miércoles, 28 de enero de 2026

"EL COMPROMISO DE LA ASOCIACIÓN OBRERA DE CONCIERTOS", A LOS 100 AÑOS DE SU FUNDACIÓN

 

La Asociación Obrera de Conciertos fue un reto cultural y social estrechamente ligado a la Orquesta Pau Casals. La historiadora y profesora de música, Tona Montserrat, relata el origen, la evolución y el significado pionero de una aventura diseñada para llevar la música a los trabajadores que hasta entonces no habían tenido acceso a ella.

En 1925, por iniciativa de Pau Casals, la Associació Obrera de Concerts se fundó en la capital catalana, entidad formada únicamente por trabajadores, para acercar la música sinfónica a la gente humilde de la ciudad y ofrecerles un espacio para el disfrute constructivo. La Obrera de Concerts, como pronto se conocería, canalizó la pasión por la música y la cultura de una parte importante de los ciudadanos de Barcelona, a quienes habrían tenido que renunciar por su condición social e incluso han revelado habilidades que, sin la proyección de esta entidad, nunca habrían prosperado.

Un poco antes, en 1919, cuando Casals regresó a Barcelona, encontró la misma escena musical lamentable que le había ido veinte años antes, cuando salió del país para consolidar su carrera como artista de concierto: carece de músicos profesionales y escuelas de música, que, además, fueron diseñadas solo para personas acomodadas. Ahora, sin embargo, el músico tenía dónde comparar y sabía que otra realidad era posible. Respaldado por su prestigio y convencido de que la música era un bien social que había que promover, se propuso unificar las dos o tres orquestas sinfónicas que se encontraban en la ciudad y crear una que fuera representativa de Barcelona, con músicos del país, capaces de estrenar obras y descubrir nuevos repertorios, así como mantener una actividad de concierto estable y de calidad a nivel europeo.

Como se explicó en el capítulo anterior, la propuesta despertó desconfianza y sospecha en todas partes. Sin embargo, Pau Casals decidió crearlo por su cuenta, una iniciativa que se especificaría en la Orquesta Pau Casals y él mismo seleccionó a los músicos miembros que asistían tanto a sus habilidades musicales como al compromiso que mostraban hacia el proyecto. Un Patronato soportaría el peso económico de la orquesta, pero, aunque no se lograron suficientes miembros, Casals cubrió todos los gastos.

El 13 de octubre de 1920 hizo su debut en el Palau de la Música Catalana, en Barcelona. La formación sería considerada la primera orquesta moderna del país, tanto por su forma de funcionar con ensayos diarios y regulares a lo largo del año, un personal estable y profesional con testamento de formación, la programación de dos temporadas anuales y la presencia de solistas y directores invitados, así como por la riqueza, audacia y coherencia de sus programas artísticos. Ahora que se celebra el centenario de su fundación, en este artículo mostraremos hasta qué punto el Obrero de Concierto puede considerar la dimensión social de la orquesta. Para ello, sin embargo, tendremos que conocer algunos de sus detalles organizativos.

El final de la Primera Guerra Mundial había dejado una Europa deshecha, circunstancia que sabía aprovechar la industria catalana. En Barcelona, los beneficios obtenidos de la actividad industrial se invirtieron en la construcción –se construyó en el Eixample y en muchos barrios obreros, se pusieron en marcha las obras del metro y, sobre todo, en la montaña de Montjuïc, se estaba trabajando para la Exposición Universal en 1929– y todo ello dio lugar a una gran demanda de mano de obra. La capital catalana duplicó su población en poco tiempo, pero, debido a la falta de planificación, la mayoría de los recién llegados tuvieron que vivir en condiciones muy duras, incluso miserables, lo que les ofrecía poco más que simple subsistencia.

