- Título original: Oblomok imperii
- Año: 1929
- Duración:96 min.
- País: Unión Soviética (URSS)
- Dirección: Fridrikh Ermler
- Guión: Fridrikh Ermler, Yekaterina Vinogradskaya
- Fotografía:Gleb Bushtuyev, Yevgeni Shneider (B&W)
- Reparto: Emil Gal, Sergei Gerasimov, Yakov Gudkin, Ursula Krug, Varvara Myasnikova, Fyodor Nikitin, Lyudmila Semyonova, Valeri Solovtsov, Vyacheslav Viskovsky
- Productora: Sovkino
- La película trata sobre los cambios enormes que han pasado en la URSS después de la victoria de la Revolución de Octubre. Hacia el fin de la guerra civil, el ex suboficial y caballero de San Jorge Filimonov se encuentra contuso en estado de shock. Pierde por completo la memoria. Desde hace un tiempo, Filimonov ayuda al guardián de la pequeña estación ferroviaria. En una ventanilla del tren que pasa, Filimonov ve a su mujer. Esto le despierta su memoria. Sin embargo, Filimonov se acuerda sólo de lo que ha pasado con él hasta la contusión. Decide ir a Petersburgo para encontrar a su mujer y a su patrón del trabajo. Durante un tiempo, no puede comprender los cambios que han pasado en el país en los últimos años. Los obreros ayudan a Filimonov a entender que ahora, bajo el poder Soviético, él junto con ellos es el amo de la fábrica y de su propia vida.
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sábado, 13 de noviembre de 2021
"LAS RUINAS DE UN IMPERIO", PELÍCULA SOVIÉTICA DE 1929
viernes, 12 de noviembre de 2021
32 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DOLORES IBARRURI "LA PASIONARIA"
La última sesión de Cortes de la República
Dolores Ibarruri
Poco duró la vida normal del Parlamento constituido después de la victoria del 16 de Febrero. La agresividad de las fuerzas derrotadas iba en aumento, a medida que veían consolidarse la unidad de las izquierdas y fortalecerse su voluntad de dar impulso a la revolución democrática que la confabulación reaccionaria durante el bienio negro había paralizado. En el campo y en las ciudades se sentía el enrarecimiento del ambiente. Los sangrientos sucesos de Yeste, en los que resultaron dieciséis campesinos muertos por la Guardia Civil al servicio de los terratenientes, habían estremecido a todo el país. Una interrogación danzaba constantemente ante nosotros. ¿Qué preparan las fuerzas reaccionarias?
A mediados del mes de junio se anunció que la CEDA iba a hacer una interpelación al Gobierno sobre el orden público. Para la osadía de los cedistas no había bardas. Era algo realmente intolerable que los culpables del desorden, los que rebajaban los salarios a los obreros de las ciudades y a los obreros agrícolas, la misma gente que azuzaba a la Guardia Civil contra los campesinos hambrientos y profería amenazas diciendo que preferían que las cosechas se perdiesen a pagar los salarios estipulados en las bases del trabajo; quienes armaban mercenarios para asesinar a los hombres conocidos por sus ideas democráticas, se atreviesen a interpelar al Gobierno sobre el orden público.
Sólo podía comprenderse tal atrevimiento cuando se examinaba la posición política de los hombres que figuraban en los partidos que componían el Frente Popular, ya que en la debilidad de éste, estaba la fuerza de sus contrarios. No era un secreto para nadie que ciertos dirigentes republicanos, y aun algunos socialistas, estaban molestos porque los trabajadores planteaban reivindicaciones. Y las frases de Albornoz en Asturias sobre la impaciencia de los presos, se repetían con demasiada frecuencia en las tertulias y en los pasillos del Congreso, en relación con las luchas de los obreros por el aumento del salario, por el mejoramiento de sus condiciones de vida.
Los diputados de la CEDA eran el tercer oído de los terratenientes y capitalistas, que percibían hasta el más débil suspiro de las Magdalenas republicanas y querían apoyarse en ellas para abrir una brecha en el bloque de izquierdas. El anuncio de la interpelación cedista fue como un trallazo asestado en pleno rostro al Gobierno y al Frente Popular. Los derechistas querían ir muy lejos al presentar en el Parlamento su proposición no de ley. Las fuerzas de izquierda se agruparon en torno al Gobierno para la batalla parlamentaria. Aquella tarde del 16 de junio, un mes justo antes de la sublevación, había un ambiente de pelea en el Parlamento español.
Los periodistas y fotógrafos recogían impresiones y hacían fotografías. Todo el mundo tenía la impresión de que aquella sesión parlamentaria sería una sesión histórica. De ella podía salir la derrota del Gobierno, que en aquellos momentos hubiera significado la derrota del Frente Popular, o, por el contrario, la derrota de las fuerzas derechistas, que abiertamente se lanzaban a la ofensiva.
Cada parte contendiente preparaba sus armas; los comunistas nos habíamos reunido a mediodía, y en aquella reunión se acordaron las líneas fundamentales de mi intervención, puesto que era yo quien debía intervenir en el debate en nombre del P.C. Los socialistas habían nombrado a Enrique de Francisco para que interviniese, y los republicanos, a Marcelino Domingo.
Antes de comenzar la sesión, los pasillos y salones de la Cámara parecían una colmena. Idas y venidas, comentarios, augurios, entrevistas, miradas cargadas de odio, sonrisas irónicas, ceños fruncidos, inquietudes, de todo había entre los que se disponían a atacar y los que estaban preparados para la defensa.
A los comunistas, lo que nos preocupaba era que en lugar de ser el Gobierno quien iniciase la ofensiva contra los enemigos de la República, fuesen éstos, envalentonados por la tolerancia de aquél, los que se lanzaran al ataque. Hasta entonces había sido la minoría comunista quien con su firmeza daba un nuevo tono a la Cámara. Aquella tarde nuestras armas iban a medirse con las de nuestros más encarnizados enemigos.
Estaba muy nerviosa, pues comprendía la trascendencia de aquella sesión, en la cual el Partido Comunista iba a ser la fuerza de choque en la lucha contra la CEDA y contra toda la reacción española, representada por sus más destacados jefes, Gil Robles y Calvo Sotelo, que eran los que iniciarían el ataque contra el Gobierno.
Comenzó la sesión aprobándose algunos asuntos de trámite y el primer artículo de un proyecto de ley que modificaba la vieja ley de Orden Público.
A continuación, el presidente anunció la lectura de una proposición no de ley. Era la proposición de la CEDA pidiendo al Gobierno explicaciones «acerca del estado subversivo en que vive España».
Gil Robles defendió la proposición. Y después de una enumeración de hechos, atribuidos a las fuerzas que componían el Frente Popular, terminaba diciendo que él no quería que se rompiese el Frente Popular porque deseaba que el fracaso arrastrase a todos los partidos que lo integraban, afirmando que «se preparaban ya los funerales de la democracia»...
Después de él intervino Enrique de Francisco, en nombre de la minoría socialista, el cual cortésmente se disculpaba porque, obligado por un penoso deber, se veía forzado, él, tan modesto, a contender con un hombre tan destacado como el «Sr. Gil Robles»...
La intervención del representante socialista dejó fría a la Cámara y llenó de indignación a muchos diputados socialistas, que esperaban una intervención más firme y más política de su representante.
La agresividad del sector derechista crecía a medida que observaba el ambiente de la Cámara.
Por eso, con la intervención del antiguo ministro de la dictadura de Primo de Rivera, Calvo Sotelo, que era una amenaza y un desafío, se creyó que al Gobierno le quedaban pocas horas de vida. En el discurso hábil y demagógico del jefe derechista hubo un cálido elogio para las fuerzas de la CNT, la actuación de cuyos líderes, desde el 16 de febrero, consistía en forma acusadísima en hacer el juego a las derechas.
A Calvo Sotelo contestole de manera cumplida Casares Quiroga, como presidente del Gobierno. Y Casares Quiroga, recogiendo las amenazas del ex ministro de la dictadura, responsabilizó a Calvo Sotelo de las actividades de las fuerzas derechistas contra la República y contra el pueblo.
