miércoles, 17 de mayo de 2017

KARL MARX HOF, LA SUPERMANZANA DE LA VIENA ROJA


Karl Marx Hof, o el patio de Marx, fue el más grande entre los proyectos de construcción masiva de vivienda pública llevados a cabo por el gobierno socialista de Viena entre los años 1923 y 1933. El programa produjo unas 65.000 viviendas repartidas en grandes complejos urbanos, urbanizaciones (Siedlungen) peri-urbanos y viviendas familiares, todas de régimen de alquiler social, destinadas principalmente a la clase obrera con precios equilibrados con el nivel de ingresos.

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Tras la primera guerra mundial y la descomposición del imperio Austro-Húngaro, la situación de la nueva República de Austria era muy complicada. El territorio del país se redujo en una quinta parte dejándolo dependiente de importaciones de multitud de productos y materias primas y con la economía intervenida por la comunidad internacional. La inflación sobrepasaba el 100% anual en los principios de los años 20, dejando una numerosa populación de desempleados que se amontonaban en la capital donde la vivienda era un bien escaso y generalmente de muy mala calidad. Además la capital creció de los 440.000 habitantes antes de la urbanización de la Ring Strasse, hasta 2.2 millones al acabar la Guerra. La transformación urbana del siglo XIX promovida por la burguesía fue centrada en creación del nuevo foco urbano y monumental extendido sobre el espacio de la muralla medieval que contendría grandes instituciones del estado y actuaría como bisagra entre el centro histórico y los nuevos barrios de la ciudad creciente.

Viena era la capital de la primera república de Austria, un estado federal dividido en 9 provincias con fuertes lazos con Alemania. Los problemas sociales y económicos, junto con las disputas territoriales sobre las fronteras de la república, fomentaron el deseo de unirse con la República Alemana de Weimar, coincidiendo además con el color rojo del primer gobierno de Austria. La unión, estrictamente prohibida por la Liga de Naciones, llegaría con el Anschluss de Alemania nazi en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Una de las provincias federadas era Viena capital que mantuvo el gobierno socialista, a diferencia del resto del país, hasta la disolución del parlamento en 1934 y la instauración de la dictadura pro-fascista. Esta división administrativa impidió la expansión de la ciudad y la creación de nuevos barrios satélite para obreros que posiblemente habrían introducido nuevos modelos de vivienda que se empezaban a discutir en Europa en aquellos años. Por eso, la construcción de nuevas viviendas públicas tuvo que insertarse en el tejido existente, de manera de acupuntura urbana, creando nuevas formas y nuevos espacios públicos vinculados con su contexto inmediato. El programa de vivienda de Viena roja comprobaba que la reconstrucción y la nueva construcción dentro de los límites urbanos existentes contribuyen a mejor calidad de vida y mejor conectividad tanto del tejido nuevo como del histórico.
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La financiación del nuevo plan de vivienda venía principalmente de los fondos procedentes de una serie de impuestos sobre propiedades, productos de lujo y algunos espectáculos, impuestos conocidos como Breitner-Steuern (en referencia al consejero de la república), que gravaban a los ricos y fueron abolidos en el resto del país donde gobernaba el conservador partido Socialcristiano. Las aportaciones de los alquileres no incrementaban sustancialmente los fondos municipales, ya que se limitaban a 4-8% de los ingresos de los inquilinos de la clase obrera.

El complejo llamado Karl Marx Hof (hof=patio) se construyó entre 1927 y 1930 en el barrio Heiligenstadt en el norte de Viena, cerca de la estación de ferrocarril y del canal de Danubio. Se extiende en una super-manzana de 1,2km de largo, con edificación perimetral que deja el espacio interior libre para el espacio verde y diferentes usos de la comunidad. Los largos bloques tienen generalmente entre 4 y 6 plantas, respondiendo con diferentes alturas a los elementos de contexto. El bloque delante de la estación de trenes tiene función simbólica de puerta del conjunto, con arcos sobre los accesos al interior, torres rectangulares y una mayor altura. De hecho, el complejo tiene forma de fortaleza y fue utilizada por la oposición política para designarlo como “bastión rojo” o castillo de votantes. Como precursor de los mikro-distritos socialistas, el complejo era multifuncional y contenía equipamientos y servicios en las plantas bajas o en volúmenes aislados en el espacio central. Los habitantes contaban con ambulatorio, comercios, biblioteca, guardería, baños públicos y espacios para actividades culturales y deportivas. A pesar de su gran tamaño, el complejo se divide en diferentes partes para crear comunidades más reducidas que permitirían un vínculo más personal con el entorno.

