lunes, 12 de junio de 2023

EL COMPROMISO HISTÓRICO DE ENRICO BERLINGUER, EN EL 39 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

  

El compromiso histórico de Enrico Berlinguer

Selección e introducción de José Luis Martín Ramos

A mediados de octubre de 1973 Berlinguer publicó el tercero de sus artículos políticos iniciados al hilo de la reflexión sobre el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular en Chile. En él formuló y argumentó la propuesta que él mismo denominó del «compromiso histórico»: un acuerdo de fondo entre el mundo católico y la izquierda –él mismo reiteró en el texto la alusión a socialistas y comunistas– con la perspectiva del avance de la democracia y la articulación de un amplio consenso de una transformación socialista. La cuestión católica, que ya Gramsci había instado a considerar sin sectarismo, empezó a tener respuestas organizativas y políticas en el PCI tras la común participación en las luchas de la resistencia contra la ocupación alemana y el fascismo, en los primeros años de la postguerra. En 1946 Togliatti impulsó una reforma de los estatutos del partido por el que se establecía la afiliación al PCI «independientemente de la raza, las creencias y las convicciones religiosas». Se empezaba a reconfigurar de manera efectiva el partido como laico y democrático y, como Berlinguer expresaría, «como tal no teísta, no ateo y no antiteísta», que perseguía un estado con esas mismas características y consecuencias[1]. Años más tarde, en 1954, de nuevo Togliatti hizo un llamamiento al mundo católico para compartir la lucha contra el peligro del holocausto nuclear, que dejaba abierto la política de la Guerra Fría. A pesar de la derechización del partido de la Democracia Cristiana, Togliatti mantuvo hasta su muerte la llamada a los comunistas de no caer en el reduccionismo y el sectarismo ante el mundo católico; en su discurso de Bérgamo, en 1963, señaló la centralidad de la cuestión de las relaciones entre el mundo comunista y el católico y la necesidad de resolverla de manera positiva. Berlinguer tomó la iniciativa política definitiva, cuyo sentido de fondo no desaparecía por los funestos acontecimientos que acabaron con la vida de su principal interlocutor político en la Democracia Cristiana, Aldo Moro. El tercer artículo de Rinascita, por otra parte, es toda una lección sobre el análisis abierto, no sectario, de la sociedad y el carácter indispensable de la política de alianzas en la consecución del consenso para el avance hacia el socialismo.

Enrico Berlinguer

Hemos visto que el camino democrático no es ni recto ni sin dolor. En general, la trayectoria del movimiento obrero, sean cuales sean las formas de lucha, nunca ha sido, ni puede ser, un ascenso ininterrumpido. Siempre hay altibajos, fases de avance seguidas de fases en las que el tarea es consolidar lo conseguido, y también fases en las que debemos saber hacer una retirada para evitar la derrota, reunir fuerzas y preparar las condiciones para reanudar el camino hacia adelante. Esto es válido tanto cuando el movimiento obrero lucha en la oposición como cuando toma el poder o entra en el gobierno…

Lenin escribió: «Hay que entender –y la clase revolucionaria aprende a entender desde su propia amarga experiencia– que no se puede ganar sin aprender la ciencia de la ofensiva y la ciencia de la retirada». El propio Lenin, que fue sin duda el líder revolucionario más audaz en la ciencia de la ofensiva, fue también el más audaz al ser capaz de captar rápidamente los momentos de consolidación y retroceso, y en utilizar estos momentos para tomarse un tiempo, para reorganizar las fuerzas y reanudar el avance. Dos ejemplos reveladores de estos genial capacidad de Lenin fueron el compromiso con el imperialismo alemán consagrado en la paz de Brest-Litovsk, y el compromiso con las fuerzas capitalistas internas que caracterizó la orientación que llevó el nombre de NEP (Nueva Política Económica). Tampoco hay que olvidar que Lenin no dudó en tomar esas decisiones yendo a contracorriente. Estas dos grandes operaciones revolucionarias, que contribuyeron decisivamente a salvar el poder soviético y para asegurar su futuro, se aplicaron en condiciones históricas irrepetible, pero su enseñanza de previsión y sabiduría táctica permanece intacta.

El objetivo de una fuerza revolucionaria, que es transformar datos concretos de una determinada realidad histórica y social, no se puede lograr sobre la base del puro voluntarismo y los impulsos espontáneos de clase de los sectores más combativos de las masas trabajadoras, sino moviéndose siempre desde la visión de lo posible, combinando combatividad y resolución con prudencia y capacidad de maniobra. El punto de partida de la estrategia y la táctica del movimiento revolucionario es la identificación exacta de la estado de las correlaciones de fuerza existentes en un momento dado y, en general, la comprensión de todo el marco de la situación internacional general y la interna en todos sus aspectos, sin aislar nunca unilateralmente este o aquel elemento.

La vía democrática al socialismo es una transformación progresiva –que en Italia puede realizarse en el marco de la Constitución antifascista– de toda la estructura económica y social, los valores y las ideas rectoras de la nación, el sistema de poder y el bloque de fuerzas sociales en el que se expresa. Lo que sí es cierto es que la transformación general por la vía democrática que queremos llevar a cabo en Italia necesita, en toda su fases, de la fuerza y del consenso.

La fuerza debe expresarse en la vigilancia incesante, la combatividad de las masas trabajadoras, en su determinación de rechazar rápidamente –ya sea en el gobierno o en la oposición– las maniobras, los intentos y ataques a las libertades, los derechos democráticos y la legalidad constitucional. Conscientes de esta necesidad ineludible, siempre hemos puesto en guardia a las masas trabajadoras y populares, y seguiremos haciéndolo, contra cualquier forma de ilusión o ingenuidad, contra cualquier subestimación de las intenciones agresivas de las fuerzas de la derecha. Al mismo tiempo, advertimos a los opositores a la democracia de cualquier ilusión. Como reiteró el Camarada Longo en el 13º Congreso, cualquiera que cultive intenciones de aventura sepa que nuestro partido sería capaz de luchar y ganar en cualquier terreno, llamando a la unidad y a la lucha de todas las fuerzas populares y democrática, como pudimos hacer en los momentos más difíciles y desafiantes.

Giorgio Amendola, Palmiro Togliati, Giancarlo Pajetta, Mauro Scoccimarro y Luigi Longo durante el 8º Congreso del PCI, en 1956 (foto: Fundación Gramsci)

La profunda transformación de la sociedad por vías democráticas necesita del «consenso» en un sentido muy preciso: en Italia sólo puede producirse como una revolución de la gran mayoría de los población; y sólo con esta condición, «el consenso y la fuerza» se complementan y puede convertirse en una realidad invencible.