Después del jefe del Gobierno intervine yo. Puse de manifiesto la maniobra de las derechas que querían presentarse como víctimas, siendo ellas las autoras responsables de los hechos que creaban el desorden y la inquietud. Denuncié los manejos que contra la República se realizaban, así como el contrabando de armas a través de la frontera de Navarra, armas dedicadas a la preparación de un golpe de Estado.
Hice un análisis de los hechos que precedieron a octubre y reivindiqué la memoria de los asesinados por las fuerzas represivas.
Resalté el jesuitismo y la hipocresía de las fuerzas de derechas, que no vacilaban en recurrir a las mentiras más infames, como la de los niños con los ojos saltados, la de las muchachas violadas, «la de la carne de cura vendida a peso» y la de los guardias de Asalto «quemados vivos», para producir en las masas un sentimiento de repulsión hacia el glorioso movimiento insurreccional de Octubre.
Examiné a la luz fría de los hechos las causas que motivaban las huelgas y que producían el estado de inquietud y de intranquilidad en todo el país.
Terminaba mi discurso diciendo: «Ni los ataques de la reacción, ni las maniobras más o menos encubiertas de los enemigos de la democracia, lograrán quebrantar ni debilitar la fe que los trabajadores tienen en el Frente Popular y en el Gobierno que lo representa.
Pero es necesario que el Gobierno no olvide la necesidad de hacer sentir el peso de la ley a aquellos que se niegan a vivir dentro de la legalidad, y que en este caso concreto no son los obreros ni los campesinos.
Si hay generalitos reaccionarios que en un momento determinado, azuzados por elementos como Calvo Sotelo, pueden levantarse contra el Gobierno, hay también soldados heroicos, como el cabo de Alcalá, que pueden meterlos en cintura.
Cuando el Gobierno se decida a cumplir más rápidamente que hasta ahora el programa del Frente Popular e inicie la ofensiva republicana, tendrá a su lado a todos los trabajadores dispuestos, como el 16 de Febrero, a aplastar a esas fuerzas y a hacer triunfar una vez más el Bloque Popular.
Dirigiéndome al jefe del Gobierno dije: «Señor Casares Quiroga, para evitar las «perturbaciones» que tanto molestan a Gil Robles y a Calvo Sotelo, para terminar con el estado de desasosiego que existe en España, no basta con hacer responsables de lo que pueda ocurrir a un señor Calvo Sotelo cualquiera, sino que hay que comenzar por encarcelar a los patronos que se niegan a aceptar los bandos del Gobierno.
Hay que encarcelar a los terratenientes que lanzan a la miseria y al hambre a los campesinos; hay que encarcelar a los que con cinismo sin igual, llenos de sangre de la represión de Octubre, vienen aquí a exigir responsabilidades por lo que no se ha hecho.
Y cuando se comience por hacer esta obra de justicia, señores ministros y señor Casares Quiroga, no habrá un Gobierno que cuente con un apoyo más firme, más fuerte que el vuestro, porque las masas populares de España se levantarán para luchar contra todas esas fuerzas, que, por decoro, no se debiera tolerar que se sentasen ahí.
Mis palabras, expresión de la política y de la posición del Partido Comunista, hallaron una aprobación calurosa en todo el país.
Los acontecimientos se encadenaban con ritmo febril. Las derechas tenían prisa por salir de aquella situación. La tierra les iba faltando bajo los pies y querían despejar la incógnita, terminando de una vez.
Seguían la táctica de atacar, no olvidando el proverbio español de que «el que da primero, da dos veces».
En aquellos días llegó a Madrid el camarada Jesús Monzón, de Navarra, a informar a la dirección del Partido de la situación de aquella región y a denunciar ante el Gobierno las actividades de la reacción Navarra, que a la luz del día se preparaba para la guerra.
En el conjunto de los pueblos de España, Navarra ha sido algo aparte. Constituía una fortaleza de la reacción, para la que no contaba ni la instauración de la República, ni el progreso de España.
En Navarra ha tenido el tradicionalismo reaccionario un baluarte que ha figurado como inaccesible a la democracia, por las debilidades de los diferentes gobiernos republicano-socialistas, que, temerosos de enfrentarse con las fuerzas tradicionalistas, han abandonado en manos de éstas a los obreros y a los campesinos navarros.
Los descendientes de los viejos carlistas vivían en Navarra organizados y encuadrados en los grupos de requetés con una disciplina de hierro , con fanatismo religioso y con jerarquías intocables.
Todo era casi igual que en 1876. Lo único que había cambiado era el armamento. En 1936, los requetés navarros estaban armados no con los viejos fusiles y pistolones enterrados al terminarse la guerra carlista, sino con máuseres y ametralladoras modernas.
Y esa organización militar, medio carlista, medio fascista, hacía constantes ejercicios y prácticas de tiro, desfiles militares y maniobras, que las autoridades toleraban sin tomar ninguna medida para ponerles freno.
Las elecciones en Navarra se realizaron bajo la presión de estas fuerzas. Y a pesar del Frente Popular y de los abnegados esfuerzos de los socialistas y de los comunistas de Pamplona por cambiar la situación, los carlistas continuaban siendo los amos de la región. Al comenzar la sublevación militar fascista, contra los núcleos de demócratas existentes en Navarra se ensañó con salvaje violencia la locura criminal de requetés y fascistas, llenando de dolor y de luto a centenares de familias.
El camarada Monzón llegaba a Madrid en representación del Frente Popular de Navarra, para denunciar los alijos de armas que constantemente se hacían por Vera del Bidasoa y por diferentes puntos del Pirineo Navarro, y a pedir al Gobierno que tomase medidas para cortar los desmanes de los cristeros y el desarme de su organización.
Yo acompañé al camarada Monzón a visitar a Casares Quiroga, el cual, aunque prometió dictar algunas disposiciones, tomó un poco a broma el peligro del fascismo, considerando que los comunistas veíamos fascistas por todas partes.
Con aquel criterio tan irresponsable, dejó que las cosas continuaran como hasta entonces.
Y al estallar la sublevación militar-fascista varios millares de requetés navarros fueron la fuerza de choque del Ejército franquista, sobre todo en el Norte, por negligencia del Gobierno republicano, que no fue capaz de atraerse Navarra al campo de la democracia, ni de poner fuera de combate a los conspiradores y animadores de la sublevación.
La confianza que el Partido Comunista tenía en las masas populares, en los obreros, en los campesinos, en todos los trabajadores, no era compartida por todos los hombres que militaban en los partidos del Frente Popular.
Ante las dificultades que encontraba el Gobierno por el sabotaje económico y político del gran capital, de la alta finanza y de los terratenientes, surgían en el interior del Frente Popular voces pesimistas, agoreras, que tendían a deprimir los espíritus, a paralizar el impulso revolucionario de las masas, a frenar las iniciativas del Gobierno y a crear el clima político propicio para la claudicación ante las derechas.
El Partido Comunista salió al paso de este pesimismo desde las columnas de Mundo Obrero.
...«Es tremendamente infantil —decíamos en el órgano del Partido— la idea de que el enemigo va a dejarse vencer sin ninguna resistencia. Eso, «alarmados» o «alarmistas», había que preverlo. El pánico no ha sido nunca un punto de partida adecuado para llegar a conclusiones justas.
Con serenidad las cosas se ven y se comprenden mejor.
Examinen la situación y reconocerán que no es achacable a los trabajadores, cualquiera que sea su significación, el trastorno que se produce en nuestro camino hacia una España democrática.
Ahí está la política de la reacción y del fascismo, o de las derechas, para hablar su lenguaje, en la calle y en el Parlamento.
Vean los métodos de conspiración que emplean en las finanzas y en los cuartos de banderas. Examinen de dónde parten las provocaciones y el sabotaje al régimen y las agresiones al Frente Popular; de dónde viene ese ruido de espuelas y espadones con que se trata de atenazar los movimientos del Gobierno favorables a las masas populares. El Partido Comunista ha expuesto repetidas veces la imperiosa necesidad que tenemos de dar vida a los Frentes Populares. No nos cansamos de repetir que toda la política actual debe basarse en esos órganos de unidad de todo el pueblo.
