lunes, 17 de noviembre de 2014

GALERÍA DE ARTE ONLINE SOBRE EL MUNDO DEL TRABAJO

 Vendimia en Arlés: miseria humana, de Paul Gauguin

En este artículo se recopilan las obras que la revista del INSHT Erg@nline ha venido publicando en su sección "El trabajo en el arte", que recogen la visión de diversos artistas sobre el mundo del trabajo.

Con idea de facilitar su consulta se han creado dos índices: uno cronológico, como el usado hasta ahora, con la particularidad de agrupar las obras por siglos; y otro índice simulando la planta de un museo, donde encontraremos las obras agrupadas con un criterio abierto relacionado con el sector económico en el que se agrupa la actividad mostrada en la obra.

Para obtener más información sobre la obra y su autor puede acceder al número del Erg@nline correspondiente.

IR A LA WEB DE LA GALERÍA DE ARTE DE ERG@ONLINE: http://www.insht.es/portal/site/Insht/menuitem.1f1a3bc79ab34c578c2e8884060961ca/?vgnextoid=b896de578fe36110VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&vgnextchannel=25d44a7f8a651110VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD

Segador con fondo rojo, de Kasimir Malevich

La fragua, de Goya

Los explotadores, de Diego Rivera

domingo, 16 de noviembre de 2014

"MADRE E HIJO - MADRID 1937", DE MAX LINGNER


Madre e hijo – Madrid 1937
Max Lingner
1937
Tinta sobre papel
81 × 59 cm,
Kupferstichkabinett SMPK Berlin


El artista alemán Max Lingner trasladó su residencia a París después de la I Guerra Mundial, siendo colaborador gráfico de la revista semanal Monde, donde acabó haciéndose cargo de la dirección artística. Durante la Guerra Civil Española realizó carteles pidiendo en Francia ayuda para el gobierno republicano, como es el caso de esta obra.

En ella, la restricción a una figura de medio cuerpo y la composición de la madre esperanzada mirando hacia el cielo, abrazando a su niño asustado, crea una tensión que aborda al espectador directamente. Con este diseño Lingner apoyó la recaudación de fondos de la campaña "Leche para los niños españoles" en 1937 durante la Guerra Civil. Y como este cartel, en toda Francia hubo llamadas a la solidaridad con España, gracias a las cuales las donaciones aumentaron drásticamente, por lo que en poco tiempo se recogieron 800.000 latas de leche para niños para el Madrid cercado.

Un grupo de madre e hijo similar se puede encontrar en su obra gráfica "París 1943".

sábado, 15 de noviembre de 2014

"LOS OLVIDADOS", DE LUIS BUÑUEL

Título original: Los olvidados
Año: 1950
Duración: 88 min.
País: México
Director: Luis Buñuel
Guión: Luis Buñuel, Luis Alcoriza
Música: Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffter
Fotografía: Gabriel Figueroa
Reparto: Alfonso Mejía, Roberto Cobo, Estela Inda, Miguel Inclán, Alma Delia Fuentes, Francisco Jambrina


En los suburbios de Ciudad de Mexico una pandilla de muchachos liderados por Jaibo (Roberto Cobo) se mueve en los ámbitos de la delincuencia. Entre ellos se encuentra el joven Pedro (Alberto Mejía).

Jaibo, recién salido del correccional, asesina ante Pedro a Julián (Javier Amezcua), el responsable de su detención.

En toda gran urbe confluye la opulencia y la miseria, los grandes edificios de aspecto vertical y los arrabales de casas derruidas, los coches lujosos y los carromatos destartalados, la vida y la muerte, la supervivencia y el derroche; todo ello producto de una sociedad llena de desigualdades que se devora a sí misma mientras olvida en vertederos apartados a sus propios hijos, víctimas y verdugos de una desidia conductual y educativa derivada de los problemas inherentes al ambiente que los rodean.

Luis Buñuel, en un intento de cruda denuncia social dibuja junto a Luis Alcoriza unas situaciones difíciles, conflictivas y hasta crueles enclavadas en los suburbios de Ciudad de México y protagonizadas por un conjunto de personajes marginales, niños delincuentes que no conocen padre ni madre y si los conocen como si no los conociesen, empujados a realizar toda una serie de actos vandálicos y punibles por un Estado que sólo actúa de una manera represora y poco instructiva.
La capacidad vengativa e impía con su alrededor de su líder Jaibo, es un claro ejemplo de un comportamiento arrastrado por una espiral de violencia y atrocidad que sólo conllevará dolor y frustración personal.

Pero Buñuel se apega a la historia describiendo con cariño a sus personajes, en especial a Pedro, un niño de buen corazón, incomprendido por su madre e inmerso en el consubstancial y casi natural clima de criminalidad que lo acordona, un clima que agita toda su rabia interna cuando arroja bruscamente un huevo de gallina (recurso típicamente buñueliano) hacia la cámara como si despojase su ira contra toda la comunidad que lo está contemplando.

La figura de un músico ambulante ciego añorante de los tiempos de Porfirio Díaz simboliza a los gobiernos, que ciegos ante lo que sucede en su territorio y más concretamente a las clases menos favorecidas, añoran la facilidad inane de un exterminio físico en vez de la construcción de un sistema más justo e igualitario que desarrolle una paz social y una convivencia mucho más humana.

La narrativa de Buñuel vuelve a poner de manifiesto el gran talento como contador de historias del genio aragonés, prácticamente no existen momentos de transición, todos los planos contienen esa tensión desgarradora que una película de esta temática necesita, dejando eso sí, momentos magistrales para sus cuitas surrealistas y simbólicas como puede ser la sensacional escena onírica del pobre niño tras la presencia de un asesinato, el tratamiento que Buñuel concede a las mesmerizantes imágenes en este pasaje es digno de encomio y alabanzas.

Su sentido del erotismo está también presente en varios momentos : la leche derramada encima de los muslos de la muchacha, las miradas y diálogos entre la madre de Pedro y Jaibo antes de que se cierre la puerta violentamente, el ciego con la inocente niña en su regazo; son partes de un film que junto a su principal materia, la representación árida de la delincuencia juvenil dentro de un brutal realismo muy bien enfatizado por la magnífica fotografía llena de contrastes de luz del maestro Gabriel Figueroa convierten al film en un fenomenal tratado sociológico lleno de matices que mueve a una profunda reflexión en quien la contempla.

"Los olvidados", una rotunda obra maestra del séptimo arte y un título inolvidable.

Fuente: El Criticón

Sobre Los olvidados (Texto de Luis Buñuel)

Durante 4 o 5 meses, unas veces con mi escenógrafo, el canadiense Fitzgerald, otras con Luis Alcoriza, pero generalmente solo, me dediqué a recorrer las "ciudades perdidas", es decir, los arrabales improvisados, muy pobres, que rodean México, D.F. Algo disfrazado, vestido con mis ropas más viejas, miraba, escuchaba, hacía preguntas, entablaba amistad con la gente. Algunas de las cosas que vi pasaron directamente a la película.

De todos modos, el equipo entero, aunque trabajando muy seriamente, manifestaba su hostilidad hacia la película. Un técnico me preguntaba, por ejemplo: "Pero, ¿por qué no hace usted una verdadera película mexicana, en lugar de una película miserable como ésa?". Pedro de Urdemalas, un escritor que me había ayudado a introducir expresiones mexicanas en la película, se negó a poner su nombre en los títulos de crédito.

La película fue rodada en 21 días. Como en todas mis películas, terminé en el tiempo previsto. Por el guión y dirección cobré dos mil dólares en total. Y nunca he percibido el menor porcentaje.

Estrenada bastante lamentablemente en México, la película permaneció cuatro días en cartel y suscitó en el acto violentas reacciones. Sindicatos y asociaciones diversas pidieron mi expulsión. Los raros espectadores salían de la sala como de un entierro. En la proyección privada, mientras Lupe, la mujer del pintor Diego Rivera, se mostraba altiva y desdeñosa, sin decirme una sola palabra, otra mujer, Berta, casada con el poeta español Luis Felipe, se precipitó sobre mí, loca de indignación, con las uñas tendidas hacia mi cara, gritando que yo acababa de cometer una infamia contra México. Yo me esforzaba en mantenerme sereno e inmóvil, mientras sus peligrosas uñas temblaban a tres centímetros de mis ojos. Afortunadamente, Siqueiros, otro pintor, que se encontraba en la misma proyección, intervino para felicitarme calurosamente. Con él, gran número de intelectuales mexicanos alabaron la película.

Todo cambió después del Festival de Cannes en que el poeta Octavio Paz -hombre del que Breton me habló por primera vez y a quien admiro desde hace mucho- distribuía personalmente a la puerta de la sala un artículo que había escrito, el mejor, sin duda, que he leído, un artículo bellísimo. La película conoció un gran éxito, obtuvo críticas maravillosas y recibió el Premio de Dirección.

Yo no tenía más que una tristeza, una vergüenza, el subtítulo que los distribuidores de la película en Francia creyeron oportuno añadir al título: Los olvidados o Piedad para ellos. Ridículo.

Tras el éxito europeo, me vi absuelto del lado mexicano. Cesaron los insultos, y la película se reestrenó en una buena sala de México, donde permaneció dos meses.

Fuente: Mabuse

VER PELICULA:

viernes, 14 de noviembre de 2014

"REMINE", UN DOCUMENTAL SOBRE LA ÉPICA DE LA RESISTENCIA MINERA

Fotograma del documental 'Remine'.
Fotograma del documental ‘Remine’.

El cineasta Marcos Martínez Merino estrena en el festival de Sevilla ‘ReMine’, un documental sobre la lucha minera en Asturias que ya ha sido reconocido en Buenos Aires  y México, una película sobre “la historia de la resistencia como objetivo vital y sobre la épica de un grupo de 600 trabajadores que pelean siendo conscientes de que la derrota es el fin más probable”.    

Las derrotas constituyen, en ocasiones, grandes hazañas en sí mismas. El periodista Marcos Martínez Merino (Gijón, 1973) padeció su primera gran decepción cuando, tras 20 años residiendo en Madrid y 15 trabajando la información económica en el medio televisivo, comprobó cómo el hartazgo había ido minando su vocación. Criado en el barrio obrero de La Calzada, al abrigo de los astilleros gijonenses, quiso dar una vuelta de tuerca a su carrera y tanto él como su pareja, la también periodista Marta Fernández Crestelo, comprendieron que sólo podrían lograrlo emprendiendo el camino en busca de sus orígenes. Todo ese proceso ha cristalizado en ReMine, un largometraje documental cuyo estreno en España ha llegado el 10 de noviembre, dentro del Festival de Cine de Sevilla, y que ya ha recibido una mención especial del jurado en el Bafici de Buenos Aires -tal vez el certamen cinematográfico más prestigioso de toda Latinoamérica- y el premio de la sección oficial del Festival de la Memoria de México.

El título de la película ya es una declaración de intenciones: en un primer momento remite al verbo inglés remind, recordar, pero en realidad esconde un apócope del sintagma “resistencia minera”. En esencia, es de eso de lo que se trata. De relatar la historia de la lucha de los trabajadores asturianos del carbón porque, en palabras de Merino, ellos eran “los últimos representantes de un colectivo que ha sido determinante en la consecución de derechos y deberes en España”. Resolvió su principal problema de partida, el de no tener más contacto con la cuenca minera asturiana del que les confería la proximidad entre ésta y su ciudad natal, abandonando Madrid para instalarse en el corazón mismo del territorio cuya esencia pretendían conquistar. El valle de Turón, anclado al extremo suroriental del municipio de Mieres, fue una de las zonas más castigadas por la crisis de la minería y las posteriores reconversiones del sector, hasta el punto de que los expertos la han comparado muchas veces con la cuenca del Rühr alemana por los devastadores efectos que en ambas tuvo la desindustrialización. “Es un paradigma”, ilustra Merino, “un valle minero histórico donde hoy no queda ni una sola mina abierta y que sufre una verdadera sangría de habitantes desde hace tres décadas”.