Esa relación entre fuerza y consenso también es necesaria sea cual sean las formas de lucha adoptadas, incluso si son las más avanzadas hasta las que hacen uso de la violencia. Nuestro movimiento de liberación nacional, que fue un movimiento armado, fue capaz de resistir y ganar porque se basó en la unidad de todas las fuerzas populares y democráticas y porque fue capaz de ganar el apoyo y el consentimiento de la gran mayoría de los población. Por otra parte, incluso en la orilla opuesta, se vio que los movimientos antidemocráticos y el propio fascismo no pueden establecer y ganar únicamente mediante el uso de la violencia reaccionaria, sino que tienen necesidad de una base de masas más o menos amplia, especialmente en países con una estructura económica y social compleja y articulada. Y es incluso obvio recordar que, en general, la dominación de la burguesía no se basa sólo en sobre los instrumentos (desde los más brutales hasta los más refinados) de coerción y represión, sino que también se apoya en una base de consenso más o menos manipulado, sobre un determinado sistema de alianzas sociales y políticas.

Por eso, la cuestión de las alianzas es el problema decisivo de toda revolución y toda política revolucionaria, por lo que es la también decisiva para la afirmación de la vía democrática.

En países como Italia, hay que partir de la constatación de que se ha creado y existe una estratificación social y una articulación política muy compleja.

 

El desarrollo capitalista italiano ha dado lugar a la formación de un proletariado coherente. Esa clase que una larga experiencia de luchas –estamos a casi un siglo de batallas proletarias– que la labor educativa del movimiento socialista, que la influencia decisiva en él de cincuenta años del Partido Comunista, la han hecho especialmente combativa y madura; esa clase, que es el motor de toda transformación de la sociedad, sin embargo sigue siendo una minoría de la población de nuestro país y de la propia población trabajadora.

Lo mismo ocurre, en mayor o menor medida, en casi todos los demás países capitalistas. Entre el proletariado y la gran burguesía –las dos clases antagonistas fundamentales del régimen capitalista– se ha creado, de hecho, en las ciudades y el campo, una red de categorías y estratos intermedios, que a menudo se suelen considerar como un todo y se denominan genéricamente «clase media», pero que es necesario identificar y definir, de cada uno de ellas el lugar y la función precisos en la vida social, económicas y políticas y orientaciones ideales.

Junto a estas clases medias, a las que a menudo se entremezclan, el proletariado, existen en nuestra sociedad estratos de la población y fuerzas social (se trata, por ejemplo, de gran parte del Mezzogiorno y las islas, las masas de mujeres y jóvenes, las fuerzas de la ciencia, tecnología, cultura y arte) que no son asimiladas, como tal, en la dimensión de las «categorías», y que sin embargo tienen una condición en la sociedad que las mancomuna y hasta cierto punto las une, más allá de su posición profesional e incluso de su propia la pertenencia a una determinada clase social.

Parece muy claro que, para el resultado de la batalla democrática que llevamos a cabo por la transformación y la renovación de nuestra sociedad, es necesario determinar dónde se encuentran, en qué sentido se orientan y cómo se mueven estas masas, estas clases medias, estos estratos de la población. Es evidente, por ello, lo decisivo que es para el destino del desarrollo democrático y el avance hacia el socialismo que el peso de estas fuerzas sociales se muevan sea al lado de la clase obrera o contra ella.

A partir de esta estructura económica y estratificación social de Italia no sólo hemos derivado el consenso respecto a nuestra política en el etapa actual, sino que hemos establecido puntos fijos relativos al lugar que tienen en la revolución italiana cuestiones como la meridional, la de la mujer, la juventud, la escuela y la cultura, y la función de las clases intermediarios.

Longo y Berlinguer aplauden la intervención de Carrillo en el XIV Congreso del PCI (1975)

Sobre esto último, en el documento más obligatorio de nuestro partido que es la Declaración del Programa aprobada por el 8ª Congreso (1956), se afirma:

«Se establece una concordancia objetiva de fines entre la clase obrera, luchando contra los monopolios y para derrocar el capitalismo, ya no sólo con las masas proletarias y semi-proletaria, sino también con la masa de cultivadores directos en el campo y con una parte importante de las clases medias productivas en las ciudades, lo que permite nuevas posibilidades de ampliación del sistema de alianzas de la clase obrera y de las bases de masas para una renovación democrática y socialista.

La masa de la clase media está formada por diferentes estratificaciones y grupos sociales, en en relación con las diferentes características económicas y sociales y el diferente grado de desarrollo de las diferentes zonas. Aunque siendo necesario un estudio en profundidad diferenciado por zona a zona, la posibilidad de una alianza permanente de la clase obrera con capas de la La clase media de la ciudad y del campo está determinada por una convergencia de intereses económicos y sociales que se deriva del desarrollo histórico y de la estructura actual de la el capitalismo (…)

Por otro lado, debe quedar claro que para grupos decisivos de la clase media la transición a nuevas relaciones de tipo socialistas o socialistas sólo tendrán lugar en base a su ventaja económica y el libre consentimiento, y que en una sociedad democrática que se desarrolla hacia el socialismo tendrá garantizada su actividad económica».

Por lo tanto, la estrategia de las reformas sólo puede afirmarse y avanzar si se apoya en una estrategia de alianzas. De hecho, hemos hecho hincapié en que, en la relación entre las reformas y las alianzas, éstas son la condición decisiva porque si se estrechan las alianzas de la clase obrera y se amplía la base de los grupos dominantes, tarde o temprano la propia realización de la reformas fracasa y toda la situación política retrocede hasta dar un vuelco completo.

Por supuesto, la política de alianzas tiene su punto de partida en la búsqueda de la convergencia entre los intereses económicos inmediatos y la perspectiva de la clase obrera y las de otros grupos y fuerzas sociales. Sin embargo esta búsqueda no debe concebirse ni aplicarse de forma esquemática o estática. Es decir, hay que exigir y perseguir objetivos que ofrezcan concretamente a esos estratos de población y esas fuerzas y grupos sociales una certeza de perspectivas que garanticen nuevas formas y posiblemente mejorar su nivel de existencia y su papel en la sociedad, aunque en un desarrollo económico diferente y en un orden social más justo y moderno.

Para ello, también es necesario trabajar para determinar un evolución en la propia mentalidad de esas clases y fuerzas sociales, en el sentido de ampliar a toda la población una visión cada vez menos individualista o de defensa corporativa y cada vez más social de los intereses de los individuos y de la colectividad.

Enrico Berlinguer interviene en la fiesta de Unità en Nápoles, el 19 de septiembre de 1976

Por tanto, no nos limitamos a buscar y establecer la convergencia con figuras sociales y categorías económicas ya definidas, sino que tendemos a conquistar y englobar en un complejo abanico de alianzas todo los grupos de población, fuerzas sociales no clasificables como clases, que son precisamente las mujeres, los jóvenes y las jóvenes, las masas populares del Mezzogiorno, las fuerzas de la cultura, los movimientos de opinión; y proponemos objetivos no sólo económicos y sociales, sino de desarrollo civil, de progreso democrático, de afirmación de la dignidad de la persona, de expansión de las múltiples libertades del hombre. Así es como nos proponemos y hacemos el trabajo concreto para construir y preparar los cimientos, las condiciones y garantías de lo que se quiere llamar «modelo nuevo del socialismo».

