jueves, 12 de julio de 2018
DECLARACION DE LA UNION DE ARQUITECTOS PROLETARIOS (VOPRA)
DECLARACION DE LA UNION DE ARQUITECTOS PROLETARIOS (VOPRA)
En todas las épocas de la sociedad clasista la arquitectura se hallaba al servicio de los intereses de la clase dominante; al responder ante todo a exigencias utilitarias y al estar determinada por la economía y la técnica de una época determinada, la arquitectura expresaba la psicología de la clase dominante en mayor medida aún que cualquier otra forma artística.
La arquitectura de la época del capitalismo se caracteriza por su tendencia al embellecimiento y por su exaltación del formalismo y del tecnicismo como fines en sí mismos.
En la U.R.S.S., dentro de las condiciones de la revolución proletaria y de la construcción socialista, la arquitectura continúa hallándose en una fase propia del arte burgués; el constructivismo, el formalismo y sobre todo el eclecticismo representan las corrientes dominantes de la arquitectura de nuestros días. Estas corrientes, idénticas a las del Occidente capitalista, aunque modificadas y adaptadas a nuestras condiciones bajo la influencia de nuestra realidad, siguen siendo esencialmente ajenas a esta última.
Al mismo tiempo, sobre los fundamentos económicos del período de transición está elevándose una arquitectura proletaria. Una arquitectura que surge sobre la base de una economía planificada y de una técnica de vanguardia y que está obligada a asumir las tareas planteadas por el proceso de construcción de la nueva sociedad socialista.
La función social de la arquitectura en manos del proletariado adquiere una importancia particular. La arquitectura proletaria no es un instrumento de opresión y esclavitud, no es un arte pasivocontemplativo, sino un arte activo que debe convertirse en medio de emancipación de las masas, en potente levadura para la construcción del socialismo y de una nueva vida colectiva, organizando la psique, educando activamente la voluntad y el sentimiento de las masas para la lucha en favor del comunismo.
Rechazamos la arquitectura ecléctica y el método de los eclécticos que copian mecánicamente la vieja arquitectura siguiendo ciegamente los cánones y los esquemas clásicos. El eclecticismo se difunde particularmente en el campo arquitectónico en la época del capital comercialindustrial. Dada la anarquía de la producción y de la economía, fundadas en la propiedad privada y en la competencia, y reflejando los aspectos de este sistema económico, la arquitectura se iba transformando cada vez más en una mercancía. En nuestros días el eclecticismo es reaccionario por su utilización de los métodos más atrasados de la construcción; ignora las propiedades de los materiales modernos y los métodos de la producción urbanística, entrando en contradicción con las conquistas de la técnica industrial. El eclecticismo es reaccionario en cuanto que aspira a formas de vida fundadas en la pequeña propiedad, sofoca los gérmenes del nuevo modo de vida colectivista; es reaccionario y además enemigo nuestro en el plano ideológico, puesto que en la realidad da origen a formas clasistas que nos son extrañas.
Rechazamos el formalismo arquitectónico aparecido en el período del capitalismo industrial desarrollado, en el momento en que, como consecuencia del poderoso desarrollo de la técnica industrial, se produjo un distanciamiento entre las formas decorativas (ornamentos «en varios estilos» y las construcciones y materiales de nuevo tipo (cemento armado, vidrio, etcétera). Al destacar el eclecticismo, los arquitectos de esta tendencia que no tuvieron, sin embargo, la fuerza de hacer coincidir sus concepciones con las exigencias técnicas de los nuevos tiempos, se han hundido en los abstractos pantanos de una forma arquitectónica (nueva). El formalismo es la consecuencia del encuentro entre la psicoideología y las costumbres de la intelectualidad pequeñoburguesa y las tendencias monopolistas de la época del capital financiero.
Rechazamos el formalismo, su búsqueda de formas arquitectónicas abstractas realizada exclusivamente en laboratorios; unas formas en las que se introduce a la fuerza el contenido de la construcción y se ignora el proceso de la construcción, los materiales y la importancia de la técnica en el campo de la arquitectura.
Rechazamos el formalismo desarraigado de nuestras condiciones, de las tareas de carácter utilitario-social propuestas por el proletariado. Detestamos particularmente las fantasías y las utopías sin fundamento de los arquitectos formalistas en lo que concierne a la asunción de las tareas de carácter social y cotidiano, así como el carácter idealista de su teórica y de sus métodos de trabajo.
Reconocemos la función histórica positiva del constructivismo (así como del formalismo en el proceso de superación del eclecticismo, de la routine técnica en el planteamiento de los problemas de la racionalización, de la mecanización y de la standarización y en la propagación de la técnica industrial, etc. Pero al mismo tiempo observamos que el constructivismo, en las condiciones de la U.R.S.S., aun consiguiendo resultados positivos en lo que concierne a la crítica del eclecticismo y de las formas arquitectónicas preindustriales, no ha podido ir más allá de la fase de «izquierda» y «revolucionaria» ni en su teoría ni en su práctica.
Rechazamos el constructivismo que ha crecido sobre la base del capital financiero. Los rasgos esenciales del capital monopolista la aspiración a la racionalización y a la poderosa industrialización han determinado esta arquitectura. El constructivismo, además de negar el arte para sustituirlo con la técnica y la ingeniería, ha sido en el campo arquitectónico el reflejo de los grandes grupos capitalistas de la burguesía cuyo vehículo psicológico estaba representado por la intelectualidad técnica con su típico fetichismo de la máquina, con su antipsicologismo y su materialismo vulgar.
Renegamos del constructivismo de nuestra época que ignora el contenido artístico y los medios de influencia artística. Renegamos del constructivismo con sus invenciones abstractas, su ciega imitación y su pretensión de transferir mecánicamente a nuestro suelo la técnica occidental, sin tener en cuenta las condiciones locales y las posibilidades reales, la cantidad y la presencia de ciertos materiales y de ciertos factores económicos, con su fuga hacia adelante en lo que respecta a la solución de los problemas de carácter socialcotidiano.
Repudiamos el constructivismo que acaba en la complacencia estética por la construcción, en la imitación de las formas externas de la técnica industrial, y que se pierde en un tecnicismo sin más y en una fetichización de la máquina. Repudiamos la teórica de los constructivistas, fundada en el materialismo vulgar, y su funcionalismo formalmente técnico como método de trabajo y de análisis de la arquitectura.
Consideramos sin fundamento y nihilista la posición de los constructivistas que niegan toda función al arte en la conformación del organismo arquitectónico. Recordando que en nuestras circunstancias la arquitectura adquiere un papel dominante con respecto a las otras clases de artes espaciales, hemos de subrayar la necesidad, en el proceso formativo de la arquitectura, de investigaciones realizadas mediante la utilización de todos los tipos de arte con la vista en su unidad orgánica.
Rechazamos todo intento de enmascarar la función clasista de la arquitectura y de imponer al proletariado una arquitectura extraclasista cuya existencia sólo es posible en las condiciones de una sociedad comunista. Consideramos que en la época de la dictadura del proletariado y de la lucha por la organización socialista del mundo, la arquitectura debe ser clasista por su contenido y por su forma, debe satisfacer las exigencias del proletariado hoy hegemónico, proletariado que incluye a los trabajadores y a los oprimidos de todo el mundo; consideramos que la arquitectura de este período debe participar en la lucha de clases con todos los medios a su disposición.
Consideramos que la arquitectura proletaria debe desarrollarse utilizando el método del materialismo dialéctico en la teoría y en la práctica.
Estamos a favor de una arquitectura fundada en una base técnicocientífica moderna. En esta época de industrialización y de construcción del socialismo no podemos imaginar una arquitectura que, sin un gran progreso técnico, asimile métodos de trabajo más perfeccionados.
Al rechazar todo conservadurismo y cualquier invención utópica, venga de donde viniere, nos mostramos favorables al máximo progreso en el campo de la ciencia y de la técnica; estamos por una reorganización radical de los métodos de construcción, por la
mecanización, la standarización, etc., por una utilización clasista y crítica de todas las conquistas de la técnica europea y americana desde el punto de vista de su funcionalidad en nuestras condiciones concretas y dentro de nuestras posibilidades reales.
Al partir de los objetivos fundamentales de nuestra teoría debemos orientar la ciencia y la técnica hacia la mayor racionalización y el mínimo costo de nuestras construcciones. Para nosotros la cuestión de la economía y la racionalidad es fundamental.
El interés de clase del proletariado ante una revolución cultural y de las costumbres ha planteado a los arquitectos nuevas tareas e indica a la arquitectura uno de los instrumentos de lucha más importantes para alcanzar un modo de vida colectivo así como la reforma cultural.
Tendencias fundamentales en nuestra vida son: la aspiración a la colectivización en todos los campos y la creación de condiciones sanas y racionales para la vida en común, para el trabajo y para el descanso. El arquitecto tiene frente así toda una serie de tareas prácticas: la construcción de habitaciones no fundadas en la pequeña propiedad, sino de tipo colectivo. la construcción de fábricas vistas como puestos de trabajo organizado en un ambiente sano, la construcción de círculos aptos para un descanso inteligente y para la educación comunista de las masas, casas de reposo, asilos, etc.
Todas estas tareas deben ser asumidas no sólo desde el punto de vista de la racionalidad técnicoutilitaria y, en consecuencia, no sólo desde el punto de vista de las funciones estrictamente particulares del edificio (constructivismo), sino, sobre todo, desde el punto de vista de la amplia importancia social del edificio.
Nosotros pretendemos tener en cuenta el nuevo tipo de vida, queremos dedicar la máxima atención a los particulares y deseamos dar plena satisfacción a todas las exigencias del consumidor masivo de la arquitectura, ofrecer una satisfacción activa y no pasiva: el arquitecto debe ser un propagandista, el organizador de nuevas formas de trabajo y de vida cotidiana, sin alejarse de la realidad y sin quedarse en lo que ya ha sido adquirido; el arquitecto ha de encontrarse en la vanguardia del movimiento proletario.
Las tareas cotidianas de la arquitectura (habitaciones, círculos, fábricas, etc.) no constituyen sólo problemas de carácter productivo, de hábitos y técnica, sino también artísticos; son problemas relativos a la influencia alcanzable con medios arquitectónicos sobre el mundo emotivo del hombre, sobre su psique.
