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La URSS y la contrarrevolución de terciopelo: Un análisis marxista-leninista de la caída del socialismo
En el turbulento fin del siglo XX, la disolución de la Unión Soviética y el colapso de los regímenes socialistas en Europa del Este marcaron uno de los eventos más controvertidos de la historia contemporánea. Estos procesos, conocidos como «revoluciones de terciopelo» por su aparente pacifismo, fueron interpretados por la propaganda occidental como el triunfo inevitable de la democracia liberal sobre el socialismo.
Sin embargo, desde una perspectiva marxista-leninista, estos no fueron más que contrarrevoluciones orquestadas que restauraron el capitalismo en naciones que habían avanzado hacia el socialismo durante décadas. Es en este contexto donde adquiere relevancia La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, obra cumbre del teórico belga Ludo Martens, publicada en 1995. Este libro no solo desmonta la narrativa dominante, sino que ofrece un análisis riguroso y materialista de cómo el revisionismo interno y la injerencia imperialista destruyeron los logros de la Revolución de Octubre.
Martens, un militante incansable del movimiento obrero internacional, utiliza su pluma para defender el legado de Lenin y Stalin, argumentando que la verdadera derrota no fue del marxismo-leninismo, sino de sus desviaciones oportunistas. A lo largo de sus páginas, el autor invita al lector a extraer lecciones para las luchas futuras contra la opresión capitalista.
Biografía del autor
Ludo Martens (1946-2011) fue un historiador, activista y líder comunista belga cuya vida estuvo dedicada a la construcción de un partido obrero revolucionario. Nacido en Wingene, en Flandes Occidental, hijo de un fabricante de muebles, Martens mostró desde joven un compromiso con el progreso social. En su adolescencia, se involucró en el periodismo estudiantil, defendiendo el neerlandés estándar contra el conservadurismo lingüístico. En 1965, ingresó a la Universidad de Lovaina para estudiar medicina, no por ambición personal, sino por un genuino deseo de servicio social. Sin embargo, su trayectoria académica se vio interrumpida por su creciente militancia política.
Durante los años sesenta, Martens se unió al movimiento estudiantil progresista, colaborando con figuras como Walter de Bock y Paul Goznes en la fundación de De Morgen, un periódico de izquierda. En 1968, fundó el grupo Alle macht aan de arbeiders (Todo el poder a los trabajadores), que en 1979 evolucionó hacia el Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), del cual fue su primer líder hasta 1996.
Martens era un estudioso prolífico, con obras sobre la historia de África francófona y la Unión Soviética, siempre desde una óptica antiimperialista. Su compromiso lo llevó a defender posiciones controvertidas, como la rehabilitación crítica de Stalin, y a criticar el eurocomunismo y el trotskismo como herramientas del imperialismo. Fallecido en 2011, Martens dejó un legado de integridad revolucionaria, recordado por sus camaradas como un «constructor incansable del partido».
Contexto histórico: Del revisionismo al colapso
Para entender La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, es esencial remontarse al posestalinismo. Martens sitúa el origen de la debacle en el XX Congreso del PCUS de 1956, donde Nikita Jruschov lanzó su «discurso secreto» denunciando los «crímenes de Stalin». Este acto, según el autor, no fue una autocrítica honesta, sino el inicio de una restauración gradual del capitalismo bajo el manto del «revisionismo». Jruschov y sus sucesores —desde Brézhnev hasta Gorbachov— promovieron reformas que debilitaron la dictadura del proletariado: coexistencia pacífica con el imperialismo, descentralización económica que favoreció a burócratas emergentes y una glasnost que abrió las puertas a la propaganda anticomunista.
El libro se centra en los años 1989-1991, cuando las «revoluciones de terciopelo» barrieron Europa del Este. En Checoslovaquia, la Revolución de Terciopelo derrocó al régimen de Gustáv Husák, instalando a Václav Havel como símbolo de la «democracia». En Polonia y Hungría, movimientos como Solidaridad, respaldados por la CIA y el Vaticano, allanaron el camino para una oleada de privatización masiva. Martens argumenta que estos eventos no fueron espontáneos: fueron el culmen de décadas de sabotaje interno, amplificado por la perestroika de Gorbachov, que desmanteló los mecanismos de defensa del socialismo. La disolución de la URSS en diciembre de 1991, con el golpe fallido de agosto, selló la victoria temporal del capital transnacional.
