miércoles, 1 de abril de 2026

"LOS JÓVENES PROSISTAS SOVIÉTICOS", ARTÍCULO DE IU. LUKIN PUBLICADO EN LA REVISTA "LITERATURA SOVIÉTICA" EN 1948

 

Artículo liberado del número 3 de PARA LA VOZ: «Entre lo bello y lo justo: marxismo y arte en Lukács y Lifschitz».

En los últimos tiempos, la literatura soviética ha aumentado notablemente sus filas con nuevas fuerzas creadoras. Paralelamente a las nuevas obras de los escritores consagrados, que ya tienen ganado el reconocimiento y el cariño de los lectores, se publican libros de autores cuyos nombres, leídos por primera vez en las páginas de una revista literaria, pasan con frecuencia a integrar de inmediato y sólidamente las filas de aquellos otros que constituyen la historia viva de la literatura soviética.

En ello se revela, ante todo, el resultado del auge cultural en masa que existe en el País soviético. Millares y decenas de millares de hombres libres, compenetrados con las máximas adquisiciones de la cultura humana, son una reserva inagotable de nuevos talentos. De las entrañas del pueblo salen destacados políticos y hombres de Estado, jefes militares, hombres de ciencia, artistas, nuevos poetas y prosistas. La afluencia de fuerzas nuevas es un testimonio de la vitalidad y del desarrollo de la literatura. Y esa literatura tiene que progresar constantemente.

Los nuevos escritores soviéticos aportan la gran experiencia de la vida, los conocimientos de aquello que constituye la vida del pueblo, sus preocupaciones, los fines hacia los que este encamina sus fuerzas. Ellos mismos participan en la grandiosa construcción de la vida nueva. En los años de la Gran Guerra Patria, muchos de ellos defendieron sus conquistas empuñando las armas.

¿Hay acaso necesidad de evidenciar lo aptos que son los jóvenes escritores soviéticos a las «teorías» antipopulares de los predicadores del llamado arte puro, que en realidad sirve lacayunamente a la burguesía y a los imperialistas? ¿Qué puede haber de común entre tan distintos y opuestos conceptos de la misión del escritor?

Miseria de espíritu, falta de fe, divorcio con el pueblo: ¿puede haber algo más terrible para un escritor?… Un escritor de este tipo es un escritor sin presente ni futuro. Es un escritor sin lectores, aunque sus librejos en boga se vendan en los mercados de la gloria, por ser la última novedad de la temporada. Si su conciencia pudiera despertarse, ese autor escribiría palabras crueles y amargas en la última página de su diario.

Al abrir los libros de muchos escritores del mundo capitalista, llenos de artificios formalistas, de inmundicia naturalista o de fantasías místicas, oímos solo el tic-tac del reloj en una habitación solitaria, herméticamente cerrada con cortinajes, oímos el lastimero chirrido de la pluma sobre el papel, el chillido de los ratones en un rincón polvoriento y el autoritario golpe del patrón en la puerta, exigiendo la correspondiente dosis del veneno intelectual, del narcótico que tenga el poder de aletargar al lector y de transportarlo al mundo de las sombras, que tenga el poder de apartarlo de la vida real, de la vida ruidosa que lucha con pasión, que protesta, que afirma y cree en su victoria. No es casual que en la literatura del decadentismo moderno sean tan frecuentes los temas de la muerte y la degradación.

La obra de los escritores soviéticos es completamente opuesta a esta literatura decadente. Sus libros están pletóricos de vida. Surgen entre el zumbido de las grandes construcciones y el estruendo de las batallas. En ellos se refleja el sol primaveral de la vida nueva. Están penetrados del vivo color de la primavera, de la luz del pensamiento que tiende a lo más hondo de la vida y alcanza su esencia: la lucha permanente de lo nuevo contra lo viejo y el triunfo ineludible de lo nuevo. Estos escritores participan con sus obras en la lucha para la transformación del mundo. Son los constructores del socialismo. Crean para el pueblo.

Se lo exige la vida, se lo exige la inteligencia y el corazón, el deber y su conciencia de ciudadanos. También se lo exigen las tradiciones de la literatura soviética, que ha asimilado la gran experiencia de los clásicos del realismo del siglo XIX, y que se desarrolla siguiendo la orientación legada por Máximo Gorki, fundador del realismo socialista en la literatura.

El País soviético ha educado a grandes escritores contemporáneos de la talla de Alexei Tolstoi, Shólojov, Fadeév, Leonid Leónov y otros. Nuevos nombres se suman a esta gloriosa familia de escritores, con firmes tradiciones forjadas en la lucha contra toda clase de influencias de la filosofía y la estética burguesa. Una de esas tradiciones es el auténtico espíritu innovador. Pero no se trata de la novedad por la novedad misma, pues esta, en realidad, resulta reaccionaria y formalista, sino de un espíritu innovador que refleja la novedad de los procesos vitales, de los fenómenos de la vida que avanza constantemente y triunfa.

* * *

¿Quiénes son, pues, los escritores de los que queremos hablar en este artículo? Daremos algunos nombres y algunos ejemplos típicos.

El joven escritor ucraniano Alexandr Gonchar trajo del frente una abundante experiencia. Con el Ejército Soviético liberador, cruzó, en calidad de soldado, los países de la Europa Occidental. En sus libros nos muestra la dignidad de los combatientes soviéticos, templados en los combates contra el fascismo, y la altura que alcanzan al realizar hazañas en nombre de la dicha y la libertad de la humanidad. Las dos primeras novelas de su trilogía Los abanderados, —Los Alpes y El Danubio Azul— nos hablan de esta etapa culminante de la guerra.

En 1932 apareció el primer libro de Mijaíl Bubennov. Natural del Altai —lejana región de Siberia—, Bubennov contaba entonces solo con veintidós años. En su libro relataba lo que le era más próximo y más conocido: la vida del campo del Altai después de la revolución. En ese libro ya se delineaban los rasgos principales de su talento; pero pasó desapercibido, y solo conocieron su nombre un pequeño grupo de personas. Durante la Gran Guerra Patria, Bubennov estuvo en el frente. Regresó después de la victoria y escribió la novela El abedul blanco, en la que relata lo visto y vivido por él durante los primeros meses de la guerra, combatiendo en los alrededores de Moscú. Este libro le proporcionó una gran popularidad.

Víctor Nekrásov, joven arquitecto de Kiev, fue oficial del Ejército Soviético y participó en la defensa de Stalingrado. De esta defensa habla en su novela En las trincheras de Stalingrado, escrita en forma de notas autobiográficas, en las que el autor figura bajo el nombre de Yuri Kérzhentsev. Este libro —su primera obra— constituyó para el joven escritor un gran éxito literario.

Estrella, novela de E. Kasakévich, es la primera obra en prosa de este joven escritor, que se inició en la literatura como poeta. Al comenzar la guerra de la Alemania hitleriana contra el pueblo soviético, el poeta marchó al frente con las milicias populares. Más tarde, igual que el teniente Travkin, héroe de su novela, llegó a ser jefe de una sección de exploradores. Terminó la guerra en Berlín con la graduación de comandante, desempeñando el cargo de ayudante del jefe de la sección de información en el Estado Mayor de un Ejército. Después de la guerra, un nuevo prosista conocido pasó a aumentar el destacamento de los escritores soviéticos.

En los años de la guerra, el personal de un tren sanitario, tren que había sido condecorado con la Orden de la Bandera Roja por su labor, se dirigió a la organización de escritores de la ciudad de Mólotov, en los Urales, solicitando que les ayudara a escribir un folleto que tratara de su tren. Se encomendó en esta misión a Vera Panova, escritora local. La escritora marchó al frente en el tren y, después de dos largos viajes, recogió el material necesario sobre las personas que debía describir. Mientras preparaba este trabajo pudo hacer muchas observaciones. Más tarde escribió su primera obra grande, la novela Compañeros de viaje. También es familiar a la autora el tema en que se basa su nueva novela Kruzhílija, que trata de la vida de una fábrica de los Urales en los años de la guerra y de la posguerra.

