sábado, 18 de febrero de 2012

"IMPORT/EXPORT", PELICULA SOBRE TRABAJADORES DEL ESTE Y DEL OESTE

Título: Import / Export
Dirección: Ulrich Seidl.
País: Austria.
Año: 2007.
Duración: 135 min.
Interpretación: Ekateryna Rak (Olga), Paul Hofmann (Paul), Michael Thomas, Maria Hofstätter, Georg Friedrich, Natalija Baranova, Natalia Epureanu, Petra Morzé, Dirk Stermann, Erich Finsches.
Guión: Ulrich Seidl y Veronika Franz.
Producción: Ulrich Seidl.
Fotografía: Ed Lachman y Wolfgang Thaler.


Olga (Ekateryna Rak), una enfermera ucraniana cansada de vivir con el dinero contado, emigra de Ucrania y viaja hacia Occidente, atraida por el mito de una vida mejor, y huyendo de una sociedad miserable. En Viena trabajará como limpiadora, y después en un hogar para personas mayores, pero en ningún momento acaba de conseguir su sueño de una vida realmente digna.

Por otro lado, Paul (Paul Hofmann) es austriaco, y vive en Viena donde también tiene que luchar dia a dia para conseguir un trabajo y poder vivir con dignidad. Las chapuzas que le permiten ir tirando son cada vez más miserables y los amigos a los que dar sablazos ya casi no quedan. Cada mañana le resulta más difícil encontrar un motivo para levantarse de la cama. Asi que, junto con su padrastro, viajan a Ucrania como transportistas y reparadores de máquinas tragaperras. Sin embargo, allí las cosa no cambian mucho para él.

Import / Export, del director austriaco Ulrich Seidl, hace un crudo y sincero retrato de la clase obrera europea tras la caida de la Union Sovietica, despojada de todo su sentido de unidad y lucha colectiva por sus derechos. Por un lado, la de los antiguos paises comunistas, donde sus trabajadores tienen que optar entre huir del pais para poder mejorar o seguir asistiendo al derrumbe de una sociedad en la que el capitalismo ha convertido a los seres humanos en objetos de compra y venta. Alli la dureza de la situacion es, si cabe, aun mayor, pues los obreros han sido testigos de como un mundo donde la inestabilidad no existia y donde cada cual tenia sus necesidades garantizadas por el esfuerzo común, se va convirtiendo en un desierto de derechos donde el lema es "sálvese quien pueda".

Por otro lado, en el "paraiso" de occidente, no cambian demasiado las cosas, mas allá de que los salarios puedan llegar a ser en algún momento un poco mas altos. Por eso Paul, agobiado por el desempleo, la falta de sentido, las imposiciones de una sociedad para la que si no puedes consumir no tienes ningún valor, y la tension constante por la competencia, opta también, como Olga, por huir a su manera.

Por tanto, en Austria, como lo serían en cualquier otro lugar de Europa Occidental, las cosas siguen siendo igual de dificiles para Olga, como lo eran para Paul, pues en el fondo ambos son convertidos por el sistema en mercancias de usar y tirar, y nadie les asegura una vida decente ni un trabajo en el que puedan ser, ademas de fuente de beneficio economico o fisico de los privilegiados, seres humanos.

En el fondo, ni Olga ni Paul, como miembros de la clase trabajadora, desposeidos incluso de su fuerza de trabajo, que tienen que vender en un mercado a la baja en una sociedad donde el empleo se convierte en un lujo en vez de en un derecho, tienen ni tendrán patria, pues vayan donde vayan estaran siempre en manos de aquellos que se han hecho con el privilegio de propiedad sobre la riqueza, y que se creen con el derecho sagrado de continuar viviendo como parásitos beneficiándose del trabajo, del cuerpo o de la inteligencia de la mayoria. Al contrario, y esto es el principal triunfo del capitalismo, la mayoria de los obreros han sido manipulados y engañados para que asuman que explotar al mas debil es inevitable e, incluso, positivo para la mejora del sistema, y hayan descartado casi por completo la lucha de clases como forma de cambiar las cosas.

En resumen, solamente una Revolucion, como la que llevaron a cabo los pueblos sovieticos a partir de 1917, y que dio lugar a un estado donde la produccion estaba en manos de los que la producian, y en el cual el trabajo era un derecho y un privilegio mucho mas importante que la parasitaria propiedad privada, puede hacer que los trabajadores puedan ser y sentirse dignos y que, en definitiva, sean capaces de pertenecer a la patria que ellos mismos construyan, sin despreciarse a si mismos ni a otros trabajadores mas necesitados (como lo han sido los que vinieron huyendo de la catastrofe que supuso el final de la URSS y del socialismo en los paises del este durante mucho tiempo tras la instauracion brutal del capitalismo).


Fuente: Un Vallekano en Rumanía (http://imbratisare.blogspot.com/2012/01/import-export-sobre-trabajadores-del.html)



Película on-line extraida de:http://cinefox.tv/ver148/import-export_espanol.html

viernes, 17 de febrero de 2012

"LA PECERA", EL CORTO MÁS REIVINDICATIVO DEL AÑO

CARLOS BOUVIER GONZÁLEZ
La pecera
12 minutos
Ficción
35 mm

Color
2010

Sinopsis: Lola, la directora de una sucursal de trabajo temporal recibe una misteriosa llamada a última hora de la noche. Es su “jefe de zona” que necesita urgentemente hablar con ella: Los despidos improcedentes se están disparando con el consiguiente gasto en indemnizaciones para la empresa. Así que o se ataja esta situación, o la sucursal de Lola tendrá que cerrar.

"A TODOS AQUELLOS TRABAJADORES QUE SE DEDICAN A ROBAR A OTROS TRABAJADORES"

Este ambicioso trabajo tiene la clara (y sensata) intención de ser un jarro de agua fría. ¿Por qué un jarro de agua fría? Porque el agua fría espabila (sobre todo en invierno…) y el autor considera que hace falta un buen espabile social. Empezando por él mismo. Y por eso “Pecera” quiere ser, por lo menos, una de las gotitas de ese jarro de agua “espabilante”. En esta época, las personas se pueden diferenciar fácilmente en dos grupos: Los hartos y los abducidos. Su guionista y director es de los primeros a tiempo completo (del segundo grupo a tiempo parcial…). Pero además de harto, también está feliz. ¿Y feliz por qué? Porque ha hecho lo que tenía que hacer. Y “Pecera” es lo que tenía que ser. Porque gracias a este cortometraje, un trato laboral abusivo, injusto y cabrón, ha acabado por convertirse en una victoria personal y creativa de un buen grupo de personas. La fuerza de “Pecera” reside en el impacto que tuvo en el autor un suceso en torno a una empresa de trabajo temporal, y cómo éste le hizo entender que los trabajadores han dejado de ser considerados personas y se han convertido en beneficios y costes. Fuese lo que fuese, algo empujó a nuestro autor a desenterrar sus armas. Y, una vez bien empuñadas, se puso a escribir sobre ello, dando comienzo así la venganza. ¿Venganza? Sí, venganza. “Pecera” es una venganza contra todos aquellos trabajadores que se dedican a engañar y, por tanto, robar a otros trabajadores. Simple y llanamente. El cine debe ser entretenimiento, pero el cine también puede y debe ser reivindicación. Y más en los tiempos que corren, donde ciertas injusticias se repiten de tal manera que se vuelven norma. Por ello, para evitar que la injusticia se convierta en norma, aportamos nuestro pequeño granito (gotita en este caso) de arena con esta historia, que además esperamos que les entretenga gratamente durante los minutos que dura.

Más información: http://www.myspace.com/cortopecera#ixzz130rd4L1i

Carlos Bouvier

En estos días oscuros en los que el gobierno del Partido Popular está terminando con todos los avances sociales conseguidos en el último siglo, se recomienda ver este corto genial de Carlos Bouvier, La Pecera, dedicado a todos los trabajadores enemigos de la clase trabajadora.

jueves, 16 de febrero de 2012

PREMIO AL ARCHIVO HISTÓRICO DE CCOO POR EL LIBRO "LA DICTADURA EN LA DICTADURA"



La III edición de los premios 'Andalucía de la Memoria Histórica' de la Junta de Andalucía ha otorgado uno de sus reconocimientos a la Fundación de Estudios Sindicales y Archivo Histórico de CCOO Andalucía por el libro ‘La Dictadura en la Dictadura’, escrito por el presidente de la Fundación, Alfonso Martínez Foronda, la directora del Archivo Histórico, Eloisa Baena, e Inmaculada Escribano, de la Fundación de Estudios Sindicales.

El libro ‘La Dictadura en la dictadura. Detenidos, torturados y deportados en Andalucía durante el Estado de Excepción en 1969’, recibe el premio en la modalidad de ‘Mejor investigación histórico, antropológica y arqueológica’, de 2011.

Esta publicación que ha sido elaborada durante más de tres años de trabajos de investigación, ha sido presentada en Sevilla y en otros municipios de la provincia y representa la "importante labor de documentación escrita y oral que tiene el Archivo Histórico de CCOO Andalucía, así como el trabajo que realiza la Fundación de Estudios Sindicales".

Por ello, el premio es también un reconocimiento al trabajo desarrollado por estos dos órganos de CCOO Andalucía en su más de veinte años de existencia, en los que han sido pioneros en la labor de conservación y difusión del patrimonio histórico del movimiento obrero y en investigaciones sobre la historia política y social andaluza.

miércoles, 15 de febrero de 2012

"CANCIONES ESPAÑOLAS", DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO DMITRI SHOSTAKOVICH

Dmitri Shostakovich (1906-1975): Canciones españolas Op.100, sobre melodías y textos populares (1956)

En 1956 el compositor soviético Dmitri Shostakovich compuso seis canciones españolas, al parecer, inspiradas en los "niños de la guerra" emigrados a la URSS durante la guerra civil.

I. Proschchai, Grenada! [¡Adiós, Granada!]

II. Zvyozdochki [Pequeñas estrellas]

III. Pervaya vstrecha [Primer encuentro]

IV. Ronda

V. Chernookaya [La muchacha de los ojos negros]

VI. Son [Sueño]

Traducción de ¡Adiós, Granada!

¡Adiós, Granada, adiós!
Tengo que dejarte para siempre.
Adiós, tierra querida y tan grata a mis ojos.
¡Adiós para siempre! ¡Ay!

Sólo mis recuerdos
me consolarán,
tierra querida, dulce patria.

