él lo experimentaba y lo anunciaba, desde los primeros versos en los Rosati:

El único momento crucial del justo, en su última hora,

Y el único del que entonces seré desgarrado,

Es ver, muriéndose, la pálida y sombría inquietud

Destilar en mi frente el oprobio y la infamia

De morir por el pueblo y de ser aborrecido por él (3).

Él lo repetirá constantemente, no sin un cierto masoquismo, hastaclos últimos discursos en el club Jacobino (“No me veréis mucho tiempo”) y en la Convención (“Qué amigo de la patria puede querer sobrevivir…”). Hasta el punto que su fin es asimilable a un suicidio político deliberado. No es menos exacto reconocer que el Incorruptible —epíteto que se impone desde la primavera de 1791— fue objeto, por esa razón, de una popularidad sin igual, y quizás como lo asegura Massin, “amado por el pueblo de Francia como ningún jefe político, ningún gobierno de su tiempo” (p. 6) (4). Lo testimonian sus elecciones, de las cuales la última, casi unánime, a la presidencia de la Convención (6 de junio 1794), y el hecho de que él transitaba siempre, incluso en los peores momentos, a pie, sin protección.

El pensamiento de la Revolución, hay que insistir en ello, el pensamiento de un fenómeno tan global como el de la Revolución francesa, no tiene, hablando estrictamente, un predecesor. De ahí el empréstito por parte de los hombres de 1789, a las figuras legendarias de la Antigüedad romana. Robespierre fue perfectamente consciente de esta novedad. En abril de 1789, en su Dedicatoria a los manes de Jean-Jacques Rousseau, él evoca “la peligrosa carrera que una Revolución increíble acaba de abrir ante nosotros” (subrayado por G.L.). Él declara, el 25 de diciembre de 1793: “la teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la Revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han previsto de ninguna manera esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que, contentos de abusar de su poder, se ocupan muy poco de buscar su legitimación”. Lo nuevo, es la autocreación revolucionaria, “la primera república del mundo” (noviembre de 1793), que da a Francia, dice en embargado por el entusiasmo, “dos mil años de adelanto sobre la especie humana”. Es “la era francesa” y su absoluta novedad, que Destutt, en su Gramática, opone a Montesquieu. La primacía y la originalidad de la Revolución francesa, en relación con la revolución americana, fueron saludadas igualmente por Condorcet y por Burke.

Nadie estuvo más convencido de ello que Robespierre: “Los Franceses son el primer pueblo que ha establecido la verdadera democracia, llamando a todos los hombres a la igualdad y a la plenitud de los derechos del ciudadano” (4 de febrero) de 1794.

El último aspecto, también él adecuado a lo inédito que nos llama la atención: la elocuencia de Robespierre, es decir su obra. No se trata de considerar aquí su estilo oratorio, tema controvertido, a pesar de que, si es cierto, como dice Korngold, que él “fue el ídolo del bello sexo más que cualquier otro hombre de la Revolución” y que “cada vez que él tomaba la palabra, las mujeres se atropellaban en las tribunas” (p. 27; igualmente, p.64, 85, 245), debemos, por lo menos, atribuirle “la elocuencia del corazón”. ¿No es significativo que alguien que era, ante todo, un asceta, un virgen, que suscita algunas pasiones (la de su hermana, Charlotte, la de la señorita Duplay), cuya vida sentimental fue sin duda inexistente, por causa de la revolución haya seducido con su palabra a las mujeres de su tiempo? Pero se trata de levantar acta de que Robespierre fue, por excelencia, un hombre de palabras y únicamente esto. Desde sus alegatos de joven abogado hasta sus largas exposiciones en la Convención, 100 intervenciones a la Asamblea en 1790, más de 300 en 1791 (Guillemin, p.71), de 250 a 300 bajo la Convención, 200 en 144 sesiones del Consejo general de la Comuna (Bouloiseau A, p. 18-19), he aquí su obra, completada por los artículos de su diario El Defensor de la Constitución, por las cartas, por un Carnet y por Notas, publicadas por Mathiez. En total un millar de discursos, muchas veces redactados con cuidado, repetidos al menos dos veces en el mismo día, en el Club y en la Asamblea, reproducidos oficialmente y difundidos en toda Francia, otras veces improvisados, a medida de las coyunturas y de los debates. No eran obras acabadas, aunque muchos textos, sobre todo los de la Convención (lo veremos más adelante), merecen ampliamente este estatuto, mientras que Marat, que tenía quince años más que él escribió diversos libros antes y durante la Revolución, igual que Saint-Just, que tenía quince años menos. He aquí otra singularidad, el pensamiento de la Revolución, su palabra, se casa con su desarrollo, hecho de sobresaltos, se pega a sus actos, discurre sobre ella, la sostiene y la desaprueba, busca su coherencia e intenta comprenderla teóricamente, sin antecedentes que la prefiguraran, sin consecuencias que fijasen su figura. La cancioncilla popular de 1792, último cumplido a M. Petion, sin duda tiene razón:

