miércoles, 9 de enero de 2019

"EDIFICE", REPORTAJE DEL FOTÓGRAFO POLACO KAROL PALKA


Edifice, del fotógrafo polaco Karol Palka es un viaje visual a través de los interiores de los edificios de la era comunista en Polonia, Eslovaquia y Alemania Oriental. Incluye tomas del Hotel Polana, un ejemplo de la arquitectura realista socialista que una vez fue propiedad del Partido Comunista de Checoslovaquia y fue visitada por Nikita Khrushchev y Fidel Castro, ahora un edificio de oficinas en desuso para la administración de la fábrica de acero Nowa Huta. La serie cuenta una historia sobre el poder y su impermanencia; un edificio que una vez proporcionó refugio, seguridad y un sentimiento de fortaleza se revela como ilusorio, su poder transitorio. El espectro de su caída está siempre cerca, acechando a la vuelta de la esquina, detrás de las paredes frías de ideas grandiosas.

 





¿Cómo ha afectado el lugar donde creciste tu trabajo como fotógrafo?
Crecí en Rabka-Zdrój, un pequeño pueblo ubicado en las montañas polacas. Cuando era niña, la fotografía se convirtió en mi pasión. Solía ​​fotografiar montañas y paisajes, estaba creando una realidad utópica. Me perdí en hacer estas imágenes y me divertí. Creo que sentí lo mismo cuando fotografié los interiores comunistas. La intuición y el lugar donde vivo definitivamente me determinan como fotógrafo.
 
¿Dónde encuentras inspiración para los temas de tus proyectos?
En mis proyectos trato de guiarme por mi intuición. Vine a la primera ubicación por accidente. La idea nació de la toma de nuevas fotos y el descubrimiento de nuevos lugares. Preparé Edifice porque quería contar una historia sobre el poder y su impermanencia.
 








Elige una fotografía del proyecto que enviaste y cuéntanos algo que nunca hubiéramos sabido.



Hotel Polana fue construido en la década de 1970. Bajo el comunismo, era el lugar más protegido de los Tatras. El hotel solo atendía las necesidades de los oficiales del Partido Comunista.
 
Esta foto muestra el Salón Rojo en el que Václav Klaus y Vladimír Mečiar firmaron el tratado que afirma la división de Checoslovaquia. Dicho salón vio la división autodeterminada del estado federal de Checoslovaquia en la República Checa y Eslovaquia, entidades que habían surgido anteriormente en 1969, como las Repúblicas Socialistas Checa y Eslovaca en el marco de la federalización checoslovaca. Este acto a veces se conoce como el divorcio de terciopelo, una referencia a la Revolución de terciopelo sin sangre de 1989 que llevó al final del gobierno del Partido Comunista de Checoslovaquia y la formación de un gobierno democrático.











Entrevista: Liza Premiyak. Imágenes: Karol Palka. Fuente: Calvert Jorunal

martes, 8 de enero de 2019

"EL PUEBLO. AUGE Y DECLIVE DE LA CLASE OBRERA (1910-2010)", DE SELINA TODD

El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010)
Selina Todd
ISBN 978-84-460-4681-3
Fecha publicación: 29-10-2018
Páginas: 544
Editorial Akal

«La vasta y apasionada historia que compone Selina Todd constituye una contribución más que necesaria a la renovada pujanza del pensamiento sobre las clases sociales… Todd aborda la misión de pintar la clase obrera de nuevo contra el lienzo de la historia.» (Owen Jones)

A principios del siglo XX, la mayor parte de la población británica pertenecía a la clase obrera; cien años después, su existencia misma está en entredicho. El más poderoso sujeto de transformación social, aquella fuerza que tuvo en sus manos ganar un mundo nuevo, parece haberse desvanecido en el lapso escaso de un siglo. Este libro escribe su historia.

En él, Selina Todd traza con maestría el ascenso de la clase obrera entre las dos guerras mundiales, su feroz resistencia al thatcherismo y su declive, que no desaparición, hasta hoy. Lo hace desvelando una Gran Bretaña sorprendente, en cuyos cines se alzaban desafiantes los puños cuando Winston Churchill aparecía en la pantalla, donde la comunidad entera batallaba junto a los huelguistas y donde las identidades rara vez se configuraban en torno al dinero. El pueblo es la vibrante historia de un siglo revolucionario y de quienes –albañiles, criadas, trabajadoras industriales o mineros– forjaron realmente el mundo moderno.

