Según el testimonio del compositor, la idea de la ópera Momchil
fue provocada por la invasión alemana de Polonia iniciada el 1 de septiembre de 1939 y por el deseo del
compositor de escribir una obra de protesta contra las políticas
antinacionales y de influencia fascista del gobierno búlgaro. La
imagen original del héroe del siglo XIV es notable: es un líder, un defensor, un guerrero para los intereses del pueblo. La ópera se
completó alrededor de 1945 y se estrenó el 24 de septiembre de 1948 en la Ópera Nacional de Sofía bajo la dirección de Assen Naydenov y
la dirección de Mihail Hadjimishev.
Por
sus servicios a la música búlgara, Pipkov fue nombrado Héroe del
Trabajo Socialista y Artista del Pueblo de Bulgaria, y recibió tres
veces el Premio Dmitrov. Posteriormente, fue condecorado con la
Orden de la República Popular de Bulgaria y la Orden de Georgi Dimitrov. Fue admitido póstumamente en la Academia de las Artes de la RDA y nombrado ciudadano honorario de Lovech.
"Desde
el punto de vista creativo, siempre me ha interesado el tema de
construir un estilo musical búlgaro", escribe el gran compositor
clásico Lyubomir Pipkov, creador de algunos de los ejemplos más
importantes de la obra musical búlgara del siglo pasado. Su trayectoria
profesional como músico, como escritor, poeta, pedagogo, publicista y
figura pública -una personalidad con una brillante posición social y
convicciones progresistas- lo definen como una figura destacada de la
élite intelectual búlgara. Pipkov escribió cuatro sinfonías, varios
conciertos instrumentales, un oratorio, obras orquestales y de cámara,
canciones corales y solistas, y música para películas. Sus tres óperas
son tres obras maestras únicas, tres conceptos musicales y
dramatúrgicos englobados por su estilo único, que sintetiza elementos
del folclore y de la modernidad. “Los nueve hermanos de Yanina”, “Momchil” y “Antígona 43” son unas cumbres en la obra escénica y musical de Bulgaria.
Según
el propio compositor, la idea de “Momchil” fue provocada por la
invasión alemana en Polonia en 1939. Lyubomir Pipkov siempre había sido
parte del círculo de intelectuales búlgaros más progresistas e
interesantes. Entre ellos había jóvenes talentos como los pintores
Iliya Beshkov y Boris Anguelushev, el poeta Hristo Radevsky, los
escritores Konstantín Petkanov y Stoyan Zagorchinov, y el director de
cine Boyan Danovsky. Uno de los amigos más íntimos del compositor era
el crítico Gueorgui Tsanev, editor de la revista mensual “Arte y
crítica”, publicada entre 1938 y 1943, cuyos colaboradores eran en su
mayoría autores de tendencia izquierdista. Pipkov formaba una
importante parte de la producción de la revista desde su fundación, y
fue en este preciso ambiente donde surgió la idea original de la ópera
Momchil.
El
compositor recuerda que Gueorgui Tsanev le había dado para releer la
trilogía “Último día, día del Señor”, de Stoyan Zagorchinov, para
convencerse de que tenía cualidades para convertirse en base para un
libreto operístico. Este fue escrito por el poeta Hristo Radevsky en
colaboración con el propio Pipkov, y los episodios finalmente recreados
fueron principalmente aquellos episodios heroicos de los libros de
Zagorchinov. De ahí que el título elegido fuera el de "Momchil",
destacando la imagen protagonista del siglo XIV: la del líder, el
defensor y el guerrero.
El estreno mundial de la obra tuvo lugar en la Ópera de Sofía en 1948 de
la mano del director de orquesta Asen Naydenov, el director escénico
Mihail Hadzhimishev; Nenko Balkansky, artista encargado de la
escenografía, y la coreógrafa Margarita Dikova.
La
conmovedora e increíblemente bella música de “Momchil” merece una
especial atención y merece volver a cobrar vida sobre el escenario. Su
brillante y poderosa partitura muestra, sin duda, la percepción del
compositor de las grandes tradiciones operísticas. Observamos una parte
orquestal imponente y polivalente que dista mucho de un papel de
acompañamiento. Y las magníficas escenas corales son, a su vez,
impresionantes: el coro juega el papel de narrador y la vez de
partícipe en los acontecimientos. El profundo misterio del bosque, las
recreaciones heroicas, la fuerza del baile... en su totalidad, esta es
una música realmente cautivadora.
Una de las escenas más impactantes es la de la boda real, que finaliza con las famosas Danzas del Segundo Cuadro.
Junto con la Introducción a la ópera, estas danzas han sido durante
décadas uno de los números de concierto favoritos y muy interpretados
en los programas de todas las orquestas sinfónicas búlgaras. Y, la
mejor oportunidad de escuchar estos maravillosos sonidos autóctonos es
regresando a la ópera "Momchil". Hoy escuchamos la versión de las Danzas del Segundo Cuadro
en la grabación de estudio de 1986 de la Orquesta Filarmónica de
Sofía dirigida por el gran director búlgaro Alexéy Izmirlíev.