miércoles, 19 de junio de 2013

"EL PARTISANO JOHNNY": ÉPICA DE LA RESISTENCIA

El partisano Johnny.
Beppe Fenoglio.
Traducción de Pepa Linares.
Sajalín Editores.
Barcelona, 2013.
638 páginas.
29,50 euros


Beppe Fenoglio retrata con depurada sobriedad y ritmo apremiante la lucha antifascista en Italia. La verdadera aventura de 'El partisano Johnny', un obra inacabada, es su lenguaje.


En una página de su Diario el escritor piamontés Beppe (Giuseppe) Fenoglio (1922-1963) escribe: “En mi lápida bastará mi nombre, las dos únicas fechas que importan y la inscripción de escritor y partisano”. Y añade: “Me parece, sin embargo, que he cumplido más como partisano que como escritor”. Hoy, cincuenta años después de su muerte, Beppe Fenoglio es, a pesar de su prematura desaparición y de su carácter humilde y esquivo, uno de los escritores italianos más importantes del siglo XX. Su inseguridad delante de la escritura le forjó aun en vida la condición de escritor póstumo.

Después de su muerte han sido los filólogos (en el sentido ecdótico de la palabra) los que se han ocupado de las obras que el escritor no se había atrevido a publicar o que había dejado inacabadas, como en el caso de la novela El partisano Johnny. La edición crítica de Dante Isella es el referente textual de la lograda traducción de Pepa Linares que Sajalín Editores ha publicado con una valentía que es de agradecer (el mercado no está como para dedicarse a desafíos culturales), recogiendo, en cierto sentido, el relevo de otras editoriales como Barataria, Huerga & Fierro, Bassarai y Empúries, que tienen el mérito de haber introducido a Fenoglio en España. Sajalín Editores completará, además, el homenaje al escritor en el cincuenta aniversario de su muerte con la publicación en el próximo otoño de un volumen con todos sus relatos reunidos.

La novela empieza en el otoño de 1943. Johnny, un estudiante universitario de filología inglesa que se encuentra escondido en las colinas de las Langhe, decide alistarse en la resistencia. Sufrirá emboscadas de los fascistas que rodean las colinas, participará en los ataques para liberar su ciudad, Alba, que, sin embargo, se volverá a perder pocas semanas después. Le vemos huyendo por las colinas nevadas, esconderse largas semanas en los establos esperando los refuerzos, refugiarse en las masías de campesinos solidarios con los partisanos, y conversar, entre el humo de los cigarrillos, con los compañeros de lucha en secuencias de entrañable camaradería.

Es la de Johnny una verdadera epopeya de la resistencia narrada con la esquiva sobriedad que caracteriza el autor y el ritmo apremiante de una novela de acción. No hay lugar en la poética de Fenoglio para la retórica y el narcisismo. Johnny vive su condición de partisano como una elección ética y existencial: allá en sus colinas, se enfrenta al “drama del hombre —son palabras de Jean-Paul Sartre— que, sin apoyo ni ayuda, es condenado en cada momento a inventar al hombre”. Una novela de formación pues, redactada con la maestría laica de los grandes escritores de acción y sin recurrir, hecho casi inédito en la literatura italiana, a los mitos de la memoria y de la infancia como había hecho su paisano Cesare Pavese al transformar las “Langhe” en territorio mítico del pasado.

La verdadera aventura de la novela es, sin embargo, el lenguaje. El escritor, sentado en un bar de Alba, hacía en 1956 una extraña confesión al amigo Italo Calvino: “Ahora te diré algo que no te vas a creer: primero escribo en inglés y luego lo traduzco al italiano”. No lo dijo para sorprender con una pizca de esnobismo anglófilo al amigo escritor. En su trabajo de incipiente narrador, Fenoglio tenía un verdadero problema con la lengua italiana: primero porque no era la lengua que hablaba habitualmente ya que se servía del dialecto, en segundo lugar, porque el italiano era la lengua de la promoción social a la cual había que someterse y además porque había sido también la lengua del régimen, de la mistificación y de la retórica. El inglés le pareció la lengua “mágica”, incontaminada, para transmitir una nueva y original forma de expresividad. Siendo El partisano Johnny una novela inacabada, no sabemos qué configuración definitiva le habría dado su autor: el hecho es que la lengua, tal como se presenta a nosotros los lectores, es una lengua verdaderamente mágica, inventada, inexistente, donde predominan manchas constantes del inglés: una lengua, como bien explica Pepa Linares, que se ha enfrentado con éxito al enorme reto de traducirla, sumamente promiscua, obtenida “intercalando frases o expresiones inglesas o mediante la fusión del léxico inglés con el léxico italiano, cuyo resultado es una notable cantidad de híbridos que adquieren sentido solo y únicamente en el texto original”. Sin olvidar además la presencia de cultismos, arcaísmos, préstamos del francés, del piamontés, incluso del latín. Una lengua “no gramaticalizada, dúctil y descomponible”, la definió Dante Isella, capaz de consentir cotas de libertad expresiva impensables en la narrativa italiana de aquella época.

Fuente: El País



Partisanos durante una acción de sabotaje en la región italiana del valle del Po en 1944 / Farabola/Leemage

martes, 18 de junio de 2013

"¡COMPAÑERO!", RELATO DEL ESCRITOR SOVIÉTICO MÁXIMO GORKI EN EL 77 ANIVERSARIO DE SU MUERTE




"¡COMPAÑERO!", DE MÁXIMO GORKI

En medio del triste y vano afanarse entre dolores y desventuras, en la confusa convulsión de la avidez de la necesidad insatisfecha, en el fango del bajo egoísmo, por los subterráneos de las casas, donde vivía aquella miseria que había creado la riqueza de la ciudad, giraban invisibles soñadores, solitarios llenos de fe en la humanidad, aislados de todos; inquietos predicadores de rebelión, chispas sediciosas del lejano fuego de la verdad.

Llevaban consigo a los subterráneos, secretamente pequeñas semillas, fructíferas siempre, de una doctrina simple, bella y elevada, austeramente, con una brillante luz en los ojos, o dulcemente y con amor, sembraban aquella verdad evidente y deslumbradora en los oscuros pechos de los hombres esclavos, transformados por la fuerza de los avaros y por la voluntad de los crueles, en instrumentos ciegos y taciturnos de lucro.

Y esos hombres oscuros y esclavos, desconfiados aún, prestaban oído a la música de las nuevas palabras, música agradable que su corazón invocaba confusamente hacía ya mucho tiempo. Levantaban poco a poco la cabeza, e iban rompiendo las cadenas de las hábiles mentiras con que les tenían oprimidos la violencia de los potentados.

A su vida, llena de animosidad callada y reprimida; a sus corazones, envenenados por innumerables ofensas; a su conciencia, a aquella existencia difícil y triste, llena de amarguras, de humillaciones, de dolores, llegaba una palabra simple y serena: ¡Compañero!...

La palabra no era nueva para ellos; la habían oído y pronunciado alguna vez, pero hasta aquel momento había tenido un significado vacío, sin calor de humanidad, como todas las palabras conocidas que se pueden olvidar sin sentimiento.

Pero ahora aquella palabra, clara y fuerte, tenía otro sonido, otra emoción, otra alma; se sentía en ella algo de rudo, de deslumbrador, de poliédrico, como un brillante. La aceptaron y comenzaron a pronunciarla con cautela, meciéndola con dulzura en el corazón, acariciándola, como una madre que arrulla y mece a su hijito en la cuna.

Cuanto más profundamente penetraba en el alma serena de la palabra, tanto más serena, significativa y clara les parecía.

-¡Compañero!- decían.

Sentían que esta palabra había venido para unir a todo el mundo, para realzar a todos los hombres a la altura de la libertad, para ligarlos con nuevos vínculos: vínculos fuertes de estimación recíproca, de estimación y deseo por la libertad del hombre, por su redención. Cuando esta palabra se grabó en el corazón de los esclavos, éstos empezaron a dejar de serlo, y un día anunciaron a la ciudad y a todas sus actividades otra gran palabra humana:

 -¡No quiero!

Entonces la vida se detuvo, porque ellos, los esclavos son la fuerza que da movimiento. Se detuvo la corriente de agua, el fuego se apagó, la ciudad cayó en las tinieblas y los aparentemente fuertes se sintieron niños.

El miedo se apoderó del alma de los violemos y se vieron en la necesidad de cubrir su animosidad contra los rebeldes, inciertos y aterrorizados ante su fuerza, que despertaba.