Contenidos

Introducción

PARTE I

Criados, 1910-1939

I. El desafío de escaleras abajo

2. Beligerantes de pelo corto

3. Enemigos interiores

4. Paro

Interludio I. Ha nacido una estrella

5. Política en el Palais

PARTE II

El pueblo, 1939-1968

6. La guerra del pueblo

Interludio II. Sobre «el Lloyd George»

7. Las nuevas Jerusalén

Interludio III. Liberar al Pueblo

8. Comunidades

Interludio IV. Amor y matrimonio

9. Nunca hemos estado tan bien

Interludio V. La sociedad opulenta

10. La época dorada de la Grammar School

11. Héroes de clase obrera

Interludio VI. Gastar, gastar, gastar

12. ¿Una nueva clase media?

Interludio VII. Ofrecerse

PARTE III

Los desposeídos, 1966-2010

13. Una nueva Gran Bretaña

14. Problemas y conflictos

Interludio VIII. Retorno a Castleford

15. Tiempos duros

16. Una sociedad sin clases

Epílogo

Posfacio. Nuestro Estado actual, 2011-2015

Agradecimientos

Crédito de las imágenes

Bibliografía seleccionada

lunes, 7 de enero de 2019

88 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL FILÓSOFO MARXISTA FRANCÉS GEORGES LABICA

El 27 de diciembre de 1930 nacía en Toulon el insigne filósofo marxista francés Georges Labica. Lo recordamos con este texto introductorio a su penetrante estudio del principal actor de la Revolución Francesa: Maximilien Robespierre.

INTRODUCCIÓN. UN PENSAMIENTO DE LO INÉDITO

¿Para qué añadir un nuevo Robespierre a una bibliografía que comporta ya algunas sumas decisivas y que no ha cesado de extenderse, a pesar de las reservas recientemente manifestadas, después de la conmemoración del bicentenario de la Revolución de 1789, en relación con el Incorruptible? Simplemente porque me ha parecido que el pensamiento político de Maximilien Robespierre merecía ser tomado en serio. Este es un libro de un filósofo que escucha a uno de lo suyos.

De quien conviene, de entrada, subrayar la originalidad.

El carácter propiamente innovador del pensamiento de Robespierre, aunque no tenga nada de excepcional en su época, puesto que este carácter innovador es compartido por muchos de sus contemporáneos (Saint-Just, Marat, Grégoire, Couthon, de Gouges, Billaud, Roux, Babeuf, etc.), no adquiere menos un valor emblemático. Se trata de pensar la Revolución en el momento mismo en que se produce, en el momento en que, a veces a tientas, a veces de forma fulgurante, ella pretende controlar intelectualmente sus actos, inventando toda una terminología con todas sus piezas. Esto no tiene precedentes. Es difícil y más de lo que se cree, acotar el concepto de revolución, incluso para nosotros que nos beneficiamos del corpus marxista y de un siglo y medio de experiencias históricas y teóricas. Aún más lo era para Robespierre, que fue el producto de la Revolución, literalmente hecho por ella, arrebatado por su movimiento, obstinándose tenazmente, esta vez, sin nada análogo, en captarla, ceñido a sus procesos, no habiéndola vista venir, ni anticipar, pero siguiéndola, dejándose inspirar día a día y tratando en vano, lo sabemos, asegurar su control. Marx, durante su vida, preparó la Revolución, determinó sus condiciones, previó sus actores y fuerzas motrices, estableció las vías, los fines y sugirió las perspectivas, pero no la hizo. Se como sea y a pesar de sus compromisos episódicos o marginales, él fue únicamente un espectador, en 1848, como bajo la Comuna. Lenin, desde los últimos años del siglo XIX, prepara el octubre soviético, que es su creación, la culminación del trabajo sin des can so de dos decenios. Hizo la Revolución que tenía en la cabeza y cuyo advenimiento le sorprendió en plena redacción, suspendida inmediatamente, de El estado y la Revolución, que ponía las bases de su porvenir y exponía sus etapas. Él dirigió la Revolución según sus principios, fundó un nuevo tipo de poder, gobernó la sociedad, promulgó las reglas de acuerdo con sus posibilidades y midió sus contradicciones. Aún más: adoptó los medios para su universalización, fundando la Internacional comunista. Orquestó su defensa, aseguró su ejemplaridad, mundializó su práctica.

