lunes, 8 de abril de 2019

SE CUMPLEN 51 AÑOS DEL ASESINATO DE MARTIN LUTHER KING


CARTA DESDE LA CARCEL DE BIRMINGHAM, DE MARTIN LUTHER KING

Mis queridos sacerdotes y compañeros:


Mientras me hallo recluido aquí, en la cárcel de la ciudad de Birmingham, me llegó vuestra reciente declaración calificando mis actividades presentes de "poco hábiles e inoportunas". Son pocas las veces en que me detengo a contestar a las críticas formuladas contra mi trabajo e ideas. Si tratase de contestar a todas las críticas que pasan por mi mesa de trabajo, mis secretarios tendrían poco tiempo disponible para cualquier otra cosa en el curso del día, y a mí no me quedaría ni un instante para realizar una tarea constructiva. Pero, como creo que sois hombres de intenciones fundamentalmente buenas, y que vuestras críticas han sido formuladas sinceramente, quiero intentar responder a vuestra declaración con unas pocas palabras que espero sean pacientes y razonables.

Creo que debiera indicaros por qué estoy aquí, en Birmingham, puesto que parecéis influidos por la opinión que anatematiza a los "forasteros que se inmiscuyen en los asuntos ajenos". Tengo el honor de ser presidente de la Southern Christian Leadership Conference, una organización que actúa en todos los Estados del Sur, con su cuartel general en Atlanta (Georgia). Tenemos en todo el Sur unas ochenta y cinco organizaciones afiliadas, y una de ellas es el Alabama Christian Movement for Human Rights. Compartimos a menudo nuestra dirección y nuestros recursos tanto educativos como financieros con nuestras filiales. Hace varios meses, la filial de aquí, de Birmingham, nos pidió que estuviésemos dispuestos a emprender un programa de acción directa no violenta si ello resultaba necesario. Consentimos en seguida, y, cuando llegó la hora, cumplimos nuestra promesa. Por eso, yo, y conmigo, varios de mis colaboradores de la dirección, estamos aquí, por habérsenos invitado a  que viniésemos. Estoy aquí porque aquí tengo vínculos de organización.

Pero, lo que es más importante: estoy en Birmingham porque también está aquí la injusticia. Así como los profetas del siglo VIII antes de Cristo abandonaban sus pueblos y difundían su mensaje divino muy lejos de los límites de sus ciudades originarias; así como el apóstol Pablo dejó su pueblo de Tarso y difundió el Evangelio de Cristo hasta los lugares más remotos del mundo grecorromano, así me veo yo también obligado a difundir el Evangelio de la Libertad allende los muros de mi ciudad de origen. Lo mismo que Pablo, tengo que responder sin dilación a la petición de ayuda de los macedonios. Y, lo que es más, soy consciente de la interrelación existente entre todas las comunidades y los Estados. No puedo permanecer con los brazos cruzados en Atlanta sin sentirme afectado por lo que en Birmingham acontece. La injusticia en todas partes. Nos encontramos cogidos dentro de las ineludibles redes de la reciprocidad uncidos al mismo carro del Destino. Cualquier cosa que afecte a uno de nosotros directamente, nos afecta a todos indirectamente. Nunca más podremos permitirnos el lujo de aferramos a la idea estrecha, provinciana, de "agitador forastero". Quienquiera que vive dentro de las fronteras de los Estados Unidos tiene derecho a que no se le vuelva a considerar nunca más forastero en el territorio de la nación.

Deploráis las manifestaciones que ahora tienen lugar en Birmingham. Pero vuestra declaración, siento decirlo, hace caso omiso de las condiciones que dieron lugar a estas manifestaciones. Estoy seguro de que ninguno de vosotros quiere limitarse a esta clase de análisis social superficial que no se ocupa más que de los efectos, sin detenerse a aprehender las causas subyacentes. Es una pena que las manifestaciones tengan lugar en Birmingham, pero es todavía más lamentable que la estructura del poder blanco de la ciudad no dejase a la comunidad negra otra salida que ésta.

Toda campaña no-violenta tiene cuatro fases básicas: primero la reunión de los datos necesarios para determinar si existen las injusticias; luego la negociación; después la auto-purificación; y, por último, la acción directa. Hemos pasado en Birmingham por todas estas fases. No cabe discutir el hecho de que la injusticia racial embarga a esta comunidad. Birmingham es probablemente la ciudad más drásticamente segregada de toda Norteamérica. Su horrenda lista de violencias es conocida de todos. Los negros han sufrido de modo flagrante un trato injusto por parte de los tribunales; ha habido más destrucciones de domicilios e iglesias negros a consecuencia de bombas, que han quedado sin resolver en Birmingham que en cualquier otra ciudad de la nación. Con estas condiciones por base, los líderes negros trataron de negociar con los prohombres de la ciudad. Pero éstos se negaron una y otra vez a entablar negociaciones de buena fe.

Entonces, en septiembre último se presentó la oportunidad de hablar con los representantes de la comunidad económica de Birmingham. Durante las negociaciones, los comerciantes formularon ciertas promesas, entre ellas la de suprimir los humillantes símbolos raciales de los almacenes. Apoyándose en estas promesas, el reverendo Fred Shuttlesworth y los líderes del Alabama Christian Movement for Human Rights concedieron una tregua en todas las manifestaciones. Pasaron las semanas y los meses, y comprobamos que éramos víctimas de un perjurio. Unos cuantos emblemas, tras haber sido suprimidos por un tiempo, volvieron a surgir; el resto permanecieron donde estaban.
Como en tantos otros casos, se habían defraudado nuestras esperanzas, y se apoderó de nosotros la sensación de un profundo desaliento. No teníamos más salida que la de apercibirnos para la acción directa en la que presentaríamos nuestros propios cuerpos como instrumentos de exposición de nuestro caso ante la conciencia de la comunidad local y nacional.

A sabiendas de las dificultades existentes, decidimos emprender un proceso de auto-purificación. Dimos comienzo a la creación de toda una serie de seminarios para aleccionar sobre la no-violencia, y nos preguntamos reiteradas veces: "¿Sabrás aceptar los golpes sin devolverlos?" "¿Sabrás prevalecer en la prueba del encarcelamiento?" Decidimos lanzar nuestro programa de acción directa en la temporada de Semana Santa, porque sabíamos que, excepto la Navidad, éste era el período principal de compras durante el año. Conscientes de que un programa enérgico de boicot económico sería la consecuencia de la acción directa, pensamos que éste sería el mejor momento para poner en marcha la presión que pensábamos ejercer sobre los comerciantes para provocar el cambio necesario.
Entonces caímos en la cuenta de que los comicios para la elección del alcalde en Birmingham estaban señalados para el mes de marzo, y decidimos rápidamente posponer la acción hasta el día siguiente al de las elecciones. Cuando descubrimos que el Responsable del Orden Público, Eugene "Bull" Connor, había reunido votos bastantes para presentarse al desempate, nuevamente decidimos posponer la acción hasta el día siguiente al de los comicios finales para que no se utilizaran las manifestaciones con el fin de velar los problemas reales que se debatían. Como muchos otros, esperábamos asistir a la derrota del señor Connor, y para ello nos avinimos a retrasar una y otra vez la fecha de nuestra acción. Después de haber prestado nuestro auxilio a la comunidad en esta necesidad, creímos que ya no se podía demorar más nuestro programa de acción directa.

Preguntaréis: "¿Por qué acción directa?" "¿Por qué sit-ins * marchas y demás?" "¿Acaso no es el de la negociación el camino mejor?" Tenéis razón para abogar por la negociación. De hecho, esto es lo que realmente se propone la acción directa, no-violenta: trata de crear una crisis tal, y de originar tal tensión, que una comunidad que se ha negado constantemente a negociar se ve obligada a hacer frente a este problema. Trata de dramatizar tanto la cuestión, que ya no puede ser desconocida bajo ningún concepto. Podrá parecer raro que yo cite la creación de un estado de tensión como parte del trabajo que incumbe al resistente no-violento. Pero tengo que confesar que no me asusta la palabra "tensión". No he dejado nunca de oponerme a la tensión violenta, pero existe una clase de tensión no-violenta constructiva, necesaria para el crecimiento. Así como Sócrates creía que era necesario crear una tensión en la mente para que los individuos superasen su dependencia respecto de los mitos y de las semiverdades hasta ingresar en el recinto libre del análisis creador y de la evaluación objetiva, así también hemos de comprender la necesidad de "tábanos" no-violentos creadores de una tensión social que sirva de acicate para que los hombres superen las oscuras profundidades del prejuicio y del racismo, elevándose hasta las alturas mayestáticas de la comprensión y de la fraternidad.
La meta de nuestro programa de acción directa radica en crear una situación tan pletórica de crisis que desemboque inevitablemente en la salida negociadora. Me uno pues, a ustedes en su apología de la negociación. Nuestro querido Sur ha permanecido demasiado tiempo encerrado en un trágico esfuerzo de vivir monologando en vez de dialogar.

Uno de los puntos básicos de su declaración es que la acción que yo y mis colaboradores hemos emprendido en Birmingham es inoportuna. Han preguntado algunos: "¿Por qué no habéis dado a la nueva administración urbana tiempo para obrar?" La única contestación que se me ocurre para esta pregunta es que la nueva administración de Birmingham tiene que ser tan zarandeada como la anterior, si se quiere que obre. Estamos profundamente equivocados si creemos que la elección de Albert Boutwell para el cargo de alcalde convertirá los sueños en realidad en Birmingham. Pese a ser el señor Boutwell persona mucho más pacífica que el señor Connor, ambos son segregacionistas, empeñados en el mantenimiento del statu quo. Espero que el señor Boutwell será lo bastante razonable como para percatarse de la insignificancia de una resistencia denodada a la integración. Pero no lo verá sin la presión de los partidarios incondicionales de los defensores de los derechos civiles. Amigos míos, quiero decirles que no nos hemos apuntado ni un solo tanto en materia de derechos civiles sin una empecinada presión legal y no-violenta. Desgraciadamente, es un hecho histórico incontrovertible que los grupos privilegiados prescinden muy rara vez espontáneamente de sus privilegios. Los individuos podrán ver la luz de la moral y abandonar voluntariamente una postura injusta; pero, como nos recordara Reinhold Niebuhr, los grupos tienden a comportarse más inmoralmente que los individuos.

