viernes, 10 de enero de 2020

EL VIEJO TOPO PUBLICA "LA GRAN GUERRA Y LA REVOLUCIÓN. ORÍGENES DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA"

La Gran Guerra y la revolución. Orígenes de la Internacional Comunista
Martín Ramos, José Luis (Coord)
ISBN: 9788417700379
Editorial: El Viejo Topo
Fecha de la edición: 2019
Nº Pág.: 211
Editorial El Viejo Topo
16,00 €


Desde los primeros años del siglo XX fue quedando claro que la paz entre estados que se había mantenido en Europa en las tres últimas décadas estaba deteriorándose. Y gravemente. Las potencias europeas se dirigían hacia una confrontación por un nuevo reparto del mundo, y al mismo tiempo que se emprendía el camino hacia la guerra, en el movimiento obrero se mantenía, y radicalizaba, el debate sobre el avance hacia un sistema alternativo al capitalismo. Sistema que era el que mayoritariamente había concebido el socialismo, agrupado en la Segunda Internacional.

La respuesta a la amenaza de una gran guerra se cruzó con la disyuntiva entre evolución y revolución. Entre los defensores de ésta, la corriente bolchevique de la socialdemocracia rusa, el ala izquierda de la alemana y la neerlandesa, fue creciendo la convicción de que la respuesta a la guerra era la revolución. Y lo era ya fuera preventiva o como respuesta si la guerra finalmente estallaba. Y fue creciendo el sentimiento de que tanto la guerra como la revolución tendrían un carácter mundial. Precisamente de ese carácter explosivo y mundial Lenin dedujo la necesidad imprescindible de constituir una Tercera Internacional.

Una conferencia en el pequeño pueblo de Zimmerwald, en los Alpes suizos, convocada con la idea de hacer un llamamiento al proletariado para desarrollar acciones en favor de la paz, acabó por ser la semilla que desembocaría en la creación de la IIIª Internacional.

Y este libro, La Gran Guerra y la revolución. Orígenes de la Internacional Comunista, recoge textos que explican ese origen. Y lo hace a través de los textos de José Luis Martín Ramos, Francisco Erice, Joan Tafalla y Alejandro Andreassi Cieri.

martes, 7 de enero de 2020

REPORTAJE "LOS MUERTOS DE STALINGRADO. BUSCANDO A LOS SOLDADOS CAÍDOS"



Un equipo de voluntarios se ha propuesto la tarea de encontrar e identificar a algunos de los miles de soldados que desaparecieron en los antiguos campos de batalla de Stalingrado.

Autor: Carsten Stormer
País: Alemania
Año: 2019

Fuentte: ARTE TV

lunes, 6 de enero de 2020

78 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LA FOTÓGRAFA REVOLUCIONARIA TINA MODOTTI


En su notable biografía de la militante y revolucionaria de origen italiano, la escritora Margaret Hooks coloca a Tina Modotti (1896-1942) a la altura de maestros como Man Ray, Imogen Cunningham y Edward Weston, en términos de mercado y de valor artístico. “Pionera entre las pocas fotógrafas de los años veinte, a pesar de haber producido un número relativamente pequeño de imágenes, unas 400, Tina Modotti tuvo una significativa influencia en generaciones de fotógrafos mexicanos, empezando por Manuel Álvarez Bravo hasta la actualidad con el trabajo de Graciela Iturbide” (Tina Modotti: Photographer and Revolutionary, Pandora, Londres, 1993). Esta biografía fue quizá la primera en “liberarla” de las sombras impositivas de sus compañeros varones, como el artista Weston y el militante comunista Vittorio Vidali. Hasta la publicación del libro de Hooks, Tina era conocida fundamentalmente a través de otros. Hoy el panorama es distinto, su reconocimiento es universal, la literatura sobre ella es abundante y de gran riqueza, empezando por la novela Tinísima, de Elena Poniatowska. 

Al momento de su solitaria y triste muerte el 5 de enero de 1942, cuando el fascismo había triunfado en España y avanzaba sobre Europa, sus camaradas Pablo Neruda, Juan Marinello, José Alvarado y José Revueltas manifestaron su admiración por ella. El escritor alemán refugiado en México Egon Erwin Kisch diría: “El secreto de su obra consistía en que ella evidenciaba al mundo con la mirada de la bondad”.

La fotógrafa Lola Álvarez Bravo la consideró “excelente artista” y destacó que “desdeñaba los trucos: sus fotografías son siempre fotografías; nunca pensó que fuera necesario enmascararlas usando técnicas que nos pudieran hacer pensar en artes superiores. Sabía que su arte era tan digno y puro que se podía defender por él mismo”. Vittorio Vidali, última pareja de Modotti, admite en sus memorias sobre ella: “Se dedicaba a la fotografía como reportera social... no era una mujer ‘toda política’ ni quería serlo” (Retrato de mujer. Una vida con Tina Modotti. Universidad Autónoma de Puebla, 1984).

El poeta español Rafael Alberti escribiría tras su fallecimiento en un taxi camino al hospital de la Cruz Verde:

Apenas si te vi. Pero me basta
recordarte sabiendo lo que eras:
al humano fervor de tus fotografías,
tristes rostros de México, paisajes,
ojos de amor para fijar las cosas.
Tú vives entre todos, no es preciso
pensarte lejos de ninguna tierra,
tu tierra está en el aire que nos trae
la luz dichosa de tu bello ejemplo.

La gran novelista comunista y antifascista Anna Seghers, quien vivió en México su exilio de la Alemania nazi, escribió: “Nuestros amigos afirman que Tina ha muerto. ¿Acaso no he visto yo misma, con mis ojos comprobado la tierra sobre su sepultura? ¿No he visto yo misma, por última vez, su rostro en el féretro —aquel terrible e inexorable vehículo—, el pequeño rostro de Tina, silencioso y tranquilo?

“Pero Tina siempre estaba tranquila. Sólo me parece ahora que su silencio es un poco más consistente. Por eso tengo la impresión que la veré todavía, quizá este año o dentro de unos años, como acostumbrábamos encontrarnos nosotros, de repente, en alguna calle llena de agitación, en alguna ciudad del viejo o nuevo mundo, en las filas organizadas de una manifestación —tranquila y silenciosa—, en el interior de una imprenta o en una asamblea, una noche cualquiera. Efectivamente ella estará sentada un día, tranquila y pálida, en un rincón de la nave que nos conducirá nuevamente a nuestras patrias. Sí, entonces los mudos hablarán; los ciegos verán; los últimos serán los primeros; nuestros muertos resucitarán, su pequeña sombra, silenciosa y fiel será saludada con júbilo por el pueblo”.

Fuente: Ojarasca

domingo, 5 de enero de 2020

"GIMNASTAS DE LA URSS", OBRA DEL PINTOR SOVIÉTICO DMITRI ZHILINSKY


Gimnastas de la URSS
Dmitry Zhilinsky
1964-1965
Témpera y gesso sobre tabla
270 x 215 cm
Museo Ruso de San Petersburgo

El artista soviético Dmitry Zhilinsky (1927-2015) centró su creatividad en los valores eternos del universo, la naturaleza, la cultura, los fundamentos morales y espirituales de la personalidad. Autor de numerosas pinturas de escenas innovadoras retratos, en los que reinterpreta con éxito la tradición de la antigua pintura rusa del ícono y la pintura renacentista temprana. Dmitry Zhilinsky fue Académico de la Academia de Artes de la URSS (1988), Miembro Correspondiente (1978), Artista del Pueblo de la RSFSR (1987), ganador del Premio Estatal RSFSR de Ilya Repin (1985) y Premio Estatal de Rusia (1999), miembro de la Unión de Artistas de la URSS desde 1954.

Las obras de Zhilinsky se distinguen por sus tonos puros y decorativos, líneas melodiosas, siluetas plásticas y composiciones armónicas. Trabajó con frecuencia en témpera, prestando una sublimidad colorista a sus obras. Gimnastas de la URSS son, en esencia, un retrato grupal de deportistas soviéticos famosos, muchos de ellos campeones mundiales y olímpicos. Entre las figuras de fondo se encuentran Polina Astakhova (triple olímpica y dos veces campeona del mundo), Boris Shakhlin (triple olímpica y dos veces campeona del mundo) y Yury Titov (campeón olímpico y mundial, más tarde presidente de la Federación Internacional de Gimnastas).

sábado, 4 de enero de 2020

"LLAMAS SOBRE EL ADRÍATICO", PELICULA YUGOSLAVA SOBRE LA II GUERRA MUNDIAL

Título original: Flammes sur l'Adriatique
Año: 1968
Duración: 91 min.
País: Francia
Dirección: Alexandre Astruc, Stjepan Cikes
Guión: Mesa Selimovic, Jean Curtelin, Vladimir Balvanovic
Música: Pierre Jansen
Fotografía: Miroljub Dikosavljevic, Jean-Jacques Rochut
Reparto: Gerard Barray, Claudine Auger, Antonio Passalia, Relja Basic, Tatjana Beljakova, Raoul Saint-Yves, Milos Kandic
Productora: Coproducción Francia-Yugoslavia; Les Films de la Boétie / Studio Film Sarajevo

Sinopsis:

En la Segunda Guerra Mundial, dos patriotas yugoslavos intentan llevar un navío hasta aguas inglesas, antes de que caiga en manos de los invasores alemanes. El capitán está obligado a seguir las órdenes, pero un colaborador nazi que se encuentra a bordo, planea secretamente hacerse también con el buque.

VER PELICULA:

viernes, 3 de enero de 2020

60 AÑOS DE LA MUERTE DE ALBERT CAMÚS


"HAY QUE ELEGIR ENTRE EL FRANQUISMO Y LA DEMOCRACIA"

Discurso pronunciado por Albert Camus en el acto celebrado el día 22 de febrero de 1952 en la Sala Wagran de París, en favor de los sindicalistas españoles condenados a muerte por los tribunales de Sevilla y Barcelona.

Un diario de París anuncia hoy a sus lectores incondicionales un estudio sobre las grandes directivas de la política franquista. Desgraciadamente esta noche estamos obligados a limitarnos al examen de una sola de las directivas de esa política que está indicada en el punto de mira de los fusiles de ejecución y mantenida de una manera constante y obstinada. En efecto, hace quince años que el franquismo apunta al mismo objetivo; el pecho y el rostro de los españoles libres. Reconozcamos que frecuentemente ha dado en el blanco y que, si a pesar de tantos disparos no ha logrado desfigurar ese rostro que renace sin cesar, ahora tiene la esperanza de lograrlo gracias a la complicidad inesperada de un mundo que se llama libre.