Una gran cuestión que nos compromete políticamente, y que debe comprometer cada vez más a los marxistas más teóricos y a los estudiosos más avanzados en Italia y los países de Occidente, es cómo hacer que un programa de profunda las transformaciones sociales –que necesariamente provoca reacciones de todo tipo de los grupos reaccionarios– no se lleve a cabo de tal manera que empuje hacia una posición de hostilidad por parte de vastos estratos de las clases medias, sino que reciba, en todas sus fases, el consentimiento de la gran mayoría de la población. Esto, evidentemente, implica una cuidadosa elección de las prioridades y el momento de la transformaciones sociales y, en consecuencia, implica esforzarse no sólo por evitar un colapso de la economía, sino más bien asegurar, incluso en el transición crítica hacia nuevos acuerdos sociales, la eficiencia del proceso económico.

Este es sin duda uno de los problemas vitales a los que se enfrenta un gobierno de las fuerzas obreras y populares; pero es fundamental en un país como Italia, donde una fuerza tan grande como la nuestra, habiendo dejado hace tiempo el terreno de la pura propaganda, busca, por ahora desde la oposición, con el arma de la presión de masas y la iniciativa política unitaria, imponer el inicio de un programa de transformación social.

Si es cierto que se puede realizar una política de renovación democrática sólo si cuenta con el apoyo de la gran mayoría de la población, se sigue la necesidad no sólo de una política de amplias alianzas sociales sino también de un determinado sistema de relaciones políticas, de modo que favorezca una convergencia y colaboración entre todas las fuerzas democráticas, hasta que se forme una alianza política entre ellas.

Por el contrario, el enfrentamiento y choque frontal entre partidos que tienen una base en el pueblo y por los cuales se sienten representadas importantes masas de población, llevan a una ruptura, a un verdadera división del país en dos, lo que sería perjudicial para la democracia y abrumaría los fundamentos mismos de la supervivencia del Estado democrático.

Saludo entre Enrico Berlinguer y Aldo Moro el 28 de junio de 1977 (foto: Archivio Storico LaPresse / Wikimedia Commons)

Conscientes de eso siempre hemos sabido –y hoy la experiencia chilena nos refuerza en esta persuasión– que la unidad de los partidos obreros y las fuerzas de izquierda no es condición suficiente para garantizar la defensa y el progreso de la democracia cuando esta unidad se opone a un bloque de partidos desde el centro hasta la extrema derecha. El problema político central en Italia ha sido, y sigue siendo más que nunca, el de evitar una soldadura estable y orgánica entre el centro y la derecha, en un amplio frente de tipo clerical-fascista, y lograr en cambio mover las fuerzas sociales y políticas del centro a posiciones sistemáticamente democráticas.

Obviamente, la unidad, la fuerza política y electoral de la izquierda y la comprensión la cada vez más sólida entre sus diversas y autónomas expresiones, son la condición indispensable para mantener una presión creciente en el país en favor del cambio y para su determinación. Sería, empero, completamente ilusorio pensar que aunque los partidos y fuerzas de izquierdas consiguieran el 51% de los votos y de la representación parlamentaria (que marcaría, en sí mismo, un importante paso adelante en la correlación de fuerzas entre los partidos en Italia), eso garantizaría la supervivencia y el trabajo de un gobierno que fue la expresión de este 51%.

Por ello no hablamos de una «alternativa de izquierdas», sino de una «alternativa democrática», es decir, de la perspectiva política de una colaboración y comprensión de las fuerzas populares de inspiración comunista y socialista con las fuerzas populares de inspiración católica, así como con formaciones de otra orientación democrática.

Nuestra obstinación en proponer esa perspectiva es objeto de controversia y críticas de diversos sectores. Pero la verdad es que ninguno de nuestros críticos y objetores ha podido y sabido señalar otra perspectiva válida, capaz de sacar a Italia de la crisis en la que la ha metido la política de división de las fuerzas democráticas y populares, para dar solución a los inmensos y lacerantes problemas económicos, sociales y civiles abiertos y de garantizar el futuro democrático de nuestra República.

Y, de hecho, bien visto, las controversias y los intentos de hacer imposible la perspectiva que proponemos no han impedido, en cambio, que se impusiera y se imponga en la conciencia de las cada vez más amplias masas populares y sus movimientos reales, así como, hasta cierto punto y de diversas maneras, en la propia vida política y en los partidos. Lo demuestra que el problema que planteamos se vuelve más maduro y urgente. Y si nadie es capaz de presentar una alternativa diferente tan válida y creíble como la que proponemos, Esto se debe a que esa alternativa diferente, en Italia, no existe.

Saludo entre Enrico Berlinguer y Aldo Moro el 28 de junio de 1977 (foto: Archivio Storico LaPresse / Wikimedia Commons)

Nuestra política de diálogo y confrontación con el mundo católico se desarrolla necesariamente a diferentes niveles y con diferentes interlocutores. En primer lugar está el problema, sobre el que nuestra posición de principio y nuestra línea política son conocidos, planteados por la presencia en Italia de la Iglesia católica y sus relaciones con el Estado y la sociedad civil. Luego está el problema de buscar un mayor entendimiento mutuo y un entendimiento con aquellos movimientos y tendencias de los católicos que, en número creciente, forman parte del movimiento obrero y se orientan en una dirección claramente anticapitalista y antiimperialista.

Pero no hay que olvidar el otro gran problema constituida por la existencia y la fuerza de un partido político como la Democracia Cristiana que, aparte del calificativo de «cristiana» que da de sí mismo, reúne en sus filas o bajo su influencia una gran parte de las masas obreras y populares de orientación católica. Hace unos meses, Rinascita publicó una serie de artículos y ensayos en los que se examinan y analizan los distintos aspectos de la cuestión de la DC. Remitimos al lector a ellos, limitándonos aquí a volver a plantear el tema en sus términos básicos.

El principal error que hay que evitar es juzgar la Democracia Cristiana italiana, y de hecho todos los partidos que llevan este nombre, como una categoría ahistórica, casi metafísica, por su propia naturaleza en última instancia, destinado a ser siempre o en todas partes un partido de la reacción. Y es verdaderamente risible que se reduzca a esto, en sustancia, todo el análisis sobre la DC que nos dan las personas que, con tanta arrogancia, intentan subirse a su caballo y dar a todos lecciones de marxismo.

Naturalmente, nuestro juicio sobre la DC está igualmente lejos de eso que del que sus dirigentes dan de él, que, invirtiendo el contenido pero manteniendo el mismo método ahistórico que ahora hemos criticado, presentan a la DC como una parte que, «por su propia naturaleza», sería el garante de las libertades y el abanderado del progreso democrático. En realidad, ambos juicios que hemos mencionado carecen de verdadera seriedad y tienen los dos un carácter puramente instrumental. El único criterio marxista, o incluso el que quiera basarse en la seriedad política, es considerar la DC tanto en el contexto histórico político en el que se sitúa y opera como en la realidad social y política compuesta que se expresa en ella. Sólo de esta manera es posible ponerse en posición de intervenir e influir realmente en la orientación y la conducta práctica de ese partido.