El dolor me oprime para siempre,
pues he perdido todo lo que amaba,
mi amada yace en la oscuridad de su tumba
y mi vida con ella... ¡ay!

Todo lo que me rodea me hastía,
no puedo seguir viviendo en este lugar
que albergó mi radiante juventud.

Traducción obtenida de "El martillo sin dueño"

CANCIONES I A III INTERPRETADAS POR ODA SLOBODSKAYA:



CANCIONES IV A VI INTERPRETADAS POR ODA SLOBODSKAYA:

martes, 14 de febrero de 2012

PRIMERA GRAN RETROSPECTIVA DE CHAGALL EN ESPAÑA


El Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid acogen desde hoy martes, 14 de febrero, la primera gran retrospectiva dedicada en España a Marc Chagall (1887-1985), una exposición que tiene como principal objetivo destacar el gran papel que su obra ocupa en la historia del arte.

Más de 150 obras procedentes de colecciones e instituciones públicas y privadas de todo mundo, reunidas en ambas sedes, para repasar toda la trayectoria de uno de los artistas más destacados del siglo XX; un creador singular, con un estilo personal e inconfundible, que ocupa un papel clave en la historia del arte.

El MoMA y el Guggenheim de Nueva York, la Kunsthaus de Zúrich, el Kunstmuseum de Berna, el Stedelijk Museum de Ámsterdam, el Tel Aviv Museum of Art, la Tate Modern de Londres… y así hasta un total de veinte museos de todo el mundo, junto a un gran número de colecciones particulares, han cedido para la ocasión piezas fundamentales de sus fondos.

Mención especial merecen el Centre Pompidou de París, desde donde han viajado nueve obras, y la propia familia del artista, que ha contribuido al proyecto con un importante préstamo. El resultado, una larga y completa selección de obras maestras realizada por el comisario de la muestra Jean-Louis Prat, presidente del Comité Chagall.



El poeta con alas de pintor

Marc Chagall desarrolló un estilo pictórico expresivo y colorista, muy vinculado a sus experiencias vitales y a las tradiciones religiosas y populares de la comunidad judía rusa. En él combinó ciertos elementos de la vanguardia cubista, del fauvismo y del orfismo de Robert Delaunay, para crear un estilo personal y difícil de clasificar. Nacido en la ciudad bielorrusa de Vitebsk, Chagall tuvo una larga vida casi centenaria, marcada por todos los grandes acontecimientos históricos de la primera mitad del siglo XX.

Trabajador incansable, la producción artística de Chagall es rica y abundante; estuvo siempre abierto a explorar nuevas técnicas -óleo, grabado, escultura, cerámica, vidriera, etc.- y acometer nuevos proyectos. Un capítulo importante de la exposición está dedicado, por ejemplo, a su importante faceta como ilustrador de libros. A lo largo de toda su vida Chagall estuvo acompañado por poetas y escritores, que fueron sus amigos y con los que mantuvo una relación de mutuo reconocimiento. Breton, Malraux, Cendrars, Apollinaire…muchos veían en él a un “pintor literario”; y Chagall amaba la literatura, sobre todo el mensaje de libertad que contienen las palabras a las que él supo enriquecer con sus composiciones llenas de fantasía y de color.

Chagall fue, efectivamente, un maestro del color; sus tonos vibran con distintas intensidades, logrando realzar el contenido de los cuadros: sus azules, verdes, rojos o amarillos dan vida a los personajes, reales o fantásticos, que pueblan su particular universo. Un mundo en el que todo es posible y que no deja de sorprendernos, basado en historias vividas o imaginadas: un violinista, un rabino, una pareja de enamorados, un saltimbanqui, un paisaje y toda una amplia gama de animales fabulosos, pueblan sus complejas composiciones. En su obra los colores se mezclan de forma impensable, al igual que lo hacen sus extraños personajes. Esta peculiar combinación hace de él un precursor del surrealismo, tal como manifestó el teórico de este movimiento, André Breton: "Con él la metáfora hizo su entrada triunfante en la pintura moderna".

Madrid. Chagall. Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid.

Del 14 de febrero al 20 de mayo de 2012.

Fuente: hoyesarte



lunes, 13 de febrero de 2012

NUEVO POEMARIO DE JORGE RIECHMANN

Título: Poemas lisiados
Autor: Jorge Riechmann

Editorial: La Oveja Roja
96 páginas
Formato 105 x 150 mm
Encuadernación rústica cosida
PVP: 5,00 euros
ISBN: 978-84-937973-8-6

La Oveja Roja y Jorge Riechmann han vuelto a unir esfuerzos para sacar un poemario inédito, un cuadernillo parcialmente manuscrito que desde su forma misma es un guiño a la simplicidad, a la artesanía, al gesto detenido.

Un libro que empezó a componerse hace meses en la mesa de un soleado café madrileño sobre la base de un cuaderno que el autor guardaba de la extinta RDA [República Democrática alemana]. Sobre él se fueron distribuyendo los poemas, seleccionando las partes manuscritas, y hoy ese cuaderno sigue siendo la materia, la cuadrícula, de este librito que ya podemos encontrar en las librerías.

A través de sus secciones, Jorge Riechmann desnuda su desazón ante las derivas -políticas, sociales, ecológicas- de nuestro planeta, y lo que podría ser la raíz última de ese sufrimiento: el amor, un profundo amor por la vida, un amor hoy con nombre, formas y sabores.

Si finalmente
en la configuración de
sedimentos las
catástrofes de ayer
han dejado huesecillos
esquirlas y raíces que
quepa disponer
formando algo parecido
a un rostro humano
lo llamaremos
en primera instancia
poema
y de antemano
lo sabremos lisiado


Secciones del poemario:
0. poética desorbitada
i. generosidad y equívoco
ii. tratar de amar
iii. corredores de fondo

Jorge Riechmann (Madrid, 1962) es poeta, traductor literario, ensayista y profesor titular de filosofía moral. Todo un primer tramo de su poesía, de 1979 a 2000, está reunido en Futuralgia (Calambur, 2011). Otros libros de poemas recientes son Ahí te quiero ver (Icaria, 2005), Conversaciones entre alquimistas (Tusquets, 2007), Rengo Wrongo (DVD, 2008), Pablo Neruda y una familia de lobos (Creática eds., 2010) y El común de los mortales (Tusquets, 2011). Es autor de una treintena de ensayos (en solitario o en colaboración) sobre cuestiones de ecología política y pensamiento ecológico. En 2010, en esta misma editorial, La Oveja Roja, tuvimos la suerte de publicar su ensayo Entre la cantera y el jardín.

Más información: http://laovejaroja.es/lisiados.htm

domingo, 12 de febrero de 2012

EL CATALÁN SAMUEL ARANDA GANA EL PREMIO WORLD PRESS PHOTO


"Muchas veces había pensado cómo sería recibir un premio de estos y resulta que cuando te lo dan, no es tan emocionante como cuando te lo imaginas". Samuel Aranda (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1979), ha ganado el World Press Photo, el certamen mundial de fotoperiodismo más importante, por la imagen de un herido abrazado por una mujer con velo en las revueltas de Yemen.

"Lo importante es que, por un par de días, se hablará de Yemen", dice el fotógrafo, convencido, implicado, preocupado. "No nos engañemos, las noticias nos las comemos. Olvidaremos esta foto en dos días". Él no. No olvida a la gente de Yemen, gente del pueblo que lo acogió con gran cariño durante casi tres meses (del 7 de octubre al 23 de diciembre de 2011) y con la que mantiene lazos de amistad: "El lunes vuelvo para allá", comenta por teléfono, desde su casa de Sidi Bousaid (Túnez), donde vive ahora con su novia y va a abrir una galería fotográfica.

El fotógrafo captó la imagen premiada junto a una mezquita que hacía las veces de hospital. Los francotiradores mataron ese día de octubre a diez personas e hirieron a unas 40. "Todo fue muy rápido", recuerda Aranda, que insiste en que lo importante de la foto no es el autor, si no lo que aparece en ella. "Es la mujer, es el herido... es Yemen", comenta.

Tras más de diez años trabajando en los países árabes y cubrir las revoluciones de Túnez, Egipto y Libia, Aranda entró en Yemen en calidad de estudiante. Ese país no concede permisos a fotógrafos si no es "para llevarlos a hacer fotos donde el Gobierno considere". Así que Aranda tuvo que entrar por la puerta de atrás para desarrollar una propuesta que le vendió The New York Times. "Al final me pillaron", recuerda. "Estuve arrestado dos horas pero me trataron con toda amabilidad, me ofrecieron un té, estuvimos hablando de fútbol y pude hacer una llamada, precisamente fue la llamada a un contacto que me valió la libertad".

Ha pasado miedo, claro. Muchas veces. "El que no lo tenga es un irresponsable. Hay veces que te cagas encima de miedo", reconoce abiertamente. Pero su entrada en Yemen no tiene nada que ver con la que hizo en Libia: "Allí entramos [con un redactor] sin visado, de noche y por las montañas". Luego, en primera línea del frente, o de las manifestaciones, los fotoperiodistas trabajan a menudo sin tener información de lo que ocurre. "Cuando cayó Mubarak, vimos que salían tanques del palacio presidencial sin saber qué estaba pasando", dice.

La foto ha sido elegida entre más de 100.000 imágenes captadas por 5.247 fotógrafos de 124 países. Samuel Aranda tampoco olvida ahora sus inicios, en 20 minutos, o cuando, en Sevilla, "hacía fotos del Betis para Público" y poder pagarse su siguiente aventura árabe.

Fuente: Público

sábado, 11 de febrero de 2012

"A LA MEMORIA DE SALVADOR PUIG ANTICH", DE ANTONI TAPIES


A la memoria de Salvador Puig Antich
Procedimiento mixto sobre tela
200 x 300 cm
1974
Fundación Antoni Tapies

Con la acentuación de la protesta social en España a finales de los sesenta y la descomposición del franquismo en la primera mitad de los setenta, el compromiso político de Tàpies se intensificó. El suceso de la Caputxinada en 1966 fue simbólico de esta nueva actitud. En realidad, (…) ya en los años cincuenta Tàpies había hecho una obra de clara vocación política, pero lo que entonces parecía inclinarse hacia una figuración más o menos derivativa tenía ahora un carácter totalmente personal.

