lunes, 16 de diciembre de 2019

CATARATA PUBLICA "LOS ABOGADOS DE ATOCHA", DE MANUEL GALLEGO LÓPEZ

infoLibre publica un extracto de Los abogados de Atocha, del historiador Manuel Gallego López, editado por Catarata (en librerías el 2 de diciembre). En este trabajo, el autor trata de contextualizar la masacre del 24 de enero de 1977 en un escenario de violencia política, causada en parte por una ultraderecha que ve cómo su impunidad y su poder disminuyen. Así, aquel tiroteo que se saldó con cinco muertos y cuatro heridos graves está lejos de ser un hecho aislado en una Transición inmaculada, o un acto de violencia sin sentido, sino que constituye una pieza clave para entender las tensiones políticas en torno al demantelamiento del régimen y la lucha por la democracia.


En este fragmento, Gallego López analiza de qué manera el ataque a los abogados laboralistas se imbricaba dentro de la infiltración de Comisiones Obreras en el Sindicato Vertical, y la reacción de los sectores de la ultraderecha que hasta entonces controlaban la organización. Entre los condenados por los asesinatos, recordemos, se encontraba Francisco Albadalejo, secretario del Sindicato Provincial de Transporte y Comunicaciones de Madrid, miembro de FE de las JONS e impulsor de la masacre.
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La huelga como causa de la matanza de Atocha

El paro [del transporte de enero de 1977, organizada por CCOO] atacó de manera directa a la principal institución que quedaba del legado franquista, la OSE [Organización Sindical Española], que en su rama de transporte y comunicaciones ostentaba una gran influencia política y económica a nivel nacional, debido a la importancia de las empresas que formaban parte de ella, entre las que podemos destacar a Renfe, Metro, Telefónica o Iberia, entre otras muchas. Sin embargo, los cambios producidos en la economía y en la estructura social durante los años cincuenta y sesenta fueron acompañados por un aumento de las protestas, que tuvieron un carácter cada vez más político, lo que imposibilitaba una convivencia pacífica entre la modernización de la sociedad y el inmovilismo político.

Paralelamente al enfrentamiento entre la sociedad y el régimen, se produjo una lucha interna entre las distintas familias políticas que formaban el Gobierno. Tradicionalmente, estas habían apoyado al dictador, pero progresivamente fueron cambiando en su composición y objetivos. Durante los años sesenta el debate se articuló en torno a quién sustituiría a Franco, en el funcionamiento de las distintas instituciones y en el Movimiento Nacional; mientras que, en la década siguiente, la lucha se centró en la toma de posiciones de cara a su cada vez más cercana muerte.

Durante estas confrontaciones, el Sindicato Vertical se convirtió en un refugio para diversas personas que no querían que Juan Carlos fuera nombrado sucesor. Para cumplir este objetivo, trataron de reforzar el Movimiento Nacional, en un intento de asegurar un continuismo militante, incluso tras la muerte del dictador, y, desde ahí, impulsar una serie de reformas, presionando al Gobierno para que las pusiera en marcha.

(...)

Sería tras las elecciones sindicales celebradas entre mayo y septiembre de 1975, en las cuales más de siete millones y medio de trabajadores fueron convocados a votar en las que serían las últimas del franquismo, cuando se produjo el gran asalto al Sindicato Vertical. CC OO impulsó las Candidaturas Unitarias y Democráticas, a través de las cuales fueron capaces de lograr numerosos representantes sindicales y jurados de empresas, y se obtuvieron diversas victorias en las elecciones indirectas a las UTT.

En la rama de transporte y comunicaciones lograron introducir tres representantes sindicales a nivel nacional, además de numerosos enlaces dentro de las empresas, quienes se convertirían en el germen del proceso de luchas constantes en el interior del Sindicato Vertical que darían lugar a las grandes huelgas de finales de 1975 y, especialmente, 1976. Algunos ejemplos de estas son el paro del Metro entre el 5 y el 9 de enero de 1976, que obligó a intervenir al Ejército; los paros en Telefónica durante los meses de marzo y abril, que se saldaron con 51 despidos, 74 traslados y 124 sanciones, o la huelga de celo128 del personal de tierra de Iberia en octubre.

Durante este periodo de expansión, la dirección de Comisiones Obreras de Transporte y Comunicaciones (FSC-CC OO), de la que formaban parte Virgilio Heras, máximo responsable durante la huelga, Laureano Cuerda, Alfredo García, Fernando Clavo o Felipe Aranda, entre otros, decidió instalar su sede en el despacho laboralista de Atocha 55, donde se reunía con los representantes de los trabajadores de las empresas en huelga casi continuamente, llegando a pernoctar en el mismo, pues, en ocasiones, las reuniones finalizaban de madrugada.

Sin embargo, al tiempo que crecía la influencia de CC OO, también lo hicieron las amenazas contra dirigentes sindicales ajenos al Sindicato Vertical o simples trabajadores en huelga, con la intención de poner fin a los conflictos que se habían generalizado tras el éxito en las elecciones sindicales de 1975, llegando a agredirlos físicamente o amenazarlos con armas de fuego.

(...)

Tras la eliminación del TOP [Tribunal de Orden Público], el Sindicato Vertical se convirtió en la principal institución de origen franquista que había sobrevivido a las reformas democráticas. Por lo tanto, el paro fue considerado un ataque al mismo régimen. Además, la victoria de los sindicalistas, asesorados por abogados de origen comunista, supuso una dura ofensa para los empresarios, ya que tuvieron que aumentar los salarios y readmitir a los trabajadores despedidos, y para los dirigentes de la organización, pues se cuestionó su funcionamiento.

Expuesto esto, solo nos quedaría resolver la pregunta más importante: si la huelga del transporte fue el detonante de la masacre, ¿por qué asesinaron a estos abogados que nada tenían que ver con el paro si el asesoramiento jurídico estaba en manos de Pablo Aramendi y Antonio Doblas y, además, cuando entraron en el despacho, antes de iniciar el tiroteo, preguntaron por el paradero de Joaquín Navarro?

Saber con certeza qué pasó por la cabeza del instigador, si ordenó matar a Navarro o a quien estuviera en el despacho, así como por la de los asesinos al organizar y ejecutar la masacre sería algo a lo que solo ellos podrían responder.

Sin embargo, una vez descartada la teoría del asesinato de los letrados como un suceso más de una estrategia de la tensión, la hipótesis que cobra mayor sentido es la de una represalia ejecutada por personas afines al Sindicato Vertical de Transporte contra los sujetos que pensaron que asesoraban a los huelguistas, con el objetivo de poner fin a la huelga que estaba haciendo perder mucho dinero a los empresarios y poniendo en entredicho el funcionamiento del sindicato.

Si bien, en opinión de Virgilio Heras, los asesinos acudieron al despacho  [...] con la intención de asesinar a la dirección de las Comisiones Obreras y no como una venganza personal hacia Joaquín Navarro. La masacre fue un instrumento político organizado por un sector en declive, de lo más reaccionario, que veía cómo se estaba hundiendo y dijo “tenemos que ir a por las CC OO y a por el transporte en particular”, pues en esas reuniones se hallaban representantes de Iberia, Telefónica, Renfe, Aviaco, EMT, etc. Era la estructura del sindicato y de haber atentado contra nosotros hubiera tenido una mayor envergadura política. Venían a por nosotros, sin embargo, nuestros compañeros abogados pusieron los muertos.
Una acción violenta como respuesta a una huelga en la rama de transporte puede parecer algo desproporcionado, pero enmarcada en la situación política y social del país y de la ultraderecha en particular, con el progresivo desmantelamiento del régimen y los secuestros de Oriol y Villaescusa, no parece tan inconcebible.

Los asesinos acudieron al despacho de Atocha preguntando por Joaquín Navarro a petición de Francisco Albadalejo, aunque, a mi juicio, hubo más miembros del sindicato que conocieron o, incluso, ordenaron la acción, principalmente Vicente García Ribes y José María Cabildo Guerrero, debido al carácter personalista con el que habían dirigido la organización desde sus orígenes, con la intención de poner fin a la huelga, que estaba haciendo perder mucho dinero a los empresarios y dirigentes de la organización.

Carlos García Juliá, José Fernández Cerrá y Fernando Lerdo de Tejada, quien se quedó haciendo labores de vigilancia, fueron las personas elegidas para poner fin a la huelga de transporte. Los dos primeros tenían un carácter agresivo y habían participado en distintas acciones violentas antes de la masacre. Tras su detención, los dos admitieron haber acudido a manifestaciones para agredir a los participantes y a huelgas en las que amenazaban y atacaban a los dirigentes sindicales con la intención de poner fin a los conflictos. Asimismo, asistían a los mítines organizados por los partidos de ultraderecha, en los que se lanzaban discursos incendiarios que comparaban la situación actual con la de 1936 y denunciaban la reconciliación nacional con los comunistas.