Sabemos por una dolorosa experiencia que la libertad nunca la concede voluntariamente el opresor. Tiene que ser exigida por el oprimido. A decir verdad, todavía estoy por empezar una campaña de acción directa que sea "oportuna" ante los ojos de los que no han padecido considerablemente la enfermedad de la segregación. Hace años que estoy oyendo esa palabra: "¡Espera!" Suena en el oído de cada negro con penetrante familiaridad. Este "espera" ha significado casi siempre: "nunca". Tenemos que convenir con uno de nuestros juristas más eminentes en que "una justicia demorada durante demasiado tiempo equivale a una justicia denegada".

Hemos aguardado más de trescientos cuarenta años para usar de nuestros derechos constitucionales y otorgados por Dios. Las naciones de Asia y África se dirigen a velocidad supersónica a la conquista de su independencia política; pero nosotros estamos todavía arrastrándonos por un camino de herradura que nos llevará a la conquista de un tazón de café en el mostrador de los almacenes. Es posible que resulte fácil decir: "Espera", para quienes nunca sintieron en sus carnes los acerados dardos de la segregación. Pero cuando se ha visto cómo muchedumbres enfurecidas linchaban a su antojo a madres y padres, y ahogaban a hermanas y hermanos por puro capricho; cuando se ha visto cómo policías rebosantes de odio insultaban a los nuestros, cómo maltrataban, e incluso mataban a nuestros hermanos y hermanas negros; cuando se ve a la gran mayoría de nuestros veinte millones de hermanos negros asfixiarse en la mazmorra sin aire de la pobreza, en medio de una sociedad opulenta; cuando, de pronto, se queda uno con la lengua paralizada, cuando balbucea al tratar de explicar a su hija de seis años por qué no puede ir al parque público de atracciones recién anunciado en la televisión, y ve cómo se le saltan las lágrimas cuando se le dice que el "País de las Maravillas" está vedado a los niños de color, y cuando observa cómo los ominosos nubarrones de la inferioridad empiezan a enturbiar su pequeño cielo mental, y cómo empieza a deformar su personalidad dando cauce a un inconsciente resentimiento hacia los blancos; cuando se tiene que amañar una contestación para el hijo de cinco años que pregunta: "Papá, ¿por qué tratan los blancos a la gente de color tan mal?"; cuando se sale a dar una vuelta por el campo en coche y se ve uno obligado a dormir noche tras noche en algún rincón incómodo del propio automóvil porque no están abiertas las puertas de ningún hotel para uno; cuando se le humilla a diario con los símbolos punzantes de "blanco" y "colored"; cuando el nombre de uno pasa a ser "negrazo" y el segundo nombre se torna "muchacho" (cualquiera que sea la edad que tenga), volviéndose su apellido "John", en tanto que a su mujer y a su madre se les niega el trato de cortesía de "señora"; cuando se viene estando hostigado de día y obsesionado por la noche por el hecho de ser un negro, viviendo en perpetua tensión sin saber nunca a qué atenerse, y rebosando temores internos y resentimientos exteriores; cuando se está luchando continuamente contra una sensación degeneradora de despersonalización, entonces, y sólo entonces se comprende por qué nos parece tan difícil aguardar. Llega un momento en que se colma la copa de la resignación, y los hombres no quieren seguir abismados en la desesperación. Espero, señores, que comprenderán nuestra legítima e ineludible impaciencia.

Expresan una profunda ansiedad en torno a nuestra decisión de quebrantar las leyes si es preciso. No cabe duda de que su preocupación es legítima. Como pedimos con tanta diligencia a nuestro pueblo que obedeciese a la decisión del Tribunal Supremo que declaraba ilegal la segregación en las escuelas oficiales, podrá parecer paradójico, de buenas a primeras, nuestra desobediencia consciente de las leyes. Podrán preguntar: "¿Cómo pueden ustedes defender la desobediencia de unas leyes y el acatamiento de otras?" La contestación debe buscarse en el hecho de que existen dos clases de leyes: las leyes justas y las injustas. Yo sería el primero en defender la necesidad de obedecer los mandamientos justos. Se tiene una responsabilidad moral además de legal en lo que hace al acatamiento de las normas justas. Y, a la vez, se tiene la responsabilidad moral de desobedecer normas injustas. Estoy de acuerdo con San Agustín en que "una ley injusta no es tal ley".
Pero ¿cuál es la diferencia entre ambas clases de leyes? ¿Cómo se sabe si una ley es justa o no lo es? Una ley justa es un mandato formulado por el hombre que cuadra en la ley moral o la ley de Dios. Una ley justa es una norma en conflicto con la ley moral. Para decirlo con las palabras de Santo Tomás de Aquino: "Una ley injusta es una ley humana que no tiene su origen en la ley eterna y en el derecho natural. Toda norma que enaltece la personalidad humana es justa; toda norma que degrada la personalidad humana es injusta."

Todos los mandatos legales segregacionistas son injustos, porque la segregación deforma el alma y perjudica a la personalidad; da al que segrega una falsa sensación de superioridad, y al segregado una sensación de inferioridad asimismo falsa. La segregación, para valernos de la terminología del filósofo judío Martin Buber, sustituye la relación "yo-tú" por una relación "yo-ello", y acaba relegando a las personas a la condición de cosas. Por eso, la segregación es, además de inadecuada política, económica y sociológicamente, moralmente equivocada y pecaminosa. Dijo Paul Tillich que "pecado es separación". ¿Acaso no es la segregación una manifestación existencial de la trágica separación del hombre, su aislamiento horrible, su tremenda condición de pecador? Por eso precisamente puedo pedir a los hombres que cumplan la decisión de 1954 del Tribunal Supremo, por ser moralmente recta; y por eso puedo instarles a que desobedezcan las ordenanzas segregacionistas, por ser éstas moralmente equivocadas.

Consideremos un ejemplo más concreto de normas justas e injustas. Una ley injusta es una norma por la que un grupo numéricamente superior o más fuerte obliga a obedecer a una minoría pero sin que rija para él. Esto equivale a la legalización de la diferencia. Por el mismo procedimiento, resulta que una ley justa es una norma por la que una mayoría obliga a una minoría a obedecer a lo que ésta mande, quedando a la vez vinculada al texto normativo dicha mayoría. Esto equivale a la legalización de la semejanza.

Permítaseme dar otra explicación. Una ley es injusta si es impuesta a una minoría que, al denegársele el derecho a votar, no participó en la elaboración ni en la aprobación de la ley. ¿Quién podrá decir que la legislación de Alabama de" la que emanaron las leyes del Estado sobre la segregación fue elegida democráticamente? Por todo Alabama se utilizan toda suerte de métodos sutiles encaminados a evitar que los negros pasen a figurar en los censos electorales; y condados hay en que, por más que los negros constituyan una mayoría de la población, no consta ni un solo negro en las listas. ¿Puede decirse que una ley promulgada en tales circunstancias está estructurada democráticamente?
Algunas veces una ley es justa por su texto e injusta en su aplicación. Por ejemplo, se me arrestó por manifestarme sin permiso. Ahora bien; nada hay de malo en que exista una ordenanza que exige un permiso para una manifestación pública. Pero esta norma se vuelve injusta cuando es puesta al servicio de la segregación, denegando a los ciudadanos el derecho de reunión y protesta pacíficas concedido por la Enmienda Primera.

Espero que sabrán percatarse de la diferencia que trato de mostrarles. Bajo ningún concepto preconizo la desobediencia ni el desafío de la ley, como haría el segregacionista rabioso pues esto nos llevaría a la anarquía. El que quebranta una ley injusta tiene que hacerlo abiertamente, con amor, y dispuesto a aceptar la consiguiente sanción. Opino que un individuo que quebranta una ley injusta para su conciencia, y que acepta de buen grado la pena de prisión con tal de despertar la conciencia de la injusticia en la comunidad que la padece, está de hecho manifestando el más eminente respeto por el Derecho.

Naturalmente, no hay ninguna novedad en esta clase de desobediencia civil. La encontramos, en una de sus manifestaciones sublimes, en la negativa de Shadrach, Meshach y Abednego a obedecer las órdenes de Nabucodonosor, en aras a la ley moral superior. La practicaron de modo soberbio los cristianos primitivos, que estaban dispuestos a enfrentarse con leones hambrientos, con el dolor insoportable de la tortura antes que someterse a ciertas leyes injustas del Imperio Romano. Hasta cierto punto, la libertad académica es actualmente una realidad porque Sócrates practicó la desobediencia civil. En nuestra nación el Boston Tea Party fue un acto colectivo de desobediencia civil.

No hemos de olvidar jamás que todo cuanto hicieron los húngaros que luchaban por la libertad se reputaba "ilegal" en Hungría. "Ilegal" era ayudar y consolar a un judío en la Alemania de Hitler. Aún así, estoy seguro de que, si hubiera vivido entonces en Alemania, hubiese ayudado y consolado a mis hermanos judíos. Si actualmente viviese en un país comunista donde han sido suprimidos ciertos principios inherentes a la fe cristiana, abogaría abiertamente por la desobediencia de las leyes antirreligiosas del país.