¡Pues bien!, nosotros nos negamos a estar comprendidos en esa complicidad. Una vez más estamos aquí situados ante el intolerable escándalo de la conciencia europea. Una vez más lo denunciaremos infatigablemente. Esas nuevas víctimas, después de tantas otras; nos gritan desde el fondo de sus celdas que la mistificación, al menos sobre este problema, no puede prolongarse por más tiempo.
Hay que elegir entre el franquismo y democracia, pues entre esas dos concepciones no puede haber término medio. El término medio representa justamente esta inmunda confusión en que nos encontramos en que las democracias practican el cinismo, mientras que el franquismo, por cortesía, ensaya de convertirse en respetuoso de las leyes, ofreciendo cuatro abogados a once procesados que una banda de jefes y oficiales militares juzgan en un abrir y cerrar de ojos, antes de que los abogados hayan podido intervenir, en virtud de una ley especial que también dispone que no puede condenarse a muerte a un niño de dieciséis años, pero lo guardan en celda hasta su mayoría de edad para poder fusilarle en toda regla. Ya va siendo hora de que los representantes de las democracias rechacen esa caricatura y renieguen en público, definitivamente, de la curiosa teoría que consiste en decir. “Vamos a entregar armas a un dictador para que se convierta en democracia”. No, no. Si se le entregan armas disparará a quemarropa, como es su costumbre, al corazón de la libertad.

Hay que elegir entre Cristo y el asesino. Ya va siendo hora de que la Jerarquía católica denuncie en público, definitivamente, ese atroz maridaje. Se le ha podido reprochar a Felipe II su tendencia a creer que Dios era español. Pero comparado a Franco, Felipe II resultó modesto, pues Franco al sonar de los disparos de las ejecuciones no cesa de repetir que Dios es falangista. Sí, ¿qué se espera para condenar esta extraña religión que desde hace quince años se entrega a bendecir horribles comuniones donde son distribuidas hostias de plomo ardiente para consagrar la sangre de los justos?
Si esta denuncia no se hace inmediatamente no veo la razón que habría para elegir entre la hipocresía y el terror, ya que la hipocresía se habrá convertido en la sirvienta del terror. De esta forma la unidad del mundo se habría consagrado efectivamente, pero en la infamia. No obstante nosotros, en medio de este cambalache repugnante, seguiremos firmes, sabiendo muy bien lo que nos corresponde salvar, hoy como ayer. Y lo que tenemos que salvar es la vida, la frágil, la preciosa vida de los hombres libres. Si permitimos que se mate a esos hombres, no tendremos disculpa, pues esos hombres van a hacernos mucha falta, ya que no somos tan numerosos. Nosotros nos asfixiamos en una Europa en que la personalidad humana es degradada cada día más. Por cada hombre libre que cae nacen diez esclavos y el porvenir se ensombrece un poco más; ese porvenir que debemos garantizar porque es la vida humana y sus posibilidades de grandeza. Y el grito que provoca en nosotros esas matanzas, multiplicadas, es una protesta indignada contra la destrucción sistemática de unos valores, cuya existencia salva todavía a este mundo del deshonor. Se ha podido decir que el pueblo español representaba la aristocracia de Europa. ¿Quién dudará de ello al contemplar todo lo que nos rodea? Por desgracia esta aristocracia es hoy la sacrificada. Es una élite que se extermina y que tenemos necesidad que viva para que nos ayude a vivir. Por ello hay que actuar con urgencia, pues cada día y cada hora cuenta para todos.

Que cada uno de ustedes haga lo que pueda. No nos durmamos en la melancolía y en el desaliento fácil. No nos consideremos simplemente mártires con el sacrificio de los otros. No cedamos a la tentación de pensar que ese martirio no será inútil, pues si ese martirio sólo puede contar para ser útil con la memoria de los hombres sacrificados, hay el peligro de que sea inútil. Hay tantas víctimas hoy de todos los horizontes, que la memoria no puede retenerlas todas. No hay necesidad de la muerte de esos hombres. Sus vidas nos son necesarias. No les dejemos morir. El ejemplo de esos hombres no es tan seguro, en tanto que sus vidas son seguras, el calor de su sangre, su orgullo de hombres libres. Es todo ello que debemos guardar entre nosotros. Pero para lograrlo hay que arrancar esos hombres a los verdugos, a las misas de sangre, a los cálculos irrisorios de las cancillerías, a los jefes de Estado que saludan a los presidentes demócratas, después de haber decorado a los dueños de la Gestapo. Hay que arrancarlos sobre todo a la indiferencia del mundo. Por cada hombre libre que salvemos, diez futuros esclavos desaparecen y un futuro favorable es todavía posible. Ese es el sentido de nuestra acción esta noche: frente a los verdugos de España, y frente a todas las tiranías. Ese es el significado de nuestra esperanza.

Fuente: El Viejo Topo

jueves, 2 de enero de 2020

EL MUSEO ESTATAL BELARUSO DE LA HISTORIA DE LA GRAN GUERRA PATRIA


El Museo Estatal Bielorruso de Historia de la Gran Guerra Patria, creado entre las ruinas y las cenizas en la recién liberada Minsk en octubre de 1944, ha estado llevando a cabo y continúa llevando a cabo su alta misión de conmemorar la Gran Victoria sobre el fascismo durante todo el período. tiempo de su existencia.

La exposición titulada "Bielorrusia vive, las luchas de Bielorrusia, Bielorrusia fue y será soviética", que se inauguró en el Museo Histórico Estatal de Moscú en noviembre de 1942, sentó las bases del Museo Estatal Bielorruso de Historia de la Gran Guerra Patria.

La resolución sobre el establecimiento de un museo de la historia de la lucha popular bielorrusa aprobada en la reunión de la Mesa del Comité Central del Partido Comunista (de los bolcheviques) el 30 de septiembre de 1944, fue tomada justo cuando comenzó la liberación de las tierras bielorrusas. Se enviaron radiogramas a las brigadas partisanas para contarles sobre la necesidad de recolectar y preservar los materiales para el museo. En poco menos de un año, se recolectaron más de 10 mil artículos.

La ceremonia de inauguración se celebró el 22 de octubre de 1944 en uno de los edificios que permanecieron intactos durante los años de guerra: la Casa Sindical en la Plaza Svobody en Minsk. La primera exposición del museo fue organizada debido al trabajo entusiasta de muchos partisanos y ex activistas clandestinos.

La construcción de un nuevo edificio del Museo comenzó con la plantación de una cápsula por el Presidente de la República de Bielorrusia, AG Lukashenko, el 24 de abril de 2010 durante el trabajo voluntario republicano de los sábados. En la historia de la República aún no ha habido ningún análogo de tales proyectos de museo ni en su importancia ni en su tamaño.

Más de 70 años que han pasado desde aquellos días lejanos, el Museo se ha convertido en el mayor depósito nacional de monumentos materiales y espirituales de la historia de la guerra de 1941-1945.

El área de 10 salas de exposición conforma 4.200 metros cuadrados que presentan más de 8 mil materiales de exposición.

Los fondos del Museo consisten en 28 colecciones y un número en 144 mil artículos de depósito: son fotografías, documentos, cartas y pertenencias personales de los participantes de la Gran Guerra Patria: soldados de primera línea, partisanos y activistas clandestinos.

El museo reúne y repone constantemente sus fondos buscando, recolectando y donando artículos del museo por organizaciones y particulares. Dos colecciones del Museo, "Revistas partidistas escritas a mano" y "Armas partisanas hechas a sí mismas", tienen el valor histórico y cultural de primera categoría.







miércoles, 1 de enero de 2020

61 ANIVERSARIO DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA


Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a su llegada a la Habana, en Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959

Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por “Radio Rebelde”, censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa. No sucedía así con las compañías del Ejército. Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema: el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas. Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

La Revolución tiene ya enfrente un ejército de zafarrancho de combate. ¿Quiénes pueden ser hoy o en lo adelante los enemigos de la Revolución? ¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso, en lo adelante, los enemigos de la Revolución? Los peores enemigos que en lo adelante pueda tener la Revolución Cubana somos los propios revolucionarios.

Es lo que siempre les decía yo a los combatientes rebeldes: cuando no tengamos delante al enemigo, cuando la guerra haya concluido, los únicos enemigos de la Revolución podemos ser nosotros mismos, y por eso decía siempre, y digo, que con el soldado rebelde seremos más rigurosos que con nadie, que con el soldado rebelde seremos más exigentes que con nadie, porque de ellos dependerá que la Revolución triunfe o fracase.

Hay muchas clases de revolucionarios. De revolución hemos estado oyendo hablar hace mucho tiempo; hasta el 10 de marzo se dijo que habían hecho una revolución, e invocaban la palabra revolución, y todo era revolucionario; a los soldados los reunían aquí y hablaban de “la Revolución del 10 de marzo” (RISAS).

De revolucionarios hemos estado oyendo hablar mucho tiempo. Yo recuerdo mis primeras impresiones del revolucionario, hasta que el estudio y alguna madurez me dieron nociones de lo que era realmente una revolución y de lo que era realmente un revolucionario. Las primeras impresiones del revolucionario las escuchábamos nosotros de niño, y oíamos decir: “Fulano fue revolucionario, estuvo en tal combate, o en tal operación, o puso bombas”, “Mengano era revolucionario...”, incluso se creó una casta de revolucionarios, y entonces había revolucionarios que querían vivir de la revolución, querían vivir a título de haber sido revolucionarios, de haber puesto una bomba o dos bombas; y es posible que los que más hablaban eran los que menos habían hecho. Pero, es lo cierto que acudían a los ministerios a buscar puestos, a vivir de parásitos, a cobrar el precio de lo que habían hecho en aquel momento, por una revolución que desgraciadamente no llegó a realizarse, porque estimo que la primera que parece que tiene mayores posibilidades de realizarse es la Revolución actual, si nosotros no la echamos a perder... (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” Y APLAUSOS).