Borís Polevoi es conocido en muchos países como autor de relatos de guerra sobre Stalingrado y de reportajes literarios de los diversos frentes de la Gran Guerra Patria. Sus libros Las piedras ensangrentadas, Hasta el último aliento y Diario de un corresponsal de guerra están traducidos en varios idiomas. Es interesante seguir la trayectoria de Polevoi en la literatura. Fue perito industrial en la fábrica textil «Proletarka», en la ciudad de Kalinin. De una forma sistemática enviaba sus artículos, crónicas de la vida fabril, al periódico del que era corresponsal obrero. Por sus cualidades de periodista, obtuvo trabajo fijo en la prensa de la región. Sus relatos comenzaron a aparecer en los periódicos y revistas de Moscú. Poco antes de la guerra vio la luz su primera novela. El taller ardiente, cuyo tema era la desaparición de las barreras entre el trabajo físico y el trabajo intelectual en la producción socialista. En la pasada conflagración, Borís Polevoi trabajó durante todo el tiempo como corresponsal de guerra del periódico Pravda en los frentes más importantes. La Novela de un hombre auténtico, escrita después de la guerra, obtuvo un gran éxito. Este año ha sido publicado, con el título Nosotros somos hombres soviéticos, un ciclo de relatos de Borís Polevoi en los que habla de las maravillosas proezas de los hombres soviéticos en los frentes y en la retaguardia del enemigo.

También dio forma literaria a sus observaciones, otro corresponsal de guerra de uno de los periódicos de Moscú, el colaborador de Komsomólskaia Pravda, Anatoli Kalinin. Su firma se podía encontrar con frecuencia en las correspondencias del Frente Sur. Kalinin es autor de las novelas En el Sur y Camaradas. El joven escritor, oriundo del Sur, ha vivido permanentemente en la región de Rostov, y conoce bien la vida de los cosacos del Don. Su obra se desarrolla bajo la visible y beneficiosa influencia del célebre escritor soviético Shólojov.

En los últimos años se ha manifestado también el talento de Gueorgui Beresko, que pasó a la literatura desde la cinematografía, donde trabajaba en calidad de regisseur. Gueorgui Beresko adquirió gran experiencia en el frente como corresponsal de guerra y se dio a conocer como autor de las novelas La bengala roja, El jefe de la división y La noche del capitán. Basándose en la última novela, escribió la obra de teatro Valor, que tiene un contenido de gran interés y un brillante bosquejo psicológico de los personajes.

El joven escritor Semión Babáevski, autor de la novela El caballero de la Estrella de Oro, también llegó del frente. Al regresar a su casa, a su querido Kubán, Babáevski vio cuánto trabajo había después de la guerra y con qué ahínco se habían entregado a él los mejores hombres, los más avanzados. Escribió una novela sobre la aldea del Kubán después de la guerra. Basándose en lo que vio en la región del Kubán, tan familiar para él, mostró los procesos característicos de la actual aldea koljosiana. Babáevski muestra en su narración una serie de figuras veraces de la joven intelectualidad rural. Vemos cómo desaparecen en el campo las fronteras entre el trabajo intelectual y el trabajo del agricultor, cómo se liquida en la vida soviética la contradicción entre la ciudad y el campo. Vemos a hombres que piensan en una vida nueva y la crean, no solo para ellos mismos y para quienes les rodean, sino para todo el país. Son innovadores en su actividad creadora, son los portadores de las ideas avanzadas de la época. Entre ellos hay muchas mujeres, que han llegado a ocupar cargos de dirección en el campo. El escritor mostró cuán sólidos y puros son los principios en que se basa la familia soviética. Entre los ciudadanos soviéticos, el amor está inspirado en el respeto mutuo, en la fidelidad a los ideales comunes, en la lucha conjunta por la felicidad de los hombres en la tierra.

La vida de la posguerra, con la realización del nuevo plan quinquenal, con la lucha por nuevos éxitos en todas las ramas de la economía y de la cultura, se convierte en uno de los temas centrales de la literatura soviética contemporánea. Pero, naturalmente, también el tema de la Gran Guerra Patria continuará durante largo tiempo atrayendo la atención de los escritores. La guerra constituyó un período terrible e inolvidable en el que se manifestaron con especial plenitud las cualidades de los hombres soviéticos.

Con los héroes de los escritores soviéticos volvemos a recorrer los caminos de la guerra. «¡Caminos de fuego, caminos de fuego!» —exclama el poeta ucraniano V. Sosiura, cuando dice que esos caminos han sido recorridos para que susurren «los jardines de la alegría» y para que triunfe la primavera de la humanidad.

De esta idea están penetrados los libros soviéticos que hablan de la guerra. En las obras de los jóvenes prosistas se relata toda la verdad de la guerra. El escritor no vuelve la cabeza ante los lamentos y el dolor, ante un charco de sangre, ante el horror reflejado en los ojos de los niños huérfanos. Pero los temas del sufrimiento están ahogados por el potente tema de la fe en la victoria. Ha sido precisamente esta poderosa fe la que llevó al pueblo soviético a la victoria y ella es la que le inspira en el curso de toda su vida.

He aquí un ejemplo de encarnación artística de esta fe. El protagonista de la novela de M. Bubennov, al retroceder a través de su aldea natal, ve un abedul blanco, que se salvó por milagro entre tanta devastación. Él cree ver en el abedul la imagen poética de la patria, del pueblo, de la vida imperecedera. «¡Continuará en pie! ¡Continuará viviendo!» —dice.

Y aunque en las obras de Gonchar, Bubennov, Nekrásov, Kalinin, Kasakévich, Panova y Beresko, la descripción de los sueños, el lugar de la acción, los personajes y el estilo poético son muy diferentes, el tema principal y el argumento de sus obras es la hazaña del gran hombre corriente del País soviético.

Estas palabras —«el gran hombre corriente del País soviético»— están tomadas de la novela de M. Bubennov, pero podrían pertenecer a cualquiera de las otras obras mencionadas. El hombre es la figura central de todas estas obras, y esto es, precisamente, lo que las hace tan diferentes. ¿Qué es lo que ha inspirado a los poetas de todos los siglos? El hombre, sus pensamientos, sus sentimientos. Los cuadros de la naturaleza, las imágenes históricas y la diversidad de costumbres han sido siempre la orquestación del tema principal de la sinfonía: el hombre. El artista que una y otra vez recurre al mundo interno del hombre, tiene a su disposición una riqueza inexplorada. La humanidad está viviendo las páginas más brillantes de su historia. Durante largos siglos, los hombres soñaron con la libertad. Hoy la libertad existe. El sueño de millones de hombres, el sueño milenario, se ha convertido en realidad. Existen en la tierra los hombres que han construido esta realidad, hombres que siempre avanzan y avanzan. ¿De quién, sino de ellos, deben hablar al mundo —a las generaciones de hoy y del mañana— sus contemporáneos y compatriotas? ¿Qué riquezas hay en la tierra dignas de mayor atención por parte del escritor y del lector? Esta es, precisamente, la fuerza triunfante de lo nuevo, a la que se entrega el artista realista, el hijo de su época, el hombre cuyo corazón late al unísono con la vida de su siglo.