Pau Casals era consciente de la situación y también de lo difícil que era, si no imposible, escuchar música sinfónica si no estaba pagando la entrada a un concierto, especialmente cuando todavía no había estación de radio en Barcelona. Por lo tanto, siempre que sea posible, la OPC ofreció conciertos por la mañana a precios reducidos en diferentes lugares de la ciudad. Aun así, la voluntad del maestro fue más allá, ya que concibió la música como un factor de cambio social. Sin implicación, no hay cambio. Los conciertos de caridad trajeron satisfacción, pero nada nuevo a la sociedad. En 1925, cuando la OPC tuvo suficiente solvencia, Casals planteó un nuevo desafío social y cultural:

“Lo que quería era una asociación específicamente de trabajadores, gobernada y administrada por los mismos trabajadores que la inventarían. Muy a menudo, los trabajadores permanecen al margen de la vida musical; deseaba que esto no sucediera en mi país; que los hombres y mujeres que pasan tantas horas todos los días en fábricas, almacenes y oficinas también pudieran participar en la vida musical y en condiciones que esta participación abriera nuevos horizontes, enriqueciendo sus espíritus

Joseph M. Corredor, Conversaciones con Pau Casals (Editorial Selecta, 1967)

La Asociación Obrera de Conciertos nace en base a un pacto verbal con el Patronato de la OPC, por el que pondría a disposición de los trabajadores la orquesta seis veces al año –coincidiendo con sus habituales temporadas de primavera y otoño– en conciertos los domingos por la mañana. A cambio, el Trabajador del Concierto se uniría al Patronato como institución, pagando la cuota correspondiente, y, además, se encargaría de los gastos incurridos por cada concierto, tanto los honorarios de los músicos como la edición de los programas de mano, los gastos de la sala o el transporte de instrumentos si fuera necesario. El otro gran apoyo del proyecto fue el Ateneu Polytechnicum, una escuela técnica y cultural creada un año antes con profesores y estudiantes de la Escuela Industrial represalias por el gobierno del dictador Primo de Rivera. El Ateneu entregó a la nueva entidad un espacio dentro de su sede, en la calle Sant Pere més Alt 27, en Barcelona, de forma gratuita durante el primer año.

El Concert Worker se declaró apolítico, no confesional e impulsado por el amor por la música y la cultura. Compuestos únicamente por trabajadores, los primeros 33 miembros fueron estudiantes del Ateneu Polytechnicum y el Consejo de Administración estuvo presidido por Joan Font i Carbó, mecánico de profesión. Su objetivo era ofrecer audiciones musicales sinfónicas a sus miembros en el Palau de la Música Catalana, cuya capacidad (3.000 personas) marcaría el máximo número de miembros que se podrían permitir. El pago de una tasa de 6 pesetas al año dio derecho a asistir a todos los conciertos, independientemente del tipo de asiento. La Asociación Obrera de Conciertos se estableció como una entidad independiente de la Orquesta Pau Casals, no como su rama social, como a veces se puede entender.

Ambas entidades estuvieron unidas por acuerdos de cooperación y por la presencia iluminadora de Casals con su deseo de difundir la cultura por todas partes y la de tantos colaboradores que la compartían. El 8 de noviembre de 1925, en el teatro Olympia de Barcelona, la entidad Obrera de Conciertos se presentó en público con un concierto exclusivo de la OPC, dirigido por su propietario. Tal fue el éxito y la avalancha de solicitudes que se recibieron, que el Consejo de Administración tuvo que endurecer los requisitos para la admisión de nuevos socios para dar prioridad a quienes más lo necesitaban.

