Ejemplar de la prensa clandestina que compone la obra del Grup de Treball, Champ d’attraction. Document. Travail d’information sur La presse illégale des Pays Catalans, 1975.
Grup de Treball fue un colectivo de artistas e intelectuales que desarrolló un arte conceptual fuertemente implicado en la lucha antifranquista.
Destaca su conceptualismo, la autoría colectiva, la desmaterialización de la obra de arte, la crítica a los circuitos habituales de distribución del arte, la interrogación sobre la propia condición artística y, por supuesto, la lucha contra la represión política.
Activo desde 1973, se disolvió en 1977, aunque su última obra es de 1975. Si bien la primera intervención pública del grupo fue en la sección de arte de la 5ª Universitat Catalana d’Estiu de Prada de Conflent (1973), parte de los artistas ya había coincidido en el polémico debate suscitado a raíz del texto de Antoni Tàpies «La creación: Arte conceptual aquí» publicado en La Vanguardia en 1973.
El alegato de Tàpies, una defensa a ultranza de la práctica artística tradicional, del arte por el arte, y una crítica descalificadora del conceptualismo, cayó como un jarro de agua fría y fue considerado como un agravio por aquel grupo de jóvenes artistas, que se apresuró a redactar una respuesta y enviarla al mismo periódico. Pero nunca fue publicada. Sin embargo, el pintor sí que dio por recibida la respuesta y contraatacó de nuevo en las páginas privilegiadas del mismo rotativo. Citando al poeta J. V. Foix, sentenciaba: "El poeta, como poeta, no ha de tener otra motivación lírica que la poesía. Si quiere intervenir como tal [en la revolución del mayor número] la poesía se le ahoga en los estanques mórbidos de la retórica". Las tesis de estos artistas conceptuales eran, para Tàpies, "la cantinela de siempre, el tic obsesivo de que el creador es más social, más progresista, por hechos añadidos o accesorios. No por su propia obra, no por lo que ha dicho en su propio terreno. En el fondo es seguir sin creer en el arte de vanguardia, no tener sensibilidad para la nueva poesía. Una especie de vanguardismo vergonzante o un realismo socialista encubierto".
Esta polémica, que siguió ampliándose, sólo fue recogida -en ambos sentidos- en su tiempo en la revista madrileña Nueva Lente.
El Documento-respuesta a Tàpies del Grup de Treball, publicado en mayo de 1973 en Nueva Lente, se reproduce a continuación:
Fuente de las imágenes: La Polémica Tàpies y el Conceptualismo catalán 1973-1985 (Nataly Dal Pozzo)
viernes, 9 de noviembre de 2018
jueves, 8 de noviembre de 2018
EDITORIAL CATARATA PUBLICA "LA REVOLUCIÓN DE 1918-1919. ALEMANIA Y EL SOCIALISMO RADICAL"
La revolución de 1918-1919. Alemania y el socialismo radical
César de Vicente Hernando
Editorial Catarata
ISBN: 978-84-9097-478-0
Páginas: 160
Precio: 15 €
Fecha publicación: 27-08-2018
En 2018 se celebra el centenario de la Revolución alemana, uno de los acontecimientos quizás peor conocidos y más silenciados del siglo XX y que supuso el fin de toda tentativa de constitución de una democracia socialista
La revolución alemana de 1918-1919 es quizás uno de los acontecimientos peor conocidos y más silenciados del siglo XX. La derrota sufrida en la Gran Guerra, con las ominosas cargas que supuso para la población alemana, propició una revolución que si bien trajo consigo el derrocamiento del Estado monárquico y militar del II Reich y la proclamación de la República de Weimar, supuso también el fin, paradójicamente, de toda tentativa de constitución de una democracia socialista. Esta nueva coyuntura política, que recogía las demandas de las distintas burguesías y de buena parte de las clases subalternas, se concretó también en un proyecto socialista que exigía una República de Consejos. Es por ello que puede decirse que la Revolución alemana fue una diversidad de revoluciones, organizada en torno a dos poderes: el sostenido por el Partido Socialdemócrata de Alemania y el encabezado por diferentes grupos radicales como los espartaquistas, que conformaron el Partido Comunista de Alemania, liderado por Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg y Clara Zetkin. Este libro ofrece una reconstrucción de los acontecimientos y de las distintas fuerzas sociales que los configuraron, así como de los hechos más relevantes sucedidos en los distintos estados alemanes. Además, su descripción e interpretación son abordadas a partir de algunos de los ejemplos más significativos del arte, el teatro, la música y la filosofía.
César de Vicente Hernando
Editorial Catarata
ISBN: 978-84-9097-478-0
Páginas: 160
Precio: 15 €
Fecha publicación: 27-08-2018
En 2018 se celebra el centenario de la Revolución alemana, uno de los acontecimientos quizás peor conocidos y más silenciados del siglo XX y que supuso el fin de toda tentativa de constitución de una democracia socialista
La revolución alemana de 1918-1919 es quizás uno de los acontecimientos peor conocidos y más silenciados del siglo XX. La derrota sufrida en la Gran Guerra, con las ominosas cargas que supuso para la población alemana, propició una revolución que si bien trajo consigo el derrocamiento del Estado monárquico y militar del II Reich y la proclamación de la República de Weimar, supuso también el fin, paradójicamente, de toda tentativa de constitución de una democracia socialista. Esta nueva coyuntura política, que recogía las demandas de las distintas burguesías y de buena parte de las clases subalternas, se concretó también en un proyecto socialista que exigía una República de Consejos. Es por ello que puede decirse que la Revolución alemana fue una diversidad de revoluciones, organizada en torno a dos poderes: el sostenido por el Partido Socialdemócrata de Alemania y el encabezado por diferentes grupos radicales como los espartaquistas, que conformaron el Partido Comunista de Alemania, liderado por Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg y Clara Zetkin. Este libro ofrece una reconstrucción de los acontecimientos y de las distintas fuerzas sociales que los configuraron, así como de los hechos más relevantes sucedidos en los distintos estados alemanes. Además, su descripción e interpretación son abordadas a partir de algunos de los ejemplos más significativos del arte, el teatro, la música y la filosofía.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
EDITORIAL POPULAR PUBLICA "LA CHINA DE XI JINPING", DE XULIO RÍOS
La China de Xi Jinping
Xulio Ríos
Madrid 2018
Editorial Popular.
En sus 300 páginas, Xulio Ríos analiza en esta obra qué hay de continuidad y de cambio en la China de Xi Jinping, ofreciéndonos la indispensable contextualización y perspectiva para comprender la China actual en el orden de la ideología, la política, la economía y la sociedad, la seguridad y la defensa y la política exterior.
Tras el maoísmo y el denguismo, el xiísmo es señalado por el autor como el tercer tiempo del proceso iniciado en 1949. Con su formulación de una “nueva era”, Xi pretende completar el tramo final de la modernización del país en dos grandes zancadas, hasta 2035 y 2050. Para ello, lejos de tomar el rumbo de la liberalización esperada en Occidente, su propuesta consiste en apoyarse en un Partido Comunista reforzado en su estructura y en su ideología.
La nueva política china en tiempos de Xi pone el énfasis en la construcción de un Estado con derecho (neolegismo) que debe ratificar el liderazgo absoluto del PCCh en todos los órdenes. Igualmente postula una reforma integral que abarca numerosos aspectos. La agenda territorial se identifica como uno de los mayores retos en el futuro inmediato.
El cambio en el modelo de desarrollo, el salto tecnológico, los equilibrios entre la planificación y el mercado, los retos demográficos, la justicia social, el medio ambiente o la visión china de una globalización inclusiva son asuntos de gran trascendencia en la agenda china actual.
El autor se detiene igualmente en la reforma militar auspiciada por Xi en su primer lustro al frente de China y cuyo principal objeto es blindar la soberanía nacional y asegurar la defensa de sus “intereses centrales”.
Asimismo, aborda la estrategia exterior de Xi Jinping definida por una diplomacia muy activa que sigue apostando por la economía como punta de lanza principal pero igualmente abriéndose camino para desarrollar ambiciosos proyectos (la Franja y la Ruta) que le procuran una mayor presencia e influencia en todo el orbe.
En suma, La China de Xi Jinping nos ofrece un conjunto indispensable de reflexiones que detallan los contenidos del último tramo del proceso de modernización que vive el país con la esperanza de culminar el sueño chino. Un sueño, no obstante, que puede derivar en debates internos y tensiones internacionales susceptibles de hacer peligrar el éxito del empeño.
Fuente: Rebelión
Xulio Ríos
Madrid 2018
Editorial Popular.
En sus 300 páginas, Xulio Ríos analiza en esta obra qué hay de continuidad y de cambio en la China de Xi Jinping, ofreciéndonos la indispensable contextualización y perspectiva para comprender la China actual en el orden de la ideología, la política, la economía y la sociedad, la seguridad y la defensa y la política exterior.
Tras el maoísmo y el denguismo, el xiísmo es señalado por el autor como el tercer tiempo del proceso iniciado en 1949. Con su formulación de una “nueva era”, Xi pretende completar el tramo final de la modernización del país en dos grandes zancadas, hasta 2035 y 2050. Para ello, lejos de tomar el rumbo de la liberalización esperada en Occidente, su propuesta consiste en apoyarse en un Partido Comunista reforzado en su estructura y en su ideología.
La nueva política china en tiempos de Xi pone el énfasis en la construcción de un Estado con derecho (neolegismo) que debe ratificar el liderazgo absoluto del PCCh en todos los órdenes. Igualmente postula una reforma integral que abarca numerosos aspectos. La agenda territorial se identifica como uno de los mayores retos en el futuro inmediato.
El cambio en el modelo de desarrollo, el salto tecnológico, los equilibrios entre la planificación y el mercado, los retos demográficos, la justicia social, el medio ambiente o la visión china de una globalización inclusiva son asuntos de gran trascendencia en la agenda china actual.
El autor se detiene igualmente en la reforma militar auspiciada por Xi en su primer lustro al frente de China y cuyo principal objeto es blindar la soberanía nacional y asegurar la defensa de sus “intereses centrales”.
Asimismo, aborda la estrategia exterior de Xi Jinping definida por una diplomacia muy activa que sigue apostando por la economía como punta de lanza principal pero igualmente abriéndose camino para desarrollar ambiciosos proyectos (la Franja y la Ruta) que le procuran una mayor presencia e influencia en todo el orbe.
En suma, La China de Xi Jinping nos ofrece un conjunto indispensable de reflexiones que detallan los contenidos del último tramo del proceso de modernización que vive el país con la esperanza de culminar el sueño chino. Un sueño, no obstante, que puede derivar en debates internos y tensiones internacionales susceptibles de hacer peligrar el éxito del empeño.
Fuente: Rebelión
martes, 6 de noviembre de 2018
LA TÉRMICA DE MÁLAGA REIVINDICA EN UNA EXPOSICIÓN LA OBRA DEL FOTÓGRAFO CUBANO MÁS INTERNACIONAL: ALBERTO KORDA
Alberto Korda, más allá de la fotografía del Che Guevara
Hay momentos en la carrera de un artista que pueden cambiar para siempre su vida. Según contaba Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido como Alberto Korda, en la suya bastó un minuto y medio para revolucionar la historia de la fotografía con una de las imágenes más icónicas del siglo XX: la de Ernesto "Che" Guevara ataviado con la boina militar de la estrella y la mirada perdida en el infinito.