Resumen del contenido
El libro se divide en dos partes principales, precedidas por una introducción que reevalúa la historia soviética desde una lente de clase, y seguidas de apartados que actualizan el análisis hasta 1991.
Primera parte: Preludios de la contrarrevolución
Martens comienza con la Primavera de Praga de 1968, no como un movimiento democratizador, sino como un ensayo general de la contrarrevolución socialdemócrata. Alexander Dubček, con sus reformas «humanistas», allanó el terreno para la restauración capitalista, un hilo que conecta con los disidentes de los ochenta como Havel y Václav Uhl. El autor examina Hungría 1956 como «contrarrevolución armada», dirigida por fascistas y pronorteamericanos, y justifica la intervención soviética como salvadora del socialismo. Polonia e Hungría de los ochenta reciben un escrutinio detallado: la «victoria pacífica» en estos países fue un guion para Praga y Moscú, con Solidaridad como caballo de Troya del imperialismo.
Segunda parte: El colapso soviético
Aquí, Martens disecciona la era Gorbachov. La glasnost, lejos de ser una apertura progresista, resucitó ideales burgueses de 1917: anticomunistas como William Colby (exdirector de la CIA), el pastor Moon y colaboracionistas nazis como los de Vlassov ganaron voz. La perestroika generó caos económico, hiperinflación y guerra civil latente, culminando en la implosión de la URSS. Capítulos como «La Unión Soviética al borde del abismo» (enero 1990) y «La Unión Soviética estalla» (septiembre 1991) trazan la cronología, enfatizando «dos puntos de ruptura»: la traición de Gorbachov y la pasividad de las masas desarmadas ideológicamente.
En una nota de mayo de 1990, Martens reflexiona: «¿Estaban al lado de la ‘revolución’ los comunistas?». Su respuesta es un rotundo no, pues el revisionismo había despojado al pueblo de sus armas teóricas.
Análisis y tesis principales
La tesis central de Martens es que la caída de la URSS no fue una «derrota del comunismo», sino del revisionismo. El marxismo-leninismo, argumenta, no participó en esas «disputas» porque había sido marginado desde Jruschov. La contrarrevolución de terciopelo triunfó por la ausencia de lucha de clases proletaria, no por la superioridad del capitalismo. Martens critica el trotskismo como un artilugio ideológico «al servicio de la CIA», citando cómo Ernest Mandel alabó a Solidaridad como «triunfo obrero» incluso en 1989.
El autor defiende a Stalin contra la «teoría de los errores»: sus purgas y colectivización fueron necesarias para forjar el socialismo en un entorno hostil. Intervenciones como la de Hungría 1956 o Checoslovaquia 1968 se presentan como defensas legítimas contra el fascismo disfrazado. Críticamente, Martens advierte contra visiones eufóricas de Gorbachov, a quien algunos izquierdistas belgas idealizaron inicialmente como «huracán despertador».
El libro es un llamado a la unidad comunista: solo un retorno al materialismo dialéctico permitirá extraer «confianza renovada en el futuro» de esta catástrofe. Su rigor histórico —basado en fuentes primarias y análisis de clase— lo convierte en un antídoto contra la amnesia poscomunista.
Impacto y legado
Publicada recientemente por la editorial Templando el Acero, la obra circuló en círculos marxistas de Europa y América Latina, influyendo en partidos como el PTB y movimientos antiimperialistas. En Bélgica, reforzó el PTB como fuerza obrera anti-UE. Internacionalmente, inspiró debates sobre el «socialismo del siglo XXI» en Cuba y Venezuela. Críticos revisionistas la tildan de «stalinista nostálgico», pero sus defensores la ven como profética: previó el caos postsoviético, con oligarcas emergentes y desigualdad rampante.
En La URSS y la contrarrevolución de terciopelo, Ludo Martens urge al proletariado mundial a rearmarse teóricamente para la próxima ofensiva. Como concluye el autor, el capitalismo ganó una batalla, pero no la guerra de clases.
Por Fernando Ariza
Fuente: NR Periodismo alternativo

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