Tengo que confesarles honradamente dos cosas, hermanos míos cristianos y judíos; tengo que confesar, primero, que en los últimos años he quedado profundamente desencantado del blanco moderado. Casi he llegado a la triste conclusión de que la rueda de molino que lleva amarrada el negro y que traba su tránsito hacia la libertad, no proviene del miembro del Consejo de Ciudadanos Blancos, o del Ku Klux Klan, sino del blanco moderado que antepone el "orden" a la justicia; que prefiere una paz negativa, que supone ausencia de tensión, a una paz positiva que entraña presencia de la justicia; quien dice continuamente: "Estoy de acuerdo con el objetivo que usted se propone, pero no puedo aprobar sus métodos de acción directa"; lo que cree muy paternalmente que puede fijar un plazo a la libertad del prójimo; igual quien vive de un concepto mítico del tiempo y aconseja al negro que aguarde a que llegue "un momento más oportuno". La comprensión superficial de los hombres de buena voluntad es más demoledora que la absoluta incomprensión de los hombres de mala voluntad. Resulta mucho más desconcertante la aceptación tibia que el rechazo sin matices.
Esperé que el blanco moderado comprendería que la ley y el orden existen para la elaboración de la Justicia, y que, cuando fracasan en este empeño, se convierten en unas trabas peligrosamente estructuradas que impiden el fluir del progreso social. Esperé que el blanco moderado comprendería que la actual tensión en el Sur es una fase necesaria para la transición desde una odiosa paz negativa en la que el negro aceptaba pasivamente su carga injusta, a una paz muy otra, real y positiva, en la que todos los hombres respetarán la dignidad y el valor de la personalidad humana. De hecho, los que seguíamos la senda de la acción directa no-violenta no somos quienes creamos la tensión. Nos limitamos a traer a la superficie la tensión oculta que se hallaba en estado latente desde mucho antes. La sacamos a la luz, porque así se la puede ver y actuar en consecuencia. Lo mismo que un tumor que no se puede curar mientras siga oculto, y que debe abrirse en todo su horror a los remedios naturales del aire y de la luz, la injusticia tiene que exponerse, con toda la tensión que esta exposición crea, a la luz de la conciencia humana y al aire de la opinión nacional si es que existe el deseo de subsanarla.
Afirman ustedes en su declaración que nuestras acciones, aunque pacíficas, tienen que ser condenadas porque conducen a la violencia. ¿Pero es éste un aserto lógico? ¿No es ello lo mismo que condenar a un hombre víctima del hurto porque el hecho de haber poseído dinero determinó a la pecaminosa acción de robarle? ¿Acaso no es como si se condenara a Sócrates porque su absoluta entrega a la verdad y sus investigaciones filosóficas causaron la actitud del populacho mal aconsejado que le condenó a beber la cicuta? ¿No les parece que esto equivale a condenar a Jesucristo porque su incomparable ciencia divina y su incesante acatamiento de la voluntad de Dios precipitó aquella pecaminosa crucifixión? Hay que reconocer que, como han venido afirmando una y otra vez los tribunales federales, no está bien pedir a un individuo que abandone sus esfuerzos por conquistar sus derechos constitucionales básicos sencillamente porque esta petición pueda determinar la violencia. La sociedad tiene que proteger al robado y castigar al ladrón.

También esperé que el blanco moderado abandonaría ese mito acerca del momento oportuno para librar la batalla por la libertad. Acabo de recibir una carta de un hermano blanco de Texas. Escribe:
"Todos los cristianos saben que, a la postre, el pueblo negro gozará de iguales derechos que los blancos; pero es posible que tengáis excesivas prisas religiosas. La cristiandad ha necesitado casi dos mil años para lograr lo que ahora tiene. Las enseñanzas de Cristo tardan en imponerse al mundo."
Esta actitud procede de un trágico error en cuanto a lo que es el tiempo, de una noción curiosamente irracional a cuyo tenor hay en el devenir del tiempo mismo algo que inevitablemente cura todos los males. De hecho, el tiempo en sí es neutro; puede ser utilizado para la destrucción lo mismo que para construir. Se me ocurre cada vez más que los hombres de mala voluntad se han valido del tiempo con una eficacia muy superior a la demostrada al respecto por los hombres de buena voluntad. Tendremos que arrepentimos en esta generación no sólo por las acciones y palabras hijas del odio de los hombres malos, sino también por el inconcebible silencio atribuible a los hombres buenos. El progreso humano nunca discurre por la vía de lo inevitable. Es fruto de los esfuerzos incansables de hombres dispuestos a trabajar con Dios; y si suprimimos este esfuerzo denodado, el tiempo se convierte de por sí en aliado de las fuerzas del estancamiento social. Tenemos que utilizar el tiempo de modo creador, conscientes de que siempre es oportuno obrar rectamente. En este momento es hora de convertir en realidad palpable la promesa de democracia y de transformar nuestra indecisa elegía nacional en un salmo de hermandad creador. En este momento es hora de sacar nuestra política nacional de las arenas movedizas de la injusticia racial para plantarla sobre la firme roca de la dignidad humana.
Tildan ustedes nuestra actividad en Birmingham de extremada. Al principio quedé algo desconcertado por pensar que unos sacerdotes colegas míos pudiesen ver en mis esfuerzos no-violentos la actuación de un extremista. Me puse a pensar acerca del hecho de que me encuentro situado en el centro de dos fuerzas opuestas de la comunidad negra. A un lado está la fuerza de la complacencia, compuesta, en parte, de negros que, tras largos años de opresión, han quedado tan faltos de todo sentido de la propia dignidad, tan despersonalizados, que se han adaptado a la segregación; y, en parte, de un puñado de negros de clase media que, debido a cierto grado de seguridad académica o económica, y porque, hasta cierto punto, sacan provecho de la segregación, se han desentendido de los problemas de las masas. La otra fuerza viene animada por el rencor y el odio, y se acerca peligrosamente a la defensa de la violencia. Trasunto suyo son los varios grupos nacionalistas negros que brotan por toda la nación, el más conocido y más numeroso de los cuales es el movimiento musulmán de Elijh Muhammad. Nutrido por la frustración del negro, hijo de la permanencia de la discriminación racial, este movimiento se compone de gentes que han perdido su fe en los Estados Unidos, que han repudiado definitivamente el cristianismo, y que han llegado a la conclusión de que el blanco es un "demonio" incorregible.

He tratado de mantenerme entre estas dos fuerzas, afirmando que no tenemos necesidad de imitar el inmovilismo de los complacientes ni el odio y la desesperación de los nacionalistas negros. Y es que ésta es la mejor forma de protesta amorosa y no-violenta. Agradezco a Dios que haya hecho, por el conducto de la iglesia negra, que la Senda de la no-violencia pasase a formar parte integrante de nuestro plan de lucha. Si esta filosofía no hubiese surgido, estoy convencido de que actualmente muchas de las calles del Sur norteamericano estarían inundadas de sangre. Y estoy, además, convencido de que si nuestros hermanos blancos califican de "demagogos" y de "agitadores forasteros" a aquellos de entre nosotros que se valen de la acción directa no-violenta, y si se niegan a apoyar nuestros esfuerzos no-violentos, millones de negros, presa de la desesperación y de la frustración, buscarán refugio y albergue en las ideologías nacionalistas negras, lo cual, de acontecer, conduciría inevitablemente a una aterradora pesadilla racial.

Los hombres oprimidos no pueden seguir estándolo de por vida. El anhelo de libertad acaba por manifestarse abiertamente, y esto es lo que ha ocurrido con el negro estadounidense. Hay algo dentro de él que le ha recordado que nació con el derecho a la libertad; y algo, otra cosa fuera de él, le ha recordado que esta libertad podía ser conquistada. Consciente o inconscientemente, se ha dejado embargar por el Zeitgeist y el negro norteamericano, unido a sus hermanos negros de África y a sus hermanos amarillos y cobrizos de Asia, América del Sur y el Caribe, marcha impregnado por un ansia que no puede esperar, hacia la Tierra Prometida de la justicia racial. Si se reconoce esta necesidad vital que se ha apoderado de la comunidad negra, se tiene que comprender inmediatamente el por qué de las manifestaciones públicas actuales. El negro lleva dentro de sí muchos resentimientos concentrados y muchas frustraciones latentes, y tiene que liberarlos. Así que déjesele marchar; déjesele participar en procesiones pías en dirección al Ayuntamiento; déjesele participar en los "viajes a la Libertad", e inténtese comprender por qué siente la necesidad de hacerlo. Si sus emociones reprimidas no encuentran escape en actuaciones no-violentas, buscarán una manifestación violenta. Con ello no formulo una amenaza; me limito a recordar enseñanzas de la Historia. Por eso no he dicho a mi pueblo: "Abandonad vuestro descontento." Antes bien, he tratado de decir que este descontento normal cuanto sano puede encauzarse por la vía creadora de la acción directa no-violenta. Y ahora, he aquí que se califica de extremista este punto de vista.

Pero, a pesar de que me desconcertó inicialmente el sanbenito de extremista, conforme seguía pensando acerca del asunto, fue entrándome cierta satisfacción por la etiqueta que se me colgaba. ¿Acaso no fue Jesús un extremista del amor?: "Amad a vuestros enemigos; perdonad a los que os vejan; haced el bien a los que os odian y rezad por los que abusan maliciosamente de vosotros y os persiguen." Y Amós, un extremista de la justicia: "Dejad que la justicia discurra como el agua y que la equidad corra como inagotable manantial." Y Pablo, un extremista del Evangelio cristiano: "Llevo en mi cuerpo las señalas de nuestro Señor Jesucristo." Y Martín Lutero, un extremista: "A lo dicho me atengo; no puedo obrar de otra manera: que Dios venga en mi ayuda." Y John Bunyan: "Permanecería en la cárcel hasta el final de mis días antes que asesinar mi conciencia." Y Abraham Lincoln: "Esta nación no puede sobrevivir esclava a medias y libre a medias." Y Thomas Jefferson: "Para nosotros hay verdades evidentes de suyo y una de ellas es que todos los hombres fueron creados iguales…" Así que el problema no estriba en saber si hemos de ser extremistas, sino en la clase de extremistas que seremos. ¿Llevaremos nuestro extremismo hacia el odio o hacia el amor? ¿Pondremos el extremismo al servicio de la conservación de la injusticia o de la difusión de la justicia? En la dramática escena del Gólgota fueron crucificados tres hombres. Nunca hemos de olvidar que los tres fueron crucificados por el mismo delito: el delito del extremismo. Dos de ellos eran extremistas de la inmoralidad, y por eso cayeron más bajo que el mundo que les rodeaba. El otro, Jesucristo, era un extremista del amor, de la verdad y de la bondad, y por eso se elevó por encima del mundo que le rodeaba. Bien podría ser que el Sur, la nación y el mundo necesiten muchísimo de extremistas creadores.