El espectro horrible del hombre se levantó ante ellos, y sus hijos lloraron.

Las casas y los templos, rodeados por las tinieblas, se confundieron en un caos de piedras y de hierro con alma; un silencio siniestro llenó las calles; la vida se detuvo, porque la fuerza que la hacía desenvolverse se había conocido a sí misma; el hombre esclavo había encontrado la palabra adecuada, mágica, invencible, para expresar su voluntad; se había libertado de la opresión y había reconocido su fuerza, fuerza de creador.

Los días eran días de angustia para los poderosos, para aquellos que se creían dueños de la vida. Cada noche valía por mil, tan espesas eran las tinieblas, tan mezquinamente brillaban las luces, en la ciudad muerta.

Esta ciudad, creada por los siglos, inmenso monstruo que bebía la sangre de los hombres, se presentó entonces ante ellos su monstruosa nulidad, como un mísero amasijo de piedras y de madera. Las ventanas de las casas, frías y tristes, permanecían cerradas, y por las calles caminaban atrevidamente los verdaderos dueños de la vida. También ellos tenían hambre, y más que los otros, pero estaban acostumbrados a ella, y los sufrimientos del cuerpo no eran para ellos tan agudos como para los potentados ni apagaban el fuego de su alma. Ardía en ellos la conciencia de su propia fuerza y el presentimiento de la victoria brillaba en sus ojos.

Caminaban por las calles de la ciudad aquella presión melancólica y angosta donde habían vivido despreciados, donde habían sido ultrajados y veían la inmensa importancia de su trabajo, lo cual les hacía concebir el sagrado derecho que tenían de ser dueños de la vida, de ser sus creadores. Entonces, con energía nueva, con refulgente claridad, se les presentó la palabra capaz de vivificar y unificar:

-¡Compañero!

Resonó entre las mentidas palabras del presente como un anuncio del porvenir, de una nueva vida abierta a todos igualmente.

-¿cuándo?- se preguntaron, y comprendieron que esto dependía de su voluntad, porque ellos pueden aproximar la fecha de su libertad, como alejar su llegada.

La prostituta, hasta ayer bestia medio hambrienta, que esperaba con angustia en la oscura callejuela la llegada de alguien que se le acercase y comprase sus forzosas caricias por una cuantas monedas, también oyó aquella palabra, pero, sonriendo, turbada, no se decidía a repetiría. Un hombre de los que hasta entonces no se había encontrado jamás, se le acercó, le puso una mano sobre el hombro y le dijo con tono fraternal:

-¡Compañera!

Y ella sonreía tímidamente para no prorrumpir en un llanto de alegría. Porque era la primera vez que su corazón ultrajado sentía el gozo de una caricia tierna y plena de emoción. En sus ojos, que ayer miraban en mundo descaradamente con la expresión estúpida de un animal hambriento, brillaron las lágrimas de una primera felicidad pura. Este gozo, de la comunión de los abyectos con la gran familia de los trabajadores brillaba por doquiera en las calles de la ciudad, en tanto que, más fríos y más siniestros, los observaban los túrbidos ojos desde las casas cerradas.

El mendigo, al que por alejarlo se le lanzaba una mísera moneda, precio de la compasión de los hartos, oyó también esta palabra, y le pareció la primera limosna capaz de suscitar algo de gratitud en su pobre corazón, corroído por la miseria.

El cochero, joven ridículo, a quien los señores golpeaban en la espalda para que trasmitiese el golpe al caballo extenuado, este hombre golpeado tantas veces, ensordecido por el ruido de las ruedas sobre el empedrado, dijo también al transeúnte, abriendo los labios a una sonrisa franca:

-¿A dónde te llevo, compañero?

Dijo, aunque con miedo, tiró de los bridas pronto a escapar, y se puso a mirar al transeúnte, no sabiendo disimular en el rostro, ancho y rojo, la sonrisa jovial y alegre.

El transeúnte le miró con ojos benévolos y respondió, inclinando la cabeza:

-¡Gracias, compañero! Puedo ir a pie, no está lejos.

-¡Oh! ¡Madre inmaculada!.., -exclamó el cochero reanimado, giró sobre su asiento silbando alegremente y partió riente, satisfecho.

Los hombres caminaban en grupos por las aceras, y, entre ellos, como una chispa, se inflamaba cada vez con más frecuencia la gran palabra destinada a unir al mundo.

-¡Compañero!

Un polizonte de espesos bigotes, pensativo, se acercó con aire de importancia a la multitud que en la esquina de una calle rodeaba a un viejo orador, y después de haber escuchado largo rato un discurso, dijo, cohibido, lentamente:

-Están   prohibidas   las   reuniones...separaos… señores

Y después de un momento de silencio, miró al suelo y dijo en voz baja;

-¡Compañeros!...

En los rostros de aquellos que llevaban esta palabra en el corazón, que la habían dado carne y sangre y emoción, y su alto significado de llamada a la unión, brillaba el sentimiento de orgullo de los jóvenes creadores, y se observaba que la fuerza que ellos ponían en esta palabra no podía ser destruida jamás.

Ya se reunían contra ellos turbas grises y ciegas de hombres armados que formaban silenciosas filas regulares; la enemiga de los violentos se preparaba a rechazar las ondas de la justicia.

Y en  las calles  estrechas, angostas, tortuosas de la inmensa ciudad, entre los muros fríos y silenciosos, erigidos por la mano de creadores desconocidos, creían cada vez más y se maduraba la gran fe de los hombres en fraternidad de todos con todos:

-¡Compañeros!

Acá y allá se encendía un pequeño fuego llamado a ser una llama que abrasará la tierra con el vívido sentimiento de la fraternidad de todas las gentes.

Abrasará toda la tierra y quemará y reducirá a cenizas el odio y la crueldad que nos deforma; abrazará todos los corazones y los fundirá en uno sólo: el corazón de los hombres justos y nobles en una familia indisoluble, libre y trabajadora.

En las calles de la ciudad muerta, creada por esclavos; en aquellas calles donde reinaba la crueldad, creció y se esforzó la fe en el hombre, en su victoria sobre sí mismo y sobre los males del mundo.

Y en el caos confuso de la vida agitada y privada de alegrías, como estrella luminosa, como faro del porvenir, brilló la palabra simple, sencilla, profunda, como el corazón:

-¡Compañero!


lunes, 17 de junio de 2013

EN MOSCÚ SE ABRE LA EXPOSICIÓN "LA HISTORIA DE LOS PABELLONES SOVIÉTICOS"


En Moscú, el 17 de junio se abrirá la exposición sobre la historia de los pabellones de la URSS, cuya primera parte está dedicada a la participación del país en las exposiciones internacionales.

La historia de los pabellones de exposiciones soviéticos es una historia de la arquitectura y las instalaciones totales, de la visión global de los logros de diferentes países, la participación de forma competitiva de una enorme cantidad de personas, que trabajaron en la creación de los pabellones.

La exposición se refiere a los pabellones de exposiciones fundamentales de la URSS en el extranjero: las exposiciones en París (1925, 1937), Colonia (1928), Nueva York (1939), Bruselas (1958), Montreal (1967) y Osaka (1970).

Fuente: La Voz de Rusia








domingo, 16 de junio de 2013

"EL LEVANTAMIENTO", DE DIEGO RIVERA


El levantamiento
Diego Rivera
1931
Fresco sobre cemento reforzado en una estructura de acero galvanizado
188 x 239 cm
Colección particular, México

El 23 de diciembre de 1931 se inaugura la retrospectiva de Rivera en El Museo de Arte Moderno; reúne 149 piezas así como cinco murales portátiles con temática mexicana, entre ellos El levantamiento.

Cuando se llevó a cabo la exposición de Rivera, el comentario en la prensa estadounidense opinó que El levantamiento era una escena "familiar" en la Revolución mexicana. En realidad, huelgas como la aquí representada no eran frecuentes durante la Revolución; el tablero alude más al descontento social reciente en México. De 1928 a 1934, periodo conocido como el Maximato, el general Plutarco Elías Calles controló el país a través de varios presidentes títeres. Bajo su gobierno autoritario, las reformas agrarias iniciadas durante la Revolución se interrumpieron y el Partido Comunista de México fue declarado ilegal.