Las tareas cotidianas de la arquitectura (habitaciones, círculos, fábricas, etc.) conllevan la tendencia a organizar sólo las sensaciones (formalismo), así como la tendencia a complacerse sólo con la «belleza» (eclecticismo y constructivismo). Estamos a favor de un arte proletario que con su contenido exprese los intereses más profundos y las aspiraciones de la clase obrera y abarque toda la gama de las sensaciones, todo el complicado conjunto de las emociones y de las ideas humanas.
Estamos a favor de una arquitectura proletaria, clasista, a favor de un arte integral en el plano de la construcción de la forma, a favor de un arte audaz, capaz de organizar la voluntad de las masas conduciéndolas hacía la lucha y el trabajo. Estamos contra la separación de forma y contenido, de forma y construcción, y a favor de su unidad orgánica. Para nosotros la forma no es un canon ni un símbolo abstracto; la construcción no es un fin en sí misma: ambas son medios de expresión de un contenido concreto. El arquitecto debe dominar tanto el mundo formalcompositivo como el constructivo. Estamos a favor de la asimilación de la cultura del pasado, a favor del estudio con los métodos del análisis marxista, pero no para imitar y copiar mecánicamente (eclecticismo), sino para emplear críticamente la experiencia histórica en el proceso de creación de la arquitectura proletaria. Estamos a favor de la utilización de la dialéctica en el campo de la creación arquitectónica, así como del empleo de todas las conquistas de la ciencia moderna sobre la forma, el color, etc.
Así, pues, nuestro método en el campo de la arquitectura consiste en abarcar por completo toda la gama de intereses, en tener en cuenta el mayor número posible de elementos que determinan la arquitectura misma, en la conexión recíproca, en sus contradicciones y recíprocas influencias (socioeconómicas, emotivoideológicas, constructivotécnicas, etc.). Estamos en contra de cualquier solución aislada de los momentos particulares. Estamos a favor de una solución orgánica de todo el problema en su conjunto, yendo de lo general a lo particular y de lo particular a lo general, del análisis de las partes a la generalización sintética del todo. Estamos a favor de todas las soluciones completas de la arquitectura partiendo de las tareas económicas de carácter general, de las exigencias actuales y de las aspiraciones hacia el futuro teniendo en cuenta las condiciones específicas locales.
En cada tarea concreta nosotros concretamos nuestra atención sobre los momentos fundamentales de la misma, momentos dictados como siempre por los intereses de clase del proletariado a la arquitectura en su conjunto.
Estamos a favor del método del materialismo dialéctico en el trabajo de proyección y de investigación. La arquitectura proletaria no debe quedarse cerrada en un estrecho círculo de especialistas; al contrario, debe constituirse en patrimonio de las grandes masas con cuya participación, control y juicio ha de ser creada. El camino de la arquitectura proletaria lleva desde «el arte para las masas» al «arte de las masas». Y éste no es el camino del estudioso aislado y encerrado, sino el camino del enérgico trabajador social y del combatiente por la causa de la clase obrera.
Miembros fundadores del Vopra:
Alabian, Baburov, Babenkov, Vlasov, Deriabin, Zapletín, Zaslavski, Zílberg, Ivanov, Kozelkov, Kocar, Krestin, Kriukov, Kupovski, Mazmazian, Maca, Michailov, Mordvinov, Poliakov, Terechin, Simbirchev, Solodovnik, Faifel.
Texto de 1930, aproximadamente.
Fuente: Constructivismo (Ed. Comunicación, 1973)
Etiquetas:
Arquitectura,
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Documentación,
URSS
miércoles, 11 de julio de 2018
VIIVENDAS SOCIALES LA HERRADURA "HUFEISENSIEDLUNG", EN BERLÍN
Viviendas Sociales La Herradura “Hufeisensiedlung”
Arquitecto: Bruno Taut, Martin Wagner
Año: 1925-1933
Ubicación: Britz Süd, Neukölln, Berlín, Alemania
Introducción
En 2008 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el Proyecto Herradura o Hufeisensiedlung, que forma parte del Proyecto Residencial Britz del arquitecto Bruno Taut, como uno de los seis edificios de viviendas sociales estilo modernista berlinés. Los otros cinco son la Ciudad Jardín Falkenberg en el distrito de Treptow (B.Taut 1913-1916), la Ciudad Blanca en Reinickendorf (Otto Rudolf Salvisberg, Wilhelm Büning y Bruno Ahrends, 1929-1931), el Proyecto Carl Legien en Prenzlauer Berg (B.Taut 1928-1930), Siemensstadt en Charlottenburg (H. Scharoun, W.Gropius, otros, 1929-1934) y el Proyecto Schillerpark en Wedding (B.Taut 1924-1930, ampliado de 1953 a 1957. En los años noventa, el complejo de viviendas fue restaurado.
Historia
A consecuencia de la gran escasez de viviendas que sobrevino en Alemania después de la Gran Guerra, se crearon numerosas cooperativas, asociaciones públicas y sindicatos con el objetivo de construir viviendas económicas en Berlín.
Una de las asociaciones más grandes creadas con este objetivo, la GEHAG, fue fundada en 1919 para construir las viviendas de sus miembros. Comprometida con un progresivo plan de viviendas modernas, la asociación buscó la colaboración de nuevos arquitectos y en 1924 Bruno Taut fue nombrado arquitecto jefe del proyecto. Taut había estado involucrado en el desarrollo de la gran comunidad residencial Gross-Siedlungen, cuyo concepto residía en la construcción de grandes complejos habitacionales dentro de ciudades-jardín, también en otro proyecto similar en Magdeburg durante los años 1912-1915.
Para levantar las nuevas viviendas sociales se buscaron terrenos baratos, alejados del centro de Berlín pero bien comunicados con la ciudad, siendo éste el origen del Hufeisensiedlung. Cuando los habitantes de “Berlín centro” vieron el edificio, empezaron a quejarse y a decir que no se podía hacer una cosa tan bonita para la clase obrera…
Situación
El asentamiento se construyó en una zona al sur de la periferia del centro de Berlín, Britz Süd, en el distrito de Neukölln, Alemania, fue uno de las primeras “Gross-siedlung”, viviendas colectivas que se construyeron en la ciudad aplicando el concepto de Ciudad Jardín y realizadas por un arquitecto funcionalista. Sus accesos principales se encuentran en las calles Fritz-Reuter Allee 2/72 y Lowise-Reuter-Ring 1/47
Concepto
El concepto de Taut para el edificio en forma de herradura deriva de su deseo de llenar la necesidad de socialización de sus habitantes. Su intención era que los habitantes del complejo tuvieran contacto con la naturaleza, que disfrutaran de aire, luz y sol, de ahí los grandes balcones y ventanales que se abren al paisaje. Esta construcción está considerada históricamente como uno de los primeros intentos de humanizar la vivienda de alta densidad.
Percepción modernista
Color – Característica de Taut es el uso del color, conocido como el arquitecto cromático del modenismo, color que superdita a la función, lo utiliza para dar mayor vitalidad y animación sobre todo a las superficies externas, consiguiendo un conjunto digno que busca la identificación del usuario con su lugar.
Percepción del tipo – En Hufeisensiedlung predomina la “percepción del tipo” sobre la “percepción de lo único” propia de la arquitectura racionalista o moderna. Taut aplica en este proyecto los principios que desarrolla durante su etapa racionalista en 1929:
- mayor utilidad posible
- materiales y sistemas constructivos completamente subordinados a la utilidad
- relación directa entre edificio y finalidad. Dejando de lado factores como la simetría o las composiciones cerradas, se obtiene un mayor aprovechamiento de los espacios, también una mayor economía en la distribución de los recursos. Se distribuyen los espacios teniendo en cuenta las funciones para las cuales son proyectados, sin dar importancia a su configuración asimétrica.
- estética de la nueva arquitectura que no reconoce separación entre fachada y planta, entre calle y patio, entre delante y detrás. La casa y sus detalles no valen por sí mismos, forman parte del conjunto, perdiendo de este modo el aislamiento y la separación, viviendo en relación con los edificios que la rodean, convirtiéndose en un producto derivado de una disposición colectiva y social.
Este proyecto representa la idealización de Taut de la vida rural en las afueras de la ciudad, combinada con el sentido de eclecticismo existente a finales del XIX
Construcción
1925 – 1927
Entre 1925-1927 se construyó la primera fase que comprendía 1000 viviendas, convirtiéndose en el primer ejemplo de construcción de viviendas a gran escala según los principios de la Nueva Construcción y haciendo rentable por primera vez en Europa este tipo de proyecto, ayudado por las dimensiones de la obra, el uso de excavadoras y grúas y la planificación de antemano de un orden racional en las actividades.
1929-1933
Entre 1929 y 1933 se agregaron las casas unifamiliares con terrazas y techos a dos aguas que rodean el edificio principal y algunos edificios de departamentos para alquilar.
Las viviendas se construyeron siguiendo varios modelos estandarizados pero nunca en cantidades excesivas, la “Herradura” poseía unas 150 viviendas idénticas, la “Fritz Reuter Allee” unas 180.
La realización de los jardines y espacios públicos abiertos los realizó el jefe del departamento de Parques y Jardines de Neukölln, Ottokar Wagler, quien siguió los planos originales realizados por el experto paisajista Migge Leberecht
Espacios
El conjunto residencial formado por siete bloques, levantados en siete fases desde 1925 hasta 1933 en el estilo de la arquitectura moderna, encierra 1072 viviendas con 4 tipos de planta diferente, de las cuales 472 son casas unifamiliares y 600 están distribuidas en edificios de apartamentos de tres plantas. A diferencia de la mayoría de los proyectos típicos de las viviendas sociales, realizadas con posterioridad en la Alemania del los años 1920-1930, las losas de este edificio se organizan en bloques que definen el perímetro parcial de los amplios jardines interiores.
Los distintos edificios varían en alturas y detalles exteriores de modo que se consigue la diversidad sin el formato típico de una organización unificada. Es uno de los primeros ejemplos de techo plano en viviendas que se construyen en Berlín siendo motivo de gran controversia en la década de 1920 sobretodo por connotaciones políticas que remarcaban que en las viviendas de la zona los techos eran grandes y con empinadas cubiertas a dos aguas a las cuales Taut define como un “romántico ambiente”.
Aún así, algunas de las losas tenían una sección escalonada que colgaba como alero y tendía a suavizar el duro perfil de los edificios con techo plano.