Y en este sentido, la Asamblea de Alcaldes y delegados de los Frentes Populares de Jaén es un ejemplo que va a ser seguido en breve por Toledo. Estas asambleas populares son las que señalan el camino a seguir.
El Frente Popular, como célula viva en cada aldea, en cada pueblo, con el Ayuntamiento como órgano ejecutor de esa política y con un programa adecuado a las necesidades de vencer a un enemigo poderoso y organizado. Fl Frente Popular, nacional, parlamentaria y extraparlamentariamente ayudando y empujando al Gobierno a realizar una política económica y social que dé satisfacción a las justas demandas de los trabajadores y masas campesinas y reduzca a polvo los siniestros planes de la reacción.
Si esto se hace, estamos seguros de que esas aves agoreras encontrarán el horizonte más alegre y despejado»...
Cada día aportaba una nueva inquietud. La evasión de capitales desmoronaba la economía del país. Se habían organizado agencias especiales, clandestinas, de evasión de dinero. Centenares de millones de pesetas iban a parar a los bancos franceses, ingleses o suizos. El valor de la peseta sufría bajas constantes y los productos que se adquirían en el extranjero costaban mayores dispendios, reflejándose en un encarecimiento general del coste de la vida y en un empeoramiento de la situación de las clases modestas del país, muy especialmente de los trabajadores.
El Gobierno tuvo un «rasgo» frente a los sembradores del hambre y especuladores de la moneda. Ordenó la detención de una veintena de individuos, complicados en los negocios de la «bolsa negra», y se tomaron algunas medidas para cortar esta sangría de dinero que arruinaba el organismo económico del Estado y llevaba el hambre a las masas.
Cada uno de los españoles que formaba en el Frente Popular o simpatizaba con él, se acostaba pensando qué sorpresa aportaría el nuevo día.
La turbulenta actuación de las derechas conseguía crear tal sensación de inseguridad y de peligro que se deseaba se descorriese la cortina para saber a qué atenerse.
La idea de la resistencia y la defensa ante un posible ataque reaccionario tomaba cuerpo en las masas. En un artículo de Política, órgano de Izquierda Republicana, se escribía el 28 de junio:
«Quien quiera tomar el Poder contra el pueblo ha de disputárselo en la calle al Gobierno legítimo. Y en la calle se encontrará frente al pueblo. Frente a todo el pueblo, porque el Ejército, en su entraña, también lo es...»
En esos días de peligro, se establecieron las bases para la unificación en Cataluña del Partido Comunista Catalán, del Partido Catalán Proletario, Federación Catalana del Partido Socialista Obrero Español y Unión Socialista de Cataluña, que el 21 de julio de 1936 habían de formar el Partido Socialista Unificado de Cataluña, que tanto contribuyó a organizar la resistencia y que con su acertada política minó profundamente las bases del anarquismo en el movimiento obrero catalán.
Chispazos contrarrevolucionarios.
El día 11 de julio, los fascistas valencianos asaltaron el local de Unión Radio de Valencia. Y después de haber cortado los hilos del teléfono, para operar con más tranquilidad, radiaron el siguiente comunicado:
«Unión Radio... Valencia. En estos momentos Falange ocupa militarmente el estudio de Unión Radio. ¡Arriba el corazón! Dentro de unos días la revolución sindicalista estará en la calle. Aprovechamos esta ocasión para saludar a todos los españoles y particularmente a nuestros correligionarios.»
¿Qué hicieron las autoridades ante esto, que era un aviso y una alarmante demostración de la audacia y de los propósitos de los fascistas? Simplemente radiar varias veces el himno de Riego y una alocución del Gobernador de Valencia.
Lo que no hicieron las autoridades, en
parte y a su manera, lo hizo el pueblo. El Casino Central de la Derecha
Valenciana fue asaltado por las masas, que le prendieron fuego e
impidieron que los bomberos actuasen para sofocarlo.
Una enorme multitud se dirigió a la redacción del periódico monárquico
La Voz Valenciana con el propósito de hacer allí lo mismo que habían
hecho en el Casino de las Derechas, pero la policía lo impidió.
Más tarde, el restaurante «Vodka», lugar donde se reunían los señoritos falangistas, fue ocupado por los obreros y destrozados todos los enseres. La policía detuvo a algunos falangistas sospechosos de ser los autores del asalto a la Radio. En algunas barriadas de las afueras de la capital valenciana fueron incendiados círculos y casinos derechistas, resultando algunas personas heridas.
La respuesta que el pueblo daba a las provocaciones falangistas, era un anuncio de lo que días más tarde iba a ocurrir frente a la sublevación de los militares felones.
En Madrid continuaban desde hacía dos meses la huelga de Calefacción y Ascensores, la de los obreros de la Casa Quirós, de Gal y Floralia y la más importante, la de la Construcción, que englobaba a más de 80.000 obreros y que duraba ya excesivamente por la actitud de la patronal, dispuesta a alimentar y mantener el desasosiego en el país, desacreditar al Frente Popular y llevar la desesperación a los trabajadores.
El Plan de las derechas se perfilaba con nitidez. Los camaradas de Correos interceptaban cartas de provincias dirigidas a gentes de derecha, de Madrid, que decían cosas tan sustanciosas como éstas:
«Como Ud. sabe tengo un revólver «Smith» y yo quiero cambiarle por una buena pistola; porque según se va acercando eso, hay que prepararse con las armas, como lo estamos de corazón todas las derechas, hombres y mujeres.»
En la capital de la República, en algunos centros falangistas y de Renovación Española, fueron descubiertos depósitos de armas, de correajes y de uniformes de la Guardia Civil. El día 12 de julio fue asesinado por los pistoleros falangistas el teniente Castillo, joven oficial de los guardias de Asalto, conocido por sus ideas democráticas y antifascistas.
Ante la agresividad de las derechas, el Buró Político del Partido Comunista celebró una reunión, en la cual examinó la situación y las medidas urgentes que era necesario tomar y publicó una nota protestando contra las provocaciones fascistas, llamando al Gobierno a ser más enérgico contra los enemigos de la República y a las masas, a reforzar la lucha.
«Los elementos reaccionarios y fascistas acentúan la preparación del golpe de fuerza contra las libertades del pueblo —decía la nota del Partido Comunista.
La provocación de Valencia, a la que el pueblo ha respondido con energía y decisión, y el asesinato del teniente Castillo forman parte de su plan siniestro de sembrar la intranquilidad en el país y crear el ambiente propicio para provocar el golpe reaccionario.
Estos hechos llenan de indignación a todos los hombres honrados, que se ven a merced de las pistolas de los asesinos del fascismo.
Nuestro Partido, al mismo tiempo que protesta indignado contra los hechos criminales e invita al Gobierno a tomar medidas contra los enemigos del pueblo, llama a las masas populares de Madrid y de España entera al reforzamiento de la lucha contra el fascismo, contra el terrorismo criminal de estas bandas del crimen.
Todos los ciudadanos honrados, todos los trabajadores deben acudir al entierro del teniente Castillo, asesinado por los bandidos fascistas.
Demostrad que el pueblo está de una manera unánime contra los provocadores reaccionarios, contra sus crímenes y provocaciones.
Comité Central del Partido Comunista de España.»
No se concretó el Partido Comunista a publicar este comunicado. Se puso en relación con las organizaciones obreras del Frente Popular para organizar una acción conjunta, frente a los planes de la reacción.
A la reunión solicitada por nosotros acudieron en representación del Partido Comunista José Díaz y Vicente Uribe; de la Unión General de Trabajadores, Manuel Lois; por la Casa del Pueblo de Madrid, Edmundo Domínguez; por la Federación de Juventudes Socialistas, José Cazorla y Santiago Carrillo, y por el Partido Socialista, Lamoneda, Jiménez de Asúa, Vidarte, Cruz Salido, Prieto, De Gracia, Albar y Bujeda.
Todos los reunidos estaban de acuerdo en reconocer la gravedad del momento y la necesidad de actuar conjuntamente ante cualquier eventualidad.