Siempre hemos sido conscientes del vínculo entre la Democracia Cristiana y los grupos dominantes de la burguesía, y su peso relevante, en ciertos momentos decisivos, en la política de la DC. Pero la DC y su entorno también aglutina otras fuerzas e intereses económicos y sociales, desde los de varias categorías de la clase media hasta los, muy consistentes especialmente en ciertas regiones y zonas del país, de los estratos populares, de campesinos, jóvenes, mujeres e incluso trabajadores. También el peso y exigencias de los intereses y aspiraciones de estas fuerzas se han hecho sentir en mayor o menor medida en el transcurso de la la vida y la política de la DC y se puede hacer que cuenten cada vez más más.

Celebración del resultado de las elecciones europeas de 1984, celebradas pocos días después del fallecimiento de Berlinguer y en las que el PCI superó por primera vez a la Democracia Cristiana (foto: Rai Cultura)

Además de esta variada y contradictoria composición social de la DC, deben ser tenido en cuenta sus orígenes, historia, tradiciones y las diferentes tendencias políticas e ideales que se han agitado y se agitan en su interior, desde las reaccionarias, conservadoras y moderadas hasta las democráticas e incluso progresistas. Todo eso ayuda a explicar cómo los acontecimientos históricos de este partido han sido muy tortuosos y a menudo marcado por actitudes antitéticas. Nacido como un partido popular, democrático y laico, se opuso inicialmente al movimiento fascista, pasando luego a apoyar y participar en el primer gobierno Mussolini, rompiendo después con él para llegar, a través de un trabajo arduo, a la participación en la lucha clandestina y el compromiso pleno y directo en la Resistencia, junto y en unidad con las fuerzas proletarias y populares. Tras la liberación, tras el advenimiento de la República y tras la redacción de la Constitución, fruto de un acuerdo entre los tres grandes partidos de masas (comunista, socialista y demócrata-cristiano), fue precisamente el partido Demócrata-Cristiano –en el clima de división creado en Europa y en el mundo por la incipiente Guerra Fría– el principal artífice de la ruptura de la alianza del gobierno con los comunistas y socialistas, de la unidad sindical y, en general, del entendimiento entre las fuerzas antifascistas. Y fue precisamente la DC quien llevó a cabo a partir de ese momento una política de oposición y choque frontal con el movimiento obrero y popular de comunistas y socialistas. La derrota de esta política, debido a la capacidad de lucha de la clase obrera, los jornaleros, los campesinos, los trabajadores y sus organizaciones sindicales y políticas, y también por a la tenacidad con que nuestro partido nunca se ha desviado de su línea unitaria, reabrió una perspectiva de avance al movimiento democrático y el país y creó una nueva situación también en la DC. De hecho, aunque manteniendo la inspiración conservadora y moderada de su línea, le ha sido imposible devolver el país a la división vertical y el choque frontal. Cuando uno de sus hombre, Tambroni, se aventuró en un intento extremo de restaurar tal condición, fue rápidamente arrollado por un gran movimiento popular y unitario y liquidado por su propio partido. Pero hay más: cuando la DC, derrotada en su línea, inició un nuevo tipo de maniobra de aislamiento del PCI, con el experimento del centro-izquierda, también fracasó por este terreno.

La DC aún no ha salido de la crisis de perspectivas provocada por el fracaso de esas diversos intentonas de establecer una línea de división en el pueblo y el país. Advierte que es muy difícil y puede estar preñada de aventuras fatales, para todos y ella misma, jugar la carta de la oposición y la confrontación, pero todavía no ha llegado a emprender el camino contrario de manera coherente. Y ahí radica una de las causas determinantes de la crisis que afecta al país.

¿Qué hacer? ¿En qué dirección hay que intentar empujar las cosas? Del breve resumen que hicimos de la composición conducta social y política de la DC, parece que este partido es un realidad no sólo variada, sino muy cambiante; y resulta que los cambios son determinados tanto por su dialéctica interna como, aún más, por la forma en que se desarrollan los acontecimientos internacionales y nacionales, desde las luchas y las correlaciones de fuerza entre las clases y entre los partidos, por el peso que ejercen en la situación el movimiento obrero y el PCI, su fuerza, su línea política y su iniciativa. Consideremos el caso más reciente, el del gobierno Andreotti: la hostilidad activa de las masas populares, la combatividad y la iniciativa conjunta de la oposición comunista, la batalla del partido socialista y la de grupos, corrientes y personalidades dentro de la propia DC han llevado al desmoronamiento de la coalición de centro-derecha y ha creado una situación en la que la misma mayoría de fuerzas dentro de la DC que llevó a Andreotti al gobierno, o al menos lo apoyó, ha fracasado.

La DC tuvo que abandonar la línea de centro-derecha y la perspectiva. Siendo tal la realidad de la DC y donde se encuentra hoy en día, es claro que la tarea de un partido como el nuestro sólo puede ser aislar y derrotar drásticamente las tendencias que apuntan o que puede tener la tentación de centrarse en oponerse y dividir de manera vertical del país, o que de otro modo persisten en una posición de sesgo ideológico anticomunista, que es de per se, en Italia, un peligro inminente de división de la nación. Lo es, por el contrario, actuar para garantizar que la tendencias que, con realismo histórico y político, reconocen la necesidad y madurez de un diálogo constructivo y de un entendimiento entre todas las fuerzas populares, sin que esto signifique confusión o renuncia a las distinciones y a la diversidad ideales y políticas que caracterizan a cada una de estas fuerzas.

Por supuesto, primero entendemos que el camino hacia esta perspectiva no es fácil ni puede apresurarse. También sabemos qué y cuántas batallas apretadas y apremiantes, para afirmar esta perspectiva, habrá que librar en los varios planos y no sólo por nuestro partido, con determinación y con paciencia. Pero tampoco hay que creer que el tiempo disponible es indefinido. La gravedad de los problemas del país, las amenazas siempre acechantes de las aventuras reaccionarias y la necesidad de abrir por fin a la nación un camino seguro hacia el desarrollo económico, de la renovación social y el progreso democrático hacen cada vez más urgentes y maduras para lo que se puede llamar la nueva del gran «compromiso histórico» entre las fuerzas que reúnen y representan la gran mayoría del pueblo italiano.