La fotografía fue tomada por fotógrafo cubano el 5 de marzo de 1960 durante el entierro de las víctimas de la explosión de La Coubre, un barco llegado desde Bélgica a La Habana con armas y municiones para la entonces naciente Revolución Cubana. Aquel acto pasaría a la posteridad por la famosa frase de Fidel Castro: "Patria y muerte" y también por esta imagen en la que Korda intentó reflejar "una mirada llena de pura ira por las muertes ocurridas el día anterior".
Curiosamente, Guerrillero heroico (como fue bautizada por su autor) no se haría famosa hasta siete años después tras la muerte del Che en Bolivia. Fue entonces cuando un editor italiano llamado Giangiacomo Feltrinelli se hizo con los derechos para publicar el Diario del Che en Bolivia e imprimió la imagen en un gran póster.
Su influencia desde entonces sería tal que el Instituto de Arte de Maryland (Estados Unidos) la llegaría a denominar "la más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX". Korda, convencido comunista, no permitió en aquel momento que se comercializase con la imagen (que se quiso asociar a un anuncio de vodka) aunque como defensor de los ideales del Che afirmó: "no me opongo a la reproducción de la imagen para la difusión de su memoria y de la causa de la justicia social en el mundo".
Cuando se cumple el 90 aniversario de su nacimiento, llega a La Térmica de Málaga Korda: belleza y revolución, una muestra inédita en España que incluye un centenar de fotografías -entre ellas, las de este guerrillero heroico (y eterno)- y que reivindica a este artista más allá de su llamada "etapa épica" durante la revolución cubana.
Según la comisaria de la muestra, Cristina Vives, las imágenes que Alberto Korda realizó durante aquellos años a los líderes revolucionarios "atravesaron la historia y profundizaron en ella". Pero además, en las salas del centro malagueño se podrá apreciar toda la versatilidad de este autor cubano, que se extiende por la representación de la belleza femenina como fotógrafo publicitario y de moda en los años 50, los retratos de los líderes rebeldes Fidel Castro y Che Guevara, los sujetos individuales dentro de las multitudes de las marchas militares más populares (de la que da buena muestra la impresionante fotografía El quijote de la farola) o sus observaciones más científicas del mar cubano.
La muestra, que podrá visitarse hasta el 10 de enero del próximo año, incluye también el documental Sencillamente Korda, que le muestra como un "artista creativo y complejo" cuyo trabajo fue mucho más allá de su famoso retrato del Che Guevara.
Respecto a esos años como fotógrafo de la revolución, Vives afirma que "el propio Alberto se autocensuraba y decía que ésa era la parte más importante de su obra". Otra de las razones de que su otra obra sea menos conocida fue la desaparición de sus Estudios Korda en 1968 y la confiscación de sus archivos por el Estado al prohibirse cualquier actividad privada. Con ello desapareció la obra anterior de Korda, "que era una permanente búsqueda de la belleza desde 1954, fotografiando a mujeres hermosas, que le acompañaron durante toda su carrera".
Korda moriría en 2001, con 72 años, en París invitado por el Festival de Cannes. Su obra, según Vives, fue la de "un amante de la belleza que reunió una obra hermosa aun cuando hablaba de política, cosa que es difícil".
Fuente: 20minutos
Guerrillero Heroico, La Habana, 5 de marzo de 1960 (impresión reencuadrada por Korda a partir del fotograma No. 40)
Che Guevara en los antiguos campos del Villareal Golf Club. Colinas de Villareal, Loma de Bacuranao, La Habana, 29 de marzo de 1961
Fidel Castro visita a las Reinas de la Radio de Nueva York durante su primer viaje a Estados Unidos luego del triunfo de la Revolución. 22 de abril de 1959
Fidel Castro visita el Memorial a Abraham Lincoln. Washington D.C., 19 de abril de 1959
“El quijote de la farola”. Primera celebración del 26 de Julio, tras al triunfo de la Revolución. Plaza de la Revolución, La Habana, 26 de julio de 1959
Fidel Castro. Plaza de la Revolución, La Habana, 2 de enero de 1966
Primera Declaración de La Habana. Plaza de la Revolución, La Habana, 2 de septiembre de 1960
Segunda Declaración de La Habana. Plaza de la Revolución, La Habana, 4 de febrero de 1962
lunes, 5 de noviembre de 2018
CAPITÁN SWING PUBLICA "ANTIFA", EL MANUAL ANTIFASCISTA DE MARK BRAY
"ANTIFA", MANUAL DE USO CONTRA "NAZIS DE CORBATA"
El historiador estadounidense Mark Bray analiza la historia del antifascismo desde sus orígenes hasta nuestros días. Lo hace partiendo de los testimonios de antifas de todo el mundo, detallando las estrategias y la filosofía que nutre la lucha.
Un siglo separa los Arditi del Popolo italianos de los voluntariosos skinheads anarquistas. Dos extremos de un mismo compromiso histórico cuyo ideario tuvo a bien sintetizar el eterno Durruti: “Al fascismo no se le discute, ¡se le destruye!”. En Antifa (Capitán Swing) se dan cita un buen número de militantes antifascistas de todo el mundo, el historiador Mark Bray los congrega en este ensayo urgente para hablar del movimiento en sus respectivos países y, de paso, tejer un “tapiz impresionista” sobre estrategias de lucha, historia y filosofía del movimiento.
No ha pasado ni una semana desde que un neonazi irrumpiera con la mandíbula cuadrada en una sinagoga de Pittsburgh pertrechado de un fusil de asalto y acabara con la vida de 11 personas. El odio colea. El bicho no ha muerto. Máxime cuando desde las más altas tribunas internacionales se justifica, cuando no fomenta, el supremacismo blanco y las políticas opresivas contra las minorías. Trump, Salvini, Orbán y, desde hace apenas unos días Bolsonaro, evidencian que la extrema derecha sigue dando que hablar y que, por tanto, la lucha antifascista no ha perdido razón de ser. En guardia frente a los "nazis de corbata".
En ese sentido Bray se revuelve contra la mal llamada neutralidad, esa tierra de nadie en la que se oculta cierto academicismo apoltronado: “Se debería temer más a quienes son verdaderamente neutrales en este tema que a quienes reconocen con honestidad su oposición al racismo, al genocidio y a la tiranía”. Tampoco cae en la trampa de reducir el antifascismo a una mera oposición —por mucho que la morfología del término se encargue de lo contrario—, pues asumir esto impediría entenderlo como un método político, un ámbito de identificación individual y colectiva y un movimiento transnacional que ha adaptado las corrientes socialistas, anarquistas y comunistas anteriormente existentes a una necesidad repentina de reaccionar frente a la amenaza fascista.
Pero qué se esconde tras esa "reacción", en qué consiste, qué engloba, qué queda fuera. Surgen preguntas y Bray —de la mano de sus contertulios— no las rehuye. ¿Qué hacemos con la violencia?, ¿se oponen los antifascistas a la libertad de expresión?, ¿tienen derecho los fascistas a disponer de tribunas públicas? Antifa no elude el debate y muestra en esencia ese crisol que es la lucha antifascista.
No hay acuerdo en cuanto a los límites del uso de la fuerza. Tal y como apunta el historiador, dentro del movimiento coexisten grupos pacifistas junto a otros que defienden la posesión de armas. Un activista de Baltimore cuyo testimonio queda recogido el ensayo resume con tino el ideario antifa: "Luchas contra ellos escribiendo cartas y llamando por teléfono para no tener que hacerlo con los puños. Luchas contra ellos con los puños para no tener que hacerlo con cuchillos. Luchas contra ellos con cuchillos para no tener que hacerlo con pistolas. Luchas contra ellos con pistolas para no tener que hacerlo con tanques".
Sí parece haber quórum a la hora de señalar la trampa que esconde la defensa de la libertad de expresión ante los desmanes fascistas. Parten en su mayoría de un rechazo de base a los términos de un debate que, según ellos, responde a un liberalismo clásico. "Para los liberales, la cuestión principal es el derecho de los fascistas a expresarse libremente. Para los antifascistas, que son socialistas y revolucionarios, la cuestión principal es la lucha política contra el fascismo", explica Bray. Dicho menos finamente y en palabras de Job Polak, antifascista holandés: "Se tiene derecho a hablar, ¡pero también a que te hagan callar!".
Fuente: Público
El historiador estadounidense Mark Bray analiza la historia del antifascismo desde sus orígenes hasta nuestros días. Lo hace partiendo de los testimonios de antifas de todo el mundo, detallando las estrategias y la filosofía que nutre la lucha.
Un siglo separa los Arditi del Popolo italianos de los voluntariosos skinheads anarquistas. Dos extremos de un mismo compromiso histórico cuyo ideario tuvo a bien sintetizar el eterno Durruti: “Al fascismo no se le discute, ¡se le destruye!”. En Antifa (Capitán Swing) se dan cita un buen número de militantes antifascistas de todo el mundo, el historiador Mark Bray los congrega en este ensayo urgente para hablar del movimiento en sus respectivos países y, de paso, tejer un “tapiz impresionista” sobre estrategias de lucha, historia y filosofía del movimiento.
No ha pasado ni una semana desde que un neonazi irrumpiera con la mandíbula cuadrada en una sinagoga de Pittsburgh pertrechado de un fusil de asalto y acabara con la vida de 11 personas. El odio colea. El bicho no ha muerto. Máxime cuando desde las más altas tribunas internacionales se justifica, cuando no fomenta, el supremacismo blanco y las políticas opresivas contra las minorías. Trump, Salvini, Orbán y, desde hace apenas unos días Bolsonaro, evidencian que la extrema derecha sigue dando que hablar y que, por tanto, la lucha antifascista no ha perdido razón de ser. En guardia frente a los "nazis de corbata".
En ese sentido Bray se revuelve contra la mal llamada neutralidad, esa tierra de nadie en la que se oculta cierto academicismo apoltronado: “Se debería temer más a quienes son verdaderamente neutrales en este tema que a quienes reconocen con honestidad su oposición al racismo, al genocidio y a la tiranía”. Tampoco cae en la trampa de reducir el antifascismo a una mera oposición —por mucho que la morfología del término se encargue de lo contrario—, pues asumir esto impediría entenderlo como un método político, un ámbito de identificación individual y colectiva y un movimiento transnacional que ha adaptado las corrientes socialistas, anarquistas y comunistas anteriormente existentes a una necesidad repentina de reaccionar frente a la amenaza fascista.
Pero qué se esconde tras esa "reacción", en qué consiste, qué engloba, qué queda fuera. Surgen preguntas y Bray —de la mano de sus contertulios— no las rehuye. ¿Qué hacemos con la violencia?, ¿se oponen los antifascistas a la libertad de expresión?, ¿tienen derecho los fascistas a disponer de tribunas públicas? Antifa no elude el debate y muestra en esencia ese crisol que es la lucha antifascista.