La iniciativa funcionó hasta 1937, doce años durante los cuales ofreció a sus miembros 126 audiciones –72 de las cuales eran sinfónicas– y todas ellas de la más alta calidad. Según los criterios de Pau Casals, la programación siempre fue exigente, sin concesiones a un gusto fácil que la hiciera más accesible al público obrero. Cada concierto también estuvo acompañado de un extenso programa de mano, similar a los publicados por la Junta, con artículos informativos sobre las obras, autores y solistas que se presentaron. La asociación pronto amplió el campo de acción con la revista Fruïcions, portavoz de la entidad, un espacio de expresión y debate para los miembros, donde se podían leer excelentes artículos, a menudo escritos por columnistas de la Revista Musical Catalana. Poco después, se estableció un nuevo ciclo de seis conciertos de música de cámara para llenar el tiempo de espera entre las dos rondas de audiciones sinfónicas y un concierto anual de la Banda Municipal. También se programaron tantos conciertos extraordinarios como las circunstancias. Posteriormente, también se crearía la Associació Obrera de Teatre, con el patrocinio de Adrià Gual; Els Cantors de l’Obrera, un coro mixto dirigido por el profesor Manuel Borgunyó; una biblioteca vinculada al Ateneu Polytechnicum con un gran número de partituras y libros sobre temas musicales, y una escuela de música para miembros y familias, Els Estudis Musicals, dirigida y patrocinada por el gran pianista occitano

Entre los directores e intérpretes de renombre internacional que actuaron frente a los miembros de los Trabajadores, además de Casals, se encontraban Eduard Toldrà, Jaume Pahissa, Arnold Schönberg, Manuel de Falla, Joan y Ricard Lamotte de Grignon, Enric Morera, Joan Manén, Ernesto Halffter, Louis Hasselmans, Conxita Badia, Alfred Cortot, Emil Cooper, Albert Wolf El proyecto más deseado de la Associació Obrera de Concerts, sin embargo, llegó en 1932, con la fundación de su propia orquesta sinfónica, el Institut Orquestral, formado por miembros de la entidad y bajo la batuta del Maestro Joan Pitch Santasusana. Durante dos años, el grupo trabajó con discreción y perseverancia, consiguiendo instrumentos e instrumentistas, preparando repertorio, ensayando de noche y creciendo el nivel musical y técnico de sus músicos. Algunos músicos de la OPC colaboraron desinteresadamente, así como Pau Casals y otros miembros del Patronato. Finalmente, el 6 de mayo de 1934, el Institut Orquestral debutó en el Palau de Projectecions de Montjuïc, frente a un auditorio lleno y con la presencia de numerosas personalidades de la política y la cultura.

Pronto, esa nueva orquesta decidió abandonar las salas de conciertos y salió a buscar a su público entre los que, por sus circunstancias, nunca irían al Palau de la Música Catalana:

“Esa es nuestra ansiedad. Necesitamos ver en nuestras manifestaciones artísticas rostros marrones y manos rústicas que sienten el frío de una emoción desconocida, acostumbrada a la oscuridad de su existencia llena de angustia (...)”

El Instituto Orquestal creó los llamados rallyes de conciertos, un nuevo formato de sesiones, didáctico e itinerante. La organización quedó en manos de los agentes sociales donde iban a jugar, involucrando así a todas las partes involucradas. Los ochenta músicos de la formación se presentaron en fábricas, colegios, comedores, cines o cuarteles, frente a audiencias muy grandes, emocionados y agradecidos al punto más alto. Al llegar aquí, tiene sentido decir que la Asociación Obrera de los Conciertos fue la dimensión social de la OPC, tanto como institución como por la participación de quienes colaboraron para el éxito de su misión, tanto hijos de trabajadores como de familias ricas. De manera abrupta, el golpe de estado de 1936 y la guerra posterior impidieron que la Obrera de Conciertos continuara la actividad y tuvo que disolverse. Si hubiéramos seguido nunca conoceremos las iniciativas que habría puesto en marcha, pero estamos seguros de que la estela de la obra persiste en las experiencias y recuerdos de las familias que disfrutaban, en las mejores condiciones, una buena circunstancia que les negaban: la música sinfónica, interpretada por una excelente orquesta y en un auditorio excepcional. En cierto modo, estamos convencidos de que la hazaña de la Asociación Obrera de Conciertos contribuyó a hacer que nuestra sociedad fuera un poco más cultiva y exquisita.

Tona Montserrat, historiadora y profesora de música

Artículo publicado en la 59 edición de la revista 440 (2020) 

Fuente: Fundació Pau Casals 

No hay comentarios: