lunes, 20 de abril de 2020
LUIS SEPÚLVEDA IN MEMORIAM
Murió de coronavirus el escritor chileno que actuó junto a la Brigada Simón Bolívar en la revolución sandinista
El escritor chileno Luis Sepúlveda murió en el estado español el jueves 16 de abril, por coronavirus, según confirmó su familia. Sepúlveda, quien había sido diagnosticado con la infección a finales de febrero, estaba internado en el Hospital Universitario Central de Asturias. El escritor de 70 años comenzó a mostrar los síntomas el pasado 25 de febrero, después de regresar de un festival literario celebrado en Oporto, una ciudad del norte de Portugal, Desde hacia varios años estaba radicado, junto a su familia, en Asturias.
Lamentamos mucho esta noticia. Sepúlveda fue un importante escritor pero también fue un militante de causas justas. Entre ellas la lucha revolucionaria para terminar con la dictadura de Somoza en Nicaragua. Tuvimos el honor de que Sepúlveda participara en la revolución nicaraguense junto a la Brigada Simón Bolívar, que impulsó nuestra corriente socialista. Fue una brigada de combatientes latinoamericanos que se impulsó desde Bogotá, bajo la iniciativa del dirigente argentino Nahuel Moreno, exilado entonces, y del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) de Colombia, que encabezaba una campaña internacional sistemática de apoyo a la lucha contra la dictadura de Somoza y de solidaridad con el FSLN para que triunfase y encabezara un gobierno propio, sin burgueses.
Ex militante comunista, Sepúlveda se había visto obligado a abandonar su Chile natal en 1977, tras ser perseguido por el régimen dictatorial de Augusto Pinochet. Sepúlveda, que se dio a conocer internacionalmente en 1988 con la publicación de «Un viejo que leía novelas de amor”. A esa exitosa novela siguieron otras como «Mundo del fin del mundo», «Nombre de torero», «Patagonia Express», «Historia de una gaviota y del gato que la enseñó a volar», » La rosa de Atacama» o «Fin de siglo».
Recibió premios como el de poesía Gabriela Mistral,1976; el Rómulo Gallegos (1978), el premio de narrativa «Superflainao», 1993 o el Premio Ovidio concedido en 1998 en Italia por «La última frontera».
Justamente en la novela “Nombre de Torero”, uno de los protagonistas es un exilado chileno, Juan Belmonte. Que sería el que tiene nombre de torero. En la trama de ficción Belmonte cuenta que participó en la Brigada Simón Bolívar y que fue reprimido por el gobierno sandinista. En esa trama se mezclan personajes de la siniestra Stassi, policía de la antigua Alemania Oriental, con la policía de Pinochet y la caída del Muro de Berlín.
En una revista española, Sepúlveda, recordaba a la brigada el día del triunfo de la revolución: “En julio de 1979, exactamente el 19 de julio de ese año al atardecer me encontraba sentado en la escalinata que conduce a la catedral de Managua. Los sandinistas habían derrotado al dictador Anastasio Somoza y yo estaba ahí entre los sobrevivientes de la última Brigada Internacional, la Simón Bolívar, y compartía entre veinte o más, una petaquita de ron nica, y unos cigarros atroces que hacían los indios misquitos. Había alegría, más no euforia, pues todas las guerras avanzan y duran más de lo que uno pensaba. La mayoría de los combatientes eran muy jóvenes, celebraban la esperanza y lo que harían de su país en medio de la más limpia y pura utopía, era ajenos a la guerra fría o a los planes que ya se tejían en Washington. En esos momentos uno sólo piensa en sus muertos y a ratos le resulta injusto haber sobrevivido” (Revistateína N° 16. octubre de 2007. Revista electrónica de Valencia).
Miguel Sorans
*Integrante de la Coordinadora de la Brigada Simón Bolívar y actual dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina, y de la UIT-CI
http://www.uit-ci.org/
domingo, 19 de abril de 2020
"MILICIAS CAMPESINAS", OBRA DEL PINTOR CUBANO SERVANDO CABRERA
Milicias campesinas
Servando Cabrera Moreno (La Habana, 1923-1981)
1961
140.5 x 201 cm
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana
Pareciera que luchan entre sí, pero no, luchan en el mismo bando, por lo misma causa. Más que lidia es demostración de fuerza, exhibición desenfadada de pulso y empeño. Parece acción coreografiada: despliegue circular de brazos y machetes (más bien mochas de trabajo, transfiguradas en armas de combate), mosaico de hombres fornidos y caballos encabritados sobre un telón de montañas.
No hay alegría explícita (de hecho, los rostros lucen adustos y concentrados), pero sí entusiasmo atronador. El horror al vacío resulta metáfora de la unidad. Es el impulso común de un pueblo, en años de sueños y amenazas.
Servando Cabrera pintó este cuadro a finales de 1961. Integró una serie dedicada a personajes más o menos anónimos de la Revolución. En este caso, para recrear a los campesinos, el pintor estudió rasgos característicos del hombre que vivía en los campos. No es una visión realista: estos cuerpos parecen de titanes en una figuración barroca. Y sin embargo, uno puede vislumbrar el espíritu del trabajador redimido, resuelto a defender su integridad.
Son cubanos, indudablemente.
El trazo es fuerte, decidido; las líneas seccionan este gran vitral de transparencias coloridas. Es hermoso y aleccionador el cuadro. En su momento, probablemente algunos admiraran solo su fuego revolucionario (que es, por demás, énfasis evidentísimo); pero hay más. Está la eterna celebración de la belleza que definió la obra de Servando Cabrera: una belleza ruda, sin afectaciones… y al mismo tiempo particularmente sensual.
Fuente: Cuba SI
sábado, 18 de abril de 2020
"EL MAR EN LLAMAS", PELICULA SOVIÉTICA SOBRE LA DEFENSA DE SEBASTOPOL
Titulo original: More v ogne
Año: 1972
Duración: 142 min.
País: Unión Soviética (URSS)
Dirección: Lev Saakov
Guión: Nikolai Figurovsky, Lev Saakov
Música: Venyamin Basner
Fotografía: Anatoli Petritsky
Reparto: Grigoriy Antonenko, Nikolai Grinko, Rostislav Yankovskiy, Vsevolod Platov, Vladimir Kashpur, Konstantin Tyrtov, Dalvin Shcherbakov, Yuriy Solomin, Olga Ostroumova, Nikolai Yeryomenko Sr., Vsevolod Safonov, Nikolai Gudz, Vladlen Paulus, Nikolai Alekseyev, Radij Afanasyev
Productora: Mosfilm
Sinopsis: Película que aborda la defensa de Sebastopol, en 1941-1942 . En 1941 las tropas nazis penetran en la península de Crimea comenzando el sitio de la ciudad de Sebastopol.
El 30 de octubre de 1941 tuvo lugar el primer ataque alemán contra Sebastopol, así como otros combates en la península de Crimea.
La defensa de Sebastopol duró 250 días con sus respectivas noches, hasta que el 4 de julio de 1942 el enemigo tomó la ciudad. En el transcurso de las batallas que tuvieron lugar entre el Ejército Rojo y las fuerzas de la Alemania nazi, la localidad fue prácticamente borrada de la faz de la tierra.
Durante los asaltos a Sebastopol las bajas alemanas se elevaron a 300.000 soldados, mientras que por parte de las tropas soviéticas le costaron la vida a 157.000.
Al finalizar las batallas en la península, múltiples soldados fueron galardonados con distintas condecoraciones y en 1965 Sebastopol fue galardonada con el título de Ciudad Heroica.
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
https://ok.ru/video/1460005309129
Año: 1972
Duración: 142 min.
País: Unión Soviética (URSS)
Dirección: Lev Saakov
Guión: Nikolai Figurovsky, Lev Saakov
Música: Venyamin Basner
Fotografía: Anatoli Petritsky
Reparto: Grigoriy Antonenko, Nikolai Grinko, Rostislav Yankovskiy, Vsevolod Platov, Vladimir Kashpur, Konstantin Tyrtov, Dalvin Shcherbakov, Yuriy Solomin, Olga Ostroumova, Nikolai Yeryomenko Sr., Vsevolod Safonov, Nikolai Gudz, Vladlen Paulus, Nikolai Alekseyev, Radij Afanasyev
Productora: Mosfilm
Sinopsis: Película que aborda la defensa de Sebastopol, en 1941-1942 . En 1941 las tropas nazis penetran en la península de Crimea comenzando el sitio de la ciudad de Sebastopol.
El 30 de octubre de 1941 tuvo lugar el primer ataque alemán contra Sebastopol, así como otros combates en la península de Crimea.
La defensa de Sebastopol duró 250 días con sus respectivas noches, hasta que el 4 de julio de 1942 el enemigo tomó la ciudad. En el transcurso de las batallas que tuvieron lugar entre el Ejército Rojo y las fuerzas de la Alemania nazi, la localidad fue prácticamente borrada de la faz de la tierra.
Durante los asaltos a Sebastopol las bajas alemanas se elevaron a 300.000 soldados, mientras que por parte de las tropas soviéticas le costaron la vida a 157.000.
Al finalizar las batallas en la península, múltiples soldados fueron galardonados con distintas condecoraciones y en 1965 Sebastopol fue galardonada con el título de Ciudad Heroica.
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
https://ok.ru/video/1460005309129
viernes, 17 de abril de 2020
135 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL FILÓSOFO COMUNISTA GYORGY LUKACS
El 13 de abril de 1885 nació el gran pensador marxista húngaro György Lukács. Frente a la degradación positivista del marxismo, Lukács siempre afirmó su punto de vista subjetivo y voluntarista, necesario en los momentos decisivos de la lucha.
Huelga de masas partido y sindicatos, de Rosa Luxemburgo
Prefacio de György Lukács de la edición húngara de 1921
Rosa Luxemburg no fue tan sólo una mártir de la revolución proletaria; toda su vida fue un gran combate para que el proletariado se hiciera revolucionario, para que la justa toma de conciencia de la situación de la lucha de clase, oscurecida consciente o inconscientemente, a los ojos de la clase obrera, por los oportunistas socialdemócratas, se introdujera en la conciencia del proletariado: para que la conciencia de clase así desarrollada se transformara en acción revolucionaria. De modo que Rosa Luxemburg libró las batallas más difíciles de su vida, ante todo, contra las corrientes derechistas y centristas del movimiento obrero de hoy. No es sorprendente que finalmente fueran los mercenarios de Ebert y Scheidemann los que la mataron: toda su vida se batió contra ellos, con las nobles armas de la ciencia y de la justicia; mientras que ellos trataron de imposibilitar su influencia sobre la clase obrera por medio de calumnias, intrigas y mentiras. Hasta que, finalmente, cuando todo esto fracasó, cuando Luxemburg avanzó en cabeza de las masas revolucionarias para ganar la lucha de la clase proletaria por la vía armada, la asesinaron.
