martes, 23 de julio de 2024

EXPOSICIÓN "¿CUÁLES SON ESTOS TIEMPOS? - GROSZ, BRECHT Y PISCATOR", EN EL PEQUEÑO MUSEO GROSZ DE BERLÍN

 

Diseño de escenario para la producción teatral de Piscator de 1928 de “El buen soldado Schweik”, que muestra imágenes proyectadas de fondo por George Grosz. 

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¿Cuáles son estos tiempos? – Grosz, Brecht y Piscator

La exposición está dedicada a la colaboración artística y la amistad entre el artista George Grosz, el poeta y dramaturgo Bertolt Brecht y el creador de teatro Erwin Piscator. A finales de 1927, Piscator representó en el teatro de Nollendorfplatz Las aventuras del buen soldado Schwejk de Jaroslav Hašek, que fue adaptada al escenario por un colectivo de autores con la participación central de Brecht. Grosz aporta cientos de dibujos para la pieza. La producción multimedia escribe la historia del teatro y se convierte en un gran éxito escénico. La carpeta de antecedentes de Grosz, publicada junto con la actuación, conduce al proceso artístico más largo de la República de Weimar.

En 1932, Grosz ilustró brillantemente la poesía infantil pacifista de Brecht, Los tres soldados . En 1933, los tres artistas se vieron obligados a exiliarse. A pesar del gran distanciamiento político local y creciente, la amistad no termina. Se forjan nuevos proyectos pero no se realizan. Una reunión en Nueva York no fue posible hasta principios de la década de 1940. Un animado intercambio de cartas entre Grosz y Brecht, que se publica por primera vez en el catálogo adjunto de la exposición, demuestra la amistad y el aprecio mutuo que se mantienen a lo largo de los años.

Con numerosos préstamos del Archivo Bertolt Brecht, así como de la colección de arte de la Academia de las Artes, del Museo de la Ciudad de Berlín y de colecciones públicas y privadas, esta exposición presenta las obras históricas en las que trabajaron juntos Grosz, Brecht y Piscator. Su colaboración artística dio como resultado obras atemporales que expusieron las atrocidades del fascismo, lucharon decisivamente contra el militarismo y defendieron la libertad de expresión, obras que no han perdido nada de su relevancia en tiempos como estos.

Das kleine Grosz Museum (Berlín), 4 de julio – 25 de noviembre de 2024

George Grosz, Paragraphenbaum, 1927, tinta sobre papel, 52,2 x 64,7 cm, dibujo para la producción “Las aventuras del buen soldado Schwejk” en Piscatorbühne, Berlín 1928, Colección Judin, Berlín 
 
George Grosz, Dr. Bautze, 1927, tinta sobre papel, 46 x 59,5 cm, dibujo para la producción “Las aventuras del buen soldado Schwejk” en Piscatorbühne, Berlín 1928, Colección K

lunes, 22 de julio de 2024

"YO MISMO", AUTOBIOGRAFÍA DE MAYAKOVSKI PUBLICADA POR EDITORIAL PARA LA VOZ, DESCARGABLE EN PDF EN EL 131 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

«Yo mismo», autobiografía de Maiakovski (1928)

Nota de editores

Publicamos esta traducción de manera complementaria al Número 1 de PARA LA VOZ, que lleva por título «100 años de arte y cultura comunista». El motivo de esta edición es la conmemoración del 130 aniversario del nacimiento de Maiakovski en 2023, año en el que empezó a rodar nuestro proyecto.

Presentamos, en este libro, dos traducciones:

En primer lugar, «Yo mismo», la autobiografía de Maiakovski, publicada originalmente en la revista alemana en lengua rusa Nuevo libro ruso (Новая Русская Книга), editada por literatos rusos en Berlín entre 1921 y 1923. En específico, «Yo mismo» se publicó en el Nº 9 de la revista, en septiembre de 1922, aunque el texto fue revisado en 1928 por el propio Maiakovski. Este artículo se define por un marcado estilo futurista, de escritura dinámica y lectura amena.

Según conocemos, existe una edición en español de «Yo mismo» que data del año 1971, cuya versión digital es inexistente y a cuya versión física no hemos podido acceder. Este es, por tanto, un texto inaccesible para el público general hoy en día. Sin embargo, sí hemos podido consultar la traducción catalana de Joaquim Horta y Manuel de Seabra, de 1981, una edición también descatalogada y no disponible digitalmente. Es por este motivo que nos propusimos volver a traducirlo para recuperar un texto que consideramos fundamental para conocer la figura de Maiakovski y aproximarse a los movimientos artísticos de vanguardia que acompañaron a la revolución soviética.

El propio Maiakovski reconoce, al final del texto: «Mucha gente me ha dicho: “Tu autobiografía no es muy seria”. Es cierto. Todavía no me he vuelto académico y no estoy acostumbrado a cuidar de mi persona, y solo me interesa mi trabajo si es divertido». La particular forma de escribir del autor como parte de su estilo futurista, sin duda dificulta su traducción, puesto que nos encontramos con numerosas frases que, a primera vista, pueden parecer extrañas, y palabras inventadas por él. Para ayudar a una mejor comprensión del texto hemos añadido notas a pie de página sobre cuestiones de traducción, así como información sobre lugares, personas, revistas y organizaciones que menciona.

La segunda traducción incorporada en este libro se trata de la versión de 1974 de la entrada biográfica de Maiakovski de la Gran Enciclopedia Soviética (Большая советская энциклопедия), que consiste en uno de los proyectos enciclopédicos de mayor envergadura y profundidad habidos hasta la fecha, pese a que su estudio y difusión sean sorprendentemente escasos en el ámbito hispano. En este caso, se trata de una traducción inédita.

Aprovechamos para recomendar la lectura previa del artículo «El Lisitski y Maiakovski: 100 años de Para la voz», integrado en el Número 1, que permitirá disponer de una base más sólida para entender las vanguardias artísticas soviéticas y, en particular, la atmósfera cultural en la que se enmarca la obra de Maiakovski.

Esperamos que el lector saque partido a este libro y pueda, con él, comprender de forma más rica y concreta el alcance del ideal real del comunismo, en particular, en lo que respecta al aspecto estético de su construcción.

Por último, compañero, si deseas trasladarnos cualquier sugerencia, propuesta o comentario, te invitamos a contactarnos a través del formulario de la página web o del correo electrónico: contacto@paralavoz.com.

Los editores de PARA LA VOZ, enero 2024

DESCARGAR LIBRO EN PDF:  https://paralavoz.com/materiales-liberados/Biografi%CC%81a%20Maiakovski%20completa.pdf

domingo, 21 de julio de 2024

"ESCENA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA", DE WIFREDO LAM


Escena de la Guerra Civil española
Wifredo Lam
1937
Gouache sobre papel encolado sobre lienzo 
215,5 x 139 cm 
Es Baluard Museu d'Art Contemporani de Palma

De los muchos voluntarios cubanos que participaron en la Guerra Civil Española, el pintor Wifredo Lam merece una atención singular. Nacido en Sagua La Grande en 1902, llega a Madrid en 1923 para estudiar pintura y permanece en España hasta principios de 1938 cuando decide marcharse a París. Durante su estancia en España se casa con Eva Piriz con la que tiene un hijo, pero la mujer y el niño mueren de tuberculosis antes del estallido de la guerra. Es en ese momento cuando un viejo amigo, Pepe de la Fuente, le habla de Marx y Lenin y no duda en afirmar que llegó "a comprender y abrazar el marxismo, brújula ideológica que me ha guiado desde entonces". En 1936 es sorprendido por el estallido de la guerra, se inscribe en la FUHA, federación de estudiantes universitarios latinoamericanos de izquierda, y no duda en alistarse en el 5º Regimiento junto a otros cubanos como el músico Julio Cuevas o el escultor Pablo Porras Gener. Así es como recordaba en una de sus entrevistas a Antonio Núñez Jiménez el apoyo de los cubanos a la defensa de la República española:

En la Guerra Civil Española miles de voluntarios combatieron al lado nuestro. Muchos cubanos dieron su ejemplo internacionalista al formar parte de la Brigada Lincoln. El más destacado de ellos, Pablo de la Torriente Brau, murió en Majadahonda. Como Pablo, otros muchos quedaron sepultados por la metralla en esa tierra tan querida.