Es el hombre más elocuente

Después de Robespierre… (5)

A estas especificidades probadas que definen el pensamiento político del principal actor de la Revolución, está consagrado este libro.

Notas:

(1) No fue el caso, lo sabemos, ni de Mirabeau, ni de Condorcet, ni de Danton, ni de Marat, ni de Hebert, desaparecidos, durante el camino, de diversas maneras… tampoco el de Saint-Just, ausente al inicio.

(2) Citado por D. Godineau, Les tricoteuses, París, Alinéa, 1988, p. 292.

(3) M. R. Oeuvres, t. I, p. 246.

(4) Robespierre “fue, escribe Soboul, y continúa siendo el Incorruptible, el único entre nuestros hombres políticos, desde casi dos siglos, en haber merecido este título” (p. 225).

(5) Chansonnier Révolutionnaire, éd. De M. Delon y P.-E. Levayer, París, Gallimard, 1989, p. 83.

Introducción del libro de Georges Labica Robespierre. Una política de la filosofía.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/robespierre-una-politica-de-la-filosofia/

Fuente: Rebelión

domingo, 6 de enero de 2019

"LAS CRIBADORAS DE TRIGO", DE GUSTAV COURBET


Las cribadoras de trigo
Gustav Courbet
1854
Oleo sobre tela
131 x 167 cm
Musée des Beaux-Arts de Nantes

Con Las cribadoras de trigo pintado en 1854, Courbet continúa la observación de la sociedad e inmortaliza una escena de la vida campesina.

El artista elige como modelo a tres miembros de su familia. En el centro de la composición, Zoe, una de sus hermanas, se ve arrodillada sobre una sábana blanca. Ella tamiza el trigo con un colador. A la izquierda, al fondo, Juliette, otra de sus hermanas, se apoya en sacos de trigo. Ella realiza la misma tarea a mano. A la derecha, sentado en una bolsa, un joven controla el interior de una máquina mecánica que reemplaza el tamizado manual de granos de trigo. Podría ser Desire, hijo ilegítimo que Courbet hubiera tenido con su modelo Virginie Binet, en 1847.

La posición de los personajes divide la tabla en tres partes. Concentrados en sus tareas, evolucionan de forma independiente en un espacio ambiguo, sin ángulos ni un solo punto de fuga.

La composición se centra en Zoe en el centro. El color de su vestido brilla en medio de los tonos marrones de los granos de trigo, la pared y los colores más oscuros de la ropa de los otros personajes. Su posición también la hace más activa. Su cuerpo ligeramente desproporcionado en el brazo derecho, parece evolucionar al ritmo del tamiz. El arco de su espalda y la tensión de sus brazos recuerdan la dificultad del mundo rural.

Juliette aparece como ausente. El color de su piel, muy pálido, se confunde con el de los sacos de trigo y tela. Su cabeza inclinada sugiere que se quedó dormida en su tarea. El niño pequeño, inmóvil, vigila el mecanismo de la máquina.