Rosa Luxemburg era una verdadera dirigente del proletariado. Quizá, junto a Lenin, el único sucesor digno de Marx y de Engels. Pero como la revolución proletaria se diferencia fundamentalmente de la revolución burguesa —la del proletariado no es tan brillante como la de la burguesía, pero va más al fondo que ella, y, pese a que progresa más despacio, cambia más profundamente lo esencial de la sociedad—, de ahí se desprende que el dirigente de la revolución proletaria se diferencia profundamente del tipo de dirigente de la revolución burguesa. Este dirigente no es ni un gran demagogo, ni un orador brillante y un agitador como Danton o como Lajos Kossuth; sino que será aquel que cultive más a fondo el marxismo, la dialéctica revolucionaria, la ciencia de la lucha de clases. Aquel que, con la ayuda del marxismo, sea capaz de analizar, de valorar y de juzgar correctamente todo acontecimiento de la vida cotidiana y sea, por consiguiente, capaz de mostrar la correcta vía de acción a la clase obrera.
Pero del hecho de que el juicio sobre la situación actual y la vía designada para la acción que de él se desprende sean correctos no se deduce que las grandes masas del proletariado puedan comprenderlos de inmediato ni que deban reaccionar en la dirección adecuada. Los oportunistas, al colocar en primer plano sus propios intereses, miopes y falseadores, han envenenado, durante décadas, las reflexiones y los sentimientos de la clase obrera. La han habituado a no mirar los acontecimientos desde el punto de vista de los intereses de clase generales del proletariado, y a que, en cambio, cada cual se preocupe ante todo de sus intereses personales, es decir, aquellos que conciernen al oficio o a la fábrica en un sentido restringido. Han conseguido, con ello, oscurecer la conciencia del proletariado, dirigir a la clase obrera en una dirección oportunista y pequeñoburguesa, y educarla en este sentido.
Fue contra este oportunismo pequeñoburgués contra el que Rosa Luxemburg libró los combates más difíciles de su vida. Como agitadora, como organizadora, como periodista del diario y como teórica, en las reuniones públicas, en los diarios, en los congresos, con armas distintas, pero siempre con igual fuerza, se batió en defensa del verdadero sentido del marxismo: por la revolucionarización del proletariado. Fue en esta batalla en la que Rosa Luxemburg se hizo grande, se convirtió en una verdadera mártir del proletariado; ella y sus compañeros de lucha.
La propia Rosa Luxemburg era un gigante del pensamiento porque no sólo presentaba, con instinto certero, los peligros que encerraba el oportunismo, sino que también analizó, con un profundo conocimiento marxista, todo acontecimiento del presente: ella fue la primera en ver, con una clarividencia profética, lo esencial de la historia, y todo lo que se desprende de este conocimiento para las acciones del proletariado. Si hoy observamos la obra y la vida de Rosa Luxemburg, no podemos dejar de constatar que fue ella la primera que percibió correctamente el imperialismo como última etapa del capitalismo, y las consecuencias necesarias de éste: la guerra mundial y la revolución mundial; ella fue la que descubrió la primera y única arma eficaz a emplear contra los peligros del imperialismo: los movimientos de masas revolucionarios.
El ascenso de la lucha de clases final entre el proletariado y la burguesía, el cómo, las condiciones, las posibilidades y las armas de esta lucha de clases, he ahí el contenido de la obra y la vida de Rosa Luxemburg. En los momentos en que el movimiento obrero europeo —y sobre todo alemán— se había hundido tan profundamente en el oportunismo que éste no sólo saboteaba las acciones de modo encubierto, sino que también podía manifestarse abiertamente, y teóricamente, Rosa Luxemburg fue la primera en imponer la teoría de la revolución proletaria contra la teoría del oportunismo. Es verdad que, entonces, en contra del creador de la teoría reformista, Bernstein, también Kaustky libró una batalla teórica. Pero esas dos especies de batalla estaban separadas una de otra como el cielo de la tierra. Kautsky puso en evidencia los errores teóricos y prácticos de Bernstein, pero desconfiaba, con una prudencia inconsciente, de remover el fondo del problema. Calificaba, sin embargo, a la teoría de Bernstein en su conjunto de “desviación teórica”, que no podía ni debía analizarse más que dentro del partido. Rosa Luxemburg demostró, con una lógica decisiva y despiadada, que había que elegir. Había que elegir entre seguir siendo o dejar de ser socialista. Aquel que, como Bernstein, enseña que en el capitalismo la capacidad de adaptación aumenta cada vez más, paralelamente al desarrollo de la sociedad; y que, por consiguiente, la posibilidad de crisis económicas —si es que llegan a estallar—, así como su intensidad y su significación, decae cada vez más; aquel que pretende que la clase obrera no tiene posibilidad de tomar en sus manos el poder organizativo de la producción como no sea por medio de la lucha sindical y sin revolución; aquel que dice que la sociedad “se fusiona” pacíficamente con el socialismo, ése ha dejado de ser socialista, y ha abandonado el terreno teórico del socialismo revolucionario.
Rosa libró esta batalla todavía —en apariencia— junto a Kautsky y a otros; éstos criticaban “su tono” y no se identificaban con “sus exageraciones”, pero, “en el fondo”, según decían, estaban de acuerdo con ella. En efecto, la toma de posición oficial del partido significaba la condena del oportunismo abierto de Bernstein y otros. Pero aquello que Bernstein y otros perdían ahí, lo ganaban en la práctica. En vano declaraba el partido alemán que estaba en las posiciones del marxismo revolucionario. En la práctica, cuanto más se acercaba la crisis final del capitalismo, tanto más él se aproximaba a la posición de Bernstein, tanto más oportunista se hacía.
Contra este oportunismo, Rosa Luxemburg dio batalla en todos los terrenos —ahora ya sola, apoyada por unos pocos camaradas comprensivos y revolucionarios (Liebknecht, Mehring, Radek, Zetkin, etc.; algunos de ellos, como, por ejemplo, Pannekoek, no comprendían su toma de posición profunda). Al comienzo, Kautsky y los demás observaban los esfuerzos de Rosa Luxemburg con una objetividad “científica” elegante y “neutra”, y, luego, pasaron a serle abiertamente hostiles. El contenido de la principal obra de su vida (La acumulación del capital, publicada en 1913) es el análisis del imperialismo como etapa última y nueva del desarrollo capitalista; supone un retorno al verdadero método de Marx, y un intento de comprender, apoyándose en su espíritu, el problema de los nuevos tiempos, que los oportunistas, basándose en la letra de Marx, no podían ni querían comprender. El problema de la acumulación del capital es, en efecto, un problema vital del desarrollo capitalista. Acumular significa acrecentar la producción capitalista gracias a una parte de la ganancia producida anualmente. Esta parte es igual a aquella que queda si, de la ganancia global de un año de la clase capitalista, se resta la parte consumida en las necesidades propias de esta clase. Con este resto, amplía y desarrolla sus fábricas. La acumulación es, pues, una cuestión de valorización económica de la ganancia que supera el consumo capitalista. La cuestión está en: ¿Quién comprará estas mercancías producidas de un modo acelerado? Para todo obrero sensato, la teoría de Rosa Luxemburg resulta clara de inmediato: de la acumulación del capital se deriva necesariamente la tentativa del capital de extender el mercado de modo continuo e ininterrumpido. Dado que la capacidad de absorción del mercado interior es limitada, el capital se ve obligado a expandirse a escala internacional (de ahí el imperialismo). Pero como tarde o temprano tiene que llegarse a una situación en que todas las colonias y esferas de interés sean propiedad garantizada de determinados grupos de interés imperialistas-capitalistas, será inevitable el estallido de una batalla a vida o muerte entre estos grupos: la guerra mundial. La causa última de esta guerra está en el hecho de que todo grupo imperialista-capitalista quiere evitar la crisis definitiva a costa de otro; puesto que, para la producción capitalista creciente, no existe mercado lo bastante amplio. Dado que la guerra mundial no puede ser otra cosa que una tentativa de evitar la crisis final, y que no resuelve en absoluto la crisis en sí misma, sino que siembra los gérmenes de nuevas guerras mundiales, resulta que la guerra mundial es, necesariamente, la crisis última del capitalismo y que, por lo tanto, tiene que conducir a la revolución mundial.
En contra de esta determinación extremadamente clara, la “ciencia” del oportunismo dio una batalla tan encarnizada que no encontramos otra igual en toda la historia del pensamiento socialista. La flor y nata de la “ciencia” del oportunismo, con Otto Bauer y Hilferding a la cabeza, trató de demostrar, con argumentos, con burlas y con datos estadísticos, no tan sólo que Rosa Luxemburg se equivocaba, sino también que veía un problema allí donde no había ninguno. El problema de la acumulación del capital, según ellos, no es tal problema: el capital crea por sí mismo su propio mercado. El imperialismo es un “fenómeno efímero”, las crisis tienen un carácter “transitorio”, y, por lo tanto, el capitalismo —desde el punto de vista económico— puede incluso ser eterno. Por lo menos, es seguro que no será él mismo el que cave su propia fosa a través de su desarrollo ilimitado y técnico.
Toda teoría de la lucha de clases tiene a su práctica por criterio verdadero. Así como los oportunistas, durante largos años, no quisieron reconocer la existencia del imperialismo y la necesaria aproximación de la guerra mundial consecuente a él, del mismo modo, cuando estalló la guerra mundial, no quisieron tampoco ver en ella el desencadenamiento de la crisis mundial, y aún menos extraer consecuencias relativas a su acción. Igual que en el caso del imperialismo, tomaron la guerra por un episodio, de tal carácter que, con la desaparición de éste, volvería una vez más la situación “normal”: el tiempo de la lucha sindical, de las elecciones parlamentarias, de los congresos internacionales. Evidentemente, en estas condiciones, la Internacional de los oportunistas se hundió. Cosa que, por lo demás, ellos consideraron como un episodio. “La Internacional es un medio de paz, no de guerra”, decía el más sensato de ellos, Kautsky.
La lucha teórica y práctica de Rosa Luxemburg contra los oportunistas cosechaba en este terreno sus más difíciles y brillantes victorias. Pese a que se pasó en la cárcel la mayor parte de la guerra, fue ella la que, junto con Mehring, Liebknecht y Jogiches organizó la lucha ilegal contra la guerra. Crearon, con Mehring, la revista Internacional, y, más tarde, al ampliarse el grupo, publicaron ilegalmente las célebres cartas de Espartaco, y crearon la Liga de Espartaco. Ella fue la que, durante los primeros días, condujo a Liebknecht, que dudaba, por el buen camino; fue gracias a su clarividencia teórica que las dudas del más grande de los héroes de la lucha contra la guerra no duraron más que unos pocos días. Ella fue la que sentó las bases teóricas de toda la lucha. En su magnífico folleto titulado La crisis de la socialdemocracia, esboza una vez más un cuadro grandioso del desarrollo del imperialismo, de la significación histórica y mundial de la guerra, de la tarea del proletariado respecto a su propia misión; tarea que la socialdemocracia no había podido ni querido cumplir. Y exigió la creación de un arma necesaria para la lucha del proletariado contra el capitalismo mundial: la formación de una Internacional nueva y revolucionaria.
Porque Rosa Luxemburg no olvidó nunca la práctica al lado de la teoría. Para ella, la más profunda y cierta de las teorías tan sólo era válida en la medida en que mostraba una nueva vía para la acción del proletariado, del mismo modo que la crítica no fue para ella más que un medio para el descubrimiento de medios de lucha positivos. Rosa Luxemburg observaba la aproximación de la revolución mundial con la misma clarividencia profética que el próximo peligro de la guerra mundial. La revolución rusa de 1905-1907 despertó por un momento a la socialdemocracia europea de la pereza teórica. Bajo la influencia de la revolución rusa, incluso Kautsky y los demás creyeron que había llegado la época de la revolución, y tomaron por objeto de análisis el medio de lucha que se había manifestado allí, por primera vez y de modo brillante: la huelga de masas.