Nada que ver con Robespierre. En 1775, a los diecisiete años, el brillante alumno del colegio Luis el Grande, vio como se le confiaba el honor de recitar el cumplido de costumbre a la joven pareja real, Luis XVI y María Antonieta. El 26 de abril de 1789, era un abogado de treinta años, que gozando de una notoriedad local de buen gusto, bien integrado en su medio, miembro de la Academia de Arras y orgulloso de pertenecer a la Sociedad de los Rosati, donde hace ri mas gentilmente, fue elegido diputado del Tercer Estado de Artois en los Estados Generales. En contraste con los grandes tenores, con la reputación ya adquirida, fuera cual fuera, los Condorcet, La Fayette, Barnave, Siéyès o Mirabeau; a diferencia de Marat, del cual estará tan próximo, que había publicado, catorce años antes, su Las cadenas de la esclavitud (1774), Robespierre solo es alguien anónimo, entre otros miles. Sus intervenciones en la Constituyente, aunque numerosas, pasarán desapercibidas. Así, él nacerá con la Revolución, al mismo tiempo que ella, y será el más intransigente en encarnarla hasta su muerte.

Es justo decir, con el conjunto de sus intérpretes, que su existencia se confundirá totalmente con la trayectoria de la Revolución (1) desde 1789 hasta 1794, desde su primera toma de palabra, el 18 de mayo de 1789, a la última, el 26 de julio de 1794 (8 de Thermidor). Con su ejecución, como dirá Laponneraye, y tantos otros después de él: “La Revolución se paró y volvió sobre sus pasos” (Robespierre, p. 22). El 7 de enero de 1795, la panadera Pommier hizo, ante el estupor de sus clientes, que la denunciaron, esta constatación: “Desde que asesinaron a Robespierre, se hizo la contrarrevolución” (2). Entendámoslo: la Revolución en su radicalidad. A la que, consciente y voluntariamente, Robespierre consagró y sacrificó su vida. Él lo experimentaba y lo anunciaba, desde los primeros versos en los Rosati:

El único momento crucial del justo, en su última hora,

Y el único del que entonces seré desgarrado,

Es ver, muriéndose, la pálida y sombría inquietud

Destilar en mi frente el oprobio y la infamia

De morir por el pueblo y de ser aborrecido por él (3).

Él lo repetirá constantemente, no sin un cierto masoquismo, hastaclos últimos discursos en el club Jacobino (“No me veréis mucho tiempo”) y en la Convención (“Qué amigo de la patria puede querer sobrevivir…”). Hasta el punto que su fin es asimilable a un suicidio político deliberado. No es menos exacto reconocer que el Incorruptible —epíteto que se impone desde la primavera de 1791— fue objeto, por esa razón, de una popularidad sin igual, y quizás como lo asegura Massin, “amado por el pueblo de Francia como ningún jefe político, ningún gobierno de su tiempo” (p. 6) (4). Lo testimonian sus elecciones, de las cuales la última, casi unánime, a la presidencia de la Convención (6 de junio 1794), y el hecho de que él transitaba siempre, incluso en los peores momentos, a pie, sin protección.

El pensamiento de la Revolución, hay que insistir en ello, el pensamiento de un fenómeno tan global como el de la Revolución francesa, no tiene, hablando estrictamente, un predecesor. De ahí el empréstito por parte de los hombres de 1789, a las figuras legendarias de la Antigüedad romana. Robespierre fue perfectamente consciente de esta novedad. En abril de 1789, en su Dedicatoria a los manes de Jean-Jacques Rousseau, él evoca “la peligrosa carrera que una Revolución increíble acaba de abrir ante nosotros” (subrayado por G.L.). Él declara, el 25 de diciembre de 1793: “la teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la Revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han previsto de ninguna manera esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que, contentos de abusar de su poder, se ocupan muy poco de buscar su legitimación”. Lo nuevo, es la autocreación revolucionaria, “la primera república del mundo” (noviembre de 1793), que da a Francia, dice en embargado por el entusiasmo, “dos mil años de adelanto sobre la especie humana”. Es “la era francesa” y su absoluta novedad, que Destutt, en su Gramática, opone a Montesquieu. La primacía y la originalidad de la Revolución francesa, en relación con la revolución americana, fueron saludadas igualmente por Condorcet y por Burke.

Nadie estuvo más convencido de ello que Robespierre: “Los Franceses son el primer pueblo que ha establecido la verdadera democracia, llamando a todos los hombres a la igualdad y a la plenitud de los derechos del ciudadano” (4 de febrero) de 1794.