Esperé que el blanco moderado se percataría de esta necesidad. Quizá pequé de excesivo optimismo; quizás fueran excesivas mis esperanzas. Supongo que debía haberme dado cuenta de que pocos son los miembros de la raza opresora capaces de comprender la profundidad de los gemidos y la pasión de los deseos de la raza oprimida, y aún no menos los capaces de ver que la injusticia necesita ser extirpada mediante una acción poderosa, persistente y decidida. Estoy, sin embargo, agradecido a algunos de nuestros hermanos blancos del Sur por haber captado el sentido de esta revolución social y haberse puesto a su servicio. Todavía son demasiado pocos en cuanto al número, pero grande es su calidad. Algunos como por ejemplo, Ralph McGill, Lillian Smith, Harry Golden, James McBride Dabbs, Ann Braden y Sarah Patton Boyle, han escrito acerca de nuestra lucha con palabras elocuentes y proféticas. Otros han marchado con nosotros por las calles anónimas del Sur; se han consumido en cárceles sucias e infestadas de parásitos, sufriendo los insultos y los malos tratos de policías para quienes ellos eran "despreciables negrosófilos". Frente a lo que solían hacer sus hermanos y hermanas moderados, ellos reconocieron la urgencia de actuar, y sintiero
n la necesidad de poderosos antídotos "activos" para combatir la enfermedad segregacionista.
Déjenme apuntarles otra razón fundamental de mi desencanto. ¡Cuan grande ha sido éste en lo que hace a la iglesia blanca y sus ministros! Cierto es que existen algunas excepciones notables. No desconozco el hecho de que cada uno de ustedes ha adoptado algunas actitudes significativas acerca del particular. Le aplaudo a usted, reverendo Stallings, por su actitud cristiana el domingo pasado, al dar la bienvenida a los negros en el oficio dominical, aceptando el principio de integración. Aplaudo a los líderes católicos de este Estado por haber integrado hace ya varios años el Spring Hill College. Pero aparte de estas importantes excepciones, tengo que reiterar honradamente que la Iglesia me ha defraudado. No lo digo como lo diría uno de esos críticos negativos que siempre saben encontrar algo equivocado en la Iglesia. Lo digo en mi calidad de ministro del Evangelio, que ama a la Iglesia; en mi calidad de eclesiástico amamantado en su pecho; que se ha sostenido gracias a sus bendiciones espirituales y que seguirá siendo leal mientras le quede un hálito de vida.

Cuando, de pronto, me vi lanzado al liderato de la protesta de los autobuses en Montgómery (Alabama), hace de esto unos años, pensé que gozaría del apoyo de la Iglesia blanca. Pensé que los ministros, sacerdotes y rabinos blancos del Sur se contarían entre nuestros más firmes aliados. Mas, he aquí que algunos de ellos han sido inclusive enemigos, negándose a comprender el movimiento de la libertad y formándose una idea equivocada de sus líderes. En cuanto a los demás, han sido demasiados los que se han mostrado más precavidos que valientes y han permanecido silenciosos detrás de la cloroformizante seguridad de las piadosas vidrieras.

A pesar de ver quebrantados mis sueños, acudí a Birmingham con la esperanza puesta en que la dirección religiosa blanca de esta comunidad se percataría de la justicia de nuestra causa y haría, cumpliendo un profundo deber moral, de canal por el que podríamos encauzar nuestras justas quejas hacia las esferas del poder. Esperé que cada uno de ustedes comprendería. Y de nuevo vino el desencanto.

He oído a muchos dirigentes religiosos del Sur aconsejar a sus feligreses que acatasen una sentencia integracionista porque así lo quería la ley. Pero hubiese querido oír a los eclesiásticos blancos declarar: "Acatad este decreto porque la integración es moralmente justa y porque el negro es vuestro hermano." En medio de las injusticias palmarias infligidas al negro, he visto a los ministros de la religión blancos permanecer al margen mientras formulaban frases piadosas que no hacían al caso y trivialidades mojigatas. En medio de la grandiosa contienda sostenida por librar a nuestra nación de la injusticia racial y económica he oído a muchos ministros decir: "Son estos problemas sociales con los que el Evangelio no está realmente relacionado." Y he observado cómo varias iglesias se consagran a una religión perteneciente desde todo punto de vista a un mundo distinto al nuestro; una religión que discrimina curiosamente, de modo antibíblico, entre el cuerpo y el alma, lo sagrado y lo laico.
He viajado por todas partes en Alabama, Mississippi, y todos los demás Estados del Sur. En bochornosos días de verano, y en diáfanas mañanas otoñales, me he quedado mirando las bellas iglesias del Sur con sus elevados campanarios apuntando al cielo. He visto las impresionistas siluetas de sus enormes instituciones dedicadas a la enseñanza confesional. Siempre acababa  preguntándome: ‘‘¿Qué clase de personas viven aquí? ¿Quién es su Dios? ¿Dónde estaban sus voces cuando salieron de los labios del gobernador Barnett palabras de obstaculización y de anulación? ¿Dónde estaban cuando el gobernador Wallace tocó a rebato dando la señal para desencadenar el odio y la provocación? ¿Dónde estaban sus palabras de apoyo cuando hombres y mujeres negros, magullados y cansados, decidieron abandonar las oscuras mazmorras de la complacencia y pasar a las luminosas colinas de la protesta creadora?"

Sí, sigo preguntándome todo esto. Profundamente desalentado, he llorado sobre la laxitud de la Iglesia. Pero sepan que mis lágrimas fueron lágrimas de amor. No cabe un profundo desaliento sino donde falta un amor profundo. Sí, amo a la Iglesia. ¿Cómo iba a no ser así? Me encuentro en la situación harto frecuente de ser hijo, nieto y bisnieto de predicadores. Sí, la Iglesia es para mí el cuerpo de Cristo. Mas, ¡ay!, cómo hemos envilecido y herido este cuerpo con la negligencia social y con el temor  de convertimos en posibles miembros disconformes.

Hubo una época en que la Iglesia fue muy poderosa: cuando los cristianos primitivos se regocijaban de que se les considerase dignos de sufrir por sus convicciones. En aquella época, la Iglesia no era mero termómetro que medía las ideas y los principios de la opinión pública. Era más bien, un termostato que transformaba las costumbres de la sociedad. Dondequiera que un cristiano penetrase en una ciudad, las personas que entonces detentaban las riendas del poder, se perturbaban, e inmediatamente trataban de procesar a los cristianos por ser "perturbadores de la paz" y "agitadores forasteros". Pero los cristianos no cejaron en su empeño, convencidos de que eran "una colonia celestial", destinados a obedecer a Dios antes que al hombre. Su número era limitado, pero grande su entrega. Estaban demasiado ebrios de Dios para sentirse "astronómicamente intimidados". Con su esfuerzo y ejemplo pusieron fin a prejuicios tan remotos como el abominable infanticidio y los funestos combates de gladiadores.

En la actualidad todo ocurre de modo muy distinto. Y es que la Iglesia contemporánea es a menudo una voz débil y sin timbre, de sonido incierto. Es que a menudo es defensora a todo trance del status quo. En vez de sentirse perturbada por la presencia de la Iglesia, la estructura del poder de la comunidad se beneficia del espaldarazo tácito y aún, a veces, verbal, de la Iglesia a la situación imperante.

Pero el juicio de Dios rige para la Iglesia más que nunca. Si la Iglesia de hoy no recobra el espíritu de sacrificio de la Iglesia primitiva, perderá su autenticidad, echará a perder la lealtad de millones de personas, y acabará desacreditada como si se tratara de algún club social irrelevante, desprovisto de sentido para el siglo XX. Todos los días me encuentro con jóvenes cuyo desengaño por la actitud de la Iglesia se ha convertido en auténtico asco.

Puede que también esta vez me haya pasado de optimista. ¿Acaso está la religión demasiado vinculada al status quo como para salvar a nuestra nación y al mundo? Es posible que tenga que polarizar mi fe en la Iglesia espiritual interior, en la Iglesia dentro de la Iglesia, como verdadera ekklesia y esperanza del orbe. Pero agradezco nuevamente a Dios que algunas almas nobles de las filas de la religión organizada hayan roto las cadenas paralizantes del conformismo y se hayan unido a nosotros en calidad de asociados activos en la lucha por la libertad. Abandonaron sus tranquilas congregaciones y marcharon con nosotros por las calles de Albany. Han descendido por las autopistas del Sur participando en unos "viajes de la Libertad", por cierto sembrado de obstáculos. Sí, fueron a la cárcel con nosotros; algunos de ellos perdieron sus parroquias, quedaron sin el apoyo de sus obispos y de sus colegas eclesiásticos. Pero obraron creyendo que la razón derrotada puede más que la sinrazón triunfante. Su testimonio ha sido la sal espiritual que ha conservado el verdadero significado del Evangelio en estos tiempos de turbación. Han cavado un túnel de esperanza en la negra montaña del desconcierto.

Espero que la Iglesia en conjunto saldrá a la palestra en esta hora decisiva. Pero, aunque la Iglesia no acuda en ayuda de la Justicia, no pierdo mis esperanzas acerca del futuro. No abrigo ningún temor acerca del resultado de nuestra lucha en Birmingham, aunque haya sido dada una interpretación equivocada de nuestros motivos. Alcanzaremos la meta de la libertad en Birmingham y en toda la nación, porque la meta de Norteamérica es la Libertad. Por más que se nos insulte y se haga burla de nosotros, nuestro destino va unido al destino de Estados Unidos. Antes de que los peregrinos arribasen a Plymouth, estábamos aquí. Antes de que la pluma de Jefferson escribiera las majestuosas palabras de la Declaración de Independencia en las páginas de la Historia, estábamos aquí. Durante más de dos siglos, nuestros antecesores trabajaron en este país sin cobrar salario alguno; hicieron rey al algodón; edificaron las mansiones de sus amos mientras sufrían una injusticia flagrante y padecían una humillación abyecta, y, sin embargo, gracias a una vitalidad sin límites, siguieron progresando y multiplicándose. Si las inenarrables crueldades de la esclavitud no pudieron detenernos, menos podrá hacerlo la oposición que tenemos ahora frente a nosotros. Conquistaremos nuestra libertad porque el sagrado legado de nuestra nación y la eterna voluntad de Dios están plenamente integrados en nuestras exigencias.