El revolucionario aquel de mis primeras impresiones de niño andaba con una pistola 45 en la cintura, y quería vivir por sus respetos; había que temerle: era capaz de matar a cualquiera; llegaba a los despachos de los altos funcionarios con aire de hombre al que había que oír; y en realidad se preguntaba uno:

¿Dónde está la revolución que esta gente hizo, estos revolucionarios? Porque no hubo revolución, y hubo muy pocos revolucionarios.

Lo primero que tenemos que preguntarnos los que hemos hecho esta Revolución es con qué intenciones la hicimos; si en alguno de nosotros se ocultaba una ambición, un afán de mando, un propósito innoble; si en cada uno de los combatientes de esta Revolución había un idealista o con el pretexto del idealismo se perseguían otros fines; si hicimos esta Revolución pensando que apenas la tiranía fuese derrocada íbamos a disfrutar de los gajes del poder; si cada uno de nosotros se iba a montar en una “cola de pato”, si cada uno de nosotros iba a vivir como un rey, si cada uno de nosotros iba a tener un palacete, y en lo adelante para nosotros la vida sería un paseo, puesto que para eso habíamos sido revolucionarios y habíamos derrocado la tiranía; si lo que estábamos pensando era quitar a unos ministros para poner otros, si lo que estábamos pensando simplemente era quitar unos hombres para poner otros hombres; o si en cada uno de nosotros había verdadero desinterés, si en cada uno de nosotros había verdadero espíritu de sacrificio, si en cada uno de nosotros había el propósito de darlo todo a cambio de nada, y si de antemano estábamos dispuestos a renunciar a todo lo que no fuese seguir cumpliendo sacrificadamente con el deber de sinceros revolucionarios (APLAUSOS PROLONGADOS). Esa pregunta hay que hacérsela, porque de nuestro examen de conciencia puede depender mucho el destino futuro de Cuba, de nosotros y del pueblo.

Cuando yo oigo hablar de columnas, cuando oigo hablar de frentes de combate, cuando oigo hablar de tropas más o menos numerosas, yo siempre pienso: he aquí nuestra más firme columna, nuestra mejor tropa, la única tropa que es capaz de ganar sola la guerra: ¡Esa tropa es el pueblo! (APLAUSOS.)

Más que el pueblo no puede ningún general; más que el pueblo no puede ningún ejército. Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría: prefiero mandar al pueblo (APLAUSOS), porque el pueblo es invencible. Y el pueblo fue quien ganó esta guerra, porque nosotros no teníamos tanques, nosotros no teníamos aviones, nosotros no teníamos cañones, nosotros no teníamos academias militares, nosotros no teníamos campos de reclutamiento y de entrenamiento, nosotros no teníamos divisiones, ni regimientos, ni compañías, ni pelotones, ni escuadras siquiera (APLAUSOS PROLONGADOS).

Luego, ¿quién ganó la guerra? El pueblo, el pueblo ganó la guerra. Esta guerra no la ganó nadie más que el pueblo —y lo digo por si alguien cree que la ganó él, o por si alguna tropa cree que la ganó ella (APLAUSOS). Y por lo tanto, antes que nada está el pueblo.

Pero hay algo más: la Revolución no me interesa a mí como persona, ni a otro comandante como persona, ni al otro capitán, ni a la otra columna, ni a la otra compañía; la Revolución al que le interesa es al pueblo (APLAUSOS).

Quien gana o pierde con ella es el pueblo. Si el pueblo fue quien sufrió los horrores de estos siete años, el pueblo es quien tiene que preguntarse si dentro de 10 o dentro de 15, o de 20 años, él, y sus hijos, y sus nietos, van a seguir sufriendo los horrores que ha estado sufriendo desde su inicio la República de Cuba, coronada con dictaduras como las de Machado y las de Batista (APLAUSOS PROLONGADOS).

Al pueblo le interesa mucho si nosotros vamos a hacer bien hecha esta Revolución o si nosotros vamos a incurrir en los mismos errores en que incurrió la revolución anterior, o la anterior, o la anterior, y en consecuencia vamos a sufrir las consecuencias de nuestros errores, porque no hay error sin consecuencias para el pueblo; no hay error político que no se pague, más tarde o más temprano.

Circunstancias hay que no son las mismas. Por ejemplo, estimo que en esta ocasión existe más oportunidad que nunca de que en realidad la Revolución cumpla su destino cabalmente. Es quizás por eso que sea tan grande el júbilo del pueblo, olvidándose un poco de lo mucho que hay que bregar todavía.

Una de las ansias mayores de la nación, consecuencia de los horrores padecidos, por la represión y por la guerra, era el ansia de paz, de paz con libertad, de paz con justicia, y de paz con derechos. Nadie quería la paz a otro precio, porque Batista hablaba de paz, hablaba de orden, y esa paz no la quería nadie, porque hubiese sido la paz a costa del sometimiento.

Tiene hoy el pueblo la paz como la quería: una paz sin dictadura, una paz sin crimen, una paz sin censura, una paz sin persecución (APLAUSOS PROLONGADOS).

Es posible que la alegría mayor en este instante sea la alegría de las madres cubanas. Madres de soldados o madres de revolucionarios, madres de cualquier ciudadano, hoy experimentan la sensación de que sus hijos, al fin, están fuera de peligro (APLAUSOS).

El crimen más grande que pueda cometerse hoy en Cuba, repito, el crimen más grande que pueda hoy cometerse en Cuba sería un crimen contra la paz. Lo que no perdonaría hoy nadie en Cuba sería que alguien conspirase contra la paz (APLAUSOS).

Todo el que haga hoy algo contra la paz de Cuba, todo el que haga hoy algo que ponga en peligro la tranquilidad y la felicidad de millones de madres cubanas, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS). Quien no esté dispuesto a renunciar a algo por la paz, quien no esté dispuesto a renunciarlo todo por la paz en esta hora, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).

Como pienso así, yo digo y yo juro ante mis compatriotas que si cualquiera de mis compañeros, o nuestro movimiento, o yo, fuésemos el menor obstáculo a la paz de Cuba, desde ahora mismo el pueblo puede disponer de todos nosotros y decirnos lo que tenemos que hacer (APLAUSOS). Porque soy un hombre que sabe renunciar, porque lo he demostrado más de una vez en mi vida, porque eso he enseñado a mis compañeros, tengo moral y me siento con fuerza y autoridad suficientes para hablar en un instante como este (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Fidel Castro!”).

Y a los primeros que tengo que hablarles así es a los revolucionarios; y si fuere preciso, o mejor dicho, porque es preciso decirlo a tiempo.

No está tan lejana aquella década que siguió a la caída de Machado; quizás uno de los males más grandes de aquella lucha fue la proliferación de los grupos revolucionarios, que no tardaron en entrarse a tiros los unos a los otros (APLAUSOS). Y en consecuencia lo que pasó fue que vino Batista y se quedó 11 años con el poder.

Cuando el Movimiento 26 de Julio se organizó, incluso cuando iniciamos esta guerra, yo consideré que si bien eran muy grandes los sacrificios que estábamos haciendo, que si bien la lucha iba a ser muy larga, y lo ha sido, porque ha durado más de dos años, dos años que no fueron para nosotros un paseo, dos años de duro batallar, desde que reiniciamos la campaña con un puñado de hombres, hasta que hemos llegado a la capital de la República a pesar de los sacrificios que teníamos por delante, nos tranquilizaba, sin embargo, una idea: era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con la inmensa mayoría del respaldo y de la simpatía popular (APLAUSOS); era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con el respaldo casi unánime de la juventud cubana (APLAUSOS). Parecía que esta vez una organización grande y fuerte iba a recoger las inquietudes de nuestro pueblo y las terribles consecuencias de la proliferación de organizaciones revolucionarias no se iba a presentar en este proceso.

Creo que todos debimos estar desde el primer momento en una sola organización revolucionaria: la nuestra o la de otro, el 26, el 27 o el 50, en la que fuese, porque, si al fin y al cabo éramos los mismos los que luchábamos en la Sierra Maestra que los que luchábamos en el Escambray, o en Pinar del Río, y hombres jóvenes, y hombres con los mismos ideales, ¿por qué tenía que haber media docena de organizaciones revolucionarias? (APLAUSOS.)

La nuestra, simplemente fue la primera; la nuestra, simplemente fue la que libró la primera batalla en el Moncada, la que desembarcó en el “Granma” el 2 de diciembre (APLAUSOS), y la que luchó sola durante más de un año contra toda la fuerza de la tiranía (APLAUSOS); la que cuando no tenía más que 12 hombres, mantuvo enhiesta la bandera de la rebeldía, la que enseñó al pueblo que se podía pelear y se podía vencer, la que destruyó todas las falsas hipótesis sobre revolución que habían en Cuba. Porque aquí todo el mundo estaba conspirando con el cabo, con el sargento, o metiendo armas en La Habana, que se las cogía la policía (APLAUSOS), hasta que vinimos nosotros y demostramos que esa no era la lucha, que la lucha tenía que ser otra, que había que inventar una nueva táctica y una nueva estrategia, que fue la táctica y la estrategia que nosotros pusimos en práctica y que condujo al más extraordinario triunfo que ha tenido en su historia el pueblo de Cuba (APLAUSOS).

Y yo quiero que honradamente el pueblo me diga si esto es o no es verdad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)

Hay, además, otra cuestión de hecho: el Movimiento 26 de Julio era la organización absolutamente mayoritaria, ¿es o no es verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Y, ¿cómo terminó la lucha? Lo voy a decir: el Ejército Rebelde, que es el nombre de nuestro ejército, del que se inició en la Sierra Maestra, al caerse la tiranía tenía tomado todo Oriente, todo Camagüey, parte de Las Villas, todo Matanzas, La Cabaña, Columbia, la Jefatura de la Policía y Pinar del Río (APLAUSOS).

Terminó la lucha de acuerdo con la correlación de fuerzas que había, porque por algo las columnas nuestras atravesaron las llanuras de Camagüey, perseguidas por miles de soldados y por la aviación, y llegaron a Las Villas; y porque el Ejército Rebelde tenía al comandante Camilo Cienfuegos (APLAUSOS PROLONGADOS), en Las Villas, y porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas (APLAUSOS PROLONGADOS) el día 1º de Enero, a raíz de la traición de Cantillo (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”)... Porque los tenía allí, digo, el día Primero le pude dar la orden al comandante Camilo Cienfuegos de que avanzara con 500 hombres sobre la capital y atacara Columbia (APLAUSOS); porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas, pude decirle que avanzara sobre la capital y se apoderara de La Cabaña (APLAUSOS).