El último aspecto, también él adecuado a lo inédito que nos llama la atención: la elocuencia de Robespierre, es decir su obra. No se trata de considerar aquí su estilo oratorio, tema controvertido, a pesar de que, si es cierto, como dice Korngold, que él “fue el ídolo del bello sexo más que cualquier otro hombre de la Revolución” y que “cada vez que él tomaba la palabra, las mujeres se atropellaban en las tribunas” (p. 27; igualmente, p.64, 85, 245), debemos, por lo menos, atribuirle “la elocuencia del corazón”. ¿No es significativo que alguien que era, ante todo, un asceta, un virgen, que suscita algunas pasiones (la de su hermana, Charlotte, la de la señorita Duplay), cuya vida sentimental fue sin duda inexistente, por causa de la revolución haya seducido con su palabra a las mujeres de su tiempo? Pero se trata de levantar acta de que Robespierre fue, por excelencia, un hombre de palabras y únicamente esto. Desde sus alegatos de joven abogado hasta sus largas exposiciones en la Convención, 100 intervenciones a la Asamblea en 1790, más de 300 en 1791 (Guillemin, p.71), de 250 a 300 bajo la Convención, 200 en 144 sesiones del Consejo general de la Comuna (Bouloiseau A, p. 18-19), he aquí su obra, completada por los artículos de su diario El Defensor de la Constitución, por las cartas, por un Carnet y por Notas, publicadas por Mathiez. En total un millar de discursos, muchas veces redactados con cuidado, repetidos al menos dos veces en el mismo día, en el Club y en la Asamblea, reproducidos oficialmente y difundidos en toda Francia, otras veces improvisados, a medida de las coyunturas y de los debates. No eran obras acabadas, aunque muchos textos, sobre todo los de la Convención (lo veremos más adelante), merecen ampliamente este estatuto, mientras que Marat, que tenía quince años más que él escribió diversos libros antes y durante la Revolución, igual que Saint-Just, que tenía quince años menos. He aquí otra singularidad, el pensamiento de la Revolución, su palabra, se casa con su desarrollo, hecho de sobresaltos, se pega a sus actos, discurre sobre ella, la sostiene y la desaprueba, busca su coherencia e intenta comprenderla teóricamente, sin antecedentes que la prefiguraran, sin consecuencias que fijasen su figura. La cancioncilla popular de 1792, último cumplido a M. Petion, sin duda tiene razón:

Es el hombre más elocuente

Después de Robespierre… (5)

A estas especificidades probadas que definen el pensamiento político del principal actor de la Revolución, está consagrado este libro.

Notas:

(1) No fue el caso, lo sabemos, ni de Mirabeau, ni de Condorcet, ni de Danton, ni de Marat, ni de Hebert, desaparecidos, durante el camino, de diversas maneras… tampoco el de Saint-Just, ausente al inicio.

(2) Citado por D. Godineau, Les tricoteuses, París, Alinéa, 1988, p. 292.

(3) M. R. Oeuvres, t. I, p. 246.

(4) Robespierre “fue, escribe Soboul, y continúa siendo el Incorruptible, el único entre nuestros hombres políticos, desde casi dos siglos, en haber merecido este título” (p. 225).

(5) Chansonnier Révolutionnaire, éd. De M. Delon y P.-E. Levayer, París, Gallimard, 1989, p. 83.

Introducción del libro de Georges Labica Robespierre. Una política de la filosofía.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/robespierre-una-politica-de-la-filosofia/

Fuente: Rebelión

domingo, 6 de enero de 2019

"LAS CRIBADORAS DE TRIGO", DE GUSTAV COURBET


Las cribadoras de trigo
Gustav Courbet
1854
Oleo sobre tela
131 x 167 cm
Musée des Beaux-Arts de Nantes

Con Las cribadoras de trigo pintado en 1854, Courbet continúa la observación de la sociedad e inmortaliza una escena de la vida campesina.

El artista elige como modelo a tres miembros de su familia. En el centro de la composición, Zoe, una de sus hermanas, se ve arrodillada sobre una sábana blanca. Ella tamiza el trigo con un colador. A la izquierda, al fondo, Juliette, otra de sus hermanas, se apoya en sacos de trigo. Ella realiza la misma tarea a mano. A la derecha, sentado en una bolsa, un joven controla el interior de una máquina mecánica que reemplaza el tamizado manual de granos de trigo. Podría ser Desire, hijo ilegítimo que Courbet hubiera tenido con su modelo Virginie Binet, en 1847.