Ya se trate de un hombre que esté en las trincheras de Stalingrado, como el héroe de Nekrásov, o de otro que va a una muerte casi segura para asegurar la victoria de su unidad militar, cubriendo la retirada de las unidades (La noche del capitán, de Beresko), o de un explorador en la retaguardia del enemigo (Estrella, de Kasakévich), o bien de uno que salva la vida de su afortunado rival en amores, por un sentimiento de camaradería y de deber social (Camaradas, de Kalinin), o que sacrifica su vida en nombre de la victoria, tras de todo esto existe un infinito mundo de sentimientos y de reflexiones del hombre que ha comprendido el verdadero sentido y la finalidad de la vida. Si un hombre así muere, muere en aras de esta vida maravillosa.

¡Cuán rica es esta vida si el hombre está inspirado por una idea tan elevada! Ya sabemos que el héroe de una obra literaria no siempre es un héroe de la vida. Los escritores soviéticos tienden a mostrar al auténtico héroe de la vida. En el heroísmo de los ciudadanos soviéticos hay una peculiaridad característica, que la literatura pone al descubierto. Al leer las proezas del hombre, en los libros de los escritores soviéticos, vemos que esas proezas las podían haber realizado muchos de los que nos rodean. ¿Desmerece esto el valor de la hazaña? No. Esto no hace más que elevar al pueblo en su totalidad. Recordemos las palabras de Gorki: «¡El hombre! ¡Cuánto orgullo encierra esa palabra!».

El escritor, orgulloso de su pueblo, habla del nuevo hombre de la época, mostrando qué inmensa variedad de individualidades y de caracteres contiene esta unidad. Y esta unidad dentro de la variedad, se manifiesta en los temas del heroísmo, del patriotismo, de la amistad en el frente, de la solidaridad fraternal de los pueblos, de las relaciones entre viejos y jóvenes, del sentido de la vida…

Las peculiaridades creadoras de cada escritor son tan diversas como variados los hombres que desfilan por las obras de los jóvenes prosistas soviéticos. El método del realismo socialista exige que el escritor comprenda las leyes del desarrollo, la verdad de la vida, que posea una ideología elevada, que sea fiel al democratismo, que se exprese con claridad y sea asequible al lector. Este método ofrece muchas más posibilidades que cualquier otra tendencia en el arte, para que surja la individualidad creadora del artista.

El desarrollo de la literatura soviética no excluye, sino que, por el contrario, presupone, una gran diversidad de tradiciones, de individualidades y de estilos. La joven prosa soviética es un vivo ejemplo de ello.

En los apuntes de Yuri Kérzhentsev, héroe de la novela autobiográfica En las trincheras de Stalingrado, el autor se atiene a la máxima exactitud y sobriedad en las descripciones. Casi excluye de su texto las digresiones. El mundo interno de los personajes lo constituyen, fundamentalmente, sus actos.

También G. Beresko se esfuerza por ser exacto en la descripción. Pero esta exactitud es muy distinta a la de V. Nekrásov. En Beresko, por el contrario, todos los esfuerzos del artista tienden a dar una imagen escrupulosamente fidedigna de la psicología del hombre; el autor procura analizar hasta lo más hondo sus pensamientos, sus emociones, trata de penetrar en su mundo interno. Es propio del estilo de Beresko cierto racionalismo.

El estilo de Alexandr Gonchar es elevado y romántico, y esto se manifiesta en sus pintorescas hipérboles, en las extensas digresiones líricas, en los caracteres de sus personajes. La personalidad del autor irrumpe constantemente en el texto; los sentimientos del autor están expresados con la misma pasión que los sentimientos de sus héroes. Polevoi pone en primera fila a sus héroes y limita su propio papel, podríamos decir, al de un tranquilo observador de los acontecimientos. Lo que en la obra de Gonchar adquiere la forma de un llamamiento directo al lector, Polevoi y Nekrásov lo expresan en un subtexto lírico. La imprecisión psicológica, por ejemplo, es propia de A. Kalinin. Si Beresko dibuja con un lápiz de punta muy fina, podríamos decir que los otros dibujan al pastel.

El colorido de la veraz y poética novela de Kasakévich lo forman la tristeza y el dolor, expresados con parquedad y pureza, más algo del estilo de Chéjov.

El arte de muchos de estos escritores para mostrar, en los momentos más duros de derrotas temporales, la grandeza y la victoria de los que sufren esas derrotas, pero que poseen la fuerza de la verdad y a quienes pertenece el porvenir, se parece mucho al arte de las profundas obras de Fadéev. Muchos jóvenes prosistas se acercan también a la obra de este escritor por su capacidad de descubrir la imagen del nuevo hombre soviético, de crear figuras generalizadas que encarnan el carácter formado en el régimen de vida soviético.

En las obras de M. Bubennov y de A. Kalinin, el paisaje juega un papel muy importante. Los dos completan sus paisajes con un profundo contenido filosófico y poético, como el que tanto nos encanta en las obras de Shólojov. Los estilos de Bubennov y de Kalinin son diferentes. Es característico del primero la rígida concentración del relato, unida al romanticismo de la descripción. Las imágenes son audaces, las situaciones llenas de tensión, el diálogo está abundantemente saturado de giros populares, sus colores son jugosos. Kalinin es más suave, se distingue por su sinceridad lírica y por la blandura de sus colores.

Al conocer de cerca las obras de la joven prosa soviética, se llega a la conclusión de que las creaciones de todos estos escritores siguen el cauce trazado por el método del gran Gorki, por sus juicios sobre la misión del escritor y por su actitud ante el Hombre.

¿Influencias? Sí, puede haber influencias, y ellas son indudables. Mas si la obra es independiente, la influencia se manifestará en detalles. Aquí se trata de una categoría mucho más profunda e importante: de la herencia. La literatura soviética, igual que toda la cultura soviética, se desarrolla asimilando y reelaborando con un sentido crítico, todo lo mejor que ha creado la cultura de otros tiempos y a los mejores artistas contemporáneos. Su tendencia a lo nuevo no significa que rechace las grandes conquistas del clasicismo. Por el contrario, se desarrolla basándose en la transformación orgánica de la riquísima herencia literaria.

Las obras de los jóvenes prosistas, a la vez que conservan la sucesión de las mejores tradiciones de la literatura rusa y universal, no solo se destacan por su desarrollo audaz y original, sino que todas, en su conjunto y cada una por separado, se distinguen por una forma y un contenido lozanos y peculiares.

Los escritores soviéticos extraen los temas de la vida misma, tratando de penetrar hondamente en la esencia de los fenómenos, entre los que seleccionan los más importantes.

Al escribir su novela Compañeros de viaje, Vera Panova solo sacó del natural el ambiente: el tren sanitario. Las personas que viven en ese tren son netamente típicas y están generalizadas con gran arte; sus figuras presentan los rasgos esenciales del hombre soviético avanzado. Estos rasgos nos muestran la fuerza y la cohesión de la colectividad de hombres soviéticos y el florecimiento jamás visto del individuo dentro de esa colectividad.

Cada joven prosista soviético tiene su propio genio creador, su estilo individual, su riqueza de colorido, sus predilecciones y sus pasiones. En su conjunto forman una corriente literaria única, cuyas bases son: la fidelidad a los principios, la verdad artística, la exacta verdad de la vida y el elevado optimismo, que les da alas.

martes, 31 de marzo de 2026

"LA CASA DE LOS OFICIALES" EN ALMATY (KAZAJISTÁN)

 

La Casa de los Oficiales, una joya arquitectónica de Almaty, la antigua capital de Kazajstán, destaca por su diseño único y los materiales innovadores utilizados en su construcción. Construida en 1978, fue el resultado del esfuerzo conjunto de los arquitectos T. Yeraliyev, O. Balykbayev y Yu. Ratushny. Ubicada a la entrada de la 28 Parque de los Héroes de Panfilov. La impresionante arquitectura del edificio es admirada tanto por los lugareños como por los visitantes.

