viernes, 8 de octubre de 2021

"LA MAGNITUD DE LOS ACUERDOS FIRMADOS EN LOS PAÍSES SOCIALISTAS", DISCURSO DEL CHE GUEVARA, EN EL 52 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

 

"LA MAGNITUD DE LOS ACUERDOS FIRMADOS EN LOS PAÍSES SOCIALISTAS"

por Ernesto Che Guevara

Comparecencia televisada el 6 de enero de 1961 para informar sobre la firma de acuerdos con los países socialistas.

Primero tengo que saludar a los oyentes de toda Cuba, después de un tiempo de ausencia de la vida pública, y anunciarles que el motivo de esta com
parecencia es explicar claramente, dentro de la brevedad de una intervención de este tipo, la magnitud de los acuerdos firmados en los países socialistas, fundamentalmente con la Unión Soviética, y con la República Popular China; y, además, establecer exactamente cuál fue la intervención de cada cual en esta negociación, que pudo parecer larga pues estuvimos dos meses, –en la Unión Soviética estuvimos, en el curso de esos dos meses, durante tres oportunidades diferentes–, y pudo parecer todo el resultado final como la coronación de unas largas, difíciles negociaciones en las cuales la Delegación cubana salió triunfante, imponiendo las ya conocidas medidas económicas, de compromisos de compra por parte de la Unión Soviética y de los países socialistas, de cuatro millones de toneladas a cuatro centavos la libra, es decir, un precio sustancialmente más alto que el que actualmente rige en el mercado mundial, en cualquiera de las dos Bolsas que están operando a diferentes niveles, o sea, la de Nueva York o la de Londres.

En realidad, no hubo tal cosa. El viaje y las conversaciones en la Unión Soviética, desde el primer momento fueron llevadas con extraordinaria facilidad, debido al espíritu con que los gobernantes de los países socialistas supieron analizar la petición cubana.

Nosotros, evidentemente, no podíamos pedir al mundo socialista que hiciera el esfuerzo de comprarnos esa cantidad de azúcar y que la comprara a ese precio y basar esa petición en motivos económicos, porque realmente no hay ninguna razón, dentro de los términos del comercio mundial, para que se realizara esta compra. Ella se produce, sencillamente, como un planteamiento político.

Cuba está frente a una agresión económica a fondo del imperialismo norteamericano, y todavía es un país de monocultivo. Cuba tiene que contar, para desarrollarse y para realizar su comercio exterior, con el azúcar. O vende su azúcar, o sufre quebrantos muy grandes en el comercio exterior. Y, además, la vende a un determinado precio, o lo que se produce es una efectiva descapitalización del país, pues el principal producto hay que venderlo muy por debajo de su precio de costo.

En estos términos políticos fue planteada la petición cubana, hecha directamente por el Gobierno y firmada por el Primer Ministro, Fidel Castro, y fue recibida con extraordinaria simpatía y comprensión por los países socialistas. En el primer momento, se convocó una reunión en Moscú a resueltas de la cual se firmó un Convenio multilateral de pagos. Fue, quizá, un caso único. Mientras nosotros nos reuníamos, se estaban reuniendo los delegados de ochenta y un países del mundo, de los partidos comunistas de los ochenta y un países que tiene el partido, para resolver una serie de problemas importantes que llevaron la atención de personalidades tan relevantes en el mundo socialista como Liu Shao-Chi, y como Jruschov.

Sin embargo, tuvieron tiempo para convocar a una reunión que fue prácticamente, a nivel de Ministros de Comercio Exterior –una categoría que nosotros no tenemos todavía; ellos dividen su comercio en Comercio Interior y Exterior–. Varios de los Ministros de Comercio Exterior y otras figuras representativas, se trasladaron a Moscú para tener conversaciones con nosotros, y simplemente el único tema de discusión era la cantidad de azúcar que cada país podía absorber, para ayudar a Cuba.

La Unión Soviética se compromete a comprar 2 millones 700 mil toneladas de azúcar, en el caso de que los Estados Unidos no nos compren –lo que parece muy probable–; China compra un millón de toneladas de azúcar, y los demás países socialistas, se comprometen a comprar 300 mil toneladas. Esos son los países de Europa. Además, como compras adicionales, la República Democrática Popular de Vietnam cinco mil toneladas; y, como una compra simbólica, para expresar el apoyo monolítico de todo el bloque socialista a nuestro Gobierno, la República Popular de Mongolia compra mil toneladas de azúcar.

La Misión, que durante una parte del recorrido presidí yo y que actualmente está presidida por el sub-secretario de Relaciones Exteriores, Rodríguez Llombart, recorrerá todos los países del bloque socialista. Actualmente está en Bulgaria; falta la visita solamente a Rumania y a Albania. Y llevó como misión suplementaria la de firmar los protocolos de comercio para el año 1961 y para años posteriores, con todos los países de ese bloque.

Era una tarea sumamente difícil; una tarea difícil, porque nosotros hemos tenido que cambiar la estructura de nuestro comercio en muy pocos meses. De ser este país aún a finales del año 1959, es decir, hace exactamente un año, un país de estructura totalmente colonial, con un sistema de comercio interior y exterior dominado totalmente por los grandes importadores dependientes de los capitales monopolistas, ha pasado a ser en el curso de diez meses, hasta octubre, en que ya se cierra definitivamente el ciclo, un país donde el Estado ejerce el monopolio absoluto del comercio exterior, y, además, una gran parte del comercio interior.

Este cambio, necesariamente, trae aparejadas violentas conmociones y dificultades muy grandes. Recibimos felicitaciones sinceras de los países socialistas, no por haber llevado todos nuestros pedidos enormes, eso era imposible, sino por habernos equivocado poco, dada la magnitud del trabajo. Pudimos, sin embargo, llevar un esquema de las necesidades fundamentales de nuestro país para este año 1961, y afrontamos allí una nueva dificultad. Esta dificultad es que los países socialistas se rigen, en primer lugar, por patrones métricos, del sistema decimal, y aquí nosotros seguíamos, naturalmente, la práctica colonial de pesar todo en libras, de medirlo en yardas, o millas, en fin, de realizar todos nuestros sistemas de medidas, de presiones, de los distintos instrumentos, de las cañerías, las bocas de las bombas, en fin, todo el instrumental industrial que se precisa, era de un tipo diferente. Incluso, en la electricidad, en los países socialistas es de cincuenta ciclos por segundo; aquí la electricidad es sesenta ciclos por segundo. Hay que adaptar todas las máquinas a ese ciclaje diferente.

Y todo esto en países con una planificación altamente desarrollada, donde ya tienen previstas las principales producciones para el año 1961; y algunos países, como Checoslovaquia, tienen ya estructurado su plan de desarrollo para 1980. Es decir, que tenían que cambiar, fundamentalmente tenían que adaptar su comercio exterior a las necesidades de Cuba en muchos artículos que eran fundamentales para Cuba, que había que suministrárselos, porque si no a Cuba se le detenía su desarrollo, y había que suministrarlos en un determinado tiempo, y adaptarse a las necesidades cubanas.

Es realmente un caso insólito en estos últimos tiempos, y en los anales del comercio exterior, que todo un bloque de países tenga que cambiar hasta su tipo de producción para ayudar a un país como el nuestro, tan pequeño territorialmente y en habitantes, tan desvalido frente al poderío norteamericano.

Sin embargo, encontramos la mejor disposición en todos lo países visitados. Se pudo realizar, en este corto espacio de tiempo, en los dos meses en que estuve personalmente –y todavía seguimos trabajando–, realmente un trabajo extraordinario. Además, pudimos ver la insospechada capacidad que tiene Cuba de expandir su comercio exterior en el área socialista, sobre todo en los países asiáticos, y fundamentalmente en China, donde nuestro producto principal, el azúcar, puede ser absorbido totalmente por ese país, y todavía mucho más de nuestra producción, si tuviera la posibilidad de trasladarlo, ya que hay la posibilidad de intercambiar productos.

Por ejemplo, China es un país que en este momento tiene un consumo de menos de dos kilos de azúcar por habitante por año. En Cuba, la cifra es alrededor de 40, y en los países industrializados del mundo es entre 30 y 40 kilos por habitante. Pero a China subir el consumo un kilo por habitante por año, le significa en estos momentos entre 650 mil y 700 mil toneladas. Es decir, que para China subir su consumo a 10 kilos, que es bajo todavía, de azúcar, por habitante y por año, consumiría la cosecha de Cuba de siete millones de toneladas, es decir, consumiría la cosecha actual de seis millones holgadamente, porque serían cerca de siete millones de toneladas.

Simplemente, nosotros podríamos desarrollar nuestro comercio de azúcar intercambiándolo por otros productos con China. La Unión Soviética es el primer productor de azúcar del mundo en estos momentos; superó a Cuba, precisamente, hace dos años, y ha pasado a ser el primer productor. Tenía un amplísimo plan de desarrollo industrial del azúcar, para ponerse también en esta materia a la misma altura que los demás países industriales del mundo, y alcanzar y sobrepasar posteriormente a los Estados Unidos.

Actualmente el consumo de la Unión Soviética es más bajo que el de Estados Unidos en el azúcar, pero piensan alcanzarlo en unos cuantos años. Nuestra capacidad de venta también es grande, pero precisa todavía, en estos países, conversaciones muy largas para poder adecuar nuestras economías y poder hacer lo que los norteamericanos llaman complementar las economías, que en realidad significaba, en la jerga de ellos, absorber todas las riquezas de los países coloniales, pero que significa, en un plano de igualdad, puede significar el desarrollo armónico de países como el nuestro. El Convenio multilateral de pagos que se firmó, permite a Cuba jugar un poquito con su capacidad de vender azúcar y comprar materiales industriales y materiales de importación de todo tipo, dentro del área de los países socialistas europeos, y éstos compensan entre sí esas cantidades; se resuelve todo con ese Convenio multilateral. Es decir, que, por ejemplo, nosotros les vendemos dos millones setecientas mil toneladas de azúcar a la Unión Soviética y nos queda un saldo favorable con la Unión Soviética; podemos comprarle a Hungría una cantidad, digamos, de un millón de pesos, y esa cantidad constituye un saldo negativo para nosotros. Pero Hungría y la Unión Soviética arreglan sus cuentas de tal forma que lo que le sobra a la Unión Soviética se lo pasa a Hungría, y en esa forma establecemos una paridad entre todos los países del área socialista de Europa, y Cuba. En ese Convenio intervinieron todos los países socialistas de Europa y, además, la República de Mongolia, del Asia.

Además de eso llevamos ya un Acuerdo para el consumo total del crédito de cien millones de pesos que nos había otorgado la Unión Soviética en ocasión de la visita del viceprimer ministro Mikoyán a Cuba. Ustedes saben que todos los problemas industriales no son sencillos; hay que hacer estudios y negociaciones posteriores para poder, definitivamente, realizar los contratos.

Ya han sido firmados los contratos que consumen los cien millones de pesos del primero de esos créditos, y están en marcha los estudios para instalar la siderúrgica, cuyo lugar exacto no se ha determinado, todavía, depende de la localización de nuestras riquezas minerales, pero tendrá que estar, muy probablemente, entre Oriente y Las Villas.

Además, firmamos también un Protocolo para que la Unión Soviética se encargara de hacer la prospección geológica de nuestro país, y descubrirnos, en un tiempo muy corto, las riquezas minerales fundamentales. Tenemos riquezas muy grandes: el cobre, el níquel, también el manganeso que vamos a desarrollar; además, otras menores como cromo y algunos minerales de menor importancia.

Ya están técnicos de los países socialistas estudiando nuestras minas y trabajando en ellas para desarrollarlas. El plan de inversiones en minería en este año 61 es de 27 millones de pesos. Es un plan muy ambicioso, y nos permitirá en pocos años aprovechar las riquezas en cobre, en níquel, en manganeso.