Nota

[1] Enrico Berlinguer, «Carta al Obispo de Ivrea, Monsr. Luigi Bettazzi, 7 de octubre de 1977

Fuente: Rinascitta, 12 de octubre de 1973 en  Espai Marx 18 de noviembre de 2022

Portada: Berlinguer interviene en un mitin en la Piazza della Signoria de Florencia en 1980 (foto: Il Riformista)

Ilustraciones, Conversación sobre la historia

domingo, 11 de junio de 2023

"LA COMIDA DE LOS SEGADORES (RUTH Y BOOZ)", DE JEAN FRANÇOIS MILLET


La comida de los segadores (Ruth y Booz)
Jean Francois Millet 
Óleo sobe lienzo
67 x 119 cm
Museum of Fine Arts, Boston (Estados Unidos)

Millet consideraba a este lienzo como una de sus mejores obras. Pretendía ser una ilustración del Antiguo Testamento, concretamente del libro de Ruth, pero desde el punto de vista de su propia época.

Fue esta una época en la que el artista empezó a desarrollar su imaginería simbólica de la vida campesina, pero poniendo acento en las condiciones sociales contemporáneas de los ciudadanos de la Francia rural.

En la década de 1850, la Francia campesina era en su mayor parte propiedad de unos patrones ausentes más interesados en el beneficio personal que en el bienestar de los trabajadores. Millet se solidariza con estos campesinos maltratados, y sobre todo quiere potenciar con su pintura la dignidad de las vidas humildes.

Como excusa para presentarse al premio en el Salón de 1853 (que ganaría) cuenta la historia de Ruth, una joven que tras quedarse viuda tuvo que ganarse el pan trabajando como cosechadora en los campos de Booz, que admirado por el buen corazón de la mujer acabó casándose con ella.

Millet muestra a Booz invitando a una tímida Ruth a comer junto con el resto de segadores, pero queriendo dejar claro de que iba su obra decidió cambiar el título «Ruth y Booz» añadiendo eso de «La comida de los segadores», pues consideraba a los campesinos dignos de una obra de arte con mayúsculas.

Fuente: Emilia Bolaño,(HA!)

sábado, 10 de junio de 2023

DOCUMENTAL "BUCAREST, LA MEMORIA PERDIDA", DE ALBERT SOLÉ

Título original: Bucarest, la memòria perduda
Año: 2008
Duración: 80 min.
País: España
Dirección: Albert Solé
Guion: Albert Solé
Música: David Giró
Fotografía: Ibon Olaskoaga

"Bucarest, la memoria perdida" es un documental sobre la memoria. Narra la búsqueda personal que hace Albert (un periodista nacido en el exilio en 1962) por recuperar sus propias raíces, enmarcadas entre un doble exilio. Su padre, el político español Jordi Solé Tura, que acabaría convirtiéndose en figura clave durante la Transición Española, fue obligado a exliliarse por su militancia antifranquista a finales de los años 50. Ahora, tras una vida repleta de experiencias políticas y personales apasionantes, Jordi ha iniciado un nuevo exilio interior, esta vez sin posibilidad de retorno: lucha contra el Alzheimer. Su memoria se pierde día a día. Este documental pretende recuperar los recuerdos de unas vidas atípicas, en el que se mezclan personajes históricos como Santiago Carrillo, Jorge Semprún, Manuel Fraga o Jordi Pujol, con episodios poco conocidos de la lucha contra el franquismo y de la Guerra Fría. Para Albert, muchas de estas experiencias son los recuerdos difusos de un niño. Viajará de un exilio al otro intentando recomponer la memoria de su familia, su propia memoria.

VER DOCUMENTAL:

https://www.rtve.es/play/videos/los-documentales-de-culturales/bucarest-memoria-perdida/489821/

viernes, 9 de junio de 2023

SINFONÍA Nº 2 "LA CANCIÓN DE LA TIERRA", DE MIKIS THEODORAKIS

SINFONÍA Nº 2 "LA CANCIÓN DE LA TIERRA", DE MIKIS THEODORAKIS

La “Sinfonía Nº 2" (La canción de la tierra) para coro de niños, piano y orquesta fue compuesta entre 1980 y 1982 con textos del propio compositor, marcando una nueva etapa con el regreso a la música sinfónica. Se estrenó el 8 de febrero de 1982 interpretada por la Orquesta de Halle dirigida por Olaf Koch y con Cyprien Katsaris, en la entonces República Democrática de Alemania.

La obra es en realidad una fusión de la "Suite No.1 para piano y orquesta" y la música para el ballet "Antígona", dos obras según dice el compositor, de las cuales creo que la primera era demasiado estrictamente 'dionisíaca' y la segunda exclusivamente 'apoloniana', para usar los términos nietzschianos. Lograr un equilibrio entre estos dos elementos era la única manera de convertirlos en una obra completa, terminada, es decir, que expresa toda la gama y amplitud de las emociones humanas y toda la complejidad de una marcha a través del tiempo.

El primer movimiento, andante, andante moderato, andante cantabile, allegro marcato, andante, comienza con una introducción meditativa, que retoma el tema inicial de Antígona y Haemon. El piano entra y procede a determinar la evolución del movimiento. La madera, los metales y la percusión crean un alto grado de tensión rítmica, hasta que la flauta entra con un nuevo motivo llano. La ansiedad predomina hasta que el movimiento finalmente concluye con una poderosa melodía coral.

El segundo movimiento, presto, adagio, vivace, adagio, andante sostenuto, se basa en el movimiento de apertura de la Suite, y coloca la percusión en primer plano. Su densidad aumenta, mezclando indisolublemente elementos de la Suite con partes del Ballet, para crear una entidad fresca, que al mismo tiempo constituye una nueva visión ética.

El tercer movimiento, andante, andante cantabile, lento, atacca, es el más complejo y comienza como una danza, lo que no es de extrañar, ya que está basado en el ballet Antígona. Avanza gradualmente hacia un lied que aparece por primera vez en el oboe y las cuerdas, que también tiene sus orígenes en el ballet, al igual que el pasaje que constituye el punto culminante lírico de la obra. Sobre débiles acordes en las cuerdas, los niños entonan la última Canción de la Tierra, para la cual el propio Theodorakis escribió el texto. La visión catastrófica que se representa se concreta en la sección final del movimiento. Su orquestación, a la vez espectacular y desgarradora, expresa la carrera hacia la destrucción que es el tema principal de la sinfonía.

El cuarto movimiento, final, presto, adagio, dolce, con evocadores ritmos cretenses, reúne los dos últimos movimientos de la Suite. Al igual que en el movimiento de apertura, el piano solista juega un papel importante en la propulsión de esta danza al borde del abismo hacia su paroxismo. Sin embargo, Theodorakis no quiere terminar con una impresión de catástrofe y de vacío. Por lo tanto, añade un débil destello de esperanza: acompañado de un acorde delicadamente construido. El piano hace una entrada solista con una melodía contemplativa de gran intensidad, un himno bizantino que se transforma en un himno a la vida, un interrogante, es cierto, que la madera en estado de ánimo meditativo toma y conduce al silencio. Así, como al final de una tragedia clásica, el compositor recurre a un éxodo.