La posición de los personajes divide la tabla en tres partes. Concentrados en sus tareas, evolucionan de forma independiente en un espacio ambiguo, sin ángulos ni un solo punto de fuga.

La composición se centra en Zoe en el centro. El color de su vestido brilla en medio de los tonos marrones de los granos de trigo, la pared y los colores más oscuros de la ropa de los otros personajes. Su posición también la hace más activa. Su cuerpo ligeramente desproporcionado en el brazo derecho, parece evolucionar al ritmo del tamiz. El arco de su espalda y la tensión de sus brazos recuerdan la dificultad del mundo rural.

Juliette aparece como ausente. El color de su piel, muy pálido, se confunde con el de los sacos de trigo y tela. Su cabeza inclinada sugiere que se quedó dormida en su tarea. El niño pequeño, inmóvil, vigila el mecanismo de la máquina.

De izquierda a derecha, el espectador sigue el largo y laborioso trabajo de clasificación manual y la dificultad física de usar el tamiz y, finalmente, la revolución para el mundo agrario que es la llegada de la máquina tamizadora.

A través de este trabajo, Courbet rehabilita el mundo rural y cuestiona la supremacía de la gran pintura académica al elevar esta pintura al mismo rango que la pintura de la historia.

La pintura es adquirida por el Musée des Beaux-Arts en el Salon de Nantes en 1861, durante la vida del artista.

sábado, 5 de enero de 2019

"¡CUBA SÍ!", DE CHRIS MARKER

Título original: ¡Cuba Sí!
Año: 1961
Duración: 50 min.
País: Francia
Dirección: Chris Marker
Guión: Chris Marker
Música: J. Calzada, Eduardo Gonzàlez Mantici
Fotografía: Chris Marker


Cuba sí está entre aquellos primeros filmes que el realizador consideraría más adelante parte de su prehistoria como cineasta –un período de balbuceos antes de La jetée–. Sin embargo, representa un trabajo sintomático. Y ello por múltiples razones. Primero, porque da cuenta del entusiasmo y a la vez del pánico que la revolución cubana suscitó en todo el mundo. Por una parte, el sueño de un socialismo que no se rigiera por el eufemístico centralismo democrático que los tanques rusos habían impuesto en Europa del este. Por la otra, empezando por Estados Unidos, iba rondando la pregunta: ¿cómo restañar la marea roja? Es ése el telón de fondo del documental.

Así la voz en off no para de insistir en el carácter absolutamente cubano de la revolución. Y, por lo tanto, en ese modo tan cubano de organizar la defensa de la isla, de ir a las manifestaciones, de montar un desfile y ¡hasta de cortar las naranjas o de beber! La cámara se regodea en rostros que, en su diversidad (blancos, mestizos, negros) e indiferencia, evocan una Babel en estado de sitio y sin embargo feliz –rayano en la etnología del buen salvaje–. Secuencias breves o planos cortos se suceden a un ritmo desenfrenado que, como la revolución, no se detiene, salvo en el momento en que habla Fidel. La alternancia continua entre los planos abiertos de la muchedumbre y los planos cerrados de los rostros viene a sugerir que, más que diluirse en la masa, el individuo se realiza en la colectividad.

Pero hay más. Cuba sí puede ser visto como la matriz de lo que sería en adelante el enfoque de la izquierda respecto a la realidad cubana –aquí coinciden todos los tópicos–. La lucha entre David y Goliat, el pueblo jubiloso tras la figura providencial de su líder, los logros sociales y la excepción caribeña –en la que no hay gulags–. Claro que se trata de un filme comprometido que no oculta sus afinidades. Pero es precisamente eso, la voluntad de ensalzar la revolución, lo que obstaculiza su comprensión. Encuadrándose la complejidad de semejante acontecimiento en una caricatura.

De ahí ese sorprendente contraste entre la cámara, que se desliza continuamente entre la multitud y enfoca fijamente rostros y cuerpos, escruta sus gestos, abandonándose al éxtasis, y la ausencia de palabra: no hay preguntas: ¿qué sienten, qué piensan esos rostros, esos cuerpos? Nunca lo sabremos. No es sino mediante el comentario que se nos da una idea. Y en este sentido el uso del sonido es revelador. Compuesto básicamente de tres pistas –la voz en off, el sonido directo, la música y los efectos sonoros– organizadas de la siguiente manera: el sonido directo proporciona el color local, algún que otro trozo de lo real; la música (cubana por lo general) pasa de temas épicos a festivos; a la vez que la voz en off domina el conjunto, articulándolo por medio de reflexiones que le imponen a cada imagen un sentido.