Algunos de los edificios fueron pintados de color rojo, una señal más de la inclinación socialista de GEHAG y su arquitecto, mientras el color azul de los balcones y de parte de la fachada fue en aquellos tiempos muy criticado y hoy se ha convertido en un símbolo de la zona.
Edificio central
El edificio principal en forma de herradura fue levantado en torno a un jardín interior con un lago en su parte central.
Este edificio sigue un plano bastante convencional, con departamentos de 2 o 4 dormitorios a cuyas plantas se accede por una escalera. Esta escalera, en la fachada que da a la calle, sigue un patrón repetitivo de zonas acristaladas verticales que alternan con ventanas regulares.
Los balcones que se abren al lado opuesto dominan las fachadas que dan al jardín. Las pequeñas aberturas en la última planta son una característica de las viviendas de este período dando luz natural a los desvanes comunes, utilizados como lavaderos y almacenamiento.
A pesar de que algunos de sus pisos sólo tienen 49 m² de planta, siguen siendo muy codiciados ya que su alquiler siempre se mantuvo accesible.
Casas unifamiliares
Alrededor del edificio principal y a cierta distancia se levantaron hileras no simétricas de casas, algunas con techo a dos aguas otros planos, con áreas verdes y de recreo, dando al lugar aspecto de villa y combinando los principios de la ciudad jardín con los elementos urbanos de un gran block de viviendas.
El arquitecto Martin Wagner, inspector jefe urbanista para la ciudad de Berlín durante este período, entusiasta de la ciudad jardín desde antes de la guerra y acompañante de Taut en su viaje a Inglaterra diseñó algunas de las losas utilizadas en la construcción. Las casas de dos pisos distribuidas en hilera, cuentan con un amplio y completo sótano, techos a dos aguas y pequeñas ventanas abuhardilladas en el ático. La línea de edificación se adapta al terreno.
Materiales
En su construcción se utilizaron materiales de albañilería, ladrillos rojos, revoques de yeso y algunas terminaciones exteriores en madera. La carpintería de las ventanas, divididas en varios paños, también fue realizada en madera. Taut combinó materiales modernos como el acero y el vidrio con los materiales tradicionales de la construcción alemana como son la madera y la mampostería.
Otra combinación de la arquitectura moderna con la tradicional queda plasmada en el techo plano que contrasta con el tradicional techo inclinado cubierto con tejas rojasen algunas de las casas.
Para alegrar y hacer más agradable la vida a los habitantes del asentamiento, Taut combinó diversos colores en las fachadas, algunas casas fueron pintadas de azul, otras de rojo.
La sección más larga de la fachada del Fritz- Reuter-Allee está pintada en “Berlín Rot”, rojo guinda, por lo cual es conocida como “rote front”, frente rojo. Los accesos al edificio por esta fachada fueron pintados en azul intenso.
Fuente: Wikiarquitectura
martes, 10 de julio de 2018
UN RECORRIDO FOTOGRÁFICO POR LOS ANTIGUOS BALNEARIOS SOVIÉTICOS DE GEORGIA
Terraza de un balneario dando al mar Negro en Gagra, Georgia.
En un programa financiado por el estado, los ciudadanos estaban obligados a tomarse vacaciones en un balneario durante al menos dos semanas al año.
Por Elaina Zachos
En una pequeña localidad de Georgia centro-occidental, el follaje verde invade edificios derrumbados, reliquias de otra época. Grandes columnas, pilares y arcos pintados de color azul claro y turquesa se prolongan formando enormes sanatorios de la época soviética que en su día sirvieron como lugares de descanso para los ciudadanos exhaustos.
En la década de 1920, Tskaltubo era un spa en auge con una clientela exclusivamente soviética. Los ciudadanos acudían allí en bandada como parte de un programa de vacaciones obligatorias financiado por el estado cuyo objetivo era devolverles su energía al mismo tiempo que reflexionaban sobre los ideales soviéticos. Si los trabajadores gozaban de buena salud, en teoría, la mano de obra estaría sana y por lo tanto sería más productiva a la hora de apoyar al régimen.
Aunque muchos de los edificios están abandonados y se están derrumbando, algunas partes del balneario todavía se utilizan como complejo hotelero hoy en día. Estas fotografías captan la decadencia de la estructura, pero los colores todavía vivos y la integridad de los edificios sugieren un pasado grandioso.
«Todo esto es enorme y los pilares son muy altos, y sientes que se construyeron con mucho orgullo», afirma Reginald Van de Velde, explorador urbano que visitó el lugar en 2017. «Sientes el orgullo soviético en ellos».
En un programa financiado por el estado, llamado putevki, los ciudadanos estaban obligados a tomarse vacaciones en un balneario durante al menos dos semanas al año. Los ciudadanos viajaban en tren a los lujosos balnearios y, una vez llegaban, cada uno tenía su propia habitación. Los médicos les recomendaban una serie de tratamientos programados estrictamente, entre ellos un rato obligatorio para tomar el sol.
Pese a lo que pensemos de los spas hoy en día, estas instituciones de la época soviética eran estrictas. A los huéspedes no se les permitía venir con sus familias. Tampoco se recomendaba beber, bailar y hacer demasiado ruido, ya que podrían afectar a la capacidad de los huéspedes para reflexionar acerca del estado socialista. Aunque algunos balnearios de la época comunista todavía se usan y los complejos que visitó Van de Velde parecen estar abandonados, algunas de las estructuras en ruinas tienen residentes.
«Ahora, estos edificios están ocupados por refugiados», afirmó Van de Velde. Tras haber sido expulsados de sus hogares por el conflicto, los refugiados abjasios han convertido los sanatorios en sus propias casas y huertos improvisados.
En la actualidad, Tskaltubo todavía es una ciudad-balneario popular. Van de Velde explica que el edificio principal del sanatorio de la localidad todavía se usa, aunque cuando él lo visitó, no había muchos huéspedes. El complejo cuenta con un hotel, un restaurante y una bodega, y ofrece servicios tradicionales de spa, entre ellos baños radiactivos de radón y balneoterapia en forma de baños terapéuticos.
Aunque los sentimientos soviéticos desaparecieron hace ya tiempo, el espíritu restaurador del balneario todavía perdura.
Fuente: National Geographic
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lunes, 9 de julio de 2018
161 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE LA DIRIGENTE COMUNISTA ALEMANA CLARA ZETKIN
EL GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES
Las tesis del Gobierno Obrero, según Clara Zetkin y la III Internacional
Una de las cuestiones más importantes que el venidero Cuarto Congreso de la Internacional Comunista tendrá que examinar y sobre la que tendrá que decidir es, indiscutiblemente, la del Gobierno Obrero. Se ha planteado por la demanda por el Frente Único Proletario, la irrefutable necesidad e importancia primordial de lo que crecientemente se clarifica frente a la ofensiva cada vez más aguda y amplia de la burguesía mundial. La consigna del gobierno obrero se desarrolla orgánicamente de la lucha en la que las masas de mujeres y hombres trabajadores tienen que defender su mera existencia, incluso su vida misma contra el hambre insaciable de los capitalistas explotadores.
La oscura miseria de esta hora histórica convoca escandalosa y furiosamente por esta lucha. Si ha de ser levantada de forma exitosa, para desarrollarse cada vez más ampliamente en su alcance y cada vez más alto en su objetivo, necesita que las masas explotadas creen sus propios órganos de trabajo y lucha, que deben sobreponerse a la fragmentaciòn y al desgarramiento mutuo para agruparse como una fuerza unida y decisiva. Consejos de fábrica, comités de control, comités de acción, etc., llegarán a ser. Sólo, el efecto de dichos comités se mantendrá dentro de los límites más modestos. Peor aún, su efectividad será gradualmente paralizado, los consejos y comités mismos serán estrangulados si el poder gubernamental permanece en las manos de una minoría explotadora. También los extasiados fanáticos de la ‘democracia’ y de la ‘comunidad laboriosa’ de líderes obreros ‘moderados y razonables’, y de ‘comprensivos y bienintencionados’ representantes de la burguesìa en el gobierno van a aprender esta lección a través de la amarga experiencia.
Hay algo que sigue siendo verdad: o la burguesía tiene el control del gobierno y usa el poder gubernamental en su propio interés de clase o los trabajadores gobiernan y de la misma forma usan el gobierno en su propio interés de clase, o sea, contra la burguesía mercantilista. Un ‘equilibrio justo’ no existe. La regla de todos esos gobiernos de coaliciòn entre burgueses y partidos obreros han probado esto de forma manifiesta. Sea una coalición ‘amplia’ o ‘estrecha’, con más o menos líneas nítidas delimitadas a su derecha o izquierda puede, por supuesto, debilitar o reforzar este hecho fundamental. Pero no cambia nada en su esencia, su pepita básica de verdad, particularmente en estos tiempos donde el colapso del capitalismo abre conflictos de clases cada vez más profundos y hace la lucha entre ellos más afilada y amarga.
Los líderes obreros que ocupen algunos pocos puestos de gobierno de ninguna forma significan lo mismo que la conquista del poder político por el proletariado. Puede significar dinero en el bolsillo para individuos o ayudas a la clase pero siempre se mantiene como el fin de la burguesía, un medio para corromper y engañar al proletariado. Solamente un gobierno compuesto enteramente de representantes de los partidos y organizaciones obreras (incluyendo a los trabajadores intelectuales) merece el nombre de gobierno obrero. Porque semejante gobierno solamente puede ponerse en pie como el fruto de fuertes movimientos de la consciencia de clase y luchas en las que la mayoría explotada confronta con la minoría explotadora y la existencia de dicho gobierno exprese el crecimiento en el poder del proletariado. Esto sólo, defendido por todos los medios disponibles, es la base segura para un gobierno obrero que demuestra su derecho a existir en el hecho de que enérgicamente y a fondo sigue una política cuyo objeto es el bienestar de los productores y no las ganancias de los ricos que se llevan para ellos lo que otros producen.
Algo es seguro: el Gobierno Obrero significa un crecimiento en el poder político del proletariado pero de ninguna manera debe ser colocado en el mismo nivel que la conquista del poder político y estatal por parte del proletariado y el establecimiento de su dictadura. Para que el proletariado sea capaz de reclamar el poder polìtico y usarlo plenamente al servicio de su liberación, requiere el aplastamiento del Estado burgués y su aparato de poder. La maquinaria estatal burguesa corresponde por definición a los propósitos de poder para las clases explotadoras y poseedoras. Es inapropiado para las metas liberadoras del proletariado. Su carácter no cambia porque otra clase toma el control del aparato y lo deja funcionando. El proletariado debe crear en el sistema de consejos un Estado que exprese su poder y su dominación de clase a través de los órganos necesarios.