Sin embargo, entonces, como toda teoría oportunista abierta o enmascarada, ésta partió de bases falsas, llegando a resultados igualmente falsos y a la inacción. También ahí descubrió de modo decisivo la falsedad del punto de partida. Las dos corrientes oportunistas polemizaban en tomo a si era correcto (y cuándo lo era) utilizar la huelga de masas como medio de lucha. Rosa Luxemburg, en cambio, constató que la cuestión estaba incorrectamente planteada. Ya que no se trata de si se quiere o no, o para cuándo se quiere, la huelga de masas (en último análisis, la revolución), sino de qué posición adoptar ante la huelga de masas, que se desarrolla necesariamente como consecuencia del desarrollo económico: ¿Cómo conduciremos esta huelga de masas en la dirección de la revolución proletaria?
Con esta concepción, cambia radicalmente la posición relativa al problema de la organización. De acuerdo con la vieja concepción de la socialdemocracia, la organización es una premisa de la revolución: tan sólo se puede pensar en la revolución cuando la clase obrera está ya organizada de tal modo que puede realizarla con éxito. En contra de esta toma de posición, es totalmente correcta la crítica de Engels de la teoría anarquista de la huelga, según la cual o bien las coyunturas políticas no permiten la evolución de la organización perfecta, y entonces la huelga general es imposible, o bien sí la permiten, y entonces el poder del proletariado es ya tal que la huelga general es ya inútil. Rosa Luxemburg rompe, ante todo, con el concepto estricto y mecánico de la huelga general, de acuerdo con el cual ésta es una acción momentánea, bien preparada y putschista, cuyo objeto es la toma voluntaria del poder político o el de alcanzar otro objetivo político cualquiera. Demuestra, con abundante documentación histórica, que la huelga general es un proceso. La huelga no es un medio de la revolución, sino que es la revolución misma. No es la simple utilización del poder económico de la clase obrera para lograr determinados objetivos políticos, sino que la huelga general es la unidad indivisible de la lucha económica y política. Los movimientos de reivindicaciones salariales se convierten inevitablemente en luchas políticas. Además, las épocas revolucionarias se caracterizan precisamente por esta unidad indivisible. Por consiguiente, la organización no es una premisa (una condición), sino la consecuencia de la huelga general, y, por lo tanto, de la revolución. La consigna del Manifiesto comunista según la cual el proletariado se organiza como clase por la revolución ha sido claramente confirmada por la revolución rusa. Y con mayor razón cuanto que el proletariado como clase está lejos de ser idéntico a esas capas de la aristocracia obrera cuya organización es el único, o, mejor dicho, el principal objetivo del oportunismo. En cada país —y no tan sólo en la Rusia “atrasada”— hay amplias capas del proletariado (respecto a Alemania, Luxemburg enumera a los mineros, los obreros del textil, los obreros del campo) cuya organización no es posible más que por la revolución, por una vía revolucionaria. Y entonces esas capas “atrasadas”, infinitamente explotadas —precisamente porque no tienen por perder más que sus cadenas— se convierten, en la revolución, en combatientes, tan dignos de confianza, al menos, como los antiguos miembros de los sindicatos.
De este modo, puede verse bajo una nueva luz el papel del partido en la revolución. Rosa Luxemburg rechaza la toma de posición según la cual el papel del partido consiste en “hacer” la revolución, y que es idéntica en los oportunistas y en los putschistas, con un objetivo distinto, por lo menos. No por describir la huelga general revolucionaria como una explosión elemental que resulta del desarrollo económico viene a negar la significación del partido. Al contrario. Fue ella la primera —exceptuando a los rusos— en descubrir y situar en su lugar correcto el verdadero papel del partido en la revolución: la dirección de los movimientos de masas desarrollados espontáneamente.
Con este descubrimiento, Rosa Luxemburg regresa a la fuente inicial de la ciencia de la lucha de clases, ocultada durante tanto tiempo por la falsa ciencia del oportunismo: Marx. Marx define claramente, ya a comienzos de los años cincuenta, lo esencial de la revolución proletaria, en oposición a la revolución burguesa. Y entonces Rosa Luxemburg, su discípula autónoma, genial y fiel, le sigue en esta definición: la revolución proletaria no puede terminar con la toma del poder de estado, momentánea y lograda, sino que es un proceso largo y doloroso, lleno de altibajos. En contra de las preocupaciones oportunistas en cuanto a que la revolución proletaria llegue demasiado pronto y no encuentre “maduras” ni las condiciones económicas ni las del proletariado, Rosa Luxemburg demuestra, ya en los años noventa, que la revolución no puede llegar demasiado pronto, puesto que la simple existencia de las fuerzas revolucionarias del proletariado es ya consecuencia de la maduración de las condiciones económicas. Desde el punto de vista de la conservación del poder, en cambio, la revolución llega y tiene que llegar demasiado pronto. Y ello porque la madurez revolucionaria no puede adquirirla el proletariado más que por la acción revolucionaria, más que en la revolución misma.
Rosa Luxemburg, la fanática de la revolución, era una revolucionaria de mirada fanáticamente clara, liberada de toda ilusión. Cuando en noviembre de 1918 se abrieron ante ella las puertas de la cárcel, cuando las masas rebeladas empezaron a organizarse bajo la bandera de Espartaco, Rosa Luxemburg no sobrestimó en ningún momento la evolución de la revolución alemana. Sabía perfectamente que las grandes masas del proletariado alemán no estaban verdaderamente revolucionarizadas, que la revolución política (burguesa) empieza apenas a transformarse en revolución económica (proletaria). Sabía perfectamente que la insurrección de enero provocada por Noske tenía que terminar en un fracaso, y que aquel enfrentamiento representaba tan sólo una batalla preparatoria para la revolución alemana. En el momento en que los proletarios conscientes entraron en lucha, Rosa Luxemburg tenía perfecta conciencia de que la lucha no tenía salida, pero sabía conscientemente que la victoria final se acercaba; y cayó bajo los golpes de los mercenarios de Noske como mártir y heroína verdadera.
Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/prefacio-a-huelga-de-masas-partido-y-sindicatos/
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Hungría,
Política
jueves, 16 de abril de 2020
HA MUERTO EL ESCRITOR COMUNISTA ANTONIO FERRES
ANTONIO FERRES, LA GENERACIÓN DEL NAUFRAGIO
En el café Pelayo de Madrid, se reunía con Celaya, Amparo Gastón, Hortelano, Ángel González y Armando López Salinas. Con éste último escribió Caminando por las Hurdes.
Ha muerto Antonio Ferres, como Zúñiga, no hace mucho, o Armando López Salinas, hace algo más, y es como si marcaran con su vuelo el final de una era, en que emergen con fuerza los seres anónimos que ellos exaltaron siempre, sin ningún éxito de ventas ni de crítica, y que ahora se convierten en los héroes de una nueva forma de entender la vida, que estaba oculta, tapada por los focos del espectáculo.
La literatura se puede entender sin el PCE, obviamente, pero el PCE no se puede entender sin la literatura, y bastaría con nombrar a los integrantes de la llamada Generación del 27, fueran o no del partido, o a los miembros de la llamada Generación de los 50. Por ejemplo, hablando de estos últimos, a los que pertenecía Ferres, como uno de los más destacados de aquel comité de adelantados que se reunía en el café Pelayo de Madrid, entre los que también estaban Celaya, Amparo Gastón. Hortelano. Ángel González y Armando López Salinas. Y dentro de ese comité trabaron una amistad especial Ferres y Salinas. Ferres era un gran amigo de su gran amigo Salinas. Ambos escribieron Caminando por las Hurdes, que fue publicada en 1960. Y junto a ellos otra serie de autores, olvidados por la norma (o rebeldes frente a esa norma primero franquista y luego comercial y posmoderna), como el ya nombrado Zúñiga, o Jesús López Pacheco.
En 1956 Ferres obtiene el premio Sésamo por el cuento Cine de Barrio, y a partir de ahí un desierto de galardones y reconocimientos, como antesala del olvido y hasta de la persecución y el exilio. Desde luego no obtuvo en su momento el premio Cervantes, aunque lo merecía, como tampoco le fue asignada la calle solicitada en un barrio popular, porque estaba aún vivo: fue la excusa del Ayuntamiento.
Y desde esa cultura popular de barrio escribe su gran epopeya de la ausencia de epopeya, excepto la epopeya (convertida en etopeya) de la pobreza, el miedo y la irrelevancia: La Piqueta, donde en el barrio de Orcasitas, a través de una prosa directa, limpia, se vive en chabolas un día más cada día, sin saber hasta cuándo se mantendrán en pie, dadas la amenazas de demolición y naufragio definitivo.
“Toda mi generación ha sido producto de un gran naufragio”, mantuvo Ferres. Una generación valiente, comprometida políticamente, que basculó entre la lucha por la libertad y la supervivencia; una generación que no quiso rechazar su extrañamiento perenne ante una realidad injusta y mal organizada. “Si no se siente extrañamiento ante la vida, no se es escritor ni persona”, dijo casi al final, ya con un pie en el estribo, lúcido y empecinado, recalcitrante pero sereno.
En 2002 publicó sus memorias, Memoria de un hombre perdido, y antes nos había dejado cuentos redondos, muy conseguidos, junto a algunos libros de poesía de una llanura extensa, al mismo tiempo ardiente y apagada: La inmensa llanura, La inmensa llanura no creada, La desolada llanura.
Su última tertulia se desarrolla en Santa Engracia, hasta los días de coronavirus y confinamiento, cuando se tiene que encerrar y muere, sin virus, no sin antes dejarnos un último poema, colgado en las redes por Enrique Ferres Benedito, donde nos hace una llamada final de optimismo. Es la despedida elegante de alguien que ha sufrido mucho, que se fue a destiempo de España y creyó volver a tiempo, sin conseguirlo, cuando murió el dictador en 1976, abandonando su cátedra de literatura en los Estados Unidos, simplemente porque añoraba España, esa España que nunca lo había añorado a él.
Felipe Alcaraz
Fuente: Mundo Obrero
En el café Pelayo de Madrid, se reunía con Celaya, Amparo Gastón, Hortelano, Ángel González y Armando López Salinas. Con éste último escribió Caminando por las Hurdes.
Ha muerto Antonio Ferres, como Zúñiga, no hace mucho, o Armando López Salinas, hace algo más, y es como si marcaran con su vuelo el final de una era, en que emergen con fuerza los seres anónimos que ellos exaltaron siempre, sin ningún éxito de ventas ni de crítica, y que ahora se convierten en los héroes de una nueva forma de entender la vida, que estaba oculta, tapada por los focos del espectáculo.
La literatura se puede entender sin el PCE, obviamente, pero el PCE no se puede entender sin la literatura, y bastaría con nombrar a los integrantes de la llamada Generación del 27, fueran o no del partido, o a los miembros de la llamada Generación de los 50. Por ejemplo, hablando de estos últimos, a los que pertenecía Ferres, como uno de los más destacados de aquel comité de adelantados que se reunía en el café Pelayo de Madrid, entre los que también estaban Celaya, Amparo Gastón. Hortelano. Ángel González y Armando López Salinas. Y dentro de ese comité trabaron una amistad especial Ferres y Salinas. Ferres era un gran amigo de su gran amigo Salinas. Ambos escribieron Caminando por las Hurdes, que fue publicada en 1960. Y junto a ellos otra serie de autores, olvidados por la norma (o rebeldes frente a esa norma primero franquista y luego comercial y posmoderna), como el ya nombrado Zúñiga, o Jesús López Pacheco.
