jueves, 12 de noviembre de 2015

SE CUMPLEN 33 AÑOS DE LA MUERTE DEL ARTISTA COMUNISTA JOSEP RENAU



“FUNCIÓN SOCIAL DEL CARTEL”, DE JOSEP RENAU (1937)
Cartel comercial y cartel político
El artista publicitario de los países capitalistas ve circunscrito el campo de su acción a un mero juego de ideas particulares, en el cual es elemento capital esa especulación inteligente que se desarrolló a expensas de la realidad, convirtiéndolo pau­latinamente en instrumento técnico de toda falsificación, en ingenio de engañosos artificios.

Muchos profesionales van notándose ya incómodos en el campo, cada vez más estrecho, que las condiciones de su servidumbre le imponen. La libertad de creación del artista está condicionada a los intereses supremos del utilitarismo capitalista. El acceso a las ideas superiores que emana la rea­lidad le está vedado. Y todo intento de creación, en el sentido profundo de la palabra, queda truncado en su base misma. La posibilidad de un realismo publicitario de significación huma­na está en contradicción con la práctica y fines de la “recla­me” burguesa. 

Al utilizar aquí la palabra realismo –cuyo sentido actual tendremos que abordar más adelante- hacemos nuestra la consigna de Daumier: “Il faut étre de son temps”, sintetizando en ella la inquietud en potencia de toda la generación de ar­tistas que sienten hervir en su sangre los latidos de los nuevos tiempos que comienzan. 

Y es en esta apreciación sobre el realismo donde se libra la disyuntiva entre el cartel comercial y el cartel político. Del uno al otro media un abismo. El viraje realista en la publicidad no puede efectuarse con un simple cambio en la servidumbre de las formas, sin que esta afirmación excluya la necesidad de incorporar todos los valores técnicos y funcionales de la ex­periencia capitalista. El desarrollo del cartel político necesita de circunstancias, más que distintas, diametralmente opues­tas. A más de ciertas condiciones generales en la correlación y predominio de las clases sociales, cuyo valor determinante es de orden capital, la posición del cartelista, como artista y como hombre, ante la realidad de los hechos sociales, el sen­tido de su apreciación del fondo humano de la lucha de clases como motor dinámico de todo cuanto acontece hoy en la tie­rra, es, a este respecto, fundamental y decisivo.

Pero la simple cuestión de tomar partido, planteada en ge­neral, no puede determinar de por sí la legitimidad de la función ni dirigir por cauces positivos el impulso creador del artista.

Si bien Moscú y Berlín coinciden en el terreno común de atribuir una misión política al cartel, la práctica publicitaria de ambos países demuestra claramente aun prescindiendo de ra­zones ideológicas de valor incuestionable, la profunda diver­gencia de sus caminos hacia un arte publicitario de perfiles nuevos y personales. 

El cartel político de la Alemania fascista no es más que una avanzadilla del cartel comercial, y no puede pretender otra cosa. La ascensión del nacionalsocialismo al poder no ha significado cambio alguno en la tradicional correlación de los valores humanos y de las fuerzas sociales, sino agudización extremada en los procedimientos capitalistas de explotación del hombre por el hombre. En la Alemania actual los Krupp, los Thyssen, etc., continúan la sangrienta tradición de la he­gemonía absoluta del capital sobre los hombres... 

El cartel político no puede encontrar su pleno desarro­llo, trazar las líneas fundamentales de su personalidad en cir­cunstancias sociales donde el mayor volumen de la publicidad siga correspondiendo a la iniciativa privada de las grandes y pequeñas empresas capitalistas. 

Cualquier excepción de desarrollo del cartel político en semejantes circunstancias, vivirá en sus líneas generales a remolque de las formas predominantes. Porque la coexisten­cia del cartel político y el cartel comercial en pleno desarrollo, resulta un despropósito histórico, una contradicción flagrante en la mecánica determinativa del ambiente social sobre las formas de la cultura.

El cartel político en los regímenes fascistas vive de pre­cario, sin encontrar el estímulo vital que independice sus for­mas del cuerpo de la propaganda comercial. 

Porque el propio fascismo no es, en el fondo de su con­dición, más que un gran cartel que pretende convencernos de las excelencias de la mercancía averiada del capitalismo.

El cartel político
Cuando pensamos en el cartel político, la imagen soviética apa­rece en nuestra mente en un primer plano, que hace palidecer toda otra categoría, antecedente o realización análoga.

El cartel soviético, cualquiera que sea la apreciación es­tética que individualmente nos merezca, es uno de los hechos más prodigiosos y heroicos en la renovación de los valores expresivos del arte.
En razonamientos anteriores he intentado demostrar que el arte especulativo es a la plástica publicitaria lo que la inves­tigación pura a las ciencias aplicadas; cómo las formas y cali­dades abstractas del arte moderno son absorbidas y transfor­madas, en la síntesis concreta de su valor expresivo, al servicio de la función representativa del cartel. Y en la última conse­cuencia de este proceso dialéctico, hemos visto cómo el cartel comercial ha apoyado su desarrollo sobre los valores más inme­diatos de la especulación plástica, cómo la fuerte condición de la plástica francesa ha permitido la universalización y populari­zación de sus valores a través del cartel comercial.

Pero estos valores no servían, como podrá fácilmente comprenderse, a los fines del cartel soviético. De ahí que su evolución se haya realizado con cierta independencia, en cuanto a sus líneas generales.

La profunda voluntad de renovación de los bolcheviques rusos, en la circunstancia de su acceso al poder político, no contaba con otra base inmediata en el terreno de la plástica que la de ese academicismo decadente importado de Francia en el siglo XIX por la sociedad zarista. Y como, por otra par­te, desde los tiempos hieráticos del arte bizantino, la tradición rusa, en la gran plástica, quedó estancada, al margen de las resonancias ulteriores de la evolución artística universal, el cartel soviético, sin aliciente histórico alguno, ha tenido que erigir sus valores sobre la base inédita de su voluntad heroica, arrancando los elementos de la realidad primaria e inmediata.

El cartel soviético, expresión principal del arte en la URSS, es la realización más seria hacia un arte público de ma­sas, sin demagogia plástica alguna en la sobriedad heroica de sus formas. Su eficiencia social está informada por una larga y dura experiencia de lucha.

En el terreno de la función humana del arte, la Unión Soviética ha reivindicado el papel subalterno del arte pu­blicitario. Porque en orden a los problemas que plantea la construcción del socialismo, la necesidad social del cartel es mucho más inmediata y urgente que la del arte puramente emocional. El cartelista soviético comparte la primera fila con el “Oudarnik”, con el comisario, con el ingeniero, en la tarea gigantesca de construir un mundo nuevo.

Al margen de la pura apreciación estética, el cartel so­viético sólo puede ser comprendido y valorado dentro de este ambiente épico que reflejan e incitan sus imágenes, como ex­presión de la voluntad de un pueblo, voluntad cuyo alcance humano rebasa los límites de su propia significación nacional.

La Unión Soviética, que ante el asombro mudo de Occi­dente ha puesto en pie el valor decisivo de la voluntad huma­na arrollando los mitos y fetichismos de una ideología senil, a través de su cinema, de su teatro y de su cartel político, enseña al universo los principios fundamentales del nuevo realismo: “De todos los caudales preciosos que existen en el mundo el más precioso y decisivo es el hombre” (Stalin). Y, en efecto, a través del arte soviético el hombre es redes­cubierto. Ya no se trata de ese hombre puro, indeterminado, que vaga por el mundo sonámbulo de la metafísica, sino el hombre real en su densidad concreta, ese hombre nuevo que va por la calle ancha de la historia abriendo paso a su propio destino...

La historia del cartel soviético relata las incidencias de la gesta más emocionante y trascendental de los tiempos moder­nos: el camino heroico y abnegado hacia una humanidad libre.

Quienes escudándose en esa “imparcialidad”, tan carac­terística en los espíritus desarraigados, acusan de estrechez plástica a la producción soviética de carteles, deberán tener en cuenta, a más de las fuertes razones apuntadas, el complejo psicológico de legítima autodefensa del pueblo ruso, de sus in­telectuales y de sus artistas, ante la actitud de la “inteligencia” europea que cerró el cerco de fuego con que el capitalismo in­ternacional quiso aniquilar su gran gesta humana, negándole el acceso a la comunión universal en los valores de la cultura.