Con respecto al níquel hay una cuestión todavía más importante: todo el mundo sabe que la Nicaro estuvo semiparalizada, y que la Moa, directamente, está paralizada. ¿Cómo fue el sistema por el cual la Moa la pudieron ellos dejar paralizada al irse, los norteamericanos? Pues muy sencillo, la Moa constituye el setenta por ciento de la producción del producto final que es el níquel metálico, el otro treinta por ciento, es decir, el producto final, se hacía en los Estados Unidos y se traían de los Estados Unidos todos los materiales, los materiales necesarios para la producción del níquel.

De esta forma estábamos presos en una red imposible de cortar en otros tiempos que no fueran los tiempos revolucionarios; incluso, ahora, nosotros resolvimos simplemente que era preferible que la Moa no produjera a tener que soportar todas las presiones y todos los chantajes que se nos hacían alrededor de esta mina y de su correspondiente plan. Los soviéticos mandaron técnicos y se comprometen a ponerla a funcionar en poco tiempo. Eso va a significar un ingreso de divisas muy grande para el país, pero además de eso se comprometen en adecuar el sistema de producción de tal forma, que en el país, en el curso de algunos años se produzca totalmente el níquel, y nosotros seamos entonces productores del níquel metálico, que es uno de los minerales fundamentales en la industria moderna para el desarrollo de la química. Toda la química actualmente, además de todos los tipos de vehículos especiales, cuentan con el níquel como un componente esencial, prácticamente.

Además, la Nicaro se desarrollará también hasta sus posibilidades máximas. Todo esto trayendo las materias de la Unión Soviética fundamentalmente, y de Checoslovaquia también, y contando con la asistencia técnica de soviéticos y checos.

También firmamos en la Unión Soviética Protocolos de menor importancia, algunas fábricas, una fábrica de limas y una fábrica de repuestos que en el monto no tienen importancia, pero que son estratégicamente fundamentales para el país. Porque nosotros tenemos que producir aquí nuestro propio repuesto, por una causa muy sencilla: porque los países socialistas que están dispuestos constantemente a brindarnos toda su ayuda no tienen el tipo de repuesto que corresponde a la maquinaria norteamericana, que es la que nosotros tenemos en su gran mayoría en el país. De tal forma tenemos un programa para ir desarrollando plantas que produzcan repuestos específicos. Esta que viene de la Unión Soviética será para la reposición industrial en general; habrá otra para la reposición de piezas de ómnibus, piezas de automóviles, &c. Además, la Unión Soviética nos instalará una refinería completa, con una capacidad de un millón de toneladas anuales aproximadamente, también en un lugar a fijarse, y se compromete a hacer la búsqueda necesaria para nuestro petróleo, que hasta ahora ha sido infructuosa la búsqueda; hemos logrado pequeñas cantidades en algunas áreas como en la de Jatibonico, otra cerca de La Habana, pero son cantidades que no llegan a uno por ciento de nuestro consumo nacional.

Tenemos esperanzas de que los nuevos trabajos del Instituto Cubano del Petróleo y los trabajos de los técnicos soviéticos nos permitan conseguir cantidades considerables de petróleo.

En Checoslovaquia, que fue el primer país visitado, firmamos, como cosa importante, un aumento del crédito de veinte millones de pesos que se había dado en un primer momento, en ocasión de la visita del Ministro Kracji, del Comercio Exterior, a cuarenta millones y, además, se dispuso que esos cuarenta millones de pesos estuvieran destinados a la construcción de toda la primera etapa de los talleres para la construcción de vehículos, como tractores, camiones, motores en general, motocicletas y, posteriormente ampliar esas líneas también a ómnibus y a automóviles.

Este complejo industrial, que será uno de los importantes de Cuba, muy probablemente, podemos ya decirlo, aunque no es una seguridad absoluta, muy probablemente estará instalado en Santiago de Cuba.

Además, hemos firmado con Checoslovaquia protocolos para comprar una gran cantidad de plantas pequeñas, plantas que ya han empezado a venir. En Santiago de Cuba se está construyendo ya una de tornillos, que está acabada la construcción de mampostería, y en todo el país empezarán a surgir durante este año 61 las plantas compradas en los países socialistas. Actualmente ya hay más de cien plantas cuyos contratos se han firmado en firme para establecerlas durante el quinquenio 61-65, y hay otro número igual o mayor de plantas que están en discusión para ser adquiridas también durante el curso del quinquenio.

Nuestra generación de corriente eléctrica, que es fundamental, para la industria, será aumentada de un sesenta por ciento la capacidad instalada, en aproximadamente un ciento por ciento del suministro durante el quinquenio, también con compras fundamentalmente de la Unión Soviética y Checoslovaquia. Es para nosotros sumamente importante el desarrollo de la energía eléctrica; sin energía eléctrica en los momentos actuales no se puede desarrollar una industria.

Esto trae aparejado problemas también, porque nosotros tenemos que producir energía eléctrica a partir de petróleo. No se puede producir a partir de agua energía eléctrica, porque nuestras corrientes son pequeñas. De tal forma tenemos que asegurar nuestro suministro de petróleo, y aun cuando estamos buscándolo, también ya tenemos asegurado el suministro con la Unión Soviética, y vamos a firmar en algún tiempo protocolos que aseguran la venta del petróleo a Cuba durante varios años, de forma de tener asegurado nuestro abastecimiento. Y además, tenemos asegurada la venta con esto de una cantidad considerable de azúcar que es el pago que nosotros damos por ese petróleo.

Con los otros países de Europa, con la Alemania Oriental, el otro país de Europa visitado, también fue grande la cosecha de plantas industriales que se lograron. Se logró, además, un crédito en principio, la promesa de un crédito de diez millones de pesos, que será firmado en La Habana con la representación comercial que la República Popular de Alemania mantiene aquí en Cuba.

Es muy significativo este préstamo, porque Alemania no solamente está pasando por un período muy difícil, puesto que Alemania Occidental que era su principal cliente en el área occidental ha resuelto no comprarle nada este año 61, ha denunciado el tratado que tenía ya desde hace varios años, y Alemania se ve en la necesidad de guardarse ya una serie de materias que solamente las consume la otra parte de Alemania que no tiene otro mercado en el mundo, y que ya está programada su producción. A pesar de eso resolvieron también darnos un crédito pequeño, pero que demuestra la disposición de Alemania también a ayudarnos. Además, ellos son productores fuertes de azúcar y exportadores de azúcar, sin embargo, nos compraron sesenta mil toneladas a cuatro centavos, y públicamente anunciaron que esas toneladas de azúcar las guardarán en sus depósitos, es decir, no entrarán para nada en el mercado mundial.

Por supuesto, la Unión Soviética está en la misma disposición, y todo el azúcar que no consume este año la guardará para años posteriores, además de incrementar mucho el consumo dentro del país.

La República Popular China no tiene esos problemas, porque tiene gran carencia de azúcar. El millón de toneladas que hemos firmado, y el acuerdo por cien millones de pesos se cumplirá fácilmente.

Es bueno puntualizar el extraordinario grado de desarrollo que ha alcanzado China, que es increíble para todos los que conocen la historia de los países atrasados del mundo, y cómo habían dos países que eran el símbolo del hambre, el símbolo de la miseria y el oprobio colonial, que eran China y la India.

En el viaje que nosotros realizamos durante el año antes pasado, el 59, tuvimos oportunidad de visitar la India. Evidentemente es un gobierno popular, un gobierno que ha tomado una serie de medidas para mejorar el nivel de vida de su población, pero todavía se ve un hambre espantosa, miseria inmensa, un grado de explotación terrible y, sobre todo, se nota que la estructura actual es incapaz de dar lo que ansía toda esa masa de seres humanos que están verdaderamente famélicos.

En China todo el mundo recuerda que era hace poco el paraíso de los traficantes de opio; hace relativamente muy pocos años era el país donde se vendían las mujeres, donde, incluso, los campesinos mataban a sus mujeres hembras, exactamente igual como hacen los campesinos con las hembras que nacen de un animalito, de un perro o de un gato. Así se hacía en China hasta hace pocos años. Incluso llegaban a cosas tan terribles como comerse los seres humanos.

Para el que conoce todas esas antiguas realidades de China, es realmente extraordinario ver lo que pasa ahora. China tiene más de seiscientos cincuenta millones de habitantes. Ellos no saben bien la cantidad exacta de sus habitantes; les pasa como a nosotros, pero nosotros no sabemos porque todavía no hemos podido hacer el censo, y antes se habían encargado de que no supiéramos bien, de que no tuviéramos censo, de nada. A ellos no, para ellos el problema es que son demasiados, un país muy grande, y todavía no tienen suficientes medios de comunicación. Pueden calcularse alrededor de seiscientos setenta millones de habitantes.

Naturalmente, no se va a pretender decir que el nivel de vida de China alcanza al de los países desarrollados del mundo capitalista, pero no se ve absolutamente ninguno de los síntomas de miseria que se ve en otros países del Asia que hemos tenido oportunidad de recorrer; incluso mucho más desarrollados, como el mismo Japón. Y se ve a todo el mundo comiendo, todo el mundo vestido –vestido uniformemente, es cierto, pero todo el mundo correctamente vestido–, todo el mundo con trabajo, y un espíritu extraordinario.

Verdaderamente, China es uno de esos países donde uno encuentra que la Revolución cubana no es un hecho único y que es un hecho normal en la historia de los pueblos encontrar esa efervescencia que uno encuentra en Cuba. China está viviendo esa parte de su historia revolucionaria similar a la cubana; todo el mundo está entusiasmado, todo el mundo trabaja horas extras, todo el mundo tiene interés en la producción, en aumentar la productividad, en ir mejorándose en todos los sentidos. No hay trabajador, prácticamente, que no esté con un libro bajo el brazo, estudiando alguna materia técnica; se está luchando contra el analfabetismo, pero muy vigorosamente, y en pocos años se dominará; en fin...

Yo sé que hace un tiempo, hace como unos cuatro o cinco meses, el compañero Núñez Jiménez hizo un viaje por los países socialistas; vino una comparecencia, empezó a decir lo que había visto por allá; y después la gente le puso «Alicia en el País de las Maravillas». Realmente, yo puedo decir que como he recorrido más aún, he recorrido todo el continente socialista, a mi me pueden decir «Alicia en el Continente de las Maravillas». (Risas.) Pero uno debe decir realmente lo que ve, y ser honesto; y las realizaciones de los países socialistas, de los que ya han alcanzado un alto grado de desarrollo o de los que todavía están en procesos muy similares al de Cuba, son extraordinarias. No puede haber comparación ninguna, en sus sistemas de vida, en sus sistemas de desarrollo, con los de los países capitalistas; y, sobre todo, no hay comparación ninguna entre la forma en que la gente ve un hecho como nuestra Revolución en esos países y en cualquier país capitalista del mundo. El entusiasmo es extraordinario en todos ellos.

Quizás la Unión Soviética sea donde se pueda palpar más. Han pasado cuarenta y tres años de Revolución, todo el mundo tiene un altísimo grado de cultura política; y es realmente emocionante ver cómo personas desconocidas lo conocían a uno –dos o tres de los que llevábamos algo de barba–, inmediatamente empezaban a dar vivas a la Revolución cubana, empezaban a hacer afirmaciones de su solidaridad. Y al llegar a cualquier acto o cualquier espectáculo, las demostraciones fervientes de todos los asistentes eran cosas que entusiasmaban, realmente.

Nosotros fuimos invitados el día del informe del viceprimer ministro de la Unión Soviética, Koslov, un informe anual que se hace. Nosotros entramos primero, y al reconocernos el público: un aplauso enorme; después se nos invitó a subir al Presidium, y al nombrarse a Cuba por parte del informante hubo una ovación que duró varios minutos, que fue la más entusiasta de todo el informe, aun cuando se trataba de problemas fundamentales en la Unión Soviética, problemas que estaban directamente en relación con el pueblo soviético y con el porvenir del pueblo soviético y del mundo; lo que más entusiasmó fue el nombre de Cuba.