Tanto él como su compañera se pusieron a trabajar de inmediato. Hicieron más de cien entrevistas a historiadores, políticos, sindicalistas, estudiantes, economistas. El cineasta confiesa que, con todo, “ninguna entrevista resultó tan aleccionadora como el propio día a día en el valle de Turón; fue ahí donde supimos que la historia debía estar centrada en las emociones y no en los acontecimientos; en realidad, descubrimos un universo que nos mostró el camino que debía seguir la narración”. Comenzó a elaborar un primer borrador del guión, pero cuando menos lo esperaba, la realidad acudió a modificar sus planes. En la primavera de 2012, la decisión del Gobierno de Rajoy de finiquitar antes de lo pactado el controvertido Plan de la Minería hizo que la tranquilidad saltase por los aires en las cuencas mineras y desató la que hasta la fecha ha sido la última gran movilización del sector carbonífero. La película dejó de estar en un papel para desfilar, en vivo y en directo, ante sus ojos. Merino aún recuerda el día en que Marta llegó a casa con una cámara y le dijo: “Nuestra historia está ocurriendo ahora mismo ahí fuera: sal a la calle y graba”.

De ese modo surgió ReMine, un documental que emociona sin hacer trampas. Arranca y concluye con las imágenes, tan hermosas como sobrecogedoras, del ejército proletario regresando a su casa tras la derrota. Por medio se cuelan escenas e historias bellísimas, como las que muestran a los integrantes de la llamada “Marcha Negra” recorriendo entre vítores la Gran Vía madrileña o la que relata las vicisitudes en la retaguardia de las llamadas “mujeres del carbón”, esposas, madres e hijas de mineros que labran en la superficie las batallas que ellos dan bajo la tierra. Pero lo que más destaca en la película es la facilidad con que la cámara se interna en los pormenores más íntimos del microcosmos obrero, en unos ambientes habitualmente cerrados a los profanos y en los que el director de la película parece moverse como pez en el agua. “Todo fue surgiendo de un modo muy natural”, cuenta Merino, “había que hallar las emociones que representaban aquello que queríamos contar, y al final fue mucho más relevante el tiempo que pasé sin rodar que los periodos en los que tuve la cámara al hombro”. Quería cumplir a rajatabla, y lo consiguió, con una premisa irrenunciable: documentar sin interpretar. Sin embargo, “hubo una implicación personal con quienes habitaban aquellos escenarios; sin ella no habría rodado ReMine, habría hecho otra cosa”.

El director del documental, Marcos Martínez Merino. Foto: Javier Bauluz.
El director del documental, Marcos Martínez Merino. Foto: Javier Bauluz.

Había otra vocación fundamental. La de “construir el mito minero para ir deshaciéndolo capa a capa hasta enseñar una imagen verdadera, alejada de los tópicos y los estereotipos sobre los mineros y las cuencas”. Merino vio clara, desde el primer momento, la necesidad de “construir una estructura narrativa que estableciera una comunicación con el espectador en la que se le invitara a que entrara por su propio pie en ese universo para extraer, al final, sus propias conclusiones”. Lograr todo eso dio lugar a una ardua posproducción que se prolongó durante cinco meses y en la que el cineasta quiere reconocer la labor de la montadora, Ana Pfaff.

Así, en ReMine la historia de la lucha presente se va relatando segmentada por las alusiones a tres momentos muy concretos que contextualizan aquello que se narra: los inicios de las explotaciones carboníferas en Asturias, las huelgas de 1962 -las primeras que pusieron en jaque al régimen franquista, que finalmente dio su brazo a torcer- y el trágico accidente que en 1995 acabó con las vidas de 14 mineros en el pozo Nicolasa. Hitos ineludibles para comprender un territorio que, en palabras de Merino, “está levantado sobre un subsuelo de sangre y dolor que no debe olvidarse”.
¿Son la movilización victoriosa de 1962 y la perdida de 2012 la cara y la cruz de una misma moneda? “Son momentos muy distintos”, responde el director tras meditar unos minutos. “En 1962 había cierta esperanza en un mundo mejor que estaba por construir; hoy, sin embargo, domina el escepticismo. De algún modo incluso el propio concepto de trabajador parece sonar algo peyorativo, y sin embargo exigimos a los mineros que estén a la altura de las circunstancias históricas y no defrauden su mística como movimiento obrero”. Merino tiene claro que la praxis que tradicionalmente ha estructurado la lucha minera es, cada vez más, una especie en vías de extinción: “Los trabajadores del carbón, igual que todos, han sido seducidos por la sociedad de consumo y los créditos hipotecarios, pero a pesar de eso son capaces de mantener una huelga de dos meses. ¿Qué colectivo de trabajadores resiste en España hasta 65 días sin cobrar su salario?”.

De esa convicción proviene el subtítulo, El último movimiento obrero, con que ReMine se presenta ante los espectadores. “Responde a la concepción del último movimiento tradicional surgido en la Revolución Industrial; había mineros o grupos de trabajadores de resistencia en todos los países europeos, y entre todos presionaron para conseguir el llamado Estado de Bienestar; hoy apenas quedan ya grupos de trabajadores organizados y de hecho ya casi no queda industria tradicional en Europa”. De esa percepción, y de la evidencia de que lo que se cuenta en ReMine no deja de ser la historia de una huelga perdida, es lo que convierte la película en un glorioso canto a la épica que siempre anida en la lealtad a unos principios justos, por más que su victoria se antoje casi una quimera. “Creo que la épica nunca está en los objetivos conseguidos”, apunta Merino, “sino en el camino para lograrlos, y ReMine es la historia de la resistencia como objetivo vital”. “En estos tiempos de inmediatez y resultadismo“, rubrica para finalizar, “resulta bastante épico encontrar a un grupo de 600 trabajadores que pelean siendo conscientes de que la derrota es el fin más probable, porque, dime, ¿qué tiene de épico pelear cuando el triunfo está cantado?”. 

Los mineros durante su protesta en Madrid. Un fotograma del documental.
Los mineros durante su protesta en Madrid. Un fotograma del documental ‘Remine’.

Marcha de los mineros. Fotograma del documental 'Remine'.
Marcha de los mineros. Fotograma del documental ‘Remine’.

Protesta de las mujeres de los mineros frente al parlamento. Fotograma del documental 'Remine'.
Protesta de las mujeres de los mineros frente al parlamento. Fotograma del documental ‘Remine’.

Fuente: eldiario.


Trailer de "ReMine, el último movimiento obrero" from ReMine on Vimeo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

EXPONEN EN BERLÍN LAS FOTOS DE THOMAS BILDHART, REPORTERO "OFICIAL" DE LA RDA

Erich Honlecker cantando durante una celebración de veteranos en Berlín Este en 1979

Thomas Bildhart fue un testigo constante de los años de separación entre las dos Alemanias trabajando para la agencia oficial de fotografía de la RDA. 'La vida cotidiana en la República Democrática Alemana' se expone en Berlín. La muestra acumula centenares de imágenes sobre los quehaceres ciudadanos en la parte comunista de la ciudad durante los años del Muro.

Pocos reporteros de los años de la Guerra Fría se movieron con mayor libertad por la parte comunista de Alemania como Thomas Bildhart (1937). Trabajaba como fotógrafo para la agencia oficial de fotografía de la República Democrática Alemana (RDA) y esa condición le permitía capturar escenas cotidianas que de otro modo nadie hubiese recolectado.

La exposición Alltag in der DDR (La vida cotidiana en la RDA), una de las varias que se celebran en Berlín como apoyo a la celebración del 25º aniversario de la caída del Muro, acumula centenares de las fotografías de Bilhardt. La muestra es especialmente notable porque ofrece la visión de los quehaceres diarios de los habitantes de la parte oriental de la ciudad, mucho menos documentada que la zona occidental. La vida cotidiana de los 'ossis' La antología, que exhibe el museo The Kennedys de la capital alemana, permite el acercamiento a la vida cotidiana de los ciudadanos ossis (coloquialmente, orientales) y también recoge algunos actos oficiales de singular importancia para el régimen comunista, entre ellos la visita oficial de Fidel Castro a la RDA en 1972, los actos del 25º aniversario de la fundación del estado comunista en 1974 a los que asitió Leonid Brézhnev, entonces presidente de la URSS.

Pero además de sus obligaciones como reportero de la Deutschen Werbeagentur (Agencia de publicidad alemana, DEWAG según sus siglas originales), Bilhardt disfrutaba haciendo fotos callejeras de las ciudadanos de Berlín Este. Se trata de lo mejor de la exposición. Son imágenes en blanco y negro, cándidas y con mucho sentido del humor de niños asomados al escaparate donde se muestra un nuevo modelo de televisión, parejas de novios besándose bajo la lluvia, una mujer dando cuenta de una salchicha de tamaño considerable... Tanques de guerra para niños Si casi todas las fotos de calle son de los dos años previos a la construcción del Muro, levantado en 1961, las que siguen reflejan una realidad distinta, más dirigida a la propaganda. Bilhardt retrató todo tipo de actos masivos del régimen comunista, desde desfiles y conmemoraciones hasta visistas de jefes de Estado, escenas de felicidad laboral o momentos tan chocantes como una competición de niños que manejan tanques de guerra en miniatura.

Premiado en numerosas ocasiones por su trabajo como reportero, Bilhardt cubrió sobre el terreno temas en Cuba, Chile, Mozmabique, China, Oriente Medio, Vietnam del Norte y todos los paises satélite de la URSS. Sigue ejerciendo la fotografía y se felicita por haber experimentado su "naturaleza explosiva", aunque ésta, añade "nunca es atribuible a la imagen final, sin también a las circunstancias en que fue tomada".

Fuente: 20minutos

VER FOTOGALERÍA: http://www.20minutos.es/fotos/artes/thomas-bildhart-reportero-oficial-de-la-rda-10926/

miércoles, 12 de noviembre de 2014

25 AÑOS DE LA MUERTE DE PASIONARIA


PASIONARIA, de Miguel Hernández

Moriré como el pájaro: cantando,
penetrado de pluma y entereza,
sobre la duradera claridad de las cosas.
Cantando ha de cogerme el hoyo blando,
tendida el alma, vuelta la cabeza
hacia las hermosuras más hermosas.

Una mujer que es una estepa sola
habitada de aceros y criaturas,
sube de espuma y atraviesa de ola
por este municipio de hermosuras.

Dan ganas de besar los pies y la sonrisa
a esta herida española,
y aquel gesto que lleva de nación enlutada,
y aquella tierra que de pronto pisa
como si contuviera la tierra en la pisada.

Fuego la enciende, fuego la alimenta:
fuego que crece, quema y apasiona
desde el almendro en flor de su osamenta.
A sus pies, la ceniza más helada se encona.

Vasca de generosos yacimientos:
encina, piedra, vida, hierba noble,
naciste para dar dirección a los vientos,
naciste para ser esposa de algún roble.

Sólo los montes pueden sostenerte
grabada estás en tronco sensitivo,
esculpida en el sol de los viñedos.
El minero descubre por oírte y por verte
las sordas galerías del mineral cautivo,
y a través de la tierra les lleva hasta tus dedos.

Tus dedos y tus uñas fulgen como carbones,
amenazando fuego hasta a los astros
porque en mitad de la palabra pones
una sangre que deja fósforo entre sus rastros.

Claman tus brazos que hacen hasta espuma
al chocar contra el viento:
se desbordan tu pecho y tus arterias
porque tanta maleza se consuma,
porque tanto tormento,
porque tantas miserias.