Envalentonados por los discursos beligerantes y con el sentimiento de que debían hacer algo para evitar la desaparición del franquismo, los asesinos acudieron al despacho con la intención de salvar a España de la subversión. Sin embargo, cuando llegaron, Navarro no estaba y en su lugar, se hallaban nueve abogados comunistas contra los que abrieron fuego “avasalladoramente”.

La masacre de Atocha parece una manifestación desesperada, espontánea y autónoma ordenada por un Sindicato Vertical agonizante, con la percepción de que su desaparición ponía fin al régimen, más allá del cuestionamiento de su funcionamiento y de las pérdidas económicas, siendo ejecutada por un comando que sentía que el franquismo se estaba desmoronando y nadie hacía nada por evitarlo.

Fuente: infoLibre

domingo, 15 de diciembre de 2019

"CLASE OBRERA E INTELECTUALIDAD", MURAL DEL ARTISTA DE LA RDA WERNER TÜBKE

 
Clase obrera e intelectualidad
Werner Tübke
1970-1973
14 x 3 m
Mural
Universidad de Leipzig
 
Werner Tübke recibió la comisión de pintar el mural “Clase obrera e Intelectualidad” en 1970 con motivo de la remodelación de Universidad Karl Marx (hoy Universidad de Leipzig). La obra fue terminada en 1973 con unas dimensiones de 14x3m, en ella están retratados estudiantes, académicos y dirigentes políticos de la época. Si bien el estilo es típico de Tübke, este mural es una de las obras en las que el autor más se acerca al romanticismo de pintores como Gustave Courbet.

Izquierda 
 

Derecha 

El primer segmento del mural guarda especial interés como metáfora del mundo de la sabiduría pura. Los estudiantes rodean al viejo maestro evocando las representaciones de los filósofos griegos por los pintores neoclásicos y renacentistas.
En el segundo segmento hace la transición al mundo interno de la Universidad en el cual se observa el fluir de las ideas, la ciencia y la técnica, ambiente del que son protagonistas docentes y estudiantes. Valga resaltar que la interpretación de Tübke del mundo universitario es tal que este se plasma como un ambiente lleno de dinamismo, es decir, lo opuesto a un claustro silencioso de estudio.

En el tercer segmento vemos la transición entre la Universidad y el mundo del trabajo arriba ondea la bandera roja como símbolo de la causa socialista que lucha por eliminar el contraste entre trabajo manual e intelectual. Sin embargo, Tübke hace evidente que entre la sabiduría pura (primer segmento) y el mundo del trabajo no existe aún la unidad, sino que se hallan presentes  una serie de eslabones mediadores.

En el cuarto y último segmento del mural ahonda el mundo proletario, nótese que en la representación de Tübke la presencia de intelectuales solo se da hasta un punto luego de lo cual se entra al mundo del trabajo puro, aunque los obreros de Tübke no aparecen como personas toscas sino que poseen un grado de ilustración y dignidad, cosa muy distinta de la visión despectiva respecto de las masas populares características en muchas tendencias occidentales.
 
Fuente: Aquí y ahora

sábado, 14 de diciembre de 2019

"DESNUDO ENTRE LOBOS", PELICULA DEL DIRECTOR DE LA RDA FRANK BEYER

Título original: Nackt unter Wölfen
Año: 1963
Duración: 124 min.
País: Alemania del Este (RDA)
Dirección: Frank Beyer
Guión: Bruno Apitz, Alfred Hirschmeier, Willi Schafer (Novela: Bruno Apitz)
Música: Joachim Werzlau
Fotografía: Günter Marczinkowsky
Reparto: Erwin Geschonneck, Armin Mueller-Stahl, Krystyn Wójcik, Fred Delmare, Viktor Avdyushko, Gerry Wolff, Boleslaw Plotnicki, Peter Sturm
Productora: Deutsche Film (DEFA)

El filme se desarrolla en el contexto del Nacional-Socialismo y la persecución de los judíos, en Weimar, en el Campo de Concentración de Buchenwald. En Marzo de 1945 los prisioneros descubren al interior de Buchenwald, en una maleta, un niño judío de tres años de edad llamado Stephan, cuyos padres polacos fueron exterminados en Auschwitz en las cámaras de gases.

Bajo amenazas de muerte los prisioneros deciden esconder al niño, con el objeto de que no caiga en las manos del Comandante del Campo de Concentración especialmente inhumano y asesino.

Esta decisión no sólo trae consigo un riesgo de muerte adicional para los prisoneros, sino que además, la presencia del niño judío, pone en peligro el levantamiento cuiadadosamente planeado desde mucho tiempo en pos de una autoliberación de todos los prisioneros de Buchenwald.

Con mucha fuerza se genera el conflicto que trae preservar la vida de un niño o la salvación de todo un campo, disyuntiva que saca a relucir la solidaridad, humanidad y heroísmo de estos hombres para resguardar la vida del niño que simboliza la vida misma. Narra además la confrontación entre los comunistas conscientes procedentes de distintos países, y de los ciegos instrumentos del imperialismo fascista alemán.

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:



viernes, 13 de diciembre de 2019

"LAS VACAS NEGRAS. ENTREVISTA IMAGINARIA", DE LOUIS ALTHUSSER, PUBLICADO POR LA EDITORIAL AKAL

Las vacas negras. Entrevista imaginaria
Louis Althusser (Escritor)
G. M. Goshgarian (Editor)
Alcira Bixio (Traductor)
ISBN 978-84-460-4758-2
Fecha publicación: 10-06-2019
Páginas: 304
Editorial Akal
24 €

Reseña de Las vacas negras. Entrevista imaginaria, de Louis Althusser

Unos cuarenta años después

Sobre el título (tomo pie en una nota de la traductora): alude a una frase de Hegel en el prólogo de la Fenomenología del Espíritu: “la noche, cuando todos las vacas son negras”. En castellano, como en francés, la frase equivalente sería “la noche, cuando todos los gatos son negros o pardos”. Louis Althusser (1918-1990) prefirió usar “las vacas negras” para destacar la referencia hegeliana.

Ninguno lector de mi generación necesita una presentación del autor. En la contraportada se indican unos datos básicos y se da cuenta de los otros libros de Althusser publicados por Akal en fechas recientes: Marx dentro de sus límites;Maquiavelo y nosotros;La soledad de Maquiavelo. Marx, Maquiavelo, Spinoza, Lenin;Sobre la reproducción, y Ser marxista en filosofía. Admito mi no lectura, no he leído ninguno de estos ensayos. Para los más jóvenes, si fuera necesario, basta decir que el autor de Lire Le Capital fue uno de los marxistas más influyentes (sino en el que más) en los años setenta y ochenta en países como Francia, Italia o España por ejemplo. Entre teóricos y entre militantes.

La historia del libro la cuenta del editor G.M. Goshgarian en una detallada e informativa nota que conviene no pasar por alto (pp. 7-21). Un resumen que tomo de la contraportada: tras el XXII Congreso del Partido Comunista francés (febrero de 1976), Althusser concibe una controvertida autoentrevista en la que reflexiona (alternando consideraciones teóricas y confesiones personales con observaciones sobre polémicas políticas del momento: por ejemplo, el abandono por el partido francés del concepto dictadura del proletariado) acerca del curso político que debería seguirse a partir de entonces. Una fuerte crítica de la línea del PCF al mismo tiempo que Althusser esgrime una defensa de los ideales comunistas que animan a la organización.

El propio autor escribió una breve nota de explicación (p. 27). Uno de sus comentarios: “Me habría gustado que fuera mi partido, el PCF, quien publicara esta entrevista, pero, con gran pena he debido renunciar a ese deseo. Todos sabemos que las condiciones no son favorables. Quiero que mis camaradas comunistas lean este texto atentamente y me dirijan sus críticas y sus observaciones personales. Un comunista no puede reflexionar solo sobre cuestiones tan importantes”. A continuación daba una dirección y añadía: “En la medida de lo posible, les responderé personalmente o de algún otro modo”.

Esta “entrevista imaginaria” se presenta en quince apartados de extensión desigual y dos anexos. Indico algunos títulos: “Presentación del autor”, “La crisis de la teoría marxista”, “La dictadura del proletariado”, “La estrategia del comunismo”, “La cuestión de las alianzas”, “Sobre el centralismo democrático”, “Sobre el análisis de la lucha de clases”, “Sobre la ‘revolución científica y técnica’”. El apartado más extenso, el II: “Las contradicciones del XXII Congreso”, unas 50 páginas, la sexta parte del libro. El capítulo V y VI, ambos dedicados a la dictadura del proletariado, son versiones de la más que exitosa y concurrida conferencia que el autor de Pour Marx dictó en la Universidad Autónoma de Barcelona en julio de 1976 (se editó en castellano ese mismo año y en francés muchos tiempo después, en 2014).