Antes de terminar, me siento obligado a citar otro punto de la declaración hecha por ustedes que me ha turbado profundamente. Aplaudieron ustedes con calor a la policía de Birmingham por mantener "el orden" y "prevenir la violencia". Dudo de que aplaudiesen tan fervorosamente a la fuerza policíaca de haber visto a sus perros hincar sus colmillos en negros inermes, no-violentos. Dudo de que aplaudiesen con tanto fervor a los policías de haber observado el horrible e inhumano trato que deparan a los negros aquí, en la cárcel de la ciudad; si les viesen empujar e insultar a las ancianas negras y a las muchachas negras; si les viesen abofetear y golpear a los viejos y a los muchachos negros; si observasen cómo —según hicieron en dos ocasiones— se negaban a darnos de comer porque queríamos cantar para bendecir la mesa juntos. No puedo unirme a ustedes en su alabanza a la policía de Birmingham.

Es cierto que la policía ha demostrado cierta capacidad de disciplina en su trato a los manifestantes. En este sentido, se han comportado más bien de modo "no-violento" en público. Pero, ¿por qué? Para preservar el perjudicial sistema de la segregación. Durante los últimos años he predicado sin cesar que la no-violencia requiere que los medios de que nos valemos sean tan puros como las metas que nos proponemos alcanzar. He tratado de dejar claramente establecido que está mal valerse de medios inmorales para lograr fines morales. Pero ahora he de afirmar que tan mal está, y quizás aún sea peor, valerse de medios morales para la consecución de fines inmorales. Es posible que el señor Connor y sus policías se hayan mostrado más bien no-violentos en público como hiciera el jefe de policía, Pritchett, en Albany (Georgia), pero han utilizado los medios morales que les brinda la no-violencia para mantener la meta inmoral de la injusticia racial. Como dijera el gran escritor T. S. Eliot: "La última tentación es la mayor de las traiciones: obrar bien por malos motivos."

Hubiese preferido que aplaudiesen a los negros que participaban en los sit-ins y en las manifestaciones de Birmingham, rindiendo así homenaje a su valor sublime, a su aceptación del martirio y su increíble disciplina ante tamaña provocación. Algún día reconocerá el Sur cuáles son sus verdaderos héroes. Se citarán a los James Meredith, con el noble sentido de la misión propia que les arma para enfrentarse a muchedumbres vociferantes y hostiles, y con esa oprimente sensación de soledad que caracteriza la vida del pionero. Se citarán las mujeres negras oprimidas, de edad provecta, desgastadas, simbolizadas por aquella anciana de setenta y dos años que en Montgómery (Alabama), se alzó, movida por su sentido de la dignidad, y decidió con los suyos no viajar más en autobuses segregados, y que respondió con espontánea profundidad a alguien que le preguntaba acerca de su cansancio: "Tengo los pies cansados, pero mi alma descansa." Se hablará de los jóvenes alumnos de los institutos y de los estudiantes universitarios; de los jóvenes ministros del Evangelio y de toda una pléyade de sacerdotes mayores que ellos, que se sientan en las secciones alimenticias de los almacenes, valientemente y adhiriéndose a la no-violencia, a la vez que dispuestos a ingresar a la cárcel porque así se lo pide su conciencia. Día llegará en que el Sur se entere de que, cuando aquellos hijos desheredados de Dios se sentaban en los snac-kbar de las galerías, de hecho estaban defendiendo lo mejor del sueño norteamericano y los valores más sagrados de nuestro legado judeocristiano, reconduciendo así nuestra nación a los grandes pozos de la Democracia, profundamente cavados por los padres de la nación norteamericana en su formación de la Constitución y de la Declaración de la Independencia.

Nunca antes de ahora escribí una carta tan larga. Me temo que sea demasiado larga, habida cuenta de lo cargado que están sus horarios. Les aseguro que hubiese sido mucho más corta de haber sido escrita detrás de un cómodo despacho, pero, ¿qué puede hacer uno cuando está solo en una estrecha celda de la prisión, como no sea escribir largas cartas, desentrañar profundos pensamientos y rezar interminables oraciones?

Si hay en esta carta algo que exagera la verdad, e indica una impaciencia poco razonable, les pido que me perdonen por ello. Si hay en ella algo que minimiza la verdad e indica que es tanta mi paciencia que me conformo con algo menor que la fraternidad, pido a Dios, que me perdonen.

Espero que esta carta los halle firmes en su fe. Espero también que las circunstancias me permitirán reunirme con cada uno de ustedes no como integracionista ni como líder del movimiento de los derechos civiles, sino en calidad de eclesiástico y de hermano cristiano. Esperemos todos que los oscuros nubarrones del prejuicio racial se alejen pronto y que la densa niebla de la interpretación torcida se apartará de nuestras comunidades presas de miedo, y que algún día no lejano las refulgentes estrellas del amor y de la fraternidad iluminarán nuestra nación con toda su deslumbrante belleza. Me despido de ustedes, quedando suyo en la causa de la Paz y la Fraternidad.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-desde-la-carcel-de-birmingham/

domingo, 7 de abril de 2019

"RETRATO DE ANTONIO MACHADO", DE PABLO PICASSO


Retrato de Antonio Machado
Pablo Picasso
Litografía
65 x 55 cm
1955
Casa-Museo de Antonio Machado (Segovia)

Homenaje de los artistas españoles al poeta Antonio Machado fue la exposición que se celebró del 4 al 24 de febrero de 1955 en la Maison de la Penseé Francaise, buscando fechas que coincidieran con el aniversario de la muerte del poeta en el momento de su culminación, y en cuya organización y actividades tenían gran presencia los comunistas franceses.

El cartel anunciador lo hizo Picasso siguiendo indicaciones del PCF y del PCE, que veñian en ello una forma de dar publicidad a la convocatoria al estar apoyada por el prestiogos artista comunista. El resultado fue un retrato muy reproducido y famoso firmado el 31 de enero de ese año. El cartel fue una litografía de 65 x 50 cm con el retrato y los datos de la exposición.

La nitidez y de la figura y la sencillez del trazo son extremos. La mano segura del pintor perfila la silueta inconfundible del poeta con una gran espontaneidad. Esta extrema sencillez sea quizás la clave del éxito de este retrato: poeta del pueblo y hombre del pueblo, pero a la vez con una gran dignidad intelectual de filósofo. La cercanía del personaje no queda afectada por el reconocimiento de su alta consideración. No lo aleja colocándolo en un pedestal inaccesible sino que lo acerca a quien lo contempla. Era la misma línea de simplificación que habían cultivado entre otros antes su hermano José desde supuestos de un realismo fotográfico o Ramón Gaya en Hora de España.

Además de realizar el cartel anunciador, Picasso también expuso otras tres obras: Maternité, Nature morte a la tete de la mort, y Aux Espagnols mourts por la France.

Fuente: La herencia de Antonio Machado (1936-1970)


sábado, 6 de abril de 2019

"EL EJÉRCITO DE LAS SOMBRAS", PELICULA SOBRE LA RESISTENCIA FRANCESA ANTINAZI

Título original: L'armée des ombres
Año: 1969
Duración: 139 min.
País: Francia
Dirección: Jean-Pierre Melville
GuiÓN: Jean-Pierre Melville (Novela: Joseph Kessel)
Música: Éric Demarsan
Fotografía: Pierre Lhomme
Reparto: Lino Ventura, Simone Signoret, Paul Meurisse, Jean-Pierre Cassel, Paul Crauchet, Serge Reggiani, Claude Mann, Christian Barbier
Sinopsis: Philippe Gerbier (Lino Ventura) es un ingeniero civil que ha entregado todos sus esfuerzos a la valerosa resistencia francesa, de la que es uno de sus máximos responsables. Pero llega el día en que la policía colaboracionista le captura, siendo retenido en un campo de concentración bajo atenta vigilancia. Tras un traslado logrará escapar improvisando una fuga relámpago. A partir de ese momento viviremos con su testimonio el día a día de la resistencia y sus dificultades ante el poderoso invasor.

La historia comienza en Octubre de 1942, cuando el ingeniero Philippe Gerbier (Lino Ventura) uno de los lideres de la resistencia parisina, es detenido como sospechoso de pertenecer a la Resistencia, y trasladado a un campo de prisioneros a la espera de interrogatorio. Tras conseguir escaparse de la comandancia alemana, Gerbier se traslada a Marsella para ordenar la ejecución de su delator, y proceder a reorganizar su grupo de resistentes, un grupo que gira alrededor de la eficiente y valerosa Mathilde (Simone Signoret) y de un nuevo miembro del grupo, el ex piloto de aviación Jean François Jardie.

A finales de década de los 60, mientras aun coleaban en Francia los sucesos de mayo de 1968 el director frances Jean-Pierre Melville se encargó de trasladar al cine la novela del antiguo miembro de la resistencia Joseph Kessel titulada “L´armee des ombres”. La obra de Kessel, escrita en 1943, era un excelente relato de primera mano sobre los acontecimientos que vivieron los hombres y mujeres que lucharon desde la clandestinidad contra la ocupación alemana. Se da la circunstancia de que el propio Melville había pertenecido a la resistencia durante los años de la guerra, lo cual explica en gran medida el interés del realizador en llevar a cabo la adaptación cinematográfica del libro de Kessel, quien además participó en el proyecto como co-guionista del film, un guión que escribió en colaboración con el director del film.

De este modo “El ejército de las sombras” nos ofrece un completo fresco acerca de los miembros de la resistencia, un relato duro y sin concesiones de ninguna clase, que muestra los entresijos y claroscuros de unos personajes embarcados en una peligrosa lucha por sus ideales. Pero lo que más llama la atención del film de Melville es que el tono de la narración huye por completo de cualquier tipo de épica o triunfalismo. De este modo, siguiendo el hilo conductor de las vicisitudes experimentadas por los dos personajes principales de la historia, Philippe Gerbier y Jean François Jardie, asistimos un relato áspero en el que abundan los miedos y las dificultades de todo tipo, asi como los dilemas morales que asaltan a los protagonistas.

