jueves, 30 de octubre de 2014

"EL PESO DE LOS CAÍDOS", DEL ESCRITOR SOVIÉTICO ANDRÉI PLATÓNOV


Andréi Platónov, en cirílico ruso: Андре́й Плато́нов, seudónimo de Andréi Platónovich Kliméntov (Vorónezh, 1 de septiembre de 1899 - 5 de enero de 1951) fue un escritor soviético, uno de los primeros que emergieron después de la Revolución rusa de 1917. A pesar de ser comunista, sus obras fueron prohibidas por su posición escéptica respecto a la colectivización.

EL PESO DE LOS CAÍDOS

Una madre regresó a su casa. Había estado fuera, refugiada de los alemanes, pero no pudo acostumbrarse a vivir en otro lugar que no fuera su pueblo natal, por lo que regresó a casa.
Dos veces debió atravesar por tierra de nadie, cerca de las fortificaciones alemanas, porque el frente por allí era desigual y ella había tomado el camino recto, el más rápido. No le temía a nadie, no se cuidaba de nadie, y los enemigos no le hicieron daño. Avanzaba triste por los campos, despeinada y con la cara desencajada, como de ciega. Le daba igual lo que había en ese momento en el mundo y lo que estaba sucediendo en él, y nada en el universo podía ni alegrarla ni entristecerla, porque su desgracia era eterna y su tristeza inabarcable: ella, una madre, había perdido a todos sus hijos. Ahora se sentía tan débil e indiferente, que avanzaba como una brizna de paja llevada por el viento y en todo encontraba la misma indiferencia hacia ella. Al sentir que nadie la necesitaba y que, por lo mismo, tampoco ella necesitaba a nadie, sintió aún mayor pesar. A veces esto basta para que una persona muera, pero ella no murió: necesitaba ver la casa en la que había vivido toda su vida y el lugar en el que habían muerto sus hijos en combate o ejecutados.

En el camino se cruzó varias veces con los alemanes, pero éstos no tocaron a la mujer; les extrañó ver a una vieja tan desgraciada, les horrorizó la mucha humanidad que descubrieron en su cara y la dejaron irse para que muriera por su cuenta. A veces, en las caras de las personas se refleja una opaca luz de extrañeza que es capaz de asustar a los animales y a las personas malintencionadas. Nadie tiene fuerza suficiente para acabar con estas personas y a nadie le resulta posible acercarse a ellas. El animal y la persona prefieren pelear con sus semejantes y dejar ir a quienes no se les parecen, porque temen ser vencidos por una fuerza desconocida.

Después de atravesar toda la guerra, la vieja madre alcanzó por fin su casa, pero encontró su pueblo natal vacío. Su casa pequeña y pobre, revocada con barro pintado de amarillo, con su chimenea de ladrillo que parecía la cabeza de una persona meditabunda, hacía mucho que había sido quemada por el fuego alemán, que sólo dejó cenizas tras de sí. Sólo la hierba, como la que crece sobre las tumbas, nacía entre aquellas cenizas. También había desaparecido todo el vecindario, toda la vieja ciudad. Una luz blanca y triste lo iluminaba todo, y era posible ver en la lejanía a través de la tierra silenciosa. Pasaría muy poco tiempo y la hierba cubriría del todo este lugar antes habitado, los vientos soplarían libres, los torrentes de lluvia lo igualarían y ya no quedaría huella humana ni nadie para asimilar y heredar como un conocimiento útil todo el sufrimiento de la vida terrestre. Este último pensamiento hizo suspirar a la mujer, y también el dolor que sentía su corazón por tanta vida perdida y sin memoria. Pero su corazón era bondadoso y quería vivir para amar a los muertos, para terminar los planes que la muerte había interrumpido.

Se sentó en medio de aquellas cenizas frías y apoyó las manos en el polvo en que se había convertido su casa. Sabía cuál era su destino, sabía que había llegado su hora, pero se resistía, porque si ella moría, ¿qué pasaría con el recuerdo de sus niños?, ¿quién los conservaría en su amor si también su corazón dejaba de respirar?

La madre no sabía la respuesta a esta pregunta y meditaba sola. Se le acercó su vecina, Yevdokía Petrovna, una mujer joven y de buen ver, antes gorda, pero ahora débil, silenciosa e indiferente. Una bomba había matado a sus dos hijos pequeños cuando regresaba con ellos de la ciudad. Su esposo había desaparecido en unos trabajos de excavación, y ella había vuelto para enterrar a sus hijos y terminar de vivir el tiempo que le quedaba en aquel lugar muerto.

-Buenas, María Vasílievna -dijo Yevdokía Petrovna.

-¿Eres tú, Dunia? -le preguntó María Vasílievna-. Siéntate, hablemos. Inspeccióname la cabeza, porque hace mucho que no me baño.

Dunia accedió con docilidad y se sentó a su lado; María Vasílievna recostó la cabeza en sus rodillas y la vecina empezó a inspeccionársela. Las dos se sintieron mejor dedicándose a esta tarea. Mientras una trabajaba afanosamente, la otra se arrebujó contra su cuerpo y se quedó dormida con la tranquilidad que le infundía la cercanía de una persona conocida.

-¿Los tuyos murieron todos? -preguntó María Vasílievna.

-¡Sí, todos, claro! -le contestó Dunia-. ¿Y los tuyos?

-Todos, no queda nadie -dijo María Vasílievna.

-Entonces estamos a la par: ni tú ni yo tenemos a nadie -comentó Dunia satisfecha de que su desgracia no fuera única en el mundo, de que a los demás les hubiera tocado la misma desdicha.

-Mi desgracia es mayor que la tuya: antes también era viuda -dijo María Vasílievna-. Y mis dos hijos han caído cerca del pueblo. Se alistaron en el batallón de trabajadores cuando los alemanes salieron de Petropávlovsk a la carretera de Mitrofánievsk... Mi hija me llevó bien lejos de aquí porque me quería mucho, era mi hija. Después se alejó de mí, empezó a amar a todo el mundo, compadeció a un hombre -mi hija era una muchacha bondadosa-, se inclinó sobre él, que estaba débil y herido, y entonces la mataron, desde arriba, desde un avión... ¿Y yo qué? No tengo nada y regresé. ¿Qué tengo ahora? Me da igual. Tengo la sensación de estar muerta...

-Bueno, ya nada se puede hacer. Sigue viviendo como una muerta; yo también vivo así -dijo Dunia-. Todos los míos descansan y los tuyos también descansan... Sé dónde están los tuyos, sé adonde los arrastraron a todos para enterrarlos, yo estaba aquí y lo vi con mis propios ojos. Primero contaron a todos los muertos, levantaron un acra, pusieron a un lado a los suyos, y a nuestros muertos los llevaron más allá. Luego desnudaron a todos los nuestros y apuntaron en el acta cuánta ropa se podía aprovechar. Se alargaron en este tipo de asuntos y luego empezaron a empujarlos y a lanzarlos a la tumba.

