México no es un tema propio de sus compositores nacionales;
varios extranjeros han compuesto impresiones musicales sobre temas mexicanos,
sean o no de la Hispanidad. Tal es el caso de Aaron Copland, cuyo poema sinfónico
El Salón México se volvió una de sus
obras más populares. Entre estos extranjeros destaca el compositor
hispano-estadounidense Leonardo Balada, un discípulo de Copland, quien ha
escrito al menos tres obras sobre temas mexicanos. Leonardo Balada nació en
1933 en Barcelona. Pasó su niñez y juventud durante uno de los momentos más
difíciles en la historia de su país: La Guerra Civil Española y la dictadura de
Franco. Esto inspiró en gran parte el espíritu contracultural de su obra.
Después de graduarse en el Liceu Conservatoire de Barcelona en 1956, partió a
estudiar a Nueva York con Copland y Norman Dello Joio. En 1960, decidió radicar
en esa ciudad y habitar en su escena musical. Balada debería ser considerado
como un vanguardista posmoderno: sus obras más tempranas son de gran
experimentación en el sonido, la forma y el fondo al usar las más últimas
innovaciones musicales, como el uso de música
concreta en su oratorio agnóstico No-res.
Sin embargo, todas aquellas composiciones posteriores a 1980 contienen
materiales folclóricos y una necesidad de expresarse en un lenguaje accesible
sin llegar a extremos “románticos”. Otro factor común en sus obras son los
personajes históricos a quienes ensalza o desarma según la ocasión lo requiera:
Tal es el caso de dos de sus obras: la cantata escénica o tragifonía María Sabina y sus óperas sobre la vida
de Cristóbal Colón. Por un lado, encontramos a María Sabina en un suplicio
imaginario, ya que ha sido condenada a morir ahorcada por brujería, a manos de
una chusma influenciada por la iglesia. Por otro lado, escuchamos el auge y
caída de Colón con el paralelo del Imperio Español: en su lecho de muerte,
Colón es atormentado por la culpa de los pueblos masacrados por España y en una
visión, tanto Simón Bolívar como Emiliano Zapata lo culpan de la desgracia de
las naciones latinoamericanas.
Sobre estos héroes, o más bien uno de ellos, Balada creó una
ópera de la vida de Zapata en 1984. En ella, se relatan las aventuras del
héroe de la Revolución Mexicana, así como su trágica muerte a manos de sus
hombres; quienes fueron pagados para asesinarlo. Cuatro años más tarde, Balada
compuso una impresión sinfónica de la ópera para orquesta dividida en cuatro
episodios: El primero es un Vals:
comenzando silenciosamente en cuerdas y cornos, la melodía crece hasta
convertirse en un vals vienés; el cual ha sido escrito imaginativamente para
xilófono y alientos, recordando bastante la música de los compositores
nacionalistas Mexicanos, seguido por las cuerdas. El vals aumenta su volumen al
ser interpretado por toda la orquesta, acelerando para volverse un galope;
quien es en su momento decorado por percusiones y sonando cada vez más caótico.
Una sección más suave para alientos y cuerdas sirve como interludio, antes del
retorno caótico de las percusiones, que retratan una balacera: el baile
terminó, la Revolución ha comenzado. Esto es seguido en attacca por el segundo
movimiento, una Marcha. Ésta comienza en clústeres disonantes que llevan a una
melodía para violonchelo solo, evocando la voz de Zapata; esta melodía es
repetida por el resto de los instrumentos, quienes representan a sus
seguidores. Entre líneas fracturadas, aparece el conocido canto revolucionario
La Cucaracha, primeramente entonado por los alientos, luego por la marimba y
los metales. A esta música se añaden diferentes melodías revolucionarias
entonadas por los diversos grupos orquestales, como en un collage de Ives: Se
escuchan el Himno de Riego, La Marsellesa y finalmente La Internacional,
creando lo que sería auténtica música revolucionaria y señalando lo siguiente:
La Revolución es universal. El tercer
movimiento es una Elegía: Zapata acompañando a su hermano moribundo. Otra
melodía revolucionaria, La Adelita, se escucha como si fuera el “Last Post” de
los británicos o el “Taps” de los estadounidenses. Este es el único movimiento
en el que Balada usa materiales de la ópera, transponiendo la voz de Zapata en
los chelos y aquella de su hermano en violas con sordina, las cuales se elevan
sobre la melodía de La Adelita. Alientos
plañideros evocan el dolor del prócer mientras su hermano muere
silenciosamente. El último movimiento es una Danza Nupcial en forma de rondó,
basada sobre el Jarabe Tapatío. Los
metales y las cuerdas evocan una banda de mariachi en una auténtica fiesta
mexicana y los alientos representan los gritos de la gente. Una segunda melodía
popular, esta vez propia a la imaginación de Balada, aparece en los metales y
las cuerdas, pidiendo una canción más. La música del Jarabe sirve como enlace
entre las secciones. Una tercera sección aparece como una serenata y una cuarta
sección lenta sirve como preparación al gran y veloz final sobre el tema
principal, ahora coloreado por toda la orquesta.
Fuente: Musical Histories
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