viernes, 9 de enero de 2009

MANIFIESTO DE APOYO AL MES DE DANZA (SEVILLA)


Durante 15 ediciones, 15 años, la ciudad de Sevilla ha disfrutado de la cita puntual con la danza contemporánea que ha ofrecido el Festival del Mes de Danza. Dicho festival ideado por los gestores culturales María González y Fernando Lima surgió como una iniciativa privada para cubrir el vacío de programación de la danza contemporánea en nuestra ciudad, dotarla de presencia y acercarla al público en general.

A lo largo de todos estos años y con un apoyo institucional siempre limitado y confirmado fuera de plazo, el esfuerzo del reducido equipo humano que ha desarrollado el Mes de Danza ha conseguido importantes objetivos:

- Generar un numeroso público sensible a la danza: Las estadísticas de asistencia de público a los espectáculos y actividades programados por dicho festival revelan un número en incremento siempre constante a lo largo de las distintas ediciones hasta alcanzar un alto % que se ha mantenido durante los últimos años. Se trata de un público fiel y comprometido que no sólo responde a las propuestas del Mes de Danza sino que continúa asistiendo a otros eventos relacionados con la danza a lo largo del año.

- Situar a Sevilla en el mapa de la danza contemporánea: Antes de la creación del Mes de Danza la visibilidad de la actividad de danza en Sevilla era prácticamente nula. Una iniciativa como la de Mes de Danza es clave a la hora de atraer la mirada externa sobre la ciudad de una manera constante y eficaz. Así, muy pronto en el resto de España y también en el extranjero la programación del festival sirve de escaparate y de referencia para seguir lo que está ocurriendo dentro y lo que llega de fuera. Gracias al Festival, Sevilla es una ciudad en la que existe la danza.

- Crear una cita anual y puntual para las producciones de pequeño y mediano formato: Iniciativas previas al Mes de Danza en Sevilla, tales como el Festival de Danza de Itálica o la programación del Teatro Central o del Teatro de la Maestranza estaban por entero enfocadas a las grandes producciones y compañías de gran formato que si bien importantes, obvian una gran parte de lo que representa la realidad de la creación contemporánea en danza e ignora a un importante número de creadores y coreógrafos que no trabaja en ese contexto ni se distribuyen en tales circuitos.

- Incluir la danza contemporánea en los espacios escénicos de la ciudad así como la creación de nuevos espacios de exhibición: La iniciativa del Mes de Danza consigue durante sus 15 ediciones gestionar espacios escénicos de la ciudad que nunca (o en raras ocasiones) habían programado danza, así como introducirla en espacios que se mantenían vírgenes, tales como espacios de enseñanza o urbanos. En muchas ocasiones el uso de estos espacios para danza y el acercar hasta ellos al público ha conseguido que la programación dedicada a danza en los mismos se extienda a lo largo de todo el año, no limitándose a las fechas del Mes de Danza.

- Promover y dar visibilidad a la creación coreográfica local: Año tras año el Mes de Danza ha sido una puerta abierta para la exhibición de los trabajos de creación de los coreógrafos sevillanos y andaluces, tanto los poseedores de una trayectoria consolidada como aquellos emergentes que , de no ser por el festival, no habrían tenido ninguna estructura que les facilitara el acceso a los teatros. Así mismo el Mes de Danza se ha encargado de propiciar el salto de algunos intérpretes locales en el mundo de la creación coreográfica, realizando invitaciones expresas y ofreciendo las condiciones necesarias para producir este salto. Esta labor es de una importancia reseñable en la consolidación de una realidad local en lo que a danza contemporánea se refiere ya que durante estos quince años son ya todo un numeroso grupo de jóvenes intérpretes y creadores los que han conseguido lanzar y consolidar sus carreras gracias al apoyo y la existencia de una estructura como la de Mes de Danza. Su intervención sobre el tejido empresarial de la danza en Sevilla es tan directa y tan vital (la aparición de nuevos coreógrafos es la base de la creación de nuevas compañías) que sería imposible entender el presente de la danza en nuestra ciudad desligándolo de la presencia de este festival.

- Creación de nuevas iniciativas en danza contemporánea: Los organizadores del festival, siempre inquietos y en constante crecimiento, han sabido hacer del Mes de Danza una plataforma para distintos eventos y festivales que en su comienzo usaron la estructura de dicho festival como matriz en la que crecer y desarrollarse hasta lograr su independencia y una identidad propia. Así festivales tales como "Huellas: danza en paisajes insólitos" ( además de su edición sevillana, con más de seis ediciones en su versión cordobesa y múltiples ediciones por distintos municipios andaluces; en muchos de ellos este festival fue pionero en presentar una iniciativa de danza contemporánea), "Universi…danza: danza en la universidad" ( con ediciones en Sevilla y en Málaga), Cádiz en Danza (hoy en día sigue siendo el único festival de Cádiz dedicado en exclusiva a la danza) , etc, comenzaron siendo propuestas del Mes de Danza que con el tiempo no sólo han conseguido ser eventos independientes, sino algo muy importante, trascender los límites de la ciudad y extenderse por la práctica totalidad de las provincias andaluzas. Se consigue de esta forma descentralizar la cultura andaluza y hacer extensible a toda una región una iniciativa que en principio sólo focaliza el ámbito urbano. Es obvio así mismo que el esfuerzo del equipo del Mes de Danza sirve de inspiración para otras iniciativas y eventos, no sólo del ámbito privado sino de la Administración Pública.

- Relacionar y establecer diálogo entre distintas entidades e instituciones: Con su labor constante y su filosofía claramente apolítica y desprejuiciada, focalizada únicamente en objetivos culturales y artísticos, el Mes de Danza ha obtenido otro objetivo paralelo pero de capital importancia, como es el de conectar y poner en colaboración a distintas instituciones y entidades que realizan un trabajo relacionado con distintos aspectos de la danza pero de forma hasta la fecha individual y paralela, estableciendo así puentes de comunicación entre el ámbito de los profesionales y el de la enseñanza, el ámbito privado y las instituciones públicas, etc.

- Un Festival vivo, en crecimiento y en continuo desarrollo: Uno de los logros de los organizadores del Mes de Danza ha sido el de no acomodarse en la mera repetición de fórmulas y la búsqueda constante de nuevas estructuras que se adapten lo mejor posible a las nuevas necesidades de la realidad de la danza y de la ciudad. Así por ejemplo, conviven en la programación espacios que se mantienen desde la primera edición y que gozan de gran popularidad (caso del "Ahora bailo yo", taller de danza para el público no profesional) al tiempo que, dado que la presencia de la danza va siendo más habitual en la ciudad durante el resto del año, aparecen nuevas propuestas y sus objetivos siguen evolucionando: desde su decimocuarta edición aparece un eje temático y conceptual en torno al cual se articula la programación del festival, lo que permite profundizar y madurar la mirada y el criterio del público asistente, ampliar la "ambición artística" de la propuesta y equipararla con otras iniciativas europeas consolidadas. Se trata pues de un festival "maduro" y aún en crecimiento.

En definitiva, es mucho lo que este festival ha aportado a la ciudad y a todos aquellos ciudadanos sensibles con la danza y con la calidad en la oferta cultural en general. Y mucho lo que puede seguir aportando si se le deja crecer y evolucionar con unas buenas condiciones para su gestión económica y artística.

En la rueda de prensa de presentación de la XV Edición del Mes de Danza, su actual directora y responsable, María González hacía balance de los años de festival y lanzaba un mensaje drástico pero realista: el Mes de Danza se ahoga por falta de compromiso de las instituciones patrocinadoras y desaparecerá este mismo año si no se establece un compromiso con él.