Además, tuvieron extraordinaria gentileza –algo que yo, personalmente, no olvidaré nunca– de invitarme, como Jefe de la Delegación Cubana, a estar en el Presidium del desfile del 7 de Noviembre, un lugar donde solamente estaban presentes los Jefes de Estado de los países socialistas y los miembros del Presidium del Soviet Supremo, es decir un total de veinte o veinticinco personas. Y allí, al reconocernos la gente –porque eso es lo extraordinario que en ese país se conozca tanto la Revolución cubana– eran atronadores los gritos vivando a Cuba. Quizás ese sea uno de los momentos más emocionantes de nuestro viaje; allí, y también en China, y en Corea, el ver el entusiasmo con que la gente ve a la Revolución cubana, la capacidad de sacrificio que tiene ese pueblo es consciente para ayudarnos a nosotros.

En China, naturalmente, ocurrió un hecho parecido. También tuvimos que hablar en varias reuniones importantes, y se le dio mucha trascendencia a la visita de la Delegación cubana, que era la primer delegación económica oficial. Además, en China nos dieron un crédito de sesenta millones de pesos, o de dólares, que no llevan interés, y para ser devueltos durante los quince años siguientes a la ejecución del préstamo.

Además, tuvimos algunas conversaciones con altos dirigentes socialistas, que nos demostraron la forma en que esta ayuda –porque no se puede catalogar de otra forma– ha sido dada a Cuba.

Con el primer ministro, Chou En-Lai, tuvimos una discusión, porque se firmó un Comunicado Conjunto; en ese Comunicado Conjunto, la Delegación cubana puso, en un párrafo: «la ayuda desinteresada de los países socialistas». Eso provocó una larga discusión casi filosófica, porque ellos se negaron absolutamente a admitir la palabra «desinteresada». Ellos dijeron que de ninguna manera, que ellos daban un ayuda, pero una ayuda interesada; y que era una ayuda interesada, aun cuando no tuviera intereses monetarios, porque Cuba era en este momento uno de los países que estaban en la vanguardia de la lucha contra el imperialismo y el imperialismo es enemigo común de todos los pueblos, que el ayudar a Cuba era el interés de todos los países socialistas. Ni que decir que la frase «ayuda desinteresada» quedó cambiada por «ayuda» solamente.

Además, nos explicaron que todos esos préstamos tienen que hacerse bajo la forma de préstamo, porque es lo que indica el Derecho Internacional, el respeto entre dos países soberanos, pero que Cuba no tenía obligación de pagarlo si no hasta el momento en que pudiera pagarlo, que si se veía precisada a no pagarlo no tenía importancia ninguna. (Aplausos prolongados.)

Esa es la forma en que los países socialistas recibieron nuestras peticiones, peticiones que, por supuesto, si las hubiéramos hecho en los Estados Unidos, en tiempos normales, no digamos ahora, hubieran provocado la carcajada de todos los gobernantes y de todos los comerciantes del país.

Eso, y el espíritu de humanidad de esos pueblos, es algo que realmente convence de que definitivamente no podemos contar como Gobiernos amigos sino, en primer lugar, con esos países del mundo. Y, además, la fuerza, la tasa de desarrollo económico tan grande, la pujanza que demuestran, el desarrollo de todas las fuerzas del pueblo, nos hacen a nosotros estar convencidos de que el porvenir es definitivamente de todos los países que luchan, como ellos, por la paz del mundo y por la justicia, distribuida entre todos los seres humanos.

Esto no quiere decir, de ninguna manera, que lo que se haya visto es nada más que maravillas. Naturalmente que hay cosas que para un cubano, viviendo en el siglo veinte, con todas las comodidades con que el imperialismo nos ha acostumbrado a rodearnos en las ciudades, podrían parecer como faltas de civilización incluso; son países que tienen que emplear hasta el último centavo de su producción en su desarrollo.

Nosotros aquí teníamos que plantear algunos problemas que nos daban algo de vergüenza, realmente; porque, por ejemplo, planteábamos el problema de que el pueblo cubano necesitaba materias primas para hacer desodorantes, y en esos países no entendían eso, porque son países que desarrollan toda su producción para el bienestar general del pueblo, y que tienen todavía que superar atrasos enormes, y quieren alcanzar a los países más desarrollados del mundo capitalista en la producción de los artículos fundamentales; no se pueden ocupar de esas cosas. En nuestro país sí... yo sé que por aquí siempre hay problemas por la «Gillette», y por el desodorante, y por otros artículos de consumo de este tipo, que suelen faltar porque, naturalmente, nosotros también tenemos que ocuparnos ya de cosas más importantes. Al fin y al cabo, el jabón y esas cosas no se comen, y primero tenemos que asegurar la comida de la gente; la comida, porque estamos en guerra.

Estamos en una guerra económica, y casi casi en una guerra que no es económica ya; contra un poder enorme, apoyados también por un poder enorme, pero nosotros tenemos que desempeñar nuestro papel, nosotros no somos espectadores en esta lucha entre dos grandes colosos, alrededor de Cuba, nosotros somos una parte importantísima de esa lucha. Y nosotros tenemos que mantener la unidad de nuestro pueblo, el espíritu de nuestro pueblo, la capacidad de sacrificio de nuestro pueblo, desarrollarla mucho más; porque todavía aquí, verdaderamente, cuando uno conoce la historia de todos esos países, aquí no se ha pasado, afortunadamente, no se ha pasado nada. Uno habla de veinte mil muertos, pero allá se habla de veinte millones de muertos; y es realmente extraordinario también ver cómo esos países, que han tenido veinte millones de muertos –que no es una palabra, ni es un cifra, son veinte millones de personas que faltan de sus casas, a las que todavía se recuerda, que fueron perdidas en la última guerra, hace quince años– sin embargo, en ese país que quiere tan profundamente la paz, como la Unión Soviética, que está saturado de la idea de la paz y del convencimiento de que por medios pacíficos llega a todas las metas que se ha propuesto. Sin embargo, está dispuestos a arriesgarlo todo en una guerra de características atómicas, de destrucción inimaginable, donde la cifra de muertos puede superarse muchísimo, simplemente por mantener un principio y defender a Cuba.

Eso lo hemos visto en todos los países, pero, naturalmente, siempre los países grandes, los que tienen que llevar el peso de la guerra, una guerra de esa magnitud, son en los que uno puede medir realmente la importancia que tenemos en este momento, y lo que nosotros tenemos que desarrollar para ser dignos de esa confianza.

De los países socialistas que visitamos personalmente, Corea es uno de los más extraordinarios. Quizás es el que nos ha impresionara más de todos ellos. Tiene solamente diez millones de habitantes y tiene el tamaño de Cuba, poquito menos, unos ciento diez mil kilómetros cuadrados; la misma extensión territorial que la parte del sur de Corea, pero la mitad de habitantes. Fue asolado por una guerra tan fantásticamente destructiva que de sus ciudades no quedó nada, y cuando uno dice nada, es nada; es como los pequeños poblados de guano que Merob Sosa y Sánchez Mosquera y esa gente quemaba aquí, y de los cuales no quedaban nada más que cenizas. Así quedó, por ejemplo, Piongyang, que es una ciudad de un millón de habitantes. Hoy no se ve un sólo resto de toda aquella destrucción; todo es nuevo. El único recuerdo que queda es, en todos los caminos, los huecos de las bombas, que caían unas al lado de otras.

Ellos me mostraron muchas de las fábricas, todas ellas reconstruidas y otras hechas nuevas, y cada fábrica de esas había soportado entre 30 y 50 mil bombas. Si nosotros nos hacemos una idea de lo que eran 10 o 12 bombas tiradas alrededor nuestro en la Sierra, que significaba un bombardeo terrible, y había que tener su dosis de valor para aguantar esas bombas, imagínense lo que significan 30.000 bombas tiradas en un espacio de tierra a veces menor que una caballería.

Corea del Norte salió de la guerra sin una industria en pie, sin una casa en pie, hasta sin animales. En una época en que la superioridad aérea de los norteamericanos era tan grande, y ya no tenía qué cosa destruir, que los aviones se divertían matando bueyes, matando lo que encontraban. Era, pues, una verdadera orgía de muertes lo que se cernió sobre Corea del Norte durante dos años solamente, y en el tercer año aparecieron los Mig-15, y ya la cosa cambió, pero esos dos años de guerra significaron, quizás, la destrucción sistemática más bárbara que se ha hecho.

Todo lo que se puede contar de Corea parece mentira. Por ejemplo, en las fotografías se ven gentes con el odio, ese odio de los pueblos cuando llega a la parte más profunda del ser, que se ve en las fotos de cuevas donde se meten 200, 300 y 400 niños, de una edad de 3 o 4 años, y se asesinan allí con fuego, otras veces con gas; los descuartizamientos de las gentes, el matar a mujeres embarazadas a bayonetazos para hacerles salir el hijo de las entrañas; el quemar heridos con lanzallamas; las cosas más inhumanas que pueda imaginar la mente humana fueron efectuadas por el ejército de ocupación norteamericano. Y llegó casi hasta el confín de Corea con China, y ocupó, en un momento dado, casi todo el país. Sumado a eso que en la retirada lo destruían todo, podemos decir que Corea del Norte es un país que se hizo de muertes. Naturalmente, recibió la ayuda de los países socialistas, sobre todo de la Unión Soviética, en una forma generosa y amplísima. Pero lo que más impresiona es el espíritu de ese pueblo. Es un pueblo que salió de todo esto, tras una dominación japonesa de 30 años, de una lucha violenta contra la dominación japonesa sin tener siquiera un alfabeto. Es decir, que era de los pueblos más atrasados del mundo en ese sentido. Hoy tiene una literatura y una cultura nacionales, y un orden nacional, y un desarrollo ilimitado, prácticamente, de la cultura. Tiene enseñanza secundaria, que allá es hasta el noveno grado, obligatorio para todo el mundo.

Tienen en toda la industria el problema que ojalá nosotros tuviéramos hoy –que tendremos dentro de 2 o 3 años–, que es el problema de la falta de mano de obra. Corea está mecanizando aceleradamente toda la agricultura para lograr mano de obra para poder realizar sus planes, y también se está preparando para llevar a los hermanos de Corea del Sur el producto de fábricas de tejidos y otras, para ayudarlos a sobrellevar el peso de la dominación colonial norteamericana.

Es, realmente, el ejemplo de un país que gracias a un sistema y a dirigentes extraordinarios, como es el mariscal Kim Il Sum, ha podido salir de las desgracias más grandes para ser hoy un país industrializado.

Corea del Norte podía ser para cualquiera aquí en Cuba, el símbolo de uno de los tantos países atrasados del Asia. Sin embargo, nosotros le vendemos un azúcar semielaborado como es el azúcar crudo, y otros productos aún sin elaborar, como es el henequén, y ellos nos venden tornos prensadores, toda clase de maquinaria, maquinaria de minas, es decir, de productos en que ya se necesita una alta capacidad técnica para producir. Por eso es uno de los países que nos entusiasma más.

Ya he consumido como una hora de los minutos que me dieron para hacer este pequeño informe.

Quería decirles que en la República Popular China, del crédito de sesenta millones, que no está agotado todavía, hemos comprado una textilera, de cien mil husos y hemos comprado otra textilera de cien mil husos en Alemania democrática. Dentro de poco tiempo –en lo que tardan en llegar aquí esos husos– el problema textil de elaboración de telas quedará concluido, y quedará todavía otro problema, que corre por cuenta, directamente, del Departamento de Producción del INRA.

Además, naturalmente, industrias que sería muy largo enumerar y que nos permitirán al fin de este quinquenio, el quinquenio que acaba en el 65, podernos llamar un país agrario e industrial, por lo menos.

Si todavía logramos éxitos en uno de nuestros empeños más cálidos, como es el de convertir el azúcar en un subproducto, es decir, lograr el aprovechamiento integral de los hidrocarburos de la caña de azúcar para una serie de funciones químicas importantísimas, y dejar que el azúcar sea nada más que un producto más, y de los menos importantes, podremos entonces considerarnos un país industrial agrario, no agrario industrial. Claro que yo no me puedo, de ninguna manera, animar a hacer vaticinios. Por ahora ya es mucho que en el transcurso de estos cinco años seamos un país agrario industrial.