-¿Y quién la cavó? -se preocupó María Vasílievna-. ¿Cavaron profundo? Una tumba profunda sería más caliente porque estaban desnudos, sentirán frío.

-¡No, nada de profunda! -le informó Dunia-. ¡Una fosa de proyectil fue su tumba! Los amontonaron hasta llenarla, pero no había sitio para todos los muertos, así que pasaron por encima con un tanque de guerra, los muertos se aplastaron, se hizo más espacio y echaron allí a los muertos restantes. No tenían ganas de cavar, ahorraban sus fuerzas; echaron un poco de tierra por encima. Allí descansan los muertos en el frío; sólo los muertos pueden aguantar el sufrimiento de estar eternamente desnudos en el frío...

-¿Y a los míos también los destrozaron con el tanque o los colocaron arriba, sin aplastarlos? -preguntó María Vasílievna.

-¿A los tuyos? -contestó Dunia-. La verdad es que no lo pude ver... Allí, detrás del pueblo, cerca de la carretera descansan todos; si vas, los verás. Yo hice una cruz con ramas y la puse allí, pero fue por gusto; una cruz se cae aunque sea de hierro, y la gente olvidará a los muertos...

María Vasílievna se incorporó, hizo que Dunia bajara la cabeza y empezó a inspeccionarle el pelo. Se sintió mejor trabajando; el trabajo manual cura los espíritus tristes y enfermos.

Después, cuando cayó la tarde, María Vasílievna se levantó. Era una mujer vieja y estaba cansada. Se despidió de Dunia y salió a la noche, donde descansaban sus niños. Dos de sus hijos en una tumba cercana, y un poco más allá su hija.

María Vasílievna fue hasta el poblado cercano. Antes vivían allí, en casitas de madera, horticultores y campesinos que se alimentaban de las parcelas que había junto a sus casas y que gracias a esto subsistían desde tiempos remotos. Ahora nada quedaba en este lugar; el fuego había fundido la capa superior de tierra y la gente había muerto o vagabundeaba por los alrededores, o los habían cogido como rehenes y enviado al trabajo y a la muerte.

La carretera de Mitrofánievsk salía del pueblo a la llanura. En tiempos pasados, al borde de la carretera crecían poderosos árboles; ahora la guerra los había roído, reduciéndolos a tocones, y la solitaria carretera tenía un aspecto triste, como si el fin del mundo no quedara lejos de allí...

María Vasílievna llegó a la tumba con la cruz hecha de dos ramas débiles y temblorosas y se sentó a sus pies. Ahí abajo descansaban sus niños desnudos asesinados, profanados y enterrados por manos ajenas.

Llegó el crepúsculo y se convirtió en noche. En el cielo se encendieron las estrellas otoñales. Parecía que después de desahogarse llorando en lo alto habían abierto sus ojos bondadosos y sorprendidos, y miraban inmóviles la tierra oscura en la que había tanto sufrimiento y cuyo poder hipnótico les impedía apartar la vista de ella.

«Si estuvieran vivos -susurró la madre dirigiéndose a sus hijos muertos-, si estuvieran vivos, ¿cuánto trabajo podrían haber hecho?, ¿cuántos destinos podrían haber conocido? Pero ahora que están muertos... ¿Y dónde se ha quedado la vida que no vivieron? ¿Quién la vivirá por ustedes...? ¿Qué edad tenía Matvéi? Casi veintitrés... Vasili cumpliría veintiocho. La niña tenía dieciocho, cumpliría los diecinueve este año, ayer fue su cumpleaños... Tanto corazón gasté en ustedes, tanta sangre perdí, pero al parecer no fue bastante, porque murieron, no pude conservarles la vida, no los rescaté de la muerte, mi solo corazón y mi sangre fueron poco. ¿Y quiénes eran ellos? Eran mis hijos, aunque no pidieron venir al mundo. Los parí sin pensar, los parí y pensé: "Que vivan solos". Pero al parecer aún no se puede vivir en la tierra, todavía nada está listo aquí para los niños. ¡Se han esforzado por arreglarlo todo, para dejarlo a punto, pero no han podido! Aquí no pueden vivir, pero tampoco tenían otro lugar donde vivir. ¿Y qué podíamos hacer nosotras, las madres? Paríamos hijos, ¿qué otra cosa podíamos hacer? Sola no tiene sentido vivir...»

Tocó la tierra de la tumba y se acostó boca abajo sobre ella. Dentro de la tierra remaba el silencio, nada se oía.

«Duermen -susurró la madre-, nadie se mueve. Les fue difícil morir y la muerte los dejó sin fuerzas. ¡Que duerman! Los esperare... No puedo vivir sin mis hijos, no quiero vivir sin muertos...»

María Vasílievna alzó el rostro de la tierra porque le pareció oír que la llamaba su hija Natasha, que la llamaba sin pronunciar palabras, murmurando algo como en un suspiro. La madre miró a su alrededor tratando de ver de dónde provenía su dulce voz, si del campo silencioso, de las profundidades de la tierra o de lo alto del cielo, de aquella estrella clara. ¿Dónde estaba ahora su hija muerta? ¿O ya no estaba en ninguna parte y a la madre sólo le parecía oír su voz que sonaba como un recuerdo en su propio corazón?

María Vasílievna volvió a prestar oído, y otra vez, viniendo del silencio del universo, le pareció oír la voz sedante de su hija, una voz que, de tan lejana, sonaba a silencio, pero que le hablaba pura y claramente sobre la esperanza y la alegría, sobre que se cumpliría todo lo no cumplido, que los muertos regresarían a vivir en la tierra y que los que habían sido separados se abrazarían y no se separarían nunca más.

A la madre le pareció que la voz de su hija era alegre y comprendió que aquello significaba que confiaba en que volvería a vivir, que necesitaba la ayuda de los vivos y no quería seguir estando muerta.

«Hija, ¿cómo podría ayudarte? Yo también estoy casi muerta -dijo María Vasílievna. Hablaba tranquila y con claridad, como si estuviera en la calma de su hogar y conversara con sus hijos como antes, en su anterior vida feliz-. Yo sola no podré levantarte. Si el pueblo entero te hubiera amado y hubiera eliminado toda la injusticia sobre la faz de la tierra, entonces él podría regresarte a la vida, y también a todos los que murieron injustamente, porque la muerte es precisamente la mayor injusticia. Pero sin su ayuda, ¿cómo podría ayudarte? ¡Moriré de pena y sólo entonces podré estar contigo!»

La madre le habló largo tiempo con palabras de consuelo, razonando como si Natasha y los otros hijos la escucharan con atención. Después le entró sueño y se quedó dormida sobre la tumba.