Se nombró una comisión compuesta por representantes de todas las organizaciones para que fuese a visitar al jefe del Gobierno y ofrecerse para la organización de la defensa del régimen, en el caso de que estallase un movimiento subversivo.
Paralelamente fue publicada por las fuerzas obreras encuadradas en el Frente Popular una nota que decía así:
«Conocidos los propósitos de los elementos reaccionarios, enemigos de la República y del proletariado, las organizaciones políticas y sindicales, representadas por los firmantes, se han reunido y establecido coincidencias absolutas y unánimes para ofrecer al Gobierno el concurso y apoyo de las masas que le son afectas, para todo cuanto signifique defensa del régimen y resistencia contra los intentos que puedan hacerse contra él. Esta coincidencia no es meramente circunstancial; por el contrario, se propone subsistir permanentemente, en tanto que las circunstancias lo aconsejen para fortalecer el Frente Popular y dar cumplimiento a los designios de la clase trabajadora, puestos en peligro por los enemigos de ella y de la República.
Por la UGT, Manuel Lois; por la Federación de Juventudes Socialistas, Santiago Carrillo; por el Partido Comunista, José Díaz; por la Casa del Pueblo, Edmundo Domínguez; por el Partido Socialista, Jiménez de Asúa.»
El Gobierno suspendió algunos periódicos reaccionarios y fueron detenidos grupos de gentes derechistas. A todas luces esto era insuficiente.
El día 13 de julio comenzaron a circular por Madrid los rumores de que Calvo Sotelo, el jefe más destacado de las fuerzas de derecha, había sido muerto.
¿Quién armó la mano homicida? Si en la muerte del Conde de Villamediana pudo decir el poeta que:
«el matador fue Bellido
y el impulso soberano»
en la muerte del jefe de las derechas, la responsabilidad directa era de quienes mantenían y alumbraban en España un clima de odios y de guerra civil. La responsabilidad era, no del Partido Comunista, como calumniosamente han afirmado los franquistas, sino de los que armaban la mano de los asesinos del teniente Castillo, del capitán Faraudo, del señor Pedregal, de los que atentaron contra Jiménez de Asúa y contra Largo Caballero.
Para cada uno de nosotros era evidente que la muerte de Calvo Sotelo no ayudaba a la causa de la República y, en cambio, aportaba nuevos argumentos antidemocráticos al arsenal de la contrarrevolución.
Las fuerzas de derecha quisieron hacer de la muerte de Calvo Sotelo una bandera y un ariete contra la República. El Gobierno salió al paso de estos propósitos suspendiendo las sesiones de Cortes durante ocho días, a lo que las derechas se oponían tenazmente.
Cinismo e impunidad.
En la reunión de la Comisión Permanente de las Cortes convocada por el presidente de la Cámara para aprobar la prórroga del estado de alarma en toda España, fueron pronunciados por los representantes de las fuerzas de derecha, especialmente por el conde de Vallellano y por Gil Robles, incendiarios discursos que eran ya la declaración de la guerra civil.
Tan graves eran las afirmaciones que se contenían en el documento que el conde de Vallellano leyó ante la Comisión Permanente de las Cortes, en nombre de las minorías tradicionalistas y de Renovación Española integrantes de lo que se llamaba Bloque Nacional, que el presidente de la Comisión advirtió que las declaraciones que podrían contribuir a enconar los ánimos y exacerbar las pasiones no se publicarían.
En aquella histórica sesión, mientras los representantes de las fuerzas de izquierda trataban de demostrar la responsabilidad de las fuerzas de derecha por el estado de inquietud que existía en el país, llamando a sus representantes a la reflexión, éstos no ocultaban sus propósitos de salirse del marco de la legalidad republicana, anunciando en trenos apocalípticos el estallido del complot que venían preparando desde su derrota en las elecciones de Febrero.
Y como una experiencia política para el futuro, y como una necesidad de profundizar más, y de saber ver a tiempo los cambios que se producen en la correlación de fuerzas en el campo de nuestros adversarios, y afinar nuestra política, quiero recordar el papel que de una manera invariable y un tanto subjetiva continuamos atribuyendo a Gil Robles, viendo en él la cabeza de la conspiración antirrepublicana que estaba en el aire, que se mascaba cuando ya el papel de Gil Robles, sin dejar de ser importante en el campo de las derechas, no era el determinante.
Desde el fracaso de las derechas en las elecciones de Febrero, y aunque esto no se dijese públicamente por los interesados, el papel político de Gil Robles había descendido extraordinariamente. Este no aparecía para la extrema reacción como la figura y el jefe que ella necesitaba.
Y esto era tanto más cierto, cuanto que llevada la lucha política al terreno de la agresión abierta a la República y, con ello, a la guerra civil, no era Gil Robles el más apropiado para dirigir esta lucha, sino un hombre de otro tipo. A Gil Robles no le perdonaban haber abandonado el Ministerio de la Guerra, aunque allá hubiera colocado y dejado los hombres de la conspiración, ni tampoco le perdonaban la derrota de Febrero.
Gil Robles podía ser el hombre de los grandes discursos y de las frases pomposas; el hombre de la reacción y de la política de represión gubernamental. Thiers y Gallifet al mismo tiempo. Pero no el hombre capaz de encabezar y dirigir una sublevación. Y esto no lo ignoraban las fuerzas que estaban tras el jefe de la CEDA.
Fue hacia los militares hacia donde se orientaron las fuerzas derechistas. Y no es casual que fuese un militar quien tuviese en sus manos prácticamente los hilos de la conspiración, aunque en principio no fuese Franco. Este esperaba su hora y cuando ésta llegó, con el apoyo de Hitler, dio de lado a todas las fuerzas políticas de derecha que le respaldaron en la sublevación.
De la noche a la mañana y gracias a la eliminación «milagrosa» de Sanjurjo, Franco pudo nombrarse a sí mismo, con el voto decisivo de Canaris, agente destacado del espionaje alemán, Jefe del Estado y Caudillo de España «por la Gracia de Dios».
Y aunque fue el Partido Comunista el primero en denunciar los criminales manejos de los Franco y compañía, cuya peligrosidad era evidente, quizá no lo percibimos en toda su trágica hondura...
En aquella reunión de la Comisión Permanente de las Cortes, la voz de José Díaz, Secretario del Partido Comunista y diputado por Madrid, se alzó junto a las de los representantes socialistas y republicanos para responder a los discursos cínicos e insolentes de los representantes de las derechas.
«No podéis negar —dijo José Díaz—que estáis organizando complots. Estáis haciendo preparativos para un golpe de Estado, pero ¡tened cuidado! Todos nos hallamos vigilantes a fin de que no podáis llevar a España por el camino de la represión, del hambre y del descrédito. Haremos cuanto sea necesario para que la República no desaparezca de España. Y no consentiremos de ninguna manera que se pierda lo que ha costado tanta sangre y tanto esfuerzo conquistar.»
Ese mismo día, el Buró Político del Partido Comunista publicaba otro comunicado, llamando a todas sus organizaciones a ponerse en relación con las organizaciones regionales, comarcales y locales de Frente Popular para estar preparados ante cualquier eventualidad. El Partido Comunista no echaba en saco roto las amenazas derechistas. Se preparaba para hacerles frente. Estrechaba sus filas, establecía ligazón con otras fuerzas, se ponía al habla con militares leales y reforzaba las milicias obreras y campesinas.
«Los hechos de estos días han demostrado —declaraba el comunicado del Partido Comunista— el alcance de los planes sangrientos de la reacción y del fascismo, como ya nuestro Partido ha venido denunciando desde hace tiempo, en sus intentonas de imponer violentamente su dictadura salvaje y criminal. Frente a esas intentonas, una vez más, las masas populares se han puesto en pie, enérgica y rotundamente, como en el caso de Valencia.»
El día 16 de julio terminaba, con una victoria de los trabajadores, la huelga de los obreros de Calefacción y Ascensores, que había durado setenta y dos días. El mismo día se resolvió también con una victoria la huelga de los obreros de la Madera. En el polvorín contrarrevolucionario la mecha estaba encendida y el estallido era cuestión de unas horas.
D. I.
(Texto perteneciente a las Memorias de Dolores Ibarruri, publicadas —bajo el título «El único camino»— por Colección Ebro).
