martes, 14 de junio de 2016

CONTRADICCIONES DEL CAPITALISMO: SE SUBASTA EN EL REINO UNIDO UNA PRIMERA EDICIÓN DE "EL CAPITAL", DE KARL MARX


La casa Bonhams de Londres subastará una primera edición firmada de 'El capital', de Karl Marx firmada. La pieza lleva fecha del 18 de septiembre de 1867, cuatro días después de la publicación.

Una peculiar primera edición de la obra El capital, de Karl Marx (1818-1883), que lleva la firma del autor y fue regalada en su día a su amigo Johann Eccarius, será subastada por la casa Bonhams de Londres el próximo 15 de junio.

Según Bonham, la pieza tiene un precio estimado de salida de entre 80.000 y 120.000 libras (104.000 y 156.000 euros) y será vendida en una jornada dedicada a libros y manuscritos.

"Esta es una sensacional e importante copia de un libro que cambió el mundo. Tanto Marx como Eccarius fueron figuras importantes durante el difícil nacimiento del comunismo y disfrutaron de una relación personal estrecha durante muchos años hasta que los celos y las diferencias políticas los separasen", señaló hoy el especialista en libros de la casa de pujas Simon Roberts.

La pieza lleva fecha del 18 de septiembre de 1867, cuatro días después de la publicación del primer volumen, y es una de las pocas copias que han sobrevivido, según indicó Bonhams.

Una relación de amistad truncada 
 
El capital, un tratado de crítica de la economía política, está formado por tres volúmenes, de los que el primero fue publicado en vida de Marx, pero los otros dos, elaborados por su amigo y colaborador Friedrich Engels a partir de las notas del autor, aparecieron en 1885 y 1894.

Marx y Engels conocieron a Eccarius cuando fueron invitados a la Liga de los Justos Eccarius (1818-1889) fue un sastre que se unió a la rama británica de la Liga de los Justos, organización revolucionaria apoyada por alemanes que habían emigrado en 1839. En 1846, Marx y Angels, que vivían entonces en Bruselas, fueron invitados a unirse a la liga, y un año después asistieron al segundo congreso de la organización en Londres, donde conocieron a Eccarius. Marx se hizo muy amigo de Eccarius, pero hacia 1870 la relación se tornó difícil después de que el autor de El capital le acusase de asumir el crédito de sus ideas en artículos periodísticos.

Fuente: 20 minutos

lunes, 13 de junio de 2016

"EL LABERINTO MÁGICO": LA GUERRA CIVIL A TRAVÉS DE LA MIRADA DE MAX AUB



El Centro Dramático Nacional recupera la obra cumbre de Max Aub (París, 1903 – Ciudad de México, 1972), uno de los autores más singulares de las letras españolas. Ernesto Caballero (Madrid, 1958) es el encargado de dirigir 'El laberinto mágico', un montaje que versiona José Ramón Fernández sobre las seis novelas que componen la obra de Aub: 'Campo cerrado', 'Campo de sangre', 'Campo abierto', 'Campo del moro', 'Campo francés' y 'Campo de los almendros'.

“Convencido como estoy de la existencia de un valioso material dramático latiendo en el seno de algunas de nuestras mejores obras narrativas, la temporada pasada decidí poner en marcha, en el marco de las actividades del Laboratorio Rivas Cherif, un trabajo de investigación en torno a El laberinto mágico“, afirma Caballero.

El resultado ha sido un texto interpretado por Chema Adeva, Javier Carramiñana, Paco Celdrán, Bruno Ciordia, Paco Déniz, Ione Irazabal, Borja Luna, Paco Ochoa, Paloma de Pablo, Marisol Rolandi, Macarena Sanz, Alfonso Torregrosa, Mikele Urroz, María José del Valle y Pepa Zaragoza, que puede verse en el Teatro Valle-Inclán hasta el 10 de julio con aforo reducido sobre el habitual.

La obra narra lo que fue la Guerra Civil española y sus consecuencias a través de diversos relatos basados en experiencias propias de Aub, constituyendo un documento sobre la condición humana. “Max Aub refleja muy bien el ambiente en tres ciudades que fueron escenarios importantes durante la Guerra: Madrid, Barcelona y Valencia, y lo que se vivió en esos años tremendos”, explica el director.

En palabras de Fernández, las seis novelas se centran en un bando y “la mayor parte del tiempo desde la retaguardia. Hay sólo tres momentos en el frente. De estas tres ocasiones nosotros usamos dos; Barcelona el primer día de la guerra y la resistencia el 6 de noviembre del 36 en la Casa de Campo de Madrid. En la retaguardia de las guerras pasan muchas cosas; pasa la traición, el miedo y la vida que sigue”.

Pero El laberinto mágico va más allá de la crónica histórica, ya que encuentra puntos en común con la actualidad, “para vivir como presente palpitante aquellos tres años feroces de la guerra de España”, asegura Fernández. “Creo que puede ser muy interesante para el público descubrir una historia que sucedió hace 80 años, pero que está sucediendo en algunas partes del mundo ahora mismo. Personas derrotadas en una guerra salen al exilio y necesitan ser acogidas”.

Fecha: Del 07 junio al 10 de julio 2016

De martes a sábados a las 20.30 h / Domingos a las 19.30 h.