La cuestión: ¿a quién puede interesar a día de hoy un libro concebido en 1976, y editado por vez primera en francés en 2016, en una situación política y filosófica radicalmente distinta a la nuestra, un ensayo en el que, sin duda, se pone de manifiesto (entre otras cosas) el sin duda interesante (y por momentos penetrante) estilo filosófico del autor? Sin ninguna duda a muchos de los viejos lectores del autor, a las personas que han seguido leyéndole y cultivando su legado a lo largo de estos años (que no son pocos), a los interesados en la historia del movimiento comunista o del comunismo francés en particular, a los historiadores y filósofos en general, a los politólogos curiosos o puestos en la polémica en torno a la dictadura del proletariado y sus formas políticas, etc. ¿Quedarán defraudados? Probablemente no.

¿Y a los lectores más jóvenes, muy alejados de aquel althusserismo que muchos o casi todos sufrimos o gozamos (un “o” no excluyente)? En el texto de la contraportada se apunta: “(…) Las vacas negras es ante todo un texto que traza un programa de una actualidad sorprendente en lo que respecta a la organización de la lucha revolucionaria en un momento que ya es de reflujo”. La afirmación y el “ante todo” son discutibles, nada evidentes. De hecho, el libro se abre con una cita -”La teoría de Marx es omnipotente, pues es verdadera”- que probablemente muchos lectores, marxistas o no, dudarían (razonablemente) mucho en suscribir. Incluso el apunte de Lenin -”Un comunista nunca está solo”- que la acompaña ofrece más de una duda... A día de hoy, incluso en aquel entonces.
Destaco algunos puntos:
1. Desde un punto de vista biográfico, político y filosófico, el primer capítulo -”Presentación del autor”- tiene un indudable interés (sobre todo, me repito, para las personas que han sido lectoras del autor y seguidoras de su obra y de su filosofar).

2. Algunas veces se criticó a Althusser por ser un filósofo, un marxista teoricista, de Academia, un teórico alejado de las luchas políticas reales y de los avatares del Partido Comunista francés. Sin compromiso militante. Muchos pasos del libro, el libro en su conjunto, parecen refutar esa hipótesis-acusación. Un ejemplo: “¿Puedes decirme por qué respondes a esta entrevista sobre el XXII Congreso del PCF? Con mucho gusto. Respondo a ella porque soy comunista y porque, como consecuencia del XXII Congreso, numerosos camaradas se hacen unas cuantas preguntas, abrigan incertidumbres y hasta algunas inquietudes. El Congreso ha respondido a cuestiones fundamentales, pero lo ha hecho de manera a menudo desconcertante. De allí surge lo que conviene llamar cierto malestar” (p. 59).

3. Muchos pasos del libro, muchas referencias, muchos de los argumentos expuestos, indican que algunas de las acusaciones que Althusser esgrimió con dureza contra sí mismo (la no lectura de los clásicos de la tradición, el hablar por hablar, el aparentar saber donde había ignorancia) en su autobiografía, El porvenir es largo, no tenían fundamento real, más allá de su papel psicológico y ser resultado de un fuerte sentimiento de culpa y desastre.
4. Algunas, la mayoría en mi opinión, de las discusiones sobre la dictadura del proletariado y sus formas políticas son, sin atisbo para ninguna duda, asuntos, temas, polémicas de otra época, de otras circunstancias históricas. De ahí no se infiere que el lector/a no pueda encontrar apuntes de interés sobre la concepción marxista del Estado y, más en concreto, sobre el papel del Estado obrero (por decirlo en términos clásicos) en sociedades en transición hacia el socialismo.

5. Lo mismo cabe decir de conceptos como democracia o dictadura de clase. La perspectiva de Althusser queda recogida en esta consideración (que muchos hemos mantenido durante años) de cierre de capítulo: “Hay que creer que Lenin decía algo semejante cuando, con sus propias palabras, que son también las nuestras, afirmaba: la dictadura del proletariado es la democracia de las masas más amplias, ¡una libertad que los hombres nunca han conocido!” (p. 164). Como es sabido, las instituciones que concretaron esta noción en todos los países socialistas estuvieron muy pero que muy alejadas de esa libertad desconocida.

6. Hay también pasos donde se muestra una concepción del marxismo y de la ciencia que pondrán los pelos de punta a más de un lector. Este por ejemplo: “Es necesario decir las cosas como son. Puesto que he pronunciado muchas veces la palabra ciencia, puesto que he afirmado que, a diferencia de las demás organizaciones que poseen una doctrina, el partido comunista es una organización que tiene una doctrina quees una ciencia, debemos saber que ciencia obliga.” (p. 116). Un disparate. Como nos enseñaron muchos maestros, el marxismo (aunque incorpore ciencia o buen conocimiento) no es una ciencia.
Empero, Althusser se muestra mucho más prudente y certero en mi opinión en el capítulo (el XIV) dedicado a un “viejo fantasma” que hizo ilusionarse falsamente a algunos sectores de la izquierda: “La revolución científico técnica”. Aquí podemos leer: “En tales condiciones, ¿qué puede significar la exaltación actual de la revolución científica y técnica? La voluntad de imponer sobre la teoría marxista el viejo sueño ideológico burgués de la solución de los problemas políticos por medio de su tratamiento técnico.” (p. 279). Aquí es mucho más razonable… y actual.

En síntesis: sin garantizar nada, una vuelta crítica a Althusser puede resultar aconsejable, puede generar algunas ganancias teóricas y formativas... O no ciertamente. Sea como fuere, hay, conviene destacarlo, mucho sentimiento comunista en estas páginas. También en el tono y en las preocupaciones de fondo. No hay en cambio, y acaso sea significativo, ninguna referencia a lo que ya entonces era una preocupación en otras tradiciones comunistas democráticas: los desastres ecológicos, la cara oscura-muy-oscura del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas.

Salvador López Arnal

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2019.

jueves, 12 de diciembre de 2019

"CAMINOS DEL EXILIO", EXPOSICIÓN DE FOTOS INÉDITAS DEL EXILIO REPUBLICANO QUE HAN SIDO DESCUBIERTAS EN UNA MALETA



Las capturó el periodista francés Philippe Gaussot y permanecieron en el olvido hasta su muerte, cuando su hijo las encontró. Ahora un centenar de estas imágenes se pueden ver en la exposición dedicada a los exiliados en Madrid.

Las fotos inéditas del exilio republicano que han sido descubiertas en una maleta: Poco después de fallecer en Chamonix, Francia, a los 65 años, Philippe Gaussot (1911-1977) se convirtió en un personaje nuevo para su familia. Era uno de los fundadores del diario regional Le Dauphiné Libéré, un periodista conocido y especializado en la fotografía de montaña, pero nunca les había relatado a los suyos el papel que desempeñó durante el desenlace de la Guerra Civil española, ayudando a los exiliados republicanos en su huida. Ordenando las cajas y pertrechos que había dejado para una mudanza, su hijo Jean-Philippe halló una maleta llena de negativos, un tesoro visual: uno de los escasos documentos gráficos que existen de "la Retirada".

"Mi padre era un fotógrafo humanista, muy modesto, que nunca había contado todo lo que le había pasado ni a mi madre. Justo antes de morir quiso dejar por escrito su historia, su labor en el Comité Nacional Católico, la ayuda que prestaron a los niños españoles refugiados...", explica Jean-Philippe a este periódico, recordando el caso de la película Tierra y Libertad, de Ken Loach, en la que una joven británica descubre que su abuelo formó parte de las milicias republicanas a través de cartas y documentos que este había guardado en una caja.

Jean-Philippe rescató del olvido las instantáneas tomadas por su padre, que reflejan la angustia y las duras condiciones del exilio: la retirada hacia un país extranjero con lo puesto, de una caravana humana que se amontona en las carreteras, que queda hacinada en unos campos de concentración desbordados, en pésimas condiciones; de las familias rotas. Y las ha sacado a la luz gracias al realizador catalán Felip Solé y a la asociación 24 Août 1944, destinada a promover la historia de los refugiados españoles que siguieron combatiendo al fascismo.

Después de una mínima muestra en París, en la sede de esta asociación, un centenar de imágenes inéditas de Philippe Gaussot, nunca antes expuestas —su caso recuerda a otro reciente, el del fotógrafo catalán Antoni Campañà—, acaban de llegar a La Arquería de Nuevos Ministerios, en Madrid, para formar parte de la monumental exposición homenaje dedicada al exilio republicano en su ochenta aniversario. Una diáspora que ofrece ahora escenas desconocidas gracias a este legado visual de enorme valor.



