miércoles, 21 de agosto de 2024

"CARTA A LOS OBREROS ESTADOUNIDENSES", DE V.I. LENIN, DE 20 DE AGOSTO DE 1918

V.I. Lenin, «A Letter to American workingmen» (1918)

Camaradas: Un bolchevique ruso, que tomó parte en la revolución de 1905 y que después ha pasado muchos años en vuestro país, se ha ofrecido para haceros llegar mi carta. He aceptado su ofrecimiento con tanto mayor placer, por cuanto los proletarios revolucionarios norteamericanos están llamados a desempeñar precisamente ahora un papel de singular importancia como enemigos inconciliables del imperialismo norteamericano, el más lozano, el más fuerte, el último que se ha incorporado a la matanza mundial de pueblos organizada por el reparto de los beneficios entre los capitalistas. Precisamente ahora, los multimillonarios norteamericanos, esos esclavistas contemporáneos, han abierto una página particularmente trágica en la sangrienta historia del sangriento imperialismo al dar su aprobación -directa o indirecta, abierta o velada por la hipocresía, es igual- a la intervención armada emprendida por las fieras anglo-japonesas para estrangular a la primera república socialista.

La historia de la Norteamérica moderna, de la Norteamérica civilizada, comienza con una de las grandes guerras verdaderamente liberadoras y revolucionarias, tan escasas frente a la multitud de guerras de rapiña provocadas, a semejanza de la actual guerra imperialista, por las peleas entre los reyes, los terratenientes y los capitalistas en torno al reparto de las tierras usurpadas o de las ganancias obtenidas como fruto del pillaje. Fue una guerra del pueblo norteamericano contra los bandidos ingleses, que oprimían a Norteamérica y la tenían sometida a un régimen de esclavitud colonial, lo mismo que esos vampiros "civilizados" siguen oprimiendo hoy y manteniendo en esclavitud colonial a centenares de millones de personas en la India, en Egipto y en todos los confines del mundo.

Han transcurrido desde entonces unos 150 años. La civilización burguesa ha dado todos sus espléndidos frutos. Norteamérica se ha puesto a la cabeza de los países libres y cultos en cuanto al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo humano asociado, al empleo de la maquinaria y de todas las maravillas de la técnica moderna. Norteamérica se ha convertido, a la vez, en uno de los países donde es más profundo el abismo entre un puñado de multimillonarios insolentes, sumidos en el fango y en el lujo, y los millones de trabajadores que viven siempre al borde de la miseria. El pueblo norteamericano, que dio al mundo un modelo de guerra revolucionaria contra la esclavitud feudal, ha caído en la moderna esclavitud capitalista, en la esclavitud asalariada impuesta por un puñado de multimillonarios, y se ha visto obligado a desempeñar el papel de verdugo mercenario, que estranguló, en beneficio de la opulenta canalla, a las Filipinas en 1898 so pretexto de "liberarlas", y que en 1918 estrangula a la República Socialista de Rusia so pretexto de "defenderla" de los alemanes.

Pero los cuatro años de matanza imperialista de pueblos no han pasado en vano. El engaño del pueblo por los miserables que forman los dos grupos de bandidos, tanto el grupo inglés como el alemán, ha sido desenmascarado plenamente por hechos incontrovertibles y evidentes. Los resultados de los cuatro años de guerra han mostrado la ley general del capitalismo aplicada a la guerra entre los bandidos por el reparto del botín: los más ricos, los más fuertes, se han enriquecido y han expoliado más que nadie; los más débiles han sido despojados, torturados, oprimidos y estrangulados sin contemplaciones.

Los bandidos del imperialismo inglés eran los más fuertes por el número de "esclavos coloniales". Los capitalistas ingleses no han perdido ni una pulgada de "sus" tierras (es decir, de las tierras reunidas por ellos durante siglos como fruto del pillaje) y se han apoderado de todas las colonias alemanas de África, se han adueñado de Mesopotamia y de Palestina, han estrangulado a Grecia y han comenzado el saqueo de Rusia. Los bandidos del imperialismo alemán eran los más fuertes por la organización y la disciplina de "sus" tropas, pero más débiles en colonias. Han perdido todas las colonias, pero han saqueado a media Europa, han estrangulado el mayor número de países pequeños y de pueblos débiles. ¡Qué gran guerra "liberadora" por ambas partes! ¡Qué bien "defendían la patria" los bandidos de ambos grupos, los capitalistas anglo-franceses y alemanes con sus lacayos, los socialchovinistas, es decir, los socialistas que se pasaron al lado de "su" burguesía! Los multimillonarios norteamericanos eran, probablemente, los más ricos de todos y los que se encontraban en la situación geográfica más segura.

Se han enriquecido más que nadie; han convertido en tributarios suyos a todos los países, incluso a los más ricos; han reunido como fruto del pillaje centenares de miles de millones de dólares. Y en cada dólar se ven huellas de lodo, las huellas de los sucios acuerdos secretos entre Inglaterra y sus "aliados", entre Alemania y sus vasallos; de los acuerdos sobre el reparto del botín expoliado; de los acuerdos de "ayuda" mutua para oprimir a los obreros y perseguir a los socialistas internacionalistas. En cada dólar hay huellas del lodo de los "ventajosos" suministros militares que enriquecían aún más en cada país a los ricos y arruinaban más aún a los pobres. En cada dólar hay manchas de sangre, de la sangre que vertieron a mares los diez millones de muertos y los veinte millones de mutilados durante esa magna y noble lucha, durante esa lucha liberadora y sagrada en que se ventilaba cuál de los dos bandidos, el inglés o el alemán, habría de obtener mayor botín, cuál de los dos verdugos, el inglés o el alemán, sería el que más pueblos débiles estrangulase en todo el mundo.

Si los bandidos alemanes han batido la marca por la ferocidad de sus represiones militares, los bandidos ingleses lo han batido no sólo por la cantidad de colonias expoliadas, sino también por el refinamiento de su repugnante hipocresía. Precisamente ahora, la prensa capitalista anglofrancesa y norteamericana difunde mentiras y calumnias sobre Rusia en millones y millones de ejemplares, tratando de justificar con falacia su cruzada ladronesca contra ella, alegando la supuesta intención de "defenderla" de los alemanes. Para desmentir esta infame y vil mentira no hacen falta muchas palabras: basta mencionar un hecho de todos conocido. Cuando los obreros de Rusia derrocaron el gobierno imperialista de su país en octubre de 1917, el Poder soviético, el poder de los obreros y campesinos revolucionarios propuso abiertamente a todos los países beligerantes una paz justa, una paz sin anexiones ni contribuciones, una paz basada en la plena igualdad de derechos de todas las naciones.

¡Fueron precisamente la burguesía anglo-francesa y la burguesía norteamericana las que rechazaron nuestra propuesta; precisamente esas burguesías rehusaron incluso tratar con nosotros sobre la paz general! ¡Esas burguesías precisamente traicionaron los intereses de todos los pueblos; ellas precisamente han hecho que se prolongue la matanza imperialista! Fueron ellas precisamente las que, especulando con la posibilidad de arrastrar de nuevo a Rusia a la guerra imperialista, rehusaron participar en las negociaciones de paz, dejando así las manos libres a otros bandidos capitalistas del mismo jaez, a los de Alemania, ¡que impusieron a Rusia por la fuerza la paz anexionista de Brest!

Es difícil imaginarse una hipocresía más repugnante: la burguesía anglo-francesa y la burguesía norteamericana nos echan la "culpa" de la paz de Brest ¡y son precisamente los capitalistas de esos países, de quienes dependía convertir las negociaciones de Brest en negociaciones generales de una paz universal, los que hacen de "acusadores" nuestros! Los buitres del imperialismo anglo-francés, enriquecidos con el saqueo de las colonias y con la matanza de pueblos, prosiguen la guerra casi un año después de Brest; y son ellos quienes nos "acusan" a nosotros, a los bolcheviques, que hemos propuesto a todos los países una paz justa, a nosotros, que hemos roto, que hemos publicado y estigmatizado ante todo el mundo los criminales tratados entre el ex zar y los capitalistas anglo-franceses.

Los obreros de todo el mundo, cualquiera que sea el país en que vivan, se congratulan y simpatizan con nosotros, nos aplauden por haber roto las férreas argollas de los vínculos imperialistas, de los sucios tratados imperialistas, de las cadenas imperialistas; por haber logrado la libertad aun a costa de los mayores sacrificios; porque, como república socialista que somos, aunque martirizada y saqueada por los imperialistas, hemos quedado fuera de la guerra imperialista y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de la paz, la bandera del socialismo.

No es extraño que la pandilla de imperialistas internacionales nos odie por ello, nos "acuse", que todos los lacayos de los imperialistas, sin exceptuar a nuestros eseristas de derecha ni a nuestros mencheviques, nos "acusen" también. El odio que estos perros de presa del imperialismo, lo mismo que la simpatía que los obreros conscientes de todos los países nos tienen a los bolcheviques, nos infunde mayor seguridad aún en la justedad de nuestra causa. No es socialista quien no comprenda que en aras de la victoria sobre la burguesía, en aras del paso del poder a manos de los obreros, en aras del comienzo de la revolución proletaria internacional no se puede ni se debe retroceder ante ningún sacrificio, ni siquiera ante el sacrificio de una parte del territorio, ante el sacrificio de sufrir penosas derrotas de manos del imperialismo. No es socialista quien no haya demostrado con hechos que está dispuesto a que "su" patria haga los mayores sacrificios para impulsar de verdad la causa de la revolución socialista.