La única otra voz en la partitura, la de Fidel, fragmentos de discursos, de entrevistas, contribuyen a componer la imagen del redentor. La armonía entre el pueblo y el mesías se pone de manifiesto precisamente en la ausencia de palabra del primero. No obstante, aunque el apoyo a la revolución haya sido casi unánime (como lo fue en sus inicios), las discrepancias en torno a su significado, a lo que debería ser, van tejiendo la trama de su futuro. Es esa tensión, esa lucha encarnizada que se libran las diversas facciones políticas y sociales para imponer el sentido de la revolución, lo que el filme pasa por alto al negarle la voz a la calle. Paradójicamente, queda una imagen estrafalaria, y sin embargo profética, la de un pueblo reducido al rol de coro, su voz convertida en simple eco.

Fuente: Fronterad

VER DOCUMENTAL CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

viernes, 4 de enero de 2019

EL MISTERIOSO UNIVERSO DE BANKSY LLEGA A MADRID



El Espacio 5.1 de Ifema acoge hasta el 10 de marzo la primera exposición en España sobre el polémico artista británico de arte urbano. La exposición recorre distintos ámbitos temáticos a través de más de 70 creaciones que incluyen obras originales, esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías. Una gran instalación audiovisual envolvente especialmente creada para esta muestra dará la bienvenida al visitante

Bajo el título BANKSY. Genius or Vandal?, la primera muestra sobre el misterioso artista británico de arte urbano que se organiza en España. La exposición acerca al visitante al controvertido universo artístico de uno de los creadores más influyentes de los últimos años, a través de diferentes ámbitos temáticos y más de 70 creaciones que incluyen obras originales, esculturas, instalaciones, vídeos y fotografías. Las piezas, procedentes de colecciones privadas y con la colaboración de Lilley Fine Art/Contemporary Art Trader Gallery, se exhiben en España por primera vez.

Una gran instalación audiovisual envolvente especialmente creada para esta muestra da la bienvenida al visitante, desvelando pistas sobre el misterioso artista, destacando sus piezas más importantes y enmarcando su insólita trayectoria, no exenta de polémica.



Sobre estas líneas. Smiling Copper Plying Copper. Arriba, Love is in the air. Todas las obras por Banksy.
Entre las obras más reconocidas de la muestra se encuentra la serigrafía original de la serie Niña con globo, similar a la recientemente destruida por el propio artista tras ser adquirida por más de un millón de euros en una subasta celebrada en la casa de subastas Sotheby’s, en Londres.


Bomb Love.

¿Genio o vándalo? El público decide. Escurridizo, provocador, misterioso… Banksy, el artista británico cuya identidad aún se desconoce, está considerado como uno de los principales exponentes del arte urbano contemporáneo. Sus obras, a menudo satíricas, abordan temas universales como la política, la cultura o la ética. El aura de misterio que, por elección y por necesidad, se perpetúa cada vez que se menciona a Banksy, lo ha convertido en una figura mítica de nuestro tiempo.


CND soldiers.

Desde las trincheras del asfalto, Banksy ha desafiado las reglas del juego del arte contemporáneo. Su protesta visual ha conectado con un público enorme y heterogéneo y hoy en día es uno de los artistas más reconocidos y admirados entre las generaciones más jóvenes. En palabras de Alexander Nachkebiya, comisario de la exposición “Banksy ha adquirido la categoría de fenómeno y es uno de los artistas más brillantes e importantes de nuestro tiempo. Su trabajo es un desafío para el sistema, una protesta, una marca extremadamente bien construida, un misterio, una desobediencia a la ley… Queremos que cada visitante de esta exposición pueda resolver por sí mismo quién es realmente Banksy: ¿un genio o un gamberro?, ¿un artista o un empresario?, ¿un provocador o un rebelde? Nuestra exposición pretende mostrar la profundidad del talento de Banksy, sus múltiples capas y dimensiones para que sean los propios visitantes quienes piensen y decidan. Su trabajo, siempre actual y muy completo, profundiza en el alma de cada uno de nosotros. Supongo que todo esto lo convierte en un genio para mí”.


Police Riot Truck.