Los herreros te cantan al son de la herrería,
Pasionaria el pastor escribe en la cayada
y el pescador a besos te dibuja en las velas.

Oscuro el mediodía,
la mujer redimida y agrandada,
naufragadas y heridas las gacelas
se reconocen al fulgor que envía
tu voz incandescente, manantial de candelas.

Quemando con el fuego de la cal abrasada,
hablando con la boca de los pozos mineros,
mujer, España, madre en infinito,
eres capaz de producir luceros,
eres capaz de arder de un solo grito.
Pierden maldad y sombra tigres y carceleros.

Por tu voz habla España la de las cordilleras,
la de los brazos pobres y explotados,
crecen los héroes llenos de palmeras
y mueren saludándote pilotos y soldados.

Oyéndore batir como cubierta
de meridianos, yunques y cigarras,
el varón español sale a su puerta
a sufrir recorriendo llanuras de guitarras.

Ardiendo quedarás enardecida
sobre el arco nublado del olvido,
sobre el tiempo que teme sobrepasar tu vida
y toca como un ciego, bajo un puente
de ceño envejecido,
un violín lastimado e impotente.

Tu cincelada fuerza lucirá eternamente,
fogosamente plena de destellos.
Y aquel que de la cárcel fue mordido
terminará su llanto en tus cabellos.

Viento del pueblo. Poesía en la guerra, Valencia, Socorro Rojo
Internacional, 1937 (Prólogo de Tomás Navarro Tomás)

DOCUMENTACIÓN DEL PCE SOBRE PASIONARIA: http://pce.es/secretarias/secmovrepublicano/25pasionaria/index.php

martes, 11 de noviembre de 2014

"DOS DÍAS, UNA NOCHE", DIGNIDAD DE LA CLASE OBRERA

Título original: Deux jours, une nuit (Two Days, One Night)
Año: 2014
Duración: 95 min.
País: Bélgica
Director: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Guión: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Fotografía: Alain Marcoen
Reparto: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Pili Groyne, Simon Caudry, Catherine Salée, Batiste Sornin, Alain Eloy, Myriem Akeddiou, Fabienne Sciascia, Olivier Gourmet

La perversión del sistema capitalista ha degenerado en que ya no es el empresario el encargado de despedir, sino que esa responsabilidad, esa culpa, pasa a los propios trabajadores, a los compañeros del despedido. De esta manera, el patrón se convierte en un Poncio Pilatos, que se lava las manos y se sienta a esperar a que el indvidualismo atroz, que va aparejado al capitalismo, se encargue del trabajo sucio. De eso va Dos días, una noche, el nuevo filme de los hermanos Dardenne. Los cineastas belgas han mostrado en sus películas a personajes fuera del sistema. En Rosetta (1999), la cinta que más se parece a ésta, ya se acercaron al problema laboral de la clase obrera. En El silencio de Lorna (2008), se centraron en la explotación sexual.

Los realizadores nos tenían acostumbrados a personajes marginados de la sociedad occidental que lidiaban con dilemas morales, pero siempre en su condición de víctimas del sistema. En Dos días, una noche, sus personajes están dentro del sistema. Son clase trabajadora que aspira a ser clase media, porque desde el Tacherismo ser “obrero” es algo de lo que avergonzarse en el mundo occidental, lean sino a Owen Jones.

Dos días, una noche, mucho más luminosa que sus trabajos anteriores, en la línea su anterior filme El niño de la bicicleta (2011), y presenta una situación que la mayoría de occidentales hemos sufrido o hemos visto sufrir a alguien cercano. Esas dos características, la luminosidad y su carácter casi universal, junto con la elección de una actriz internacional, hacen que esta película de los Dardenne pueda acercarse a un público más cercano.

El argumento nos muestra el dilema al que son sometidos los empleados de una pequeña fábrica. Tienen que decidir si renuncian o no a una prima de 1000 euros para evitar que una compañera sea despedida. Esa compañera es Mariond Cotillard, una mujer temerosa de quedarse en paro y con depresión. Cotillard tiene tan solo un fin de semana para convencer a sus colegas de que voten por ella o, bien, que renuncien a su paga extra, repitiendo el esquema de Doce hombres sin piedad (1957). Lo mejor de Dos días, una noche es que da igual el resultado de esa votación. Gane o pierda, ella es la heroína de nuestros días. Da igual si el personaje de Cotillard se queda en el paro o consigue seguir en su puesto; lo que cuenta aquí es que lucha, que busca la solidaridad de los compañeros, logra apelar a la conciencia de grupo y señalar al verdadero enemigo.

Estamos ante el filme más necesario de la cartelera, pero además de ser necesario, la cinta de los Dardenne, Dos días, una noche, tiene pulso cinematográfico, tiene una grandísima interpretación y tiene muchos matices. No estamos ante una película panfletaria, ni siquiera podemos decir que sea únicamente un filme social, Dos días, una noche se aleja de colectividades, de sindicatos, de mítines o de empresarios, para centrarse en la suma de individuos, intentando no dividirlos en buenos y malos, y esperando que el espectador también se pregunte qué debería votar en tal situación.

Pepa Blanes




lunes, 10 de noviembre de 2014

AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS, EL ODIO DE CLASE EXPRESADO EN LITERATURA Y POESÍA


Muere en 1998 ignorado por la crítica y editores españoles. En Francia fue condecorado con la Orden de las Artes y las Letras Francesas.

Por Sebastián Sánchez Martínez (Epicuro)

Agustín Gómez Arcos, escritor excluido de la historiografía literaria, ha sido víctima de una doble censura: la censura explícita ejercida por la dictadura franquista, y la censura tácita derivada del proceso de transición política. Transición que no estaba dispuesta a consentir espacio cultural a aquellos intelectuales que no compartieran la componenda política de la II Restauración Borbónica. El Franquismo prohibió su obra y la democracia la ignoró.

Es la guerra civil y especialmente la postguerra el manantial del que emana su rabia, el odio de su escritura. Su obsesivo deseo de venganza no se adaptó a los proyectos políticos de los ideólogos y artífices de la “reconciliación nacional”.

Agustín crea personajes rebeldes, personajes marginales, profundamente doloridos; seres que se nutren de su propio odio de clase, como alimento imprescindible para resistir, para no olvidar, para vengar. Sin embargo, ofrecen una aurora de esperanza, de que otra vida es posible, en su literatura existe un mañana; porque esa palabra mañana, para él, siempre estará viva. Futuro y mañana serán dos palabras, dos ideas, con las que cerrará muchos de sus textos.

Toda su obra está comprometida políticamente, compromiso sentido y vivido hasta constituir su propia existencia. Su novela “María República”, es su obra más autobiográfica, como él mismo definió. Es más, a la protagonista, le da sus propios apellidos, la denominará María República Gómez Arcos. Acto, como ningún otro, de extrema identificación y amor. En ella proyecta sus sentimientos, su pensamiento y su manera de ser.

María, la huérfana de padres fusilados, enterrados en fosas comunes, “…cadáveres que lleva en la tumba de su cabeza…”, mujer caída, con conciencia de la existencia de dos mundos antagónicos nacidos para exterminarse, violada, puta para sobrevivir y sifilítica. María, víctima inocente de la Victoria, se servirá de su enfermedad como subversión al Régimen. Contagiar a toda la burguesía de la ciudad es su objetivo. Su obra destructora es que engendren hijos enfermos, hijos tarados, monstruos.

“…Gerentes del futuro de la Patria, concesionarios de patentes extranjeras, promotores inmobiliarios, militares, comisarios de policía, obispos y demás, arrastrándose penosamente hacia lo más alto de la escala social al grito de ¡Viva Franco!. Todos contagiados por mi sífilis. Todos deformes. Una gusanera que irá invadiendo el país hasta emponzoñarlo por completo…”

Gómez Arcos nace en Enix (Almería) en 1933, en el seno de una familia que sufrirá duramente la represión y el aislamiento social por su condición de “rojos”. De esa experiencia infantil nace su libro “El niño pan”, en el que nos narra con contundente realismo la tragedia de los vencidos. Texto que surge de la memoria personal del autor en la que ésta se reelabora literariamente, trascendiendo lo puramente biográfico.

Contextualizado en el medio rural, en una familia de tierras almerienses, su universo es extensible a todos los que fueron niños durante la guerra y en especial del bando derrotado, para quienes la palabra paz es sinónimo de humillación y sumisión. Se trata de recuerdos que aún perviven intactos en nuestra memoria colectiva y que describe con sentimiento y con dolor.

Cursa el bachillerato en la ciudad de Almería, disfrutando de una predilecta relación con su profesora Celia Viñas, poeta y escritora. Es ella quien le transmite la afición por la creación literaria en un ambiente de profundo espíritu de libertad, emanado de los ideales de la Institución Libre de Enseñanza, oasis de tolerancia en los sombríos años cuarenta. Este espíritu dejará una huella indeleble en el pensamiento de nuestro autor, a la vez que conformará su pasión por las Letras.

En Barcelona inicia estudios de Derecho, para pronto abandonarlos. Posteriormente, se traslada a Madrid concentrándose en la producción dramática. Abordará todos los géneros literarios, publicando en 1956 su primer libro de poemas, “Ocasión de paganismo”, pero es en el teatro donde encuentra el vehículo de expresión de su contestación social y rebeldía hacia el Régimen que atenaza España. Comparte posiciones francamente comprometidas, con autores como Alfonso Sastre, frente a los dramaturgos del “teatro del posibilismo” cuyo máximo exponente es Buero Vallejo. Hasta su muerte, siempre aborrecerá las medias tintas.

En 1960 consigue el primer premio en el Festival Nacional de Teatro Nuevo con su farsa “Elecciones generales”. La censura le retira el premio y prohíbe su representación. En 1962 se le otorga el premio Lope de Vega por la obra “Diálogos de la herejía” premio que es anulado posteriormente y censurada la puesta en escena. Nuevamente en 1966 con la pieza teatral “Queridos míos es preciso contaros ciertas cosas” recibe el segundo premio Lope de Vega tras declararse, sospechosamente, desierto el primero. Al no recibir ninguno de los galardones y anularse consecutivamente los estrenos de sus obras y, junto al ambiente asfixiante en el que vivió por aquellos años en Madrid, decide autoexiliarse en primer lugar a Londres y finalmente a París. Camino sin auténtico regreso.

Instalado en París desde 1968, va a realizar una doble ruptura con toda su carrera anterior. Decide no solo cambiar de género literario sino también de lengua: pasará de dramaturgo en castellano a novelista en francés. Su principal subversión ideológica contra la madre patria consistirá en abandonar el castellano. La España que lo excluye se verá a su vez excluida. Acto de rebeldía y coraje que le permitirá escapar de la vigilancia y el silencio impuestos en su lengua materna. Su nueva producción se expresará en francés, el argumento narrativo seguirá derivando de la realidad española, generándose así una disonancia entre el código lingüístico y la temática. Para él, un escritor debe ser ante todo memoria, y debe estar presente en la conciencia de los lectores como manifestación de su experiencia de vida. Comparte el pensamiento de Sartre, para quien la literatura es ante todo un hecho social y por lo tanto, al escritor se le pide responsabilidad social. Tan solo en dos ocasiones intentará penetrar en el panorama literario español y lo realiza con dos autotraducciones: “Un pájaro quemado vivo” y “Marruecos”.

Inicia su obra narrativa con la novela “El cordero carnívoro”, relato duro y profundamente transgresor, que reúne todos los ingredientes para ejecutar un ataque furibundo a los principios de la moral conservadora. De este modo genera una nueva forma de libertad al margen de los ideales del Nacionalcatolicismo. Gómez Arcos, de acentuado espíritu antirreligioso, pensaba que frente a la intolerancia a veces no basta la libertad, hay que llegar a la transgresión social y moral, transgresión como forma de salvación humana. Una novela magistralmente escrita pero políticamente incorrecta, que ha herido las sensibilidades mojigatas. Fue ganadora del “Prix Hermès” 1975, galardón que concede Francia a la obra más destacada de la literatura marginal.