En El levantamiento, una mujer con su bebé cargado a la cadera y un trabajador se defienden del ataque de un soldado uniformado. Atrás, una multitud amotinada choca contra otros soldados que doblegan a los manifestantes. El lugar es incierto aunque el tono de la piel de los personajes implica que la escena se desarrolla en México o en otro país de Latinoamérica. A principios de los años treinta, una era en que prevaleció el descontento laboral, las imágenes de la represión violenta de huelguistas tenían resonancia tanto entre el público estadounidense como latinoamericano. El enfrentamiento aquí representado es un poderoso símbolo universal de la lucha de clases.

Las banderas rojas y el puño cerrado que se yerguen por encima de la multitud en El levantamiento son símbolos universales de la resistencia de los trabajadores. Rivera viajó a Moscú en 1927 como delegado del Partido Comunista de México y permaneció y en la URSS durante alrededor de seis meses. A su regreso, utilizó cada vez más imaginería industrial para representar la revolución de clases a escala internacional. Las figuras de la estrella roja, de fábricas urbanas, de la hoz y el martillo, son elementos que pueblan los murales que Rivera creó en la Secretaría de Educación Pública en la Ciudad de México, después de su viaje.

Antecedentes de la poderosa combatiente en el centro de El levantamiento se encuentran en las imágenes de mujeres como participantes activas de la insurrección, lo mismo soviéticas que mexicanas. En los años anteriores al viaje de Rivera a Moscú (1927-1928), las imágenes de proletarias idealizadas proliferaron en la propaganda soviética. La imagen de Rivera también recuerda la militancia de las soldaderas, mujeres que lucharon en la Revolución mexicana y que se convirtieron en iconos gracias a las fotografías populares de la época.

Rivera vistió a la pareja en el primer plano con un estilo claramente moderno. El hombre lleva overoles y una gorra característica de los obreros; ella muestra elementos de la moda que prevaleció en los años veinte y treinta: cabello recortado, aretes, vestido a la rodilla y zapatos de tacón alto. Su apariencia indica que se trata de un conflicto contemporáneo. Para los artistas de izquierda en Nueva York, los frescos que Rivera pintó para El Museo de Arte Moderno ofrecieron un modelo vigoroso de arte actual socialmente comprometido con contenidos arraigados en el marxismo. Ya avanzados los años treinta, los artistas estadounidenses recurrieron cada vez con mayor frecuencia a imágenes similares de huelgas, con referencias específicas al hambre y el desempleo que azotó al país durante esa época.

Fuente: MoMA


Diego Rivera pintando El levantamiento en su espacio de trabajo en el edificio original del Museo de Arte Moderno. 1931. Fotografía: Associated Press. The Jerry Bywaters Collection on Art of the Southwest, The Jake and Nancy Hamon Arts Library, Southern Methodist University, Dallas

sábado, 15 de junio de 2013

"BAJO EL FUEGO", PELÍCULA SOBRE LA REVOLUCIÓN SANDINISTA

Título: Bajo el fuego
Director: Roger Spottiswoode
Intérpretes: Alma Martínez, Ed Harris, Gene Hackman, Holly Palance, Joanna Cassidy, Nick Nolte
Título en VO: Under Fire
País: USA
Año: 1983
Duración: 108 min.
Guión: Ron Shelton, Clayton Frohman


Bajo el fuego es una película de 1983, trata sobre los últimos días del régimen de Somoza en Nicaragua durante el año 1979. La historia es ficticia, pero está inspirada en hechos reales.

Centroamérica, años ochenta. Tres periodistas americanos van a Nicaragua, donde la guerrilla sandinista está a punto de derrocar al dictador Somoza, a pesar de que cuenta con la ayuda de la CIA. Russell Price (Nick Nolte) es un fotógrafo al que la periodista radiofónica Claire (Joanna Cassidy) presiona para que se involucre en la revolución. En una situación similar se encuentra otro colega de profesión (Gene Hackman).

VER PELICULA:

viernes, 14 de junio de 2013

"LA QUINTA ALEMANIA", DE RAFAEL POCH

La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo
Àngel Ferrero i Brotons, Carmela Negrete Navarro, Rafael Poch-de-Feliu Fernández
ISBN: 9788498885200
Año Publicación: 2013
Páginas: 256
Icaria Editorial
PVP: 18 €

Este libro trata sobre la quinta Alemania de la historia moderna europea, la Alemania nacida con la reunificación de 1990. Aquel subidón nacional de hace más de dos décadas se manifiesta y proyecta ahora sobre el conjunto del continente con motivo de la eurocrisis, suscitando preguntas y recelos.

Presentada como modelo, la actual Alemania contiene la mayor involución sociolaboral desde la posguerra. Esa involución está siendo exportada en condiciones mucho más duras al conjunto de Europa, aprovechando el shock de la crisis y con métodos que arrasan toda soberanía. El resultado es doblemente negativo. Por un lado, más paro y más deuda a causa de una política diseñada para que el sector financiero cobre íntegramente sus malos negocios a costa de las clases medias y bajas europeas. Por el otro, desintegración continental porque nadie quiere formar parte de un club organizado sobre esas premisas.

El liderazgo alemán está llamado a fracasar porque promueve la gran desigualdad social y entre países. La oposición a sus veleidades no es un asunto de lucha entre naciones, sino un aspecto del largo combate social europeo entre reacción y progreso. Desmontar el modelo autoritario-oligárquico europeo es una tarea internacional que empieza en cada país e interesa e incumbe también a la mayoría de los alemanes. Así se escribe la historia europea.

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) es corresponsal en Berlín de La Vanguardia. Fue durante veinte años corresponsal en la URSS/Rusia y China, autor de diversos libros sobre ambos países.

Àngel Ferrero (Alicante, 1984) es periodista freelance y traductor. Colabora con Sin Permiso y el semanario La Directa.

Carmela Negrete (Nerva, 1984) es periodista freelance. Desde 2009 reside en Berlín, desde donde informa sobre el precariado alemán, del que ella misma forma parte. Escribe en eldiario.es y en el semanario Diagonal.

ENTREVISTA A RAFAEL POCH EN PÚBLICO: http://www.publico.es/457057/rafael-poch-espana-esta-pagando-indirectamente-el-enorme-gasto-de-la-reunificacion-alemana?src=lmFn&pos=5

jueves, 13 de junio de 2013

ARMENIA CELEBRÓ LOS 110 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO ARAM KHACHATURIAN


Un 6 de junio, pero de 1903, nacía en Tiflis el genial compositor armenio soviético Aram Khachaturian, creador del Himno Nacional de la República Socialista Soviética de Armenia, de los ballets GAYANÉ y ESPARTACO y de innumerables obras que merecieron la admiración y aclamación del mundo entero. En 1954 fue nombrado “Artista del pueblo de la Unión Soviética” y en 1959 fue galardonado con el Premio Lenin. Aram Khachaturian fue profesor en el conservatorio de Moscú y diputado del Soviet Supremo de la URSS.

SUITE "LA BATALLA DE STALINGRADO" (1950).

• Ciudad en el río Volga -- Andante maestoso.
• Invasión -- Allegro alla marcia.
• Stalingrado en llamas -- Lento sostenuto.
• Batalla por la Patria -- Moderato assai.
• Hacia la Victoria -- Tempo di marcia.
• "Hay una peña en el Volga" -- Andante maestoso.

Compuesta para la película del mismo nombre, dirigida por Vladmir Petrov

Interpretada por la Orquesta Filarmónica de Armenia y dirigida por Loris Tjeknavorian:


miércoles, 12 de junio de 2013

"EL LEGADO DE BRECHT", DE JUAN ANTONIO HORMIGÓN


EL LEGADO DE BRECHT
Juan Antonio Hormigón.
2012
313 págs.
ISBN:978-84-92639-31-1
ADE Teatro Publicaciones
Precio: 15€
 
La situación del mundo actual otorga a la literatura dramática de Bertolt Brecht un lugar y presencia revitalizados. Sus temáticas resultan perceptibles, pertinentes, analogizables, y no es difícil descubrir hoy comportamientos y actitudes que encuentran su equivalencia en personajes de muchos de sus textos.

Además, la escritura brechtiana apunta a establecer mecanismos para hallar una salida a la contradicción fundamental del capitalismo que se ha acentuado en los últimos años: la que opone al carácter social del trabajo el carácter privado de la apropiación.

“Es un privilegio de las artes el poder participar en la formación de la conciencia de una nación” escribía en 1955. La afirmación conlleva ante todo responsabilidades para las artes, y las escénicas en particular. ¿Qué teatro debemos hacer para construir dicha conciencia?