Organizada por IQ Art Management y Sold Out, BANKSY. Genius or Vandal? llega a España tras Moscú y San Petersburgo donde la han visitado más de 500.000 personas. Como todas las exposiciones dedicadas a Banksy, no está autorizada por el artista, que busca defender su anonimato y su independencia del sistema. Más información

Fuente: Descubrir el arte

jueves, 3 de enero de 2019

GRAFITIS FEMINISTAS PINTAN LA HISTORIA OBRERA GADITANA



Un colectivo de artistas ilustra en murales el pasado de las trabajadoras de El Puerto

Las mujeres obreras de Conservas Sur trabajaban por 3,20 pesetas al día, menos de la mitad que sus compañeros que, por hacer exactamente lo mismo, ganaban 6,60. En esta factoría de la localidad gaditana de El Puerto de Santa María, ellas eran mayoría -119 frente a 49 obreros- durante la Segunda República, pero ni siquiera estaban censadas. Por eso ahora la artista Regina Carabayo tiene que pintar la penetrante mirada de una de esas mujeres, inmortalizada en una de las pocas fotografías que existen, sin ni siquiera saber quién era.

Armada con sus brochas y rodillos, Carbayo es una de las pintoras del colectivo El Hervidero que están contribuyendo a tapar la degradación del casco histórico de El Puerto con murales sobre la historia y cultura de la ciudad. “Fueron los propios artistas de esta entidad los que nos pidieron colaborar”, reconoce José Luis Bueno, concejal de Comercio del Ayuntamiento, institución que junto a los comerciantes financia los 6.000 euros que costará la actuación.

Serán cuatro intervenciones artísticas y la primera dedicada a las mujeres trabajadoras ya está apunto de concluir en el muro de un aparcamiento de la avenida de la Bajamar, en las inmediaciones de la desembocadura del río Guadalete. Allí, justo a la espalda del varadero donde languidece el siniestrado Vaporcito -la motonave Adriano III que conectaba la ciudad con Cádiz y se hundió en 2011-, Regina Carbayo se emplea a fondo en las dos de las cuatro pinturas que compondrán el mural. Junto a ella, Jesús Espinar (o su álter ego artístico Arte Consciente) y Celia Moro completan la actuación que recuerda a las obreras portuenses de principios del siglo XX.

“Hemos ligado la intervención artística en la ciudad, la revitalización de zonas como estas y la reivindicación de profesiones perdidas hechas por mujeres que han quedado olvidadas en la historia”, resume Bueno. Una de las escenas representa a las mujeres conserveras; otra a las rederas, encargadas de realizar redes para barcos, y otra más a las malleras, tejedoras de las redecillas que cubrían las botellas de brandy. El mural lo completa una jacaranda, símbolo de la mujer, y un collage de las etiquetas de los productos que estas mujeres fabricaban.

No ha sido fácil siquiera poder representar los oficios perdidos de estas obreras. Las pinturas, realizadas en acrílico con brocha y rodillo, se basan en las escasas fotografías que existen sobre estas mujeres, recogidas en el artículo de investigación Las obreras conserveras portuenses durante la Segunda República, publicado por Isabel Pérez Sánchez en 1998. A este documento recurrió Carabayo para descubrir, con asombro, que las condiciones penosas de las trabajadoras de la época. Eran los mimbres que la pintora necesitaba para motivarse. “He querido reflejarlas como rostros que emergen y centrarme en sus miradas”, explica.

Fuente: El País

miércoles, 2 de enero de 2019

SELECCIÓN DE PINTURA SOCIALISTA DE LA REPÚBLICA POPULAR RUMANA

Extraido de Un Vallekano en Rumanía
(http://imbratisare.blogspot.com)

La siguiente selección de pintura socialista de la República Popular Rumana es una muestra tomada del libro Pintura Rumana Contemporánea, publicado en 1968 por la Editorial Meridiane, en Bucarest, en el que se hace un repaso a la historia del arte pictórico de aquel país.

Gheorghe Saru, "Soldadoras"

"Nosotros, los socialistas, hemos de desenmascarar esa hipocresía y arrancar las falsas insignias, no para obtener una literatura y un arte desgajado de las clases (lo que no será posible hasta que exista la sociedad socialista sin clases), sino para oponer a ese arte que se pretende libre hipócritamente, estando como está ligado a la burguesía, otro verdaderamente libre, abiertamente ligada al proletariado".

Así lo explicaba Lenin en su artículo "La organización y el arte del partido", y así es empezó a tener lugar en los primeros años de la República Popular Rumana, proclamada en 1948: la creación artística respondía a la intención de construir nueva realidad social, en la que el objetivo del arte ya había dejado de ser el de que lo comprara el burgués, la iglesia, o el aristócrata, a los que el trabajo manual repugnaba, sino que su destinatario era el trabajador, que se había convertido, al menos en la teoría, en el centro de todo el sistema, y cuyo desarrollo integral pasa a ser el principal objetivo de la cultura, la educación y, por supuesto, la economia.