Se conservan varias fotografías de 1936 en las que se ve a Lam junto a otros militares o junto a la que fue su compañera en la vida y en la lucha, Balbina Barrera. Durante esos años estuvo en contacto con intelectuales antifascistas españoles y el Partido Comunista le envió a trabajar a una fábrica de explosivos, lo que le provocó una grave intoxicación por la que tuvo que ser trasladado al balneario de Caldas de Montbuy. Realizó distintos anuncios para la película soviética Los marinos de Cronstadt y una serie de carteles propagandísticos en defensa de la República. Ya en Barcelona, trabajó en la Comisaría de Armamentos y en el Sindicato de Pintores de la UGT, lo que le permitió preparar una escenografía para una obra teatral ofrecida a los soldados convalecientes. Un día antes de la caída en Barcelona partió junto a su nueva compañera Helena Hozer rumbo a París.

Las obras que mejor representan esta etapa en la que la pintura se convirtió para Lam en instrumento de combate son "La guerra civil" (1937), "El desastre" y "Dolor de España" (1938), estas dos últimas realizadas ya en Francia. Estos tres cuadros representan el sufrimiento de un país que el pintor sintió como propio y cuyo recuerdo llevaría consigo a lo largo de su vida.

En 1980 Wifredo Lam describió la dolorosa experiencia de la derrota de España, que para él -como para Alejo Carpentier y otros cubanos- sería compensada solo con el triunfo de la Revolución en 1959:

Tras la derrota, no he dejado de pensar un solo día de mi vida en los acontecimientos que se sucedieron. Es algo que viví en carne propia y no quiero olvidarlo, no voy a olvidarlo (...) Salir derrotado de España fue y es para mí un dolor tan profundo que nunca he dejado de llevarlo dentro. En la amada tierra española dejaba a Eva y a mi hijo, muertos. Dejaba allí también a muchos hermanos de lucha. Aquella derrota fue como si bajara el telón de una obra de teatro que solo volvería a levantarse con el triunfo de la Revolución Cubana.

Escena de la Guerra Civil española representa el compromiso político de Lam con la República española, y pese a alejarse del estilo más reconocido del artista, asociado mayormente a tradiciones afrocaribeñas y al surrealismo representado en escenas y personajes caracterizados por su polimorfismo, sintetiza la energía de sus formas y narraciones independientemente de periodos o estilos.

Esta obra presenta tres planos, el de las mujeres de espaldas, aquel que muestra en el centro a un campesino maniatado y un tercer nivel donde se vislumbra un cruce de armas y rostros anónimos amenazantes. El movimiento delatado por brazos y armas entrecruzados revela la tensión de la situación. Son las figuras quienes adquieren todo el protagonismo, anulando paisajes en favor de transmitir un episodio de violencia en consonancia con el compromiso político del artista.

sábado, 20 de julio de 2024

"HOY", DOCUMENTAL DE ESFIR SHUB

Título original: Segodnya
Dirección y Montaje: Esfir Shub 
Guión: Esfir Shub y Mark Tseytlin 
Producción: Sovkino – Film Kartell Weltfilm
Blanco y negro,
Muda con intertítulos en ruso
Duración: 65 minutos
Sinopsis: Documental dirigido por Esfir Shub, en el que utilizó la técnica de alternar planos de documentales soviéticos y estadounidenses para mostrar la superioridad del sistema socialista sobre el capitalista. Un montaje vanguardista e intertítulos elocuentes subrayaron la contradicción entre las ideologías.

El momento más famoso, o al menos más publicitado, en la obra de Shub (1894-1959) fue la película que realizó para las conmemoraciones oficiales del décimo aniversario de la Revolución, Padenie Dinastii Romanovykh (“La caída de la dinastía Romanov”), que hizo un uso extensivo de imágenes de archivo prerrevolucionarias y esencialmente trabajó a través de contrastes y yuxtaposiciones (entre imágenes del lujo doméstico de los zares e imágenes de la dura vida cotidiana de los campesinos, por ejemplo), en una especie de progresión en dialéctica simple, por así decirlo, que hacía inevitable el desenlace, tomado como una fuerza histórica inexorable que, en retrospectiva, todas aquellas imágenes ya expresaban. En cierto modo, y sin nada peyorativo en el término, Shub fue, más que un ensamblador, un reensamblador. Esta fue, de hecho, su mayor experiencia durante los primeros años en los que trabajó en el cine: desde 1922, cuando se incorporó al personal de la recién fundada Goskino, su misión fue reunir películas extranjeras para su exhibición en la Unión Soviética, una práctica muy común en aquellos tiempos y no necesariamente por razones simplemente políticas (como alguien escribió, había un gusto tan intenso por la tragedia entre el público ruso que muchas películas americanas y europeas se estrenaron allí sin el “final feliz”). Entre las películas reelaboradas por Shub seencuentran obras de Charlie Chaplin o Fritz Lang (Dr. Mabuse, en cuya reelaboración Shub
contó con la ayuda de su discípulo más famoso, Sergei Eisenstein). 

Fue la eficacia de Shub en este tipo de trabajos la que motivó la autorización superior, solicitada por ella, para lanzarse a la realización de una película original (aunque a partir de imágenes preexistentes) para las celebraciones de la Revolución –que finalmente terminaron siendo tres películas, uniéndose a las dos más de los Romanov, “El Gran Camino” y “León Tolstoi y la Rusia de Nicolás II”, en un tríptico que compuso más o menos la historia de la Rusia pre y posrevolucionaria en las tres primeras décadas del siglo XX.

Hoy llegó poco después, en circunstancias que son un indicador del prestigio que había adquirido Shub. Fue realizada, al menos parcialmente, tras una especie de “pasantías de trabajo”por parte de una delegación de cineastas soviéticos (Dovjenko, entonces también en la cima desu prestigio, era otro de esos cineastas) enviada a Berlín para colaborar con la propaganda del Partido Comunista Alemán. El título “alternativo” de la película, “Cañones o tractores”, proviene del nombre con el que se estrenó la película en Alemania, pero lo más relevante de esta colaboración germano soviética es probablemente la cantidad y variedad de material de archivo con el que Shub pudo trabajar (porque es creíble que, por ejemplo, todas esas imágenes americanas, gran parte de este material no existiera en Moscú)

El título alemán, más retórico que el ruso “Hoy”, explica la oposición en juego, piedra de toque de
la crítica al capitalismo contenida en la propaganda soviética: algunos, la URSS, se preocupan por
el progreso, el desarrollo, el bienestar comunitario. (por tanto, con los “tractores”); otros, el mundo capitalista centrado en Estados Unidos, están preocupados por el dominio y la expansión imperialista agresivos (y por lo tanto, los “cañones”). Es una oposición simple, incluso considerando el maniqueísmo como un elemento inherente a cualquier propaganda, y en cierto modo una oposición que nunca gira sobre sí misma, que en el punto de llegada no se ha alejado mucho del punto de partida.