En contraste con esto, el gobierno obrero no destruye el Estado burgués, y sería una peligrosa autodecepción si los trabajadores se convencieran a si mismos o se dejaran convencer de que el gobierno obrero hace posible ‘vaciar’ el Estado burgués desde adentro. Así como el poder de la burguesía en la economía no se puede ‘vaciar’, eso tampoco puede ocurrir en el Estado. En ambas esferas su poder debe ser superado, aplastado, y eso solamente puede ser logrado por la fuerza del proletariado y no por la astucia del gobierno más astuto. El Gobierno Obrero es el intento de forzar al Estado burgués en el marco de sus limitaciones históricas esenciales, para servir los intereses históricos del proletariado.
La consigna del Gobierno Obrero, en consecuencia, se conecta con las ilusiones que las más amplias masas del proletariado, y particularmente las capas proletarizadas recientemente, tienen sobre la naturaleza y valor del Estado burgués democrático. Es una consigna política del período de transición del capitalismo al socialismo y el comunismo, y refleja dos cosas: primero, qué poco claro e indefinido es el conocimiento de la mayoría del proletariado sobre la naturaleza de la sociedad burguesa, su Estado y las condiciones de su propia liberación; y segundo, que un giro en la relación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado en favor de este último ha empezado pero aún no ha llegado a su fin. La correspondiente nueva relación es inestable y cambiante porque la crudeza de la consciencia del proletariado obstaculiza el completo y deshinibido despliegue del poder de la clase obrera en la lucha revolucionaria.
Está claro que la situación que se caracteriza por estos dos factores está llena de dificultades y peligros para las secciones individuales de la Internacional Comunista y, en consecuencia, para el proletariado mundial al que está llamada a dirigir. ¿Puede, en efecto, la consigna del gobierno obrero causar confusión en el campo de los comunistas, sacudir su certeza sobre su objetivo y su camino, causar una incorrecta aplicación de nuestras fuerzas y por ende su despilfarro, disminuyendo nuestra habilidad para liderar a las masas desposeídas a través del camino correcto? ¿Pueden, en efecto, ganar nuevos apoyos y emerger más fuertes, a través del uso de esta consigna, las viejas ilusiones burguesas reformistas cuya total destrucción es tarea de los comunistas? ¿Acaso todo esto no va a frenar el proceso de clarificación y auto-consciencia del proletariado, que es la precondición para que coloque toda su fuerza para conquistar el poder político y establecer su propia dictadura para destruir un capitalismo explotador y esclavizador?
Decidir estas cuestiones tiene enormes consecuencias, cargadas de responsabilidad. Lo esencial de la cuestión no es el apoyo de un Partido Comunista a un Gobierno Obrero, sino más bien el ingreso de los comunistas al mismo gobierno y, por lo tanto, la toma de responsabilidad por sus políticas. De acuerdo con las circunstancias, responder a todas estas preguntas positivamente - y por ende rechazando el gobierno obrero - puede separar a los comunistas de las masas de trabajadores, puede sacudir y temporalmente ahogar su creciente confianza de que siempre y en todos lados nos paramos junto a ellos, y vamos adelante con ellos cuando es correcto pelear contra un tenaz capitalismo y su poder. Si desechamos al gobierno obrero, los charlatanes burgueses y reformistas van a decirles a los trabajadores que no somos serios con todas las demandas que levantamos para aliviar las más urgentes necesidades diarias de los explotados y oprimidos, y que nos rehusamos a crear la fuerza que podría estar en la posición para llevarlas adelante. Si la Internacional Comunista responde a estas cuestiones dudosas inequívocamente por la negativa y propaga la consigna del Gobierno Obrero, no está excluido que alguna sección caiga presa del peligro de pagar el costo por la creación de un gobierno obrero con el abandono de importantes principios partidarios y de las condiciones esenciales para la creación de una fuerte conciencia de clase proletaria. Es posible que cubra con su nombre y reputación una política de cobardía y traición dirigida a ‘salvar’ al gobierno obrero. Semejante política no sólo comprometería al partido sino al comunismo en sí mismo.
Es, por lo tanto, entendible que nuestra Internacional no llegara a un acuerdo unánime cuando el Ejecutivo redondeó la consigna ¡Por el Frente Único Proletario! con ¡Por un Gobierno Obrero! Esta conclusión, obtenida de la lucha defensiva contra la gran ofensiva de los capitalistas, fue fuertemente cuestionada por muchos. Naturalmente, en particular por aquellos camaradas que también rechazan el Frente Único Proletario o lo aceptan de palabra como una amarga necesidad pero en sus corazones esperan que en su práctica le vaya como al Diablo y busquen evitar y limitarlo lo más posible, torturados por el miedo de ser ‘descarriados hacia un pantano oportunista’. Las razones que arguyen los oponentes al gobierno obrero son largamente las mismas que extrajeron de estos temores y usaron para pelear contra el Frente Único Proletario, refiriendo a la ‘especial situación’ de su Partido Comunista en su país. Ya han sido manifestadas en números anteriores de este periódico y no necesitan ser repetidas.
Artillería más pesada que estos típicos argumentos puede ser traída a colación contra el gobierno obrero. Es la muy mala experiencia que el proletariado de distintos países ha atravesado con los denominados gobiernos obreros. En Australia, un gobierno obrero se puso en pie sobre la base de las arenas movedizas de una combinación parlamentaria que era correcta. Luego, en vez de alzar y solidificar el poder de clase de los obreros, lo limitó y debilitó, no solamente con cadenas legales sino también confundiendo y entorpeciendo la consciencia de clase proletaria. Honró al proletariado con cortes de arbitraje y juntas de conciliación, que hicieron virtualmente imposibles las luchas salariales y las huelgas - o al menos significativamente más difíciles -, y por ende entregaron los trabajadores a la explotación atados de pies y manos. Generalmente la política del gobierno obrero significaba comedores de beneficencia para los obreros y nutritivas comidas para la burguesía. Se pagó por tolerar la total subordinación a la burguesía.
En verdad, las acciones de los gobiernos obreros en Brunswick, Turingia y Sajonia fueron una mayorìa de social-demócratas e independientes que tuvieron y tienen el timón del Estado en sus manos, y nada más digno de alabanza - ¡todo lo contrario! Las políticas de estos gobiernos obreros fueron y son un ejemplo shockeante de lo que un gobierno obrero no debería ser. Solamente son gobiernos obreros de nombre, teniendo sólo la característica superficial de haber sido construidos por representantes de los dos partidos reformistas alemanes. Sus políticas los definen como burgueses hasta las entrañas. Desde rechazar medidas de largo alcance para pelear contra la miseria de masas a costa de los grandes negocios, comerciantes, especuladores y usureros, hasta bloquear el parlamento sajón contra movilizaciones obreras, la violenta represión a los huelguistas en Brunswick, el uso de la 'Technische Nothilfe' (una organización de canallas sostenidos por el Reich) contra obreros rurales en huelga en Turingia, y el rechazo al derecho a huelga de los funcionarios públicos - basados en Groener y Wirth. Y todo eso en una situación que es objetivamente revolucionaria y grita por la más feroz puesta en pie por los intereses del proletariado en todos los aspectos.
¡Los rastros nos aterrorizan! [Lo que hemos visto nos aterroriza pero no es la película completa]. Un Partido Comunista cometería suicidio si se paseara entre los confortables y bien-nacidos caminos de los partidos obreros reformistas avergonzados de la revolución, sus pretendidos estadistas, y dentro de los gobiernos obreros y gobiernos ‘puramente’ social-demócratas. Pero mirando más de cerca, las debilidades, estupideces y crímenes de dichos gobiernos obreros como los conocimos hasta ahora en ninguna forma, necesariamente, habla en contra de un gobierno obrero en la concepción comunista, que puede nacer de de la vanguardia y de la lucha de las grandes masas del proletariado, y debe vivir y actuar en estrecha alianza con la vanguardia y la pelea de esas masas. Sólo confirman que los partidos obreros reformistas se han mostrado hasta ahora como totalmente incapaces de desarrollar una política obrera de gran estilo. En la presente hora histórica, una verdadera política obrera debe ser una política revolucionaria, la más aguda política de lucha contra la burguesía, orientada al reforzamiento del poder del proletariado. Los Scheidemanns y Dittmans de segundo rango [lideres de la mayoría y de la socialdemocracia independiente] han mostrado que - como el proverbio italiano dice - ‘el hábito no hace al monje’. Sin embargo, el gobierno obrero no es un concepto fijo y fosilizado que domina la vida política. Puede ser tanto un componente de la más vívida vida política si es y permanece la expresión no falsificada de la vida histórica de la clase proletaria, la expresión de una consciencia en desarrollo y de una voluntad de poder del proletariado. Pelear por un gobierno obrero y, si las condiciones son las adecuadas, entrar en él, la participación en él puede ser una tarea, una necesidad para los Partidos Comunistas.
Las experiencias precedentes arrojaron algo de luz sobre qué es significativo sobre la disputada cuestión. Hay diferentes tipos de gobiernos obreros, que van de una coalición de verdaderos partidos obreros con partidos burgueses reformistas a través de una coalición socialdemócrata ‘pura’. Pero no cualquier tipo de gobierno obrero puede servir aunque sea como propaganda y lema de agitación de los comunistas, colocado como un objetivo de la lucha. Es decisivo para la política de los comunistas hacia un gobierno obrero no su composición de partidos políticos sino la política que implementa. Las políticas de un gobierno obrero van a estar definidas, de todas formas y en última instancia, por la actividad y pasividad de las masas proletarias, a través de la madurez de su consciencia y voluntad, y el correspondiente uso del poder. El proletariado recibe el tipo de gobierno obrero que está preparado a tolerar.