Después de quince ediciones, no sólo las aportaciones de las distintas instituciones oficiales que lo suportan (Junta de Andalucía, Ministerio, Ayuntamiento de Sevilla) no se han incrementado prácticamente en los últimos años, sino que la confirmación de dicha ayuda llega tarde y cuando toda la programación e incluso la publicidad está ya cerrada y comprometida. En estas condiciones resulta imposible realizar una buena y madura planificación de las líneas de programación y de gestión de la ayuda. Se trata por tanto de exigir de dichas instituciones no sólo un mayor compromiso en cuanto al aspecto económico sino en su decisión firme de apoyar a dicho festival y permitir una mejor gestión de dicha inversión, procedente de dinero público, para así poder gestionarlo de una manera más eficaz y rentable. En definitiva: más medios, confirmados con más antelación.

¿De qué sirve crear nuevas iniciativas y festivales si somos incapaces de defender y luchar por aquellos que ya existen y que siguen funcionando bien? ¿Cuál es nuestro poder para hacernos oír por las instituciones y hacerles entender qué es lo que queremos y cómo? ¿ Es posible hacerles entender que no estamos interesados por más demostraciones culturales de efecto a golpe de talonario que no sirven para nada y que no dejan nada en la ciudad?

¿No son 15 ediciones suficientes para demostrar la valía de un proyecto y hacer un balance objetivo de sus resultados? ¿Cuánto hay que esperar? ¿Conseguiremos movilizarnos por una vez antes de que el Mes de Danza desaparezca o permaneceremos una vez más de brazos cruzados viendo como las instituciones públicas deciden qué, cómo y cuando tenemos que consumir su cultura?

POR TANTO:

Los abajo firmantes, coreógrafos, bailarines, técnicos, actores, gestores culturales, público del Mes de Danza y en general ciudadanos sensibles con aquellas iniciativas culturales que creemos que deben ser apoyadas y prolongadas, exigimos del Ayuntamiento de Sevilla, de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Cultura que pronuncie su firme apoyo al Mes de Danza de Sevilla evitando así su desaparición y garantizando su continuidad e independencia.

jueves, 8 de enero de 2009

SE RESTAURA UN MURAL DE DAVID ALFARO SIQUEIROS EN BUENOS AIRES.


EJERCICIO PLÁSTICO ES EL ÚNICO MURAL NO POLÍTICO DEL ARTISTA COMUNISTA

La restauración del único mural sin carácter político pintado por David Alfaro Siqueiros avanza a buen ritmo y se espera que esté terminada hacia el mes de marzo. Un equipo de 40 expertos argentinos y mexicanos trabaja desde noviembre en pleno centro de Buenos Aires para recuperar una obra que fue víctima de la humedad y el abandono durante 17 años en un almacén de las afueras de la ciudad.

El mural "ha resistido todo tipo de agresiones" y, "para sorpresa de todos, sólo tiene entre un 3 y un 5 por ciento de deterioro", según explicó a Efe el especialista mexicano Manuel Serrano, que dirige el proyecto de recuperación. Trabaja con todo su equipo en un cobertizo levantado junto a la Casa Rosada, residencia de la presidenta argentina, que ordenó su traslado a ese lugar para que fuera restaurada.

Se trata de Ejercicio Plástico, pintado por Siqueiros en 1933, cuando experimentaba con una técnica que acabaría convirtiéndose en la más utilizada por el pintor a partir de entonces. Lo realizó con ayuda de los artistas argentinos Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y Lino Enea Spilimbergo en una finca a la afueras de Buenos Aires, donde fue deteriorándose poco a poco hasta que se restauró por completo en 1962.

Ejercicio Plástico está compuesto por figuras distorsionadas de desnudos femeninos que se extendían por las paredes, el techo y el piso del sótano de la casa donde se pintó. Se trataba de hacer creer al espectador que se encontraba sumergido en el agua donde las mujeres nadaban. En 1989, el restaurador Héctor Mendizábal compró la finca donde estaba el mural para desmontarlo y exhibirlo al público, tarea que se concretó con la extracción de siete paneles. Pero la falta de fondos derivó en la quiebra de la empresa y Mendizábal tuvo que hacer frente a un aluvión de demandas iniciadas por sus antiguos socios, que reclamaban la propiedad del mural.

Fue en octubre de 2008 cuando la valiosa pintura fue trasladada a las puertas del palacio presidencial desde el aparcamiento al aire libre donde estuvo durante dos décadas. La presidenta Cristina Fernández salió a recibirlo personalmente y a continuación lo entregó a los expertos del Instituto Nacional de Bellas Artes de México y de las universidades argentinas de San Martín y Tecnológica Nacional para que se encargaran de restaurarlo.

El profesor Serrano asegura que la recuperación será total gracias a la calidad de los materiales utilizados por el artista y a la tecnología actual, que permite "ver a través de las diferentes capas de mugre, barniz y aceite" que cubren la pintura. Según el experto mexicano, "éste es uno de los trabajos que han marcado" en su vida "un antes y después".

Ejercicio plástico fue declarado bien de interés histórico artístico nacional por el Gobierno argentino en 2003 y México lo considera también monumento artístico de la Nación, por lo que ambos países están interesados en que se preserve. La presidenta Cristina Fernández declaró durante la ceremonia de recepción de los contenedores que su restauración será “una expresión concreta de la sólida relación cultural que une a la Argentina con México” de la que también fue testigo Felipe Calderón, presidente de México, durante su última visita oficial a Buenos Aires.

La obra de Siqueiros está valorada en 2,5 millones de euros, según los especialistas, y está previsto que se exponga al público en un recinto de la antigua aduana de Buenos Aires, ubicada debajo de la sede del Ejecutivo argentino, junto a la residencia oficial de la presidenta de la República. Será 2010, con motivo del bicentenario de la revolución que desembocó en la independencia de Argentina.
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Fuente: Arteselección

miércoles, 7 de enero de 2009

"FLAME Y CITRON", UNA HISTORIA DE LA RESISTENCIA DANESA ANTINAZI

Título: Flame y Citron
Título original: Flammen & Citronen
Dirección: Ole Christian Madsen
País: República Checa, Alemania, Dinamarca
Año: 2008
Fecha de estreno: 01/01/2009
Duración: 130 min.
Género: Thriller
Reparto: Thure Lindhardt, Mads Mikkelsen, Stine Stengade, Peter Mygind, Mille Lehfeldt, Christian Berkel, Hanns Zischler, Claus Riis Østergaard, Flemming Enevold, Lars Mikkelsen, Jesper Christensen, Lærke Winther Andersen, Peter Plaugborg, Martin Hestbæk
Guión: Ole Christian Madsen, Lars Andersen


Copenhague, 1944. Mientras la población danesa desea que la guerra acabe cuanto antes, Bent Faurschou-Hviid, de 23 años y cuyo nombre de guerra es Flame (por su cabello rojo) y Jørgen Haagen Schmith, de 33 años y cuyo nombre de guerra es Citron (al parecer, en parte, porque había trabajado como mecánico en la fábrica de Citroën), ponen sus vidas en riesgo para luchar en el grupo de resistencia Holger Danske que combate clandestinamente contra los nazis y sus colaboradores daneses.

El intrépido e inflexible Flame es un antifascista inveterado y sueña con que llegue el día en que el grupo montará y lanzará abiertamente un contraataque armado contra el gobierno pronazi (los nazis habían entrado en Dinamarca el 9 de abril de 1940 y contaban con el apoyo de pronazis daneses y de un gobierno colaboracionista). En cuanto a Citron, un hombre sensible que adora a su mujer y a su hija, al principio se había limitado a actuar como conductor de Flame, pero ahora se ve cada vez más involucrado en las actividades del grupo.