Juan Antonio Hormigón reúne en este volumen un conjunto de ensayos y artículos sobre la figura, la obra, el trabajo escénico y el pensamiento del gran creador alemán. “Hay un legado de Brecht perceptible y otro subterráneo”, señala. Estas páginas suponen una inteligente y documentada incitación a su descubrimiento.

martes, 11 de junio de 2013

EL TSJ DE MADRID EXIGE LA RETIRADA DEL MONUMENTO A LAS BRIGADAS INTERNACIONALES

El auto del Tribunal Superior de Justicia de Madrid exige retirar en un plazo de dos meses el monumento a las Brigadas Internacionales inaugurado en octubre de 2011 en el campus de la Universidad Complutense, muy cerca del arco que celebra la victoria de Franco sobre la República. 
 
En los dos últimos días, el diario británico The Guardian ha publicado sendas informaciones (esta y esta) que retratan a la perfección la anomalía que sigue suponiendo en España el tratamiento memorial de la Guerra Civil y el franquismo. Las noticias se refieren al auto del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, dictado el 21 de mayo, que exige retirar en un plazo de dos meses el monumento a las Brigadas Internacionales inaugurado en octubre de 2011 en el campus de la Universidad Complutense.

Uno de los artículos recuerda algo que, por muy conocido que sea, no deja de parecer aberrante a los ojos de cualquier observador sin prejuicios ideológicos: que uno de los monumentos más importantes, enormes y vistosos de la capital de España –el Arco de la Victoria– es una exaltación del triunfo de Franco sobre la República. Situada a poca distancia del monumento a los brigadistas, la obra se proyectó en los años 40, en la época más feroz de la represión franquista contra los vencidos, en la que decenas de miles de españoles fueron ejecutados, perseguidos, desposeídos de sus bienes, sometidos al ostracismo o empujados al exilio. Este debate sobre la memoria no es baladí en un momento en que Europa se enfrenta al ascenso de movimientos fascistas que desprecian la democracia.

El Arco de la Victoria, un mastodonte de concreto de 40 metros de altura, celebra el triunfo de las huestes franquistas en la Batalla de la Ciudad Universitaria, una de las contiendas más encarnizadas y largas –duró más de dos años y medio– de la guerra. En su frontispicio principal, contiene una leyenda, en latín, que reza: “A los ejércitos aquí victoriosos/la inteligencia que siempre es vencedora/da y dedica este monumento”. En los más de 30 años de democracia, no se ha concretado ninguna iniciativa oficial para despojar al monumento de su carácter de exaltación al dictador y transformarlo en un memorial sobre uno de los episodios más tenebrosos de la historia española. El arco, construido en su día por iniciativa de la Junta de la Ciudad Universitaria, es hoy propiedad del Consorcio Urbanístico de la Ciudad Universitaria, constituido en 1990 por las universidades Complutense y Politécnica y la UNED para “el desarrollo y la gestión urbanística de la Ciudad Universitaria de Madrid”.

El periodista de The Guardian David Mathieson compara esa obra colosal, que da la bienvenida a Madrid a quienes entran en la ciudad por la A-6, con el monumento a los brigadistas que el Tribunal Superior de Madrid ordena retirar: un “memorial mucho más pequeño, tan modesto que muchos de ellos [los estudiantes de la Complutense] ni siquiera se enterarán de su existencia. Una simple columna de metal, pagada por muchas donaciones individuales particulares”.

El tribunal argumenta que la solictud de la licencia para la construcción de la obra se presentó de manera extemporánea, cuando esta ya se había erigido. El rector de la universidad, José Carrilllo, ha respondido que no retirará el monumento y que hay otros en la ciudad, como el de las víctimas de los atentados del 11-M, que tampoco tienen licencia. Según Carrillo, el rectorado solictó el permiso, pero las autoridades locales no lo tomaron en consideración.

El monumento es el único dedicado en Madrid a los brigadistas internacionales, voluntarios de 53 países, mayoritariamente comunistas, que participaron en la guerra en el bando republicano porque entendían que en España se estaba decidiendo también el destino de Europa. Hay un dato muy poco conocido, y es que entre la cuarta y la quinta parte de los brigadistas eran de origen judío, muchos de los cuales, a juzgar por testimonios que dejaron, tenían plena conciencia de que su lucha contra Franco formaba parte de una cruzada más amplia contra el nazismo y el fascismo.

Dice el periodista Mathieson:

“Explicar el pasado para perfilar el futuro es un principio básico de cualquier proceso político maduro. Fuera de España, otros países europeos tienen la creciente capacidad para afrontar su propia historia oscura. Los visitantes de ciudades como Berlín, Núremberg o Lyon, por ejemplo, encontrarán museos de talla mundial que abordan cándidamente su papel en el siglo XX, y el museo de la esclavitud de Liverpool arroja luz sobre un episodio vergonzoso para los británicos. Sin embargo, en Madrid no hay ni un solo punto de información o centro turístico que intente contar la historia de la Guerra Civil. La administración del PP es incapaz de tratar con la diversidad de reclamaciones sobre el pasado y prefiere impedir cualquier discusión sobre la materia.”

Y concluye:

“Se dice a menudo que la historia está escrita por los vencedores. Pero lo que está sucediendo en Madrid no es solo un ejercicio asimétrico de memoria histórica. Es una manera intolerante, peligrosa y disfuncional de tratar el pasado y no casa fácilmente con la imagen que Madrid trata de proyectar como una abierta, diversa y transparente ciudad del futuro.”

Post scriptum: A EL MONO POLÍTICO le asaltan tres dudas: ¿tiene potestad el Consorcio Urbanístico de la Ciudad Universitaria para decidir sobre los monumentos de su propiedad? ¿Por qué entonces no promueve la reconversión del Arco del Triunfo en un memorial didáctico sobre la Guerra Civil? ¿Tiene el consorcio capacidad de decisión sobre el monumento a los brigadistas?

Fuente: Kaos en la red

FIRMA LA PETICIÓN "PAREMOS LA RETIRADA DEL MONUMENTO A LAS BRIGADAS INTERNACIONALES EN LA UCM": http://www.change.org/es/peticiones/paremos-la-retirada-del-monumento-a-las-brigadas-internacionales-de-la-ucm


lunes, 10 de junio de 2013

MUERE WILLI SITTE, EL PINTOR DEL REALISMO SOCIALISTA ALEMÁN


El pintor alemán Willi Sitte, exponente del arte por encargo de la extinta Alemania comunista y retratista del Politburo germano-oriental, falleció a los 92 años, indicaron hoy fuentes de la fundación que lleva su nombre. El artista murió la pasada madrugada en su casa de Halle, en el este del país, a consecuencia de una larga enfermedad, añadió la fuente. Presidente de la Asociación de Artes Plástica de la República Democrática Alemana (RDA), entre 1974 y 1988, se le consideró el máximo representante del denominado realismo socialista alemán de los años de la Guerra Fría.

"Su muerte nos deja profundamente afectados. Pero al mismo tiempo nos impulsa a trabajar para la proyección futura de su legado artístico", apuntó el presidente de la Fundación Willi Sitte, Hans-Hubert Werner, en un comunicado. La entidad que lleva el nombre del artista, con sede en Merseburg, en las afueras de Berlín, conserva buena parte de la producción del pintor, que quedó postergado de los circuitos museísticos tras la caída del Muro (1989) y consiguiente disolución de la RDA (1990).

Las obras denominadas de "propaganda" de la extinta Alemania comunista fueron incluidas un poco de refilón el algunas grandes exposiciones sobre el arte en la RDA recientes, como la que tuvo lugar en la Neue Nationalgalerie de Berlín, en 2003, o en Weimar (este del país), en 2012. En ambos casos, la obra de Sitte estuvo presente como ejemplo del arte propagandístico al servicio la RDA, en contraposición de los valores surgidos al otro lado del Muro no encorsetados como arte oficial y que funcionaron por libre, pese a las presiones sobre sus creaciones. Entre las obras más característica de Sitte está el Homenaje a Lenin, considerado exponente de ese arte por encargo o subvencionado desde el Politburo.

Sitte nació en febrero de 1921 en Kratzau, actual República Checa, se formó como artista ya en Alemania y sirvió en la Wehrmacht de Hitler hasta 1944, año en que desertó para unirse a los partisanos italianos. En Milán, Venecia y otras ciudades italianas vivió la posguerra, hasta que en 1947 regresó a Alemania, pero en territorio de la RDA, en cuyo partido único comunista ingresó como militante.

