ARTÍCULO DE ISACHI DURRUTHY PEÑALVER PUBLICADO EN CUBAN ART NEWS EL 4 DE NOVIEMBRE DE 2012
Sobre la prima bailarina y su relación evocadora con la cámara.
A lo largo de su extensa carrera, la bailarina cubana Alicia Alonso sostuvo una sorprendente relación con los fotógrafos norteamericanos. Sorprendente, por el amplio número de artistas del lente que se interesaron en su figura, por la capacidad de Alicia para convertirse –desde temprano- en eje central de experiencias bidimensionales de avanzada, por su compromiso e innata vocación para interactuar con la magia del lente. Notables fueron los fotógrafos que se rindieron ante la naturaleza efímera de arte, y la registraron para regocijo de la cultura danzaría universal.
A finales de la década del treinta del pasado siglo no existían en Cuba academias formadoras de bailarines profesionales ni compañías con el nivel requerido para poder presentarse. ( y el Patronato?) Alicia, y su entonces esposo Fernando Alonso, adelantados estudiantes de la Academia de Pro-Arte Musical (fundada por 1918 por María Teresa García Montes de Giberga ) decidieron marchar a los Estados Unidos con el propósito de desarrollar su carrera. En 1939 la joven bailarina se unió al American Ballet Caravan de Lincoln Kirstein, desde ese momento su complicidad con la cámara comenzó a llamar la atención de los fotógrafos norteamericanos. Su ingreso en 1940 en la compañía American Ballet Theatre, apenas fundada como Ballet Theatre de Nueva York por los bailarines Lucía Chase y Richard Pleasant, fue determinante. La compañía estaba decidida a convertir al país en un gran centro del ballet mundial y desplegó una sólida estrategia promocional que favoreció el tránsito de Alicia por los más importantes estudios de Nueva York.
Maurice Seymour, el fotógrafo de las celebridades, (Rusia 1900- EE. UU 1993) fue el encargado de imprimir a las imágenes de ballet el glamour típico de los retratos de las estrellas de Hollywood. Su apuesta por el realismo enaltecería la figura de esta bailarina. El exquisito cuidado de su ejecución técnica devino entonces arquetipo para las numerosas sesiones en estudio.
También atraído por este elevado poder sugestivo, y siguiendo la tendencia instaurada por Seymour, las instantáneas de Walter E. Owen captaron el brío y la sensualidad de la virtuosa cubana. Su estudio, ubicado en el City Center de Nueva York y cercano a la sede del American Ballet, era un sitio muy frecuentado por los bailarines de la compañía tras finalizar sus funciones.
Desde mediados de los años cuarenta, el vocabulario clásico de la danza comenzó también a ser utilizado como pretexto, por fotógrafos de diversas ramas, para innovar en sus formas de expresión. Alicia Alonso representaba el ideal de síntesis y brillantez artística, era un motivo ineludible para la búsqueda de nuevos horizontes plásticos. Su madurez técnica y dramática desconcertaban; su raigal esencia renovadora de las formas clásicas seducía.
La irrupción de estos “cronistas temporales” propició la relación de Alicia con emblemáticos retratistas del mundo de la moda. George Platt Lynes (New Jersey 1907-1955), amigo de Balanchine y que sería figura de culto para Robert Mapplethorpe, e Irving Penn (New Jersey 1917- 2009) mostraron una admirable delicadeza en el trazado de la línea de ballet. En Giselle, de la década del 50, Lynes se inclinó por la subjetividad de la representación, y compuso una de las mejores fotografías del mítico personaje romántico. Penn dispuso una peculiar disposición espacial para los retratados, y logró un refinamiento desde la simplicidad escenográfica, aclamada en su quehacer como fotógrafo de modas.
Tras la transformación del Ballet Alicia Alonso en Ballet Nacional de Cuba, con la Revolución de 1959, las presentaciones de Alicia en Estados Unidos se dilataron en el tiempo. A partir de 1960, El Departamento de Estado negó el otorgamiento de visas a Alicia Alonso, y con este gesto propició su ausencia de los escenarios estadounidenses. Así fue obstaculizado el fructífero diálogo que ella había establecido con importantes fotógrafos de ese país. El reencuentro con el público norteamericano tuvo lugar el 28 de julio de 1975 durante una función de gala en el New York State Theatre, del Lincoln Center, con motivo del trigésimo quinto aniversario del American Ballet Theater.
A partir de ese año, Alicia realizaría memorables presentaciones en Estados Unidos y volvería a ser centro de atención para destacados fotógrafos como Martha Swope. Fotógrafa norteamericana nacida en 1933, Martha trabajó con el New York City Ballet, Martha Graham Dance Company y el Dance Theatre of Harlem. Gran parte de su quehacer quedó atesorado en revistas como After Dark y Danze Magazine así como en numerosas colecciones privadas.
Modelo recurrente para tentativas pioneras, musa para instantáneas de gran sensibilidad, Alicia Alonso supo establecer una especial complicidad con los maestros norteamericanos del lente. El influjo de su enigmático ser, la riqueza de su universo expresivo, favoreció un diálogo exquisito con la cámara, un vínculo poderoso enaltecido por los fotógrafos que dejaron imágenes de genuina trascendencia.
Isachi Durruthy Peñalver (La Habana 1987) Licenciada en Historia del Arte (2010). Actualmente desarrolla su tesis de Maestría sobre la figura del fotógrafo cubano Julio Berenstein.
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