El cielo iluminado de la guerra apareció a lo lejos y la alcanzó el sordo retumbar de los cañones. Había comenzado una batalla. María Vasílievna despertó y vio el fuego en el cielo, escuchó la respiración agitada de los cañones. «Son los nuestros que vienen -pensó-, ¡Que lleguen pronto, que haya un poder soviético, el poder que ama al pueblo, que ama el trabajo, que enseña a la gente; es un poder inquieto; quizá, dentro de un siglo, aprenda a revivir a los muertos. Entonces suspirará y se alegrará mi huérfano corazón de madre.»

María Vasílievna confiaba y entendía que todo sucedería tal y como ella imaginaba. Había visto aeroplanos volando, algo que también era difícil de inventar y de hacer. Del mismo modo, todos los muertos podrían ser devueltos desde la profundidad de la tierra a vivir otra vez bajo la luz solar. Sucedería si la inteligencia humana tenía en cuenta las necesidades de la madre que da a luz y entierra a sus hijos y le duele su pérdida.

Se volvió a acostar sobre la tierra blanda de la tumba para estar más cerca de sus hijos. Su silencio significaba un repudio al mundo malhechor que les había dado muerte y la pena de la madre que recordaba el olor de sus cuerpos infantiles y el color de sus ojos vivos.

Hacia el mediodía, los tanques rusos salieron a la carretera de Mitrofánievsk y se detuvieron junto al pueblo para pasar revista y repostar combustible; habían dejado de hacer fuego porque la guarnición alemana de la ciudad se había retirado a tiempo para reagruparse con su ejército y así librarse del combate.

Un soldado rojo bajó de su tanque para caminar por la tierra, sobre la cual brillaba ahora un sol pacífico. El soldado ya no era joven y le gustaba ver cómo vive la hierba y comprobar si todavía existían las mariposas y los insectos que conocía de antes.

A los pies de una cruz hecha de ramas, el soldado vio a una vieja acurrucada sobre la tierra. Se agachó y trató de escuchar su respiración. Después giró el cuerpo de la mujer y pegó el oído a su pecho para cerciorarse de que no latía. «Su corazón se ha ido -entendió el soldado, y cubrió en silencio el rostro de la muerta con un lienzo limpio que llevaba consigo como peal de repuesto-. Ya no tenía con qué vivir; su cuerpo estaba tan comido por el hambre y por la desdicha que hasta los huesos se le ven bajo la piel.»

«Duerme por ahora -habló en voz alta el soldado despidiéndose-. No importa de quién fueras madre, pero sin ti también me he quedado huérfano.»

Permaneció parado un poco más junto a ella, despidiéndose angustiosamente de la madre ajena.

«Todo está oscuro para ti ahora y te has ido. ¿Qué remedio? No hay tiempo de afligirnos por ti. Primero debemos batir al enemigo. Luego el mundo entero deberá entrar en razón. No puede ser de otro modo, porque entonces todo sería en vano.»

El soldado regresó al tanque y se sintió triste sin los muertos. Pero sintió que ahora le era más necesario vivir. No sólo había que borrar al enemigo de la vida de la gente, sino que después de la victoria habría que aprender a vivir aquella vida superior que los muertos le habían legado silenciosamente. Entonces, en señal de respeto a su eterna memoria, debían cumplirse sus esperanzas, para que se hiciera su voluntad y no engañar sus corazones yertos. Sólo en los vivos pueden confiar los muertos, y éstos tienen que vivir de modo que el destino libre y feliz del pueblo justifique sus muertes y, de esta manera, den a su caída su justo peso.

Fuente: Mil cuentos rusos

miércoles, 29 de octubre de 2014

15 AÑOS SIN EL POETA COMUNISTA RAFAEL ALBERTI


GUERNICA

“Tú que hiciste aquella obra y le pusiste un título.
Ése y no otro. Siempre,
desde el primer llanto del mundo,
las guerras fueron conocidas,
las batallas tuvieron cada una su nombre.
Tú habías vivido una:
la primera más terrible de todas.
Y, sin embargo, mientras
a tu mejor amigo, Apollinaire,
un casco de metralla le tocaba las sienes,
tu desvelada mano,
y no a muchos kilómetros de lo que sucedía,
continuaba inventando la nueva realidad maravillosa
tan llena de futuro.
Pero cuando después,
a casi veinte años de distancia,
fue tocado aquel toro,
el mismo que arremete por tus venas,
bajaste sin que nadie lo ordenara
a la mitad del ruedo,
al centro ensangrentado de la arena de España.
Y embebiste con furia,
levantaste hasta el cielo tu lamento,
los gritos del caballo
y sacaste a las madres los dientes de la ira
con los niños tronchados,
presentaste por tierra la rota espada del defensor caído,
las médulas cortadas y los nervios tirantes afuera de la piel,
la angustia, la agonía, la rabia y el asombro de ti mismo,
tu pueblo,
del que saliste un día.
Y no llamaste a esto
ni el Marne ni Verdún ni ningún otro hombre merecedor del
recuerdo más hondo,
(aunque allí la matanza fue mucho más terrible.)
Lo llamaste Guernica.
Y es el pueblo español
el que está siempre allí,
el que tuvo el arrojo de poner en tu mano
esa luz gris y blanca que salió entonces de su sangre
para que iluminaras su memoria”


REDOBLE LENTO POR LA MUERTE DE STALIN

I

Por encima del mar, sobre las cordilleras,
a través de los valles, los bosques y los ríos,
por sobre los oasis y arenales desérticos,
por sobre los callados horizontes sin límites
y las deshabitadas regiones de las nieves
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.
A través de las calles y las plazas de los
grandes poblados,
por los anchos caminos generales y
perdidos senderos,
por sobre las atónitas aldeas, asombradas campiñas,
planicies solitarias, subterráneos
corredores mineros, olvidadas
islas y golpeados litorales desnudos
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.
Va cruzando las horas oscuras de la
noche,
la madrugada, el día, los extensos
crepúsculos,
todo lo austral y nórdico que
comprende la tierra,
y no hay razas, no hay pueblos, no hay rincones,
no hay partículas mínimas del mundo
en donde no penetre la voz que va llegando,
la voz que tristemente nos lo anuncia.
José Stalin ha muerto.