(…) En una tela de 1974 creada en memoria del anarquista catalán Salvador Puig Antich, que había sido ejecutado por el régimen franquista, la protesta de Tàpies trata de romper las barreras impuestas por el lenguaje. El color, por ejemplo, no es pintado con un pincel directamente sobre la tela, sino que es representado de un modo casi convencional por medio de una tabla de colores, que ha sido pegada a la tela. Junto a la tabla de colores, el artista adhirió un jersey con los brazos semiabiertos, que constituye un motivo relativamente común en la obra de Tàpies, y que representa frecuentemente al mismo artista, encarnado en un objeto pobre y humilde.

Extractos de Manuel J. Borja-Villel, "La colección", Fundació Antoni Tàpies (Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, 1990).

viernes, 10 de febrero de 2012

TAPIES "POLITICUS"

Derrière le miroir. Nr. 175: Encres et Collages (1966)


Fue miembro del PSUC y practicó una militancia activa desde el arte

Antoni Tàpies fue también un hombre político y un resistente durante la larga noche de la dictadura franquista, que ocupó casi la mitad de su vida adulta. Su peso intelectual le otorgaba una gran credibilidad y la dimensión que pronto adquirió su obra en la escena internacional —Tàpies obtuvo muy pronto el reconocimiento— le concedía una cierta dosis de inmunidad, nunca del todo garantizada, frente al aparato represivo franquista. Fue militante del Partit Socialiste Unificat de Catalunya (PSUC), el partido para quienes luchaban en la clandestinidad, aunque él nunca pasara a la clandestinidad. Pero sí que visitó los calabozos. Fue sólo una noche, pero no escapó a la detención junto a las más de 400 personas que, entre el 9 y el 11 de marzo de 1966, protagonizaron la Caputxinada, un encierro en el convento de los Capuchinos de Sarriá en apoyo del sindicato de estudiantes (SDEUB); uno de los episodios más sonados de la lucha contra la dictadura, que a su vez puso en marcha un movimiento de solidaridad política y ciudadana, que acabaría desembocando en el que sería instrumento unitario de la oposición catalana al franquismo; la Assemblea de Catalunya. Y también acudió al encierro en Montserrat en 1973.
“Siempre estuvo en una situación de rebeldía personal contra la dictadura”, recuerda el que fuera uno de sus mejores amigos, el cineasta Pere Portabella. “Tuvo una actitud de resistencia, aunque no hizo vida clandestina, como yo mismo y otros amigos, pero en los momentos importantes siempre mantuvo una actitud de resistencia. Por ejemplo, cuando recién constituidas CC OO, le pedimos que hiciera aquel famoso cartel de la celebración del 1º de mayo o el que hizo para el PSUC y muchos otros. Vivía muy enclaustrado en su casa, era comunicativo, pero no fue un activista como lo éramos muchos de los que le rodeábamos. No lo recuerdo en las reuniones clandestinas, porque tampoco se le convocaba”.
Sin embargo, sí acudió a Montserrat el 12 de diciembre de 1970 cuando unas 300 personas de lo que entonces se llamaban trabajadores de la cultura, intelectuales y artistas, decidieron encerrarse en el monasterio, para protestar contra el llamado proceso de Burgos. “Fue muy impresionante”, recuerda Portablella, “porque habíamos conseguido llegar a Montserrat sin que la policía lo supiera y pudiera impedirlo. La primera tarde decidimos que había que redactar una declaración, y firmarla con los nombres de cada uno y su profesión. Una vez firmada la declaración había que quedarse en el monasterio y asumir lo que pudiera suceder.
Entre los presentes se encontraba Joan Brossa, inseparable de Tàpies en aquellos años, y personajes como Gabriel García Márquez. Inesperadamente, Tàpies y Joan Miró, que estaban juntos en Tarragona gestionando un proyecto de tapices, se presentaron en Montserrat y pidieron entrar. “Yo estaba en la mesa en aquel momento”, cuenta Portabella. “Hablamos y acordamos proponer a la Asamblea que pudieran entrar pero que, teniendo en cuenta la edad de Miró, pudieran salir cuando quisieran para evitar las consecuencias de lo que podría pasar. En el hostal de Montserrat había varios corresponsales extranjeros y supieron enseguida que Tapies y Miró estaban allí y lo publicaron y ellos se fueron antes de que comenzara el encierro”.
Las huellas de su compromiso político, sin embargo, hay que buscarlas en su obra, y más concretamente, al menos durante aquellos años en los que había que luchar por lo que era evidente, en sus carteles. Entre 1966 y 1979 realizó más de una veintena de carteles de clara significación política. De 1966 es la serie Encres et collages, en la que hay piezas claramente políticas como Derrière le miroir, en el que una página de anuncios por palabras de un periódico está manchada de rojo sangre y censurada por una gran aspa. De 1968 es el del Primer Festival Popular de la Cançó Catalana, que se celebró en el Teatro Price; y de 1972 el titulado Als mestres de Catalunya realizado para apoyar a la Fundación Artur Martorell.
Los más desgarradores e intensos son, probablemente, los de la serie Tàpies Monotypes, realizada en 1974 para la Galería Maeght, de París, en memoria de Salvador Puig Antich, el joven anarquista ejecutado por el franquismo. “La ejecución de Puig Antich le indignó especialmente”, recuerda Portabella, “hubo una campaña internacional muy fuerte y él se implicó enormemente y tuvo una reacción muy intensa cuando se llevó a cabo la sentencia. Sufrió, porque Tàpies exteriorizaba enseguida este tipo de emociones”.
Pero no parece haber sufrido represalias ni presiones del régimen por este tipo de activismo político. Probablemente el hecho de ser uno de los artistas españoles más reconocidos internacionalmente le protegía. “En una dictadura como la franquista esto se tomaba mucho en cuenta”, apunta Portabella.
Era catalanista, pero pese a haberse convertido en un icono de Cataluña, en uno de los grandes santos laicos del país, siempre evitó pronunciarse en términos nacionalistas, por más que los sucesivos Gobiernos de la Generalitat le convirtieran en el artista oficial y que sus obras envuelvan la sala donde se reúnen en consejo los miembros del Gobierno, hasta el punto que se llama la sala Tàpies. También en el Parlament cuelga obra suya e incluso universidades tan emblemáticas como la Pompeu Fabra tienen instalaciones suyas como la famosa Sala de Reflexió, un espacio de meditación que paradójicamente ha permanecido cerrado hasta hoy, que con motivo de su muerte ha sido abierta al público.
“Practicaba un catalanismo moderno, esencialmente en lo que respecta a las libertades”, señala Portabella, “Lo del catalanismo es una paradoja”, añade, “porque era una persona culta y su obra al mismo tiempo tiene una dimensión internacional porque transmite un lenguaje universal. En cualquier caso era un catalanismo no endogámico, sino una especie de mezcla entre lo ilustrado y el sentimiento profundo de las famosas raíces que tenemos”. “Sí que era, ideológicamente, una persona de izquierdas. De esto no tengo ninguna duda”, añade, “porque en su práctica artística siempre hubo un elemento de radicalidad y uno no puede escapar de su lenguaje, porque fundamentalmente los lenguajes son para pensar”.
Como miembro de las segundas vanguardias, cuestionó los códigos del arte, pero en su territorio era muy poco condescendiente con las generaciones posteriores y los planteamientos radicales que ponían en cuestión su práctica, como fue el caso del movimiento conceptual, al que trató con desprecio y contundencia. Era en febrero de 1973 y el Grup de Treball, en el que también estaba Portabella y otros artistas como Carles Santos, Antoni Muntadas y Antoni Mercade, contrapuso el arte conceptual al suyo. Tàpies reaccionó inmediatamente publicando un artículo en La Vanguardia Española titulado El arte conceptual aquí, descalificándolos. El rotativo se negó entonces a publicar la respuesta del Grup de Treball, que tuvo que recurrir a la revista Nueva Lente. Tàpies reivindicaba el legado de las primeras vanguardias y los conceptuales despreciaban la pintura y negaban cualquier vínculo con su arte. Para Tàpies no eran más que “una tendencia”, y sus miembros estaban llenos de “contradicciones”, ya que rechazaban el arte como objeto comercial al tiempo participaban en exposiciones organizadas por las instituciones. Portabella se encontró en medio de la refriega. “Me pidieron que le contestara y conseguí publicar una carta en La Vanguardia respondiendo a Tàpies”. A su amigo le sentó fatal.

Fuente: Martí Font (El País)

jueves, 9 de febrero de 2012

"¿QUÉ ES LA CULTURA POPULAR?", SELECCIÓN DE TEXTOS DE ANTONIO GRAMSCI

Título: ¿Qué es la cultura popular?
Autor: Antonio Gramsci
ISBN: 978-84-370-8197-7
Traducción: Justo Serna i Anaclet Pons
Año ed.: 2011

Publicacions de Universitat de València
Encuadernación: rústica
Formato: 16 x 24 cm.
Páginas: 192 pp.
PVP: 15.00 €


Este libro recoge una nueva selección y traducción de los "Cuadernos de la cárcel" de Antonio Gramsci, una selección sobre la cultura popular: el folklore, la religión, el teatro, el periodismo, la novela, etcétera. Agitador y revolucionario, de frágil y enfermiza constitución, Gramsci, líder político italiano y el principal intelectual del marxismo en Occidente, vio consumirse poco a poco su quebradiza salud en aquel encierro. Pero sus reflexiones aún tienen vigor. Todavía nos queda una gran obra que leer o releer. Varias décadas después, sus cavilaciones son actuales; sus preocupaciones son presentes; sus especulaciones son agudas. El presente libro, a cargo de Anaclet Pons y Justo Serna, cuenta con una documentada introducción que justifica la vigencia de Gramsci, que tanto meditó sobre la cultura popular del siglo xx.