1 de 8 Campo de concentración provisional de Prats-de-Mollo, llamado también "El Sendreu"
Philippe Gaussot, diplomado en la Escuela Nacional Francesa de Ultramar, frecuentó en su adolescencia los círculos de las Juventudes Socialistas. En 1937, ya en plena Guerra Civil española, se unió al Comité Nacional Católico de Ayuda a la Infancia Vasca, una iniciativa humanitaria auspiciada por la Iglesia en Francia. Philippe Gaussot
 
 
2 de 8 Otra escena del campo de concentración provisional de Prats-de-Mollo

Durante "la Retirada", Gaussot trabajó en la delegación del Comité en Perpiñán, cruzando en varias ocasiones la frontera con Cataluña para abastecer a los refugiados republicanos con leche, arroz, mantas y otros objetos para su supervivencia. Philippe Gaussot

 
3 de 8 Aldea de la Farga, bajo el monte La Presta. Refugiados camino de Prats-de-Mollo
A principios de febrero de 1939, hizo su última travesía clandestina por la Cerdeña, regresando con un camión, de siete toneladas y sorteando calles minadas, lleno de mujeres y niños. Para ese entonces, los distintos proyectos humanitarios se habían concentrado en el Comité Nacional Católico de Ayuda a los Refugiados de España, que buscaba reagrupar a las familias, alojar a los huérfanos en hogares franceses y conseguir la liberación de los hombres encerrados en los campos de concentración. Philippe Gaussot 



4 de 8  Soldados senegaleses del ejercito francés vigilando el campo de concentración de Argelès-sur-Mer 

Las fotografías de Gaussot son tan buenas como las de Robert Capa o Agustí Centelles, dos de los pocos fotógrafos que también inmortalizaron con sus cámaras el exilio republicano. Son instantáneas de una enorme humanidad, que capturan a la perfección la angustia del fenómeno y las historias personales de todos los protagonistas anónimos, muchos de los cuales son capaces de mostrar una sonrisa cuando se ven enfocados. Philippe Gaussot



5 de 8 Colonia para niños vascos en Cadaujac (Gironde) 

Después del éxodo masivo, Gaussot y el Comité surtieron de provisiones los campos de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Gurs (en el Alto Pirineo) o Bram (Aude); y también las colonias infantiles, como la de Cadaujac, en el departamento de Gironda). Philippe Gaussot 



6 de 8 La colonia de Cadaujac la abrió el Comité Nacional Católico en el otoño de 1937 y funcionó hasta el de 1940

Aquejado de problemas de salud durante el estallido de la II Guerra Mundial, Gaussot se libró de ser movilizado y se convirtió en el delegado nacional del Comité en agosto de 1939. Pasó entonces a encargarse de "la reconversión de los exiliados españoles y su adecuación a las necesidades de la guerra" y a formar parte de las Fuerzas Francesas del Interior. Philippe Gaussot

 
7 de 8 Exiliados republicanos en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer 

La llegada de los nazis a París en junio de 1940 significó el final del Comité Nacional Católico de Ayuda a los Refugiados Españoles, cuya labor se saldó con asilo para miles de niños y la liberación de 26.350 trabajadores de los campos de concentración. Philippe Gaussot

 

8 de 8 Otra escena del campo de Argelès-sur-Mer. Al acabar la contienda mundial, Philippe Gaussot se fue a vivir al pequeño pueblo de Chamonix, en los Alpes, donde comenzó a trabajar para el periódico 'Le Dauphiné Libéré' hasta su muerte en 1977. Philippe Gaussot
Fuente: La Voz de la República

miércoles, 11 de diciembre de 2019

EXPOSICIÓN "LA SANGRE NO ES AGUA", EN LA QUE EL ARTISTA FRANCÉS PIERRE GONNORD RETRATA Y DA VOZ A LOS SUPERVIVIENTES Y DESCENDIENTES DEL EXILIO EN FRANCIA

Entre las 300 piezas de la muestra hay 22 retratos y testimonios de exiliados y sus descendientes realizados por el artista Pierre Gonnord
Lina Arconada, hija del exilio español, en su casa francesa, junto a una silla vacía, la que ocupaba su marido Salvador, ya fallecido.
Lina Arconada, hija del exilio español, en su casa francesa, junto a una silla vacía, la que ocupaba su marido Salvador, ya fallecido.

Hablan en un francés perfecto y un castellano vacilante. La primera lengua la aprendieron por obligación, para integrarse en el país en el que vivían, y la segunda, por cariño, para no olvidar las raíces de sus padres. Entre las 300 piezas de la exposición sobre el exilio republicano que acoge hasta el próximo 31 de enero La Arquería de Nuevos Ministerios (Madrid), hay 22 retratos y testimonios de exiliados y sus descendientes realizados por el artista Pierre Gonnord para representar al medio millón de españoles que tuvieron que abandonarlo todo para huir de Franco. "Nosotros perdimos mucho, pero otros países ganaron demasiado con ellos", explica la comisaria Carmen Fernández Ortiz. Esta es la experiencia de "los últimos héroes de España", como los definió este miércoles el ministro José Luis Ábalos al inaugurar la muestra junto al titular de Cultura, José Guirao, y la de Justicia, coordinadora del proyecto. La exposición pretende, en palabras de Dolores Delgado, "sacar de la fosa de la desmemoria" el relato de los expatriados.

Lina Arconada, camarera en el restaurante de los nazis


De los mítines anarquistas a servir en el restaurante favorito de los nazis en París

De España, Lina Arconada, de 93 años, recuerda acudir de pequeña con su madre, militante de la CNT, a los mítines del anarquista Durruti. Huyó a Francia con su familia al ganar Franco la Guerra Civil y ya no volvió hasta 1983, para encontrarse con una prima. “Seguramente ahora estén todos muertos. Es posible que tenga familia cerca de Valencia, de donde era mi madre, o en Valladolid, de donde era mi padre. No lo sé. El tiempo, la historia, separó a los seres queridos”. Gonnord la retrató en su casa francesa junto a una silla vacía, la de su marido, Salvador, también fallecido.

Su padre fue enviado al campo de concentración de Argeles y ella, su hermana de cinco años y su madre, embarazada de ocho meses, a un pequeño pueblo llamado Marcillac-la Croisille. Como tantos niños del exilio, tuvo que hacerse adulta antes de tiempo, aprender otro idioma, trabajar en lo que hubiera. Primero fue limpiando casas, cuidando niños. Y finalmente, en el París ocupado por los alemanes, de camarera en un restaurante de postín al que se sentaba a comer cada día “la plana mayor” de los nazis. En medio del horror de su segunda guerra, encontró en el teatro el amor -allí conoció a Salvador- y una vocación. Porque junto a la imagen del restaurante en el que tuvo que servir comida a nazis, la exposición muestra un bellísimo retrato suyo en blanco y negro correspondiente a la época en la que participaba en obras de teatro en castellano y catalán con otros exiliados. "Yo quería ser actriz".

Ángel Gallego Olivares, una muda y una maleta para inaugurar la libertad

Véronique Salau Olivares.
Véronique Salau Olivares.

En mayo de 1945, el pelotón liderado por el sargento estadounidense Albert J. Kosiek llega al campo de concentración de Mauthausen. Los presos se vuelven “locos de alegría” al verles. Son esqueletos andantes. Muchos de ellos están desnudos. Junto a la libertad, los americanos les entregan una maleta con una muda dentro. Véronique Salau Olivares ha llevado la que recibió su padre, Ángel, a la exposición sobre el exilio. “Era, en realidad, una maleta de transmisiones a la que habían quitado los cables para meter dentro una camisa, una chaqueta y un pantalón. Guardo una foto de mi padre con dos amigos suyos saliendo del campo. Los tres vestidos igual, con la maleta en la mano”. Uno de ellos murió poco después. “Mi padre llegó de los primeros a Mauthausen, en 1940, y logró sobrevivir porque era muy joven. Cuando estalló la Guerra Civil tenía solo 15 años”.

Maleta que los soldados americanos entregaron a Ángel Gallego Olivares con una muda de ropa cuando lo liberaron del campo de concentración de Mauthausen.
Maleta que los soldados americanos entregaron a Ángel Gallego Olivares con una muda de ropa cuando lo liberaron del campo de concentración de Mauthausen.

Como la mayoría de represaliados del franquismo, Ángel no habló a su hija del horror, ni quiso describirle nunca el infierno de Mauthausen, pero guardó aquella maleta que 74 años después abre una exposición inaugurada por tres ministros del Gobierno español y convirtió su casa en una continua reunión donde los exiliados compartían recuerdos y militancia. “Volvimos una vez a España, cuando murió Franco, pero mi padre ya no reconocía el país que había dejado”.

Aurora Tejerina: "Enterramos a mi padre en el sótano de casa"

Aurora Tejerina.
Aurora Tejerina.

Laurentino Tejerina Marcos era leonés y anarquista. No se resignó tras la victoria franquista y pasó a la resistencia clandestina. Durante años vivió en el monte. Luego, escondido en el sótano de su casa. “Allí murió, en 1942, de desesperación”, relata su hija Aurora Tejerina en la exposición. Le enterraron allí mismo, hasta que tres años más tarde, en 1945, detuvieron a su hijo, que confesó lo ocurrido bajo tortura. “Los policías obligaron a desenterrar el cuerpo, pero el párroco se negó a enterrarlo en el cementerio por hereje así que terminó en una sacristía semiderruida”, recuerda. Su madre había salido en 1939 desde Asturias en el último barco con exiliados rumbo a Francia. “No nos abandonó, pero tuvo que huir. Nos quedamos los cuatro hermanos en casa de nuestros tíos. Yo fui a Francia en 1950, con 22 años, y ahí nos reencontramos. Unas vidas destrozadas”.