Sin embargo la repercusión de las nuevas formas soviéti­cas se ha dejado sentir en el mundo de la publicidad. Cuando los artistas publicitarios, empujados por la necesidad de su servidumbre capitalista han tenido que renovar sus formas en una expresión más severa, concreta y directa, se han visto obligados a beber en el realismo soviético. Aparte de otros muchos aspectos en que el arte occidental acusa esta influen­cia (cinema, fotografía, escenografía), el último renacimiento del cartel europeo, sobre la base principal de la utilización de la imagen fotográfica, no hubiera sido posible sin la experien­cia soviética. El cartel fotográfico es una pura creación de la Rusia bolchevique. Pero la superioridad técnica de los países capitalistas en el terreno de las artes gráficas, han desarro­llado a un nivel superior, si no el sentido humano, los valores formales de esta realización.

Además de esto, todo intento de publicidad política de los fascismos alemán e italiano –con las naturales restricciones impuestas por una total contradicción en la situación históri­ca– se basan en el modelo soviético de propaganda de masas.

Es conveniente no olvidar, so pena de caer en una aprecia­ción antidialéctica y reaccionaria, que el desarrollo del cartel político no niega los valores de la experiencia técnica y psi­cotécnica del cartel comercial, cuyo valor esencial debemos incorporar directamente a nuestra experiencia.

Pero desde el punto de vista de la función social de las formas de expresión del nuevo realismo publicitario, el cartel comercial está demasiado imbuido por la influencia del arte abstracto de los últimos tiempos para que sobreestimemos su valor.

Incluso en la etapa en que la crisis económica del capita­lismo empuja las formas publicitarias hacia una concreción más directa de la realidad, el cartel desarrolla un sedicente realis­mo, pragmático y unilateral, que se apoya fundamentalmente en los conceptos y formas de la especulación abstracta.

En aquellos países donde el cartel comercial alcanzó una plenitud histórica y una madurez plástica, la inercia de las formas publicitarias continuará durante mucho tiempo como un lastre que lentifique el camino realista del cartel, en su función ante las nuevas necesidades históricas. Pero quizás esa misma falta de madurez del cartel comercial en España favorezca, de momento, el desarrollo del cartel político. El magnífico ejemplo de la Unión Soviética nos demuestra cómo en un país sin tradición publicitaria alguna, sobre la base de nuevas condiciones sociales, es posible desarrollar con entera personalidad un arte público de nuevo sentido humano.

En los años azarosos que precedieron la actual situación de guerra, y a pesar de que el advenimiento de la República espa­ñola había puesto ya en juego circunstancias sociales de excep­cional valor en la vida nacional, muy pocos eran los artistas –y menos aún los publicitarios– que sintieran las inquietudes de revolución, las condiciones políticas y sociales que se iban ges­tando a su alrededor, en el seno de las masas populares, y como consecuencia de esto, la preocupación por la nueva función que como artista le correspondería en esta España que caminaba ya hacia su profunda renovación histórica.

El 18 de julio de 1936 sorprendió a la mayoría de los artis­tas, como vulgarmente suele decirse, en camiseta. El cartelista se encuentra, de pronto, ante nuevos motivos, que rompiendo la vacía rutina de la publicidad burguesa, trastornan esencialmen­te su función profesional. Ya no se trata, indudablemente, de anunciar un específico o un licor. La guerra no es una marca de automóviles. Pero la demanda de carteles aumenta considera­blemente. Los cartelistas se incorporan rápidamente a su nueva función y a los ocho días de estallado el movimiento vibraban ya los muros de las ciudades con los colores publicitarios. Las fórmulas plásticas de la publicidad comercial al servicio de las agencias y de las empresas, encontró una fácil adaptación a los motivos de la revolución y de la guerra.
El cartelista se encuentra ante la complejidad gigantesca de la inesperada situación que le plantea la guerra, la cual, mediatizando su sensibilidad, le pone en la coyuntura de in­tegrar la nueva emoción en su arte a través de un proceso lento, incrustado en la febril actividad inmediata, sin pararse a renovar sus procedimientos y formas de expresión, sobre la marcha de una situación que le llama insistentemente, que necesita todas sus horas.

Pero aun teniendo en cuenta esta realidad elemental, el ritmo de liquidación y de adaptación, ahora, a los diez meses de guerra, deja mucho que desear en cuanto a la calidad y al sentido de la producción de carteles.

Los carteles de hoy son los mismos de hace ocho meses, de hace dos años, cuando no peores en su volumen general, a causa de la considerable afluencia de “espontáneos” y “ama­teurs” de toda ley. Vemos cómo, de entre el montón de lo in­forme, los mejores cartelistas siguen creando esos hermosos y falsos carteles de feria, de exposición de bellas artes o de perfumería, cuya inercia normativa pone de relieve la despro­porción inmensa entre la obra producida y la realidad en cuyo nombre se pretende hablar. El juego de los colores sigue el tópico decorativista de los mejores tiempos de frivolidad.

Pero donde se acusa con mayor evidencia el lastre de los vie­jos recursos de la publicidad burguesa es en su impotencia expre­siva para la exaltación de los valores humanos. La condición y el gesto del héroe antifascista, del campesino y de la mujer del pue­blo, pierden su calidad, su dramatismo humano, estereotipados y yertos entre la barahúnda anodina de tanto convencionalismo.

En el dominio de los elementos expresivos, la plétora de simbolismos y de representaciones genéricas ahoga la memo­ria de la realidad viva, atrofia la eficacia popular de nuestro cartel de guerra...

La grandiosidad humana de nuestra causa espera aún, cuanto menos, el gesto de voluntad de esa minoría que registre y recoja la emoción profunda y patética de esta hora española.

Las condiciones sociales del cartel comercial han sido ya superadas por nuestro momento histórico. El viejo artilu­gio capitalista ha sido descoyuntado por la victoria inicial del pueblo contra el intento fascista. Las condiciones positivas para una nueva era de creación artística están ya planteadas con perspectivas sin límites. La necesidad social del cartel se da y se justifica plenamente por ese crecimiento prodigioso, sin antecedentes en circunstancias semejantes.

El cartel, por su naturaleza esencial y sobre la base de su liberación definitiva de la esclavitud capitalista, puede y debe ser la potente palanca del nuevo realismo en su misión de transformar las condiciones, en el orden histórico y social, para la creación de una nueva España. Su objetivo fundamen­tal e inmediato debe ser el incitar el desarrollo de ese hombre nuevo que emerge ya de las trincheras de la lucha antifascis­ta, a través del estímulo emocional de una plástica superior de contenido humano.

En el profundo trance de creación en que está colocado nuestro pueblo, y teniendo en cuenta las condiciones especia­lísimas y casi vírgenes de la tradición plástica española, estoy plenamente convencido que quizás el cartel político encuentre aquí la coyuntura más feliz para su revalorización superlativa, dentro del cuadro universal del nuevo realismo humano.

Nuestro cartel político debe desarrollar la herencia del realismo español
Dentro del cuadro universal del arte, considerado en su conjun­to como un complejo orgánico de valores que se influencian e interfieren recíprocamente en juego dialéctico con los aconteci­mientos históricos, las formas particulares o nacionales del arte, contienen en su condición biológica de desarrollo una cierta au­tonomía. A través de este proceso orgánico las formas del arte crecen, se transforman y envejecen.

La revolución plástica del Renacimiento italiano nació como negación del goticismo, con el impulso vivificador de liquidar el peso muerto de un formalismo estático que asfixiaba el desarro­llo del arte. Pero a pesar de lo que significa la experiencia rena­centista en cuanto al enriquecimiento de los valores plásticos y en cuanto a la liberación del artista de la estrecha servidumbre feudal, el propósito humano del primer impulso –estimulado por las corrientes universalistas del humanismo y por el desarrollo creciente de las ciencias naturales– apaga su ímpetu inicial y naufraga en las aguas turbulentas de la época.

El Renacimiento vino a morir en su antítesis misma.

Ca­nalizado su desarrollo sobre una fuerte tendencia hacia una estética normativa, fue desangrando los valores humanos que llevaba en suspensión. Y el hombre se ahoga en esta idolatría neopagana hacia la belleza absoluta, que, conduciendo al arte a los terrenos preceptivos e idealistas, lo desarraiga lentamen­te de la realidad humana.