Funciones con accesibilidad: 30 de junio y 1 de julio

Fuente: hoyesarte

domingo, 12 de junio de 2016

"REBUSCADORAS DE CARBÓN EN BORINAGE", DE CÉCILE DOUARD




Rebuscadoras de carbón en Borinage
Cécile Douard
1891
130x190 cm
Oleo sobre lienzo
Museo de Bellas Artes de Mons

Al establecer su residencia en la ciudad de Mons, núcleo principal del Borinage, Cécile Douard logró compenetrarse con el mundo de la mina, trasladándolo sin ambages a sus grandes lienzos: Rebuscadoras de carbón en Borinage (1891), La escombrera (1898), Vagoneras descansando (s/f). Todas estas composiciones se centran en el laboreo de exterior, llevado a cabo casi siempre por mujeres. Aparecen, por ello, encorvadas y vencidas por el peso de los enormes fardos de carbón, apiñadas como un enjambre de abejas en la vertiente recta y torva de la escombrera, o acurrucadas en su desfallecimiento. Esas pinturas de sólido planteamiento y pulso firme y tenaz rinden justo homenaje al trabajo femenino en la industria. A la vista de sus lienzos, parece razonable pensar que una artista se percatara mejor y con más agudeza del intenso esfuerzo desarrollado por la nómina de muchachas y de ancianas que integraban los tajos.

Fuente: Mª del Mar Díaz González (Biblio3W, 2015)

sábado, 11 de junio de 2016

"KOMSOMOL, EL CANTO DE LOS HÉROES", DOCUMENTAL DE JORIS IVENS Y MÚSICA DE HANS EISLER

Título original: Komsomol (Pesn o Gerojach)
Año: 1932
Duración: 50 min.
País: Unión Soviética (URSS)
Director: Joris Ivens
Guión: Josif Skljoet
Música: Hanns Eisler
Fotografía: Alexander Sjelenkov
Sinopsis: La actividad de los trabajadores de choque en la construcción de la central de altos hornos de Magnitogorsk se ve incentivada por los estímulos ideológicos y por la dirección de la organización juvenil del Partido Comunista.


Tributo a los logros de los jóvenes voluntarios del Komsomol, organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética, que participaron en la construcción en tiempo récord de los altos hornos –considerados una obra maestra del proceso de industrialización soviético– y la ciudad industrial de Magnitogorsk (que llegó a acoger a unos 200.000 habitantes), como parte de uno de los tres planes quinquenales de Stalin. Influido por el cineasta ruso Vsevolod Pudovkin, Ivens sigue a un personaje real para la escenificación de las secuencias. Esta forma de historia personalizada, antecedente directo del docudrama, volvería a aparecer posteriormente en la filmografía del realizador.

VER DOCUMENTAL CON SUBTÍTULOS EN CASTELLANO:



viernes, 10 de junio de 2016

CICLO DE CINE EN EL MUSEO REINA SOFÍA: "POR UN CINE IMPOSIBLE. DOCUMENTAL Y VANGUARDIA EN CUBA (1959-1972)"


16 junio - 9 julio, 2016 - 19:00 h / Edificio Sabatini, Auditorio

El Museo Reina Sofía presenta este ciclo dedicado al movimiento documental cubano en torno a la Revolución, un episodio de la vanguardia en América Latina habitualmente ignorado. Unido al impulso de mostrar una realidad nueva y repensar la función pública de la imagen, el documental en Cuba fusiona el registro fáctico con la estética de choque y la agitación del montaje, produciendo un manifiesto visual irrepetible. El programa, con formatos originales procedentes del ICAIC, se articula en diálogo con la exposición retrospectiva que el Museo dedica al artista Wifredo Lam (del 6 de abril al 15 de agosto de 2016).

En 1959, la realidad cubana cambia radicalmente con el triunfo del movimiento revolucionario. Una de las consecuencias en la escena artística de la isla es el nacimiento de un nuevo cine en el que el documental juega un papel central. Apenas una década después, Julio García Espinosa, figura de referencia de la producción cinematográfica, escribe un manifiesto titulado Por un cine imperfecto. En esta reflexión sobre la práctica del cine revolucionario, sostiene que las imperfecciones de un cine de urgencia de bajo presupuesto que busca generar un diálogo público son preferibles al brillo de las grandes producciones que simplemente anulaban y cosificaban al público. Esta tesis, planteada en una de las piezas más destacadas del ciclo, Tercer mundo, tercera guerra mundial, rodada en Vietnam en 1968, queda demostrada en la corriente experimental que atraviesa a muchas otras de las películas incluidas también en el programa.

El nuevo documental que surge en Cuba en los años sesenta implica una paradoja: es el momento de la aparición de las nuevas cámaras de 16mm sincronizadas, que favorecen la estética revolucionaria del cine directo y del cinéma vérité en los países metropolitanos, pero no en Cuba, donde el nuevo instituto de cine, el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), está atascado en los 35mm. No obstante, los cineastas aprenden pronto a superar y trabajar con esas limitaciones, motivados por el contexto convulso y cambiante que les rodea. La Revolución desata un frenesí de proyectos, con nuevos creadores que salen a las calles entusiasmados por narrar la actualidad, creando un terreno fértil para un género en convulsión.

En el núcleo de este ciclo encontramos a Santiago Álvarez, conocido como el Dziga Vertov cubano, quien transforma rápidamente el Noticiero semanal del que estaba a cargo. En lugar de mostrar una secuencia arbitraria de elementos inconexos, los une en un discurso político, o los convierte en documentales monográficos, que luego continúa en filmes más extensos. El público acude en masa a ver su sátira política, centrada en un montaje rápido e inmediato, normalmente dirigida contra el expansionismo norteamericano, precisamente en un momento en el que el documental parece desaparecer de las pantallas de cine metropolitanas. Álvarez también hace de estos noticiarios una escuela para cineastas jóvenes, con la que les enseña a crear películas de manera veloz y barata, aprovechando los materiales que hubiese a mano. Rápidamente el recurso del metraje encontrado se hace popular entre los documentalistas.