Por otra parte, la película contiene algunas secuencias magistrales, especialmente la que muestra la ejecución del delator a manos de sus compañeros, o la fallida misión de rescate del resistente detenido por los alemanes. Todo ello rodado con un estilo visual muy cuidado, que rezuma realismo y que carece de cualquier atisbo de efectismo estético. En ese sentido, se nota que el guión bebe de una historia contada de primera mano, que Melville explota con habilidad para transmitirle al espectador la sensación de riesgo, angustia e incertidumbre que rodea a los personajes. También es destacable la sólida interpretación de los actores principales especialmente por parte de los veteranos Lino Ventura y Simone Signoret, que están muy bien en sus respectivos papeles, dotándolos de una enorme credibilidad.

Por ponerle algún “pero” quizás habría que señalar que, tras una magnifica introducción y desarrollo, la segunda mitad de la historia no termina de mantener el mismo nivel de la primera; principalmente porque el relato avanza a un ritmo un tanto lento, y también porque hay algunos saltos temporales poco explicados que le restan cohesión al relato. En cualquier caso hay que decir que “El ejército de las sombras” es una notable película, que ofrece una riqueza de matices y una profundidad sicológica de sus personajes pocas veces vista en pantalla. Para mi gusto, puede considerarse unos de los mejores films que se han hecho sobre el movimiento de la Resistencia. Un clásico cuyo visionado recomiendo encarecidamente a quien no haya oportunidad de verlo aun.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial en el Cine

VER PELICULA: https://www.tokyvideo.com/es/video/el-ejercito-de-las-sombras-jean-pierre-melville-1969

viernes, 5 de abril de 2019

"LOS SITUACIONISTAS Y LAS NUEVAS FORMAS DE ACCIÓN EN LA POLÍTICA Y EL ARTE", DE RENÉ VIÈNET

Los situacionistas y las nuevas formas de acción en la política y el arte, de René Vienet


Hasta ahora, nos hemos unido principalmente a la subversión utilizando formas, categorías, heredadas de las luchas revolucionarias, fundamentalmente del último siglo. Propongo que completemos la expresión de nuestra constatación por unos medios que prescindan de toda referencia al pasado. No se trata por ello de abandonar unas formas en el interior de las cuales hemos librado el combate en el terreno tradicional de la superación de la filosofía, de la realización del arte, y de la abolición de la política; se trata de concluir el trabajo de la revista, allí donde todavía no es operante.
Una buena parte de los proletarios se dan cuenta de que no tienen ningún poder sobre la utilización de su vida, lo saben, pero no lo expresan según el lenguaje del socialismo y de las revoluciones precedentes.

Escupamos de paso sobre esos estudiantes convertidos en militantes de grupúsculos con vocación de partido de masas, que osan a veces pretender que la I.S. es ilegible para los obreros, que su papel es demasiado brillante para que sea puesto en las carteras y que su precio no tiene en cuenta el S.M.I.G. Los más consecuentes consigo mismos difunden pues, a multicopista, la imagen que se hacen de la conciencia de clase en la que buscan febrilmente su Obrero Albert. Olvidan, entre otras cosas, que cuando los obreros leen literatura revolucionaria, llegan hasta a pagarla cara, relativamente más cara que el precio de una entrada para el T.N.P., y que cuando tengan ganas de hacerlo, no dudarán en gastar dos o tres veces el precio de la revista Planète. Pero lo que sobre todo no tienen en cuenta esos detractores de la tipografía, es que los raros individuos que cogen sus boletines son precisamente los que tienen algunas referencias para comprendernos a la primera, y que lo que escriben es totalmente ilegible para los otros. Algunos, que ignoran la densidad de la lectura de los graffitis en los W.C., los de los cafés en particular, han pensado exactamente que con una escritura que parodiase la de la escuela comunal, en papeles pegados sobre los canalones a la manera de los anuncios de alquiler de apartamentos, sería posible hacer coincidir el significante y el significado de sus slogans. Tenemos aquí la muestra de lo que no hay que hacer.

Para nosotros se trata de unir la crítica teórica de la sociedad moderna a la crítica en acto de esta misma sociedad. En el acto, tergiversando las proposiciones del espectáculo, daremos las razones de las revueltas de hoy y de mañana.
Propongo que nos dediquemos:
  1. a la experimentación de la tergiversación de las fotonovelas, de las fotografías llamadas pornográficas, y que inflijamos sin ambages su verdad restableciendo verdaderos diálogos. esta operación hará estallar en la superficie las pompas subversivas que espontáneamente, más o menos conscientemente, se forman para disolverse en seguida entre quienes las miran. Con la misma intención, es igualmente posible tergiversar, por medio de filacterias, todos los carteles publicitarios; y en particular los de los corredores del metro, que constituyen secuencias excelentes.
  1. a la promoción de la guerrilla en los massmedia, forma importante de la contestación, no sólo en el estadio de la guerrilla urbana, sino antes aún. La vía está abierta para los argentinos que se apoderaron del cuartel general de un periódico luminoso y lanzaron así sus propios eslóganes y consignas. Es posible aprovechar aún algún tiempo por el hecho de que los estudios de radio y televisión no están guardados por la tropa. Más modestamente, es un hecho conocido que todo radioaficionado puede, sin grandes gastos, interferir, si no emitir, al nivel del barrio, que la talla reducida de los utensilios necesarios permite una movilidad muy grande y, de esta manera, eludir la localización trigonométrica. En Dinamarca, un grupo de disidentes del P.C. pudo, hace algunos años, poseer su propia radio pirata. Falsas ediciones de tal o cual periódico pueden contribuir al desconcierto del enemigo. Esta lista de ejemplos es vaga y limitada por razones evidentes
La ilegalidad de tales acciones inhabilita a toda organización que no haya escogido la clandestinidad un programa continuo en este campo, porque necesitaría la constitución en su seno de una organización específica; lo que no se puede concebir (y ser eficaz) sin separación, por tanto sin jerarquía, etc. Es una palabra sin encontrar de nuevo la resbaladiza pendiente del terrorismo. Conviene referirse aquí más bien a la propaganda por los hechos, que es un modo muy diferente. Nuestra ideas están en todas las mentes, es un hecho muy conocido, y cualquier grupo sin relación con nosotros, algunos individuos que se reúnan para esta ocasión, pueden improvisar, mejorar las fórmulas experimentadas por otros. Este tipo de acción no concertada no puede aspirar a vuelcos definitivos, sino que tan sólo puede acentuar la toma de conciencia que saldrá a la luz del día. Por otra parte no se trata de obnubilarse con la palabra ilegalidad. La mayor parte de las acciones en este campo puede no contravenir en absoluto las leyes existentes. Pero el temor de tales acciones llevará a los directores de los periódicos a desconfiar de sus tipógrafos, los de las radios de sus técnicos, etc., esperando la puesta a punto de textos represivos específicos.
  1. a la puesta a punto de comics situacionistas. Los comics son la única literatura verdaderamente popular en nuestro siglo. Cretinos marcados por sus años de instituto no han podido impedirse disertar al respecto; pero sólo con disgusto van a leer y coleccionar los nuestros. Incluso los comprarán, sin duda para quemarlos. Quién no siente inmediatamente cuán fácil será, para nuestra tarea, "hacer la vergüenza aún más vergonzosa", transformando por ejemplo 13, rue de l'Espoir en 1, bd du Désespoir, integrando en segundo término algunos elementos suplementarios, o simplemente cambiando los bocadillos. Se puede ver que este método hace lo contrario del Pop'art que descompone en pedazos los comics. Este aspira al contrario a devolver a los comics su grandeza y su contenido.
  1. a la realización de films situacionistas. El cine que es el medio de expresión más nuevo, y sin duda más utilizable de nuestra época, se ha estancado durante 3/4 de siglo. Para resumir, digamos que se había convertido efectivamente en el "7º arte" caro a los cinéfilos, a los cineclubs, a las asociaciones de padres de alumnos. Constatemos para nuestro uso que el ciclo se ha terminado (Ince, Stroheim, Age d'Or, Citizen Kane y M. Arkadin, los films letristas); incluso aunque queden por descubrir en los distribuidores extranjeros o en las filmotecas algunas obras maestras, pero de una factura clásica y recitativa. Apropiémonos de los balbuceos de esta nueva escritura, apropiémonos sobre todo de sus ejemplos más acabados, más modernos, los que han escapado a la ideología artística aún más que las series B norteamericanas: las actualidades, las cintas-anuncio, y sobre todo el cine publicitario.
Al servicio de la mercancía y del espectáculo, es lo menos que se puede decir, pero libre de sus medios, el cine publicitario ha asentado las bases de lo que entrevía Eisenstein cuando hablaba de filmar La Crítica de la economía política o La ideología alemana.

Me comprometo a rodar Le déclin et la chute de l'economie spectaculaire-marchande de una manera perceptible inmediatamente a los proletarios de Watts que ignoran los conceptos implicados en este título. Y esta nueva propuesta en forma contribuirá sin ninguna duda a profundizar, a exacerbar, la expresión "escrita" de los mismos problemas; lo que podremos verificar, por ejemplo, rodando el film Incitation au meurtre et à la débauche antes de redactar su equivalente en la revista, Correctifs à la conscience d'une classe qui sera la dernière. El cine se presta particularmente bien, entre otras posibilidades, al estudio del presente como problema histórico, al desmantelamiento del proceso de reificación. Ciertamente la realidad histórica no puede ser alcanzada, conocida y filmada, más que a través de un proceso complicado de mediaciones que permite a la conciencia reconocer un momento en el otro, su fin y su acción en el destino, su destino en su fin y su acción, su propia esencia en esta necesidad. Mediación que sería difícil si la existencia empírica de los hechos mismos no fuera ya una existencia mediatizada que no toma una apariencia de inmediatez más que en la medida que, y porque, por una parte la conciencia de la mediación falta, y por otra parte, los hechos han sido arrancados del conjunto de sus determinaciones, situados en un aislamiento artificial y mal empalmados en el montaje en el cine clásico. Esta mediación ha faltado precisamente, y debía faltar necesariamente, en el cine presituacionista, que se ha detenido en las formas llamadas objetivas, en la recuperación de los conceptos políticomorales, cuando no es en el recitativo de tipo escolar con todas sus hipocresías. Eso es más complicado de leer que de ver filmado, y he ahí muchas banalidades. Pero Godard, el más célebre de los prochinos suizos, no podrá comprenderlas nunca. El podrá recuperar bien, como tiene por costumbre, lo que precede, es decir en lo que precede recuperar una palabra, una idea como la de los films publicitarios, no podrá nunca hacer otra cosa que agitar pequeñas novedades tomadas en otro sitio, imágenes o palabras en boga de la época, y que tienen de seguro una resonancia, pero que no puede aprehender (Bonnot, obrero, Marx, made in U.S.A., Pierrot le Fou, Debord, poesía, etc.). Es efectivamente un hijo de Mao y de la coca cola.