Volviendo al ejemplo de vitalidad más reciente y significati­va, el arte abstracto francés es el resultado típico de una forma particular del arte en su etapa de madurez y consecuencia última, producto de una accidentada elaboración histórica, que arranca del realismo francés del pasado siglo. (Chardin, Courbet, etc,…). A través de este proceso de singular fecundidad creadora, el rea­lismo francés ha desangrado sus valores en una prodigiosa in­quietud dialéctica hacia nuevas formas. Y así en el arte abstracto de última hora se hallan contenidos espigados y agotados ya los antecedentes del realismo y del impresionismo francés.

Pero en España, nuestra mejor tradición plástica está intac­ta aun, virgen en la frescura de sus formas y en el sentido his­tórico de su condición nacional. Si el sentido actualísimo que a la palabra realismo confieren los nuevos tiempos tuviera poder retroactivo, ninguna tendencia, dentro de la evolución artística universal, tendría más legítimo derecho a la palabra que esta pin­tura española del XVII.

El camino de la nueva plástica realista debe apoyarse en el sentido universalista y humano de su contenido, y, por otra par­te, en lo más genuinamente nacional y particular de sus formas de expresión. Enrique Lafuente, en su magistral estudio sobre la pin­tura española del XVII, centra exactamente el valor universal y la profunda raigambre española de nuestro realismo: “Situándose en el polo opuesto del ideal clásico, la pintura española del XVII se propone, como fin último, la exaltación del valor “individuo”. Si en­tendemos esto así y admitimos la licitud de tal posición en el arte, veremos como muchos de los reproches que se han hecho al arte español por una crítica que ha estado hasta nuestros días más o menos empapada de un fofo academicismo, no se refieren sino al desenvolvimiento lógico de su inconsciente credo estético. Para esto carecen de valor alguno las distinciones entre agradable y des­agradable, bello o feo. No quiere decir que puedan nunca desapa­recer estos valores como categorías estéticas relativas, sino que el objeto y fin último del gran arte castizo español está por encima de estas concesiones a una estética normativa. En esta “salvación del individuo”, supremo fin que han propuesto a su arte los gran­des pinceles españoles, nuestros pintores acogen con igual gesto –de una democracia trascendental-a las pálidas reinas como a los monstruosos enanos, a los mártires ensangrentados como a los de­votos ascetas, a los bellos niños sonrientes como a los monstruos teratológicos. No se insiste quizás bastante en la trascendencia que tiene como actitud vital ante el mundo esta aceptación libre y plena de la autonomía de todos los seres, de su derecho a la inmor­talidad y a la perduración en la obra de arte.

Los mártires y apóstoles de Ribera, los monjes de Zurbarán, los cortesanos o los idiotas de Velázquez están en sus lienzos para hacernos sentir su eternidad de criaturas, su insobornable autonomía espiritual, el derecho perenne a su propio yo y a su definitiva salvación personal.

Si comprendemos con qué gran problema toparon inconscien­temente nuestros más grandes pintores, habremos de sonreía con toda autoridad ante los que se lamentan de que los profetas de Ribera o los bufones de Velázquez no sean demasiados bonitos.

Y hasta qué punto este criterio es el decisivo para juzgar la pintura española lo observamos viendo que en nuestra gran es­cuela del XVII los valores absolutos y definitivos que atribuimos a los diversos maestros tienen una correlación con la distancia a que se encuentra su estática personal de este principio estético de la escuela; los valores más firmes, los que nos parecen más universales, precisamente por más expresivos del credo nacio­nal, son aquellos en cuya obra se da con caracteres más claros este realismo individualizador y, por el contrario, aquellos cuya obra está más cerca de los ideales de belleza, de arte grato o amable, del logro de tipos definitivos quedan, sin duda, en un relativo segundo plano para una estimación desapasionada”. (Historia del Arte, Labor, tomo XII).

Es en Velázquez donde este realismo español alcanza la meta superior de su expresión humana. La paleta del artista se deslíe con emoción contenida en la realidad circundante. Veláz­quez es el pintor más profundamente español, y a través de la ambición cósmica que emana de su arte, el más universal de su época. A través de su verbo espontáneo, la entraña popular es­pañola que vibra como condición suprema en toda nuestra plás­tica realista, se recrea al sentirse reflejada. El profundo proceso de creación se realiza sobre la base del aniquilamiento de todo convencionalismo en los recursos de expresión, en la superación de los pálidos reflejos de la preceptiva renacentista importada de Italia, a través de un acercamiento franco, audaz y emociona­do hacia las formas concretas de la realidad humana.

He aquí la trascendental lección del realismo español, en su heroísmo de pintar y vivir sin soñar, con los ojos despiertos a la más leve palpitación, al más profundo sentido de la realidad.

A pesar de que se haya intentado valorar nuestra cultura realista como expresión del movimiento de la Contrarreforma frente a las corrientes humanistas que desarrolla la revolución burguesa contra el poderío feudal de la Iglesia, el movimiento plástico español desmiente brillantemente la pretendida contra­dicción. La pintura realista española, en la entraña misma de su valor humano, es el pie desnudo con que el humanismo renacen­tista pisa el terreno áspero y concreto de la realidad.

El valor humano de nuestra plástica realista del XVII tiene tal potencialidad, que su influjo rebasa la decadencia vital de los siglos subsiguientes y resucita en nosotros, artistas de una nue­va historia, el atavismo ancestral de nuestra propia condición redescubierta. Y en esta hora de la verdad, en que los destinos de España están gravemente amenazados los genios de nuestro realismo emergen del pasado, y, como si quisieran estimular la lucha en que también su destino se ventila, nos ofrecen la can­tera inmensa de nuestra tradición nacional.

Cuando el espectáculo de la defensa de nuestro tesoro artístico se multiplica y extiende en la noche iluminada por el fulgor siniestro de los incendiarios de la cultura, hasta conver­tirse en movimiento y signo de todo un pueblo, la significación humana del hecho desborda su importancia material y política. La coincidencia del artista, del miliciano, del trabajador, del campesino en un impulso espontáneo por salvar los materiales de nuestra herencia, sella la voluntad trascendental del pueblo español hacia un nuevo destino de su vida y de su cultura.

Los valores de nuestro pasado histórico no pueden conti­nuar por más tiempo condenados a la estrechez de los museos, entre las manos del eruditismo profesional. El arte no es patri­monio exclusivo de las ideologías muertas. Su dinamismo vital no puede realizarse al margen de las relaciones sociales, de las fuerzas productivas de la humanidad. Considerado en su desa­rrollo histórico, el arte no puede enriquecerse ni desarrollarse si no es continuamente renovado y superado.

Por las razones que he intentado desarrollar a través del presente ensayo y por ciertas intuiciones y esperanzas en la singular condición plástica del pueblo español, adivino las cir­cunstancias exactas para la incorporación de nuestro cartel político, a pesar de su nada defendible situación actual, al pla­no de la gran experiencia artística de nuestro tiempo. El cartel de la nueva España, al conquistar su herencia histórica y de­sarrollar los valores tradicionales por los cauces del nuevo rea­lismo, alcanzará la categoría indiscutible de creación artística con la dignidad que implica el pleno ejercicio de una misión social e históricamente necesaria.

La servil frivolidad y el frío utilitarismo, caracteres tan tí­picos en el arte publicitario capitalista, no pueden representar para los cartelistas españoles –voceros de una causa inédita en su profundidad humana y grandeza histórica– precedente gené­rico y desvalorizador, sino simple episodio históricamente fatal en la fenomenología de los caracteres sociales de un hecho ar­tístico contemporáneo.

Y si concebimos el cartel como posible recipiente de un im­pulso nuevo de creación, nuestra voluntad debe enfrentarse au­dazmente, con plena emoción de la necesidad humana y social de que somos responsables, ante el caudal ingente del mundo que se abre ante nosotros.

Valencia, 1937

JOSEP RENAU: Función social del cartel, Fernando Torres editor, Valencia, 1976

miércoles, 11 de noviembre de 2015

EDICIONES B PUBLICA "NERUDA: EL PRÍNCIPE DE LOS POETAS", DE MARIO AMORÓS

Neruda: el príncipe de los poetas. Biografía.
Mario Amorós
Ediciones B
Páginas: 616
Formato: 15 x 23 cm
ISBN: 978-84-666-5690-0
PVP: 25.00 €

Pablo Neruda es el gran poeta del siglo XX. Como Pablo Picasso, Albert Einstein o Charles Chaplin, tuvo una capacidad creativa y una genialidad indiscutibles, y nos legó una obra reconocida y admirada universalmente.