A propósito de la reciente edición de las notas sobre cultura popular de Antonio Gramsci (Artículo de Joaquín Miras Albarrán, para Rebelión): http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144286

miércoles, 8 de febrero de 2012

"APUNTES DE CRIMEA", DEL ESCRITOR SOVIÉTICO MÁXIMO GORKI



I

UMI


Cada mañana, al despertar, habría yo la ventana de mi cuarto y escuchaba. De la montaña, a través del lujuriante verdor del jardín, descendía una canción soñadora. No bien me despertaba del todo, la sentía temblar en el aire matinal, saturado del perfume dulzón de los melocotoneros y de los naranjos en flor.
Soplaba un viento frío desde la cumbre poderosa del Ai-Petra; doselando mi ventana, se balanceaba suavemente el follaje espeso de los árboles, y este susurro imprimía a las notas del canto una gran belleza enternecedora. Por sí sola, resultaba monótona y sin atractivo la melodía, construida por completo en disonancias: donde aguardaba uno que se atenuara, se exasperaba hasta convertirse en un grito tristemente apasionado, y de una manera igual de sorprendente se trocaba el grito salvaje en dolorida congoja. Era una voz temblorosa de anciano que cantase jornadas enteras, desde el alba hasta el anochecer, y a cualquier hora del día que se le prestara oído, resonaba siempre esta canción sin fin, cual un arroyo que manase de lo alto de la montaña.
Los habitantes de la aldea me habían dicho que, de seis años a la fecha escuchaban a diario esta melodía soñadora. Les pregunté:
—¿Quién es, pues, la persona que canta? Me han contado que es una vieja loca, Umi, cuyos dos hijos y cuyo marido, hace ya seis años de eso, salieron al mar para pescar y no han vuelto nunca más.
A partir de entonces Umi está sentada en el umbral de su casa aguardando a los suyos. Un día fui a verla. Por el estrecho sendero quebrado que pasaba a lo largo de las casas costeras y atravesaba jardines o viñedos, subí a bastante altura la falda de la montaña y desde allí atisbé la casita de la vieja Umi, medio demolida, oculta por las piedras y el verdor invasor. Desde las enormes piedras desplomadas desde las cumbres del Aila crecían un plátano, una higuera y unos melocotoneros; murmuraba un torrente, formando en su curso una serie de pequeñas cascadas; brotaba la hierba sobre la techumbre de la casa, a lo largo de los muros serpenteaba una planta trepadora y la puerta se abría cara al mar.
En el escaño del umbral aparecía sentada Umi, alta, esbelta, con los cabellos blancos, estriado de arruguitas el rostro y curtido por la intemperie. Las piedras amontonadas una sobre otra, la casa medio derruida por el tiempo, la cima gris del Ai-Petra entre el calor del cielo azul y del mar que brillaba al sol con un relampagueo frío en su lontananza baja componían en torno a la vieja un marco austero, impregnado de grave serenidad. A los pies de Umi, en la pendiente, se desparramaba la aldea, y a través del follaje de los jardines, sus tejados, de diferentes colores, hacían pensar en los tubos esparcidos de una caja de pinturas volcadas. Desde abajo subía el ruido de las sonajas de un arnés, el roce del mar contra la orilla y, a ratos, voces de hombres agolpados frente a un café. Aquí, arriba, reinaba la calma, sin que se percibieran más rumores que el murmullo del torrente y la canción de Umi, que lo acompañaba, interminable, soñadora canción, iniciada seis años atrás.
Umi cantaba y sonreía conforme avanzaba yo hacia ella. Su sonrisa le arrugaba más todavía el rostro. Tenía jóvenes y claros los ojos, en los cuales ardía el fuego intenso de la esperanza, y, tras haberme envuelto en una mirada cariñosa, se fijaron de nuevo en la llanura desierta del mar.
Me aproximé y me senté al lado suyo, escuchando su canción. Era una canción muy extraña; vibraba en ella la certeza, que luego cedía el puesto a la angustia, exhalando notas de impaciencia y de lasitud; se rompía, se moría y renacía aún, plena de gozosa esperanza...
Pero, cualquiera que fuere la expresión del canto, el rostro de la vieja no experimentaba sino un solo sentimiento: una esperanza donde no había duda, una esperanza firme, serena y jubilosa.
Le interrogué:
—¿Cómo se llama tu marido?
Respondió con una límpida sonrisa:
—Obder Rahín...; el primer hijo, Aktín, y el otro Ionnos... Llegarán pronto... Están en alta mar. No tardaré en ver la barca. También la verás tú.
"También la verás tú." Lo había dicho como si estuviera segura de que constituiría un alegrón para mí el verlos, y de que la barca de su marido me aportaría una gran felicidad cuando apareciera en el horizonte, allí donde el cielo está separado del mar por una fina línea azul oscuro, hacia el cual me señalaba su dedo moreno de momia, reseco por la despiadada quemadura del sol meridional.
Después reanudó su canción de espera y de confianza. Yo escuchaba, la miraba y pensaba: "Da gusto esperar así. Da gusto vivir cuando llena el corazón la certidumbre de una inmensa ventura en el porvenir."
Entre tanto no cesaba de cantar Umi, balanceando acompasadamente el busto, sin apartar los ojos del mar desierto, que brillaba al sol con un resplandor deslumbrante.
Su conciencia, absorbida en absoluto por una idea fija, no se percataba de otra cosa, y yo, a su lado, no existía para ella. Poseído de respeto a su recogimiento, presto a envidiar su vida llena de una única esperanza, permanecía silencioso, sin intentar recordarle mi presencia. El mar estaba tranquilo aquel día; como un espejo, reflejaba el esplendor del cielo y no me prometía nada. Pasé un largo rato junto a Umi y me marché sin que lo notara, llevándome una honda tristeza conmigo. Me seguía la canción entre el chapoteo sonoro del torrente, planeaban sobre el mar las gaviotas, pirueteaba no lejos de la orilla todo un tropel de delfines y continuaba desierta la alta mar.
Jamás finalizará la espera de la vieja Umi y no vendrá nada a colmarla por cierto; pero ella habrá vivido y morirá con el corazón esperanzado.



II

LA MUCHACHITA


Entre los enfermos que a mediodía paseaban por los caminos del parque respirando el aire salobre del mar, atisbé un día a una muchachita que me conmovió por sus ojos enormes, plenos de extraña tristeza, una tristeza que parecía interrogar sin hablar.
Era difícil precisar su edad: los ojos sombríos e interrogantes tenían una gravedad de anciano; su mirada denotaba un ser que ha sufrido y pensado mucho. Pero ni su cuerpecito flaco y huesudo ni su carita macilenta permitían suponerle más de diez años.
De sus hombros angulosos pendía como de una percha una blusa rosa, y el color alegre del vestido hacía resaltar, por un contraste enternecedor, el amarillo de las mejillas y del cuello, enflaquecidos por la enfermedad. La muchachita estaba un poco encorvada y andaba cargando todo el peso de su cuerpo sobre la pierna izquierda y luego sobre la derecha. No cabía duda de que tenía las piernas torcidas; pero seducía el encanto inefable de sus ojos, que concentraban en ellos la atención, pareciendo borrar la deformidad maltrecha del cuerpo por la dolencia; y la muchachita resultaba hermosa, con una belleza espiritualizada de mártir.
Se notaba que desde el día de su nacimiento soportaba a sus costillas el fardo de la enfermedad que había torcido sus frágiles huesos y del cual bien pronto le libraría la muerte. Tosía con una tos siniestra, seca, y cuando pasaba delante de mí oía yo—quizá no fuese más que una impresión—el ritmo acelerado de su aliento. En medio de la opulenta vegetación del parque, al resplandor del sol meridional, despertaba un sentimiento extraño y doloroso, una piedad mezcla de malestar, y, por mi parte, me sentía indirectamente culpable de que ella fuera tan infeliz. Andaba despacio por la avenida del parque y miraba ante sí con sus ojos espléndidos. Alrededor florecía todo, aspirando ávidamente el aire vivificado de la primavera; cantaban las aves, y los cipreses incensaban con su aroma el cielo; murmuraban arroyuelos de aguas abundosas, parcelando las verdes platabandas que atravesaban, mientras el mar y el cielo se admiraban uno a otro y las olas cuchicheaban, benévolas, como si narrasen cuentos. La muchachita no parecía ver los brillantes colores ni oír la música de la naturaleza que resucitaba, avanzando hacia un añoso cedro, y allí, a la sombra de sus ramas frondosas, se sentaba en un banco.
La acompañaba una sola persona, siempre la misma, un joven de alta estatura, elegantemente vestido, de rostro impasible; ostentaba una gruesa sortija en el índice de la mano derecha, que empuñaba siempre un sólido bastón.
Cuando se sentaba la muchachita, le preguntaba él:
—¿Cansada?
Hablaba con voz fuerte, y la muchachita, a quien hacía estremecerse la interpelación, respondía que sí con un mohín de cabeza. Habitualmente permanecía sentada largo rato, una hora o más; pero nunca le vi hablar a su acompañante. Miraba con ojos sin fijeza que hacía preguntas mudas. ¿A quién? ¿Acerca de qué? Frente a ella había un estanque, en cuyo centro emergía una fea piedra tallada en forma de pirámide, y de su vértice subía muy alto un surtidor de agua para recaer en el estanque con estrépito. Donde se rompía y se desparramaba este surtidor con gotas que descendían en cascadas, los rayos del sol las adornaban con todos los tintes del arco iris; era algo muy bonito que semejaba una granizada de piedras preciosas de mil colores. Pero jamás atraía a la chiquilla este juego solar, dirigiendo de continuo su mirada a un punto más allá de lo que abarcar podía, cual si viese a través de los objetos.
Esta actitud contemplativa en medio de la vida que bullía en torno a la enferma producía una especie de mística sensación rayana en el espanto.
"¿Para quién sufre? ¿En virtud de qué? ¿Y quién necesitaba que viniera ella al mundo para llevar una existencia así?" Tales eran las interrogaciones que se suscitaban en su presencia, y se quedaba helado uno ante la idea de tamaña crueldad, tanto más cruel cuanto a nadie le era útil.
... Un día, cuando se había marchado el que la acompañaba—¿un preceptor o su padre?—, dejándola sola en el banco a la sombra del cedro, me senté al lado de ella. Me miró y sonrió con una sonrisa triste que me oprimía el corazón. Ganas me dieron de hablarle; pero no sabía qué decirle, y guardé silencio, turbado por su mirada, experimentando hacia ella algo más que respeto.
Alrededor nuestro se removía el rumor gozoso y poderoso de la vida, agitándose los pájaros por encima de nuestras cabezas y las hormigas a nuestros pies; todo se afanaba por vivir, volaba, cantaba, correteaba. Acechaba yo a la niña y pensaba: "Sería mucho mejor que no se diera cuenta del contraste aflictivo entre ella y el cedro bajo el cual se sienta, entre ella y la hormiga sobre la cual ha dejado de caer sin notarlo un pétalo de flor."
Fue ella quien trabó conversación.
—¿Está usted enfermo también?—inquirió con voz débil, sonriendo.
—Un poco—respondí.
—¿Se encuentra usted aquí a gusto?
—Sí... ¿Y usted?
—No me agrada que haya mucho sol... ni mucho ruido...
—¿De veras no le place este ruido? Es tan jubiloso... Escuche a los ruiseñores y a las alondras, las olas del mar y los arroyuelos, el susurro de las hojas...
—Es demasiado profuso... y demasiado fuerte. Si pudiera ser más tranquilo...
—Sí, quizá sería mejor si fuese más tranquilo.
Ella aprobó con la cabeza y dijo, todavía con acento de convicción:
—En San Petersburgo se hace inaguantable el alboroto. Pero en el campo, aquí, se respira calma, una calma completa. Sobre todo de noche. Entonces, cuando estoy acostada y escucho, me complace eso en extremo. Se escucha largo rato, muy largo rato, y no se oye nada... Diríase que no hay nada en la tierra y hasta que no hay tierra siquiera... Luego, de pronto, percibimos algo y nos sobresaltamos... Eso sí que está bien...
Rompió a toser.
—Le hace daño hablar...
—Sí—dijo ella sencillamente—y se calló, añadiendo muy por lo bajo, casi en un bisbiseo—: todo me hace daño.
Me levanté y la abandoné, por miedo a dejarle ver mi emoción y la pena que se había apoderado de mí.
A partir de aquella fecha adquirimos la costumbre de saludarnos cuando nos cruzábamos. Cada vez inclinaba ella la cabeza para darme los buenos días y había menos vida en su sonrisa cada vez.
Una mañana, conforme entraba yo en el parque y la buscaba, divisé al señor impasible, que venía a mi encuentro trayendo en sus brazos a la muchachita.
Cuando estuvo a mi lado, invadido de aprensión, le pregunté en voz baja:
—¿Duerme?
Él me lanzó una ojeada inquieta y contestó con voz ahogada:
—Está muerta...

