En 1971 Gustavo Becerra-Schmidt es nombrado por el gobierno de Salvador Allende agregado cultural de la Embajada de Chile en la República Federal de Alemania, hasta donde se traslada desde ésa fecha. Junto con esta labor diplomática, compone obras como Lenin, un oratorio para voz recitante y cinta (1971) e Historia de una provocación (1972), para barítono, conjunto de cámara y cinta, estrenada en el palacio de la Unesco en París. Una vez el golpe militar de 1973, Becerra se ve obligado a radicarse definitivamente en Alemania, donde encuentra cobijo en la Universidad de Oldenburgo como profesor de composición y musicología. Es en Alemania entonces donde Becerra compone la mayor parte de su obra electroacústica incursionando a la vez en obras multimedias, interactivas, y en soporte computacional.
«Lenin» (1971) es una de esas obras de electroacústica compuestaS en su etapa alemana, en la cual predomina el tándem voz y electrónica.
«Entiendo la composición musical como una ordenación expresiva de elementos acústicos en el tiempo y en el espacio. Entre estos se encuentran todos los ruidos, sonidos y sus posibles mezclas incluyendo a procedimientos para hacer música, dependientes o no de acciones y decisiones humanas. Hay sistemas automáticos y sistemas que necesitan de seres humanos para realizar sus decisiones. Provisto con estas ideas me he enfrentado a las generosas posibilidades que la música electroacústica, que no conoce límites de altura o velocidad, ofrece a los que trabajan en su producción. Se la puede componer en todos los niveles del lenguaje. El ‘productor’ puede decidir en cada caso si determinará cada sonido o silencio de su obra o si encargará a reglas, tradicionales o nuevas, en parte o en toda su estructuración. Y, además, si la ‘obra’ será improvisada o si pasará por sistemas de notación antes de ‘sonar’ o si pasará directamente a soportes que permitan su reproducción audible. Personalmente, es la libertad que ofrece lo más atractivo que encuentro en este paraíso, de alternativas para crear, cuyo único límite es la capacidad de oír y asociar que posean quienes reciban los productos hechos por estos medios y otros, no solo visuales, que concurran a su presentación. Entre sus posibilidades se encuentra el desarrollo de un nuevo ‘sinfonismo’, emancipado de la tradicional sala de conciertos, cuyo amanecer ya nos está regalando su calor y nos deja disfrutar de su creciente luz.»
Gustavo Becerra-Schmidt
(Oldenburg, Alemania / September 2008)
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