El historiador y periodista Mario Amorós ha investigado durante años en archivos de Chile, España, Rusia y otros países a fin de arrojar nueva luz sobre la vida del autor de Canto general. Su azarosa y apasionante existencia se relata en estas páginas a través de documentos inéditos, cartas, artículos, discursos, entrevistas y testimonios de amigos… y enemigos. También de las mujeres que lo amaron.

Cuando se cumplen cien años de sus primeros versos, Amorós reconstruye la infancia de Pablo Neruda en Temuco, entre los bosques y la lluvia del sur del mundo; el periodo como cónsul en varias ciudades asiáticas y Buenos Aires; la llegada a España en 1934 y la relación fraternal con Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández; el impacto que produjo en él la Guerra Civil y la epopeya del Winnipeg; así como los años en México, la adscripción al movimiento comunista y la obtención del Premio Nobel en 1971. Con documentos y testimonios inéditos hasta ahora, Amorós describe, en los últimos capítulos, el terrible sufrimiento de Neruda tras el golpe de Estado militar, relato que adquiere un valor singular por apoyarse en la investigación judicial abierta en Chile tras la denuncia de que fue asesinado por la dictadura del general Pinochet, el 23 de septiembre de 1973.

DOCUMENTO DEL GOBIERNO DE CHILE SOBRE LA MUERTE DE PABLO NERUDA: http://ep00.epimg.net/descargables/2015/11/05/5d1ddae7d84b280f588c8dfc710c87d1.pdf

martes, 10 de noviembre de 2015

"TITO", DE MIKIS THEODORAKIS



La obra "Tito", de Mikis Theodorakis, fue compuesta en 1973 como banda sonora original de la película yugoslava "La quinta ofensiva" (Sutjeska).

Está interpretada por una Orquesta Sinfónica de 60 famosos músicos de Londres y se conforma de 11 suites de las siguientes duraciones:

1. Tito:Suite 1 (2:12)
2. Tito:Suite 2 (1:57)
3. Tito:Suite 3 (5:19)
4. Tito:Suite 4 (3:21)
5. Tito:Suite 5 (1:15)
6. Tito:Suite 6 (3:55)
7. Tito:Suite 7 (4:25)
8. Tito:Suite 8 (6:29)
9. Tito:Suite 9 (2:00)
10. Tito:Suite 10 (1:56)
11. Tito:Suite 11 (4:07)

lunes, 9 de noviembre de 2015

ALMUDENA GRANDES NOVELA LA CRISIS EN "LOS BESOS EN EL PAN"

Los besos en el pan
Grandes, Almudena
Editorial Tusquets
Noviembre 2015
ISBN: 978-84-9066-191-8
336 pág.

La escritora Almudena Grandes ha interrumpido su serie sobre la guerra civil para dar voz "a los resistentes" de la actual crisis económica con su nueva novela 'Los besos en el pan' (Tusquets). "No conozco a nadie al que no le hayan bajado el sueldo", ha señalado en relación a las consecuencias de este periodo de recesión.

Grandes ha señalado en una entrevista con Europa Press que en el periodo en que se encontraba escribiendo sus relatos sobre la guerra civil, la gente le pedía que reflejara la crisis actual. El nexo de unión que la llevó a lanzarse a esta empresa fue su anterior obra 'Las tres bodas de Manolita', una "novela del hambre".

"La gente me decía que había similitudes y decidí que era el momento", ha destacado, tras aclarar que su objetivo sería únicamente mostrar la vida de "las personas que quieren sobrevivir". "No salen los malos, que esos ya sabemos todos quienes son", ha indicado.

Preguntada sobre la necesidad del compromiso político o social de los escritores, ha destacado que en España existe "un error de concepto". "Escribir siempre es comprometerse con la realidad y la literatura siempre tiene que ver con la ideología", ha aseverado.

La escritora ha apuntado que este libro ha sido escrito "bastante deprisa" por la vigencia de los asuntos que trata -hay una apuesta por el uso verbal en presente en toda la novela-. "Seguimos en una guerra que ya hemos perdido y la postguerra va para muchos años", ha afirmado.

"Al final del verano sí que pensaba 'a ver si igual, esto ya pasa...' Pero no, lo siento mucho, me habría encantado llegar tarde, pero todo sigue igual o peor. La gente solo piensa en alcanzar el mes que viene y le trae sin cuidado si Cataluña se va o no, eso tienen que entenderlo los dirigentes", ha afirmado.

'LOS BESOS EN EL PAN'

'Los besos en el pan' coge el título de un gesto muy característico de las generaciones de posguerra ante la escasez de alimentos. Grandes ha explicado que si a sus abuelos les dijera que España acaba de pasar por una crisis "horrorosa", no lo entenderían.

"Ellos tenían una fortaleza que ahora desconocemos. Los españoles siempre hemos sabido ser pobres con dignidad, no era una humillación ni nada vergonzoso, pero en los últimos 20 años nos hemos convertido en un país de nuevos ricos y horteras. Hemos perdido un capital, las referencias y los vínculos con el pasado", ha añadido.

BARRIO MADRILEÑO

En las páginas de su novela los personajes de los distintos relatos caminan por un barrio madrileño desconocido, que poco a poco se va reconociendo. "Es donde yo nací y me crié, en Churruca y en la zona de la Glorieta de Bilbao...es un lugar muy caótico y muy madrileño, donde puedes encontrar casas modestas y muy buenas en una misma calle", ha resaltado.

Preguntada sobre su visión del futuro, ha asegurado no sentirse "esperanzada". "Yo soy por naturaleza optimista, pero en este caso no, porque no hay muchos motivos. No veo futuro, quizás habrá muchas historias de superación personal pero no veo un gran proyecto colectivo", ha concluido.

Fuente: El Periódico

domingo, 8 de noviembre de 2015

"EL REALISMO SOCIALISTA Y EL POP ART EN EL CAMPO DE BATALLA", DE EQUIPO CRÓNICA


El realismo socialista y el Pop Art en el campo de batalla
Equipo Crónica
Serie La recuperación
1969
Acrílico sobre lienzo
200 x 200 cm
Museo Reina Sofía, Madrid


Equipo Crónica se mueve en un territorio difuso entre la época del pop y el arte netamente pop. Por ejemplo, se reflejan, atinadamente, algunas de las reticencias que, tanto el Equipo Crónica como los críticos que siguieron de cerca a estos artistas, han mantenido en algunas ocasiones; así María García Yelo escribe lo siguiente: "aunque generalmente se adscribe el colectivo a la corriente de Arte Pop, los recursos habituales de esta tendencia fueron para ellos meros instrumentos que, combinados con otros elementos, dieron lugar a una obra de estilo propio y de evidentes connotaciones políticas. De hecho, su relación con diversos movimientos artísticos de implicaciones políticas fue más fuerte que su relación con el Pop Art americano, hacia el que incluso experimentaron una cierta hostilidad".

El cuadro de Equipo Crónica El realismo socialista y el Pop art en el campo de batalla (1969, colección particular), parece subrayar la idea de un Equipo que se distancia prudentemente del pop, pero también del realismo socialista, para situarse en una suerte de ¿tercera vía?, que algún autor, en aquellos años, consideró que podía ser eficaz al combinar el compromiso político diáfano del realismo socialista con la utilización del lenguaje de masas que lleva a cabo el pop; en la España de los años 60, estas propuestas estéticas debieron verse como un pop comprometido desde la certeza (cuestionada en fechas recientes) de que el americano carecía de compromiso.

Fuente: Julián Díaz Sánchez

sábado, 7 de noviembre de 2015

"AMEN", PELÍCULA DE COSTA-GAVRAS SOBRE EL SILENCIO DEL VATICANO ANTE LOS CRÍMENES DEL NAZISMO

AMEN.
Dirección: Costa-Gavras.
País: Francia.
Año: 2002.
Duración: 130 min.
Interpretación: Ulrich Tukur (Kurt Gerstein), Mathieu Kassovitz (Riccardo Fontana), Ulrich Mühe (Mengele), Ion Caramitru (Conde Fontana), Friedrich von Thun (Padre de Gerstein), Antje Schmidt (Frau Gerstein), Hanns Zischler (Grawitz), Sebatian Koch (Höss).
Guión: Costa-Gavras y Jean-Claude Grumberg; basado en el libro 'Der strellvertreter' de Rolf Hochhuth.
Producción: Claude Berri, Andrei Boncea y Michèle Ray-Gravras.
Música: Armand Arnar.
Fotografía: Patrick Blossier.
Sinopsis: Amén es una película dirigida por Costa-Gavras, en la que se narra la complicidad con que el Vaticano y varios países del mundo toleraron que el régimen de la Alemania nazi avanzara en el exterminio de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y está basada en la obra de teatro El vicario de Rolf Hochhuth.