Mención especial merecen los materiales utilizados en el diseño exterior. El edificio está decorado con elementos de plástico, cuero y piedra. Para la fachada se han utilizado aluminio, conchas, pizarra y otros materiales naturales y sintéticos, creando un llamativo contraste con la exuberante vegetación del parque adyacente. La Casa de los Oficiales complementa la estética del parque, convirtiéndolo en parte integral del paisaje de la ciudad.

En la actualidad, el edificio se conoce oficialmente como la Casa del Ejército de la República de Kazajistán. Alberga una sala de conciertos y el cine “Podvig”, además de estudios de arte, fotografía y danza. En sus salas de conferencias se realizan regularmente actividades educativas. La Orquesta Militar Central del Ministerio de Defensa, el Museo de la Gran Guerra Patria, el Museo Panfilov, organizaciones de veteranos y otras instituciones patrióticas y militares también ocupan el ala derecha del gran edificio. Mientras tanto, el ala izquierda está alquilada a varias empresas comerciales, incluidas discotecas y bares, un uso que algunos consideran inadecuado para una estructura tan importante de la era soviética.

Reconocida como monumento arquitectónico, la Casa de Oficiales fue incluida en la Reserva Histórica, Arquitectónica y Memorial del Estado de Almaty en 1993, protegiéndola de la reconstrucción o demolición.

El edificio es conocido por su aspecto monumental y ceremonial, diseñado para enfatizar el poder del estado soviético y honrar el valor de los soldados soviéticos. Su diseño está estrechamente vinculado al parque cercano, con una escalera de varios tramos que conduce a través de la fachada hasta el monumento principal del parque, la Llama Eterna. 

La estructura principal del edificio presenta una fachada larga y curva, puntuada por pilastras planas alternadas, que añaden un elemento de severidad a la composición. La parte superior del edificio está coronada por un ático vertical, que crea un aspecto majestuoso y festivo mediante su combinación de roca de concha blanca y piedra gris.

La característica más llamativa de la Casa de Oficiales es su sección central, diseñada como un pasaje abierto hacia la Llama Eterna, similar a un arco de triunfo. Este arco está sostenido por cuatro pilastras formadas por columnas pareadas. La alta escalera de varios tramos que conduce hasta él realza la sensación de solemnidad y reverencia. Sobre el arco hay un bajorrelieve de cobre adornado con símbolos militares, lo que aumenta el significado histórico del edificio.

La estructura de cuatro pisos está construida con hormigón armado monolítico y tiene un techo tipo carpa sobre el auditorio. En el interior se han conservado las lámparas de araña originales de fabricación checa, lo que permite vislumbrar los lujosos interiores de la era soviética.

El proyecto inacabado

La Casa de Oficiales, conocida hoy como la Casa del Ejército, fue parte de una reconstrucción más amplia de Almaty, planeada para coincidir con el centenario del nacimiento de Vladimir Lenin, el fundador de la Unión Soviética. Originalmente, el edificio estaba destinado a ser aún más grandioso e imponente. El diseño inicial preveía un amplio arco que se extendiera desde la calle Gogol hasta la actual avenida Dostyk (entonces avenida Lenin). El punto focal arquitectónico iba a ser un edificio circular para el Teatro de Operetas, lo que le daría a la estructura la apariencia de una espiral. Delante del edificio también se planeó una gran plaza Lenin.

Sin embargo, la financiación para este ambicioso proyecto se cortó abruptamente. Los cimientos del incompleto Teatro de Operetas se encuentran ahora debajo de la calle Kaldyakov, y la Casa de Oficiales se completó en una escala mucho más modesta. Los visitantes aún pueden ver los anexos para el bajorrelieve sobre el arco del lado de la calle Kaldyakov, restos de la visión original no realizada, que había previsto bajorrelieves para adornar ambos lados del edificio.

Durante la reconstrucción que dio lugar a la construcción de la Casa de Oficiales, se demolieron muchos edificios históricos de la antigua Almaty. Solo se salvó una estructura de madera, que hoy alberga el Museo de Instrumentos Folclóricos. El arquitecto Y. Ratushny creía que el contraste entre la antigua casa de madera "de cuento de hadas" y la imponente nueva estructura realzaría la grandeza de la Casa de Oficiales.

Este edificio monumental sigue siendo un símbolo de la historia arquitectónica de Almaty, combinando la grandeza de la era soviética con la identidad cambiante del Kazajstán moderno.

Fuente: Shahina Travel



lunes, 30 de marzo de 2026

REBELIÓN PUBLICA EL LIBRO "DEPORTE SOVIÉTICO", DE GABE ABRAHAMS, DESCARGABLE EN PDF

 

Gabe Abrahams (Barcelona, 1966) es un marchador con plusmarcas mundiales en caminatas Multiday, una especialidad de varios días de duración. Desde 2020, su actividad deportiva va unida a la literaria, publicando artículos y libros de temática deportiva. Acaba de publicar su cuarto libro: Deporte soviético (Rebelión, 2026).

Entre sus caminatas Multiday y la escritura, este barcelonés nos ha dejado un magnífico libro dedicado al deporte de la Unión Soviética que merece una reseña especial.

En 1991, la URSS finalizaba su recorrido histórico, después de haber tomado forma con la Revolución Rusa de 1917 y realizado un trayecto de más de setenta años.

Sobre la caída de la URSS, se han escrito bastantes cosas. Hay quien llegó a afirmar que su derrumbe suponía el inicio de una nueva Era del capitalismo. Algo así como el final de la historia. Francis Fukuyama, quien lo dijo, obviamente se equivocó.

Como consumado experto en deporte y en la temática soviética, Gabe Abrahams no es ajeno a estos posicionamientos y ha querido mostrar la realidad de lo que ocurrió en la URSS y en su deporte de competición en su obra Deporte soviético.

Así, a través de sus páginas, Abrahams repasa el método de Marx y el sistema marxista-leninista de Lenin, la historia de la URSS, biografías de deportistas soviéticos y el recorrido de los equipos y clubs de la Unión Soviética.

Explica con detalle cómo el sistema marxista-leninista soviético le supuso a la URSS adaptarse a sus deportistas, cubrirles las necesidades que tenían y a la vez dedicarse a la formación de su voluntad. Una apuesta de los años treinta del siglo pasado que triunfó y que estuvo vigente hasta el último aliento de la Unión Soviética. Una cifra estratosférica de medallas olímpicas da testimonio de ello.

Gabe Abrahams reflexiona en el epílogo de su libro Deporte soviético sobre una cuestión que debería atraer la atención de todos. “¿Qué hubiese ocurrido con la URSS si hubiese extendido a todo su Estado el sistema marxista-leninista adaptado para el deporte, es decir la conjunción de condiciones materiales más fuerza de voluntad?”, se pregunta.

Abrahams considera que, de haberse extendido el sistema marxista-leninista adaptado al deporte a todo el Estado soviético, la URSS no se hubiese aburguesado en su última etapa, ni claudicado en 1991.

El libro Deporte soviético está estructurado con un prólogo, una introducción, quince capítulos repartidos en tres partes y un epílogo. En sus 140 páginas, atrapa desde el principio por su dinamismo y los conocimientos y datos que aporta el autor sobre cuestiones nucleares de la URSS y su sistema.

Gabe Abrahams nos habla de Karl Marx, Friedrich Engels, Lenin, Stalin, León Trotski, Mao Zedong, Nikita Jrushchov… Y también de Aleksandr Kérenski y los suyos, es decir, de aquellos que fracasaron al intentar doblegar a los bolcheviques y no pudieron evitar el nacimiento y desarrollo de la URSS.