A sus 91 años aún recuerda cómo los padres le decían a sus hijas: “¡No juegues con Aurora que es roja, mora y judía!”. Pese al dolor, nunca renunció a sus ideales, que transmitió a su propia familia, como explica su hija, Rosina Arroyo Tejerina. "Ella me entregó todos sus ideales. Hablaba siempre de mi abuelo,  del que estaba muy orgullosa, y hasta el año pasado, que enfermó, hemos ido juntas a muchísimas manifestaciones. Soy feminista, como ella, y se lo he transmitido a mi hijo y ahora a mi nieto”. Rosina, de 72 años, lamenta que en España no todos conozcan ejemplos como el de su abuelo porque sus familias callaron por miedo.

Jesús Pino, esperando a la muerte del verdugo para volver

Ramón Pino.
Ramón Pino.

“Mi padre no me hablaba de la guerra, pero seguía militando en la CNT, por casa venían muchos exiliados y yo oía cosas que fui entendiendo con los años”, recuerda Ramón Pino, que ahora tiene 72. Por ejemplo, hablaban mucho de Franco, pero nunca le llamaban por su nombre. “Le decían ‘el verdugo’ o ‘ el asesino”. Fue oyendo a otros cómo Ramón se enteró de que su padre había resultado herido en la batalla del Ebro luchado contra Franco. Tras huir a Francia, Jesús Pino fue recluido en un campo de concentración del que lo rescataron para enviarlo a un campo de trabajo donde ayudó a construir una presa. Al salir conoció a su mujer, otra exiliada española hija de militantes de la CNT. Su idea era volver a España, hasta que vieron que "el verdugo" iba a aguantar más de lo que pensaban en un principio. “Cuando se dieron cuenta de que iba para largo, pidieron la nacionalidad francesa, y una vez que la tuvieron, viajamos a España para que yo conociera a mi abuela. Era 1956 y me sorprendió muchísimo la pobreza. Recuerdo que iba por la calle comiendo un bocadillo en Barcelona y un niño me pidió un poco de pan. Eso no me había pasado nunca en Francia”, relata Ramón. “Mi abuelo nunca volvió. Decía que solo regresaría cuando muriera Franco, pero él falleció dos años antes que el dictador. Yo estoy jubilado pero sigo militando en la Federación Anarquista Francesa. El espíritu libertario nos viene de familia”.

Un secreto en una carta de diez folios

Philippe Gaussot (Belfort, Francia, 1911) nunca habló a su familia de la Guerra Civil. Antes de morir, en 1977, dejó escrita una carta de diez folios, con tres copias para sus dos hijos y su mujer, en la que les contaba cómo había sido su vida antes de ellos. En 1937, se había unido al Comité Nacional Católico de Ayuda a los Vascos. Al final de la Guerra Civil, había cruzado la frontera para abastecer a los republicanos. En 1939, regresó con un camión cargado de niños y mujeres. En una maleta, que casi desaparece en un traslado, Gaussot había dejado también decenas de fotos y negativos que retrataban las colonias infantiles y la vida en los campos de la retirada.

Al estallar la segunda Guerra Mundial, Gaussot no pudo ser movilizado por problemas de salud, pero participó activamente en la resistencia contra los nazis y se alistó en las Fuerzas Francesas del Interior.  Su hijo, Jean Philipe, recorría este miércoles con emoción la exposición que exhibe el material inédito que dejó su padre. "No sé por qué nunca nos habló de ello. Era una persona muy modesta".

Fuente: El País

martes, 10 de diciembre de 2019

EXPOSICIÓN "1939: EL EXILIO REPUBLICANO ESPAÑOL", EN CONMEMORACIÓN DE SU 80 ANIVERSARIO

'Camí de l'exili' (1940), óleo de Josep Franch-Clapers. Arxiu Nacional de Catalunya Fons Josep Franch- Clapers

LA ESPAÑA PEREGRINA VUELVE DEL OLVIDO

Tres exposiciones muestran en el 80º aniversario del arranque del exilio republicano el impacto cultural y social de la diáspora


En los primeros meses de 1939 más de medio millón de españoles cruzaron la frontera con Francia. Con aquel éxodo masivo se iba cerrando el último capítulo de la Guerra Civil y arrancaba la primera etapa de un largo e incierto exilio que se prolongaría durante cerca de cuatro décadas y se expandiría por el continente americano y el Caribe, la URSS y Europa. Ochenta años después de aquella retirada, una monumental exposición documental y artística y dos muestras fotográficas, inauguradas este miércoles en las Arquerías de Nuevos Ministerios en Madrid, reconstruyen y rinden homenaje a la diáspora republicana.

Retrato de Robert Capa de un músico de la Filarmónica de Barcelona campo de Bram marzo de 1939. 
Retrato de Robert Capa de un músico de la Filarmónica de Barcelona campo de Bram marzo de 1939. International Center Of Photography Magnum Photos Contacto

Comisariada por Juan Manuel Bonet, 1939: Exilio republicano español sigue el rastro de aquella España peregrina desde la frontera con Francia hasta la devolución del Guernica de Picasso a España en 1981. “Esta es la exposición más grande que se ha hecho sobre el tema y se muestra mucho material que nunca había sido expuesto”, explicó este miércoles el exdirector del Museo Reina Sofía, que también participó en la primera muestra dedicada al exilio presentada en 2002 en el Palacio de Cristal del Retiro. La nueva exposición traza un amplio recorrido histórico con documentos, fotografías, objetos —desde maquetas de barcos hasta la bandera con crespón que se usó en el entierro de Azaña—, películas, material radiofónico, grabaciones de lecturas, carteles, libros y más de medio centenar de cuadros.
La vasta panorámica que la muestra ofrece ordena una larga y compleja historia, silenciada y perseguida durante el franquismo. Desde la resistencia del Gobierno en el exilio y de los sindicatos y partidos, hasta la evocación de las editoriales, librerías, galerías y escuelas que los republicanos fundaron en sus países de acogida, el recorrido es rico y diverso.

A las fotos de Robert Capa, David Seymour o Agustí Centelles que documentaron la retirada se suman la edición de 1940 del libro de Silvia Mistral en Éxodo. Diario de una refugiada española, o un ejemplar de 1937 de A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales. Mapas de los campos de concentración en Francia; la maqueta del barco Sinaia —que trasladó a más de 1.500 republicanos a México—, y documentos como el radiotelegrama de Manuel Azaña presentando su dimisión, o el diario de a bordo de una expedición en julio de 1939, se presentan junto a las historias de los refugiados que acabaron en la Unión Soviética, y las de los combatientes que integraron la División Leclerc y lucharon contra el fascismo en la contienda que asoló el resto de Europa hasta 1945.

Cartel de Pablo Picasso 'Hommage des artistes espagnols à Antonio Machado' (París Maison de la Pensée Française, 1955).
Cartel de Pablo Picasso 'Hommage des artistes espagnols à Antonio Machado' (París Maison de la Pensée Française, 1955).

Hay un capítulo dedicado al impacto que tuvieron las muertes del poeta Antonio Machado (se expone el dibujo que de él hizo Picasso para ilustrar un cartel) y de Manuel Azaña, y otro que recuerda los campos de concentración nazis donde muchos republicanos acabaron. Una sección está dedicada al trabajo en las artes escénicas que emprendieron los exiliados. Los auriculares permiten escuchar los programas de radio que en la BBC, Radio París y La Pirenaica constituían un último reducto donde escuchar noticias que escapaban al oficialismo franquista.
 

Ordenados siguiendo un criterio geográfico, los cuadros y obras artísticas producidas por los exiliados ocupan casi toda la planta inferior. Ahí puede contemplarse el trabajo de artistas como Vela Zanetti, Mary Martín, Luis Seoane, Ramón Gaya, Óscar Domínguez, Rafael Alberti, Maruja Mallo o Amparo Segarra, entre muchos otros. También se presentan los aguafuertes de Pablo Picasso Sueño y mentira de Franco y el retrato que el pintor malagueño hizo de la hija del arquitecto Manuel Sánchez Arcas, Mercedes Sánchez Cruz-López, en 1948 en Varsovia, ciudad a la que acudió en uno de sus pocos viajes en avión. Herederos y familiares de los artistas han prestado muchos materiales, que se han sumado a los de las colecciones de la Fundación Pablo Iglesias, y el Museo Reina Sofía, entre otras instituciones.