Fuente: Barbara Olessova y otros cuentos (EDAF, 1964)

martes, 7 de febrero de 2012

EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, EL MEJOR LUGAR PARA "EL ABRAZO", LA MÁS EMBLEMÁTICA OBRA DE JUAN GENOVÉS


Pocas veces se habla de arte en el Congreso de los Diputados. El edificio diseñado por Pascual Colomer e inaugurado en 1850 reúne una importante colección artística, con espléndidas pinturas en sus bóvedas y excelentes cuadros colgando de sus paredes. Pinturas murales y cuadros ejecutadas por grandes artistas del siglo XIX, desde Federico de Madrazo y Antonio Gisbert a Joaquín Sorolla, y algunos otros de primera línea del XX, entre ellos Antonio Saura, Rafael Canogar o Lucio Muñoz. Sin embargo, esta rica pinacoteca seguramente es desconocida para muchos de los parlamentarios, que dejan transcurrir sus horas en el palacio de la carrera de San Jerónimo sumidos en la más patética de las banalidades.

Estos últimos días, sin embargo, esa forma de “sentir el mundo”, tal como definía al Arte el filósofo español exiliado y muerto en México Adolfo Sánchez Vázquez ha resonado con cierta fuerza en la sede del Parlamento. Y lo ha hecho a través de una pregunta planteada en torno al cuadro ‘El abrazo’, obra maestra del artista valenciano Juan Genovés, uno de los más importantes exponentes de lo que se ha venido en llamar “realismo crítico”; un artista que aunó un firme compromiso en la lucha por las libertades bajo la dictadura franquista con uno de los mayores reconocimientos internacionales y que, desde 1966, se halla ligado a la Marlborough Gallery de Nueva York, donde una veintena de cuadros suyos se está exponiendo en estos días.

El escrito fue presentado por la portavoz adjunta de IU en la Comisión de Cultura, Ascensión de las Heras. La diputada de la coalición pide que el Gobierno de Mariano Rajoy responda “si tiene intención” de trasladar ‘El abrazo’ al Congreso de los Diputados, tal como se comprometió el anterior presidente de la cámara baja, el socialista José Bono. No es una cuestión baladí. Lamentablemente, hasta ahora, este formidable cuadro se halla almacenado en los sótanos del Museo Reina Sofía. Aunque, casualmente, la dirección de este museo anunció en estos mismos días que próximamente pasaría a ser expuesto en su colección permanente.

Si es cierto que el Arte es, en gran parte, un reflejo de la realidad social, ‘El abrazo’ es un ejemplo paradigmático de dicha afirmación, al igual que lo fue en los años de la guerra civil y de la dictadura el ‘Guernica’, de Pablo Picasso y, anteriormente, en los de la guerra de la independencia contra la invasión napoleónica, ‘Los fusilamientos de la Moncloa’, del genial Francisco de Goya.

Símbolo de la lucha por la amnistía

Su autor, Juan Genovés, nació en 1930 en Valencia, en cuya Escuela de Bellas Artes estudió, formó parte de varios grupos de artistas, desde ‘Los siete’, creado en 1949; ‘Parpalló’, en 1956; y ‘Hondo’, en 1960, y fue evolucionando desde su inicial neofigurativismo hasta el realismo crítico, en donde se situó en la primera línea de la creación pictórica española. No en vano, para el historiador del arte Valeriano Bozal, “Genovés es entre los nuevos realistas el que consigue efectos más próximos al realismo tradicional, pues también en él el miedo, el dolor y la desesperación juegan un fuerte contenido sentimental”.

Empeñado siempre en una renovación constante del lenguaje artístico, Genovés decidió a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta realizar una pintura totalmente política, completamente volcada en el ser humano. A esa época corresponden numerosas obras, ejecutadas con tintas planas y negras, desde una perspectiva de arriba abajo, “a vista de pájaro”, en las que su motivo principal, en realidad, el único, lo constituían individuos aislados o perdidos en medio de una multitud. Seres humanos despersonalizados, sin rasgos reconocibles más allá de su propia humanidad, agitados y sometidos, en su soledad o en medio de amplias masas, a fuerzas que los perseguían y maltrataban. Un rico conjunto de obras que conformarían unas vibrantes “crónicas de la realidad”.

Resultado de todo ese itinerario creador, dotado de una fortísima significación crítica, fue la ejecución de ‘El abrazo’, en el que, dejando un tanto atrás la despersonalización de las figuras, sus personajes cobran una fuerza poderosa, con perfiles identificables, emergiendo de sus diminutos tamaños a los reales del hombre libre, que dirige sus pasos a la reconciliación o, en cualquier caso, al aire fresco y revitalizador de la democracia por la que el mismo Genovés estaba luchando. Ejecutado con pintura acrílica sobre tela, fue pintado por Genovés en 1976, en el auge de la lucha de la oposición democrática contra la dictadura franquista, y es un cuadro de considerables dimensiones -1,50 x 2 metros- aunque no llega a alcanzar las medidas de muchos de los lienzos de Historia que se pintaron, en una operación con claras dimensiones ideológicas, en el periodo de la Restauración borbónica, por impulso de Cánovas del Castillo. Baste recordar los 3,40 x 5 metros, de ‘Doña Juana la loca’, del aragonés Francisco de Pradilla; y los 3,90 x 6 del ‘Fusilamiento de Torrijos’, obra del alicantino Antonio Gisbert.

Su misma historia es un fiel trasunto de las contradicciones de la España surgida de la transición democrática. En aquellos años fue convertido por la Junta Democrática en cartel para la defensa de la amnistía, pero por ello encontró toda suerte de dificultades y obstáculos para llegar a las calles y a las plazas en las que se peleaba por el restablecimiento de las libertades. La siniestra Brigada Político Social, la policía franquista especializada en la persecución de la oposición democrática, destruyó totalmente una primera tirada de 25.000 ejemplares y detuvo al pintor que lo había creado. Genovés permaneció una semana preso en un calabozo de la Dirección General de Seguridad, en los sótanos del edificio de la Puerta del Sol, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

El cuadro corrió mejor suerte. Fue comprado en la Marlborough Gallery de Nueva York por un coleccionista de Chicago al que entusiasmó la fuerza que irradiaba la composición pintada por Genovés. Poco tiempo después, el Gobierno de Adolfo Suárez hizo gestiones para repatriarlo, dada su fuerte carga simbólica para la democracia española. Y su nuevo propietario aceptó la propuesta, tras haber alcanzado el acuerdo de permutarlo por otra importante obra del artista valenciano.

Sin embargo, su regreso a Madrid sufrió los mismos ataques por parte de las fuerzas ultramontanas que la misma democracia que estaba surgiendo. Su destino fue el Museo Español de Arte Contemporáneo, sito en la Ciudad Universitaria y transformado posteriormente en Museo del Traje. Pero el público nunca pudo llegar a contemplarlo en las paredes de aquella pinacoteca. Permaneció oculto en sus sótanos, hasta que unos trabajadores del sindicato de Comisiones Obreras, que se habían afanado en su búsqueda, lo rescataron de un rincón perdido del almacén. Cuando los fondos del mencionado museo se trasladaron al Reina Sofía, ‘El abrazo’ los acompañó. Pero volvió otra vez a ser depositado en los sótanos del edificio. Y allí ha permanecido hasta ahora.

En su pregunta parlamentaria, la diputada Ascensión de las Heras señala que “esta emblemática obra se erigió en icono reivindicativo de la amnistía de los presos políticos víctimas del régimen franquista”, así como para reclamar “la libertad de asociación política y la convocatoria de elecciones” tras la muerte del dictador Francisco Franco. Pero, además, la diputada de IU recuerda que tras los sangrientos atentados ocurridos el 24 de enero de 1977 en el despacho de abogados laboralistas de Atocha, donde cinco de ellos fueron asesinados, “la obra tomó una nueva dimensión” al ser elegida por CCOO como motivo inspirador para que Genovés realizara un “magnífico grupo escultórico que se erigió en Madrid como homenaje y repulsa de la matanza”

La conversión de ‘El abrazo’ en soberbia y estremecedora escultura y su ubicación en la madrileña Plaza de Antón Martín, muy próxima al despacho de los jóvenes laboralistas asesinados, fue una elección obligada. No sólo por su significado. En una de las paredes de la habitación donde fueron acribillados a balazos se hallaba uno de los carteles que reproducían el cuadro de Genovés. ‘El abrazo’, transformado en un vigoroso pasquín de lucha por la amnistía, resultó salpicado con la sangre de uno de los asesinados. ¿Quizás la de nuestro querido Javi Sauquillo? ¿O, tal vez, la de la única superviviente de aquella terrible y cobarde matanza, nuestra entrañable Lola González Ruiz?