Cuando su inmediato superior, Aksel Winther, les ordena una acción contra dos funcionarios de la organización de espionaje alemán Abwehr, los acontecimientos empiezan a descontrolarse. Flame mantiene una conversación con el inteligente coronel Gilbert y, por primera vez, Flame se cuestiona la orden que tienen que ejecutar... Parece que se ha producido un terrible error. Situaciones posteriores, llenas de sospechas, que envuelven incluso a su chica, la bella y misteriosa correo Ketty, llevan a Flame a descubrir los perfiles de una muy diferente y mucho más oculta agenda. ¿Tendrá que creer a Ketty o a Winther? ¿Y quién trabaja para quién? Llenos de dudas, Flame y Citron empiezan a sentir que están pisando arenas movedizas. Desesperados, desilusionados y con la sensación de haber sido traicionados por sus superiores, deciden confiar únicamente en ellos mismos y concentrar sus esfuerzos en acabar con el odiado y temido jefe de la Gestapo, Hoffmann.

Esta película se ha inspirado en hechos reales y testimonios de testigos que trataron de cerca a Bent Faurschou-Hviid (Flame) y Jørgen Haagen Schmith (Citron).

TRAILER EN ESPAÑOL: http://es.youtube.com/watch?v=oVz-Lc6aCXM

martes, 6 de enero de 2009

GÜNTER GRASS PUBLICARÁ SU DIARIO DE LA REUNIFICACIÓN ALEMANA


"DE CAMINO DE ALEMANIA A ALEMANIA" CRITICA LA ANEXIÓN DE LA ANTIGUA RDA

El Premio Nobel de Literatura Günter Grass sacará a las librerías, a finales de este mes según los planes de la editorial Steidl, su diario del año de la reunificación alemana, frente a la que tuvo y sigue teniendo una actitud crítica.

Unterwegs von Deutschland nach Deutschland (De camino de Alemania a Alemania) es el título del libro que recoge las anotaciones de Grass del año 1990 y que es anunciado por Steidl en su catálogo de novedades para el primer trimestre del año.

Durante 1990, que tuvo su punto culminante el 3 de octubre cuando se selló la reunificación de Alemania, Grass estuvo recorriendo constantemente las dos partes del país y en varias ocasiones manifestó su convicción de que una reunificación rápida traería decepciones y desconfianza a largo plazo.

El catálogo de Steidl incluye algunos extractos del libro en el que se documenta esa postura de Grass, que más tarde encontraría expresión literaria en su novela Es cuento largo.

En una anotación del 30 de enero, por ejemplo, Grass se pregunta si será posible hacer frente a "la presunta convicción popular" de que la reunificación debía realizarse lo más pronto posible.

"Al menos los políticos de cierto formato deberían saber que aunque una reunificación rápida es accesible, ésta tendría que pagarse con desconfianza y una larga brecha (entre las dos partes de Alemania)", concluye Grass.
En marzo, Grass predice -desde Cottbus (al este del país)- consecuencias negativas de la unión monetaria entre las dos Alemanias y dice que los orientales gastarán sus marcos occidentales en viajes al oeste y en productos occidentales, lo que no apoyaría a la entonces castigada economía de la agonizante República Democrática Alemana. "Por el contrario, los bienes producidos aquí se harán imposibles de vender y muchas empresas quebrarán, incluso algunas que de otro modo hubieran podido salvarse", escribe Grass.

El propio Grass ilustra una irónica portada

En la carátula del libro aparecen dos saltamontes, dibujados por el propio Grass, que seguramente hacen alusión a una frase del actual presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Franz Müntefering, que comparó a cierto tipo de inversores con esos insectos, que llegan a un país como una plaga y, tras arrasar con todo, vuelven a marcharse.

En el caso del diario de Grass, los saltamontes son los empresarios occidentales que aprovecharon para adquirir empresas de la extinta RDA a precio de ganga para luego desmontarlas.

Paralelamente al diario de Grass, Steidl sacará a las librerías una colección de ensayos y discursos del Premio Nobel sobre la reunificación.

Grass defendió en su momento la idea de que, antes de cerrar el proceso de reunificación, se debía dar tiempo a la RDA para regenerar su economía. Además, Grass era partidario de que Alemania asumiese una nueva constitución después de la reunificación en lugar de imponerle a la RDA la constitución de la República Federal de Alemania.
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lunes, 5 de enero de 2009

CUBA DESENTIERRA TEXTOS INÉDITOS DE HEMINGWAY


SE TRATA DE 3.200 DOCUMENTOS DESCONOCIDOS DEL ESCRITOR QUE PERMANECEN EN LA HABANA

A partir de hoy y con la colaboración de instituciones de EEUU, las autoridades cubanas sacan a la luz unos 3.200 documentos inéditos de Ernest Hemingway, digitalizados y conservados hasta ahora en el Museo Finca Vigía, residencia habanera del escritor.

Son manuscritos, cartas, telegramas, recortes de periódicos, pólizas de seguros, facturas y otros escritos personales de Hemingway que están ahora a disposición de especialistas, académicos e investigadores. También aparecen el epílogo de Por quien doblan las campanas, novela sobre la Guerra Civil española, y el guión de El viejo y el mar, obra maestra adaptada al cine en 1958 con Spencer Tracy.

"Se trata de documentos prácticamente inéditos. Sólo se conocen algunos a partir del libro Hemingway en Cuba [del escritor cubano Norberto Fuentes], pero la mayor parte ha permanecido entre los archivos de Finca Vigía durante más de 45 años", afirmó la directora del Museo Finca Vigía, Ada Rosa Alfonso.

La última residencia

Situada en San Francisco de Paula, a 15 kilómetros del centro de La Habana, la Finca Vigía fue la última residencia de Hemingway. Nacido en 1898 en Chicago, el Premio Nobel de Literatura llegó por primera vez a Cuba en 1932, principalmente para pescar.

La apertura del archivo con los 3.200 documentos coincide con el final de las obras de restauración del Yate Pilar, a bordo del cual Hemingway solía recorrer el Golfo de México. Fue en Cuba donde escribió El Viejo y el mar, publicada en 1952.

No todo el mundo podrá ver y leer esos pequeños tesoros de la literatura. Como lo indica en su página web el Consejo Nacional del Patrimonio Cultural de Cuba.

Sólo los investigadores, "previa solicitud formal y avalados por una institución", podrán acceder al material. El próximo mes de febrero, Cuba donará copias digitalizadas de esos documentos a la Biblioteca Kennedy de Boston, en EEUU.

La restauración y digitalización de los documentos fue posible gracias a la colaboración de instituciones estadounidense el Centro de Investigación de Ciencias Sociales de Massachusets y cubanas el Consejo Nacional del Patrimonio Cultural de Cuba y el Centro Nacional de Conservación y Restauración.

"Pensamos que este proyecto cultural realmente es un ejemplo de lo que pueden ser las relaciones entre intelectuales de Cuba y de Estados Unidos", dijo la presidenta del Consejo Nacional del Patrimonio Cultural, Margarita Ruiz.

Este principio de colaboración es el resultado de un acuerdo para la preservación de los documentos y objetos de la Finca Vigía firmado en noviembre de 2002 entre el Centro de Investigación de Ciencias Sociales de Massachusets y las autoridades cubanas.

Fidel Castro estaba presente. También el congresista demócrata James McGovern, quien había hablado entonces de su "pasión por derribar las paredes innecesarias y crear una nueva relación" entre ambos países.

En sus memorias, How it was, la cuarta esposa de Hemingway, Mary Welsh, escribió que su marido había "llenado de papel prácticamente cada gaveta de la finca".