Propaganda “ilustrativa”, ciertamente no tan sofisticada (ni siquiera, y especialmente, en el uso de la edición como elemento de construcción de significado) como otros ejemplos contemporáneos del cine soviético;tampoco fue una película particularmente bien recibida entre las autoridades cinematográficas soviéticas de la época, ya que encontramos referencias a que Shub se vio obligada a realizar uno de esos
ejercicios de autocrítica que también realizaron muchos de sus compañeros, y a reconocer que había
cometido “errores”. Quizás también sea la razón del relativo borrado de la película, incluso en la estricta historia del cine soviético

Como obra de propaganda, la película tiene hoy un poder muy “neutralizado”, como suele ocurrir
con la propaganda, que evidentemente es propaganda. Muchas de sus imágenes son, por supuesto, muy interesantes en sí mismas, ya sean aquellas que muestran aspectos de la ruralidad soviética (y no sólo rusa, porque algunas de las imágenes provienen de las repúblicas de Asia central) son aquellas que miran hacia afuera, hacia lo exterior (las imágenes de África, hacia el final, pegando el colonialismo al imperialismo capitalista). Pero quizás lo más fascinante sea la posibilidad de ver cómo, a finales de los años 20, la URSS veía a los Estados Unidos de América. Cuando aparecen imágenes de una concurrida calle de Nueva York, el contraste es inmediatamente obvio, son como imágenes de un hormiguero. Pero un hormiguero de lujo, lleno de fiestas, joyas y ropa cara, una sociedad de ocio caro (las imágenes de las carreras de coches) que oprime a las clases realmente trabajadoras (también son muy curiosas las imágenes de acciones procomunistas procedentes de América, la solidaridad con la URSS expresada en carteles).

En esta acumulación de imágenes identificadas con la agresividad capitalista, todo tiende también
hacia un “fin” inexorable, que en este caso no es retrospectivo sino prospectivo: los “cañones” de
las secuencias finales, una expresión de la belicosidad estadounidense, un anuncio de guerra.
inevitablemente por venir. Que, por casualidad, se produjo unos diez años después de Segodnya,
pero donde, irónicamente, la URSS y Estados Unidos estaban del mismo lado

VER "HOY", DE ESFIR SHUB:

viernes, 19 de julio de 2024

"ESFIR SHUB. MANIFIESTOS REVOLUCIONARIOS"

Esfir Shub. Manifiestos revolucionarios

Julia Bonetto
Universidad de Buenos Aires - Universidad del Cine, Argentina
 
Verónica Balduzzi
Universidad del Cine, Argentina
ver.balduzzi@gmail.com

Traducción del ruso de Jerónimo Pereyra

Resumen

Esfir Shub (Surazh, Rusia, 1894 - Moscú, Rusia, 1959) fue directora, montajista y pionera en el cine del período revolucionario. Colaboradora activa del LEF (Frente de Izquierda de las Artes) e integrante del grupo Oktiabr (Octubre), Shub se destacó dentro del movimiento vanguardista soviético de los años ‘20 y creó una obra que es inseparable del contexto histórico, social y político que atravesó.

Este marco, por un lado, trajo consigo cambios significativos que abrieron la posibilidad de teorizar y concebir al arte, en general, y al cine, en particular, como maquinaria, como trabajo, como Kinofábrica. En los primeros años de la década de 1920, Shub escribe una serie de manifiestos donde se interroga acerca del presente y el futuro del cine documental, aquel que, para la cineasta, es capaz de filmar los hechos, de filmar la vida de improviso. Por otro lado, la igualdad de género y la emancipación ideológica que se dio luego de la Revolución de Octubre permitió que las mujeres cineastas hicieran películas que no responden necesariamente a “temas de mujeres”. En este caso, Shub se embarca en esa acrobacia y plantea una marca discursiva en el acervo cinematográfico de la época; una marca discursiva que también emerge de sus manifiestos.

El propósito de este dossier es presentar una selección de los manifiestos escritos por Shub, traducidos por primera vez al español, e introducir sus concepciones teóricas acerca de la realización de películas de no ficción, entendiendo que son fundamentales para pensar el cine documental hecho por mujeres.

Palabras clave: Esfir Shub, Documental, Cine hecho por mujeres, Vanguardia, Cine Soviético.

Esfir Shub (Surazh, Rusia, 1894 - Moscú, Rusia, 1959) fue directora, montajista y pionera en el cine del período revolucionario. Colaboradora activa del grupo Frente de Izquierda de las Artes (LEF, por sus siglas en ruso) e integrante del grupo Oktiabr (Octubre), Shub se destacó dentro del movimiento vanguardista soviético de los años ‘20 y trabajó fervientemente para desmontar las imágenes de la grandeza –empezando por su película La Caída de la Dinastía Romanov (1927)– y proponer, con el cine como herramienta, escribir la historia de otro modo. Algunas de sus películas, como El gran camino (1927), La Rusia de Nicolás II y Lev Tolstoi (1928), Segodnya (1929), K. Sh. E. (1932), La tierra de los Soviets (1937) y España (1939) dan cuenta del recorrido profesional de la cineasta; un camino que es inseparable del contexto histórico, social y político que ella misma experimentó, registró y sobre el cual teorizó1.

Tapa de la revista LEF (Frente Izquierdo de las Artes). Número 11-12. Moscú, 1927

En octubre de 1917, la revolución generó cambios significativos que abrieron posibilidades al interior del campo artístico y, específicamente, al interior del campo cinematográfico. En este escenario, Esfir Shub trabajó enfáticamente en la producción de nuevas películas. Impulsada por la técnica Meyerhold2 y el material documental, Shub formó parte de la nueva intelligentsia revolucionaria, concentrándose en producir nuevos films para el público ruso a partir del juego con el material de películas extranjeras3. Las películas que llegaban de afuera y eran consideradas “burguesas” debían adaptarse al contexto ruso y a su audiencia: el proletariado. Uno de los casos más emblemáticos dentro de su filmografía es La caída de la dinastía Romanov, película realizada en 1927 a partir de material de archivo perteneciente a la familia Real rusa y de material adquirido a firmas norteamericanas que registraba la vida del Zar y de los distintos sectores de la sociedad rusa. Shub se ocupó de montar estos archivos defendiendo una postura política y una actitud ideológica, sirviéndose de un material que en su origen pretendía enaltecer el régimen zarista para presentar, desde el discurso cinematográfico, un discurso revolucionario.

Su trabajo como montajista profesional en Sovkino4 la acercó a Eisenstein –con quien debatió la teoría del montaje–, y también le propició una fuente de inspiración para elegir su propia metodología. El Constructivismo5 fue para Shub su base teórico-práctica, su herramienta para trascender al Formalismo Soviético y fundar su método de montaje en la creencia de que los newsreel y las películas de no-ficción son las únicas capaces de representar a una época y a las personas que viven y trabajan en ella. En palabras de Shub,

El metraje funciona de manera diferente en función de su autenticidad y su naturaleza documental. Las películas de ficción apelan principalmente a las emociones; nosotros apelamos al intelecto. Queremos que nuestros espectadores queden absortos, no emocionalmente sino intelectualmente, ya que solo esto permitirá la correcta valoración de la película6.