Tiempo de Historia nº 22, septiembre 1976
Fuente: Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores
jueves, 11 de noviembre de 2021
CATARATA PUBLICA "SUDÁFRICA Y EL CAMINO A LA LIBERTAD", DE ENRIQUE OJEDA
En Sudáfrica y el camino a la libertad, del apartheid a la democracia, se desgrana el proceso histórico sudafricano, desde el nacimiento de la República racista hasta su derrota final. Un proceso que marcó a todo el continente africano e impresionó a millones de personas en todo el mundo, tanto por las características aberrantes del sistema que se dejaba atrás, que discriminaba a sus propios ciudadanos por el color de su piel, como por la personalidad del principal líder de la lucha contra el mismo, Nelson Mandela.
“Libro de historia, de análisis político, de comprensión sociológica y, sobre todo, de sutileza y profundidad intelectual en la interpretación de las motivaciones y de los movimientos estratégicos y tácticos que desplegaron los actores en una batalla y viajes dantescos para desembocar, evitando la guerra civil, en un acuerdo original para desmantelar el Estado racista, entre los supremacistas blancos defensores del apartheid y el conjunto de organizaciones liderado por el ANC (Congreso Nacional Africano) de Mandela.
Aunque describe con rigor y esperanza expresiva esta historia épica, Enrique Ojeda pretende proponer una lectura personal, una mirada profunda de un diplomático que ha dedicado décadas a la reflexión sobre este conflicto; pero esta humildad no debe confundir al lector: el libro es mucho más que eso.”
Sami Naïr
miércoles, 10 de noviembre de 2021
EXPOSICIÓN EN PARÍS "PICASSO, EL EXTRANJERO"
Picasso, de inmigrante vigilado a gloria de Francia
Un libro y una exposición en París explican cómo el artista del ‘Guernica’ fue considerado durante décadas un extranjero sospechoso en el país que acabaría adoptándoloPodría parecer un caso flagrante de apropiación cultural cuando esa expresión no era de uso corriente: la historia de cómo el artista español Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) acabó convirtiéndose en una de las mayores glorias artísticas de Francia.
En realidad, todo fue más complicado. Durante décadas, desde que el genio malagueño llegó por primera vez a París al inicio del siglo XX, las autoridades le trataron como un inmigrante peligroso, se le sometió a vigilancia policial, se le abrió un fichero de sospechosos y nunca, hasta su muerte, dejó de ser español. La única vez que solicitó la nacionalidad francesa fue en 1940, en vísperas de la ocupación nazi de Francia. Se le denegó. Después de la Segunda Guerra Mundial, Francia multiplicó los esfuerzos para reconciliarse con el creador de Las señoritas de Aviñón y del Guernica, pero al viejo pintor ya no le interesaba por entonces ser francés.
“Francia recuperó a Picasso en el último minuto”, resume la historiadora Annie Cohen-Solal, autora del monumental Un étranger nommé Picasso (Un extranjero llamado Picasso, publicado en francés por la editorial Fayard) y comisaria de la exposición Picasso, étranger (Picasso, extranjero), que este jueves se inauguró en el Museo de la Historia de la Inmigración. “Se creó en 1985 el Museo Picasso en pleno París, un museo que borra todo lo que había sucedido antes”.

Lo sucedido antes es el núcleo del libro y de la exposición: la peripecia de Picasso como extranjero e inmigrante en Francia. Documentos administrativos y obras plásticas explican y contextualizan su relación con el país en el que residió durante toda su vida adulta, pero que, como demuestra Cohen-Solal, solo al final lo aceptó y quiso adoptarlo plenamente.
La exposición y el libro, aunque en apariencia traten del pasado, hablan indirectamente de la Francia actual, desgarrada por debates sobre la identidad y en la que la extrema derecha cuenta con un apoyo electoral sólido. El discurso contra los inmigrantes olvida a menudo que Francia no sería lo que es sin ellos y que algunas de sus máximas figuras artísticas, científicas o literarias, hoy motivo de orgullo patriótico, nacieron en el extranjero. “Francia es un país de inmigración, tanto como Estados Unidos, pero la inmigración no está presente en el relato nacional francés como lo está en el estadounidense”, reflexiona el historiador Pap Ndiaye, director del Museo la Historia de la Inmigración.
Tres fechas marcan la historia de Picasso y Francia. La primera es el 18 de junio de 1901. Picasso, que tiene su base en Barcelona, todavía no se ha instalado definitivamente en París, aunque ha pasado temporadas en la ciudad. La galería Vollard le dedica una exposición. Una noticia en el diario Le Journal sobre la exposición alerta al comisario Rouquier, que en la fecha citada le abre su primer expediente: una carpeta roja con un informe que, vistas sus amistades con catalanes afincados en Montmartre que le habían acogido, y los temas truculentos de sus cuadros, concluye: “Hay motivos para considerarlo como anarquista”.
Cohen-Solal comenta: “Los anarquistas y los catalanes dieron a Picasso las llaves de París, pero le metieron en una trampa: este informe le perseguirá toda su vida y se alimentará de nuevos informes cada vez que su nombre aparezca en la prensa”. La historiadora añade: “Hay tres motivos por los que era sospechoso: uno, es extranjero; dos, se le considera anarquista; y tres, es vanguardista en una Francia a la que horroriza la vanguardia porque en Francia manda la Academia de las Bellas Artes, la más tradicional de Europa”.

La segunda fecha clave para Picasso en Francia en el 3 de abril de 1940. Ese día, Picasso firma, con su caligrafía característica, una demanda para nacionalizarse francés. Ya es una celebridad, el gran artista del siglo XX, consagrado en París y en Nueva York, un multimillonario comprometido con la República española y el antifascismo, un clásico vivo. Y cuenta con el aval de influyentes personalidades francesas. En vano. En un informe de cuatro páginas, Émile Chevalier, inspector general adjunto de la Prefectura de la Policía, recoge la falsa acusación de anarquismo del informe de 1901, la adereza con otros rumores y maledicencias, y concluye: “Este extranjero no tiene ningún título para obtener la naturalización; por otra parte, y después de lo dicho, se le debe considerar como sospechoso desde el punto de vista nacional”.
¿Por qué Picasso quiere ser francés? “Lo que le interesaba”, responde Cohen-Solal, “no era ser francés, sino tener derechos en un momento preciso: el del arte degenerado en Alemania, Franco en España y los nazis que llegaba a Francia. Temía acabar como García Lorca, una víctima expiatoria. A él le daban igual las nacionalidades: antes que nadie había entendido que su patria era el mundo, pertenecía a la esfera del Mediterráneo, dialogaba con los artes de todos los tiempos”.

Unas semanas después de ver denegada la nacionalidad francesa, la Alemania nazi conquistó París. Durante cuatro años Francia estuvo ocupada, el inspector Chevalier ocupó cargos de responsabilidad en la administración colaboracionista de Vichy y Picasso... siguió pintando. En octubre de 1944, tras la liberación, encontró una patria: el Partido Comunista. Y en 1947 donó diez cuadros a los museos franceses, que hasta entonces le habían ignorado. “Hoy cesa el divorcio entre Francia y el genio”, celebró Georges Salles, director de los Museos de Francia. En 1948, el Gobierno le concedió una tarjeta de residente privilegiado “en razón de la personalidad del interesado”.
El paria de 1901 sometido a vigilancia se había convertido “en un VIP”, se lee en el catálogo. Cohen-Solal recuerda que en 1958 Francia le ofreció la nacionalidad: la rechazó. Diez años después, la Legión de honor: también la rechazó. No asistió a la gran exposición que le dedicó el Grand Palais de París en 1966. Ni a la exposición que le dedicó el Louvre en 1971 ―era el primer artista vivo en disfrutar de este honor― y que ahora se conmemora con una muestra en la sede del Louvre en Lens, en el norte de Francia.
Era una operación de seducción en toda regla orquestada ente otros por el escritor André Malraux, autor de La condición humana y entonces ministro de Cultura. Fue Malraux quien promovió en 1968 la ley que permitía sufragar los derechos sucesorios con el donativo de obras artísticas al Estado. “Se hizo para Picasso, y su donación fue su obra”, recuerda Cohen-Solal. “Y gracias a esto, Francia consiguió la herencia de Picasso”.