No hay acuerdo en cuanto a los límites del uso de la fuerza. Tal y como apunta el historiador, dentro del movimiento coexisten grupos pacifistas junto a otros que defienden la posesión de armas. Un activista de Baltimore cuyo testimonio queda recogido el ensayo resume con tino el ideario antifa: "Luchas contra ellos escribiendo cartas y llamando por teléfono para no tener que hacerlo con los puños. Luchas contra ellos con los puños para no tener que hacerlo con cuchillos. Luchas contra ellos con cuchillos para no tener que hacerlo con pistolas. Luchas contra ellos con pistolas para no tener que hacerlo con tanques".
Sí parece haber quórum a la hora de señalar la trampa que esconde la defensa de la libertad de expresión ante los desmanes fascistas. Parten en su mayoría de un rechazo de base a los términos de un debate que, según ellos, responde a un liberalismo clásico. "Para los liberales, la cuestión principal es el derecho de los fascistas a expresarse libremente. Para los antifascistas, que son socialistas y revolucionarios, la cuestión principal es la lucha política contra el fascismo", explica Bray. Dicho menos finamente y en palabras de Job Polak, antifascista holandés: "Se tiene derecho a hablar, ¡pero también a que te hagan callar!".
Fuente: Público
domingo, 4 de noviembre de 2018
"PORTADOR DE PERIÓDICOS O DESGRACIAS LABORALES", DEL PINTOR COMUNISTA GEORG SCHOLZ
Portador de periódicos o desgracias laborales
Georg Scholz (Wolfenbüttel 1890 - Waldkirch 1945)
Acuarela
30,5 x 49,3 cm
1920/21
Kunsthalle Karlsruhe
La obra de principios de los años veinte muestra una escena urbana. Mientras que en el lado derecho de la imagen, un caballero robusto y rosado con traje y pajarita mira desde la parte trasera de un automóvil rojo abierto con un monóculo y un cigarro, un hombre huesudo, encorvado con una chaqueta maltratada y un niño igualmente patético se muuestra en el lado izquierdo de la imagen. Ambos llevan el "Badische Morgenpost" debajo del brazo. El fondo es la arquitectura industrial con torres de gas y chimeneas.
Llama la atención la dialéctica pictórica, que usa Georg Scholz (1880-1945): el rico en grasa, cuyo cuerpo robusto se repite en las formas redondas del lujoso automóvil, se enfrenta a la figura demacrada del trabajador. El rico rojo del carro motorizado contrasta con el gris de la calle, que se refleja en el rostro y la vestimenta de las dos figuras de la clase trabajadora. Scholz no dibuja una instantánea realista de una escena urbana como un modelo simbólico de la sociedad. Mientras que el automóvil se emplea como un motivo estético para la aceleración y se transforma en una máquina revolucionaria para los futuristas, en los pintores de la Nueva Objetividad, que incluye a Georg Scholz, funciona como símbolo de dominación en forma estática.
Aunque después de la Primera Guerra Mundial los movimientos artísticos internacionales como los futuristas y los dadaístas proclamaron el hombre nuevo y, por lo tanto, también la nueva sociedad, los artistas como Scholz y Grosz afirmaron que sus imágenes siguen siendo una sociedad de clases estática, aunque en una forma puntiaguda y pervertida: empresarios, trabajadores, intelectuales, soldados, prostitutas. Al igual que con Grosz, las tipologías de Scholz también tienen la caricatura del dibujo político. El automóvil no es interesante por su propia estética, sino que solo tiene carácter. Con "Zeitungsträger" (1920/21), Scholz se posiciona entre el empeño político del Dadá y el realismo social de la pintura de la Nueva Objetividad. Los trabajadores e industriales se están moviendo en direcciones opuestas, pero el automóvil como símbolo de poder parece garantizar la transferencia al lado obviamente más exitoso.
Georg Scholz (Wolfenbüttel, 10 de octubre de 1890 - Waldkirch, 27 de noviembre de 1945) fue un pintor expresionista alemán, adscrito a la Nueva Objetividad.
Recibió su formación artística en la Academia de Karlsruhe, donde tuvo como profesores a Hans Thoma y Wilhelm Trübner. Más tarde estudió en Berlín con Lovis Corinth. Después del servicio militar en la Primera Guerra Mundial volvió a la pintura, trabajando en un estilo fusión del cubismo y el futurismo.
En 1919 se convirtió en un miembro del Partido Comunista de Alemania, y su trabajo de los años sucesivos fue duramente crítico con el orden social y económico de la Alemania de posguerra. Scholz se convirtió rápidamente en uno de los líderes de la Nueva Objetividad, un grupo de artistas que practicaban una forma cínica de realismo. En 1925, sin embargo, su enfoque se había suavizado en algo cercano al neoclasicismo, como se aprecia en el Autorretrato frente a una columna de publicidad de 1926 y el Desnudo sentado con busto de yeso de 1927.
En 1925 fue nombrado profesor en la Academia Estatal de Arte de Baden en Karlsruhe. Comenzó a contribuir en 1926 a la revista satírica Simplicissimus, y en 1928 visitó París, donde apreció especialmente la obra de Bonnard. Con la subida al poder de Hitler y el nacionalsocialismo, en 1933, fue rápidamente despedido de su puesto docente. Declarado un artista degenerado, sus obras fueron incautadas en 1937 como parte de una campaña para "purificar" la cultura alemana, y le prohibieron pintar en 1939. En 1945 las fuerzas de ocupación francesas le nombraron alcalde de Waldkirch, pero murió ese mismo año.
sábado, 3 de noviembre de 2018
DOCUMENTAL "PIER PAOLO PASOLINI: UN VIAJE POR ITALIA", EN EL 43 ANIVERSARIO DE SU MUERTE
Título original: Pier Paolo Pasolini: Regards sur l’Italie
Año: 2017
Duración: 53 min.
País: Alemania
Dirección: Claus Bredenbrock
Guión: Claus Bredenbrock
Música: Ritchie Staringer
Sinopsis: El documental recorre la historia de Pasolini a través de las fotos contadas por Paolo Di Paolo y regresa a los lugares donde el escritor se detuvo: Portofino, La Spezia, Lerici, la playa de Cinquale frecuentada por Atttilio Bertolucci y Thomas Mann, Livorno con sus carabinieri que controlan las medidas de los bikinis, la Fregene de Moravia y Fellini, luego Sperlonga, Nápoles de los scugnizzi que lo persiguen hasta que le roban 50 liras, Reggio Calabria, Cutro, Taranto, Francavilla al Mare, Cattolica y, finalmenteTrieste.
"El largo camino de arena", un reportaje de viaje a lo largo de las costas italianas publicado por Pier Paolo Pasolini en 1959 en la revista Successo, fue originalmente una idea del fotografo Paolo di Paolo. "Mi editor en Milán lo encontró tan hermoso que me pidió que volviera a Roma para pedirle a Pasolini que se uniera a mí", dice el fotógrafo. Solo que el viaje conjunto, iniciado en Ventimiglia, se detuvo en Sabaudia: "Ya desconfiaba de él porque no bebía vino y tenía un muro difícil de superar delante de mí, Pasolini no hablaba ".
Los dos continuaron el viaje por separado, y Pasolini continuó felizmente con su Fiat 1100. Buscó la intimidad adecuada para disfrutar de las vistas, explorar las afueras de las ciudades de la costa, conocer a turistas extranjeros que poblaban las playas y disfrutar del descubrimiento de las vacaciones desde parte de los trabajadores más humildes, que los aprovechaban como un simple y único momento de escape, y no una oportunidad para admirar la belleza de Italia.
El tono pomposo de la voz en off, las imágenes acordadas de la Riviera italiana, el contenido un tanto anecdótico de algunos oradores, todo esto desalienta el comienzo para ir más allá. Lo siguiente es un poco mejor. Este documental elige centrarse en una de las muchas actividades de Pasolini, a saber, su trabajo como periodista independiente e iluminado, inseparable de su conciencia crítica.
En 1959, ya famoso como escritor, guionista pero aún no cineasta, emprendió una gira por Italia para una serie de episodios, publicados en Successo, una popular revista popular. Señaló la belleza eterna de la costa, pero también la brecha social cambiante entre el norte y el sur del país, el crimen organizado en Cutro, Calabria. Intelectual y valiente marxista, comprometido con la acción directa, se lo ve recogiendo la libertad de expresión de las personas, en Comizi d'amore (Encuesta sobre el amor, 1964), un documental muy atrevido para la época. Sobre las injusticias contra los desheredados, los accidentes en el trabajo de los trabajadores de Carrara, la eliminación de Giuseppe Pinelli, un ferroviario anarquista acusado erróneamente de haber sido el autor de un ataque en 1969, observamos especialmente que Pasolini hace de todo, a veces solo, para difundir la verdad.
Fuente: rokko (Filmaffinity)
VER DOCUMENTAL CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:
Año: 2017
Duración: 53 min.
País: Alemania
Dirección: Claus Bredenbrock
Guión: Claus Bredenbrock
Música: Ritchie Staringer
Sinopsis: El documental recorre la historia de Pasolini a través de las fotos contadas por Paolo Di Paolo y regresa a los lugares donde el escritor se detuvo: Portofino, La Spezia, Lerici, la playa de Cinquale frecuentada por Atttilio Bertolucci y Thomas Mann, Livorno con sus carabinieri que controlan las medidas de los bikinis, la Fregene de Moravia y Fellini, luego Sperlonga, Nápoles de los scugnizzi que lo persiguen hasta que le roban 50 liras, Reggio Calabria, Cutro, Taranto, Francavilla al Mare, Cattolica y, finalmenteTrieste.
"El largo camino de arena", un reportaje de viaje a lo largo de las costas italianas publicado por Pier Paolo Pasolini en 1959 en la revista Successo, fue originalmente una idea del fotografo Paolo di Paolo. "Mi editor en Milán lo encontró tan hermoso que me pidió que volviera a Roma para pedirle a Pasolini que se uniera a mí", dice el fotógrafo. Solo que el viaje conjunto, iniciado en Ventimiglia, se detuvo en Sabaudia: "Ya desconfiaba de él porque no bebía vino y tenía un muro difícil de superar delante de mí, Pasolini no hablaba ".
Los dos continuaron el viaje por separado, y Pasolini continuó felizmente con su Fiat 1100. Buscó la intimidad adecuada para disfrutar de las vistas, explorar las afueras de las ciudades de la costa, conocer a turistas extranjeros que poblaban las playas y disfrutar del descubrimiento de las vacaciones desde parte de los trabajadores más humildes, que los aprovechaban como un simple y único momento de escape, y no una oportunidad para admirar la belleza de Italia.
El tono pomposo de la voz en off, las imágenes acordadas de la Riviera italiana, el contenido un tanto anecdótico de algunos oradores, todo esto desalienta el comienzo para ir más allá. Lo siguiente es un poco mejor. Este documental elige centrarse en una de las muchas actividades de Pasolini, a saber, su trabajo como periodista independiente e iluminado, inseparable de su conciencia crítica.