Como contrapunto a este cine, el programa incluye una selección de filmes realizados en Cuba por cineastas extranjeros llegados durante los primeros años de la Revolución. Casos como el de Joris Ivens, que acepta entusiasmado una invitación del ICAIC para rodar dos películas, y otros, como Chris Marker y Agnès Varda, que ruedan por decisión propia testimonios puntuales de solidaridad.
Con todo ello, se busca presentar un movimiento ignorado en las historias de la vanguardia, pero fundacional en la transformación crítica del documental en un medio que negocia con un momento histórico clave y examina sus propios límites y posibilidades.

Ciclo dedicado a Julio Garcia Espinosa (La Habana, 1926-2016)

En colaboración con:

  • Comisariado: Michael Chanan
  • Organiza: Museo Reina Sofía
  • En colaboración con: Cinemateca de Cuba


PROGRAMA

Santiago Álvarez. Noticiero 49. Película, 1961

16 junio, 2016

Inicios

Con la presentación de Michael Chanan, comisario del ciclo, historiador del cine, profesor en la Universidad de Roehampton y autor, entre otros libros, de The Cuban Image: Cinema and Cultural Politics in Cuba (1986)


Santiago Álvarez. Now. Película, 1965

17 junio, 2016

Batallas

Joris Ivens
Cuba, pueblo armado, 1961
35 mm, VO, b/n, 35’

Manuel Octavio Gómez
Historia de una batalla, 1962
35 mm, VO, b/n, 39’

Agnès Varda. Salut les Cubains. Película, 1962

18 junio, 2016

Mujeres

Con la presentación de Josetxo Cerdán. Historiador del cine, profesor en la Universidad Carlos III. Ha sido director de Punto de Vista. Festival Internacional de Cine Documental entre 2010 y 2013.

Sara Gómez. Una isla para Miguel. Película, 1968

23 junio, 2016

Tercer mundo

Sara Gómez
Una isla para Miguel, 1968
35 mm transferido a archivo digital, VO, b/n, 22’

Nestor Almendros. Gente en la playa. Película, 1961

24 junio, 2016

Perspectivas I

Néstor Almendros
Gente en la playa, 1961
16 mm transferido a archivo digital, VO, b/n, 10’

Santiago Álvarez. Cerro pelado. Película, 1966

25 junio, 2016

Santiago Álvarez

Cerro Pelado, 1966
35 mm transferido a archivo digital, VO, b/n, 59’

Hanói, martes 13, 1967
35 mm, VO, b/n, 38’

Octavio Cortázar. Por primera vez. Película, 1967

30 junio, 2016

Culturales

Con la presentación de Maria Luisa Ortega. Historiadora del cine, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Madrid. Autora de Cine directo. Reflexiones en torno a un concepto (2008) y de un amplio número de artículos dedicados a la noción de “desarrollo” y el documental experimental en Cuba y América Latina.

Nicolás Guillén Landrián. Café Arábiga. Película, 1968

1 julio, 2016

Perspectivas II

Con la presentación de Chema González, Jefe de Actividades Culturales y Audiovisuales del Museo Reina Sofía.
Alejandro Saderman
Hombres de Mal Tiempo, 1968
35 mm transferido a archivo digital, VO, b/n, 32’

Santiago Álvarez. 79 primaveras. Película, 1969

2 julio, 2016

Largas luchas

Santiago Álvarez
79 primaveras, 1969
35 mm, VO, b/n, 25’

Manuel Octavio Gómez
La primera carga al machete, 1969
35 mm, VO, b/n, 84’

Robert Drew et al. Yanki No! Cortesía de Drew Associates. Película, 1960

7 julio, 2016

Ajenos

Robert Drew Associates
Yanki No!, 1960
16 mm transferido a archivo digital, VOSE, b/n, 60’

Pastor Vega. ¡Viva la República! Película, 1972

8 julio, 2016

Perspectivas III

Pastor Vega
¡Viva la República! , 1972
35 mm, VO, b/n, 100’


Manuel Herrera. Girón. Película, 1972

9 julio, 2016

Lente ancha

jueves, 9 de junio de 2016

EXPOSICIÓN "UNA NUEVA NIÑEZ" SOBRE LIBROS ILUSTRADOS INFANTILES EN LA URSS


Con una síntesis perfecta de tipografía, diseño e ilustración, los libros ilustrados para niños rusos de las décadas de 1920 y 1930 influyeron en toda Europa.

La exposición 'Una nueva niñez' muestra ejemplares pioneros en el modo de transmitir enseñanzas e ideas en volúmenes de gran poder visual.

Entre la selección de obras extremadamente raras hay ejemplares diseñados por Marc Chagall y El Lissitzky y libros hechos a mano por el Colectivo Segodnya.


La ebullición creativa que se dio en la URSS tras la revolución de 1917 influyó también en los libros infantiles. Desde un primer momento, Lenin y los suyos establecieron como objetivo liquidar una de las más perniciosas herencias del régimen feudal de los zares: el analfabetismo, que a finales del siglo XIX rozaba al 80% de la población del imperio. La edición de libros, la construcción de escuelas y la educación reglada eran retos prioritarios para los soviets.