Carlos Boyero, en "El Vaticano no sabe, no contesta: «Amén»", en El Mundo, el 14 de febrero de 2002, escribió:

[...] Costa-Gavras adapta al cine en "Amén" un tema escalofriante que fue destapado por primera vez en un obra teatral del escritor alemán Rolf Hochhuth. Cuenta el horrorizado descubrimiento de un químico soldado alemán sobre la utilización que han hecho los nazis de su metodología para depurar con cianuro el agua sucia y hacerla potable. Ha servido inicialmente para cargarse a los improductivos enfermos mentales en las cámaras de gas y posteriormente para exterminar a los judíos en los campos de concentración.

El sentido de culpa de este hombre que ejerece de teniente en las sanguinarias SS, su testimonio del horror, hace que le pase la siniestra información a un jesuita que tiene acceso a Pío XII y a sus cardenales. El estratégicamente tibio Vaticano, su sibilina valoración de lo conveniente y de la diplomacia, su facilidad ancestral para mirar al otro lado y seguir parloteando del sexo de los ángeles y su docilidad ante el poder impedirán que el Papa abra su divina boquita para contarles a los feligreses la realidad de los feligreses y condenar lo abominable.

La lógica esquizofrenia de ese honesto militar que es testigo cotidiano del asesinato colectivo y la indignación moral del cura joven ante la desidia y la hipocresía de esa curia vaticana que no quiere enterarse del genocidio están diáfana e intensamente descritas por Costa-Gavras. Los personajes son angelicales o demoniacos, sin espacio para los matices. Los hechos reales apoyan abrumadoramente esta visión simplista. "Amén" te impresiona por su argumento, pero el talento artístico de su autor no atraviesa un estado de gracia. No aparece el genio narrativo que desborda las fibras emocionales del receptor. Me explico: "Amén" no es una obra maestra, no pasará a la historia del cine, no es ni remotamente la magistral "La lista de Schindler". Hay que agradecerle al legal e incisivo Costa-Gavras que siga desvelando viejas atrocidades, pero su estilo para hacerlo sólo alcanza el aprobado.

VER PELICULA:


Amen - Costa-Gavras from Videos Ya! on Vimeo.

viernes, 6 de noviembre de 2015

5 MONUMENTOS A LENIN EN EL 98 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA

No se conoce la cantidad exacta de estatuas de Lenin que se instalaron durante el periodo soviético. Sin embargo, incluso hoy, tras muchos traslados y desmantelamientos, en Rusia se cuentan más de 6.000 estatuas del líder de la revolución rusa, sin contar los monumentos de Lenin en los países de la Comunidad de Estados Independientes y en el bloque oriental, así como los de la Cuba comunista e incluso las seis estatuas en Estados Unidos.

La primera estatua

 

El primer busto del líder de la Revolución de octubre fue esculpido por el escultor Gueorgui Alexéiev el 19 de febrero del año 1919 y posteriormente se instalaría en Petrogrado. Sin embargo, oficialmente se considera que la primera estatua de Lenin, porque era de cuerpo entero, fue la que se colocó en Noguinsk. Se inauguró justo al día siguiente de la muerte de Ilich, el 22 de enero del año 1924. 

La estatua más alta

 

La estatua más alta se encuentra en Volgogrado (antigua Stalingrado). El pedestal mide 30 metros y la propia escultura de Lenin 27. La obra de Yevgueni Vuchetin se inscribió en el libro Guinness de los Récords como la estatua más alta dedicada a una persona real. El segundo monumento más alto se encuentra en Dubná, en el malecón: su altura es de 25 metros. En la orilla opuesta del Volga hay una similar, pero encima del pedestal no hay nada. Enfrente de Lenin antes  había la estatua de Stalin.  

La estatua más inaccesible

 

Antártida. En el año 1958 la tercera expedición antártica soviética encabezada por Yevgueni Tolstikov fundó la estación 'El polo de la inaccesibilidad', a 463 kilómetros del Polo Sur. En ese sitio se colocó una estatua de Lenin mirando en dirección a Moscú.  

El monumento más impresionante

 

Se ve desde el espacio. Hace 40 años, entre los pueblos Trud (Trabajo) y Znanie (Conocimiento) en la frontera de Siberia con Kazajistán, el guardabosques jefe de la explotación forestal de Zverinogolov, Alexander Kanshikov, plantó un conjunto de árboles que representaban unas enormes letras con la inscripción “Lenin, 100 años” para la que necesitó un millón de plantones. La altura de las letras es de cien metros y la anchura de 50. La inscripción se descubrió relativamente hace poco, con la ayuda del servicio cartográfico de Google Earth.  

El busto más grande 

 

En agosto del 2011, unos cuantos meses antes de su muerte, el adalid de Corea del Norte, el camarada Kim Jong-il, estuvo de visita en Rusia, donde hizo una reverencia al monumento al busto de Lenin. El más grande del mundo está en la capital de Buriatia, Ulan Udé.

La escultura tiene unas dimensiones de 7,7 x 4,5 metros y un peso de 42 toneladas. Esta cabeza de considerables dimensiones fue esculpida en la fábrica de tallado de piedras de Mitishin y en 1971 la erigieron delante de la Casa de Gobierno de la República de Buriatia con motivo del centenario del nacimiento de Vladímir Ilich Lenin.

Se planteó su desmantelamiento en varias ocasiones, pero finalmente no ocurrió. Al contrario, ha sido restaurada. Los ciudadanos de Ulan Udé le tejieron un enorme gorro con orejeras.

Fuente: Rusia Hoy

jueves, 5 de noviembre de 2015

95 AÑOS DEL TEXTO "SOBRE MIS NUEVAS PINTURAS", DEL PINTOR COMUNISTA GEORGE GROSZ


¡Trabajadores, ayudad! ¡Votad comunista! (Litografía de George Grosz, 1923-24, 70x46,5 cm)

«SOBRE MIS NUEVAS PINTURAS», TEXTO DE GEORGE GROSZ ESCRITO EN NOVIEMBRE DE 1920.

Publicado en Das Kunstblatt, V, nº 1, Berlín, 1921, pp. 10-13.

El arte es hoy algo absolutamente secundario. Cualquiera que sea capaz de ver más allá de las paredes de su estudio lo admitirá. A pesar de esto, el arte es algo que exige una decisión clara del artista. No es indiferente dónde te sitúas en este negocio ni qué opinas del problema de las masas, que no es tal problema para los que ven con claridad. ¿Estás del lado de los explotadores o del lado de las masas, que están atacando a estos explotadores?

Esta cuestión no se despacha con la vieja mentira de la sublimidad y la santidad y el Estar-Por Encima-De Todo de la práctica artística. Hoy en día el artista es comprado por el especulador de bolsa o el mecenas que mejor pague. A este comercio intermediario se le llama en el estado burgués promoción del arte. Pero los poetas y pintores de hoy en día no quieren saber nada de las masas. ¿Cómo se puede aclarar si no el hecho de que no podamos mostrar casi nada que refleje de algún modo los ideales y aspiraciones, la voluntad de las masas emergentes?

Las revoluciones artísticas de los pintores y los poetas son ciertamente interesantes y valiosas estéticamente pero al fin y al cabo son problemas de estudio, y algunos artistas que se atormentan seriamente terminan por sucumbir al incrédulo nihilismo burgués, ya que se quedan en su propio caldo artístico individualista y no aprenden de manera suficientemente clara a comprender los problemas revolucionarios; se esfuerzan demasiado poco para conseguirlo. Sí, hay pintores artísticamente revolucionarios que hoy en día todavía no se han liberado de las representaciones de Cristo y los apóstoles. Hoy en día, cuando es deber revolucionario hacer propaganda por partida doble para limpiar la visión del mundo de las fuerzas sobrenaturales, de Dios y de los ángeles, para aguzarle la vista de nuevo al ser humano en su relación realista con el entorno. Los ya desde hace tiempo exhaustos símbolos y encantos místicos del más tonto engaño de lo sagrado, de los que la pintura de hoy está llena, ¿qué más quieren? La vida plantea exigencias más fuertes que lo que este sinsentido pictórico aún podría resistir.

¿Qué debéis hacer, qué contenido debéis darle a vuestras pinturas?