En 1959, ya famoso como escritor, guionista pero aún no cineasta, emprendió una gira por Italia para una serie de episodios, publicados en Successo, una popular revista popular. Señaló la belleza eterna de la costa, pero también la brecha social cambiante entre el norte y el sur del país, el crimen organizado en Cutro, Calabria. Intelectual y valiente marxista, comprometido con la acción directa, se lo ve recogiendo la libertad de expresión de las personas, en Comizi d'amore (Encuesta sobre el amor, 1964), un documental muy atrevido para la época. Sobre las injusticias contra los desheredados, los accidentes en el trabajo de los trabajadores de Carrara, la eliminación de Giuseppe Pinelli, un ferroviario anarquista acusado erróneamente de haber sido el autor de un ataque en 1969, observamos especialmente que Pasolini hace de todo, a veces solo, para difundir la verdad.
Fuente: rokko (Filmaffinity)
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viernes, 2 de noviembre de 2018
FESTIVAL 100 AÑOS KKE - 50 AÑOS KNE
Miles de pesonas asistieron a los eventos de los tres días del Festival de la Juventud Comunsita de Grecia (KNE) que tuvieron lugar los días 20-22 de septiembre de 2018 que este año fueron dedicado a los 100 años del KKE y los 50 años de la KNE. El Festival de la KNE, después de su viaje a todas las grandes ciudades de Grecia, con decenas de gran eventos políticos y culturales que se realizaron allí, culminó con los eventos celebrados en el parque “A.Tritsis” en Atenas. Allí, la KNE construyó una “ciudad”, con muchas escenas que acogieron conciertos y varias charlas, una gran librería con libros políticos y progresistas, la “Ciudad Internacional”, con la participación de 40 organizaciones juveniles comunistas y antiimperialistas de todo el mundo, y la exposición dedicada a los 100 años del KKE y los 50 años de la KNE.
El sábado tuvo lugar la gran e impresionante concentración política, con el discurso del Secretario General del CC del KKE, Dimitris Koutsoumpas, y el saludo del Secretario del Consejo Central de la KNE, Nikos Ambatielos, así como de la luchadora palestina, Ahed Tamimi, la luchadora de 17 años que estuvo retenida durante ocho meses en las cárceles israelíes convirtiéndose en un símbolo de la lucha del pueblo palestino contra la criminal ocupación israelí, que participó en el festival tras la invitación de la KNE.
http://es.kke.gr/es/articles/Festival-100-anos-KKE-50-anos-KNE/
jueves, 1 de noviembre de 2018
LA ESCUELA NACIONAL DE ARTE DE LA HABANA SERÁ RESTAURADA MEDIANTE AYUDA DE LA FUNDACIÓN GETTY
La Fundación Getty anunció este jueves que destinará un total de 195,000 dólares a la Escuela Nacional de Arte (ENA) de La Habana, Cuba, que tienen casi 55 años de antigüedad. Esto como parte del proyecto Keeping It Modern 2018, que proporciona fondos para la planificación de la conservación a importantes hitos arquitectónicos del siglo XX a nivel internacional, informó Los Ángeles Times.
El complejo de cinco estructuras abovedadas catalanas de ladrillo y terracota, cada una con una escuela de artes diferente, fue uno de los primeros proyectos culturales de Cuba después de la revolución de 1959. Fueron diseñados por el arquitecto cubano Ricardo Porro y los arquitectos italianos Vittorio Garatti y Roberto Gottardi, lo que marcó un espíritu de colaboración intercultural en ese momento.
Sin embargo, a finales de los años 60, el apoyo a la escuela de arte se desvaneció y algunos de los edificios quedaron incompletos. Hoy en día, gran parte del concreto está descascarillado y las inundaciones frecuentes han erosionado el ladrillo y el mortero.
Los especialistas de la universidad técnica Politecnico di Milano en Italia liderarán el proyecto de conservación, que también incluye la capacitación de profesionales de la conservación cubanos.
Fuente: Cuba Net
miércoles, 31 de octubre de 2018
EL "MANIFIESTO COMUNISTA", 170 AÑOS DESPUÉS
EL "MANIFIESTO COMUNISTA", 170 AÑOS DESPUÉS
Samir Amín
No hay otro texto escrito en la mitad del siglo XIX que se haya mantenido tan bien como el Manifiesto Comunista de 1848 de Karl Marx y Friedrich Engels. Incluso hoy, parágrafos enteros del texto corresponden a la realidad contemporánea mejor que lo hacían en 1848. Empezando con las premisas de que eran difícilmente visibles en su era, Marx y Engels dibujaron las conclusiones que de desarrollos de ciento setenta años de historia verifican completamente.
¿Fueron Marx y Engels inspirados profetas, magos capaces de contemplar dentro de una bola de cristal, seres excepcionales con respecto a su intuición? No. Ellos simplemente entendieron mejor que nadie, de su tiempo y del nuestro, la esencia de eso que se define y caracteriza capitalismo. Marx dedicó su vida entera a profundizar este análisis a través del doble examen de la nueva economía, empezando con Inglaterra como ejemplo, y de la nueva política, empezando con Francia como ejemplo [1].
El capital de Marx presenta un riguroso análisis científico del modo de producción capitalista y de la sociedad capitalista, y de cómo difieren de las formas precedentes. El Volumen I escarba en el corazón del problema. Clarifica directamente el significado de la generalización del intercambio de mercancías entre propietarios privados (un fenómeno cuya centralidad es exclusiva del moderno mundo del capitalismo, a pesar de que el intercambio de mercancías existía anteriormente), específicamente la emergencia y predominio del valor y el trabajo social abstracto. Desde este fundamento, Marx nos lleva a comprender cómo la venta del proletario de su fuerza de trabajo al «hombre adinerado» asegura la producción de plusvalor que el capitalista le expropia, y que, a su vez, es la condición para la acumulación de capital. El predominio del valor gobierna no solo la reproducción del sistema económico del capitalismo, sino también cada uno de los aspectos de la moderna vida social y política. El concepto de alienación de la mercancía señala el mecanismo ideológico a través del cual se expresa toda la unidad conjunta de la reproducción social.
Estos instrumentos intelectuales y políticos, validados por el desarrollo del marxismo, demostraron su valor para predecir correctamente la evolución histórica general de la realidad capitalista. Ningún intento de pensar esta realidad fuera del marxismo –o a menudo contra él– ha llevado a resultados equiparables. La crítica de Marx de las limitaciones del pensamiento burgués, y en particular de la ciencia económica, la cual describió acertadamente como «vulgar», es magistral. Dado que es incapaz de entender qué es el capitalismo en su realidad esencial, este pensamiento alienado es también incapaz de imaginar adónde van las sociedades capitalistas. ¿Será el futuro forjado por revoluciones sociales que pongan fin al dominio del capital? ¿O conseguirá prolongar sus días el capitalismo, abriendo así el camino a la decadencia de la sociedad? El pensamiento burgués ignora esta cuestión, planteada por el Manifiesto.
De hecho, leemos en el Manifiesto se da «[una] lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.»[2]
Esta sentencia atrajo mi atención durante mucho tiempo. Partiendo de ella, he llegado progresivamente a formular una lectura del movimiento de la historia enfocada en el concepto de desarrollo desigual y los diferentes posibles procesos para su transformación, originados muy probablemente desde las periferias que desde los centros. También hice algunos intentos de clarificar cada uno de los dos modelos de respuesta al desafío: la vía revolucionaria y la vía de la decadencia.[3]
Escogiendo derivar de la experiencia universal las leyes del materialismo histórico, he propuesto una formulación alternativa al modo único pre-capitalista, esto es, el modo tributario, hacia el cual toda clase social tiende. La historia de Occidente –la construcción de la Antigua Roma, su desintegración, el establecimiento de la Europa feudal, y, finalmente, la cristalización de los estados absolutistas de la era mercantilista– expresa así, en una forma particular, la misma tendencia básica presentada en otros lugares hacia la menos discontinua construcción estados tributarios completos, de la cual China es el ejemplo más fuerte. El modo esclavista no es universal en nuestra lectura de la historia, como lo son los modos tributario y capitalista; es particular y aparece en estricta conexión con la extensión de las relaciones mercantiles. Asimismo, el modo feudal es la primitiva e incompleta forma del modo tributario.
Esta hipótesis ve del establecimiento y la subsecuente desintegración de Roma como un intento prematuro de construcción tributaria. El nivel de desarrollo de las fuerzas productivas no requiso la centralización tributaria a la escala del Imperio Romano. Este primer intento inútil fue así seguido por una transición forzada a través de la fragmentación feudal, sobre cuya base fue restaurada otra vez la centralización dentro del marco de las monarquías absolutistas de Occidente. Solo entonces se aproximó el modo de producción en Occidente a completar el modelo tributario. Este, además, estaba apenas comenzando esta etapa cuando el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en Occidente alcanzó el del modo tributario completo de la China imperial; esto no es, sin duda, una coincidencia.
El atraso de Occidente, expresando en el aborto de Roma y la fragmentación feudal, ciertamente le dio una ventaja histórica. De hecho, la combinación de elementos específicos del antiguo modo tributario y del modo bárbaro comunal caracterizó el feudalismo y dio flexibilidad a Occidente. Esto explica la velocidad con la que Europa experimentó la fase tributaria completa, sobrepasando rápidamente el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de Oriente, al que superó, y pasó al capitalismo. Esta flexibilidad y velocidad contrastó con la relativa rígida y lenta evolución del modo tributario completo de Oriente.
Sin duda, el caso Romano-Occidental no es el único ejemplo de una construcción tributaria abortada. Podemos identificar al menos otros tres caso de este tipo, cada uno con sus propias condiciones específicas: el caso Bizantino-Árabe-Otomano, el caso Indio, y el caso Mongol. En cada uno de ellos, intentos de instalar sistemas tributarios de centralización fueron demasiado adelantados a los requisitos del desarrollo de las fuerzas productivas para ser establecidos de manera firme. En cada caso, las formas de centralización fueron probablemente combinaciones específicas de medios estatales, para-feudales y mercantiles. En el Estado Islámico, por ejemplo, la centralización mercantil jugó un rol decisivo. Sucesivos fracasos indios debieron estar relacionados con los contenidos de la ideología hindú, la cual he contrastado con el confucianismo. Al igual que la centralización del imperio de Genghis Khan, fue, como es conocido, extremadamente efímera.
El sistema imperialista contemporáneo es también un sistema de centralización del plusvalor a escala mundial. Esta centralización operó sobre las bases de las leyes fundamentales del modo capitalista y sobre las condiciones de su predominio frente al modo pre-capitalista de sujeto periferia. He formulado la ley de la acumulación de capital a escala mundial como una expresión de la ley del valor operando a esa escala. El sistema imperialista por la centralización del valor se caracteriza por la aceleración de la acumulación y por el desarrollo de las fuerzas productivas en el centro del sistema, mientras en la periferia están atrasadas y deformes. Desarrollo y subdesarrollo son dos caras de una misma moneda.