Tras la muerte del escritor en 1961, la Vigía fue donada por sus familiares a las autoridades cubanas, que la convirtieron en museo. Había entonces más de 15.000 documentos y objetos, desde cuadros, mapas, fotografías, libros y revistas, hasta máquinas de escribir y botellas de alcohol. Los cubanos aseguraron que están trabajando en el rescate de otras 1.000 piezas.

Relación con Fidel Castro

Fidel Castro y Hemingway coincidieron tres veces antes de que el novelista regresara a EEUU en 1960, donde se suicidó un año más tarde. En 2002, cuando se firmó el acuerdo para la preservación de los documentos de la Finca Vigía, el entonces presidente cubano recordó que nunca había leído "algo tan maravilloso como El viejo y el mar" y que "el momento cumbre de aquella narración consiste en el monólogo de un hombre hablando consigo mismo, solo un personaje, un viejo meditando, reflexionando, soñando y luchando para llegar al final". Palabras de actualidad para el retirado comandante.

La unión entre EEUU y Cuba que consiguió de manera póstuma Ernest Hemingway tiene, sin embargo, sus límites. El Fondo Nacional para la Conservación Histórica de EEUU incluyó la Finca Vigía en la lista de lugares históricos estadounidenses, aunque nunca consiguió que Washington asumiera su parte de la restauración del Museo. Los archivos que ahora se ponen a disposición aguantaron años de silencio, embargo y humedad tropical.

Y fueron restaurados gracias a la colaboración también inédita entre instituciones de los dos países, aunque los gastos de la Finca Vigía sólo corren a cargo de Cuba; el embargo que EEUU mantiene desde 1963 prohíbe aportar fondos a la isla.

Fuente: Guillaume Fourmont (Público)

domingo, 4 de enero de 2009

TEXTOS DEL NOBEL JOSÉ SARAMAGO SOBRE EL GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO


ISRAEL

No es el mejor augurio que el futuro presidente de Estados Unidos repita una y otra vez, sin que le tiemble la voz, que mantendrá con Israel la “relación especial” que une los dos países, en particular el apoyo incondicional que la Casa Blanca dispensa a la política represiva (represiva es decir poco) con que los gobernantes (¿y porqué no también los gobernados?) israelíes han venido martirizando por todos los modos y medios al pueblo palestino. Se a Barack Obama no le repugna tomar su té con verdugos y criminales de guerra, buen provecho le haga, pero que no cuente con la aprobación de la gente honesta. Otros presidentes colegas suyos lo hicieron antes sin necesitar otra justificación que la tal “relación especial” con la que se da cobertura a cuantas ignominias fueron tramadas por los dos países contra los derechos nacionales de los palestinos.
A lo largo de la campaña electoral Barack Obama, ya fuera por vivencia personal o por estrategia política, supo dar de sí mismo la imagen de un padre dedicado. Eso me permite sugerirle que le cuente esta noche una historia a sus hijas antes de que se duerman, la historia de un barco que transportaba cuatro toneladas de medicamentos para socorrer a la población de Gaza en la terrible situación sanitaria en que se encuentra, y que ese barco, Dignidade era su nombre, ha sido destruído por un ataque de fuerzas navales israeliés con el pretexto de que no tenía autorización para atracar en sus costas (creía yo, ignorante redomado, que las costas de Gaza eran palestinas…) Y que no se sorprenda si una de las hijas, o las dos a coro, le dicen: “No te canses, papá, ya sabemos qué es una relación especial, se llama complicidad en el crimen”.
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GAZA

La sigla ONU, todo el mundo lo sabe, significa Organización de Naciones Unidas, es decir, a la luz de la realidad, nada o muy poco. Que lo digan los palestinos de Gaza a quienes se les están agotando los alimentos, o se les han agotado ya, porque así lo ha impuesto el bloqueo israelí, decidido, por lo vistos, a condenar al hambre a las 750 mil personas registradas allí como refugiados. Ni pan tiene ya, la harina se ha acabado, y el aceite, las lentejas y el azúcar van por el mismo camino. Desde el día 9 de diciembre los camiones de la agencia de Naciones Unidas, cargados de alimentos, aguardan a que el ejército israelí les permita la entrada en la faja de Gaza, una autorización una vez más negada o que será pospuesta hasta la última desesperación y la última exasperación de los palestinos hambrientos. ¿Naciones Unidas? ¿Unidas? Contando con la complicidad o la cobardía internacional, Israel se ríe de recomendaciones, decisiones y protestas, hace lo que viene en gana, cuando le viene en gana y como le viene en gana. Ha llegado hasta el punto de impedir la entrada de libros e instrumentos musicales como si se tratase de productos que iban a poner en riesgo la seguridad de Israel. Si el ridículo matara no quedaría de pie ni un solo político o un solo soldado israelí, esos especialistas en crueldad, esos doctorados en desprecio que miran el mundo desde lo alto de la insolencia que es la base de su educación. Comprendemos mejor a su dios bíblico cuando conocemos a sus seguidores. Jehová, o Yahvé, o como se le diga, es un dios rencoroso y feroz que los israelíes mantienen permanentemente actualizado.
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Fuente: El Cuaderno de Saramago

sábado, 3 de enero de 2009

“CARTA AL GENERAL FRANCO”, DE FERNANDO ARRABAL

Título: CARTA AL GENERAL FRANCO
Autor: Fernando Arrabal.
Editorial: Augur Libros.
Formato: 22 x 14 cm.
Páginas: 80.
PVP: 16,90

La editorial Augur Libros recupera esta obra capital de la literatura española del siglo XX que llevaba descatalogada más de veinticinco años. El carácter híbrido de Carta al General Franco reúne con una destreza estilística fuera de lo común lo histórico y lo biográfico.

Este texto de Arrabal, enviado a Franco en 1971 y que no obtuvo respuesta por parte del dictador, fue publicado en Francia poco después, en 1972. El testimonio del autor, convertido en literatura por la belleza y la calidad extrema de su escritura, se transforma en un canto a la libertad y a la memoria, un canto sin rencor alguno como advierte en sus primeras líneas al general: “Le escribo esta carta con amor”.

Se trata de un texto híbrido, no exento de ironía en algunos momentos, que resulta al igual que De Profundis de Oscar Wilde, no sólo un documento personal sino una obra literaria de altísima calidad. Esta carta fue escrita tras la experiencia de las cárceles franquistas entre el 20 de julio y el 14 de agosto de 1967, después de ser arrestado y acusado de blasfemias e injurias a la nación.

La presión que ejercieron intelectuales como Samuel Beckett, Milan Kundera o Eugene Ionesco produjo su efecto, y Arrabal fue puesto en libertad. El lirismo de la escritura contrasta a la perfección con el contenido de la carta creando un juego de luces y sombras demoledor. Pocos textos literarios alcanzan una intensidad como esta, la Carta al General Franco de Fernando Arrabal es un obra totalmente contemporánea y necesaria en la actualidad.

El prólogo del libro lo ha llevado a cabo el escritor José Luis Gómez Toré, finalista del Premio Adonais de poesía y ganador del Premio Internacional Gerardo Diego de ensayo, quien ha sabido iluminar, al igual que Arrabal, el magnífico contraste entre luces y sombras que se halla presente en la Carta.