De sus catorce novelas es con “Ana no” con quien se consagra como escritor francófono. Traducida en su momento a dieciséis idiomas, llevada al cine en 1985 y con varias adaptaciones teatrales. “Ana No” es su obra más premiada, “Prix du Livre Inter” 1977, concedido por los lectores a la mejor novela del año, y galardonada con los prestigiosos premios literarios “Thyde Monnier” y “Roland Dorgelès”. Presenta a una mujer, Ana No, a quien no le permitieron tener una identidad; la guerra, despojándola de todo, la ha convertido en una negación absoluta, Ana “no” existe. A sus 75 años, emprenderá un viaje andando, siguiendo el duro y hostil camino de la vía del tren, para antes de morir, abrazar lo único que le queda, un hijo preso en una cárcel del norte de España, acusado de pertenecer al Partido Comunista. Travesía en la que solo le acompañarán el recuerdo de sus muertos: un marido y dos hijos fusilados. Es un viaje iniciático hacia el autoconocimiento, a través de la España franquista, en el que adquirirá su identidad hasta convertirse en Ana Si. “Ana no” ofrece, indudablemente, uno de los más hermosos personajes de mujer de la literatura contemporánea.

“…Lo único que quiere ( sin ser plenamente consciente de ello) es cruzar el país de sur a norte, paso a paso, para que esta tierra indigna que trajo al mundo los asesinos de sus hombres sepa, por fin, que ella existe, que salió de su madriguera y que ahora, mancha negra, se dirige hacia la muerte. Andando. De pie…”

La mayor parte de sus personajes principales son personajes femeninos. En sus relatos demuestra una especial sensibilidad, comprensión y conocimiento de la psicología femenina, a la vez que las dota de una intensidad dramática excepcional, que ancla sus raíces en su primera vocación de dramaturgo. Considera que la mujer vive una realidad más compleja y versátil que los hombres, es por ello por lo que las configura como protagonistas fundamentales de sus obras dándoles una relevancia exquisita y fuera de lo común.

Desarrolla una narrativa de profundo materialismo centrada en el cuerpo como única base de la existencia, ésta se ve plasmada en el uso abundante de términos de carácter tanto anatómico como fisiológico. Los fluidos, las secreciones, la sangre y detalles explícitamente sexuales son usados como reivindicación de lo más físico del ser, de nuestra esencia.

Su creación discurre a través de una crítica corrosiva y mordaz, que no es en exclusiva hacia un sistema político concreto sino que también abarca, y fundamentalmente, el conjunto de valores que lo conforman y al sistema de vida que genera, condiciona, o impone. Esta crítica ácida será dulcificada por una prosa poética incuestionablemente bellísima, con ecos lorquianos y aires valleinclanescos que nos retrotraen hacia la Novela Picaresca y al Teatro del Siglo de Oro, lo mejor que la literatura española dio a la literatura universal.

Toda su producción se caracteriza entre otros factores por la unidad interna en relación a la temática. Temática arraigada en la realidad española y desarrollada en una doble temporalidad. Muchas de sus obras tienen dos tiempos paralelos, el presente de los protagonistas situado en los últimos años del Franquismo y primeros de la Transición y un pasado que nos está recordando el inicio del Franquismo. Puente entre lo que aconteció y la actualidad. Actualidad que ahora, en este momento, se vuelve rabiosamente contemporánea.

“…El dinero entraba a espuertas en la casa de los gritos. Sin mesura. Como un ciclón cada vez mas potente que hubiese elegido como núcleo al Jefe de Policía. La Señora, codiciosa se limitaba a poner las manos: los billetes parecían brotar inconteniblemente del bolsillo de su marido, como un árbol que diese fruto todo el año, verano e invierno, Árbol milagroso. La Señora nunca preguntaba la procedencia de aquel dinero. Se lo embolsaba, lo acumulaba. Sin contarlo. El sueldo de todo Jefe de Policía debía tener ciertos límites. El de su esposo, no……….Soplos provenientes de sus numerosos contactos, hombres de negocios y políticos que le pagaban así sus favores. ¿Qué favores? La Señora nunca se hizo la pregunta, ni se la hizo a su marido. Ella se limitaba a comprar valores, a participar en especulaciones inmobiliarias…”

Dos veces finalista del acreditado premio “Goncourt” una de ellas en 1978 por “Escena de caza furtiva”. Novela violenta, en la que se ponen minuciosamente al desnudo los mecanismos represivos de la Dictadura, la tortura, la clandestinidad, la corrupción, con todos sus protagonistas inherentes, torturador, cómplices y víctimas. Pero simultáneamente también la más cargada de esperanza que surge a través de un nuevo personaje, un francotirador, el hijo de las víctimas, que con fusil en mano disparará al Jefe de Policía dos balas en el bajo vientre, “…que desgarran de inmediato carne y sexo….dos balas misioneras…” haciendo cumplir su imprescindible justicia-venganza.

“…Madre e hijo se echan a reír. Actúan como si acabasen de entrar en el mundo. De pleno derecho. Como, si desde ahora, este mundo fuese habitable.”

Es la respuesta de nuestro autor al autoperdón que el Régimen se concedía a si mismo. Agustín afirmaba que esta democracia era una democracia creada por franquistas, los mas inteligentes y flexibles de la derecha. Escritor maldito, fantasma, o silenciado, como se le ha denominado, pero fundamentalmente incómodo. Escritor incómodo cuyas novelas encajaban y aún siguen encajando muy mal en la España de la Transición, en la España de la reconciliación, en la España vigente.

Guiado por las que eran sus convicciones, “los políticos olvidan, los escritores no”, “la posición de todo creador debe de ser siempre marginal”, no se integró en ningún partido político y defendió la independencia de los intelectuales en contraposición a su organización. Pensamientos que se reflejan en sus héroes, quienes no se articulan en un proyecto político estructurado de futuro, ni de transformación social colectiva. Si son conscientes, de que el origen de sus sufrimientos, de sus males, es externo y de clase. Sin embargo la solución por la que optan es profundamente individual, actuando subjetivamente. Es una guerra personal de matices revanchistas y anarquizantes, en clara sintonía con el individualismo visceral de su creador.

Iniciada la Transición Gómez Arcos regresó ocasionalmente a España, de donde nunca perdió la nacionalidad, aquí encontró una completa incomprensión; siendo ignorado por la critica literaria y rechazado por los editores. De forma prematura, murió en 1998 como escritor prestigioso en Francia y como tal, fue enterrado en su país de acogida en el cementerio de Montmartre, reservado a las grandes personalidades, junto a Emilio Zola, Dumas, Héctor Berlioz y Nijinski.

Escritor reconocido mayoritariamente por el público francés, con múltiples galardones y premios. Condecorado con la prestigiosa Orden de las Artes y las Letras Francesas con el grado de Oficial, concedida con anterioridad a solo seis españoles entre ellos Pablo Picasso y Rafael Alberti. Autor cuyos textos han formado parte del programa educativo de los liceos franceses, de forma incomprensible continúa siendo un desconocido en nuestro país. Inédito en castellano hasta que recientemente la editorial Cabaret Voltaire, en una actuación valiente y decidida, ha iniciado la traducción y consiguiente publicación de sus obras. En la actualidad podemos disponer, por primera vez, de seis de sus catorce novelas y de su obra poética completa para los lectores hispanohablantes, devolviéndola así, a su lengua materna, a la lengua en la que fue pensada.

Estamos pues ante un brillante escritor, de gran fuerza expresiva, cuya lectura sin lugar a dudas nos cautivará y apasionará tanto por su temática como por su calidad literaria. Alguien rebelde y libre con quien disfrutaremos intensamente a la vez que nos mantendrá viva la memoria histórica. ¡Todo un lujo!


Imagina tus manos
y mis manos,
y las manos de todos,
su multitud de dedos
para contar los muertos de mi España
y poner la factura al Culpable.

Imagina mi boca
con tu boca
y las bocas de todos
su multitud de lenguas
para gritar venganza, no justicia,
que justicia no calma
los vencidos.

Imagina tus ojos
Y mis ojos
Y los ojos de todos
su multitud de horas
para buscar la culpa al Asesino
y mirarle la muerte
sin descanso.

Imagina la culpa
de su culpa,
su multitud de culpas,
la vejez de su culpa
enterrada en el Valle de las Culpas
Valle de los Caídos
por mal nombre.

Imagina mi rabia
con tu rabia
y la rabia de todos
la multitud de rabias
para cargar fusiles y fusiles
y cargar corazones
y futuros.


Gómez Arcos Agustín

BIBLIOGRAFÍA

Gómez Arcos, A.:
El niño pan. Ed. Cabaret Voltaire 2006
El cordero carnívoro. Ed. Cabaret Voltaire 2007
Ana no. Ed. Cabaret Voltaire 2009
La enmilagrada. Ed. Cabaret Voltaire 2010
Poesía, obra completa. Ed. Cabaret Voltaire. 2011
Escena de caza furtiva. Ed. Cabaret Voltaire 2012
Maria República. Ed. Cabaret Voltaire 2014

Feldman, S.G. (2002), ”Alegorías de la disidencia”. Instituto de Estudios Almerienses.

Heras Sánchez, J
-(1995) “Agustín Gómez Arcos: Estudio narratológico de la Enmilagrada”, Instituto de Estudios Almerienses.
-((2011) “Agustín Gómez Arcos. El perfil de un escritor singular”, Instituto de Estudios Almerienses.

Molina Romero M.C. (2006) “Agustín Gómez Arcos. La aventura de una escritura franca », Écrire au-delà des limites, 2, 91-104.

Dossier de prensa

“El español Agustín Gómez Arcos finalista”. Feliciano Fidalgo, El País, 21-11-1978.
“El español Gómez Arcos, escritor francés a pesar suyo”, Juan Cruz, El País 13-8-1980.
“El español Gómez Arcos, seleccionado para el Goncourt”, El País, 15-9-1984.
“El último creador en el exilio. Agustín Gómez Arcos dice que la España socialista no le ha abierto las puertas que le cerró el franquismo”. Ángeles García, El País, 30-6-1985.
“Un intelectual alejado del poder”, A.G., El País, 30-9-1985.
”Extranjero en su patria”, E. Haro Tegglen, El País, 21-3-1998.
“Muere en París Agustín Gómez Arcos, autor que combatió la desmemoria del franquismo”,Octavi Martí, El País 21-3-1998.
“El regreso de Agustín Gómez Arcos. Traducido al español el libro de una profesora estadounidense sobre el teatro del escritor de Almería”, M.J. López Díaz, El País, 17-6-2002.
“Agustín Gómez Arcos regresa a Enix”, M.J. López Díaz, El País Andalucía, 6-10-2004.
“El autor favorito de Mitterrand”, Tereixa Constenla, El País 31-3-2010.
“La obra del autor fantasma Gómez Arcos reaparece”, Carles Geli. El País, 16-3-2007.

Publicado en el Nº 277 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2014

domingo, 9 de noviembre de 2014

"COOPERATIVA OBRERA MATARONENSE", DE ANTONIO GAUDÍ


Cooperativa Obrera Mataronense
1873
Antoni Gaudí i Cornet
Estilo arquitectónico Modernista
Mataró (Barcelona)

En sus años de juventud, entre 1873 y 1885, Antoni Gaudí mantuvo una estrecha relación de amistad y profesional con Salvador Pagès i Anglada, industrial textil simpatizante del socialismo utópico, que había fundado la Cooperativa Obrera Mataronense.