Solo el pueblo hace su propia historia. Ni los animales ni los objetos inanimados controlan su propia evolución; están sujetos a ella. El concepto de praxis es propio de la sociedad, como una expresión de la síntesis de determinismo e intervención humana. La relación dialéctica de infraestructura y superestructura es también propia de la sociedad y no tiene equivalente en la naturaleza. Esta relación no es unilateral. La superestructura no es el reflejo de las necesidades de la infraestructura. Si fuera así, la sociedad estaría siempre aliendada y no sería posible ver cómo se podría conseguir liberarse.
Esta es la razón por la que proponemos diferenciar dos tipos cualitativamente diferentes de transición de un modo de producción a otro. Si esta transición se desarrolla en el inconsciente o con una conciencia alienada, esto es, si la ideología que influye en las clases no les permite controlar el proceso de cambio, este proceso aparece como si operara análogamente al cambio natural, y la ideología se convierte en parte de esta naturaleza. Para este tipo de transición reservamos la expresión «modelo de decadencia». En contraste, si la ideología captura la dimensión real de los cambios deseados en su totalidad, solo entonces podemos hablar de revolución.
El pensamiento burgués ignoró esta cuestión en aras de ser capaz de pensar el capitalismo como un sistema racional para la eternidad, en aras de pensar «el fin de la historia».
2
Marx y Engels, por el contrario, advierten con contundencia, del tiempo del Manifiesto, que el capitalismo constituye solo un breve paréntesis en la historia de la humanidad. Sin embargo, el modo de producción capitalista de su tiempo no se extendió más allá de Inglaterra, Bélgica, una parte pequeña de la región norteña de Francia, o de la parte occidental de la Westphalia prusiana. No existió nada comparable en otras regiones de Europa. A pesar de esto, Marx ya imaginó que las revoluciones socialistas ocurrirían en Europa «pronto». Esta expectativa es evidente en cada línea del Manifiesto.
Marx no subía, por supuesto, en qué país comenzaría la revolución. ¿Sería Inglaterra, el único país ya avanzado en el capitalismo? No. Marx no pensó que fuera posible excepto si el proletariado inglés se auto-emancipa de su apoyo a la colonización de Irlanda. ¿Sería Francia, menos avanzada en términos de desarrollo capitalista, pero más avanzada en términos de madurez política del pueblo, inherente desde su gran revolución? Quizás, y en la Comuna de París de 1871 confirmó esta intuición. Por la misma razón, Engels tuvo grandes expectativas de la «atrasada» Alemania: la revolución proletaria y la revolución burguesa podrían chocar aquí. En el Manifiesto, apuntan esta conexión:
«Los comunistas fijan su principal atención en Alemania porque Alemania se halla en vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolución bajo las condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana no podrá ser sino el preludio inmediato de una revolución proletaria.»[4]
Esto no ocurrió: la unificación bajo el pérfido mundo histórico (Bismarck) de la Prusia reaccionaria, y la cobarde mediocridad política de la burguesía alemana, permitió al nacionalismo triunfar y marginó la revuelta popular. Hacia el final de su vida, Marx dirigió su mirada hacia Rusia, la cual esperaba que tomara un camino revolucionario, tal y como testifica su correspondencia con Vera Zasulich.
Marx tuvo así la intuición de que la transformación revolucionaria podría comenzar por la periferia del sistema –los «débiles vínculos», en palabras posteriores de Lenin. Marx, no obstante, no extrajo en su momento todas las conclusiones que se imponen a este respecto. Fue necesario esperar el avance de la historia en el siglo XX para ver, con V. I. Lenin y Mao Zedong, los comunistas capaces de imaginar una nueva estrategia, calificada como «la construcción del socialismo en un solo país». Se trata de una expresión inadecuada, frente a la cual yo prefiero una larga paráfrasis: «los avances desiguales en el largo camino de la transición al socialismo, localizados en algunos países, contra el que la estrategia del imperialismo dominante es combatir continuamente y buscar su estricto aislamiento.»
El debate que en relación a la larga transición histórica al socialismo en dirección al comunismo, y la posibilidad universal de este movimiento, representa una serie de cuestiones concernientes a la transformación del proletariado de una clase en-sí a una clase para-sí, las condiciones y efectos de la globalización capitalista, el lugar del campesinado en la larga transición, y la diversidad de expresiones del pensamiento anticapitalista.
3
Marx entendió mejor que nadie que el capitalismo tiene la misión de conquistar el mundo. Escribió sobre esto en un momento en el que esta conquista estaba lejos de ser completada. Consideró esta misión desde sus orígenes, el descubrimiento de las Américas, el cual inauguró la transición de tres siglos de mercantilismo hacia la forma finalmente consumada de capitalismo.
Como escribió en el Manifiesto, «La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. […] Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.»[5]
Marx dio la bienvenida a la globalización, el nuevo fenómeno de la historia de la humanidad. Numerosos pasajes del Manifiesto dan prueba de ello. Por ejemplo: «Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas.» [6] O: «La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad […] sustrayendo una gran parte de la población al idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.»[7]
Las palabras son claras. Marx nunca estuvo mirando al pasado, lamentando los buenos viejos tiempo. Siempre expresó un punto de vista moderno, hasta el punto de parecer un eurocentrista. Fue lejos en esta dirección. Sin embargo, ¿no fue la barbarización del trabajo urbano embrutecedora para los proletarios? Marx no ignoró la pobreza urbana que acompañó a la expansión capitalista.
¿Se ajustó correctamente en su medición el Marx del Manifiesto a las consecuencias políticas de la destrucción del campesinado en Europa y, más allá, en los países colonizados? Vuelvo a esta cuestión en directa relación al carácter desigual del despliegue mundial del capitalismo.
Marx y Engels, en el Manifiesto, no saben todavía que el despliegue mundial del capitalismo no es aquel homogéneo que imaginan, esto es, el que da la oportunidad al Oriente conquistado de salir del punto muerto en el que su historia lo atrapa y convertirse, acorde a la imagen de los países occidentales, en naciones «civilizadas» o países industrializados. Varios textos de Marx presentan la colonización de India bajo una luz consoladora. Pero, más tarde, Marx cambió de opinión. Estas alusiones, en lugar de constituir una argumentación sistemáticamente elaborada, testimonian los efectos destructivos de la conquista colonial. Marx comienza a concienciarse gradualmente de lo que llamo desarrollo desigual, en otras palabras, la construcción sistemática del contraste entre los centros dominadores y las periferias dominadas, y, con ello, la imposibilidad de «ponerse al día» en el marco de la globalización capitalista (imperialista por naturaleza) con las herramientas del capitalismo. A este respecto, si fuera posible «ponerse al día» dentro de la globalización capitalista, ninguna fuerza ideológica, social o política sería capaz de oponerse satisfactoriamente a ello.
En cuanto a la cuestión de la «apertura» de China, en el Manifiesto Marx dice que «Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros.» [8]
Sabemos que así no fue como esta apertura operó: fueron los cañones de la marina británica los que «abrieron» China. Los productos chinos solían ser más competitivos que los occidentales. Sabemos también que no fue el mayor avance de la industria inglesa la que permitió el éxito de la dominación de la India (de nuevo, los textiles indios eran de mejor calidad que los ingleses). Por el contrario, fue la dominación de la India (y la destrucción planificada de las industrias indias) la que dio a Gran Bretaña su posición hegemónica en el sistema capitalista del siglo XIX.
No obstante, un Marx mayor aprendió cómo abandonar el eurocentrismo de su juventud. Marx sabía cómo cambiar sus visiones, a la luz de la evolución del mundo.
En 1848, Marx y Engels imaginaron entonces la gran posibilidad de una de las revoluciones socialistas en la Europa de su tiempo, confirmando que el capitalismo representa solo un corto paréntesis en la historia. Los hechos pronto probaron que estaban en lo cierto. La Comuna de París de 1871 fue la primera revolución socialista. Sin embargo, fue también la última revolución llevada a cabo en un país capitalista desarrollado. Con el establecimiento de la Segunda Internacional, Engels no perdió la esperanza en nuevos avances revolucionarios, en particular en Alemania. La historia probó que se equivocaba. En cualquier caso, la traición de la Segunda Internacional en 1914 no debería sorprender a nadie. A pesar de su deriva reformista, la alineación de los partidos de los trabajadores por toda Europa al mismo tiempo con las políticas expansionistas, colonialistas e imperialistas de sus burguesías indicaron que no se puede esperar mucho de los partidos de la Segunda Internacional. La línea frontal de la transformación del mundo se movió hacia Oriente, a Rusia en 1917 y después a China. Obviamente Marx no lo predijo, pero sus últimos textos nos permiten suponer que probablemente no le habría sorprendido la Revolución Rusa.
En cuanto a China, Marx pensó que era una revolución burguesa lo que estaba en la agenda. En enero de 1850 Marx escribió: « Cuando nuestros reaccionarios europeos, […] lleguen finalmente a la Muralla China, […] quien sabe si no leerán: República China Libertad, Igualdad, Fraternidad [“République chinoise, Liberté, Egalité, Fraternité” en la versión inglesa citada por el autor].»[9] El Kuomintang, de Sun Yat-sen, de la revolución de 1911, también lo imaginó, como Marx, proclamando la (burguesa) República de China. No obstante, Sun no tuvo éxito ni en derrotar a las fuerzas del viejo régimen cuyos señores de la guerra recuperaron el territorio, ni en expulsar las fuerzas de dominación imperialistas, especialmente Japón. La deriva del Kuomintang de Chiang Kai-shek confirmó los argumentos de Lenin y Mao de que no hay ocasión de una auténtica revolución burguesa; nuestra era es la de la revolución socialista. Así como la Revolución Rusa de Febrero de 1917 no tuvo futuro hasta que no fue capaz de triunfar sobre el viejo régimen, urgiendo entonces a la Revolución de Octubre, la Revolución China de 1911 instó a la revolución de los comunistas maoístas, quienes fueron los únicos capaces de responder a las expectativas de liberación, simultáneamente nacionales y sociales.
Fue así como Rusia, el «débil vínculo» del sistema, inició la segunda revolución socialista, tras la Comuna de París. La Revolución Rusa de Octubre no fue apoyada sino combatida por los movimientos obreros europeos. Rosa Luxemburgo usó severos calificativos para esta deriva de los movimientos obreros. Habló de su fracaso, traición y « la inmadurez del proletariado alemán para la realización de sus tareas históricas.»[10]
Me he aproximado a esta retirada de la clase trabajadora en el Occidente desarrollado, que abandonaron sus tradiciones revolucionarias, enfatizando los efectos devastadores de la expansión imperialista del capitalismo y los beneficios que las sociedades imperiales como un todo (y no solo sus burguesías) cobraron de sus posiciones dominantes. Por lo tanto, he considerado necesario dedicar un capítulo entero en mi lectura de la importancia universal de la Revolución de Octubre al análisis del desarrollo que apuntaron las clases trabajadoras al renunciar sus tareas históricas, usando los términos de Rosa Luxemburgo. Emplazo al lector al capítulo cuarto de mi libro October 1917 Revolution.