Tal vez no sea mucho, nosotros hemos aprendido ahora que nunca nada es mucho, y que siempre se puede lograr algo más. Pero, en fin, es mucho, por lo menos, para lo que hay en los otros países de América Latina, nuestros hermanos más queridos, que cuando empezó la Revolución cubana estaban en nuestro mismo nivel de subdesarrollo, y que cuando acabe este quinquenio, si no suceden cosas muy importantes en América, desgraciadamente, en su gran mayoría seguirán estando en el mismo estado de subdesarrollo, quizás un poco más apretado por la bota imperialista.

Ahora, creo que estoy a disposición del panel, para que trabaje algo.

Fuente: Proyecto editorial Che Guevara

jueves, 7 de octubre de 2021

EXPOSICIÓN HOMENAJE A ULRIKE MEINHOF, DE CHARLOTTE JOHANNESSON (1976)

Charlotte Johannesson (1943 Malmö, Suecia) es una artista textil que mezcla en su obra dos conceptos en apariencia opuestos: la artesanía y la tecnología digital. Primero estudió en una escuela de artes y oficios de Malmö en la que recibió formación en artesanía. Después, en 1966, abrió su propio taller-galería textil. 

Con su particular mezcla de huida y enfrentamiento, la producción de Johannesson  entraba en diálogo con la disidencia social y cultural de su época: la contracultura de la década de 1960, el feminismo, el punk y una afinidad intelectual con la militancia de los setenta.

Así, en 1976 ella y su marido fueron los comisarios de una exposición presentada en Estocolmo en recuerdo de la terrorista de Alemania Occidental Ulrike Meinhof. Las autoridades suecas la clausuraron a los dos días de inaugurarse. Sin embargo, los partidarios de la guerrilla urbana de Meinhof, la Fracción del Ejército Rojo (RAF), quedaron horrorizados por los tejidos creados por Johannesson para la muestra, puesto que en uno de ellos aparecía el personaje de cómic Snoopy luchando por la revolución. No era eso lo que entendían por arte comprometido.

Del 7 de abril al 16 de agosto de 2021 se realizó la exhibición Llévame a otro mundo en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, donde se expuso una repducción de la exposición de Estocolmo de 1976.

martes, 5 de octubre de 2021

"EL FUTURO ACABA HOY", ESCRITA POR LUIS-LUCIO LOBATO Y CORREGIDA POR VÁZQUEZ MONTALBÁN, SE PUBLICA 20 AÑOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU AUTOR

El futuro acaba hoy 
Luis-Lucio Lobato 
Atrapasueños

Para el sello editorial andaluz Atrapasueños se trata de todo un acontecimiento cultural “tanto por ser una excepcional novela que habla precisamente de la vida y la prisión como por haber sido escrita por Luis-Lucio Lobato, militante comunista que estuvo más tiempo en las cárceles de Franco, un total de 26 años”.

Gracias a la voluntad de la familia heredera, sale del cajón del olvido ‘El futuro acaba hoy’, que fuera corregida por Manuel Vázquez Montalbán y Armando López Salinas. El sábado 25 de septiembre se presentará en la Feria del Libro de la Fiesta del PCE en Rivas-Vaciamadrid con la participación de los herederos y el autor del prólogo José Manuel Martín Medem, director de Mundo Obrero.

Han pasado 20 años desde la muerte de Luis-Lucio Lobato, dirigente comunista clave en la transición española, que fuera diputado en Cortes Españolas por la provincia de Toledo. Y han pasado más de 40 años de su última salida de la cárcel, tras 26 años de cautiverio (entrando y saliendo en cortos períodos, sumando un total de 26 años) que le confieren el grado de preso político con mayor tiempo en las cárceles franquistas.

Así lo indica José Manuel Martín Medem en su prólogo :

“Publicar esta novela era una obligación. El deber de la memoria porque -como nuestro camarada nos recuerda- “entender el ayer es prever y anticiparse al mañana”. Tenemos aquí el relato estremecedor y emocionante de los maltratados por el terror de la dictadura franquista que hicieron de la cárcel (“enjaulados como fieras apresadas en manada”) la resistencia de la dignidad. Demasiado tiempo hemos tardado en poder leer esta novela imprescindible. De las que dan sentido a la investigación de los historiadores con la minuciosidad cotidiana de las prisiones en las que los enjaulados querían creer que “los aliados nos liberarán”. Es además una buena novela, muy bien escrita, con una narración cosida mediante los diálogos de los encarcelados que son una lección de historia, humanidad y coraje sin prescindir de las sutilezas. “Cuando la lucha contra la adversidad -nos explica el autor- pide a los hombres que lo sean cada día un poco más y son capaces de crecerse para ser superior a ella y vencerla, ese esfuerzo que tensa su espíritu les hace a la vez más sensibles a las emociones puras que yacen dormidas cuando la rutina llega a condicionar el ánimo”. Un ánimo que tenía el combustible de las mujeres encarceladas fuera de la prisión que multiplicaban el amor, el sacrificio y la solidaridad como esta novela nos cuenta con un profundo reconocimiento”.

Sobre Luis-Lucio Lobato 

Luis-Lucio Lobato (Toledo, 1920 - Madrid, 2001) ingresó en el PCE en 1937 y con 17 años participó en la guerra civil con el cargo de Comisario Político con la llamada "quinta del biberón". Formó parte de su comité central y de su comité ejecutivo.

En 1944 fue arrestado por primera vez, y encarcelado por el tribunal de Orden Público en 1953 en Santander. Después cumplió condenas en los penales de Alcalá de Henares, Ocaña y Burgos; no participó en la Fuga de Segovia de 1976, como bien contó a su salida en una entrevista concedida al periodista Marcel Camacho Samper, como ningún otro preso del PCE dado que con la muerte de Franco se intuían los cambios políticos que se producirían.

Salió de prisión con la primera amnistía de julio de 1976 tras 26 años de estancia en las cárceles franquistas y fue el preso político que más años totales, en distintos períodos, estuvo encarcelado (Marcos Ana 23 años seguidos).

Santoña, Burgos, Zamora, Soria, Segovia y finalmente Carabanchel, son algunas de las cárceles en las que estuvo. El día de su liberación lo hizo junto a otro destacado comunista, Simón Sánchez Montero. No se libró de una detención después de su salida motivada por una conferencia que dió en la universidad. Fue candidato por el PCE en las elecciones generales de 1977 por la provincia de Toledo.

Con esta publicación no sólamente se honra su memoria, la de una persona comprometida con su tiempo, también se difunde un texto cuidado, que nace entre rejas, y que fue leído y corregido en su momento por Manuel Vázquez Montalbán y Armando López Salinas. Luis-Lucio Lobato padecía de afonía crónica, porque la policía lesionó su garganta en un interrogatorio al obligar que tragara con un palo los pasquines que le encontraron durante un registro-, el luchador autodidacta Lucio Lobato permaneció dignamente fiel a su ideario comunista, a su familia, a sus compañeros y vecinos del barrio chabolista de Peñagrande y a sus camaradas de partido y cárcel hasta su muerte en 2001. La novela El futuro acaba hoy  “es parte de una memoria colectiva y es un relato imprescindible para conocer lo que ha supuesto la dictadura fascista de Franco en España”.  

Fuente: elplural


lunes, 4 de octubre de 2021

CATARATA PUBLICA "COMUNISTAS CONTRA FRANCO", EN EL CENTENARIO DEL PCE

 

Comunistas contra Franco
Cien años de luchas
Carlos Fernández Rodríguez, Mauricio Valiente Ots, Santiago Vega Sombría
ISBN 978-84-1352-316
192 Páginas
Fecha publicación 4-10-2021
Editorial Catarata
 

El centenario del PCE es una oportunidad para conocer la historia de miles de hombres y mujeres que entregaron su vida a un proyecto colectivo de transformación social.

Hace no tanto tiempo en España había personas que arriesgaban su libertad, su integridad física e incluso su vida por sus ideas. Fueron héroes y heroínas anónimos, y gracias a su lucha por la democracia, las libertades y la justicia social, hoy nuestras vidas no son tan duras como las que ellos vivieron. Compartían las virtudes y los defectos de su época, pero eran personas capaces de sobreponerse a las experiencias traumáticas: la prisión, las torturas, los insultos, las dificultades para reconstruir sus vidas… sus relatos de lo vivido en esa época, recogidos en este libro, son valiosos testimonios de un tiempo de sacrificio e ideales. A pesar de sus errores, fueron protagonistas de un cambio necesario. No fueron las únicas, pero sí fueron las más numerosas, las más entregadas, las más pertinaces. Y la organización a la que pertenecían, el Partido Comunista de España, era “el partido”, no hacía falta especificar nada más. Hubo quienes tiraron la toalla, quienes cambiaron de opción política y quienes continuaron afiliados toda su vida. Algunos, con el tiempo, abandonaron la militancia desencantados. Otros siguieron en un contexto muy diferente. Todos se merecen el reconocimiento de la sociedad por su esfuerzo en el logro de la reconciliación democrática.

Contenidos

ÍNDICE

PRESENTACIÓN

CAPÍTULO 1. IDENTIDAD Y CULTURA ORGANIZATIVA EN EL PCE

CAPÍTULO 2. DE LA MARGINALIDAD A LA HEGEMONÍA POLÍTICA

CAPÍTULO 3. LOS AÑOS MÁS DUROS DE LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA

CAPÍTULO 4. LA CONQUISTA DE LA DEMOCRACIA Y LOS DERECHOS SOCIALES

CAPÍTULO 5. RECONSTRUCCIÓN Y REINVENCIÓN DEL PCE

CAPÍTULO 6. UN FANTASMA RECORRE EUROPA


domingo, 3 de octubre de 2021

"PAZ", OBRA DEL ESCULTOR SOVIÉTICO OLEG S. KIRJUCHIN

 


Paz
Oleg Sergeievich Kirjuchin
1986
Escultura de bronce
Palacio Cecilienhof de Potsdam (Alemania)

La escultura PAZ fue un regalo del presidente soviético Mijail Gorbachov a la RDA. En 1986 visitó el lugar de la Conferencia de Potsdam en el Palacio Cecilienhof, donde tuvo lugar la reunión celebrada entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945 con participantes de la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos, los más poderosos de los aliados que derrotaron a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Los jefes de gobierno de estas tres naciones eran el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Iósif Stalin, el primer ministro Winston Churchill (posteriormente Clement Attlee) ​ y el presidente Harry S. Truman, respectivamente. Stalin, Churchill y Truman (así como Clement Attlee, que sucedió a Churchill tras ganar las elecciones de 1945) habían acordado decidir cómo administrarían Alemania, que se había rendido incondicionalmente nueve semanas antes, el 8 de mayo. Los objetivos de la conferencia también incluían el establecimiento de un orden de posguerra, asuntos relacionados con tratados de paz y el estudio de los efectos de la guerra.

La imagen de niños danzando junto a un soldado del Ejército Rojo, unidos unos a otros de la mano, está inspirada en la mundialmente famosa fuente de Stalingrado, que resultó dañada durante los bombardeos alemanes de la ciudad en la II Guerra Mundial y posteriormente demolida en 1950.

Finalmente, coincidiendo con el inicio de la batalla, el 23 de agosto de 2013, el presidente de Rusia inauguró la fuente en la plaza Privokzalnaya, más o menos en su ubicación original.

sábado, 2 de octubre de 2021

DOCUMENTAL "MURAL EFÍMERO", EN EL 53 ANIVERSARIO DE LA MATANZA DE TLATELOLCO

Título original: Mural efímero
Dirección: Raúl Kamffer
Guion: Raúl Kamffer
Música: Deep Purple
Productora: Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM.
País de producción: México
Año: 1968
Duración: 10 min.