La novedad editorial Deporte soviético es muy recomendable para conocer exactamente lo ocurrido en la URSS y el sonoro éxito que consiguió su deporte.

Es una obra clave que profundiza en las entrañas de la Unión Soviética, mostrando que el sistema que empleó para su deporte de competición supuso y supone una vía hacia la victoria.

Gabe Abrahams, aparte del deporte y la escritura, ha tenido un interés intelectual desde su juventud por la filosofía, siendo sus dos pensadores favoritos Baruch Spinoza y Karl Marx. A estos los ha tenido siempre presentes, incluso en las etapas en las que se dedicó exclusivamente al deporte y a sus caminatas Multiday.

Deporte soviético ha sido publicado por Rebelión en marzo de este 2026 y se puede descargar en la sección Libros Libres del medio.

Fuente: 21Noticias 

DESCARGAR LIBRO EN PDF: https://rebelion.org/download/deporte-sovieticogabe-abrahams/?wpdmdl=873682&refresh=69c7a372533d81774691186

domingo, 29 de marzo de 2026

"YA NO BASTA CON REZAR", PELICULA DEL DIRECTOR CHILENO ALDO FRANCIA

Título original: Ya no basta con rezar
Año: 1972
Duración: 87 min.
País: Chile
Dirección: Aldo Francia
Guion José Roman, Aldo Francia, Darío Marcotti, Jorge Durán Música: Tiempo Nuevo, Osvaldo Rodríguez 
Fotografía Silvio Caiozzi 
Reparto Marcelo Romo, Tennyson Ferrada, Leonardo Perucci, Roberto Navarrete, Claudia Paz, Ruben Sotoconil, Mario Montilles, Eugenio Guzmán, Mónica Carrasco, Osvaldo Rodríguez 
Productora: Cine Nuevo Viña del Mar, Emelco Chilena 
Sinopsis: La película basada en hechos reales retrata años previos al triunfo de la Unidad Popular, y el proceso interno de un sacerdote católico que, enfrentado a las injusticias que observa en el entorno parroquial y ante la indolencia de la jerarquía eclesiástica, decide emprender por su cuenta el cambio social. Temática. 

La película, filmada en Valparaíso, Chile nos presenta a un cura o religioso que al ver la desigualdad social, injusticias y pobreza comienza a cuestionar a la jerarquía o cúpula eclesiástica y a todo su entorno burgués y decide llevar por las suyas la verdadera solidaridad basada en el apoyo y la ayuda esta misma situación pudo haberse repetido con otros párrocos o laicos hombres de fe a lo largo de toda América latina en épocas de dictadura militar donde ciertas acciones se tomaban como políticas o revolucionarias para ese entonces por lo cual muchos fueron torturados, presos, desaparecidos o asesinados. 

VER PELICULA:

sábado, 28 de marzo de 2026

"EL FUSILADO", MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DE CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE "LOS MERINALES" (SEVILLA), OBRA DE LEOPOLDO GONZÁLEZ ANDRADES

 
El fusilado
Leopoldo González Andrades 
4.8 x 4.2 x 6 metros 
Escultura acero cortén
2009
Nacional IV (Dos Hermanas)

Monumento del canal de Los Presos "Los Merinales"

Este monumento, inaugurado en junio de 2009 y conocido bajo el nombre de Monumento de la Memoria Histórica o "El Fusilado" se ubica justo a la entrada de un antiguo campo de concentración situado en este enclave del término municipal de Dos Hermanas, conocido como los "Merinales". En este lugar, durante la Dictadura del general Franco, entre los años 1940 y 1962, cumplieron condena de trabajos forzados unos 10 000 presos políticos que construyeron, sin ninguna maquinaria, un canal de 150 km de longitud llamado Canal de riego del Bajo Guadalquivir, también conocido como "Canal de los Presos".

El autor de este monumento es el artista Leopoldo González Andrades quien se inspiró para su diseño en la célebre obra de "Los fusilamientos de Goya" y en las esculturas de Chillida. La obra, reinterpretación de un personaje en el momento de ser fusilado mide 4.8 x 4.2 x 6 metros en técnica de acero cortén. Los terrenos en los que se ubicaba el campo, pertenecen actualmente a la Fundación "Los Merinales", que tiene previsto crear en el lugar un centro para el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil española.


viernes, 27 de marzo de 2026

CONCIERTO PARA PIANO Nº 4 "PRAGA", SOBRE TEMAS FOLCLÓRICOS DE LA REPÚBLICA SOCIALISTA DE CHECOSLOVAQUIA, DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO DMITRI KABALEVSKY

Dmitri Kabalevsky (1904-1987) nació el 30 de diciembre de 1904 en San Petersburgo. Hijo de un matemático empleado de seguros empezó estudiando matemáticas, pero mostrando un gran amor por el arte, la poesía, pintura y la intérpretación al piano. 

Kabalevsky participa en la organización de la Unión de Compositores Soviéticos, desde su fundación en 1932, en su sección de Moscú. Durante el mismo año se convierte en profesor adjunto de composición en el Conservatorio de Moscú.

Además fue secretario de la «Unión de Compositores de la URSS» (1940), redactor de la revista «Soviétskaya Múzyka» (Música Soviética), premiado en cuatro ediciones del Premio Stalin de Estado (1946, 1949, 1951, y 1966), Artista del Pueblo en 1963, Presidente del Consejo Científico de Estética pedagógica en la «Academia de las Ciencias Pedagógicas de la URSS» (1969) y Presidente de la «International Society of Musical Association» (1972).  

Militante del PCUS, acató las orientaciones de la política oficial en materia de creación artística (decretos de 1948). Su obra se integró en dicha política, encontró su lugar en las formas tradicionales y populares de su país: sus Cuatro conciertos para piano (1929, 1935, 1952 y 1975), un Concierto para violín (1948) y dos Conciertos para violoncello (1948-49 y 1964) son obras impregnadas de un lirismo íntimo teñido de humor y de alegría de vivir.  

El "Concierto para piano Nº 4" (Concierto de Praga) Op.99, es una de sus últimas obras, compuesto en 1975 para orquesta de cuerda y percusión. Lo escribió para un concurso de piano. Su nombre proviene de la utilización de temas folclóricos checos en todos sus movimientos.

La escritura aristocrática del piano contrasta con el gruñido campesino de la orquesta. Un movimiento medio pensativo transmite un grado de discordia y dolor granulado antes del pulso acelerado y del tambor lateral de ametralladora. El final termina brutalmente abrupto.  

jueves, 26 de marzo de 2026

"A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA", DE PABLO NERUDA, EN EL 84 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL POETA COMUNISTA

  

Miguel Hernández junto con el dramaturgo Cipriano Rivas Cherif y otros miembros del grupo en una reunión de trabajo durante su viaje a Moscú, septiembre de 1937. 

A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España

Pablo Neruda

 

Llegaste a mí directamente del Levante. Me traías,

pastor de cabras, tu inocencia arrugada,

la escolástica de viejas páginas, un olor

a Fray Luis, a azahares, el estiércol quemado

sobre los montes, y en tu máscara

la aspereza cereal de la avena segada

y una miel que medía la tierra con tus ojos.

También el ruiseñor en tu boca traías.

Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo

de incorruptible canto, de fuerza deshojada.

Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora

y tú, con ruiseñor y con fusil, andando

bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes

que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego

      azul.

Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,

te escucho, sangre, música, panal agonizante.

No he visto deslumbradora raza como la tuya,

ni raíces tan duras, ni manos de soldado,

ni he visto nada vivo como tu corazón

quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

Joven eterno, vives, comunero de antaño,

inundado por gérmenes de trigo y primavera,

arrugado y oscuro como el metal innato,

esperando el minuto que eleve tu armadura.

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que

      te buscan.

Estoy con los que un día llegarán a vengarte.