Así que el arte socialista ya no se pliega a los gustos de la minoría pudiente, y el artista no busca simplemente enriquecerse con lo que les sobra al burgués y al aristocrata del botín extraído del trabajo de los demás, sino que se imbrica en un teórico nuevo sistema de valores, en el que la explotación del hombre por el hombre no se concibe, y en el que los que crean la riqueza no son considerados con desprecio por sus parásitos, sino que se han convertido en el origen y el fin de todo el sistema productivo.

Por ello, los artistas dejan de representar episodios individuales de la vida de la burguesia y la aristocracia, o acontecimientos históricos provocados por los intereses propios de la clase dominante y dirigidos a su propio beneficio, para pasar a expresar lo que todos comparten: la importancia del trabajo de cada miembro de la colectividad, la fraternidad e iguales intereses de toda la clase obrera mundial, la educación de los jóvenes para seguir construyendo un futuro igualitario y mejor, o los cambios sociales y economicos que han dejado atras la epoca en la que solo unos pocos se beneficiaban de la riqueza de la nación. En resumen, se da la primacia a la vida e intereses colectivos frente a las ambiciones egoístas individuales que llevan, estas últimas, a que se acepte y se fomente una sociedad inhumana en la que unos pocos hombres explotan y viven a costa de otros; es decir, frente a la barbarie capitalista, la humanidad socialista.

La muestra que podéis disfrutar a continuación recoge una selección amplia del realismo socialista en el arte pictórico rumano durante toda la duración de la República Popular Rumana (1948-1965):

Grigore Vasile, "Jóvenes colectivistas"
Ion Nicodin, "Puerto de Constanza"
Stefan Szonyi, "Nunca os olvidaremos"
Añadir leyenda
Ion Pacea, "Mujer trabajadora"
Gheorghe Spiridon, "Construcciones nuevas en Bucarest"
Spiru Chintila, "Insurrección popular contra el fascismo del 23 de agosto de 1944"
Gheorghe Saru, "Soldadoras"
Eugen Popa, "Nocturno de la ciudad industrial de Onesti"
Eugen Popa, "Planta de carbón en Huneadoara"
Constantin Paulet, "Astillero"
Theodor Harsia, "Construcción en Bicaz"
Stefan Szonyi, "Tipografía ilegal"
Gavril Miklossy, "Huelga general de 1933"
Gheorghe Ionescu, "Paisaje urbano desde el campo"
Corneliu Baba, "Acereros"
Corneliu Baba, "Campesinos"
Ion Musceleanu, "Pionera"
Alexandru Ciucurencu, "1 de mayo"
Alexandru Ciucurencu, "Ana Ipatescu, revolucionaria del 1848"
Aurel Ciupe, "Trituradora de piedra de Bologa"
M.H.Maxy, "Entrada a la mina"
Henry Catargi, "Calderería"
Henry Catargi, "Obrero"
Imre Nagy, "Obra"
Marius Bunescu, "Obra"

Camil Ressu, Firma popular de una llamada a la paz

martes, 1 de enero de 2019

60 ANIVERSARIO DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA



"UN SON PARA CUBA"

LETRA DE PABLO NERUDA Y MÚSICA DE QUILAPAYÚN


Si el hondo mar callaba sus dolores
las esperanzas levantó la tierra
éstas desembarcaron en la costa
eran brazos y puños de pelea.

Fidel Castro con quince de los suyos
y con la libertad bajó a la arena
bajó a la arena,
Fidel,
con la libertad,
Fidel.

La isla estaba oscura como el luto
pero izaron la luz como bandera
no tenían más armas que la aurora
y ésta dormía aún bajo la tierra.

Las madres despidieron a sus hijos
el campesino relató su pena
y el ejército libre de los pobres
creció y creció como la luna llena.

Mientras que el movimiento de los libres
movía como el viento las praderas
sacudía los surcos de la isla
surgía sobre el mar como un planeta.

Fidel Castro con quince de los suyos
y con la libertad bajó a la arena
bajó a la arena,
Fidel,
con la libertad,
Fidel,
y el Che Guevara.
Fidel,
y con Camilo,
Fidel,
también Raúl,
Fidel,
y todo el pueblo,
Fidel,
latinoamericano,
Fidel...