Entonces vemos un pensamiento ahistórico y mecánico que sólo funda su opinión en formas externas y fórmulas esquemáticas cuando, en nombre de los principios comunistas, la posición en el gobierno obrero depende de si es el producto de la lucha revolucionaria de las masas o el fruto de una combinación parlamentaria. Por más fuerte que deseemos la primer opción, no debemos pasar por alto que una formación parlamentaria también puede fomentar el avance del movimiento de masas y su actividad. Por cierto: sólo un impacto indirecto y más débil, pero aún así un impacto en la vida de la clase obrera. En Inglaterra, por ejemplo, existe la inminente posibilidad de que un gobierno obrero alcance el poder por medios parlamentarios sin grandes shocks o luchas revolucionarias. Solamente una verdadera transformación en la conciencia y posición de poder del proletariado debe haber precedido la consecuencia parlamentaria. Esta transformación presiona hacia una consistente política obrera, que no puede ser llevada a cabo sin una aguda confrontación con la burguesía. Entonces aparece que en Inglaterra, serios movimientos de masas revolucionarios no van a preparar el camino a un gobierno obrero sino que será por su acompañante y protector.
La consigna de nuestro Ejecutivo “¡Por un Gobierno Obrero!” contiene como su consecuencia final e ineludible la entrada de los comunistas en un gobierno obrero, trabajando juntos y compartiendo responsabilidades con organizaciones y partidos obreros no comunistas. No puede ser negado que que incluso tomando una activa posición por plantear un gobierno obrero, pero mucho más la participación en él, puede incrementar el peligro para los comunistas en convertirse en prisioneros de un banal oportunismo y vendiendo los fundamentos comunistas de nuestra política por sucesos cotidianos, de corto alcance. Ell peligro de caminar en un pantano oportunista se adhiere no solamente por la entrada en un gobierno obrero pero mucho más a cualquier actividad que se coloca afuera del círculo sectario de las plegarias, uno que debería permanecer pequeño por el bien de la pureza.
La preocupación maternal de evitar los peligros conduce a un quietismo auto-suficiente, a una pasividad inmaculada a través de la cual el Partido Comunista se aísla de las masas, pierde su contenido histórico vívido y cae como presa a la fosilización. Por su esencia, la tarea de los Partidos Comunistas es que ellos mismos desenvuelvan la actividad revolucionaria más alta políticamente y, a través de esto, a través de su propia actividad para lograr el desarrollo de la actividad más alta de las masas proletarias, como un acero dibujando las chispas de ignición de un pedazo de pedernal. Es bastante no-comunista renunciar al trabajo y la lucha por los peligros inevitables. De lo que se trata es de lidiar con los peligros. Los peligros inherentes a la situación - caer por medio de la práctica de un gobierno obrero en un oportunismo ocupado y sin resultados - son combatidos de la mejor forma (junto a la fuerte unidad ideológica y organizativa del Partido Comunista y su estricta disciplina) persiguiendo una fuerte actividad orientada por objetivos y el más íntimo vínculo orgánico con las masas proletarias.
Tan ahistórica como el rechazo al gobierno obrero por miedo al oportunismo es la concepción de que el gobierno obrero debe ser, bajo todas las circunstancias, un estadío transicional entre el Estado burgués y el Estado obrero, un inevitable y no desagradable ‘sustituto’ para la dictadura del proletariado. Un gobierno obrero ciertamente puede pero de ninguna forma debe ser una etapa transicional hacia el poder de la clase proletaria. La historia de la Revolución Rusa lo prueba. Con la tremenda agudización del conflicto de clases en el mundo capitalista desarrollado y la creciente agudeza de la lucha de clases, se puede desenvolver un relativamente rápido giro en la relación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado que puede dirigir directamente a que éste conquiste el poder e instituya su dictadura. Además, también se excluye que el Congreso Mundial de la Internacional Comunista proclame el gobierno obrero como una meta fundamental y objeto de lucha por el cual se debe pelear en cualquier circunstancia. Gobierno Obrero como ‘reemplazo de la dictadura’ es una cómica concepción que ignora que uno no puede poner nuevo vino en viejas botellas. El contenido histórico de la dictadura del proletariado debe tirar abajo el Estado de la clase burguesa, incluso uno democrático-burgués.
En, fácilmente, la mayoría de los países bajo la dominación capitalista, el gobierno obrero aparece como la culminación máxima de la táctica del Frente Único, como la propaganda y la consigna de guerra de la hora. Las condiciones concretas en cada uno de estos estados decidirán cómo y bajo qué condiciones el lema puede convertirse en un objetivo de lucha. Podemos concebir situaciones, los contextos en cuales los Partidos Comunistas deben luchar y dar batalla para entrar a un gobierno obrero aun bajo circunstancias muy difíciles. Las condiciones para esto, serán diversas y diferentes. Estas no pueden ser especificadas en “reglas” de antemano. Aún como siempre ciertos factores deben ser decisivos: la limpieza de la cara que presenta el Partido Comunista; la independencia de la política comunista; los fuertes lazos con las masas; una orientación para profundizar y acelerar el proceso de toma de conciencia en la clase obrera y, por ende, el crecimiento de su poder. Por supuesto, esta es una precondición para la política revolucionaria de un verdadero gobierno obrero que se apoya en el poder organizado de los trabajadores, armados para la lucha, fuera del Parlamento. Donde la práctica del Frente Único Obrero empuja hacia adelante al gobierno obrero, éste puede – si es correctamente concebido e implementado, ser un paso adelante hacia la dictadura del proletariado. Amolar eso será decidido no sólo por las condiciones dadas, sino también el entendimiento y la voluntad de los partidos comunistas, que se convierten en un acto de voluntad y comprensión de las masas. Pongámoslo a prueba, ¡actuemos!
Escrito: Diciembre de 1922.
Publicado por vez primera: en 'Die Kommunistische Fraueninternationale', (‘La Internacional Comunista’), y luego como parte del libro, Clara Zetkin, 'Zur Theorie und Taktik der Arbeiterbewegung', (‘Sobre la teoría y la táctica del gobierno obrero’), Reclam Verlag, Leipzig, 1974
Fuente de la versión castellana: Tendencia Piquetera Revolucionaria (Argentina).
HTML para marxists.org: Rodrigo Cisterna, 2013
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domingo, 8 de julio de 2018
"RETRATO DE WILHEM PIECK", DEL ARTISTA DE LA RDA WALTER WOMACKA
Retrato de Wilhem Pieck
Walter Womacka
186 x 120 cm
Oleo sobre madera
Wilhelm Pieck (Guben, 1876 - Berlín, 1960) Político alemán que fue el primer presidente de la República Democrática Alemana (1949-1960) tras la constitución de este Estado en 1949. Pieck conoció las ideas socialistas de la mano de los sindicatos obreros, ya que, al igual que el resto de su familia, de joven trabajó en la carpintería de su padre. A los diecinueve años, movido por su repulsa al sistema de trabajo de la época, se afilió al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), en el seno del cual inició una ascendente carrera que lo llevó, en 1912, a ser elegido diputado.
A pesar de ello, la progresiva radicalización de sus ideas, visiblemente más izquierdistas que la dirección de su partido, contribuyó a que los antaño breves enfrentamientos se convirtieran en una incompatibilidad a todos los niveles. El principal motivo de conflicto se estableció alrededor del dilema más abierto de la Europa de la época: la beligerancia entre los países europeos previa al estallido de la Primera Guerra Mundial.
La llamada antibelicista efectuada desde los postulados comunistas se basaba en la igualdad de la clase obrera ante un conflicto en el que sólo el capitalismo saldría vencedor; la comunión de Wilhelm Pieck con esta corriente hizo que saltaran chispas con la postura oficial del SPD, fiel a los designios imperialistas del kaiser Guillermo II. Este fue el camino que llevó a Pieck a entablar contactos con Rosa Luxemburgo y con Karl Liebknecht, los fundadores del movimiento espartaquista.El movimiento, nacido en principio como una corriente política en el seno del SPD, se separó oficialmente de éste en 1916 para engrosar las filas del USPD (Partido Socialdemocráta Independiente) y, posteriormente, ser un grupo autónomo. Wilhelm Pieck recorrió un camino similar, aunque se salvó del encarcelamiento de los espartaquistas por los disturbios de Múnich y Stuttgart en 1917.
Con el advenimiento de la República de Weimar (1918), tras la derrota alemana en la guerra, Pieck se convirtió en uno de los principales ideólogos de las conversaciones entre los grupúsculos de izquierdas que, en 1919, acabarían con la fundación del Partido Comunista de Alemania (KPD). Desde ese mismo año, Pieck formó parte del Comité Central del partido, aunque la purga estatal contra los espartaquistas que habían protagonizado el levantamiento de noviembre lo obligó a exiliarse a Italia.
Abandonó el país transalpino en 1921 para regresar a Alemania y, de nuevo al frente del KPD, fue elegido diputado del Parlamento prusiano (1921-1928) y, después, del propio parlamento alemán (Reichstag), puesto que ocupó entre 1928 y 1933. El surgimiento del nazismo en este período hizo que el discurso político de la izquierda subiese de tono en estos últimos años, aunque el auge de la ideología de Adolf Hitler fue imparable y, de nuevo, obligó a Pieck al exilio, esta vez de incógnito y sin posibilidad de regreso, toda vez que el partido nazi había ofrecido una jugosa recompensa a sus "cachorros" por su cabeza.
No obstante, el prestigio político de Wilhelm Pieck continuaba siendo intachable en la política de izquierdas europea, como lo prueba que, desde 1928 e ininterrumpidamente, ostentase un puesto en el Comité Central de la III Internacional Obrera. En el exilio parisino (1933-1936) y en el moscovita (1936-1945), la voz de Pieck se elevó para criticar los excesos del gobierno nazi, que, como es sabido, condujo a la ruina, a la destrucción y a la división a uno de los más potentes estados del mundo.
Acabada la Segunda Guerra Mundial (1945), Pieck regresó a Alemania y tomó parte en las reuniones del reparto de Berlín en cuatro zonas de influencia. Tremendamente disgustado por la intromisión norteamericana en la capital de Alemania, Pieck cerró filas alrededor de sus antiguos compañeros, tanto del SPD como del KPD, para evitar esta intervención, acción que se concretó en 1946 cuando los restos de ambos partidos se fusionaron en el Partido Socialista Unificado, organismo que veló por los intereses de la porción de Alemania bajo competencia de la URSS.
A la cabeza del gobierno se situaron dos presidentes en régimen colegiado, Otto Grotewohl y el propio Pieck. Siempre al frente del comunismo germano, el momento cumbre de su carrera política llegaría en 1949, cuando fue elegido presidente de la recién creada República Democrática Alemana (RDA). Los duros años de la posguerra alemana, que convirtieron a Berlín en el centro mundial del espionaje en plena Guerra Fría, hicieron que el régimen de Pieck se caracterizase por su intransigencia contra Occidente, aunque en los últimos años esta primigenia actitud se transformó un tanto mediante la llegada de nuevas generaciones políticas a los puestos inferiores de la administración germano-oriental. Pieck falleció en Berlín en 1960, cuando era todavía presidente y después de una vida dedicada a la reivindicación política del sistema comunista.