La Obrera Mataronense había comenzado su actividad tan pronto como la Revolución de 1868 legalizó a las sociedades obreras. Había empezado a trabajar el 1 de julio de 1869 con 107 socios y 6 telares de segunda mano en un local alquilado de Gràcia. En 1870 había sufrido una grave crisis por la fiebre amarilla y por la huelga de tres meses propugnada por el Primer Congreso Obrero, de orientación anarquista. En 1873 tenía 45 telares y 83 socios, y acababa de adquirir un terreno en Mataró para edificar una fábrica y una colonia obrera de propiedad.

Gaudí colaboró intensamente en la planificación de las instalaciones de la cooperativa, junto con el arquitecto Emili Cabañes y el ingeniero Joan Brunet. Gaudí firmó el plano del conjunto de las construcciones y proyectó personalmente algunas de estas, como dos casitas para obreros (construidas entre 1878 y 1879), un casino recreativo (proyecto de 1878 que nunca se llegó a construir), un pabellón urinario y la nave de blanqueo de las telas.

El pabellón urinario y la nave de blanqueo son las dos únicas edificaciones que han llegado hasta nuestros días. El pabellón urinario es un pequeño pabellón cilíndrico con algunos motivos cerámicos. La sala de blanqueo, construida entre 1882 y 1885, es una gran nave de acabados sencillos que destaca por estar edificada con los tradicionales arcos parabólicos de Gaudí –utilizados aquí por primera vez– realizados con tres capas de tablones de madera a tapajuntas unidos con roblones, que dejan un espacio libre muy amplio, ideal para una industria. Los arcos parabólicos son los más lógicos y mecánicamente equilibrados puesto que la parábola es la forma resultante de un estado de cargas uniformemente repartidas según el ancho del arco. Por tanto, las paredes no tienen función estructural y se realizaron simplemente con tochos de medida catalana colocados a panderete.


sábado, 8 de noviembre de 2014

"LOS SIBERIANOS", DE LEV KULESHOV

Título original: Sibiryaki (Siberians)
Año: 1940
Duración: 81 min.
País: Unión Soviética (URSS)
Director: Lev Kuleshov
Guión: A. Vitenson
Música: Zinovi Feldman
Fotografía: Mikhail Kirillov (B&W)
Reparto: Aleksandra Kharitonova, Anatoli Kuznetsov, Aleksandr Pupko, Mariya Vinogradova, Daniil Sagal, T. Alcheva, Georgi Millyar, Aleksandra Khokhlova, Andrei Fajt, Andrei Gorchilin, Sergei Komarov, Dmitriy Orlov, Mikheil Gelovani
Productora: Soyuzdetfilm


Sinopsis

Cuenta una leyenda que al evadirse Stalin de su exilio en Siberia, por ayudarle en su escapada, regaló su pipa a un partisano. Años después, Sergei y Petr, dos muchachos que tendrán ocasión de visitar a Stalin en el Kremlin como premio a sus buenos rendimientos escolares, se proponen encontrar la pipa para devolvérsela.

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:


viernes, 7 de noviembre de 2014

SE CUMPLEN 97 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA


Oda a la revolución, de Vladímir Mayakovski

A ti
silbada,
burlada,
acribillada,
a ti,
agujereada por enconadas bayonetas,
levanto extasiado,
solemnemente esta oda,
por encima de la marea de insultos.
¡Oh!
¡Oh, bestial!
¡Oh, ingenua!
¡Oh, mezquina!
¡Oh, grandiosa!
¿Qué nombres no te habrán dado?
¿Cómo devendrás aún con el tiempo,
recia arquitectura constructiva,
o simplemente un montón de ruinas?
A ti,
maquinista cubierto de hollín,
a ti,
minero que cavas las moles primigenias de la tierra,
bendito seas,
bendito seas, bienaventurado.
¡Gloria al trabajo humano!
Y mañana,
San Basilio,
catedral de los fieles,
te aclamará con unción,
implorando perdón.
Con tus tenaces cañones,
harás estallar al milenario Kremlin.
"Gloria",
ruegan con voz apagada en vísperas de la muerte
Aúllan las sirenas apenas sofocadas.

Tú envías a los marineros,
a los hundidos cruceros,
para salvar aún a aquellos,
allí, donde maullaba olvidado el único gato.
Y después,
aullaba una multitud ebria,
los bigotes retorcidos, desafiantes.
Tú echas a culatazos a los canosos almirantes,
desde el puente de Helsinki hacia abajo.
Surgen las heridas del pasado,
y yo de nuevo veo como todo se desangra.
¡Ustedes, cómodos pequeño-burgueses!
¡Oh, malditos sean, tres veces!
Y mis poetas,
¡oh, benditos sean mil veces!


Carta a los miembros del CC, de V. I. Lenin

24 de octubre (6 de Noviembre) de 1917

Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte.

Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.

La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc.

¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!

¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al Congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha arrojado de su puesto a Verjovski ya ha urdido una segunda conspiración kornilovista.

¿Quién ha de hacerse cargo del Poder?

Esto, ahora, no tiene importancia: que se haga cargo el Comité Militar Revolucionario “u otra institución” que declare que sólo entregará el Poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos.

Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos, todas las fuerzas sean inmediatamente movilizadas y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo insistentemente: no dejar en modo alguno el Poder en manos de Kerenski y Cía. Hasta el 25; en modo alguno. Es menester que la cosa se decida a todo trance esta tarde o esta noche.

La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo.

Si hoy nos adueñamos del Poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.

La toma del Poder debe ser obra de la insurrección; su meta política se verá después de que hayamos tomado el Poder.

Aguardar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder, sería un puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de decidir estas cuestiones no mediante votación, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de enseñar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos.

Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes, si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Petrogrado, la salida del hambre, la entrega de la tierra a los campesinos.

El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!

Demorar la acción equivaldría a la muerte.

jueves, 6 de noviembre de 2014

EISENHÜTTENSTADT: LA CIUDAD DE LA UTOPÍA LANGUIDECE

Una de las vidrieras de Eisenhüttenstadt. / Patrick Pleul (ap)

LA CIUDAD MODELO DEL PROYECTO DE LA RDA SE HUNDE EN LA DESPOBLACIÓN

Tom Hanks estuvo aquí. Con gorra y gafas de sol, el actor entró a la oficina de turismo de Eisenhüttenstadt, contrató un tour histórico y, unas semanas después describió en la televisión de EE UU su fabuloso recorrido por la ciudad siderometalúrgica, que es lo que significa su nombre. Dos años después, la foto de Hanks sigue en los edificios públicos. Durante mucho tiempo Eisenhüttenstadt esperó que su visita alimentara una ola de turistas que sacase de la depresión a esta pequeña población de Alemania del Este, junto a la frontera polaca. Pero no ha sido así. Aún no.

Tras la destrucción de la II Guerra Mundial, el Este era un erial donde se trabajaba por un mendrugo de pan. En este mundo pobre y gris, la República Democrática de Alemania decidió levantar una ciudad que prometía trabajo y casas con jardín, donde se haría deporte y existiría un teatro pero no la propiedad privada. Los arquitectos construyeron “la primera ciudad socialista de Alemania” alrededor de una nueva planta siderúrgica que quedaba al final de la calle principal, imponente y familiar. Se inauguró en 1953 con el nombre de Stalinstadt, y ocho años después era Eisenhüttenstadt. Sus habitantes fueron jóvenes privilegiados. Había que mimarlos porque representaban la utopía que el comunismo traería a la humanidad.

La reunificación de las dos Alemanias hundió el proyecto. Los primeros planes del cierre de la metalúrgica llegaron en 1990. ArcelorMittal la compró, pero redujo drásticamente la plantilla para que fuera solvente en un mercado abierto. Desde entonces, 20.000 de los 50.000 habitantes de la ciudad la han abandonado.

En una soleada tarde de martes, el señor Casajus retrata una de las estatuas de la ciudad para una exposición de su club de fotografía. De familia española emigrada a Alemania por la Guerra Civil, el jubilado vive en la cercana Frankfurt Oder. “En lo arquitectónico, el centro de esta ciudad es espectacular”, cuenta refiriéndose a la imponente limpieza geométrica de los edificios restaurados respetando el estilo del Realismo socialista. Casajus es físico y trabajó en la siderúrgica local hacia el final de su carrera. “Ahora veo una población envejecida”, cuenta.

Para llevarle la contraria, a su alrededor hace piruetas con una bicicleta Dennis Maisch, de 14 años. “Es un lugar genial para hacer deporte”, opone. La falta de trabajo no le preocupa aún, aunque dice que de mayor le gustaría quedarse en un lugar cerca de la familia, algo difícil en la zona.

Se suma a la escena Ben Kaden para charlar con Casajus de su pasión común por la ciudad. Kaden, profesor universitario residente en Berlín pero nacido hace 38 años en Eisenhüttenstadt, escribió durante años un conocido blog sobre la ciudad, y ahora disfruta mostrándola.

Su primera parada es el Centro de Documentación de la Vida Cotidiana. El museo, lleno de televisores, muebles y fotos de la RDA, ocupa una antigua guardería. Al entrar, unas hermosas vidrieras de Walter Womacka retratando las delicias de una infancia socialista crean una atmósfera de iglesia laica. Entusiasmado, Kaden se arrodilla ante una pared y fotografía el reflejo de los cristales de colores.

Con modales suaves y una mente sónica, Kaden es un espectador crítico del paisaje. Estudió sociología del urbanismo y su ciudad es el mejor laboratorio que pudo soñar. Ante una vitrina de viejos libros reflexiona sobre los métodos de alienación socialista, pero conoce desde dentro el contexto y se permite cierta nostalgia ante juguetes de su infancia. Eisenhüttenstadt fue una utopía más, como Brasilia, la Wolfsburgo nazi o, a escala más pedestre, las 300 colonias que creó Franco en España en torno a un ideal campesino y cristiano.

El profesor disfruta conversando con la gente. Da igual que sean las trabajadoras del museo, que le relatan la experiencia deprimente de ver la ciudad diluirse, o los primeros kurdos instalados allí para vender kebabs, atosigados por el ambiente mortuorio que impregna todo. Pero lo más común es encontrar ancianos por las amplias y luminosas avenidas. Todos tienen un relato similar salpicado de circunstancias personales: llegaron 40 años atrás por la fábrica, y viven y han vivido una buena vida. Sus añoranzas también son comunes: niños en las calles, y escapar a la sensación de naufragio que es envejecer en la ciudad modelo de un modelo que ya no existe.

Saben que han sido afortunados. Por eso en 1989, mientras en Berlín caía el Muro, allí no hubo manifestaciones. “Con el cambio sólo podían perder”, razona Kaden sobre el conformismo de la época. Y recuerda que, pese a él, siguió una etapa de efervescencia: grandes debates intelectuales en los jóvenes de los noventa, anarquistas y punks que ahora es difícil imaginar caminando por este reducto de paz.

Para los jóvenes de hoy la situación es dura, sin matices. Igual que sus mayores representaron la fotografía ideal del socialismo, a ellos les ha tocado ser el reflejo de la mitad del país que la actual Alemania aún sufre para digerir. Apenas hay trabajo. Y aunque el paro nunca suba del 10%, los datos son engañosos debido a la ingente cantidad de jubilados y el galopante despoblamiento. Éste es tal que desde 2002 se ejecuta un plan municipal para derribar los edificios modulares de las afueras y concentrar a la población en los de mejor calidad del centro.

El laboratorio social de Eisenhüttenstadt es infinito. Ahora la ciudad está viviendo tensiones con los refugiados sirios que en el último año han llegado a un centro de acogida cercano. Los medios de comunicación alemanes se han regalado con las historias de patrullas ciudadanas que vigilaban las calles ante el miedo a lo extraño, alimentando un miedo aún más cerval a la extrema derecha alemana, en expansión en las zonas deprimidas.