Fuente: Historia de la Sinfonía

jueves, 8 de junio de 2023

EXPOSICIÓN DE LA FOTÓGRAFA COMUNISTA TINA MODOTTI EN KBr FUNDACIÓN MAPFRE DE BARCELONA

 

Tina Modotti, por la belleza y la justicia

Fundación MAPFRE repasa en Barcelona su trayectoria

No llegó a cumplir los cincuenta, pero en su breve trayectoria como fotógrafa Tina Modotti supo conjugar sus inquietudes artísticas y las sociales, su compromiso con el socialismo y las novedades vanguardistas. Si en la pasada edición de PHotoESPAÑA repasó su obra en Madrid el Museo Cerralbo, esta vez hace lo propio en Barcelona, también dentro de la programación de esta cita, el espacio KBr Fundación MAPFRE, en una exhibición que además hace hincapié en su relación con nuestro país.

Nacida en la ciudad italiana de Udine en 1896, emigró a Estados Unidos siendo adolescente y allí, algunos años después, en 1921, conocería a Edward Weston; serían pareja, se influirían mutuamente y juntos pusieron rumbo a México en 1923. Relacionándose con sus intelectuales y con el Partido Comunista, en aquel momento catalizador de las reivindicaciones por los más desfavorecidos, ambos, pero especialmente Modotti, iniciaron allí una involucración política intensa que les llevaría a tomar contacto, asimismo, con la organización Ayuda Internacional de los Trabajadores -autónoma pero ligada al partido, que extendió sus actividades por varios países latinoamericanos- y a la artista, además, a ser detenida y expulsada de México, acusada de tomar parte en un atentado contra el presidente Pascual Ortiz Rubio.

En adelante residiría en varias ciudades europeas, como Moscú, Berlín o París, recalando también en España desde 1934 y durante la Guerra Civil: asumió el control de la organización Socorro Rojo español, que facilitaba la salida del país a los llamados niños de la guerra; atendió a enfermos en hospitales y participó, asimismo, en actividades de cariz político o propagandístico. Al final de la contienda cruzó los Pirineos junto a los españoles exiliados, y después el océano: fallecería en Ciudad de México al comenzar el año 1942.

Tina Modotti. Vista parcial del sistema telegráfico, hacia 1927. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Vista parcial del sistema telegráfico, hacia 1927. Colección y Archivo de Fundación Televisa

Su periplo vital la convirtió, como vemos, en testigo de sucesos fundamentales de los veinte y los treinta y en una autora muy cosmopolita, aunque su producción no comenzaría a ser reconocida internacionalmente hasta los setenta y es mucho lo que de ella nos queda por saber. Dado que algunos de los países donde residió tuvo que abandonarlos abruptamente, varias de sus imágenes no han podido fecharse, y por tanto contextualizarse, por más que podamos deducir que la mayor parte de sus trabajos los realizaría entre 1923 y 1930, los años correspondientes a su periodo mexicano y su aprendizaje con Weston. Atendió en ellos a la precariedad vital y laboral de los trabajadores, a la miseria en las ciudades mexicanas y a los deseos de emancipación de una sociedad necesitada, buscando tanto denunciar injusticias como incidir en la dignidad de sus modelos.

La exhibición que la Fundación MAPFRE lleva ahora a KBr, comisariada por Isabel Tejeda, es la más extensa que se ha brindado a Modotti hasta la fecha: cuenta con 240 fotografías, la mayor parte copias de época, abundante material documental, algunos trabajos de autores coetáneos, Weston incluido, y con la primera de las películas que protagonizó la fotógrafa en Estados Unidos, pues subraya igualmente la muestra su relación con el cine y las artes escénicas. Desde que llegó a América participó en varias obras teatrales y, al principio de los veinte, en al menos tres películas: Tiger’s Coat (1920) de Roy Clements, Riding with Death (1921) de Jacques Jaccard y I Can Explain (1922) de George D. Baker.

Tina Modotti. Rosas, 1924. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Rosas, 1924. Colección y Archivo de Fundación Televisa

Se articula el recorrido en cuatro secciones cronológicas, revisando la primera sus primeros años de Udine a Los Ángeles. Nacida en una familia de la baja burguesía, en su infancia residió en Austria, donde su padre se empleó como mecánico; la familia regresaría después a Udine y desde Italia emprendería el sueño americano. En California se estableció Modotti hasta sus 23, integrada en una comunidad italiana de San Francisco; allí, además de actriz -etiquetada en principio conforme a tópicos latinos-, trabajó en la sastrería.

Como decíamos, se trasladó con Weston, y uno de sus hijos, a México en 1923, y allí permaneció hasta 1930, siendo esta su etapa más fructífera como fotógrafa. Evolucionó desde un formalismo heredado de aquel, y quizá de influjo cubista, hasta composiciones indisociables de la expresión de emociones y de la realidad social del pueblo mexicano: los caminos dispares de la estética de ambos podemos atisbarlos ya en las imágenes que tomaron de un circo ambulante en 1924; él se fijó en las perspectivas casi abstractas que podían obtenerse de las costuras de la carpa y ella en la atmósfera creada por los campesinos que asistieron al espectáculo.

Un lustro después recorrieron el país con el encargo de ilustrar el libro Idols Behind Altars, de Anita Brenner, centrándose en manifestaciones de arte  prehispánico y colonial y de la cultura popular indígena, pero su compromiso político radical llegaría cuando conocieron a Diego Rivera y José Clemente Orozco: Modotti sería casi la fotógrafa oficial de los procesos de gestación de sus murales.

Tina Modotti. Campesina zapoteca con cántaro al hombro, 1928. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Campesina zapoteca con cántaro al hombro, 1928. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Manos de mujer lavando ropa, hacia 1926. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Manos de mujer lavando ropa, hacia 1926. Colección y Archivo de Fundación Televisa

En 1926 ambos volvieron temporalmente a California, donde ella se hizo con una cámara Graflex, mucho más ligera de la que usaba, y al año siguiente se afilió al Partido Comunista, ya convencida del poder de la imagen como herramienta para la transformación social. Quiso brindar su fotografía al pueblo, pero sin disociarla de sus principios estéticos, y encontró el modo de conjugar ambos caminos en imágenes de corte simbólico: ideogramas y naturalezas muertas cuyos motivos (hoz y martillo, sombreros, mazorcas…) apelaban a significados muy fáciles de entender, por todos.

Sus instantáneas se publicaban, sobre todo, en revistas de temática política y marxista (El Machete, CROM, New Masses) hasta que la Biblioteca Nacional mexicana le dedicó su primera exposición, en 1929. El público asociaba ya su obra a la representación visual de la revolución popular y el campesino incorruptible.