El cuadro de la ‘clandestinidad’ y de la ‘vergüenza’

"El abrazo" sólo vio la luz durante tres meses en 2009. Conocedor de la suerte que “El abrazo” había tenido en los Museos de Arte Contemporáneo y en el Reinta Sofía, Genovés recordó con tristeza en alguna ocasión que cuando algunos periodistas extranjeros le preguntaban la razón por la cual el cuadro permanecía oculto él les respondía, con sorna: ”El cuadro nació en la clandestinidad y debe de gustarle vivir así”. Pero la posición oficial ante esta emblemática obra llegó a límites realmente patéticos. Durante todos estos años, cuando algunas delegaciones extranjeras importantes expresaron su deseo de ver ‘El abrazo’, los responsables del Museo Reina Sofía daban las instrucciones oportunas para que lo subieran del almacén, lo colgaban en una de sus salas y, tras ser contemplado por los visitantes, ordenaban su regreso al sótano.

No resulta extraño, por tanto, que el también diputado de IU José Luis Centella haya declarado que el hecho de que continúe en el sótano del Reina Sofía supone una “vergüenza para la democracia” y podría ser considerado “como una segunda clandestinidad”.

Fuente: Rodrigo Vázquez de Prada y Grande (Crónica Popular)

lunes, 6 de febrero de 2012

PRESENTACIÓN DE "POEMAS DE LA PRISIÓN Y LA VIDA", DE MARCOS ANA


«Vivir para los demás es la mejor manera
de vivir para uno mismo»


Estos poemas fueron escritos en una prisión, cuando la noche era más profunda, a la macilenta luz de un extraño candil, construido con un viejo tintero, un poco de alcohol que conseguía en la Enfermería y una mecha trenzada con la cinta de unas alpargatas. Esa luz podía apagarla de un solo soplo a la menor alarma.


Así escribía, mis manos doradas por la luna, el oído atento, arropado por una manta, proyectando sobre la pared una extraña sombra, mientras por el tragaluz de mi celda la Noche me acechaba como un animal oscuro.


Solía despertarme muy temprano, antes del toque de diana y trabajaba mis versos en la fría soledad de las madrugadas, hasta que despuntaba el día. Después, cuando amanecían los ojos y las llaves, me escondía la voz en un zapato y mientras paseaba en el patio de la cárcel, por caminos circulares que no conducían a ninguna parte, iba memorizando los poemas, dándoles forma y armonía.


Eran y son poemas sencillos, mensajeros de la dignidad, que no pretendían alcanzar el cielo de los elegidos, sino llevar calor humano y esperanza de libertad a los que sufrían cautiverio y llamar a las puertas del mundo para despertar a los que dormitban, ajenos a nuestro drama personal y a la tragedia colectiva de España.


Varios de esos poemas he agrupado en este poemrio, con la esperanza de que puedan ser compartidos por mis contemporáneos y abran a la vez, un camino de lumbre y rebeldía en el corazón y el pensamiento de las nuevas generaciones, en cuyos surcos hemos sembrado nuestra historia.


Marcos Ana
Madrid, octubre 2011

«Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo
por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas».

Autobiografía

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde mi infancia
y a muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña…

Norma

Quiero que mis poemas tengan hueso
y estructura de piedras palpitantes:
verlos siempre de pie (torres errantes
de la vida y el hombre) por su peso

Capaces de ser bala y de ser beso,
cantos de paz o puños resonantes,
azules como el rayo o verdeantes
como olivo maduro… Que su espeso

son a metal, colmena o bosque herido,
suba desde mi sangre, tensamente,
a otro labio desierto o perseguido.

¡Versos con alma y versos con simiente,
con atléticos hombros y un erguido
pueblo de corazones por su frente!

¿La vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar, habladme
del olor ancho del campo,
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llave,
como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del Amor, no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mis losas?

Veintidós años… Ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma… Escribo

a tientas: «el mar», «el campo»…
Digo «bosque» y he perdido
la geometría de un árbol.

Hablo, por hablar, de asuntos
que los años me borraron…

No puedo seguir, escucho
los pasos del funcionario.

Mi casa y Mi corazón
(sueño de libertad)

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
la luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.

Prisión central

Muros hirsutos. Ásperas cortezas
donde el hombre se duele cada día.
Apretada oquedad de llaga y fosa.

Socavón de Castilla. Lento espanto.
Catedral invertida hacia la tumba,
bajo una piel de piedra cancerosa.

Hay un árbol, aquí, pleno, encerrado,
de corazones vivos que semejan
puños airados en la luz borrosa;

muchas hojas sin sangre van cayendo,
más su raíz indómita florece
una bandera abierta en cada losa.

Y en esta pena oscura donde habita
mi corazón en sombras, ya tan sólo
la luz de esa bandera es asombrosa.

Mi corazón es Patio

A María Teresa León

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.
Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio).

A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
Y entonces, digo: «El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando».

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.

«Es la vida», me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…

Pero es soñar despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo).

Amanezco, y ya todo
—fuera del sueño— es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!
Yo ya creo que todo
—fuera del sueño— es patio.

(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
—hasta en el sueño— es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.

Un patio donde giran
los hombres sin descanso.


Pequeña carta al Mundo

Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.

Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.

Ocho mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.

El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?

No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.

Si lo supieseis vendrías
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.

Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.

Y en la soledad del muro
hallareis mi testamento:

al mundo le dejo todo
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
crucificada y rota, en el centro.

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domingo, 5 de febrero de 2012

EL JUICIO A LA POETA ANGYE GAONA


LA METÁFORA Y LA CÁRCEL

Qué traerás, qué ofrecerás

más acá de las sombras,

en un tiempo de desapariciones,

cuando vuelven las cabezas separadas

a preguntarse descreídas

si no dejaron

algún secreto bajo la lengua.

Angye Gaona

El 23 de enero fue el juicio. Nos les bastó arrebatarles cuatro meses de su vida en una prisión. La falta de pruebas (entiéndase montaje judicial) les obligó a dejarla en libertad. La cárcel hecha campo de concentración para el cuerpo, la metáfora y la opinión, amenaza en Colombia y ya supera los 7.500 presos políticos. Angye Gaona es víctima de ello. Ya fue prisionera de conciencia, y los montajes del gobierno quieren que esta condición regrese, que se materialice en el juicio que se llevará a cabo en la ciudad de Cartagena.

El Estado no soporta a quien no escribe para él, a quien no lo adula y recibe una buena paga en periódicos y revistas que viven de su régimen. Y si se es una poetisa, el caso le resulta más insoportable. Porque las palabras en Angye no son adulación al régimen ni farándula que vive de sus aplausos y condecoraciones. No. Los versos de Angye son su cotidianidad, un estallar poético de actos que develan la infamia de un gobierno. Es fácil entonces afirmar que la poesía no se hace a sí misma, la hacen quienes la viven con su pueblo y cantan sus designios.

En metáforas imaginamos y recreamos el mundo que vivimos o deseamos, para algunos será virtual y relajante, para otros, real y apasionado, con todas sus angustias y placeres. La vida del poeta es también metáfora que nos afecta. Cuando no escribe es porque vive el mundo, el mismo que serán poemas; de la fuerza con que viva dependerá que sus versos rechacen cualquier virtualidad adormecedora, enajenante. El poema no es complacencia ante un estilo determinado que garantiza ventas, y menos un saludo al comité de elogios del orden establecido. Transgresión, movimiento, riesgo y afirmación de la vida, es la fuerza que define al poeta y su obra. En Angye Gaona esa fuerza es lo que hoy enjuicia el estado colombiano: una fuerza capaz de luchar contra la injusticia de su gobierno.

Los cargos que se le imputan son absurdos. Es acusada de "concierto para delinquir agravado” asociado al “delito de narcotráfico y rebelión”. Cuatro meses la mantuvo secuestrada el gobierno en una prisión; hasta mayo de 2011, cuando recobró su libertad por “vencimiento de términos ” , junto a Julián Aldoni Domínguez, William Rivera y Araceli Cañaveral, también vinculados al mismo montaje, perdón, al mismo proceso judicial.

Quizá este lunes 23 de enero en la ciudad de Cartagena no vimos a grandes multitudes de escritores indignados a las afuera del juzgado, y tampoco es de esperar que las mejores plumas del país alcen algún párrafo en favor de los miles de prisioneros políticos secuestrados por el régimen colombiano. No lo espero y no me preocupa. Me llena de terrible veneno, sí, pero no me preocupa, porque la libertad de Angye y sus compañeros no la garantizan quienes temen y rinden culto a la censura oficial; su libertad habita en quienes no sienten vergüenza de “peliar” ni hablar contra la tiranía, la garantiza la lucha por la dignidad y no el mercado editorial. Esa lucha está con Angye y sus compañeros, y su solidaridad crece a escala planetaria, de la misma manera que los mejores versos se vuelven universales.

Desde las noches del suroccidente colombiano,

21 de enero de 2011

Notas, Biografía abreviada:

Angye Gaona (Bucaramanga, Colombia, 1980) Poeta colombiana, integrante de Prometeo y del equipo organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín por cinco años. Organizó en el 2001 la I Exposición Internacional de Poesía Experimental. Ha cultivado también la escultura y la producción radial. Vive y realiza actividades de promoción de las potencias de la poesía en su ciudad natal. Poemas suyos han sido incluidos en antologías y publicaciones impresas y digitales en Colombia y el exterior, recientemente en una antología de nuevas voces de la poesía colombiana publicada por la Universidad de Monterrey (México).

En 2009, publica su primer libro: «Nacimiento volátil» (Ilustraciones de Natalia Rendón), y participa en el Encuentro Internacional de Surrealismo actual «El umbral secreto», (Santiago de Chile), la muestra más grande que se ha realizado del movimiento surrealista en Latinoamérica.

En 2010 realiza el poema experimental «Los hijos del viento», disponible en el sitio web: http://www.wix.com/viento/viento. Su obra ha sido traducida parcialmente en francés, catalán, portugués e inglés. En 2011 gana el Salón metropolitano de las artes «Mire». En 2012 participará en la Exposición Internacional «Surrealismo 2012» (Pennsylvania, EEUU) y en el XXII Festival Internacional de Poesía de Medellín, si no es encarcelada hasta entonces.

Un Dossier Especial bilingüe le será dedicado, en el próximo número de la revista poética francesa «La voix de autres», a publicarse en marzo 2012.