Tú reconocerás mis pasos entre aquellos

que se despeñarán sobre el pecho de España

aplastando a Caín para que nos devuelva

los rostros enterrados.

Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.

Que sepan los que te dieron tormento que me verán

      un día.

Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre

en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos

de perra, silenciosos cómplices del verdugo,

que no será borrado tu martirio, y tu muerte

caerá sobre toda su luna de cobardes.

Y a los que te negaron en su laurel podrido,

en tierra americana, el espacio que cubres

con tu fluvial corona de rayo desangrado,

déjame darles yo el desdeñoso olvido

porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.

Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos

de la crueldad, Mao Tse-tung dirige

tu poesía despedazada en el combate

hacia nuestra victoria.

Y Praga rumorosa

construyendo la dulce colmena que cantaste,

Hungría verde limpia sus graneros

y baila junto al río que despertó del sueño.

Y de Varsovia sube la sirena desnuda

que edifica mostrando su cristalina espada.

Y más allá la tierra se agiganta,

la tierra

que visitó tu canto, y el acero

que defendió tu patria están seguros,

acrecentados sobre la firmeza

de Stalin y sus hijos.

Ya se acerca

la luz a tu morada.

Miguel de España, estrella

de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,

no te olvido, hijo mío!

Pero aprendí la vida

con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,

y encontré en mí no el llanto,

sino las armas

inexorables!

Espéralas! Espérame!

Fuente: Biblioteca Cervantes

miércoles, 25 de marzo de 2026

REPORTAJE "MINSK" (1976)

"MINSK"

Reportaje filmado por la Asociación Creativa "Ekran" sobre la vida cotidiana en la capital de la República Soviética Socialista de Bielorrusia 

Director: Mikhail Kanevsky

Escrito por: Mikhail Kanevsky

Operador: Boris Romanenko 

Año: 1976.  

Duración: 10 minutos 

La Asociación Creativa Ekran  fue una empresa soviética y rusa subordinada a la Compañía Estatal de Radiodifusión y Televisión de la URSS, que produjo películas para televisión desde 1967 hasta 1990  

Fue creada el 17 de junio de 1967  (antes de esto, la producción y el pedido de películas para televisión para la Compañía Estatal de Radiodifusión y Televisión de la URSS eran llevados a cabo por la propia Compañía Estatal de Radiodifusión y Televisión de la URSS, representada por el Departamento de Producción Cinematográfica de la Televisión Central, creado el 24 de febrero de 1964). Desde 1970, la asociación comenzó a producir películas animadas para televisión y a desempeñar las funciones de representar a la Compañía Estatal de Radiodifusión y Televisión de la URSS en la realización de pedidos para la producción de películas para televisión por parte de estudios cinematográficos y uno de sus productores: en promedio, de 117 largometrajes para televisión anualmente, 15 fueron producidos por la propia asociación y 102 estudios cinematográficos por encargo suyo, el 40% de las películas producidas en el país fueron filmadas por encargo de la asociación.

martes, 24 de marzo de 2026

"UN POCO DE MI VIDA Y MI TRABAJO", ARTÍCULO DE LA ESCRITORA SOVIÉTICA VERA PANOVA, EN EL 53 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

"Un poco de mi vida y de mi trabajo" (1962), de Vera Panova

Artículo liberado del número 3 de PARA LA VOZ: «Entre lo bello y lo justo: marxismo y arte en Lukács y Lifschitz».

La ciudad en que yo nací —Rostov del Don— no se distinguía en aquel entonces por su belleza ni por su limpieza, pero era una ciudad viva, plena de actividad, una ciudad rebelde, una ciudad trabajadora e ingeniosa.

Diversa era la gente que afluía a Rostov: rusos, ucranianos, armenios, georgianos, azerbaiyanos. Sus mercados estaban repletos de pescado del Don y de los mares Negro y Caspio, de fruta del Cáucaso y Transcaucasia. Recuerdo las ferias primaverales en la plaza, ante la iglesia de San Jorge, en el polvoriento cercado, hollado por millares de pies y cubierto de cascarillas de girasol; la endomingada multitud de las afueras, en que predominaban las mujeres, con sus chales azules y rosas; los estridentes sones de organillos y armónicas; los tiovivos, con sus oropeles hinchados por el viento; las barracas, con sus pintarrajeados payasos; los prestidigitadores chinos, magos de mi pobre infancia, que, sentados en sus esterillas, hacían sus milagros allí mismo, en la polvorienta tierra, ante los ojos de un público indagador que les rodeaba en apretado cerco, ansioso de descubrir los trucos del hechicero y admirado bonachonamente de no lograrlo…

Desde niña, me gusta la ciudad, sus líneas, sus luces y ruidos, el cálido aliento de su vida. Los intrascendentes sucesos de la calle tienen para mí hondo contenido, profundo lirismo, y me agrada leer en los libros las descripciones de las urbes y de las escenas callejeras; en particular, las de «masas», al aire libre, aunque yo no he aprendido a describir estas ni sé si llegaré a aprenderlo…

Nací en 1905. Mi padre, Fiódor Ivánovich Panov, trabajaba de auxiliar de contable en el banco que en Rostov tenía una sociedad de créditos mutuos. Con ello se ganaba el pan, pero sus aficiones eran otras. Construía canoas y yates, y en unión de unos amigos suyos, tan entusiastas como él del deporte acuático, fundó en Rostov dos clubs de regatas; primero, el que en mi infancia se llamaba «rostoviano», en la orilla derecha del Don. Pero en seguida, atraída por el inusitado esparcimiento, acudió en tropel a aquel lugar gente aburrida y rica. Empezaron a llegar con sus coches propios, con viandas, champagne y cupletistas. Y el modesto club que habían erigido con sus propias manos unos cuantos entusiastas convirtióse en centro de juergas y francachelas. Mi padre y sus amigos abandonaron aquel lugar y edificaron un nuevo club de regatas lejos de allí, en la orilla izquierda. Había que pasar por un puente de madera y seguir luego a pie, hundiéndose en arena hasta el tobillo, para llegar a una construcción de tablas, montada sobre unos pilotes: aquello era el nuevo club, llamado «najichevano» por estar situado en Najicheván del Don, hoy distrito Proletario…

De esta afición de mi padre tuve conocimiento por mi difunta madre, Viera Leonídovna. En cuanto al club «najichevano», lo recuerdo con todo detalle: la alta terraza sobre pilotes, bajo la cual se encontraban las canoas y los remos, y, sobre todo, el retumbar de los pasos en las tablas de la terraza aquella, encima del vacío, el olor de la brea en los días calurosos —hasta hoy día ese olor despieta en mí una remembranza lejana como un sueño— y arena, arena por doquier, en la que crecía un matorral, cuyo nombre ignoro, de la altura de un hombre, con largas varillas flexibles, alargadas hojas y unas modestas florecitas liláceas, semejantes a las de la patata. Todo aquello, pródigamente bañado de un sol dorado como la miel.

(En Novela sentimental he descrito esa arena bajo un sol de miel, esos compactos arbustos y todo ese lugar dorado y apacible. Y lo he hecho porque vive en mi memoria y me conmueve, aunque, al parecer, ¿qué tiene de particular eso en comparación con las bellezas de la naturaleza que he visto hasta el presente?…).

A los treinta años, mi padre se ahogó en el Don.