4
Los avances revolucionarios en el largo camino de la transición del socialismo o comunismo, por consiguiente, se originarán, sin duda, en las sociedades de la periferia del sistema-mundo, precisamente en los países en los que una vanguardia entendería que es imposible «ponerse al día» integrándose en la globalización capitalista, y que por esta razón algo más debería hacerse, esto es, encabezar una transición de naturaleza socialista. Lenin y Mao expresaron esta convicción, proclamando que nuestro tiempo ya no es la época de las revoluciones burguesas sino, en su lugar, a partir de entonces, la época de las revoluciones socialistas.
Esta conclusión conduce a otra: las transiciones socialistas aparecerán necesariamente en un país, el cual además permanecerá fatalmente aislado mediante el contraataque del imperialismo mundial. No hay alternativa; no habrá revoluciones mundiales simultáneas. En consecuencia, las naciones y los estados insertos en este camino se encontrarán con un doble desafío: (1) resistir la guerra permanente (caliente o fría) encabezada por las fuerzas imperialistas; y (2) asociarse con éxito con la mayoría campesino para avanzar en la nueva ruta al socialismo. Ni el Manifiesto, ni Marx y Engels por ende, estaban en posición de decir algo sobre estas cuestiones; es responsabilidad del marxismo viviente hacerlo en su lugar.
Estas reflexiones me llevan a evaluar las visiones que Marx y Engels desarrollaron en el Manifiesto respecto de los campesinos. Marx se sitúa dentro de su tiempo, que siguió siendo el tiempo de revoluciones burguesas inconclusas en Europa. En este contexto, el Manifiesto dice: «Durante esta etapa, los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, es decir, contra los restos de la monarquía absoluta, los propietarios territoriales […] cada victoria alcanzada en estas condiciones es una victoria de la burguesía.»[11]
Pero la revolución burguesa dio la tierra a los campesinos, como se muestra particularmente en el caso ejemplar de Francia. Entonces, el campesinado en su gran mayoría se convierte en el aliado de la burguesía en el campo de los defensores de la sagrada propiedad privada y se convierte en el enemigo del proletariado.
Sin embargo, la transferencia del centro de gravedad de la transformación social del mundo, pasando de los centros imperialistas dominadores a las periferias dominadas, modifica radicalmente la cuestión campesina. Los avances revolucionarios se vuelven posibles en condiciones de sociedades que permanecen, en gran parte, campesinas, solo si las vanguardias socialistas son capaces de implementar estrategias que integren a la mayoría del campesinado en el bloque de lucha contra el capitalismo imperialista.
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Marx y Engels nunca creyeron, ni al editar el Manifiesto ni después, en el espontáneo potencial revolucionario de las clases trabajadoras, puesto que «Las ideas dominantes en cualquier época siempre han sido las ideas de la clase dominante.»[12] A partir de este hecho, los trabajadores, entre otros, suscriben la ideología de la competencia, la piedra angular del funcionamiento de la sociedad capitalista, y, por ende, la «Esta organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político, vuelve sin cesar a ser socavada por la competencia entre los propios obreros.»[13]
Así pues, la transformación del proletariado de una clase en-sí a una clase para-sí requiere la intervención activa de una vanguardia comunista: «A la hora de la acción, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; en el aspecto teórico, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, la marcha y los resultados generales del movimiento proletario.»[14]
La afirmación del rol inevitable de las vanguardias no significa para Marx una defensa a favor del partido único. Como escribe en el Manifiesto, « Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros. […] No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario.»[15]
Y después, en su concepción de qué debería ser una Internacional Proletaria, Marx consideró necesario integrar dentro de esta todos los partidos y corrientes de pensamiento y acción que beneficien de una audiencia popular y obrera real. La Primera Internacional incluyó entre sus miembros a blanquistas franceses, a lassallianos alemanes, a sindicalistas ingleses, a Proudhon, a anarquistas, a Bakunin. Marx, ciertamente, no escatimó en críticas, a menudo feroces, a sus compañeros. Y uno debe decir que probablemente la violencia de estos conflictivos debates es el origen de la corta vida de esta Internacional. Dejémoslo así. Esta organización, sin embargo, fue la primera escuela de la educación de los futuros cuadros involucrados en la lucha contra el capitalismo.
Dos observaciones llevan a la cuestión del rol del partido y los comunistas.
La primera versa sobre la relación entre el movimiento comunista y la nación. Tal y como podemos leer en el Manifiesto: «Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Pero, en la medida que el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués.»[16] Y, «Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional.»[17]
En el mundo capitalista los proletarios no comparten el nacionalismo de su país; ellos no pertenecen a la nación. La razón está en que en el mundo burgués la única función del nacionalismo es dar legitimidad, por una parte, a la explotación de los trabajadores en el país dado y, por otra, a la lucha de la burguesía contra sus competidores extranjeros y la realización de sus ambiciones imperialistas. No obstante, con el triunfo de la eventual revolución socialista, todo podría cambiar.
Lo anterior se relaciona con las primeras grandes etapas de la transición socialista en las sociedades de las periferias. También expresa respeto por la necesaria diversidad de los caminos tomados. Adicionalmente, el concepto de objetivo final del comunismo fortalece la importancia de esta diversidad nacional de las naciones proletarias. El Manifiesto formuló ya la idea de que el comunismo está construido sobre la diversidad de los individuos, colectivos y naciones. La solidaridad no excluye sino que invita al desarrollo humano de todos. El comunismo es la antítesis del capitalismo, lo cual, a pesar de su elogio del «individualismo», produce, de hecho, gracias a la competencia, clones formateados por la dominación del capital.
En conexión con esto debo citar lo que recientemente escribí en October 1917 Revolution:
El apoyo o rechazo de la soberanía nacional conlleva el gran riesgo de malentender todo el contenido de clase de la estrategia en el marco en el que este opera no está identificado. El bloque socialmente dominante en las sociedades capitalistas siempre concibe la soberanía nacional como un instrumento para promover sus intereses de clase, i. e. la explotación capitalista del trabajo local y simultáneamente la consolidación de su posición en el sistema global. Hoy día, en el contexto del sistema liberal global dominado por los monopolios financieros de la Tríada (EE.UU., Europa, Japón), la soberanía nacional es el instrumento que permite a las clases dominantes para mantener sus posiciones competitivas dentro del sistema. El gobierno de los EE.UU. es el más claro ejemplo de esta práctica constante: la soberanía es concebida como el exclusivo coto del capital monopolista estadounidense y a tal efecto la legislación nacional estadounidense es prioritaria a la legislación internacional. Esta es también la práctica de los poderes imperialistas europeos en el pasado y continúa siendo la práctica de la mayoría de estados de la Unión Europea.[18]
Manteniendo esto en mente, uno entiende por qué el discurso nacional en apología de las virtudes de la soberanía, escondiendo los intereses de clase al servicio de quien lo opera, ha sido siempre inaceptable por todo el que defienda a las clases trabajadoras.
Sin embargo, no debemos reducir la defensa de la soberanía a la modalidad del nacionalismo burgués. La defensa de la soberanía es no solo decisiva para la protección de la alternativa popular a lo largo del camino al socialismo. Constituye también una inevitable condición para el avance en tal dirección. La razón es que el orden global (así como el orden europeo sub-global) no será nunca transformado desde arriba mediante decisiones colectivas de las clases dominantes. A este respecto el progreso es siempre el resultado de un avance desigual de las luchas desde un país a otro. La transformación del sistema global (o del subsistema de la Unión Europea) es el producto cuyos cambios operan dentro del marco de varios estados, que, en su momento, modifican el equilibrio internacional de las fuerzas. El estado-nación mantiene el único marco para el desarrollo de las luchas decisivas que en última instancia transforman el mundo.
Los pueblos de las periferias del sistema, el cual es polarizador por naturaleza, tienen una larga experiencia de nacionalismo progresista positivo, antiimperialista y que rechaza el orden global impuesto por los centros, y por lo tanto potencialmente anticapitalista. Digo que potencialmente porque ese nacionalismo puede también inspirar la ilusión de una posible construcción de un orden capitalista nacional que fuera capaz de ponerse al día con los capitalismos nacionales dominantes en los centros. En otras palabras, el nacionalismo en las periferias es progresista solo con la condición de que se mantenga antiimperialista, entrando en conflicto con el orden liberal global. Cualquier otro nacionalismo (que en este caso sería solo fachada) que acepte el orden global liberal es un instrumento de las clases dominantes locales en busca de participar en la explotación de sus pueblos y, en su momento, de sus compañeros más débiles, actuando así como poderes sub-imperialistas.
La confusión entre estos dos conceptos antónimos de soberanía nacional, y el consecuente rechazo de cualquier nacionalismo, aniquila la posibilidad de cambiar el orden global liberal.
Desafortunadamente, la izquierda –en Europa y en cualquier sitio– a menudo cae presa de dicha confusión.
El segundo punto tocante a la segmentación de las clases trabajadoras, a pesar de la simplificación de la sociedad conecta con el avance del capitalismo, evocado en el Manifiesto: «Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.»[19]
Este doble movimiento –el de la generalización de la posición proletaria y simultáneamente la segmentación del mundo de los trabajadores– es todavía considerablemente más visible de lo que lo fue en 1848, cuando apenas aparecía.
Tenemos documentado durante el largo siglo XX, hasta nuestros días, una generalización sin precedentes de la condición proletaria. Hoy en día, en los centros capitalistas, casi la totalidad de la población es reducida al estatus de empleados vendiendo su fuerza de trabajo. Y, en las periferias, los campesinos son integrados más que nunca en las redes comerciales que aniquilan sus estatus como productores independientes, haciéndose subcontratistas dominados, reducidos de hecho al estatus de vendedores de su fuerza de trabajo.
Este movimiento está asociado a los procesos de pauperización: el individuo «El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza.»[20] La tesis de la pauperización, retomada y amplificada en El Capital, fue objeto de críticas sarcásticas por los economistas vulgares. Y todavía, al nivel del sistema-mundo capitalista –el único nivel que da plenas posibilidades al análisis de la realidad– esta pauperización es considerablemente más visible de lo que Marx imaginó. No obstante, paralelo a esto, las fuerzas capitalistas han conseguido debilitar el peligro que la proletarización generalizada representa implementando estrategias sistemáticas en orden de segmentar las clases trabajadoras a todos los niveles, nacionalmente e internacionalmente.
6
La tercera sección del Manifiesto, titulada «Literatura socialista y comunista», podría parecer al lector contemporáneo que pertenece verdaderamente al pasado. Marx y Engels nos ofrecen aquí comentarios en torno a sujetos históricos y sus producciones intelectuales de su tiempo. De largo olvidadas, estas cuestiones parecen hoy en día ser asunto exclusivamente de archivistas.
Sea como fuere, me acechan persistentes analogías con los más recientes, de hecho coetáneos, movimientos y discursos. Marx denuncia el reformismo en todas sus formas que no han entendido nada de la lógica del desarrollo capitalista. ¿Han desaparecido de la escena? Marx reveló las mentiras de todos quienes condenaban las fechorías del capitalismo, pero aun así, «en la práctica política, toman parte en todas las medidas de represión contra la clase obrera.»[21] ¿Son los fascistas del siglo XX y de hoy, o los movimientos presuntamente religiosos (los Hermanos Musulmanes, los fanáticos del hinduismo y del budismo), algo diferente?