En la era Stalinista, la cineasta pasa de trabajar con material de archivo encontrado y compilado a crear sus propios documentales, pero ahora incorporando el sonido. Este pasaje coincidió con el Primer Plan Quinquenal Soviético (1928-1932) y con la convicción por parte del bureau político de eliminar la oposición entre significado y producción en las políticas culturales. De ahí que las películas de Shub fueron consideradas como modelos de factography o trabajo con los hechos historiográficos7. Para Shub, el ideal cinematográfico era el documental y, en este sentido, acuñó el término “autenticidad ontológica”, refiriéndose así a aquel cine que era capaz de filmar la vida de improviso. Tal como lo apunta en su manifiesto Este trabajo grita, la cineasta considera que es el material auténtico lo que da vida a una película documental y que, en consecuencia, es necesario filmar los hechos, filmar a las personas que están en vida, porque solo eso preservará la historia.

A través del montaje, Shub presentaba los hechos de modo que conservaran su valor de registro documental, pero construyendo una narración al servicio de una actitud ideológica. En palabras de Vlada Petric, “Lo crucial en este tipo de filmación es presentar la información visual de tal manera que la actitud ideológica del autor se vislumbre sin distorsionar los documentos en sí”8. Para la cineasta rusa, el cine debía pensarse como Kinofábrica, como máquina, como trabajo que tiene la facultad de filmar el aquí y ahora, la sociedad contemporánea, teniendo en cuenta que, a diferencia de las películas de ficción, todo el asunto reside en la materia prima: los hechos. De este modo, se establecía así una fábrica de no-ficción para mantener la historia viva y pulsante9. Con la llegada del cine sonoro, Shub sostuvo la misma pregunta y la misma concepción: el sonido brindará la posibilidad de trabajar con la materia auténtica, natural, no escenificada, real. En esta línea, y pensando al cine documental y al montaje como un nuevo trabajo –y, también, como un nuevo lenguaje–, Shub se preguntó: ¿qué debemos filmar ahora?

La conciencia social transformada producto de los hechos de febrero y octubre impuso una búsqueda de paridad e igualdad entre hombres y mujeres en términos formales y prácticos. Tanto los “temas de mujeres”10 como la producción cinematográfica hecha por mujeres tuvieron lugar en el cine soviético y generaron cierta ilusión alrededor de la idea de igualdad; sin embargo, el clima epocal no parecía abrirse a la posibilidad de que las cineastas mujeres hicieran películas con temáticas que no fueran las asociadas a su género y, por lo tanto, esa emancipación pensada en términos teóricos fue casi ilusoria en la práctica11. En aquel momento de la Unión Soviética, la misma estructura estatal promovía una política de producción de representaciones que aludieran al ámbito doméstico y la vida privada, temas históricamente asociados a las mujeres y que aún se encuentran en discusión. Es Shub quien se embarca en proyectos que establecen cierto hilo histórico sobre las preguntas que nos hacemos las mujeres y, también, quien se inmiscuye en la acrobacia, en el riesgo que implicó filmar las patologías de un pueblo, el dolor de los actores sociales. A pesar de que algunos de estos proyectos no fueron filmados –el guión de Mujeres, por ejemplo, quedó en el olvido– y otros, como K. Sh. E (1932) no fueron bien recibidos, la cineasta sostuvo la convicción en su hacer y logró continuar produciendo un cine social y políticamente comprometido.

Esfir Shub

El trabajo de Shub marcó discursivamente el acervo cinematográfico para las generaciones futuras; su objetividad no fue neutral, y su apuesta vanguardista fue la ironía. A pesar de que se le requería hacer películas con “temas de mujeres”, Shub alcanzó a desmarcarse de estos encargos y logró experimentar más allá de la segregación. En efecto, encontró en la apropiación y la compilación –tanto de películas foráneas como de material encontrado– una forma de expresar e interpretar la historia atravesada por la pertenencia de clase, produciendo nuevos sentidos desde materiales casi obsoletos. Sus películas manifiestan una época y un movimiento, del mismo modo que sus escritos dan cuenta de la solidez teórica que construyó para pensar esa forma cinematográfica que aparecía con la revolución y la belleza de la desobediencia: la creación documental.

Los manifiestos que presentamos a continuación fueron traducidos por primera vez del ruso al español12 y son portadores de un gran valor histórico tanto para el cine de no ficción como para el cine hecho por mujeres. Los dos primeros textos, Este trabajo grita (1928) y Una fabricación de hechos (1929), proponen una tesis sobre lo que ella considera que debe ser la cinematografía de no ficción, al tiempo que critica el modo de hacer cine de sus contemporáneos soviéticos. Para Shub, los hechos no pueden fabricarse ni escenificarse; es necesaria la verdad histórica en la realización de películas y su producción debe asemejarse a la de una fábrica. En La llegada del sonido al cinematógrafo (1929), Shub se pregunta cómo utilizar este nuevo recurso al servicio de un hacer-cine revolucionario y a favor de una mayor fidelidad en el registro de los hechos. En el contexto del Primer Plan Quinquenal propuesto por Stalin, la aparición del sonido deviene fundamental en la producción de películas que se propongan comunicar y promover su proyecto político. El último manifiesto de esta compilación, No negamos el elemento de maestría (1927), es una incitación por parte de Shub a realizar películas teniendo en consideración la técnica. Aquí, ella sostiene que no por tratarse de películas de no ficción éstas deben prescindir de la maestría en su realización; por el contrario, Shub está convencida de que la técnica en la producción cinematográfica de las películas del LEF debe continuar perfeccionándose. La afirmación final de este manifiesto –“Sobre esto hay que hablar”– da cuenta de la preocupación de Shub acerca de cómo se hace cine, inaugurando una propuesta sobre el documental no sólo desde su compromiso práctico en la realización y compaginación de películas que sirvan a la revolución, sino también desde su interés en teorizar, discutir y problematizar la producción cinematográfica de su tiempo, de su proyecto político, y de la de sus contemporáneos.

Este trabajo grita (1928)

¿Cumplieron S. Eisenstein y G. Aleksandrov, con su película Octubre, la tarea encargada por la comisión de aniversario del CEC13 en carácter de solicitud social, la más delicada de todas las recibidas por los maestros del cine? ¿Entregaron un Diez días que conmocionaron al mundo? ¿Hicieron que la gente y las cosas regresaran diez años hacia atrás, y nos persuadieron de que exactamente así ocurrió un hecho de significación mundial –la toma del poder por parte de trabajadores y campesinos– y que aquel Lenin, el que gesticula en la pantalla, es el mismo Vladimir Ilich que con su cerebro prodigioso condujo el levantamiento?

No, Octubre no cumplió con esta tarea.

Un hecho histórico no se puede escenificar, porque la escenificación distorsiona el hecho.

No se puede reemplazar a Vladimir Ilich por una persona que se parece a Vladimir Ilich y hace de él.

No se puede permitir que millones de campesinos y trabajadores que no participaron en los enfrentamientos, que nuestras juventudes –Komsomol y pioneri14– piensen que en Octubre, de Sergei Eisenstein y Aleksandrov, se muestran aquellos magnos días tal cual ocurrieron.

En cuestiones así es necesaria la verdad histórica, el hecho, el documento y la más alta austeridad de ejecución: es necesaria la crónica.

Y el muy talentoso, muy culto Eisenstein, desplegando en Octubre toda clase de sobresalientes, fundadas y formales soluciones (aunque irrelevantes para la tarea asignada), y el talentoso Aleksandrov, y uno de los mejores operadores, Tisse, y un ejército de cientos de miles que pasan frente a la cámara, y todos los demás recursos excepcionales, son incapaces, a causa de su método y su actitud, de cumplir la tarea asignada.

