domingo, 13 de octubre de 2013

FOTOGRAFÍA DE PIERRE GONNORD


Iban a caballo por una carretera secundaría cerca de Évora. Pierre Gonnord (Cholet 1963) pisó el freno de su coche y se presentó al grupo. Como retratista lleva tiempo recorriendo el Alentejo en busca de rostros majestuosos entre las familias nómadas que luchan por mantener su idiosincracia. Rogiero no tiene más de cuatro años pero ya mira como un adulto. En esta imagen, comparable a los retratos de corte de Velázquez o Ribera, parece un chico fuerte y orgulloso. Hay algo de nobleza en ese gesto adusto. Se ha acostumbrado a dormir al raso y cuidar de sus hermanos —por debajo suyo hay cuatro pequeños más— mientras sus padres trabajan como braceros en los campos para poder comer. Su madre, como ahora la hermana mayor de Rogiero, tampoco pudo elegir su destino, se casó a los 14 años y empezó a parir. Con veintipocos ya tiene 7. De esa niña sin adolescencia, solo distinguimos sus ropajes, sus manos de campesina y sus brazos, estrechando a su pequeño contra su pecho, en un gesto protector. No es la pobreza lo que se ve en la imagen sino la vida, cargada de tradiciones ancestrales. Parece como si el fotógrafo quisiera escuchar sin tabúes a a ese gente que corre de un lado para otro. Para conseguir una pose de estudio Gonnord necesitó antes de convivencia y cercanía. El retrato se tomó un amanecer del pasado mayo, bajo la sombra de un bosque. El fotógrafo ha borrado la vegetación con un telón negro de fondo para concentrarse en esos brazos que abrazan. Fue una sesión relajada. Rogiero es uno de esos niños baqueteados que van hacia los adultos y les hablan. El retratista sigue todavía escrutando almas en el Alentejo.

Fuente: El País