La colección del centenar de fotografías inéditas que el fotoperiodista francés Philippe Gaussot tomó en la frontera en 1939 y en los campos, se presenta de forma separada en Las Arquerías en la muestra titulada Caminos del exilio. Su hijo Jean Philippe encontró una maleta con el material que ahora se muestra por vez primera. La sangre no es agua de Pierre Gonnord es la otra exposición fotográfica, que combina recuerdo, pasado y presente.

Con estas muestras, abiertas hasta el 31 de enero, se cierra un año de conmemoraciones. Coordinado por una comisión interministerial, el proyecto de homenaje al exilio se marcó la restitución de su historia, y la difusión del legado de los exiliados. En la presentación a la prensa el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, afirmó sentirse “profundamente emocionado”. La ministra de Justicia, Dolores Delgado, habló del intento “de sacar de la fosa de la desmemoria a quienes marcharon al exilio”. Y el titular de Cultura, José Guirao subrayó que este tema es infinito: “Esta exposición es necesaria. Hemos tardado 80 años en tratar el exilio con la importancia que merecía, pero esto no se agota”.

Fuente: El País

lunes, 9 de diciembre de 2019

EN FOTOS, FIDEL CASTRO Y NELSON MANDELA, EN EL SEXTO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL LÍDER SUDAFRICANO


Fidel Castro recibe al líder sudafricano Nelson Mandela en el Aeropuerto Internacional José Martí, en ocasión de su primera visita a Cuba tras su liberación de las cárceles del régimen racista sudafricano del Apartheid, 25 de julio de 1991. Foto: Pedro Beruvides
Fidel Castro recibe al líder sudafricano Nelson Mandela en el Aeropuerto Internacional José Martí, en ocasión de su primera visita a Cuba tras su liberación de las cárceles del régimen racista sudafricano del Apartheid, 25 de julio de 1991. Foto: Pedro Beruvides
Sobre él Fidel Castro expresó:

    “Fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito”.

Fidel Castro recibe a su llegada a Cuba al presidente del Congreso Nacional Africano (ANC) Nelson Mandela, en el aeropuerto internacional José Martí, la Habana, 25 de julio de 1991.

Fidel Castro junto a Nelson Mandela recorre las instalaciones de la
Villa Panamericana. Los acompañan Vilma Espín, Winnie Mandela y José Ramón Fernández, Presidente del Comité Organizador de la cita deportiva, 25 de julio de 1991.

Fidel Castro junto a Teófilo Stevenson y Nelson Mandela en La Habana,
25 de julio de 1991. Foto: Estudios Revolución

Fidel Castro junto a Nelson Mandela en el acto central por el XXXVIII Aniversario
del Asalto al Cuartel Moncada, efectuado en la Plaza Victoria de Girón,
en la provincia de Matanzas, 26 de julio de 1991.

Fidel Castro junto a Nelson Mandela en el acto central por el XXXVIII Aniversario
del Asalto al Cuartel Moncada, efectuado en la Plaza Victoria de Girón,
en la provincia de Matanzas, 26 de julio de 1991.

Fidel Castro con Nelson Mandela en el acto por el 26 de Julio,
efectuado el 26 de julio de 1991, Foto: Liborio Noval

Fidel Castro junto a Nelson Mandela en el Parlamento sudafricano,
4 de septiembre de 1998. Foto: Juventud Rebelde

El abrazo de dos amigos entrañables, en presencia de Graça Machel,
en el inicio de la Cumbre del Movimiento de los Alineados,
en Durban, septiembre de 1998. Foto: Juventud Rebelde

Encuentro de dos amigos entrañables, en el inicio de la Cumbre del Movimiento
de los Alineados, en Durban, septiembre de 1998. Foto: Juvenal Balán

Fidel Castro visita a Nelson Mandela, expresidente de Sudáfrica,
en su residencia de Houghton, en Sudáfrica,
2 de septiembre de 2001. Foto: Estudios Revolución

Cita de Fidel Castro sobre Nelson Mandela

Fuente: Cubadebate

domingo, 8 de diciembre de 2019

"EN NOMBRE DE LA PAZ", OBRA DEL PINTOR SOVIÉTICO V.I. VIKHTINSKY


En nombre de la paz (La firma del Tratado de Amistad, Unión y Asistencia Mutua entre la Unión Soviética y la República Popular de China)
VI Vikhtinsky (con un equipo)
1950
Oleo sobre lienzo
271 x 400 cm
Museo Ruso de San Petersburgo

La Unión Soviética fue el primer país en establecer vínculos diplomáticos oficiales con la recientemente proclamada República Popular de China en 1949. En Moscú, el 14 de febrero de 1950, la URSS y la República Popular de China firmaron un contrato de 30 años sobre amistad, unión y asistencia mutua. Mostrando una lealtad sin precedentes a China y cediendo muchas de las reclamaciones de la URSS en territorio chino, Stalin estaba actuando en los intereses estratégicos de fortalecer la "amistad eterna e indestructible" de la URSS con su vecino del lejano oriente. En la pintura se representan figuras públicas soviéticas y chinas como Guo Moruo, Mao Zedong y Zhou Enlai.

sábado, 7 de diciembre de 2019

"NOTICIAS DE LA ANTIGÜEDAD IDEOLÓGICA: MARX/EISENSTEIN/EL CAPITAL", PELÍCULA DE ALEXANDER KLUGE

Título original: Nachrichten aus der ideologischen Antike - Marx/Eisenstein/Das Kapital
Año: 2008
Duración: 570 min.
País: Alemania
Dirección: Alexander Kluge
Guión: Alexander Kluge
Reparto: Documentary, Oksana Bulgakova, Dietmar Dath, Hans Magnus Enzensberger, Durs Grünbein, Hannelore Hoger, Sophie Alexandra Kluge, Oskar Negt, Sophie Rois, Helge Schneider, Peter Sloterdijk, Andreas Tobias
Productora: Suhrkamp Verlag
Sinopsis: Durante casi nueve horas, Alexander Kluge Trata de reconstruir el proyecto inacabado de Sergei Eisenstein de rodar El Capital de Karl Marx tras un febril encuentro con James Joyce en 1927. Es también un intento de entender la vigencia de Marx en nuestro tiempo, de volver a concebir el cine como un medio crítico y de conocimiento.


Noticias de la Antigüedad ideológica: Marx/Eisenstein/El capital (2008) es una de las películas más complejas y monumentales de la historia del cine reciente. A lo largo de casi nueve horas de duración, su director, Alexander Kluge (Alemania, 1932), propone una reconstrucción del proyecto inacabado de Eisenstein de rodar El capital de Karl Marx tras un febril encuentro con James Joyce en 1927. Noticias de la Antigüedad ideológica es también un nuevo giro de tuerca para entender el espectro contemporáneo de Marx a partir de una imagen fantasmagórica, constituida por la asociación libre y el montaje de ideas, capaz de volver a imaginar el cine como un medio crítico y de conocimiento.

Si bien esta película participa de la pulsión actual hacia El capital, Kluge se distancia de las celebraciones y retornos literales dominantes para armar un relato alegórico en el que, mientras el texto es la potencia melancólica de un proyecto radical irrealizado, el subtexto es la redención del presente a partir de una rigurosa excavación del pasado. De esta forma, Noticias de la Antigüedad ideológica se plantea como un amplio archivo transversal que contiene el cine dentro del cine, las imágenes de historia y catástrofe del s.XX, fragmentos de ópera, entrevistas a distintos pensadores (Peter Sloterdijk, Oskar Negt, Hans Magnus Enzensberger...), ficciones interpretadas, esfuerzos pedagógicos o textos y fragmentos de discurso proyectados entre las imágenes. Dentro de este torrente, Kluge parece referirse a cómo los media son tanto ruinas del pasado como modelos de futuro. "La historia del cine sigue siendo un desafío", escribe; "es un Fénix, y sigue sin cumplirse. Alrededor de 1929, cuando Eisenstein quiso realizar su versión de El capital de Marx, en el umbral del cine sonoro, el viejo cine muere por primera vez por motivos comerciales para volver a surgir en otra parte. Hoy es lo mismo: el cine está muriéndose en los cines y vuelve a surgir en Internet".

PARTE 1:



PARTE 2 (SIN SONIDO):



PARTE 3:




jueves, 5 de diciembre de 2019

VERSIÓN FLAMENCA DEL "BELLA CIAO" PARA EL PRÓXIMO CONGRESO DEL PARTIDO DE LA IZQUIERDA EUROPEA



Los artistas Amparo Sánchez (Amparanoia) y Juan Pinilla han hecho una versión del clásico italiano antifascista 'Bella Ciao' y la han traducido a la música flamenca como banda sonora del congreso del Partido de la Izquierda Europea (PIE) que se celebra en Benalmádena (Málaga) los días 13, 14 y 15 de diciembre.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

ASTIBERRI PUBLICA EL TERCER TOMO DE "LA BALADA DEL NORTE", COMIC DEDICADO A LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS DE 1934

Una historia de represión: 'La balada del norte' aborda las consecuencias de la Revolución de Asturias del 34Llega a nuestras librerías la tercera parte de La balada del norte, tetralogía de novelas gráficas de Alfonso Zapico que narra los avatares históricos que vivió la sociedad asturiana del siglo XX

Se calcula que unos 5.000 mineros perdieron la vida en Asturias entre 1889 y 1995. Al menos en decesos y accidentes que estén documentados. La cifra real podría ser superior. Pues bien: en 1934, en Asturias, esa situación se había vuelto insostenible. La vida cotizaba demasiado a la baja. El valor de perecer, sepultado por rocas o ahogado, era cada vez más insignificante en la cuenca minera. Así que con poco que perder, los mineros iniciaron un movimiento huelguístico secundado por los grandes sindicatos, que les llevó hasta Oviedo.