Yo no tenía aún seis años. Quedamos en la pobreza. Mi madre se puso a trabajar de oficinista. Una conocida, la anciana maestra Anna Fadéievna Prozogóvskaya —a mi modo de ver, la mejor preceptora que pudo caerme en suerte— sintió deseos de darme instrucción. A ella le debo todos mis conocimientos primarios, y, ante todo, la pasión por la lectura. Cuando tenía siete años, leí La fragata «Palada», obra que me inició en la Geografía. Leíamos además La tumba de Askold, y mi maestra, poniendo sobre el libro su mano pequeñita y rugosa, interrumpía la lectura para hablarme de la antigua Rus, de Oleg, de Olga, de Sviatoslav y Vladímir. Y al momento, tomando del estante otro libro, empezaba a recitar en voz alta, maravillosamente, La canción del profeta Oleg… ¡Qué arte se daba para desarrollar mi fantasía! Me incitaba a hacer centenares de preguntas que, sin su ayuda, nunca se le habrían ocurrido a una niña educada en un ambiente como el mío. Yo temía a sus censuras más que a nada en el mundo; creía tener miedo a su severidad, cuando lo que sentía era una respetuosa unción ante su espiritualidad elevada, que yo percibía por vez primera. Para desgracia mía, mi excelente preceptora solo alcanzó a darme un año de lecciones, y falleció de muerte repentina.

(Recuerdo mi susto, sorpresa y desvalimiento cuando un día, al acudir a clase, me comunicaron: «Anna Fadéievna ha muerto»…).

Mi padre nos había dejado un pequeño armario. Las tablas inferiores estaban ocupadas por distintos instrumentos de trabajo y planos enrollados. Sobre las dos tablas de arriba había libros —entre ellos, de Pushkin, Gógol y Turguéniev—, diverso alimento para mi espíritu y verdadera herencia paterna. A los ocho años, yo leía Cuentos ucranianos y Aguas primaverales; a los nueve, Almas muertas; a los once, me sabía de memoria capítulos enteros de Evgeni Oneguin. ¡Oh, qué mundos aparecían refulgentes ante mí! ¡Y cuán agradecida le estaba yo al destino de que nadie se interesase por mis lecturas! Pues de haber visto que yo leía libros impropios de mi edad, me los habrían quitado. Y como Anna Fadéievna no estaba ya entre los vivos, nadie habría salido en mi defensa…

Leía también libros de texto; no diré que con regularidad, pero de vez en cuando tomaba los manuales de Historia Natural y Geografía e intentaba leer la Física, pero esta era la más difícil, y no tenía a nadie que me la explicara; mucho me gustaba, y me sigue gustando hasta la fecha, leer manuales de Historia, aunque fuesen malos.

Carecíamos de recursos; me mandaron al Liceo y, antes de que terminase el segundo año, tuvieron que sacarme de él. Y aunque no he de afirmar que me apenase mucho la cosa —pues hasta me alegré de que me quedara más tiempo para la lectura—, de todos modos, me consumía un pensamiento: ¡Cómo! ¿Iba yo a quedar en la ignorancia, sin instrucción? Y procuraba completar mis conocimientos estudiando libros de texto.

A los ocho o nueve años, escribía ya versos y prosa, procurando imitar a tal o cual escritor. Aquello era muy gracioso. Los mayores, al leerlo, se reían. Su risa me dolía y me impulsaba a encerrarme en mi concha, aunque yo no tenía en absoluto razones con que defenderme, y yo misma me daba cuenta de mi bochornosa torpeza. Empecé a escribir en secreto y a esconder mis ensayos literarios en los más apartados rincones… Los versos los abandoné en mi temprana juventud, presintiendo que hay que escribirlos bien o no escribirlos.

Por aquel entonces yo sabía ya que sería escritora. No me imaginaba ninguna otra profesión para mí… En casa de mi madre, trabajadora, tuve que dedicarme desde muy niña a los quehaceres del hogar: la limpieza, la cocina y el lavado de la ropa. Recuerdo que teníamos dos grandes colchas de recios y ásperos hilos de algodón, cuajadas de bolitas de punto del tamaño de cerezas. Cada una de aquellas colchas, seca, era ya muy pesada, pero después de mojarla en la tina, no había quien pudiera con ella. Mientras lavaba como podía aquellas monstruosas prendas, pensaba en los títulos de los libros que escribiría alguna vez. Ninguno de ellos fue escrito. Cuando entré de lleno en la vida real, activa, esta me sorprendió con otras impresiones y me dio otros temas. Por cierto que yo no llegué a ser escritora tan pronto como me figuraba.

* * *

A los diez y siete años entré a trabajar en el periódico Trudovói Don. Y desde entonces, hasta el año 1946, fui periodista. En Novela sentimental describo la primera redacción en que estuve y mis pasos iniciales en este terreno.

Iba aprendiendo todo sobre la marcha. Fui ayudante del instructor de los corresponsales obreros del distrito, reportera, articulista, editora… Cuando hacía falta un artículo satírico, aprendía a escribirlo al lado de la imprenta; cuando se precisaba un cuento para el periódico, lo pergeñaba también. Entre los colaboradores de Trudovói Don, el as era Pogodin, más tarde dramaturgo y autor de El carillón del Kremlin y otras muchas obras teatrales. Exigía de nosotros, los noveles, profanos en todo, que domináramos la profesión a conciencia, sin chapucerías de ningún género; solía decir que quien no sabía escribir de prisa y bien no era periodista… Años después apareció en Rostov Alexandr Fadéiev, que era entonces muy joven. En los sótanos del club del Sindicato de Trabajadores de la Instrucción Pública, donde se reunían los jóvenes escritores y periodistas, leía capítulos de su novela La derrota, no terminada aún… Era aquel uno de esos medios propicios en que, poco a poco, día a día, el novel va enriqueciendo su espíritu y adquiriendo madurez.

El periodista ve muchas cosas, tiene que estar en todas partes. Recuerdo las empresas del comienzo de la NEP (1) las casas de la infancia y clubs de aquella época, las escuelas para la liquidación del analfabetismo, donde jóvenes y viejos aprendían a leer y escribir… Aunque en Novela sentimental la acción no se desarrolla en Rostov, sino en otra ciudad, «sintética», la novela surgió, desde luego, de mis entrevistas e impresiones de entonces. La juventud de Stepán Bortashévich (novela Las estaciones del año) debió transcurrir también en Rostov.

Más tarde vi cómo se creaba el sovjós «Gigante» y se erigía la «Rostselmash» (2) una de las primeras obras del Plan Quinquenal. Presencié los acontecimientos que se describen en Campos roturados. (3) Asistí a la vista de la causa instruida por atentado contra la corresponsal rural de prensa Akulina Briliova —a la sesión del Tribunal móvil en el modesto club del distrito—, y percibí allí el hervir de las pasiones desatadas en vísperas de la colectivización total… Habían herido a Briliova de un trabucazo; a rastras, logró llegar hasta su casa, dejando tras de sí un reguero de sangre, pero tenía una naturaleza de hierro, era una mujer del Kubán, y escapó con vida. Asistió a la vista de la causa en unión de su marido y sus hijos… Acerca de ella escribí un folleto. Mi María Petrichenko, de Novela sentimental, no se parece a ella, pero si no hubiera existido Akulina Briliova y no me hubiese enviado la redacción a la vista de la causa, no habría aparecido María Petrichenko.

Mientras yo trabajaba en el periódico, iban pasando los años. Y a medida que acumulaba observaciones e ideas, más fuerte se hacía el deseo de dedicarme seriamente a la literatura.

En 1933 empecé a escribir obras teatrales. Escribí bastantes. Unas fueron laureadas; otras, representadas, y casi todas ellas, con el transcurso del tiempo, publicadas. Pero la forma escénica era para mí estrecho marco, y yo no sabía —y sigo sin saber— encajar en él todo lo que quería decir; por ello, pensé que me sería más cómodo relatar en la novela, donde tendría mayor espacio.