Picasso, aunque ya tenía su museo en Barcelona, era por fin un artista de Francia. “Para mí era una especie de patrimonio francés, muy franco-francés”, confiesa en el catálogo Benjamin Stora, exdirector del Museo de la Inmigración e impulsor de la exposición. “Al informarme más tarde, me dije: ‘¡No es posible! ¡El más célebre de los pintores franceses no es francés!”.
Fuente: El País
martes, 9 de noviembre de 2021
ALOCUCIÓN DE SANTIAGO CARRILLO SOBRE LA DETENCIÓN DE JULIÁN GRIMAU (NOVIEMBRE DE 1962)
Alocución de Santiago Carrillo sobre la detención de Julián Grimau (noviembre de 1962)
El discurso del secretario general del PCE, Santiago Carrillo, se
produce unos días después de la detención en Madrid del destacado
miembro del Comité Central del PCE, Julián Grimau, el 8 de noviembre de
1962. El tono solemne dirigido a todos los españoles -y no solo a los
militantes comunistas- era norma habitual en las emisiones de “La
Pirenaica”. Aunque era emisora de partido, pretendía ofrecer un enfoque
plural fomentado especialmente desde la apuesta por la reconciliación
nacional en 1956.
En 1962 la dictadura franquista se enfrentó a un intenso despertar del
movimiento obrero con las huelgas de Asturias y el resto del país, que
fueron contestadas con un recrudecimiento de la represión (doc. 43).
Estas movilizaciones implicaban un crecimiento de la actividad del PCE,
que en Madrid contaba -desde la detención de Simón Sánchez Montero- con
Julián Grimau como responsable de la organización en el “interior”. Por
ese motivo, al igual que todos sus predecesores, era el objetivo
prioritario de la policía política franquista, la Brigada Político
Social (BPS).
Tras la detención de Grimau se instruyó un procedimiento judicial por
“intento de suicidio” en las dependencias de la Dirección General de
Seguridad (DGS) de la Puerta del Sol, pues según la BPS “al
invitarle a que pasase a la Inspección de Guardia […] se volvió
rápidamente y tomando un gran impulso, al tiempo que ponía un pie en una
silla próxima a una ventana, se arrojó a través de los cristales a la
calle”. Desde la guerra los casos oficiales de “suicidio” habían
sido recurrentes pues escondían muertes por torturas en los cuarteles de
Falange o de la Guardia Civil, comisarías y sedes de la DGS. En 1939
hubo al menos una muerte a causa de la violencia policial en cada una de
las 9 comisarías de distrito de Madrid y 12 en las sedes de la DGS
(Serrano 108 y Puerta del Sol). Las malas prácticas policiales contaban
con el respaldo judicial. Los jueces siempre otorgaban credibilidad a la
Policía, descartaban la posibilidad de existencia de torturas y, en
caso de que éstas fueran irrefutables, certificaban que aquéllas no
habían sido determinantes para provocar la muerte del detenido. El
sumario por intento de suicidio de Grimau fue sobreseído (15 de enero de
1962) sin apenas diligencias. No fue permitido el informe de un médico
independiente, ni declaración de la víctima a propuesta de la defensa,
ni recreaciones para verificar si efectivamente había sido un intento de
suicidio o por el contrario, fruto de una actuación policial, es decir,
lanzado al patio de la DGS desde el despacho donde le interrogaron. El
parte médico describía los dos brazos escayolados y fractura de cráneo,
de la que Grimau tuvo que ser operado de urgencia en una clínica de la
calle General Ricardos en Carabanchel y de ahí trasladado al Hospital
Penitenciario de Yeserías. A otros comunistas, como José Sandoval,
Carlos Álvarez o Víctor Díaz Cardiel, cuando posteriormente pasaron por
el mismo despacho de la DGS, la Policía quería convencerles de que su
camarada se había lanzado por la ventana.
Las intensas movilizaciones de 1962 avivaron el debate en el seno de la
dictadura, entre aperturistas e inmovilistas, sobre quién debía recaer
la persecución y condena de toda oposición política o sindical. Desde
1936 esas competencias judiciales eran monopolio de la jurisdicción
militar, lo que era objeto de denuncia por organismos como el Comité
Internacional de Juristas de Ginebra. Para evitar esas críticas, los
tecnócratas/aperturistas pretendían limitar ese protagonismo militar. No
es ajena a esa pretendida modernización jurisdiccional la petición de
ingreso en el Mercado Común cursada el 9 de febrero de 1962 por el
ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella. Era preciso mostrar
la cara más amable de la dictadura ante la Europa democrática. Los
inmovilistas, en cambio, tenían sus “argumentos” para dar un escarmiento
ejemplar a la oposición antifranquista. La víctima elegida, Julián
Grimau, era el preso de mayor relevancia en el organigrama del partido
más destacado entre sus enemigos.
A pesar de que en los consejos de ministros, desde febrero de 1963, ya
se estudiaba el proyecto de creación del Tribunal de Orden Público para
sustituir a la jurisdicción militar por la civil, retrasaron su puesta
en marcha con el único objetivo de condenar a muerte y ejecutar al
dirigente comunista, puesto que los tribunales civiles previstos no
podrían imponer la última pena. Manuel Fraga, ministro de Información y
Turismo, tuvo un papel fundamental en la campaña de difamación a través
de la prensa, primero para defender el presunto intento de suicidio
(como haría años después con el asesinato de Enrique Ruano) y después
con la presentación de Grimau como el “criminal responsable de una
checa” en la Barcelona republicana, mediante pruebas manipuladas. El
proceso judicial sufrió los vicios y la falta de garantías jurídicas
habituales desde el golpe de 1936, pero 26 años después de éste y tras
23 años de “paz”.
Finalmente, el 20 de abril de 1963, Julián Grimau fue fusilado. Sería el
último ejecutado por acusaciones sobre acontecimientos sucedidos
durante la guerra civil. La dictadura permaneció inflexible, a pesar de
la movilización del PCE y todas sus organizaciones hermanas, con
manifestaciones ante las embajadas españolas y la presión internacional
con las peticiones de clemencia, entre otros, de Isabel II de
Inglaterra, Nikita Jruchsev, Juan XXIII, obispos de París, Santiago de
Cuba, Milán,...
Fuente: Mundo obrero
ESCUCHAR Alocución de Santiago Carrillo sobre la detención de Julián Grimau (noviembre de 1962)
lunes, 8 de noviembre de 2021
SINFONÍA Nº 12 "PARA EL QUINCE ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE", DE NIKOLAI MIASKOVSKY, EN EL 104 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA
SINFONÍA Nº 12 "PARA EL QUINCE ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE", DE NIKOLIA MIASKOVSKY
La “Sinfonía N° 12 en sol menor” Op.35 fue empezada en el invierno de 1931 y terminada el 31 de enero de 1932. Parte de la obra la compuso conjuntamente con la anterior. Se estrenó el 1 de julio de 1932 interpretada por la orquesta del Teatro Bolshoi dirigida por el inglés Albert Coates. Parece sorprendente esta elección, pero Coates poseía ciertas raíces rusas. Miaskovsky no estuvo satisfecho con su interpretación. Durante los ensayos ya había manifestado su disconformidad con los tempi. Un ataque de gripe le impidió asistir a su estreno, lo cual posiblemente agradeció. Después de algunas correcciones la sinfonía fue publicada en el mes de noviembre, como veremos correspondiendo a su dedicatoria.
El título original de la obra era “Sinfonía Kolkhoze”, estando dedicada “Para el quince aniversario de la revolución de octubre”.
La sinfonía de Miaskovsky se basa en la obra “Los Proletarios” del popular poeta soviético Viktor Gusev (1909-1944). La sinfonía poseía una explicación programática dada por el propio compositor que más adelante eliminó. Muestra los cambios producidos en un pueblo ruso. Los tres movimientos en que se encuentra dividida representan la vida de los campesinos antes de la reforma comunista, durante los cambios para lograr una vida nueva y después de ellos, celebrando la victoria del proletariado sobre el capitalismo representado por los Kulaks.