Las 1380 viviendas se construyeron con métodos tradicionales, de hecho la masiva construcción de viviendas vienesas no fue innovadora en términos de tipología o de métodos de construcción. Sí lo fue en cuanto a cantidad, manera de distribución o financiación. En Viena de los años 20 construir vivienda obrera de carácter social, incluyendo todas las instalaciones  con óptima insolación, ventilación y calidad de construcción, ya se consideraba un acto revolucionario que mostraba el compromiso del gobierno con la clase obrera. Las casas se distribuían alrededor de núcleos verticales minimizando el recorrido horizontal típico de las llamadas “kasernas” con infra-viviendas que se solían alquilar a los obreros. Karl Marx Hof contaba con pocas tipologías, de 30 y 60 m2, con uno o dos dormitorios aparte de una mini-cocina, sala y un lavabo también minúsculo.


Karl Edmund Ehn (1884-1959) el arquitecto del conjunto fue uno de los nombres claves de la construcción de vivienda pública de la Viena socialista. Como unos cuantos más era discípulo de Otto Wagner, padre del racionalismo y modernismo centroeuropeo cuya influencia ha sobrepasado los límites espaciales y temporales del desaparecido imperio. Ehn fue quien mejor entendió el proyecto municipal como innovación tipológica, no tanto como forma, sino como proceso, escala, organización y símbolo. Sin embargo él personalmente no compartía la ideología socialista, al menos no abiertamente: antes de trabajar en la oficina del arquitecto municipal, era colaborador del arquitecto esloveno Max Fabiani, uno de los discípulos predilectos de Wagner quien llegó a ser el consejero del último Habsburgo, Franz Ferdinand. Fabiani construyó varias obras emblemáticas de Viena, Trieste y Ljubljana, coincidiendo en el tiempo (y en importancia para la arquitectura centroeuropea) con Josip Plečnik.

En la corta y eficiente guerra civil Austriaca, Karl Marx Hof efectivamente fue uno de los baluartes del socialismo, ya que el gobierno municipal se escondió en el interior del complejo provocando ataques y bombardeos de las fuerzas fascistas. El conflicto de 1934 terminó con un centenar de víctimas en el recinto y la disolución del parlamento y gobierno municipal. En los tiempos de dictadura, su arquitecto continuó trabajando para la ciudad, como también lo hizo durante la Segunda Guerra mundial cuando Austria formaba parte del III Reich. Se jubiló en 1949 desde la posición del arquitecto senior de la oficina municipal, otra vez en manos del partido Socialdemócrata.

La arquitectura de la Viena Roja se desarrolló en poco menos de 15 años para dar forma e imagen de una nueva manera de entender la ciudad y las necesidades de vivienda. Aparte de físicas y funcionales, se incluía la necesidad de identificación simbólica y de representación de las políticas municipales: los Hofe vieneses eran un muestrario del poder de las nuevas políticas sociales y económicas de la democracia socialista. En su organización urbanística el proyecto seguía el modelo de las urbanizaciones de Ernst May desarrollado en la república de Weimar y parcialmente exportado a la URSS en los años 30. En la forma, era más próximo al racionalismo y expresionismo que al movimiento moderno que aparecía simultáneamente en Frankfurt, Dessau y Berlín. Así la arquitectura de la Viena Roja era un vínculo importante entre las nuevas obras de Europa central y oriental de los discípulos de Wagner, Plečnik o escuela de Praga, con las del racionalismo de la URSS que marcó la transición entre las vanguardias y el realismo socialista.

Fuente: La Ciudad Socialista

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