La edición del libro refleja las señas de identidad de Augur Libros: tapa dura, diseño arriesgado, unas preciosas guardas y un papel de calidad y alto gramaje.
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Fuente: www.literatura.com

“CARTA AL GENERAL FRANCO”

París, 18 de marzo de 1971
Don Francisco Franco
Palacio de El Pardo España

Excelentísimo Señor:

Le escribo esta carta con amor.
Sin el más mínimo odio o rencor, tengo que decirle que es usted el hombre que más daño me ha causado. Tengo mucho miedo al comenzar a escribirle: temo que esta modesta carta (que me conmueve de pies a cabeza) sea demasiado frágil para llegar hasta usted; que no llegue a sus manos.
Creo que usted sufre infinitamente; sólo un ser que tanto sufre puede imponer tanto dolor en torno suyo; el dolor preside, no sólo su vida de hombre político y de militar, sino incluso sus distracciones; usted pinta naufragios y su juego favorito es matar conejos, palomas o atunes.
En su biografía, ¡cuántos cadáveres! en África, en Asturias, en la guerra civil, en la postguerra...
Toda su vida cubierta por el moho del luto. Le imagino rodeado de palomas sin patas, de guirnaldas negras, de sueños que rechinan la sangre y la muerte.
Deseo que usted se transforme, cambie, que se salve, sí, es decir, que sea feliz por fin, que abandone el mundo de represión, odio, cárcel, buenos y malos que hoy le rodea.
Quizás haya una remota esperanza de que me oiga: siendo niño me llevaron a un acto oficial que usted presidía.
Al llegar usted, entre ovaciones, las autoridades le agasajaron.
Entonces una niña, preparada para ello, se acercó a usted y le tendió un ramo de flores. Luego comenzó a recitar un poema (mil veces ensayado)...
Pero, de pronto, presa de emoción, se puso a llorar. Usted le dijo, acariciándole la mejilla:
–No llores, yo soy un hombre como los demás.
¿Es posible que hubiera en sus palabras algo más que el cinismo?
Yo no formo parte de esa legión de españoles que al finalizar la guerra civil cruzaron los Pirineos cubiertos de nieve. Como mi amigo Enrique que tenía entonces once meses. Las barrigas secas, el espanto a borbotones buscaban la cima y huían del fondo de la furia.
¡Cuánto heroísmo anónimo!
¡Cuántas madres, a pie, con sus hijos en brazos!
Luego, a lo largo de estos años, de estos últimos lustros, ¿cuántos huyeron?
¿Cuántos emigraron? Hace siglos, en tiempos de la Inquisición, vivía en Ávila una niña de ocho años. Un día tomó a su hermanito por la mano y se escapó de su casa. Recorrieron campos y montañas.
Por fin su padre consiguió dar con ella. Le preguntó:
–¿Por qué te has escapado?
–Quería irme de España.
–Pero ¿por qué?
–¡Para conquistar gloria!
–Lo mismo que dijo esta niña –Santa Teresa– hubieran podido decir tantos que se fueron: cientos de miles.
Y también los Goya, los Picasso, los Buñuel... Lo mismo hubiéramos podido decir los que en 1955 salimos de su España negra.
Para conquistar gloria, en el sentido más fascinante de la palabra.
Esa niña que se escapaba en busca del apoteosis, más tarde iba a sufrir en su carne y en su alma los golpes de la intolerancia de entonces: la Inquisición.
No vea en mí ningún orgullo. No me siento de ninguna manera superior a nadie y menos que a nadie a usted. Todos somos los mismos.
Usted debe escuchar esta voz que le viene volando por encima de media Europa, bañada de emoción.
Lo que le voy a escribir en esta carta podrían decírselo la mayoría de los hombres de España si no tuvieran sus bocas lacradas, es lo que dicen en privado los poetas.
Pero no pueden proclamar en voz alta lo que les grita el corazón. Arriesgan la cárcel.
Por eso tantos se fueron. Su régimen es un eslabón más dentro de una cadena de intolerancias que comenzaron en España hace siglos.
Quisiera que usted tomara conciencia de esta situación. Y, gracias a ello, quitara las mordazas y las esposas que encarcelan a la mayoría de los españoles. Este es el propósito de mi carta:
Que usted cambie. Usted merece salvarse como todos los hombres: desde Stalin hasta Gandhi. Usted merece ser feliz: ¿cómo puede serlo sabiendo el terror que su régimen ha impuesto e impone?
Mucho tiene usted que sufrir para crear en torno a usted la intolerancia y el castigo.
Usted también merece salvarse, ser feliz. España tiene por fin que cesar de emponzoñar a su pueblo.
¡Cuánta ceniza, cuántas lágrimas, cuánta muerte lenta entre funerales de chatarra al son de campanas podridas!
Este país era España. Sus reyes se llamaban, por ejemplo, Alfonso X el Sabio o Fernando III el Santo. Este monarca se proclamó el “Rey de las tres religiones”.
(Me siento orgulloso de llevar su nombre.) Imagínese la España de hoy aceptando las tres corrientes de pensamiento más populares en el país y apadrinándolas en toda libertad: la democracia, el marxismo y la religiosidad. Si usted delegara su poder al pueblo, ¡qué felicidad! Qué felicidad para usted. Qué felicidad para todos los españoles.
Pero la tolerancia constructiva que impregnó la Edad Media iba a cesar brutalmente. Los Reyes Católicos llegaron, expulsaron dos de las tres religiones, proclamaron el cristianismo religión obligatoria, por la sangre y por el fuego intentaron exterminar al judaísmo y al mahometanismo.
La noche más negra de la historia comenzaba en España, los quemaderos de la Inquisición se encendieron y sus intolerancias siniestras aún no se han extinguido.
Y hasta hoy reina un silencio de flores calcinadas, de interminables rejas, como un sordo enjambre de arañas en nuestros sesos. Aún en la España de hoy se sigue pudriendo en las mazmorras por delitos de opinión.
Por proclamar en alta voz el idealismo que abrasa el corazón, por pedir de la forma más sincera y pura un sistema diferente.

Fuente: Diagonal

viernes, 2 de enero de 2009

"OTTO DIX: PINTURA, SOCIALISMO Y DESOLACIÓN"

Metrópolis (1928)

Otto Dix no sólo transitó por buena parte de los “ismos” que hicieron vibrar su época, sino que también participó con su obra en algunos de los debates claves para esclarecer lo que significa el arte en nuestras sociedades.