Documento cinematográfico sobre el mural realizado en Ciudad Universitaria, alusivo al movimiento estudiantil de 1968. Un testimonio artístico de ese momento político plasmado, entre otros, por Mario Orozco Rivera, José Luis Cuevas y Pedro Preux.

Documental sobre el mural realizado en la Ciudad Universitaria de la UNAM alusivo al movimiento estudiantil de 1968, un movimiento social que el 2 de octubre de 1968 fue dispersado por el gobierno mexicano en la que se denominó como "la Matanza de la Plaza de las Tres Culturas" (Plaza de Tlatelolco). La masacre fue cometida por el grupo paramilitar denominado "Batallón Olimpia" y el Ejército Mexicano, en contra de una manifestación convocada por el Consejo Nacional de Huelga.

VER DOCUMENTAL:

viernes, 1 de octubre de 2021

DISCURSO DE LA ORIENTACIÓN POLÍTICA, DE THOMAS SANKARA (2 DE OCTUBRE DE 1983)

 

DISCURSO DE LA ORIENTACIÓN POLÍTICA

THOMAS SANKARA (2 DE OCTUBRE DE 1983)

¡Pueblo de Alto Volta!

Camaradas militantes y militantes de la revolución,

En el transcurso de este año, 1983, nuestro país ha conocido momentos de particular intensidad, los cuales siguen impresos de forma indeleble en la mente de muchos conciudadanos. Durante este período, la lucha del pueblo voltaico ha experimentado flujos y reflujos.

Nuestro pueblo ha pasado la prueba de luchas heroicas, y finalmente obtuvo la victoria la noche ya histórica del 4 de agosto de 1983. Ya van a ser dos meses que la revolución marcha irreversible en nuestro país. Dos meses en los cuales el pueblo combatiente de Alto Volta se ha movilizado como un solo hombre detrás del Consejo Nacional de la Revolución (CNR) para edificar una sociedad voltaica nueva, libre, independiente y próspera; una sociedad nueva, libre de la injusticia social, libre de la dominación y explotación seculares del imperialismo internacional.

Habiendo recorrido este breve trecho, los invito a que echemos un vistazo retrospectivo a fin de sacar las lecciones necesarias para determinar correctamente las tareas revolucionarias que se plantean en el momento actual y en el futuro próximo. Dotados de una clara percepción de la marcha de los acontecimientos, fortaleceremos más aún nuestra lucha contra el imperialismo y las fuerzas sociales reaccionarias.

En suma, ¿de dónde venimos? ¿Y adonde vamos? Estas son las interrogantes del momento que nos exigen una respuesta clara y resuelta, sin equívoco alguno, si es que queremos avanzar de forma audaz hacia victorias mayores y más resplandecientes.

La revolución de agosto es la culminación de la lucha del pueblo voltaico

El triunfo de la revolución de agosto no es solamente el resultado del golpe de fuerza revolucionario asestado contra la sacrosanta alianza reaccionaria del 17 de mayo de 1983.1 Es también la culminación de la lucha del pueblo voltaico contra sus enemigos de siempre. Representa una victoria sobre el imperialismo internacional y sus aliados nacionales. Una victoria sobre las fuerzas retrógradas, oscurantistas y tenebrosas. Una victoria sobre todos los enemigos del pue-blo que a sus espaldas han tramado complots e intrigas …

Por tanto, la revolución de agosto surgió como la solución a las contradicciones sociales que ya no se podían sofocar mediante componendas.

La adhesión entusiasta de las amplias masas populares a la revolución de agosto es la expresión concreta de la esperanza inmensa que el pueblo voltaico deposita en el establecimiento del CNR para al fin poder ver cumplidos sus anhelos profundos por la democracia, la libertad y la independencia, por el progreso genuino, por la restauración de la dignidad y la grandeza de nuestra patria, aspiraciones que han sido particularmente vilipendiadas por 23 años de régimen neocolonial.

El legado de 23 años de neocolonialismo

La llegada del CNR al poder el 4 de agosto de 1983 y la posterior instalación de un gobierno revolucionario en Alto Volta han abierto una página gloriosa en los anales de la historia de nuestro pueblo y de nuestro país. Sin embargo, el legado que nos dejaran 23 años de explotación y dominación imperialistas es penoso y pesado. Dura y ardua será nuestra tarea de edificar una sociedad nueva, una sociedad libre de todos los males que mantienen a nuestro país en una situación de pobreza y de atraso económico y cultural.

En 1960, el colonialismo francés –acosado por todas partes, derrotado en Dien Bien Phu y presa de enormes dificultades en Argelia2–, deduciendo las lecciones de esas derrotas, se vio obligado a otorgar a nuestro país la soberanía nacional y la integridad territorial. Nuestro pueblo, que no había permanecido impasible, sino más bien había desarrollado luchas de resistencia apropiadas, acogió este suceso como un hecho positivo. Esta fuga tempranera del imperialismo colonialista francés fue para nuestro pueblo una victoria sobre las fuerzas de opresión y explotación extranjeras. Desde el punto de vista de las masas populares fue una reforma democrática, aunque desde el punto de vista del imperialismo no fue más que un cambio operado en sus formas de dominación y explotación de nuestro pueblo.

No obstante, este cambio desembocó en una realineación de las clases y capas sociales y en el establecimiento de clases nuevas. En alianza con las fuerzas retrógradas de la sociedad tradicional, y mostrando su desprecio total hacia las masas fundamentales que le habían servido de trampolín para su ascenso al poder, la intelectualidad pe-queñoburguesa de la época empezó a sentar las bases políticas y económicas de las nuevas formas de dominación y explotación imperialistas. El temor a que la lucha de las masas populares se radicalizara y desembocara en una solución verdaderamente revolucionaria sirvió de base para que el imperialismo decidiera cómo actuar, lo que consistió, a partir de ese momento, en ejercer su dominio sobre nuestro país y perpetuar la explotación de nuestro pueblo mediante intermediarios nacionales. Ciudadanos voltaicos asumirían el relevo de la dominación y explotación extranjeras. Toda la organización de la sociedad neocolo-nial se reduciría a una simple operación de sustituir una forma por otra.

En su esencia, la sociedad neocolonial y la sociedad colonial no se diferencian en nada. Así, se ha visto que a la administración colonial la sustituye una administración neocolonial que le es idéntica en todos los aspectos. Al ejército colonial lo sustituye un ejército neocolonial con los mismos atributos, las mismas funciones y el mismo papel de guardián de los intereses del imperialismo y los de sus aliados nacionales. A la escuela colonial la sustituye una escuela neocolonial que persigue los mismos objetivos de enajenar a los niños de nuestro país y reproducir una sociedad que esté esencialmente al servicio de los intereses imperialistas y, de forma accesoria, al servicio de los lacayos y aliados locales del imperialismo.

Con el apoyo y la bendición del imperialismo, ciudadanos voltaicos se dieron a la tarea de organizar el saqueo sistemático de nuestro país. Con las migajas que les caían de dicho saqueo, poco a poco se transformaron en una burguesía verdaderamente parásita incapaz ya de contener su apetito voraz. Movidos solo por sus intereses egoístas, desde entonces dejaron de recular ante los métodos más deshonestos, desarrollando en gran escala la corrupción, la malversación de fondos y de la cosa pública, el tráfico de influencias y la especulación de bienes raíces, y practicando el favoritismo y el nepotismo.

Así se explican todas las riquezas materiales y financieras que han logrado acumular sobre las espaldas del pueblo trabajador. No contentos de vivir de las rentas fabulosas que extraían de la explotación desvergonzada de sus bienes mal habidos, peleaban a brazo partido procurando acaparar los cargos políticos que les permitieran utilizar el aparato estatal para beneficiarse de su explotación y su despilfarro.

No pasaba un año entero sin que no se pagaran vacaciones suntuosas en el exterior. Sus hijos abandonaban las escuelas del país para recibir una enseñanza de prestigio en otros países. A la más leve enfermedad, se movilizaban todos los recursos del estado para asegurarles la costosa

atención de los hospitales de lujo en países extranjeros.
Todo esto se ha dado a plena vista de un pueblo voltaico laborioso, valiente y honesto, si bien sumido en la miseria más profunda. Mientras que para una minoría rica Alto Volta constituye un paraíso, para la mayoría, para el pueblo, es un infierno apenas tolerable.
Como parte de esta gran mayoría, los asalariados, no obstante el hecho de tener asegurado un ingreso constante, sufren las limitaciones y los escollos de la sociedad capitalista de consumo. Todo su salario se agota incluso antes de que lo hayan tocado. Este círculo vicioso sigue sin fin y sin perspectiva alguna de romperlo.

Al seno de sus sindicatos respectivos, los asalariados entablan luchas reivindicativas para mejorar sus condiciones de vida. A veces la amplitud de estas luchas logra arrebatar concesiones de las autoridades neocoloniales. Sin embargo, apenas dan algo con una mano y en seguida lo recuperan con la otra.

Así se anuncia con gran alboroto un aumento salarial del 10 por ciento, para de inmediato gravarlo con impuestos que anulan los efectos positivos que se esperaban de la primera medida. Después de cinco, seis o siete meses, los trabajadores siempre terminan dándose cuenta de la superchería y se movilizan para nuevas luchas. Siete meses son más que suficientes para que los reaccionarios en el poder recobren el aliento y tramen otras estratagemas. En esta lucha sin fin, el trabajador siempre sale perdiendo.

En el seno de esta gran mayoría están también los “condenados de la Tierra”, los campesinos, a quienes se expropia, se expolia, se hostiga, se encarcela, se ridiculiza y se humilla cada día, y quienes, sin embargo, con su trabajo son creadores de riquezas. Es gracias a su actividad productiva que la economía del país se mantiene a flote, no obstante su debilidad. Es con su trabajo que “endulzan” su
vida todos esos ciudadanos para quienes Alto Volta es un El Dorado.

Sin embargo, son ellos quienes más sufren la falta de estructuras, de una infraestructura de carreteras, y de la falta de estructuras y planteles de salud. Son estos campesinos, creadores de la riqueza nacional, quienes más sufren la falta de escuelas y de útiles escolares para sus hijos. Son sus hijos quienes engrosarán las filas de los desempleados tras una breve estancia en los banquillos de escuelas mal adaptadas a las realidades de este país. Es entre ellos que existe la tasa de analfabetismo más elevada: 98 por ciento. Quienes más necesitan aprender, para poder mejorar el rendimiento de su labor productiva, son de nuevo quienes menos se benefician de las inversiones en las esferas de la salud, la educación y la tecnología.

La juventud campesina –que demuestra la misma disposición de ánimo que el resto de la juventud, es decir, que es más sensible ante la injusticia social y está más a favor del progreso– en una expresión de rebeldía termina abandonando nuestros campos, privándolos así de su elemento más dinámico.

Ese primer reflejo empuja a esos jóvenes hacia los grandes centros urbanos, Uagadugu y Bobo-Dioulasso. Ahí esperan encontrar un trabajo mejor remunerado y beneficiarse a la vez de las ventajas del progreso. La falta de trabajo los empuja a la ociosidad, con todos los vicios que la caracterizan. Finalmente, para no terminar en la cárcel, buscan la salvación saliendo al extranjero, donde les aguardan la humillación y la explotación más vergonzosas. ¿Acaso la sociedad voltaica les ofrece otra opción?

Dicho de la manera más concisa, esta es la situación de nuestro país después de 23 años de neocolonialismo: paraíso para unos, infierno para los demás.

Después de 23 años de dominación y explotación imperialistas, nuestro país sigue siendo un país agrícola atrasado, donde el sector rural –el 90 por ciento de la población activa– representa apenas el 45 por ciento del Producto Interno Bruto pero provee el 95 por ciento del total de las exportaciones del país.

De manera más sencilla, hay que señalar que aunque en otros países los agricultores constituyen menos del 5 por ciento de la población, ellos logran no solo alimentarse adecuadamente, asegurar las necesidades de una nación entera, sino también exportar cantidades inmensas de su producción agrícola. Mientras que aquí en este país, más del 90 por ciento de la población, a pesar de arduos esfuerzos, sufre hambre y escasez y se ve obligado a tener que recurrir con el resto de la población a la importación de productos agrícolas e incluso a la asistencia internacional.