Todos los regimientos, todas las fortalezas militares de importancia, quedaron en poder del Ejército Rebelde, y esas no nos las dio nadie, no es que nadie dijera: “Vete para allí, vete para allí, vete para allí”; fue nuestro esfuerzo y nuestro sacrificio, nuestra experiencia y nuestra organización, lo que condujo a esos resultados (APLAUSOS).

¿Quiere decir que los otros no hayan luchado? No. ¿Quiere decir que los otros no tengan méritos? No. Porque todos hemos luchado, porque ha luchado todo el pueblo. En La Habana no había ninguna Sierra, pero hay cientos de muertos, de compañeros que cayeron asesinados por cumplir con sus deberes revolucionarios. En La Habana no había ninguna Sierra y, sin embargo, la huelga general fue un factor decisivo para que el triunfo de la Revolución fuera completo (APLAUSOS).

Al decir esto, lo único que hago es poner las cosas en su sitio, el papel del Movimiento 26 de Julio en esta lucha, cómo guió al pueblo, en aquellos momentos en que aquí se hablaba de elecciones y de electoralismo. Tuve que escribir un artículo una vez desde México, que se titulaba: “Frente a todos”, porque realmente estábamos contra todas las opiniones, defendiendo nuestra tesis revolucionaria, la estrategia de esta Revolución, que la trazó el 26 de Julio, y la culminación de esta Revolución, que fue la derrota aplastante de la tiranía, en manos sus fortalezas más importantes de las fuerzas del Ejército Rebelde, organizado por el Movimiento 26 de Julio.

No solo trazó las pautas en la guerra el Movimiento 26 de Julio, sino que además enseñó cómo había que tratar al enemigo en la guerra. Ha sido esta quizás en el mundo la primera revolución donde jamás se asesinó a un prisionero de guerra (APLAUSOS PROLONGADOS); donde jamás se abandonó a un herido, donde jamás se torturó a un hombre (APLAUSOS); porque esta pauta fue la que trazó el Ejército Rebelde. Y algo más: esta es la única revolución en el mundo donde no ha salido un general (APLAUSOS), ni un coronel siquiera, porque el grado que me puse yo o me pusieron mis compañeros, fue el de comandante, y no me lo he cambiado, a pesar de que hemos ganado muchas batallas y hemos ganado una guerra; sigo siendo comandante, y no quiero otro grado (APLAUSOS).

Y el efecto moral, el hecho de que los que iniciamos esta guerra hubiésemos determinado una gradación determinada en la jerarquía militar, hizo que nadie se atreviera a ponerse aquí más grados que los de comandante —aunque haya más comandantes de la cuenta, a juzgar por lo que parece.

Creo que el pueblo esté de acuerdo en que hable claro, porque haber luchado como he luchado por los derechos de cada ciudadano, me otorga aunque sea el derecho a decir la verdad en voz alta (APLAUSOS). Y, además, porque estando de por medio los intereses de la patria, no transijo absolutamente con la menor contemporización con los riesgos que puedan sobrevenir a la Revolución Cubana (APLAUSOS).

¿Tienen todos la misma autoridad moral para hablar? Yo digo que el que tenga más méritos tiene más autoridad para hablar que el que tenga menos méritos. Creo que para que los hombres se igualen en prerrogativas morales, tienen que igualarse primero en méritos. Creo que la Revolución ha terminado como debía, cuando el comandante Camilo Cienfuegos —veterano de dos años y un mes de lucha— (APLAUSOS), es el jefe de Columbia; cuando el comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido tres hermanos en esta guerra y es veterano del “Granma” y comandante por las batallas que ha librado (APLAUSOS), es jefe de la policía de la República, y cuando el comandante Ernesto Guevara —héroe verdadero, expedicionario del “Granma” y veterano de dos años y un mes de lucha en las montañas más altas y más ásperas de Cuba—, es el jefe de La Cabaña (APLAUSOS); y cuando al frente de cada regimiento en las distintas provincias hemos puesto a los hombres que más se han sacrificado y más han luchado en esta Revolución. Y si eso es así, nadie tiene derecho a ponerse bravo.

Antes que nada ríndase culto al mérito, porque el que no le rinde culto al mérito no es más que un ambicioso (APLAUSOS); el que sin tener los méritos de otros quiere en cambio tener las prerrogativas de otros.

Ahora la República, o la Revolución, entra en una nueva fase. ¿Sería justo que la ambición o los personalismos viniesen aquí a poner en peligro el destino de la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué es lo que le interesa al pueblo, porque el pueblo es quien tiene que decir aquí la última palabra? (EXCLAMACIONES DE: “¡Libertad!”, “¡Libertad!”) Le interesa, en primer lugar, las libertades, los derechos que le arrebataron, y la paz. Y los tiene, porque en estos instantes tiene todas las libertades, todos los derechos, que le arrebató la tiranía, y tiene la paz (APLAUSOS).

¿Qué le interesa al pueblo? Un gobierno honrado. ¿No es un gobierno honrado lo que le interesa al pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ahí lo tiene: a un magistrado honorable de Presidente de la República (APLAUSOS). ¿Qué le interesa, que hombres jóvenes y limpios sean los ministros del Gobierno Revolucionario? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ahí los tienen: analicen uno por uno los ministros del Gobierno Revolucionario, y díganme si hay ahí un ladrón, o un criminal, o un sinvergüenza (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

Son muchos los hombres que pueden ser ministros en Cuba por su honradez y su capacidad, pero todos no pueden ser ministros, porque los ministros pueden ser 14, 15 ó 16. Y aquí no le importa al pueblo que “Don Fulano” o “Don Mengano” sea, sino que el que sea, sea un hombre joven y un hombre honrado (APLAUSOS). Y aquí lo que importa es que los que han sido designados reúnan esas cualidades, no que no esté Fulano o no esté Mengano, porque los menganos y los fulanos importan un bledo en este momento a la Revolución y a la República (APLAUSOS).

¿Puede alguien, por no ser ministro, intentar ensangrentar este país? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Puede algún grupo, por el hecho de que no le hayan dado tres o cuatro ministerios, ensangrentar este país, y perturbar la paz? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Si el equipo gobernante que en este momento tiene el pueblo de Cuba no sirve, tiempo tendrá el pueblo de botarlo, pero no de votarlo en las urnas, sino de botarlo en unas elecciones (APLAUSOS). Este no es el caso de que si no fuera idóneo el equipo gobernante, fuera nadie aquí a hacer una revolución o un golpe de Estado para quitarlo, cuando todo el mundo sabe que va a haber unas elecciones y si no sirve, el pueblo se encargará de decir la última palabra libremente; no hacer lo que hizo Batista, que a 80 días de unas elecciones, porque decía que estaba combatiendo a tal gobierno, y hacía una serie de imputaciones contra ese gobierno, decir que él lo tenía que quitar y que eso era lo patriota, porque aquí se acabaron para siempre los golpes de Estado y los atentados contra la Constitución y el Derecho (APLAUSOS).

Es necesario hablar así, para que no surja la demagogia y el confusionismo y el divisionismo y que el primero que asome las orejas de la ambición, el pueblo lo conozca (APLAUSOS). Y por mi parte les digo que como al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa y que prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas juntas, les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo (APLAUSOS). Porque hablándole al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo y hablarle al pueblo para que el pueblo, sin tiros, resuelva los problemas. Yo, que tengo fe en el pueblo, y lo he demostrado, y sé lo que puede el pueblo, y creo que lo he demostrado, les digo que si el pueblo quiere aquí no vuelve a sonar nunca más un tiro en este país (APLAUSOS). Porque la opinión pública tiene una fuerza extraordinaria y tiene una influencia extraordinaria, sobre todo cuando no hay dictadura. En la época de dictadura la opinión pública no es nada, pero en la época de la libertad la opinión pública lo es todo, y los fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante la opinión pública (APLAUSOS). ¿Voy bien, Camilo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Camilo!”)

Le hablo al pueblo en esta forma porque siempre me ha gustado prever, y creo que hablándole previsoramente al pueblo la Revolución puede evitar los únicos peligros que le quedan por delante; y yo les diré que no son tan grandes, pero sí quisiera que para que la Revolución se consolidara, no hubiera que derramar una sola gota más de sangre cubana (APLAUSOS).

Mi gran preocupación es que en el extranjero, donde esta Revolución es la admiración del mundo entero, no tenga que decirse dentro de tres semanas, o cuatro semanas, o un mes, o una semana, que aquí se volvió a derramar sangre cubana para consolidar esta Revolución, porque entonces no sería ejemplo esta Revolución (APLAUSOS).

No hubiera hablado yo así cuando nosotros éramos un grupo de 12 hombres, porque cuando éramos un grupo de 12 hombres todo lo que teníamos por delante era pelear, pelear y pelear, y había mérito en combatir en esas circunstancias; pero hoy, que nosotros tenemos los aviones, los tanques, los cañones y la inmensa mayoría de los hombres armados, la marina de guerra, numerosas compañías del ejército y un poder enorme en el orden militar (EXCLAMACIONES DE: “¡Y el pueblo!”, “¡Y el pueblo!”) Pueblo... voy a la idea que les quería decir: hoy que tenemos todo eso, me preocupa mucho ver combatir, porque así no hay mérito en combatir; preferiría irme a la Sierra Maestra otra vez, con 12 hombres, a pelear contra todos los tanques, a venir con todos los tanques a tirarle un tiro a nadie aquí (APLAUSOS).

Y a quien le pido que nos ayude mucho, al que le pido de corazón que me ayude, es al pueblo (APLAUSOS), a la opinión pública, para desarmar a los ambiciosos, para condenar de antemano a los que desde ahora están empezando a asomar las orejas (APLAUSOS).

