sábado, 23 de enero de 2021

"LA REALIZACIÓN DE UN FRESCO QUE MUESTRA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CIUDAD", MURAL DE DIEGO RIVERA MOTIVO DE POLÉMICA POR SU PROPUESTA DE VENTA


La realización de un fresco que muestra la construcción de una ciudad
Diego Rivera
1931
Fresco
San Francisco Art Institute

A Diego Rivera se le denominó el pintor de “la indignación colectiva”.

Corría 1931 cuando el artista mexicano realizó ocho murales para la retrospectiva que le dedicó el MoMa de Nueva York. En esa obra expresó una temática en la que se mezclaba la revolución mexicana y el impacto del crack financiero en la metrópolis de los rascacielos.

Por aquellas fechas también hizo una gran pieza para el edificio Rockefeller, que el dueño ordenó destruir por la negativa del autor a eliminar a un personaje: Lenin.

Su producción en Estados Unidos no se limitó a la Gran Manzana. En la otra costa, en San Francisco, Rivera pintó tres murales, de gran influencia en los artistas locales. Una de esas creaciones se convirtió en un símbolo para los residentes en esa urbe.

The Making of a Fresco Showing the Building of a City , título de la obra, es un mural dentro de otro. Representa la creación de la ciudad y, a su vez, del mismo fresco en el que conviven arquitectos, ingenieros, artesanos, escultores y pintores haciendo su trabajo. Incluso se puede ver al mismo Rivera, pincel en mano.

Entonces se vivía una grave crisis económica, cuestión que conecta con el presente, por el severo impacto de la pandemia, y Rivera vuelve a ser la expresión de esa indignación colectiva.

Su mural ha ocupado una pared entera del San Francisco Art Institute (SFAI) desde que el artista lo pergeñó hace nueve décadas. Su creación se ha escrito como una representación notable del apogeo de la fuerza laboral.

La SFAI, con siglo y medio de historia, acumula una deuda de 19,7 millones, después de años de cara expansión y una caída en las matriculaciones que han puesto a la escuela en una grave situación, empeorada todavía más por la covid, que le han llevado al incumplimiento de préstamos.

Así que dieron con la tecla, que pasaba por lo inimaginable para la ciudad. Había que venderse el Rivera para sobrevivir a la especulación. Uno de los posibles compradores era el cineasta George Lucas con el objetivo de instalarlo en el Museum of Narrative Art en Los Ángeles.

La idea de la venta provocó una polémica inmediata.

“Herejía” o “crimen contra el arte” fueron términos que se escucharon el otro día en la junta de supervisores de San Francisco. En esa reunión se votó por unanimidad, por 11-0, para empezar el proceso de designar el mural como un hito singular y hacer que sea una pieza protegida.

Darle esta categoría supone limitar el margen de maniobra del la entidad, por lo que su venta queda prácticamente excluida. Sacar el mural requeriría la aprobación de la Comisión de Preservación Histórica, que no parece dispuesta a la labor.

El campus en Chesnut Street ya fue designado lugar protegido en 1977, por lo que no podían tocar su carcasa sin permiso. Ahora esto afectaría a su contenido más famoso y reconocido.

“Hay mucho dinero en esta ciudad”, dijo Aaron Peskin, uno de los miembros de la junta de supervisores, que es el que pertenece al distrito en que se ubica el instituto. “Existen opciones mejores para salir del problema que la descabellada iniciativa de vender el mural”, insistió.

Frente al impago, un banco anunció en julio la venta del campus y de 18 obras, incluido el fresco. La Universidad de California compró la deuda en octubre. Según el acuerdo, el SFAI dispone de seis años para recomprar la propiedad. Ante el supuesto de que no pueda vender, el instituto se plantea ahora establecer una especie de fondo en torno al mural. Es una forma de pedir donaciones para evitar la indignante marcha de Diego Rivera.

Fuente: La Vanguardia

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