Ocurrió que en la capital asturiana, la protesta tomó un cariz imparable y estalló la Revolución de Asturias. Ardió el teatro Campoamor, saltó por los aires la Cámara Santa de la Catedral. Quienes aún recuerdan y quienes escucharon a quienes recordaban, siguen debatiendo quien fue el responsable del primer disparo: militares o mineros.

"Preveo que, en esto como en todo, la opinión española se dividirá en dos bandos igualmente irreconciliables", escribía Manuel Chaves Nogales en el imprescindible ensayo Tres periodistas en la revolución de Asturias, "el de los que afirmarán que la población minera de Asturias lanzada al movimiento es una horda de caníbales y el de los que sostendrán que todo fue un juego de inocentes criaturas o, a lo sumo, de cabezas alocadas y sin responsabilidad".

En la trinchera entre unos y otros, el dibujante Alfonso Zapico ha construido La balada del norte. Ambiciosa tetralogía de tebeos que narra los avatares históricos que vivió la sociedad asturiana del siglo XX. Y que ahora, con la publicación de un tercer tomo de casi trescientas páginas de viñetas, ahonda en uno de los aspectos más desconocidos y turbios de la revolución asturiana: la represión y la tortura que sufrió la comunidad minera tras los acontecimientos de aquel mes de octubre de 1934.


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Viñetas de 'La balada del norte: Tomo 3', de Alfonso Zapico. Astiberri.

Una revolución en gris hollín

En 2015, Alfonso Zapico se embarcó en lo que que se iba a convertir en su proyecto más largo y ambicioso. Nacido en Blimea en 1981, este historietista e ilustrador venía de ganar el Premio Nacional del Cómic en 2012 con Dublinés, una biografía de James Joyce publicada por Astiberri. Un trabajo ampliado posteriormente con La ruta Joyce y que le situaría como uno de los dibujantes españoles más destacados de su generación.

Desde entonces ha publicado El otro mar, sobre el explorador Vasco Núñez de Balboa, Zubigileak, una larga e interesantísima conversación entre Eduardo Madina y Fermín Muguruza, y Los niños de humo junto con Aitana Castaño, sobre la herencia cultural de la minería en la infancia. Y mientras hacía todo eso, ha mantenido viva una serie de extensos tebeos con la que pretendía narrar los hechos del 34.

"La primera idea que tuve cabía en un libro", cuenta Zapico a eldiario.es. "Al dibujarlo vi que serían dos", y se suponía que culminaría como trilogía, pero a la publicación del tercer tomo, reconoce que ahora no puede dejar La balada del norte: "La historia ha ido creciendo según la dibujaba, porque he necesitado muchas viñetas y aún me quedaré corto".

La historia en el primer tomo publicado en 2015, empezaba en el Madrid de 1933. La Segunda República vivía un momento de profunda convulsión. Un periodista de familia rica llamado Tristán Valdivia abandonaba la ciudad para acercarse a Asturias, donde el movimiento obrero luchaba por mejorar su inhumana situación. Allí conocía y se enamoraba de Isolina, la hija de Apolonio, líder minero plenamente implicado en una revolución a punto de estallar.

Dos años después, la segunda entrega de La balada del norte se metía de lleno en la revolución, con un rigor histórico no reñido con los novelescos avatares del amor imposible entre Tristán e Isolina. Aunque también ampliaba el alcance temático de la génesis con un ambicioso ejercicio narrativo, casi dickensiano, que venía a retratar ecuánimemente una lucha de clases eterna que en el 34 prendió como la pólvora en la cuenca minera.

Ahora, la nueva entrega rastrea el sangriento final de la revolución de Asturias del 34, en un tono continuista en lo narrativo. Tampoco varía el estilo pictórico, que sigue llenando las páginas de un gris tan particular como propio de la cultura minera. Con todo y con eso, en el tomo tercero, Zapico decide darle alas a su afán expresivo en lo formal. De tal manera que la revuelta, sin abandonar el rigor, se vuelve más libre en lo gráfico que nunca.

"Es una narración muy cinematográfica en el sentido de que los acontecimientos se aceleran y eclosionan según nos acercamos al final", cuenta Zapico. "No es mi estilo ni me pega mucho esta forma de narrar, pero no quería renunciar al ritmo que le dan a la historia este tipo de escenas. En el cómic, como en todo, hay que probar y probarse".

De lucha de clases e historias invisibilizadas



Cuatro años y mil páginas de historia después, La balada del norte se presenta como un ambicioso fresco sociopolítico de nuestro pasado reciente como país, con ecos constantes resonando en el presente. En el personaje de Tristán vemos una burguesía bienintencionada pero despegada de los problemas de una mayoría social que le es ajena. En el de Apolonio, una clase trabajadora tan sufrida y tan luchadora que resulta prejuiciosa y conservadora en lo moral.

"No sé si Apolonio y Tristán representan a 'las dos Españas', porque aunque son muy arquetípicos de su clase, en el fondo son personajes muy complejos y contradictorios, están –y se sienten fuera de lugar, a pesar de todo", explica Zapico. "Las dos, tres o cuatro Españas de hoy están condenadas a entenderse, si no quieren repetir el modelo fallido y brutal de los años 30".

Todo, sin olvidar prestar atención a los flecos históricos escasamente estudiados y representados en la ficción. El tercer tomo de La balada del norte centra su desarrollo dramático en la represión que los mineros sufrieron una vez sofocada la revuelta con mano de hierro.

También en la corrupción de las altas esferas militares, la impunidad de sus crímenes, o la invisibilización de la lucha de la mujer minera en el entorno proletario. El personaje de Isolina, sin ir más lejos, representa la mujer minera y republicana que sufrió por partida doble la represión: por su condición social y de género.


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Viñetas de 'La balada del norte: Tomo 3', de Alfonso Zapico. Astiberri.
"En el 34, en el 36, en el 39 y aún después…", reflexiona el dibujante, "la figura de la mujer en la sociedad minera es la gran paradoja del movimiento obrero: las mujeres estaban presentes en primera línea del trabajo y del hogar, en las reivindicaciones políticas, en las huelgas y las cárceles. Pero en los carteles de propaganda el minero con la dinamita ocupa mucho espacio y tapa todo lo demás".

El político, antiguo corresponsal de guerra y escritor Javier Nart va más allá. En el epílogo que acompaña este libro afirma que La balada del norte, y su visión de la revolución del 34, "debería hacernos meditar sobre la patología cainita que aún hoy afecta a nuestra sociedad".

"No sé si hay alguna patología de ese tipo que afecte a los españoles y ante la que estén inmunizados –por ejemplo los franceses o los polacos", sostiene en cambio el ganador del Premio Nacional del Cómic en 2012. "Pero sí es verdad que el lenguaje de hoy se parece mucho al de los años 30, y con él llega la división de la sociedad en bloques, la cerrazón ante las opiniones ajenas, el odio. Éstos sí son síntomas inquietantes de una vieja enfermedad".

Una que sigue azotando a una España en el que la división y la crispación es norma. Y en el que obras como La balada del norte se significan como formas de comprender  e interpretar una memoria histórica que a muchos les resulta incómodo recordar.


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Viñetas de 'La balada del norte: Tomo 3', de Alfonso Zapico. Astiberri.

Fuente: eldiario

martes, 3 de diciembre de 2019

"LORCA EN NUEVA YORK", DE ALBERTO SAN JUAN Y LA BANDA OBRERA



Nueva York en un poeta es un viaje al corazón del capitalismo de la mano de Federico García Lorca. Federico vivió en “la gran urbe aulladora” durante nueve meses y allí fue testigo directo del crack del 29, la mayor crisis del capitalismo mundial: “un sistema económico cruel al que pronto habrá que cortarle el cuello”. El otro gran impacto de su largo viaje fue el encuentro con la cultura negra afroamericana. Y la soledad de su “yo errante”. Y la libertad de vivir alejado de todo lo que hasta entonces conocía. Lo contó a su vuelta en una conferencia en Madrid, en 1930. Y, de paso, presentó Poeta en Nueva York: “carne mía, alegría mía, sentimiento mío”.