La mejora en las primeras décadas postrevolucionarias fue notable. La educación básica para los niños se convirtió en obligatoria y los índices de analfabetismo descendieron a gran velocidad: en 1926 era del 60% y en 1930 del 33, según datos de algunos historiadores. Desde un agencia centralizada, el Narkompros, el siglas del Comisariado Popular de Educación, se nacionalizaron todas las instituciones educativas, se desvinculó a las órdenes religiosas de la docencia, se separó a los alumnos por edades, se anularon los deberes y se decretó que la escolaridad debe estar basada en el "respeto mutuo".

En unos pocos años el número de escuelas aumentó un 12% y de estudiantes en un 24. En 1920 se establece un cambio de rumbo curricular de gran importancia, dando mayor importancia en los programas a las ciencias —sobre todo física, química, biología y astronomía—. Aunque, como en todo régimen dictatorial, el objetivo era el adoctrinamiento de los alumnos para hacer de ellos "proletarios soviéticos" fieles al Estado, la situación había mejorado de modo drástico.

Buena parte de responsabilidad la tuvieron los libros ilustrados que el Estado empezó a subvencionar con holgura. Se entendía que la calidad y excelencia de estos volúmenes, ricamente punteados con láminas y dibujos, era un camino fácil para llegar a los críos y deslumbrarlos. La exposición A New Childhood: Picture Books from Soviet Russia (Una nueva niñez: libros ilustrados de la Rusia soviética) presenta una colección de ejemplares pioneros en el modo de transmitir enseñanzas e ideas en volúmenes de gran poder visual.

La muestra, en cartel hasta el 11 de septiembre en la House of Ilustration de Londres, explora las décadas de los años veinte y treinta, posteriores a la revolución. Fue un "período de innovación sin precedentes", dicen los organizadores, que han reunido más de un centenar de ejemplares de primeras ediciones de los pioneros en la edición de libros ilustrados.

Entre los ejemplares más llamativos y difíciles de encontrar se encuentran ilustraciones de cuentos populares y de temas educativos, dibujos originales pintados a mano por el artista Marc Chagall sobre temas judaicos y otros del diseñador, tipógrafo, arquitecto y fotógrafo El Lissitzky, una de las figuras clave de las vanguardias soviéticas que medraron al pairo del ambiente entusiasta de los primeros años postrevolucionarios.

También se exponen libros impresos a mano por el Colectivo Segodnya, uno de los primeros grupos de artistas que se dedicó a la ilustración infantil, y obras de una de sus impulsoras, Vera Ermolaeva, una pintora y grabadora de inmensas dotes que sería detenida y ejecutada años más tarde durante la Gran Purga de Stalin. Otros artistas con piezas en la muestra son Vladimir Tambi, las hermanas Olga y Galina Chichagova y Vladimir Lebedev.

Colores vivos, formas dinámicas, diseños lúdicos y fantástico diseño Los colores vivos, formas dinámicas, diseños lúdicos y fantástico diseño de los libros ilustrados soviéticos influyeron en el estilo de la edición infantil en todo el mundo y "fueron elementos clave para el libro de imágenes moderno en la forma en que lo conocemos hoy", dicen los organizadores de la muestra.

Una muestra de libros rusos en los Países Bajos en la década de los años treinta causó sensación; en Francia, los artistas emigrados rusos Nathalie Parain y Feodor Rojankovsky crearon la "estética inconfundible" de la popular colección Père Castor y en el Reino Unido los ejemplares traídos de Rusia por la ilustradora Pearl Binder inspiraron al editor Noel Carrington para crear la serie Puffin Picture Book en 1940.

Fuente: 20minutos


The Hunt in the North - Boris Inozemstev Ilustración de Boris Inozemstev sobre la caza en las zonas árticas

How the Whale got his Throat - Eduard Krimmer 1926 Doble página de un libro infantil de 1926 ilustrado por Eduard Krimmer

In the Forest - Leib Kvitko, 1922 'En el bosque', libro de 1922 ilustrado por Leib Kvitko

Market - Evgenii Shvarts, 1926 Evgenii Shvarts ilustra en 1926 el libro infantil de la URSS 'Mercado'

Original illustrations for Little Girls - Vera Ermolaeva, 1927

Poster by Olga and Galena Chicagova Póster dirigido a niños y dibujado por las hermanas Olga y Galena Chicagova

Tanks - Vladimir Tambi, 1930 'Tanques', libro de 1930 ilustrado por Valdimir Tambi

miércoles, 8 de junio de 2016

"UN LECTOR LLAMADO FEDERICO GARCÍA LORCA", DE LUIS GARCÍA MONTERO

Un lector llamado Federico García Lorca

infoLibre publica las primeras páginas de Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus), el nuevo ensayo de Luis García Montero, ya en librerías, en el que aborda cuáles fueron las lecturas del poeta granadino y cómo influyeron en su obra

El mundo de ayer

Quizá dentro de cincuenta años sea difícil entender que hubo un tiempo en el que algunas personas se pasaban la vida leyendo. Seguro que los libros no habrán desaparecido, pero es posible que no se alcance a comprender hasta qué punto la lectura podía formar parte de la identidad de los lectores. Buscar la propia definición personal es el requisito más importante para componer o recomponer un ámbito de socialización. Cuando se impongan de manera definitiva las dinámicas sociales que empezaron a extenderse como una red al final del siglo xx, tal vez resulte muy raro pensar en individuos que aprendieron con un libro en sus manos a saber algo sobre su yo y su nosotros. Sentir es el verbo en el que se fundan las sociedades.