El desequilibrio entre las exportaciones e importaciones así creado contribuye a acentuar la dependencia del país en el extranjero. En consecuencia, el déficit comercial ha crecido considerablemente al paso de los años y el valor de nuestras exportaciones solo cubre alrededor del 25 por ciento de las importaciones. Dicho de manera más clara, compramos más del exterior de lo que vendemos. Y una economía que funciona sobre esa base se arruina progresivamente y va hacia la catástrofe.

Las inversiones privadas que provienen del extranjero no solo son insuficientes, más bien le hacen sangrías enormes a la economía del país, por lo que no contribuyen a reforzar su capacidad acumulativa. Una parte importante de la riqueza creada con la ayuda de las inversiones extranjeras es drenada hacia el exterior, en lugar de ser re- invertida para acrecentar la capacidad productiva del país. En el período 1973-1979, se calcula que 1.7 mil millones de francos CFA salían del país cada año en forma de ingresos derivados de inversiones extranjeras directas, mientras
que las inversiones nuevas ascendían a un promedio de 1.3 mil millones de francos CFA por año.3

La insuficiencia de esfuerzos en la inversión productiva induce al estado voltaico a jugar un papel fundamental en la economía nacional mediante esfuerzos encaminados a suplir la inversión privada. Esta es una situación difícil cuando se sabe que los ingresos presupuestarios del estado los constituyen esencialmente los ingresos tributarios, que a su vez representan el 85 por ciento del total de los ingresos y que provienen en gran parte de los aranceles a las importaciones y de los impuestos.
Aparte de los esfuerzos de inversión nacional, estos ingresos financian los gastos del estado, de los que un 70 por ciento sirven para pagar los salarios de los empleados gubernamentales y asegurar el funcionamiento de los servicios administrativos. ¿Qué puede quedar entonces para las inversiones sociales y culturales?
En el ámbito de la educación, nuestro país se sitúa entre los más atrasados, con una tasa de escolarización del 16.4 por ciento y una tasa de analfabetismo que alcanza un promedio del 92 por ciento. Es decir que de cada 100 voltaicos apenas 8 parecen saber leer y escribir en la lengua que sea.

En el plano de la salud, las tasas de enfermedad y de mortandad se sitúan entre las más altas en la subregión debido a la proliferación de enfermedades transmisibles y de deficiencias nutricionales. Por otro lado, ¿cómo podremos evitar esta situación catastrófica si se sabe que se cuenta con una cama de hospital por cada 1200 habitantes y con un médico por cada 48 mil habitantes?
Bastan estos pocos elementos para ilustrar el legado que nos dejaron 23 años de neocolonialismo, 23 años de una política de abandono nacional total. Ningún voltaico que ame y honre a su país puede permanecer indiferente ante esta situación, una de las más desoladoras.

En efecto, nuestro pueblo, un pueblo valiente y trabajador, jamás ha podido tolerar tal situación. Y porque ha comprendido que no es producto de la fatalidad, sino de una sociedad organizada sobre bases injustas en provecho solo de una minoría, ese pueblo ha desarrollado siempre luchas multiformes, buscando las vías y los medios para poner fin a este viejo orden de cosas.

Por eso recibió febrilmente la llegada del Consejo Nacional de la Revolución y de la revolución de agosto, que coronó los esfuerzos que había realizado y los sacrificios que había aceptado para derribar el viejo orden, instalar un orden nuevo que pudiera rehabilitar al hombre voltaico y otorgar a nuestro país un lugar selecto en el concierto de naciones libres, prósperas y respetadas.
Las clases parásitas que siempre se han lucrado con un Alto Volta colonial y neocolonial son y seguirán siendo hostiles a las transformaciones emprendidas por el proceso revolucionario iniciado tras el 4 de agosto de 1983. Eso se debe a que están y permanecen atadas por un cordón umbilical al imperialismo internacional. Son y siguen siendo defensoras fervientes de los privilegios adquiridos gracias a su lealtad al imperialismo.
Hagan lo que hagan y digan lo que digan, ellos segui-
rán siendo los mismos y seguirán tramando complots e intrigas a fin de reconquistar su “reino perdido”. Es inútil esperar de estos nostálgicos una reconversión de mentalidad y de actitud. No son sensibles ni entienden más lenguaje que el de la lucha, la lucha de clases revolucionaria contra los explotadores y los opresores de los pueblos. Para ellos, nuestra revolución será la cosa más autoritaria que exista. Será un acto por el cual el pueblo les impondrá su voluntad con todos los medios de que disponga y, de ser necesario, con sus armas.

Estos enemigos del pueblo, ¿quiénes son?

Ellos se desenmascararon ante los ojos del pueblo durante los sucesos del 17 de mayo por la saña que demostraron contra las fuerzas revolucionarias. A estos enemigos del pueblo, el pueblo los ha identificado en el fragor de la lucha revolucionaria. Ellos son:

1. La burguesía voltaica, que se divide, a partir de las funciones que unos y otros desempeñan, en burguesía estatal, burguesía compradora y burguesía media.

La burguesía estatal. Este es el sector que se conoce por el nombre de burguesía político-burocrática. Es una burguesía que ha utilizado su monopolio político para enriquecerse de manera ilícita y facinerosa. Se ha valido del aparato del estado al igual que un capitalista industrial se vale de sus medios de producción para acumular la plusvalía extraída de la explotación de la fuerza de trabajo de los trabajadores. Este sector de la burguesía jamás renunciará por voluntad propia a sus antiguos privilegios para observar, pasivo, las transformaciones revolucionarias en curso.

La burguesía comerciante. Este sector, por su propia actividad, está atado al imperialismo por medio de un sinnúmero de vínculos. Para este sector, el fin de la dominación imperialista significa la muerte de la “gallina de los huevos de oro”. Por esto se opondrá con todas sus fuerzas a la revolución actual. De esta categoría provienen, por ejemplo, los podridos comerciantes que hacen pasar hambre al pueblo sacando de circulación los víveres a fin de especular y sabotear la economía.

La burguesía media. Este sector de la burguesía voltaica, aunque está vinculado al imperialismo, rivaliza con él por el control del mercado. Sin embargo, puesto que es económicamente más débil, es suplantado por el imperialismo. Por tanto, tiene quejas contra el imperialismo, pero también teme al pueblo, y este temor puede inducirlo a formar un bloque con el imperialismo. Sin embargo, por el hecho que la dominación imperialista de nuestro país le impide desempeñar su verdadero papel como burguesía nacional, algunos de sus elementos, bajo determinadas circunstancias, podrían estar a favor de la revolución, lo que los situaría objetivamente en el campo del pueblo. No obstante, entre el pueblo se debe cultivar una desconfianza revolucionaria hacia esos elementos que gravitan hacia la revolución. Porque bajo ese manto acudirán a la revolución oportunistas de toda laya.

2. Las fuerzas retrógradas, que derivan su poder de las estructuras tradicionales de tipo feudal de nuestra sociedad. Esas fuerzas, en su mayoría, han sabido ofrecer una resistencia firme al imperialismo colonial francés. Mas, una vez que nuestro país accedió a la soberanía nacional, sumaron fuerzas con la burguesía reaccionaria para oprimir al pueblo voltaico. Estas fuerzas han usado a las masas campesinas como reserva de votos, para entregarlas al mejor postor electorero.

A fin de proteger sus intereses, que son comunes a los del imperialismo y opuestos a los del pueblo, estas fuerzas reaccionarias a menudo recurren a los valores decadentes de nuestra cultura nacional, que persisten aún en el me-dio rural. En la medida que nuestra revolución busque democratizar las relaciones sociales en nuestros campos, aumente las responsabilidades del campesinado, le brinde más educación y conocimientos con los cuales lograr su propia emancipación económica y cultural, estas fuerzas retrógradas se le opondrán.

Son estos los enemigos del pueblo en la revolución actual, enemigos que el propio pueblo identificó durante los sucesos del mes de mayo. Son estos individuos quienes, constituyendo el grueso de los manifestantes aislados, protegidos por un cordón militar, han manifestado su apoyo de clase al régimen ya moribundo surgido del golpe de estado reaccionario y pro imperialista [del 17 de mayo].

Aparte de las clases y capas sociales reaccionarias y antirrevolucionarias arriba enumeradas está el resto de la población, quienes constituyen el pueblo voltaico: un pueblo que considera la dominación y explotación imperialistas una abominación y que no deja de manifestarlo en la lucha cotidiana concreta contra los distintos regímenes neocoloniales. El pueblo, en la revolución actual, lo integran:
– 1. La clase trabajadora voltaica, joven y poco numerosa, que en las incesantes luchas contra los patrones ha sabido demostrar que es una clase genuinamente revolucionaria. En la revolución actual, es una clase que tiene todo que ganar y nada que perder. No tiene medios de producción que perder, no tiene una parcela de propiedad que defender en el marco de la vieja sociedad neocolonial. Por el contrario, está convencida que la revolución es suya, pues de ella saldrá engrandecida y fortalecida.
– 2. La pequeña burguesía, que constituye una amplísima capa social muy inestable y que a menudo vacila entre la causa de las masas populares y la del imperialismo. En su
gran mayoría, termina colocándose siempre del lado de las masas populares. Está integrada por los elementos más diversos, entre ellos pequeños comerciantes, intelectuales pequeñoburgueses (funcionarios, estudiantes universitarios y de secundaria, empleados del sector privado, etcétera), y artesanos.
– 3. El campesinado voltaico, integrado en su gran mayoría por pequeños campesinos que a raíz de la desintegración progresiva de la propiedad colectiva, tras la introducción del modo de producción capitalista en nuestro país, están atados a la propiedad parcelaria. Las relaciones mercantiles disuelven cada vez más los lazos comunitarios, y en su lugar se instaura la propiedad privada sobre los medios de producción. En esta nueva situación así creada por la penetración del capitalismo en nuestros campos, el campesino voltaico, que se halla atado a la producción en pequeña escala, es la personificación de las relaciones burguesas de producción. En vista de todas estas consideraciones, el campesinado voltaico es también parte integrante de la categoría de la pequeña burguesía.

Por su pasado y por su situación actual, es la capa social que más caro ha pagado por la dominación y explotación imperialistas. La condición de atraso económico y cultural que caracteriza a nuestros campos ha mantenido a este sector aislado de las principales corrientes de progreso y modernización, relegándolo al papel de cantera de los partidos políticos reaccionarios. No obstante, el campesinado tiene interés en la revolución y, desde el punto de vista numérico, es la fuerza principal.
– 4. El lumpenproletariado. Esta es una categoría de elementos desclasados quienes, por el hecho de carecer de empleo, están predispuestos a estar a sueldo de las fuerzas reaccionarias y contrarrevolucionarias para realizarles sus trabajos sucios. En la medida que la revolución sepa em- plearlos útilmente, se podrán convertir en sus defensores fervorosos.

El carácter y el alcance de la revolución de agosto

Las revoluciones que suceden alrededor del mundo no son todas parecidas. Cada revolución aporta su originalidad, la cual la distingue de las demás. Nuestra revolución, la revolución de agosto, no escapa a esta observación. Toma en cuenta las particularidades de nuestro país, su nivel de desarrollo y de subyugación al sistema capitalista imperialista mundial.

Nuestra revolución es una revolución que se desarrolló en un país agrícola atrasado, donde el peso de las tradiciones y de la ideología que emanan de una organización social de tipo feudal recae fuertemente sobre las masas populares. Es una revolución en un país que –debido a la dominación y la explotación que el imperialismo ejerce sobre nuestro pueblo– ha evolucionado de una colonia a una neocolonia.

