lunes, 5 de octubre de 2026

SALUDO DE RAFAEL ALBERTI A SILVESTRE REVUELTAS EN 1937, EN EL 86 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL COMPOSITOR COMUNISTA MEXICANO


José Chávez Morado (segundo), José Mancisidor (tercero), Silvestre Revueltas (sexto), María Luisa Vera (séptima), Elena Garro (novena), José Carreño (décimo primero), Susana Steel (décimo tercera), Fernando Gamboa (décimo sexto), Rafael Alberti (décimo séptimo), en Barcelona, 1937.
 

AMIGOS. Un saludo, en Madrid, a Silvestre Revueltas. Músico muy mexicano y muy universal.

Por Rafael Alberti

Conocí a Revueltas en México. Un día, en medio de una calle, “Gran director de orquesta, gran compositor”, me dijeron. Durante mi estancia de siete meses en su país no tuve ocasión de oírle, de verle dirigir al frente de sus hombres, de comprobar aquella afirmación. Cuando nuestro Segundo Congreso de Escritores Antifascistas, en julio de este año, oí decir a alguien: entre la Delegación Mexicana viene también un músico, Silvestre Revueltas. Me acordé entonces de él, de nuestro encuentro, una tarde, creo que de agosto, en su ciudad: un hombre ancho, grueso, de cara y ojos bonachones, despechugado y sin corbata. El mismo, el exacto que volví a hallar en Valencia, que vi luego en Madrid. ¿Cómo será posible un músico tan grueso, un gran músico sobre todo? Esta pregunta, bastante tonta y frívola, que yo mismo me hacía, me tuvo algunos días inquieto, vigilante. Estaba deseando deshacerme de ella. Era idiota, lo confieso, y más aun sabiendo que muy grandes artistas alcanzaron físicamente en su vida las mismas proporciones que su obra: pienso más que nadie en Balzac.

Pero, por fin lo que tanto esperaba: el concierto, varias obras suyas para pequeña orquesta, dirigidas por él, en un salón de Los Amigos de México y en Madrid. ¡En Madrid! Colorines, Homenaje a García Lorca, El renacuajo paseador, Himno de los Mexicanos combatientes en España. Este era el programa. Luego, en el mitin del Teatro de la Comedia, dos obras grandes: Caminos y Janitzio. Bastaba. Casi demasiado para conocerlo. Con sólo el homenaje a Federico y el Renacuajo, me hubiera dado cuenta de lo que es este hombre. De su inmensa capacidad y talento, de lo mexicano y universal de su música. Muy mexicana su música, nada localista; popular pero sin transcripciones. Lo que Manuel de Falla hizo con lo andaluz, con lo español —más aún en su última época— logra Silvestre Revueltas con el acento de su país y de manera magistral. Toda esa atmósfera nocturna burlesca y triste de las “carpas” (los teatrillos arrabaleros de México). Todo ese latido poderoso y bárbaro de las pirámides, de los montes, de los grandes cielos y las flores inmensas, lo antiguo y permanente y hoy grave y esperanzado está en su música con una sabiduría y vigor ejemplares.  Octavio Paz, un jovensísimo poeta, para mí ya una realidad de la verdadera poesía mexicana, pronunció aquí, en Madrid, sobre su compatriota, palabras justas, valorizadoras. Una de las condiciones primordiales de Revueltas es su gracia, la burla sana y fuerte que corre de pronto por su música. Es ese colaborador ideal que tantas veces ha soñado uno para las farsas teatrales, para la sátira cruel y la patada en el trasero.

No creo que ninguno de nuestros músicos españoles recientes esté dotado de esa vena, tan rica y necesaria hoy. Oyendo a Silvestre Revueltas, saltándoseme los pies y las manos, me he sentido de súbito sobre la escena, la del alfilerazo y la pulla, persiguiendo a escobazos a nuestros enemigos, despertando a la vez en la gente la cólera y la risa revolucionarias. ¡Bienvenido a Madrid! A este hondo corazón de España, viejo y nuevo, y silvestre todavía, este Silvestre mexicano, hombre, artista, que en medio de nuestra tremenda lucha nos deja una profunda estela de optimismo, de potencia, de genio.

La Voz, 24 de septiembre, 1937.

 

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