En aras de "su" causa, es decir, en aras de la conquista del dominio mundial, los imperialistas de Inglaterra y de Alemania no han vacilado en arruinar por completo y en estrangular a toda una serie de países, comenzando por Bélgica y Serbia y siguiendo por Palestina y Mesopotamia. y los socialistas, en aras de "su" causa, en aras de la liberación de los trabajadores de todo el mundo del yugo del capital, en aras de la conquista de una paz universal duradera, ¿deberán esperar que se encuentre un camino que no exija sacrificios, deberán precaverse de comenzar el Carta a los obreros norteamericanos combate antes de que esté "garantizado" un triunfo fácil, deberán poner la seguridad y la integridad de "su patria" -creada por la burguesía- por encima de los intereses de la revolución socialista mundial? Los bellacos del socialismo internacional y los lacayos de la moral burguesa que piensen así merecen el más profundo desprecio.

Las fieras voraces del imperialismo anglo-francés y norteamericano nos "acusan" de que tenemos un "convenio" con el imperialismo alemán. ¡Qué hipócritas! ¡Qué miserables! ¡Calumnian al gobierno obrero, temblando de miedo ante la simpatía que por nosotros sienten los obreros de "sus" propios países! Pero su hipocresía será desenmascarada. Fingen no comprender la diferencia existente entre un convenio de los "socialistas" con la burguesía (la propia y la extranjera) contra los obreros, contra los trabajadores, y un convenio para la defensa de los obreros triunfantes sobre su burguesía, un convenio con la burguesía de un color contra la burguesía de otro color nacional a fin de que el proletariado aproveche las contradicciones entre los diferentes grupos de la burguesía.

En realidad, cualquier europeo conoce a la perfección esa diferencia, y el pueblo norteamericano, como lo demostraré ahora, la ha "vivido" en su propia historia de modo bien palpable. Hay convenios y convenios, hay fagots et fagots (casos y casos), como dicen los franceses. En febrero de 1918, cuando las fieras voraces del imperialismo alemán lanzaron sus tropas contra la Rusia inerme, que había desmovilizado su ejército, confiada en la solidaridad proletaria internacional, antes de que madurara plenamente la revolución mundial, no vacilé lo más mínimo en concertar cierto "convenio" con los monárquicos franceses. El capitán francés Sadoul, que de palabra simpatizaba con los bolcheviques, mientras de hecho servía en cuerpo y alma al imperialismo francés, me presentó al oficial francés de Lubersac. "Yo soy monárquico -me confesó de Lubersac-. Mi único objetivo es la derrota de Alemania". Se sobrentiende, le contesté (cela va sans dire). Ello no me impidió en absoluto "convenir" con de Lubersac en cuanto a los servicios que los oficiales franceses especializados en voladuras estaban dispuestos a prestarnos para volar las vías férreas y obstaculizar así la invasión de los alemanes. Fue un modelo de "convenio" que aprobará todo obrero consciente, un convenio en provecho del socialismo. Un monárquico francés y yo nos estrechamos la mano sabiendo que cada cual colgaría gustoso a su "consocio". Pero nuestros intereses coincidían temporalmente. Nosotros aprovechamos intereses opuestos, igualmente de fieras, de otros imperialistas, en beneficio de la revolución socialista rusa y de la revolución socialista mundial, contra las fieras alemanas que nos atacaban. Así servíamos a los intereses de la clase obrera de Rusia y de otros países; reforzábamos al proletariado y debilitábamos a la burguesía del mundo entero; empleábamos medios archilegítimos e imprescindibles en toda guerra: la maniobra, la estratagema, el repliegue en espera del momento en que sazone la revolución proletaria que va madurando rápidamente en varios países avanzados.

Y por mucho que vociferen de rabia los tiburones del imperialismo anglo-francés y norteamericano, por mucho que nos calumnien, por muchos millones que gasten en sobornar a los periódicos eseristas de derecha, mencheviques y demás socialpatrioteros, yo no dudaré un solo instante en concertar un "convenio" idéntico con las fieras voraces del imperialismo alemán, en el caso de que el ataque de las tropas anglo-francesas a Rusia lo haga necesario. Y yo sé muy bien que el proletariado consciente de Rusia, de Alemania, de Francia, de Inglaterra, de los Estados Unidos, en una palabra, de todo el mundo civilizado aprobará mi táctica. Semejante táctica facilitará la revolución socialista, acelerará su advenimiento, debilitará a la burguesía internacional, reforzará las posiciones de la clase obrera en su victoriosa lucha contra aquélla.

El pueblo norteamericano hace ya tiempo que empleó con éxito para la revolución esa táctica. Cuando hizo su gran guerra de liberación contra los opresores ingleses, tuvo también que enfrentarse con los opresores franceses y españoles, en cuyas manos se hallaba una parte del actual territorio de los Estados Unidos de Norteamérica. También el pueblo norteamericano, en su difícil guerra de liberación, concertó con unos opresores "convenios" dirigidos contra otros opresores para debilitar a los opresores y reforzar a los que desplegaban una lucha revolucionaria contra la opresión, en beneficio de las masas oprimidas. El pueblo norteamericano aprovechó las discordias entre franceses, españoles e ingleses; se batió en ocasiones incluso al lado de las tropas de los opresores franceses y españoles contra los opresores ingleses; venció primero a los ingleses y después se redimió (en parte, mediante rescates) de los franceses y españoles.

La obra de la historia no es una acera de la Avenida Nevski, decía el gran revolucionario ruso Chernyshevski. Quien "admite" la revolución proletaria sólo "a condición" de que transcurra lisa y llanamente, de que actúen de consuno los proletarios de distintos países, de que exista una garantía contra las derrotas, de que el camino de la revolución sea ancho, recto y esté despejado, de que para vencer no haya necesidad de pasar a veces por los más penosos sacrificios, de "permanecer en una fortaleza sitiada" o abrirse camino por las más tortuosas, angostas, impracticables y peligrosas veredas montañosas, ése ni es revolucionario ni se ha despojado de la pedantería intelectual burguesa y, de hecho, se deslizará siempre al campo de la burguesía contrarrevolucionaria, como les ocurre a nuestros eseristas de derecha, a nuestros mencheviques e incluso (aunque con menos frecuencia) a nuestros eseristas de izquierda.

A esos señores les agrada culparnos, repitiendo palabras de la burguesía, de ser los causantes del "caos" de la revolución, de la "destrucción" de la industria, del paro y del hambre. ¡Qué hipócritas son estas acusaciones en boca de quienes aplaudieron y apoyaron la guerra imperialista o "convenido" con Kerenski para que la guerra continuase! Precisamente la guerra imperialista es la culpable de todos estos desastres. Una revolución originada por la guerra no puede menos de pasar por dificultades y tormentos increíbles, recibidos en herencia de esa reaccionaria matanza devastadora de pueblos que dura ya varios años. Acusarnos de "destrucción" de la industria o de "terror" es dar prueba de hipocresía o mostrar una pedantería obtusa, mostrar incapacidad de comprender las condiciones fundamentales de esa rabiosa y exacerbada hasta el extremo lucha de las clases que se llama revolución.

En el fondo, si los "acusadores" de este jaez llegan a "reconocer" la lucha de las clases, se limitan a reconocerla de palabra; pero de hecho caen siempre en la utopía pequeñoburguesa de la "conciliación" y de la "colaboración" de las clases. La lucha de las clases, en períodos de revolución, ha tomado siempre y en todos los países, indefectible e inevitablemente, la forma de guerra civil. Y la guerra civil es inconcebible sin las más crueles destrucciones, sin terror ni restricción de la democracia formal en provecho de la guerra. Sólo unos curas almibarados, tanto da que lleven sotana o que sean "legos", como los socialistas de salón y de tribuna parlamentaria, pueden no ver, ni comprender, ni palpar esta necesidad. Sólo unos "hombres enfundados" sin vida pueden ser capaces de apartarse de la revolución por este motivo, en lugar de lanzarse al combate con toda vehemencia y resolución en el momento en que la historia exige que la lucha y la guerra decidan los más grandes problemas de la humanidad.

El pueblo norteamericano tiene una tradición revolucionaria, recogida por los mejores representantes del proletariado estadounidense, quienes nos han expresado en reiteradas ocasiones su completa adhesión a nosotros, los bolcheviques. Esa tradición ha sido creada por la guerra de liberación contra los ingleses en el siglo XVIII y, más tarde, por la guerra civil en el siglo XIX. En cierto sentido, si se tiene en cuenta sólo la "destrucción" de algunas industrias y de la economía nacional, Norteamérica había retrocedido en 1870 con relación a 1860. ¡Pero qué pedante e imbécil sería el individuo que, basándose en eso, negara la inmensa significación histórica universal, progresista y revolucionaria de la guerra civil de 1863-1865 en Norteamérica!