Este trabajo grita: filmen con más organización, filmen crónica, filmen sucesos, hechos, gente verdaderamente Viva, y no haciendo de cuenta que Vive, porque sólo el newsreel conservará nuestra magnánima época para las generaciones futuras.

Una fabricación de hechos (1929)

Uno de los hechos sobresalientes en nuestro frente cinematográfico es el reconocimiento a los films de no ficción. Este reconocimiento no es una simple declaración, un artículo, una resolución, ni siquiera un decreto: es un hecho producto de la organización real de una verdadera producción.

A esta base productiva se la llamará fábrica de hechos; en ella trabajarán los Cine-Ojo15.

Esfir Shub

Me parece que esto no es del todo correcto.

Los Cine-Ojo, a quienes les fuera encargada y confiada esta empresa productiva, por supuesto que han servido, o, por así decirlo, han trabajado por este derecho. Aquí no hay nada que objetar. Pero no se puede no objetar el monopolio de los Cine-Ojo.

En la cinematografía de no ficción quiere trabajar no solamente aquel que ve a la URSS con “kino-mirada”, o aquel que sabe relatar la edificación soviética exclusivamente en “patéticos films de acción”.

Hechos diversos deben llegar hasta la fábrica.

Esta última debe contar con eso, despojarse de su cartel Futurista y convertirse únicamente en una fábrica de cinematografía de no ficción, donde se lleve a cabo el montaje de newsreels16, de films revolucionario-históricos construidos con material cinematográfico de crónica, donde se hagan films de producción, científicos y cinematografía cultural en general, en oposición a la de ficción, de entretenimiento.

No necesitamos una fábrica de hechos, si es para una fabricación de hechos.

La llegada del sonido al cinematógrafo (1929)

Un nuevo invento –el tonfilm, el cine sonoro– ha impresionado a todos los trabajadores del cine.

¿Victoria o derrota?

¿Debemos trabajarlo, estudiarlo u oponernos ardorosamente a él?

Para los trabajadores del cine de no ficción, no hay duda. Nosotros sabemos que el film sonoro y la radio-pantalla darán a la cinematografía de no ficción la posibilidad de convertirse realmente en el instrumento perfecto para la comunicación internacional.

Queremos dirigir toda nuestra energía a dominar este invento, colocarlo a nuestro servicio, sin ceder las posiciones conquistadas en el cine mudo.

Nosotros sabemos que todas nuestras primeras experiencias están condenadas a convertirse en material “cómico” para los futuros trabajadores, como los primeros films lo fueron para nosotros. Pero a sabiendas haremos ese aprendizaje, ese estudio, esa experimentación.

Para nosotros que hacemos cine de no ficción, lo más importante es, antes que nada, aprender a captar genuinamente el sonido, el tono, la voz, los ruidos, etc. con la misma suprema expresividad con la cual aprendimos a capturar una naturaleza real, no escenificada.

Por eso nos interesa poco lo que se hace en los estudios –en esas cajas teatrales casi herméticamente selladas, con micrófonos, amplificadores, etc–. Nos interesa el laboratorio experimental de los trabajadores-inventores científicos, y allí queremos enviar en primer lugar a nuestros operadores y a nosotros mismos - los futuros organizadores del sonido.

Hoy en día lo único que sabemos con certeza es que el film sonoro no debe consistir en una mera ilustración acústica [para el film], que el sonido será un material tan orgánico como el material fílmico, que en ese trabajo nos espera un mundo entero de maravillosos descubrimientos.

No negamos el elemento de maestría (1927)

La gran pregunta es qué debemos filmar ahora.

En cuanto tengamos claro tan sólo eso, no será importante la terminología ficción o no ficción. Lo importante es que somos LEF17.

Pensamos que en nuestra época podemos filmar solamente crónica y de esta manera conservar nuestra época para la próxima generación, sólo eso. Esto significa que queremos capturar el día de hoy, la gente de hoy, los sucesos de hoy. Si Rykov o Lenin harán bien su papel frente a la cámara y si el momento será bien interpretado, no nos preocupa en lo más mínimo.

Nos importa que la cámara haya capturado a Lenin y a Dybenko, aun si ellos no saben mostrarse frente a ella, porque ese momento es el que más los representa.

¿Y por qué Dybenko les llega a ustedes de manera no abstracta?18 Porque es él mismo, y no una persona que hace de Dybenko. Y no nos preocupa si hay allí un momento bien interpretado.

Por eso insistimos en que no maten este término, esta cinematografía de no ficción. Hablemos del cine de no ficción. Habrá allí también momentos bien interpretados. ¿Pero cuál es la diferencia cuando ven un espléndido film de ficción, que fue filmado hace tres años? No lo pueden mirar, se ha vuelto sencillamente indigerible. En cambio, cuando ven una película de no ficción, la ven, y funciona, y es interesante, porque es un pedacito de verdadera vida pasada. Algunos elementos estaban allí.

Pero todo está en la técnica.

Cuando tengan un buen equipo de iluminación, cuando estén las capacidades técnicas para organizar bien la filmación, entonces el elemento de la interpretación caerá.

Ahora la disputa ya no está en que se pueda filmar crónica. Por todas partes, en todos los periódicos escriben que la crónica es necesaria. Ya no hace falta agitar la crónica, nuestro trabajo agita más que cualquier artículo. Ahora lo importante es luchar por la posibilidad de trabajar con buena calidad. Acumularemos material, la maestría la adquiriremos con los años.

¿Por qué creen que no queremos hacer películas emocionalmente impactantes? Toda la cuestión está en el material, en el material con el cual queremos trabajar.

¿Acaso rechazamos el elemento de la maestría? No lo rechazamos. Estamos convencidos de que, con gran maestría, en el material de no ficción se puede hacer un film que abarque cualquier película de ficción. Toda la cuestión está en la actitud y en el método de trabajo. Sobre esto hay que hablar.

Bibliografía

Dyshliuk, Liubov y Kostina, Anastasia. “Esfir Shub. Selected Writings”. En Feminist Media Histories, Vol.2, Número 3: 11-28. Oakland: University of California Press, 2016.

Jallageas, Neide. “Notas Introdutórias sobre Esfir Shub: Soviética, Revolucionária e Maestra dos Mestres do Cinema”. En Mulheres de cinema, por Karla Holanda (Org.), 37-52. Río de Janeiro: Brochura, 2019.

Malitsky, Joshua. Post-revolution Nonfiction Film: Building the Soviet and Cuban Nations. Bloomington: IU Press, 2013.

Petric, Vlada. “Esther Shub: Film as a Historical Discourse”. En Show Us Life. Toward a History and Aesthetics of the Committed Documentary, por Thomas Waugh (Ed.), 21-46. Metuchen, NJ: The Scarecrow Press, 1984.

Turovskaya, Maya. “Women’s Cinema in The URSS”. En Red Women on The Silver Screen, por Lynne Attwood, 141-148. Pandora Press: Londres, 1993.

Referencias Filmográficas

Shub, Esfir. La caída de la Dinastía Romanov. URSS: Sovkino, 1927.

Shub, Esfir. El gran camino. URSS: Sovkino, 1927.

Shub, Esfir. La Rusia de Nicolás II y Lev Tolstoi. URSS: Sovkino, 1928.

Shub, Esfir. Segodnya. URSS: Sovkino, 1929.

Shub, Esfir y Lev Felonov. K. Sh. E. URSS: Rosfilm, 1932.