Tina Modotti. Canana, hoz y guitarra, 1928. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Canana, hoz y guitarra, 1928. Colección y Archivo de Fundación Televisa
Tina Modotti. Elisa, 1924. The Museum of Modern Art, Nueva York. Donación de Edward Weston
Tina Modotti. Elisa, 1924. The Museum of Modern Art, Nueva York. Donación de Edward Weston

Tina Modotti

KBr. FUNDACIÓN MAPFRE

Avenida Litoral, 30. Barcelona

Del 8 de junio al 3 de septiembre de 2023

Fuente: masdearte

miércoles, 7 de junio de 2023

LA EDITORIAL TEMPLANDO EL ACERO PUBLICA "EL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL DESDE 1945"

El movimiento comunista internacional desde 1945
Lilly Marcou
Editorial Templando el Acero
2023

Con la disolución de la Komintern en 1943 desaparece la expresión institucional del internacionalismo del movimiento comunista, y, lo que es más grave, desaparece el vehículo natural que vinculaba a los partidos comunistas occidentales con el de la Unión Soviética, centro y eje del movimiento. El comienzo de la guerra fría invalida las razones que habían llevado a Stalin a disolver la Komintern en un intento de favorecer la distensión de sus relaciones con los aliados occidentales, y así, en 1947, nace el Kóminform (Buró de Información de los Partidos Comunistas), que aun negando cualquier identidad con la desaparecida Komintern asume en la práctica sus funciones en las condiciones creadas por la nueva época. El Kóminform se disuelve a su vez en 1956, el año del XX Congreso del PCUS, y se abre entonces una nueva etapa en la que la unidad de los partidos comunistas se expresa a través de conferencias mundiales, la última de las cuales se celebra en 1969, o regionales. La progresiva diferenciación interna del movimiento, y el nacimiento del eurocomunismo con el distanciamiento de algunos partidos occidentales respecto a Moscú, son procesos que deben analizarse en este contexto.

https://librosml.blogspot.com/

lunes, 5 de junio de 2023

"LEGALIDAD E ILEGALIDAD", DE GYORGY LUKACS, EN EL 52 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL FILÓSOFO MARXISTA

En “Legalidad e ilegalidad”, desde una interpretación hegeliana de Marx, Lukács critica la legalidad propia del Estado burgués, como así también dos posiciones contrapuestas que a veces adoptan los socialistas ante ella: la de aceptarla buscando la reforma socialista de la legislación capitalista; y la de erigir la acción revolucionaria ilegal en un fin en sí mismo. Por el contrario, la revolución proletaria debe observar una táctica “sin principios” frente al Estado burgués y a su derecho, respetándolo o violándolo según lo aconseje “la utilidad del momento”. En la lucha revolucionaria el proletariado alcanza la conciencia de su misión. La verdadera valoración del proceso histórico determina como legítima la acción revolucionaria desde sus comienzos, con una legitimidad que torna asimismo lícito todo actorevolucionario dirigido a la conquista del poder.

Fuente: Sergio Raúl Castaño

DESCARGAR "LEGALIDAD E ILEGALIDAD", DE LUKACS:

https://ideario25.files.wordpress.com/2013/05/legalidad-e-ilegalidad-georg-lukacs.pdf

domingo, 4 de junio de 2023

"LA SILLA VACÍA", DE JUAN GENOVÉS

La silla vacía
Juan Genovés
1976
Acrílico sobre lienzo
150 x 135 cm
Colección particular

¿Qué está pasando en esta escena? La obra pertenece a la serie de cuadros figurativos que Genovés inició tras volver a España, ante los rumores de la enfermedad de Franco. Estaba entonces instalado en Londres con su familia y decidió utilizar este potente lenguaje basándose en unos dibujos que había realizado en la capital inglesa. Todas estas punturas pudieron verse en el extranjero en la exposición Neue Werke, que viajó a Zurich y Nueva York en 1976. Genovés sabía la importancia de su mensaje que podría traspasar las fronteras de nuestro país.

Pero volvamos a esta escena de gran potencia ¿Por qué hay una silla vacía? ¿Qué le ha podido pasar al tercer personaje que falta en esta imagen? Bien podría estar siendo interrogado o torturado o, peor aún, fusilado. El final es abierto, como un maestro del suspense Genovés deja que sea el espectador quien dé sentido a este momento de desconcierto y desasosiego.

La fuerza de este cuadro llevó a la Junta Democrática a usarlo como cartel en 1976 con un texto que rezaba lo siguiente:

NO SOMOS DELATORES

SOMOS PERIODISTAS

No vocearán mañana como fue ayer la palabra que quieran imponernos. Hoy ya es el momento que salte limpia la noticia con su solo cuerpo.

Con este cartel los periodistas reclamaban su derecho a la libertad de expresión, de la que habían sido privados durante la Dictadura.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cartel de 1976 de la Comisión de Arte y Cultura de la Junta Democrática

Fuente: Fundación Bancaja 


sábado, 3 de junio de 2023

"LA ÚLTIMA ETAPA", PELÍCULA DE LA DIRECTORA COMUNISTA WANDA JAKUBOWSKA SOBRE LA RESISTENCIA DE LAS MUJERES EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE AUSCHWITZ

Título original Ostatni etap
Año 1948
Duración 106 min.
País Polonia 
Dirección Wanda Jakubowska
Guion Wanda Jakubowska, Gerda Schneider
Reparto Tatjana Gorecka, Antonina Gordon-Górecka, Barbara Drapinska, Aleksandra Slaska, Barbara Rachwalska, Wladyslaw Brochwicz, Edward Dziewonski, Kazimierz Pawlowski, Alina Janowska, Mariya Vinogradova, Stanislaw Zaczyk Música Roman Palester
Fotografía Bentsion Monastyrsky
Sinopsis Martha Weiss es una judía enviada al campo de concentración de Auschwitz junto con su familia. El día de su llegada, por una coincidencia, Martha es elegida como intérprete, mientras que el resto de su familia es asesinada

Wanda Jakubowska y la primera película sobre Auschwitz-Birkenau

Después de pasar por el Festival de Berlín de 2020, La Última Etapa (Ostatni etap, 1948) de Wanda Jakubowska se puede ver en el Atlántida Film Fest 2021, organizado por Filmin. En ella os encontraréis una historia real sobre la vida diaria de las mujeres en un campo de concentración y exterminio, en este caso, Auschwitz-Birkenau. En formato semidocumental, La Última Etapa es un documento histórico de gran valor porque ofrece, en primer lugar, y por primera vez, imágenes reales de Auschwitz-Birkenau y, en segundo lugar, porque está dirigido por una mujer.

Considerada la «madre de todas las películas sobre el Holocausto», La Última Etapa está basada en las memorias de las prisioneras del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau. En ella se proyectan imágenes del sufrimiento y la tragedia humana que muchas prisioneras vivieron durante años (judías, gitanas, comunistas). También se refleja la recta jerarquización que existía en un campo (guardas, Kapos, Einsatzgruppen) y los escenarios, con sus respectivas cámaras de gas, chimeneas, vías ferroviarias, barracones, entre otros espacios. Igualmente, muestra los acontecimientos que ocurrían en la vida diaria del campo, como las llegadas del tren, los conciertos de orquesta, los intentos de fuga, las ejecuciones y el trabajo forzoso. Además, contiene fotogramas y momentos que, seguramente, habremos visto en multitud de películas sobre el Holocausto y los campos nazis. Y, lo más importante: se ve claramente la división entre víctimas y perpetradores. Sin duda, el trabajo que realizó la polaca Wanda Jakubowska es muy importante a todos los niveles.