En 1956 Ferres obtiene el premio Sésamo por el cuento Cine de Barrio, y a partir de ahí un desierto de galardones y reconocimientos, como antesala del olvido y hasta de la persecución y el exilio. Desde luego no obtuvo en su momento el premio Cervantes, aunque lo merecía, como tampoco le fue asignada la calle solicitada en un barrio popular, porque estaba aún vivo: fue la excusa del Ayuntamiento.
Y desde esa cultura popular de barrio escribe su gran epopeya de la ausencia de epopeya, excepto la epopeya (convertida en etopeya) de la pobreza, el miedo y la irrelevancia: La Piqueta, donde en el barrio de Orcasitas, a través de una prosa directa, limpia, se vive en chabolas un día más cada día, sin saber hasta cuándo se mantendrán en pie, dadas la amenazas de demolición y naufragio definitivo.
“Toda mi generación ha sido producto de un gran naufragio”, mantuvo Ferres. Una generación valiente, comprometida políticamente, que basculó entre la lucha por la libertad y la supervivencia; una generación que no quiso rechazar su extrañamiento perenne ante una realidad injusta y mal organizada. “Si no se siente extrañamiento ante la vida, no se es escritor ni persona”, dijo casi al final, ya con un pie en el estribo, lúcido y empecinado, recalcitrante pero sereno.
En 2002 publicó sus memorias, Memoria de un hombre perdido, y antes nos había dejado cuentos redondos, muy conseguidos, junto a algunos libros de poesía de una llanura extensa, al mismo tiempo ardiente y apagada: La inmensa llanura, La inmensa llanura no creada, La desolada llanura.
Su última tertulia se desarrolla en Santa Engracia, hasta los días de coronavirus y confinamiento, cuando se tiene que encerrar y muere, sin virus, no sin antes dejarnos un último poema, colgado en las redes por Enrique Ferres Benedito, donde nos hace una llamada final de optimismo. Es la despedida elegante de alguien que ha sufrido mucho, que se fue a destiempo de España y creyó volver a tiempo, sin conseguirlo, cuando murió el dictador en 1976, abandonando su cátedra de literatura en los Estados Unidos, simplemente porque añoraba España, esa España que nunca lo había añorado a él.
Felipe Alcaraz
Fuente: Mundo Obrero
miércoles, 15 de abril de 2020
CRONOLOGÍA Y FOTOGRAFÍAS DEL VIAJE DE FIDEL CASTRO A EE.UU. EN ABRIL DE 1959
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Miércoles, 15 de abril
5:45 Despega de Ciudad Libertad, La Habana, en el Brittania Libertad, de la Compañía Cubana de Aviación.
El 15 de abril de 1959 parte Fidel rumbo a Estados Unidos al frente de la delegacion cubana. Foto: Revolución
Se improvisa una conferencia de prensa en la Embajada de Cuba, donde se alojará en Washington. Saluda a la multitud que se agolpa frente a la misión diplomática.
Jueves, 16 de abril
El secretario interino de Estado, Christian Herter invita a Fidel a sentarse en el hotel de Washington donde lo invito a almorzar, el 16 de abril de 1959. Foto: Revolución.
12:00 Almuerza en el Hotel Statler Hilton, de Washington DC., con Cristian Herter, quien actuaba como Secretario de Estado, por ser el sustituto legal de Foster Dulles, que, enfermo de cáncer, se vio obligado a renunciar.
En la tarde, sale sin escolta a la calle y se pasea por ellas conversando con niños, estudiantes, choferes de taxi y vendedores de periódicos. La gente quiere hacerse fotos con él en todas partes. En el Meridian Hill Park, muy cerca de la embajada, carga a una niña de 16 meses; en otra imagen se le ve con un grupo de alumnas de la Clayton High School.
Viernes, 17 de abril
Cubriéndose de las luces de las lámparas, Fidel comienza a hablar ante los miembros de la Sociedad de Editores de Prensa de Washington en conferencia de prensa en el Hotel Statler Hilton, de Washington. Foto: Revolución
12:00 Almuerza en el Hotel Statler Hilton, de Washington DC., invitado por la Sociedad Norteamericana de Editores de Diarios.
14:15 Conferencia de prensa en el Hotel Statler Hilton invitado por la Sociedad Norteamericana de Editores de Diarios.
16:00 Recepción en la Embajada de Cuba.
Sábado, 18 de abril
Fidel, Celia Sánchez y el periodista norteamericano Herbert Mathews, columnista del New York Times, amigo de la Revolución cubana, en la recepción en la Embajada de Cuba en Washington. Fidel estrena traje de gala. Foto: Revolución
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18:00 Recepción en la Embajada de Cuba para el cuerpo diplomático. Fidel estrena traje de gala: sin medallas ni cintas, camisa blanca y corbata.
Recibe en su habitación a los niños Jack y Jeff Castro, de cinco y nueve años, respectivamente, hijos de un emigrado que vive en California. Visten de uniforme verde olivo del Ejército Rebelde con grados militares en las mangas.
21:00 Seis integrantes de la comitiva, incluido Fidel, se escapan a un restaurante: Ceres Restaurant, en la 1307 E Street, NW. Desde allí se trasmite un programa conducido por el locutor Steve Allison, de la estación WWDC. El grupo lo componen Fidel, Celia Sánchez, el capitán Ramón Valle, el teniente Ángel Saavedra y dos barbudos de la escolta.
Domingo, 19 de abril
Fidel castro ante el monumento a Lincoln. Foto: Revolución
18:00 Fidel es entrevistado en el conocido programa de televisión Meet the Press, en la sede de la cadena NBC.
18:59 En el Capitolio, Fidel se entrevista con el Vicepresidente Richard Nixon. Solo tiene 15 minutos de intercambio, pero el Primer Ministro cubano estuvo en la oficina de Nixon hasta las 21:20.
Lunes, 20 de abril
Fidel Castro en el Club Nacional de Prensa, en Washington. Foto: Revolución.
16:00 Toma el tren para Princeton, Nueva Jersey, donde visitará la Ciudad Universitaria invitado por el profesor Roland T. Ely. Fidel se aloja en la casa de Ely, en en Constitution Drive.
Martes, 21 de abril
Miembros de la colonia cubana en Nueva York saludan a Fidel. Foto: Revolución.
10:00 Ofrece conferencia del prensa en la casa del gobernador de Nueva Jersey, Robert Meyner
12:00 Toma el tren hacia Nueva York. Desembarca en la estación de Pennsylvania. Se aloja en el piso 17 del Hotel Statler Hilton.
14:00 En el Seminario Tannenbaum, de la Universidad de Columbia, Fidel Castro da una conferencia y se somete a las preguntas de estudiantes de periodismo.
16:00 Regresa al hotel Statler y vuelve a sostener encuentros con la prensa.
20:00 Es el orador principal en la reunión celebrada por la Asociación Femenina de Abogados de Nueva York.
Miércoles, 22 de abril
Fidel Castro muestra una gran sonrisa en al Universidad de Columbia el 22 de abril 1959. Foto: Revolución
8:30 Visita la redacción del diario La Prensa.
12:30 Visita la sede la Organización de las Naciones Unidas. Lo reciben el embajador cubano Manuel Bisbé, el belga Pierre de Muelemeeter, jefe del protocolo y Roberto Huertematte, de Panamá, comisionado de ayuda pública. Sostiene una breve y cordial entrevista con el secretario general, DagHammarskjöld.
13:00 Sostiene un almuerzo en el Salón Indonesio de la ONU, con corresponsales diplomáticos.
16:00 Sostiene un nuevo encuentro con los periodistas cubanos en el Hotel Statler.
Jueves, 23 de abril
Fidel en el Empire State. Foto: Revolución
12:00 El Overseas Press Club ofrece un almuerzo a Fidel en el Hotel Astor, situado en el corazón de Broadway. La organización agrupa a periodistas que han sido o son corresponsales de ultramar. Entre los asistentes al almuerzo está Herbert Matthews, el corresponsal de The New York Times que, en 1957, le hiciera una histórica entrevista a Fidel en la Sierra Maestra. Más de dos mil comensales —número sin precedentes en la historia del Overseas Press Club—, ocupan las mesas instaladas en el salón en forma de herradura.
Fidel recibe la llave simbólica de la ciudad.
15:00 Visita el Empire State. Después de varios minutos en la terraza del piso 86, Fidel y su comitiva pasaron al salón de recepciones, donde Henry Crown, jefe de la empresa dueña del edificio le entregó una reproducción del edificio fundida en metal
18:00 Sale del Hotel Statler acompañado solamente por Raúl Roa, embajador de Cuba ante la OEA, para concurrir a una reunión del Consejo de Relaciones Exteriores. Por la noche Fidel permanece en su suite. Se entrevista con Bobby Maduro, quien le impone de la crisis económica que viene sufriendo el equipo beisbolero de los Cuban Sugar Kings.
Viernes, 24 de abril
Frente a la jaula del tigre en el Zoologico de Bronx. Foto: Revolución
11:00 Fidel visita el Zoológico del Bronx, en Nueva York.
20:30 Acto en Central Park, de Nueva York.
Sábado, 25 de abril
Fidel habla a los estudiantes de la Universidad de Harvard. Foto: Revolución
18:00 Profesores y alumnos de la Universidad de Harvard le ofrecen una comida. A su lado ocupan asientos el decano de la Facultad de Derecho, Mac George Bunty, y el joven presidente del Harvard Fórum, Robert Seidemberg. Un grupo de alumnos le entrega una placa de honor de José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez, “que dieron sus vidas para acabar con la dictadura en Cuba”.
20:00 Más de diez mil personas colman la vasta extensión del Dillon Field House en el Stadium de Harvard. Responde preguntas de los estudiantes.
Domingo, 26 de abril
Salen con destino Montreal. El vuelo llega en horas de la tarde a la ciudad canadiense. En el aeropuerto es recibido por más de cinco mil personas. Montreal solo albergará a Fidel durante un día. A partir de entonces comenzará una gira por Sudamérica.
Lunes, 27 de abril
Fidel, después de su llegada a Houston, Texas. Lleva un sombrero que le obsequiaron al recibirlo. Foto: Revolución
Martes, 28 de abril
Vuela desde Montreal hacia Sudamérica. Sobrevuela territorio cubano.
Miércoles, 29 de abril
Escala técnica en Trinidad y Tobago.
21:30 Aterriza en Sao Paulo. Visita Brasilia
Jueves, 30 de abril
Llega a Buenos Aires.
Domingo, 3 de mayo
Vuela a Montevideo, Uruguya
Martes, 5 de mayo
Escala en Brasil
Jueves, 7 de mayo
A las 08:20 p.m. del jueves 7 de mayo, el vuelo procedente de Río de Janeiro que transporta la delegación cubana llega a Puerto España, Trinidad. En el aeropuerto, el comandante Raúl Castro Ruz espera a Fidel. Después de los abrazos, ambos se dirigen al hotel Bell Air donde pasan la noche junto a la comitiva que realiza este viaje.