Shub, Esfir. La tierra de los Soviets. URSS: Rosfilm, 1932.

Shub, Esfir. España. URSS: Mosfilm, 1939.


1 Jallageas, “Notas Introdutórias Esfir Shub”, 37.

2 Vsévolod Meyerhold fue un director teatral, actor y teórico ruso, impulsor de la biométrica teatral, un método que consistía en la disposición intencional de los movimientos corporales y la puesta en escena. Fue un ardiente defensor del simbolismo en el teatro y una figura clave en el movimiento vanguardista.

3 Turovskaya, “Women’s Cinema in URSS”, 141.

4 Comité Estatal de Cinematografía de la Unión Soviética.

5 La corriente Constructivista fue fundada en 1921 por Aleksei Gan, Aleksandr Rodchenko y Varvara Stepanova, miembros de la vanguardia experimental del grupo LEF. En 1922 publicaron Kino-fot, la primera revista que promocionó al cine y a la fotografía como aquellos nuevos medios capaces de reemplazar la función de la pintura. En 1926, fundaron la revista Novyi Lef (New Left) donde algunos de los manifiestos de Esfir Shub y Dziga Vertov fueron publicados.

6 Shub, “Esfir Shub. Selected Writings”, 23. La traducción es de las autoras.

7 Malitsky, “Shub, Factography, Documentary Historiography”, 155. Para el autor, los cineastas que trabajaban con los hechos historiográficos sostenían que los hechos se establecen a través de un diálogo entre los cineastas y la audiencia. En la época de Shub, se celebraba un estilo bastante tradicional, una estética de tomas largas y el método de metraje encontrado. Así, los ciudadanos podían identificar los hechos, tenerlos en cuenta y ubicarlos en relación con otros momentos históricos.

8 Petric, “Shub: Film Historical Discourse”, 24. La traducción es de las autoras.

9 Jallageas, “Notas Introdutórias Esfir Shub”, 40.

10 Maya Turovskaya en su texto “Women ‘s Cinema in URSS”, 141, se pregunta: “¿A qué nos referimos cuando hablamos de ‘cine de mujeres’?, ¿nos referimos a películas dirigidas por mujeres o a películas que tratan temas o problemas que conciernen a las mujeres?”, y nos parecen preguntas pertinentes que en la actualidad orbitan buscando una respuesta. Por esto, decidimos poner entre comillas el sintagma “tema de mujeres” ya que creemos que aún se encuentran en discusión y que –de cualquier manera– implica hacernos cargo de una categoría que continuamos pensando.

11 A pesar de que la política estatal –desde la revolución– era lograr la equidad de género en términos constitucionales, estructurales y prácticos y que, por ejemplo, en 1939 había un 32% más de mujeres en los núcleos urbanos producto de las migraciones internas y la industrialización, desde el Primer Plan Quinquenal la brecha salarial entre hombres y mujeres se agravó, los zhensovety (consejos de mujeres) fueron frenados por Stalin y solamente se observó un cambio relativo 40 años después, en la década de 1970, cuando las mujeres participaban en cargos de gobierno, en la industria, en el sistema educativo y en el sistema de salud, cobrando un 80% de los salarios masculinos en niveles cualificados. No obstante, la diferencia se mantuvo en niveles no cualificados, donde las mujeres cobraban un tercio del salario masculino y, por consiguiente, la equidad real fue sólo aparente.

12 Agradecemos la traducción y el aporte etimológico de Jerónimo Pereyra. Dada la cantidad de años que pasaron desde que fueron escritos y, luego de una búsqueda exhaustiva, los derechos de publicación y traducción del ruso al español de los manifiestos de Esfir Shub fueron inhallables. Por esto, consideramos valiosa esta primera traducción a nuestro idioma.

13 Comité Ejecutivo Central del Partido. Órgano de gobierno soviético de las décadas de 1920 y 1930.

14 Komsomol y pioneri: organizaciones juvenil e infantil, respectivamente, del Partido Comunista de la Unión Soviética.

15 Kinoki (de kino, cine, y oki, ojos) era el nombre que se daban a sí mismos los jóvenes documentalistas soviéticos de la década de 1920 comandados por la figura de Dziga Vertov, al cual se sumaban su esposa Elizaveta Svilova y su hermano Mijail Kaufman. Se oponían al cine de ficción, llevado adelante por lo que ellos llamaban “cinematografistas”. Los kinoki rechazaban todo el cine que fuera ensayado, con actores, guion, estudio, etc.

16 La palabra en ruso es kinojrónika (literalmente, cine-crónica). No se debe perder de vista la estrecha relación con la palabra jrónika, traducida aquí como crónica.

17 Frente de Izquierda de las Artes (LEF, por sus iniciales en ruso): colectivo de artistas de vanguardia que publicó las revistas LEF y Novy LEF.

18 Aquí Shub se refiere a un fragmento de su film El gran camino (1927).

Fuente: La cifra impar

jueves, 18 de julio de 2024

"SALUDOS A ESPAÑA" (OP. 44), DE DIMITRI SHOSTAKOVICH, EN EL 88 ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA GUERRA CIVIL

Extraido de https://cuestionatelotodo.blogspot.com

Saludos a España (Op. 44 Dimitri Shostakovich)


Saludos a España es el homenaje realizado por el mejor compositor del Siglo XX, el soviético Dimitri Shostakovich, a los combatientes republicanos españoles en su lucha contra la bestia fascista durante la Guerra Civil.

Fue escrita por el compositor comunista en 1936, y es una de las obras en las que recurrió al estado español con su música, junto con una danza española en la banda sonora de Un billete para la zona V (1940, de Kimenti Mints), las Canciones españolas (Op.100 de 1956), y los dos primeros movimientos de su Sinfonía nº14, Op.135 de 1969, que ilustran los poemas de Federico García Lorca De profundis y Malagueña).

Saludos a España es el particular grano de arena del compositor bolchevique a la lucha heroica que la clase obrera española y mundial estaban llevando a cabo contra el capitalismo y el fascismo, y en la que la Guerra Civil fue un episodio principal de la lucha entre Socialismo y Barbarie, que provocó el apoyo de todo la humanidad progresista a la II República Española.

Que el siguiente video-montaje, que realizamos con la música de su Opus 44, sirva de homenaje y recuerdo al apoyo solidario e internacionalista de Shostakovich a la lucha de los pueblos de España contra el terror fascista y las hordas de Franco, Mussolini y Hitler durante la Guerra Civil.

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miércoles, 17 de julio de 2024

"MONUMENTO A LOS HÉROES DEL EJÉRCITO ROJO" EN VIENA

Cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas soviéticas del tercer Frente Ucraniano recibieron órdenes de Iósif Stalin para capturar Viena. Después de intensos combates urbanos, Viena finalmente cayó firmemente en manos de los soviéticos el 14 de abril de 1945

El monumento fue construido en 1945 para conmemorar a los 17 000 soldados del Ejército Rojo que murieron en la Batalla de Viena hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.

Ya en febrero de 1945, el Ejército Rojo decidió erigir un monumento a la victoria para la entonces inminente batalla de Viena. Para ello, se llevó a cabo un pequeño concurso de arquitectura, que ganó el Mayor G. G. Yakovlev con un boceto a lápiz.

También antes de que el Ejército Rojo llegara a Austria, el escultor teniente Mikhail Avakovitch Intesaryan esculpió varios modelos para el soldado de pie en lo alto de la columna central de 20 metros de altura, sosteniendo una bandera y un escudo dorado con el emblema nacional de la Unión Soviética.. El texto grabado proviene del poeta ruso Sergei Mikhalkov, y en la base de la columna se pueden ver dos citas de Stalin.