El primer movimiento, andante, adagio severo, allegro giocoso, está escrito en una forma casi rapsódica. El primer tema, de un triste patetismo ruso, es presentado por el clarinete y luego repetido por el corno inglés, acompañado por la cuerda en sordina. Luego el fagot acompañado por el violoncelo y el contrabajo presenta un nuevo tema de tipo melancólico. El tema es interpretado por la orquesta. El sonido de la flauta mediante una viva y alegre melodía empieza el allegro. La orquesta lleva al tema hacia su climax. En la parte final se recapitulan los temas en orden inverso, empezando por el de la flauta. El corno inglés repite su primera melodía, seguida nuevamente por el oboe que nos lleva a la coda.
Este movimiento presenta la triste situación de los campesinos antes de la Revolución. Los musicólogos soviéticos no pudieron explicar el motivo de la alegre melodía contenida en el allegro. Nos encontramos en otro momento de la dualidad del pensamiento de Miaskovsky. Este júbilo podía significar que a pesar de su opresión el campesino ruso conservaba su alegría. Pero esta interpretación parece que no gustaba demasiado a los críticos comunistas.
El segundo movimiento, presto agitato, corresponde al scherzo. Empieza con unas llamadas marciales de las trompetas, invocando a la lucha, seguido por la entrada de la cuerda con el tema principal de un carácter impulsivo. El fagot acompañado por contrabajos presenta un tema de posibilidades contrapuntísticas. La intensidad de la orquesta aumenta en una sección más lenta que correspondería al trio. Después de unas notas del corno inglés, la flauta introduce un motivo de tipo folclórico. La música aumenta su intensidad repitiendo el motivo. Después de regresar a la parte lenta, nos conduce a nuevo allegro, interrumpido por las llamadas iniciales del movimiento que empiezan la recapitulación. Las notas repetidas del rítmico trio nos trasladan a la coda con una nueva llamada de la trompeta.
En este movimiento se describe la etapa de luchas durante la introducción del socialismo en el campo. Llamadas a la insurrección campesina son seguidas por un tema con una gran fuerza, impulsora del movimiento comunista. El carácter folclórico nos indica que se trata de la lucha del pueblo para librarse de la opresión.
El último movimiento, allegro festivo e maestoso, introduce nuevo material de carácter ruso con un carácter más festivo. El segundo tema es de tipo lírico, proporcionando una sensación de felicidad. Aparecen citas de los movimientos anteriores como un recuerdo del sufrimiento pasado y de la etapa de lucha, como expresa el tema correspondiente al segundo movimiento. Estas sombras no se disipan totalmente hasta la última sección, en que reaparece el tema lírico, seguido por el tema festivo que va creciendo solemnemente, terminando alegremente con una coda, mediante triunfales acordes.
Finalmente llega el triunfo. Se recuerdan las penalidades sufridas y la lucha por la liberación. Un bello tema lírico nos indica que se ha conseguido una utópica felicidad. La sinfonía termina con una radiante fiesta celebrando la victoria del pueblo.
Fuente: Historia de la Sinfonía
domingo, 7 de noviembre de 2021
"PROSPECTORES ESCRIBIENDO UNA CARTA AL CREADOR DE LA GRAN CONSTITUCIÓN", DEL PINTOR SOVIÉTICO VASILY N. YAKOVLEV
La
pintura fue creada para la exposición Industria del Socialismo, el
evento principal en la vida artística de la URSS en 1939. En 1935, el
partido se había fijado el objetivo de reflejar los logros industriales
en obras de arte finas, estipulando que sus temas principales deberían
ser “no máquinas sino gente educada por el partido de Lenin y Stalin
para dominar la tecnología y poner las máquinas al servicio del
socialismo ”. Se publicó un "plan de exposición temático", es decir,
instrucciones estrictas para los artistas con respecto a los temas
deseados y su interpretación permitida. Entre ellos había cinco temas
relacionados con Lenin, diez con Stalin y dos con Ordzhonikidze. Además,
a los artistas se les asignaron tareas específicamente formuladas para
representar las ciudades y regiones recientemente transformadas del
país, el poder del armamento pesado del Ejército Rojo, el poder de la
metalurgia soviética, etc.Se le pidió a Vasily Yakovlev que tomara el
tema de la prospección de oro y fuera a los Urales a estudiarlo. En los
campos de oro de Valeryanovsky en la región de Sverdlovsk, el artista
encontró el prototipo de su composición, que muestra a un pintoresco
grupo de buscadores bajo los rayos del sol cegador en un animado debate
sobre una carta a Joseph Stalin que están escribiendo en respuesta a la
llamamiento del líder para cumplir con un plan de producción de oro. La
composición está marcada por la clara verosimilitud documental que
tipifica el arte del Realismo Socialista en su conjunto. Al mismo
tiempo, la atmósfera romántica y animada del evento cumple un papel
propagandístico. Sin embargo, detrás del sentido mitificado del
entusiasmo de los trabajadores creado magistralmente por este gran
artista se encuentra la agotadora realidad del trabajo de los mineros de
oro.
sábado, 6 de noviembre de 2021
"LA CASA DE PLAZA TRUBNAYA", COMEDIA DEL DIRECTOR SOVIÉTICO BORIS BARNET
Existe una tendencia bastante generalizada en el estudio de la historia del cine a encasillar todas las películas producidas en un contexto determinado dentro del movimiento predominante de su época. En el caso del cine mudo el caso más típico es el del expresionismo alemán, una corriente artística que tuvo tal importancia que ha acabado generando la costumbre de clasificar todas las películas alemanas de la época como expresionistas, dando lugar a algunas críticas o estudios que se empeñan en buscar ese expresionismo en cualquier detalle film por muy rebuscado que sea.
El caso que nos ocupa podría ser un perfecto ejemplo de película realizada en un contexto fílmico muy concreto pero que en realidad tira por otros derroteros, ya que La Casa de La Plaza Trubnaya (1928) es una película que pese a su origen soviético no tiene que ver – al menos directamente – ni con las vanguardias soviéticas ni con el cine político de la época. Se trata simplemente de una comedia que tiene, entre otros intereses, mostrarnos una alternativa al cine soviético predominante de entonces.
Lo que hizo Boris Barnet en esta película fue servirse de ese estilo tan libre y moderno al que cineastas como Eisenstein o Kuleshov habían dado forma en su voluntad de experimentar para crear un cine revolucionario… pero empleándolos para narrar una entrañable comedia sobre las visicitudes de una pueblerina, Parasha, a su llegada a Moscú para trabajar como criada.
Es cierto que esos rasgos tan llamativos típicos del cine soviético de la época aparecen aquí, pero lo hacen como recursos que dotan a la película de un estilo más ágil y virtuoso. Un ejemplo sería el inicio del film cuando Parasha pierde su pato en mitad de la ciudad de Moscú y es casi atropellada por un tranvía. En el momento en que el conductor del tranvía salta del aparato se congela la imagen y un rótulo nos dice que quizá sería mejor rebobinar y ver cómo ha llegado esta campesina hasta ahí. Seguidamente un flashback nos remonta al inicio de la acción, cuando Parasha deja su pueblo para visitar a su tío en la ciudad… justo en el momento en que éste llega en un tren. Este salto temporal es un ejemplo de cómo Barnet se apropia de ciertos rasgos modernos o directamente vanguardistas para la época, pero no los utiliza para explorar el lenguaje cinematográfico del modo en que lo hacen sus contemporáneos más recordados, sino para dotar de mayor dinamismo a la comedia. La dirección en ese sentido es claramente hija de su contexto, sirviéndose de recursos de montaje y de utilización de la cámara que denotan el origen de su autor.
Examinando la película como comedia sin detenerse en sus aspectos formales para mi gusto destaca el magnífico inicio en que se ve la bulliciosa escalera de un bloque de pisos en que vemos los problemas diarios de cada vecino. Teniendo en cuenta lo exigente que era el gobierno soviético en cuanto al contenido de las películas, es remarcable que no vieran en una escena como ésta una crítica paródica a las supuestas bondades de la vida en comunidad y camaradería.