Los representantes de la burguesía comprenden que la supresión de la esclavitud de los negros y el derrocamiento del poder de los esclavistas valieron bien que todo el país pasase por los largos años de guerra civil, devastaciones colosales, destrucciones y terror que acompañan a toda guerra. Pero ahora, cuando se trata de una tarea inconmensurablemente más grande, cuando se trata de suprimir la esclavitud asalariada, la esclavitud capitalista, de derrocar el poder de la burguesía, los representantes y defensores de ésta, así como los socialreformistas que, amedrentados por la burguesía, se apartan temerosos de la revolución, no pueden ni quieren comprender que la guerra civil es necesaria y legítima.

Los obreros norteamericanos no seguirán a la burguesía. Estarán a nuestro lado, al lado de la guerra civil contra la burguesía. Me convence de ello toda la historia del movimiento obrero norteamericano y mundial. Recuerdo también las palabras que Eugenio Debs, uno de los jefes más queridos del proletariado norteamericano, escribió en el Llamamiento a la Razón ("Appeal to Reason"), creo que a finales de 1915, en su artículo What shall I light for ("Por qué voy a luchar") (citado por mí a comienzos de 1916 en una reunión obrera pública celebrada en Berna, Suiza). Debs decía que se dejaría fusilar antes que votar los créditos para la actual guerra, guerra reaccionaria y criminal; que conocía una sola guerra sagrada y legítima desde el punto de vista de los proletarios: la guerra contra los capitalistas, la guerra para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada.

No me extraña que Wilson, cabeza de los multimillonarios norteamericanos y servidor de los tiburones capitalistas, halla encarcelado a Debs. ¡La burguesía puede ensañarse con los auténticos internacionalistas, con los auténticos representantes del proletariado revolucionario! Cuanto mayores sean su ferocidad y su ensañamiento, tanto más cerca estará el día del triunfo de la revolución proletaria. Nos acusan de las destrucciones causadas por nuestra revolución... Pero, ¿quiénes nos acusan? Los lacayos de la burguesía, de esa misma burguesía que en cuatro años de guerra imperialista ha destruido casi por completo la cultura europea, sumiendo a Europa en la barbarie, en el embrutecimiento y en el hambre. Y esa burguesía nos exige hoy que no hagamos la revolución sobre el terreno de esas destrucciones, en medio de los cascotes de la cultura, de los escombros y de las ruinas originados por la guerra, con los hombres embrutecidos por la guerra. ¡Oh, qué burguesía tan humana y tan justa!

Sus criados nos acusan de terror... Los burgueses británicos han olvidado su 1649, y los franceses su 1793. El terror era justo y legítimo cuando la burguesía lo empleaba a su favor contra los señores feudales. ¡El terror se ha hecho monstruoso y criminal en cuanto los obreros y los campesinos pobres se han atrevido a emplearlo contra la Carta a los obreros norteamericanos burguesía! El terror era justo y legítimo cuando lo empleaban para remplazar a una minoría explotadora por otra minoría explotadora. ¡El terror se ha hecho monstruoso y criminal cuando se aplica para derrocar a toda minoría explotadora en beneficio de la mayoría verdaderamente aplastante, en beneficio de los proletarios y semiproletarios, de la clase obrera y de los campesinos pobres!

La burguesía imperialista mundial ha exterminado a diez millones de hombres y ha mutilado a veinte millones en "su" guerra, en una guerra hecha para decidir quién habrá de dominar en el mundo: las fieras voraces inglesas o las alemanas. Si nuestra guerra, la guerra de los oprimidos y explotados contra los opresores y explotadores, costara medio millón o un millón de víctimas, entre todos los países, la burguesía diría que las víctimas antes mencionadas son legítimas mientras que estas últimas son criminales.

El proletariado dirá una cosa muy distinta. Ahora, en medio de los horrores de la guerra imperialista, el proletariado asimila prácticamente en toda su plenitud la gran verdad que enseñan todas las revoluciones, la verdad que legaron a los obreros sus mejores maestros, los fundadores del socialismo moderno. Esta verdad dice que no puede triunfar la revolución si no se aplasta la resistencia de los explotadores. Cuando los obreros y los campesinos trabajadores conquistamos el poder del Estado, nuestro deber consistió en aplastar la resistencia de los explotadores. Estamos orgullosos de haberlo hecho y de hacerlo. Y lamentamos que no se haga con suficiente firmeza y decisión.

Sabemos que la resistencia exasperada de la burguesía contra la revolución socialista es inevitable en todos los países y que dicha resistencia aumentará en la medida en que se desarrolle esa revolución. El proletariado vencerá esa resistencia, y durante la propia lucha contra la resistencia de la burguesía adquirirá la madurez necesaria para triunfar y ejercer el poder.

La venal prensa burguesa puede gritar a los cuatro vientos siempre que nuestra revolución incurra en una falta. No tenemos miedo a nuestras faltas. Los hombres no se han vuelto santos por el hecho de que haya comenzado la revolución. Las clases trabajadoras, oprimidas y engañadas durante siglos, condenadas a vivir por fuerza en la miseria, en la ignorancia y el embrutecimiento, no pueden hacer la revolución sin incurrir en faltas. Y, como ya he dicho en otra ocasión, no se puede meter en un ataúd y enterrar el cadáver de la sociedad burguesa. El capitalismo muerto se pudre, se descompone entre nosotros, infestando el aire con sus miasmas, emponzoñando nuestra vida y envolviendo lo nuevo, lo fresco, lo joven, lo vivo con miles de hilos y nexos de lo viejo, de lo podrido, de lo muerto. Por cada cien faltas nuestras, proclamadas a los cuatro vientos por la burguesía y sus lacayos (incluidos nuestros mencheviques y eseristas de derecha), hay 10.000 hechos grandes y heroicos, tanto más grandes y tanto más heroicos porque son hechos sencillos, imperceptibles, ocultos en la vida diaria del barrio fabril o de la aldea perdida, y son realizados por hombres que no tienen la costumbre (ni la posibilidad) de proclamar al mundo entero cada uno de sus éxitos.

Pero incluso si fuera al revés -aunque sé que es erróneo suponerlo-, incluso si por cada cien aciertos nuestros hubiera diez mil yerros, aun así nuestra revolución sería, y lo será ante la historia universal, grande e invencible; pues por primera vez no es una minoría, no son sólo los ricos, no son únicamente los instruidos, sino la verdadera masa, la inmensa mayoría de los trabajadores quienes crean por sí mismos una vida nueva, quienes resuelven con su propia experiencia los dificilísimos problemas de la organización socialista.

Cualquier falta cometida en semejante trabajo, en ese trabajo tan concienzudo y sincero que decenas de millones de sencillos obreros y campesinos llevan a cabo para reorganizar toda su vida; cada una de esas faltas vale por miles y millones de éxitos "infalibles" de la minoría explotadora, de éxitos obtenidos en la obra de engañar y estafar a los trabajadores. Pues sólo a través de esas faltas aprenderán los obreros y campesinos a crear una vida nueva, aprenderán a prescindir de los capitalistas; sólo así se abrirán camino, a través de miles de obstáculos, hacia el socialismo victorioso.

Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros campesinos, que de un solo golpe, en una sola noche, la del 25 al 26 de octubre (según el viejo calendario) de 1917, suprimieron por completo la propiedad privada de la tierra y ahora, un mes tras otro, venciendo inmensas dificultades, corrigiéndose a sí mismos, cumplen en la práctica la dificilísima tarea de organizar nuevas condiciones de economía, de luchar contra los kulaks, de asegurar que la tierra sea para los trabajadores (y no para los ricachones), de pasar a la gran agricultura comunista.

Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros obreros, que han nacionalizado ahora, en el curso de unos meses, casi todas las fábricas y empresas más importantes y que, en el duro trabajo de cada día, aprenden por vez primera a administrar ramas enteras de la industria, hacen funcionar las empresas nacionalizadas, venciendo la resistencia enconada de la rutina, del espíritu pequeñoburgués, del egoísmo; ponen, piedra sobre piedra, los cimientos de nuevas relaciones sociales, de una nueva disciplina laboral, y de una nueva autoridad de los sindicatos obreros respecto a sus afiliados.

Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros Soviets, creados ya en 1905 por un potente auge de las masas. Los Soviets de obreros y campesinos representan un nuevo tipo de Estado, un tipo nuevo y superior de democracia; son la forma de la dictadura del proletariado, el medio de gobernar el Estado sin burguesía y contra la burguesía. Por primera vez la democracia sirve aquí a las masas, a los trabajadores, dejando de ser una democracia para los ricos, como sigue siendo la democracia en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Por primera vez las masas populares resuelven a escala de un centenar de millones de personas el problema de dar cuerpo a la dictadura de los proletarios y los semiproletarios, un problema que, de no resolverse, no da pie ni para hablar siquiera de socialismo.