II

(A dos voces)

1. Padre y maestro y camarada:
quiero llorar, quiero cantar.
Que el agua clara me ilumine,
que tu alma clara me ilumine
en esta noche en que te vas.
2. Se ha detenido un corazón.
Se ha detenido un pensamiento.
Un árbol grande se ha doblado.
Un árbol grande se ha callado.
Mas ya se escucha en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
solo parece que está el mar.
Pero las olas se levantan,
pero en las olas te levantas
y riges ya en la inmensidad.
2. Cerró los ojos la firmeza,
la hoja más limpia del acero.
Sobre su tierra se ha dormido.
Sobre la Tierra se ha dormido.
Mas ya se yergue en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
vuela en lo oscuro un gavilán.
Pero en tu barca una paloma,
pero en tu mano una paloma
se abre a los cielos de la paz.
2. Callan los yunques y martillos.
el campo calla y calla el viento.
Mudo su pueblo le da vela.
Mudos sus pueblos le dan vela.
Mas ya camina en el silencio.
1. Padre y maestro y camarada:
fuertes nos dejas, Mariscal.
como en las puntas de la estrella,
como en las puntas de tu estrella
arde en nosotros la unidad.
2. Vence el amor en este día.
El odio ladra prisionero.
La oscuridad cierra los brazos.
La eternidad abre los brazos.
Y escribe un nombre en el silencio.

III

No ha muerto Stalin. No has muerto.
Que cada lágrima cante
tu recuerdo.
Que cada gemido cante
tu recuerdo.
Tu pueblo tiene tu forma,
su voz tu viril acento.
No has muerto.
Hablan por ti sus talleres,
el hombre y la mujer nuevos.
No has muerto.
Sus piedras llevan tu nombre,
sus construcciones tu sueño.
No has muerto.
No hay mares donde no habites,
ríos donde no estés dentro.
No has muerto.
Campos en donde tus manos
abiertas no se hayan puesto.
No has muerto.
Cielos por donde no cruce
como un sol tu pensamiento.
No has muerto.
No hay ciudad que no recuerde
tu nombre cuando era fuego.
No has muerto.
Laureles de Stalingrado
siempre dirán que no has muerto.
No has muerto.
Los niños en sus canciones
te cantarán que no has muerto.
Los niños pobres del mundo,
que no has muerto.
Y en las cárceles de España
y en sus más perdidos pueblos
dirán que no has muerto.
Y los esclavos hundidos,
los amarillos, los negros,
los más olvidados tristes,
los más rotos sin consuelo,
dirán que no has muerto.
La Tierra toda girando,
que no has muerto.
Lenin, junto a ti dormido,
también dirá que no has muerto.

martes, 28 de octubre de 2014

LAS OBRAS DE LA GALERÍA DEL PALACIO DE LA REPÚBLICA DE LA RDA




LA GALERÍA DEL PALACIO DE LA REPÚBLICA

Ya en los años 50 Walter Ulbricht y el Buró Político del Comité Central del SED habían concebido el plan de construir un "edificio central" en el centro de Berlín. Sin embargo, las dificultades económicas impidieron la ejecución de los planes. Fue el sucesor de Walter Ulbricht, Erich Honecker quien llevaría a cabo el proyecto. En marzo de 1973, el Buró Político tomó la decisión de construir el "Palacio de la República", y el 2 de noviembre, la primera piedra fue colocada después de unos 20 años de planificación. Con ocasión de la IX. Congreso del Partido SED el "palacio" fue inaugurado el 23 de abril de 1976.

El edificio fue asignado desde el principio a dos funciones. Por un lado, fue concebido como una "Casa del Pueblo", y por otro lado, aquí se reunía la Cámara del Pueblo de la RDA. En su doble papel de "Casa del Pueblo" y "Cámara del Pueblo" debería acoger simbólicamente juntos gobierno y pueblo.

No por casualidad se eligió erigir el "Palacio de la República" en el solar de la residencia de los Hohenzollern hasta 1918, tras la demolición del castillo el 7 de septiembre 1950.

El centro espacial del palacio era el vestíbulo de más de dos plantas, accesible para los visitantes desde la Marx-Engels-Platz. Esta amplia sala sería donde se acogería la Galería artística.

En enero de 1974, 19 artistas de la RDA fueron convocados para una primera reunión de trabajo en el Ministerio de Cultura, invitados por el ministro de Cultura, Hans-Joachim Hoffmann. Fritz Cremer, asesor artístico en el equipo de construcción del Palacio dirigido por el arquitecto Heinz Graffunder, el arquitecto del Palacio, actuó haciendo la selección. El escultor Cremer disfrutaba en el mundo del arte del reconocimiento general de la RDA. Era por lo tanto la figura ideal de integración, cuya selección había sido ampliamente aceptada y podría mediar entre el artista y el cliente. En esta primera conversación estaban casi todos los artistas que finalmente recibieron órdenes del Ministerio. Entre los invitados estuvieron  Günther Brendel, René Graetz, Erhard Grossmann, Bernhard Heisig, Wolfgang Matt Heuer, Arno Mohr, Willi Neubert, Ronald Paris, Kurt Robbel, Wolfram Schubert, Willi Sitte, Werner Tübke, Hans Vent y Walter Womacka. También incluyeron Gerhard Bondzin, Günter Tiedeken, Karl Erich Müller, José Renau y Horst Sagert que se retiraron más tarde. Por ello, los pintores Matthias Wgwhaupt y Lothar Zitzmann entraron en el equipo.

Fritz Cremer inventó el lema para el que los artistas debían desarrollar sus obras: "Deberían soñar los comunistas?".

Las 16 imágenes muestran en sus diferentes formas el problema que tenía el artista en los años 70 en la RDA. Desde el comienzo de 1973, el gobierno de Alemania Oriental estaba ansioso por dar la imagen internacional de una "sociedad abierta" con la libertad artística. Por otro lado, sin embargo, las tradiciones del SED tenían que ser tenidas en cuenta. Por esta razón, las imágenes con contenido claramente utópico-socialista colgaban junto a imágenes críticas con la situación en el socialismo real u otras sin ninguna posición política.

Actualmente el Palacio está destruido y las obras se encuentran depositadas en el Deutsches Historisches Museum de Berlín.

Wolfram Schubert
Pan para todos

Willi Sitte
La bandera roja – Lucha, sufrimiento y victoria

Kurt Robbel
Las fuerzas creativas

Arno Mohr
Investigue hasta que sepa

Willi Neubert
Ayer – Hoy

Günter Brendel
Gran naturaleza muerta

Wolfgang Mattheuer
Buenos días

René Graetz/Arno Mohr
Guerra y Paz

Bernhard Heisig
Icaro

Werner Tübke
El Hombre, la medida de todas las cosas

Hans Vent
Hombres en la playa

Matthias Wegehaupt
Espacio para lo nuevo

Erhard Großmann
Tayikistan

Ronald Paris
Nuestro Mundo, a pesar de todo

Lothar Zitzmann
Canción de la juventud mundial

Walter Womacka Si los comunistas soñaran…

Fuente: Deutsches Historisches Museum (http://www.dhm.de/archiv/ausstellungen/pdr/homegal.htm)

lunes, 27 de octubre de 2014

"AUFERSTANDEN AUS RUINEN", DE HANNS EISLER, EN EL 65 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA RDA


EL HIMNO DE LA RDA ES UNO DE LOS HIMNOS NACIONALES MÁS CELEBRADOS DE LA HISTORIA DE LA MÚSICA CLÁSICA

Me esfuerzo desde mi juventud en escribir una música que sea útil al socialismo. A menudo es una tarea difícil y contradictoria. Pero me parece que es la única digna para el artista de nuestro tiempo.