A partir de ahí se le empezó a conocer como artista oficial del régimen germano-oriental, pese a que mantuvo inicialmente también posturas críticas hacia las autoridades de la RDA. Desde esta posición llegó a ser diputado de la Asamblea Popular germano-oriental y máximo responsable de su Academia de Artes Plásticas. Con la reunificación alemana quedó postergado de la vida artística, hasta que en ocasión de su 85 cumpleaños -2006- se creó la fundación que lleva su nombre y con ello una cierta rehabilitación en los circuitos museísticos.

Fuente: EFE

H
Homenaje a Lenin

domingo, 9 de junio de 2013

"CANANA, MAZORCA Y HOZ", DE TINA MODOTTI


Tina Modotti
Canana, mazorca y hoz
1927
Plata sobre gelatina
24 x 19 cms
Throckmorton Fine Art, Nueva York

En Canana, mazorca y hoz, aparecen tres elementos vinculados con la causa agrarista revolucionaria. La canana representa la lucha armada, mientras que la mazorca y la hoz hablan del campesinado. Durante los años veintes, dentro del Partido Comunista de México había un bando agrarista que creía que el problema social más importante que había que resolver era el de la repartición de tierras a los campesinos. Los agraristas creían que los campesinos formaban el grupo más revolucionario y eran quienes debían tener el liderazgo de la lucha social, por encima de los obreros. Los obreristas, en cambio, estaban más ligados a los lineamientos del Partido Comunista Internacional y terminaron por imponerse a los agraristas dentro del Partido Comunista durante la década de los años treintas.

Con esta composición fotográfica, Tina Modotti habla de la importancia de la lucha del campesinado durante la Revolución Mexicana y apoya la causa agrarista dentro del reformismo político de los años veintes en México. Esta fotografía también fue titulada, en 1931, ¡Campesinos, uníos a nuestra lucha!

sábado, 8 de junio de 2013

"SILENCIO Y GRITO", DE MIKLÓS JANCSÓ

Título: Silencio y grito
Título original: Csend és kiáltás
Año: 1967
Duración: 73 min.
País: Hungría
Director: Miklós Jancsó
Guión: Gyula Hernádi, Miklós Jancsó
Fotografía: János Kende (B&W)
Reparto: Mari Töröcsik, József Madaras, Zoltán Latinovits, Andrea Drahota, András Kozák, István Bujtor, Ida Siménfalvy, János Koltai, Sándor Siménfalvy
Sinopsis: La historia se enmarca dentro de la inestabilidad política en el año 1919 tras el intento de toma del poder por parte de los comunistas. El ejército reprime a las fuerzas insurgentes y un joven comunista se oculta en un area rural. Un oficial del ejército conoce al joven porque fueron amigos en la infancia. Es ocultado en una pequeña granja, pero el enfrentamiento entre ambos amigos es inevitable...

Precisamente eso es lo que pretende hacer Miklós Jancsó, un director que tenía desde hacía mucho tiempo en el punto de mira pero que, por unas circunstancias u otras no había podido disfrutar hasta ahora. El interés del director húngaro es penetrar en las manifestaciones psíquicas y físicas del terror, más que en un análisis propiamente político de la época en sí, éste último surge de forma intrínseca en la mente del espectador que tiene un cierto conocimiento del momento histórico que Jancsó está abordando (en cualquier caso hay que tener en cuenta que el director ideó esta película para una audiencia húngara que, obviamente, estaría familiarizada con el periodo en cuestión). Sea como fuere la película comienza con las imágenes del desfile triunfal de las fuerzas del ejército blanco en Bucarest, encabezadas por su líder, el almirante Miklós Horthy, montado en un caballo blanco (símbolo distintivo del poder desde los tiempos de Roma). He aquí, pues, los triunfadores de la guerra civil que habría enfrentado entre 1918 y 1919 a las fuerzas conservadoras frente al Ejército Rojo de la República húngara de los Consejos instaurada por Bela Kun al frente del Partido Comunista húngaro. No obstante Jancsó no sólo pretende introducirnos al periodo histórico en cuestión, sino, además, mostrarnos quién estaba detrás de lo que vamos a ver a continuación (las jerarquías del poder).

Tras la victoria, se produjo la desbandada de los comunistas que habían sobrevivido, de modo que el nuevo régimen de Horthy desencadenó una brutal represión cuyo único objetivo era instaurar el terror en la sociedad húngara y arrancar de raíz la semilla del comunismo para así asegurar la pervivencia del orden tradicional. De esta manera se produce la irrupción de las fuerzas de seguridad a lo largo y ancho del país, especialmente en las zonas rurales, donde muchos fugitivos se refugiaron. Allí, en un páramo desolado con horizontes que revelan la insignificancia del hombre -lo cual recuerda inmediatamente a la granja de "Satantango" (es obvio que Tarr conocía a la perfección películas como ésta, que forman parte de la mejor tradición del cine húngaro)- se sucede la acción acompañada por los ladridos sin respuesta de los perros. No obstante, el nuevo estado se va a encontrar con que entrar en el mundo campesino suponía entrar en una realidad paralela que se regía por unos patrones de comportamiento muy diferentes a los típicos de Budapest (todo estado moderno se encuentra con un reto similar, algo particularmente visible en la Europa que va del siglo XIX al XX. En España los caciques y la Iglesia eran quienes servían de correa transmisión allí donde el estado no llegaba de forma efectiva). Por primera vez el estado húngaro muestra su deseo de disciplinar y encuadrar a esa población sometiéndola a estrictas regulaciones, lo cual habla a las claras de su vocación totalitaria.

Como veníamos comentando, se produce un enorme despliegue militar en la zona. Toda la población está bajo vigilancia ante la posibilidad de que se oculten entre ellos fugitivos comunistas. La represión es implacable. No obstante, en este caso nos encontramos con una particularidad, y es que el oficial al mando de las actividades represivas, Kémeri, es un viejo amigo de uno de los más buscados comunistas, el joven y apuesto István. Jancsó nos está planteando cómo en las situaciones de guerra civil lo político se mezcla con lo personal y las lamentables consecuencias que se derivan de esta situación. De hecho su relación se había enfriado por el paso de los años y carecía de toda profundidad humana debido al resentimiento causado por los acontecimientos. Muchas familias y amistades se vieron rotas debido a éstos fenómenos, de hecho, como el propio Kémeri sugiere, la experiencia colectiva de la Primera Guerra Mundial forjó tanto fascistas como comunistas, quizás la guerra civil húngara sea el primer ejemplo de ello.

En cualquier caso la represión es selectiva y ejemplar, como aviso para aquellos que se atrevan a levantar su voz contra la nueva autoridad. Llama la atención el modo en que los perseguidos son asesinados, desde la lejanía y con un tiro por la espalda, para que diera la impresión de que se les disparó mientras trataban de huir (muy similar a la Ley de Fugas aplicada en España durante la represión franquista y, antes, durante el pistolerismo anarquista en Barcelona). La película se abre con una escena de este tipo. Uno de los policías militares explica que "mataría a mi propio padre si me fuera ordenado", lo cual da fe de la potencialidad eliminacionista que radica en los ejércitos a causa del no cuestionamiento del principio jerárquico y, por lo tanto, de las órdenes emanadas de éste. Todo queda justificado en base al cumplimiento del deber y, entre otras cosas, esto fue lo que hizo posible tantos de los desastres que asolaron el continente europeo en el pasado siglo. Kémeri también dice a Istvan que si lo mata por su cabezonería no estará haciendo más que su trabajo.

Es interesante ver cómo la policía política se encarga de justificar los crímenes de la represión como delitos comunes. Así pues, los campesinos son forzados a inculparse como autores materiales de los hechos haciéndolos dejar las huellas dactilares en los efectos personales de los asesinados y forzándolos a tocar los cadáveres.

También hay violencia intimidatoria, lo cual se observa en los tratos vejatorios a los que son sometidos los campesinos, especialmente Károly, o los abusos de poder llevados a cabo sobre las mujeres por parte de los policías militares. Este sería otro de los mecanismos para extender el terror. Esto lleva a la población rural a huir de los represaliados como si de la peste se tratara, ya que, como uno de los campesinos le recuerda a Kémeri, ellos tienen que seguir con sus vidas: así pues, los ideales chocan con la realidad una vez más.

Fuente: FilmAffinity


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viernes, 7 de junio de 2013

42 AÑOS DE LA MUERTE DEL FILÓSOFO COMUNISTA GEORG LUKACS


El filósofo y político húngaro Georg Lukacs, uno de los más brillantes pensadores marxistas y una de las figuras más representativas y complejas de la cultura contemporánea, murió hace 42 años, el 4 de junio de 1971.