Actuación en Sevilla el 5 de diciembre: https://www.atalaya-tnt.com/entradas/index.php?event_id=816


lunes, 2 de diciembre de 2019

"UNA JUVENTUD EN ALEMANIA", DE ERNST TOLLER, DESCARGABLE EN PDF, EN EL 126 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO


Ernst Toller nació el año 1893 en Samotschin, en una Polonia que era alemana entonces, de familia judía y bien a tiempo para que el fervor nacionalista, contagiado como un mal virus, lo llevara voluntario a las trincheras de la I guerra mundial. Ellas forjaron su carácter, y de ellas salió rebelde en cuerpo y alma contra la desidia de dios y la infamia de los hombres, y contra la servidumbre en que el miedo nos ata. En 1918 participó en la constitución de la República de los Consejos de Baviera, tras cuya derrota fue condenado a cinco años de prisión que cumplió íntegramente.

A partir de 1919 Ernst Toller alcanzó cierto éxito como autor de piezas teatrales expresionistas, cuyos personajes trataban de mostrar arquetipos del devenir social, pero su carrera se vio interrumpida por el acceso de los nazis al poder en 1933, que lo llevó al exilio en Inglaterra y luego en los Estados Unidos, y a volcar sus energías en la tarea de alertar a sus contemporáneos de la necesidad de plantar cara al fascismo. En los años 30 viajó varias veces a España y desarrolló una solidaridad con el torturado pueblo español como para hacerle quitarse la vida tras la derrota definitiva de éste, el 22 de mayo de 1939 en un hotel de Nueva York. Una juventud en Alemania fue publicado en 1933 y aparece ahora en castellano (Pepitas de calabaza, 2017) recuperando una traducción de Pablo Sorozábal Serrano y con prólogo de Carlos García Velasco.

El libro echa a andar con una nota fechada el día de 1933 en que las obras de Toller son quemadas en Alemania. En ella constata la urgencia de comprender el pasado si se quiere descifrar el presente, y de analizar los errores que han traído el triunfo de la barbarie. Se trata de percibir, sobre todo, que no es que la razón haya fracasado; en realidad nunca tuvo poder y sólo un simulacro suyo fue venerado. Con este espíritu, Toller rememora su infancia en un país en el que alemanes y judíos, solidarios en su germanidad, rivalizaban con polacos por lo general más pobres. Él, un niño rico y judío, conoce pronto el placer de “colocar las palabras una tras otra”, progresa en sus estudios y los continúa en Francia tras la muerte de su padre. En Grenoble acude a la universidad y viaja luego por Provenza.

Regresa a Alemania con el comienzo de la Gran Guerra y en Múnich se presenta voluntario. Es admitido en artillería y tras unos meses de instrucción, en marzo de 1915 se ofrece para ir al frente. Cerca de Metz participa en el cañoneo de posiciones francesas y siente por primera vez el soplo helado de la muerte. En otro destino al este de Verdún es ascendido a suboficial. Sus impresiones son las de tantos que sufrieron aquello: “El infierno sería mejor que esto; los cadáveres provocan pavor pero no piedad”. Después de trece meses en las trincheras, enferma y es declarado inútil. En Múnich estudia y escribe con ahínco y se une al círculo donde brillaban Thomas Mann y Frank Wedekind, pero es incapaz de olvidar. Piensa que se debería hacer algo para tratar de detener la matanza e interviene en la creación de una asociación pacifista. Entre virulentos ataques reciben cartas de apoyo de Albert Einstein y Gustav Landauer.

Cuando Toller tiene acceso a documentos que ponen de manifiesto la responsabilidad de las autoridades alemanas en el comienzo de la guerra, no tarda en comprender que tras ella se esconde sólo el afán de lucro y que es un movimiento más de la máquina infernal del capitalismo. Por entonces conoce además a Kurt Eisner, líder de los socialistas independientes que luchan por poner fin al conflicto, y toma contacto con unas masas obreras pujantes y pletóricas de ideas. En Múnich, apoya los huelguistas que exigen un armisticio y es encarcelado. Cuando el maltrato hace que su salud se resienta lo llevan al hospital militar y sólo en el verano de 1918 está libre por fin. Pronto, la revuelta se extiende por el país; el 9 de noviembre Karl Liebnecht proclama en Berlín la República Socialista Alemana, mientras el káiser huye a Holanda.

Ernst Toller desgrana sus recuerdos de aquellos días. En Múnich colabora con el gobierno revolucionario del Estado Libre de Baviera, que preside su amigo Eisner, y en diciembre viaja a Berlín para asistir al congreso de consejos. Éste toma la desastrosa decisión de renunciar a asumir el control total de la situación y da con ello el golpe de gracia a la revolución, mientras la reacción, con la inestimable ayuda de los socialdemócratas, se envalentona y los empresarios arman fuerzas paramilitares. Sus hazañas llegan pronto; Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg son apaleados y asesinados el 15 de enero de 1919 y Kurt Eisner recibe un disparo por la espalda el 21 de febrero. Es entonces cuando, con las masas en efervescencia, el 7 de abril de 1919 (no el 17 como se dice en el libro) en el muniqués palacio Wittelsbach el Comité Central de los consejos y los delegados de los partidos proclaman la República de los Consejos de Baviera.

Las medidas revolucionarias no se hacen esperar: socialización de la prensa, confiscación de viviendas para paliar su escasez, creación del Ejército Rojo… Toller, que es nombrado presidente del Comité Central poco después, nos acerca a los desvelos de aquellos días en los que ha de enfrentarse a la incompetencia de sus propios colaboradores y a las intrigas de socialdemócratas y comunistas, por no hablar de la reacción, que se apresta desde Bamberg para derrotar militarmente a los consejistas. Los comunistas toman pronto el control y Toller queda marginado de la dirección del proceso, pero participa en combates contra los blancos y a petición de sus compañeros asume el mando militar de las fuerzas revolucionarias. Interviene después en el asalto y conquista de Dachau, donde desobedece la orden de fusilar a los oficiales capturados.

Además de al enemigo, Toller ha de combatir la desmoralización, episodios de brutalidad que se dan en sus propias filas, y el sectarismo y arbitrariedad de las órdenes que recibe. A finales de abril, Múnich está rodeado por los blancos, que inventan atrocidades de los rojos para excitar contra ellos a los campesinos, al tiempo que les ofrecen generosas soldadas. Son cien mil contra unos pocos miles, y cuando los comunistas insisten en la solución militar, Toller dimite de su cargo de comandante de las tropas. No obstante resiste en la ciudad hasta el final, tratando de hacer lo posible para paliar lo que se avecina. Sabe que el fracaso de la revolución se saldará con un baño de sangre, pero se niega a estar entre los que huyen dejando atrás a las masas indefensas a punto de ser masacradas. Su destino está sellado al suyo.

El gobierno ofrece 10000 marcos de recompensa por Ernst Toller, que es escondido por buenas gentes dispuestas a arriesgar su vida. Al fin el 4 de junio es detenido y enviado a la prisión de Stadelheim, donde convive con las huellas macabras de los recientes asesinatos de sus compañeros y amigos, y sólo se salva de que le apliquen la ley de fugas por la ayuda de unos guardianes benevolentes. Viene luego el juicio sumarísimo, en el que es condenado a cinco años de reclusión en una fortaleza. Habían pasado ya las semanas del terror blanco en que cientos de personas fueron exterminadas, como detallan los testimonios estremecedores que se presentan en el libro. Éste concluye con los recuerdos del presidio, donde Toller comienza su carrera de dramaturgo, y con apéndices que recogen su declaración tras ser detenido y la noticia periodística de su arresto.

Toller nunca deja de ser un poeta expresionista y en seguida nos damos cuenta de que siente predilección por los individuos que desafinan, sea en la brutal orquesta wagneriana de la guerra o en el coro violento y alucinante de la revolución. Ellos quiere que sean los protagonistas, porque reflejan mejor que nadie las contradicciones de aquel tiempo, y ponen en evidencia a los que tienen la desfachatez de seguir el guión sin inmutarse. El propio Toller es uno de aquellos sin duda, y su compromiso con la revolución, es decir, con la liberación del ser humano de la máquina despiadada que lo aplasta, no es óbice para que sienta la necesidad de detenerse a contemplar cada momento, con infinita tristeza, las flores trituradas por la operación liberadora.

Una juventud en Alemania nos trae imágenes en sepia de la Europa que se dejaba caer en el desastre y una crónica del infierno de las trincheras en el frente occidental. Después, su relato a flor de piel de la República de los Consejos de Baviera nos acerca a una revolución con amplia base popular y casi incruenta, que pecó de improvisación, se envenenó en rencillas muy de aquellos años y fue ahogada al fin en un baño de sangre. Toller fue de los que sobrevivieron, pero sólo para ver el ascenso del fascismo y rumiar una esperanza que se rompió definitivamente cuando España cayó bajo sus garras.

Reseña de Jesús Aller (http://www.jesusaller.com)

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