Yo no voy a extenderme hoy en ataques de tipo personal o específico, porque es muy reciente y demasiado pronto para entrar en polémicas públicas —aunque cuando haya que entrar, no me importa, porque tengo la frente alta y estoy dispuesto a discutir con la verdad cuando sea necesario—, porque hay una alegría muy grande en el pueblo, y porque en la masa de los combatientes, no voy a decir que en todos sus líderes, aunque sí en la mayor parte de los líderes, porque en la mayor parte de los líderes —y ahí está Carlos Prío Socarrás como ejemplo, que ha venido a Cuba en una actitud de ayudar a la Revolución incondicionalmente, como dice, y no aspirar absolutamente a nada— (APLAUSOS); no ha protestado del hecho, no ha protestado absolutamente nada, no ha mostrado la menor queja, ni la menor inconformidad por el gabinete, sabe que hay un gabinete de hombres honrados y de hombres jóvenes, que bien merece que se le otorgue un voto de confianza para trabajar.

Y ahí están los dirigentes de otras organizaciones, en la misma disposición. Y también hay una cosa: las masas de los combatientes, los hombres que pelearon y que no se guían más que por ideales, los hombres que combatieron, de todas las organizaciones, esos están en una postura muy patriótica y son de sentimientos muy revolucionarios y muy nobles, pues pensarán siempre como piensa el pueblo, porque yo estoy seguro de que el que trate de ponerse con la locura de tratar de provocar una guerra civil, va a tener la condenación del pueblo entero (APLAUSOS), y el abandono de los combatientes de fila, que no lo seguirán. Y hay que estar verdaderamente loco para retar, no solo a la fuerza en las condiciones en que la tenemos hoy, sino a la razón, al derecho de la patria y al pueblo entero de Cuba (APLAUSOS).

Y todo esto lo digo, porque quiero hacerle una pregunta al pueblo; quiero hacerle una pregunta al pueblo que me interesa mucho, y le interesa mucho al pueblo, que la responda: ¿Para qué estar almacenando armas clandestinamente en estos momentos? ¿Para qué estar escondiendo armas en distintos lugares de la capital? ¿Para qué estar contrabandeando armas en estos momentos? ¿Para qué? Y yo les digo que hay elementos de determinada organización revolucionaria que están escondiendo armas (EXCLAMACIONES DE: “¡A buscarlas!), que están almacenando armas, y que están contrabandeando armas. Todas las armas que agarró el Ejército Rebelde están en los cuarteles, que de ahí no se ha tocado una sola, no se las ha llevado nadie para su casa, ni las ha escondido; están en los cuarteles, bajo llave; lo mismo en Pinar del Río, que en La Cabaña, que en Columbia, que en Matanzas, que en Santa Clara, que en Camagüey y que en Oriente; no se han cargado camiones con armas para esconderlos en ninguna parte, porque esas armas deben estar en los cuarteles.

Les voy a hacer una pregunta, porque hablando claro y analizando los problemas es como se resuelven, y yo estoy dispuesto a hacer lo que esté al alcance de mi mano por resolverlos como se deben resolver: con la razón y la inteligencia, y con la influencia de la opinión pública, que es la que manda, no con la fuerza; porque si fuera a creer en la fuerza, que tenía que resolverse con la fuerza, no habría que hablar con el pueblo, ni plantearle este problema, sino ir a buscar las armas esas (APLAUSOS).

Y lo que hay que buscar aquí es que los combatientes revolucionarios, los hombres idealistas, que pueden ser engañados con esa maniobra, abandonen a los falsos lidercillos que están en esa postura y vengan a ponerse al lado del pueblo, que es al que tienen que servir antes que nada.

Yo les voy a hacer una pregunta: ¿Armas para qué?, ¿para luchar contra quién?, ¿contra el Gobierno Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Es acaso lo mismo el magistrado Urrutia gobernando la República que Batista gobernando la República? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Armas para qué?, ¿hay dictadura aquí? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Van a pelear contra un gobierno libre, que respeta los derechos del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), ¿ahora que no hay censura, y que la prensa es enteramente libre, más libre de lo que ha sido nunca, y tiene además la seguridad de que lo seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a haber censura aquí? (APLAUSOS), ¿hoy, que todo el pueblo puede reunirse libremente?, ¿hoy, que no hay torturas, ni presos políticos, ni asesinatos, ni terror?, ¿hoy que no hay más que alegría, que todos los líderes traidores han sido destituidos en los sindicatos, y que se va a convocar inmediatamente a elecciones en todos los sindicatos? (APLAUSOS.) Cuando todos los derechos del ciudadano han sido restablecidos, cuando se va a convocar a unas elecciones en el más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para qué?, ¿esconder armas, para qué? ¿Para chantajear al Presidente de la República?, ¿para amenazar aquí con quebrantar la paz?, ¿para crear organizaciones de gánsteres? ¿Es que vamos a volver al gangsterismo?, ¿es que vamos a volver al tiroteo diario por las calles de la capital? ¿Armas, para qué?

Pues yo les digo a ustedes que hace dos días elementos de determinada organización fueron a un cuartel, que era el cuartel San Antonio, cuartel que estaba bajo la jurisdicción del comandante Camilo Cienfuegos y bajo la jurisdicción mía, como Comandante en Jefe de todas las fuerzas, y las armas que estaban recogidas allí se las llevaron, se llevaron 500 armas y 6 ametralladoras y 80 000 balas (EXCLAMACIONES DE: “¡A buscarlas!”).

Y honradamente les digo que no se pudo haber cometido provocación peor. Porque hacerles eso a hombres que han sabido pelear aquí por el país durante dos años, a hombres que hoy están responsabilizados con la paz del país y quieren hacer las cosas bien hechas, es una canallada y es una provocación injustificable.

Y lo que hemos hecho nosotros no es ir a buscar los fusiles esos; porque, precisamente —lo que les decía antes— lo que querernos es hablar con el pueblo, utilizar la influencia de la opinión pública, para que los lidercillos que andan detrás de esas maniobras criminales, se queden sin tropa. Para que los combatientes idealistas —y los hombres que han combatido en cada organización aquí son verdaderos idealistas—, lo sepan, para que exijan responsabilidad por esos hechos.

Y es por eso que nosotros no nos hemos dejado ni provocar, los hemos dejado tan tranquilos por ese robo de armas, robo injustificado, porque aquí no hay dictadura y nadie tema que nosotros nos vayamos a convertir en dictadores, y les voy a decir por qué, se los voy a decir: se convierte en dictador el que no tiene al pueblo y tiene que acudir a la fuerza, porque no tiene votos el día que tenga que aspirar (APLAUSOS). No nos podemos convertir en dictadores los hombres que hemos visto tanto cariño en el pueblo, un cariño unánime, total y absoluto en el pueblo; aparte de nuestros principios, porque jamás incurriremos en la grosería de ostentar por la fuerza una posición, porque repugnamos eso, que por algo hemos sido los abanderados de esta lucha contra la asquerosa y repugnante tiranía (APLAUSOS).

Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza, porque tenemos el pueblo, y además porque el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos (APLAUSOS). Porque entendemos esto corno un deber, no corno un placer; entendernos esto como un trabajo, que por algo ni dormimos, ni descansamos, ni comemos, recorriendo la isla y trabajando honradamente por servir a nuestro país; que por algo no tenemos nada, y por algo seremos siempre hombres que no tendremos nada (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Tienes al pueblo!”). Y jamás nos verá el pueblo con una inmoralidad, ni concediendo un privilegio a nadie, ni tolerando una injusticia, ni robando, ni enriqueciéndonos, ni cosas por el estilo; porque el poder lo concebimos como un sacrificio, y créanme que si no fuera así, después de todas las muestras de cariño que yo he recibido del pueblo, de toda esa manifestación apoteósica de hoy, si no fuera un deber el que uno tiene que cumplir, lo mejor era irse, retirarse, o morirse; porque después de tanto cariño y de tanta fe, ¡miedo da el no poder cumplir como uno tiene que cumplir con este pueblo! (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Y si no fuera por ese deber, si no fuera por ese deber —lo digo— lo que yo haría sería despedirme del pueblo, y quedar siempre con el cariño que tengo hoy, y que me llamen con las mismas frases de aliento con que me han llamado hoy.

Sin embargo, yo sé que el poder es una tarea ardua, complicada, que las misiones y las tareas de nosotros como este mismo problema que se nos presenta, realmente es un problema difícil y está lleno de amarguras, y lo afronta uno porque lo único que uno no le va a decir al pueblo en esta hora es: “Me voy.” (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva el padre de la patria!” SEGUIDO DE UNA OVACION CERRADA.)

Además, por otra razón no nos interesa la fuerza: porque el día que alguien se alzara aquí con la fuerza, y yo me atrevería a llamar al peor enemigo y al que menos simpatizara conmigo, si estuviera dispuesto a cumplir con el pueblo, y le diría: “Mire, tome todas esas fuerzas, todas esas tropas y todas esas armas”, y me quedaría tan tranquilo, porque sé que el día que se alzara con la fuerza, me iba yo otra vez para la Sierra Maestra e íbamos a ver cuánto duraba la dictadura esa ahí en el poder (APLAUSOS).

Yo creo que son razones más que suficientes para que todo el mundo crea que a nosotros no nos interesa controlar ningún poder por la fuerza.

El Presidente de la República me ha encomendado la más espinosa de todas las tareas, la tarea de reorganizar los institutos armados de la República y me ha asignado el cargo de Comandante en Jefe de todas las fuerzas de aire, mar y tierra de la nación (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Te lo mereces!”). No, no me lo merezco, porque eso es un sacrificio para mí, y en definitiva para mí eso no es ni motivo de orgullo, ni motivo de vanidad, y lo que es para mí es un sacrificio. Pero yo quiero que el pueblo me diga si cree que debo asumir esa función (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).

Creo que si hicimos un ejército con 12 hombres, y esos 12 hombres hoy estén al frente de los mandos militares, creo que si enseñamos a nuestro ejército que a un prisionero jamás se asesinaba, que a un herido jamás se abandonaba, que a un preso jamás se golpeaba, somos los hombres que podemos enseñar a todos los institutos armados de la República las mismas cosas que enseñamos a ese ejército (APLAUSOS). Para tener unos institutos armados donde ni uno solo de sus hombres vuelva jamás a golpear a un prisionero, ni a torturarlo, ni a matarlo (APLAUSOS). Y porque, además, podemos servir de puente entre los revolucionarios y los militares decentes, los que no han robado, ni han asesinado, porque esos militares, los que no han robado y los que no han asesinado, tendrán derecho a seguir perteneciendo a las fuerzas armadas (APLAUSOS); como también les digo que el que haya asesinado, no lo salva nadie del pelotón de fusilamiento (APLAUSOS PROLONGADOS).