Los pedantes o las personas henchidas sin remedio de prejuicios democráticos burgueses o parlamentarios pueden extrañarse de nuestros Soviets de diputados, alegando, por ejemplo, la falta de elecciones directas. Esa gente no ha olvidado ni ha aprendido nada durante las grandes conmociones de 1914-1918. La unión de la dictadura del proletariado y de la nueva democracia para los trabajadores, de la guerra civil y la más amplia incorporación de las masas a la política, no se obtiene de golpe y porrazo ni encaja en las formas trilladas de la rutinaria democracia parlamentaria. Lo que se yergue en esbozo a nuestra vista, como República de los Soviets, es un mundo nuevo, el mundo del socialismo. Y no debe extrañar que ese mundo no nazca ya hecho, no surja de improviso como Minerva de la cabeza de Júpiter.

En tanto que las viejas constituciones democráticas burguesas exaltaban, por ejemplo, la igualdad formal y el derecho de reunión, nuestra Constitución soviética, proletaria y campesina, rechaza la hipocresía de la igualdad formal. Cuando los republicanos burgueses derribaban tronos, no se preocupaban de la igualdad formal de los monárquicos con los republicanos. Cuando se trata de derrocar a la burguesía, sólo los traidores o los idiotas pueden reclamar la igualdad formal de derechos para la burguesía. Bien poco vale la "libertad de reunión" para los obreros y campesinos cuando los mejores edificios están en poder de la burguesía. Nuestros Soviets han arrebatado a los ricos todos los buenos edificios de la ciudad y del campo, entregándoselos totalmente a los obreros y campesinos para uso de sus asociaciones y asambleas. ¡Esa es nuestra libertad de reunión para los trabajadores! ¡Ese es el sentido y el contenido de nuestra Constitución soviética, de nuestra Constitución socialista!

Y por eso todos estamos tan seguros de que nuestra República de los Soviets, cualesquiera que sean los reveses por los que aún haya de pasar, es invencible.

Es invencible porque cada golpe del furioso imperialismo, cada derrota que nos inflige la burguesía internacional alza a la lucha a nuevos y nuevos sectores de obreros y campesinos, los instruye al precio de los mayores sacrificios, los templa y despierta en ellos un nuevo heroísmo de masas.

Sabemos, camaradas obreros norteamericanos, que vuestra ayuda aún tarde tal vez en llegar, pues el desarrollo de la revolución en los diversos países se produce en formas distintas, a ritmo diferente (y no puede producirse de otro modo). Sabemos que la revolución proletaria europea puede no estallar en las próximas semanas, por rápida que sea en este último tiempo su maduración. Contamos con que la revolución mundial es ineludible, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que cifremos nuestras esperanzas como unos simples en la indefectibilidad de la revolución a plazo breve y determinado. Hemos visto en nuestro país dos grandes revoluciones, la de 1905 y la de 1917, y sabemos que las revoluciones no se hacen por encargo ni por convenios. Sabemos que las circunstancias han puesto en vanguardia a nuestro destacamento, al destacamento de Rusia del proletariado socialista, y no a causa de nuestros méritos, sino a causa del atraso particular de Rusia, y que hasta que estalle la revolución mundial son posibles derrotas de algunas revoluciones. A pesar de ello, sabemos a ciencia cierta que somos invencibles, ya que la humanidad no se doblegará ante la matanza imperialista, sino que acabará con ella. Y el primer país que ha roto los grilletes de la guerra imperialista ha sido el nuestro. Hemos hecho los mayores sacrificios en la lucha por destruir esos grilletes, pero los hemos roto. Estamos libres de ataduras imperialistas y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de la lucha por el derrocamiento completo del imperialismo.

Nos encontramos como si estuviéramos en una fortaleza sitiada en tanto no nos llegue la ayuda de otros destacamentos de la revolución socialista mundial. Pero esos destacamentos existen, son más numerosos que los nuestros, maduran, crecen y se fortalecen a medida que se prolongan las ferocidades del imperialismo. Los obreros rompen con sus socialtraidores: los Gompers, los Henderson, los Renaudel, los Scheidemann y los Renner. Los obreros marchan con paso lento, pero firme, hacia la táctica comunista, bolchevique, hacia la revolución proletaria, la única que puede salvar la cultura y la humanidad del hundimiento definitivo.

En pocas palabras, somos invencibles, pues invencible es la revolución proletaria mundial.

V.I. Lenin.

20 de agosto de 1918

martes, 20 de agosto de 2024

SIMONE SIGNORET EN LA RDA, ENTRE EL ARTE Y EL COMPROMISO

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La actriz francesa de origen alemán Simone Signoret (Wiesbaden, Alemania, 1921 ; Autheuil-Authouillet, Francia, 1985) fue una de las personalidades más fascinantes y talentosas de la escena cinematográfica francesa de los años cincuenta y sesenta y la más admirada en un país del bloque socialista de Europa Oriental: la República Democrática Alemana (RDA).

Signoret, en la Francia ocupada por los nazis, no lo tuvo fácil a pesar de estar moviéndose entre un ambiente intelectual y colaborando en la prensa del régimen de Vichy (Les Nouveaux temps), pero sobre todo Signoret será recordada por haber sido una actriz políticamente comprometida con la izquierda comunista, un compromiso inseparable de la que fue su carrera internacional y de la pareja sentimental a la que estuvo unida: el gran actor y cantante francés Yves Montand, su marido hasta la fecha de su fallecimiento.

Sus convicciones políticas de izquierda se forjaron en la década de 1940 en las charlas del parisino Café de Flore con personalidades a la que les unía el mismo compromiso político. También empezó a aparecer regularmente en revistas de cine cercanas al Partido Comunista Francés (PCF) como L’Écran français. En 1952, el cineasta Jacques Becker le dio su primer papel principal en Casque d’Or y poco a poco ganó en papeles principales. El éxito de estas películas y su primera postura política a favor del PCF, junto a Yves Montand, contribuyó a que su popularidad se acrecentase en los países socialistas de Europa Central y Oriental.

Precisamente, una de las historias más olvidadas en las Wikipedias y otras historiografías oficiales sobre Signoret, es la relación que tuvo la actriz francesa con la industria cinematográfica de la RDA, donde rodó una de sus películas más reconocidas, de la que se hablará más adelante, la coproducción, franco-alemana oriental Las Brujas de Salem (Die Hexen von Salem, de Raymond Rouleau, 1957) premiada en el prestigioso festival de cine checoslovaco de Karlovy-Vary (equivalente al de Cannes o Venecia), que era algo así como un puente cultural entre la industria cinematográfica del Este y la poca del Oeste que se atrevía a desafiar la «guerra fría» de EEUU y sus vasallos.

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Simone Signoret se consagró formalmente como actriz con un film inglés, Room at the Top (Un lugar en la Cumbre, de Jack Clayton, 1958), por el que recibió tres premios a la mejor actriz en 1959: el de la Academia Británica, el del célebre festival de Cannes y nada menos que el Oscar de Hollywood a la mejor actriz, desbancando a superestrellas nominadas del momento como Doris Day, Audrey Hepburn, Katharine Hepburn y Elizabeth Taylor.

Pero Signoret antes de ser reconocida artísticamente en Occidente dedicó una parte importante de su carrera a rodar películas en la DEFA (la productora cinematográfica y de televisión de la RDA), cuando la actriz francesa visitó Berlín Este en la segunda mitad de la década de 1950, a pesar de que Francia y la RDA no mantenían relaciones diplomáticas oficiales, pero no fue obstáculo para ir a un país donde empezó a ser admirada incondicionalmente.

La DEFA (Deutsche Filmaktiengesellschaft) fue creada en Berlín Oriental el 17 de mayo de 1946, tres años antes de la fundación de la República Democrática Alemana en 1949. A lo largo de su existencia, la RDA tuvo que competir duramente con su vecino occidental para obtener reconocimiento y legitimidad fuera de sus fronteras, sabiendo que la Alemania neohitleriana de Adenauer hizo lo posible e imposible para impedir que ello sucediera. La ausencia de relaciones diplomáticas oficiales entre la RDA y Francia (así como con otros países occidentales) que no llegaron hasta 1973 alentó a los políticos de la RDA a utilizar otros canales para aumentar la visibilidad de la RDA, entre ellos el cinematográfico.

En el verano de 1955, Simone Signoret y el gran actor francés Bernard Blier fueron a la RDA para rodar la película Mutter Courage (Madre Coraje) bajo las órdenes del director alemán oriental Wolfgang Staudte. Su estancia en la RDA fue ampliamente documentada en el periódico del Partido Socialista Unificado (SED), Neues Deutschland, donde además Signoret mantuvo relaciones profesionales con cineastas de la DEFA, como Joris Ivens o Kurt Maetzig.

En ese año de 1955, Signoret apareció en un episodio llamado A Morning Like the Others que formaba parte de la película Die Windrose (1955), coproducida por la DEFA, que tenía como objetivo presentar la situación de la mujer en varios países del mundo. Simone Signoret, con Yves Montand a su lado, encarna a una modesta y valiente mujer francesa que se atreve a correr riesgos para luchar contra la injusticia que está presenciando.