Autor de “Historia y conciencia de clase” (1923), su obra influyó notablemente a muchos marxistas posteriores y sus trabajos sobre la teoría literaria han brindado importantes aportaciones al análisis estético de la novela.

Georg Lukacs vio la luz por primera vez el 13 de abril de 1885, en Budapest, Hungría, en el seno de una familia judía, que gozaba de buena posición económica, pues sus miembros eran banqueros.

Estudió en las ciudades alemanas: Budapest, Berlín y Heidelberg, en esta última fue influenciado por las ideas Georg Simmel (1858-1918) y Max Weber (1864-1920).

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se afilió al Partido Comunista Húngaro, y en 1919 participó activamente en la República soviética de Béla Kun. Más tarde se refugió en Viena y en Berlín, donde se dedicó a escribir de 1919 a 1922.

En 1923 publicó uno de sus principales textos filosófico-políticos “Historia y conciencia de clase”, libro en el que reflejó su pensamiento marxista, y que fue condenado públicamente y más tarde repudiado por el propio autor.

Casi una década después, en 1932, Lukacs dio a conocer “Manuscritos económico-filosóficos de 1844″ y, en 1956, los materiales preparatorios del “Capital” en los que contemplaba el tema de la alienación y la relación de continuidad entre Friedrich Hegel (1770-1831) y Karl Marx (1818-1883).

La relación entre los dos filósofos alemanes apareció también en sus obras posteriores: subrayó la deuda de Marx con el pensamiento dialéctico y el método hegeliano, evidentes sobre todo en las obras de juventud, a las que dedicó otro importante trabajo filosófico, “El joven Hegel” (1948).

Luego de vivir entre 1930 y 1945 en Moscú, donde fue editor del diario Literaturnyi kritik y escribió libros sobre el realismo decimonónico, Lukacs regresó a Hungría donde fue profesor de Estética y Filosofía de la Cultura en la Universidad de Budapest hasta 1958.

A este periodo corresponden diversos ensayos, entre los que destacan: “Materiales sobre el realismo” (1948), “K. Marx y F. Engels como historiadores de la literatura” (1948), “Contribuciones a la historia de la estética” (1954), “Goethe y su época” (1947), “Thomas Mann” (1949), “Balzac y el realismo francés” (1953) y sus grandes obras teóricas: la antología de ensayos “Prolegómenos a una estética marxista” (1957).

Asimismo, fue parlamentario de 1949 a 1956 y ministro en el gobierno reformista durante la revolución húngara de 1956.

El 4 de junio de 1971, el destacado político y filósofo húngaro murió a los 86 años de edad, en Budapest.

Fuente: NTR

"EL CINE COMO LENGUAJE CRÍTICO"

Göyrgy Lukacs
Traducido por Miguel Pérez Barberán
Nuevos Aires, Año 2, Nº 5 Setiembre–Octubre–Noviembre, 1971
Poco antes de su muerte, Gyorgy Lukacs concedió una entrevista a Yvette Biro y Szilard Ujhelvi de la revista húnga­ra “Film Kultura”. Como se verá, en ese reportaje se trataron los problemas artísticos y políticos del cine dentro de un es­tado socialista, su inserción en la vida cultural y social, y el papel de vanguardia que representa actualmente en la evolu­ción de la conciencia.
Nos parece importante la inclusión de este texto ya que la defensa argumentadla y vigorosa que Lukacs hace del jo­ven cine húngaro, y en particular de los films de Jancsó y de Kovács, resulta una clara respuesta a las criticas “izquierdis­tas” que se han dejado oír entre nosotros. Críticas que se es­fuerzan en demostrar que esos films, al poner en tela de jui­cio al stalinismo y sus secuelas, debilitan el régimen socialis­ta y promueven una ideología no marxista. 