Las críticas de Marx a los competidores del marxismo y de sus ideologías, así como sus esfuerzos de identificar los medios sociales de los que son portavoces, no implica que para Marx, y para nosotros, los movimientos anticapitalistas auténticos no deben ser necesariamente diversificados en sus corrientes de inspiración. Propongo la lectura de algunos de mis recientes escritos en esta materia, concebidos desde la perspectiva de la reconstrucción de una nueva Internacional como condición de la eficacia de las luchas populares y las visiones del futuro[22].
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Concluyo con unas palabras que siguen mi lectura del Manifiesto.
El Manifiesto es el himno de la gloria de la modernidad capitalista, o el dinamismo que esta inspira, sin comparación durante la larga historia de la civilización. Pero es, al mismo tiempo, el canto del cisne del sistema, cuyo movimiento propio no es más que una generación de caos, como Marx siempre supo y nos lo recordó. La racionalidad histórica del capitalismo no es más que la producción, en poco tiempo, de todas las condiciones –materiales, políticas, ideológicas y morales– que llevarán a su superación.
Siempre he compartido este punto de vista, que creo que es el de Marx, desde el Manifiesto hasta la primera época de la Segunda Internacional vivida por Engels. El análisis que he propuesto tiene que ver con la larga composición del capitalismo –diez siglos– y las contribuciones en diferentes regiones del mundo para su maduración (China, el Oriente islámico, las ciudades italianas y finalmente la Europa atlántica), su corto cénit (el siglo XIX) y finalmente su prolongado declive, que se manifiesta a través de dos largas crisis sistémicas (la primera de 1890 a 1945, la segunda de 1975 a nuestros días). Este análisis tiene el objetivo de profundizar lo que fue en Marx solo una intuición[23]. Esta visión del lugar del capitalismo en la historia fue abandonada por las corrientes reformistas dentro del marxismo de la Segunda Internacional y desarrollada entonces fuera del marxismo. Fue reemplazada por una visión acorde con la cual el capitalismo habrá cumplido en homogeneizar el planeta según el modelo de estos centros desarrollados. Contra la persistente visión del desarrollo globalizado del capitalismo, la cual es simplemente no es realista ya que el capitalismo es por su propia naturaleza polarizador, proponemos la visión en la transformación del mundo mediante procesos revolucionarios –rompiendo con la sumisión a las mortíferas vicisitudes de la decadencia de la civilización.
Notas:
[1]Escribí sobre este asunto en el capítulo tres de mi libro (2017). October 1917 Revolution: A Century Later . Montreal: Daraja.
[2] Marx, K. y Engels, F. (1998). The Communist Manifesto. New York: Monthly Review Press., p. 2 [Traducción tomada de: Marx, K. y Engels, F. (2001). El Manifiesto del Partido Comunista [edición digital]. México: Centro de estudios socialistas Carlos Marx., p. 30].
[3] He escrito más sobre esta cuestión en la conclusión de mi libro: (1980). Class and Nation . New York: Monthly Review Press.
[4] Marx & Engels, Manifesto, op. cit., pp. 61-61. [p. 74.]
[5] Marx & Engels, ibid., pp. 4–8 [pp. 32-35].
[6] Marx & Engels, ibid., p. 5 [p. 33].
[7] Marx & Engels, Manifesto, op. cit., p. 9 [p. 36]. [Nota del editor: «Idiotismo» es una mala traducción, pues en griego clásico Idiotes refiere al aislamiento de la polis, un significado trasladado al alemán –un hecho reconocido en numerosas traducciones del Manifiesto. Ver: Drapel, H. (1998). The adventures of the Communist Manifesto. Berkeley: Center for Socialist History, p. 211.]
[8] Marx & Engels, Manifesto, op. cit., p. 9 [p. 36].
[9] Marx, K. y Engels, F. (1972). On Colonialism. New York: International Publichers, p. 18 [Traducción tomada de: Marx, K. (2015). Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Madrid: Fundación Federico Engels, p. 51] Nota del traductor: En el libro citado por el autor, en inglés, aparecen las palabras en francés, mientras que la edición en español que cito las traduce al español.
[10] Luxemburgo, R. (1918). The Russian Revolution, en http://marxists.org [Chapter 1: Fundamental significance of the Russian Revolution] [Traducción tomada de: Luxemburgo, R. (2008). Obras escogidas [edición digital]. Izquierda Revolucionaria., p. 377].
[11] Marx & Engels, Manifesto, op. cit., p. 17 [41].
[12] Marx & Engels, ibid., p. 37 [55].
[13] Marx & Engels, ibid., p. 18-19 [42-43].
[14] Marx & Engels, ibid., p. 25-26 [47].
[15] Marx & Engels, ibid., p. 25 [47].
[16] Marx & Engels, ibid., p. 35-36 [54].
[17] Marx & Engels, ibid., p. 22 [45].
[18] Amir, S. (2017). October 1917 Revolution. Montreal: Araja., pp. 83-85 [No hay traducción al español todavía]. Nota del autor: He discutido esta cuestión específica de Europa en el capítulo cuatro de mi libro (2013). The Implosion of Contemporary Capitalism . New York: Monthly Review Press.
[19] Marx & Engels, Manifesto, op. cit., p. 3 [31].
[20] Marx & Engels, ibid., p. 23 [46].
[21] Marx & Engels, ibid., p. 44 [61].
[22] Ver «Unité et Diversité des Mouvements Populaires au Socialisme» en el libro Egypte, Nassérisme et Communisme; y «L’Indispensable Reconstruction de l’Internationale des Travailleurs et des Peuples», en el blog Investig’Action, http://investigaction.net/fr.
[23] Ver Amin, The Implosion of Contemporary Capitalism.
Samir Amin (El Cairo 1931-Paris 2018) ha sido uno de los intelectuales marxistas más influyentes del siglo XX. Autor de una importante obra económica y política sobre el capitalismo contemporaneo, crítico de la nomenklatura soviética, e incansable militante socialista, defendió en los últimos años la necesidad de una nueva Internacional de los trabajadores y los pueblos.
Texto original en inglés: https://monthlyreview.org/2018/10/01/the-communist-manifesto-170-years-later/
Traducción: Roberto Álava
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/el-manifiesto-comunista-170-anos-despues
martes, 30 de octubre de 2018
SE ESTRENA "EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN", BASADA EN LA VIDA DE FRANCESC BOIX
Título original: El fotógrafo de Mauthausen
Año: 2018
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Mar Targarona
Guión: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas
Música: Diego Navarro
Fotografía: Aitor Mantxola
Reparto: Mario Casas, Richard van Weyden, Alain Hernández, Adrià Salazar, Stefan Weinert, Macarena Gómez, Frank Feys, Rubén Yuste, Eduard Buch, Efrain Anglès, Luka Peros, Igor Szpakowski, Marc Rodríguez, Joan Negrié, Roger Vilá
El cine español paga su deuda con los españoles de Mauthausen
En los últimos setenta años todas las generaciones de españoles hemos crecido contemplando multitud de películas, made in Hollywood, dedicadas a héroes estadounidenses, británicos o franceses de la II Guerra Mundial. Quienes combatían a los nazis o sufrían sus torturas en los campos de exterminio de Hitler siempre habían nacido en Massachusetts, Londres o Varsovia. La muerte de nuestro tirano particular abrió el camino a una amplia, aunque nunca suficiente, serie de buenos largometrajes sobre la sublevación militar liderada por Franco, la guerra y la represión perpetrada durante la dictadura.
Sin embargo, nuestro cine siguió dándole la espalda a los españoles y españolas que lucharon en la Resistencia antinazi en Europa, a quienes participaron en la liberación de París formando parte esencial de la División Lecrerc y a los que sufrieron los mismos tormentos que judíos, gitanos o soviéticos en los campos de concentración.
Teníamos nuestros héroes y les ignorábamos porque sus historias habían sido convenientemente silenciadas por el franquismo y por sus herederos. Silenciadas… hasta ahora. Este viernes, por fin, en las pantallas españolas vamos a poder admirar a algunos de esos héroes que plantaron cara al III Reich, que murieron bajo sus garras y que eran nuestros compatriotas.
El fotógrafo de Mauthausen relata la historia de Francesc Boix, uno de los 9.300 españoles que fue deportado por orden de Franco a los campos de concentración nazis. El personaje, al que da vida de forma muy notable el actor Mario Casas, pasó más de cuatro años encerrado en aquel infierno.
Boix era, no obstante, un prisionero afortunado porque había trabajado en España como reportero gráfico y eso le permitió convertirse en ayudante de los SS que dirigían el laboratorio fotográfico de Mauthausen. Allí fue, involuntariamente, testigo privilegiado del sufrimiento de sus compañeros, ya que una de sus tareas consistía en revelar las fotografías realizadas por su jefe, el SS Paul Ricken, en las que documentaba gráficamente la vida y la muerte en el campo. Por sus manos pasaron cientos de instantáneas de prisioneros esqueléticos, asesinados, electrocutados… y también imágenes en las que se veía a dirigentes alemanes como Himmler visitando Mauthausen.
Boix fue consciente de la importancia de esas fotografías y lideró una operación, realizada por la organización clandestina que formaban los prisioneros españoles, para robarlas y evitar que fueran destruidas por los nazis. Aquellas instantáneas acabarían siendo exhibidas en los históricos juicios de Núremberg contra la cúpula del III Reich, en los que Boix fue el único español que compareció como testigo.
Esta historia de película merecía una película como la que ha dirigido Mar Targarona: "Siempre me había interesado mucho la II Guerra Mundial. Me escandalizaba que hubiera una ideología tan nefasta y repugnante como la nazi, pero no encontraba la forma de hincarle el diente hasta que los guionistas me presentaron la historia de Boix", asegura la directora a eldiario.es.
El robo de las fotografías es el eje del largometraje. Sin embargo, Targarona utiliza al personaje de Boix para adentrar al espectador en aquel Mauthausen en el que perecieron, de las formas más horribles que podamos imaginar, cerca de 5.000 españoles: "El problema es que la mayor parte de nuestra sociedad sigue sin saber que hubo más de 9.000 españoles en los campos nazis. Se ha hablado mucho del Holocausto, pero nunca se ha hablado de los españoles. Es necesario que sepamos lo que pasó y esta película pretende ayudar a ello", afirma Targarona.
Para lograrlo, el equipo de El fotógrafo de Mauthausen ha recreado con enorme rigor el aspecto y la sanguinaria rutina de ese campo de concentración. Cualquier espectador que se enfrente por primera vez a esta historia se verá conmovido ante las escenas de los prisioneros españoles subiendo la llamada "escalera de la muerte", las secuencias en las que los cautivos son humillados o asesinados y las imágenes rodadas en el interior de los barracones o del crematorio.