Es una revolución que se produce en un país que aún se caracteriza por la falta de una clase obrera organizada y consciente de su misión histórica y que, por consiguiente, carece de una tradición de lucha revolucionaria. Es una revolución que sucede en un pequeño país del continente, en un momento en que, en el ámbito internacional, el movimiento revolucionario se desmorona día a día sin percibirse la esperanza de ver constituido un bloque homogéneo que dé impulso y sostenga en la práctica a los movimientos revolucionarios nacientes. Este conjunto de circunstancias históricas, geográficas y sociológicas le deja una impronta singular a nuestra revolución.

La revolución de agosto presenta un carácter dual: es una revolución democrática y popular.

Tiene como tareas primordiales la liquidación de la do- minación y explotación imperialistas y la depuración del campo de todas las trabas sociales, económicas y culturales que lo mantienen en un estado de atraso. De ahí se deriva su carácter democrático.

Su carácter popular proviene del hecho que las masas populares voltaicas participan plenamente en esta revolución y se movilizan consecuentemente en torno a consignas democráticas y revolucionarias que traducen en los hechos sus propios intereses en oposición a los de las clases reaccionarias aliadas al imperialismo. El carácter popular de la revolución de agosto radica también en el hecho que en lugar de la antigua máquina del estado se construye una máquina nueva para poder garantizar el ejercicio democrático del poder por el pueblo y para el pueblo.

Nuestra revolución actual, caracterizada de esta forma, si bien es una revolución antiimperialista, ocurre dentro del marco de los límites del régimen económico y social burgués. Al proceder al análisis de las clases sociales de la sociedad voltaica, hemos planteado la idea de que la burguesía voltaica no constituye una sola masa homogénea, reaccionaria y antirrevolucionaria. En efecto, lo que caracteriza a la burguesía en los países subdesarrollados, bajo relaciones capitalistas, es su incapacidad congènita de revolucionar a la sociedad como lo hizo la burguesía de los países europeos en la década de 1780, es decir, la época en que la burguesía aún constituía una clase ascendente.

Tales son las características y los límites de la actual revolución desencadenada en Alto Volta a partir del 4 de agosto de 1983. El poseer una percepción clara y una definición precisa de su contenido nos resguarda de los peligros de desvíos y excesos que podrían ser perjudiciales a la marcha victoriosa de la revolución. Todos los que han asumido la causa de la revolución de agosto deben asimilar la línea directriz aquí desarrollada con miras a asumir su papel de revolucionarios conscientes, verdaderos propagandistas, intrépidos e infatigables, y difundir esta perspectiva en el seno de las masas.

Ya no basta con llamarse revolucionario. Hay que ahondar en el profundo significado de la revolución de la que se es un ferviente defensor. Es la mejor manera de defenderla de los ataques y las tergiversaciones que los contrarrevolucionarios no van a dejar de emplear en su contra. Saber cómo vincular la teoría revolucionaria a la práctica revolucionaria será el criterio decisivo que a partir de ahora nos permita distinguir a los revolucionarios consecuentes de todos los que acuden a ella por móviles ajenos a la causa revolucionaria.

De la soberanía del pueblo en el ejercicio del poder revolucionario

Como ya hemos mencionado, uno de los rasgos distintivos de la revolución de agosto, y que le confiere su carácter popular, es que es un movimiento de la inmensa mayoría en beneficio de la inmensa mayoría.

Es una revolución hecha por las propias masas populares voltaicas, con sus propias consignas y aspiraciones. El objetivo de esta revolución es que el pueblo asuma el poder. Por eso el primer acto de la revolución, después de la proclamación del 4 de agosto, fue dirigir un llamado al pueblo para la creación de los Comités de Defensa de la Revolución.4 El Consejo Nacional de la Revolución tiene a convicción de que para que esta sea una revolución ge-nuinamente popular deberá proceder a la destrucción de la máquina del estado neocolonial y a la organización de una nueva máquina capaz de garantizar la soberanía del pueblo. El problema de cómo se deberá ejercer este poder popular, cómo se deberá organizar este poder, es un problema esencial para el futuro de nuestra revolución.

La historia de nuestro país hasta nuestros días ha estado dominada esencialmente por las clases explotadoras y conservadoras, las cuales han ejercido su dictadura antidemocrática y antipopular mediante su dominio de la política, la economía, la ideología, la cultura, la administración y la justicia.

La revolución tiene como objetivo primordial el traspaso del poder de manos de la burguesía voltaica, aliada al imperialismo, a manos de la alianza de las clases populares que constituyen el pueblo. Eso quiere decir que, a partir de ahora, el pueblo en el poder deberá contraponer su poder democrático y popular a la dictadura antidemocrática y antipopular de la alianza reaccionaria de las clases sociales que favorecen al imperialismo.

Este poder democrático y popular será el cimiento, la base sólida, del poder revolucionario en Alto Volta. Tendrá como tarea primordial la reconversión total de todo el aparato estatal, con sus leyes, su administración, sus tribunales, su policía y su ejército, que habían sido ideados para servir y defender los intereses egoístas de las clases y capas sociales reaccionarias. Tendrá por tarea organizar la lucha contra los intentos contrarrevolucionarios de reconquistar el “paraíso perdido”, con miras a aplastar por completo la resistencia de los reaccionarios que añoran el gramas sociales del gobierno revolucionario, integrándola a la actividad política. pasado. He aquí que reside la necesidad de los CDR y su papel como punto de apoyo de las masas populares para el asalto de los baluartes reaccionarios y contrarrevolucionarios …

Por una revolucionarización de todos los sectores de la sociedad voltaica

Todos los regímenes políticos hasta la fecha se afanaban por instaurar un conjunto de medidas para mejorar la administración de la sociedad neocolonial. Los cambios operados por los distintos regímenes equivalían a instalar equipos nuevos dentro del marco de la continuidad del poder neocolonial. Ninguno de estos regímenes quería ni podía desafiar los cimientos socioeconómicos de la sociedad voltaica. Por eso todos fracasaron.

La revolución de agosto no aspira a instaurar un régimen más en Alto Volta. Representa una ruptura con todos los regímenes conocidos hasta la fecha. Tiene por objetivo final la construcción de una sociedad voltaica nueva, en cuyo seno el ciudadano voltaico, animado por una conciencia revolucionaria, será el artesano de su propia felicidad, una felicidad que corresponda a los esfuerzos que haya invertido.

Para lograr esto, la revolución –les guste o no a las fuerzas conservadoras y retrógradas– será un desarraigo total y profundo que no dejará intacto un solo ámbito, un solo sector de la actividad económica, social o cultural.

La revolucionarización de todos los ámbitos, de todas las áreas de actividad, esa es la consigna del momento. Fortalecido con la directriz aquí planteada, cada ciudadano, sea el nivel al que se encuentre, deberá emprender la tarea de revolucionar su sector de actividad.

A partir de ahora, la filosofía de las transformaciones revolucionarias se aplicará a los siguientes sectores:
– (1) el ejército nacional,
– (2) la política respecto a la mujer y
– (3) el desarrollo económico.

1. El ejército nacional : su lugar en la revolución democrática y popular

Según la doctrina de la defensa de Alto Volta revolucionario, un pueblo consciente no le va a ceder la defensa de su patria a un grupo de hombres, por competentes que sean. Los pueblos conscientes asumen ellos mismos la defensa de su patria. En ese sentido, nuestras fuerzas armadas constituyen tan solo un destacamento que está más especializado que el resto del pueblo para las tareas de seguridad interna y externa de Alto Volta. De igual forma, aunque la salud de los voltaicos es asunto tanto del pueblo como de cada voltaico a nivel individual, existe y existirá un cuerpo médico más especializado y que consagre más tiempo al problema de la salud pública.

La revolución dicta tres misiones a nuestras fuerzas armadas nacionales:
– 1. Estar listas para combatir a todo enemigo interno y externo, y participar en la formación militar del resto del pueblo. Esto supone una capacidad operativa acumulada, haciendo de cada militar un combatiente competente en lugar del viejo ejército, que no era más que una masa de asalariados.
– 2 Participar en la producción nacional. En efecto, el nuevo militar debe vivir y sufrir en el seno del pueblo al que pertenece. Se acabó el ejército presupuestófago. A partir de ahora, además de manejar las armas, estará en los campos, y criará vacas, ovejas y aves. Construirá escuelas y dispensarios donde se asegurará de su funcionamiento. Dará mantenimiento a las carreteras y transportará por vía aérea el correo, los enfermos y los productos agrícolas entre las distintas regiones.
– 3. Formar a cada soldado como militante revolucionario. Se acabaron los días en que se pretendía que el ejército era neutral y apolítico, mientras en la realidad era baluarte de la reacción y guardián de los intereses imperialistas. Se acabaron los días en que nuestro ejército nacional actuaba como un cuerpo de mercenarios extranjeros en territorios conquistados. Esos días se acabaron para siempre. Armados de formación política e ideológica, nuestros soldados, nuestros suboficiales y nuestros oficiales dedicados al proceso revolucionario dejan de ser criminales en el poder para devenir revolucionarios conscientes, hallándose en el seno del pueblo como peces en el agua.

Como ejército al servicio de la revolución, el Ejército Nacional Popular no dará cabida a ningún militar que desdeñe, vilipendie y maltrate a su pueblo. Un ejército del pueblo al servicio del pueblo: tal es el nuevo ejército que estamos construyendo en lugar del ejército neocolo-nial, verdadero instrumento de opresión y de represión en manos de la burguesía reaccionaria, la cual lo usó para dominar al pueblo. Tal ejército, desde el punto de vista mismo de la organización interna y de sus principios de funcionamiento, será fundamentalmente distinto al viejo ejército. Por tanto, en lugar de la obediencia ciega de los soldados hacia sus jefes, de los subalternos hacia sus superiores, se desarrollará una disciplina sana que, si bien estricta, se fundará sobre la adhesión consciente de los hombres y de las tropas.

Contrario a los puntos de vista de los oficiales reaccionarios animados por el espíritu colonial, la politización del ejército, su revolucionarización, no significa el fin de la disciplina. En un ejército politizado la disciplina tendrá un nuevo contenido. Será una disciplina revolucionaria. Es decir, una disciplina que derive sus fuerzas del hecho que el oficial y el soldado, el que tenga grado y el raso, se valoren en cuanto a la dignidad humana y no se diferencien entre sí más que por sus tareas concretas y sus responsabilidades respectivas. Fortalecidos de tal comprensión de las relaciones entre los hombres, los cuadros militares deberán respetar a sus hombres, amarlos y tratarlos con equidad.

También aquí, los Comités de Defensa de la Revolución tienen un papel fundamental que jugar. Los militantes de los CDR en el seno del ejército deberán ser los pioneros infatigables de la construcción del Ejército Nacional Popular del estado democrático y popular, cuyas tareas esenciales serán, en el plano interno, la defensa de los derechos e intereses del pueblo, el mantenimiento del orden revolucionario y la salvaguarda del poder democrático y popular; en el plano exterior, la defensa de la integridad territorial.

2. La mujer voltaica : su papel en la revolución democrática y popular

El peso de las tradiciones seculares de nuestra sociedad condena a la mujer al rango de bestia de carga. La mujer sufre todas las lacras de la sociedad neocolonial por partida doble. En primer lugar, ella conoce los mismos sufrimientos que el hombre; en segundo lugar, se ve sometida a otros sufrimientos por parte del hombre.

Nuestra revolución interesa a todos los oprimidos, a todos los que son explotados en la sociedad actual. Interesa, por tanto, a la mujer, puesto que la base de su dominación por parte del hombre radica en el sistema de organización de la vida política y económica de la sociedad. La revolución, al cambiar el orden social que oprime a la mujer, crea las condiciones para su verdadera emancipación.

Las mujeres y los hombres de nuestra sociedad son todos víctimas de la opresión y dominación imperialistas. Por eso libran una misma batalla. La revolución y la libera- ción de la mujer van juntas. Hablar de la emancipación de la mujer no es un acto de caridad o un arranque de humanismo. Es un requisito fundamental para el triunfo de la revolución. Las mujeres sostienen la otra mitad del cielo.