—En los films húngaros que ha tenido Ud. ocasión de ver recien­temente, se pueden encontrar características comunes, sea en lo referente a la actitud de los realizados, sea en el contexto metodológico. ¿Dónde nota Ud. esas características?
—Sería sumamente difícil de resumir en una sola frase las carac­terísticas de los nuevos films húngaros, incluso sus características comunes, desde el momento en que los dos autores más capaces, Jancsó y Kovács, utilizan métodos absolutamente diferentes. La no ve­dad, a mi modo de ver, reside en el hecho de que ellos han encontrado el medio de utilizar en una forma adecuada los nuevos desarrollos técnicos del cine. Por otra parte, no hay que olvidar que el cine es una nueva forma de arte y sobre todo, que los dos realizadores menciona­dos han aportado substanciales enriquecimientos técnicos. También en occidente, las novedades se presentan sobre todo en el dominio técnico denuncian a veces una ausencia de contenido. Nuestro cine tiende ahora a ocuparse de nuevos elementos, de los nuevos sentimien­tos humanos por ejemplo, y de las formas de expresar las relaciones humanas y en ese aspecto trae nuevos medios de expresión a nuestros problemas reales. De este modo, si nosotros enfocamos la discusión desde el punto de vista del contenido social, podemos afirmar que nos encontramos ante una renovación, y en ese sentido es posible traer, en cierta medida, algo nuevo y original a occidente. Se debe distinguir entre la renovación técnica y su traducción en términos artísticos.
Se logra una traducción en términos artísticos si el público se da cuenta que con tales medios es posible expresar relaciones de un tipo nuevo.
Esto, aquí se verifica ampliamente. Sólo citaré un ejemplo: una de las nuevas técnicas consiste en representar los antecedentes de una acción humana con flash–backs, como retroceso en el tiempo; habi­tualmente esto es un arreglo técnico. Por este medio, Kovács ha logra­do mostrarnos en DÍAS HELADOS cómo hombres de una mediocridad muy común pueden haberse transformado en criminales fascistas. La transformación o el cambio no se ha producido teóricamente o analíti­camente, sino que está representada por una proyección en el pasado de tipo cinematográfico. De este modo Kovács ha obtenido dos resulta­dos: por un lado le ha dado un nuevo significado a un periodo históri­co, y por otro lado ha realizado este significado en el marco de una forma de expresión, por medio de una técnica artística personal.
Por cuanto sé DÍAS HELADOS ha obtenido un gran éxito en el ex­tranjero y se comprende que haya encontrado el favor de los expertos de otros países.
—Pero más allá de las relaciones de contenido y de forma, ¿no presenta este problema relaciones directas? Si está claro, por una parte, que Jancsó y Kovács trabajan con métodos antitéticos, ¿no sería posible descubrir, por otra parte, algún rasgo común en su actitud? En este sentido, ¿ve Ud. algo común en ellos dos? ¿Qué problemas enfrentan y con qué objetivos?
—Claro que hay algo en común, y en ese sentido el cine de Hun­gría —o al menos en la cultura húngara— tiene hoy una función de vanguardia. De hecho —y en ese sentido nuestra historia de la literatu­ra y nuestra crítica son responsables— nos hemos puesto en condición de aceptar cualquier modernismo exterior, mientras que en realidad actuamos aún en la perspectiva de la política errónea de la antigua superioridad cultural. Me refiero al hecho de que en realidad cultiva­mos la justificación del pasado. Para vencer o superar lo antedicho, se necesita una dialéctica específica. De hecho, el marxismo no sólo consiste en clarificar causas determinadas y en explicar las relaciones entre las cosas. Opino que nuestros historiadores tienen razón cuando sostienen que no existían en Hungría verdaderos movimientos revolu­cionarios antes de 1867. Es la verdad. Pues una cosa es defender esta verdad sosteniéndola con documentos, y otra cosa es glorificarla. Porque también es verdad que el desarrollo de liquidación del feuda­lismo, débil y superficial en 1848, quedó fuera del programa de 1867. El capitalismo naciente no tocó al feudalismo provincial y agrario. Toda la literatura de este período ha exaltado un proceso de evolución, y a veces se hace lo mismo hoy en día.
La película de Jancsó LOS DESESPERADOS ha roto, por el contra­rio con este concepto. Es, para mí, un gran paso. En este punto tocamos un importante tema de orden teórico.
Cuando Lenin hablaba de las cualidades del Partido, decía que el marxismo se caracterizaba por dos hechos. Por un lado, logró dar una imagen de la sociedad, más objetiva de la que fuera dada por las ciencias burguesas; por otro lado, en ese momento, en esa objetividad, toma una posición. Y es, según mi opinión, lo que se verifica en LOS DESESPERADOS. Es decir que existe en el film una toma de posición —afirmada muy abiertamente— referente a la necesidad de odiar en nuestra historia todo aquello que merece ser odiado. Hungría no sería jamás un país culturalmente desarrollado si los que están llamados a guiarla ideológica y políticamente no se dan cuenta de las contradicciones de la historia de nuestro país y no reniegan, y no odian, lo que en esta historia hay de odioso y de repugnante.
Contra este principio hemos encontrado una cierta reticencia y una protesta. Y la protesta está dirigida también (en cierto modo) a DÍAS HELADOS. Existe, de hecho, una visión errónea del problema, no sólo limitada a algunos burócratas, sino que se extiende también a inteligentes y buenos escritores, según la cual Hungría se encontró presa del fascismo como Poncio Pilatos del Credo... Y esto no es verdad... El desarrollo de los hechos que condujeron al país al fascismo tuvo su origen en 1867, y nosotros jamás nos desviamos de la vía del desarrollo llamado “a la prusiana”. La revolución de 1918-1919 fue de­masiado breve para conducir a cambios determinados. Hungría, que no había sabido liquidar el feudalismo, entró con las banderas en alto en el fascismo.
Y esto es lo que Andras Kovács presenta en el hombre común de todos los días. Mikszath tuvo el gran mérito —él ha sido el más crítico de los escritores húngaros— de mostrar ese lado negativo del desarro­llo de la historia húngara, aunque lo haya hecho sin cólera, sin indig­nación, pero siempre con el respeto de la verdad.
Hoy también, Jancsó y Kovács ponen el tema sobre el tapete, in­sistiendo sin embargo sobre el hecho de que para el desarrollo de Hungría, es conveniente odiar lo que merece ser odiado. Esto no es, para ciertos burócratas y nacionalistas, una actitud popular. Sin embargo, desde el punto de vista ideológico, a despecho de ciertas críticas, tal actitud constituye un paso adelante y es por esto que pienso que debemos considerar a Jancsó y a Kovács como los representantes, en el ámbito de la historia, de una verdadera vanguardia.
—Las discusiones sobre este tema han tenido sin duda múltiples alternativas. Algunos afirman que esos films destruyen ciertos valores tradicionales o una especie particular de sentimiento nacional.
—¡Que la destruyan pues!
—Se trata de romper con un sistema que no ha sido instaurado por otra sociedad sino que nosotros mismos hemos construido. Nos oponemos a nuestros propios errores para salvar los resultados adquiridos.
—Cada clase revolucionaria hereda defectos y méritos del sistema social que la ha precedido, y depende de ella el lograr liberarse de esos errores con mayor o menor energía.
Aquí reside la gran diferencia entre Lenin y Stalin. Lenin se ha manifestado en sus escritos, a propósito de la vieja Rusia, con los acentos más crudos, sin concederle nada al tradicionalismo, pero estaba atado por una plena adhesión sentimental, a la tradición de Puchkin y de Tchernichevsky. En la época de Stalin, por el contrario, fue normal considerar al Suvorov, que había combatido la Revolución francesa, como un precursor del socialismo. Esto no debe aceptarse ni en pequeñas ni en grandes dosis. No dejaré de luchar por esas ideas y estoy contento de que nuestros mejores realizadores discrepen sobre su propia posición. Está claro que si se tratara de errores pertenecien­tes a un pasado terminado y olvidado, la cuestión sería mucho menos grave y sobre todo teórica. Sin embargo para decir las cosas en forma brutal, si la tradición de Raday —como nos la muestra Jancsó— no hubiera estado viva en Hungría, no se habrían encontrado tan fácilmente muchos Mihaly Farks.
—¿Los temas históricos no se refieren exclusivamente al pasado? ¿Pueden ellos aclarar también situaciones actuales?
—Yo creo que a esta pregunta puede muy bien responder Anatole France en su novela: “LOS DIOSES TIENEN SED”. Es decir que el pueblo francés, la literatura francesa, no se han echado atrás frente a este problema... Pero en estos films y en estas críticas, no se trata del hecho de que una tendencia haya dominado por razones revoluciona­rías aquellos límites sobre los cuales Marat o Lenin tenían sus opinio­nes. No se trata aquí de eso... Según mi opinión Krutchev, que sólo tenía razón en algunos temas, estaba en lo cierto cuando opinó que los procesos políticos de los años 30 eran políticamente superfluos porque estaban dirigidos contra enemigos ya vencidos. No, en la dictadura del proletariado húngaro, el terror sólo ocupó un lugar desdeñable y no merece que se lo mencione. Pero en lo que concierne al período de Rakosi, el nudo de la cuestión es que aquellos que fueron eliminados como enemigos del socialismo y opositores, no eran ni enemigos del socialismo ni opositores.
—El problema es que en ese régimen, en los diversos puestos y cargos —y no hablamos aquí de situaciones ilegales— en diversas posiciones y en diversos lugares, operaban, al lado de Rakosi, los hombres de la generación comunista que vive aún hoy y que cuando ella replantea el problema, debe enfrentarse a sí misma y condenar su propio pasado.
—Es justamente por eso que digo que aquéllos que han tomado parte en todo esto, deben hacer el balance de esta realidad. Yo no digo que sea necesario citar ante la justicia a todas estas personas, sino que la opinión pública debe al menos forzarlos a examinar sus propios actos. Callar los aspectos controvertidos de nuestro pasado sólo puede ser dañino porque en ese caso —lo he verificado también en intelectua­les serios— la cuestión mal planteada del terror revolucionario está asimilada a la ilegalidad y entonces hemos llegado a conclusiones absolutamente falsas. Si tuviéramos el coraje de hablar abiertamente del mal, tendríamos mucho más seguido, la ocasión de volver a encon­trar el bien del que podemos hablar.
—Volvamos a la violencia revolucionaria. Se le ha reprochado a ROJOS Y BLANCOS de haber desenmascarado el terror revolucionario y de poner en un mismo plano de validez, la violencia revolucionaria y la violencia contrarevolucionaria.
—El terror revolucionario ha existido realmente. Y, si nosotros queremos seguir siendo marxistas, debemos admitirlo. Yo admito y apruebo la actitud de lealtad de Jancsó desde el siguiente punto de vista, en la medida de que muestra, en numerosos ejemplos, cómo los revolucionarios y los contra-revolucionarios se burlaban de los princi­pios morales.