¿Quién fue Wanda Jakubowska?

Nacida en 1907 en Varsovia y graduada en 1931 en Historia del Arte, se movió en un ambiente intelectual muy cinéfilo que la llevó a crear START (Society of the Devotees of the Artistic Film). Siendo la única mujer, coincidió con otros futuros cineastas polacos que financiaban sus propias películas y cortometrajes (Stanislaw Wohl, Jerzy Bossak, Jerzy Zarzycki, Aleksander Ford, Jerzy Toeplitz), convirtiendo esta asociación en una de las más importantes de la Historia del cine polaco. Ya en 1933 financió y dirigió su primer proyecto, The Sea (Morze, 1933), el cual recibió una nominación a los Premios Oscar, y en 1939 rodó su primera película, On the Banks of Niemen (Nad Niemnem, 1939), pero fue destruida por la Alemania nazi.

Durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial se alistó en la resistencia con el Partido Socialista Polaco y en 1942 fue detenida por la Gestapo. Después de estar en la prisión Pawiak y de ser enviada al subcampo Rajsko de Auschwitz-Birkenau (una villa donde fotografiaba plantas para investigar), la trasladaron a trabajos forzosos en Birkenau y, más tarde, al campo de concentración de Ravensbrück. Una vez terminado el conflicto se dedicó al cine ideológicamente comprometido con la Unión Soviética, trabajando en la Escuela de Cine de Lodz y dirigiendo equipos cinematográficos. En total dirigió un total de 18 películas, labrando una carrera de más de 50 años. .

La Última Etapa (Ostatni Etap, 1948)

Su primera película post-Segunda Guerra Mundial y visualizable actualmente es La Última Etapa, estrenada en marzo de 1948 y producida por el Film Polski. En ella, el espectador vivirá muchas historias diferentes representadas. Sin embargo, una en concreto es la principal, la de Martha Weiss, una mujer judía enviada al campo de exterminio de Auschwitz con su familia que, nada más llegar, se convierte en intérprete. Con esta premisa, junto con el resto de relatos, Jakubowska pretende representar sus vivencias en los distintos campos por los que pasó, sobre todo durante su etapa en Birkenau (este campo será protagonista en otros dos trabajos suyos: The End of Our World, 1964, e Invitation, 1985).

La película está grabada en el mismo Auschwitz-Birkenau, tres años después de su liberación. Jakubowska escribió el guion y dirigió la película junto a su compañera en Birkenau, Gerda Schneider, basándose en sus testimonios y los del resto de prisioneros que sobrevivieron. Por eso, tal como avanza el film, las personas que aparecen a lo largo del metraje son, en su mayoría, habitantes de la localidad polaca de Oswiecim (Auschwitz), exoficiales alemanes y miembros del Ejército Rojo. De este modo, aprovecharon para grabar en el mismo momento en que el campo se había convertido en un campo de prisioneros de guerra alemanes (Volksdeutsche), los cuales debían ser enviados a Gulags soviéticos.

Durante el rodaje, Jakubowska se encontró con numerosos problemas, siendo el primero y más importante, la búsqueda de la aprobación por parte de Iósif Stalin del guion. También, para buscar mayores audiencias y por razones de contexto, la directora tuvo que modificar la estética e imagen que quería dar en el film. Por ejemplo, si habéis visualizado la cinta, no salen prácticamente cuerpos amontonados en las cámaras de gas ni crematorios. Esto es así porque la misma directora no quiso ofrecer una visión excesivamente desgarradora de los acontecimientos. Por este motivo, la escena final encajaría perfectamente en un guion proveniente de Hollywood, por su elevada y edulcorada emotividad.

En cualquier caso, aunque La Última Etapa de Wanda Jakubowska sea una creación cuestionable y, en algunos aspectos, muy criticable por razones más que obvias del contexto, debe tenerse en cuenta el verdadero y duro retrato que se representa. No solo porque sea una obra clave del cine polaco y del subgénero ‘Holocausto’ sino porque, como afirmábamos al principio, es una película muy interesante por las imágenes, situaciones y elementos reflejados sobre la vida de las mujeres en un campo de concentración-exterminio. También, por ser una película dirigida por una mujer pionera en el campo en un contexto delicado. Casi al mismo nivel que el documental de Alain Resnais, Noche y Niebla, 1955.


El film ganó el premio a mejor película en el Festival Internacional Karlovy Vary en 1948 y estuvo nominada en el Círculo de Críticos de Nueva York, en el Festival de Venecia y en los Premios BAFTA de 1949. Ahora, gracias al Archivo Nacional de Cine de Polonia, en cooperación con Tor Film Production, podemos disfrutar de un documento único, restaurado a partir del duplicado del negativo original, el cual jamás sobrevivió.

Fuente: Cinezin

VER PELICULA CON SUBTITULOS EN CASTELLANO:

viernes, 2 de junio de 2023

SINFONÍA Nº 1 "A LA MEMORIA DE LOS HÉROES DE LA GRAN GUERRA PATRIÓTICA", DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO KARA KARAYEV

 

SINFONÍA Nº 1 DEL COMPOSITOR SOVIÉTICO KARA KARAYEV

La “Sinfonía Nº 1 en si menor" (A la memoria de los héroes de la Gran Guerra Patriótica) fue compuesta en 1943 durante su época de estudiante. Su primera grabación se realizó para el sello Melodiya en 1989 interpretada por la Orquesta Sinfónica de Azerbaiján dirigida por Rauf Abdullayev.

El primer movimiento que ocupa la mitad de la obra posee dos temas contrastados. El primero de carácter rítmico moderado y el segundo lírico soñador. Después de una sección de desarrollo basada en el tema principal, se recapitula el tema lírico que nos conduce hasta una tranquila coda.

El segundo movimiento es un andante. Nos presenta un tema grave que se desarrolla lentamente con expresión dolorosa. Enlaza sin pausa con la siguiente parte.

El tercer movimiento corresponde al scherzo de la obra. Un tema rítmico en forma de danza es interrumpido por un tema más lento de ritmo ternario, que podría ser considerado como el trío. El tema inicial rítmico cierra el breve movimiento.

El último movimiento empieza con una introducción lenta. Luego la madera introduce un tema reflexivo, que da paso a un allegro de carácter rítmico con intervención del piano. Pero pronto regresa el motivo inicial, que después de una nueva intervención de la madera nos conduce mediante una especie de himno hasta la reflexiva y dolorosa coda final.

Una obra de estilo académico realizada durante sus estudios. Su tristeza refleja la amargura de los tiempos de guerra en un lenguaje sencillo de características clásicas.

Fuente: Historia de la Sinfonía