Es difícil soslayar el desencanto. Incluso para el entusiasta Kaden. Hace un año preparó un proyecto para que artistas de Berlín tuvieran una residencia en la ciudad, pero no salió adelante, asegura que por la falta de entrega del Ayuntamiento. El turismo histórico tampoco parece que se explote. Sylvia Meumann, en la oficina de turismo, asegura que el negocio va bien, pero en la calle no se ve ningún visitante, y en la oficina no hablan ni tienen folletos en una lengua que no sea el alemán. Incluso la supervivencia del Centro de la Vida Cotidiana corre peligro por la falta de financiación.

Kaden continúa caminando por la ciudad, hablando con todos, desgranando anécdotas (“Ahí vivió Tamara Bunke, novia del Che”) e ironizando sobre el mobiliario “que enloquece a los frikis del diseño de Berlín”. Se detiene a tomar fotos para documentar cómo cambia la vida con el tiempo.

Pero llega la noche y Kaden toma el tren de vuelta a su casa. Los ancianos se retiran y los adolescentes salen en fila por la carretera hacia los McDonald's de la periferia. Las calles desiertas de Eisenhüttenstadt se acuestan otra noche esperando la riqueza que prometió una visita de Tom Hanks. Al final de la avenida principal sólo quedan abiertos los ojos rojos de la fábrica.

El fin de un sueño

  • Stalinstadt se fundó en 1953 y en 1961 su nombre cambió por el de Eisenhüttenstadt.
  • Su población inicial era tan joven que el cementerio no se inauguró hasta 1973.
  • La población está a 120 kilómetros de Berlín y en la frontera con Polonia, pero vive de espaldas al país vecino.
  • Desde 1989, los habitantes han caído de 53.048 a los 27.205. La mayoría son jubilados o viven de ayudas sociales.
Fuente: El País

miércoles, 5 de noviembre de 2014

ADIÓS A RAMIRO PINILLA, UN VASCO UNIVERSALISTA Y COMUNISTA

ARTÍCULO DE JOSÉ MANUEL PÉREZ CARRERA PARA CRÓNICA POPULAR 

El pasado día 23 murió a los 91 años en su Vizcaya natal el escritor Ramiro Pinilla, autor de una estimable obra literaria formada por más de veinte libros de narrativa, una docena de biografías divulgativas y una curiosa obra teatral de la que fue coautor.

Escritor silenciado por los mercados y la industria editorial desde los años setenta, conoció un espectacular reconocimiento de lectores y crítica a raíz de la reedición en la editorial Tusquets entre 2004 y 2006 de su trilogía Verdes valles, rojas colinas (parcialmente publicada en 1986 en su editorial Libropueblo de la que después hablaremos), un vasto e impresionante fresco de la sociedad vasca desde los comienzos de su industrialización hasta los años cincuenta del siglo XX y uno de los hitos fundamentales de la narrativa española de lo que va de siglo.

El éxito de esta trilogía se continuó en su siguiente novela, La higuera (libro esencial para quienes nos interesamos en el tema de la memoria histórica, ya que plantea que el reconocimiento de los hechos acaecidos a partir de 1936 y la asunción de las correspondientes responsabilidades constituyen un prerrequisito indispensable para que este país y sus gentes puedan, primero, perdonar; después, olvidar; y, por último, vivir en paz).

Al final de su carrera literaria, Ramiro Pinilla se volcó en un tipo de novela policíaca que no dejaba de indagar en las miserias y dificultades de las vida española de mediados de los años cincuenta del pasado siglo (centrada en su caso en el entorno de la ciudad de Getxo).

La buena acogida de todos estos títulos llevó a la editorial Tusquets a recuperar gran parte de su obra de los años sesenta y setenta, inencontrable ya en el mercado.

LOS COMIENZOS

Pero, ¿quién había sido este escritor, tardíamente reconocido, antes de su encumbramiento final? Poco sabemos (porque apenas él se ha referido a ello) de su vida familiar antes y durante la guerra civil. Sí nos ha dicho que su paraíso, su libertad, era la playa de Arrigunaga donde pasaba tres meses con sus padres y su hermano menor y que ese paraíso se trastocaba en cárcel cuando regresaba el primero de octubre al colegio Santiago Apóstol de Bilbao, aunque en ese colegio conociese a un fraile que le hizo amar la lectura.

Nos ha contado también cómo vivió los bombardeos de las tropas alemanas, italianas y franquistas de su ciudad natal: “Recuerdo el primer bombardeo de Bilbao por los trimotores alemanes. Yo desayunaba una tortilla francesa, que no acabé. Corrimos a la casa sólida del barrio, una de cemento de seis pisos. Nos amontonamos en el primero. Para protegernos mejor de las bombas, una mujer pidió que se bajaran las persianas de las ventanas. Hubo en la ciudad trescientos muertos. Los bombardeos siguieron hasta la entrada de Franco, el 19 de junio de 1937. Yo estaba en Getxo cuando los italianos acamparon frente a nuestro caserío”[1]:

Pero parece que la guerra propiamente dicha no le afectó demasiado; al menos, no tanto como la posguerra de los años cuarenta con su miseria económica, las venganzas, las denuncias y, en general, el clima de miedo y silencio en que se vivía.

Adolescente retraído, en esa posguerra dura “leía para evadirme. Tenía 15 años y con los libros huía de mí mismo y de mi entorno. Escribir fue el paso inmediato”. Pero la lectura y, más, la escritura no estaban bien vistas ni en su entorno familiar ni entre sus amigos, que se burlaban de él. A pesar de esa oposición escribe una serie de novelas policíacas que él mismo repudia, aunque consigue en 1944 ver la publicación de una de ellas, Misterio de la pensión Florrie, firmada con el seudónimo de Romo P. Girca.

Estudia Náutica en Bilbao y durante un par de años trabaja de marino mercante: como maquinista naval recorre los mares del mundo, pero ese no era su mundo: “Aquello no lo había elegido yo, sino las circunstancias, el hambre y la posguerra. Pero yo quería escribir, y vivir, como dicen los marinos, “donde pisa el buey”[2]. Cuando comunica a su familia que renuncia a ese trabajo solo encuentra reproches e incomprensión. Él quiere ser escritor, pero en su entorno esa no es ninguna profesión decente; bueno, ni decente ni indecente, no es ni un oficio ni, mucho menos, una profesión. Consciente de esas dificultades, aumentadas por las obligaciones de un matrimonio y dos hijos, durante el día trabaja en una fábrica de gas, por las tardes en una editorial donde compone los textos para álbumes de cromos infantiles y, en los escasos ratos libres, sigue escribiendo en secreto. No era muy sociable y eso le ayudó con la escritura: “Yo he sido afortunadamente un retraído en tertulias desde niño, en el chiqueteo, todo eso no lo he frecuentado. Soy solitario o me han hecho solitario y por eso escribo. Porque si hubiera sido un gran conversador, me habría agotado en las tertulias como tantos otros. Escribo porque hablo poco”[3].

En 1957 obtiene el Premio Mensajero por su relato El ídolo. Ese mismo año toma una decisión que resultará transcendental en su vida: influido por la lectura de Thoreau decide retirarse a un caserío de Getxo, que él mismo irá construyendo y que llamará Walden, en homenaje al libro del filósofo y naturista americano. Hasta su muerte. Walden será el refugio de ese peculiar lobo estepario: “Surgió mi vena silvestre, aborrecí la civilización de la ciudad, de la sociedad de consumo. Abandoné Bilbao y me vine a Getxo. Vine a aislarme, a aislarme de todo; a aislarme de la gente. En ese momento yo no era nada solidario; trataba de resolver mi problema personal, mi problema vital. Me identificaba con las ideas de Thoreau; la vida en el campo y con poco esfuerzo; aunque yo siempre he tenido que hacer esfuerzos”[4].

RECONOCIMIENTO LITERARIO

En su vieja máquina Underwood, robando el tiempo al sueño y al descanso, va redactando la novela que le dará a conocer en el mundo literario, Las ciegas hormigas, Premio Nadal de 1960. La novela se basa en un suceso real que le contaron de niño: en 1929 un barco inglés embarrancó junto a la costa de La Gadea, en Getxo, y los habitantes de los pueblos vecinos iban por la noche, a escondidas de la guardia civil, a coger el carbón del carguero.

Ese hecho real Ramiro Pinilla lo transforma en una novela testimonial, llena de crudeza, que revela la miseria en la que vivían los campesinos de aquellos años y la entereza para sobreponerse a todas las adversidades: en búsqueda de la subsistencia, sus personajes actúan como “ciegas hormigas” que transportan en filas interminables el fruto de sus afanes (“No es humano; nada de lo que hemos hecho esta noche es humano”, dirá un personaje de la novela). Las ciegas hormigas se lee aún hoy como un grito de rabia, de protesta, pero también, como dice su autor, como “una explosión de libertad, una explosión de la libertad de expresión en un país injusto, intolerante, explotador…”[5].

Esta novela es deudora de la segunda gran influencia americana de Pinilla: William Faulkner cuya literatura conoció en los años cincuenta cuando se abrió en Bilbao la Casa Americana, dotada de una amplia biblioteca de autores norteamericanos. Nunca ocultó esa influencia: incluso llegó a decir que por aquella época, antes de ponerse a escribir, leía al menos una página de Faulkner para empaparse de su escritura y de su mundo: “Faulkner me dio las muletas que necesitaba, me ayudó a descubrir el tono personal imprescindible para contar lo que quiero como quiero”[6]. La técnica “perspectivista” adoptada por el novelista vasco (los hechos vistos a través de personajes distintos) enriquece no solo la vida interior de los distintos personajes sino que ilumina al lector en el descubrimiento de realidades complejas, veladas a un autor objetivo u omnisciente. Finalmente, y aunque entonces no lo pudiéramos saber, la novela nos sumerge en un mundo mítico, que encontrará su más lograda expresión en la trilogía Verdes prados, colinas rojas; y digo esto porque el Ismael del último volumen de la trilogía no es sino el niño de catorce años que en Las ciegas hormigas va a sufrir una transformación esencial en su vida por las circunstancia que la pobreza le hacen vivir esa trágica semana.

Desde otro punto de vista, la lectura de Las ciegas hormigas nos permite hoy ensanchar el panorama de lo que era hasta entonces la vida literaria del País Vasco, dominada por escritores de corte fascista. Eran los años en que, por ejemplo, escribían Julián Ayerra (Helena o el mar, 1952) o Rafael Sánchez Mazas (La vida de Pedrito de Andía, 1951), novelas en las que todo pasaba en un mundo idílico y acomodado, sin ecos de la vida real. Las ciegas hormigas es la réplica o la antítesis de toda esa novela escapista de los triunfadores de la contienda civil. Porque no nos olvidemos de que en el País Vasco, al igual que en Cataluña, muchos (los poderosos de siempre) podían asentir a la frase con la que Esther Tusquets tituló uno de sus libros de memorias: Habíamos ganado la guerra.

A pesar de la notoriedad que entonces otorgaba el Premio Nadal y de que la novela consiguiese, al año siguiente, el Premio de la Crítica, la carrera literaria de Ramiro Pinilla no acababa de despegar: apenas un par de novelas en una década, editadas sin pena ni gloria. En 1971, parecía que la fortuna se acercaba de nuevo al novelista vasco: recibe la invitación para asistir a la entrega de los Premios Planeta ya que el jurado ha declarado ganadora del mismo a su novela Seno. Pinilla, que no se había desplazado a Barcelona con ocasión del Premio Nadal, lo hará en esta ocasión… para enterarse de que, a última hora y por presión de Lara, deseoso de presentar como ganador a un autor “de prestigio” y comercial, el jurado había cambiado de criterio y otorgaba el premio a la novela Condenados a vivir, del entonces exitoso autor de la casa José María Gironella. ¿Cómo comparar al novelista más comercial en España de aquellos años con un personaje con tan poco “glamour” como Ramiro Pinilla, de quien se cuenta (no sé si la anécdota es cierta) que un afamado periodista de la época había dicho al conocer que había ganado el Nadal: “¿Quién cojones es ese Pinilla de Getxo?”