De izquierda a derecha, el espectador sigue el largo y laborioso trabajo de clasificación manual y la dificultad física de usar el tamiz y, finalmente, la revolución para el mundo agrario que es la llegada de la máquina tamizadora.

A través de este trabajo, Courbet rehabilita el mundo rural y cuestiona la supremacía de la gran pintura académica al elevar esta pintura al mismo rango que la pintura de la historia.

La pintura es adquirida por el Musée des Beaux-Arts en el Salon de Nantes en 1861, durante la vida del artista.

sábado, 5 de enero de 2019

"¡CUBA SÍ!", DE CHRIS MARKER

Título original: ¡Cuba Sí!
Año: 1961
Duración: 50 min.
País: Francia
Dirección: Chris Marker
Guión: Chris Marker
Música: J. Calzada, Eduardo Gonzàlez Mantici
Fotografía: Chris Marker


Cuba sí está entre aquellos primeros filmes que el realizador consideraría más adelante parte de su prehistoria como cineasta –un período de balbuceos antes de La jetée–. Sin embargo, representa un trabajo sintomático. Y ello por múltiples razones. Primero, porque da cuenta del entusiasmo y a la vez del pánico que la revolución cubana suscitó en todo el mundo. Por una parte, el sueño de un socialismo que no se rigiera por el eufemístico centralismo democrático que los tanques rusos habían impuesto en Europa del este. Por la otra, empezando por Estados Unidos, iba rondando la pregunta: ¿cómo restañar la marea roja? Es ése el telón de fondo del documental.

Así la voz en off no para de insistir en el carácter absolutamente cubano de la revolución. Y, por lo tanto, en ese modo tan cubano de organizar la defensa de la isla, de ir a las manifestaciones, de montar un desfile y ¡hasta de cortar las naranjas o de beber! La cámara se regodea en rostros que, en su diversidad (blancos, mestizos, negros) e indiferencia, evocan una Babel en estado de sitio y sin embargo feliz –rayano en la etnología del buen salvaje–. Secuencias breves o planos cortos se suceden a un ritmo desenfrenado que, como la revolución, no se detiene, salvo en el momento en que habla Fidel. La alternancia continua entre los planos abiertos de la muchedumbre y los planos cerrados de los rostros viene a sugerir que, más que diluirse en la masa, el individuo se realiza en la colectividad.

Pero hay más. Cuba sí puede ser visto como la matriz de lo que sería en adelante el enfoque de la izquierda respecto a la realidad cubana –aquí coinciden todos los tópicos–. La lucha entre David y Goliat, el pueblo jubiloso tras la figura providencial de su líder, los logros sociales y la excepción caribeña –en la que no hay gulags–. Claro que se trata de un filme comprometido que no oculta sus afinidades. Pero es precisamente eso, la voluntad de ensalzar la revolución, lo que obstaculiza su comprensión. Encuadrándose la complejidad de semejante acontecimiento en una caricatura.

De ahí ese sorprendente contraste entre la cámara, que se desliza continuamente entre la multitud y enfoca fijamente rostros y cuerpos, escruta sus gestos, abandonándose al éxtasis, y la ausencia de palabra: no hay preguntas: ¿qué sienten, qué piensan esos rostros, esos cuerpos? Nunca lo sabremos. No es sino mediante el comentario que se nos da una idea. Y en este sentido el uso del sonido es revelador. Compuesto básicamente de tres pistas –la voz en off, el sonido directo, la música y los efectos sonoros– organizadas de la siguiente manera: el sonido directo proporciona el color local, algún que otro trozo de lo real; la música (cubana por lo general) pasa de temas épicos a festivos; a la vez que la voz en off domina el conjunto, articulándolo por medio de reflexiones que le imponen a cada imagen un sentido.