Lo que no suele ser tan habitual en este tipo de producciones es que la misma o más emoción se despierte en aquellos que conocen muy a fondo el tema. A lo largo de la película no dejan de verse pinceladas de hechos que relataron en su día los supervivientes o que pudieron ser constatados por los historiadores: la macabra educación que recibía el hijo del comandante del campo, la curiosidad que despertaba entre los SS un español de raza negra, los trucos que usaban los deportados para comer un poco más, la maravillosa imagen de los prisioneros españoles derribando el águila que presidía una de las entradas del campo y colocando la histórica pancarta en castellano con que dieron la bienvenida a las tropas estadounidenses que les liberaron…
Targarona no ha eludido ni siquiera el espinoso asunto del prostíbulo abierto por los SS para uso, y no sé si disfrute, de sus prisioneros de mayor confianza. Un tema que requeriría decenas de páginas para contextualizarlo se resuelve magníficamente, gracias también a la breve pero conmovedora interpretación de Macarena Gómez.
No se pierdan todos esos pequeños detalles porque enriquecen enormemente el valor de esta obra. Se nota y mucho que detrás hay un gran trabajo de documentación reforzado por el asesoramiento del historiador Benito Bermejo, biógrafo de Boix y máximo experto en la deportación española. Quizás por ello, y es la mayor crítica negativa que se le puede hacer a la película, no se entiende muy bien que, especialmente en el último tercio de la misma, se incluyan tantos elementos de ficción, un tanto peliculeros, que terminan por distorsionar en parte la historia real del robo de las fotografías.
El otro "pero" tiene unos responsables más elevados y responde a lo ajustado del presupuesto destinado a recrear un lugar tan brutal y complejo como era Mauthausen. Quien más lo sufrió, la propia directora, reconoce este hecho, pero extrae aspectos positivos de todo ello: "Siempre vamos escasos de presupuesto, pero eso te obliga a comerte la cabeza y a exprimir lo que tienes al máximo. Me hubiera gustado tener más extras, la verdad, pero el que sea una película sobria… me gusta mucho". Se trata por tanto de un primer e importante paso, pero la historia de los españoles de Mauthausen aún tiene pendiente su gran superproducción, su propia Lista de Schindler.
En cualquier caso Mar Targarona ha logrado con creces su objetivo y ahora desearía que su obra sirviera también para que profesores y estudiantes la utilicen como herramienta didáctica destinada no solo a conocer esta capítulo olvidado de nuestra Historia: "Tenemos que recordar y tener memoria. Otra cosa es que nos pasemos la vida mirando hacia atrás, pero tenemos que tener memoria porque estas cosas han ocurrido y ahora están ocurriendo cosas inquietantes. Tener un ministro en Italia que habla de barcos llenos de carne humana me preocupa mucho. Me preocupa que estas ideologías o estas formas de pensar, que transmiten odio al próximo o al desconocido puedan crecer en Europa".
Si sirve para todo ello, la película también representará la culminación del trabajo que Boix comenzó en 1944 y que se refleja en una de sus mejores escenas. Acontece en el interior de las sucias letrinas de Mauthausen. Mario Casas/Boix, demacrado, con su traje rayado convence a sus compañeros de la necesidad de arriesgar sus vidas para robar las fotografías hechas por los SS. Lo hace con esta frase: "¿De verdad queréis que se olvide lo que está pasando? Nadie lo creerá si no lo ve". Si hoy siguiera con vida, Boix se sentiría feliz porque todos, también en su tierra, verán y creerán lo que pasó en Mauthausen.
Fuente: el diario
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Año: 2018
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Mar Targarona
Guión: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas
Música: Diego Navarro
Fotografía: Aitor Mantxola
Reparto: Mario Casas, Richard van Weyden, Alain Hernández, Adrià Salazar, Stefan Weinert, Macarena Gómez, Frank Feys, Rubén Yuste, Eduard Buch, Efrain Anglès, Luka Peros, Igor Szpakowski, Marc Rodríguez, Joan Negrié, Roger Vilá
El cine español paga su deuda con los españoles de Mauthausen
En los últimos setenta años todas las generaciones de españoles hemos crecido contemplando multitud de películas, made in Hollywood, dedicadas a héroes estadounidenses, británicos o franceses de la II Guerra Mundial. Quienes combatían a los nazis o sufrían sus torturas en los campos de exterminio de Hitler siempre habían nacido en Massachusetts, Londres o Varsovia. La muerte de nuestro tirano particular abrió el camino a una amplia, aunque nunca suficiente, serie de buenos largometrajes sobre la sublevación militar liderada por Franco, la guerra y la represión perpetrada durante la dictadura.
Sin embargo, nuestro cine siguió dándole la espalda a los españoles y españolas que lucharon en la Resistencia antinazi en Europa, a quienes participaron en la liberación de París formando parte esencial de la División Lecrerc y a los que sufrieron los mismos tormentos que judíos, gitanos o soviéticos en los campos de concentración.
Teníamos nuestros héroes y les ignorábamos porque sus historias habían sido convenientemente silenciadas por el franquismo y por sus herederos. Silenciadas… hasta ahora. Este viernes, por fin, en las pantallas españolas vamos a poder admirar a algunos de esos héroes que plantaron cara al III Reich, que murieron bajo sus garras y que eran nuestros compatriotas.
El fotógrafo de Mauthausen relata la historia de Francesc Boix, uno de los 9.300 españoles que fue deportado por orden de Franco a los campos de concentración nazis. El personaje, al que da vida de forma muy notable el actor Mario Casas, pasó más de cuatro años encerrado en aquel infierno.
Boix era, no obstante, un prisionero afortunado porque había trabajado en España como reportero gráfico y eso le permitió convertirse en ayudante de los SS que dirigían el laboratorio fotográfico de Mauthausen. Allí fue, involuntariamente, testigo privilegiado del sufrimiento de sus compañeros, ya que una de sus tareas consistía en revelar las fotografías realizadas por su jefe, el SS Paul Ricken, en las que documentaba gráficamente la vida y la muerte en el campo. Por sus manos pasaron cientos de instantáneas de prisioneros esqueléticos, asesinados, electrocutados… y también imágenes en las que se veía a dirigentes alemanes como Himmler visitando Mauthausen.
Boix fue consciente de la importancia de esas fotografías y lideró una operación, realizada por la organización clandestina que formaban los prisioneros españoles, para robarlas y evitar que fueran destruidas por los nazis. Aquellas instantáneas acabarían siendo exhibidas en los históricos juicios de Núremberg contra la cúpula del III Reich, en los que Boix fue el único español que compareció como testigo.
Esta historia de película merecía una película como la que ha dirigido Mar Targarona: "Siempre me había interesado mucho la II Guerra Mundial. Me escandalizaba que hubiera una ideología tan nefasta y repugnante como la nazi, pero no encontraba la forma de hincarle el diente hasta que los guionistas me presentaron la historia de Boix", asegura la directora a eldiario.es.
El robo de las fotografías es el eje del largometraje. Sin embargo, Targarona utiliza al personaje de Boix para adentrar al espectador en aquel Mauthausen en el que perecieron, de las formas más horribles que podamos imaginar, cerca de 5.000 españoles: "El problema es que la mayor parte de nuestra sociedad sigue sin saber que hubo más de 9.000 españoles en los campos nazis. Se ha hablado mucho del Holocausto, pero nunca se ha hablado de los españoles. Es necesario que sepamos lo que pasó y esta película pretende ayudar a ello", afirma Targarona.
Para lograrlo, el equipo de El fotógrafo de Mauthausen ha recreado con enorme rigor el aspecto y la sanguinaria rutina de ese campo de concentración. Cualquier espectador que se enfrente por primera vez a esta historia se verá conmovido ante las escenas de los prisioneros españoles subiendo la llamada "escalera de la muerte", las secuencias en las que los cautivos son humillados o asesinados y las imágenes rodadas en el interior de los barracones o del crematorio.
Lo que no suele ser tan habitual en este tipo de producciones es que la misma o más emoción se despierte en aquellos que conocen muy a fondo el tema. A lo largo de la película no dejan de verse pinceladas de hechos que relataron en su día los supervivientes o que pudieron ser constatados por los historiadores: la macabra educación que recibía el hijo del comandante del campo, la curiosidad que despertaba entre los SS un español de raza negra, los trucos que usaban los deportados para comer un poco más, la maravillosa imagen de los prisioneros españoles derribando el águila que presidía una de las entradas del campo y colocando la histórica pancarta en castellano con que dieron la bienvenida a las tropas estadounidenses que les liberaron…
Targarona no ha eludido ni siquiera el espinoso asunto del prostíbulo abierto por los SS para uso, y no sé si disfrute, de sus prisioneros de mayor confianza. Un tema que requeriría decenas de páginas para contextualizarlo se resuelve magníficamente, gracias también a la breve pero conmovedora interpretación de Macarena Gómez.
No se pierdan todos esos pequeños detalles porque enriquecen enormemente el valor de esta obra. Se nota y mucho que detrás hay un gran trabajo de documentación reforzado por el asesoramiento del historiador Benito Bermejo, biógrafo de Boix y máximo experto en la deportación española. Quizás por ello, y es la mayor crítica negativa que se le puede hacer a la película, no se entiende muy bien que, especialmente en el último tercio de la misma, se incluyan tantos elementos de ficción, un tanto peliculeros, que terminan por distorsionar en parte la historia real del robo de las fotografías.
El otro "pero" tiene unos responsables más elevados y responde a lo ajustado del presupuesto destinado a recrear un lugar tan brutal y complejo como era Mauthausen. Quien más lo sufrió, la propia directora, reconoce este hecho, pero extrae aspectos positivos de todo ello: "Siempre vamos escasos de presupuesto, pero eso te obliga a comerte la cabeza y a exprimir lo que tienes al máximo. Me hubiera gustado tener más extras, la verdad, pero el que sea una película sobria… me gusta mucho". Se trata por tanto de un primer e importante paso, pero la historia de los españoles de Mauthausen aún tiene pendiente su gran superproducción, su propia Lista de Schindler.
En cualquier caso Mar Targarona ha logrado con creces su objetivo y ahora desearía que su obra sirviera también para que profesores y estudiantes la utilicen como herramienta didáctica destinada no solo a conocer esta capítulo olvidado de nuestra Historia: "Tenemos que recordar y tener memoria. Otra cosa es que nos pasemos la vida mirando hacia atrás, pero tenemos que tener memoria porque estas cosas han ocurrido y ahora están ocurriendo cosas inquietantes. Tener un ministro en Italia que habla de barcos llenos de carne humana me preocupa mucho. Me preocupa que estas ideologías o estas formas de pensar, que transmiten odio al próximo o al desconocido puedan crecer en Europa".
Si sirve para todo ello, la película también representará la culminación del trabajo que Boix comenzó en 1944 y que se refleja en una de sus mejores escenas. Acontece en el interior de las sucias letrinas de Mauthausen. Mario Casas/Boix, demacrado, con su traje rayado convence a sus compañeros de la necesidad de arriesgar sus vidas para robar las fotografías hechas por los SS. Lo hace con esta frase: "¿De verdad queréis que se olvide lo que está pasando? Nadie lo creerá si no lo ve". Si hoy siguiera con vida, Boix se sentiría feliz porque todos, también en su tierra, verán y creerán lo que pasó en Mauthausen.
Fuente: el diario
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