Fuente: Biografías y Vidas
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sábado, 7 de julio de 2018
"LA CONFESIÓN", PELÍCULA DE COSTA-GAVRAS
Título original: L'Aveu
Año: 1970
Duración: 135 min.
País: Francia
Dirección: Costa-Gavras
Guión: Jorge Semprún (Libro: Artur London)
Música: Giovanni Fusco
Fotografía: Raoul Coutard
Reparto: Yves Montand, Simone Signoret, Gabriele Ferzetti, Michel Vitold, Jean Bouise, Laszlo Szabo, Monique Chaumette, Guy Mairesse, Marc Eyraud, Gérard Darrieu, Gilles Segal, Charles Moulin, Nicole Vervil, Georges Aubert
Sinopsis: El guión de Jorge Semprún se basa en el libro homónimo de Artur London que narra en primera persona las purgas estalinistas de las que fueron víctimas los disidentes del Partido Comunista checoslovaco, entre ellos el propio London. Estas purgas tuvieron lugar en el famoso Proceso de Praga de 1952.
Artur London, checo, revolucionario, comunista, hombre de acción y pensamiento, vino a España como voluntario, encuadrándose en las Brigadas Internacionales. “Estoy aquí porque soy voluntario y daré, si es necesario, hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad de España, la libertad del mundo entero”, proclamaba. Después, terminada su lucha internacionalista, prosiguió en la Resistencia francesa contra los nazis. Detenido y deportado a Mauthausen consiguió, igual que uno de mis hermanos, sobrevivir a aquel infierno. El resto es conocido: 1945, liberación de Europa, capitulación de Alemania, París es una fiesta. Artur tiene 30 años y está delgado. Una juventud, que parecía eterna, entregada a la causa del antifascismo. Luego vino Stalin y los stalinistas checos: represión, juicio, cadena perpetua. Artur London era Viceministro de Asuntos Exteriores y fue uno de los condenados en el Proceso de Praga de 1952. Pero esta vez eran los suyos, y los jueces que le investigaban, sus compañeros. O los que él creía suyos: los nuestros. En 1956, excarcelado, rehabilitado, escribió este libro que tardó varios años, hasta 1963, en ver la luz de la imprenta en su país. Más tarde redactó "La confesión" (1968), sobre el stalinismo en Praga, obra que alcanzó fama mundial gracias a la película de Costa Gavras, "L'aveu" (Francia, 1970), con Yves Montand y Simone Signoret, guión del “cabeza de chorlito”, Pasionaria dixit, Jorge (George) Semprún, antiguo Ministro de Cultura del Reino de España.
Dice el impertinente Borges, o si no lo dice se lo atribuyo en este lance, que todos somos griegos en el exilio. Quizá nuestro origen cultural sea ese (o nos guste creerlo) y nos sintamos, en ocasiones, fuera de nuestro territorio intelectual. En realidad, prefiero situarme en un espacio más concreto, un lugar común para los que hemos transitado, con mayor o menor fortuna, los empedrados caminos del comunismo: todos hemos sido (o somos) stalinistas en el exilio. Titulo esta nota introductoria "Asuntos de familia en la dacha de Stalin". Artur London, como muchos de los jóvenes comunistas, dirigentes o no, que combatieron en la Guerra de España (una acertada denominación frente a los que, con perversas intenciones, llaman guerra civil a la guerra europea antifascista, antesala de la segunda mundial, que sufrió España entre 1936 y 1939), padecieron a su regreso las atroces embestidas del pensamiento único staliniano. Acusados de desviacionistas, trotskistas, herejes de variadas familias, anticomunistas, muchos de esos muchachos tuvieron un destino fatal e inesperado.
María Toledano, en "Asuntos de familia en la Dacha de Stalin", en El Otro País, noviembre de 2010.
Fuente: Rebeldemule
Fragmentos del capítulo cinco de La confesión, de Artur London: https://www.lainsignia.org/2002/noviembre/cul_056.htm
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
Año: 1970
Duración: 135 min.
País: Francia
Dirección: Costa-Gavras
Guión: Jorge Semprún (Libro: Artur London)
Música: Giovanni Fusco
Fotografía: Raoul Coutard
Reparto: Yves Montand, Simone Signoret, Gabriele Ferzetti, Michel Vitold, Jean Bouise, Laszlo Szabo, Monique Chaumette, Guy Mairesse, Marc Eyraud, Gérard Darrieu, Gilles Segal, Charles Moulin, Nicole Vervil, Georges Aubert
Sinopsis: El guión de Jorge Semprún se basa en el libro homónimo de Artur London que narra en primera persona las purgas estalinistas de las que fueron víctimas los disidentes del Partido Comunista checoslovaco, entre ellos el propio London. Estas purgas tuvieron lugar en el famoso Proceso de Praga de 1952.
Artur London, checo, revolucionario, comunista, hombre de acción y pensamiento, vino a España como voluntario, encuadrándose en las Brigadas Internacionales. “Estoy aquí porque soy voluntario y daré, si es necesario, hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad de España, la libertad del mundo entero”, proclamaba. Después, terminada su lucha internacionalista, prosiguió en la Resistencia francesa contra los nazis. Detenido y deportado a Mauthausen consiguió, igual que uno de mis hermanos, sobrevivir a aquel infierno. El resto es conocido: 1945, liberación de Europa, capitulación de Alemania, París es una fiesta. Artur tiene 30 años y está delgado. Una juventud, que parecía eterna, entregada a la causa del antifascismo. Luego vino Stalin y los stalinistas checos: represión, juicio, cadena perpetua. Artur London era Viceministro de Asuntos Exteriores y fue uno de los condenados en el Proceso de Praga de 1952. Pero esta vez eran los suyos, y los jueces que le investigaban, sus compañeros. O los que él creía suyos: los nuestros. En 1956, excarcelado, rehabilitado, escribió este libro que tardó varios años, hasta 1963, en ver la luz de la imprenta en su país. Más tarde redactó "La confesión" (1968), sobre el stalinismo en Praga, obra que alcanzó fama mundial gracias a la película de Costa Gavras, "L'aveu" (Francia, 1970), con Yves Montand y Simone Signoret, guión del “cabeza de chorlito”, Pasionaria dixit, Jorge (George) Semprún, antiguo Ministro de Cultura del Reino de España.
Dice el impertinente Borges, o si no lo dice se lo atribuyo en este lance, que todos somos griegos en el exilio. Quizá nuestro origen cultural sea ese (o nos guste creerlo) y nos sintamos, en ocasiones, fuera de nuestro territorio intelectual. En realidad, prefiero situarme en un espacio más concreto, un lugar común para los que hemos transitado, con mayor o menor fortuna, los empedrados caminos del comunismo: todos hemos sido (o somos) stalinistas en el exilio. Titulo esta nota introductoria "Asuntos de familia en la dacha de Stalin". Artur London, como muchos de los jóvenes comunistas, dirigentes o no, que combatieron en la Guerra de España (una acertada denominación frente a los que, con perversas intenciones, llaman guerra civil a la guerra europea antifascista, antesala de la segunda mundial, que sufrió España entre 1936 y 1939), padecieron a su regreso las atroces embestidas del pensamiento único staliniano. Acusados de desviacionistas, trotskistas, herejes de variadas familias, anticomunistas, muchos de esos muchachos tuvieron un destino fatal e inesperado.
María Toledano, en "Asuntos de familia en la Dacha de Stalin", en El Otro País, noviembre de 2010.
Fuente: Rebeldemule
Fragmentos del capítulo cinco de La confesión, de Artur London: https://www.lainsignia.org/2002/noviembre/cul_056.htm
VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
viernes, 6 de julio de 2018
"HOUSE OF SOVIETS", ¿POR QUÉ SE DEBE PRESERVAR ESTE SÍMBOLO DEL BRUTALISMO SOVIÉTICO?
Kaliningrado es una ciudad rusa ubicada en Europa Oriental, que comparte fronteras al norte y al este con Lituania y al sur con Polonia. La ciudad fue parte del territorio alemán hasta 1945, la cual, tras la Segunda Guerra Mundial, pasó a ser parte de la Unión Soviética cambiándole de nombre de Königsberg a Kaliningrado.
Su arquitectura es una mezcla exótica de distintos periodos históricos y culturales, que van desde el legado prusiano, hasta la arquitectura alemana y el modernismo soviético.
House of Soviets es un edificio emblemático pues fue construido sobre el Castillo de Königsberg, el cual quedó fuertemente destruido después de la Segunda Guerra Mundial. Una vez ocupada la ciudad por la Unión Soviética, las autoridades decidieron demoler el castillo en su totalidad, pues, en su opinión, era un símbolo de fascismo.
El nuevo proyecto soviético pretendía ser un edifico de uso mixto de 28 pisos. Sin embargo, se lograron construir sólo 21 de ellos ya que sus fundaciones resultaron ser inadecuadas para el terreno pantanoso, el cual, además, contenía restos y ruinas del Castillo de Königsberg.
En 1985, el comité regional se quedó sin fondos para continuar con el desarrollo de House of Soviets, dejando construida sólo la obra gruesa. En 2005, para el aniversario número 60 de Kaliningrado, se le hizo una pequeña remodelación en la cual se le agregaron ventanas y se le pintó de color celeste pastel.
Actualmente, se están realizando trabajos de recuperación en el espacio público de la primera planta. La idea es formalizar espacios que ya estaban siendo usados por la comunidad para realizar actividades culturales y deportivos.
Expertos dicen que sería más barato y seguro demolerlo y construir una obra nueva, sin embargo, House of Soviets no es sólo reconocido por los habitantes de Kaliningrado como el símbolo de su ciudad, si no también es un excelente ejemplo de arquitectura brutalista soviética que vale la pena preservar.
Arquitecto: Yulian L. Shvartsbreim
Ubicación: Kaliningrado, Óblast de Kaliningrado, Rusia
Año Proyecto: 1970
Fotografías: Maria Gonzalez
Referencias
[1] Oleg Vasyutin, Alexander Popadin “Historical and Analytical Review King's Mountain in Kaliningrad“.