Viernes, 8 de mayo
En horas de la mañana el avión levanta vuelo rumbo a Cuba. Es el regreso de Fidel después de 25 días fuera de la patria. El pueblo, convocado para la Plaza Cívica, se concentra desde horas tempranas. La consigna es “Todos a esperar a Fidel”.
Casi dos horas antes de que aterrice el avión que conduce a Fidel y a Raúl, las ondas de Radio Rebelde transmiten una conversación desde la cabina de la nave. Minutos más tarde, a las 3:21 p.m., aterriza el Britannia en el aeropuerto José Martí.
Fuentes: Suárez Pérez, Eugenio; Caner Román, Asela. "Síntesis cronológica: El viaje de Fidel a los Estados Unidos". Cubadebate, 22 de mayo de 2015. También se consultaron las ediciones del diario Revolución, del 15 de abril al 9 de mayo de 1959.
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martes, 14 de abril de 2020
"ESPAÑA: POEMA EN CUATRO ANGUSTIAS Y UNA ESPERANZA", DE NICOLÁS GUILLÉN, EN EL 89 ANIVERSARIO DE LA II REPÚBLICA
España: poema en cuatro angustias y una esperanza (1937)
Nicolás Guillén
España, poema en cuatro angustias y una esperanza, es un hito en la poesía de Nicolás Guillén (Cuba 1902-1989). Marca el momento, en que tras una largo recorrido, áspero a veces y hasta incluso dramático, por la intimidad profunda y la historia de la nación cubana, su poesía alcanza pleno sentido humano para lograr entonces trascendencia universal. El poema fue escrito durante la estancia del poeta en tierras mexicanas, en mayo de 1937. Unas semanas después viajaría a España para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, invitado por los organizadores del evento, a través de una carta firmada por Rafael Alberti y Pablo Neruda. En el transcurso de su viaje apareció la edición mexicana del poema y el 31 de agosto se terminó de imprimir en Valencia la edición española a cargo de Manuel Altolaguirre (Nicolás Hernández Guillén).
Angustia primera
Miradas de metales y de rocas
No Cortés, ni Pizarro
(aztecas, incas, juntos halando el doble carro).
Mejor sus hombres rudos
saltando el tiempo. Aquí, con sus escudos.
Aquí, con sus callosas, duras manos;
remotos milicianos
al pie aquí de nosotros,
clavadas las espuelas en sus potros;
aquí al fin con nosotros,
lejanos milicianos,
ardientes, cercanísimos hermanos.
Los hierros tumultuosos
de lanzas campeadoras;
las espadas, que hundieron su punta en las auroras;
las grises armaduras,
los ingenuos arcabuces fogosos,
los clavos y herraduras
de las equinas finas patas conquistadoras;
los cascos, las viseras,
las gordas rodilleras,
todo el viejo metal imperialista
corre fundido en aguas quemadoras,
donde soldado, obrero, artista,
las balas cogen para sus ametralladoras.
No Cortés, ni Pizarro 25
(incas, aztecas, juntos halando el doble carro).
Mejor, sus hombres rudos
saltando el tiempo. Aquí, con sus escudos.
¡Miradla, a España, rota!
Y pájaros volando sobre ruinas,
y el fachismo y su bota,
y faroles sin luz en las esquinas,
y los puños en alto,
y los pechos despiertos
y obuses estallando en el asfalto
sobre caballos ya definitivamente muertos;
y lágrimas marinas,
saladas, curvas, chocando contra todos los puertos;
y gritos que se asoman a las bocas
y a los ojos coléricos, abiertos, bien abiertos,
miradas de metales y de rocas.
Angustia segunda
Tus venas, la raíz de nuestros árboles
La raíz de mi árbol, retorcida;
la raíz de mi árbol, de tu árbol,
de todos nuestros árboles,
bebiendo sangre, húmeda de sangre,
la raíz de mi árbol, de tu árbol.
Yo la siento,
la raíz de mi árbol, de tu árbol,
de todos nuestros árboles,
la siento
clavada en lo más hondo de mi tierra,
clavada allí, clavada,
arrastrándome y alzándome y hablándome,
gritándome.
La raíz de tu árbol, de mi árbol.
En mi tierra, clavada,
con clavos ya de hierro,
de pólvora, de piedra,
y floreciendo en lenguas ardorosas,
y alimentando ramas donde colgar los pájaros cansados,
y elevando sus venas, nuestras venas,
tus venas, la raíz de nuestros árboles.
Angustia tercera
Y mis huesos marchando en tus soldados
La muerte disfrazada va de fraile.
Con mi camisa trópico ceñida,
pegada de sudor, mato mi baile,
y corro tras la muerte por tu vida.
Las dos sangres de ti que en mí se juntan,
vuelven a ti, pues que de ti vinieron,
y por tus llagas fúlgida, preguntan.
Secos veré a los hombres que te hirieron.
Contra cetro y corona y manto y sable,
pueblo, contra sotana, y yo contigo,
y con mi voz para que el pecho te hable.
Yo, tu amigo, mi amigo; yo, tu amigo.
En las montañas grises; por las sendas
rojas; por los caminos desbocados,
mi piel, en tiras, para hacerte vendas,
y mis huesos marchando en tus soldados.
Angustia cuarta
Federico
Toco a la puerta de un romance.
-¿No anda por aquí Federico?
-Un papagayo me contesta:
-Ha salido.
Toco a una puerta de cristal.
-¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano y me señala:
-Está en el río.
Toco a la puerta de un gitano.
-¿No anda por aquí Federico?
Nadie responde, no habla nadie...
-¡Federico! ¡Federico!
La casa oscura, vacía;
negro musgo en las paredes;
brocal de pozo sin cubo,
jardín de lagartos verdes.
Sobre la tierra mullida
caracoles que se mueven,
y el rojo viento de julio
entre las ruinas, meciéndose.
¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?
¿Dónde estará, que no viene!
(Una canción)
Salió el domingo, de noche,
salió el domingo, y no vuelve.
Llevaba en la mano un lirio,
llevaba en los ojos fiebre;
el lirio se tornó sangre,
la sangre tornose muerte.
(Momento en García Lorca)
Soñaba Federico en nardo y cera,
y aceituna y clavel y luna fría.
Federico, Granada y Primavera.
En afilada soledad dormía,
al pie de sus ambiguos limoneros,
echado musical junto a la vía.
Alta la noche, ardiente de luceros,
arrastraba su cola transparente
por todos los caminos carreteros.
«¡Federico!», gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,
gitanos que pasaban lentamente.
¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!
Iban verdes, recién anochecidos;
en el duro camino invertebrado
caminaban descalzos los sentidos.
Alzose Federico, en luz bañado.
Federico, Granada y Primavera.
Y con luna y clavel y nardo y cera,
los siguió por el monte perfumado.
La voz esperanzada
Una canción alegre flota en la lejanía
¡Ardiendo, España, estás! Ardiendo
con largas uñas rojas encendidas;
a balas matricidas
pecho, bronce oponiendo,
y en ojo, boca, carne de traidores hundiendo
las rojas uñas largas encendidas.
Alta, de abajo vienes,
a raíces volcánicas sujeta;
lentos, azules cables con que tu voz sostienes,
tu voz de abajo, fuerte, de pastor y poeta.
Tus ráfagas, tus truenos, tus violentas
gargantas se aglomeran en la oreja del mundo;
con pétreo músculo violentas
el candado que cierra las cosechas del mundo.
Sales de ti; levantas
la voz, y te levantas
sangrienta, desangrada, enloquecida,
y sobre la extensión enloquecida
más pura te levantas, te levantas.
Viéndote estoy las venas
vaciarse, España, y siempre volver a quedar llenas;
tus heridos risueños,
tus muertos sepultados en parcelas de sueños;
tus duros batallones,
hechos de cantineros, muleros y peones.
Yo,
hijo de América,
hijo de ti y de África,
esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos;
hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces;
yo chapoteando en la oscura sangre en que se mojan mis Antillas;
ahogado en el humo agriverde de los cañaverales;
sepultado en el fango de todas las cárceles;
cercado día y noche por insaciables bayonetas;
perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas en la cruz del Trópico;
yo, hijo de América,
corro hacia ti, muero por ti.
Yo, que amo la libertad con sencillez,
como se ama a un niño, al sol, o al árbol plantado frente a nuestra casa;
que tengo la voz coronada de ásperas selvas milenarias,
y el corazón trepidante de tambores,
y los ojos perdidos en el horizonte,
y los dientes blancos, fuertes y sencillos para tronchar raíces
y morder frutos elementales;
y los labios carnosos y ardorosos
para beber el agua de los ríos que me vieron nacer,
y húmedo el torso por el sudor salado y fuerte
de los jadeantes cargadores en los muelles,
los picapedreros en las carreteras,
los plantadores de café y los presos que trabajan desoladamente,
inútilmente en los presidios sólo porque han querido dejar de ser fantasmas;
yo os grito con voz de hombre libre que os acompañaré, camaradas;
que iré marcando el paso con vosotros,
simple y alegre,
puro, tranquilo y fuerte,
con mi cabeza crespa y mi cuerpo moreno,
para cambiar unidos las cintas trepidantes de vuestras ametralladoras,
y para arrastrarme, con el aliento suspendido,
allí, junto a vosotros,
allí donde ahora estáis, donde estaremos,
fabricando bajo un cielo ardoroso agujereado por la metralla,
otra vida sencilla y ancha,
limpia, sencilla y ancha,
alta, limpia, sencilla y ancha,
sonora de nuestra voz inevitable.
Con vosotros, brazos conquistadores
ayer, y hoy ímpetu para desbaratar fronteras;
manos para agarrar estrellas resplandecientes y remotas,
para rasgar cielos estremecidos y profundos;
para unir en un mazo las islas del Mar del Sur y las islas del Mar Caribe;
para mezclar en una sola pasta hirviente la roca y el agua de todos los océanos;
para pasear en alto, dorada por el sol de todos los amaneceres:
para pasear en alto, alimentada por el sol de todos los meridianos,
para pasear en alto, goteando sangre del ecuador y de los polos;
para pasear en alto como una lengua que no calla, que nunca callará.
para pasear en alto la bárbara, severa, roja, inmisericorde,
calurosa, tempestuosa, ruidosa.
¡para pasear en alto la llama niveladora y, segadora de la Revolución!
¡Con vosotros, mulero, cantinero!
¡Contigo, sí, minero!
¡Con vosotros, andando,
disparando, matando!
¡Eh, mulero, minero, cantinero,
juntos aquí, cantando!
(Una canción en coro)
Todo el camino sabemos;
están los rifles engrasados;
están los brazos preparados;
¡Marchemos!
Nada importa morir al cabo,
pues morir no es tan gran suceso:
¡malo es ser libre y estar preso,
malo, estar libre y ser esclavo!
Hay quien muere sobre su lecho,
doce meses agonizando,
y otros hay que mueren cantando
con diez balazos sobre el pecho.
Todos el camino sabemos;
están los rifles engrasados;
están los brazos avisados:
¡Marchemos!
Así hemos de ir andando,
severamente andando, envueltos en el día
que nace. Nuestros recios zapatos, resonando,
dirán al bosque trémulo: «¡Es que el futuro pasa!»
Nos perderemos a lo lejos... Se borrará la oscura masa
de hombres, pero en el horizonte, todavía
como en un sueno, se nos oirá la entera voz vibrando:
...El camino sabemos...