Crear una mentalidad nueva entre la mujer voltaica que le permita asumir los destinos del país al lado del hombre es una de las tareas primordiales de la revolución, como lo es la transformación de las actitudes del hombre con respecto a la mujer.

Hasta este momento, la mujer ha sido excluida de las esferas en que se toman las decisiones. La revolución, al confiar responsabilidades a la mujer, crea las condiciones para liberar la iniciativa combativa de las mujeres. El CNR, siguiendo su política revolucionaria, se dedicará a la movilización, la organización y la unificación de todas las fuerzas vivas de la nación, y la mujer no va a ir a la zaga. La mujer se integrará a todas las batallas que hemos de emprender contra las distintas trabas de la sociedad neocolonial y por la edificación de una sociedad nueva. Se integrará –a todos los niveles de concepción, de toma de decisiones y de ejecución– en la organización de la vida de la nación entera. El objetivo final de toda esta gran empresa es construir una sociedad libre y próspera donde la mujer será igual al hombre en todos los ámbitos.

Sin embargo, conviene tener una comprensión justa del problema de la emancipación de la mujer. No se trata de una igualdad mecánica entre el hombre y la mujer. No significa adquirir hábitos reconocidos al hombre: beber, fumar, llevar pantalones. Eso no es la emancipación de la mujer. Tampoco es la adquisición de diplomas lo que va a tornar a la mujer igual al hombre o más emancipada. El diploma no es un pase hacia la emancipación.

La verdadera emancipación de la mujer es la que le confiere responsabilidades a la mujer, que la vincula a las
actividades productivas, a los diferentes combates que enfrenta el pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que conmina el respeto y la consideración de parte del hombre. La emancipación, como la libertad, no se otorga, se conquista. Atañe a las mujeres mismas impulsar sus reivindicaciones y movilizarse para conquistarlas.

Para ello, la revolución democrática y popular va a crear las condiciones necesarias para permitir que la mujer voltaica se realice de una forma plena y total. ¿Sería posible acaso liquidar el sistema de explotación mientras se mantiene explotadas a las mujeres, quienes constituyen más de la mitad de nuestra sociedad?

3. Una economía nacional independiente, autosuficiente y planificada al servicio de una sociedad democrática y popular

El proceso de las transformaciones revolucionarias emprendidas después del 4 de agosto pone en el orden del día grandes reformas democráticas y populares. Así el Consejo Nacional de la Revolución está consciente de que la construcción de una economía nacional, independiente, autosuficiente y planificada pasa por la transformación radical de la sociedad actual, una transformación que supone las siguientes reformas importantes:
– La reforma agraria;
– La reforma administrativa;
– La reforma educativa;
– La reforma de las estructuras de producción y distribución en el sector moderno.

La reforma agraria tendrá por objetivo:
– Incrementar la productividad del trabajo a través de una mejor organización de los campesinos y la introducción en el ámbito rural de técnicas modernas de agricultura;
– El desarrollo de una agricultura diversificada junto a la especialización regional;
– La abolición de todas las trabas propias de las estructuras socioeconómicas tradicionales que oprimen a los campesinos;
– Finalmente, hacer de la agricultura el punto de apoyo del desarrollo de la industria.

Todo esto es posible al darle un verdadero sentido a la consigna de autosuficiencia alimentaria, hoy bastante anticuada a fuerza de haber sido proclamada sin convicción. En primer lugar, será una lucha cruenta contra la naturaleza que, por lo demás, no es más ingrata con nosotros de lo que ha sido con otros pueblos que triunfaron admirablemente en el plano de la agricultura. El Consejo Nacional de la Revolución no va a abrigar ilusiones de proyectos gigantescos y sofisticados. Por el contrario, numerosos logros pequeños en el sistema agrícola permitirán hacer de nuestro territorio un campo vasto, una serie infinita de granjas.

Luego vendrá la lucha contra quienes hacen pasar hambre al pueblo, los especuladores y capitalistas agrícolas de toda laya. Por último, estará la protección contra la dominación imperialista de nuestra agricultura en cuanto a la orientación, el despojo de nuestros recursos y la competencia desleal de sus importaciones con nuestros productos locales, importaciones sin más mérito que el de ser empaquetadas para burgueses que padecen de esnobismo. Los precios remuneradores y las unidades industriales agroalimentarias asegurarán a los campesinos mercados para sus productos durante todas las estaciones.

La reforma administrativa pretende volver operativa la administración heredada del colonialismo. Para hacerlo, deberá eliminar todos los males que la caracterizan –a saber, la burocracia pesada y engorrosa y sus consecuencias– y proceder a una revisión completa de los estatutos de las funciones públicas. La reforma deberá dar paso a una administración poco costosa, más eficaz y más flexible.

La reforma escolar pretende promover una nueva orientación de la educación y de la cultura. Deberá dar paso a la transformación de la escuela en un instrumento al servicio de la revolución. Los que se gradúen deberán ponerse no al servicio de sus propios intereses y los de las clases explotadoras, sino al servicio de las masas populares. La educación revolucionaria que se imparta en la nueva escuela deberá inculcar a cada uno una ideología, una personalidad voltaica que libere al individuo de todo mimetismo. El enseñar a los estudiantes a asimilar de manera crítica y positiva las ideas y las experiencias de otros pueblos será una de las vocaciones de la escuela en la sociedad democrática y popular.

Para acabar con el analfabetismo y el oscurantismo, se deberá hacer hincapié en la movilización de todas las energías con miras a organizar a las masas para sensibilizarlas y crear en ellas la sed de aprender mostrándoles las desventajas de la ignorancia. Toda política de lucha contra el analfabetismo que no cuente con la participación de los principales interesados está condenada al fracaso.

En cuanto a la cultura en la sociedad democrática y popular, deberá revestir un carácter triple: nacional, revolucionaria y popular. Todo lo que sea antinacional, anturevolucionario y antipopular deberá ser proscrito. En cambio, nuestra cultura –que ha celebrado la dignidad, la valentía, el nacionalismo y las grandes virtudes humanas– será enaltecida.

La revolución democrática y popular creará las condiciones propicias para la eclosión de una cultura nueva. Nuestros artistas tendrán libertad de actuar para avanzar de manera audaz. No deben dejar escapar la oportunidad que se les presenta de elevar nuestra cultura a un nivel mundial. ¡Que los escritores pongan su pluma al servicio de la revolución! ¡Que los músicos canten no solo las glorias pasadas de nuestro pueblo, sino también a su futuro radiante y prometedor!

La revolución espera de nuestros artistas que sepan describir la realidad, plasmar imágenes vivas y expresar notas melodiosas, a la vez que le señalen a nuestro pueblo la vía justa que conduzca a un futuro mejor. Espera que pongan su genio creador al servicio de una cultura voltaica, nacional, revolucionaria y popular.

Debemos saber tomar aquello que es bueno del pasado –es decir, de nuestras tradiciones–, aquello que es positivo de las culturas extranjeras, para así darle una nueva dimensión a nuestra cultura. La fuente inagotable de inspiración creadora de las masas se encuentra en las masas populares mismas. Saber vivir con las masas, involucrarse en el movimiento popular, compartir las alegrías y las penas del pueblo, trabajar y luchar junto a él: todo esto deberá constituir la inquietud primordial de nuestros artistas. Antes de producir, debemos plantear la pregunta: ¿a quién está destinada nuestra creación? Si estamos convencidos de que creamos para el pueblo, entonces debemos saber claramente quién es el pueblo, cuáles son sus componentes, cuáles son sus aspiraciones más profundas.

La reforma de las estructuras de producción y de distribución de nuestra economía aspira a establecer progresivamente el control eficaz del pueblo voltaico sobre los canales de producción y de distribución. Pues sin un verdadero dominio de esos canales, es prácticamente imposible edificar una economía independiente al servicio del pueblo.

Pueblo de Alto Volta,

Camaradas militantes y militantes de la revolución,

Las necesidades de nuestro pueblo son inmensas. La satisfacción de esas necesidades requiere que se emprendan transformaciones revolucionarias en todos los ámbitos.

En el ámbito de la salud y de la asistencia social a favor de las masas populares, los objetivos a alcanzar se pueden resumir así:
– Salud al alcance de todos;
– Emprender la asistencia y protección materna e infantil;
– Una política de inmunización contra las enfermedades transmisibles mediante la multiplicación de campañas de vacunación;
– Sensibilización de las masas para la adquisición de buenos hábitos higiénicos.

Todos estos objetivos no se podrán obtener sin la participación consciente de las masas populares mismas en el combate, bajo la orientación revolucionaria de los servicios de salud.

En la esfera de la vivienda, esfera de una importancia crucial, tendremos que emprender una política vigorosa para acabar con la especulación inmobiliaria y la explotación de los trabajadores mediante alquileres excesivos. En esta esfera, las medidas de importancia deberán aspirar a:
– Establecer alquileres razonables;
– Proceder a la lotificación rápida de los barrios;
– Desarrollar en gran escala la construcción de viviendas residenciales modernas en cantidades suficientes y accesibles a los trabajadores.

Una de las inquietudes esenciales del CNR es la unión de las distintas nacionalidades que componen Alto Volta en la lucha común contra los enemigos de nuestra revolución. Existe en nuestro país, en efecto, una multitud de etnias que se distinguen entre sí por su lengua y sus costumbres. El conjunto de estas nacionalidades conforma la nación voltaica. El imperialismo, con su política de divide y conquistarás, se esforzó por exacerbar las contradicciones existentes entre ellas, para enfrentarlas entre sí.

La política del CNR aspira a unir a estas diversas nacionalidades para que vivan en igualdad y gocen de las mismas oportunidades de éxito. Para hacer esto, se deberá hacer particular hincapié en:
– El desarrollo económico de las diferentes regiones;
– Promover los intercambios económicos entre ellas;
– Combatir los prejuicios entre las etnias, resolviendo en un espíritu de unión los diferendos que las enfrentan;
– Castigar a quienes instiguen las divisiones.

En vista de todos los problemas que nuestro país debe afrontar, la revolución se vislumbra como un desafío que, animados por la voluntad de vencer, debemos superar con la participación efectiva de las masas populares movilizadas en el seno de los CDR.

En el futuro próximo, con la elaboración de programas sectoriales, todo el territorio de Alto Volta será una enorme obra de construcción donde se requerirá del concurso de todos los voltaicos con capacidad y en edad de trabajar para el combate implacable que hemos de librar para transformar este país en un país próspero y radiante, un país donde el pueblo será el único amo de las riquezas materiales y espirituales de la nación.

Por último, debemos definir el lugar que ocupa la revolución voltaica en el proceso revolucionario mundial. Nuestra revolución forma parte integrante del movimiento mundial por la paz y la democracia, contra el imperialismo y contra todo tipo de hegemonía. Por eso nos esforzaremos por establecer relaciones diplomáticas con los demás países, independientemente de su sistema político y económico, sobre la base de los principios siguientes:
– El respeto recíproco de la independencia, la integri- dad territorial y la soberanía nacional;
– La no agresión mutua;
– La no injerencia en los asuntos internos;
– El comercio con todos los países en pie de igualdad y sobre una base de ventajas recíprocas.

Nuestra solidaridad y nuestro apoyo militantes irán a los movimientos de liberación nacional que combaten por la independencia de su país y la liberación de sus pueblos. Este apoyo se dirigirá en particular:
– Al pueblo de Namibia bajo la dirección de la SWAPO [Organización Popular del África Sudoccidental];
– Al pueblo saharaui en su lucha por recuperar su territorio nacional;
– Al pueblo palestino por sus derechos nacionales.

En nuestra lucha, los países africanos antiimperialistas son nuestros aliados objetivos. El acercamiento con estos países se hace necesario por los reagrupamientos neoco-loniales que se operan en nuestro continente.

¡Viva la revolución democrática y popular!

¡Viva el Consejo Nacional de la Revolución!

¡Patria o muerte, venceremos!

Fuente : http://www.thomsank.com/2009/11/09/orientacion-politica/