Aunque nunca fue militante del partido comunista, Hanns Eisler fue uno de los músicos alemanes del primer tercio del siglo XX de mayor radicalidad y militancia, dedicando gran cantidad de sus obras al sustento de sus ideas revolucionarias. Con ellas encontró un lenguaje musical nuevo, la música de lucha que, con un estilo sencillo y sobrio apoyado en los textos del poeta Bertolt Brecht, expresaba de forma precisa sus ideas, prescindiendo de la música sentimental llena de metáforas que hasta entonces dominaba la escena obrera. Puede decirse que, con Eisler, el tradicional Lied adquirió una nueva función de marcado carácter social e ideología proletaria.

Como todo arte, la música tiene un determinado objetivo y la canción en Eisler está pensada como herramienta política llamada a despertar la conciencia social. Por eso sus canciones fueron cantadas en la lucha contra el nazismo y en la guerra civil española. Por eso, en 1949, los dirigentes de la recién creada República Democrática Alemana encargaron a Hanns Eisler la música de Auferstanden aus Ruinen, el Himno del nuevo estado socialista, cuya letra, de Johannes R. Becher, dice:

Levantada de las ruinas
y con la vista puesta en el futuro,
déjanos servirte para hacer el bien,
Alemania, patria unida.
Hay que superar la antigua miseria
y la superaremos unidos
pues tenemos que conseguir que el sol,
hermoso como nunca antes,
brille sobre Alemania.
Brille sobre Alemania.
Asegúrense la alegría y la paz
para Alemania, nuestra patria.
Todo el mundo anhela paz,
dadle a los pueblos vuestra mano.
¡Si nos unimos como hermanos,
derrotaremos al enemigo del pueblo!
¡Dejad brillar la luz de la paz!
Que nunca más una madre
llore por su hijo.
Llore por su hijo.
Aremos, construyamos,
aprended y producid como nunca antes,
y, confiando en su propia fuerza,
se alzará una generación libre.
Juventud alemana, las mejores aspiraciones
de nuestro pueblo en ti se reconocen,
serás para Alemania nueva vida.
Y el sol, hermoso como nunca antes,
brilla sobre Alemania.
Brilla sobre Alemania.

Fuente: loff.it



domingo, 26 de octubre de 2014

"LA CHARLA DE LA BRIGADA DEL KOLJÓS", DE ALEKSANDR DEINEKA


Aleksandr Deineka.
La charla de la brigada del koljós
Oleo sobre tela
1934.
Museo Estatal Ruso, San Petersburgo


El boceto en óleo para mural La charla de la brigada del koljós es una obra de realismo socialista propiamente dicho. Lo pintó en 1934, cuando el realismo socialista había sido adoptado como el estilo oficial del arte soviético.

Nadie sabía con certeza cómo iba a ser este estilo y, durante los años siguientes, fue constantemente debatido en las reuniones de la MOSSJ (Unión Regional Moscovita de Artistas Soviéticos), pero estaba claro que iba a constituir un modelo substancial y rotundo de pintura realista, adecuado a los logros del socialismo. En esta obra realista socialista, vemos cómo se esforzaba Deineka, desde el punto de vista formal, por sintetizar sus diferentes estilos pictóricos y gráficos con la intención de alcanzar esta solicitada cualidad de idoneidad. Al igual que en muchas de sus obras gráficas y cuadros de inspiración gráfica, muestra un friso de figuras de trabajadores en una situación de abierto carácter político, ocupando un espacio pictórico plano y altamente sintetizado; no obstante, aproximándose más al estilo de sus pinturas líricas, acerca a las figuras y las sitúa en un escenario de colores ricos y brillantes, en posturas interactivas, relajadas, casi oníricas, que evocan la belleza y la “alegría” de esa vida mejor que está por venir bajo el socialismo. Desde un punto de vista estructural, Deineka no escogió el tema libremente, sino que respondía al encargo específico de elaborar cuatro diseños para un mural sobre el tema “La Revolución en la aldea”: una limitación que, en este caso, fue productiva, pues derivó en una composición concisa e ingeniosa.

Fuente: Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado. Fundación Juan March

sábado, 25 de octubre de 2014

"LA TIERRA TIEMBLA", DE LUCHINO VISCONTI

Título original: La terra trema
Año: 1948
Duración: 152 min.
País: Italia
Director: Luchino Visconti
Guión: Luchino Visconti (Novela: Giovanni Verga)
Música: Willy Ferrero
Fotografía: G.R. Aldo (AKA Aldo Graziata) (B&W)
Reparto: Maria Micale, Sebastiano Valastro, Antonio Arcidiacono, Giuseppe Arcidiacono, Salvatore Vicari, Antonino Micale, Nelluccia Giammona

Obra maestra de Luchino Visconti, del cine italiano y del neorrealismo. La película iba a ser la primera de una trilogía sobre Sicilia, pero nunca fue completada. El argumento se centra en una villa de pescadores siciliana y en su vida cotidiana a través de una familia con concreto, los Valastro. El hijo mayor de la familia, Ntoni (Antonio Arcidiacono), se siente explotado por el sistema imperante y alienta a su familia y vecinos a rebelarse contra él. Tras mucho hablarlo con su familia, consigue que accedan a intentar establecerse por su cuenta e hipotecan su casa para comprar materiales y salir al mar. Al poco tiempo verán como sus sueños se van cumpliendo y las cosas comienzan a irles bien a pesar de la oposición de los mayoristas de la zona y la reticencia de algunos vecinos. Pero un día, salen al mar a pesar del riesgo de tormenta y esta les destroza la barca. A partir de este momento, todo se torcerá. Las deudas apremian y sus vecinos comienzan a darles la espalda, lo que irá desencadenando en una ruptura de la cohesión de la propia familia. Esta obra maestra del Neorrealismo está dirigida por el gran Luchino Visconti, aristócrata italiano que también llegó a ser director de La Scala. En 1935 se fue a París y, gracias a la intervención de Coco Chanel pudo entrar como ayudante de dirección de, nada menos, que Jean Renoir en "Los bajos fondos (1936)" y como asistente de vestuario en "Una Partida de campo (1937)".