Además, todos los combatientes revolucionarios que deseen pertenecer a las fuerzas regulares de la República tienen derecho, pertenezcan a la organización que pertenezcan, con sus grados... Las puertas están abiertas para todos los combatientes revolucionarios que quieran luchar y que quieran hacer una tarea en beneficio del país. Y si eso es así, si hay libertades, si hay un gobierno de hombres jóvenes y honrados, si el país está contento, si tiene confianza en ese gobierno y en los hombres que están mandando las fuerzas armadas, si va a haber unas elecciones, si las puertas están abiertas para todos, ¿por qué almacenar armas?

Yo quiero que me digan si el pueblo lo que quiere es que haya paz, o lo que quiere es que en todas las esquinas haya un tipo armado con un fusil; yo quiero que me digan si el pueblo está de acuerdo o considera que es correcto que todo el que quiera aquí tenga un ejército particular, que no obedezca más que a su jefecito (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); si así puede haber orden y paz en la República (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

(ALGUIEN EXCLAMA: “¡Depuración de las fuerzas armadas!”) Superdepuración, no depuración (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE: “¡Habla de Raúl!”) Raúl está en el Moncada, que es donde tiene que estar ahora.

Y esos son los problemas que hoy he querido plantear ante el pueblo. Lo antes posible tienen que marcharse los fusiles de las calles y desaparecer los fusiles de las calles (APLAUSOS). Porque ya no hay enemigo enfrente, porque ya no hay que pelear contra nadie; y si algún día hay que pelear contra un enemigo extraño o contra un movimiento que venga contra la Revolución, no pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo entero (APLAUSOS PROLONGADOS).

Donde las armas tienen que estar es en los cuarteles, que nadie tiene derecho a tener ejércitos particulares aquí (APLAUSOS).

Esos elementos que andan con esas maniobras sospechosas, tal vez hayan encontrado pretexto para hacer eso en el hecho de que yo haya sido designado, y los compañeros míos, para un trabajo que es el que nos asignó el Presidente, y han hablado de que si hay ejército político. ¿Ejército político, cuando como les dije a ustedes, tenemos a todo el pueblo, que ese es de verdad nuestro ejército político?

Hoy yo quiero advertir al pueblo, y yo quiero advertir a las madres cubanas, que yo haré siempre cuanto esté a nuestro alcance por resolver todos los problemas sin derramar una gota de sangre (APLAUSOS). Yo quiero decirles a las madres cubanas que jamás, por culpa nuestra, aquí volverá a dispararse un solo tiro; y yo quiero pedirle al pueblo, como le quiero pedir a la prensa, como le quiero pedir a todos los hombres sanos y responsables del país, que nos ayuden a resolver estos problemas con el apoyo de la opinión pública, no con transacciones, porque cuando la gente se arma y amenaza para que le den algo, eso es una inmoralidad, y eso no lo aceptaré jamás (APLAUSOS). Porque después que determinados elementos se han puesto a almacenar armas, digo aquí que no aceptaré la menor concesión, porque eso sería rebajar la moral de la Revolución (APLAUSOS). Y que lo que hay que hacer es que el que no pertenezca a las fuerzas regulares de la República —a donde tiene derecho a pertenecer todo combatiente revolucionario—, que devuelva las armas a los cuarteles, porque aquí las armas sobran cuando ya no hay tiranía y está demostrado que las armas solo valen cuando se tiene la razón, y se tiene al pueblo, y de lo contrario, no sirven más que para asesinar y para cometer fechorías (APLAUSOS).

Quiero decirle además al pueblo que puede tener la seguridad de que las leyes del país serán respetadas y que aquí no habrá gangsterismo, ni pandillerismo, ni bandolerismo; sencillamente, porque no habrá tolerancia. Las armas de la República están hoy en manos de los revolucionarios. Esas armas, tengo la esperanza de que no habrá que usarlas jamás, pero el día que el pueblo lo ordene para garantizar su paz, su tranquilidad y sus derechos, cuando el pueblo lo pida, cuando el pueblo lo quiera, cuando ya sea una necesidad, entonces esas armas cumplirán con lo que tienen que cumplir, y cumplirán con su deber, sencillamente (APLAUSOS).

Nadie piense que vamos a caer en provocaciones, porque estamos demasiado serenos para caer en provocaciones, porque tenemos unas responsabilidades muy grandes para precipitarnos nunca en tomar medidas, ni en hacer alardes ni cosa que se parezca, y porque estoy muy consciente de que aquí hay que agotar siempre —y agotaré siempre— todos los medios persuasivos, y todos los medios razonables, y todos los medios humanos para evitar que se derrame una sola gota de sangre más en Cuba. Así que en provocaciones, nadie tema que caiga; porque cuando la paciencia se nos haya acabado a todos nosotros, buscaremos más paciencia, y cuando la paciencia se nos vuelva a acabar, volveremos a buscar más paciencia; esa será nuestra norma (APLAUSOS). Y esa tiene que ser la consigna de los hombres que tienen las armas en la mano y de los que tienen el poder en la mano: no cansarse nunca de soportar, no cansarse nunca de resignarse a todas las amarguras y a todas las provocaciones, excepto cuando ya se vayan a poner en peligro los intereses más sagrados del pueblo. Pero eso cuando de verdad se demuestre, eso cuando ya sea una demanda de la nación entera, de la prensa, de las instituciones cívicas, de los trabajadores, y de todo el pueblo; cuando lo pidan, y solo cuando lo pidan. Y lo que haré siempre, en cada una de esas circunstancias, es venir y decirle al pueblo: “Miren, ha pasado esto.”

Esta vez he omitido nombres, porque no quiero envenenar la atmósfera, porque no quiero aumentar la tensión; lo que simplemente quiero es prevenir al pueblo de esos peligros, porque sería muy triste que esta Revolución que tanto sacrificio ha costado —no que se vaya a frustrar, porque esta Revolución no se frustra de ninguna manera, porque ya se sabe que con el pueblo y con todo lo que hay a favor del pueblo, no hay el menor peligro—, pero sí sería muy triste que después del ejemplo que se ha dado a América, aquí se vuelva a disparar un tiro.

Es verdad que en casi todas las revoluciones, después de la lucha, viene otra, y después viene otra —y observen la historia de todas las revoluciones, en México y en todas partes. Sin embargo, parecía que esta iba a ser una excepción, como ha sido una excepción en todo lo demás; ha sido extraordinaria en todo lo demás, y quisiéramos que también fuera extraordinaria en el hecho de que no se disparara más un tiro aquí; y creo que se logrará, creo que la Revolución triunfará sin que se dispare más un tiro, ¿saben por qué? Porque es realmente admirable el grado de conciencia que se ha desarrollado en el país, el civismo de este pueblo, la disciplina de este pueblo, el espíritu de este pueblo; realmente, me siento orgulloso de todo el pueblo, tengo una fe extraordinaria en el pueblo de Cuba (APLAUSOS). Vale la pena sacrificarse por nuestro pueblo.

Hoy tuve el gusto de dar un ejemplo delante de toda la prensa: estaba la multitud delante del Palacio Presidencial, y me decían que hacía falta 1 000 hombres para salir de allí; entonces, me paré y le pedí al pueblo que hiciera dos filas, que no hacía falta ningún hombre, que yo solo iba a ir allí, y en pocos minutos el pueblo hizo sus dos filas, y pasamos por allí, sin problemas de ninguna clase. Ese es el pueblo de Cuba, y esa prueba se dio delante de todos los periodistas (APLAUSOS).

Desde ahora, ya se acabaron los agasajos y las ovaciones; desde ahora, para nosotros: a trabajar, mañana será un día igual que otro cualquiera, y todos los demás igual, y nos acostumbraremos a la libertad. Ahora estamos contentos porque hacía mucho tiempo que no éramos libres, pero dentro de una semana nos preocuparán otras cosas: si tenemos dinero para pagar el alquiler, si la luz eléctrica, si la comida, que esos son los problemas que de verdad tiene que resolver el Gobierno Revolucionario, el millón de problemas que tiene el pueblo de Cuba, y que para eso tiene un consejo de ministros de hombres jóvenes que yo sé que están poseídos de un entusiasmo, que tengo la seguridad de que van a cambiar a la República, tengo la seguridad (APLAUSOS PROLONGADOS). Además porque hay un Presidente que está seguro en el poder, que no lo amenaza ningún peligro, porque los peligros de que yo hablaba, no eran los peligros de que el régimen sufriera algún peligro de ser derrocado, son a mil leguas de distancia de eso; yo hablaba del peligro de que se derramara una sola gota de sangre más. Pero el Presidente de la República está consolidado, reconocido ya por todas las naciones —no todas, pero rápidamente lo están reconociendo todas las naciones del mundo—, y cuenta con el respaldo del pueblo y con el respaldo de nosotros, con el respaldo de las fuerzas revolucionarias; y respaldo verdadero, y respaldo sin condiciones, respaldo sin pedir ni reclamar nada, porque aquí hemos luchado por los fueros del poder civil, y lo vamos a demostrar, que para nosotros los principios están por encima de toda otra consideración y que no luchamos por ambiciones.

Creo que hemos demostrado suficientemente haber luchado sin ambiciones. Creo que ningún cubano albergue sobre ello la menor duda.

Así que ahora todos tenemos que trabajar mucho. Yo, por mi parte, estoy dispuesto a hacer todo lo más que se pueda en beneficio del país, como sé que están todos mis compañeros, como sé que está el Presidente de la República y como sé que están todos los ministros, que no van a descansar. Y yo les aseguro que si hoy sale uno de Cuba y regresa dentro de dos años, no va a conocer esta República.

Veo un extraordinario espíritu de colaboración en todo el pueblo, veo a la prensa, a los periodistas, a todos los sectores del país, deseosos de ayudar, y eso es lo que hace falta. Y es que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y en estos siete años ha aprendido por setenta. Se dijo que el golpe de Estado había sido un retraso de veinticinco años; si fue así —y aquello era de verdad un retraso de veinticinco años—, ahora hemos dado un avance de cincuenta. La República está desconocida: nada de politiquería, nada de vicio, nada de juego, nada de robo. Hemos empezado hace unos días, y ya está casi desconocida la República.