Hoy en día ya es un ejercicio de buena voluntad pensar que la lectura ocupa el lugar de confianza que le asignó la modernidad en el futuro de las sociedades democráticas. El contrato pedagógico, ciudadanos educados en la razón para conformar una sociedad feliz, fue devorado por las mismas inercias que negaron los deseos de una economía justa. Siento decirlo, pero pienso que el menosprecio del libro y la lectura no habla solo de un cambio de época en la educación, sino de esta inercia que devora lo mejor de los sueños democráticos, igual que un tumor devora el cuerpo del que nace y del que depende.

Pero hubo un tiempo en el que la defensa de la lectura no suponía una voluntariosa apuesta de las convicciones frente al pesimismo. Hubo un tiempo en el que hasta la melancolía de los libros ocultaba una raíz de optimismo. El orgullo de decir yo de un modo consciente encontraba argumentos imprescindibles en las páginas de algunos autores elegidos, seres amados que componían con palabras el espejo en el que mirarnos.

Decir yo siempre ha sido un asunto complicado cuando se toma en serio la palabra yo. Y tomarse en serio la palabra yo es la mejor forma de tomar en serio las palabras, todas las palabras. Decimos yo y ponemos en juego lo que pensamos ser, lo que fuimos y ya no somos, lo que pudimos ser y nunca fuimos, lo que queremos ser o lo que seremos sin saberlo. Es un verdadero abanico, un desplegable que no tiene fin cuando sitúa la identidad en los laberintos del tiempo. Convertirnos en un espacio, en un yo y en un nosotros, nos obliga de manera inmediata a ser tiempo. Meditar sobre esto fue la tarea a la que se dedicó Federico García Lorca como lector y como escritor en una época en la que los libros eran un ámbito propicio para negociar con la experiencia y definir la propia identidad:


Entre los juncos y la baja tarde,
¡qué raro que me llame Federico!

Este ensayo no es un alegato trasnochado en defensa de la lectura y la filología, sino una confesión personal: pertenezco a un tiempo y a una experiencia, soy lo que soy por los libros que he leído. Creo que me engañaría si pensase que los argumentos sobre el futuro tienen todavía más autoridad en mis convicciones que los recuerdos. Conocí a Federico García Lorca al final de los años sesenta, en la casa de mis padres, sobre la estantería de madera noble que llenaba una de las paredes del salón destinado a las visitas. Como formábamos una familia de muchos hijos y muchas diabluras, mis padres reservaban un salón de dos habitaciones para salvarlo de las guerras cotidianas. La puerta cerrada al extremo de un pasillo, los muebles distinguidos, las alfombras, el silencio, conformaban un orden al mismo tiempo familiar y sagrado. Allí encontré el volumen de Obras completas de Federico García Lorca publicado por la editorial Aguilar en 1954.

Mi dedicación a la literatura quizá se deba a esta experiencia doméstica y adolescente, sin dioses, pero sagrada. Recuerdo incluso el descubrimiento de las canciones de Federico García Lorca con la fuerza de una sensación física. Como entrar en el agua del mar o de un río, las palabras me llamaban a una realidad distinta en la que poco a poco iba hundiéndome. Ahora recuerdo también la sensación de que ese tiempo en el que me sumergía era dorado porque lo pintaba el color de los limones.

La filología se consolidó como ejercicio humanista por respeto a la libertad de los individuos. Se fijaban manuscritos, se buscaba la verdad de los textos antiguos para conocer una experiencia humana única, para atestiguar su paso por la historia, su huella particular, irrepetible, más allá de dogmas y de iglesias. Libertad de escribir, libertad de leer y ser leído. Quien asume desde este punto de vista la tarea filológica piensa en su trabajo como una manera de participar en la emancipación humana a través del conocimiento.

Ya que el hecho literario es un suceso compartido entre un autor y un lector, está más que justificado el deseo de descubrir una experiencia personal, una biografía, a través de las lecturas. Y, si se trata de un autor, es inevitable que surja una lógica de unidad nutritiva. Adquiere sentido literario la afirmación de que somos aquello que hemos leído. Nuestros autores, al mismo tiempo, serán lo que hagamos con ellos o de ellos.

Me he acercado a los libros que leyó Federico García Lorca para entender mejor los motivos de su escritura y el equipaje de su formación literaria. Desde que oyó por primera vez a su madre leer en alto a Victor Hugo hasta que encontró una voz sazonada con las Suites y el Poema del cante jondo, el joven escritor fue buscándose, preguntándose por sus palabras como un modo de entender su propia identidad, las relaciones de su yo con el mundo en el que vivía. Como es lógico, los libros y los autores que fue habitando le ayudaron a situar los conflictos de su intimidad. Junto al azar de lo que cae en las manos por obra de los amigos y de la época, la búsqueda precisa de una literatura tiene que ver con la intimidad, esa parte de la historia encarnada en los secretos de un yo. La homosexualidad, con su condición inevitable y los sentimientos de culpa lógicos en una sociedad represiva, fue un factor clave en la formación de Federico García Lorca.

El proceso tuvo dos ejes: primero, encontrar en la cultura prestigiosa la legitimación de unos sentimientos difíciles de asumir en la vida cotidiana; y, segundo, buscar en las tradiciones literarias aquellos caminos que sirviesen para recobrar el orgullo de los márgenes y para aprender a callar o a decir «el no decir» dentro de la lógica de un secreto compartido.