...Los rifles engrasados...
...Están los brazos avisados...
¡Y la canción alegre flotará como una nube sobre la roja lejanía!
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lunes, 13 de abril de 2020
SINFONÍA Nº 2, "LA CAMPANA", DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO ARAM KHACHATURIAN DEDICADA A LAS VICTORIAS DEL EJÉRCITO ROJO SOBRE LAS TROPAS NAZIS
La “Sinfonía Nº 2 en mi menor" (La Campana) Op.56 fue compuesta en 1943. Su nombre proviene de la utilización de tres campanas en su partitura. Pero este nombre no fue propuesto por el compositor que decía que se trataba de una obra abstracta. La revisó varias veces hasta llegar a su versión final impresa en 1969. El movimiento final fue notablemente acortado.
La sinfonía fue presentada en los Estados Unidos el 13 de abril de 1945 en New York dirigida por Leonard Bernstein causando una gran impresión especialmente su doloroso movimiento lento.
El primer movimiento, andante maestoso, empieza con un motivo acompañado por el sonido de las campanas que anuncian la catástrofe. Un tema melódico de carácter melancólico presentado por los violines contrasta con las secciones enérgica derivadas del motivo inicial. El desarrollo está teñido de tristeza mediante un dulce lamento que en momentos se convierte en un grito de cólera. Termina con una apacible coda.
El segundo movimiento, allegro risoluto, corresponde al scherzo. Una viva danza de carácter folclórico es interpretada por la cuerda que presenta un tema lírico. La tonalidad va cambiando como si nos presentara una serie de acontecimientos diversos. En la parte central correspondiente al trío, los violoncelos en solitario interpretan un tema más lento, pero pronto reaparece el tema de danza inicial.
El tercer movimiento, andante sostenuto, consiste en una marcha fúnebre. El compositor Nicolas Slonimsky nos lo describe perfectamente con las siguientes frases. Una elegía trágica reflejando los inmensos sufrimientos del pueblo soviético infligidos por la brutal máquina de guerra nazi, con las notas amenazadoras del Dies Irae elevándose de las profundidades como un motivo universal de muerte y de lamento. El ritmo de la marcha fúnebre acompaña a una forma melódica que expresa un sentido dolor. El tema se desarrolla hasta la aparición de las notas del Dies Irae en forma de himno. Termina con unas notas que nos muestran cierta esperanza en el porvenir.
El último movimiento, andante mosso, allegro sostenuto, maestoso, empieza con unas notas de llamada, una llamada a las armas. Un tema triunfal nos describe la victoria final. El tema es interpretado brillantemente acompañado por la percusión. Motivos rítmicos nos describen la lucha que nos conducirá a la victoria. En la parte final reaparecen motivos del primer movimiento transformados adquiriendo un carácter más apacible. El sonido de las campanas se convierte en un repique de victoria.
Escrita durante los trágicos acontecimientos de la invasión nazi, la sinfonía nos ofrece un poema sinfónico dividido en cuatro partes. A pesar de no poseer un verdadero programa la música nos describe las diferentes fases por las que pasa el pueblo soviético desde la tristeza de la invasión hasta la victoria final.
Fuente: Historia de la Sinfonía
domingo, 12 de abril de 2020
"MECÁNICO TRABAJANDO EN MÁQUINA DE VAPOR", DE LEWIS HINE
Mecánico trabajando en máquina de vapor
Lewis Hine
1920
National Archives and Records Administration, Records of the Work Projects Administration (EE.UU.)
El fotógrafo, maestro y sociólogo Lewis W. Hine (1874-1940) influyó en nuestra percepción de la vida laboral estadounidense de principios del siglo XX como ningún otro. Al combinar su formación como educador con sus preocupaciones humanistas, Hine fue uno de los primeros fotógrafos en usar la cámara como herramienta documental. Su trabajo prestó especial atención a las condiciones laborales, la vivienda y la llegada de inmigrantes a la isla de Ellis. Sus imágenes, incluidas las de niños en fábricas textiles, factorías, minas de carbón y campos de cultivo, se convirtieron en iconos de la historia fotográfica y ayudaron a transformar las leyes laborales en Estados Unidos.
Mecánico trabajando en máquina de vapor, de Lewis Hine, (1920) es uno de sus "retratos de trabajo", que muestra a un representante de la clase trabajadora estadounidense en un entorno industrial. El sujeto cuidadosamente planteado, un joven con una llave inglesa en la mano, está encorvado, rodeado por la maquinaria que define su trabajo. Pero mientras está limitado por la maquinaria (casi un útero de metal), el hombre se esfuerza contra él (músculos tensos, con una mirada determinada) en una representación icónica de la masculinidad.
Análisis de la foto
Esta fotografía fue tomada por Lewis Hine en 1920. En ella podemos observar a un mecánico arreglando una máquina vapor. Esta imagen, como es lógico, está realizada en blanco y negro por lo que atenderemos a la luminosidad y no al color. Se utiliza una luz semidifusa ya que, aunque produce sombras definidas, ya no tienen los bordes nítidos. Esta luz destaca el volumen y la textura, pero sin sombras negras y vacías y sin un elevado contraste. El blanco y negro acentúa la brillantez, la frialdad y la textura de la maquinaria transmitiéndonos, de ese modo, mayores sensaciones que nos ayudan a situarnos en el ambiente.
Su enfoque es total, y la perspectiva y la angulación de la toma es normal. En esta composición hay un claro predominio de líneas curvas que sugieren movimiento, oscilación, dinamismo… además de la múltiple presencia del círculo como elemento significativo de perfección. El movimiento es uno de los principales motores de expresividad en la fotografía, este efecto lo consigue mediante la congelación de un instante que normalmente el ser humano no capta por separado y estático. La oblicualidad de la llave inglesa que sostiene el mecánico denota tensión, fuerza y tirantez.
Las zonas con mayor luminosidad tienen un peso visual mayor, en este caso, son las partes de la maquinaria más próximas a la cámara y la figura del hombre. Entre estas dos, teóricamente, tiene una mayor fuerza visual la máquina porque es de un tamaño mayor que la figura del hombre. Aunque por otra parte, la posición centrada de la figura del hombre, la dota también de un gran peso visual.
Para Lewis Hine la principal misión de la fotografía era el arte y los factores estéticos de la fotografía, los demás objetivos eran secundarios Aunque, también le atribuía, a la cámara fotográfica, un valor como instrumento de investigación y de enseñanza. Con frecuencia, las fotografías que él realizaba con fines sociológicos, eran vistas antes como figura artística que como objetos científicos. Un ejemplo de ello, es la fotografía de estudio que detrás de su estética esconde un significado social.
Esta fotografía parece querer enfrentar al hombre con la máquina, compara la perfección del cuerpo humano con la máquina de vapor que poco a poco le irá sustituyendo. Intenta reflejar un hecho trascendental para la historia del hombre, la industrialización. Esto quiere decir que la economía basada en el trabajo manual será reemplazada por la mecanización industrial, abandonando la artesanía por la producción masiva industrializada. Ilustra una situación que se percibe pausadamente en la sociedad y a la que se denominará Revolución Industrial.
Fuente: Belén Higueras (creArtelibre)
sábado, 11 de abril de 2020
"UN FILM COMO LOS OTROS", DE JEAN-LUC GODARD
Título original: Un film comme les autres
Año: 1968
Duración: 103 min.
País: Francia
Dirección: Jean-Luc Godard, Groupe Dziga Vertov
Guión: Jean-Luc Godard, Groupe Dziga Vertov
Fotografía: Jean-Luc Godard, William Lubtchansky
Sinopsis: Última película de Godard como director individual antes de comenzar sus colaboraciones con el Grupo Dziga Vertov.
En ella recupera las imágenes de archivo de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68, filmadas por el grupo militante ARC en París, para montarlas junto a las discusiones entre tres estudiantes de la universidad de Nanterre y dos obreros de la fábrica Renault-Flins
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
https://zoowoman.website/wp/movies/a-film-like-any-other/
Año: 1968
Duración: 103 min.
País: Francia
Dirección: Jean-Luc Godard, Groupe Dziga Vertov
Guión: Jean-Luc Godard, Groupe Dziga Vertov
Fotografía: Jean-Luc Godard, William Lubtchansky
Sinopsis: Última película de Godard como director individual antes de comenzar sus colaboraciones con el Grupo Dziga Vertov.
En ella recupera las imágenes de archivo de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68, filmadas por el grupo militante ARC en París, para montarlas junto a las discusiones entre tres estudiantes de la universidad de Nanterre y dos obreros de la fábrica Renault-Flins
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
https://zoowoman.website/wp/movies/a-film-like-any-other/
viernes, 10 de abril de 2020
115 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL POETA COMUNISTA HÚNGARO ATTILA JOZSEF
Estatua de Attila József frente al Parlamento de Hungría
Attila József nació el 11 de abril de 1905 en Ferencváros, un barrio pobre de Budapest, y murió el 3 de diciembre de 1937. Es uno de los poetas más importantes en la historia de la literatura húngara y es considerado como uno de los mayores representantes de la poesía socialista mundial.
Cuando el 3 de diciembre de 1937 se lanzó bajo las ruedas de un tren en un pueblecito de las orillas del lago Balaton, Attila József, nacido en 1905, puso punto final a una de las vidas más tensas y dramáticas de su tiempo y selló una obra poética que se situaría entre las primeras de un país que ya contaba, entre otras muchas, con las muy relevantes de Sandor Petöfi (1823-1849) y Endre Ady.
La vida de Attila transcurrió entre las dos guerras mundiales y, si no conoció directamente la experiencia del terror, la destrucción y la muerte, sí le tocó sufrir las consecuencias de aquellos grandes conflictos y presenciar —en actitud de protesta, desde luego—, el surgimiento y el auge del fascismo. Si a esto añadimos la pobreza, el desamparo y la errancia, podremos componer un marco de referencias, de valor relativo, para imaginar los orígenes de una obra poética de proyección universal, aunque todavía insuficientemente conocida en nuestros países, y no sólo, obviamente, a causa de las reales, espesas barreras lingüísticas.
El ámbito cultural del poeta, que llegó a poseer unas nueve lenguas, abarca los puntos cruciales de la cultura mundial. Algunos de los pensadores más avanzados de su tiempo, y de todos los tiempos, de Lucrecio a Romain Rolland pasando por Marx, contribuyeron a la formación humana de Attila.
Traductor de François Villon, Arthur Rimbaud, Emile Verhaeren, Alexandr Blok, Vladimir Maiacovski, y de otros muchos poetas que de algún modo impregnaron su obra, los poetas de la Revolución de Octubre, el dadaísmo y el surrealismo ensancharon el horizonte cultural y poético de Attila József, quien, en poco más de una década de "producción", abarcó en su obra —pero no sólo en el aspecto formal— diversos modos expresivos y diversas esencias, desde la poesía popular húngara hasta la versificación según el estilo, o los estilos, de los vanguardismos europeos. Los húngaros consideran a Attila József, con toda justicia, como uno de los grandes innovadores de su lengua.