El cine permite expresar todo, como un libro, un artículo, un opúsculo o un cartel. Es por lo que es necesario exigir, de ahora en adelante, que cada situacionista se halle en estado de rodar un film, tan bien como escribe un artículo (clave Anti-public relations, # 8, pág. 59). Nada es demasiado bello para los negros de Watts.

Publicado en el # 11 de Internationale Situationniste, 1967. Traducción de Julio González del Río Rams publicada en La creación abierta y sus enemigos: textos situacionistas sobre arte y urbanismo, Madrid, La Piqueta, 1977

Fuente: Archivo Situacionista Hispano

jueves, 4 de abril de 2019

EN EL INTERIOR DE LA LUCHA POR PRESERVAR EL IMPRESIONANTE ARTE MONUMENTAL DE LA ERA SOVIÉTICA DE ALMATY

Como capital de la Kazajstán soviética, las calles y el metro de Almaty estaban adornados con una notable variedad de mosaicos, murales y esgrafiados. El estadounidense Dennis Keen ha estado a la vanguardia de la campaña para documentar y conservar estas obras de arte ante el abandono post-socialista y el desarrollo negligente. Habló con The Calvert Journal sobre su trabajo.


Entre 1929 y 1997, Almaty, ubicada en el sur montañoso de Kazajstán, sirvió como la capital oficial del país, antes de que los vientos políticos cambiantes vieron al gobierno reubicar la "corona" del país en Astana. Durante la mayor parte de los 70 años, entonces, Almaty fue el epicentro del experimento soviético en Kazajstán. Como resultado, su tejido urbano alberga todas las instalaciones cívicas asociadas, monumentos a la gente e intervenciones arquitectónicas que usted esperaría encontrar en una capital regional soviética. Pero eso no es todo lo que tiene que ofrecer.
 
Más curioso que la arquitectura de la declaración como el Hotel Kazakhstan o la pista de patinaje de Medeu es el arte mural público monumental de Almaty, que agraciaba instalaciones gubernamentales y cívicas en toda la ciudad soviética. Desde entonces, mucho se ha ocultado detrás de las vallas, o ha sido sofocado por torpes trabajos de pintura moderna; algunos ahora están siendo descubiertos .
 

Mosaico sin título de Sebastian Kirakozov, Universidad de Narxoz
 
Entra Dennis Keen. Durante los últimos años, el ciudadano de los EE. UU. Ha recorrido las calles y el metro de Almaty en un esfuerzo por documentar y celebrar este genio de arte público monumental, muy conocido, que recopila sus hallazgos en el sitio Monumental Almaty . No es de extrañar que estos artefactos estén cada vez más amenazados, no solo por negligencia, sino por políticas de desprecio activo hacia la herencia soviética de la nación. En cualquier caso, ante tal incertidumbre, Keen está ansioso por preservar lo que pueda de estos artefactos milagrosos y finamente elaborados de un período importante en la historia del Kazajstán moderno.
 

La cultura de Kazajstán. El vínculo entre el pasado y el presente por Vladimir Tverdokhlebov (1984), La casa de los eruditos en la Academia de Ciencias de Kazajstán
 
¿Qué hace que los mosaicos, murales, frescos y esgrafiados de Almaty, y, más ampliamente, de Kazajstán, sean tan especiales? ¿En qué se diferencian de los murales en otros países postsoviéticos?
 
Los murales fueron realizados por un grupo diverso de artistas que representaban la diversidad étnica de Kazajstán: kazajos, rusos, ucranianos, armenios, coreanos, judíos. Los artistas de Kazajstán trabajaron con temas que me parecen especialmente atractivos, como la exploración espacial (debido al cosmódromo de Baikonur) y la vida nómada (que refleja la cultura tradicional kazaja). Tal vez porque los artistas estaban trabajando a una gran distancia de Moscú, no hay muchos martillos y lunares o Lenins. En cambio, era mucho más común mostrar elementos de la cultura local, como el folclore y los trajes tradicionales.
 
V. I. Lenin de Boris Anisimov, Aleksandr Obedin, Vladimir Tverdokhlebov y Aleksandr Zinenko (1984), La Casa de los Académicos en la Academia de Ciencias de Kazajstán 
  Alivio sin título de Nina Pavlenko, Airat Ismambetov, Aleksandr Talovikov (principios de los 80), pasadizo subterráneo Octubre por Viktor Konstantinov (1967), fachada oeste del cine Arman Ciencia por Viktor Konstantinov (1967), fachada este del cine Arman
 
¿Qué fue lo primero que te interesó en este arte? ¿En qué momento pasaste de mirarlos a preservarlos activamente?
 
Al principio, los mosaicos y otros murales fueron solo algunas de las muchas cosas que documenté en mi blog, Walking Almaty . Finalmente, me di cuenta de que había tantos ejemplos que hicieron una historia interesante por su cuenta, pero me costó mucho encontrar información sobre ellos. Fue entonces cuando comencé a dedicar más tiempo a buscarlos, a encontrar recursos y a conocer artistas. Poco después, lancé el sitio web de Monumental Almaty y las cuentas de redes sociales. Preservarlos no era uno de mis objetivos iniciales, sino algo que surgió de mi afecto por estas obras de arte. Cuando escuché que ciertas obras podrían ser amenazadas, no podía simplemente sentarme y mirar.
 

Mosaico de un artista desconocido en la torre de televisión Kök-Töbe
 
Como Almaty ya no es la capital, parece haber evitado el tipo de desarrollo masivo que podría haber acabado con estas obras de arte. Pero, ¿de qué manera están todavía en riesgo hoy?
 
Esa es una teoría interesante, y creo que explica mucho. Sin embargo, eso no quiere decir que el patrimonio arquitectónico de Almaty también haya sufrido. Cientos de edificios han sido destruidos o renovados sin la participación adecuada de la comunidad, los expertos u otras partes interesadas. Como la mayoría de las obras de arte monumental se encuentran en edificios estatales que luego se privatizaron, ahora son propiedad privada. La única forma de protegerlos legalmente es a través de la concesión de un estatus de hito histórico, que es muy difícil en Kazajstán y, a menudo, ineficaz.
 
Qyz Zhibek por Nikolai Tsivchinsky y Moldakhmet Kenbaev (1971), Zhas Otan Wedding Palace Qyz Zhibek por Nikolai Tsivchinsky y Moldakhmet Kenbaev (1971), Zhas Otan Wedding Palace
 
¿Por qué los murales en particular eran tan importantes para la estética visual de la URSS?
 
Hay varios puntos aquí. El hecho de que estuvieran ubicados en espacios públicos era una forma de combatir la idea del arte visual como un medio de élite, escondido en los museos. La escala épica de los murales encaja bien con la estética triunfal de la URSS de posguerra. Incluso su producción industrial se adaptaba a la economía soviética: docenas de obras de arte monumental fueron producidas en la Combinación de Arte Oner por brigadas de artesanos, para ser instaladas posteriormente en elementos modulares de hormigón. Muchos asumen que los murales eran importantes porque eran propaganda, que es la forma en que muchos describen en occidente el arte en los espacios públicos soviéticos. Sin embargo, pocas de las obras de arte se relacionan directamente con la política del Partido Comunista, y tienden a centrarse en los logros del pueblo soviético y los valores humanistas relacionados con la salud, la educación y la familia.
 
Arte de Vladimir Tverdokhlebov y Yury Funkorineo (1979-1981), El Teatro Estatal Ruso Académico para Niños y Jóvenes N. Sats Mosaico sin título de Evgeny Sidorkin, Genrikh Danderfer y Oleg Bogomolov (1969-1970), Tchaikovsky Almaty Musical College (anteriormente la Escuela Musical Nacional)
 
Has hecho un trabajo increíble en la búsqueda, documentación y campaña para la conservación de estas obras de arte. Las nuevas parecen estar descubiertas todo el tiempo. ¿Crees que hay más por ahí, esperando ser descubiertos detrás de las vallas y las paredes?
 
Absolutamente. Todavía tengo una sección en el sitio web para trabajos perdidos o "estado desconocido", lo que significa que simplemente no he podido acceder a los trabajos para determinar si todavía están intactos o no. Hay varios casos en los que es posible que las obras se hayan cubierto simplemente con paneles, como en el antiguo edificio Komsomol o el antiguo Cafe Karlygash. Y luego están las que no tengo forma de descubrir por mi cuenta, obras que están ocultas en cafeterías, fábricas y pasillos escolares. Para encontrar hasta el último, necesitaré la ayuda de un público comprometido, y ya he visto crecer el interés, con sugerencias que llegan todo el tiempo.
 

Fuente: Calvert Journal

miércoles, 3 de abril de 2019

EXPERIENCIAS POLITICAS A 100 AÑOS DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA


En el marco de las conmemoraciones por el Centenario de la Internacional Comunista (III Internacional), que se celebra este mes de marzo, se reunió en Estambul, Turquía, el Encuentro «Lucha por el Comunismo: 100 años de patrimonio político», para estudiar cuidadosamente las lecciones de la historia e intercambiar experiencias sobre los combates de Partidos Comunistas en cada país.

El 16 y 17 de febrero, el Partido Comunista de Turquía (TKP) fue el anfitrión de las organizaciones que componen la Iniciativa Comunista Europea (ICE) asistentes a la actividad.