Por otro lado, sí que encaja más con la ideología oficial el mensaje que transmite la película: una humilde chica campesina que llega a la ciudad y consigue ascender como representante de un comité sin pretenderlo siquiera, únicamente gracias a su honestidad y su duro trabajo. Inicialmente ésta es reclutada como cocinera por un perezoso peluquero, que la explota a conciencia aprovechando que no está sindicada, pero más que resolver su situación mediante la rebeldía es el natural curso de los acontecimientos el que hace que Parasha acabe con un final feliz. Es decir, el sistema funcionaba, el gobierno soviético sabía cuidar a sus obreros.
El film está lleno de pequeños momentos encantadores como las divertidas escenas de la escalera o la espantosa obra teatral en la que Parasha acaba irrumpiendo movida por los sentimientos que le han provocado sin ser consciente de que es una ficción. Cabe mencionar también la eficaz interpretación de Vera Marezhkaya llena de frescura y de Vladimir Fogel como el cínico peluquero.
En definitiva una muy eficaz comedia que nos muestra otra perspectiva del cine mudo soviético.
Fuente: El testamento del Doctor Caligari
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO (ACTIVAR SUBTITULOS TRADUCIDOS AUTOMÁTICAMENTE EN YOUTUBE):
viernes, 5 de noviembre de 2021
50 AÑOS DEL ATENTADO EN MADRID CONTRA LA EXPOSICIÓN DE PICASSO
Bombas, cuchillos, ácido: Así llegó a nuestro país la obra de Picasso
Bombas, acuchillamientos y amenazas. La obra de Picasso en España puso en pie de guerra al terrorismo ultraderechista, que llegó a dañar una veintena de sus obras en sabotajes a manos de «niños bien» del régimenCorría el año 1971 y en Madrid se imponía poco a poco el invierno. Era el mes de noviembre y en la galería Theo se exponían veintiséis grabados de Picasso correspondientes a la «Suite Vollard». El acontecimiento fue aireado por la prensa más reaccionaria como la penetración definitiva del «arte degenerado y el marxismo». Cada semana había atentados contra personajes vinculados a la izquierda o librerías, aunque el fenómeno del terrorismo negro, al estilo italiano, alcanzaría su cénit en dos o tres años, cuando decenas de librerías y galerías serían atacadas por grupos fascistas. El viernes 5, un grupo de asaltantes autodenominado «Comando de lucha antimarxista» irrumpió en la galería justo cuando se inauguró la exposición y destruyó veinticuatro de los grabados; dos se salvaron. Entraron seis hombres, todos ellos vestidos de azul, con boinas y gafas de sol al estilo «camisa azul». Amenazaron a la encargada con navajas e insultos de «cerda marxista», mientras el primer visitante de la exposición era apaleado. Luego arremetieron contra las obras del pintor, derramando pintura roja y un líquido corrosivo contra los cuadros, veintisiete en total.
Panfleto a favor de Galván repartido durante el encierro en el Museo del Prado
Picasso y su obra se habían convertido en un arma política, o al menos lo veía así el franquismo. El crítico de arte José María Moreno Galván fue condenado a dos años de prisión por dar una conferencia sobre Picasso con motivo de su 90 cumpleaños en la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense. Galván era muy conocido como crítico de arte en la revista Triunfo. Durante el acto, al parecer, alguien desplegó una bandera roja con la hoz y el martillo. Galván fue procesado y el Tribunal Supremo, en una vergonzante sentencia, confirmó la pena.
La noticia publicada en la revista Triunfo. Arriba, a la derecha, estado en el que quedaron algunos de sus cuadros
Horas después, ocho personas fueron detenidas sospechosas del asalto. La Vanguardia, dos días más tarde, dedicó al atentado toda una editorial:
MAL CAMINO
¿Qué curiosa y vetusta concepción de la lucha ideológica tendrán esos mal aconsejados jóvenes de un titulado «Comando de lucha antimarxista», que, en la tarde del 5 de noviembre, entraron con navajas en una galería de arte madrileña y, tras amenazar a la encargada, destrozaron veinticuatro grabados de Pablo Picasso y arrojaron sobre ellos pintura roja y ácido?
La misma, por supuesto, que pusieron de manifiesto en repetidas actuaciones anteriores contra varias librerías madrileñas. Sin duda juzgan eficaces los libros y los grabados —de otro modo no se esforzarían en destruirlos—, pero al parecer no han aprendido otro uso y manejo de esos poderosos instrumentos que el de despedazarlos, cubrirlos con pintura roja y corroer los fragmentos con ácido. Es una triste confesión de debilidad la que se esconde en el interior de tanta violencia.
Pero que haya personas que cometan o aconsejen tales desmanes no solo es de lamentar por el daño que ellas mismas se infligen y por el que producen directamente. Es de lamentar también el descrédito y la desmoralización que estos abusos, repelidos y reiterados, difunden. Mientras unos recuerdan las lejanas «partidas de la porra», otros se inquietan por la falta de reacción pública y por la tardanza en identificar a los autores y obtener de ellos, cuando menos, una explicación mínimamente razonable que permita averiguar de dónde han sacado tales criterios.
Por fortuna, la reacción ha sido esta vez inmediata. La Policía ha detenido ya a algunos miembros del grupo. Se espera que se haga luz sobre otros desmanes y excesos cometidos a lo largo de los últimos tiempos por este u otros «comandos» parecidos. Pero lo que importa es que todo el mundo comprenda que tales actitudes y tales métodos desdicen de un país civilizado y, cuando se prolongan y arraigan, a todos hacen daño. Y que el primer perjuicio es para aquello que los agresores pretender defender.
ABC y la noticia del asalto en su edición del 6 de noviembre de 1971
Los fascistas, sin embargo, no tuvieron muchas precauciones a la hora de realizar la acción, que se valoró en seis millones de las antiguas pesetas, una auténtica fortuna. La mayoría de ellos tenían posiciones de prestigio en la sociedad madrileña. Había de todo: un antiguo confidente de la policía política, hijos de acaudalados franquistas o dirigentes de sindicatos estudiantiles de extrema derecha.
Después del asalto solamente dos grabados quedaron indemnes: el «Minotauro ciego guiado en la noche por una niña» y el «Escultor y modelos agrupados junto a una cabeza esculpida». Fue casi la ruina para la galería. El seguro no pagó por tratarse de un atentado político.
«Se inauguró por la mañana y al mediodía estaba ya clausurada por la policía. También la librería había sido objeto de atentados fascistas, lo mismo que otras como la conocida Visor»
Rápidamente, numerosos artistas, activistas e intelectuales convocaron un acto de rechazo en la librería Antonio Machado, donde se celebró un homenaje a Picasso y una exposición de un centenar de obras de miembros de la Asociación de los Plásticos de Madrid. La exposición duró apenas unas horas. Se inauguró por la mañana y al mediodía estaba ya clausurada por la policía. También la librería había sido objeto de atentados fascistas, lo mismo que otras como la conocida Visor. El «Comando de lucha antimarxista» tuvo una existencia efímera, aunque su testigo sería recogido por un sinfín de grupos ultraderechistas que no dudarían en usar la bomba o el cuchillo contra los disidentes, empezando por los «amigos» de Picasso. En 1998 la Suite Vollard se expuso en la Academia de San Fernando. Por entonces, en los periódicos se aseguraba que era la primera vez que venía a España. Grave error de la desmemoria.
Picasso siguió siendo blanco del terrorismo fascista. En Barcelona, el Taller Picasso, situado en la calle de la Plata, fue casi destruido al lanzarle varias bombas incendiarias y uno de los empleados recibir una puñalada en el cuello por parte de un fascista. En casi cualquier lugar en que se intentaba exponer a Picasso se producían altercados, bombas y amenazas.
¡Ah! ¿Qué sucedió con los dos cuadros desaparecidos? Más tarde se descubrió que habían ido a parar a las colecciones privadas de varios reconocidos falangistas, a los que al parecer no les importó su supuesto rojerío.
Fuente: Agente provocador