Id a una reunión de proletarios y mirad y escuchad cómo la gente, seres humanos como vosotros, discute allí sobre una minúscula mejoría en sus vidas.

¡Entendedlo, esa masa es la que trabaja en la organización del mundo! ¡No vosotros! ¡Pero vosotros podéis colaborar con ellos en esta organización! ¡Vosotros podéis ayudar, sólo tenéis que querer! Y a través de esto podéis aprender a darle a vuestros trabajos artísticos un contenido que se sustenta con los ideales revolucionarios de los trabajadores.

En lo que respecta a mis trabajos en este cuaderno quiero decir lo siguiente: intento de nuevo producir una imagen absolutamente realista del mundo. Pretendo que me entiendan todos, pero sin la profundidad exigida hoy día, a la que no se puede descender sin un verdadero traje de buzo, atiborrado de metafísica y de mentiras espirituales cabalísticas. Con los esfuerzos por crear un estilo sencillo y claro se acerca uno de forma involuntaria a Carrà.1 Sin embargo, todo me separa de él, que quiere ser disfrutado de manera muy metafísica y tiene una posición burguesa. ¡Mis trabajos se tienen que reconocer como trabajos de entrenamiento –trabajar sistemáticamente al pié del cañón– sin vistas a la eternidad! Intento, en mis así llamados trabajos artísticos, construir una plataforma completamente real. El ser humano ya no se representa como un individuo, con psicología refinada, sino como un concepto colectivo, casi mecánico. El destino individual ya no importa. También quiero mostrar, como en la antigua Grecia, símbolos deportivos muy sencillos, que los entiendan todos y se puedan disfrutar sin comentarios.

Limito el color. Las líneas se usan de forma no individual, fotográfica; se construye para dar forma. Retorno a la estabilidad, la estructura, la utilidad –p. ej. deporte, ingeniero, máquina, pero ya no al romanticismo dinámico, futurista.

Se reintroduce el control sobre la línea y el trazo –ya no se trata de conjurar sobre el lienzo coloreados papeles pintados con almas expresionistas. La objetividad y claridad del dibujo de un ingeniero son mejores para enseñar que la verborrea incontrolable de la cábala y la metafísica y el éxtasis sagrado.

No se puede ser absolutamente preciso al escribir sobre su propio trabajo, especialmente cuando se está entrenando constantemente –en ese caso, casi todos los días traen consigo nuevos descubrimientos y una nueva orientación. Pero aún quiero decir una cosa más: el desarrollo de la pintura lo veo en futuros talleres puramente artesanales, no en sagrados templos del arte. La pintura es un trabajo manual como cualquier otro, que puede estar bien o mal hecho. Hoy día tenemos en pintura, como también en otras ramas del arte, un sistema de estrellato –eso va a desaparecer.

La fotografía va a representar un papel importante, ya hoy en día es mucho mejor y más barato hacerse una fotografía que hacerse pintar. A esto hay que añadirle el hecho de que los artistas modernos lo desfiguran todo a su manera –y tienen un peculiar rechazo hacia el parecido con lo representado. El anarquismo expresionista debe terminar. Hoy en día los artistas caen por fuerza en él, porque son ignorantes y no tienen relación con la gente trabajadora. Llegará un día en el que los artistas ya no serán aquellos fofos anarquistas bohemios –sino trabajadores sanos e inteligentes en la sociedad colectivista. Hasta que la masa obrera no consiga esta meta, el intelectual seguirá, incrédulo y cínico, tambaleándose de un lado a otro. Sólo entonces se desbordará el arte de su delgado cauce, en el que hoy fluye anémicamente a través de las vidas de los «diez mil elegidos», y de nuevo se comunicará en forma de corriente copiosa con toda la humanidad trabajadora. Entonces terminará el monopolio del capital sobre las cosas espirituales.

Y así de nuevo el comunismo llevará al enriquecimiento y desarrollo de la humanidad, hacia la verdadera cultura sin clases.

-

1. Carlo Carrà (Quargnento, Alessandria, 1881-Milán, 1966). Pintor italiano signatario de diversos manifiestos futuristas. Tras un periodo adscrito a la pittura metafisica fue uno de los artistas más representativos del «retorno al orden» y el nacionalismo del grupo profascista Novecento (n. del ed.).

Traducción de Miguel Angel Albi. Fuente: Crítica, Tendencia y Propaganda. Textos sobre Arte y Comunismo, 1917-1954. Ediciones ISTPART. Sevilla, 2004.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

ESTRENADO EL DOCUMENTAL "THE PROPAGANDA GAME", DE ALVARO LONGORIA

The Propaganda Game
Alvaro Longoria
España
2015
90 minutos


Con su hermetismo, su culto al líder y las extravagancias del régimen de Kim Jong-un, Corea del Norte suscita en Occidente una mezcla de terror y fascinación. Álvaro Longoria trata de averiguar qué hay más allá en "The Propaganda Game".

"El documental pretende profundizar y superar la imagen grotesca que a menudo trasladan los medios de comunicación", dice a Efe el director de "Hijos de las nubes", su película sobre el Sahara narrada por Javier Bardem, que se llevó un Goya en 2012.

"Esto no es una película de James Bond, hay muchos intereses en juego. Kim Jong-un no es el malo malísimo, un Doctor No aislado del mundo, jugando con el botón de la bomba atómica. Es todo mucho más complicado", señala el productor y realizador .

El origen de la película se remonta a su etapa de productor de una serie de documentales de Oliver Stone en torno a líderes mundiales como Fidel Castro, Yaser Arafat o Hugo Chávez. Querían entrevistar al líder supremo norcoreano, pero nunca consiguieron acceder a él.

De aquel intento, Longoria (Santander, 1968) se quedó con el contacto de Alejandro Cao de Benós, un catalán que trabaja como delegado de relaciones culturales para el gobierno norcoreano, y lo persiguió hasta conseguir una invitación para entrar en el país.

"El concepto era imaginar que aterrizas en un planeta desconocido y sus habitantes te llevan a conocerlo, sin ideas preconcebidas. Luego enfoqué el tema hacia la propaganda, porque he visto cómo la información es manipulada por todas las partes implicadas; los norcoreanos, sí, pero también otros", señala.

Narrador de la historia cámara en mano, Longoria permaneció diez días en Pyongyang. En la práctica, ni un segundo estuvo solo. "Estás constantemente observado, eres un pez fuera del agua. No puedes salir del hotel sin vigilancia", explica. Y mucho menos grabar a escondidas.

"Yo no soy Jon Sistiaga. No quería encontrar un niño famélico ni rodar un campo de concentración. Lo que quería era entablar una relación de confianza para que me contasen todo lo posible", dice.

El contrapunto crítico lo ponen los testimonios de corresponsales extranjeros, portavoces de organizaciones de defensa de derechos humanos y ciudadanos norcoreanos que han huido del país. Es el espectador quien debe sacar sus propias conclusiones. Eso sí, la sensación de asfixia y sospecha es constante.

Por eso, era extraño ver hoy al propio Cao de Benós, anfitrión de Longoria en el viaje, paseando por los salones del Hotel María Cristina y dando entrevistas para defender la película.

"Es una película fantástica, porque por primera vez se le da voz a Corea, y el mensaje que llega el público es que no se quede con lo superficial, con un titular sensacionalista; si quieres conocer, escucha a los norcoreanos", sostiene.

"Debe existir una imparcialidad, queremos que sea sí, pregunta a quien quieras y deja que la gente saque sus propias conclusiones. El simple hecho de que la gente piense ya es positivo para nosotros y hace que se acerquen a ti con cara de duda y no como si fueras el demonio", ha añadido en una entrevista con Efe.

Nacido en Tarragona hace 41 años y apasionado de la cultura oriental desde la adolescencia, Cao de Benós creó hace años la Asociación de Amigos de Corea y desde 2002 trabaja para el gobierno de este país, primero con Kim Jong-il y ahora con su sucesor, Kim Jong-un.

Tiene respuestas para todo. Preguntado por el miedo que parecen transmitir algunos ciudadanos en el documental cuando Longoria les plantea cuáles son sus sueños -la respuesta invariable es "servir al líder supremo"-, lo rechaza con contundencia y apela a diferencias culturales.

"Una sociedad con miedo, totalmente oprimida, tarde o temprano explota. No es miedo, nadie puede vivir con miedo toda la vida", subraya.