En 1943 ya dirige su primera película, "Obsesión", considerada como la primera obra del neorrealismo y era una adaptación de la novela El cartero siempre llama dos veces. A partir de aquí, continuó con una filmografía plagada de obras maestras como: "El gatopardo (1963)", "Rocco y sus hermanos (1960)", "La caída de los dioses (1969)" o "Una muerte en Venecia (1971)". Hablar de "La tierra tiembla" es hablar de la lucha de clases. De la eterna guerra entre los pobres que viven explotados y los ricos que les explotan y se aprovechan del sudor de su frente para enriquecerse a su costa. Es hablar de como las adversidades siempre tienen un mayor impacto sobre el pobre que sobre el rico, que siempre va sobre seguro y dispone de más recursos para capear el temporal. Es hablar del costumbrismo como aliado de la injusticia, oponiéndose a las nuevas ideas más liberales. Curiosamente, a pesar de ser conde, la obra de Luchino Visconti siempre ha estado marcada por las ideas marxistas y, esta película, es el más claro exponente de ello, incluso, se ha utilizado muchas veces como ejemplo de esas ideas de lucha de clases, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que fue el propio Partido Comunista quién encargo a Visconti la realización de unas obra sobre las revueltas separatistas y campesinas de Sicilia para la campaña electoral de 1948.

Dicho proyecto incluía una trilogía sobre los pescadores, los mineros y los campesinos, pero el fracaso comercial de "La tierra tiembla" impidió que se rodaran las siguientes. Buena parte de este fracaso se debió a que se utilizara un dialecto siciliano para los diálogos. La obra es una constante y sutil confrontación, no sólo entre los patrones y los obreros, sino también entre el conservadurismo y el liberalismo. Hay una escena en la que Ntoni, ya resignado, posa ante una pared en la que hay una inscripción fascista que, a mi modo de entender, expresa la victoria del fuerte que, además, no escatima en humillar al derrotado. Dicha escena trata, con mucha sutileza, otro de los mensajes que Visconti intenta transmitir al espectador y no es otro que hacer entender que la lucha individual está condenada al fracaso y que para cambiar las cosas se hace necesaria una lucha colectiva de clase. Como anécdotas a destacar, podríamos decir que el reparto estaba compuesto por actores amateurs y por vecinos de la villa pesquera siciliana en cuestión (Aci Trezza), incluso, la auténtica familia Valostro aportó a alguno de sus miembros al casting. También hay que decir que la elección de Sicilia no fue al azar, ya que el director enfrenta la miseria del Sur contra el Norte industrializado de Italia, un contraste que también podemos ver en otras obras suyas.

Fuente: Las mejores películas de la historia del cine

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viernes, 24 de octubre de 2014

POEMA INÉDITO DE PABLO NERUDA PARA JUAN RULFO


La Sociedad de Escritores de Chile convocó, del 18 al 21 de agosto de 1969, a los poetas y narradores de Latinoamérica, en el comité organizador del encuentro participaron Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Fernando Alegría, Carlos Drouguett, Jorge Edwards, Alfonso Escudero, Pedro Lastra, Luis Oryazún, Carlos Rozas y Wilfredo Mayorga (según la investigación del doctor David Schidlowsky). De Sudamérica llegaron Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Nicanor Parra, David Viñas, Ernesto Sábato, Manuel Rojas, Martha Traba, Jorge Enrique Adoum, Antonio Skármeta, Ariel Dorfman, Poli Délano, Gustavo Valcárcel, Jorge Ruffinelli, Carlos Martínez Moreno, entre otros; de España invitaron a Camilo José Cela y José Hierro. Dos escritores representaron a México: Rosario Castellanos y Juan Rulfo.

Al concluir el Encuentro Latinoamericano de Escritores, el 21 de agosto, la Universidad Católica de Chile otorgó el grado de Doctor Scientia et Honoris Causa a Pablo Neruda (el primer doctorado honoris causa lo recibió en la Universidad de Michoacán, el 17 de agosto de 1943). El poeta reunió dos celebraciones, y en su papel de anfitrión, invitó a los delegados de Latinoamérica a una tertulia en Isla Negra. La fotógrafa Sara Facio recordó: “Se habló, se escuchó música y Neruda solo hizo un aparte en su habitación con Juan Rulfo” (Pablo Neruda, 1988). Nunca conoceremos sobre qué temas conversaron el poeta chileno y el narrador mexicano, probablemente hablaron de literatura, los dos fueron traductores de Rainer Maria Rilke, o tal vez recordaron a los amigos que compartían. Las cartas inéditas que nunca llegaron a su destinatario podrían darnos algunos indicios para resolver este enigma; el historiador Abraham Quezada está siguiendo las pistas de un posible epistolario Neruda-Rulfo.

Pablo Neruda escribió cuatro referencias sobre Rulfo, la primera está en el poema Algunos: “Oh tú, Juan Rulfo de Anáhuac” (Fin de mundo, 1969); la segunda cita está en las memorias póstumas: “ En los últimos años la novela tomó una nueva dirección en nuestros países. Los nombres de García Márquez, Juan Rulfo, Vargas Llosa, Sábato, Cortázar, Carlos Fuentes, el chileno Donoso, se oyen y se leen en todas partes. A algunos de ellos los bautizaron con el nombre de boom. Es corriente también oír decir que ellos forman un grupo de autobombo. Yo los he conocido a casi todos y los hallo notablemente sanos y generosos" (Confieso que he vivido, 1974). El poema y la prosa coinciden en la palabra “algunos”.

La tercera cita, prácticamente desconocida en México, pertenece a un libro publicado en España por las fotógrafas Sara Facio y Alicia D’Amico, el texto manuscrito Mi casa allí entre las rocas (1973) acompaña las imágenes del poeta en Isla Negra, la página que corresponde a Rulfo comienza: “y María Martner, piedrecista, artista del granito redondo y las rocas litorales, aquí está un hombre con guitarra, como se debe estar, y Juan Rulfo honrando con sus hombros mi mano, Mario Vargas Llosa, íntegro y sonriente, Skármeta y Ehrman, Cochrane de Londres, Bárbara y Sergio Insunza, el mejor Edwards” (Geografía de Pablo Neruda, 1973). “Y Juan Rulfo honrando con sus hombros mi mano”, refleja la admiración del poeta chileno y la descripción de la fotografía de Sara Facio, ella conversó con el autor de Pedro Páramo: “Sabía que había sido fotógrafo en su juventud, y encaminé el diálogo hacia el tema. El mismo lo prefería; nada de hablar de su persona o literatura. Mucho después vi sus fotos originales del interior de México que conocía como nadie y tuve la dicha de presentar su muestra en la Fotogalería del Teatro San Martín de Buenos Aires” (Foto de escritor, 1998), según la investigación del doctor Alberto Vital, se conservan 7,000 negativos del fotógrafo Juan Rulfo.