Ahora nos queda un trabajo grande por hacer. Todos los problemas relacionados con las fuerzas armadas, son problemas que estarán relacionados con nuestras futuras actividades, pero, además, siempre haremos todo lo que esté al alcance de nuestras manos por todo el pueblo, porque yo no soy militar profesional, ni de carrera, ni mucho menos; yo estaré aquí el tiempo mínimo, y cuando termine aquí voy a hacer otras cosas porque, sinceramente, yo no voy a hacer falta aquí en esto (EXCLAMACIONES). Me refiero a que no voy a hacer falta dentro de las actividades de tipo militar, y que tengo otras ilusiones, de otras clases. Y eso mismo, entre otras cosas: el día que quiera tirar tiros, pelear, cimentar una inquietud, hay mucho campo aquí donde hacer las cosas (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE: “¡Hay que fomentar fuentes de trabajo!”) Si no resolvemos todos esos problemas, esta no sería una revolución, compañeros, porque creo que el problema fundamental de la República en estos momentos, y lo que dentro de poco estará necesitando el pueblo, cuando pase la alegría del triunfo, es trabajo, la manera de ganarse la vida decorosamente (APLAUSOS).

Pero no es eso solo, compañeros; hay mil cosas más de las cuales yo he estado hablando todos estos días, que imagino que ustedes, el que más y el que menos, habrá escuchado por la radio y por la prensa, y además, porque no vamos a agotar todos los temas en una sola noche.

Vamos a quedarnos pensando en estos problemas de los que les he hablado hoy, y vamos a concluir la larga jornada —que aunque yo no estoy cansado, sé que ustedes tienen que regresar a las casas y están lejos. (EXCLAMACIONES DE: “¡No importa!”, “¡Sigue!”)

Yo tenía el compromiso de ir al programa “Ante la Prensa” esta noche a las 10:30 o a la hora que fuera, y ya es la 1:30 (EXCLAMACIONES DE: “¡Mañana!”) Bueno, lo dejaré para mañana.

Ustedes tendrán oportunidad de escuchar por la prensa, por la radio y por todos los medios posibles, a los ministros.

Todos los amigos míos de tanto tiempo, de dondequiera han venido: de la escuela, del barrio. Casi estoy por decirles que conozco ya a todos los cubanos...

Y decía que tendrán oportunidad de oír a los ministros, cada uno de los cuales tiene sus planes y expondrán su programa; y cada uno de los hombres que está en el consejo de ministros está grandemente compenetrado con todos los demás elementos revolucionarios.

El Presidente de la República, con el derecho que le corresponde —porque se eligió sin condiciones—, ha elegido una mayoría de ministros del Movimiento 26 de Julio. Tenía su derecho, y al pedir nuestra colaboración, la ha tenido plenamente, y nos responsabilizamos con ese Gobierno Revolucionario.

Lo que yo he dicho en otra parte: nadie vaya a creer que las cosas se van a resolver de la noche a la mañana. La guerra no se ganó en un día, ni en dos, ni en tres, y hubo que luchar duro; la Revolución tampoco se ganará en un día, ni se hará todo lo que se va a hacer en un día. Además, le he dicho al pueblo en otros actos que no se vayan a creer que esos ministros son unos sabios —empiezo por decirles que ninguno ha sido ministro antes, o casi ninguno. Así que nadie sabe ser ministro, eso es una cosa nueva para ellos; lo que están es llenos de buenas intenciones. Y yo digo en esto, igual que digo de los comandantes rebeldes: miren, el comandante Camilo Cienfuegos no sabía de guerra, ni de manejar un arma, absolutamente nada. El Che no sabía nada; cuando conocí al Che en México se dedicaba a disecar conejos y hacer investigaciones médicas. Raúl tampoco sabía nada; Efigenio Ameijeiras tampoco sabía nada; y al principio no sabían nada de guerra, y al final se les podía decir, como les dije: “Comandante, avance sobre Columbia, y tómela”; “Comandante, avance sobre La Cabaña, y tómela”; “Avance sobre Santiago, y tómelo”, y yo sabía que lo tomaban... (APLAUSOS PROLONGADOS). ¿Por qué? Porque habían aprendido.

Es posible que los ministros ahora no tengan grandes aciertos, pero estoy seguro de que dentro de unos meses van a saber resolver todos los problemas que les presente el pueblo, porque tienen lo más importante: el deseo de acertar y de ayudar al pueblo; y, sobre todo, estoy seguro de que ni uno solo, jamás, cometerá una de las faltas clásicas de los ministros. ¿Ustedes saben cuál es, no? (EXCLAMACIONES DE: “¡Robar!”, “¡Robar!”) ¡Ah!, ¿cómo lo saben?

Pues, sobre todo, eso: la moral, la honradez de esos compañeros. No serán sabios, porque aquí nadie es sabio, pero sí les aseguro que hay honrados de sobra, que es lo que se está pidiendo. ¿No es lo que ha estado pidiendo el pueblo siempre, un gobierno honrado? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Entonces, vamos a darles un voto de confianza, vamos a dárselo, vamos a esperar (EXCLAMACIONES). Sí, son del “26” la mayoría, pero si no sirven, después vendrán los del 27, o los del 28. Ya sabemos que hay mucha gente capacitada en Cuba, pero todos no pueden ser ministros. ¿O es que acaso el “26 de Julio” no tiene derecho a hacer un ensayo de gobernar la República? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).

Así que eso es todo por hoy. Realmente, nada más me falta algo... Si supieran, que cuando me reúno con el pueblo se me quita el sueño, el hambre; todo se me quita. ¿A ustedes también se les quita el sueño, verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!)

Lo importante, o lo que me hace falta por decirles, es que yo creo que los actos del pueblo de La Habana hoy, las concentraciones multitudinarias de hoy, esa muchedumbre de kilómetros de largo —porque esto ha sido asombroso, ustedes lo vieron; saldrá en las películas, en las fotografías—, yo creo que, sinceramente, ha sido una exageración del pueblo, porque es mucho más de lo que nosotros merecemos (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!

(OVACION.)
VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO

Fuente: www.fidelcastro.cu

martes, 31 de diciembre de 2019

"MANIFIESTO PARA EL MUNDO DE LA CULTURA", DE LULA DA SILVA

Manifiesto para el mundo de la cultura

Luiz Inácio Lula da Silva
En primer lugar, quiero agradecer a cada uno y cada una de ustedes, los artistas que se movilizaron de todas la maneras posible para que hoy pudiera estar de vuelta en contacto con el pueblo brasileño
 Mi eterna gratitud a los trabajadores de la cultura, desde los más famosos hasta los más anónimos, como también a los intelectuales comprometidos con la construcción de un Brasil mejor. Otra vez prestaron su arte y su oficio a una causa justa, como tantas otras veces lo hicieron en nuestra historia.
Soy consciente de que su lucha no fue solo por la libertad de Lula. Su lucha fue, y siempre será, por la Libertad, que en la definición de Cecilia Meireles “el sueño humano alimenta, y no hay nadie que explique y nadie que no entienda”.

La democracia tiene una deuda impagable con los artistas de este país. He sido testigo de su resistencia a la dictadura implantada por el golpe de estado civico militar de 1964 y el infame AI-5 (Acto institucional N° 5), que el gobierno actual habla de resucitar. Estuvimos juntos en las inolvidables campañas por la amnistía y las Directas Ya.

Unimos nuestras fuerzas en el intento de detener el golpe contra el presidente Dilma. Todos y cada uno dio una buena batalla, pero hoy quiero resaltar el nombre de un artista que hizo de su canto la canción del pueblo brasileño, y que seguramente estaría aquí con nosotros, como siempre estuvo cuando era necesario: nuestra querida y añorada Beth Carvalho .

Hoy acompaño, con inmensa admiración, la lucha que dan diariamente contra el surgimiento del fascismo en Brasil. Cada pelea tiene un precio, y ustedes la están pagando caro con la extinción del Ministerio de Cultura, la reducción brutal de los recursos para el área, la destrucción de programas que hicieron que la cultura fuera accesible para sectores diversos de la población brasileña y también con el regreso de censura, este monstruo que creíamos extinguido en nuestro país.

Doce meses después de su asunción ya se puede decir que este gobierno está tratando de implementar un proyecto que destruya la rica y diversa cultura brasileña.

Fabio Porchat dijo recientemente que “Bolsonaro no gobierna, se venga”. Tengan la certeza de que el intento de desmantelar la cultura promovida por el gobierno actual es, en primer lugar, una venganza contra todos y cada uno de ustedes, que se atrevieron a cantar, escribir, actuar, filmar, pintar, bailar y gritar “Ele Nao” (“Él no”)

También es venganza contra todo lo que la cultura representa para el ser humano, y eso es precisamente lo que este gobierno más odia y teme.

La cultura es vida, y el gobierno actual vive de promover la muerte al insistir en poner las armas de fuego en manos de la población, liberar indiscriminadamente el uso de agrotóxicos, estímular la devastación ambiental, fomentar el desempleo que lleva a millones a la desesperación y naturalizar el asesinato de mujeres, negros, indígenas y LGBTs.

La cultura es liberación, y el gobierno de Bolsonaro está en contra de todas las formas de libertad, de pensamiento y de expresión. La libertad que defiende este gobierno es la libertad de los millonarios para hacerse cada vez más ricos con la quita de los derechos de los trabajadores y la destrucción de la Seguridad Social.

La libertad que defiende este gobierno es la libertad de exterminio de la juventud negra, que Moro intentó legalizar con el pomposo nombre de “ilícito excluyente”, que no es más que la licencia para elegir el objetivo de la condena de acuerdo con el domicilio o el color de la piel.

Solo el arraigado racismo institucional brasileño, el desprecio más profundo por las vidas de los negros, y la criminalización de la cultura de la periferia pueden explicar la masacre de nueve jóvenes que abandonaron sus hogares para divertirse en un baile, en Paraisópolis; o de tantos otros hombres y mujeres jóvenes que son asesinados diariamente en las comunidades de Rio y en todo Brasil.