"Provenimos de una sociedad individualista, frente a la asiática, que es más comunal y parte de la familia. En Corea no puedes enorgullecerte de tus logros, la arrogancia está mal vista, es totalmente opuesto a los valores americanos", señala.

En cuanto a la vigilancia a la que se somete a los extranjeros, subraya que Corea del Norte "es un país en guerra", y ninguna prevención es suficiente para evitar infiltraciones enemigas.

"Al principio cuesta romper el muro, porque Corea ha recibido mucho daño y hay que ganársela, pero no es ninguna amenaza. Lo único que quiere Corea es que la dejen en paz y que no se repita en ella un Libia, un Irak, Afganistán, Siria o Irán, que es el siguiente".

Por Magdalena Tsanis


martes, 3 de noviembre de 2015

"JUVENTUD SIN PRESENTE", DE LIONEL TRAN

Sin presente
Lionel Tran
Editorial Periférica


LA PRECARIEDAD PARECE QUE SIEMPRE LA SUFREN LOS OTROS Y QUE NO NOS VA A TOCAR A NOSOTROS

Otros no necesitaron la llegada de la crisis para saber qué era la precariedad. Vivían en la exclusión social ya antes de la caída de Lehman Brothers.


Cuando el 15 de mayo de 2011 bajamos a las plazas y desplegamos una pancarta que decía «Juventud sin futuro», quizá pecamos de optimistas. Porque, golpeados por la crisis, no es que no tuviéramos futuro; es que ni siquiera teníamos presente. La juventud observaba que su horizonte de expectativas se había derrumbado y que aquellas promesas de futuro a la generación mejor formada de España de pronto se desvanecían. Dolía comprobar que nos habían robado el futuro; pero más iba a doler descubrir que también nos habían robado el presente.

El perfil sociológico de quien acampó en la madrileña Puerta del Sol –y en otras plazas españolas (me ha traicionado el inconsciente centralista)– era el de un estudiante universitario recién aterrizado a un mercado laboral precarizado. A la generación mejor formada no le correspondía la profesión mejor pagada. Su indignación era la consecuencia lógica de una promesa incumplida. La promesa de que su esfuerzo sería recompensado en el futuro se desmoronaba. Además, el conocimiento desclasa siempre hacia arriba y, con un título bajo el brazo, volver a la precariedad cuesta. La precariedad parece que siempre la sufren los otros y que no nos va a tocar a nosotros. Muchos de los pertenecientes a la juventud mejor formada de España han protagonizado este proceso. La juventud sin futuro.

Otros no necesitaron la llegada de la crisis para saber qué era la precariedad. Vivían en la exclusión social ya antes de la caída de Lehman Brothers. Quizá por eso no bajaron a las plazas a compartir su indignación. No habían perdido nada, porque nunca tuvieron nada. No habían perdido el futuro, porque ni siquiera tenían presente. De esa juventud «sin presente» habla la segunda novela del Lionel Tran, Sin presente. Se trata de una novela que, como sucede siempre con las segundas novelas, corría el peligro de decepcionar al lector sacudido por la primera novela de Tran, Sida mental (Periférica, 2008). Su primera novela –también reseñada en estas páginas– presentaba una revisión –en el buen sentido de la palabra– del sesentayochismo, y lo hacía a través de un texto construido desde la violencia. Pero no violencia solo en la trama, también se violentaba el lenguaje, el estilo, el propio género narrativo. Sin presente vuelve a sacudir al lector por medio de una trama protagonizada por unos jóvenes nacidos a comienzos de los años sesenta en un barrio periférico de Lyon, en el suburbio de Vaulx-en-Velin. Crecen con los ecos de un nuevo mundo que nace, el del «Fin de la Historia» proclamada por Fukuyama tras la caída del muro de Berlín, de la crisis del petróleo, de la reestructuración industrial, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, la mercantilización de la vida, la guerra del Golfo, Maastricht, la flexibilidad laboral, la sociedad del espectáculo.

En este contexto, estos jóvenes se reconocen como una «generación sin ideales, una Bof Génération». Si estamos en el Fin de la Historia, ¿para qué luchar, si no hay horizonte posible?, se preguntarán inevitablemente. Habrá quien tendrá posibilidades de sustituir los viejos ideales políticos por metas individualistas, y dedicará su vida a «tener éxito», pero ni siquiera eso es posible en un suburbio de Lyon. Las drogas, el sida o el paro son su único horizonte. «Dejamos el instituto, la facultad, las escuelas privadas, ni tenemos trabajo ni lo queremos». Lo que se denomina en España NI-NI no es una opción, sino la consecuencia de un contexto socioeconómico –lo que vale decir, político.

«La revolución no tendrá lugar aquí», afirman. Esta generación desencantada es funcional al sistema que la excluye. No son peligrosos, ya que han renunciado a la revolución. No convierten su desencanto en potencial revolucionario, y eso les hace inofensivos. Han perdido toda esperanza. Sin embargo, la violencia que soportan es tan fuerte que puede llegar a desbordar la apatía de jóvenes como ellos y estallar en algún momento. Y eso también lo saben: «Esperamos, algo va a pasar, está en el aire, sentimos cómo sube la tensión, cómo aumenta, ya no se puede dar un paso sin darse de bruces con la policía, sin que te registren las brigadas antidelincuencia de paisano [...], se queman coches en los barrios, se saquean supermercados, los parados se manifiestan, las huelgas paralizan el país, el precio de la gasolina no deja de subir, la abstención gana terreno, esto va a explotar, es palpable, no es paranoia, la presión aumenta». Ya lo cuentan los diarios: «una bombona de butano llena de clavos y pernos explota en el metro parisino» y se ha producido un «tiroteo en los alrededores de Lyon».

La violencia cotidiana que soportan sus cuerpos, día a día, tal vez encontrará su reacción. No quieren cambiar el mundo –han asumido que es imposible– y no tienen conciencia política, pero, como reconoce el protagonista al final de la novela, «sientes que en el fondo de ti germina la ira, una ira fría». Que la ira que germina termine en un motín o una Revolución depende de nosotros mismo.
David Becerra Mayor

Publicado en el Nº 289 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2015

lunes, 2 de noviembre de 2015

40 AÑOS DEL ASESINATO DE PIER PAOLO PASOLINI


“Análisis tardío”

(Fin de los años sesenta)
Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

“Al muchacho Codignola”

Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.

“Dies Irae”

No, con mi honesto corazón no me alío.
Es muy puro, tiene el frío de la muerte,
y ustedes, que no explotaron su ardor
ingenuo, sus reclamos perentorios,
tienen la esperanza de que lo escuche
este ladrón de sí mismo que yo soy…
¡Ese día, vencido, escucharé mi llanto,
pero tendré en la mano el ciprés, no el olivo!
Ustedes saben, oh ángeles, que tienta
mi voz el bárbaro que estuvo
ante una tierra de albas y de gemas:
era la tierra que yo vi sobre Livenza,
sobre el Po, sobre Reno, cuando un hacha
de dos filos de oro pueril en la mano
agitaba dichoso sobre el padano
paisaje: allí, mi familia, indemne
verde tribu, vivía en lo creado.
Pero ESTABA ya mi condena en mí.
Y se desencadenará si los dulces hilos
de la alegría he perdido… Oh Dios, está
ya en mí mi fantasma, mi autómata,
que me suplantará en el viejo aroma
de mi cuarto, de mi tierra, y ay de mí,
del mundo, casi increado todavía,
por el que el muerto ya no se apasiona.