Tal vez Fernando de los Ríos no se diese cuenta del significado amplio que tenía el hecho de prestarle a su joven amigo los Diálogos de Platón. Pero además de un acercamiento a la gran filosofía, García Lorca pudo leer su deseo y escribir una de sus primeras prosas sobre la homosexualidad amparado por la tradición culta. Esa misma justificación la encontró también al desplazar a la mitología clásica relaciones y abrazos que no se atenían a la estricta moral católica.

Si la homosexualidad representaba una perspectiva heterodoxa, el camino idóneo para escribir en la disidencia estaba configurado por la estirpe romántica. Los datos biográficos no pasan por sí mismos a la literatura, necesitan primero elaborarse en unos códigos culturales. Las figuras perseguidas por la norma, los individuos malditos en las costumbres dominadas por el utilitarismo, consiguieron acomodo en el dolor cantado y gritado por el Romanticismo. El orgullo de los márgenes pudo fundarse cuando los sueños de la modernidad entraron en crisis, el contrato social evidenció sus quiebras y nació la cultura del yo enfrentado al sistema, o de la dignidad del sujeto opuesto a una realidad indigna. La leyenda del maldito vino a desembocar pronto en una batalla interior, una subjetividad escindida, porque declarar el fracaso de la realidad suponía aceptar también el fracaso de una parte de nosotros, esa zona del yo manchada por el ámbito público. Eso tuvo una importancia decisiva para la literatura ya que el lenguaje es un bien social, un espacio de comunicación aprendido en el mundo exterior por el individuo. Declarar el fracaso de la sociedad significaba asumir el fracaso del lenguaje, sus peligros, su contacto con la mentira. Surgió entonces el deseo de depurar, de sugerir, de huir de la elocuencia. El simbolismo fue el estilo apropiado de los que querían decir «el no decir».

Por eso las grandes exclamaciones románticas derivaron hacia los cuidados simbolistas. Se trataba de combatir la retórica social con un murmullo íntimo y en relación con lo no dicho, con el matiz de lo insinuado. Es lo que García Lorca llamó «la ciencia del silencio» en uno de sus primeros poemas.

Si la lectura de Hesíodo, Platón o Shakespeare le sirvió al poeta para establecer la dinámica de sus conflictos en el escenario de la alta cultura, la apuesta por Ibsen, Maeterlinck y Verlaine le permitió, además, adentrarse en el mundo simbólico y en el poder de lo callado. Estas lecturas, como las de Oscar Wilde, Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, facilitaron un diálogo íntimo en el que Federico García Lorca encontró su sentido a la hora de escribir. El joven habitó sus libros para negociar consigo mismo y con el mundo su propia identidad.

Pero antes de hacer inventario de estas referencias culturales decisivas, resultaba conveniente reivindicar la personalidad de García Lorca como un autor leído y culto. Sigue manteniéndose con frecuencia la leyenda del poeta instintivo, inspirado por la voz de la tierra, que transmite una verdad anterior a sí mismo. Esto no ocurre ya entre los estudiosos, pero sí tiende a repetirse en las conversaciones más comunes, efluvios simpáticos que prefieren dar valor a la espontaneidad natural antes que a la formación y al trabajo. Frente a este tipo de sublimaciones es conveniente ponerse a la defensiva. La versión idealizada de la mujer ha servido para convertirla en ángel del hogar y para cerrarle las puertas de los despachos en los que se decide la vida pública. La exaltación del poeta ingenuo esconde una misma lógica, una alabanza envenenada que le resta valor al significado de la poesía, a la necesidad profunda del saber humano que se pregunta en cada momento qué dice en realidad cuando pronuncia la palabra yo o la palabra nosotros. García Lorca fue un autor culto, buscó con pasión los libros que le ayudaron a ser dueño de su voz.

Este ensayo pretende acercarse a la verdad de Federico García Lorca a través de esos libros. Nuestros ojos de lectores imaginarán los ojos de García Lorca al leer a Shakespeare o a Wilde, a Rubén Darío o a Unamuno. Este ensayo quiere también recordar un tiempo en el que la lectura era un ámbito importante de socialización para gente convencida de que la pedagogía, el esfuerzo educativo y las ambiciones culturales trazaban los mejores caminos para lograr sociedades justas y civilizadas. La cultura como remedio para las manchas públicas y privadas de la sociedad. Pero eso, claro está, implicaba también preguntarse por la cultura. ¿De qué se estaba hablando cuando se hablaba de cultura? ¿Qué libros había que leer?

Hace cien años, Federico García Lorca conoció a Antonio Machado en un instituto de Baeza. Hace ochenta años, Federico García Lorca fue ejecutado en Granada por representar los valores contrarios a los que quería imponer el golpe de Estado de 1936. En estas páginas se funde el sueño republicano de un poeta en el primer tercio del siglo pasado con el deslumbramiento de un adolescente que descubrió la poesía en la Granada franquista de los años sesenta. Este sentimiento agradecido tiene también más de confesión personal que de alegato hacia el futuro. Sospecho que dentro de cincuenta años será difícil entender que hubo un tiempo en el que algunas personas asumían la memoria como parte imprescindible de su identidad. Las herencias humanas: un tiempo vivido y leído fuera de la lógica del usar y tirar.


Madrid, 10 de enero de 2016 

martes, 7 de junio de 2016

MUERE MUHAMMAD ALÍ, LUCHADOR POR LA LIBERTAD


No voy a huir de mis reclutadores, no voy a quemar ninguna bandera ni voy a huir a Canadá, voy a quedarme aquí.