El texto Mi casa allí entre las rocas (1973) fue reeditado en las Obras Completas de Neruda (España, 2002), sin incluir el facsimilar escrito con tinta verde. En el caso de las fotografías de Rulfo “honrando con sus hombros” a Neruda, las imágenes se reeditaron en la colección La Azotea de Sara Facio (Pablo Neruda, 1988). Las personas mencionadas en la misma página junto a Rulfo son: María Martner (artista chilena, trabajó el mural Tupahue con el arquitecto Juan O’Gorman), “un hombre con guitarra” (el cantautor y fotógrafo Jorge Aravena Llanca), Mario Vargas Llosa y Antonio Skármeta (escritores), Juan Ehrman (editor de la revista Ercilla), Cochrane de Londres (Vicealmirante de la Armada de Chile en el siglo XIX), Bárbara y Sergio Insunza (Ministro de Justicia del Presidente Salvador Allende y abogado de Neruda durante los trámites de la Fundación Cantalao), y “el mejor Edwards” (Jorge Edwards, “el peor” sería Agustín Edwards, dueño del periódico El Mercurio). El párrafo termina: “el invencible Homero Arce, poblado de sonetos como una colmena de abejas, y yo de aquí y allá, entre planos y diálogos, vagando y activando, partidario del ocio activo, de las siestas reparadoras, partidario de todos”. El colofón del libro de Sara Facio registró la fecha exacta de impresión, 25 de septiembre de 1973, “Un día antes nos llegó la triste noticia del fallecimiento de Pablo Neruda”.

La cuarta referencia de Neruda nunca ha sido publicada, el historiador y diplomático Abraham Quezada cuenta –en exclusiva para La Jornada Morelos- los detalles del hallazgo: “ Cuando vi el original en la colección de un bibliófilo chileno, hace varios años, copié el texto. Estaba escrito con tinta verde, en hojas sin el logo nerudiano, era un manuscrito inédito. No tenía otras fechas o indicaciones. Está transcrito al pie de la letra del original. Es inédito. Tiene cara de dedicatoria, pero eran hojas sueltas, que no estaban dentro o sobre un libro específico” (correo electrónico, 20/10/2014). Cuarenta y cinco años después, las palabras de Neruda dedicadas a Rulfo llegaron a México y le darán la vuelta al mundo:

Aquí, sobre
estas olas
está el recuerdo
de tantas
lágrimas
que han
navegado
a través de
días y años
en la soledad
de una luna
olvidada.
Para ti querido
Juan nace
este canto
perdido a
orillas del
mar.

Pablo Neruda
Para Juan Rulfo
querido amigo
de paso por Isla Negra
1969.

La última referencia de Neruda sobre Rulfo pertenece a la tradición oral, durante la extensa entrevista de Rita Guibert, publicada originalmente en el libro Seven voices (New York, 1972), reeditado con el título Siete voces (México DF, 1974), la periodista argentina preguntó: “¿Quiénes son los escritores latinoamericanos que usted mencionaría?”, después de citar “algunos” representantes del boom (Julio Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa), Neruda respondió: “No podemos olvidar a Juan Rulfo, que con su silencio y obra delgada es de los más importantísimos escritores de nuestro continente". En los apuntes biográficos publicados por la Fundación Rulfo, que dirige el arquitecto Víctor Jiménez, destacan algunos nombres e ntre los admiradores del autor de Pedro Páramo, El Llano en llamas y El gallo de oro: “Mario Benedetti, José María Arguedas, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Günter Grass, Susan Sontag, Elias Canetti, Tahar Ben Jelloun, Urs Widmer, Gao Xingjian, Kenzaburo Oe, Enrique Vila-Matas y muchos otros”. Por citar a Jorge Luis Borges: “Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas en lengua hispánica, y aun de la literatura”, por otra parte, Gabriel García Márquez escribió para el catálogo del Homenaje Nacional a Juan Rulfo: “No son más de 300 páginas, pero son casi tantas, y creo que tan perdurables, como las que conocemos de Sófocles” (fragmentos del libro Juan Rulfo: Otras miradas, 2010). Para completar la lista de los admiradores, hacía falta la cita de Neruda: “ No podemos olvidar a Juan Rulfo, que con su silencio y obra delgada es de los más importantísimos escritores de nuestro continente".

Fuente: La Jornada Morelos/El Clarín de Chile/Rebelión

jueves, 23 de octubre de 2014

REABRE EL MUSEO PICASSO DE PARÍS TRAS 5 AÑOS Y 52 MILLONES DE EUROS EN REFORMAS

Vista de una de las salas de la exposición inaugural del reformado Museo Picasso de París

La reapertura, con tres años de retraso sobre lo previsto y un presupuesto casi triplicado, coincidirá con la fecha en que el pintor cumpliría 133 años. Las instalaciones reformadas en el antiguo hotel Salé albergarán una exposición inaugural de 450 obras. Los fondos de la pinacoteca ascienden a 5.000.

Durante tres cuartos de siglo de práctica afiebrada e imparable, Pablo Picasso (1881-1973) creó más obras que ningún otro artista de la historia. Firmó nada menos que 13.500 pinturas, 100.000 piezas gráficas o grabados, 34.000 ilustraciones y dibujos, 1.200 esculturas y más de 30.000 cerámicas. Cuando murió de un infarto agudo de miocardio mientras atendía a unos invitados a cenar en la bellísima mansión gótica que había construido en Mougins, no lejos de la Costa Azul francesa —hace unos meses estaba a la venta por 200 millones de euros—, se estaba revalorizando, acaso muy a su pesar, para pasar de ser el pintor más rico del mundo al supermagnate póstumo llamado a romper todos los récords de venta precisamente por estar muerto.

Una complejísima red de intereses hizo que los tribunales tardasen cuatro años en repartir la herencia del genio —cuantificada en 17.000 millones de pesetas de 1977, más de 100 millones de euros, entre obras de arte y bienes inmuebles—. Muerto a los 91 años, sin testamento y suicidada su última esposa y musa —la pintó en 400 retratos—, Jacqueline Roque, que se disparó en la cabeza a los 59 años al no soportar el dolor de la ausencia, el jugoso legado fue objeto de disputa y artimañas entre los tres hijos, Claude (1947), Paloma (1949) y Maya, y los nietos, Marina y Bernard.

Francia se quedó con lo mejor

Pero el gran beneficiario del proceso fue el Estado francés, que calculó en el 20% del valor de la herencia el importe de los impuestos de sucesión. Los hijos y nietos, incapaces de hacer frente al pago, decidieron acogerse a la posibilidad que concede la ley en el país para abonar tasas fiscales mediante la entrega de obras de arte. Los herederos incluso renunciaron al derecho de preferencia de elegir en primer lugar y el entonces comisario del Musée National d'Art Moderne (hoy Centro Pompidou), Dominique Bozo, encargado por la Administración para escoger dado que era uno de los más reputados expertos en Picasso, se quedó con lo mejor: 203 pinturas, 158 esculturas, 29 relieves, 16 collages, 88 cerámicas, cerca de 1.500 dibujos, 30 cuadernos y más de 1.600 estampas.