Accessed June 19, 2018 https://issuu.com/tuwangste/docs/koenigsberg_in_kaliningrad_eng
[2] House of Soviets (Kaliningrad) Wikipedia
Accessed June 19, 2018 https://en.wikipedia.org/wiki/House_of_Soviets_(Kaliningrad)
Fuente: María Francisca González. "House of Soviets ¿Por qué se debe preservar este símbolo del brutalismo soviético?" 01 jul 2018. Plataforma Arquitectura. Accedido el 4 Jul 2018.
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jueves, 5 de julio de 2018
BANKSY INVADE PARÍS CON GRAFITIS QUE RETRATAN LA REALIDAD
Graffiti de Banksy dedicado a Mayo del 68
El Pompidou protegerá el graffiti de Banksy homenaje a la revolución de Mayo del 68
A lo largo de esta semana Banksy ha confirmado la autoría de varios graffitis en la ciudad de París. Uno de los mismos ha aparecido en la pared junto al párking del Centro Pompidou, en el que el artista británico homenajea la revolución estudiantil de Mayo del 68. Ante la nueva pieza de Banksy, el museo francés ha declarado su intención de proteger con plexiglás la obra.
El mural del Pompidou de París muestra una rata armada con un cúter y con el hocico cubierto con un pañuelo. Esta pieza se suma a otros ocho graffitis con los que desde la semana pasada Banksy ha dejado su particular sello en la ciudad. Todos los graffitis tienen fuerte carga política, y tratan entre otros asuntos, temas como la crisis migratoria o los atentados yihadistas.
«No nos ha pedido conservarla, pero seríamos estúpidos de no hacerlo», ha afirmado el director del Museo Nacional de Arte Moderno y encargado de la programación artística del Pompidou, Bernard Blistène.
Cada vez que alguna «obra pirata» aparece en el edificio, según contó en la presentación de la nueva programación de la institución para 2018/2019, el Pompidou «la documenta de forma precisa, con fotografías» e incluso vídeos.
En esta ocasión, el museo ha decidido protegerla con «plexiglás» para evitar que sea vandalizada, como ya ha ocurrido con otras de las aparecidas en la capital francesa.
Banksy, cuya identidad mantiene en absoluto secreto, ha reivindicado la autoría en su cuenta oficial de Instagram, con un par de fotografías y el mensaje «Cincuenta años desde la revolución en París de 1968. El lugar de nacimiento del arte moderno con plantillas».
Fuente: El Tiempo Digital
El retrato napoleónico de Jacques-Louis David cubriendo la figura del futuro emperador cubierto con un largo velo rojo realizado por Banksy en París
miércoles, 4 de julio de 2018
LIBRO "ANDALUCES LEVANTADOS. EL TRIENIO BLOCHEVIQUE ANDALUZ. CÓRDOBA (1918-1920)"
Andaluces levantados. El trienio bolchevique andaluz. Córdoba (1918-1920)
Miguel Ángel Peña Muñoz
Atrapasueños
TIEMPO DE REVOLUCIÓN. EL TRIENIO BLOCHEVIQUE EN ESPAÑA
Los campesinos y los artesanos de oficio protagonizaron durante tres años un periodo de movilización.
Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018
Miguel Ángel Peña Muñoz
Atrapasueños
TIEMPO DE REVOLUCIÓN. EL TRIENIO BLOCHEVIQUE EN ESPAÑA
Los campesinos y los artesanos de oficio protagonizaron durante tres años un periodo de movilización.
La historia no es tan rígida y tan homogénea como a veces se presenta. De haber sido así estaría hablando de entes monolíticos que poco tendrían que ver con la realidad. La historia es porosa, llena de recovecos y de lecturas, conformadas por multitud de personajes y movimientos de frontera. Además está interconectada, pues nada tiene explicación completa si no se contextualiza.
Uno de esos periodos que marcó la historia de España fue el llamado “Trienio Bolchevique” (que en España tuvo más de anarquista), de suma importancia en el campo andaluz donde realmente se desarrolló. Un periodo que recibe ese nombre y no es de forma baladí, pues de telón de fondo está la Revolución rusa de 1917 que ha tumbado al zarismo y ha comenzado, a la altura de noviembre de 1917, una experiencia socialista sin parangón en la humanidad (con el antecedente de la Comuna de París de 1871). Pero además se une a un periodo de conflictividad social en España, por la escasez y carestía que acechaba a la clase obrera y que fue el acicate para su movilización. Sin ir más lejos, en ese periodo se produjo la trascendental huelga de la Canadiense en Barcelona, impulsada por la CNT, que sirvió para que, por primera vez en España, se aprobasen por decreto las 8 horas de trabajo.
En Andalucía, con una estructura básicamente agraria, fueron los campesinos y los artesanos de oficio los que protagonizaron durante tres años un periodo de movilización.
El libro que se nos presenta rescata esa conflictividad en un espacio geográfico concreto: la provincia de Córdoba. Y la aparición de esta obra no ha podido ser más acertada, pues estamos en pleno centenario del inicio de ese periodo. El profesor e historiador Miguel Ángel Peña Muñoz nos ofrece un recorrido pormenorizado de los sucesos acaecidos en Córdoba entre 1918 y 1920. Y lo hace siguiendo un esquema clásico de trabajo: presentación del conflicto, contextualización del conflicto, protagonistas del conflicto y desarrollo del conflicto. Además, valiéndose y siguiendo el mismo esquema de uno de los libros que marcó la investigación del obrerismo en España: Historia de las agitaciones campesinas andaluzas de Juan Díaz de Moral. Además estos dos cordobeses lo hacen de la misma manera: contextualización española y andaluza y desarrollo en Córdoba.
La estructura y contenido del libro son de enorme trascendencia, pues como dice el autor, sin este proceso sería imposible entender el desarrollo posterior de la historia de Andalucía. De la obra de Peña Muñoz destacaría dos cosas fundamentales, entre muchas otras. La primera es una estructura de libro dinámica y bien traída, con guiños constantes a dos himnos, ya desde el propio título de la obra: La Internacional (el poema nacido de las barricadas de la Comuna por Eugène Pottier) y el Himno de Andalucía (compuesto por Blas Infante). En segundo lugar hay que reseñar que el autor del libro es profesor de secundaria, y eso es algo que se nota en la escritura, pues ha dado al libro una dimensión didáctica y divulgativa que sirve a eruditos y profanos. Lo aleja del frío academicismo y es algo, que en muchas circunstancias, hay que agradecer.
Con un contenido que no defrauda, una estructura magnífica y una pluma ágil y clara, estamos ante una obra de obligada lectura, no solo porque sea un centenario sino porque también es tiempo de aprender.
Julián Vadillo Muñoz
Uno de esos periodos que marcó la historia de España fue el llamado “Trienio Bolchevique” (que en España tuvo más de anarquista), de suma importancia en el campo andaluz donde realmente se desarrolló. Un periodo que recibe ese nombre y no es de forma baladí, pues de telón de fondo está la Revolución rusa de 1917 que ha tumbado al zarismo y ha comenzado, a la altura de noviembre de 1917, una experiencia socialista sin parangón en la humanidad (con el antecedente de la Comuna de París de 1871). Pero además se une a un periodo de conflictividad social en España, por la escasez y carestía que acechaba a la clase obrera y que fue el acicate para su movilización. Sin ir más lejos, en ese periodo se produjo la trascendental huelga de la Canadiense en Barcelona, impulsada por la CNT, que sirvió para que, por primera vez en España, se aprobasen por decreto las 8 horas de trabajo.
En Andalucía, con una estructura básicamente agraria, fueron los campesinos y los artesanos de oficio los que protagonizaron durante tres años un periodo de movilización.
El libro que se nos presenta rescata esa conflictividad en un espacio geográfico concreto: la provincia de Córdoba. Y la aparición de esta obra no ha podido ser más acertada, pues estamos en pleno centenario del inicio de ese periodo. El profesor e historiador Miguel Ángel Peña Muñoz nos ofrece un recorrido pormenorizado de los sucesos acaecidos en Córdoba entre 1918 y 1920. Y lo hace siguiendo un esquema clásico de trabajo: presentación del conflicto, contextualización del conflicto, protagonistas del conflicto y desarrollo del conflicto. Además, valiéndose y siguiendo el mismo esquema de uno de los libros que marcó la investigación del obrerismo en España: Historia de las agitaciones campesinas andaluzas de Juan Díaz de Moral. Además estos dos cordobeses lo hacen de la misma manera: contextualización española y andaluza y desarrollo en Córdoba.
La estructura y contenido del libro son de enorme trascendencia, pues como dice el autor, sin este proceso sería imposible entender el desarrollo posterior de la historia de Andalucía. De la obra de Peña Muñoz destacaría dos cosas fundamentales, entre muchas otras. La primera es una estructura de libro dinámica y bien traída, con guiños constantes a dos himnos, ya desde el propio título de la obra: La Internacional (el poema nacido de las barricadas de la Comuna por Eugène Pottier) y el Himno de Andalucía (compuesto por Blas Infante). En segundo lugar hay que reseñar que el autor del libro es profesor de secundaria, y eso es algo que se nota en la escritura, pues ha dado al libro una dimensión didáctica y divulgativa que sirve a eruditos y profanos. Lo aleja del frío academicismo y es algo, que en muchas circunstancias, hay que agradecer.
Con un contenido que no defrauda, una estructura magnífica y una pluma ágil y clara, estamos ante una obra de obligada lectura, no solo porque sea un centenario sino porque también es tiempo de aprender.
Julián Vadillo Muñoz
Publicado en el Nº 317 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2018
martes, 3 de julio de 2018
UNA HORA DE MÚSICA COMUNISTA MEXICANA, PARA SALUDAR LA VICTORIA DE LA IZQUIERDA EN MÉXICO
00:00 Al Partido Comunista
03:33 La Internacional
08:05 Obreros y patrones
12:17 1910
15:26 La letanía de los poderosos
19:18 Manifiesto comunista
23:29 La bomba
28:38 Canto campesino
33:54 El nuevo hombre
35:54 ¡Levántate, campesino!
39:20 El gran final
42:24 Corrido del comunismo mexicano
45:17 La huelga
49:02 La rueda de la historia
52:47 El son del obrero
57:32 Se acabó
lunes, 2 de julio de 2018
FALLECE EL FILÓSOFO ITALIANO DOMENICO LOSURDO
DOMENICO LOSURDO: POR LA LUCHA COMÚN
Losurdo escribió y militó para evitar nuevos triunfos del racismo, el colonialismo, el machismo, el imperialismo. Contra las soluciones fáciles; contra las soluciones imaginarias.