La política fue un elemento decisivo en su forma de entender el mundo, esto es, de pintar, y su implicación ética con los derrotados, los humillados y ofendidos de la historia, unida a su acusado sentido de lo grotesco, le condujeron a pintar de una forma tan vigorosa y exaltada que a menudo causaba aversión. Sus putas, sus mutilados, el lumpen que puebla su obra, constituyen una de las denuncias iconográficas más potentes de la historia del arte. Su verismo, su hipertrofiada objetividad, su tendencia a la caricatura, a retratar lo obsceno, es decir, aquello que acostumbra a permanecer oculto, velado por la hipocresía, la buena educación y el gusto dominante –o impuesto– le llevaron en dos ocasiones al banquillo, afortunadamente sin consecuencias, y le convirtieron en una de las presas más cotizadas por el nazismo. Otto Dix era, se mirara como se mirara, un artista degenerado. La Segunda Guerra Mundial –de hecho la toma nazi del poder– supuso para Dix un golpe del que ya no se recuperaría. Había perdido impulso y las circunstancias no le permitirían recuperarlo. Pero eso ya no importaba mucho: Otto Dix era uno de los grandes, uno de esos artistas que representan a una época y que nos devuelven, transformada, enriquecida, violentada, su imagen, la de una Historia que nos explica el presente y que, en ocasiones, ayuda a vislumbrar el futuro.
Tiempos de guerra
Otto Dix nació el 2 de diciembre de 1891 en Untermhaus, cerca de Gera, en Turingia. Hijo de obreros cualificados estudió dibujo y muy joven comenzó a trabajar como pintor-decorador. En 1908 ya pinta sus primeros óleos, pasteles y dibujos al carboncillo y, un año más tarde, ingresa en la Escuela de Artes y Oficios de Dresde, la que fuera su ciudad de referencia. Pero una catástrofe interrumpiría su vida y la de millones de europeos: la Primera Guerra Mundial. Kokoschka fue herido en una emboscada y capturado por los rusos en el frente oriental; Macke caía el 29 de septiembre en la Champagne francesa y Marc sucumbía el 4 de marzo de 1916 en Verdún; Kirchner, por su parte, fue asaltado por tal crisis física y mental que tuvo que ser ingresado en el sanatorio Königstein en el Taunus. Dix tuvo más suerte que ellos. Tras incorporarse como voluntario al frente recorrió en un convoy militar Francia, Flandes, Polonia y Rusia; fue herido, condecorado y ascendido. Pero esa buena suerte, ese cumplimiento ejemplar no debe engañarnos. Mientras duró la campaña Otto Dix escribió multitud de cartas describiendo los horrores de aquella feroz matanza y, sobre todo, trabajó a destajo en unas condiciones dramáticas, esas condicione que, milagrosamente, habían permitido también escribir a Wittgenstein su Tractatus. Dix pintó retratos y autorretratos–su célebre Autorretrato como soldado– así como cientos de dibujos, aguadas y acuarelas. Influido por el cubismo y el futurismo el pintor tomaría nota de la devastación, de las trincheras y lo impactos de los obuses, de los cadáveres desmembrados y de la naturaleza arrasada. Todo ello le haría merecedor, años más tarde, de la denuncia de los exquisitos críticos nazis: por “sabotaje al espíritu militar de las fuerzas armadas”. Para Dix la guerra es un fenómeno telúrico, geológico, pero esa aparente impersonalidad no oculta su feroz denuncia. Tan sólo Goya había logrado algo parecido a lo que Dix hará en esos años. En 1916, en la Galería Arnold, muestra ya algunos de sus trabajos, macabros, expresionistas, como La guerra, Autorretrato como Marte, o el guache Trincheras. Aunque no será hasta 1923 que no aparezca la carpeta definitiva sobre el tema La guerra, y pinte su óleo Las trincheras, hoy desaparecido. “Ese Dix provoca náuseas”, aseguró el historiador del arte Julius Meier-Graefe en 1924. El “entrenamiento demencial de cuatro años” que fue la contienda rinde sus frutos artísticos en una obra que quedará definitivamente afectada por su impacto. “A juzgar por los cuadros bélicos de los antiguos, parece como si sus autores nunca hubieran estado allí”, se queja Dix. Pero él sí estuvo, y se empapó de la miseria, del sufrimiento y del dolor. Su tremendo tríptico sobre el tema exime de cualquier comentario, y los nazis no se lo perdonarían. Era difícil, al comienzo, no sucumbir a la fascinación de los uniformes, al delirio popular, al hechizo propagandístico de las “tempestades de acero”. Incluso alguien tan poco proclive a esos frenesís como Stefan Zweig no pudo sustraerse del todo a su atracción. Así lo confiesa en sus memorias: “En honor a la verdad debo confesar que en aquella primera salida ala calle de las masas había algo grandioso, arrebatador, incluso cautivador, a lo que era difícil sustraerse. Y, a pesar del odio y la aversión a la guerra, no quisiera verme privado del recuerdo de aquellos primeros días durante el resto de mi vida”. Otto Dix no se dejó engañar, y si bien afirmó que no era pacifista, como no era “político” ni otras muchas cosas, lo cierto es que su obra es incuestionablemente antibelicista, como sus pinturas, su compromisos, estuvieron siempre con la izquierda. Pues los tiempos en los que Dix más brilló fueron tiempos turbulentos y exaltados; fue una época fascinante y terrible en que izquierda y derecha radicalizaban sus posturas y se enfrentaban diariamente en las calles, en los cafés, en los barrios. Fueron los tiempos de la efímera, romántica y malograda República de Weimar, de la que Dix fue, de algún modo, “pintor de corte”.
Tiempos de revuelta
Tras la contienda, en 1919, Otto Dix volvió a su querida Dresde e iniciaría el periodo más fecundo, más innovador y brillante de su carrera. Y también el más comprometido políticamente. El 3 de noviembre de 1918 la flota alemana se había sublevado en Kiel: era el comienzo. A la sublevación siguieron levantamientos en Colonia, Hannover o Munich, donde el poeta y socialista Kurt Eisner proclama, por fin, la caída de la monarquía y forma el primer Consejo de Obreros y Soldados. Poco después se constituyen otros en Dresde o Leipzig y, apenas unos días más tarde, los acontecimientos se precipitan. El 10, bajo la presión de una huelga general, Guillermo II abdica, dimite el canciller Max von Baden y el Consejo de Comisarios del Pueblo nombra a Friederich E. Ebert, miembro del Partido Socialista Alemán, presidente de la República, y a su compañero de partido, Ph. S. Scheidemann, primer ministro. Es la “revolución de noviembre”: la República de Weimar ya está en marcha. Los conflictos, sin embargo, no tardan en aparecer. Buena parte de Alemania, en especial Berlín, donde en última instancia se juega su destino la República, se halla sumida en huelgas, mientras sus calles son un hervidero de manifestaciones, desfiles y proclamas. En las empresas se han creado consejos de obreros y soldados, alentados por la oposición pero sobre todo por los espartaquistas de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg: queda otra revolución pendiente. El 6 de enero de 1919 Ebert encarga a un compañero de filas, Gustav Noske, que tome el mando de las fuerzas armadas congregadas en Berlín para acabar con el “caos”. Como es tradicional el orden se impondrá con bestial contundencia. Mientras se elabora la constitución en Weimar, bajo los auspicios de Goethe y Schiller, Noske, apoyado por cuerpos de voluntarios, por tropas de aventureros del antiguo ejército imperial pagadas por industriales, “limpian” Berlín y sus alrededores. El día 15 de ese mismo enero una de esas tropas de voluntarios, tras descubrir dónde se ocultaban, detuvo a Liebknecht y a Rosa Luxemburg y los condujo al cuartel general de la guardia de caballería, donde esperaban recibir la recompensa de cien mil marcos por sus cabezas. Allí, en el Hotel Edén, el capitán Pabst, tras tomarles declaración, decidió “eliminarles”. Tras ser golpeada con las culatas de los fusiles Luxemburg fue introducida inconsciente en un coche donde el teniente primero Vogel le apoyó la pistola en la sien y disparó. Arrojaron su cadáver al Landwehrkanal. Tardaron cinco meses en recuperar sus restos. Apenas un mes más tarde, el 12 de febrero, Leo Jogiches, amante de Rosa, publicaba un artículo en Die Rote Fahne acusando a los culpables. Unos días más tarde era detenido y asesinado. El ansiado orden parecía reinar de nuevo. Mas esas muertes no han servido para nada. Entre noviembre de 1918 y marzo de 1919, el promedio de parados en Berlín es de 180.000, cifra que llega a 300.000 en el extrarradio y que en años sucesivos se disparará. Asimismo la ciudad debe encargarse de 20.000 huérfanos y unos 100.000 heridos o inválidos de guerra. A ello se suman los millares de afectados por la gripe y la miseria y la desnutrición infantil. Trabajar en las fábricas es una condena a galeras, pero la amenaza del paro aterra a toda la población. Vivir en la República de Weimar no es, ya lo sabemos, fácil. Y los artistas no pueden permanecer ajenos a todo ello. En 1919 A. Räderschiedt, F.W. Seiwert y A. Hoerle rinden homenaje a la memoria de los revolucionarios encarcelados o asesinados en Vivos. Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht, Eisner, Leviné y tantos otros no pueden caer en el olvido. Ese mismo año Max Beckmann recupera a la revolucionaria polaca en El martirio y unos meses más tarde Käthe Kollwitz termina su Lámina conmemorativa en homenaje de K. Liebknecht. Sin embargo, será la arquitectura la que deje la huella más espectacular. Una huella casi tan efímera, a pesar de todo, como la de la propia República: es el Monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg que, por iniciativa del Partido Comunista Alemán, se erige en 1926 y que se ha considerado el epitafio artístico de la Revolución de Noviembre. Fue proyectado por Mies van der Rohe y en su concepción albergaba reflejos del recuerdo a los “caídos de la Comuna” del cementerio Pêre Lachaise parisino. En 1933 los nazis lo destruyeron: esa Historia no querían que fuera la suya.
Un arte de combate