Gloria eterna a los héroes del Ejército Rojo que cayeron en la lucha contra los ladrones germanofascistas, por la libertad y la independencia de los pueblos de Europa.

Frente a la columna central con la estatua, se erigió un cubo de metal inclinado, en el que se puede leer en alemán y ruso es:

Monumento en honor a los soldados del ejército soviético que cayeron por la liberación de Austria del fascismo.

Entre ellos Intesaryan y Yakovlev son nombrados como los creadores del monumento. La tipografía y el texto del cubo no coinciden con los del monumento; el cubo podría haberse agregado más tarde.

Fuente: Loquis

 



martes, 16 de julio de 2024

"OCHO LECCIONES SOBRE EL VACÍO CON FINAL FELIZ", OBRA DE MARINA ABRAMOVIC QUE DENUNCIA LAS CONSECUENCIAS SOBRE LA INFANCIA DE LA INVASIÓN DE LAOS POR PARTE DE EE.UU. DURANTE LA GUERRA DE VIETNAM


JUEGOS PROHIBIDOS: Ocho lecciones sobre el vacío con final feliz

IMÁGENES VIOLENTAS

La obra más reciente de Marina Abramović, Eight Lessons on Emptiness with a Happy End (Ocho lecciones sobre el vacío con final feliz), transmite una profunda preocupación por los excesos de las representaciones contemporáneas de la violencia. En un primer momento, el interés de la artista se centró en el problema de la representación de la violencia en la sociedad mediática contemporánea. Como ella misma explica: «Ignoro por qué decidí reunir todas esas imágenes de crueldad. Todo comenzó con la matanza de un cerdo a manos de un chamán en Laos en honor de un espíritu. Pero la masacre de seres humanos que vemos por todas partes en Internet carece de todo tipo de cualidad redentora».

Al hacer esa afirmación, la artista rememora un texto que le es muy querido: el estudio de Susan Sontag titulado Ante el dolor de los demás.

Como en una reescenificación del texto de Sontag, Abramović nos llena de impactantes imágenes de personas sufriendo, sugiriendo su publicación como parte del catálogo. Las imágenes que aquí se reproducen deberían reformularse dentro de la apelación de Sontag a la respuesta compasiva. La nueva obra de Abramović, Eight Lessons on Emptiness with a Happy End, intenta suscitar ese mismo sentimiento compasivo en el espectador. La compleja video-instalación debe entenderse como contrapunto a las incontables atrocidades que vemos representadas por doquier. El título de la obra origina un particular tipo de vacío. El pensamiento oriental tradicional defiende que, si se quiere alcanzar la armonía entre el cuerpo y la mente lo primero que hay que hacer es vaciar esta última. Y es precisamente ahí donde Abramović muestra el inicio de la transformación gradual que nos llevará, finalmente, al “estado elevado del ser”. Como Chrissie Iles explicó en 1995, durante más de treinta años Abramović «ha venido utilizando técnicas de vaciamiento y transformación para crear las condiciones necesarias que permitan la transición de la propia artista y del público a un estado diferente». Hoy, continúa dedicada a la misma estrategia artística de transformación mediante un proceso de contemplación que en este caso se concreta en la creación de una compleja obra de vídeo multicanal realizada en Laos.

En Eight Lessons on Emptiness with a Happy End, Abramović recurre a una estrategia performática de recreación de una guerra ‘estilizada’ para crear un psicodrama ritualista representado por niños y que se supone nos conduce a la purificación espiritual. En la obra, el sentido de espiritualidad de Abramović se aproxima al uso de la noción de lo “espiritual” en Sontag, un concepto proclive a sufrir todo tipo de abusos y que fue ya frecuentemente utilizado por Sontag para convertir la concienciación en un imperativo para los compromisos políticos y artísticos en el mundo. Como Sontag, una intelectual laica de la que se llegó a afirmar que rescataba la espiritualidad de manos de sus habituales mercaderes – los píos, los hipócritas y los engañados – Abramović restituye la espiritualidad al discurso del arte visual contemporáneo del que había sido prácticamente expulsada. Su fe en el arte, inquebrantable y legendaria por su compromiso ético, le obliga a actuar con una implicación personal tan absoluta como incondicional que excluye la repetición o la rutina. Marina Abramović es una artista que defiende que, en la creación, el artista debe enfrentarse a sus propias limitaciones; y ella lleva su arte hasta los mismos límites de resistencia de su propio ser.

EL PROYECTO DE LAOS

La concepción del proyecto de Abramović arranca de una primera visita a Laos en 2006. El título de la obra posee un especial significado para una artista que aspiraba a transmitir la noción de vacío del budismo. Como ella explica: «Hay un doble significado. En primer lugar, un sentido de distancia: somos como el agua y nada puede dañarnos; todo pasa a través de nosotros y no absorbemos nada porque somos transitorios; somos seres transitorios en este planeta; se trata de un significado positivo. Pero hay otro sentido: la guerra y la violencia conducen a la gente a un vacío espiritual que tiene un significado negativo”.

La artista se dejó guiar por las reflexiones del Dalai Lama sobre el perdón: «Sólo se deja de matar cuando se aprende a perdonar. Debemos aprender a perdonar a nuestros enemigos”. Por ello, la pieza está dedicada tanto a los amigos como a los enemigos.

En su primera visita a Laos, Abramović conoció a un chamán en una experiencia que acabó siendo extraordinariamente valiosa al proporcionarle la energía vivificadora que deseaba recrear en su futura obra. Para la artista era importante incorporar el relato de lo que ahí veía – igual que el chamán hacía al «abrir la puerta a un mundo desconocido para ella » en un rito violento – incluyendo la antes mencionada matanza del cerdo. La artista revela otra fuente de inspiración: «Fui allí a realizar un proyecto sobre una ceremonia ritual de los monjes budistas consistente una competición de remo en la que participan con unas grandes canoas y que es presenciada por todos los lugareños. Cerca de ahí había un mercado callejero en el que se vendían armas de juguete chinas; en la ceremonia, todos los niños las tenían y jugaban con ellas». El acusado contraste entre la ancestral ceremonia y los modernos juegos bélicos demostraba hasta qué punto la globalización había impregnado la realidad de aquellas gentes. En el estudio de un fotógrafo de Luang Prabang, Abramović realizó una serie de fotografías que tituló Family, en las que posaba con niños del lugar armados con sus juguetes de plástico. Su trabajo de vídeo de 2008, Eight Lessons on Emptiness with a Happy End, representa un intento consciente por llegar a una catarsis, a una purificación ritual de todos los participantes y espectadores por vía de la reescenificación de los juegos de guerra de los pequeños. Abramović quería incluir también imágenes de la hermosa naturaleza virgen de Laos, un país que muchas veces se asocia a la idea de la “paz sublime” pero que, no obstante lo elevado de su entorno espiritual, no deja de resultar amenazador e inquietante: los Estados Unidos bombardearon el país durante la Guerra de Vietnam y quedan numerosas bombas sobre el terreno.