EL PARTIDO COMUNISTA Y LA AVENTURA DE LIBROPUEBLO

La experiencia del mundo literario no había podido resultar peor para Ramiro Pinilla: en Destino lo engañaron haciéndole firmar un contrato en el que renunciaba a sus derechos en las reediciones de Las ciegas hormigas y, además, asignaba a la editorial los derechos exclusivos de la novela por cincuenta años; más aún, la editorial llegó a firmar, a espaldas del interesado, un contrato con una productora alemana para que hiciera una película sobre la novela. (El autor tuvo la primera noticia de todo ello cuando en su casa se presentaros los productores buscando los escenarios naturales para el rodaje). La experiencia de Planeta no fue mejor por lo ya contado (y por otras derivaciones que harían el relato interminable).

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Estamos, pues, a comienzos de los años setenta. El relativo fracaso de su carrera literaria como escritor, la evolución de la sociedad española en general y la vasca en particular, su propia maduración personal, todo ello se conjuga para que la vida de Ramiro Pinilla encuentre un nuevo rumbo. Político, primero: “Entonces, en medio de aquella insolidaridad, resolví mi vida y, cuando lo logré –de forma humilde, por supuesto, ya que mis apetencias materiales son muy reducidas- , me di cuenta de que eso no bastaba. Yo, que creía ser un ser solitario, tomé conciencia de que no lo era del todo. Este pequeño descubrimiento me empujó a incorporarme al mundo. Participé en movimientos como la Asamblea Democrática de Vizcaya y decidí ingresar en el Partido Comunista”[7].

Respecto a la influencia de su militancia comunista en su obra de escritor, Pinilla se expresaba así: “También hay mucha gente que me pregunta sobre la influencia de mi partido en las tareas creativas. Y yo suelo contestar que si hubiera escrito ahora Las ciegas hormigas, es decir, después de mi ingreso en el Partico Comunista, todo el mundo diría que la idea había surgido de la política, porque el libro es mucho más radical y ostensiblemente ateo que otras cosas que he hechos más tarde. Con esto trato de señalar que mi partido no está influyendo en mi trayectoria literaria. Cuando se habla de compromiso, suele entenderse como vinculación de un escritor a un partido, aun cuando la idea del compromiso es mucho más amplia. Este es un problema tangible; pero, en mi caso, no sé si por lucidez o por incapacidad, el partido no intenta imponerme ningún modelo cultural”[8].

Pienso que esta militancia, junto a los ya descritos avatares editoriales, le llevan a otro cambio radical como escritor: decide romper con el mundo editorial convencional y junto con otro escritor, J. J. Rapha Bilbao funda una editorial sin ánimo de lucro, en la que todo funciona de modo artesanal, hasta la propia venta de los productos, Así nació Libropueblo, que respondía a una idea de resonancias casi anarquistas, que el autor tenía muy clara: “el estado natural del escritor es publicar sus propios libros sin ataduras a editores comerciales”[9].

La filosofía de esa empresa se describe en el manifiesto de la editorial, redactado por sus dos creadores, manifiesto del que extraigo algunos fragmentos:

Libropueblo es un intento, de tratar al libro y a la cultura desde un enfoque distinto. Son dos nuestras metas: alcanzar un mayor estrechamiento entre el artista y el pueblo, en bien de la popularización de la cultura; y ofrecer a este pueblo libros no a precio de negocio, sino a precio de costo. Entendemos, pues, que la cultura no debe ser comerciable.

Libropueblo es la respuesta ideal al problema de la socialización del libro. No es más que un intento de denuncia. Sin dinero, sin medios, sin organización, tratamos de demostrar que los libros no tienen por qué ser tan caros. Todos sabemos que si el libro, en imprenta, cuesta cien pesetas, cuando llega al público ya se ha puesto en cuatrocientas. Con el valor de las trescientas pesetas de diferencia no se ha producido nada, pues en nada se ha mejorado el libro. 

Quisiéramos dejar bien claro que no estamos denunciando a editores, distribuidores o libreros, sino denunciando un sistema social de mercado que permite una mercantilización tan abusiva de un producto cultural.

Todo escritor tiene legítimo derecho a cobrar y vivir de sus libros. Pero también, a exigir que estos libros se hallen al alcance del lector, de todos los lectores. Se trata de convertir la cultura en algo familiar. Y no sólo los libros, sino también los que los hacen. Más que profesión, el escribir debe ser comunicación. Y a los precios actuales, el libro deja de ser comunicación.

En Libropueblo cada autor pagaba de su bolsillo la edición de su obra, se la llevaba a casa y después la vendía en la calle, en las fiestas de los pueblos y en las fábricas. En el interior de las contraportadas figuraban las cuentas de Libropueblo, una suma donde no tenían cabida el beneficio del editor, del distribuidor y del propio escritor.

El primero de los dos textos que ofrezco a continuación es uno publicitario que explicaba la filosofía de la incipiente editorial. El segundo, una justificación económica aparecida al final de una novela de Ramiro Pinilla aparecida en 1978:

Libropueblo. Las cuentas claras en cada ejemplar

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Aunque Libropueblo se distribuía principalmente en Vizcaya, recuerdo una visita que hicieron en a Madrid en mayo de 1979 donde a lo largo de una semana por calles y plazas (empezando por El Rastro y con una pausa en la librería Ámbito) explicaron el proyecto y vendieron sus libros.

Libropueblo editó unos quince libros entre 1978 y 1986 con una tirada media de tres mil ejemplares, de los cuales algunos conocieron una doble edición. Algunos libros llevaban el texto bilingüe, en castellano y en euskera. Uno de los últimos libros publicados fue el primer volumen de la trilogía Verdes valles, rojas colinas. El final de esa aventura lo han contado así sus dos protagonistas:
“Fue un momento muy bonito y lo pasamos muy bien, pero no tenía futuro”. (Ramiro Pinilla)
“Ramiro Pinilla y yo nos íbamos con dos cañas de pescar y con una pancarta que decía: “Socialicemos el libro. El libro no es un negocio”. Entonces ya éramos muy conocidos. Pinilla era Premio Nadal. Pero era demasiado trabajo, no compensaba. El fracaso de Libropueblo fue que no se sumaron más escritores”. (Rapha Bilbao)[10]

LA ESCRITURA CONTINÚA

Entre 1971 (año en el que su novela Seno quedó finalista del Premio Planeta) y 2004 (cuando Tusquets comenzó la reedición de Verdes valles, colinas rojas) Ramiro Pinilla publicó ocho novelas, tres libros de relatos y una docena de biografías divulgativas para la editorial Asuri, de Bilbao, que luego después se reeditaron en otras editoriales. Fueron éstas obras de encargo, que el autor aceptó para seguir sobreviviendo como escritor. El enunciado de los personajes biografiados nos revela claramente ese carácter de libro pane lucrando: Carlomagno, Isabel de Inglaterra, César Borgia, Goya, Pasteur, Madame Curie, Lawrence de Arabia, Churchill, Einstein y el Che Guevara fueron los protagonistas de estas biografías.

De sus novelas de esta época, la que me parece más interesante por diversos conceptos es la que se publicó en 1977 bajo el título de Antonio B, el rojo, ciudadano de tercera, escrita en 1972 y que pasó cinco años en espera de la autorización de la censura. (Cuando en el año 2007 Tusquets reeditó la novela apareció con el título original censurado: Antonio B, el Ruso, ciudadano de tercera).
Un día, un amigo de Pinilla le cuenta que ha conocido a un individuo que ha llevado una vida muy azarosa y que anda buscando a alguien que se la escriba. Se llamaba Antonio Bayo y durante más de un mes estuvo yendo a Walden a contar su historia al novelista.

El personaje real y el personaje de la novela nacieron en un pueblo miserable de León y desde pequeño vivieron al margen de la ley por culpa del hambre (una anécdota que el novelista rescata es la del día en que fue a comulgar hasta siete veces pues la hostia había sido lo único que ese día comería). Antonio fue un rebelde desde pequeño y conoció el hambre, el abandono de la familia, las palizas en los cuarteles de la guardia civil, las cárceles (en algunas de las cuales Antonio llevará una vida “estable”, con amigos y comida asegurada) y hasta el manicomio. Pinilla escribió esa crónica de una forma objetiva, como un amanuense que va transcribiendo lo que el personaje le va contando de su vida: “Yo no invento nada. Me retiro y le dejo al otro que lo cuente. Es el lenguaje invisible. Es la ausencia premeditada del escritor. El libro se explica por sí mismo y el autor desaparece”[11]. Al dar voz al personaje, Pinilla extrema la sencillez compositiva y del lenguaje, a través de una narración lineal que va siguiendo al personaje desde su nacimiento hasta el momento de la narración.

Esta técnica narrativa seminal recuerda no poco la de García Márquez en su Relato de un náufrago. La diferencia es que Antonio no es un náufrago de diez días, sino de toda una vida. Y si a García Márquez lo movió a escribir aquella historia por lo que tenía de insólita, a Pinilla lo empujó el carácter testimonial y de denuncia que conllevaba la historia de Antonio. Pinilla dijo que escribió la novela como protesta contra la eterna España miserable: “La razón fue la denuncia social. Por si alguien, algún español, no sabía cómo era esa España. Esa España de siempre, de siglos pasados y de este siglo, con la que algunos se llenan la boca ahora; con un pueblo humillado, aplastado por las instituciones, la Iglesia, la policía, los jueces, el militarismo. Eso es lo que yo quería reflejar”[12].
Santos Sanz Villanueva termina así la crítica a la reedición de la novela: “Con la historia del Ruso, Pinilla pinta un estremecedor fresco de la injusticia que debe leerse aunque uno salga de esta crónica del espanto que causa nuestra especie con el corazón en un puño”[13].

Como colofón maldito a su vida, años después de publicarse la novela Antonio Bayo moriría violentamente en Galicia a los 45 años en una riña familiar, traspasado por un tridente de recoger la hierba.

EL ATENTADO A LA REVISTA DE GALEA 

Paralelamente a su labor de creación y, tras el final de la aventura de Libropueblo, Ramiro Pinilla alienta en Getxo una tertulia y un taller literarios en los que participarán jóvenes que luego descollarán en la literatura como Willy Uribe o Unain Elorriaga. Además, es el mentor de una publicación periódica cultural de ámbito local, La Revista de Galea. En el crispado ambiente político de Euzkadi de aquellos años, la postura antinacionalista de Pinilla (“yo pretendo ser vasco de varias piezas: ser vasco y, al mismo tiempo, de pensamiento universal” afirmó en más de una ocasión) le granjeó la hostilidad del PNV y del mundo abertzale. Por ejemplo, Pinilla cuenta cómo el mundo nacionalista reaccionó indignado cuando publicó en versión bilingüe el libro de relatos Andanzas de Txiki Baskardo (1979): “Este libro, que es bastante desmitificador y que algunos tendrán por irreverente, intenta contar el mundo vasco desde otros puntos de vista. Durante mucho tiempo, mucha gente se ha dedicado a imponerme su visión del mundo. Ahora creo que tengo derecho a dar mi propia visión. Y si hasta ahora nadie se había escandalizado porque hubiera gente encargada de explicar la religión, la política y muchas otras cosas, creo que ahora nadie se deba escandalizar porque hablando de Euzkadi diga, por ejemplo, que Jesucristo fue maketo”[14].