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Compuesta por una sucesión de episodios, Die Windrose (La Rose des vents, en francés, o La Rosa de los Vientos) retrata la lucha de las mujeres por la paz en el mundo, mezclando imágenes documentales y ficción. Fue coproducida por la DEFA y la Federación Internacional de Mujeres Democráticas (FDIF), una organización creada por mujeres antifascistas y cercana al PCF (Partido Comunista Francés). Como heroína del episodio francés A Morning Like the Others (dirigido por el cineasta Yannick Bellon), Simone Signoret consolidaba su participación en una red de cine internacional militante (incluidos países del Este socialista).

Los primeros contactos de Simone Signoret con la RDA en 1955 y el decidido impulso de Johannes R. Becher, Ministro de Cultura de la RDA, para proponer proyectos de colaboración de DEFA con Francia, empujan a la actriz para alentar a los productores franceses a que acudan a sus homólogos de la RDA cuando se proyecte la adaptación cinematográfica de Las brujas de Salem en 1956, una parábola del dramaturgo estadounidense Arthur Miller que versaba sobre el macartismo, es decir, la infame «caza de brujas» anticomunista que impulsó el senador Joseph McCarthy a principios de los años cincuenta en los Estados Unidos.

El rodaje de Las Brujas de Salem, que tiene lugar inicialmente en la RDA y se realiza desde finales de julio hasta octubre de 1956 finalizando en París el 17 de diciembre, es objeto de artículos regulares en la prensa de Alemania Oriental. Cuando se estrenó en las pantallas de la RDA, la película fue muy apreciada, al igual que fue acogida calurosamente la llegada de Yves Montand y Simone Signoret a la RDA para efectuar el rodaje.

Signoret y Montand eran muy populares en los países socialistas de Europa central y oriental porque formaban una pareja parisina emblemática, al mismo tiempo que estaban cerca del principal partido de oposición en Francia (el Partido Comunista). Su presencia en la capital de Alemania del Este en la década de 1950, cuando Francia aún no reconocía oficialmente a la RDA, fue percibida por los alemanes del este como un testimonio de su «existencia», de amistad y cercanía, que compensaba, en parte, la falta de reconocimiento oficial de la RDA por parte de una crítica francesa que, mostrando su chovinismo, apenas dedicó unos pocos artículos al rodaje de Las Brujas de Salem en la RDA y no hizo referencia a la participación de la DEFA, considerándola una simple producción francesa,

Ya en la segunda mitad de la década de 1950, Simone Signoret era una autoridad artística en la RDA, tanto entre los cineastas de DEFA como entre los críticos. Ella mantuvo, de hecho, una relación estrecha con el longevo cineasta alemán de la RDA, Kurt Maetzig (1911-2012), con quien intercambió varias veces correspondencia. En 1954-1955, por ejemplo, se hizo un proyecto de una coproducción entre DEFA, Francia y China, aunque el rodaje planeado para el verano de 1957 finalmente se pospuso y se abandonó en favor de otros proyectos.

En la década de 1960, la guerra fría cultural lanzada por la CIA hizo que la carrera artística de Simone Signoret en Hollywood nunca fuera mencionada claramente en la prensa de la RDA, pero tampoco fue «denunciada». El salto de Signoret al estrellato como actriz internacional hizo creer, con buen sentido, a los periodistas de la RDA en la idea de que su productora DEFA le permitió a la actriz dar buena prueba de su talento.

La proximidad y el compromiso de Signoret con la RDA construyen una imagen de ella que variará poco y con la cual se compararán invariablemente sus apariciones posteriores. La RDA, con todo, no proyectará ninguna de las películas de Hollywood en las que participa Signoret. Sólo seleccionarán producciones francesas, ocho películas en las que Signoret es la actriz principal.

Una decisión, no proyectar en la RDA el cine estadounidense de Signoret, en mi opinión, equivocada, aunque estaba justificada en el marco de una campaña desatada contra la RDA por parte de EEUU, país que promovía constantemente el ostracismo e injerencismo contra la RDA a través de Alemania Occidental, mediante el no reconocimiento internacional de la RDA, la aplicación de embargos económicos, el uso de propaganda difamatoria con su emisora RIAS de Berlín Occidental, las amenazas de la OTAN cerca de sus fronteras o el uso sistemático de espías de la CIA y el BND para infiltrar terroristas en territorio de la RDA con los que cometer sabotajes y espionaje masivo.

Sólo hasta que transcurrió una década (desde 1962) los espectadores de la RDA no encontraron a Simone Signoret de nuevo en la pantalla, durante la primera semana de cine francés en la RDA, que en 1972 programó Le Chat (Pierre Granier-Deferre , 1970). En el personaje ella aparece esta vez vieja y amargada junto a Jean Gabin. Este cambio repentino en la vejez no disminuye la admiración de los periodistas de la RDA por ella.

Las últimas cuatro películas en las que aparece en la RDA dejan sobre ella la imagen de una autoridad respetada: Les Granges brûlées (Jean Chapot, 1974), Police Python 357 (Alain Corneau, 1980), L’Adolescente (Jeanne Moreau, 1981) y L’Étoile du Nord (Pierre Granier-Deferre, 1984). Cada una de sus apariciones incluso le da a la prensa de Alemania del Este la oportunidad de escribir un nuevo relato brillante sobre Signoret.

En 1976, con motivo de la proyección en la RDA de la película Las Brujas de Salem, la periodista de la RDA, Ilse Jung, comenzó su descripción de Simone Signoret mencionando la negativa de la actriz a trabajar en la España de Franco y comentó esta decisión escribiendo: «ella, una vez más, demuestra su compromiso político claro y rotundo, que es la suma […] de conocimientos y sentimientos, observaciones y experiencias. Signoret fue y sigue siendo una característica constante del cine francés» , escribió Jung en 1984.

Hasta el final de la existencia de la RDA, Simone Signoret fue probablemente la única actriz extranjera que recibió un reconocimiento abrumador por parte de la prensa de la RDA, donde fue considerada, al mismo tiempo, como una mujer modesta, valiente y comprometida

FUENTE: BERLÍN CONFIDENCIAL

lunes, 19 de agosto de 2024

"GRITO HACIA ROMA", POEMA DE FEDERICO GARCÍA LORCA, EN EL 88 ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO

El poema, incluido en la obra Poeta en Nueva York, recoge las impresiones que el poeta acumuló durante su viaje a Estados Unidos en 1929. Lorca muestra la ciudad en toda su crudeza, con sus contrastes sociales y económicos, con sus problemas raciales y de clase que azotan de forma potente el lugar tras la crisis de Wall Street y sus consecuencias que inicia el periodo de la Gran Depresión.

GRITO HACIA ROMA

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

Este poema de García Lorca nos muestra Nueva York como la gran ciudad que es, con sus claroscuros, referidos a las diferencias sociales, raciales y económicas y, al mismo tiempo, la riqueza que disfrutan únicamente unos pocos privilegiados. Las puntas de los rascacielos destacan sobre los edificios de las calles, las manzanas. Las personas han dejado de creer en Dios, quien sana las heridas del alma. La muerte ha dejado de ser algo importante, un ritual, para pasar a ser algo que no significa nada. La industrialización acaba con la infancia y la usa como mano de obra.

La muerte anida más que nunca, pero la fe se ha perdido. La gente que sufre y no tiene nada, prefiere morir. Estamos en el crack del 29. El poeta ataca y desea la muerte de aquellos que sólo buscan lo material, de los que no le importan las demás personas y que sólo buscan la riqueza.

El rico no piensa en el sufrimiento, no tiene en consideración la fe, el compartir y solo ve lo material. La elección del superficial implica la ceguera hacia el dolor, el sufrimiento, la necesidad de los demás. La realidad barre la ilusión, la ensoñación de que un futuro para las nuevas generaciones pueda ser mejor.

Todo se queda en lo superficial y no en la realidad. El amor queda desterrado a un lado. Para el poeta, el amor de verdad, el del ser humano real, está en los que menos tienen y siguen juntos a pesar del hambre y la muerte, la falta de trabajo y la desesperanza. Siempre habrá alguno que luche, que buscara la unión de los que menos tienen para buscar un futuro mejor, hasta que lo compren con dinero, hasta que se corrompa.

Los negros son en su mayoría empleados de hogar o trabajan en la hostelería. Únicamente podrán ser meritorios, como ocurría con la mayoría de los que aspiraban a ser actores. Las nuevas ricas se ocupan y se preocupan únicamente del bullicio de las fiestas y espectáculos. Sin embargo, para todos los oprimidos de Nueva York llegará un momento en que se levanten y reclamen que existen. Este grito hará temer a todos. Las personas buscan algo que decir. Todos tienen derecho a tener algo porque es lo natural y por qué, además, hay para todos.

Nota de Susana Marín.

Fuente: poemario.com

domingo, 18 de agosto de 2024

"ALEGORÍA DEL FUSILAMIENTO DE FEDERICO GARCÍA LORCA", DE FERNANDO BRIONES, EN SU 88 ANIVERSARIO


Alegoría del fusilamiento de Federico García Lorca
Fernando Briones
Óleo sobre lienzo
1937
140 x 150 cm
Museo Nacional de Arte de Cataluña 

El poeta y dramaturgo andaluz Federico García Lorca murió asesinado al inicio de la Guerra Civil española. El prestigio y reconocimiento que había logrado en todo el mundo y su amistad con personas de todas las ideologías políticas, también con familias de derechas, no impidió que fuera detenido por la Guardia Civil y fusilado la madrugada del 18 de agosto de 1936 al camino que va de Víznar a Alfacar, en la provincia de Granada. Los franquistas lo ejecutaron por su vínculo con la República, su homosexualidad, su espíritu crítico y sus ideas progresistas. El cuerpo del poeta fue enterrado en una fosa común junto con otras personas ejecutadas el mismo día y todavía hoy no ha podido ser recuperado.