Con base en la rica experiencia histórica de los Partidos Comunistas trabajando juntos –tanto durante la Internacional Comunista como después de su disolución en 1943–, los Partidos de la ICE discutieron y clarificaron posiciones con respecto a diversos problemas históricos y coyunturas críticas en la historia del movimiento comunista internacional.

Para las organizaciones de la ICE, esto constituye no sólo una necesidad sino un deber político-ideológico para los Partidos de vanguardia de hoy, recordando que V.I. Lenin, en su discurso en el primer Congreso de la Internacional Comunista, afirmó: «El proletariado no debe temer la verdad, debe enfrentarla directamente y sacar todas las conclusiones políticas necesarias».
En el siguiente enlace puede accederse a todas las intervenciones:

Encuentro «Lucha por el Comunismo: 100 años de patrimonio político»

Fuente: Tribuna Popular

martes, 2 de abril de 2019

SEVILLA ACOGE EL ESTRENO MUNDIAL DEL ÚLTIMO ESPECTÁCULO DE LEO BASSI "YO, MUSSOLINI"

¡Estreno mundial del último espectáculo de Leo Bassi “Yo Mussolini”!

El próximo fin de semana, Leo Bassi, el gran filósofo, poeta, payaso y político comprometido, abrirá el mes de abril en el Teatro TNT con el estreno mundial de su último espectáculo Yo, Mussolini, donde propone superar los tabúes políticos y mostrar la fragilidad del pensamiento fascista.

El espectáculo nace  del auge en todo el mundo de la vieja ideología fascista, que supone un desafío directo a la gente que ha luchado desde siempre por una vida más solidaria y humanista. En los últimos años el pensamiento fascista se ha extendido peligrosamente por países como Estados Unidos, Brasil, Italia – país natal de Mussolini y de Leo Bassi – y amenaza con hacerlo en España.

“Cuando oigo hablar de la vuelta de la extrema derecha, el bufón que tengo dentro se despierta y le entran muchas ganas de burlarse de todo su discurso. Sentí una necesidad visceral de buscar las contradicciones en su retórica y divertirme con las consecuencias. Así fue cómo me surgió la idea de transformarme en el personaje más emblemático del fascismo: Benito Mussolini” afirma el propio Leo Bassi.

Se trata de una pieza provocadora y divertida, pensada para generar optimismo y dar al público que sale del Teatro ganas de resistir o mejor: “¡Risistir!” con inteligencia a la intolerancia y es que el mensaje más importante de “Yo, Mussolini” es que el fascismo crece por el miedo que genera y que el mejor antídoto contra el miedo es el sentido del humor.

El 5 y 6 de abril a las 21h  será la única oportunidad en Sevilla de asistir al estreno mundial de Yo, Mussolini.

http://atalaya-tnt.com/entradas/index.php?event_id=739&fbclid=IwAR24OYz7gBV3mC4mnUu8uVRr0MFzs652AXHdbUBf7e6ZK56xp7eAeqaIckc

lunes, 1 de abril de 2019

80 AÑOS DEL FIN DE LA GUERRA CIVIL Y DEL EXILIO REPUBLICANO


"DÍPTICO ESPAÑOL", de LUIS CERNUDA

I. Es lástima que fuera mi tierra

A Carlos Otero

Cuando allá dicen unos
Que mis versos nacieron
De la separación y la nostalgia
Por la que fue mi tierra,
¿Sólo la más remota oyen entre mis voces?
Hablan en el poeta voces varias:
Escuchemos su coro concertado,
Adonde la creída dominante
Es tan sólo una voz entre las otras.

Lo que el espíritu del hombre
Ganó para el espíritu del hombre
A través de los siglos,
Es patrimonio nuestro y es herencia
De los hombres futuros.
Al tolerar que nos lo nieguen
y secuestren, el hombre entonces baja,
¿Y cuánto?, en esa dura escala
Que desde el animal llega hasta el hombre.

Así ocurre en tu tierra, la tierra de los muertos,
Adonde ahora todo nace muerto,
Vive muerto y muere muerto;
Pertinaz pesadilla: procesión ponderosa
Con restaurados restos y reliquias,
A la que dan escolta hábitos y uniformes,
En medio del silencio: todos mudos,
Desolados del desorden endémico
Que el temor, sin domarlo, así doblega.

La vida siempre obtiene
Revancha contra quienes la negaron:
La historia de mi tierra fue actuada
Por enemigos enconados de la vida.
El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,
Sino de siempre. Por eso es hoy.
La existencia española, llegada al paroxismo,
Estúpida y cruel como su fiesta de los toros.

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
En creer que la razón de soberbia adolece
y ante el cual se grita impune:
Muera la inteligencia, predestinado estaba
A acabar adorando las cadenas
y que ese culto obsceno le trajese
.Adonde hoy le vemos: en cadenas,
Sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
A la manera de aquellos que no pueden
Ser otra cosa: y entre todas las cargas
Que, al nacer yo, el destino pusiera
Sobre mí, ha sido ésa la más dura.
No he cambiado de tierra,
Porque no es posible a quien su lengua une,
Hasta la muerte, al menester de poesía.

La poesía habla en nosotros
La misma lengua con que hablaron antes,
y mucho antes de nacer nosotros,
Las gentes en que hallara raíz nuestra existencia;
No es el poeta sólo quien ahí habla,
Sino las bocas mudas de los suyos
A quienes él da voz y les libera.

¿Puede cambiarse eso? Poeta alguno
Su tradición escoge, ni su tierra,
Ni tampoco su lengua; él las sirve,
Fielmente si es posible.
Mas la fidelidad más alta
Es para su conciencia; y yo a ésa sirvo
Pues, sirviéndola, así a la poesía
Al mismo tiempo sirvo.

Soy español sin ganas
Que vive como puede bien lejos de su tierra
Sin pesar ni nostalgia. He aprendido
El oficio de hombre duramente,
Por eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero
No volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó de ser la mía, Cuyas maneras
rara vez me fueron propias,
Cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto
y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron.

No hablo para quienes una burla del destino
Compatriotas míos hiciera, sino que hablo a solas
(Quien habla a solas espera hablar a Dios un día)
O para aquellos pocos que me escuchen
Con bien dispuesto entendimiento.
Aquellos que como yo respeten
El albedrío libre humano
Disponiendo la vida que hoy es nuestra,
Diciendo el pensamiento al que alimenta nuestra vida.

¿Qué herencia sino ésa recibimos?
¿Qué herencia sino ésa dejaremos?

II. Bien está que fuera tu tierra

Su amigo, ¿desde cuando lo fuiste?
¿Tenías once, diez años al descubrir sus libros?
Niño eras cuando un día
En el estante de los libros paternos
Hallaste aquéllos. Abriste uno
Y las estampas tu atención fijaron;
Las páginas a leer comenzaste
Curioso de la historia así ilustrada.

Y cruzaste el umbral de un mundo mágico,
La otra realidad que está tras ésta:
Gabriel, Inés, Amaranta,
Soledad, Salvador, Genara,
Con tantos personajes creados para siempre
Por su genio generoso y poderoso.
Que otra España componen,
Entraron en tu vida
Para no salir de ella ya sino contigo.

Más vivos que las otras criaturas
Junto a ti tan pálidas pasando,
Tu amor primero lo despertaron ellos;
Héroes amados en un mundo heroico,
La red de tu vivir entretejieron con la suya,
Aún más con la de aquellos tus hermanos,
Miss Fly, Santorcaz, Tilín, Lord Gray,
Que, insatisfechos siempre, contemplabas
Existir en la busca de un imposible sueño vivo.

El destino del niño ésos lo provocaron
Hasta que deseó ser como ellos,
Vivir igual que ellos
Y, como a Salvador, que le moviera
Idéntica razón, idéntica locura,
El seguir turbulento, devoto a sus propósitos,
En su tierra y afuera de su tierra,
Tantas quimeras desoladas
Con fe que a decepción nunca cedía.

Y tras el mundo de los Episodios
Luego el de las Novelas conociste:
Rosalía, Eloísa, Fortunata,
Mauricia, Federico Viera,
Martín Muriel, Moreno Isla,
Tantos que habría de revelarte
El escondido drama de un vivir cotidiano:
La plácida existencia real y, bajo ella,
El humano tormento, la paradoja de estar vivo.

Los bien amados libros, releyéndolos
Cuántas veces, de niño, mozo y hombre,
Cada vez más en su secreto te adentrabas
Y los hallabas renovados
Como tu vida iba renovándose;
Con ojos nuevos los veías,
Como iban viendo el mundo.
Qué pocos libros pueden
Nuevo alimento darnos
A cada estación nueva en nuestra vida.

En tu tierra y afuera de tu tierra
Siempre traían fielmente
El encanto de España, en ellos no perdido,
Aunque en tu tierra misma no lo hallaras.
El nombre allí leído de un lugar, de una calle
(Portillo de Gilimón o Sal si Puedes).
Provocaba en ti la nostalgia
De la patria imposible, que no es de este mundo.

El nombre de ciudad, de barrio o pueblo,
Por todo el español espacio soleado
(Puerta de Tierra, Plaza de Santa Cruz, los Arapiles,
Cádiz, Toledo, Aranjuez, Gerona),
Dicho por él, siempre traía,
Conocido por ti el lugar o desconocidp
Una doble visión: imaginada y contemplada
Ambas hermosas, ambas entrañables.

Hoy, cuando a tu tierra ya no necesitas,
Aún en estos libros te es querida y necesaria,
Más real y entresoñada que la otra:
No ésa, mas aquélla es hoy tu tierra.
La que Galdós a conocer te diese,
Como él tolerante de lealtad contraria,
Según la tradición generosa de Cervantes,
Heroica viviendo, heroica luchando
Por el futuro que era el suyo,
No el siniestro pasado donde a la otra han vuelto.

La real para ti no es esa España obscena y deprimente
En la que regentea hoy la canalla,
Sino esta España viva y siempre noble
Que Galdós en sus libros ha creado.
De aquélla nos consuela y cura ésta.

Luis Cernuda