jueves, 7 de junio de 2012

GROSZ, EL ARTE COMO FUSIL


 "Mi arte debe ser fusil y sable". La obra de George Grosz (1893-1959), uno de los artistas más destacados del siglo XX, representa como ninguna los conflictos sociales y los acontecimientos ocurridos en la Alemania de la primera mitad de este siglo que sacudieron los pilares de nuestra civilización. Con sus agudos dibujos cargados de crítica social, que evidencian un nuevo lenguaje visual marcado por la denuncia, la ironía y las imágenes impactantes y grotescas, Grosz alcanzó gran popularidad en la década de los años veinte.

Ahora, la exposición George Grosz. De Berlín a Nueva York. Obras 1912-1949 repasa desde hoy jueves, 7 de junio, en CaixaForum Palma, por primera vez en España, la evolución del artista entre estas dos ciudades, polos centrales de su vida. En Alemania se convirtió en un agitador que utilizaba su arte como arma, lo que le ha valido comparaciones con Goya, pero pocos días antes de la llegada de Hitler al poder se trasladó a Nueva York, escapando en el último momento de la Gestapo.

Cambio radical

Aunque su obra en América sufre un cambio radical, sigue siendo un artista próximo a la política. Desde la distancia observa la victoria del fascismo y del nacionalsocialismo, en los que reconoce los presagios de un nuevo apocalipsis: la Segunda Guerra Mundial. La muestra también profundiza, por primera vez, en su preocupación por la Guerra Civil Española.

La exposición incluye más de 180 obras –la mayor parte dibujos, pero también óleos y acuarelas– que realizó entre 1912 y 1949. Durante ese periodo se generó la esencia de su obra. Se ha subrayado su compromiso evidenciado en su obra como dibujante, tanto en Berlín como en Nueva York, mientras que los cuadros que pintó en América muestran su creciente desilusión en su vida como emigrante.

La mezquindad

George Grosz reflejó la mezquindad y fealdad de la vida contemporánea, la crueldad de la guerra, las desigualdades, los abusos de poder y la falta de respeto por las libertades individuales que llevó al nazismo. Es por ello que su obra contiene una lección válida aún para el mundo actual.

Su obra habla del destino del artista alemán en el siglo XX, que de joven va a la guerra y vive horribles experiencias que le marcan para toda la vida, emprendiendo desde entonces, con la pluma de dibujante, una lucha obsesiva contra el estamento militar, la iglesia, la burguesía y la autoridad. Su ambición artística experimenta una evolución que, del satírico airado e implacable moralista que fue en los años veinte, le convierte en el visionario que advierte del fascismo desastroso.

La mayor parte de las obras –en especial los dibujos– que se muestran ahora en Palma proceden de la Colección Sabarsky de Múnich. También se exhiben numerosos préstamos de galerías y coleccionistas privados, lo que ha permitido ampliar la muestra con óleos y acuarelas.

Vida y obra íntimamente relacionadas
La estrecha relación entre la vida y la obra de Grosz le convierte en un artista extraordinariamente auténtico y aún hoy convincente. Su obra se nutre de la vida en esa gran ciudad que es Berlín, donde conviven ricos y pobres, esplendor y miseria, cafés, bares y teatros de variedades, además de los más variados personajes humanos. En 1912 se instaló en un estudio en Berlín y soñó con Nueva York. Joven dibujante de gran talento, con trazos simples supo fusionar expresionismo y ensoñación.
Su breve experiencia como soldado a los 21 años durante la Primera Guerra Mundial acabó de forma traumática, y durante un decenio alimentó el odio hacia todo aquello que fuera militar y contra su apoyo social. Los angulosos dibujos con pluma se convierten desde aquel momento en su forma de lucha. Produce incontables dibujos y numerosa obra gráfica, donde radiografía la sociedad de la República de Weimar y refleja sin piedad a militares, jueces, clérigos y funcionarios.
Con su nuevo lenguaje visual incidió en la opinión pública. Violencia, orgías sexuales, "pequeñoburgueses", truhanes, prostitutas, heridos de guerra y usureros formaban su vocabulario visual, de fácil comprensión, que rozaba lo grotesco con títulos como Tiburones y Parásitos. El artista, que publicó y difundió sus dibujos como transferencias litográficas y fotolitografías en publicaciones y revistas de gran tirada, tuvo que enfrentarse a juicios por atentar contra la moral pública, entre otros cargos.
Grosz se convirtió en el artista alemán más destacado y activo de la República de Weimar (1919-1933), antes de la toma de poder de Hitler, el 30 de enero de 1933.
Hacia finales de los años veinte, el mundo ficticio de sus cuadros cambió. Desaparecieron la agresividad política y los seres de su pandemonio, sustituidos ahora por dandis, hedonistas, figuras frívolas y esnobs; por otra parte, siguiendo los consejos de su marchante, vuelve a pintar las naturalezas muertas de su época en el sur de Francia, de venta más fácil.
Pocos días antes de que Hitler alcance el poder, Grosz se traslada a Nueva York. Su migración es el sueño de su juventud hecho realidad y, al mismo tiempo, una cruel necesidad. En Nueva York, la amarga ironía de sus estudios de la sociedad desaparece a favor de las impactantes ilustraciones y alegorías de su obra pictórica, que surgen paralelamente a sus paisajes y desnudos.
Pese a que su obra en América sufre un cambio radical –habían desaparecido las razones de su lucha–, no se convierte en absoluto en un artista alejado de la política, sino que vuelve a estudiar los acontecimientos europeos con cuidada precisión. Mientras tanto, en Alemania su obra es objeto de una caza de brujas sistemática por parte del régimen nazi, que la pone en la picota en la exposición propagandística Entartete Kunst [Arte degenerado] de 1937.

Palma de Mallorca. George Grosz. De Berlín a Nueva York. Obras 1912-1949. CaixaForum Palma.
Del 7 de junio al 2 de septiembre de 2012.
Comisaria: Annette Vogel.
Fuente: hoyesarte




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