Capitalismo como religión (en alemán Kapitalismus als Religion) es un escrito inconcluso de Walter Benjamin, escrita en 1921.
El texto indaga en la naturaleza religiosa e inhumana del capitalismo: la identificación del pecado y la culpa religiosa y la deuda impuesta por el capitalismo ―el término alemán utilizado en el escrito Schuld significa a la vez deuda y culpa―.
El texto póstumo de Walter Benjamin del año 1921 está incluido en sus Obras Completas, Volumen VI (Gesammelte Schriften Band VI 100-103). La traducción al español es la siguiente:
Capitalismo como religión
En el Capitalismo hay que ver una religión. Esto significa que el
Capitalismo sirve esencialmente para satisfacer las mismas necesidades,
tormentos o inquietudes a las que antaño daban respuesta las llamadas
religiones.
Esa estructura religiosa del Capitalismo no es sólo similar a “una imagen de estilo religioso” (así pensaba Max Weber),
sino “un fenómeno esencialmente religioso”. Pero si hoy intentáramos
dar la prueba de esa estructura religiosa del Capitalismo, acabaríamos
en el callejón sin salida de una polémica universal y desmesurada. No
podemos abarcar la red en la que estamos; pero más tarde nos daremos
cuenta.
No obstante, hoy ya es posible reconocer tres rasgos de esa estructura religiosa del Capitalismo:
a) En primer lugar el Capitalismo es una religión puramente de culto, quizá la más cúltica que ha existido nunca. No tiene una teología dogmática específica: en él todo cobra significado sólo a través de una referencia inmediata al culto. Desde esta óptica adquiere el utilitarismo toda su coloración religiosa.
b) Un segundo rasgo del Capitalismo relacionado también con esa
concreción cultural, es la duración permanente del culto: el capitalismo
es como la celebración de un culto “sans trêve et sans merci” (sin
tregua y sin piedad). No hay en él “días laborables”, no hay un solo día
que no sea “día de fiesta”, en el sentido terrible de una ceremonia sacra superdesarrollada: es como el despliegue máximo de aquello que se venera.
c) En tercer lugar, se trata de un culto culpabilizador. El Capitalismo es quizás el primer caso de un culto que no es expiatorio
sino culpabilizador. A partir de aquí, este sistema religioso se ubica
en la explosión de un movimiento monstruoso: una terrible conciencia de culpa/deuda (Schuld
en alemán significa a la vez culpa y deuda) que no sabe liberarse, echa
mano del culto no para expiar la culpa sino para hacerla universal,
para grabarse en nuestra conciencia y, por último y ante todo, inmiscuir
al mismo Dios en esa culpa para acabar interesándole en la expiación.
La expiación, por tanto, no hay que esperarla ni del mismo culto, ni de
la reforma de esa religión (que siempre debe apoyarse en algo más seguro
que ella) ni en la apostasía
de ella. Más bien pertenece a la esencia de ese movimiento religioso
que es el Capitalismo el aguantar hasta el final: hasta la completa
culpabilización final de Dios, hasta la situación mundial de desesperación que ya hemos conseguido y en la cual todavía seguimos esperando.
Ahí reside lo históricamente inaudito del Capitalismo: que la religión
ya no significa la reforma de la vida sino su destrucción, la
desesperación se transforma así en el estado religioso del mundo, del
cual hay que esperar la salvación. La trascendencia
de Dios ha desaparecido, pero Dios no ha muerto sino que se ha
incrustado en el destino humano. Todo este cruzar el planeta-hombre por
la morada de la desesperación, con la soledad más absoluta en su camino,
es una actitud que deriva de Nietzsche: ese hombre es el superhombre, el primero que conoce la religión capitalista y comienza a practicarla.
Un cuarto rasgo es que el Dios (del capitalismo) debe quedar escondido. Sólo puede ser invocado en el zenit de su culpabilización. El culto es celebrado por una divinidad inexperta; y cada pensamiento o cada representación de ella, destroza el misterio de su madurez.
También la teoría de Freud tiene que ver con el señorío clerical de ese culto. Lo reprimido, la representación pecaminosa y condenada es con mucho la analogía más luminosa del Capital que cobra intereses del infierno del inconsciente.
La forma del pensamiento religioso capitalista se encuentra (también) magníficamente expresada en la filosofía de Nietzsche. La idea del superhombre empuja el salto apocalíptico no hacia la conversión, la expiación, purificación o penitencia,
sino hacia un crecimiento constante que en sus últimos tramos se vuelve
explosivo y discontinuo. Por eso, crecimiento y desarrollo resultan
inconciliables (en el sentido del adagio “Natura non facit saltus”): el
superhombre es el hombre histórico, construido sin arrepentimiento y que
atraviesa el cielo. Esa destrucción del cielo por el crecimiento de la
capacidad dominadora del hombre, ya fue juzgada por Nietzsche como una culpabilización (deuda) religiosa; y sigue siendo eso.
Y algo parecido en Marx: ese capitalismo incapaz de convertirse, se transforma en socialismo a través de los intereses simples y compuestos, que son una función de la deuda/culpa (¡atención a la ambigüedad demoníaca de este concepto!).
El capitalismo es una religión del mero culto, sin dogma. El capitalismo se ha desarrollado en Occidente —como se puede demostrar no sólo en el calvinismo, sino en el resto de las orientaciones cristianas ortodoxas— parasitariamente respecto del cristianismo de modo tal que, al final, su historia es en lo esencial la de su parásito, el capitalismo. -Comparación entre las imágenes de los santos de las distintas religiones, por un lado, y los billetes de los distintos Estados, por otro- El espíritu que se expresa en la ornamentación de los billetes.
Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu que es propia de la
época capitalista. Situación espiritual (no material) sin salida que
(deviene) en pobreza, vagabundeo, mendicidad,
monacato de la vagancia. Una situación así, que carece de salida, es
culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de la consciencia de
culpabilidad de la situación sin salida. Las "preocupaciones" nacen por
el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino,
comunitaria.
En tiempos de la Reforma
el cristianismo no favoreció el advenimiento del capitalismo, sino que
se transformó en él. Metódicamente habría que investigar, en primer
lugar, qué vinculos estableció en cada momento el dinero con el mito, hasta que pudo atraerse hacia sí, tantos elementos míticos del cristianismo para constituir ya, el propio mito.
El precio de la sangre. Thesaurus de las buenas obras. El salario que se le debe al sacerdote. Pluto como dios de la riqueza.
Vínculo del dogma de la naturaleza resolutoria del saber y el
capitalismo -propiedad para nosotros que lo hace, a la vez, redentor y
verdugo-: el balance como saber redentor y destructor.

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