No se trata de oponer blanco y negro, revolucionarios humanos y contrarevolucionarios asesinos, sino de mostrar la psicología de aquellos que combatían por una causa funesta frente a la psicología de quienes combatían por una causa justa. Estoy completamente de acuerdo con Jancsó, y aquí se origina un nuevo problema de orden artístico sobre el cual no he hecho mucho hincapié pero que algunos espectadores inteligentes y leales han planteado.
El cine de hoy —y esto es positivo— recurre a un tipo de relato dramático muy rápido. En los films occidentales esta rapidez del ritmo llega a ser excesiva; los films policiales, por ejemplo, se basan en acontecimientos extremadamente simples desde el punto de vista humano.
—Es una pregunta a la cual no podemos responder sino con otra pregunta. Si admitimos que esas obras son de vanguardia y siguen un camino prácticamente nuevo, ¿no sería necesario quizá, que utilizaran, desde el punto de vista formal, procedimientos de vanguardia? Puede ser que para nuestras costumbres de hoy, para nuestra capacidad perceptiva actual, el ritmo sea un poco rápido, las fórmulas un poco insólitas, pero que más tarde todo esto esté justificado.
—Es posible. Y no me atrevo a decir nada, me he limitado a plan­tear una duda. Mis experiencias me demuestran que en general, incluso en las transformaciones más revolucionarias, no es la técnica quien decide lo que debe expresar el contenido, sino que es el contenido quien determinará la aplicación de la técnica. Dejo planteada la duda de saber si solamente se trata de un problema percéptico del especta­dor de hoy o de un problema de ritmo en general que encontramos con bastante frecuencia. A vía de ejemplo, propongo un episodio que no tiene que ver con esto: asistí cierta vez a un concierto donde se ejecuta­ba una sinfonía de Beethoven que me gusta mucho. En esta ocasión no me gustó nada y me aburrí. Le pregunté a un músico de mi amistad qué podía haberme sucedido y me contestó que el director de orquesta había dirigido muy rápidamente y esa era la causa de la monotonía... Repito, mi observación a propósito de Jancsó planteaba simplemente una posibilidad y sería interesante que los expertos en cine discutiesen este punto.
—El problema consiste en llegar a establecer cuál es la cantidad máxima y necesaria de información que el espectador logra interpretar en un tiempo dado.
—Se trata de un problema que se plantea en todas las expresiones artísticas y, aunque en diversa medida, es decisivo en todos los casos. En ese sentido el cine sigue una regla bien precisa, lo sé muy bien. Y para poder seguir un film debemos aprender su lenguaje. La cuestión que se plantea aquí es sin embargo ¿de qué manera y cuándo se logra todo esto? Yo no quería en realidad hacer una crítica de Jancsó, sola­mente he planteado un problema que no es fruto de una observación personal sino las sugerencias de personas honestas y bien dispuestas.
Puede que una disminución del ritmo, aunque sea mínima, de medio segundo, hubiera aclarado la intriga. Hay que poner mucha atención; estas cosas dependen a veces de leves matices artísticos.
—Volvamos a DÍAS HELADOS y a SILENCIO Y GRITO: parece ser que, para muchos ha sido desagradable que esos dos films expresen juicios críticos sobre el pueblo mismo. Durante mucho tiempo existía la opinión romántica de que solamente la clase dirigente era disoluta y estaba descarriada, mientras que el pueblo conservaba intacta su integridad.
—Esa es una opinión inaceptable porque si el pueblo se enfrenta­ra a la clase dirigente con una incorruptible honestidad, esta última no podría mantener su supremacía. Es por ello que afirmamos que los movimientos revolucionarios de 1918–1919 habían sacudido en tal forma a la clase campesina que las cosas más disparatadas sucedieron en los medios rurales. Esto es una realidad de nuestro desarrollo que no puede borrarse de la historia. Jancsó tiene toda la razón cuando muestra esa realidad. Se ha encontrado rara vez una situación tan romántica —y sólo cito el caso de Hungría— en la cual se haya visto claramente, en un momento cualquiera de la revolución o de la contra­revolución, quienes eran los revolucionarios y quienes los contra-revolucionarios. La gran dificultad de toda la historia húngara reside justamente en el hecho de que los campesinos que fueron olvida­dos ideológicamente por todos los partidos, inclusive por el viejo partido social demócrata, no se encontraban en un plano de revolución real. Conviene agregar a todo esto que hemos cometido un grave error en la dictadura del proletariado al retrasar el reparto de las tierras porque de esa manera no había una verdadera perspectiva revolucio­naria para los campesinos. Creo que Jancsó ha representado con absoluta fidelidad la vida del campo. Creo que en este punto volvemos al primer problema, es decir que hoy en día nos inclinamos a la ideali­zación romántica que no podemos sin embargo, adoptar frente a nuestro pasado, pues de esta manera toda la historia húngara sería incomprensible.
—¿Qué piensa Ud. del film DIEZ MIL SOLES que afronta la histo­ria de los treinta últimos años con un lenguaje bastante particular, en un estilo poético y un poco romántico?
—Si, un estilo poético, pero a menudo con confusiones románti­cas. Me he detenido en los films de Jancsó y Kovacs porque ellos denotan un compromiso netamente socialista, en la medida en que representan la realidad tal cual es y al mismo tiempo operan una elección muy neta desde el punto de vista emocional. Por otra parte, esa es su característica principal. Puedo equivocarme por cierto ya que no conozco toda la producción húngara, pero me parece que estos realizadores, con sus respectivas diferencias, tienen en común algo que los distinguen de los demás. Con respecto a esto quisiera responder a una objeción bastante importante. No creo que una obra de arte, y en particular un film, tenga que responder necesariamente a las interro­gantes que plantee. Insisto en encontrar justa la posición de dos de los más grandes artistas de mi juventud, Ibsen y Chéjov, quienes sostenían que el deber del escritor es el de plantear interrogantes: las respuestas serán dadas por la historia o el desarrollo social.
Si un film como obra de arte, ha logrado hacer que la gente re­flexione seriamente sobre una situación del pasado o del presente, ha logrado su objetivo. No tiene nada que ver el que se produzcan films que muestren qué innovaciones deben introducirse en la industria textil para alcanzar un nuevo nivel de mecanización; esta es la tarea del ministerio correspondiente. El film, por el contrario, tiene el deber de representar los aspectos positivos y negativos de la sociedad, y, como en ese plano puede tener un relieve esencial, debe lograr que el hombre de la calle reflexione atentamente y con cuidado ya que generalmente suele tocar los temas por encima y sin reflexionar, reaccionando únicamente en el plano sentimental. Si en el cine, una persona sobre diez logra encontrar su propio camino, el film ha logrado su objetivo.
—Estamos de acuerdo, pero muchos se preguntan si el público es capaz de seguir las nuevas exigencias del cine de hoy. Si la mayor parte de los espectadores no está suficientemente madura, ¿con qué derecho los realizadores los obligan a enfrentarse con un nivel tan alto?
—Si el pueblo estuviera tan atrasado como nos lo quieren hacer creer los burócratas, la revolución socialista no hubiera podido efec­tuarse. Si por el contrario estuviera tan avanzado como lo pretenden a veces esos mismos burócratas, la revolución no habría sido necesaria. Ya que ni lo primero ni lo segundo es verdad, y que la revolución ha existido realmente, es necesario que el cine y las otras artes operen en el interés de la revolución y del desarrollo intelectual.
—¿Piensa Ud. que los nuevos medios empleados por el cine actual amplían los límites de este arte?
—En la fase actual, se le da aún mucha importancia a las posibili­dades técnicas del cine y no se destacan los problemas de contenido; no debemos olvidar que en cada arte, el significado directo de las cosas está en la atmósfera. Conozco pocas cosas tan dramáticas en la vida real como la escena de Macbeth donde, después del homicidio, se oye golpear a la puerta del castillo. Ese hecho de que se llame a la puerta no significa nada en sí mismo, es únicamente el lado técnico de la cosa. Aquí la esencia es la relación entre los dos elementos. El deber de la dramaturgia cinematográfica es el de descubrir la problemática de esos elementos. Estoy convencido que podríamos captar muchas cosas interesantes si examinásemos esos elementos desde el punto de vista del contenido, es decir que no se trata de llamar a la puerta en general sino de llamar a lo Macbeth.
—Este ejemplo es perfecto, porque se trata de una sucesión de elementos, es decir de un problema de composición del film y en particular de lo que debe preceder y de lo que debe seguir al film. Ese es el concepto básico de la estructura del film. Debemos pensar por otra parte en lo que dice Eisenstein con mucha originalidad: en cada instante particular hay también un montaje vertical al no estar en juego los elementos sucesivos sino los diversos elementos que actúan simultáneamente para representar, juntos, un significado muy comple­jo.
El montaje vertical tiene una función muy conmovedora en SI­LENCIO Y GRITO: el realizador ha llegado a crear una atmósfera extremadamente tensa.
—Este film me ha gustado mucho y se podría hablar de él muy extensamente. Pero no tengo otra cosa que agregar sino que podemos esperar mucho aún de Kovács y de Jancsó. Es necesario que los aman­tes del cine los sostengan, los apoyen, y se den cuenta que el compro­miso para esclarecer los peores aspectos del pasado y del presente es un hecho positivo y una contribución al desarrollo del socialismo.
Quisiera que se comprendiera que mi crítica, quizá un poco seve­ra, es una crítica socialista. No me sitúo en el punto de vista del pre­tendido humanismo burgués. Siempre se ha reprochado mi franqueza, pero sin sinceridad no puede nacer el verdadero arte. Y no estoy del todo seguro, por ejemplo, que se deba resaltar en toda ocasión, los aspectos positivos. Sin esto no podemos avanzar: mientras no abramos una brecha en el muro del viejo nacionalismo, habrá ciertas cosas que sobrevivirán de uno u otro modo.
—No es por casualidad entonces, que el cine obtenga resultados cuando da un paso adelante por el camino de la verdad.
—El hecho es que la discusión sobre el film, sólo es posible desde el punto de vista comunista. La fuerza del verdadero marxismo–leninismo reside en la verdad, y renunciamos a nuestra mejor arma cuando, por razones de táctica no aceptamos esta idea. Es muy impor­tante que haya entonces hombres como Jancsó y Kovács quienes, con el lenguaje del arte nuevo, buscan asumir una actitud seria sobre nuestro pasado y nuestro presente

Traducción de Paul ROBERT, Adaptación Marcel MARTIN para Cinema 69 Nº 140. (Versión española de Miguel Pérez Barberán).