Attila József afrontó con verdadera fortuna todos los temas e incitaciones de su universo poético y cotidiano, aunque en su obra podemos distinguir dos vertientes principales: la de la poesía civil y la de la amorosa, ambas entendidas en un sentido muy amplio y a partir de un concepto de la poesía que siempre tuvo en Attila a un iniciado en los misterios pero también a un navegante audaz y temerario, a un artista verdadero, a un hombre total. Como actor y testigo de su tiempo y de su clase social, a la que quiso reivindicar militando en las filas del Partido Comunista húngaro, escribió numerosos textos en los que está presente su aguda, revolucionaria visión de la realidad unida a aquella dramática búsqueda de orden, razón y saber que le urgían sus angustias y tensiones interiores. Sus poemas de amor —que pueden situarse entre los más grandes y bellos de nuestro tiempo— expresaron, en imágenes originales, las ternuras, placeres, obsesiones y desgarramientos de un amante que con frecuencia nos recuerda que el amor es también una manera, a veces desesperada, de mantenernos en contacto con el mundo, con la savia, las vísceras y el fuego de la tierra. Pero la poesía que aquí inadecuadamente llamamos civil, y la que arbitrariamente llamamos amorosa, se nos muestran, por lo general, en la obra del poeta, profunda y espontáneamente imbricadas y reducidas (¿reducidas?), por fortuna, sólo a eso: a poesía.
El lector hispanoamericano lamentablemente poco enterado del patrimonio poético de algunos países privilegiados por las "musas", y que habitualmente accede a otras culturas a través de metrópolis como Francia, acaso ya conoce algo de la obra de Attila József (en La Habana, Buenos Aires, Budapest y Madrid aparecieron, en orden cronológico, colecciones de sus poemas trasladados al español). Ojalá que la selección, necesariamente demasiado apretada, que hoy se entrega al lector mexicano, le abra, de algún modo, las puertas de una obra poética de singular intensidad y, en segundo término, las de una tierra permanentemente habitada por los ángeles y demonios, por el rumor y el fuego de la poesía.
Las presentes versiones, obtenidas al final de prolongados y múltiples esfuerzos, no hubieran sido posibles sin la amistad y la ayuda incondicionales de Mátyás Horanyi, Vera Szekács, Gyórgy Somlyó y András Simor. Con la ayuda de todos ellos, pero particularmente la de éste último, el que suscribe logró dar fin —es un decir— a la tarea, difícil e intrincada, pero hermosa y apasionante como pocas, de trasladar y adaptar más a nuestra lengua la obra de uno de los poetas importantes del siglo XX.
Fayad Jamís
No soy quien grita
No soy yo quien grita: es la tierra que ruge.
¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡El diablo ha enloquecido!
Escóndete en el fondo limpio de los manantiales,
fúndete al cristal de la ventana,
ocúltate tras los fuegos de los diamantes,
escóndete en el pan recién salido del horno.
Oh, tú, pobre, mi pobre.
Con el fresco aguacero fíltrate en la tierra.
En vano hundes tu rostro en ti mismo,
sólo podrás lavarlo en otro rostro.
Sé la delgada arista de una brizna
y serás más grande que el eje de este mundo.
Oh, máquinas, pájaros, frondas, estrellas,
nuestra estéril madre pide a gritos parir.
Querido amigo, cariñoso amigo,
ya sea terrible o maravilloso,
no soy yo quien grita, es la tierra que ruge.
Corazón puro
No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.
Hace tres días que no como
siquiera un grano de frijol.
El poder de mis veinte años
se lo vendo al mejor postor.
Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo venderé.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.
Seré atrapado y luego ahorcado.
La santa tierra me tendrá
y a mi precioso corazón
yerba fatal le crecerá.
Eres tan tonta
Eres tan tonta,
corres
como el viento de la mañana.
Un coche podría atropellarte.
Y yo que había limpiado mi mesita:
ahora
la tibia luz de mi pan es más clara.
¡Regresa! Si quieres
compraré una manta para mi cama de hierro,
una manta sencilla y gris:
sienta bien a mi pobreza
y Dios la ama
y a mí también me ama mucho.
Nunca viene demasiado irradiante
pues no quiere
deslumbrar mis ojos
que tanto anhelan mirarte.
Te mirarán muy bien,
te besaré con cuidado;
no te arrancaré la chaqueta
y te haré muchos chistes
pues he inventado tantos desde entonces
para que tú también te alegres.
Vas a ruborizarte,
mirarás la tierra, juntos reiremos
tan alto, que en la vecindad nos oirán
los jornaleros serios y callados,
y en sus sueños
cansados y rotos, ellos también sonreirán.
Por ti estoy enojado, no contra ti
Cuando el sol se levanta
y el rocío se inclina desde los cabellos de los que
nunca sienten ira,
que mi ira no te moleste nunca, querida.
Pienso a menudo en las plazas grandes, veloces,
donde acaso no me caeré.
Y los talladores de mástiles vendrán con los mástiles en filas cerradas,
y los seis millones de férreos obreros,
vencedores, lanzarán al cielo el martilleo de corazón
tintineante.
Bajo la tempestad celestial de las herramientas,
que pueda yo tener tus besos, querida.
No te das cuenta de que me empino
cuando hablo del futuro.
Si quieres, sólo volveré a ti después de la victoria
que canta la gloria de la ciudades,
o cuando los panaderos unen sus buenas paletas
que lanzan el pan
y en ellas me colocan, con la cabeza baja, cubierta de
harina,
y me llevan lentamente hasta tu cama.
Por ti estoy enojado, no contra ti.
Mira, apriétame esta mano que te levanta a lo alto
en mis sueños.
Que mi ira te fortalezca, y que no te moleste,
querida.
¡Oh! Europa
¡Oh! Europa tiene muchas fronteras,
y en las fronteras muchos asesinos.
No me hagas llorar por la muchacha
que en un par de años más habrá partido.
No me hagas estar triste por el hecho
de que soy europeo. En realidad,
yo, buen compadre de los osos libres,
me atrofio si no tengo libertad.
Hago poesía para divertirte.
A la cumbre del monte llegó el mar
y una mesa bien puesta está nadando
sobre nubes y olas, sin cesar.
Yerbas amarillas
Sobre la arena, yerbas amarillas.
Una vieja huesuda es este viento.
La charca es una bestia estremecida.
El mar en su quietud sigue su cuento.
Tarareo mi saldo, silencioso.
Mi patria es una chaqueta vendida.
La tarde en las colinas se detiene.
Mi corazón me pide que no siga.
A través del azul cielo que fluye
brilla el islote de coral del tiempo,
zumbando; brilla un caserón,
un abedul, una mujer, un mundo muerto.
Al borde de la ciudad
Al borde de la ciudad, en donde vivo,
al derrumbarse los crepúsculos,
vuela el hollín en blandas alas
como murciélagos pequeños
y se solidifica como el guano
fuerte y grueso.
Así se asienta en nuestras almas este tiempo.
Y como espesos trapos
de pesadas lluvias
lavan el mellado techo de hojalata,
en vano la tristeza borra de nuestro corazón
lo que está sobre él petrificado.
La sangre también puede lavarlo. Así somos.
Gente nueva, enjambre de otra especie.
Pronunciamos la palabra de otro modo, el pelo
se pega a nuestra cabeza de otro modo.
Ni Dios ni la mente, sino
el carbón, el hierro y el petróleo,
la materia real nos ha creado
echándonos hirvientes y violentos
en los moldes de esta
sociedad horrible,
para afincarnos, por la humanidad,
en el eterno suelo.
Tras los sacerdotes, los soldados y los burgueses
al fin nos hemos vuelto fieles
oidores de las leyes:
por eso el sentido de toda obra humana
zumba en nosotros
como un violón.
Desde que se formó
el sistema solar,
aunque es mucho el pasado
tantas gentes no nos han destruido, indestructibles:
armas y glorias, superstición y cólera
en nuestras moradas devastaron.
El vencedor futuro
jamás se vio humillado
como nos humillasteis
bajamos al suelo la mirada. El secreto
guardado en la tierra se abrió.
¡Mirad cómo se ha vuelto una fiera
la fiel máquina!
Frágiles pueblos crujen
como el delgado hielo de un charco.
Cuando la fiera salta, el revoque de las ciudades
se desprende, y el cielo retumba.
¿Quién doma —quizá el terrateniente—
al perro salvaje del ovejero?
Su infancia es la nuestra. La máquina
se crió junto a nosotros.
Es un manso animal. ¡Vamos, llamadla!
Nosotros conocemos su nombre.
Y dentro de poco ya veremos
como todos os arrodilláis y le rezáis
a ella que no es más que vuestra propiedad.
Pero ella sólo lame
a aquel que le dio de comer en la mano.
Henos aquí, desconfiadamente unidos
los hijos de la materia.
¡Levantad nuestro corazón! (Él pertenece
a aquel que lo levanta.)
Tal fuerza sólo puede poseer
quien está lleno de nosotros.
¡Izad el corazón por encima de los talleres!
Un corazón tan grande y cubierto de hollín
sólo han visto aquellos que han mirado al sol
asfixiándose en su propio humo, aquellos
que han escuchado palpitar
las galerías profundas de la tierra.
¡Izad el corazón! Alrededor de esta tierra dividida,
la empalizada llora, se marea y tropieza
al soplo de nuestro aliento
igual que cuando se desata la tormenta.
¡Soplemos en ella, izad el corazón,
que humeé allá arriba!
Mientras llega la claridad,
nuestra capacidad maravillosa, el orden
con que la mente concibe
la finita infinitud,
las fuerzas de producción por fuera
y los instintos por dentro...
Al borde de la ciudad chilla esta canción.
El poeta, el pariente,
mira y mira cómo cae el hollín blando, espeso,
que cae y que cae
y se solidifica como el guano
fuerte y grueso.
La palabra chirría en la boca del poeta,
pero él, ingeniero
de las maravillas de nuestro mundo,
penetra en el futuro consciente
y construye dentro de sí —como después vosotros
afuera— la armonía.
Elegía
Como el humo que vuela por el triste paisaje
condensándose plenamente bajo el cielo de plomo
flota mi alma
a ras de tierra.
Flota, pero no echa a volar.
¡Alma dura, suave fantasía!
que sigues las pesadas huellas del mundo,
mírate aquí, abajo,
contempla tu origen.
Aquí donde bajo el cielo otras veces tan líquido,
en la soledad de las amargas medianeras,
el silencio monótono de la miseria
amenazando, suplicando,
disuelve la tristeza condensada
en el corazón de los meditabundos
y la mezcla
con la tristeza de millones.
Toda la humanidad
se prepara, aquí donde no hay más que ruinas.
La hirsuta lechetrezna despliega su sombrilla
en el patio abandonado de una fábrica.
Por las delgadas escaleras de ventanas
pequeñas y rotas, descienden los días
a la húmeda oscuridad.
Responde tú:
¿eres de aquí
y por eso nunca te abandona
el grave deseo
de parecerte a los demás miserables
en quienes se atoró esta gran época
y en cuyos rostros todos los rasgos se deforman?
Ahí descansas, donde la coja empalizada
guarda y vigila,
gritando, el voraz orden moral.
¿Te reconoces? Ahí las almas
esperan, vacías, un futuro construido, hermoso, firme,
igual que sueñan las parcelas,
grave, tristemente,
tener alrededor casas altas que tejan
un rápido murmullo. Los vidrios rotos,
incrustados en el fango, miran con sus ojos fijos,
sin luz, los solitarios y sufrientes prados.
A veces caen de las dunas
dedales de arena...,
y algunas veces revolotea, zumbando,
una oscura mosca, verde o azul,
atraída de los paisajes más plenos
por los excrementos humanos
y los harapos.