El asesinato de García Lorca causó un gran impacto en la sociedad y en el mundo de la cultura, tanto en el Estado español como internacionalmente. Fueron muchos los artistas y literatos que lo recordaron en sus obras. Es el caso del pintor madrileño Fernando Briones, que quiso homenajear al poeta y denunciar su muerte ignominiosa a manos de los fascistas a ‘Alegoría del fusilamiento de Federico García Lorca’.

El periplo vivido por la pintura que presentamos esta semana ilustra muy bien las vicisitudes históricas del siglo XX en España. Esta pieza estuvo expuesta en el pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París del año 1937, junto a grandes obras maestras como el Guernica de Picasso o la Montserrat de Juli Gonzàlez. El impacto por la muerte de García Lorca era todavía muy reciente, y el hecho que hubiera sido víctima de los pelotones franquistas hizo que el poeta fuera especialmente recordado y homenajeado al pabellón, con recitales de poesías suyas y exposiciones de fotos y obras de arte que lo recordaban, como la que presentamos hoy. Cuando se clausuró y desmontaron la exposición de París la obra fue depositada en el Museo Nacional, donde entró en 1938. Con la victoria franquista en la Guerra Civil, las obras que había en el museo de temática republicana o que podían ser rechazadas por las nuevas autoridades fueron escondidas detrás de una falsa pared para evitar que fueran destruidas. Estas piezas artísticas estuvieron escondidas durante más de cuarenta años y no volvieron a ver la luz hasta la década de los años 80, después de la muerte del dictador y del inicio de la democracia.

A Alegoría del fusilamiento de Federico García Lorca, Fernando Briones quiere denunciar el asesinato del poeta a manos del fascismo pero también quiere recordar y homenajear el rico imaginario simbólico que llena sus obras, tanto de la poesía como del teatro. Y lo hace con un lenguaje pictórico moderno muy simple y lineal, incluso un punto naif, que recurre a soluciones próximas al cartelismo o el cubismo y que permite al espectador captar rápidamente y sin dificultades el mensaje que nos quiere transmitir el cuadro.

En el centro de un paisaje nocturno lleno de elementos oníricos, Fernando Briones ha retratado a su amigo personal Federico García Lorca encima de una roca o mirador, elegantemente vestido, con el rostro serio y los brazos cruzados detrás la espalda. El asesinato del poeta se hace explícito con la presencia, a la parte inferior izquierda del cuadro, de cuatro fusiles que le disparan desde detrás de una roca, evocando la ejecución que tuvo lugar en agosto de 1936, en un paraje de la provincia de Granada. Los rasgos de estas armas de fuego, sin embargo, ocupan un lugar relativamente secundario en la obra, puesto que la figura de García Lorca aparece rodeada por un remolino de elementos simbólicos que parecen hacer referencia tanto a la violencia desatada en la Guerra Civil como al imaginario lírico del poeta.

En la parte superior izquierda vemos la luna, un símbolo omnipresente en la obra de García Lorca que puede tener significados diferentes pero que generalmente se vincula con la muerte. Es justamente bajo su luz, que ilumina claramente el poeta en el cuadro, que se produce el fusilamiento. A su lado vemos un busto femenino desnudo, que nos recuerda que la luna, en la obra de Lorca, también evoca el erotismo, la belleza y, en definitiva, la vida. Es también un elemento vinculado al mundo femenino, a las mujeres, que tienen un gran protagonismo en la obra del poeta y dramaturgo. A la derecha del busto femenino y justo encima del retrato de Lorca vemos un jinete cabalgando. El caballo es otro símbolo muy presente en la obra de García Lorca que tiene un significado ambivalente: es un elemento masculino que puede hacer referencia al erotismo, pero habitualmente es también un presagio de las muertes violentas que aparecen en sus obras. Debajo del caballo, entre el retrato del poeta y los fusiles que le disparan, vemos un puño que levanta una hoz, la hoja curvada de la cual hace pareja y tiene la forma contraria de la luna que la ilumina. Símbolo universal de la lucha campesina, en medio de una Guerra Civil y en el contexto propagandístico del pabellón, el puño con la hoz es una clara referencia en la lucha de la República contra el fascismo que ha matado a García Lorca.

Fuente: Amics Museu Nacional d´Art de Catalanya

sábado, 17 de agosto de 2024

"EL VALOR DEL TRIGO", PELÍCULA DE D.W. GRIFFITH DE 1909

Título original: A Corner in Wheat 
Año: 1909
Duración: 14 min
País: Estados Unidos
Director: D.W. Griffith
Guion: D.W. Griffith y Frank E. Woods
Música: película muda
Fotografía: Billy Bitzer
Reparto:  Frank Powell, Grace Henderson, James Kirkwood
Sinopsis: Un magnate codicioso que intenta acaparar el mercado mundial de trigo, destruyendo las vidas de las personas que ya no pueden permitirse el lujo de comprar pan.

Crítica breve de la película

Continuando con el catálogo de cortometrajes de Griffith vi 'El valor del trigo', una película que, a mi parecer, es muy importante por dos razones. La primera es por implementar tempranamente el montaje paralelo con dos acciones que se describen simultáneamente separadas por tiempo y espacio, añadiendo cierta solidez y cohesión a la continuidad del relato. La segunda es en parte porque se trata de una de las primeras películas de carácter político del director, pues al principio Griffith evitaba coquetear con el material de denuncia en sus trabajos. Aquí consigue un discurso sociopolítico componiendo una metáfora sobre las consecuencias de la avaricia y las desigualdades sociales que están presentes en los campesinos desamparados que no tienen ni para comprar el pan que ellos mismos producen con sus manos trabajando al servicio de los magnates caprichosos. Narra la historia de un hombre adinerado y codicioso al cual apodan "El rey del trigo", el cual decide monopolizar el mercado mundial de trigo para que su fortuna crezca desmedidamente. Sus acciones duplican el precio del pan, obligando a los miserables y a los pobres a formar líneas de caridad para comprar el pan a un precio altísimo, algunos de ellos incluso son granjeros que trabajan como productores de granos de trigo, cosa que se amplifica en la escena de la panadería con un simbólico tableau vivant donde los personajes se quedan encuadrados casi como si estuvieran congelados. Es muy sorpresivo el contraste entre los de abajo que laboran para cultivar el trigo y la gente de rica de arriba que vive una acomodada. De los intérprete destaco la expresiva actuación de Frank Powell como el magnate del trigo que es víctima de la codicia. No creo que sea una de las mejores películas de Griffith, pero es una disfrutable que invita a reflexionar sobre la sociedad.

Yasser Medina. 

Fuente: Cinefilia

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

viernes, 16 de agosto de 2024

"LA EJECUCIÓN DE STEPAN RAZIN", POEMA SINFÓNICO DE DIMITRI SHOSTAKOVICH

“La ejecución de Stepan Razin” Op.119 es una cantata para barítono, coro mixto y orquesta escrita en 1964. Se trata de una colaboración con el poeta Yevgeny Yevtushenko, expresada en la forma de un relato histórico sobre la ejecución de uno de los primeros luchadores contra la dictadura zarista. 

Stenka o Stepan Razine (1630-1671) fue un jefe cosaco que protagonizó una gran revuelta contra la nobleza y la burocracia zarista en el sur de Rusia. Las largas guerras contra Polonia y contra Suecia habían costado inmensos sacrificios al pueblo ruso. Los campesinos estaban enfurecidos por el aumento de la presión fiscal para costear al ejército. Stenka Razine pertenecía a una familia rica y pretendía ayudar a los pobres capitaneando a una banda de ladrones que robaba a los ricos. Los campesinos estaban agradecidos y pronto vieron a Stenka como su salvador frente a la opresión zarista. La banda de cosacos de Stenka Razine creció enormemente al unírsele gente de las clases mas bajas, la excluida por el gobierno ruso y la perteneciente a las etnias oprimidas.

Stenka formó una flota de cuarenta y cinco galeras y descendiendo por el río Volga capturó a numerosos barcos transportando inmensas riquezas. Luego se apoderó de los fuertes que defendían el río, haciéndose dueño de la navegación fluvial. Continuó hasta su desembocadura en el mar Caspio, librando una batalla en la que salió vencedor cerca de Astrakhán. En la primavera siguiente empieza una campaña contra Persia que durará 18 meses. Después de sangrientas matanzas en las costas del mar Caspio, se establece en el año 1669 en la isla de Suina. En el mes de julio una flota persa le presenta batalla y es destruida. Esto le produce gran fama y respeto entre el pueblo. En el curso de esta batalla contra los persas se apodera del hijo y de la hija del Sha. Aquí nace una de las historias o leyendas más populares de la vida de Stenka Razin, la parte que más influencia ha tenido en la música.