La única otra voz en la partitura, la de Fidel, fragmentos de discursos, de entrevistas, contribuyen a componer la imagen del redentor. La armonía entre el pueblo y el mesías se pone de manifiesto precisamente en la ausencia de palabra del primero. No obstante, aunque el apoyo a la revolución haya sido casi unánime (como lo fue en sus inicios), las discrepancias en torno a su significado, a lo que debería ser, van tejiendo la trama de su futuro. Es esa tensión, esa lucha encarnizada que se libran las diversas facciones políticas y sociales para imponer el sentido de la revolución, lo que el filme pasa por alto al negarle la voz a la calle. Paradójicamente, queda una imagen estrafalaria, y sin embargo profética, la de un pueblo reducido al rol de coro, su voz convertida en simple eco.

Fuente: Fronterad

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viernes, 4 de enero de 2019

EL MISTERIOSO UNIVERSO DE BANKSY LLEGA A MADRID



El Espacio 5.1 de Ifema acoge hasta el 10 de marzo la primera exposición en España sobre el polémico artista británico de arte urbano. La exposición recorre distintos ámbitos temáticos a través de más de 70 creaciones que incluyen obras originales, esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías. Una gran instalación audiovisual envolvente especialmente creada para esta muestra dará la bienvenida al visitante

Bajo el título BANKSY. Genius or Vandal?, la primera muestra sobre el misterioso artista británico de arte urbano que se organiza en España. La exposición acerca al visitante al controvertido universo artístico de uno de los creadores más influyentes de los últimos años, a través de diferentes ámbitos temáticos y más de 70 creaciones que incluyen obras originales, esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías. Las piezas, procedentes de colecciones privadas y con la colaboración de Lilley Fine Art/Contemporary Art Trader Gallery, se exhiben en España por primera vez.

Una gran instalación audiovisual envolvente especialmente creada para esta muestra da la bienvenida al visitante, desvelando pistas sobre el misterioso artista, destacando sus piezas más importantes y enmarcando su insólita trayectoria, no exenta de polémica.



Sobre estas líneas. Smiling Copper Plying Copper. Arriba, Love is in the air. Todas las obras por Banksy.
Entre las obras más reconocidas de la muestra se encuentra la serigrafía original de la serie Niña con globo, similar a la recientemente destruida por el propio artista tras ser adquirida por más de un millón de euros en una subasta celebrada en la casa de subastas Sotheby’s, en Londres.


Bomb Love.

¿Genio o vándalo? El público decide. Escurridizo, provocador, misterioso… Banksy, el artista británico cuya identidad aún se desconoce, está considerado como uno de los principales exponentes del arte urbano contemporáneo. Sus obras, a menudo satíricas, abordan temas universales como la política, la cultura o la ética. El aura de misterio que, por elección y por necesidad, se perpetúa cada vez que se menciona a Banksy, lo ha convertido en una figura mítica de nuestro tiempo.


CND soldiers.

Desde las trincheras del asfalto, Banksy ha desafiado las reglas del juego del arte contemporáneo. Su protesta visual ha conectado con un público enorme y heterogéneo y hoy en día es uno de los artistas más reconocidos y admirados entre las generaciones más jóvenes. En palabras de Alexander Nachkebiya, comisario de la exposición “Banksy ha adquirido la categoría de fenómeno y es uno de los artistas más brillantes e importantes de nuestro tiempo. Su trabajo es un desafío para el sistema, una protesta, una marca extremadamente bien construida, un misterio, una desobediencia a la ley… Queremos que cada visitante de esta exposición pueda resolver por sí mismo quién es realmente Banksy: ¿un genio o un gamberro?, ¿un artista o un empresario?, ¿un provocador o un rebelde? Nuestra exposición pretende mostrar la profundidad del talento de Banksy, sus múltiples capas y dimensiones para que sean los propios visitantes quienes piensen y decidan. Su trabajo, siempre actual y muy completo, profundiza en el alma de cada uno de nosotros. Supongo que todo esto lo convierte en un genio para mí”.


Police Riot Truck.

Organizada por IQ Art Management y Sold Out, BANKSY. Genius or Vandal? llega a España tras Moscú y San Petersburgo donde la han visitado más de 500.000 personas. Como todas las exposiciones dedicadas a Banksy, no está autorizada por el artista, que busca defender su anonimato y su independencia del sistema. Más información

Fuente: Descubrir el arte