sábado, 17 de agosto de 2019

"RETRATO DE GARCÍA LORCA", DEL PINTOR COMUNISTA PABLO PICASSO, EN EL 83 ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO


Reatrato de García Lorca
Pablo Picasso
1962

Quizá Andalucía Oriental sea el único espacio del mundo que contenga a dos genios de la altura de Pablo Ruiz Picasso y Federico García Lorca. Málaga y Granada, una corta distancia que no sirvió, de manera paradójica, para que ambos personajes se encontraran.

Algunos historiadores del arte han comparado los dibujos de García Lorca, más de trescientos catalogados, con los grabados del genio malagueño, una mezcla de Picasso y Celine. El joven poeta ve al gran maestro de la pintura como un referente de las vanguardias y la modernidad. Picasso era considerado por Lorca, y así lo expresó en varias de sus disertaciones, como el «mayor innovador contemporáneo».

El nombre del genial pintor malagueño flotaba en el aire de aquella Granada de comienzos de siglo. Entre los jóvenes artistas, y especialmente para Manuel Ángeles Ortiz e Ismael González de la Serna, Picasso era el creador más admirado, de ahí que pocos años más tarde siguieran el destino parisino del malagueño. Y es que un andaluz estaba triunfando en París, mientras los artistas hegemónicos del momento -Zuloaga, Sorolla y Gutiérrez Solana- desde Madrid se mantenían al margen de las nuevas tendencias. Aquellas corrientes de modernidad contrastaban con el academicismo imperante de la Escuela de Arte y Oficios denunciado por el grupo literario y artístico de García Lorca, la llamada tertulia de El Rinconcillo, que daría como fruto diversos proyectos y publicaciones. Fue García Lorca quien le dijo al entonces jovencísimo José Guerrero: «Tira los pinceles al aire y vete para Madrid». El ambiente cultural granadino estaba en manos de, llamémoslo, los tradicionalistas o, como posteriormente acuñaron Lorca y Dalí, los 'putrefactos'.

Con una diferencia de edad de 19 años, no pudieron coincidir en la madrileña Residencia de Estudiantes, pero Picasso y Juan Gris son los artistas de referencia en aquel grupo de jóvenes. La admiración por Picasso se vería incrementada al entablar amistad con Salvador Dalí, un joven artista que tenía un gran conocimiento de la obra del malagueño. No obstante, sería Juan Gris quien mayor influencia ejerció sobre Dalí. Manuel Ángeles Ortiz, el siempre amigo de Federico, entabló una gran amistad con Picasso, de la que dio noticias al poeta granadino. Fue el mismo Manuel Ángeles quien llevó a Dalí en París a conocer al gran artista andaluz, allá por 1926.

García Lorca se muestra decidido en su apuesta artística y se considera próximo a las vanguardias. Su cercanía con la estética del artista malagueño quedará patente en la muestra de sus dibujos en las barcelonesas galerías Dalmau, un día más tarde del estreno de 'Mariana Pineda'. En aquella muestra le acompañó Salvador Dalí, quien se encargó de los decorados de la obra sobre la heroína granadina. La exposición introduce al poeta de Fuente Vaqueros en el mundo artístico catalán, precursor del surrealismo.

En esa estancia catalana, allá por el año 1927, conoció a los redactores de la revista 'L'Amic de les Arts', al poeta J. V. Foix y a los críticos Lluís Montanyà y Sebastià Gasch. Este último se convertiría a partir de entonces en uno de los corresponsales más frecuentes de García Lorca para la revista 'Gallo', cuyo lema fue: «Revista de Granada, para fuera de Granada, revista que recoja el latido de todas partes para saber mejor cuál es el suyo propio: revista alegre, viva, antilocalista, antiprovinciana, del mundo, como lo es Granada».

El interés por la obra y figura de Picasso, a quien García Lorca consideraba su maestro, quedó plasmado en el número 2 de la publicación granadina 'abierta al mundo', al encargar un artículo a Sebastià Gasch sobre el artista malagueño.

En uno de esos manifiestos, también se elabora una lista de los artistas más vanguardistas del momento, en el que incluyen a García Lorca y, por supuesto, a Picasso, pero el poeta granadino tachó su nombre del original, quizá por pudor, y no apareció entre aquella nómina de notables.

Picasso había alcanzado en los albores de García Lorca la cumbre como artista, a lo que se unía la diferencia de edad y su residencia en París. Lorca estuvo en una ocasión en la 'Ciudad de la luz', en una parada de su viaje a Nueva York, en 1929. Tan sólo estuvo un día, que aprovechó para visitar el Louvre. Su compañera de viaje Rita María Troyano de los Ríos recordaba que Lorca insistió en que le diera su palabra de que , al pasar delante de la 'Mona Lisa', ni siquiera la mirarían. «¡Es una tía burguesa! ¡No la mires!», bromeó el poeta. El encuentro con el maestro malagueño no se produjo.
El asesinato del poeta en la madrugada del 17 de agosto de 1936, la repercusión de la trágica noticia y su transformación en un símbolo de los intelectuales republicanos fue lo que afectó especialmente a Picasso.

El artista, quien ya aparece en algunos manuales como 'pintor francés nacido en Málaga', tras el bombardeo de Guernica y la muerte del poeta, demuestra lo apegado que estaba a sus raíces españolas. El pintor realizó la escenografía del 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías' lorquiano en París. La 'Suite op. 6' de Britten, fechada en 1936, es una obra encantadora, con su canción de cuna entre medias, con unas telas de mujeres con niños, que pusieron de manifiesto la faceta más tierna y primitiva del artista.

Fuente: Ideal

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