Otto Dix no fue ajeno, en absoluto, a todo esto. Aún en plena Guerra, el 10 de noviembre de 1917, K. Hiller había fundado el Consejo Político de Trabajo Intelectual, cuyo programa apareció en Das Ziel, y un año después, el 3 de diciembre de 1918, surgiría de él el Novemberrgruppe, el más importante de los movimientos expresionistas aglutinado en torno a la revolución homónima. Pero el expresionismo ya había evolucionado también y ahora daba paso a una generación emergente y radical, una “segunda generación expresionista”, en la que Dix, Grosz y Beckmann marcaban la pauta. Arte y política se dan ahora la mano. En la Circular del 13 de diciembre de 1919 se hablaba ya de “una agrupación de los artistas plásticos radicales”, de “los revolucionarios del espíritu”, y en el Manifiesto el Grupo de Noviembre proclama: “Nosotros estamos en el terreno fructífero de la revolución”. Y fijan como objetivo privilegiado “el dedicar nuestras mejores energías a la construcción ética de la joven Alemania libre”, así como “combatir con denuedo y sin temor el atraso y la reacción”. No tuvieron éxito, es cierto, pero lucharon con todas sus fuerzas para conseguirlo. A rebufo del Grupo de Noviembre berlinés se constituyeron multitud de agrupaciones similares: La liga de activistas en Dusseldorf, La bola en Magdeburgo, el Rih en Karlsruhe, La pedrada en Bielefeld y, sin duda el más importante de ellos, el de la Secesión de Dresde-Grupo 1919. De toda aquella efervescencia han quedado hoy pocos nombres. Ilya Ehrenburg los juzgó ya en 1921 con una severidad no exenta de sentido: “Lo que pude ver no era pintura, sino la erupción histérica de hombres que, en vez de revólveres o bombas, habían cogido en sus manos los pinceles y tubos de colores. En mis anotaciones tropiezo todavía con algunos títulos de cuadros: Sinfonía en sangre, Radio caos, Espectro del fin del mundo, etc. La desarmonía anímica buscaba una salida. Lo que la crítica ha denominado “neoexpresionismo” o “dadaísmo” tenía más que ver con los recuerdos de la batalla estival, con rebeliones e insurrecciones, que con la pintura”. Y así debía ser. Estaba en juego toda una época. El propio grupo la tenía muy claro. En la guía confeccionada para la exposición El arte en Berlín, de 1920, podía leerse: “Los artistas del Grupo Noviembre quieren dar a su época –¡a nuestra época!– contenidos nuevos, ser a su manera la expresión de ella y explicar su posición frente al mundo y la vida. Escuchad cómo gritan de felicidad estos cuadros, cómo se derrumban ante la seriedad, cuando el dolor hace estallar los gemidos, cómo gritan de rabia bajo los golpes y el entrechocarse de formas, de colores que gruñen y zumban. Todo vibra en estas imágenes, los sonidos resuenan, brotan murmullos de colores y, como una marea de aguas vivas, la felicidad sumerge a quien es sensible a ellos.”
Berlín, máxima expresión de la modernidad
Lo cierto es que el expresionismo tocaba a su fin y pintores como Otto Dix iban a participar activamente en su disolución pero también en su superación y renovación. Secesión de Dresde, al que Dix se unió desde el comienzo, aunaba el expresionismo y la radicalidad política, a los que se sumaba cierta moda “apocalíptica”. Era un “expresionismo socialista” que aglutinó a nombres como Conrad Felixmüller, Otto Griebel, Walter Jacob u Otto Lange. Se unieron como una “asociación fraterna” pero la cohesión duró muy poco. Felixmüller viró hacia el comunismo de los consejos obreros y en la exposición El arte en Berlín se exigió que una de las pinturas de Dix fuera retirada, sin contar el pintor con el apoyo del Comité Directivo. Tras la ausencia de Felixmüller las fugas y las entradas fueron constantes, hasta el punto de que cuando en mayo de 1922 se organice una retrospectiva de los miembros fundadores, sólo Dix permanecía en el grupo. Dix pasó por la inevitable “fase cósmica” que caracterizó a todos sus miembros y, en un principio, mantuvo un expresionismo puro que alternaba con su deuda hacia el cubofuturismo. Están ya sus temas: la muerte, el eros, el nacimiento, pero aún Dix no ha encontrado la forma exacta de expresarse. En 1920 será dadaísta e iniciará ya el camino hacia el verismo que desembocará en la “nueva objetividad”, de la que será el retratista por excelencia: está depurándose. Mas en esa pluralidad estilística, en esos vaivenes que le llevan de la deformación caricaturesca al expresionismo o al sarcasmo dadaísta, Otto Dix logrará piezas tan memorables como el Retrato del Dr médico Heinrich. Lo que siempre será Dix es “realista”, pero ¿qué otra cosa se puede ser? “Y es que soy un realista, sabe usted, que necesita verlo todo con sus propios ojos para constatar que es así... De modo que soy un realista. Tengo que verlo todo. Tengo que presenciar en persona todos los abismos insondables de la vida. Por eso voy a la guerra”, exclama el pintor. Durante un par de años, de 1925 a 1927, Otto Dix estuvo en Berlín, la ciudad más fascinante del momento, “la máxima encarnación de la modernidad”, como la describió Lionel Richard. Entre 1919 y 1933 en Berlín confluyeron “gigantismo, crisis social y vanguardia”. Se convirtió en un laboratorio de la historia. En ella las contradicciones de la época alcanzaron una virulencia tal que a la postre fue aniquiladora pero cuyos roces, cuyas embestidas, hicieron saltar chispas de auténtico genio, produjeron una revolución en el arte y en la vida. Y Dix estuvo allí para pintarlo. Su tríptico Metrópolis es posiblemente la muestra más acabada de lo que aquella sucia, brillante y hambrienta República de Weimar dio de sí. Enloquecido capitalismo, vertiginoso jazz, alcohol, drogas, y baile. Y también lisiados que arrastran sus muñones por las aceras, y prostitutas decrépitas que lucen sus despojos a las puertas de las mansiones. Fulgor y desolación: miseria. Influido por la lectura del Ulises de Joyce Dix aúna dinamismo y simultaneidad, presente e historia, y amplía las “formas expresivas que en esencia ya existen en los maestros antiguos”. Frenética danza de la muerte, Metrópolis nos ofrece una modernidad reflexiva, crítica y madura. Son los años en los que el capitalismo muestra su cara –perfectamente retratada por Grosz o Dix– más truculenta y amarga, y son los años en los que la pintura, la música y el teatro alemanes muestran al mundo por dónde se puede avanzar. Schönberg, Kurt Weill o Vogel se dieron allí cita, pero a menudo no les resultó fácil trabajar. En enero de 1924 Alban Berg presentó su Wozzeck. El director general de música de la Ópera Nacional reconoció de inmediato su valía, aunque le costó dos años conseguir que se estrenara. A Berg su obra le granjeó el título de “criminal de la composición musical”. Hubo críticos que la valoraron, es cierto, aunque al final ganaría otra apuesta: la de acabar con “esos envenenadores de las fuentes de la música alemana”. Reinhardt, Jessner o Piscator tampoco lo tuvieron fácil. El Guillermo Tell de Jessner provocó un escándalo considerable. Y no sólo eso. Según Arnold Zweig fue la prueba definitiva de la “primera oleada antisemita”. Se acercaban malos tiempos no sólo para el teatro. Erwin Piscator era consciente de ello y radicalizó su trabajo en consecuencia: es el teatro proletario, militante y político. Atraído por el deslumbrante Berlín en 1920 Bertold Brecht también acude allí. Pero para pasarlo mal. Miserable, viviendo en un cuchitril gélido, sin apenas comer, en la primavera de 1922 es llevado por unos amigos al hospital de la caridad: está desnutrido. Sin embargo no desistirá hasta ligar su nombre al de la ciudad, y en 1928 conoce ya el éxito: es la Ópera de cuatro cuartos.
¿Vive todavía ese cerdo?
Todo aquello no podía durar. Goebbels ha puesto sus ojos en la “Babilonia roja”. Se crean los Sturmlokale, esa especie de cuarteles generales con forma de taberna, y las SA organizan un sistema de incursiones, asaltos y “operaciones de limpieza” contra los comunistas y los barrios obreros. El caldo de cultivo había engordado lo suficiente. La desbocada inflación de los primeros años veinte había sido controlada, pero al final de la década era el paro lo que amenazaba a unos alemanes cuyo nivel de vida se había deteriorado, cuya salud empeoraba por momentos: los dorados años veinte se oxidaban. Y la marea nazi no iba a perder su oportunidad. El 30 de enero de 1933 Hindenburg pide a Hitler que ocupe el cargo de canciller. Es la culminación de un proceso degenerativo que dura ya tres años y que cambiará la historia no sólo de Alemania sino de todo el mundo. Y los poetas, los pintores, los músicos lo apreciarán enseguida. En abril de ese mismo 1933 Manfred von Killinger, comisario del Reich en el land de Sajonia anota en su diario: “¿Vive todavía ese cerdo?” Ese cerdo es Otto Dix. Y sí, vive todavía. Pero pronto tendrá que cambiar su forma de hacerlo... En mayo se le expulsa de la Academia de Bellas Artes de Prusia, se le destituye de su cargo en la Academia de Artes Plásticas de Dresde –sin derecho a pensión–, y se “exilia” a orillas del Lago Constanza. Tras el fallido atentado contra Hitler pasará una semana en prisión preventiva, pero puede regresar a un exilio plagado de hermosos paisajes que le aburren. “Es una lástima que no se pueda encerrar a esta gente”, comentó el Führer al ver sus cuadros. Pero hizo algo parecido. O peor. En sus operaciones de “limpieza” los nacionalsocialistas confiscaron cerca de 260 obras de Dix. Fue, de hecho, uno de los más destacados “engendros de la locura, de la desfachatez, de la ineptitud”. En Constanza Otto Dix pintó paisajes, regresó a motivos de la tradición cristiana, hizo algunos retratos y, cuando podía, volvía a su adorada Dresde. También fue llamado a filas y hecho prisionero por los franceses. A su regreso del cautiverio acudió a su refugio junto al lago, pero permaneció intacto su amor por la salvajemente destruida ciudad del Elba. Hasta su muerte, el 25 de julio de 1969, mantuvo un precario equilibrio entre las dos Alemanias. Recibió premios, condecoraciones y elogios, aunque su esplendor hacía tiempo que quedó atrás. Como el de toda una época. Del brillo fascinante del Berlín dorado quedaron, tras la guerra, 70.000 toneladas de bombas arrojadas y 75 millones de metros cúbicos de escombros. Otto Dix fue testigo de todo aquello y dejó constancia de ello: “Sí, desde luego que no pinto ni para esos ni para aquellos. Lo siento. Soy un proletario soberano de tal calibre ¿verdad? que digo ¡Esto lo hago! Y podéis decir lo que queráis. Para qué es bueno esto, ni yo mismo lo sé. Pero lo hago. Porque sé que eso fue así y no de otra manera”. Si Grosz titulaba sus memorias Un sí menor y un NO mayor, Otto Dix apostó toda su vida por el sí: “hay que ser capaz de decir sí, sí a las manifestaciones humanas, que estarán ahí y lo estarán siempre”. Y ese sí es el que humaniza sus pinturas, aún las más crueles, las más grotescas, las más feroces. Porque es un sí repleto de sensibilidad, de ternura incluso. De desolación a veces. Extraño “pintor de corte”, nuevo maestro antiguo, retratista sin par, Otto Dix forma parte de lo mejor del siglo XX, de esa estirpe milagrosa que luchó por iluminar una época y que, finalmente, sólo encontró desolación.