En estos días, con internet, las redes sociales, los videos y hemerotecas instantáneas, es difícil entender el castigo que antes suponía el silencio o la marginación intelectual. Y con ella, la valentía necesaria para escribir lo que nadie más se atrevía a decir; lo difícil que era abrir debates guardados bajo siete llaves. Por eso, al recordar a Domenico Losurdo, cuesta resistirse hoy a lo vindicativo; al desagravio. El suyo es el nombre de algunas cacerías injustas, y puede que de alguna defensa, nunca mejor dicho, intempestiva. Es el nombre, también, de todos los que esperaban un libro, o artículo, que llegó en el momento oportuno. Quizás represente, como muy pocos marxistas, el problema de la oportunidad, del momento para la intervención teórica.
El término marxista, en este caso, resulta impreciso, por ser demasiado específico. Del mismo modo en que decir que fue un “especialista” en Marx, Nietzsche, Hegel o Gramsci, y por tanto descartable como pensador “original”, es faltar a la verdad. Fue tremendamente original, precisamente por su pasión por el detalle, por el trabajo textual, por el obsesivo cuidado por la verdad. Fue uno de los marxistas europeos más originales, porque abordó desde el marxismo las cuestiones más difíciles, las batallas que nadie podía o quería librar. Fue original, porque fue leninista: flexible en los nuevos desarrollos teóricos y políticos, indiferente al brillo de la novedad por sí misma, defendiendo en soledad una concepción efectivamente global del comunismo. Y fue original porque su trabajo teórico, de enorme exigencia académica, nunca impidió una militancia constante. Stefano Azzarà, colaborador y amigo de Domenico, ha dicho que fue un “intelectual comunista”. Me cuesta encontrar una mejor definición. Ha añadido: “completo”, y creo que es más cierto de lo que parece. Si quien le lee piensa en algún momento que las citas de tantos filósofos “liberales” o sencillamente ajenos al canon marxista eran superficiales, se equivoca. La ironía terrible –se ha recordado en estos días con descarnada sinceridad, muy hegeliana por cierto– es que el trabajo intelectual enciclopédico y meticuloso de Losurdo se haya visto truncado por una veloz enfermedad allí donde nacían, y se ordenaban, sus ideas.
Comunista, en este y otros muchos casos, es más que un descriptor ideológico. Apunta a una experiencia acumulada de dificultades personales y laborales; a una resistencia a doblegarse. Por eso a menudo le tocó sentarse, en salas de conferencias de medio mundo, y especialmente de media Europa, junto a quienes despreciaban, se distanciaban, o recelaban de su trabajo. También porque, en unos casos, sabía infundadas muchas de las críticas. En otros casos, sencillamente las aceptaba. Habría que subrayar una vez más lo obvio: quien se rebeló sistemáticamente contra las ideas heredadas, de un tipo u otro, ¿cómo iba a glorificar la sumisión a la autoridad? Algo saben quienes trabajaron con él; hasta sus más estrechos colaboradores mencionan los disensos palpables, que no evitaban la amistad intelectual. Siempre habrá quien confunda la pasión de una intervención teórica urgente, con el dogmatismo o los cultos a personalidades o ideas. En todo caso, sabía que el viejo topo (es necesario este guiño también a sus primeros y valientes editores en España) y el tiempo, harían su trabajo.
Y lo hacen, poco a poco. No fue cómoda la recepción de su primer libro, sobre Kant; insistía en puntos conflictivos, buscaba ampliar las biografías unidimensionales. De los siguientes trabajos la historia es similar. “Ha sido difícil, especialmente en Alemania”, me comentó en un largo paseo, bajo un sol que inexplicablemente insistía en disfrutar. “Pero volvamos al trabajo”. Domenico sabía de la precaria vida de sus traductores, y por eso insistía en invitarme a comer o a cenar. Pero eso tenía un coste adicional: examinar todos los ángulos del mundo editorial, encontrar huecos, buscar presupuestos y becas. La segunda condición era proporcionarle en cada ocasión un informe meticuloso sobre la coyuntura política; lo demás era poco importante. Como la factura del teléfono, me temo. Los futuros biógrafos no lo tendrán fácil para encontrar demasiadas declaraciones hablando de sí mismo, de su pasado, o de su método de trabajo. Lo crucial para él era conocer la situación presente, cómo intervenir. Respecto a su labor militante en Italia, me insistía ya hace tiempo en la necesidad de la unidad y en un partido fuerte. A ello se dedicó estos últimos años. La tarea queda pendiente, pero él confiaba en que la unidad sería inevitable. Una inevitabilidad moral; una exigencia ética. Pasó cierto tiempo en diferentes responsabilidades de dirección: curtido en muchas rupturas innecesarias, se esforzaba por (es decir: al ser reiteradamente preguntado) evitar la personalización de las disputas intrapartidistas. Los debates, incluso las rupturas, eran responsabilidad colectiva.
Sobre sus libros pasados realmente no había más que decir: él veía un debate ignorado, una carencia teórica, una polémica mal cerrada, y se sentía obligado a intervenir, a trabajarlo. Tras los primeros, vendrían más libros provocadores, más o menos polémicos, como los dedicados a Fichte o al revisionismo histórico (recuerdo el gesto de su compañera Ute, al preguntarle sobre la recepción de uno de sus libros en Francia: algo como qué le vamos a hacer, así están las cosas). Cuando publicó su libro sobre Heidegger, tocando el vergonzante asunto de su nazismo (muy poco después de Farías), el libro fue en muchos casos ignorado o descartado porque el autor “era leninista”. Cuando Nietzsche parecía definitivamente rehabilitado, fue el único que osó interrumpir la placidez académica con varios miles de páginas documentadas hasta la extenuación. Antes, sus primeros libros sobre Marx habían llegado demasiado tarde, o demasiado pronto (es decir: en el momento oportuno). Hegel –recordemos: años ochenta– estaba todavía bajo la sombra acusatoria de los nouveaux philosophes, nada parecido al revival de esta década. También ahí decidió establecer su campo de trabajo filosófico. Su libro sobre Gramsci, en el contexto de su publicación, es más provocador de lo que podría parecer; y desde luego sobra comentar el impacto que tuvieron, en su recepción internacional, y en su vida intelectual y personal, los libros sobre Stalin o la no-violencia. Sin embargo, estos no son ejemplos de una voluntad refractaria, de una imprudencia intelectual, son intervenciones cuya pertinencia histórica comenzaremos pronto a valorar. Hoy elijo un ejemplo por encima de todos los demás: sólo entre la fecha de publicación original del Libro negro del comunismo, y la fecha de su traducción al castellano y alemán, Losurdo respondió en varios idiomas con numerosos artículos y libros sobre Gramsci, sobre el revisionismo histórico (ya fuera contra 1789 o 1917), Lenin, o la URSS. Finalmente, a finales de 1998, entregaba a la revista Giano un artículo de cincuenta y tres páginas que resumía una de sus mejores respuestas al anticomunismo: L’ebreo, il nero e l’indio nella storia dell’Occidente.
Losurdo escribió y militó para evitar nuevos triunfos del racismo, el colonialismo, el machismo, el imperialismo. Contra las soluciones fáciles; contra las soluciones imaginarias. No podremos preguntarle, pero seguramente ahora estaría en la biblioteca, junto a Ute, preparando una respuesta a Salvini. Contra todos los Salvini que ha habido en la historia. Contra el capitalismo.
Fuente: Mundo obrero
domingo, 1 de julio de 2018
"STALINGRADO", DE HANS RICHTER
Stalingrado (Victoria del Este)
Hnns Richter
1943-44
Collage de óleos y volutas, incluidos recortes de prensa
Hirshhorn Museum, Washington DC
Este épico collage de pergamino de 16 pies de largo registra el punto de inflexión clave de la Segunda Guerra Mundial: la victoria soviética en Stalingrado. Fue uno de los episodios más brutales de la guerra y el primer retroceso serio para las fuerzas nazis en el frente ruso. Declarado "artista degenerado" por los nazis e incapaz de regresar a Alemania por ser judío, Richter había conservado los recortes de periódicos de la guerra, llamándolos "proclamas de inhumanidad". Incorporó los recortes en el pergamino debajo de las formas geométricas y, como tal, el trabajo se lee de izquierda a derecha, incluyendo titulares como "Workers Battle for Stalingrad", "Stalingrad sopla sus puentes" y termina con los recortes "Nazis "Jefe de Stalingrado capturado" y "Stalingrad gratis". El formato de desplazamiento había sido utilizado por Richter en la década de 1920 para sus experimentos cinematográficos con Viking Eggeling.
En este desplazamiento, las formas biomórficas (curvas, orgánicas) se combinan con formas geométricas rígidas. Las formas negra, blanca, gris y roja representan a los nazis, mientras que las formas orgánicas representan a los defensores rusos de Stalingrado, las personas mismas. Richter se inspiró en este trabajo con una frase del prefacio de Tolstoi de Guerra y Paz: "Nunca son los generales sino las personas quienes deciden el resultado de una guerra". Richter concibió este trabajo como una sinfonía rítmica y musical: "finalmente", escribió, "los multicolores disuelven la máquina de guerra gris, negra y blanca, y la sinfonía de formas libres se traga, totalmente, las geométricas".
Stalingrado es una pintura de historia épica, tanto política como personal. Richter había vivido en Rusia de 1930 a 1933 durante el rodaje de la nefasta película Metall (Metal) y, aunque alienado por el estalinismo, simpatizaba con artistas soviéticos innovadores como El Lissitzky, Kazimir Malevitch y Sergei Eisenstein. Al usar el medio de desplazamiento para este trabajo, Richter hace más que representar o monumentalizar un episodio en la historia; a diferencia del Guernica estático de Picasso , al cual se lo compara a menudo, el pergamino de Richter, con sus orígenes en el dinamismo cinematográfico, muestra la historia en movimiento, el proceso de la historia misma desarrollándose. Al emplear la abstracción modernista, el desplazamiento se remonta a las civilizaciones antiguas que utilizaron los pergaminos como conservadores de la historia, y uno también se acuerda de la Torá judía, que tradicionalmente está escrita en pergaminos. El Stalingrado de Richter es apasionadamente contemporáneo y, al mismo tiempo, está profundamente enraizado en la historia humana.
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