Con ese formidable botín de partida, el Ministerio de Cultura de Francia inauguró en 1985, el Museo Picasso de París, uno de los veinte espacios artísticos diseminados por el mundo dedicados en su totalidad o en parte al pintor comunista español. Fue instalado, no sin polémica política previa, en el palacete del siglo XVII del antiguo Hôtel Salé, en la calle de Thorigny del distrito chic de Marais de la capital francesa, un bellísimo edificio que, sin embargo, no reúne las condiciones idóneas para ser un museo moderno.

Cinco años de reforma y 'pesadilla'

Tras una deriva llena de batacazos y un cierre de cinco años para una reforma intensa, la pinacoteca se reinagura el día 25 de octubre, fecha que coincide con el nacimiento en Málaga, haca 133 años, de Picasso. El tiempo en que estuvo cerrado, el museo se convirtió en uno de los granos más incómodos para los gobiernos de Francia, una verdadera "pesadilla", como llegó a declarar algún alto cargo.

Es la tercera convocatoria para el acto de reapertura —anunciado previamente para junio y septiembre de 2014 y anulado en ambas ocasiones a última hora, pese a que se anunció que el museo sería abierto con las paredes vacías, sin ninguna de Picasso a la vista—. Esta vez, dicen los gestores, es la definitiva y habrá 450 obras del más brillante artista del siglon XX a la vista del público en la primera de las exposiciones temporales de los jugosos fondos de la pinacoteca, que tiene la mejor y más amplia colección del mundo de obras del maestro —el Museu Picasso de Barcelona dice poseer más de 4.000 obras, pero la gran mayoría son piezas de juventud y de los años de formación, y el Reina Sofía madrileño tiene más de 300, casi todas dibujos y grabados—.

'Completamente renovado'

El histórico palacio donde, durante el uso del edificio barroco como colegio, estudió Balzac, esta "completamente renovado" y ofrecerá al público una superfecio de cerca de 5.000 metros cuadrados, frente a los 2.300 de hace cinco años —la dedicada a exposiciones también ha aumentado: de 1.600 metros cuadrados a 3.600—, según ha adelantado a la agencia Efe la comisaria de la exhibición inaugural, Anne Baldassari, quien hasta el pasado mayo y desde 2005 presidía el museo, donde empezó a trabajar en 1999.

Baldassari fue apartada de la dirección en por el Ministerio de Cultura en mayo de 2014, tras una rebelión de la plantilla de empleados de la pinacoteca pública, que la acusaron de gestionar las relaciones laborales con modos autoritarios, actuar con "paranoia", absentismo y llevar las cuentas de manera "anómala".

Cesada pero todavía comisaria

La entonces titular de Cultura, la socialista Aurélie Filippetti, consideró a Baldassari responsable del deteriorado ambiente laboral denunciado por gran parte del personal y la sustituyó en el cargo por Laurent Le Bon, exdirector del Centro Pompidou-Metz. La cesada directora respondió con un alegato de 44 páginas donde recusa todas las acusaciones como "infundadas". En todo caso no la han apartado de las tareas de comisaria de la exposición inaugural.
La reinauguración se celebra con tres años de retraso sobre lo previsto y un incremento sustancial del presupuesto de las obras de reforma, que alcanzó la suma de 52 millones de euros, casi el triple de la previsión inicial de 19. Del montante total, 31 millones de euros han entrado en las arcas del museo por la cesión de obras de Picasso a una veintena de paradas internacionales de la exposición Masterpieces from the Picasso Museum. El resto es aportación presupuestaria estatal y procede de los impuestos pagados por los ciudadanos franceses. La entrada básica al museo costará 11 euros y será gratuita para, entre otros colectivos, los demandantes de empleo y los menores de 18 años.

'Era indigno'

La ampliación y rehabilitación era necesaria dado el "estado de vetustez del museo", explica Baldessari. "Era indigno de las colecciones y había que hacer que este lugar fuese finalmente dado a la obra de Picasso para poder reflejarla de una manera más precisa", añade la comisaria, quien hizo su selección entre las 5.000 obras que posee el museo, cuyos fondos iniciales han aumentado desde 1985 con la donación de un millar de piezas de colecciones particulares. Es la pinacoteca más importante , por calidad y cantidad, dedicada a Picasso y las obras permitirán que el flujo de visitantes aumente, al pasar de 380 a 650 el número de personas admitidas a la vez en el interior de las instalaciones.

¿Qué ofrecerá la exposición inaugural, que promete calmar los ánimos agitados por tanta espera y mala gestión, una pesadilla para los afanes de excelencia de la Administración cultural francesa, acusada por el único hijo del artista, Claude Picasso, que llegó a declararen mayo de 2014 que Francia se estaba "burlando" de su padre? En principio y sobre todo, la posibilidad de ver nada menos que 450 obras de todos los periodos del artista. Los visitantes, dice la comisaria, podrán sumergirse en el sótano, la planta baja y los tres pisos del museo, en un recorrido por la historia plástica del siglo XX.

'Todo Picasso' en 20 minutos

"Se ven los signos del cubismo aparecer, el lenguaje cubista desarrollarse, deformarse luego en el periodo surrealista, con un pasaje por la figuración y todo eso es perceptible", dice la comisaria. Es siempre "la obra en devenir, haciéndose, deshaciéndose, transformándose", para inventar y reinventar la pintura hasta el último momento. Baldassari propone tres tipos de recorridos, uno acelerado, en el subsuelo, que permite en 20 minutos "atravesar todo Picasso", del taller cubista y surrealista a la guerra y sus últimas obras, pasando por la pintura y la escultura monumentales o la fotografía.

Mucho más construido, completo y complejo", el recorrido magistral se despliega en tres pisos, desde las primeras creaciones hasta 1972, un año antes de la muerte de Picasso, en un viaje "que puede ser extremadamente elaborado, a veces muy teórico, o muy práctico, a veces con sombras en ciertos períodos". El último piso, abuhardillado, ofrece bajo su armadura de madera la ocasión de ver casi al completo la colección personal de Picasso, sus pintores y obras favoritos, "a menudo en pleno diálogo con él". Una confrontación que permite ver otro Picasso, pues revela "de manera muy íntima" su proceso mental creativo.

Terraza ajardinada y auditorio

A la la adapatción arquitectónica inicial del edificio, firmada por Roland Simounet entre 1979 y 1985, se añade ahora la visión de la agencia Bodin et Associés y del arquitecto Stéphane Thouin para la escalera de honor, las fachadas y otros elementos clasificados como Monumento Histórico. El nuevo miueso incluye entre sus novedades un auditorio modulable y una terraza ajardinada.

Fuente: 20minutos

Vista del último piso del Museo Picasso de París

Massacre en Corée, [18 janvier 1951] 'Masacre en Corea', Pablo Picasso, 1951

FOTOGALERÍA: http://www.20minutos.es/fotos/artes/reabre-el-museo-picasso-de-paris-10884/