“Manifestar”

(Apuntes)
Manifestar significar con palabras no se podría
pero con aullidos sí
y también con pancartas, o canciones;
.
Vinieron para rehacer el mundo
y, manifestando, se declararon a la altura
La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos
Pero la amabilidad se ha perdido
.
Cualquier cosa que se manifieste
lo único que se manifiesta es la fuerza
aunque sólo sea la fuerza de los destinados a la derrota
.
Todo lo que no se puede significar con palabras
no es más que pura y simple fuerza-
¡Pero cuánta inocencia en no saber esto!
¡Qué jóvenes hay que ser para creerlo!
.
Ya se que la libertad es incompatible con el hombre
y el hombre, en realidad, no la quiere, intuyendo que no es para él,
¡cuántas obligaciones me he inventado envejeciendo
para no ser libre!
De acuerdo, pero los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples,
los más jóvenes, aún se inventan más obligaciones de éstas,
es más, al venir al mundo lo primero que hacen es adaptarse a ello;
triunfalmente;
haciendo creer a sí mismos y a los demás
que se trata de obligaciones necesarias a una nueva libertad.
La realidad es que un muchacho venido aquí de la nada, y totalmente nuevo,
se las ingenia enseguida para defenderse de la verdadera libertad
Es, sobre todo, un muchacho que conoce y acepta los deberes;
y manifiesta la fuerza de su aceptación,
maravillosa adulación del mundo.
.
La gracia renace siempre a través de la obediencia
y puede que, puede que…
¡Obedecer a los deberes de la revolución! ¡Manifestando!
.
Por densa que sea la trama de los deberes de un anciano
algo en ella se ha desgarrado
y yo, en efecto, vislumbro la intolerable faz de la libertad;
no teniendo ya ni gracia ni fuerza,
intenté entonces defenderme sonriendo, como precisamente
los viejos, que se las saben todas –
Pero la libertad es más fuerte: aunque sea por un rato
quiere ser vivida –
.
Es un valor que destruye cualquier otro valor
pues todo valor no es más que una defensa
erigida contra ella;
.
y los valores, precisamente, son sentidos sobre todo por los simples;
por los jóvenes
(sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia);
.
Es en ellos en quienes los Jefes cuentan para seguir adelante,
con sus limpias, inocentes filas –
Sencillez y juventud, formas de la naturaleza,
en vosotras la libertad es renegada
.
a través de una serie infinita de deberes,
limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando
se grita con aire amenazador obediencia
que los sencillos y los jóvenes son fuertes
y aún no saben que no pueden tolerar la libertad.

19 de abril de 1970 

“El motivo de Charlot”

Sobre las sábanas calientes, retorcidas
abandonado como un borracho o como
un crucifijo, muelle, recién quitado
de la cruz, es la ciega inacción
de un disgusto sin la pureza
que dá al pecado luz de expresión,
la renuncia del enfermo que acaricia
el viejo mal – que aquí me tiene:
y no es noche; ya es mañana, una brisa
cálida jadea en la habitación llena
de mí, de mi lecho blanco y fogoso;
y, fuera, deslumbra, ya alta, la serena
jornada estival. Que todo sea pecado
sensual, bajeza y éxtasis de carne
resonando por el olvidado
barrio – es una pobre radio la que da
nueva certeza, con loca nostalgia.
Esparce alrededor con vehemencia cálidas y descarnadas
músicas de baile; y alegría
popular aflige el arrabal,
tan vivo, reciente; la abrasada vía
festejante de muchachos y perros, la colada
de harapos en la que ondea la miseria…
Ah, dichosa la vida ajena, ¡dichosa
la humilde culpa de sus deseos!

“Ladrones”

Una vez regresado a tu madre
¿sentirás todavía
sobre los labios
los besos que te he dado como un ladrón?
¡Ah, ladrones los dos!
¿No estaba oscuro en el prado?
¿No robábamos a los chopos
la sombra en tu bolsa?
Los conejos se han quedado
sin hierba esta tarde,
y tus labios robados
besan la primera estrella…

“Al príncipe”

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

“Abro a la mañana de un blanco lunes…”

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme… en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío…
y se ha truncado… Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia.

“Carne y cielo”

Oh, amor materno,
doliente, por los oros
de cuerpos invadidos
del secreto de regazos.
Amados movimientos
inconscientes del perfume
impúdico que ríe
en los miembros inocentes.
Pesados fulgores
de cabellos… crueles
negligencias de miradas…
atenciones infieles…
Enervado por llantos
tan suaves vuelvo a casa
con las carnes ardientes
de espléndidas sonrisas.
Y enloquezco en el corazón
nocturno de un día de trabajo
después de mil otras noches
con este impuro ardor.

“Versos sutiles como rayas de lluvia”

Hay que condenar
severamente a quien
crea en los buenos sentimientos
y en la inocencia.
Hay que condenar
igual de severamente a quien
ame al subproletariado
carente de conciencia de clase.
Hay que condenar
con la máxima severidad
a quien escuche en sí mismo y exprese
los sentimientos oscuros y escandalosos.
Estas palabras de condena
han empezado a resonar
en el corazón de los Años Cincuenta
y han continuado hasta hoy.
Mientras tanto la inocencia,
que efectivamente existía,
ha empezado a perderse
en corrupciones, abjuraciones y neurosis.
Mientras tanto el subproletariado
que efectivamente existía,
ha acabado por convertirse
en una reserva de la pequeña burguesía.
Mientras tanto los sentimientos
que eran por su naturaleza oscuros
han sido atropellados
en la añoranza de las ocasiones perdidas.
Naturalmente, quien condenaba
no se dio cuenta de todo eso:
él continúa riéndose de la inocencia,
desinteresándose del subproletariado
y declarando los sentimientos reaccionarios.
Continúa yendo de casa
a la oficina de la oficina a casa,
o si no enseñando literatura:
es feliz por el progresismo
que le hace parecer sagrado
el deber enseñar a los domésticos
el alfabeto de las escuelas burguesas.
Es feliz por el laicismo
por lo que es más que natural
que los pobres tengan casa
coche y todo lo demás.
Es feliz por la racionalidad
que le hace practicar un antifascismo
gratificante y elegido,
y sobre todo muy popular.
Que todo esto sea banal
ni siquiera se le pasa por la cabeza:
en efecto, que sea así o que no sea así,
él nada se mete en el bolsillo.
Habla, aquí, un mísero e impotente Sócrates
que sabe pensar y no filosofar.
el cual tiene sin embargo el orgullo
no sólo de ser un entendido
(el más expuesto y descuidado)
en los cambios históricos, sino también
de estar directamente
y desesperadamente interesado en ellos.

“Fragmento de la Muerte”

Llego de ti y a ti vuelvo,
sentimiento nacido con la luz, con el calor,
bautizado cuando el vagido era alegría,
reconocido en Pier Paolo
en el origen de una furiosa epopeya;
he caminado a la luz de la historia,
pero, siempre, mi ser fue heroico,
bajo tu dominio, íntimo pensamiento.
Se coagulaba en tu estela de luz,
en las atroces dudas
de tu llama, todo acto verdadero
del mundo, de aquella
historia; y en ella se verificaba íntegro,
allí perdía la vida para reconquistarla:
y la vida era real sólo cuando era bella.
¡La furia de la confesión,
antes, después la furia de la claridad:
era de ti que nacía, hipócrita, oscuro
sentimiento! ¡Y ahora,
que acusen también a cada una de mis pasiones,
que me enloden, que me llamen informe, impuro,
obseso, dilettante, perjuro:
tú me aíslas, me das la certeza de la vida:
estoy en la hoguera, juego la carta del fuego
y gano, éste, mi escaso,
inmenso bien, gano esta infinita,
mísera piedad mía
que me hace aun a la justa ira amiga:
puedo hacerlo, porque demasiado te he padecido!
Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su pueblo y lo descubre de nuevo:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, justamente
como lo era en un tiempo, privado de todo orden.
Una negra rabia de poesía en el pecho.
Una loca vejez de jovencito.
Antes tu alegría se confundía
con el terror es verdad, y ahora
casi con otra alegría,
lívida, árida: mi pasión desilusionada.
Ahora realmente me das miedo,
porque me eres realmente cercana, intuida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de nueva criatura.
Estoy sano, como quieres tú,
la neurosis crece a mi lado,
el agotamiento me vuelve árido, pero
no me posee: junto a mí,
ríe la última luz de juventud.
He tenido ya cuanto quería:
aun he llegado más allá
de ciertas esperanzas del mundo: vaciado,
estás allí, dentro de mí, colmando
mi tiempo y los tiempos.
He sido racional y he sido
irracional: hasta el fondo.
Y ahora… ah, el desierto ensordecido
por el viento, el estupendo e inmundo
sol del Africa que ilumina al mundo.
¡Africa! ¡Mi única
alternativa!

“Cercana a los ojos”

Cercana a los ojos y los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
dispersa, enrojeces mi cuaderno.
De adolescente, en tu pálida llamarada,
ardía hasta la noche, y era extraño
escuchar al viento y a los grillos solitarios.
Entonces, en la olvidada habitación
dormían mis padres, y mi hermano,
inmóvil, descansaba tras un muro delgado.
¿Dónde está ahora, luz roja?
No hablas, sin embargo iluminas; y suspira
el grillo en el silencio de los campos.
Y mi madre se peina al espejo
de una manera antigua como tu luz,
pensando en su hijo ya sin vida.

Fuente: Trianarts