Fuente: Alexander Escobar (Rebelión)


sábado, 4 de febrero de 2012

"EL GRAN CAMPESINO", DE JULES DALOU


Aimé-Jules Dalou (1838-1902)
El gran campesino
1897-1902
Bronce
Alt. 197; Anch. 70; P. 68 cm.
Museo de Orsay (París)


En 1889, Jules Dalou concibe un "Monumento a los obreros". Para ello, va al campo, a las minas y a las fábricas multiplicando los estudios, esbozados o modelados. Una maqueta de 1896 muestra una columna, con unos doce nichos en la base que albergan las estatuas de trabajadores y en su cumbre un "Campesino con la camisa remangada". ¡El conjunto debía medir 32 m de altura! Pero este monumento no llega a erigirse. A la muerte de Dalou, en 1902, sólo estaba terminado el "Campesino". La estatua, expuesta a título póstumo, produce una profunda impresión. No representa a un bello atleta en una pose a la antigua, sino a un auténtico campesino, con el cuerpo deformado por el cultivo de la tierra, captado en un momento de descanso. La actitud, no obstante, es noble y digna. El escultor, partidario de la Comuna de París y republicano convencido, denuncia la alienación del hombre por el trabajo.

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viernes, 3 de febrero de 2012

VIAJE AL INTERIOR DEL "GUERNICA"


ESTUDIO DE CONSERVACIÓN SIN PRECEDENTES PARA EL "GUERNICA"

El Museo Reina Sofía de Madrid desarrolla el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre el estado de conservación del Guernica, obra icónica y universal realizada por Pablo Picasso en 1937 y que reside en esta institución desde 1992. Gracias a la utilización de la tecnología más avanzada y a la experiencia de los mejores expertos, este proyecto de investigación del Departamento de Conservación-Restauración del Museo pondrá sus resultados a disposición de todo tipo de públicos sin necesidad de acercarse al cuadro.

Para la puesta en marcha de este proyecto, que lleva como título Viaje al interior del Guernica, se ha diseñado y construido un automatismo robotizado, de 9 metros de largo y 3,5 de alto, controlado por ordenador que se desplaza delante de la obra con precisión de 25 micras e incorpora diferentes sensores y cámaras que, durante el proceso de digitalización del cuadro, aportarán millones de imágenes en altísima resolución y datos absolutamente precisos, un buen número de ellos desconocidos hasta ahora. Las fotografías se realizarán utilizando los últimos avances tecnológicos en luz visible, infrarrojo multiespectral, luz ultravioleta, reflectografía espectral y escaneado en 3D.

Adelantarse al deterioro

Es la primera vez que se construye un robot cartesiano de estas dimensiones para la digitalización de imágenes tomadas de una obra de arte. Además, puede afirmarse que asistimos a la realización de un estudio sin precedentes, no sólo por el desarrollo y uso de este sistema automatizado para la captación de imágenes digitales, sino también por la incorporación de todos los avances tecnológicos disponibles, así como la posibilidad que ofrece de realizar recreaciones virtuales que permitan mostrar la evolución de la obra desde el punto de vista material. Con ello, los restauradores conseguirán adelantarse a su deterioro y trabajar en su conservación de forma más exacta.

La última gran investigación sobre el estado de conservación del Guernica fue llevada a cabo en 1998 en el Museo Reina Sofía. En aquella ocasión, el desarrollo de la investigación y sus resultados fueron presentados en el simposio 'Guernica. Problemas éticos y técnicos en la manipulación de obras de arte' y en la publicación Estudio sobre el estado de conservación del Guernica de Picasso. El proyecto que comienza ahora arrojará una información infinitamente más precisa sobre la obra y permitirá penetrar en sus distintas capas con el fin de recrear la superficie y descubrir aspectos hasta ahora desconocidos, tanto en lo que se refiere a su gestación, materiales y técnicas, estado de conservación, etc.

Además del personal de Conservación-Restauración del Reina Sofía, este estudio cuenta con la participación de investigadores del Departamento de Óptica de la Universidad Complutense de Madrid, desarrolladores de software para el diseño del movimiento del automatismo, así como de empresas especializadas en robótica o en la toma de imágenes en 3D.

Fases del proyecto

Viaje al interior del Guernica comenzó a gestarse 2009 con la investigación, identificación de problemas técnicos y proveedores, diseño y desarrollo del robot cartesiano. Ahora se realizará la digitalización de la obra con ayuda del automatismo robotizado, proceso que, dada su complejidad, se prolongará hasta junio de 2012.

Una vez finalizada esta primera fase, se tratarán las imágenes digitalmente y se producirán contenidos para su estudio y divulgación en diferentes soportes, que podrán ofrecerse tanto a la comunidad científica como al público interesado en un conocimiento profundo de los materiales y las técnicas de esta obra fundamental en la historia del arte del siglo XX. Será posible, por ejemplo, navegar por la superficie del cuadro en 3D o superponer diferentes capas de las digitalizaciones realizadas en un apasionante viaje al interior de la obra.

En cuanto al robot, finalizada su labor frente al Guernica, podrá ser reinstalado en el Departamento de Conservación-Restauración del Museo para seguir profundizando en el estudio de otras obras de la Colección sin necesidad de tocarlas directamente.

Fuente: hoyesarte


Presentación de 'Viaje al interior del Guernica', con entrevistas a Manuel Borja-Villel, Director del Museo Reina Sofía, Jorge García-Tejedor, Jefe de Conservación y Restauración del Museo, y Francisco Serrano, Director General de la Fundación Telefónica.

jueves, 2 de febrero de 2012

"EL LIBRO NEGRO", DE VASILI GROSSMAN E ILYA EHRENBURG

Título: El libro negro
Autores: Grossman, Vasili y Ehrenburg, Ilya
ISBN: 9788481099270
Editorial: Galaxia Gutenberg, S. L.
Fecha de la edición: 2012
Encuadernación: Rústica
Medidas: 21 cm
Nº Pág.: 1228
PVP: 35 €


Sinopsis: Cuando el 22 de junio de 1941 el ejército alemán cruzó la frontera de la Unión Soviética dio comienzo uno de los más espeluznantes episodios de la Segunda Guerra Mundial. Conocemos las célebres batallas y hemos visto la bandera del Ejército Rojo levantándose... sobre el Reichstag.

Menos se ha escrito sobre una realidad atroz. A saber, que la tierra conquistada fue escenario de una práctica de exterminio de diversos pueblos, y muy principalmente del pueblo judío, que se cobró la vida de millones de inocentes. Las masacres o los campos de concentración levantados con la misma prisa con la que se administraba la muerte, no eran una mera consecuencia de la guerra. Bien al contrario, el exterminio era su razón de ser. El ejército alemán actuaba de acuerdo a un plan sistemático diseñado en Berlín y nacido en la pragmática racista del Tercer Reich.

Vasili Grossman e Ilyá Ehrenberg compilaron los testimonios de los supervivientes para que el mundo conociera la insondable magnitud del horror. Cientos de testimonios llegados a sus manos o recogidos por medio de entrevistas a las víctimas sirvieron para erigir un monumento hecho de sangre y heroísmo, el de quienes padecieron el encierro en los guetos y tomaron el camino de la ejecución; el de los pocos que se atrevieron a desafiar a los verdugos.

RESEÑA DE JORGE FERRER, TRADUCTOR DEL LIBRO

El libro negro, obra mayúscula de Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg que traduje por encargo de Galaxia Gutenberg, ha llegado a las librerías. Es coedición con Yad Vashem y ha contado con el apoyo económico de dos familias que cuentan entre sus miembros con sobrevivientes del Holocausto, Altaras-Apeloig y Apeloig-Schloser.

Algo menos de medio año me llevó trabajar en la traducción de las 1.225 páginas de este libro que estremece línea a línea a quien lo lee. ¡Imagínense qué hacen estas páginas con quien las traduce a su lengua! He traducido muchos libros significativos y hermosos pero jamás me había enfrentado a proyecto que me ocupara la mente y el corazón como lo hizo este. Viví medio año con este libro, metido en él, soñando con él.

Me gustaría pensar que sus lectores, ¡ojalá que muchos!, experimenten idéntico sobresalto, semejante estupor ante el arrojo de unos pocos, parejo dolor ante el martirio de las víctimas, igual desprecio hacia sus victimarios.

Por cortesía de Galaxia Gutenberg, inserto unos párrafos de El libro negro. Se deben a un judío, oficial del Ejército Rojo, que volvió a su pueblo para encontrarlo arrasado y conocer las circunstancias de la muerte de sus padres y su hermana. Son apenas unos párrafos de este monumento a quienes le vieron el rostro y las uñas al horror.

Si solo van a comprar un libro este mes, que sea este. Si solo van a comprar uno este semestre, que sea este. Si solo tienen fuerzas para enfrentar el horror una vez en muchos años, que sea esta.