¿Queréis mandarme al talego? Muy bien, adelante, ya he estado encerrado durante 400 años así que otros 4 o 5 no me importarán, pero lo que jamás haré será viajar 15.000 kilómetros para colaborar en el genocidio de gente pobre. Si deseo morir, quiero hacerlo aquí, ahora mismo, luchando contra vosotros. Vosotros sois mis enemigos, no la población china, el Vietcong o el Japón. Vosotros sois mis enemigos cuando reclamo libertad. Vosotros sois mis enemigos cuando reclamo justicia.



lunes, 6 de junio de 2016

LAS REGLAS EDUCATIVAS DE LOS NIÑOS SOVIÉTICOS, EN CARTELES

Estos carteles ya pertenecen a un pasado remoto. Y aunque las reglas que inculcaban puedan parecer ingenuas en su forma, su esencia sigue aún hoy estando vigente. Tratar de que seamos mejores es el denominador común de estos carteles presentes en la formación de generaciones de jóvenes de la URSS.

"No seas así".

 "Estudia para sobresaliente".

 "Por una niñez alegre y saludable, por una familia feliz y fuerte".

"No ofendas a los pequeños".

 "Sabemos hacer todo nosotros solos, ayudamos a nuestra mamá".

 "No mientas nunca".

 "Aprende a hacer todo por ti mismo". 

"Ama el trabajo. Es bueno ser un manitas".

 "Tengo amigos en todas partes".

 "Crece sano".

Fuente: RT

domingo, 5 de junio de 2016

"HISTORIA DE DOS CUADRADOS", DEL ARTISTA SOVIÉTICO EL LISSITZKY

Historia suprematista de dos cuadrados en seis construcciones
El Lissitzky
1922
Acuarela y lápiz
Museo de Arte Moderno de Nueva York

El Lissitzky creó en su arte suprematista diseños que afirmaban su pasión y apoyo a la Revolución Bolchevique.

La Historia de los dos cuadrados es un cuento infantil basado en dos cuadrados.

El texto nos introduce "Sobre 2 Cuadrados"



Aparecen los dos personajes en un primer cuadro, ya se nota el carácter activo de uno de los cuadrados y una intención por su parte debido a su inclinación y el énfasis logrado por el color rojo.



Los dos cuadrados se acercan a la tierra.



Y se encuentran con un caos negro.



El cuadrado rojo (revolucionario) choca con ese caos.



Y empieza a organizar un establecimiento sobre el cuadrado negro.



Creando así un nuevo mundo (mejor, más organizado) del cual el cuadrado negro termina huyendo.



Fuente: Sintaxis visual

sábado, 4 de junio de 2016

"EL JOVEN REBELDE", FILM CUBANO DE 1962

Título original: El joven rebelde
Año. 1962
Duración: 83 min.
País: Cuba
Director: Julio García Espinosa
Guión: Cesare Zavattini, Julio García Espinosa, José Massip, José Hernández, Héctor García Mesa
Música: Leo Brouwer
Fotografía: Ramón F. Suárez (B&W)
Reparto: Wember Bros, Ángel Espasande, Blas Mora, Carlos Séssamo, José Yedra
Productora: Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC)
Premio al joven creador. XIII Festival Internacional de Karlovy Vary, Checoslovaquia, 1962


Sinopsis

Pedro es un joven campesino que abandona su hogar para unirse al Ejército Rebelde, radicado en la Sierra Maestra. El amor, la amistad, la lucha por sobrevivir y triunfar se van sucediendo hasta desembocar en la Batalla de Guisa, decisiva para la Revolución y en la que Pedro alcanza la madurez como combatiente.

VER PELICULA:

viernes, 3 de junio de 2016

PRESENTACIÓN EN BARCELONA DEL LIBRO "CULTURA CLANDESTINA. LOS INTELECTUALES DEL PSUC BAJO EL FRANQUISMO"

Cultura clandestina. Los intelectuales del PSUC bajo el franquismo.
Autor: Pala, Giaime
Paginas: 184
Año: 2016
Editorial: Fragua


El presente libro analiza la historia de intelectuales que operaron en la clandestinidad por su adscripción a un partido ilegal: el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), es decir, la organización política catalana más fuerte en los años de la dictadura franquista. A partir de 1956, confluyeron en el PSUC decenas de jóvenes licenciados y estudiosos hasta formar el más nutrido grupo de intelectuales militantes operante en Cataluña, algunos de cuyos nombres (Manuel Sacristán, Jordi Solé Tura, Josep Fontana, Francesc Vicens, Francesc Vallverdú, etc.) se convertirían, con el paso del tiempo, en figuras de reconocido prestigio sociocultural. A través del estudio de las fuentes de archivo y de la prensa de la época, el autor nos describe tanto la labor cultural de estos intelectuales, concretada en la creación de diferentes revistas y en la publicación de centenares de artículos acerca de todos los ámbitos del saber, como su práctica política, su horizonte cultural y su papel dentro del PSUC. En suma, nos presenta un enfoque interpretativo fundamentado en la historia cultural y en la sociología histórica del intelectual mediante el cual explica a un colectivo político cuya trayectoria fue tan intensa y productiva como agitada dentro de un partido obligado a operar en condiciones difíciles. -En definitiva, se trata de una obra que nos ayuda a comprender cómo la clandestinidad influía en la labor cultural de la oposición al franquismo y de qué manera se desarrollaba la actividad política de los intelectuales demócratas afiliados a un partido político. Y que nos permite conocer un fragmento importante de la historia cultural catalana de los años 1939-1977 y la consolidación de una cultura marxista que, en Cataluña, fue hegemónica hasta el final de la transición a la democracia.

jueves, 2 de junio de 2016

"LA ERA DEL SUCEDÁNEO", NUEVA RECOPILACIÓN DE ENSAYOS DE WILLIAM MORRIS

La Era del Sucedáneo y otros textos contra la civilización moderna
William Morris
Pepitas de calabaza ed.
Edición de Olivier Barancy
Traducción del inglés de Javier Rodríguez Hidalgo
Logroño, febrero 2016
Primera edición
ISBN 978-84-15862-51-2
144 págs., 14.5x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas
PVP: 15,50€

Este volumen reúne algunas de las más luminosas ideas de William Morris contra las nocividades de la civilización moderna.