Stenka se enamora de su prisionera, la joven princesa persa. Navega en su barco por el Volga dedicándole tanta atención que crea malestar entre sus hombres. Ven que aquel amor distrae a su jefe de sus deberes guerreros. Desembarcan montando un campamento en un bosque, al borde del río. Allí la bella muchacha se exhibe bailando una sensual danza oriental provocativamente vestida. Los cosacos cansados de tanto jolgorio y ociosidad realizan una estratagema para liberarse de la princesa, que parece tener hechizado a su jefe. Uno de los capitanes cosacos entrega a Stenka una carta comprometedora escrita por la princesa al príncipe Hassan. Stenka enloquecido por los celos exige explicaciones a la muchacha que se pone a llorar. Tratándola como una traidora ordena embarcar a sus hombres. Al llegar al centro del río Volga toma la princesa en sus brazos y la arroja por la borda. Entonces dice a sus hombres que no ha olvidado la lucha por sus ideales.

En el mes de septiembre de 1669 los voïvodes, gobernadores, de Astrakhan le abren las puertas a cambio de parte de su botín. Al año siguiente capitanea una rebelión abierta contra el gobierno del Zar Alexis, formando un ejército de 7000 hombres que se lanza sobre Astrakhan, convirtiendo la zona en una República Cosaca de la que se proclama soberano. Intenta ampliar su República a lo largo del río para poder avanzar luego hacia Moscú. Remontando el curso del Volga captura las ciudades de Saratov y Samara, pero la ciudad de Simbirsk resiste y después de sangrientas batallas es derrotado por las bien organizadas tropas zaristas enviadas desde Kazan.

Pero la revuelta iniciada por Stenka había dejado su rastro en el pueblo y aquello se extendió como la pólvora. Toda la región del Volga y el este de Ucrania se había sublevado. Quemaron los conventos apoderándose de sus extensas propiedades. Pero la derrota de Simbirsk había hecho un terrible daño a la fama de Stenka. A principios de 1671 el éxito de la lucha era incierto. Las batallas se endurecían aumentando sus pérdidas. Varios de sus aliados se ponían en su contra, entre ellos los Cosacos del Don al enterarse de que había sido excomulgado por el patriarca de Moscú. Junto con su hermano Frol Razine fueron capturados en Kaganlyk, su última fortaleza. Conducidos a Moscú, Stepan fue condenado a muerte y colgado en la plaza Roja el 6 de junio de 1671.

Razine había combatido el sistema feudal, nunca había atacado directamente al Zar. Lo que deseaba era a un Zar justo, sin dar enormes privilegios a la nobleza y al clero. Esta revuelta popular era interpretada en la URSS, en los tiempos en que Miaskosvky escribió su sinfonía, como un acto prerrevolucionario, una premisa de la futura revolución de octubre. Lo pintaban como un libertador del pueblo frente a la tiranía zarista, siendo sostenido por todo el pueblo ruso. Evitaban hablar de sus acciones de pillaje y barbarie, de sus matanzas.

Trotsky se refiere en sus escritos a Stenka Razine como un iniciador del movimiento popular. que partiendo de los campesinos sirve como base de la lucha de clases. Bakunin lo ve como una revuelta de unos desheredados que serán el motor de la próxima revolución rusa.

La ejecución de Stenka Razin, poema de Yevgeny Yevtushenko

En Moscú, en la blanca y amurallada ciudad,
un ladrón calle abajo arranca con un pan de centeno.
No tiene miedo de ser linchado.
No hay tiempo para panes…
¡Es que ya traen a Stenka Razin!
El Zar está bebiendo vino dulce de malvazia,
ante un espejo suizo
se aprieta una espinilla en la cara,
y se pone el anillo real de esmeraldas
y en la plaza…
¡Ya traen a Stenka Razin!
Como un pequeño barril
que sigue a un barril más grande
un bebé corre hacia su madre
mascando un dulce con sus dientes de leche.
¡Hoy día es feriado!
¡Es que ya traen a Stenka Razin!
Un comerciante entra a empujones
echando flatulencias con olor a arvejas.
Dos bufones irrumpen apurados galopando como caballos.
Borrachos pícaros llegan tambaleándose
¡Ya traen a Stenka Razin!
Unos viejos, cubiertos de costras por todo el cuerpo,
casi muertos,
llevando gruesos cordeles amarrados a sus cuellos
murmuran algo,
y caminan casi arrastrándose…
¡Ya traen a Stenka Razin!
Y también muchachas bien despabiladas
saltando un poco ebrias de sus camas
embadurnadas con pedazos de pepinillos en sus caras
entran trotando
con una picazón en sus muslos
¡Ya traen a Stenka Razin!
Y con gritos de las esposas de la Guardia Real
escupiendo para todos los lados
en una destartalada carreta
él
como si estuviera arriba de un barco
aparece en camisa blanca.
Viene en silencio,
cubierto con los escupitajos de la muchedumbre,
que él no se limpia ni le preocupa,
sólo sonríe con sarcasmo
y se ríe de sí mismo:
“ ¡Stenka, Stenka,
tú eres como una rama
que ha perdido todas sus hojas!
¡Y querías entrar a Moscú!
Y pues ahora tú estás entrando a Moscú …
Pues muy bien entonces,
¡escúpanlo
¡escúpanlo!
¡escúpanlo!
Es una farándula gratis después de todo.
Buenas gente,
ustedes siempre escupen
a esos
quienes les desean el bien.
El escribano del Zar me golpea deliberadamente entre sus dientes,
repitiendo,
implacablemente:
“Decidiste lanzarte contra el pueblo, ¿no es así?
¡Tú sabrás ahora contra quienes lo hiciste!”
Me contuve pero sin bajar mis ojos.
Escupí mi respuesta con mi propia sangre:

“¡Contra los dueños de la tierra,
es cierto!
¡Contra el pueblo,
nunca!
No reniego de mí mismo,
¡He elegido mi propio destino!
Ante ustedes,
el pueblo, me arrepiento
pero no por lo que el escribano del Zar desea.
Es mi cabeza la culpable.
Ya lo veo,
y me he sentenciado a mí mismo.
Estuve siempre a medio camino
contra las cosas
cuando realmente debí haber llegado hasta el final.
He pecado en esto,
porque en un mundo guiado por el demonio
yo fui un gran estúpido.
Soy un pecador
porque siendo un enemigo de la esclavitud
fui realmente un esclavo de mí mismo,
He sido un pecador
al querer levantarme en rebelión
para tener un mejor Zar.
¡No hay Zares nobles!
¡fuiste un loco
Stenka!
¡tú ahora morirás por nada! ”
Pero sobre los hocicos,
las caras de cerdos de la gente
las sucias cajas
de los recolectores de impuestos
y los cambiadores de dinero,
como una luz a través de la neblina,
Stenka
vio
los rostros.
Vale la pena verlos sin una lágrima en sus ojos,
estar sobre el patíbulo al lado de la horca,
porque más pronto que tarde
los rostros
crecerán amenazantes
en la propia cara de los rostros anónimos…
Y tranquilamente
(por cierto que él no había vivido en vano)
Stenka dejó caer su cabeza doblada
y su mejilla cayó hacia el hueco cortado de su cuello
y desde la parte de atrás de su cabeza ordenaron:
“cortar, el hacha…”
La cabeza comenzó a rodar,
ardiendo en su propia sangre,
y con una voz ronca la cabeza habló:
“no muero en vano…”
Desde el ensangrentado lugar de ejecución,
allí,
donde estaban los pobres,
la cabeza lanzó una mirada
como hacia unas anónimas cartas…
Espantado,
el pobre sacerdote que temblaba corrió sobre la cabeza
deseando cerrar los ojos de Stenka.
Furiosos,
parecidos a la reacción de una bestia salvaje
sus ayudantes la apartaban de su manos.
La cabeza del Zar
temblaba al ver esos ojos diabólicos,
el capitán de Vladimir Monomakh comenzó a estremecerse
y cruelmente,
regocijándose de su triunfo,
la cabeza de Stenka
explotó en carcajadas
sobre la cabeza del Zar!

(1964)

jueves, 15 de agosto de 2024

BOLIVIA RECUPERA EL LEGADO DEL GRAN MURALISTA MIGUEL ALANDIA PANTOJA

 

Gran parte de las obras del artista, que renovó el muralismo latinoamericano y se ganó la admiración del mexicano Diego Rivera, fueron destruidas durante la dictadura. Ahora, una fundación adquirió una colección que se encontraba en poder de la familia

El legado del artista plástico Miguel Alandia Pantoja, uno de los grandes muralistas de Latinoamérica en el siglo pasado, ya tiene residencia permanente en su natal Bolivia después de que la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC-BCB) adquiriera la colección de más de un centenar de obras suyas.

La colección, conformada por 157 obras de caballete “inéditas”, 14 bocetos originales de murales, además de recortes de periódico y afiches, ha quedado en custodia del Museo Nacional de Arte (MNA), dependiente de la FC-BCB, explicó la directora de ese repositorio, Claribel Arandia.

“Estudiar a Alandia Pantoja no es sólo estudiar la estética del momento, o la historia del momento, es pensar y reconcebir también lo que le puede pasar al futuro del país. Es no repetir las malas historias, es construir nuevas historias”, comentó.