Bráilov, mi patria chica (fragmento de El libro negro)
(…)
Una gélida noche de febrero los hombres de la Gestapo y los policías rodearon Bráilov. La masacre comenzó antes del alba. Según uno de los policías al que interrogué personalmente, apenas se trataba de la primera Aktion. Cada uno de los agentes recibió la orden de desalojar dos o tres apartamentos habitados por judíos y conducirlos hasta el punto de reunión establecido en la Plaza del mercado de Bráilov. En caso de encontrarse con alguien que no fuera capaz de andar por su cuenta o que se negara a hacerlo, debían matarlo allí mismo, si bien cuidándose de no hacer mucho ruido. Las armas a utilizar eran las bayonetas, las culatas de los fusiles y los puñales.
Los culatazos dados a la puerta de casa despertaron a mi padre a las seis de la mañana. Dos policías irrumpieron de pronto en la habitación.
―¡Todos fuera! ¡A la plaza! ¡Deprisa!
―Mi mujer está enferma ―explicó mi padre―. No puede levantarse de la cama.
―Ya decidiremos nosotros quién puede o no puede levantarse ―replicó uno de los policías.
Mi padre fue sacado de casa a culatazos. Mientras mi hermana Roza se vestía apresuradamente alcanzó a ver que uno de los policías avanzaba hacia mi madre empuñando un puñal. Mi hermana hizo ademán de correr en socorro de nuestra madre, pero una lluvia de culatazos cayó sobre su cabeza y la empujó hacia la calle descalza y a medio vestir. Roza cayó al suelo; mi padre consiguió levantarla a duras penas y la ayudó a llegar hasta el punto de reunión, ubicado frente a la iglesia que se alza en la Plaza del mercado.
Era hacia allí que conducían a los judíos de Bráilov. Mas no a todos. A muchos los mataron en sus propias casas, como a mi madre. La familia Bakaléinik tampoco llegó al punto de reunión. Un policía los asesinó a todos con una sola ráfaga de ametralladora. Los obligó a formar una hilera frente a la casa, los hizo caer a todos, y así ganó una apuesta que había hecho con otro policía.
Después de hora y media verificando sus listas, los alemanes anunciaron que trescientas personas permanecerían en la ciudad ―fundamentalmente, sastres, zapateros, palafreneros y sus familias― para brindar servicio al ejército alemán, mientras que los demás serían fusilados. La enorme procesión de los condenados se puso en camino severamente guardada por los convoyes que la acompañaban. A mi padre y a mi hermana les tocó marchar a la cabeza de la columna. Los seguía Oskar Shmarián, un joven de dieciséis años, pariente nuestro, que había venido desde Kiev a pasar las vacaciones en Bráilov. Cuando llegó a la altura de la farmacia, la columna se detuvo de pronto. El jefe de la policía recordó que había olvidado convocar a Iosif Shwartz, quien vivía a las afueras de Bráilov, junto al cementerio ortodoxo. Enviaron a un policía a buscarlo. Apenas unos minutos más tarde llegaron Schwartz y su mujer. Les correspondió a ellos encabezar la fúnebre marcha durante aquel último tramo.
La multitud avanzaba en silencio. Todos iban concentrados en sus propios pensamientos, observaban por última vez el paisaje natal, se despedían de él, decían adiós a la vida. Y de pronto se escuchó una canción alzándose sobre la columna. Una voz joven y aguda entonó una canción sobre las bondades de la patria, la vastedad de sus tierras, la belleza de sus bosques, sus ríos y sus mares, la pureza de su aire tan grato a los pulmones. Era mi hermana Roza quien cantaba.
He interrogado a muchos testigos y verificado una y otra vez que todo sucedió así en realidad. Mis pesquisas, profundas y escrupulosas, me han permitido establecer que la escena fue tal y como aquí la describo. Antes mi hermana nunca había dado muestras de que le gustara cantar. Aquella horrible mañana había pasado dos horas descalza y a medio vestir bajo un frío inclemente. En aquella etapa de la marcha sus pies estaban helados. Me pregunto qué la movió a cantar. Y, sobre todo, de dónde extrajo las fuerzas para realizar aquel último acto de veras heroico.
Un policía le ordenó callar, pero mi hermana continuó cantando como si no lo hubiera escuchado. Se escucharon dos disparos. Mi padre levantó del suelo el cadáver de su única hija y llevó aquella preciosa y sagrada carga durante el kilómetro y medio que aún le quedaba por recorrer hasta el lugar de la ejecución.
Cuando la columna de condenados llegó a la fosa abierta, se le ordenó al primer grupo que se desvistiera y colocara la ropa en el lugar señalado para ello. Después, se les ordenó tumbarse en el fondo de la fosa. Mi padre colocó con cuidado el cuerpo de mi hermana en la fosa y comenzó a desvestirse. Una docena de carretas llegaron desde el pueblo para transportar la ropa a los almacenes de la policía. En ese instante se produjo un incidente junto a la fosa. La joven Liza Perkel se negó a desvestirse y exigió que la fusilaran vestida. Los verdugos se abalanzaron sobre ella: le propinaron culatazos, hincaron las bayonetas en su cuerpo. Liza consiguió agarrar del cuello a un hombre de la Gestapo y cuando este intentó apartarla le clavó los dientes en una mano. El alemán pegó un grito y sus compinches acudieron a socorrerlo. Eran numerosos y todos estaban armados hasta los dientes, pero la joven no se rindió.
Al intentar arrancarle el vestido, los verdugos la echaron a tierra. Por un instante, Liza consiguió liberar una pierna y pegó una patada en la cara con todas sus fuerzas a otro hombre de la Gestapo. Entonces el comandante Kraft decidió poner «orden» en persona: se acercó mientras repartía órdenes. Liza se levantó del suelo a duras penas. Le sangraba la boca; su vestido estaba hecho jirones. Haciendo gala de un increíble aplomo, esperó a que el comandante llegara ante ella y le lanzó un escupitajo a la cara.
Se escucharon varios disparos. Liza Perkel murió de pie. Esperó la muerte luchando. ¿Qué resistencia podía ofrecer una joven desarmada a toda una multitud de verdugos? ¡Y aun así los alemanes no consiguieron doblegarla! [Pudo cumplir su último deseo: los alemanes fueron incapaces de someterla. Podían matarla ―armas les sobraban para hacerlo―, pero doblegar su voluntad, hacerla renunciar a su dignidad y privarla de su honor era algo que no estaba en sus manos hacer.]
Mi padre decidió aprovechar el momento de distracción del comandante, los policías y los hombres de la Gestapo y al percatarse de la presencia allí de una campesina a la que había curado alguna vez, le dijo en un susurro: «Gorpina, esconda a este niño» y empujó a Oskar Shmarián hacia el montón de ropa. La campesina lo cubrió rápidamente con un abrigo y lo cargó en una de las carretas en las que se llevaban la ropa. El niño permaneció unos quince minutos oculto bajo la maraña de abrigos hasta que la carreta se puso en marcha alejándose del lugar de la ejecución. La campesina escondió al niño durante unos días y lo proveyó de ropa. Muy pronto Oskar se enroló en un destacamento de partisanos. Oskar vive aún y fue de sus labios que escuché los pormenores de la muerte de mi familia: llegó a ver el instante en que murió mi padre. En el último instante de su vida, mi padre consiguió hacer lo que creyó justo y necesario: salvó a un vengador más, a un joven que luchó implacablemente para salvar a nuestro pueblo del fascismo.
(…)


Fuente: www.eltonodelavoz.com

miércoles, 1 de febrero de 2012

MANIFIESTO A FAVOR DE LA DIGNIDAD PÚBLICA DE LA CULTURA

Juan José Téllez, firmante del manifiesto

El pasado jueves y viernes, en Antequera, 57 escritores suscribieron el texto que sigue y que refleja cómo la crisis también muerde a la creación literaria.

MANIFIESTO A FAVOR DE LA DIGNIDAD PÚBLICA DE LA CULTURA

Los abajo firmantes son andaluces que escriben, que forman parte de la clase trabajadora de la cultura y a quienes por lo tanto afecta la crisis económica que aflige a todos aquellos que viven del salario. Pero que se sienten especialmente concernidos, como diría Federico García Lorca con quienes no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega. Así,

MANIFIESTAN

1) Que rechazan un sistema económico basado en la avaricia del capitalismo salvaje que ha consagrado la desigualdad como norma a escala mundial y la precariedad y la recesión creciente en la Unión Europea y en España. La precariedad de todos supone también la precariedad de quienes escriben. Pero la crisis no afecta tan sólo a los bolsillos sino a los sueños. Por lo tanto, reivindicamos la dimensión utópica de la cultura como una bandera que nos haga defender y perfeccionar la sociedad del bienestar frente a todos aquellos poderes que quieran abolirla.

2) Que la crisis y la sagrada contención del déficit supone una formidable coartada para acabar con el pensamiento crítico con respecto al pensamiento único; un extremo que en épocas anteriores se articulaba a través de un mecenazgo caprichoso por parte de una administración que debió utilizar mejor sus presupuestos pero que ahora conduce a la privatización del hecho cultural y a reservar su supervivencia a la comercialización baladí y al puro espectáculo, atendiendo antes al populismo que a la calidad.

3) Que, en ese sentido, Albert Camus relacionaba la degradación de los derechos laborales con la degradación humana y la emergencia de un ocio zafio. Defender la dignidad de todos quienes están pagando las consecuencias de esta recesión nos lleva a defender a la cultura como parte esencial de nuestras conquistas sociales. Se trata de un modelo de civilización a cuyo desmantelamiento estamos asistiendo sin que nadie parezca prestar atención a las alternativas que desde la ciudadanía empiezan a formularse frente a esta situación dramática.

4) Que, tal como aparece recogido en el Estatuto de Autonomía de Andalucía y en la Constitución española de 1978, la cultura y la educación son derechos inalienables de la ciudadanía y no podemos consentir que se desmantelen. Y eso es lo que está ocurriendo en la actualidad con las instituciones que debieran velar para su protección y desarrollo. Ambas disciplinas, la educación y la cultura, constituyen un servicio público para la sociedad que queremos, que es la del estado del bienestar frente al estado del malestar que nos oprime. Así, no sólo debemos evitar doblegarnos ante esa zafiedad del ocio de la que hablaba Camus sino que debemos exigir que se atienda prioritariamente a la formación de la persona.

5) Que la cultura no es un valor residual sino un testigo de la historia que debe rebelarse frente a quienes pretenden preservar los intereses de las elites dominantes. En tal sentido, tenemos el deber irrenunciable de exigir que forme parte de las prioridades del Estado para que el Estado, es decir lo público, siga formando parte de las prioridades de la ciudadanía. Esto es, para que no se repartan sus ropas los oscuros mercados e intereses sórdidos que lo están crucificando.

6) Que, así, la cultura está viviendo formidables recortes, no sólo en la economía, en los nuevos puestos de trabajo que ha creado durante los últimos treinta años o en las llamadas industrias culturales, sino en la capacidad real de que los creadores puedan comprometerse con la belleza sin sentir la angustia ubérrima de quienes a su lado luchan por la simple subsistencia. La ética y la estética conforman la cara y la cruz de una misma moneda.

Los creadores firmantes de este manifiesto son: Manuel Sánchez, Diego Rodríguez, José Caballero Bonald, José Sarria, Luis García Montero, Antonio Jiménez Millán, Juan José Téllez, Antonio Gómez Yebra, Álvaro García, Nicolás Ramos, Inés María Guzmán, Antonio Manuel Rodríguez Ramos, Luciano González Ossorio, Juan Emilio Ríos Vera, Carmen Sánchez Melgar, Juan Ceyles, Rafael Escuredo, Antonio Rodríguez Almodóvar, Julio Neira, Teresa Arce, Pedro Enríquez, Rafael Ballesteros, Álvaro Salvador, Balbina Prior, Ángeles Mora, Pepa Merlo, Concha Caballero, Salvador Compan, Juan Luis Tapia, Trinidad Cano, Jesús García Calderón, Raquel Rico Linage, Alfonso Fernández Malo, Juan M. Molina Damiani, Miguel Ángel Olivares, Francisco Ruiz Noguera, Amalia Bulnes, Braulio Ortiz, Elena Medel, Alejandro Luque, Pablo Aranda, Antonio Hernández, Eva Díaz Pérez, Luis Manuel Ruiz, Francisco Morales, Rocío Macarena, Rafael de Cózar, Guillermo Busutil, Virginia Aguilar, Carmen Camacho, Erika Martínez, Alejandra López, José María Vaz de Soto.