LECCIONES DE VIDEO

La organización espacial de las imágenes de vídeo de Eight Lessons se concreta en una instalación de cinco canales dispuesta a modo de un largo friso consistente en dos pantallas verticales y otras dos horizontales, con la casa ocupando la imagen central. Abramović inyecta calma en el paisaje a través de “tomas estáticas” de una cascada, una isla y un Árbol del espíritu; después, introduce la escena de los niños dirigiéndose a la casa, una construcción anodina, austera y nada acogedora construida por la artista sobre el terreno. Lo que siguen son unas acciones escenificadas a modo de “retablos vivientes” de un conflicto estilizado: las negociaciones, la batalla, el transporte de los cautivos, el de los heridos, la ejecución, etc. Resulta especialmente perturbadora una escena (Lección Sexta) en la que unos helicópteros de juguete se estrellan, una y otra vez, contra los muebles, intentando despegar en un movimiento tan constante como inútil.

El punto de partida de la artista a la hora de recrear sus imágenes arquetípicas de la guerra no fue el repertorio del arte occidental, sino el territorio de la televisión y el videojuego, escenificándolas con un estilo no narrativo y poniendo de relieve su deseo de elaborar unas lecciones de las que todo el mundo –incluyendo ella misma— pueda sacar provecho. En esta obra, la artista, que en tantas ocasiones ha llevado a cabo apropiaciones alegóricas de diversos personajes femeninos, asume un papel especialmente conmovedor. En la Lección Cuarta, atada con unas cuerdas, y por tanto, inmovilizada, y con los ojos cerrados, es arrastrada por tierra por los niños-soldado. En el universo infantil, ella representa un «gran monstruo» al que se ha arrancado su poder. El fascinante movimiento que esa acción entraña para un artista de performance revela la continua investigación de Abramović en la construcción “performática” de la subjetividad.

En la estela de la rompedora apertura teórica de Amelia Jones a cuanto tiene que ver con el establecimiento de la subjetividad y la generación de sentido en relación con la representación del cuerpo humano, podria surgerirse que la estrategia “performática” de Abramović resulta, en última instancia, vivificadora: al final, la artista devuelve a esos niños su condición de sujetos frente a la de objetos, mostrando que el espectáculo representado es más la recreación de un psicodrama o de un rito chamanístico, algo que, en ambos casos, proporcionaría una purificación espiritual.

Aunque el arte contemporáneo reacciona al clima político, como Pamela Lee señala: «no hay guernicas que protesten contra eso que ha dado en llamarse ‘guerra contra el terror’». Lee llama también la atención sobre la proliferación de imaginería de base fotográfica y videográfica documentando territorios arrasados por la guerra, así como sobre la cantidad creciente de números especiales en periódicos y revistas de arte dedicados a la geopolítica del momento y al tema genérico de la globalización. Unas estrategias artísticas que ella denomina cáusticamente “realismo CNN”, y que dominan en los circuitos del mundo del arte que defienden que con representar (en forma realista) basta. A esa constelación, Abramović opone una respuesta genuinamente personal. Parte del proyecto consistirá en su regreso a Laos para mostrar el vídeo a todos cuantos participaron en él. Su representación arquetípica de los juegos de guerra demuestra que es una artista comprometida no sólo con un punto de vista político concreto, sino también con la ética universal. El concepto de Abramović sobre la función del sujeto en el discurso y sobre la compasión como elemento constitutivo de la misma (así como sobre su propio arte, del que ella espera que posea una cualidad redentora) se aparta de la noción más extendida y convencional del artista político contemporáneo. Marina Abramović no es una artista-activista política en el sentido occidental de artista ideológicamente opuesto al establishment. En Eight Lessons, su visión artística aborda el poder de los otros y reivindica una respuesta compasiva. Su crítica al exceso de violencia del momento presente — en la vida real y en la representación — es visual y visceral, y su espiritualidad, inclusiva y, en última instancia, humanista.

UN CORPUS FOTOGRÁFICO

Además de su video-instalación, en Laos Abramović produjo un nuevo corpus fotográfico sobre el mismo tema titulado The Family Cycle, escenificando las fotografías con los mismos protagonistas en forma separada a las tomas de vídeo. Esta sección de la exposición incluye trece fotografías de gran formato que reflejan, en todos los casos, diferentes fases de la guerra de una manera esencialmente distinta a la utilizada por la fotografía documental al uso. En las imágenes, que configuran vagamente una serie, vemos a nuestros protagonistas inmersos en diversos estadios de la guerra, desde la negociación a la escenificación del conflicto, incluyendo vistas de ejecuciones, transporte de cautivos, el descanso durante el conflicto y las imágenes de los muertos tras la batalla. Aquí la artista incluye también imágenes de los niños-soldado en poses que imitan las características fotografías de trofeos bélicos que los soldados toman como medio para afirmar su victoria. Sin embargo, esas fotografías en color y de grandes dimensiones evitan cualquier glorificación de la guerra como tal; bien al contrario, subvierten la lógica de la fotografía de guerra al ofrecer una respuesta irónica a esas imágenes claramente interesadas de niños en situaciones bélicas.

Aunque las representaciones de Abramović no puedan ofrecer un final feliz a situaciones de guerra, sometidas a un deliberado tratamiento de estetización con el objetivo de acentuar la belleza formal de sus composiciones consiguen subvertir, dentro del dominio de lo fotográfico, la lógica representacional de la fotografía de guerra. Esta estrategia artística define el estilo de Abramović, pudiéndose afirmar que sus fotografías son evocadoras del realismo mágico. De esa forma, la artista otorga a sus representaciones un nuevo propósito: para ella, es fundamental provocar un acto de purificación dentro del acto mismo de la contemplación, algo que tiene lugar sólo cuando la imagen es lo suficientemente poderosa como para desencadenar el proceso compasivo, transformador. La fuerza de esas fotografías resulta de la elección de poses icónicas por parte de Abramović y de su colocación de los cuerpos humanos en un dramático contraste con el entorno. Una de las imágenes más fascinantes es la de unas niñas que duermen bajo unas sábanas de color rosa, debajo de sus ametralladoras. La representación del niño durmiente – arquetipo de la inocencia – queda aquí minada por la presencia de las armas. Una tensión imposible que la belleza formal de la composición no hace sino resaltar. Aquí, Abramović socava el sangriento tema de la guerra al devolver a sus inocentes protagonistas al ámbito infantil de cuento de hadas de la existencia pero llevando, al mismo tiempo, la idea de la guerra desde la esfera de la (desastrosa) realidad al territorio del juego, recordándonos al hacerlo que no es posible entender la guerra como si fuera un juego libre de consecuencias.

El autorretrato hecho por Marina Abramović en Laos supone el tour-de-force de su tratamiento de las alegorías de la guerra. En una estática posición frontal, con los brazos repletos de armas, la artista aparece como la encarnación de una oriental diosa de la muerte. Pero lo que aquí se nos presenta es una mera representación del principio de destrucción: la artista se apodera de los instrumentos de la muerte para subvertir su poder destructivo y transformar su sentido primigenio. Su posición ocupando el centro de la composición sugiere el papel supremo de redención y vivificación que la artista defiende para sí. En esa representación, Abramović evoca el funcionamiento simbólico tanto del cristianismo (Icono de la Madre de Dios) como de las religiones orientales, proyectando su propia imagen desde el espacio central de la destrucción hacia el de la salvación dentro del ámbito de la representación visual.

Si la visión de Abramović resulta especialmente conmovedora es porque se niega a transigir en dos aspectos: el horror inherente a la guerra y la inocencia de la infancia. Abrumada por el exceso de imágenes impactantes en la sociedad mediática contemporánea y convencida todavía de la capacidad de desarme y redención del arte contemporáneo, la postura de Abramović es la de un difícil estado de gracia.

Fuente: Arte Bajo Cero