Este país carga con la vergüenza de haber criminalizado en el pasado el Samba y la Capoeira, que fueron tratadas como cuestiones policiales, al igual que hoy criminaliza expresiones artísticas populares como el funk y el graffiti.

La élite brasileña siempre ha dado la espalda a la inmensa riqueza cultural que ha brotado y continúa surgiendo de las periferias de este país. Ignora todo lo que pudo el genio de Cartola, doña Ivone Lara, Elza Soares, Lia de Itamaracá, Clementina y Carolina de Jesús. Se niega a escuchar las nuevas voces, especialmente negras, de indignación y afirmación que hoy se manifiestan en el ritmo del rap y en los slams de poesía que se consolidan en todo el país.

Nosotros, por el contrario, siempre creímos e invertimos en la diversidad cultural brasileña. Tuve el honor de tener dos ministros de la talla de Gilberto Gil y Juca Ferreira. Nosotros vemos la cultura en tres dimensiones: como un derecho de todos los brasileños, como un promotor del desarrollo social y económico, y como una expresión de la rica y diversa identidad brasileña.

Asumimos, y cumplimos, el compromiso de combatir la exclusión cultural de millones de brasileños. Garantizamos la participación de artistas, gestores, productores y toda la sociedad en la formulación y gestión de políticas culturales.

Nunca le pedimos un certificado ideológico a ningún artista.

Multiplicamos el presupuesto del área por cinco. Fue de solo R$ 770 millones en 2002 y alcanzamos R$ 4 mil millones en 2015.

Creamos el programa Cultura Viva, que identificó e invirtió en alrededor de 4.500 sitios culturales, apoyando las expresiones artísticas más diversas, ya sea en las afueras de las grandes ciudades o en comunidades distantes, indígenas y quilombolas.

Creamos el Sistema Nacional de Cultura, basado en la articulación del gobierno federal con los estados y municipios para construir planes, consejos, conferencias y fondos de cultura.

Creamos el Plan Nacional del Libro y la Lectura, implementando acciones como la formación de mediadores de lectura y la instalación de bibliotecas públicas en cada municipio brasileño.

Creamos el Instituto Brasileiro de Museus –Ibram-  para cuidar los museos. Desarrollamos el PAC de ciudades históricas para defender el patrimonio histórico nacional.

Creamos Vale Cultura, para que el trabajador tuviera también derecho a alimentar su espíritu, comprar libros y entradas para el cine, teatro y conciertos, entre otros bienes culturales. Porque, como dice la canción de los Titãs, “La gente no  solo quiere comida, la gente quiere comida, diversión y arte”.

Hemos creado una política eficiente y exitosa para el audiovisual brasileño, apoyando desde la producción hasta la proyección de películas y series de televisión, contando historias de Brasil al mundo y generando miles de empleos.

Financiamos nada menos que 306 largometrajes y 433 series o telefilms. Promovimos el talento y la cultura de nuestro país sin ningún tipo de censura o filtro ideológico. Por cierto, quien más se benefició de esos mecanismos de fomento audiovisual fue la Globo, sin reconocer jamás que fueron creados en los gobiernos del PT.

El audiovisual sufre ahora el destrato de este gobierno. El talento inagotable de nuestros cineastas continúa produciendo buenas noticias, como el reconocimiento internacional de “La vida invisible de Eurídice Gusmão”, el éxito de “Bacurau” tanto en Brasil como en el extranjero, y la preselección de “Democracia em Vertigem”” para los Premios Oscar al Mejor documental. Sin embargo miles de trabajadores altamente calificados son víctimas del intento de desmantelar un sector vital para la economía y para la construcción de la identidad brasileña.

Enemigo de la diversidad, el gobierno actual trata de censurar la producción y difusión de obras cuyos temas no están en consonancia con el conservadurismo hipócrita que predica.

Inventa todo tipo de dificultades para el lanzamiento de la película “Marighella”, que cuenta un capítulo importante de nuestra historia y hasta el día de hoy no ha podido estrenarse en nuestro país.
Mandaron a arrancar carteles de películas brasileñas de la sede de Ancine, en una absurda muestra de odio contra las obras de arte que nuestro cine ha producido a lo largo de la historia.

Incluso llegó a insultar a una de las mayores artistas de nuestro país, ignorando el hecho de que Fernanda Montenegro mirando 30 segundos a una cámara hizo mucho más por Brasil que Bolsonaro en 30 años sentado en la banca de diputado.

Llenando al país de vergüenza ante los ojos del mundo, Bolsonaro tomó la increíble decisión de no firmar junto con el Presidente de Portugal el diploma otorgado a Chico Buarque al ser reconocido con el Premio Camões, el más importante otorgado a un autor de habla portuguesa.

No satisfecho con su intención de herir el alma del pueblo brasileño, ofendió a algunos de nuestros artistas más queridos, como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Martinho da Vila y muchos otros.

Tales actitudes autoritarias no dejan dudas de que este gobierno invierte las cosas. Convoca para cuidar la cultura de los enemigos de la cultura. Para cuidar el medio ambiente, a los enemigos del medio ambiente. Para cuidar las relaciones exteriores, los enemigos de la diplomacia. Para cuidar la educación, los enemigos de la educación, especialmente de las universidades, estas fuentes de conocimiento extraordinarias e inagotables.

Nombra machistas para encargarse de las políticas para las mujeres y racistas para dirigir la fundación que tiene como objetivo promover los valores culturales, sociales y económicos derivados de la influencia negra en la formación de la sociedad brasileña.

Instituciones queridas para nuestra memoria, como la Casa de Rui Barbosa, una herencia nacional con 90 años de historia, son entregadas a representantes de la derecha más atrasada y fundamentalista que Brasil haya conocido.

Son enemigos de todo lo que es bueno en este país. Son solo amigos de ellos mismos. Y ni siquiera eso, porque no dejan de pelear entre ellos, maldiciéndose, denunciando las estafas uno del otro.
El odio que sienten por el pueblo brasileño hizo que yo pasase 580 días encarcelado como preso político, por un crimen que hasta mi más feroz adversario sabe que no cometí. En estos casi 600 días, sentí en la piel la importancia de la cultura en la vida de un ser humano.

Yo renovaba mi fuerza al escuchar los “Buenos días, Buenas tardes, Buenas noches Presidente Lula” que los compañeros de la Vigilia Lula Libre me cantaban todos los días. Pero hubo momentos de silencio. Y en el silencio, como enseña Guimarães Rosa, ” somos realmente nosotros “. Y el silencio en la prisión resuena aún más fuerte dentro nuestro.

Entonces yo leía para mantener alejado el silencio y la soledad. Leía para aprender, para salir de allí mejor de lo que entré. Leí para ser libre. Porque cuando vuelas con las alas de un libro, cuando tienes un arma en la mano tan poderosa como una obra de arte, no hay una celda o pared que pueda atarte.

Quiero que sepan que siempre estaré al lado de ustedes. Me siento parte de la valiente resistencia que ustedes, cineastas, músicos, dramaturgos, artistas visuales, escritores, actores y actrices, personas de todas las artes, sostienen contra esta verdadera organización para la destrucción.

Es necesario recordar que la censura impuesta por el gobierno actual no es solo sobre la cultura. También es el conocimiento, lo que explica el ataque permanente a las universidades. Es una censura sobre la ciencia, como fue explícito en la renuncia del presidente del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales –Inpe-, Ricardo Galvão, quien demostró con base en datos sólidos el tremendo avance de la deforestación en la Amazonía.

Aprovecho para felicitar a Ricardo Galvão, quien fue elegido la semana pasada por la revista británica Nature como una de las diez personas más destacadas de la ciencia en el mundo.

Por lo tanto, no se rindan, no bajen la cabeza, no se desanimen. Estamos juntos. Un país que le ha dado al mundo el Samba, el Cinema Novo, la Bossa Nova, la Tropicália, el Teatro del Oprimido y la arquitectura de Oscar Niemeyer nunca estará de rodillas.

Como en la Alemania nazi, quieren destruir a Brasil comenzando por la cultura. No lo permitiremos. Resistámos, como hemos resistido a otras pesadillas. Me tomo de la mano con todos ustedes para defender juntos el legado de la música, el cine, el teatro, la literatura y todas las expresiones artísticas de este país.

Antes de concluir, me gustaría agradecer especialmente a los intelectuales brasileños, honrando a uno de los mejores pensadores que este país ha tenido y que hoy es venerado en todo el mundo. Paulo Freire nos dejó hace mucho tiempo, pero sus ideas revolucionarias y amorosas para la educación y la construcción de un mundo mejor continúan iluminando nuestros caminos, haciendo perder el sueño a aquellos que en el siglo XXI todavía creen que la tierra es plana.

Contra el odio al arte y al conocimiento, nosotros estamos armados con las luces de la civilización. Estoy convencido, mis amigas y mis amigos: una vez más, nosotros venceremos. Cuentan conmigo.

Viva la Cultura. Y viva la Libertad.

Taducción: Nodal Cultura.

Fuente (del original): https://lula.com.br/leia-a-integra-do-manifesto-de-lula-a-cultura/?fbclid=IwAR283CA4wJF1Kxk7Z9oNe0K7Mcf1eJNDxKmdlFfw9mD43ecZI4_hV9E62lU

lunes, 30 de diciembre de 2019

97 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA URSS


"LA UNIÓN YA ES UN HECHO", TITULABA EL DIARIO ARMENIA SOVIÉTICA, CUANDO LA REPÚBLICA SE INCORPORABA A LA URSS

Así titulaba en su portada el domingo 7 de enero de 1923 el diario "Jorhrtaín Haiastán" (Armenia Soviética) el articulo dedicado a la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El 29 de Noviembre de 1920, Armenia se declaraba República Socialista Soviética. El 12 de marzo de 1922, junto a las repúblicas vecinas de Azerbaiyán y Georgia conforman la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia.

El 28 de diciembre del mismo año, durante una conferencia donde participan representantes de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, de la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia, de la República Socialista Soviética de Ucrania y de la República Socialista Soviética de Bielorrusia, se aprobó el Tratado de Creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la Declaración de la Creación de la URSS, formándose la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Ambos documentos fueron confirmados por el primer Congreso de los Sóviets de la Unión Soviética y firmados por los jefes de las respectivas delegaciones el 30 de diciembre de 1922.

Fuente: La Voz Armenia