La arquitectura, la restauración de los monumentos antiguos, la función de las artes aplicadas, la visión utópica de la sociedad futura, la apuesta por que el trabajo sea una fuente de felicidad y no el mal de males o la denuncia sin paliativos de los sucedáneos que nos ofrecen como las formas acabadas de la felicidad, son algunas de las cuestiones sobre las que William Morris, con su habitual tino, argumenta. Lo sorprendente es que, casi ciento cincuenta años después de ser escritos, los textos de Morris siguen dando aliento a la crítica del espantoso mundo que la civilización de la mercancía está dejando tras su paso.

Editado por Olivier Barancy y traducido por Javier Rodríguez, La era del Sucedáneo es un complemento perfecto de nuestro anterior libro de Morris Cómo vivimos y cómo podríamos vivir, y también un inmejorable acercamiento a las aportaciones teóricas de quien sin duda es uno de los más lúcidos críticos -de todos los tiempos- de la sociedad capitalista.

Socialismo antimoderno

No todos los pensadores que en el XIX afrontaron la llamada cuestión social atendiendo a las reivindicaciones de la clase obrera, aunque vinculados por intereses comunes, siguieron caminos similares en su impugnación del orden capitalista. Sumado a la tradición libertaria, hubo un socialismo no estrictamente marxista que renegaba de la civilización moderna y descreía de la noción de progreso, contemplaba con horror las consecuencias de la revolución industrial y se inspiraba en una visión idealizada de los gremios medievales. Precursor de la conciencia ecológica y compañero de viaje de los prerrafaelitas, William Morris aunó el esteticismo con la agitación política, desde una original perspectiva reaccionaria -con antecedentes desde Blake a Ruskin, su maestro- que fue desdeñada por los apóstoles del socialismo supuestamente científico pero ha resultado ser, en lo que se refiere a la deshumanización derivada de la técnica y otros muchos aspectos, bastante más clarividente.

De igual modo que los ensayos recogidos en Cómo vivimos y cómo podríamos vivir, las conferencias reunidas en La Era del Sucedáneo abundan en un ideario radical que a veces puede resultar ingenuo o pintoresco, como las propuestas de los socialistas utópicos o en otra línea el distributismo -asimismo medievalizante- de Chesterton y Belloc, pero la crítica de Morris a la superproducción de artículos innecesarios, su defensa del trabajo como una forma de felicidad -imposible de cumplir cuando se realiza en condiciones de sumisión o esclavitud- o su denuncia de la conversión del arte en mercancía, no han perdido vigencia y permiten calificarlo como un observador no sólo comprometido, sino también lúcido y hasta visionario. Nuestro mundo tiene ya poco que ver con la Inglaterra victoriana, pero cuando habla de la restauración que desnaturaliza los monumentos antiguos, de la fealdad que arrasa las ciudades o destruye los espacios naturales, de la paradójica pobreza provocada por la abundancia, de los estragos causados por las minorías especuladoras, de la devaluación de los oficios artesanos o de la profusión de innobles sucedáneos (makeshifts) que sustituyen a los bienes genuinos, el antimoderno Morris trata de temas que no han dejado de ser actuales.

Reseña de Ignacio F. Garmendia (Fuente: Diario de Sevilla)

miércoles, 1 de junio de 2016

LA FAMOSA VICTORIA DEL EJÉRCITO ROJO DE CHINA, CONTADA AHORA A TRAVÉS DE LA ÓPERA KUNQU


La ópera Kunqu es la fuente de muchas óperas chinas tradicionales, como la famosa obra: "El Pabellón de las Peonías".

Y ahora contará la historia de la Batalla del Puente Luding, una de las victorias cruciales del Ejército Rojo de China durante la Gran Marcha en 1935.

No es la primera vez que el Teatro de la Ópera Kunqu del Norte en Beijing acoge "La batalla del Puente Luding".

Estrenada en la década de 1960, la obra se representó dos veces en la década de los 80 y el siglo XXI.

Esta vez, esta obra de ópera tradicional cuenta con la ayuda de una orquesta y coro sinfónicos, y se ha adaptado a los tiempos que corren reduciendo su duración a una hora y 50 minutos.

Ling Jinyu, director de Teatro de la Ópera Kunqu del Norte en Beijing, dice: "Según la mayoría de los espectadores, la ópera kunqu es una forma de arte que cuenta una historia mediante la canción y la danza. Esta vez hemos tomado prestados elementos de la Ópera de Beijing y formas de expresión de los repertorios tradicionales para conquistar de nuevo al público y ganarnos su apoyo e interés en la ópera Kunqu. Por un lado, tenemos que heredar la tradición; por el otro, tenemos que innovar."

El Teatro de la Ópera Kunqu del Norte en Beijing ofrecerá al menos 30 funciones de "La batalla del Puente Luding" a partir del 18 de junio.

Fuente: CCTV