El año 1944 viví en los Urales, en Perm. Trabajaba en un periódico de la región y en otro de los ferroviarios, así como en la emisora de radio. En esa ciudad escribí una novela corta, de la vida real, acerca de una familia obrera. La obrita nació de una tarea que me había encomendado un periódico: las casas de niños estaban abarrotadas de huérfanos de guerra; era preciso que las familias soviéticas recogieran al menos una parte de ellos; yo fui a ver cómo marchaba la campaña aquella, y encontré personas y casos de los que sentía grandes deseos de escribir. Posteriormente, pulí aquella tímida novela de la vida real, narración de principiante, y le di el título de Evdokia, nombre de la protagonista. Más tarde, Tatiana Lioznova, director cinematográfico, la llevó a la pantalla.

Allí mismo, en Perm, di comienzo a la novela Kruzhílija.

Por encargo de la redacción, yo visitaba la barriada obrera, la fábrica, y poco a poco mi novela se iba asentando allí y sus protagonistas se domiciliaban en aquellas casas, adquiriendo corporeidad, vida, voz… Y aunque por aquel entonces yo había escrito ya bastante, fue allí donde por vez primera supe lo dura y dulce que es la labor del escritor. Volvía a escribir cada frase decenas de veces, procurando que la imagen fuese exacta. Buscando mayor expresión, alteraba las construcciones gramaticales, la composición, variaba los comienzos y finales. Inmenso es el placer que se experimenta en estos minuciosos cuidados e interminables afanes, que jamás satisfacen por entero… Ya tenía escrita la mitad de la novela, cuando la Sección de la Unión de Escritores en Perm me envió al tren de sanidad militar n° 312.

En las apartadas vías de maniobras, junto a una larga valla, estaba formado el bello tren, con sus vagones recién pintados de color verde oscuro y unas cruces rojas sobre fondo blanco; tenían sus ventanillas estores bordados a mano y de deslumbrante albura. Cuando, con mi diminuta maletita, entré en el vagón del estado mayor, yo no sabía el papel que había de desempeñar en mi destino aquel tren, mejor dicho, la gente que yo iba a ver allí… Aquellas personas llevaban ya viviendo sobre ruedas tres años y medio: desde los primeros días de la guerra, se habían reunido en aquel tren y venían realizando con honor, a la perfección, su noble labor. El tren aquel era uno de los mejores de la Unión Soviética; por ello, el Mando consideró que el personal del mismo debía escribir un folleto acerca de su trabajo, a fin de transmitir su experiencia a los demás trenes de sanidad militar. A mí me mandaban allí para ayudarles como periodista profesional. Yo pondría la pluma, que iría registrando los relatos del personal y ordenándolos en debida forma.

Organizamos la cosa de la siguiente manera. Cada mañana, a las ocho y media en punto, en el compartimento del vagón-farmacia donde me había instalado (había allí una mesita escritorio tan blanca como todo lo del compartimento, cuidadosamente desinfectado con fenol; nunca volví a vivir en un ambiente tan esterilizado como aquel, pues en dicho vagón se hacían las curas) empezaban a entrar el personal del tren: enfermeras, sanitarias, obreros. Iban entrando de uno en uno, se sentaban y me referían con detalle y sin prisas cuanto les había ocurrido durante los años de guerra pasados en aquel hospital rodante, sucesos de su vida anteriores a la conflagración mundial, sus afanes y esperanzas. Como ya se habían contado todo unos a otros, se alegraban de tener una nueva y atenta oyente.

Me mostraban las fotografías de sus familiares y las de los heridos, con conmovedoras dedicatorias. Lloraban a sus seres queridos muertos en el frente. Algunos me cantaban sus canciones preferidas… Huelga decir que aquello tenía lugar cuando íbamos de vacío, porque cuando el tren llevaba heridos no había tiempo para conversaciones; en cambio, yo veía entonces con mis propios ojos el abnegado trabajo de aquella pequeña colectividad… Escribía lo que veía y escuchaba, captando en los relatos los caracteres humanos y procurando conservar sus peculiares entonaciones vivas.

Aquella comisión de servicio (hice cuatro viajes: dos con el tren vacío, cuando íbamos por heridos a Dvinsk y a Chervomni Bor y dos cuando volvía cargado de ellos, hacia la retaguardia), aquella estancia en la maravillosa colectividad del TSM-312 fue para mí transcendental, pues allí comprendí, definitivamente, que sería escritora, que no podría dejar de serlo, de contar la hazaña viva realizada por aquellas personas. Referiría todo tal y como lo viese y entendiera. Aquello sería mi aporte, en la medida de mis fuerzas, a la literatura y a la vida.

Recientes las impresiones recibidas, me puse a escribir la narración Compañeros de viaje, abandonando de momento Kruzhílija. Ningún otro trabajo lo hice con tanta rapidez y facilidad. Compañeros de viaje fue escrito en ocho meses y publicado en 1946.

En 1947 quedó terminada y apareció Kruzhílija; en 1949, la narración Ribera Clara; en 1953, la novela Las estaciones del año; en 1955, el ciclo de relatos acerca del pequeño Seriozha; en 1958, la Novela sentimental y en 1959, los cuentos Valia y Volodia. Además, en los últimos años, he escrito varios guiones cinematográficos, basados en los argumentos de mis obras en prosa, así como diversos cuentos y piezas teatrales.

* * *

Con frecuencia, los lectores me preguntan:

—¿Por qué ha escrito usted acerca de un tren de sanidad militar y no de un hospital de guerra? ¿Por qué no escribe algo sobre los maestros, los estudiantes, los tejedores, las fábricas de papel o metalúrgicas?

Yo creo que un libro se escribe cuando el tema y los datos reunidos, bien saturados ya de pensamientos, exigen su expresión en palabras. Así me ocurrió con Compañeros de viaje, Kruzhílija y Las estaciones del año.

Luego, ante mí se revelaba, en sus distintos aspectos, el alma de un niño; tras el descubrimiento, vino la meditación; los pensamientos tomaron forma en imágenes, y apareció Seriozha.

Las impresiones de la juventud, desentrañadas a través de los años, me agobiaban como una carga, y me liberé de ella escribiendo la Novela sentimental.

Largamente estuvieron madurando los cuentos Valia y Volodia, que yo tenía ya concebidos desde los tiempos de la guerra. Al principio, proyectaba una novela: en lugar de ella, escribí dos cuentos pequeños, dejando solamente la esencia, el extracto.

A mí me parece que chicos y chicas como Volodia y Valia podían ser tejedores, obreros de una fábrica de papel o metalúrgicos. Creo que mujeres del carácter de Yulia Dmítrievna hay entre las maestras, en las instituciones científicas, en el aparato del Partido y de los Soviets, en todas partes, y que no se trata de ver a qué sindicato ha de pertenecer el protagonista, sino de comprobar si está acertadamente mostrado su fondo humano.

He elegido para la presente edición lo que me parecía más logrado en dicho sentido. Aunque el acierto en nuestro trabajo es cosa relativa, pues el escritor sueña siempre con más de lo que puede realizar. En estos casos, cada obra es un intento, una exploración, empezar a erigir en un descampado. Y en nuestra labor son obligados los ensayos y el aprendizaje incesante.

(1) La NEP (Nueva Política Económica), efectiva desde 1921 hasta 1928, permitió un mercado restringido y la propiedad privada en ciertos sectores, con el objetivo de reconstruir la economía soviética tras la guerra civil. 

(2) Los sovjoses fueron las granjas estatales insertas plenamente en el modelo de planificación económica, y se consideraban una forma superior a los koljoses, las granjas colectivas. La «Rostselmash» era la Fábrica de Maquinaria Agrícola de Rostov. 

(3) Novela del conocido escritor soviético Mijaíl Shólojov, ambientada en la época de las colectivizaciones del campo a principios de los años treinta.