Hoy comprendemos muy bien las dificultades entre las que tuvo que moverse alguien que se sentía naturalmente vasco a la vez que universalista y que, además, se proclamaba comunista-

A esto se añadió la polémica de si sólo deberían considerarse escritores vascos quienes lo hicieran en euskera (¡qué viejo, cansino y estéril nos sigue sonando esto ahora por más de que en algunos sitios sigan con la misma estrechez de miras e idéntico pueblerinismo!). La postura de Ramiro Pinilla en esta cuestión no pudo ser más lúcida (y machadiana): “En el fondo nunca me ha preocupado esa polémica. Si algunos dicen que por escribir en castellano no soy escritor vasco…, pues bueno; no estoy dispuesto a pelearme por ello. Y los que dicen que soy escritor vasco aunque escriba en castellano, pues muy bien. Yo me siento escritor vasco de una manera normal, sin estridencias, porque estoy aquí, porque hablo del mundo vasco y porque yo bien me sé quién soy. Si viviera entre esquimales, trataría de contar lo mismo que cuento en Euskadi, porque creo que las diferencias entre los pueblos son accidentales, epidérmicas. El hombre vasco, antes que vasco, es hombre”[15].

Hoy comprendemos muy bien las dificultades entre las que tuvo que moverse alguien que se sentía naturalmente vasco a la vez que universalista y que, además, se proclamaba comunista. Por eso, no sé hasta qué punto le sorprendería lo que pasó en octubre del año 2000 cuando ETA voló la sede de la revista Galea, de la que él era responsable y amenazó por carta a cuantos trabajaban en ese empeño cultural. Quizás le sorprendiera menos la hipócrita reacción del Ayuntamiento de Getxo, en manos del PNV, que se limitó a una condena genérica del atentado, según refería El País de 17 de octubre: La alcaldía de Getxo hizo ayer público un comunicado de condena ante el ataque contra el local de la revista Galea, cometido el sábado pasado. La nota califica los hechos como “un claro atentado a la libertad de expresión de una minoría que no tiene más argumento que el de la imposición violenta de sus pareceres”. El Ayuntamiento de la localidad vizcaína exigió en la nota el “respeto de la voluntad democrática y de convivencia reiteradamente expresada por todos los getxotarras”.

VERDES VALLES, COLINAS ROJAS

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Pinilla llevaba muchos años dándole vueltas a un proyecto literario que abordase el mundo vasco en toda su complejidad, tanto histórica, como social y política. Aunque, con la excepción ya señalada de Antonio B, el Ruso, todas sus historias habían estado centradas en Euskadi (y casi se podría decir que en Getxo y sus alrededores), creía que debería confrontar de forma global los mitos milenarios de la cultura y de la tradición vascas con los hechos históricos reales. Pensaba Pinilla que en el País Vasco había dominado, al menos desde el siglo XIX, un “relato” oficial excluyente, poblado de caseríos, de procesiones y de romerías, habitado en exclusiva por poseedores de rancios apellidos vascos, que vivían en un país idílico y armonioso; y que ese relato había silenciado el mundo de la explotación obrera por parte del mundo nacionalista y capitalista. En todo momento tenía muy presente el desfile que en las madrugadas de su infancia había visto de los trabajadores, “maketos” o “coreanos” en su mayoría, con sus cestas de comida, esperando a la puerta de las fábricas y las minas. Y en ese desprecio común al de fuera (bueno, a los humildes y desheredados de fuera, que a los ricos con apellidos ingleses bien que los recibían) extrañamente confluían los clericales nacionalistas de derechas y los llamados a sí mismos revolucionarios abertzales. Por eso quiso denunciar el influjo de la religión patriarcal, el conservadurismo esencial de las clases pudientes agrarias y su rechazo a la modernización económica que suponía la industrialización con la consiguiente llegada de los de fuera, los eternos marginados contaminadores de la pureza del pueblo vasco. “Me he metido –decía ya en 1980- en una novela sobre el mundo vasco y, en particular, sobre la comunidad nacionalista, desde dentro y humanizándola, justificando sus actitudes y enfrentándola a una nueva sociedad que viene, sobre todo, de mano de la juventud. Hay en la comunidad nacionalista una añoranza del tiempo pasado, de la utopía vasca, que yo abordo con gran respeto. Ahí sitúo a mis personajes, en los que llevo pensando desde hace unos veinte años”[16].

La trilogía se remonta, ya lo señalábamos al principio de este artículo, al último tercio del siglo XIX y se detiene en los primeros años de la década de los cincuenta. La guerra civil, tal como se vivió en aquellas tierras, ocupa gran parte del tomo segundo.

Ese vasto empeño tiene su primera expresión literaria en 1986 cuando publica en Libropueblo la primera parte de lo que será su obra magna. Los acontecimientos que ya hemos relatado (especialmente la bomba de ETA a la revista Galea), la necesidad de abrirse a un público más extenso que el de su entorno, la creencia de que quizás lo sucedido en los años sesenta con las grandes editoriales no volvería a repetirse, el consejo de sus amigos, todo ello hace que Pinilla intente salir de su círculo y ofrecer su obra a un editor nacional. Su primer intento cerca de la editorial Espasa se salda con la devolución del manuscrito, sin indicio alguno de que siquiera hubiese sido leído. Finalmente, por mediación de su amigo Fernando Aramburu, autor de la editorial Tusquets, consigue que esta editorial asuma la publicación de los miles de páginas de su obra, repartiéndola en tres tomos que irían apareciendo entre 2004 y 2005.

A diferencia de lo que había ocurrido hasta entonces con la obra de Ramiro Pinilla, la trilogía obtiene el respaldo unánime de los lectores (que la leen), de la crítica (que la premia) y de las instituciones (que la consagran). El primer tomo gana el Premio Euskadi de Literatura en castellano. El tercero, el Premio Nacional de Narrativa y el de la Crítica. Posteriormente, en 2012 el autor recibirá el Premio Lan Onari (el más importante del País Vasco) a su trayectoria literaria; y al año siguiente repetirá el Premio Euskadi de Literatura castellana por su novela Aquella edad inolvidable. Ese mismo lo premia también el Gremio de Libreros Vascos por su trayectoria como escritor. Bien se puede decir que estos premios (más el reconocimiento de los lectores) han supuesto en el caso de Ramiro Pinilla todavía en vida una justicia poética que casi siempre llega (cuando lo hace) a título póstumo.

ÚLTIMA ETAPA

El éxito de la trilogía no pareció afectar la trayectoria del escritor en cuanto a su exigencia y compromiso, aunque hubiera cambiado su situación en la sociedad literaria.

En 2006 aparece su nueva novela La higuera, que parece un episodio desgarrado de la trilogía que adquiere entidad por sí mismo. El tema fundamental es el de la culpa y la expiación por un asesinato cometido por los falangistas contra el maestro y su hijo al entrar las tropas rebeldes en el pueblo. Ya me he referido a la importancia de este relato, uno de los que deben figurar en una hipotética selección de sus Obras Escogidas.

En 2009 se publica el primer volumen de una serie detectivesca de la que se publicarán dos muestras más, en 2013 y 2014. Los títulos de la trilogía son Sólo un muerto más, El cementerio vacío y Cadáveres en la playa.

Las tres novelas tienen como protagonista a un librero, Sancho Bordaberri, frustrado escritor de novelas policíacas que se convierte en investigador privado (bajo el hammettiano seudónimo de Samuel Esparta) para resarcirse de su fracaso como novelista. La crítica y el propio autor han señalado que con estas obras retoma su también frustrada vocación juvenil de escritor de novelas policiacas. No he leído, en cambio, que nadie las haya relacionado con otra novela suya de 1969, En el tiempo de los tallos verdes, no reeditada después, y en la que hay también un crimen en los años cincuenta en una pueblecito vasco que será investigado por un adolescente recluido en una silla de ruedas.

Sólo un muerto más retoma el hilo de un crimen no resuelto en una de las entregas de Verdes valles…, diez años atrás, justo antes de la guerra civil. Ello le da ocasión para volver a la España de los años cuarenta: “No es una novela tan extensamente dedicada a la represión, pero uno de los protagonistas es un falangista que funciona, se mueve, que sabemos lo que hace. En lo sucesivo-añade- siempre que escriba sobre esa época franquista procuraré aportar puntuales anotaciones, o recordatorios. Nunca lo soslayaré”[17]. El trasfondo político de la historia no entorpece el desarrollo ágil y progresivo de la historia que se va desvelando equilibradamente entre notas de humor, intriga y crítica política.
No he leído las dos últimas novelas de la serie. De hecho, creo que la tercera aún no está en las librerías. Precisamente su presentación oficial estaba prevista para el día 23 de octubre, el día de su fallecimiento. De ahí que, para ir concluyendo este homenaje a Ramiro Pinilla, lo haga con sus palabras, referidas a la segunda novela de la serie:

“En esta nueva novela trato del maketismo (los de fuera) en Euskadi, en donde un emigrante es acusado de un crimen y encarcelado. Esta vez le def1ienden dos chavales vascos, amigos suyos, que contratan a Samuel y le piden ayuda. Tengo la obsesión por haber vivido esa época, y por el desconocimiento que se tiene hoy de todo ello (…) Siguieron [a la guerra] siete años de genocidio sistemático. Eso lo tengo que contar en algún lado. Doscientos mil muertos, todos con la sentencia firmada por Franco a la hora del café. Eso no se sabe hoy, y por ello cuando vea al juez Garzón le daré un abrazo. ¡Joder! Es que este hombre está empeñado en sacar a la luz aquel genocidio, y no puede. Pero saldrá y se sabrá, porque hay que denunciarlo, recordarlo y hacer justicia con las víctimas”[18].

Ya tenía en marcha una nueva novela. Se titularía Los inmaduros y no pertenecía al ciclo de Samuel Esparta. No parece que la tuviera muy avanzada, aunque afirmaba haber dado ya con el desenlace.
Para acabar, releo lo que se ha escrito estos días sobre Ramiro Pinilla. Recojo algunas frases suyas: La vida es hermosa en sí misma. No es verdad que la muerte dé sentido a la vida. La muerte no me da miedo, la muerte me da solo pena. Porque sé lo que no voy a encontrar en el otro lado: no habrá nada.

Esto será así para ti, querido y admirado Ramiro Pinilla; a nosotros nos quedará el placer de seguir leyéndote y así mantenerte vivo frente a esa playa de Arrigunaga y esa costa Galea de tu infancia y de tu literatura.
  1. Entrevista con Francisco Javier Irazoqui, El Cultural, 13/5/2011
  2. Entrevista con Nuria Azancot, El Cultural, 8/1/2010
  3. Entrevista con Marta Caballero, El Cultural, 14 /3/2013
  4. Entrevista con Peru Errteta y Carlos Elordi, La Calle, nº 131 (23/9/1980), p.48
  5. Vid. Nota 2
  6. Ibd.
  7. Vid. nota 4
  8. Ibd.
  9. Ibd.
  10. La mayoría de los datos y textos sobre Libropueblo están tomados de http://willyuribe.wordpress.com/2011/02/01/ediciones-libropueblo-la-cultura-no-debe-ser-comerciable/
  11. Entrevista con Ander Landaburu, El País, 20/10/2007.
  12. Ibd.
  13. Mercurio, febrero, 2008, p. 31
  14. Nota 415 Ibd.
  15. Ibd.
  16. Ibd.
  17. Entrevista con Ander Landaburu, El País, 31/1/2009
  18. Ibd.

José Manuel Pérez Carrera

Profesor (jubilado) de Enseñanzas Medias y crítico literario
Fuente: Crónica Popular