Ahí radica la importancia para el MNA “de que jóvenes y niños puedan apreciar esta historia contada en los maravillosos lienzos de colección” del artista, agregó.

Miguel Alandia Pantoja, de blanco, posa frente al mural en Milluni, que fue tapado para evitar que la dictadura lo destruyera (Gentileza RC Noticias)

Miguel Alandia Pantoja nació en 1914 en el pueblo minero de Catavi, en la región andina de Potosí. Pintor autodidacta, Alandia dejó plasmadas en Chile, Perú y Bolivia obras que representan sus mensajes revolucionarios y fue el único artista de la región que expuso sus obras en el Palacio de Bellas Artes de México, por invitación del Gobierno mexicano y del artista Diego Rivera.

También, combatió en la guerra del Chaco librada entre Bolivia y Paraguay entre 1932 a 1935, participó en la Revolución Nacional de 1952 y fue parte de la resistencia de las dictaduras militares en la década de los años 1970.

“Más allá de ser un pintor, es un ser humano que siente las necesidades de su pueblo y que se identifica con la clase obrera y con la clase campesina”, destacó la directora del MNA.

Esa ansia de plantear el arte “desde la conciencia social” queda plasmada en sus obras que, además, tienen una estética “diferente, cruda”, en la que son protagonistas mineros, campesinos, mujeres e indígenas.

Extracto de una obra del artista en el Museo Nacional de Arte (MNA) en La Paz

“A veces piensan que el artista sueña y crea alrededor del sueño. En el caso de Alandia, soñaba con un país mejor, como creo que soñamos todos los bolivianos, pero él era activo en su accionar artístico y por eso se lo nombra además el pintor de la revolución”, afirmó Arandia.

En 1965, el gobierno de facto del militar René Barrientos ordenó destruir toda la obra de Alandia en instituciones públicas y privadas, lo que supuso la desaparición de un mural suyo en el Palacio de Gobierno en La Paz y otras obras en el Legislativo.

Alandia falleció en el exilio en Lima en 1975 y luego sus restos fueron repatriados y se enterraron en el Cementerio General en La Paz.

En 2020 sus restos fueron trasladados al Museo de la Revolución Nacional, donde están dos de sus murales más emblemáticos, dentro de un homenaje promovido entonces por las autoridades locales de La Paz para saldar una deuda histórica ante los intentos que hubo de borrar su nombre de la historia boliviana.

En 1965, el gobierno de facto del militar René Barrientos ordenó destruir toda la obra de Alandia en instituciones públicas y privadas

Muchas de sus obras salieron del país a principios de la década de 1970 y pasaron por museos y galerías en países como Chile, Perú, Rusia y la antigua Checoslovaquia, según informó en su momento la Alcaldía paceña.

Las obras fueron repatriadas en 1977 y permanecieron en depósitos en La Paz y la ciudad vecina de El Alto, hasta 2018, cuando la familia de Alandia las recuperó.

Hace unos años sus familiares iniciaron un proceso para vender la colección completa a alguna institución, para que el legado permaneciera íntegramente en Bolivia. La propuesta halló eco en la FC-BCB que tras un proceso “largo”, este año logró concretar la adquisición.

“Lo interesante de la colección que ahora tenemos, más allá de los bocetos muralísticos que son una joyita de orfebre, son los procesos que han inspirado a hacer estos murales en las obras de caballete”, dijo Arandia.

A su juicio, las obras de caballete son como los “estudios previos” y “procesos creativos” del muralista “dentro de la construcción de sus murales”.

El museo dio una pequeña muestra recientemente con algunas obras de la colección y otras están en proceso de restauración, con miras a inaugurar en 2025 una sala permanente dedicada al muralista.

Fuente: EFE. Fotos: EFE/Esteban Biba


miércoles, 14 de agosto de 2024

"PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DEL REALISMO", TEXTO DEL BERTOLT BRECHT, EN EL 68 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Bertolt Brecht, Hanns Eisler y Slatan Dudow discutiendo sobre su film Kuhle Wampe en 1932

PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DEL REALISMO

Son muy raras las oportunidades que le permiten a uno probar la efectividad real de los métodos artísticos empleados. En la mayoría de los casos la gente responde en sentido aprobatorio: "Así, tal como tú lo describes, son las cosas entre nosotros"; o afirman que uno ha dado un "impulso" en una u otra dirección. A continuación el resultado de un pequeño test afortunado.

Conjuntamente con Slatan Dudow y Hanns Eisler había realizado la película Kuhle Wampe (1) que describe la situación desesperada de los desempleados en Berlín. Era un montaje de pequeñas piezas más o menos independientes entre sí. La primera mostraba el suicidio de un joven desempleado. La censura nos puso grandes dificultades y fuimos invitados a una sesión con el censor y los abogados de la firma productora.

El censor demostró ser un hombre inteligente. Nos dijo: "nadie les discute el derecho de mostrar un suicidio. Estos ocurren. Igualmente pueden mostrar el suicidio de un desempleado. Esto ocurre también. No veo motivo para ocultar eso, caballeros. Sin embargo, me opongo al modo en que ustedes han mostrado el suicidio de su desempleado. Está en contradicción con los intereses públicos que yo debo defender. Siento mucho tener que hacerles en ese sentido un reproche artístico".

Nosotros (ofendidos): ¿¿Cómo??

y continuó: "Sí, se asombrarán que yo les reproche su falta de humanismo; pero ustedes no muestran a ningún hombre sino, digamos, a un prototipo. Su desempleado no es ningún auténtico individuo, ningún hombre hecho de carne y hueso, diferenciado de los demás hombres por sus preocupaciones particulares, sus placeres particulares, y finalmente, su destino particular. Ha sido dibujado muy superficialmente, y en cuanto artistas deben perdonarme que yo les señale que se llega a saber demasiado poco acerca de él. Dado que las consecuencias son de orden político, me veo forzado a oponerme a la admisión de su película. El film tiene la tendencia de caracterizar el suicidio como algo típico, no como algo propio a un individuo particular (con tendencias patológicas), sino como el destino de toda una clase. En la opinión de ustedes la sociedad lleva a los jóvenes al suicidio al negarles la posibilidad de trabajar. Y tampoco vacilan en insinuar lo que habría que aconsejar a los desempleados para que cambiaran las cosas. No caballeros, ustedes no obraron como artistas, no aquí por lo menos. El interés no consistió en configurar un destino individual y conmovedor; hecho que nadie podría negarles".

Nosotros nos sentimos incómodos. Tuvimos la desagradable impresión de haber sido desenmascarados. Eisler se limpió tristemente las gafas, Dudow se retorció como si tuviera dolores. Yo me levanté y a pesar de mi desdén por los discursos, pronuncié uno. Me atuve estrechamente a no decir la verdad. Enumeré los rasgos particulares con los que habíamos equipado a nuestro joven desempleado. Como ejemplo cité el hecho de que antes de saltar por la ventana, se quitó cuidadosamente el reloj. Sostuve que solamente ese rasgo puramente humano nos había inducido a esa escena. Que también mostrábamos a otros desempleados que no cometían suicidio, de hecho cuatro mil personas, puesto que habíamos filmado también una gran asociación de deportistas obreros. Me precaví contra el reproche horripilante de no haber procedido desde posiciones estrictamente artísticas e insinué la posibilidad de una campaña en la prensa. Ni siquiera me avergonzó sostener que mi honor de artista estaba en juego.

El censor no temía entrar en los detalles de la representación. Nuestros abogados vieron con asombro desarrollarse un auténtico debate sobre arte. El censor subrayó el carácter demostrativo que nosotros habíamos otorgado al acto del suicidio, para lo cual utilizó la expresión "algo tan mecánico". Dudow se levantó todo nervioso exigiendo un dictamen facultativo de médicos ya que éstos confirmarían que actos de esa naturaleza suscitaban muchas veces una impresión un tanto mecánica. El censor movió la cabeza. "Eso puede ser", dijo obstinadamente. "Sin embargo, deben admitir que ustedes procuran que su suicidio excluya cualquier impresión impulsiva. El espectador, al fin y al cabo, no está tentado de detenerlo; lo que sí debería ocurrir en una representación artística y humana. ¡Por Dios, el actor lo hace como si tuviera que demostrar cómo se pela un pepino!".

Nos fue muy difícil hacer aprobar nuestra película. Cuando salimos no disimulamos nuestra estimación por el sagaz censor. Había penetrado mucho más profundamente en la esencia de nuestras intenciones artísticas que nuestros críticos más benévolos. Nos había dado una lección sobre realismo, desde el punto de vista del policía.

(1) Kuhle Wampe fue el nombre de un campamento en las afueras de Berlín, construido entre las décadas 20 y 30 por familias que se vieron obligadas, por presión económica y jurídica, a abandonar sus viviendas en la ciudad. (N. d. T.).

Traducción de Elviera Bobach

VER LA PELICULA "KUHLE WAMPE" EN LA ESPINA ROJA: https://espina-roja.blogspot.com/2021/03/kuhle-wampe-pelicula-de-slatan-dudow.html