A su modo pone aquí la mesa
la bendita madre tierra
que sufre, hipotecada.
En una olla de hierro crece yerba amarilla.
¿Sabes tú
qué desnuda alegría —la de la conciencia—
te atrae y te arrastra para que el paisaje te atrape,
y qué rico sufrimiento
te empuja hacia allí?
Así vuelve a su madre el niño
que rechazan y golpean en tierra extraña.
En verdad
sólo aquí puedes reír o llorar.
Aquí puedes ser dueña de ti misma,
oh, alma. Esta es mi patria.
Oda
1
En la luminosa roca estoy sentado.
Vuela la suave brisa
del joven verano
igual que la tibieza de una dulce cena.
Al silencio acostumbro
mi corazón (no es tan difícil).
Todas las cosas desaparecidas en torno mío se reúnen mi cabeza se inclina, y cuelga
mi mano.
Contemplo la crin de las montañas.
Brilla en todas las hojas
la llama de tu frente.
En el camino, nadie, nadie.
Miro cómo tu falda
ondea al viento.
Bajo los frágiles follajes
tiemblan fugaces tus cabellos,
vibran tus blandos senos un instante
y, mientras el arroyuelo Szinva corre,
miro surgir una vez más
en los guijarros redondos y blancos
de tus dientes, la sonrisa de un bada.
2
¡Oh cuanto te amo,
a ti que has logrado hacer hablar a la vez
a la intrigante soledad
que está tejiendo su trama
en los resquicios más profundos del corazón,
y a todo el Universo!
Tú, como una cascada huye de su ruido,
me abandonas y corres silenciosamente,
mientras yo, entre las cumbres de mi vida,
próximo a la lejanía,
retumbo, chocando en la tierra y en el cielo,
y grito que te amo,
¡mi dulce madrastra!
3
Te amo como el niño ama a su madre,
como las mudas fosas a sus profundidades.
Te amo como las salas a la luz,
como el espíritu al fuego y el cuerpo al descanso.
Te amo como los mortales aman la vida,
hasta que mueren.
Tus movimientos, tus palabras, todas tus sonrisas,
acojo como la tierra los objetos que caen.
En mi imaginación mis instintos te penetran
como al metal los ácidos.
En mi mente tu imagen hermosa y amada, tu ser,
colma todas las cosas esenciales.
Los instantes pasan, ruidosos,
y en mis oídos tú estás muda.
Las estrellas descienden y caen,
pero tú te detuviste en mis ojos.
Tu sabor, como el silencio en una gruta,
flota enfriándose en mi boca.
Y sobre el vaso de agua tu mano
con sus venas tan finas
que apenas se vislumbran.
4
¡Oh!, ¿qué materia soy yo
que tu mirada me corta y me transforma?
¿Qué alma y qué luz
y qué fenómeno de asombros,
que pudo recorrer en la niebla de la nada
los paisajes sinuosos de tu fértil cuerpo?
Y como el verbo en una mente abierta,
yo puedo descender a sus misterios.
Tu red sanguínea, como los rosales,
tiembla sin cesar.
Ella conduce la corriente eterna
para que surja el amor en tu rostro,
para que tu matriz tenga un fruto bendito.
El suelo sensible de tu vientre
está bordando de raíces pequeñitas, hilos finísimos,
que se anudan y desanudan
para que las células que tus humores recojan sus
enjambres,
para que los bellos arbustos de tus frondosos pulmones
canten sus propias glorias.
La eterna materia pasa felizmente
a través de tu cuerpo, por los túneles de tus intestinos,
y la escoria recibe una vida plena
en los pozos ardientes de tus férvidos riñones.
Colinas onduladas se levantan,
constelaciones se estremecen en ti.
Lagos se mueven, fábricas trabajan,
hormiguean un millón de animales vivientes,
el insecto
y el alga,
la bondad y la crueldad;
un sol brilla, se nubla una aurora boreal.
En tu sustancia se desplaza, errante,
la inconsciente eternidad.
5
Como coágulos de sangre
caen hacia ti
estas palabras.
Tartamudea la existencia.
Sólo la ley es un claro discurso.
Mis órganos laboriosos, que día tras día
me dan vida, ya se preparan
a callar para siempre.
Pero todos clamarán hasta entonces.
¡Oh, tú, escogida entre la multitud
de dos mil millones de seres humanos;
oh, tú, la única,
suave cuna, recia tumba, lecho vivo,
acógeme en ti!
(¡Qué alto está el cielo del amanecer!
En sus minerales relucen ejércitos.
El gran resplandor deslumbra mis ojos.
Sé bien que estoy perdido.
Escucho cómo chirría y palpita sobre mí
mi corazón.)
6
Canción añadida
Me lleva el tren y yo sigo tus pasos
Tal vez hoy mismo estés entre mis brazos
y tal vez se enfriará mi rostro ardiente
o tal vez tú me digas suavemente:
"Te espera el agua tibia, ve a bañarte.
Toma la toalla, puedes ya secarte.
La carne se está friendo, te hartará.
Donde mi lecho está, tu cuerpo está."
Mamá
Desde hace una semana, en mi mamá
sólo pienso, abstraído; en mi mamá.
Con la chirriante cesta a la cintura,
iba siempre al desván en su premura.
Yo era un hombre sincero todavía:
chillaba, pataleaba. Le decía:
deja para otro ese pesado y gran
bulto, mi madre, y llévame al desván.
Sola se iba a tender, calladamente,
sin regañarme, sin mirarme, ausente.
Y las ropas crujían, luminosas,
revoloteando en lo alto, jubilosas.
Aunque para llorar es tarde ya,
sé cuan inmensa eres, mi mamá.
Flota en lo alto su agrisado pelo
y echa su añil en el agua del cielo.
Bella mujer de antaño
Bella mujer de antaño que quiero ver de nuevo,
ella en quien se escondía el cariño de un hada.
Cuando íbamos los tres a pasear por los prados,
iba, grave y risueña, sobre el fango ligero.
Y si ella me miraba no evitaba un temblor,
bella mujer de antaño que quisiera no amar.
Sólo quiero mirarla de nuevo, simplemente
mirarla soñadora bajo el sol del jardín,
un libro entre las manos, cerrado como ella,
y en torno, los tupidos follajes en el viento
de otoño. Quiero verla, meditando despacio,
como pensando en algo, en el quiosco sonoro,
mirar furtivamente y emprender el camino
que se oculta en las frondas y va a la lejanía.
Las dos hileras de árboles le dirían adiós.
Como un niño que mira a su madre ya muerta,
así quisiera ver una vez más a aquella bella
mujer de antaño que se pierde en la luz.
¡Ay! Por poco...
¡Ay!, por poco me rompe a mí el amor.
¡Ay!, por poco me aplasta a mí el temor.
¿Quién moriría conmigo, mujeres,
en un abrazo abrasador?
Largo es mi invierno; mi verano fugaz.
El dado del otoño ¿a quién me anunciará?
De este tiempo de mirón-guardaparque
¿quién conmigo se fugará?
La reja de los astros brilla en la inmensidad
y mi mente me ata a ese oscuro desván.
¿Quién rompería conmigo, mujeres,
al equilibrio universal?.
Saludos a Thomas Mann (1)
Como el niño que ya quisiera descansar
y ha llegado a la calma del lecho del hogar
y todavía pide: "¡No te vayas y cuenta!"
(que así la oscura noche no lo asirá violenta),
mientras su corazón palpita atormentado
sin saber qué prefiere, si estar acompañado
o escuchar que le cuenten historias formidables,
nosotros te pedimos que te sientes y hables.
Hablamos como ayer, aunque no lo olvidamos.
Di que estás con nosotros y nosotros estamos
contigo, todos los que respetamos tu nombre
y tenemos problemas a la altura del hombre.
Tú que sabes muy bien que el poeta no miente,
háblanos de la luz que brilla en nuestra mente
y, allende lo real, muéstranos la verdad.
Así juntos podemos vencer la oscuridad.
Haz que, como Hans Castorp, que veía a través
del cuerpo de madama Chauchat, podamos
escrutarnos esta noche. Por tu hablar melodioso
no pasa el ruido. Háblanos de lo malo y lo hermoso,
que del luto al anhelo pueda el pecho ascender.
Al pobre Kosztolányi2 enterramos ayer
y, como abrió en su cuerpo el cáncer un abismo,
Estados-Monstruo roen sin tregua al humanismo.
¿Qué más vendrá, inquirimos —las almas de horror
plenas,
de dónde nos azuzan nuevas ideas-hienas?
¿Hierven nuevos venenos que quieren infiltrarnos?
¿Y hasta cuándo habrá un sitio en que puedas
hablarnos?
Queremos que, al oírte, o nos abandonemos
y que todos los hombres como tales quedemos,
y que nuestras mujeres sean libres y hermosas
—todos seres humanos— pues ahora estas cosas
escasean. Maestro, siéntate y haz tu cuento.
Te escuchamos. Y alguno estará muy contento
nomás que de mirar, aquí frente a estos bancos,
a un europeo entre los blancos.
1 Este poema debía ser leído por su autor, a nombre de la redacción de la revista Szép Szó, como saludo a Thomas Mann con motivo de la conferencia que éste pronunció en el "Teatro Húngaro" de Budapest el día 13 de enero de 1937. El departamento político del Ministerio del Interior, enterado del asunto, dio órdenes a la policía para que impidiera la lectura de la poesía a causa de la alusión que en ella se hace a los Estados fascistas. La poesía fue publicada en el número de febrero del mismo año en Szép Szó.
2 Dezó Kosztolányi (1885-1936), célebre narrador, ensayista y poeta húngaro.
Marzo
I
Una tibia llovizna cae serenamente
y la espiga del trigo joven sube hacia el cielo.
En una chimenea la cigüeña se instala
y el invierno, abatido, se muda a los glaciares.
Llegó la primavera con su alegre violencia,
llegó la primavera con verdes estallidos.
Delante del taller de un carpintero
exhala la esperanza olor a pino.
¿Qué dicen las revistas? Una banda saquea
a España y la devasta.
En China un general estúpido
quita a los campesinos
sus pedazos de tierra. La guerra hace amenazas.
Las camisas más limpias ya se empapan de sangre. Los pobres están siendo torturados.
Los que atizan la guerra gesticulan.
Alegre soy: tengo el alma de un niño
y Flora me ama. Contra nuestro amor
—amor bello y desnudo— avanza al populacho
desfilando con hierros y con tanques.
El celo de esta chusma
me asusta, desde luego,
y sólo obtengo fuerza y esperanza
en interés de nuestras vidas.
II
El hombre es mercenario, la mujer prostituta.
Entre sus corazones y el mío no habrá diálogo.
Sus maldades también están infladas
y temo por mi vida
que es todo cuanto tengo.
Mi mente, precavida, piensa en esto.
Y cuando el globo herido ya está helado
el amor de mi pecho y mi Flora arderán.
Una hermosa muchacha, sabia, procrearemos,
y también un varón inteligente y bravo.
Ellos heredarán un jirón de nosotros
como la vía láctea guarda la luz del sol.
Y cuando el mismo sol ya sólo parpadee,
mientras charlan, confiados, volarán nuestros hijos
a bordo de máquinas buenas
en pos de las estrellas laborables.
Fuente: UNAM
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