Texto de Antonio García Vila (Fuente: El Viejo Topo)

jueves, 1 de enero de 2009

LA REVOLUCIÓN CUBANA CUMPLE 50 AÑOS

Monumento al Che Guevara en la ciudad de Santa Clara
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"EL SOCIALISMO Y EL HOMBRE EN CUBA"
POR ERNESTO CHE GUEVARA


Estimado compañero*:
Acabo estas notas en viaje por África, animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos.
Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.
Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.
Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.
Llego la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados.
Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre del futuro.
En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de Octubre o en los días del ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.
En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.
Se produjeron enseguida contradicciones seria, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de gobierno con el cargo de primer ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.
Aparecía en la historia de la Revolución Cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa.
Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.
La masa participó en la reforma agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo.
Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.
Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante una política sectaria impuesta al partido por Aníbal Escalante.
Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con las masas. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años pero, en el caso de las iniciativas surgidas de estratos superiores del gobierno utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados.
Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y victoria.
Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.
En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.
Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.)
De todos modos, se muestra el camino con escollos que aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.
Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.
Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.
El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.
La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.
En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En estos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas las posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto.
En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados» por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.
Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.
De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.
Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela.
Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha.
A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible.
Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son los premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad.
En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparto de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra.
Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.
En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.
Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.
El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.
A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora.
Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias. En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción.
Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación.
No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.
Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas todas las cadenas de la enajenación.
Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.
Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.
Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.
Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aún cuando sea necesario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel). Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.
El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de retroceso.
Debemos considerar, además como apuntáramos antes, que no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino de una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.
Si a esto de agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance.
La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia.
En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre la necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad.: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado.
Se trata sólo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aún cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y sólo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados.
Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta «investigación» tiene sus límites imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.
Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.
Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia.
En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear.
El socialismo es joven y tiene errores.
Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarias para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido.) La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo.
Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce al problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.
Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy. Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas la formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy.
Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal.
En nuestro país, el error del mecanicismo realista no se ha dado, pero sí otro signo de contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionismo.
Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha, el futuro es nuestro.
Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.
En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.
Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores.
Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace.
El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo…
Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia no una receta.
Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección, la tónica siempre, peros hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigente porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos.
No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.
Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.
Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas son que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.
Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella.
En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.
El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala loca y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.
Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.
En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.
Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna —no nos avergüenza ni nos intimida decirlo— va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.
Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.
Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.
Permítame intentar unas conclusiones:
Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres.


El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos.
Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.
Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos.
El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.
Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.
La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.
Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido.
La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.
Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando.
Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un «Ave María Purísima»: Patria o muerte.

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* Carlos Quijano, editor del semanario uruguayo, Marcha, quien publica la carta en la edición del 12 de marzo de 1965.


Fuente: www.marxists.org